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jueves, 15 de diciembre de 2022

El activismo medioambiental en los museos

 Las colecciones de estas instituciones son un instrumento clave de poder simbólico para las autoridades políticas, las mismas a las que se dirigen estas reivindicaciones medioambientales a través de actos de resistencia civil

 

Activistas de Just Stop Oil lanzan sopa de tomate contra ‘Los Girasoles’ de Van Gogh. Just Stop Oil

“A menudo me siento como si estuviera haciendo una versión real de [la película] No mires arriba”, comenta Rich Felgate, un joven cineasta que ha capturado con su cámara muchas de las acciones de Just Stop Oil, un grupo de activistas medioambientales con sede en el Reino Unido. Estudios recientes de psicología medioambiental ponen de relieve una forma de disonancia cognitiva entre la disponibilidad de información científica acerca de la crisis climática y el comportamiento de los individuos y las decisiones de los responsables políticos. Las acciones de resistencia civil que se han llevado a cabo en torno a obras de arte desde comienzos del verano de 2022 en diversos museos de Europa y Australia, y que se han multiplicado en las últimas semanas (hasta una veintena hasta el momento), pretenden señalar esta contradicción.

A continuación ofrecemos un análisis de la forma en que estas acciones se instauran, como parte de una estrategia destinada a atraer la atención de los medios de comunicación, con el objetivo de crear conciencia en torno a los efectos adversos del cambio climático y, sobre todo, de presionar a las autoridades públicas para que venzan su pasividad. Es interesante observar el modo en que se están utilizando, tanto el modus operandi de estos activistas como las nuevas interpretaciones de las obras que provocan a través de estas acciones, para apoyar peticiones concretas acordes a las recomendaciones científicas a fin de reducir las emisiones de CO2. Estas reivindicaciones se expresan explícitamente en las propias acciones de los activistas o en las notas de prensa que suelen originar: el cierre de las centrales eléctricas que utilizan combustibles fósiles y el paso gradual a las energías renovables en un plazo determinado.

Estrategia y organización de la red

En las últimas décadas, de forma regular, ha habido casos aislados de acciones de protesta en torno a obras de arte expuestas en museos. Por ejemplo, en 2012, el artista Uriel Landeros utilizó pintura en espray y una plantilla para pintar un toro y la palabra “conquista” en la obra Mujer en sillón rojo, de Pablo Picasso, en la Colección Menil de Houston. Describió su acción como una performance por la justicia social, un acto de rebeldía cargado de contenido político. En 1985, la famosa Dánae de Rembrandt fue rociada con ácido sulfúrico y acuchillada en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. El autor declaró que había actuado con el propósito de recordar al público que su país de origen, Lituania, en aquel momento llevaba cuarenta y cinco años bajo ocupación soviética. Los autores de estos actos de vandalismo, motivados por fines políticos o sociales, a menudo han tenido como objetivo cuadros famosos cuya degradación probablemente podía “causar sensación” y, de este modo, amplificar su mensaje, como el joven que, también en 1985, prendió fuego a un cuadro de Felipe IV de Rubens en la Kunsthaus de Zúrich para protestar contra la contaminación medioambiental. En estos casos, el vandalismo artístico se utiliza para llamar la atención sobre una causa y dar visibilidad a ideas alternativas. De este modo, la obra en cuestión es el instrumento de la acción; el acto de destrucción sirve de vehículo para la expresión de agravios que parecen tener poco que ver con la obra en sí.

Los casos que analizamos aquí difieren de estos actos anteriores de vandalismo artístico por varias razones. En primer lugar, en los casos que vamos a analizar no parece apropiado hablar de vandalismo en absoluto, aunque a menudo se describan así en la prensa. Los activistas en cuestión actúan de forma no violenta. No llevan a cabo “ataques” contra obras de arte. En la mayoría de las ocasiones sus blancos son obras que están protegidas por cristales y suelen intervenir fuera del perímetro de protección de una obra (barreras, pedestales, muros circundantes[1]), procurando no dañar la integridad física de la obra –aunque es importante señalar que las acciones recientes sugieren que probablemente el fenómeno evolucione a partir de ahí[2]–. En cualquier caso, estas obras de arte no se atacan del mismo modo destructivo que caracteriza a muchos ejemplos históricos de vandalismo artístico (arrojar ácido, quemar, cortar, etc.). En segundo lugar, la selección de las obras de arte atacadas parece estar directamente relacionada con la atención mediática que puedan generar, además de a su capacidad para apoyar un determinado discurso. Como veremos, los activistas ecologistas utilizan estas obras específicamente para dar forma a sus reivindicaciones ecológicas.

Por último, estas acciones no son iniciativas individuales ni actos aislados, a diferencia de los casos de vandalismo del pasado ya mencionados. Se llevan a cabo dentro de un marco más amplio y organizado de movimientos de resistencia civil y, en su mayor parte, tienen su origen en la red internacional A22, una coalición de grupos ecologistas que actúan de forma concertada mediante una visión, una organización, una estrategia y un modus operandi compartidos.

Estos grupos están financiados en su mayoría por el Fondo de Emergencia Climática y se organizan eficazmente en torno a una base específica de actuaciones (comunicación, estrategia, etc.) que lleva a cabo una amplia gama de acciones como el bloqueo de autopistas y la interrupción de eventos deportivos. Su motivación común es causar un trastorno imposible de ignorar para obligar a los ciudadanos a reaccionar y presionar a los gobiernos para que tomen medidas concretas contra la degradación climática. Entre estas acciones, las que tienen lugar en museos se benefician de una intensa cobertura mediática.

El museo como escenario central

“Estas acciones... son eficaces porque son contraintuitivas”, explica Michele Giuli, cofundador de A22 y Ultima Generazione, el colectivo italiano que está detrás de varias de ellas. A diferencia de otras acciones más perjudiciales desde el punto de vista material –por ejemplo, el bloqueo de infraestructuras petrolíferas–, estas pretenden desmontar la ilusión de que existe un mundo armonioso a escala global. Pretenden subrayar la idea de que “el problema de la crisis climática no es únicamente la crisis climática en sí, sino la inmoralidad de nuestras sociedades en general, que se ahogan fácilmente ante cualquier cosa que perturbe su tranquilidad, aunque solo sea por un momento”. En otras palabras, las reacciones desproporcionadas que provocan estas acciones están en el centro mismo de la cuestión que los activistas intentan poner de relieve. Su retórica se basa en la discrepancia entre la indignación del público ante los falsos “daños” causados a estas obras de arte, por un lado, y la indiferencia general ante la destrucción muy real de la vida en la Tierra. La presunta violencia de estas acciones sirve para poner de relieve la violencia real de nuestras sociedades: la indiferencia y la inercia, por no hablar del cinismo.

Los museos, y las obras de arte que se encargan de conservar, están destinados a ofrecer un espectáculo escenificado. De hecho, este escenario particular es propicio para la creación de imágenes impactantes que rápidamente se han difundido por todo el mundo. “Dos personas, sin dinero, fotos en periódicos rusos, es increíble”, dice Michele Giuli. El contexto de una exposición en un museo se utiliza como base para la creación de un nuevo retablo viviente compuesto por activistas que posan de cara a los medios de comunicación junto a la obra u obras de arte elegidas. El retablo a menudo se adorna con otros elementos –etiquetas, pancartas y salpicaduras diversas, como comida– que aumentan el impacto visual de la escena.

No estamos acostumbrados a este tipo de imágenes. De hecho, no hay precedentes. Hasta ahora, cuando las obras de arte habían sido atacadas en los museos, los registros visuales de estos actos vandálicos –cuando existían– eran de mala calidad, pues mostraban solo una parte dañada del cuadro o, en raras ocasiones, la obra y su agresor. La documentación de estas acciones nunca se había realizado de forma tan elaborada, con perfectas vistas frontales de la escena.

En este sentido es interesante examinar la forma en que se organizan estas acciones en torno a las obras de arte expuestas en los museos. Imitan un tipo de activismo medioambiental no violento en el que la inmovilización y los bloqueos son los modos clásicos de operar, aunque ahora con el novedoso uso de pegamento instantáneo. Verdadero símbolo del activismo medioambiental actual, el pegamento instantáneo es una herramienta que da a los activistas tiempo suficiente para ofrecer las imágenes icónicas que han dado la vuelta al mundo. El personal de seguridad no se muestra dispuesto a “arrancar” a los activistas de los marcos, ventanas o paredes en los que se han adherido y, de este modo, les dan el tiempo que necesitan para pronunciar un discurso frente a la obra de arte y facilitar la fotografía de la escena.

Cada elemento del modus operandi de los activistas tiene como objetivo la creación y difusión de imágenes impactantes. La elección de la(s) obra(s) de arte se hace en función de lo que la obra representa, tanto social como figurativamente, a través de una asociación lógica que se integra en los discursos de los activistas.

Obras de arte palimpsesto

Los cuadros y esculturas elegidas suelen ser de artistas famosos o son en sí mismas obras muy conocidas y arraigadas en nuestro imaginario cultural. Esta notoriedad ayuda a despertar el interés de los periodistas que transmiten la información y, al mismo tiempo, intensifican la reacción emocional del público. Los activistas también pretenden trastocar la forma habitual en que se perciben estas obras ofreciendo nuevas interpretaciones, todo ello al servicio de la difusión pública de sus reivindicaciones.

En ocasiones, las nuevas narrativas que surgen de estas obras también pueden estar directamente relacionadas con la escena representada en la obra de arte. Este es el caso de varios paisajes en los que se pone de relieve la cuestión del impacto de la actividad humana en la naturaleza. Por ejemplo: Melocotoneros en flor, de Van Gogh, un óleo sobre lienzo a cuyo marco pegaron sus manos dos miembros de Just Stop Oil en la Courtauld Gallery de Londres el 30 de junio de 2022. Fue elegido por su representación de la Provenza francesa, que en la actualidad está expuesta a sequías extremas debido al cambio climático. Este paisaje, pintado en 1889, puede compararse ahora con el verano de 2022, durante el cual se registraron niveles de precipitaciones un 45% inferiores a la media histórica en la región, lo que obligó a aplicar restricciones de agua. Otro paisaje, Arpa eólica de Thomson (1809) de William Turner, ilustra una vista del Támesis en las afueras de Londres, una zona amenazada ahora por la subida del nivel del agua. En una acción llevada a cabo el 31 de julio de 2022 en la Manchester Art Gallery, dos activistas colocaron sus manos cubiertas de pegamento sobre su marco después de pintar en el suelo frente a la obra el lema “No New Oil”.

