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martes, 16 de junio de 2020

Los abejorros pican a las plantas para que florezcan

El comportamiento sería una adaptación evolutiva que facilitaría la obtención de alimento

Obrero de abejorro zapador (Bombus terrestris) en plena labor de «recorte». Las heridas infligidas aceleran la floración y podrían tener implicaciones en la sincronía fenológica entre las plantas y los polinizadores. [Hannier Pulido; Laboratorios de De Moraes y Mescher]

 Los abejorros están llenos de recursos: cuando el polen escasea y las plantas cercanas al nido aún no han florecido, los obreros saben un modo de forzar la floración. Una investigación recién publicada en Science revela que la estimulan perforando el follaje, de modo que se anticipa  en promedio unos 30 días. Por ahora no está claro el origen de la argucia y por qué el vegetal responde de ese modo a la agresión, pero los descubridores subrayan lo notable de este comportamiento inédito en un insecto tan familiar.

«Este es uno de esos escasos estudios que dan a conocer un fenómeno natural desconocido que suscita todo tipo de interrogantes y de especulaciones» acerca de lo extendido del comportamiento y del porqué, afirma a título de observador John Mola, ecólogo en el Centro Científico de Fort Collins, en Colorado, dependiente del Servicio Geológico de EE.UU.

Consuelo De Moraes, ecóloga química del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich (ETH Zúrich) y una de las autoras del estudio, afirma que ella y sus colaboradores estaban observando una especie de abejorro en un experimento de laboratorio cuando casualmente se percataron de que los insectos estaban dañando las hojas de las plantas y se preguntaron el porqué. «Al principio, quisimos ver si se estaban alimentando de los fragmentos de la hoja o se los llevaban al nido», explica. Y como estudios precedentes habían demostrado que el estrés puede inducir la floración, se preguntaron entonces si los abejorros estarían haciendo florecer las plantas a voluntad.
 
Para comprobarlo, el equipo colocó abejorros desprovistos de polen en jaulas de malla metálica que contenían tomateras y plantas de mostaza. Los insectos enseguida recortaron y perforaron las hojas con las mandíbulas y la probóscide. A modo de prueba, los investigadores intentaron causar el mismo daño que los himenópteros en otras plantas, con ayuda de unas pinzas dentadas y de una navaja. Las dos series de plantas dañadas adelantaron la floración, pero, en comparación, las perforadas por los abejorros florecieron semanas antes que las cortadas a mano, lo cual apunta a que su saliva contendría sustancias estimulantes.

Acto seguido, salieron del laboratorio para comprobar si los abejorros dañaban las plantas que no habían florecido cercanas al nido, aunque dispusieran de otras en flor más alejadas. En efecto, así fue. «Aunque encuentren flores si vuelan lejos, al actuar de ese modo cerca de la colonia acceden antes a recursos próximos», razona Mark Mescher, ecólogo químico del ETH Zúrich y coautor del estudio.

Todo indica que el comportamiento constituye una adaptación que maximiza la eficiencia en la recolección del polen, pero no confirma con certeza la hipótesis, matiza Mescher. Neal Williams, entomólogo de la Universidad de California en Davis, ajeno al estudio, afirma que la posibilidad es fascinante y que merece la pena seguir indagando. «Para demostrar claramente que un rasgo es adaptativo, se ha de poder afirmar que el comportamiento surgió porque aportó cierta mejora relativa al conjunto de la colonia», explica. En los abejorros, las abejas y otros organismos eusociales, una única reina engendra la descendencia, mientras que los obreros son estériles, de modo que la selección natural opera en la colonia entera. Los obreros que dañan las hojas no viven lo suficiente para disfrutar de la abundancia que brinda la floración temprana, pero como su acción aumenta el polen disponible para las larvas del nido, podrían ser el fruto de presiones evolutivas.

En el futuro se deberá investigar cómo pudo surgir el comportamiento y su extensión en otros tipos de abejorros silvestres, así como qué les ocurre a las plantas a escala molecular cuando sufren la picadura. Desvelar esas incógnitas mejoraría las predicciones sobre el porvenir de los abejorros ante el cambio climático, que amenaza con acabar con la delicada sincronía entre los polinizadores y las plantas al alterar las épocas de floración e hibernación y las migraciones de los insectos. «En esencia, el cambio climático hará más impredecibles las condiciones ambientales. Pero lo que hemos descubierto podría contribuir a mitigar las alteraciones derivadas del calentamiento global», concluye Mescher

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/noticias/los-abejorros-pican-a-las-plantas-para-que-florezcan-18688?utm_term=Autofeed&utm_campaign=tw&utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1592085843

martes, 8 de enero de 2019

Cuanto mayor sea el padre, más mutaciones tendrán sus hijos

Father.jpg"Se te va a pasar el arroz". Esta es una expresión típica que tienen que escuchar muchas mujeres jóvenes cuando van cumpliendo años y no hay bisos de que vayan a tener hijos. Es una realidad que las mujeres tienen un periodo límite para tener hijos, sin embargo, nunca se tomó en consideración la edad de los padres, ya que los hombres producen espermatozoides hasta una muy avanzada edad. Pero ahora puede que cambien un poco la historia, ya que un estudio ha aportado nueva evidencia de que la probabilidad de tener hijos con alguna enfermedad es mayor para los hombres que tienen más edad.

En principio no es una novedad que la edad del padre afecte a la salud del descendiente. Ya en 1912 se sabía que la acondroplasia, una forma de enanismo, era más común en los niños de padres mayores. Posteriormente, en 1955, se descubriría que la causa era la edad avanzada del padre y no de la madre, y finalmente, en 1998 un estudio demostró que en 40 casos de acondroplasia analizados, las mutaciones causales provenían del padre.

Hoy en día se sabe con seguridad que las mutaciones causan varias enfermedades, entre las que están la esquizofrenia o el autismo, que estas pueden surgir exclusivamente del padre, y ahora además, que a medida que la edad del padre es mayor, aumenta el riesgo de que se produzcan nuevas mutaciones.

Esto es así porque las mutaciones que causan esas enfermedades son mutaciones de novo, es decir, que no están presentes en los padres, sino que surgen en el proceso de formación de óvulos y espermatozoides, y estarán presentes en los hijos. Hombres y mujeres no son iguales en la producción de mutaciones de novo. La diferencia es debido a la diferente fisiología en la formación de estas células en hombres y mujeres: en la mujer se desarrollan todos los óvulos en etapa fetal, pero en los hombres las células que forman espermatozoides se dividen continuamente durante toda la vida del individuo. Como consecuencia de esto, un óvulo de una mujer, en cualquier etapa de su vida, ha pasado por 24 divisiones celulares, pero en un hombre, un espermatozoide ha pasado por 200 divisiones a los 20 años y por 600 divisiones a los 40 años. Esto es crucial, porque cuando una célula se divide replica su DNA para transmitirle una copia a su célula hija, pero en este proceso se producen errores, estos errores son los que permiten la evolución de los organismos, pero también pueden provocar enfermedades.

Es fácil de entender que a mayor número de divisiones, mayor probabilidad de errores/mutaciones. Además, a medida que aumenta la edad del organismo y de sus células, estas tienen una maquinaria de replicación menos eficiente (más vieja, más errores), y una capacidad de reparar errores también menos efectiva. Todo suma, y así se explica porqué a medida que el padre es más viejo, hay más probabilidad tiene de trasmitir mutaciones de novo a su descendencia.

Los resultados mostraron que los padres trasmiten 4 veces más mutaciones de novo que las madres. En promedio, en cada hijo, 55.4 mutaciones son trasmitidas por los padres y 14.2 por las madres. Este promedio se duplica cada 16.5 años del padre y se incrementa 8 veces en 50 años.

Además, los autores encontraron que las mutaciones resultantes eran de diferentes tipos, desde variantes de una sola base, hasta las denominadas copy number variations (CNVs), que pueden abarcar regiones de varios miles de nulceótidos. Estas CNVs pueden ser duplicaciones o delecciones de amplias regiones del cromosoma y se ha encontrado que están implicadas en el desarrollo de esquizofrenia, retraso mental y un gran número de afecciones psiquiátricas.

En resumen, el trabajo de Kong y colaboradores ha aportado evidencia empírica sobre que la edad del padre aumenta el número de mutaciones que se transmiten a los descendientes. Esto repercute en una mayor probabilidad en el desarrollo de enfermedades y puede servir para explicar el hecho de que el riesgo de esquizofrenia y autismo aumenta a medida que aumenta la edad del padre, y que estas enfermedades hayan aumentado en frecuencia total en este último siglo. (En promedio, antes se era padre más joven.)

 Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/27/posts/cuanto-mayor-sea-el-padre-ms-mutaciones-tendrn-sus-hijos-17083

lunes, 19 de noviembre de 2018

El mensaje de las medusas

Treinta años después de mi primera experiencia con unos de los seres vivos más antiguos, diversos y fascinantes del planeta, vuelvo a ellos para intentar descifrar el mensaje que nos están enviando. Una historia sobre medusas, el cambio climático y la salud de nuestros mares.

Medusas en el acuario en Berlín. Foto: @GuilleOrtsGil
Medusas en el acuario en Berlín. Foto: @GuilleOrtsGil
 Tenía unos diez años cuando volé por primera vez. Un avión de hélices nos llevó a mi familia y a mí desde Barcelona hasta una pequeña isla del Mediterráneo. Una vez allí, quise explorar el mundo bajo el agua cuando, de repente, un intenso dolor me obligó a regresar a la playa. Entonces me di cuenta de que mis pies estaban hinchados y rojos. Ese día recibí el primer mensaje de las medusas, y empecé a interesarme por ellas.

