miércoles, 18 de diciembre de 2013

Tetsuya Ishida: una perturbadora visión de Japón

“Las personas ya no pueden volar” (飛べなくなった人), es una frase del artista japonés Tetsuya Ishida (石田 徹也) que captura en palabras lo que trató de expresar durante su vida a través de su arte. Nacido en Shizuoka, Japón, en 1973, falleció en 2005 a los 31 años de edad en un accidente de tren, aunque se sospecha fue en realidad un suicidio. En sus pinturas podemos ver reflejada una inquietante visión de la sociedad japonesa: en su mayoría refleja jóvenes trabajadores sin expresión, cosificados.
 
 

El salaryman
En japonés, la palabra salaryman (trabajador asalariado sería una traducción aproximada) deriva de salary + man en inglés, que de hecho nació en esta lengua tras su adopción por el japonés, ya que el término original en inglés sería white-collar worker. La palabra salaryman (サラリーマン, sararīman) está asociada con largas horas de trabajo, una mala reputación en la jerarquía empresarial, la ausencia de otras formas de remuneración además del salario base, la esclavitud del trabajo asalariado, e incluso karōshi (過労死) o muerte por exceso de trabajo.

Uno de los aspectos que más llaman la atención de su obra es la reificación del joven – casi siempre el mismo – a través de su cara inexpresiva y su cuerpo transformado de un modo surrealista. Lo primero que uno intenta, como espectador, es establecer un orden lógico en la imagen o secuencia de escenas, tras lo cual el elemento gráfico cobra algún sentido. El artista nos transmite así la crisis de identidad que atraviesa la sociedad japonesa, reflejando al joven irremediablemente atrapado en distintos objetos o lugares de anulación de la singularidad de cada individuo.

El Prisionero
Los padres de Ishida querían que desarrollase su carrera como profesor o como químico. Él, sin embargo, decidió estudiar diseño de comunicaciones visuales sin el apoyo económico de éstos. El reflejo de esta experiencia se puede observar en sus obras, en las cuales explora la fuerte presión que sufren los jóvenes en Japón por parte de sus familias y la sociedad en su conjunto.

 
 En Japón, por el contrario, no resulta común que el individualismo se manifieste en exigencias políticas. La individualidad (kosei), por otro lado, está bien vista si va unida al individualismo económico. De hecho, se habla de kojin-shugi (individualismo), en el cual el individuo es el centro y se ignora la totalidad, y kosei-shugi (individualidad-ismo), en el cual la totalidad es el centro empleando la individualidad. Este último era compatible con el autoritarismo, pero se dice que en el sistema educativo del actual Japón democrático aún hay algo de individualidad-ismo. En estos cuadros la crítica a esta realidad se observa en el joven atrapado en el edificio rodeado de niños idénticos, de uniforme, uniformizados.

 
 A través de estas obras se puede apreciar también una crítica a los alojamientos de reducidas dimensiones, comunes en las grandes metrópolis como Tokio. La propagación de estos apartamentos, en ocasiones conocidos como “apartamentos ataúd”, surgió ante la falta de alojamientos suficientes para una creciente población que emigró a la ciudad en busca de mejores oportunidades. En otros casos también se debió a la necesidad de muchos profesionales de dormir cerca del lugar de trabajo, debido a las grandes distancias que separan los centros de negocio de las zonas residenciales periféricas.
 

La sociedad japonesa
A pesar de que las bolsas de plástico aparecen recurrentemente en su obra, no se sabe con certeza qué aspecto de su utilización quiso resaltar o criticar el autor. En cualquier caso, resulta llamativo el excesivo uso de bolsas de plástico en Japón, en donde en ocasiones cada artículo se introduce en una bolsa individual para después incluir todos en otra bolsa. Curiosamente, cuando se compran artículos de tipo personal (por ejemplo ropa interior o de higiene íntima) cada uno vendrá en una bolsa especial individual, y se meterán todos en otra bolsa de color negro. Cuando llueve, la mayoría de las tiendas ofrecen bolsas de plástico para cubrir la bolsa de papel en que metieron los artículos comprados. Este contrasentido ya ha sido denunciado y hay numerosas iniciativas para acabar con el consumo excesivo de bolsas de plástico.

 
 Las obras de Ishida están cuidadosamente compuestas y perfeccionadas hasta el más mínimo detalle. Las capas de pintura aplicadas de forma semi-opaca de a pequeñas pinceladas otorgan un aspecto terapéutico a su obra, dándole a la vez profundidad a pesar de los colores fríos que utiliza. Ishida refleja así sus miedos a través de metamorfosis extrañas y originales. Poco conocido a nivel internacional antes de su muerte, la obra de Ishida comienza tan sólo ahora a ser reconocida.
 

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