La representación de la naturaleza rural se invoca a veces de forma más simbólica, como ocurrió con la obra de John Constable La carreta de heno (1821), que fue el blanco de una acción ecologista que tuvo lugar en la National Gallery de Londres el 4 de julio de 2022. Antes de pegar una de sus manos al marco, dos activistas colocaron sobre la superficie de la obra de arte una imagen impresa actualizada del mismo paisaje asolado por las actividades humanas dependientes de los combustibles fósiles (un avión que pasa por el cielo, un río seco, etc.). En esta visión contemporánea de la decadencia, la destrucción de la escena no se produce por efecto del tiempo, sino debido a la frenética y violenta actividad humana. Cuando el colectivo Ultima Generazione organizó una acción en torno a La Primavera (1478-82) de Sandro Botticelli en el Museo Uffizi de Florencia el 22 de julio de 2022, la referencia a la naturaleza se hizo más metafórica: “Tenía siete años cuando, tras un día de absoluto aburrimiento en el museo, me quedé extasiada ante la belleza, la armonía y la paz que transmite este cuadro”, comentó Laura, una de las activistas que participaron en la acción después de pegar una de sus manos al cristal protector del cuadro. Esta vez no hubo ninguna referencia a la actividad humana, solo la enumeración de valores que sugiere la frondosidad de la naturaleza en este cuadro alegórico: “Considero que mi presencia hoy aquí es una forma de honrar este primer amor que experimenté por el arte al convertirlo en el instrumento de un despertar colectivo que, en última instancia, nos llevará a darnos cuenta del poder que tenemos cuando decidimos utilizar nuestro cuerpo como vector de presión política”.

Los dos activistas de Just Stop Oil que el 11 de noviembre de 2022 intentaron pegarse con las manos en El grito (1893) de Edvard Munch en Oslo, aprovecharon el estatus de esta obra que simboliza la angustia existencial humana: “Grito cuando los políticos ignoran la ciencia”, “grito cuando veo morir a la naturaleza delante de mí”, “grito cuando la gente muere en inundaciones, olas de calor y de hambre”, “grito de miedo”, exclamaron a su vez. Noruega es el mayor productor de petróleo de Europa. A través de estas acciones, a veces puede inferirse la idea de un pánico apocalíptico que cuestiona el apego a los bienes terrenales.

Apropiaciones simbólicas

Entre estos activistas, que parecen dominar los códigos de la cultura museística, se observa una voluntad subyacente de desacralizar estas obras de arte en favor de nuevas ideas y acciones proactivas. Una de las activistas que participó en una acción en torno a Laocoonte y sus hijos, que tuvo lugar el 18 de agosto de 2022 en los Museos Vaticanos, acababa de licenciarse en Historia del Arte. Con el propósito de desbaratar la perspectiva cultural de que únicamente podemos contemplar pasivamente las obras de los museos, destacó un enfoque más sacrificado: “Nunca he deseado exponerme públicamente de esta manera, perturbar el silencio de un museo y pegarme a una obra de arte icónica. ¡Pero no tenemos muchas opciones cuando se trata de obligar a las instituciones a atender la alarma!”.

El hecho de que el tema del Laocoonte y la crisis climática se hagan eco mutuamente es de especial importancia en este caso. Esta antigua copia romana de un original griego representa un episodio de la mitología en el que unas serpientes asesinan a Laocoonte, un sacerdote troyano, junto a sus dos hijos después de que este intentara advertir a los troyanos del peligro de dejar meter el caballo de Troya en su ciudad. Estas serpientes, enviadas por Poseidón para silenciar al sacerdote, son las que finalmente aseguran la victoria del otro bando. Para Ultima Generazione, el clima y la crisis energética son los factores históricos que pueden llevar a la caída no sólo de una ciudad, sino de toda la vida en la Tierra. El comunicado de prensa de Ultima Generazione declara:

“Al igual que Laocoonte en el mundo antiguo, en la actualidad, nuestros científicos y activistas intentan advertir a nuestras comunidades de las catastróficas consecuencias de la pasividad frente a la mitigación de la crisis climática. Al igual que Laocoonte... los científicos y activistas son desatendidos o, lo que es peor, son silenciados una y otra vez por los gobiernos”.

Los activistas medioambientales se han apropiado de esta historia fundamental y se han erigido en figuras de la resistencia civil, solo que esta vez no de forma mítica, sino real.

Entre el conjunto de obras objeto de las acciones medioambientales, la escultura Formas únicas de continuidad en el espacio (1913) de Umberto Boccioni, faro del movimiento futurista italiano –unos activistas de Ultima Generazione se pegaron con las manos a ella el 30 de julio de 2022 en el Museo del Novecento de Milán–, representa un caso especialmente interesante. En esta ocasión se planteaba un discurso crítico contra lo que la obra representa. Esta figura esculpida, lanzada de cabeza hacia el progreso, y cuyos bordes parecen disolverse en su dinámico movimiento hacia delante, es una metáfora del modo de vida asociado a la modernidad industrial, así como de la ideología que fomentaba este movimiento vanguardista. El comunicado de prensa explica: “Nos pegamos al bronce de Boccioni porque ya no podemos permitirnos precipitarnos hacia el progreso económico. El progreso que esperaban los futuristas es el mismo que ahora nos conduce a la extinción masiva”. Con más de un siglo de diferencia, los artistas futuristas y los activistas medioambientales contemporáneos plantean la cuestión del futuro, pero ofrecen respuestas antitéticas.

Aparte de esta escultura de Boccioni, los activistas suelen mostrar un apego sincero a las obras que utilizan como blanco. Michele Giuli lo explica:

“Cuando elegimos una obra de arte es porque realmente nos gusta, nos encanta. La mayoría de las veces se trata de uno de los cuadros o estatuas favoritos de las personas implicadas. Utilizan una obra de arte sin dañarla para alertar a la humanidad sobre los peligros que corre: creo que a Van Gogh le habría entusiasmado”.

¿Quién conseguirá que estas obras de arte hablen?

El 9 de noviembre de 2022, durante la COP27 celebrada en Egipto, noventa y dos directores de museos emitieron un comunicado conjunto en respuesta a estas acciones, en el que advertían a los activistas de que estaban subestimando en gran medida la fragilidad de las obras de arte objeto de estas acciones[3]. Unos días más tarde, el Consejo Internacional de Museos (ICOM, por sus siglas en inglés) adoptó una postura más conciliadora y reconoció la preocupación en materia de conservación, pero ratificó su deseo de que “los museos sean considerados aliados para hacer frente a la amenaza común del cambio climático”. Esta declaración apoya a los activistas medioambientales y a la idea de que no están confrontando cultura y activismo, sino que intentan atraer a toda la sociedad al mismo movimiento. En este tenso contexto, el ICOM se cuestiona ahora lúcidamente el papel que pueden desempeñar los museos “en la configuración y creación de un futuro sostenible”. La reacción del ICOM es significativa en el sentido de que uno de los objetivos de las acciones de resistencia civil es obligar a diferentes instituciones y actores sociales a tomar partido. Aunque el ICOM no fomenta estos actos, el hecho de que la única organización internacional dedicada a los museos y sus profesionales no los condene, a pesar de su ilegalidad, es notable. Será interesante ver cómo reaccionan los sistemas judiciales de los distintos países cuando se vean obligados, en caso de que haya procedimientos legales, a pronunciarse acerca de la legitimidad de estas acciones.

Para estos activistas, apropiarse del espacio del museo y proponer nuevas formas de ver las obras de arte –símbolos de la herencia intergeneracional cuya realidad se ve cuestionada por la era del Antropoceno– es quizá también una forma de expresar la imperecedera esperanza de que aún puede haber un futuro que proyectar y soñar. Como señala Caspar Hughes, activista de Just Stop Oil: “La cultura en la que se inscribe el mundo del arte suele provocar cambios positivos en la sociedad”[4]. En un momento en que la mayoría de los profesionales de los museos luchan por atraer a un “público joven” e intentan que estos espacios sean inclusivos, ¿no deberían reflexionar sobre formas constructivas de acoger estos actos simbólicos de apropiación pacífica que sitúan sus colecciones en el centro de un debate público y de una concienciación urgentemente necesarios?

En la reacción frente a estas acciones es frecuente encontrar una retórica de la instrumentalización de las obras de arte que se alimenta de la idea de que éstas tienen vida estética propia. Según esta perspectiva, la apropiación de las obras de arte por parte de los activistas va en contra de su propia naturaleza, que es la de ser contempladas en silencio. Otros discursos parecen fomentar la idea de que únicamente los historiadores del arte o los conservadores de museos tienen autoridad para ofrecer interpretaciones artísticas. Sin embargo, los gobiernos suelen situar estas mismas obras en el centro de las cuestiones políticas y diplomáticas. De hecho, las colecciones de los museos son un instrumento clave de poder simbólico para las autoridades políticas, las mismas a las que se dirigen estas reivindicaciones medioambientales a través de actos de resistencia civil. Consideramos que las acciones que hemos descrito son apropiaciones ciudadanas de nuestro patrimonio colectivo en favor de cuestiones políticas y sociales cuya extrema urgencia no puede subestimarse.

Fuente: https://ctxt.es/es/20221201/Firmas/41565/Anne-Bessette-Juliette-Bessette-museos-activismo-ecologista-colapso-crisis-climatica.htm

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Cuatro motivos para tomarse el anuncio de la energía de fusión con más calma

Estos son algunos “peros” que los propios científicos ponen al anuncio triunfalista del Laboratorio Livermore y el gobierno de EE.UU. sobre la fusión nuclear.

Cuatro motivos para tomarse el anuncio de la energía de fusión con más calma
Instalaciones del Laboratorio Lawrence Livermore donde se ha hecho el experimento | Lawrence Livermore National Security

 El Departamento de Energía de EE. UU. y la Administración Nacional de Seguridad Nuclear han anunciado este martes oficialmente que han conseguido por primera vez la ignición por fusión en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, un gran avance científico que lleva décadas en desarrollo y allanará el camino para el futuro de la energía limpia.

Según han asegurado sus responsables en rueda de prensa, el primer experimento de fusión controlada de la historia ha conseguido producir más energía a partir de la fusión que la energía láser utilizada para impulsarla. “La búsqueda de la ignición por fusión en el laboratorio es uno de los desafíos científicos más importantes jamás abordados por la humanidad, y lograrlo es un triunfo de la ciencia, la ingeniería y, sobre todo, de las personas”, ha asegurado Kim Budil, directora del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.

Este logro histórico confirma la viabilidad del concepto y refuerza la posibilidad de lograr en un futuro una energía limpia de fusión, como la que se produce en las estrellas. Pero a pesar de los titulares triunfalistas y las afirmaciones del tipo “con una botella de agua se obtendrá la energía de un hogar durante un año”, conviene poner los matices necesarios para entender que se trata de una prueba de concepto y que aún queda un largo camino.

Estos son algunos de los matices que ponen los propios expertos para entender este logro en su justa medida:

1. La fusión comercial está muy lejos

Lo ha resaltado la propia directora del Laboratorio Livermore. “Hay obstáculos muy significativos, no solo en la ciencia, sino en la tecnología”, ha recalcado Kim Budil en la rueda de prensa del anuncio oficial.  “Esto es una sola cápsula de ignición y se ha producido una vez, y para hacer energía de fusión comercial tienes que hacer muchas cosas, tienes que hacer muchos eventos de fusión por minuto”. De modo, que llevará “décadas”. “No cinco décadas, como solíamos decir”, ha resaltado divertida, “pero requerirá grandes esfuerzos de inversión y unas cuantas décadas de investigación”. 