Casi treinta años después de esa primera experiencia, visito hoy uno de los pocos lugares del mundo en que se cría, en agua de mar artificial, muchas especies diferentes de estos animales. Hipnotizado por la maravillosa danza de las medusas en el Aquarium de Berlín, de repente recuerdo la historia de mi infancia y decido volver a mirar hacia Menorca en busca de respuestas.

Según un estudio realizado por científicos de la Universidad de Connecticut en Estados Unidos, se estiman que una de cada seis especies del mundo podría enfrentar la extinción a fines de este siglo, debido al cambio climático. Desde pingüinos en la Antártida hasta mariposas en España, pasando por roedores y corales en la Gran Barrera, varios estudios muestran que estas especies ya están desapareciendo. Curiosamente, las medusas no parecen estar entre las especies en peligro, sino todo lo contrario.

Según el Observatorio de Medio Ambiente de Menorca, el número de ataques de medusas contra nadadores ha aumentado constantemente desde 2002. Durante la última década, se han recibido infinidad de informes sobre playas invadidas por medusas en todo el mundo, que también causan graves problemas a las centrales eléctricas. Pero, ¿significa esto que los océanos se están superpoblando de medusas? Según Marina Sanz-Martín, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados en España, se ha observado un aumento en la población mundial de medusas, pero no tenemos suficientes estudios para asegurar un crecimiento masivo de estos seres. En cualquier caso, parece que lo que pone en riesgo muchas especies animales(acidificación de los océanos, el aumento de la temperatura del agua y la contaminación), parece no ser un problema para las medusas.


Ahora, la pregunta que algunos científicos están tratando de responder es la siguiente: a pesar del peligro potencial para los nadadores y las plantas de energía, ¿qué podemos aprender de las medusas? El primer desafío al tratar de aclarar esta cuestión es el hecho de que la comunidad de investigadores en este campo es bastante pequeña. "Ha sido muy, muy difícil convencer a los científicos del mar de que las medusas son importantes", dice Jennifer Purcell, investigadora del Centro Marino de la Universidad Western Washington en Anacortes. Según Purcell, quien ha estado estudiando las medusas en los últimos cuarenta años, solo unos pocos grupos de investigación se han interesado por las medusas, por ejemplo, debido a su extraordinaria transparencia (están hechas en un 95% de agua), o a su estraodinaria capacidad de curar heridas. Esto está cambiando, en primer lugar, porque Purcell y sus colegas han demostrado que las medusas también son una parte importante de la cadena alimentaria marina. Eso significa que un aumento en la población de medusas podría estar dañando algunas especies acuáticas, pero también ser beneficioso para otros. Por ejemplo, albatros, pingüinos rey y pingüinos de penacho amarillo, todos ellos comen medusas.

Afortunadamente, en los últimos años, más investigadores han comenzado a considerar a las medusas como un interesante objeto de estudio, especialmente en la investigación del cambio climático. Entonces, ¿qué han descubierto los investigadores sobre la relación entre las medusas y el cambio climático?

En primer lugar, las medusas nos muestran que el cambio climático está afectando a nuestros océanos. A medida que los humanos emiten más gases de efecto invernadero (dióxido de carbono en particular) a la atmósfera, la química de los océanos cambia. Sin embargo, las medusas pueden sobrevivir y, a menudo, multiplicarse rápidamente en un mar más cálido, más ácido y menos oxigenado. Por lo tanto, el aumento en la población de medusas nos dice que el cambio climático es real.
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En segundo lugar, las medusas se han utilizado para demostrar que el efecto combinado del cambio climático y otro factor es más potente que la suma de los efectos individuales. Como ejemplo: en 2017 un equipo internacional de investigadores demostró que tanto los cambios en la química como la introducción de depredadores afectaron a las poblaciones de un zooplancton llamadas calanoides, más que las acciones individuales. En otras palabras, para evaluar el impacto del cambio climático en las especies acuáticas, las especies circundantes también deben tomarse en consideración.

En tercer lugar, las medusas nos recuerdan las consecuencias de la explotación masiva de los recursos y la contaminación. Cuando la industria pesquera ha eliminado más del 90% de los grandes peces de los mares, ha agotado a los depredadores de medusas y sus competidores. El vacío ecológico dejado por la pesca desenfrenada ha permitido a las medusas expandir su influencia en los ecosistemas marinos. Al mismo tiempo, los peces absorben contaminantes plásticos en el agua de mar, lo que afecta su vigilancia. En otras palabras, la industria del plástico que crea billones de toneladas de contaminación de carbono cada año afecta el clima, de manera directa e indirecta. Y esto beneficia a las medusas.

Cuarto: la naturaleza ya no puede regular los problemas que hemos estado generando desde la revolución industrial. Si bien los océanos han absorbido el 25% del dióxido de carbono producido por los humanos durante los últimos 200 años, actuando así como un amortiguador para el cambio climático, es posible que esto ya no funcione. Un estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela que las bacterias son capaces de absorber los productos químicos emitidos por la mayoría de los peces cuando mueren, también el carbono. Sin embargo, las bacterias no pueden hacer lo mismo con las medusas. La consecuencia: las bacterias no pueden absorber bien el exceso de carbono y lo exhalan como dióxido de carbono. Esto significa que se libera más gas en la atmósfera.

Resumiendo, la importancia de las medusas en el cambio climático podría ser mucho más alta de lo que pensamos. La existencia y proliferación de estos animales nos está enviando señales de advertencia que debemos escuchar. Esto nos lleva a una última pregunta: sabemos que las medusas pueden adaptarse a las nuevas condiciones pero,¿podremos nosotros también?.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/fisica-y-quimica/57/posts/el-mensaje-de-las-medusas-16798

lunes, 29 de octubre de 2018

¿Cómo pasan el invierno algunos animales ?


Al entrar en letargo y disminuir la temperatura corporal hasta cerca de los 0ºC, los micromamíferos ahorran hasta el 88% de energía que gastarían en sobrevivir al invierno
Cuando llega el invierno muchos animales tienen que buscar soluciones para enfrentarse a las bajas temperaturas y escasas horas de luz. Los mecanismos adoptados frente a estos problemas son varios, y a pesar de que muchos individuos comparten condiciones de vida semejantes, escogen estrategias de supervivencia muy diferentes Todavía no se ha podido dar una explicación convincente frente a este hecho, y no sabemos el por qué algunos animales optan por una solución y otros por otra.

En algunos casos, como es el de muchas aves, emigran a zonas donde las condiciones de vida les son más favorables; otros animales, de hábitos terretres, eluden el problema buscando refugios o madrigueras cálidas donde hibernar, ya sea en escondites excavados en el suelo bajo el horizonte helado o congregándose numerosos individuos en cubículos subterráneos; y si son acuáticos, muchos de ellos se esconden en el fondo de estanques o lagos siempre que no se hielen por completo.

Pero ¿qué les pasa a muchos animales ectotermos que no pueden regular su temperatura corporal y se ven expuestos en ambientes donde el termómetro registra valores inferiores al punto de congelación de sus líquidos corporales? Este sería el caso de muchos invertebrados intermareales de zonas marinas septentrionales, o el de muchos artrópodos (insectos, arañas...), anfibios y reptiles, que tienen que adoptar mecanismos que les permitan sobrevivir frente a la bajada de temperaturas.
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Epiblema scudderiana
Algunos sufren cambios bioquímicos en su cuerpo, permitiendo el sobreenfriamiento de su medio interno, es decir, permitiendo que los líquidos extracelulares puedan enfriarse por debajo de su punto de congelación original, manteniéndose en estado líquido. En otros casos, simplemente se congelan. Cuando se adopta esta solución, los cristales de hielo no pueden nunca crecer en el interior de las células, porque si ocurriera esto, las estructuras internas de las mismas se romperían vertiendo su contenido y sobreveviniendo la muerte celular.

¿Cómo lo consiguen? ¿Cuáles son los mecanismos bioquímicos que permiten que animales sin capacidad para regular su temperatura corporal puedan soportar valores muy inferiores a 0ºC ? Al ser el medio interno un conjunto de soluciones acuosas, permite mantenerse en estado líquido por debajo de su punto de congelación cuando se lleva a cabo su sobreenfriamiento de una forma controlada. El problema está en que el sobreenfriamiento llevado a cabo de esta manera es muy inestable y pronto aparecerían cristales de hielo. Además, este hecho se ve agravado por la presencia de nucleadores en todos los líquidos; es decir, fragmentos de estructuras celulares, partículas alimentícias, bacterias etc, que fomentan y facilitan el crecimiento de cristales de hielo. Por ello, la solución a la presencia de nucleadores pasa por eliminarlos o por impedir que actúen como tales.

Aquellos animales que evitan la congelación y mantienen su actividad a pesar de las bajas temperaturas de su habitat, como es el caso de muchos peces de zonas polares o artrópodos que se mantienen activos bajo el manto de nieve invernal, adoptan por la solución de presentar proteínas anticongelantes en sus fluidos, que unidas a los cristales de hielo recién formados, impiden el crecimiento de los mismos. En otros casos, cuando se requiere un sobrenfriamiento mayor debido a la crudeza de las temperaturas, se añaden determinados azúcares a los líquidos, provocando que algunos de los animales que portan esta protección, puedan llegar a soportar valores por debajo de los -38ºC (Epiblema scudderiana. Sus orugas presentan, en pleno invierno, un 40% de glicerol en sus líquidos corporales. Esta cantidad de anticongelante le permite que se sobreenfríe hasta los -38ºC)

Pero hay muchos animales que eligen la congelación; en estos casos, la formación y velocidad de crecimiento de los cristales de hielo debe de estar controlada, y con esa finalidad utilizan nucleadores que acumulan durante los meses otoñales; su síntesis y concentración viene dada por el fotoperiodo bajo control hormonal. Cuando se lleva a cabo de esta manera, el crecimiento de los pequeños cristales se realiza lentamente, pudiendo ajustarse el ritmo metabólico de las células a los cambios que conlleva la congelación. Si no existiera un mecanismo que impidiera la recristalización, y por lo tanto el aumento del tamaño de los cristalitos, los animales podrían sufrir daños físicos en los pequeños y delicados espacios por donde tienen que circular los líquidos corporales. Este mecanismo existe, y se sabe que aquellos individuos que presentan proteínas nucleadoras que inician el crecimiento de los cristales de hielo, también presentan proteínas anticongelantes que unidas a las superficie de los cristales recién formados, impiden que estos continúen creciendo.