"Para convertir la fusión en una fuente de energía, necesitaremos aumentar aún más la ganancia de energía”, asegura Jeremy Chittenden, profesor de Física de Plasma del Imperial College de Londres en declaraciones al Science Media Centre. “También tendremos que encontrar una manera de reproducir el mismo efecto con mucha más frecuencia y mucho más barato antes de que podamos convertir esto de manera realista en una planta de energía".

“Este es un paso clave en un posible camino hacia la fusión comercial”, asegura el físico de materiales Robin Grimes. “Sin embargo, extraer esta energía para que pueda aprovecharse y desarrollar los materiales que puedan resistir la operación continua son desafíos enormes”. “Es probable que este anuncio tenga más importancia científica que práctica”, señala Mark Wenman, experto en física de materiales, “pero como prueba de concepto debería ayudar a que más fondos fluyan hacia la investigación de la fusión nuclear”.

“Este es un gran resultado científico, pero todavía estamos lejos de la fusión comercial”, subraya la investigadora Aneeqa Khan, de la Universidad de Manchester. “Necesitamos una ganancia de energía neta de ingeniería de todo el dispositivo que tenga en cuenta todas las ineficiencias de la planta. La construcción de un plan de energía de fusión también tiene muchos desafíos de ingeniería y materiales […] Necesitamos capacitar a una gran cantidad de personas con las habilidades para trabajar en el campo y espero que la tecnología se utilice en la segunda mitad del siglo".

2. Aún falta la revisión por pares

Tal y como ha señalado Kim Budil, sus equipos han pasado una semana contrastando los datos para asegurarse de que son correctos e incluso invitaron a "un equipo externo de expertos para hacer una revisión por pares”, ha anunciado. Eso no les exime de pasar el proceso de revisión habitual que requerirá la publicación en una revista científica de primer nivel, donde aún se pueden detectar errores, como sucedió con otros grandes anuncios anteriores.

“Me gustaría poder leer los detalles de este nuevo hito, pero supongo que habrá que esperar varios meses hasta que el artículo esté escrito y enviado a publicación”, asegura el físico y divulgador Francis Villatoro a Vozpópuli. “La gran duda actual es la estimación de la energía producida por la ignición del combustible”, añade. “La medida es indirecta. Si han observado 3.5 MJ es una medida dudosa porque podría estar por encima de lo que los detectores estaban capacitados para medir. Quizás incluso alguno haya sido dañado. Así que esta estimación habría que cogerla con alfileres”. 

“En cualquier caso, para ellos es algo muy relevante, pues su financiación peligraba”, agrega. Su hito de lograr un 72% de la energía inyectada, en agosto de 2022, no había podido ser repetido, destaca el investigador. Y tras muchos intentos a principios de este año se publicó una noticia en Nature sobre posibles problemas de financiación. “Antes de diciembre de 2022 tenían que lograr repetir y superar el logro anterior si querían más financiación. Lo han logrado in extremis”, asegura. “Esto también puede generar dudas en ciertos sectores. ¿Cómo es posible que hayan hecho a principios de diciembre lo que parecía en noviembre que no podrían lograr este año tras múltiples fracasos?”.

3. Los cálculos tienen un “punto débil”

Abundando en el argumento anterior, algunos expertos creen que el punto débil puede estar en los datos sobre el imput de energía. “Aunque es una noticia positiva, este resultado todavía está muy lejos de la ganancia de energía real requerida para la producción de electricidad", asegura  Tony Roulstone, especialista en energía nuclear de la Universidad de Cambridge al Science Media Centre. En resumen, insiste, lo obtenido todavía es mucho menos que la energía que necesitaban para los láseres en primer lugar. "La producción de energía (principalmente energía térmica) seguía siendo solo el 0,5% de la entrada”.  

En el mismo sentido se manifiesta Enrique Borja, doctor en Física y divulgador científico. “[El anuncio] no considera la energía que hemos de suministrar a los propios láseres para su funcionamiento”, señala. “Es decir, hemos visto que podemos sacar energía de la fusión, pero aún estamos muy lejos de poder hacerlo de forma eficiente como para poder ser usada a nivel "industrial". ¿Qué pasaran? ¿Dos años? ¿Cinco? ¿Veinte?  No lo sé. Pero lo que sí sé seguro es que lo conseguiremos”.

"Otro punto clave es que nadie sabe cómo extraer energía eléctrica útil de la fusión inercial mediante láser", añade Villatoro. "No solo es pulsada, sino que cada pulso tiene una duración muy corta (decenas de nanosegundos como mucho) con lo que el método usual de extracción de electricidad, que es el calentamiento de un material que a través de un intercambiador de calor genere vapor de agua que mueva una turbina, es completamente inviable. Nadie sabe cómo en el futuro se podrá extraer energía eléctrica útil de este tipo de instalaciones", sentencia.

  

4. No nos salva de la crisis climática

El último 'pero' tiene que ver con las implicaciones sociales y políticas de este anuncio, porque la sociedad puede interpretar que la crisis climática ya tiene solución y rebajar la presión para adoptar políticas que reduzcan el consumo de combustibles fósiles, lo que sería un grave error. 

“La fusión ya llega demasiado tarde para hacer frente a la crisis climática, ya nos enfrentamos a la devastación del cambio climático a escala mundial, observando las inundaciones en Pakistán, las sequías en China y Europa solo este verano”, señala Aneeqa Khan. "A corto plazo, debemos utilizar tecnologías bajas en carbono existentes, como la fisión y las energías renovables, mientras invertimos en fusión a largo plazo, para ser parte de una combinación energética diversa baja en carbono. Tenemos que utilizar todo lo que tenemos en la crisis climática. Es importante tener estrategias tanto a corto como a largo plazo”.

Fuente:  https://www.vozpopuli.com/next/fusion-nuclear-livermore-anuncio.html

sábado, 5 de noviembre de 2022

La COP27, el espectáculo climático de la dictadura egipcia

El próximo 6 de noviembre Egipto será el anfitrión de la cumbre climática de Naciones Unidas, a la que están invitados mandatarios y representantes de más de 200 países.

Una calle de El Cairo. Foto: Jim
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2022 (COP27) tendrá lugar este año en el centro turístico de Sharm el-Sheik. Es una oportunidad que el gobierno militar de Al-Sisi está utilizando para proyectar la imagen de un país que no existe. Mientras que la cumbre se publicita dando una apariencia de país verde y democrático, decenas de activistas, críticos, investigadores y periodistas están siendo reprimidos y hostigados en lo que Human Righ Watch ha denominado como “atmósfera de terror”.

El régimen represivo se ha intensificado durante las últimas semanas, persiguiendo las voces disidentes que no se encuentran ya en prisión o forzadas al exilio. La policía en El Cairo, vestida de civil, detiene a los viandantes de forma aleatoria para revisar los teléfonos móviles y sus publicaciones en las redes sociales. Informes emitidos por Amnistía Internacional o el grupo de relatores especiales de Derechos Humanos de la ONU alertan del peligro en el que se encuentran los participantes de posibles protestas medioambientales. “Los arrestos y detenciones, la congelación y disolución de activos de las ONG y las restricciones de movilidad contra los defensores de Derechos Humanos han creado un clima de temor para las organizaciones de la sociedad civil egipcia”, dicen los expertos.

El estado de miedo que impone el gobierno de Al-Sisi no impide la constante conversación política en las cafeterías, el mercado, los espacios de trabajo o en las casas. Con la libra egipcia en mínimos históricos y la inflación descontrolada —en octubre ha superado el 15%—, la gente tiene cada vez más problemas para poner comida encima de la mesa.

El viernes 11 de noviembre, cuando se cierre la primera semana de la COP— hay una convocatoria de protestas que desafiará las leyes represivas delante del foco internacional. “Egipto necesita sumarse a la cuestión climática, pero la COP27 parece un escaparate para el negocio internacional. Mientras a nosotros nos persiguen y nos detienen, Coca-Cola es uno de los principales financiadores de la cumbre”, denuncia uno de los activistas que se sumará a las movilizaciones previstas.

El régimen egipcio del terror

Desde que Al-Sisi llegara al poder a través del golpe militar de 2013, Egipto se ha consolidado como uno de los estados más brutales y represivos. Las fuerzas de seguridad cometen todo tipo de abusos amparados por una legislación que el régimen ha ido modificando para garantizar su total impunidad. Más de diez leyes aprobadas desde el comienzo del mandato de Al-Sisi institucionalizan la vulneración grave de Derechos Humanos. Entre ellas, se ha eliminado el límite a la prisión preventiva, por lo que algunos disidentes políticos permanecen en prisión sin juicio o sin condena. También la prohibición de la protesta se ha convertido en una de las principales herramientas de opresión, y ha sido utilizada para a detener a miles de personas desde su aprobación.

Los opositores políticos son perseguidos, desaparecidos, golpeados, torturados fuera y dentro de la opacidad de las celdas, y han llegado incluso a ser ejecutados, como denunció Amnistía Internacional en 2020. Desde ese año, las condenas a muerte en casos de violencia política han aumentado respecto a años anteriores. Para Philip Luther, director de investigación e incidencia de dicha ONG, “estas ejecuciones son aún más terribles si se tienen en cuenta las infracciones sistemáticas y bien documentadas del derecho a un juicio justo: los tribunales suelen basar sus decisiones en “confesiones” obtenidas mediante el uso de la tortura”.

También se ha denunciado en reiteradas ocasiones cómo las manifestantes y activistas detenidas son sometidas y forzadas a pruebas de virginidad. Esta práctica fue reconocida en 2011 por el propio Al-Sisi como forma de proteger al ejército de ser acusado de violación.

En menos de diez años, el régimen ha construido 24 cárceles en las que se calcula que hay al menos 60.000 presos y presas políticas en las peores condiciones. “No son garantizadas las necesidades básicas, se carece de asistencia jurídica o sanitaria y se suceden los episodios de violencia”, declaran las personas cercanas y los familiares.

En un intento de utilizar la cumbre para denunciar esta situación, se está exigiendo a los gobiernos poner a los presos políticos en la agenda de las negociaciones. Los activistas medioambientales entienden que sin una protección de los Derechos Humanos es imposible combatir la cuestión climática. “Los cambios que se necesitan para hacer frente a esta crisis serán empujados por la presión social”, denuncian.

Tras el decorado, los atentados medioambientales

La decisión de celebrar la cumbre frente al mar Rojo, en la apartada y lujosa ciudad turística de Sharm El-Sheikh, no es casualidad. La geografía del lugar permite controlar el acceso y los desplazamientos de manera casi absoluta, evitando así cualquier amago de manifestación o protesta. También aleja la mirada de El Cairo, una de las ciudades más contaminadas del mundo y que cada año presenta más casos de enfermedades respiratorias y muertes prematuras derivadas de los altos niveles de polución.

La imagen del Egipto que Al-Sisi pretende proyectar, no solo oculta la violación de las libertades civiles y los crímenes de Estado, sino todos los atentados medioambientales en los que el gobierno está directamente implicado. Aparte del propio impacto de la actividad militar, algunos de los principales negocios del ejército son las fábricas de cemento, las plantas embotelladoras o la construcción y gerencia de hoteles de lujo para el turismo.