Los cambios sufridos en el medio extracelular nunca pueden suponer daños a las estructuras y funciones celulares. Las celulas tienen que adaptarse al aumento de concentración al que progresivamente se ven sometidas por el hecho de que el crecimiento de los cristales de hielo, en su medio externo, expulsa los solutos en el momento de formarse. Las células en un intento de equilibrar su concentración interna con el medio que las rodea, intercambian agua y solutos a través de sus membranas.

Por tanto un problema añadido, es el de las posibles lesiones o roturas en la membrana celular debido a su compresión al disminuir el volumen de la célula cuando esta pierde agua. Para evitar esto, los animales utilizan los llamados crioprotectores de membrana y coligativos; determinados azúcares y aminoácidos que pueden utilizarse con ese fin unidos a los lípidos que componen las membranas, aumentando su superficie y evitando así su rotura cuando la célula se comprime. O bien, permitiendo valores de sobreenfriamiento grandes debido a su concentración. Se comprobó que, también, estas sustancias son acumuladas durante los meses previos a la bajada de las temperaturas.

Los animales que se congelan , deben de reducir su tasa metabólica a valores muy bajos, ya que a traves de la sangre y fluidos, las células no pueden captar el oxígeno y otros nutrientes, o deshacerse de productos finales de su metabolismo. La escasa energía (ATP) que necesitan, la extraen mediante fermentación de la glucosa que almacenaron en épocas previas a la congelación y, que en estos casos, es suficiente para mantener vivas a las células.

Los mamíferos que hibernan, al entrar en el estado de letargo, rebajan su temperatura corporal hasta valores próximos a los 0ºC, reduciendo, como los que optan por la congelación, su tasa metabólica y ahorrando, de esta manera, una gran cantidad de energía.



RANITA ARBOREA GRIS: se congela bajo el manto de nieve invernal (-8ºC). Cuando está congelada, sus pigmentos dérmicos cambian tornándose azules
Las estrategias adoptadas frente a las condiciones adversas del invierno son variadas, pero podemos concluir que muchos de ellos pueden mantenerse activos cuando sufren cambios bioquímicos significativos en su medio interno, y lo mismo podría decirse de aquellos que llegan a congelarse. Tanto si se congelan como si no lo hacen, pero se aletargan, es obligado que su tasa metabólica se reduzca a valores mínimos, limitando al máximo sus funciones vitales con el fin de evitar la pérdida de la escasa energía de la que disponen y que no pueden conseguir debido a las condiciones a las que se ven expuestos.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/suscripcion?gclid=CjwKCAjw39reBRBJEiwAO1m0OSgPJYfjEzsTcfiqc9ZbSKdPmZ5-uU_1QhCtLfPS9z5lGNwaNNSzuhoCWUEQAvD_BwE

martes, 21 de agosto de 2018

Los microbios no tienen #escutoides

Escutoides: la noticia del verano

Los microbios, por definición son unicelulares. No se organizan en epitelios, tejidos u órganos. Por eso, no tienen escutoides. Y por eso, para un microbiólogo los escutoides no son interesantes, ... o sí. Los escutoides son un objeto geométrico, no descrito hasta ahora, descubierto mirando a las glándulas salivales de la mosca de la fruta. Ha sido la noticia científica de este verano, han sido descritos por investigadores españoles, lo han publicado en Nature Communications (1), y una de las autoras es amiga mía (Clara Grima). Seguro que a Pasteur le hubieran interesado y por eso hablo de ellos en su rincón.

Los organismos pluricelulares organizan sus células en epitelios, tejidos y órganos. Las células epiteliales son los bloques de construcción con los que se forma cualquier organismo. Forman láminas y conforme el animal se va desarrollando, se organizan en tejidos que dan lugar a órganos: estructuras complejas en tres dimensiones. Durante muchos años, los investigadores han estudiado cómo se empaquetan esas células epiteliales para acabar formando órganos tridimensionales con formas muy diversas. Sin embargo, la arquitectura y la forma de empaquetamiento y de curvatura de las células epiteliales seguía siendo motivo de estudio.

Este verano, un grupo de investigadores (un magnífico ejemplo de trabajo colaborativo entre biólogos celulares, físicos y matemáticos) de la Universidad de Sevilla acaban de publicar un nuevo modelo que explica cómo se empaquetan las células, qué figura geométrica tridimensional adoptan, durante la morfogénesis, el proceso biológico que permite que un organismo vivo desarrolle su forma. En concreto, estos investigadores han trabajado con las células de las glándulas salivales de la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster).

Células epiteliales


Hasta ahora se pensaba que los epitelios se construían empaquetando prismas o pirámides truncadas, con una base en la superficie basal y otra en la apical. Sin embargo, este modelo no se corresponde con la organización de las células en los tejidos epiteliales cuando se miran al microscopio. Se puede observar que hay células que son vecinas, por ejemplo en la capa apical y que dejan de serlo en la capa basal. Si las células fuesen prismas o pirámides truncadas esto es imposible. Si han cambiado su posición relativa de una capa a otra es porque el prisma se ha retorcido por el camino. Desde el punto de vista geométrico los prismas o pirámides truncadas no explican lo que sucede en la realidad. Y desde el punto de vista de la biología celular, es necesario saber qué células están en contacto en cada punto.

Es necesario, por tanto, una forma geométrica que modele bien las células de los tejidos epiteliales, que se pueda plegar y adoptar distintas curvaturas, cuya forma corresponda a un modelo de equilibrio de fuerzas y que vaya desde la superficie basal hasta la apical, pero sin tener que tener los mismos contactos en ambas superficies. La solución a todo ello es el escutoide*, una nueva forma geométrica, un prisma "retorcido".

Escutoide

En palabras de una de las autoras del trabajo Clara Grima: "Un escutoide es un sólido geométrico entre dos capas paralelas (la basal y la apical) de tal forma que la intersección del escutoide en cada una de las dos capas (y en el resto de las capas intermedias también) son polígonos. Los vértices de estos dos polígonos están unidos por una curva o por una conexión en forma de Y. Las caras de los escutoides no son necesariamente convexas, pueden tener huecos hacía dentro, por lo que varios escutoides pueden empaquetarse para llenar todo el espacio entre las dos superficies paralelas" (2).

La forma en la que la naturaleza soluciona la curvatura de los epitelios 

La estructura del escutoide es probablemente la más favorable para el tejido desde el punto de vista energético y de equilibrio: mínimo uso de energía y máxima estabilidad en las uniones. Esta geometría facilita que el epitelio pueda adoptar formas muy diferentes, que son necesarias para que se establezcan bien los órganos y funcionen correctamente. Además, conocer cómo es la estructura de las células epiteliales nos puede permitir identificar modelos de epitelios sanos, a partir de su geometría, lo que sirve para detectar un crecimiento celular anómalo, como ocurre en los tumores. Por otra parte, saber cómo se organizan las células es fundamental para la ingeniería de tejidos y la creación de órganos con impresión 3D, por ejemplo.

Como ves, los escutoides nada tiene que ver con los microbios, pero es una noticia fascinante, sobre todo por comprobar cómo la naturaleza soluciona los problemas de estabilidad de las células uniendo la biología, la física y las matematicas.

(*) El término escutoide es una palabra nueva. Hace referencia al apellido del investigador principal del trabajo, Luis M Escudero, derivado del latín scutum (escudo); y al hecho de que la estructura escutoide recuerda a la forma del tórax o scutum de los escarabajos de la especie Protaetia speciosa. A la base de escudo se le añadió el sufijo griego –oide, que significa 'parecido a'. 


Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/43/posts/los-microbios-no-tienen-escutoides-16657

miércoles, 27 de junio de 2018

Día Mundial del Microbioma

Hay un día para todo, también para nuestros microbios
#WorldMicrobiomeDay, una iniciativa del APC Microbiome Ireland (University College Cork)

World Microbiome Day
World Microbiome Day
 El objetivo es enseñar el fascinante y diverso mundo de los microbios al público en general y mostrar su importante papel en nuestra salud, la de los animales y la del ambiente. Los microbios son los organismos unicelulares microscópicos: bacterias, arqueas, protistas, hongos y virus. El lema para este día inaugural es "Cuida nuestros microbios" (Mind our microbes). Probablemente lo primero que te viene a la cabeza cuando oyes hablar de microbios es enfermedad y suciedad. Los microbios tienen mala reputación porque algunos (muy pocos) causan enfermedades infecciosas. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de ellos no causan ningún daño, sino todo lo contrario, son esenciales para la vida de las plantas, los animales y nosotros mismos. Cuidar de los microbios "buenos" puede ser importante para destruir o controlar a los "malos".