La explotación de materias primas tiene como objetivo principal abastecer la gran edificación de infraestructuras que están llevando a cabo los militares. Entre estos proyectos, destaca la urbanización en mitad del desierto, al este de El Cairo, de lo que será la nueva capital administrativa. Este proyecto prevé la construcción de 20 rascacielos, las sedes los ministerios o embajadas, un aeropuerto y alojamientos de lujo al estilo Abu Dhabi. Frente a esta empresa, el urbanista David Sims advierte “la nueva capital parece el último de una serie de proyectos ruinosos iniciados hace medio siglo y la gran mayoría de esos planes terminaron en barrios fantasma, salpicados de edificios a medio construir”.

Mientras que los principales recursos se emplean en proyectos faraónicos, las infraestructuras energéticas fundamentales carecen de inversión o de un mantenimiento adecuado. Este abandono provoca que en las zonas más vulnerables de viviendas se sucedan hasta seis cortes de luz y agua al día.

Estas y otras cuestiones esenciales para la población egipcia, como el impacto del turismo o la seguridad del agua, no estarán entre los temas a tratar en la COP27. El gobierno dificulta y censura todas las líneas de investigación medioambiental que puedan resultar críticas con el régimen. “Existe una ley que obliga a pasar por la administración todas las publicaciones que puedan considerarse de carácter político”, advierte el investigador y representante de una de las asociaciones ambientales vetada a participar en la cumbre internacional, “no existen datos fiables ni rigurosos, no podemos conocer la relevancia real de lo que está ocurriendo y esto no se hará visible porque no nos dejan participar”. Como denuncian las organizaciones, los ecologistas independientes o los representantes de las comunidades más castigadas no han sido acreditados.

En la cumbre, el gobierno de Al-Sisi solo exhibirá las materias que fomentan el negocio climático y la financiación internacional, como el reciclaje o las energías renovables. En un momento en el que Egipto se encuentra al límite del impago de la deuda externa, la organización de la COP27 lo posiciona como un país atractivo para la inversión extranjera.

La movilización civil bajo el foco internacional de la cumbre

Las calles de Alejandría y El Cairo, principales centros de la movilización social, han sido militarizadas. Las fuerzas de seguridad han realizado detenciones masivas y alrededor de cien personas han comparecido ante los tribunales de seguridad con relación a la convocatoria de protestas durante la cumbre climática.

Si como denuncian algunas voces, la COP27 no producirá los avances que se requieren para hacer frente a la crisis climática, parece que la sociedad civil egipcia ve en el foco internacional una oportunidad para salir a la calle. A pesar de las leyes antiprotesta y la campaña implacable de represión, en las redes sociales se sigue emplazando a la gente a la movilización del 11 de noviembre.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/cop27-espectaculo-climatico-dictadura-egipcia

lunes, 24 de octubre de 2022

“Nuestro tiempo se caracteriza por un desequilibrio muy grande entre el miedo y la esperanza”

 Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y ha intervenido esta semana en la primera Universidad Popular de los Movimientos Sociales que se ha organizado en Euskadi. 

Boaventura de Sousa Santos
David F. Sabadell

 Hilvana cada frase sin que se le escape un verbo de más o un sustantivo de menos, y no se detiene hasta terminar la idea que quiere exponer. Se nota que es profesor —doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale, catedrático en su ciudad natal, la Universidad de Coímbra (Portugal)—. Pero en Boaventura de Sousa Santos (1940) también se aprecia que está acostumbrado a escuchar y que le gustan las preguntas. Vivió en Estados Unidos durante la Guerra del Vietman y en Berlin antes de que cayera el muro. Ha participado en varias ocasiones en el Foro Social Mundial y, esta semana, ha intervenido en la primera Universidad Popular de los Movimientos Sociales que se ha organizado en Euskadi, un proyecto en el que participa Emaús desde hace tres años y en el que ha acompañado a De Sousa a su paso por Bilbao y Donostia.

Vamos a morir todos. Contágieme de su optimismo.
Mi optimismo siempre ha sido trágico. Quizá no vemos las alternativas o quizá no las valoramos cuando las vemos, pero hay alternativas. La dificultad es grande y cada año aumenta, de ahí lo trágico. Pero nunca he sido pesimista. Trabajo con movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil para las cuales es imposible pensar que no hay alternativas, porque entonces tendrían que dejar de existir. Y la alternativa es fundamental para los de abajo, que cada vez son más vulnerables y más precarios.

Me gusta su actitud.
Es que necesitamos un poco de esperanza. Sé que hoy es difícil formular alternativas, pero hay que creer que las tenemos porque la historia no se detiene. Lo que caracteriza a nuestro tiempo es un desequilibrio muy grande entre el miedo y la esperanza: las grandes mayorías tienen mucho miedo del futuro y poca esperanza de que pueda mejorar, y las pequeñas minorías parecen no tener miedo de nada. Ni siquiera al colapso, porque se imaginan viviendo en ciudades espaciales. Tienen demasiada esperanza en que tecnológicamente obtendrán soluciones.
Están henchidos y dominan el mundo. 
Después de caída muro Berlin, el sistema capitalista consideró que esos enemigos —la posibilidad de una alternativa socialista— fueron derrotados y creyeron que esa derrota era definitiva, por eso el capitalismo se volvió más salvaje y agresivo. La socialdemocracia, es decir, la posibilidad de compatibilizar capitalismo con algún bienestar para las mayorías a través de derechos sociales, económicos, ecológicos, pensiones, educación y sanidad pública, permitió crear la idea de que la democracia podía controlar el capitalismo o hacerlo menos agresivo. La socialdemocracia terminó en el neoliberalismo, que pretende privatizarlo todo, disminuyendo la presencia del Estado en la sociedad y entregándolo todo a los mercados. Este es el modelo en el que hemos vivido y la tragedia es que gran parte de los partidos de la izquierda acabaron por aceptar que no había alternativa al capitalismo —la tercera vía al socialismo—, y el resultado fue desacreditar en el imaginario popular la alternativa, algo que benefició al capitalismo y a las fuerzas que le sostienen por detrás, la derecha.

¿Y ahora, qué?
Ahora es momento de saber por qué el neoliberalismo ha destruido el bienestar. En Europa se notaba menos, pero cada vez es más evidente, sobre todo con guerra Ucrania, por ejemplo. Hemos pasado de una idea que seguramente era una ilusión —que la democracia podía controlar el capitalismo— a una democracia controlada por el capitalismo y que solo funciona en la medida en que sirve al capitalismo. Es algo que también vemos en el aumento de la extrema derecha, que es el brazo político del capitalismo y ahora ya ataca derechos cívicos, políticos, de prensa, de cátedra y de opinión pública con discursos de odios y regresos a la dictadura. Lo ves en Brasil o aquí con Vox.

¿Por qué el momento para ver estas cosas es ahora?
Los estudios del FMI muestran que después de las grandes pandemias del mundo hay una crisis social y económica muy fuerte y, en el caso actual, hay un agravante: la guerra de Ucrania. La guerra es permanente en el mundo, desde Corea a Vietnam, África y Oriente. Pero la idea importante es que la crisis económica y social a largo plazo provocará disturbios y protestas, porque la gente se quedará insatisfecha e intentará derrocar las instituciones, y la respuesta del Estado será represiva, una represión que no es compatible con un mínimo de democracia, y esto da impulso a la extrema derecha, que simultáneamente es producto y productor de esta situación, creando divisiones brutales, desacreditando la democracia, proponiendo un regreso a un pasado que nunca existió. Era un pasado de violencia y exclusión y desapariciones de personas.

El 8 de marzo de 2018 fue uno de los días más felices de mi vida. Pensé que así debían sentirse los hombres blancos todos los días, dueños de sus vidas, sin miedo, sin preocupaciones de más. Pensé que la emancipación de la humanidad debía ser eso: caminar con ligereza acompañada de agradables sentimientos, pero hasta ese día yo misma desconocía esa sensación, ¿cómo se puede luchar con firmeza por alcanzar algo que desconoces? ¿Cómo podemos pensar que el mundo puede ser nuestro?
Es una gran pregunta. Cuando conoces el mundo y lo representas como propio es cuando puedes transformarlo con tus aspiraciones. El problema es que desde el siglo XVI creamos un sistema de conocimiento que no posibilita que todas las personas representen el mundo como suyo. El colonialismo europeo interrumpió el conocimiento propio. Y ese colonialismo dio pie a otros tres opresiones: colonialismo, capitalismo y patriarcado. Si quieres, heteropatriarcado. El trabajo “libre” no se sostiene sin un trabajo altamente devaluado y un trabajo no pagado, que realizan los cuerpos racializados y sexualizados. El colonialismo y el patriarcado son las otras dos caras del capitalismo. Mismamente el marxismo no lo vio claramente, pero no hay capitalismo sin colonialismo y patriarcado. Lo que tú viviste fue una liberación, que el mundo se representara como tuyo y, por tanto, que pueda transformarse con tus aspiraciones de emancipación. De repente estabas en la calle con mucha gente y viste que era posible apropiarse del mundo, sin tener que esperar a las representaciones masculinas o patriarcales, porque tú ya tienes la tuya y no estás sola. Ese es el inicio de una emancipación epistémica, que es política obviamente. Por eso hoy se habla de una filosofía feminista, una sociología feminista, una política feminista. Y por eso no imagino un capitalismo feminista ni un capitalismo antirracista. Hay quien piensa que su lucha es suficiente para cambiar la sociedad, pero como acostumbro a decir: la dominación está articulada, pero la resistencia está fragmentada. No salimos de este infierno, cuando se mejora un poco por aquí se empeora por otro lado. Muchos movimientos, como sindicatos, eran racistas y sexistas.

Tras un movimiento emancipador como el feminismo, movimientos reaccionarios como la extrema derecha, o simplemente señores de izquierda señoreando, han cogido impulso. Hábleme de los vaivenes sociológicos.
Estamos en un ciclo conservador de luchas defensivas. En general no se lucha por más derechos, sino por no perder los que ya teníamos y pensábamos que eran irrenunciables. Con el crecimiento de la extrema derecha estamos llegando al fondo de este ciclo. Pero debemos ser conscientes de que cuando logramos elegir a un gobierno progresista, este gobernará en un ciclo conservador, como Gustavo Petro o Lula si gana. Este ciclo empezó en los 90 como reacción al avance de las luchas de los trabajadores y de las mujeres, después de la segunda guerra mundial, que dejó un ciclo de 30-40 años en el que se obtuvieron más derechos, con menos horas de trabajo y más horas de cuidado público para las criaturas. Todo ello supuso un avance enorme y el neoliberalismo fue la reacción. En Chile tuvo una matriz política, pero en Europa fue económica y ahora se le ha añadido la política con la extrema derecha, que siempre es neoliberal, desde el Reino Unido a la India, pasando por España, Suecia, Portugal, Italia y Francia. Aunque a veces no lo afirmen con la intención de intentar obtener alguna ventaja electoral. Dicen que no están en contra de los derechos sociales, pero los quieren restringir a los blancos, por ejemplo. Es decir, están en contra de los derechos sociales.