¿Es posible un mundo "microbe-free"?
¿Podría ser viable la humanidad en un mundo sin microbios? Un mundo sin microbios es sencillamente imposible (1). Los microbios han sido los únicos pobladores del planeta durante miles de millones de años. Están en todas partes, incluso en nuestro interior. Fue Pasteur el primero que predijo que la vida de los animales no sería posible sin microorganismos. Desde entonces ha habido distintos trabajos para crear animales libres de microbios, denominados "gnotobióticos", para ver si eran viables y qué les pasaba. Y la verdad es que los resultados demuestran que los animales libres de microbios no lo pasan muy bien. Suelen tener su fisiología y su inmunidad alteradas: tiene la movilidad intestinal disminuida, lo que genera complicaciones intestinales que pueden llegar a ser letales; tienen los nódulos linfáticos más pequeños y el sistema inmune menos desarrollado, por eso son mucho más susceptibles a las infecciones; además, los órganos internos como el corazón, los pulmones o el hígado suelen ser más pequeños. Incluso, los animales sin microbios pueden tener alterada su salud mental. Además, los microbios intestinales nos aportan vitaminas, otros metabolitos y factores de crecimiento esenciales para nuestra correcta nutrición y desarrollo. Sin microbios en nuestro interior estaríamos expuestos a los microorganismos patógenos y seríamos mucho más susceptibles a las enfermedades infecciosas. La esperanza de vida se reduciría dramáticamente y deberíamos vivir metidos en una burbuja.

¿Qué pasaría si no hubiera microorganismos en la superficie terrestre, si se eliminasen los microbios de la Tierra? Sin la ayuda de la actividad humana, el primer efecto sería sobre los ciclos biogeoquímicos, en el reciclaje de los elementos. El ciclo del nitrógeno se colapsaría, los microorganismos intervienen en la fijación del nitrógeno atmosférico (paso del N2 a amonio, NH3), la nitrificación (paso del amonio a nitrito y éste a nitrato) y la desnitrificación (los pasos inversos, de nitrato a nitrito y éste a N2). Las plantas no serían capaces de fijar el nitrógeno de forma natural, lo que afectaría a los cultivos. También influiría en el ciclo del carbono, ya que gran parte de la actividad fotosintética la realizan microorganismos. Además, las bacterias y arqueas tiene un papel esencial en la degradación de la materia orgánica en condiciones anaerobias, sin oxígeno. Se acumularían los residuos. Los rumiantes por ejemplo no podría llevar a cabo la degradación de la celulosa. En realidad podemos decir que las vacas no se nutren de la hierba que comen si no de la inmensa cantidad de microbios que tienen en su panza y que son los responsables de que degraden la celulosa. Sin microbios, los rumiantes desaparecerían. En definitiva, la mayoría de los ciclos biogeoquímicos del planeta se detendría, lo que haría necesaria una intervención humana. La mayoría de las especies de seres vivos se extinguiría y la población de las especies que sobrevivieran se vería muy disminuía. ¿Cuánto tiempo tardaría esto en ocurrir? Si desaparecieran los microbios de forma repentina, en unas pocas semanas ya seríamos consciente de lo que estaba ocurriendo. En menos de un año, la cadena de alimentos estaría seriamente afectada, habría grandes hambrunas, aumentarían las enfermedades, un colapso social global, guerras y anarquía. En definitiva, la asfixia de los ciclos biogeoquímicos nos llevaría a un caos total. Sin microbios es probable que quizá sobrevivieran por un tiempo algunos animales y humanos, pero la supervivencia de todos los seres vivos estaría muy comprometida. Los microbios sostienen la vida sobre el planeta, quizá algunas de sus funciones se podrían copiar. Pero no sería lo mismo, todo sería muy diferente, habría un cambio drástico en la cantidad de seres vivos y en su calidad de vida.

La microbiota
Hasta hace unos pocos años, nuestro conocimiento del mundo microbiano era muy limitado. Las técnicas clásicas de crecer los microorganismos en medios de cultivo en placas de Petri solo nos permite acceder a una pequeña fracción del mundo de los microorganismos, ya que la inmensa mayoría no se han obtenido en cultivo puro en el laboratorio: son microorganismos no cultivables. Sin embargo, en los últimos años gracias a las nuevas técnicas de amplificación, secuenciación y detección de genomas independientes del cultivo microbiano se está poniendo de manifiesto la existencia de muchos de ellos: la materia oscura del universo microbiano. Esto nos permiten estudiar las comunidades microbianas sin necesidad de cultivarlas.

MicrobiotaAsí, el término microbiota hace referencia a la colección completa de microbios en un nicho ecológico concreto, desde nuestro tracto digestivo (la microbiota intestinal) hasta la de un árbol, por ejemplo, que se ponen de manifiesto con estas nuevas técnicas moleculares. A veces se confunde con el término microbioma, que es mucho más amplio y hace referencia al conjunto de esas comunidades microbianas incluyendo sus genes y metabolitos, así como las condiciones ambientales que les rodean. Por ejemplo, el genoma humano está compuesto por unos 23.000 genes, pero se estima que el microbioma humano puede contener 3 millones de genes distintos.

El número de artículos científicos sobre la microbiota o el microbioma han pasado de ser poco más de unos cien hace una década, a varios miles de artículos cada año. Conforme más sabemos de nuestros microbios más nos damos cuenta de su importancia para nuestra salud. En realidad nosotros mismos somos superorganismos y tenemos al menos tantos microbios en nuestro cuerpo como células humanas. Desde el mismo instante en el que nacemos somos colonizados por millones de virus, bacterias y hongos, que permanecerán con nosotros hasta el final de nuestros días. Y desde que el hombre es hombre, conviven en nuestro cuerpo: hemos coevolucionado con ellos. Los compartimos con nuestra familia y nuestros amigos, pero son parte de nuestra identidad: los microbios que tú tienes son distintos de los de otra persona. Nos influyen mucho más de lo que te imaginas. Existe una comunicación entre nuestros microbios y nuestro cuerpo, con el metabolismo y el cerebro, por ejemplo. Hoy sabemos que una buena y diversa microbiota es sinónimo de una buena salud. Vivimos en equilibrio con nuestra microbiota y tenemos que cuidarla, porque cuando la maltratamos y ese equilibrio se pierde, nuestra salud se resquebraja. Hay muchos ejemplos que relacionan la microbiota con la enfermedad: desde alergias, diabetes, obesidad y enfermedades autoinmunes, hasta alzhéimer, párkinson y autismo, incluso el cáncer. Por eso, intentamos manipular la microbiota intestinal con alimentos probióticos, prebióticos o simbióticos, cada vez más sofisticados y mejor diseñados, e incluso reemplazarla por completo mediante un trasplante de microbiota, el llamado trasplante fecal. La dieta también influye en nuestros microbios, y una dieta sana y equilibrada probablemente también sea lo mejor para ellos. A nuestras bacterias les influyen una multitud de factores: el estrés, nuestro sexo, la genética, la edad, con quién vivimos, lo que comemos o el ambiente en el que nos movemos. Nuestra microbiota no solo es muy sensible a cambios en nuestra dieta, sino también a los antibióticos, por ejemplo. Compartimos nuestro propio cuerpo con una multitud de microorganismos con los que debemos convivir en equilibrio y armonía. De ti depende llevarte bien con ellos, porque tu salud depende de tus microbios.

Celebra, con tus microbios, el #WorldMicrobiomeDay.


domingo, 10 de junio de 2018

¿Cómo se forman las conchas marinas?

Los modelos matemáticos revelan las fuerzas mecánicas que guían el desarrollo de espirales, espinas y nervaduras en los moluscos.

NICK VEASEY, GETTY IMAGES
Los moluscos son unos arquitectos fabulosos. Construyen casas que protegen sus blandos cuerpos de los depredadores y los elementos: caparazones de una dureza, belleza y duración poco corrientes. Muchos de ellos ostentan formas espectacularmente complejas, espirales logarítmicas ejecutadas con una regularidad matemática casi perfecta y adornadas con espinas fractales u otras filigranas. Sin embargo, los moluscos no saben nada de matemáticas. ¿Cómo, se preguntan los investigadores, generan estas humildes criaturas formas tan complejas con semejante precisión?
Desde hace más de cien años sabemos que las células, los tejidos y los órganos responden a las mismas fuerzas físicas que gobiernan otros tipos de materia. No obstante, la mayoría de los biólogos del siglo XX se centraron en estudiar la manera en que la genética dirige la formación de patrones biológicos y en averiguar cómo funcionan estos. En las últimas décadas, sin embargo, los investigadores han comenzado a usar modelos matemáticos basados en la física para esclarecer cuestiones relativas a la forma en biología. En esta línea, nuestros propios trabajos han aportado nuevas y apasionantes ideas sobre el modo en que las conchas adquieren sus adornadas estructuras.

Por medio de las herramientas que ofrece la geometría diferencial, una disciplina matemática que estudia las curvas y las superficies, hemos determinado que las elaboradas formas de las conchas de los moluscos surgen a partir de unas pocas reglas simples que estos animales siguen al construir sus hogares. A estas reglas hay que añadir las fuerzas mecánicas que se producen durante el crecimiento de la concha, lo que genera innumerables variaciones de los patrones. Nuestros hallazgos ayudan a explicar cómo características tan abarrocadas como las espinas han evolucionado de forma independiente en tantos linajes de gasterópodos o univalvos, los cuales constituyen el mayor grupo de moluscos. Estas criaturas no necesitan sufrir los mismos cambios genéticos para adquirir ornamentos similares: las leyes de la física hacen la mayor parte de la labor.

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 Reglas de construcción
De construir la concha se encarga el manto del molusco. Este órgano, delgado y blanco, secreta en la apertura o estoma de la concha, capa a capa, una sustancia rica en carbonato de calcio. Solo necesita seguir tres reglas básicas para formar la característica espiral que vemos en los caracoles y sus parientes gasterópodos. La primera es expandir: al depositar cada vez más material que en el paso anterior, el animal crea una apertura un poco mayor en cada iteración, un proceso que tiende a generar un cono a partir de un círculo inicial. La segunda regla es rotar: esto se logra depositando un poco más de material en un lado de la apertura que en el opuesto, con lo que el molusco va generando poco a poco una figura con forma de rosquilla, o toro. La tercera regla es retorcer: el animal va girando los puntos donde deposita el material. Si solo tienen lugar la expansión y la rotación, obtendremos una concha en espiral plana, como la de los nautilos. Si añadimos la torsión, el resultado es lo que los matemáticos llaman una concha helicoespiral no plana.

Para algunos constructores de conchas ese es el final de la historia: un hogar tan elegante y de líneas tan fluidas como el que cualquiera podría desear. Otros, sin embargo, requieren algunos adornos más para que todo esté en orden. Si queremos entender cómo se forman estos ornamentos, como las espinas, habremos de examinar las fuerzas que se producen durante el crecimiento del caparazón.

El proceso de secreción de la concha gira en torno a un interesante sistema mecánico. El manto está unido al caparazón a través de la llamada zona generativa, una región de material secretado pero aún sin calcificar. Es esta interacción entre el manto y la concha lo que posibilita la formación de patrones. Cualquier desajuste entre el manto y la apertura generará una tensión física en el tejido del manto. Si el manto es demasiado pequeño para la apertura, tendrá que estirarse para unirse a ella. Si es demasiado grande, tendrá que comprimirse para ajustarse. Y si la zona generativa se deforma por estas tensiones, el nuevo material que secrete el manto en esa etapa adoptará la configuración deformada, se solidificará en la concha e influirá durante el siguiente paso del proceso de crecimiento. En esencia, si la concha no crece exactamente a la misma velocidad que el molusco, surgirán deformaciones, las cuales generarán características que reconoceremos como adornos.

Las espinas constituyen la ornamentación más prominente. Sobresalen de ordinario en ángulo recto con respecto a la apertura de la concha y, a menudo, se extienden unos centímetros más allá de la superficie de esta. Estas proyecciones se forman en períodos regulares en los que el manto está sometido a brotes de crecimiento. Durante esos períodos, el manto se desarrolla tan rápido que presenta un exceso de longitud, por lo que puede desalinearse con la apertura. Esta falta de coincidencia hace que el manto se doble ligeramente, con lo que el material secretado toma esa forma combada. Con el siguiente incremento, el manto habrá crecido más y excederá nuevamente la apertura, lo que tiene el efecto de amplificar el patrón arqueado.

Al analizar el fenómeno, supusimos que ese proceso repetido de crecimiento e interacción mecánica daría lugar a una fila de espinas, cuyo patrón preciso estaría determinado principalmente por el ritmo del crecimiento y por la rigidez del manto. Para poner a prueba esta idea, desarrollamos un modelo matemático de un manto que crecía sobre una base que evolucionaba en cada iteración. Al ensayar con parámetros de crecimiento y propiedades del material típicos, emergió una amplia variedad de patrones de espinas, similares a las formas que se observan en conchas reales. Ello confirmó nuestra hipótesis.

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  Una casa antigua
Las espinas no son la única floritura que los moluscos pueden agregar a sus conchas. Otro tipo de ornato se encuentra en las conchas de amonites, un grupo de moluscos extintos relacionados con los cefalópodos actuales (nautilos, pulpos y sus primos). Los amonites dominaron los mares durante 335 millones de años antes de desaparecer hace alrededor de 65 millones de años. La abundancia de sus restos fosilizados, junto con su gran diversidad de formas y el alto ritmo evolutivo que parecen tener, los ha convertido en uno de los grupos de fósiles más estudiados.

La característica más llamativa del caparazón del amonite, más allá de su forma espiral logarítmica plana, es la nervadura regular paralela al borde de la concha. Esta ornamentación probablemente se originase por el mismo conflicto mecánico que produce las espinas; sin embargo, el resultado es un patrón completamente distinto. Las fuerzas en liza son las mismas, pero no así la magnitud y la geometría sobre la que operan.

La apertura del amonite es básicamente circular. Si en un momento dado el radio del manto es más grande que el de la apertura, el manto se comprimirá, aunque no lo suficiente como para generar el grado de inestabilidad elástica necesario para producir espinas. Lo que hará el manto comprimido será empujar hacia afuera, y el radio de la apertura de la concha se hará más grande en el siguiente incremento. Pero este movimiento hacia fuera se opondrá al de la zona generativa calcificadora, que actuará como un resorte de torsión que trata de mantener la orientación de la concha.

Nuestra conjetura era que el efecto de estas dos fuerzas opuestas actuaría como un sistema oscilatorio: el radio de la concha aumenta, lo que reduce la compresión; pero lo hace en exceso, dando lugar a un estado de tensión. El manto «estirado» empuja entonces hacia el interior para que disminuya la fuerza que lo tensa; sin embargo, lo hace de nuevo en exceso, de modo que sea crea un estado de compresión. Una descripción matemática de este «oscilador morfomecánico» confirmó nuestra hipótesis: produjo nervaduras regulares con una longitud de onda y una amplitud que aumentaban durante el crecimiento y el desarrollo del molusco. Estas predicciones matemáticas se asemejan en gran medida a las formas conocidas de los amonites.

Los modelos matemáticos también predicen que, cuanto mayor sea el ritmo de expansión del molusco en crecimiento (la velocidad a la que el diámetro de la apertura de la concha aumenta), menos pronunciadas serán sus nervaduras. Estos hallazgos ayudan a explicar la observación empírica de que un aumento en la curvatura de la apertura se correlaciona con un aumento del patrón de nervaduras, una tendencia evolutiva que los paleontólogos conocen bien desde hace más de un siglo.

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 Esta relación entre velocidad de expansión y nervaduras también proporciona una sencilla explicación mecánica y geométrica a un viejo rompecabezas relativo a la evolución de los moluscos: las conchas y sus compartimentos internos de Nautilus pompilius y sus parientes, un grupo conocido como los nautilinos, se han mantenido prácticamente lisas desde hace al menos 200 millones de años, lo que ha llevado a algunos a señalar que el grupo no parece haber evolucionado en ese tiempo. De hecho, las pocas especies de nautilinos que todavía sobreviven se describen a menudo como «fósiles vivientes». Nuestro modelo biofísico de crecimiento, sin embargo, muestra que la lisura de las conchas de los nautilinos es meramente una consecuencia mecánica de una rápida expansión de la apertura. Este linaje puede haber evolucionado más de lo que la morfología de sus conchas sugiere, pero al carecer de los patrones ornamentales distintivos que los paleontólogos utilizan para diferenciar especies, su evolución real permanece oculta en gran medida.

Todavía nos queda mucho por aprender sobre el modo en que los moluscos construyen sus maravillosas moradas. Un vistazo a cualquier buena colección de conchas revela una serie de patrones que los científicos aún no han sido capaces de explicar. Por ejemplo, aproximadamente el 90 por ciento de los gasterópodos son «diestros»; es decir, construyen sus conchas de manera que se enrollan en el sentido de las agujas del reloj. Solo el 10 por ciento lo hace en sentido antihorario. Apenas si se han empezado a proponer posibles mecanismos que expliquen esta prevalencia. Los orígenes de algunas exquisitas ornamentaciones son igualmente desconocidos, como el patrón cuasifractal de espinas encontrado en una serie de especies de la familia de moluscos Muricidae. Además, aunque sabemos que los factores ambientales influyen en el ritmo de crecimiento de las conchas, la manera en que tales variables afectan a su forma está menos claro.

La resolución de estos y otros misterios relacionados con las conchas marinas —organismos modelo para explorar cuestiones más amplias sobre la formación de patrones en la naturaleza— aún nos dará trabajo. Pero entender las fuerzas físicas que gobiernan su desarrollo solo aumenta la fascinación que sentimos por ellos.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/un-nuevo-plancton-737/cmo-se-forman-las-conchas-marinas-16431

domingo, 27 de mayo de 2018

Cerdos fascistas

Robert K. Merton, uno de los más importantes sociólogos de la ciencia, escribió en 1940 una serie de trabajos en los que argumentaba que la ciencia era incompatible con los regímenes fascistas. Estudios más recientes han revisado sus puntos de vista y permiten repensar, desde nuevos parámetros, la relación entre el fascismo, la ciencia y la tecnología. Los nuevos estudios históricos ofrecen conclusiones incómodas para pensar la biotecnología en el presente.

Cerdos fascistas, libro de Tiago Saraiva, MIT Press, 2016 Como norteamericano, Robert K. Merton había podido conocer a muchos exiliados científicos europeos, obligados a dejar sus países de origen por las políticas de exterminio contra judíos, minorías étnicas y disidentes políticos. La llegada de los exiliados fue decisiva para el gran desarrollo de la ciencia en Estados Unidos. Por eso, Merton afirmaba que uno de los ingredientes fundamentales para el desarrollo de la ciencia era un sistema político que garantizara la libertad de expresión, la libre discusión de ideas y el acceso meritocrático a la investigación científica. Muchas investigaciones posteriores han señalado las consecuencias del exilio en la ciencia alemana o, más en general, las consecuencias negativas de las divisiones políticas en la comunidad científica. El exilio científico republicano y la represión de la comunidad científica tras el golpe de estado franquista son también ejemplos sobradamente conocidos. Son innumerables los ejemplos del "atroz desmoche" de la ciencia española, como lo calificó Pedro Laín Entralgo que, como intelectual destacado del régimen franquista, sabía muy bien de lo que estaba hablando cuando trató de descargar su conciencia. Basta recordar las biografías de Joan Bautista Peset Aleixandre, fusilado en 1941 en Paterna (València), o la de Enrique Moles, encarcelado y apartado de toda posibilidad de trabajar en ciencia, después de haber sido el más importante químico de su generación. La creación del CSIC en 1939, en oposición a los principios de la Junta de Ampliación de Estudios, bajo el control de científicos franquistas, con una fuerte presencia del Opus Dei, es otro ejemplo también suficientemente conocido. Aunque hubo diferencias notables según disciplinas, basta contrastar las contribuciones científicas españolas de los años cuarenta y cincuenta con las de las décadas anteriores para tener constancia de las consecuencias. Si en 1939 hubo depuración y escarnio de la comunidad científica, para reemplazarla por afectos al régimen, en 1979 se optó por la continuidad y el olvido. Todo ello explica muchas situaciones actuales.