El capitalismo robó la democracia, si es que alguna vez existió. Usted defiende que los movimientos sociales fiscalizan la democracia, como así ocurre. Pero el capitalismo trata de adueñarse de la educación. ¿Vivimos y morimos más sumisamente?
La educación tiene un doble papel: legitimar el conformismo o el inconformismo. Cuando luchamos por una educación popular y la pedagogía oprimido, lo hacíamos desde la óptica de que la educación puede ser un instrumento de liberación y emancipación. Y aquello fue el resultado de una victoria. Pero al transformarse en política pública, la educación depende de la naturaleza política del Estado, que es capitalista, colonialista y patriarcal, además de burócrata, monocultural, sexista, entre otros. La educación es un campo de disputa y las luchas sociales muchas veces han logrado abrir brechas, que es lo que hacen los movimientos sociales. El problema de la sociedad y de las organizaciones es que cuando se abre una brecha, piensan que ya se queda abierta para siempre, y no es así. Somos hijos e hijas dominados por la idea de que el progreso nunca vuelve atrás. Claro que puede retroceder, por eso estamos en un ciclo conservador, que también tiene su vida: nace, crece y muere. Por eso estoy seguro de que este ciclo terminará un día. No es cuestión de fe, sino análisis histórico.

Usted tiene 81 años y ha visto cambios importantes.
Los sociólogos somos muy buenos previendo el pasado, pero no el futuro. Y nunca prevemos el peor escenario, porque duele demasiado. La mejoría de derechos en el norte global vino tras 70 millones de muertes en las dos guerras mundiales. No es poco. El capitalismo norteamericano fue menos agresivo tras la crisis de 1929, con una tasa de suicidios nunca vista. ¿Qué pasará ahora? Desde las izquierdas luchamos para que el tránsito del ciclo conservador al progresista sea pacífico, sin lucha armada, y que no incluya el sufrimiento de mucha gente. Pero hay tres amenazas que pueden llevar a un fin trágico: la catástrofe ecológica inminente, cada vez más grave por todos los lados pero que aquí se caracteriza por su invisibilidad; una desigualdad social en el mundo sin precedentes —la concentración de riqueza nunca ha sido tan grande y nos hace preguntarnos cómo será la reacción cuando surja una oportunidad—, y que estamos más cerca de una tercera guerra mundial, que puede incluir guerra nuclear. En este último caso ya no podría dar lugar a un ciclo progresista, porque igual estamos todos muertos, o muchos. Conviene recordar que los físicos teóricos hablan de ciclos de bifurcación: un pequeño cambio en un sistema que ya está muy desequilibrado puede producir una transformación enorme. Por ejemplo, si estamos en una guerra, pequeños actos de provocación pueden llevar a la otra parte a atacar con una bomba atómica.

En octubre de 2022, ¿qué alternativas tenemos?
Hay tres escenarios: el primero es que la pandemia termina su fase aguda y entra en una fase crónica, con otras variedades de coronavirus u otros virus que salten de animales a humanos porque desestabilizamos sus hábitats. Pero mientras, volvemos a los cafés si tenemos dinero. Eso es lo que estamos viviendo de alguna manera en Europa. El segundo escenario es el del gatopardismo: que nada cambie pero vamos a cambiar algunas cosas. La salud tendría una inversión pública mucho más grandes, ya que sabemos que los hospitales privados no han combatido el virus. El tercer escenario es el de alternativa. Esta es la ocasión para hacer un modo alternativo de vivir, producir y consumir en nuestras sociedades. Esto implica transformar las sociedades, y el urbanismo, porque cuanto más grande es una ciudad, recordemos que más mortalidad hubo en la pandemia. Tenemos que crear otro tipo de vivir. En el edificio de viviendas que tenemos enfrente, con un trozo de hierba que están segando, podría haber huertas, por ejemplo, porque ya sabemos que la agricultura y ganadería industrial son venenosas y están íntimamente relacionadas con el cambio climático y la pandemia.

¿Y qué escenario ve más probable?
Estamos en el primero, el más distópico. Hay una crisis y no se hará nada. La sanidad seguirá privatizándose y quizá la democracia no aguante en muchos países. Pensaba que Europa entraría en el segundo escenario, que íbamos a cambiar algunas cositas, pero tras la guerra llegó la hipocresía y la transición energética saltó por los aires. Y si no hay transición, transferiremos los costes a la periferia, buscando por ejemplo crear energía eólica destruyendo el territorio de otros países, como en México. Hemos llegado al colonialismo energético. 

Entonces, ¿vamos a morir todos?
Algún día, pero la sociedad no muere y la esperanza, tampoco. Tus hijos, los míos y mis nietos morirán de forma escalonada, según el orden natural de la vida, a menos que haya un colapso total ecológico. Y espero que tengan un tiempo mejor que el nuestro en términos de justicia social, histórica, sexual y de relaciones norte y sur.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-boaventura-sousa-nuestro-tiempo-caracteriza-desequilibrio-muy-grande-entre-miedo-esperanza

viernes, 21 de octubre de 2022

Los científicos europeos dejan sus laboratorios para salir a la calle ante la inacción climática

 El grupo "Rebelión Científica" suma cada vez más adhesiones. Académicos e investigadores realizan por estos días "acciones de desobediencia civil" en Alemania. El movimiento crece en España

Un grupo de científicos durante una protesta en el museo del automóvil Volkswagen, en Berlín.
Un grupo de científicos durante una protesta en el museo del automóvil Volkswagen, en Berlín.

 Elena González (30 años) es doctora en astrofísica. Con ese título académico -obtenido el año pasado en Londres- empezó a ser realidad el sueño de su vida: ser astrónoma para poder investigar la vida en otros planetas.

Pero esta joven científica está convencida de que hoy su papel en un observatorio es secundario e irrelevante. De nada sirve estudiar la física del universo -dice- si nuestro mundo, el planeta Tierra, está al borde del precipicio como consecuencia del cambio climático.

Movilizada por esta asfixiante realidad, dejó el Reino Unido y volvió a España para sumarse a la "rebelión de los científicos", un movimiento global de acción y protesta que cada vez suma más adhesiones. 

En España, la "desobediencia civil" cuenta con el apoyo de más de 1.200 profesionales. Sus caras visibles son tres eminencias: Fernando Valladares (científico del CSIC), Marta Rivera Ferre (científica y coautora de uno de los últimos informes del IPCC) y Jorge Riechmann (filósofo y ecologista).

El objetivo de este movimiento pasa por instar a los gobiernos y empresas a actuar "con urgencia" para mitigar los efectos de un colapso climático que, entienden, está en puerta. Respaldan su diagnóstico en el conocimiento científico. En sus saberes, en sus investigaciones, en sus años de estudio.

"Scientist Rebellion" (nombre global) es una ramificación de lo que se conoció como "Extinction Rebellion", un movimiento de activistas nacido en Londres en 2018. Este subgrupo tiene un sello diferencial: son los propios científicos e investigadores los que "ponen el cuerpo" para protestar.

La primera aparición pública fue en abril de este año tras la publicación del sexto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Se realizó una "acción coordinada" en 25 países. Participaron un millar de científicos, según los organizadores.

Queremos ser los catalizadores de la comunidad científica como Greta Thunberg lo ha sido de la juventud. El tiempo urge. Necesitamos una reacción más amplia

En Madrid, los científicos se sentaron frente a la fachada principal del Congreso gritando consignas como "No hay planeta B" o Alerta Roja. Escuchad a la Ciencia". Algunos manifestantes mancharon con tinta roja biodegradable (zumo de remolacha) las escaleras del Hemiciclo. En junio, 14 científicos fueron detenidos por la Brigada Antiterrorista de la Policía Nacional. Se les inició una causa por "daños al mobiliario público".

Por estos días, la desobediencia civil se centra en Alemania, epicentro de las nuevas protestas. Se trata, a juicio de los científicos, de un "país clave" en la Unión Europea, cuya economía se ha beneficiado más que otras de la quema de combustibles fósiles y de la explotación de recursos.

La industria del automóvil, que domina nuestra forma de organizar la movilidad, nos empuja hacia una Tierra inhabitable. Compañeros de@EsRebelCientif han llevado la protesta hasta una de sus sedes principales, en Alemania. ¡Ánimo! https://t.co/6fgYSwRxW0— Jorge Riechmann (@JorgeRiechmann) October 20, 2022 El objetivo de este movimiento pasa por instar a los gobiernos y empresas a actuar "con urgencia" para mitigar los efectos de un colapso climático que, entienden, está en puerta. Respaldan su diagnóstico en el conocimiento científico. En sus saberes, en sus investigaciones, en sus años de estudio."Scientist Rebellion" (nombre global) es una ramificación de lo que se conoció como "Extinction Rebellion", un movimiento de activistas nacido en Londres en 2018. Este subgrupo tiene un sello diferencial: son los propios científicos e investigadores los que "ponen el cuerpo" para protestar.La primera aparición pública fue en abril de este año tras la publicación del sexto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Se realizó una "acción coordinada" en 25 países. Participaron un millar de científicos, según los organizadores.Queremos ser los catalizadores de la comunidad científica como Greta Thunberg lo ha sido de la juventud. El tiempo urge. Necesitamos una reacción más ampliaEn Madrid, los científicos se sentaron frente a la fachada principal del Congreso gritando consignas como "No hay planeta B" o Alerta Roja. Escuchad a la Ciencia". Algunos manifestantes mancharon con tinta roja biodegradable (zumo de remolacha) las escaleras del Hemiciclo.  En junio, 14 científicos fueron detenidos por la Brigada Antiterrorista de la Policía Nacional. Se les inició una causa por "daños al mobiliario público". "A España le interesa la transición energética: va a reindustrializarse como nunca desde su ingreso a la UE"Por estos días, la desobediencia civil se centra en Alemania, epicentro de las nuevas protestas. Se trata, a juicio de los científicos, de un "país clave" en la Unión Europea, cuya economía se ha beneficiado más que otras de la quema de combustibles fósiles y de la explotación de recursos.Científicos de toda Europa está realizando acciones de protesta en Alemania

Las acciones empezaron esta semana en Berlín y durarán hasta el inicio de la 27 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP27) que se desarrollará en Sharm el Sheij (Egipto) entre el 6 y el 18 de noviembre.

El ambientólogo español Víctor de Santos Herranz viajó a Alemania para participar de la protesta. "El Gobierno de Scholz puede reajustar toda la conversación internacional sobre la crisis climática y desbloquear las resistencias actuales para tomar medidas que garantizarían la supervivencia humana. Nunca la cuestión de nuestra supervivencia colectiva ha sido tan apremiante", explica.

Una de las protestas consistió, por ejemplo, en la ocupación del "Porsche Pavillon" del museo del automóvil Volkswagen durante más de 2O horas. Los científicos enviaron sus demandas al CEO de esta multinacional, "un símbolo global de la industria fósil". 

Por estos días, la desobediencia civil se centra en Alemania, epicentro de las nuevas protestas. Se trata, a juicio de los científicos, de un "país clave" en la Unión Europea, cuya economía se ha beneficiado más que otras de la quema de combustibles fósiles y de la explotación de recursos

En paralelo a las protestas callejeras, el movimiento lanzó la firma de un documento titulado "Una academia unida puede luchar contra el fracaso climático". La carta ya tiene la adhesión de más de 500 académicos de 42 países.

"La respuesta de los científicos de todo el mundo debe ser decisiva. ¿Cómo honramos la creciente confianza del público en nuestra comunidad de expertos frente a las inminentes catástrofes del cambio climático y ecológico? Es simple: los académicos deben compartir con el público lo que comparten entre ellos sobre la respuesta mundial al cambio climático y la pérdida de biodiversidad", explica este colectivo en su página web.

Los académicos sostienen que "continuar diciendo públicamente que limitar el calentamiento a 1,5°C todavía está vivo ya no es defendible", pese a que los políticos y muchos movimientos ambientalistas persisten en hacerlo. La respuesta -lamentan- es que "las industrias contaminantes y los formuladores de políticas se ven inadvertidamente alentados a resistir la rápida descarbonización".

"No es la primera vez en nuestra historia que la comunidad científica ha ejercido su responsabilidad de decir la verdad a la sociedad sobre la posibilidad real de un cataclismo global, y exigir que los que están en el poder actúen en consecuencia. Recordemos que el peligro de una guerra nuclear fue motivo de una movilización masiva y sin precedentes de la comunidad científica en el siglo XX", ponen de ejemplo.

Eva González (centro) durante la protesta que Rebelión Científica España llevó a cabo en abril en el Congreso.

Elena González le cuenta a LPO que, en España, son cada vez más los científicos y académicos interpelados por el movimiento. Algunos, como ella, han dejado su carrera para luchar en las calles. Otros, ante la necesidad de subsistencia, compatibilizan sus trabajos -universidades, organismos públicos- con una "rebeldía obligada por la catástrofe climática".

No es la primera vez en nuestra historia que la comunidad científica ha ejercido su responsabilidad de decir la verdad a la sociedad sobre la posibilidad real de un cataclismo global, y exigir que los que están en el poder actúen en consecuencia

"Somos un grupo horizontal, sin líderes. Tenemos reuniones semanales y distintas áreas de trabajo. La participación está abierta a toda la ciudadanía, pero las acciones de desobediencia las hacemos los científicos. Creemos que son más potentes y contundentes", explica.

Y agrega: "Necesitamos que la élite científica diga en público lo que dice en privado: que ya no es posible alcanzar ese límite del 1,5°C, hagamos lo que hagamos. Estamos en un punto de no retorno. En nada muchos países no van a ser habitables".

González admite un "debate interno" sobre cuáles son las acciones más efectivas para convencer a la ciudadanía de la urgencia y gravedad de la problemática. "La única premisa es que no tienen que ser violentas. Sabemos que a lo largo de la historia los grupos desobedientes han sido odiados y estigmatizados. Pero también sabemos que muchas transformaciones han sido posible gracias a esta desobediencia", dice.

Un contrapeso, admite, es interno: las universidades no apoyan estas acciones. "La élite académica nos da la espalda. Tienen muchos intereses en la industria fósil y en instituciones financiadas por esta enorme economía".

La astrofísica aclara que "no van a volver a los laboratorios hasta que el poder político y económico no asuma las transformaciones estructurales necesarias para evitar una catástrofe": "Queremos ser los catalizadores de la comunidad científica como Greta Thunberg lo ha sido de la juventud. El tiempo urge. Necesitamos una reacción más amplia".

"Salimos de nuestros laboratorios, de nuestra profesión, y nos rebelamos. Todas y todos debemos salir. Si las científicas seguimos actuando como si nada pasara lanzamos el mensaje de que, en realidad, las cosas no están tan mal", concluye.

 Más información: https://www.lapoliticaonline.com/espana/europa-es/los-cientificos-europeos-dejan-sus-laboratorios-para-salir-a-la-calle-ante-la-inaccion-climatica/

viernes, 2 de septiembre de 2022

Por qué los insectos ya no se estrellan en tu parabrisas: 30 especies se extinguen cada día

Zona reservada para el desarrollo de los insectos en Luxemburgo. (S. D.)
Zona reservada para el desarrollo de los insectos en Luxemburgo. (S. D.)

 Una cuarta parte de los insectos de Europa está hoy al borde de la extinción. Las mariposas en España han caído un 70%. Hay un apocalipsis y toda la cadena alimentaria está en juego

 Cuando un especialista en mariposas sale al campo, rara vez mira el paisaje de frente. Los científicos que estudian estos insectos tienen la costumbre de dirigir su visión hacia los planos inferiores de los prados, y Constantí Stefanescu lleva tantos años estudiando invertebrados que su espalda ha adquirido cierta curvatura. Es un biólogo que trabaja para el Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña, y hoy ha venido a medir la densidad de insectos en el Parque Natural del Montseny, un bosque al norte de Barcelona, España, que fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978. 

 El día es cálido y luminoso, condiciones ideales para que un entomólogo evalúe la intensidad con que las mariposas ocupan un prado. Sobre sus hombros, el biólogo lleva una red con la que caza los ejemplares que no puede identificar a distancia, antes de devolverlos a la libertad. Pero hoy apenas necesita utilizarla. De hecho, casi nunca lo hace. "En los últimos 30 años hemos podido comprobar que el 70% de las especies de mariposas de Cataluña está en regresión", explica. "El estado en que se encuentran las mariposas es un indicador del estado general de los insectos. Incluyendo, por ejemplo, las especies que polinizan los cultivos de los que dependemos". 

El Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña es uno de los pocos programas europeos que evalúan sistemáticamente las poblaciones de insectos en momentos y espacios determinados. "En la comunidad científica, desde hace muchos años, tenemos la impresión de que el declive es enorme, pero la financiación para estudiar los insectos siempre ha sido escasa", admite Axel Hochkirch, que dirige el Departamento de Invertebrados de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y es uno de los entomólogos más reconocidos del planeta (tanto es así que hace un par de meses se bautizó con su nombre una nueva especie de grillo descubierta en la isla de Creta, Grecia: Leptophyes axeli). En toda Europa, entre los científicos que estudian los insectos, existe esta broma recurrente: un mosquito no es tan sexy como un lobo, al menos cuando se trata de conseguir fondos para la investigación.

 "Hace cinco años, sin embargo, todo cambió", dice Hochkirch. En octubre de 2017, la Sociedad Entomológica de Krefeld (Alemania) publicó un estudio que hizo saltar las alarmas en todo el mundo. Con acceso a datos poco comunes recogidos durante 27 años, los científicos pudieron determinar que en menos de 30 años en las reservas ecológicas germánicas se produjo una pérdida de biomasa de bichos voladores del 75%. En los meses de verano, cuando los invertebrados están más presentes, las cifras llegaban al 82%. La noticia se extendió rápidamente por todo el mundo, y los periódicos informaron de que estaba en marcha un apocalipsis de los insectos, o Armagedón.

Desde entonces, se han multiplicado los esfuerzos científicos para evaluar el alcance del problema. Las cifras no son nada alentadoras. "Los estudios más recientes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza indican que 30 especies desaparecen diariamente de la faz de la Tierra", dice Horchkirch, que dirigió estas mismas investigaciones. También fue él quien dirigió los esfuerzos internacionales para crear una lista roja de invertebrados europeos sin precedentes. "Gracias a ese esfuerzo realizado entre investigadores de todo el continente, pudimos determinar que una cuarta parte de los insectos del continente está actualmente en peligro de extinción".

Para Alain Klein, biólogo del Parque Natural de Our, una de las tres reservas ecológicas que existen en Luxemburgo, la expresión "apocalipsis de los insectos no es tan incorrecta". El pequeño Gran Ducado fue uno de los primeros países europeos en apresurarse a crear un plan de protección de los insectos, y Klein ha estado en este proyecto desde el primer día. "Hay una emergencia que no podemos ignorar, tenemos que empezar a abordar el tema ahora".

En el Centro de Investigación en Biodiversidad y Recursos Genéticos de la Universidad de Oporto, la entomóloga Sónia Ferreira habla de una carrera contrarreloj. "A medida que se revelan más datos, nos damos cuenta de que tenemos un enorme problema entre manos, aunque sea invisible para la mayoría de la gente. El mundo tal y como lo conocemos está en peligro. Sin los insectos, toda la cadena alimentaria del planeta está en juego". 

Foto: S. D.
Foto: S. D.

 El fenómeno, dice Ferreira, es visible a simple vista: "Si lo pensamos, hace unos años, cuando viajábamos unos cientos de kilómetros en coche en verano, había un momento en que necesitábamos parar en una estación de servicio para limpiar los cristales. Ahora hemos conseguido recorrer miles de kilómetros sin esa preocupación. Es hora de pararse a pensar en el miedo que da eso". En mayo de este año, un grupo de científicos británicos utilizó precisamente esta técnica para evaluar el declive. Comparando los datos de 2004 con los de 2021, los entomólogos del Kent Wildlife Trust pudieron determinar una pérdida del 65% de los insectos voladores que aparecen en las matrículas de los coches que circulan por Inglaterra. La misma técnica también había sido utilizada por biólogos daneses midiendo datos con 20 años de diferencia, en un estudio publicado en 2019: en un trayecto de 1,2 kilómetros por la campiña danesa, la reducción de bichos en las ventanillas de los coches fue del 80%. En un trayecto de 25 kilómetros, fue del 97%. La base de la cadena alimentaria del planeta está desapareciendo.

Lisa Reiss, bióloga de la Universidad de Tréveris, uno de los principales centros de investigación entomológica de Alemania, lo explica así: "Estamos en un gran experimento global que no podemos reproducir y del que desconocemos el resultado. La humanidad no querrá saber cuál es el resultado de ese experimento".

El efecto mariposa

La extinción total de los insectos es un escenario poco probable. A Axel Hochkirch le preguntan a veces si serán las diminutas criaturas o los humanos los que desaparezcan primero, y el científico tiene pocas dudas: "Los humanos irán primero". Su argumento es sencillo: "Los invertebrados están aquí mucho antes que nosotros, y constituyen tres cuartas partes de las especies del planeta. Sería arrogante pensar que les sobreviviremos". 

Pero hay otro punto en el que el científico insiste. Los insectos desempeñan funciones esenciales para la vida humana: los servicios del ecosistema. Un tercio de todos los alimentos que consumimos depende de la polinización, por ejemplo. Y si ese es el problema, las señales ya son de alarma. A finales de julio, los precios del aceite de girasol se habían disparado en todo el mundo debido a la guerra en Ucrania. En India, tercer consumidor mundial, los agricultores se encontraron con un problema: había que aumentar la producción nacional, pero las abejas se habían vuelto tan escasas en el sur del país, donde se encuentran las grandes plantaciones, que los girasoles simplemente no florecían.

Este verano, los agricultores del distrito de Tenkasi no tuvieron más remedio que polinizar las plantas a mano. Se trata de un proceso largo y complicado, en el que manos humanas recogen el polen de cada flor con un paño y lo frotan con otro. Para satisfacer la demanda, hay que contratar a trabajadores, lo que encarece los costes de producción, y no resuelven el problema tan rápidamente como los polinizadores. 