Los trabajos más recientes sobre ciencia y fascismo permiten pensar esta cuestión desde nuevos parámetros y apuntan que las consecuencias fueron mucho más allá de exilios, genocidios y guerras, para instalarse en los contenidos mismos de la ciencia, y adquirir así una invisibilidad que otorgó mayor capacidad para resistir al paso del tiempo. Un libro reciente que apunta en esta dirección es el publicado por Tiago Saraiva. Fue presentado en los seminarios del Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia “López Piñero” y puede verse en este enlace: [+]

Cartel de la campaña fascista italiana de Los cerdos fascistas estudiados por Tiago Saraiva tenían mucha más grasa que los convencionales y podían ser alimentados mediante piensos elaborados con patatas, un cultivo que también se mejoró y expandió en esos años. Los cerdos fascistas fueron el resultado de políticas de mejora genética de plantas y animales, con el objetivo de conseguir la autarquía alimentaria de los estados fascistas europeos de los años treinta del siglo XX. Fueron resultado del encuentro entre los programas de autosuficiencia y expansión imperial de los partidos fascistas y diversos proyectos científicos aplicados a la agricultura y a la alimentación de la primera mitad del siglo XX. En este sentido, y junto con otros historiadores, Tiago Saraiva entiende el fascismo como una modernidad alternativa, como el resultado de impulsos totalitarios dentro del programa ilustrado, desarrollados a principios del siglo XX mediante el recurso a la ciencia. Las cámaras de gas, los programas de eugenesia, los experimentos con seres humanos, las nuevas armas de guerra, etc. no hubieran sido posible sin la necesaria colaboración de un grupo amplio de la comunidad científica y médica. Pero según Saraiva también hubo toda otra serie de programas científicos, mucho menos visibles, que también estuvieron en consonancia con las ideologías fascistas. Considera que las nuevas semillas de trigo o patata, o las nuevas razas de cerdo y ovejas, que fueron introducidas en esos años, pueden considerarse como organismos tecnocientíficos que materializaban y legitimaban las políticas autoritarias de los estados autárquicos imaginados por los regímenes fascistas de Italia y Alemania.

 Christophe Bonneuil ha empleado también esta perspectiva para referirse a las nuevas semillas producto del “modernismo genético” del primer tercio del siglo XX. Se trataba de crear cultivos genéticamente homogéneos en torno a semillas que eran, al mismo tiempo, objetos de investigación científica, productos de consumo y objetivos políticos soñados por los estados totalitarios. Una nueva conexión biopolítica se estableció entre los estados fascistas y las nuevas semillas. Las nuevas variedades de plantas y animales se transformaron en herramientas para desarrollar las políticas de control de los estados totalitarios en el terreno de la agricultura y de la alimentación, al mismo tiempo que también sirvieron para desarrollar las políticas de expansión imperial en los países conquistados en el Este de Europa y en las colonias africanas. Al mismo tiempo, las políticas fascistas sirvieron para favorecer una especie de “fitoeugenesia”, es decir, la generalización de variedades consideradas superiores, y la aniquilación de plantas y animales vistos como obsoletos, inferiores o incapacitados para sobrevivir en la nueva sociedad imaginada por el fascismo. De este modo, argumenta Saraiva, al poner el foco en estos organismos tecnocientíficos, se puede ofrecer una nueva visión acerca de la naturaleza del fascismo y del papel de la ciencia en su desarrollo y su legitimación. Con gran pericia historiográfica y manejo de fuentes muy diversas, Tiago Saraiva ha dejado un libro incómodo, plagado de ideas para pensar el fascismo, la ciencia y los problemas del presente, particularmente en el terreno de la biotecnología. Sus investigaciones se centran en Italia, Alemania y Portugal, pero podrían también aplicarse a los primeros años del franquismo, cuando también hubo un programa totalitario de reforma de la agricultura, con la extensión de nuevas variedades de patata, gracias a las investigaciones de ingenieros agrónomos como José María Díaz de Mendivil. También hubo una “batalla del trigo”, que imitaba a la famosa campaña del fascismo italiano, y la aclimatación de nuevas variedades de animales, con una cierta visión imperial en la explotación de los recursos de las colonias africanas. Toda este proyecto de modernidad reaccionaria del primer franquismo, con fuerte base científicotecnológica, se complementó con una más conocida intervención en las cuencas hidrológicas con la modificación de ríos y la construcción de pantanos.
 
 Esta cuestión ha sido también recientemente investigada en otro magnífico libro por el historiador británico Erik Swyngedouw, que ha investigado los “sueños húmedos” del Caudillo, conocido como “Paco el Rana” por sus conocidas apariciones en el NODO mientras inauguraba pantanos. Todos estos ejemplos ponen en cuestión la idea de que no hubo ciencia en los estados fascistas, como le hubiera gustado a Robert K. Merton en 1942. Si así fuera, si los sueños de la modernidad no produjeran monstruos, se podría dormir plácidamente confiando en los progresos de la biotecnología, sin temor a despertar en compañía de dinosaurios.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/ciencia-y-sociedad/90/posts/cerdos-fascistas-16425

jueves, 5 de abril de 2018

"Ciencia": el grito desde México de los investigadores españoles exiliados

El exilio al que se vieron obligados muchos científicos españoles tras el estallido de la Guerra Civil los alejó de sus hogares, no de sus vocaciones y compromiso. Desde México un grupo en el que destacaban Ignacio Bolívar -y su hijo Cándido-, Francisco Giral e Isaac Costero y que, en su mayoría, estaba vinculado a la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE), fundó una de las revistas más importantes de la diáspora republicana: Ciencia. En sus páginas se recogieron artículos de premios Nobel, como Severo Ochoa o Bernardo Houssay. Durante 35 años, entre 1940 y 1975, se publicó de forma periódica e incluso llegó a despertar el interés de una editora anglófona. Aunque sus promotores defendieron que era una revista de divulgación científica, el Régimen franquista prohibió su difusión tras el segundo número.
María Zambrano, la filósofa errante
Zambrano, a su regreso a España desde Cuba en 1984. :: EFE

Cuando en 1940 el químico Francisco Giral rasgó el sobre y leyó la carta que le había enviado el prestigioso doctor Bernardo Houssay -tan prestigioso que siete años después sería galardonado con el Premio Nobel de Medicina- se quedó de piedra. Poco antes Giral, junto a otros compañeros del exilio mexicano, había escrito a Houssay para pedirle que colaborase en la revista que el grupo acababa de fundar: Ciencia. En vez del artículo que esperaba, o tal vez una diplomática carta en la que Houssay se excusaba por no poder participar debido a su falta de tiempo o fuerzas, lo que se topó Giral en la misiva fue una tremenda regañina del galeno argentino.

"La carta de respuesta fue una especie de reprimenda, negándonos la colaboración porque estaba harto de las muchas revistas que se publicaban sin dar el nivel adecuado", recordaría años después Giral. El enfado del futuro Nobel de Medicina era comprensible: en muy poco tiempo las cabeceras habían estado naciendo y muriendo a un ritmo vertiginoso. Pero en el caso concreto de Ciencia se equivocó de lleno.

Ciencia -Ciencia. Revista Hispano Americana de Ciencias Puras y Aplicadas, que así se llamaba en realidad, con todos sus nombres y apellidos-, no solo se publicó de forma periódica durante más de tres décadas, hasta 1975, superando con creces la corta vida de la mayoría de las cabeceras especializadas que nacieron en América a principios de los años cuarenta. En sus páginas escribieron además figuras destacadas y desempeñó un papel clave en el exilio. Durante sus 35 años Ciencia se convirtió, desde México, en un símbolo de la comunidad científica española que se había visto condenada a la diáspora. Cuando en marzo de 1940 tuvo el primer número en sus manos y pudo constatar su calidad, el propio Houssay les envió un artículo que se publicó en diciembre, en el número 10 de una revista que ya era imparable.

El cambio de parecer de Houssay fue uno de los primeros reconocimientos que logró la nueva publicación. Quizás otro igual de significativo fue el recibimiento que tuvo en España, donde poco antes -noviembre de 1939- el Régimen había dado luz verde a la creación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con una ley que recogía toda una declaración de intenciones sobre las máximas que debían inspirar el desarrollo del conocimiento en España: "Tal empeño ha de cimentarse, ante todo, en la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruida en el siglo XVIII".

Parte de la clase científica española acogió la aparición de Ciencia con entusiasmo. Giral y sus compañeros incluso recibieron peticiones de suscripción. Cuando en mayo se presentaron ante Correos de México con los paquetes de los nuevos envíos sus funcionarios les mostraron, sin embargo, un notificación de España que desaconsejaba el envío: el Régimen franquista había
 prohibido la difusión de Ciencia.Portada de Ciencia.png

"Jamás se escribió una sola línea de política en la revista, a diferencia del 'Boletín' de la UPUEE (Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero), pero el hecho de ver reunidos tantos nombres de la ciencia española exiliada trabajando y publicando desde México en colaboración con una selecta y numerosa lista de científicos hispanoamericanos parece que fue resentido por las autoridades tiránicas franquistas como una agresión peor que los ataques militares. Desde entonces, estuvimos enviando números sueltos de forma irregular", recordaría Giral años después.