 En el sur de China, y especialmente en la provincia de Sichuan, la región de los grandes huertos de peras y manzanas, la cuestión es objeto de un intenso debate desde hace más de una década. En la actualidad, casi toda la polinización en la región se realiza manualmente, algo que los expertos consideran insostenible a medio plazo. De momento, la cuestión es asiática, pero la desaparición de los polinizadores en Europa también preocupa. 

 Guillem Mas conduce su Jeep por el Pirineo catalán hasta un prado a 1.600 metros de altura. "Compramos unos terrenos aquí para proteger las mariposas hormigueras, que están desapareciendo a una velocidad vertiginosa", dice el biólogo español de Paisatges Vius, una asociación que trabaja por la recuperación de hábitats en esta región. Habla de una especie de mariposa de montaña llamada Phengaris alcon. Un insecto de alas azules conocido por su peculiar ciclo vital, y también por ser un importante polinizador en los paisajes de altura. 

 Estas mariposas copulan en plantas específicas de los Pirineos, y es allí donde las hembras ponen sus huevos. Cuando la larva sale, se alimenta de las flores de estas plantas. En tres semanas desarrolla una forma y un olor similares a los de las larvas de hormiga. Entonces cae al suelo y es recogida y llevada a un hormiguero. Engañadas, las hormigas la llevan al nido, y durante 10 meses se alimenta de huevos de hormiga. A mediados de la primavera, comienza a formar una crisálida y no abandona el hormiguero hasta principios del verano. 

"El problema ahora es el cambio radical en la gestión del territorio que pone en peligro la viabilidad de estos animales", dice Mas. Las hormigueras solo se dan si hay plantas y hormigas específicas que apoyen su ciclo vital. Pero los prados donde prosperan estas especies eran pastoreados por ovejas y cabras. "En los últimos 20 años, las vacas han ocupado su lugar. Consumen mucha más hierba, lo que impide la floración ideal para los insectos", continúa.  

Sin estas mariposas, el paisaje pierde biodiversidad. Y, a falta de diversidad, los campos se vuelven menos productivos. "Entonces se compensa la falta de insectos con más fertilizantes, con más pesticidas, lo que crea un círculo vicioso en el que las especies no pueden revertir la amenaza", dice el científico español. "Todos sufrimos por ello".

"El cambio climático es una parte del problema, pero no es la gran cuestión que explica la hecatombe de insectos", dice el biólogo luxemburgués Alain Klein. Los monocultivos que han invadido los paisajes, la producción intensiva —sobre todo de ganado y de los campos que lo alimentan— y los pesticidas y fertilizantes que ahora se utilizan a gran escala para hacer fértil la tierra explican en última instancia la ruina de los invertebrados. "A medida que las poblaciones humanas crecen, también lo hacen las necesidades alimentarias. Pero la forma en que promovemos este consumo a gran escala acabará por cavar nuestra propia tumba", defiende Klein. 

 Edward O. Wilson, el científico estadounidense fallecido el año pasado y considerado el padre de la sociobiología y la biodiversidad, escribió en 1987 en su libro ‘Conservation Biology’: "Estimo que hay 42.850 especies de vertebrados en todo el mundo, de las cuales 6.300 son reptiles, 9.040 son aves y 4.000 son mamíferos. En cambio, se han descrito 990.000 especies de invertebrados —de las cuales solo 290.000 son abejas—, siete veces el número de todos los vertebrados juntos". El capítulo que dedicó a la conservación de los insectos se llamaba curiosamente ‘Las pequeñas cosas que dirigen el mundo’. Y su conclusión en el estudio era bastante clara: "Necesitamos a los insectos para sobrevivir, sí. Pero ellos no nos necesitan en absoluto".

 Fuente: https://www-elconfidencial-com.cdn.ampproject.org/c/s/www.elconfidencial.com/amp/mundo/europa/2022-08-31/insectos-capitulo1-alarma_3481250/

lunes, 22 de agosto de 2022

“O cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo”

Alicia Valero en una intervención pública en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona / youtube.es

 Alicia Valero (Zaragoza, 1978) es una referencia en el estudio del consumo de recursos. Hace 18 años que lo estudia desde el Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos (Instituto CIRCE). Dirige el grupo de investigación de ecología industrial de este centro, y también da clases en varios grados y másteres de la Universidad de Zaragoza. En 2021 ha publicado Thanatia. Los límites minerales del planeta (Icaria), un libro en formato de entrevista donde divulga la crisis de los materiales junto con su padre, también experto en la cuestión. En la vertiente académica, Valero ha sido más prolífica: 126 publicaciones y numerosos reconocimientos internacionales. Su campo de estudio puede parecer técnico y concreto, pero nos permite entender mejor qué pasa con las Play Stations, en la Seat o en el conflicto afgano.

La fábrica más grande de Cataluña, la Seat, está en un ERTE. El mayor productor de coches del mundo, Toyota, ha anunciado que bajará un 40% su producción mundial de coches este mes de septiembre. ¿Qué está pasando con los microchips? ¿Es una crisis de semanas o va para largo?

Las fábricas de microchips son muy pocas en todo el mundo y están concentradas en Asia. Ha habido una demanda brutal de microchips no solo a causa de la automoción, sino en general de todos los aparatos eléctricos y electrónicos. A ello, se ha sumado el hecho de que algunas fábricas tuvieron que estar paradas por la pandemia, y todo junto ha provocado serios problemas de abastecimiento. El sector está bastante preocupado porque no parece que esto pase rápidamente. En 2022 es seguro que continuarán las paradas, y es posible que se alargue a 2023. Además, hay el problema de que los coches tienen microchips relativamente baratos y sencillos, que solo tienen funciones como subir o bajar una ventanilla. La priorización de los fabricantes es hacia los microchips de mayor valor añadido, como los de los ordenadores. Los automóviles están al final de la lista. Hay algunas circunstancias puntuales relacionadas con la Covid-19 en esta crisis que no conozco bien porque no soy experta, pero no deja de ser la punta del iceberg de lo que vendrá en el futuro.

¿Por qué es la punta del iceberg?

Porque tenemos una demanda creciente exponencialmente y unos recursos del planeta que son los que son. No se puede soportar este crecimiento con los recursos que hay. Si haces cuentas, ves que la población aumenta con una tasa del 1% anual. Y que la depredación de recursos crece más, hasta un 3%. No solo hay más gente, sino que la gente que hay quiere más. En una generación habremos consumido tanto como en toda la historia del ser humano. Está clarísimo que esto estallará de alguna forma. Ya estamos viviendo estas consecuencias; los microchips son solo una muestra. Pero realmente todas las materias primas están sufriendo subidas brutales, porque la demanda sube de manera exponencial y no hay fábricas que sean capaces de dar abastecimiento ni recursos suficientes para proveerlas. Tenemos un problema serio que hay que abordar inmediatamente.

Pero, si no hemos pensado en comprar ningún coche… ¿esto nos puede afectar igual a corto plazo?

Para empezar, la economía de lugares como Martorell se puede ver muy afectada. Yo he visto afectaciones en mi entorno. Hay amigos de mis hijos que quieren una Play Station, y en la tienda no hay. O gente que necesitaba un sofá reclinable y este no llega porque faltaban microchips. No es un problema del sector del automóvil; ahora todo funciona con electrónica.

¿Cuál es tu previsión sobre los recursos que fallarán?

Si haces un análisis de cómo estamos extrayendo los recursos desde el año 1900 y de cuánta materia prima queda disponible para explotar, te das cuenta que, si seguimos a este ritmo, hay bastantes materias primas que tendrán un gran problema de suministro. Sobre todo, si consideras la transición digital y la transición a las energías limpias. Todo esto requerirá una serie de elementos que son escasos en la naturaleza.

Y, si estos materiales van buscados, ¿no se podrán encontrar nuevas minas?

No hay minas operativas suficientes. Y abrir una mina nueva implica, de media, unos 15 años, y muchos problemas ambientales asociados. Nadie quiere una mina cerca. No es tan fácil abrir una mina, como hemos visto en Cáceres. Aunque fuéramos capaces de encontrar nuevos yacimientos, que por supuesto se encontrarán, el problema está en el hecho que sus minerales estarán cada vez más diluidos. Esto es como el petróleo: la rentabilidad será cada vez peor. Es aritmética. Otra cosa es que no quieras ver el problema.

¿Quién no quiere ver el problema?

La Comisión Europea ya está diciendo que hay que apostar por nuevos yacimientos en el territorio porque dependemos de otros países. Pero, cuando he asesorado a comités de la Comisión Europea y explicaba que había que reducir, se me echaban a la yugular. Decían que se trataba de continuar creciendo económicamente. Pero tres más uno son cuatro. Y, si tienes cinco, solo te queda un margen de uno. Y, si sigues creciendo a un ritmo de uno, solo te queda un año. Algo hay que hacer. Ahora la transición energética está planteada para no superar los 2 grados y llegar a cero emisiones en 2050. O se invierte seriamente en minas y en la recuperación de materiales, o no llegaremos a estas cifras.

¿Debemos acostumbrarnos a no encontrar lo que buscamos en las tiendas?

Creo que será más el pan de cada día, sinceramente. Obviamente, todo esto se ha visto agravado por la Covid-19, y, cuando los precios suben mucho, al final vuelve a bajar la demanda y todo se vuelve a canalizar durante algún tiempo. La economía depende de muchísimos factores. Pero lo cierto es que, si existe un factor limitante, este factor es el físico, el de los recursos que hay. Tendremos que asumir que, si no tengo una Play Station, mala suerte y me aguanto, porque sencillamente no hay microchips para ofrecerme esta consola. Personalmente, estoy pendiente de que llegue el uniforme de gimnasia de mis hijos, y me han dicho que hasta enero o febrero no llegará porque los barcos chinos no están llegando. Fíjate que estamos hablando de un textil, ni siquiera de una cosa electrónica. Esto será cada vez más cotidiano; tendremos que volver cada vez más a las raíces de lo local. La globalización actual, además del impacto ambiental de traer unos pantalones desde China, nos hace muy vulnerables. Tarde o temprano —y yo creo que más temprano que tarde— toparemos con estos límites.

¿Qué significa “temprano”?

Hemos realizado curvas de extracción de recursos minerales. La conclusión general es que el pico de la mayor parte de los recursos puede llegar antes de que acabe este siglo, y muchos de ellos antes de 2050. Esto, contando con las reservas minerales que hipotéticamente existen en el planeta y que todavía no hemos detectado, y también con una tecnología futura que podría llegar a extraerlo. Si contamos solo las reservas que conocemos actualmente, los picos se avanzan muchísimo. Aquí el problema es que la demanda está aumentando exponencialmente y no hemos entendido lo que significa el consumo exponencial. No lo tenemos interiorizado; pensamos en lineal. Pero, precisamente cuando llegó la pandemia, experimentamos en primera persona lo que implica una transmisión del virus exponencial. Sin confinamiento, en pocos días nos habríamos infectado todos. Con ritmos diferentes, pero es la misma lógica de lo que estamos haciendo con los materiales.