Ciencia -apuntaban Cristina Carapeto, Antonio Pulgarín y José M. Cobos en la revista LLULL, en 2002- desempeñó un papel decisivo como "canal formal de difusión científica" entre los investigadores españoles que se habían visto obligados a abandonar su país tras al golpe de estado de 1936 y la guerra civil que le siguió. Para muchos el dilema era quedarse en España y arriesgarse a acabar en una cuneta u optar por el exilio. Una parte destacada de los científicos que cruzaron las fronteras entre 1939 y 1940 terminó en México, adonde llegaron, entre otros, Blas Cabrera, Augusto Pi Sunyer o Ignacio Bolívar y su hijo, Cándido Luis Bolívar, ambos claves en la historia de Ciencia. También nombres importantes de las letras, como Max Aub, María Zambrano, Wesceslao Roces, o Pedro Bosch Gimpera.

  Carrusel de publicaciones
 El enfado de Houssay cuando recibió la carta de Giral era bastante comprensible. En la diáspora, esa activa comunidad de españoles exiliados se lanzó a impulsar cabeceras de diferentes tipos y vocaciones. Y a un ritmo sorprendente. A la revista España Peregrina, le siguieron un carrusel de títulos: Cuadernos Americanos, Las Españas, El correo de Euclides... Como recuerdan Carapeto, Pulgarín y Cobos, ya en la travesía del buque Sinaia, a bordo del que llegaron al puerto de Veracruz casi 1.700 refugiados españoles procedentes de Sète, se promovió un pequeño periódico para informar a los pasajeros. Una vez en tierra, ese impulso editor lo completaron publicaciones como Revista Mexicana de Sociología (1939), Boletín de Derecho Comparado, Cuadernos Americanos (1942), Romance (1940-1941), El Pasajero (1943), Los cuatro gatos (1948-1952), Ultramar (1947) o Nuestro Tiempo (1943-1953).

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Ciencia seguiría esa larga estela en 1940 bajo la dirección de Ignacio Bolívar. Como se puede leer en su portada, el equipo de redacción lo completaban Cándido Bolívar Pieltain, Isaac Costero y Francisco Giral. El consejo lo formaban -al menos en ese primer número- 72 profesores y doctores de campos tan diversos como la Física, la Matemática, la Zoología, diferentes especialidades médicas, la Anatomía, la Química... Sus centros de trabajo se repartían por buena parte de Sudamérica, América Central y Norte América. Además de México, los colaboradores trabajaban desde Cuba, Nueva York, Colombia, Venezuela, Argentina, Santo Domingo... También desde grandes metrópolis europeas, como Londres o París. Ese número inaugural salió en Ciudad de México el 1 de marzo de 1940 y lo publicó Editorial Atlante.
"Su objetivo era incorporar investigaciones de científicos españoles, no importa dónde trabajasen en el mundo, y convertirse en el principal exponente de la ciencia española en el exilio", apunta Fernanda Mancebo en El exilio valenciano en América. Con el paso del tiempo sus apoyos variarán. En su último número, en 1975, la revista agradece la "ayuda económica" prestada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey S.A. y el Banco de México.

Francisco Giral.jpgEn su editorial de presentación Ciencia avanzaba a sus lectores que su objetivo era "difundir el conocimiento de las Ciencias físico-naturales y exactas y sus múltiples aplicaciones". Dos objetivos se marcaba en esa carta de presentación que lanzó al mundo en 1940: "Tener al lector al corriente de los progresos" de las diferentes áreas de la ciencia y hacerlo además con un "lenguaje para todos comprensible". Su meta última era "contribuir a elevar el nivel de la cultura pública" con su labor.
Para lograrlo, el equipo encabezado por Bolívar optó por estructurar los contenidos en siete grandes secciones: "Ciencia moderna", "Comunicaciones originales", "Noticias", "Ciencia aplicada", "Misceláneas", "Libros nuevos" y "Revista de revistas". A la hora de seleccionar contenidos -reconoce Bolívar- los integrantes del equipo se guiaban "tan solo por su amor a las Ciencias, que de antiguo vienen profesando, y el anhelo de contribuir al progreso y desarrollo de las mismas en los países hispano-americanos, animados del deseo de que rivalicen con los más adelantados, y de que la revista pueda llegar a ser un medio de relación entre cuantos se interesan por estos estudios en América".
En América, pero con la vista puesta siempre en el resto del mundo, más allá del Atlántico o el Pacífico. La mejor prueba de su vocación internacional la dejó en febrero de 1960, cuando en las páginas de Ciencia se publicó, en español, el discurso que pronunció Severo Ochoa en 1959 al recibir el Nobel de Medicina.

Interés de una empresa extranjera
Con el paso de los años, Ciencia adquirió cada vez más prestigio. Tanto, que una empresa comercial anglófona llegó a mostrar su interés por adquirirla. Los responsables del consejo de administración rechazaron la oferta sin embargo por miedo a que la revista perdiese el enfoque original con el que había nacido en 1940. La cabecera con sede en México fue además una de las siete principales revistas de habla española incluidas desde su creación en la base de datos científica de Current Contents.

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Entre 1940 y 1975 Ciencia publicó 29 volúmenes que sumaron en total 294 números. Primero bajo la dirección de Ignacio Bolívar, más tarde con Blas Carrera y Cándido Bolívar. Varios autores citan también al fisiólogo José Puche, fundador del Instituto Luis Vives, en México. El último ejemplar salió a la calle el 15 de diciembre de 1975, apenas un mes después de la muerte de Franco en España. Sus responsables se lo dedicaron al fisiólogo Augusto Pi-Suñer, fallecido justo una década antes en Ciudad de México. En un editorial titulada "El lenguaje de la ciencia", la dirección lanzaba un alegato en favor de la independencia y el progreso del conocimiento.

La diáspora española en Latinoamérica tuvo también un efecto positivo sobre el propio tejido científico de los países de acogida. Entre los exiliados había nombres de primer orden, como médicos que se habían formado en la escuela de Cajal. El país más favorecido fue México gracias a la política aplicada por su entonces presidente, Lázaro Cárdenas, para acoger exiliados. Solo en México se llegaron a instalar, entre 1939 y 1940, cerca de medio millar de médicos españoles. "Esa amplia diáspora trasplantó en buena medida los conocimientos e ideales que llevaron al apogeo de la ciencia en la España de la preguerra a los países de acogida", apunta Mancebo.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/ciencia-y-sociedad/103/posts/ciencia-el-grito-desde-mxico-de-los-investigadores-espaoles-exiliados-16262

jueves, 28 de septiembre de 2017

Por qué el estrés pica

Una investigación con monos relaciona el acto de rascarse cuando se está estresado con una función social.

Al parecer, los monos rhesus se rascan para comunicar a sus congéneres que se encuentran estresados
Los primates, incluidos los humanos, se rascan cuando se sienten estresados. Hasta ahora, este comportamiento se consideraba una consecuencia de los procesos fisiológicos asociados con el estrés y se le atribuía una función reguladora. Investigadores de la Universidad de Portsmouth han descubierto en macacos que viven en libertad que el motivo de esta sensación va más allá de una reacción corporal a la hormona del estrés. Rascarse podría tener una función social.

Para su estudio, los científicos, dirigidos por Jamie Whitehouse, analizaron durante ocho meses el comportamiento de 45 monos rhesus de una pequeña isla puertorriqueña. Observaron que los animales se rascaban con frecuencia cuando se encontraban con un congénere de rango superior o desconocido para ellos. Si el animal no se rascaba, en tres de cada cuatro casos se producía una pelea, según informan en la revista Scientific Reports.

Evitar la agresión
Los autores sugieren que los macacos reconocen en este comportamiento que el congénere se encuentra estresado, por lo que es mejor evitar el ataque: puede que ese individuo sienta estrés porque se considera inferior, de manera que no representa ningún peligro, o por la presión de la situación, circunstancia que le convierte en un oponente impredecible, por lo que es mejor apartarse de su camino.

Ya que diversos sujetos se aprovechan de este comportamiento (el potencial atacante y el atacado), es probable que el hecho de rascarse se haya establecido a lo largo de la evolución como una señal dentro del grupo y haya contribuido a la cohesión social, indican los investigadores. Y es posible que esta manera de comunicar el propio estado anímico se haya mantenido también en los humanos. Por tanto, en situaciones comprometedoras no nos rascamos porque nos pica, sino que nos pica para que nos rasquemos.

Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/noticias/por-qu-el-estrs-pica-15616

miércoles, 5 de julio de 2017

Sexo con robots

La cara (en este caso, culo) oculta de la ciencia.

El autor con El creador de Samantha en Catalunya Ràdio
El autor con El creador de Samantha en Catalunya Ràdio
 La ciencia es una actividad social y, como tal, está sujeta a los vaivenes, valores y tradiciones de las comunidades que la sostienen. Ahora mismo, por razones algunas obvias y otras no tanto, se habla, y mucho, de robótica. De robots voladores, robots astronautas, submarinistas, recepcionistas, obreros, soldados, médicos... pero... ¿dónde están los robots del sexo? Sabemos que la pornografía y la industria del sexo acaparan las búsquedas y uso en Internet, moviendo cifras multimillonarias. Se estiman unas ganancias para la pornografía de 91.000 millones de euros al año, mediante más de 13.000 nuevas películas, páginas electrónicas y otros servicios relacionados. Por otro lado la prostitución mueve de forma ilegal unos 180.000 millones de euros al año.