Volviendo a Seat: ¿esto quiere decir que la promesa de fabricar 500.000 coches eléctricos cada año es inviable?

Yo he trabajado con Seat analizando como diseñar vehículos para evitar estos cuellos de botella. Si la demanda de vehículos y la de energías renovables aumentan de la manera que se prevé en los ‘Acuerdos de París contra el cambio climático’, nos podemos encontrar con límite de suministro de plata, cadmio, cobalto, cromo, cobre, galio, indio, litio, manganeso, níquel, plomo, platino, telurio o zinc antes de 2050. Estos son los elementos necesarios para las baterías de los vehículos, pero también para las energías renovables y en general para toda la electrónica. Tu ordenador también tiene batería; todo compite con todo. Por ahora, no hay baterías suficientes. Yo creo que los fabricantes de vehículos saben que no habrá baterías para todos los coches que esperan. El cobalto, por ejemplo, es muy crítico y está concentrado en muy pocos países.

Si las empresas automovilísticas lo saben… ¿por qué no actúan de una manera diferente?

Los fabricantes están creando acuerdos con los países proveedores para asegurar el suministro de materiales. Renault y Volkswagen ya prevén que las baterías se quedarán en propiedad del fabricante. Esto te da una idea de lo preocupados que están, de lo estratégicas que son las baterías, y de lo escépticos que están los fabricantes respecto a las previsiones que ellos mismos dicen. Lo que no hará un fabricante es lanzar mensajes apocalípticos.

¿Seat os pide que analicéis si tendrán materiales para sus coches?

Sí, nuestro grupo de investigación ha hecho varios proyectos con ellos. Antes de que ocurriera el problema de los microchips, nosotros ya les hicimos un análisis de varios modelos de Seat diciéndoles cuales eran las piezas críticas que tiene el vehículo, y como habría que diseñarlas para mejorar. ¿Sabes cuáles eran las piezas críticas? Justamente la electrónica, los microchips. Esto fue en 2018. Ya les estábamos diciendo que “ojo con estas piezas”, porque dependen de unos materiales muy escasos. Y bien, ya lo ves. Los fabricantes son conscientes de que tienen que repensar la manera de fabricar, y ahora han visto las orejas al lobo con el tema de los microchips.

Y los gobiernos, ¿son conscientes del problema? ¿Cómo está preparado el Estado español en este tema?

No estamos preparados ni mucho menos. Nos hemos hecho vulnerables intentando fabricar de manera más barata en otros países. Si fabrican otros lo que es tuyo, aparentemente tú no tienes los problemas de emisiones contaminantes. Y hemos pensado: ¡que fabriquen los chinos! A corto plazo podía ser una estrategia, pero a la hora de la verdad, si los chinos dicen que no suministrarán chips o tierras raras, aquí se para la economía. No tenemos fábricas, ni materias primas, ni una industria capaz de obtener materias primas de la basura que estamos generando.

Pero hoy en día ya somos dependientes del petróleo y del gas de otros países, y no nos va tan mal.

El problema es que queremos dejar de quemar combustibles fósiles, porque es lo que hay que hacer, pero lo queremos hacer con el mismo ritmo de crecimiento. Los aerogeneradores, los vehículos eléctricos, las placas solares…, todo esto es necesario, y todo esto está basado en materiales que son muy críticos. Pasaremos de ser dependientes del petróleo a ser multidependientes de toda la tabla periódica. Puede haber escasez de litio, puede haber escasez de manganeso, de cobalto… No todos estos elementos están situados en Arabia Saudí.

¿Quién se está preparando mejor?

El litio está en Bolivia, Argentina y Chile. El cobalto, sobre todo en el Congo. Las tierras raras, en China. Pero sobre todo seremos dependientes de China. Ellos tienen o bien los recursos o bien el procesamiento y refinamiento de los recursos de otros países. Y está comprando terrenos ingentes de África y de América Latina que contienen recursos. Son la fábrica del mundo y saben que quien tenga los recursos tendrá el poder. China tiene, desde hace décadas, una política de acaparamiento, o como mínimo de asegurarse el suministro. Los otros países no lo han sabido ver. Nosotros seremos más bien unos espectadores.

Algunos países petroleros, en América Latina y en Oriente Medio, han sufrido inestabilidad política y guerras como consecuencia de la lucha por su petróleo. ¿Puede pasar lo mismo con países que tienen muchos recursos minerales?

Esto ya está ocurriendo en Marruecos. Los conflictos que hay por el Sáhara Occidental no son para apoderarse del desierto. Son porque tienen las mayores reservas de fósforo del planeta. El fósforo es el oro verde, porque es la materia prima de los fertilizantes, y quizás podemos vivir sin microchips pero no sin alimentación. Las plantas necesitan este fósforo. Hoy en día hay mucha menos hambre en el mundo porque hubo una revolución de la agricultura con los fertilizantes. La productividad de los campos aumentó mucho. Pero se han echado tantos fertilizantes en los campos que hay unos problemas de contaminación brutales. Y estamos viendo una desaparición de suelo fértil. O encontramos otra revolución verde en la que no necesitemos estos fertilizantes minerales, o lo tenemos difícil. En el caso de Afganistán, no me atrevería a decir que ha estado determinante porque desconozco el background del país. Pero en 2007 ya era uno de los países estrella en busca de nuevas reservas de elementos como el litio. Si ahora mismo los chinos la tienen a bien con los talibanes es porque hay unas reservas estratégicas que interesan. Obviamente, de trasfondo del conflicto puede haber otros muchos factores, pero por supuesto en Afganistán hay reservas de varias materias que son estratégicas.

Muchos economistas defienden que es posible seguir creciendo sin consumir tantos materiales, porque en una economía digital ya no harán tanta falta, y entonces no habrá que sufrir por la escasez. ¿Cómo lo ves tú?

Precisamente son las tecnologías digitales las que más materias primas escasas necesitan. Esto, para empezar, pero es que, además, la historia nos dice que, cada vez que hemos mejorado la eficiencia de algún equipo, ha ocurrido un efecto rebote. Los coches ahora son más eficientes que nunca, pero utilizamos la mejora para fabricar muchos más coches. Y, al final, lo que tienes es un aumento exponencial de la depredación de los recursos. Hay que buscar la eficiencia, evidentemente; pero, si eso no va acompañado de repensar el modelo de sociedad que tenemos, difícilmente lo cambiaremos. Hay que replanteárselo todo muy seriamente. En el fondo, la pandemia nos ha enseñado mucho sobre esto: lo que hay que hacer es bajar la curva.

¡Una de las apuestas podría ser que todos estos materiales se reciclen!

En el caso de los coches, hemos hecho estudios para ver como se podría hacer un reciclaje mejor. Y, actualmente, todos estos elementos que son críticos los estamos perdiendo. Cuando llevas un vehículo a desguazar, le sacan las ruedas, los fluidos, el catalizador…; esto, con suerte. Los aceros del coche, que son ultraresistentes, se juntan con las chapas de cualquier electrodoméstico, y el acero que queda es de baja calidad, con impurezas. De todo ello, se dice que actualmente se reciclan los vehículos en un 95%, que es a lo que obliga la legislación. Pero en realidad lo que se recicla es un 95% del peso, y los minerales críticos se pierden en el vertedero o quedan diluidos en la mezcla de aluminio. Hoy por hoy, no existen procesos mejores que recuperen estos elementos, los que están en los microchips y que son esenciales. No será fácil, pero hay que entender lo estratégico que es recuperar estos elementos. Ahora mismo estamos parando las fábricas de vehículos de 1.000 kilos porque nos faltan unos microchips que pueden pesar 3 gramos.

Di algún ejemplo de mineral desconocido para el gran público que utilizamos mucho y que echaremos de menos pronto.

El telurio, por ejemplo. Se emplea en los nuevos paneles fotovoltaicos, porque son más finos y eficientes. Pero no hay minas de telurio, porque son elementos que salen del refinamiento de otros elementos mayores, como el cobre. Es decir, que están supeditados a la producción de estos minerales mayores. No abrirás una mina específicamente para el telurio si lo que puedes sacar son unos gramos por tonelada. Con el indio pasa lo mismo: es un material que hace que puedas mover la pantalla del móvil con el dedo. Y es necesario para los LED. Y una sola compañía china suministra una gran parte de este indio.

¿Y las tierras raras? ¿Por qué son importantes?

Se llama tierras raras a un conjunto de 17 elementos de la tabla periódica. Algunas son muy críticas para las energías renovables, como el neodimio y el disprosio. Con estos dos materiales hacen imanes muy fuertes, unos imanes que son necesarios para cualquier motor. Todo motor eléctrico tiene tierras raras: ordenadores, cámaras, vehículos… Cualquier cosa que se mueva lo tiene: incluso un sofá reclinable. Pero no hace falta fijarse en materiales tan concretos para darse cuenta de la gravedad de la situación. El sector de la construcción está temblando por los precios de las materias primas que no son raras. La madera está subiendo muchísimo. El aluminio y el cobre, también. De momento, los promotores están asumiendo esta subida de precios, pero no sé cuánto tiempo aguantarán así. Al final nos lo repercutirán. Todo está relacionado con el consumo exponencial. Por algún lado tiene que explotar.

Si falla alguno de estos materiales, ¿es posible que encontremos alternativas para fabricar a partir de otras cosas?

Siempre se buscan alternativas. Todo es reemplazable. Pero en el sistema de producción actual no lo es, porque todo se basa en el just in time. Si necesito un pedido de microchips, es para mañana. Tenemos que ir hacia un modelo diferente, de stocks más grandes, de más flexibilidad, porque las cadenas de suministros cada vez son más débiles. China ya hizo un embargo de tierras raras en 2010 y los precios subieron de manera brutal. Puede volver a ocurrir que se frene bruscamente la circulación de cualquier de estos materiales, como estamos viendo ahora con los chips.

Si no hay bastante materiales para hacer la transición energética, ¿nos veremos forzados a incumplir los objetivos porque no habrá alternativa a quemar gas y petróleo? ¿Qué podemos hacer para dejar de contaminar sin agotar los materiales?

No creo que sigamos quemando combustibles fósiles al ritmo actual porque, como explica Antonio Turiel, ya hay desinversión por parte de las petroleras. Ya no buscan nuevas reservas. Y se están cerrando las centrales de carbón. Está en la mente de todos que tenemos que ir hacia las energías renovables. Pero hay un problema: la extracción de minerales necesarios para la transición energética es a base de energía fósil. Ahora mismo, la minería ya es el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si la demanda aumenta, también lo hará la extracción de minerales. El impacto climático de esta minería en el futuro será mayor. ¿Podremos descarbonizar la economía tal como está pensado? Yo creo que no, porque no se ha tenido en cuenta este factor, y descarbonizar el sector de la minería es muy complicado. Si no nos podemos desarrollar con las renovables, volverá el viejo debate de si alargar la vida de la energía nuclear. Pero esto último ya no es ciencia, sino mi opinión. En todo caso, creo que no nos podremos desarrollar tal como habíamos pensado. Habrá paradas económicas y bajará el PIB. O cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo.

Fuente: https://www.rebeldes.info/2022/08/entrevista-a-alicia-valero.html?spref=tw