Ante este panorama, y constatando que la sexualidad es un motor fundamental de las sociedades humanas, aunando diversos elementos relativos a la socialización y, en algunos casos, a la reproducción, nos preguntamos de nuevo... ¿y los robots sexuales?

Como investigador intento tener la mente abierta y explorar áreas de futuro, por lo que recientemente inicié mis investigaciones sobre robótica sexual, lo cual es coherente dada mi dilatada experiencia con el estudio filosófico de la robótica. Mi primera constatación al ir a revistas académicas especializadas del ámbito de la robótica fue apabullante: NO HAY INVESTIGACIONES SOBRE ROBOTS Y SEXO. Por lo menos en el ámbito de la ingeniería robótica es de este modo. Tal vez podemos encontrar algunos artículos de robo-ética (los trabajos de Levy, Richardson o Sullins) o psicología que hayan tratado este tema, pero no publicaciones del propio ámbito. Todo el mundo trabaja en robots futbolistas, cocineros, asistentes, brazos industriales, coches inteligentes, drones... pero... ¡ningún laboratorio de robótica sexual! Teniendo en cuenta que los laboratorios académicos buscan desesperadamente fuentes de financiación y beneficios, esto resulta anómalo.

La segunda constatación, a partir de lo anterior es advertir que estamos ante un tema tabú científico. Todavía no se ha iniciado la robótica sexual que algunas voces, como la de la antropóloga Kathleen Richardson, se alzan en contra de tal mercado tecnológico, considerándolo una opresión similar a la de la prostitución (https://campaignagainstsexrobots.org/). Razones para el debate las hay, claro está. Pero vayamos por partes y revisemos los antecedentes históricos de la incipiente robótica sexual.

Juguetes sexuales
Investigadores de la Universidad de Tübingen han situado en un artefato lítico paleolítico de hace 28.000 años el primer uso de un dildo como instrumento tanto simbólico como sexual. Su uso se extenderá por las geografías humanas, desde las antiguas civilizaciones de Egipto, Grecia, Roma o China hasta nuestros días. Se utilizarán materiales diversos, madera, cristal, jade, bronce, piel animal, tejidos, cerámica, piedra... pero siempre con la misma finalidad sexual. Incluso Shakespeare los cita, como sin venir a cuento y de pasada, en el Acto IV, Escena IV de Un cuento de invierno. Sin ánimo de parecer falocráticos, debemos considerar que también se usaron otros utensilios, tales como bolas vaginales, dilatadores o lubricantes, con tal de aumentar las posibilidades del juego sexual.

Máquinas sexuales inteligentes
Pero con el inicio de la electricidad y la exploración de mercados se abrió un espacio nuevo para la experimentación. Es el origen decimonónico de los vibradores, el descubrimiento de nuevas sustancias como el látex (si bien los olmecas ya utilizaban productos similares). Esto también dio rienda suelta a los nuevos juguetes, como las muñecas de goma, a inicios del siglo XX en París, según cuenta Iwan Bloch en la obra La vida sexual de nuestros días (1908). Ya en este momento Bloch comenta que hay aparatos genitales femeninos que segregan lubricante como si tuvieran glándulas de Bartolini, y penes neumáticos que eyaculan. Nuestros abuelos ya disponían de un buen catálogo de utensilios y sus referentes literarios (como el mito de Pigmalión con enamoramiento de una estatua) a la vez que una religiosidad conservadora en lo sexual impulsó el desarrollo tácito y oculto de tales prácticas. Si bien siempre ha habido abrazadores sexuales de árboles (denominados dendrofílicos) o personas gozadoras ante estatuas (los agalmatofílicos), el avance experimentado en el utillaje sexual a lo largo del siglo XX y XXI nos lleva a otro nivel, lejos de lo parafílico para abrazar la 'normalidad' (si existe).

El nivel de realismo y perfección en la estimulación actual es increíble, puesto que estamos asistiendo al nacimiento de la dildónica: vibradores complejos, controlables mediante parejas a distancia o por el móvil via Bluetooth como el We-Vibe 4 Plus, claro ejemplo de teledildónica) (¿para cuándo un neuroconector para gestionar su funcionamiento? La neurodildónica será un rotundo éxito), vaginas de texturas hiperrealistas y calefactables...

Incluso la realidad virtual permite acceder a integraciones dentro de la escena, como el culo/vagina vibrador/a de Cyberskin que tiene una app controladora para el teléfono (Twerking Butt App) y conexión VR 3D. Los masturbadores Tenga son un brutal éxito de vendas en Japón y se extienden hoy en día. Materiales clásicos como PVC, látex, silicona y gelatina unidos a nuevos como PU, TPR o TPE permiten mejorar la calidad de la naturalidad de la experiencia. O incluso mejorarla, una vez sus diseños van más allá de lo que Naturaleza ha proporcionado.

También existe la opción de crear vestidos para el usuario que cuenten con coordinación entre masturbadores automatizados, sensores distribuidos y gafas de VR conectados a pornografía 3D (Pornhub, una de las más importantes páginas ya tiene sección de VR) o simulaciones sexuales computacionales, como ha hecho la empresa japonesa llusion VR. Hablando de simulaciones, los chatbots y sistemas artificiales que hacen las veces de novios/novias/amantes pululan por doquier en la red para ser usados mediante tablets, móviles o ordenadores.

Tras lo visto, es normal que alguien pensara en hacer cuerpos enteros, siendo la empresa más famosa Realdolls. Muñecas y muñecos diseñados bajo la premisa hiperrealista con tal de satisfacer una clientela solvente y especial: maniquíes con bocas/anos/vaginas/penes para satisfacer en un modo tridimensional a escala humana. Y en el año 2010 alguien decidió por vez primera añadir inteligencia artificial a tales muñecos: Roxxxy the robot, presentado en Las Vegas AVN Adult Entertainment Exhibition, incorporaba voz artificial y una rudimentaria interfaz de interacción con el usuario. Pero la revolución ha llegado de la mano de un científico catalán: Sergi Santos.

Samantha... ¿el robot sexual inteligente?
Hace pocas semanas, en nanotecnólogo Sergi Santos sacó al mercado una muñeca sexual con la mejor IA nunca integrada en un sistema de estas características. Según el investigador, con quien he compartido tertulia periodística y conversación privada, Samantha tiene complejos algoritmos que regulan respuestas más 'humanas'. Samantha tiene el procesador integrado en la cabeza, emitiendo respuestas con una voz dulce y realista, con la que te guía través de los diversos modos de uso que tiene (el sexual, el amoroso, el familiar).

Uno tiene que cortejarla y 'satisfacerla', o el robot se quejará. Incluso le ha integrado un módulo filosófico en el que el robot reproduce citas de textos clásicos a petición de la usuaria/del usuario. Lo interesante es que Santos no sólo está integrando más servicios en el robot, sino que plantea al mismo tiempo una reflexión sobre las dinámicas de la seducción, de la excitación o del placer. El juguete se humaniza y no es un simple agente pasivo. Esto es una verdadera relación en las relaciones entre humanos y máquinas. Tal vez un día Santos será el Amancio Ortega de la robótica sexual, el tiempo y otras variables azarosas lo decidirán.

Algunos retos éticos
Para empezar, los tenemos éticos: el propio Levy no pudo leer su tesis doctoral sobre robótica sexual en el Reino Unido y tuvo que emigrar a Maastrich. A pesar de estar en el siglo XXI y que parece el dinero lo mueve todo, la robótica sexual es todavía un GRAN TABÚ.

Por otro lado, tenemos retos importantes, puesto que ya existen empresas que fabrican muñecos sexuales de niñas y niños, como la escalofriante empresa japonesa Trottla (con importaciones prohibidas al menos por el gobierno australiano). ¿Estaremos incentivando actitudes reprobables o más bien las podremos contener gracias a instrumentos de este tipo?

Y, ¿qué hacer con las personas que se enamoran de sus robots y se quieren casar con ellos, legarles sus herencias o enterrarlos en caso de 'fallecimiento'? Ya existen cementerios en Japón para perros robots Aibo (fabricados por Sony). ¿Realmente es necesaria una ciencia del amor por los robots, la lovótica?

Tampoco queda claro si estas máquinas mejoraran la sexualidad humana, la genitalizarán o la anorrearán, pero lo que es evidente es que ya están transformando el mundo contemporáneo, del mismo modo que las redes sociales y las aplicaciones móviles han alterado los modos de plantear escarceos sexuales, iniciación de amistades o las relaciones sociales.

También es posible que algunos de estos robots puedan mejorar la vida sexual de personas con necesidades especiales o incluso con disfunciones médicas que puedan ser mejoradas mediante el uso supervisado de tales máquinas. ¿Y si mejoran la sexualidad de las "personas sin más", es decir, todos nosotros?

Hay un último aspecto importante: el internet de las cosas. Estas máquinas podrán funcionar mejor cuanto más sepan de nosotros y quienes controlen estos datos tendrán todavía más información (sensible) sobre nosotros. Como si no fuera ya suficiente con los móviles y los sensores de deporte, ahora una nueva generación de controladores sexuales completarán el círculo informacional.
Bueno, y ya finalizando mi perorata, estamos ante otro filón económico e investigador que creo que me voy a perder a no ser que consiga formar parte del mismo ahora que simplemente se empieza a levantar. Y lo digo sin metáforas de doble sentido, que siempre me critican.

P.D. Por cierto en breve se celebrará en Londres el tercer congreso, Love & Sex with Robots, por si les interesa.

Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/blogs/ciencia-y-sociedad/56/posts/tabs-cientficos-i-sexo-con-robots-15153