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martes, 9 de agosto de 2022

"Si me ves, llora"


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"Si me ves, llora

La sequía es tal en Europa que los ríos Rin y Elba están a punto de cerrarse al tráfico fluvial. El retroceso de las aguas está revelando funestas advertencias de nuestros ancestros grabadas en piedra: las "Hungersteine" (piedras del hambre).En las ciudades a orillas de los grandes ríos de Europa central existe la tradición (documentada desde el siglo XIII) de colocar marcas para registrar el nivel que alcanzaron las aguas durante riadas e inundaciones históricas.

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El diseño de estas marcas varía: además de inscripciones cinceladas en edificios o monumentos existentes, también hay tablillas de piedra o metal colocadas en el lugar correspondiente; en otras ocasiones, son simples marcas de pintura en los muros.En muchas de ellas, una línea horizontal muestra el nivel máximo al que llegó el agua exactamente. Hay lugares donde se concentran varias marcas (en su mayoría de diseño uniforme) con diferentes años al lado, colocadas unas encima de otras.

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 Sin embargo, las aguas de estos ríos ocultan otras inscripciones que alertan del fenómeno contrario… y de sus graves consecuencias 

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En Alemania se las denomina “Hungersteine”, las piedras del hambre . Son grandes rocas que solo quedan al descubierto en el lecho del río cuando la sequía es tan severa que el nivel del agua las deja al descubierto.
Lo que las hace diferentes a las demás piedras es que están marcadas con fechas y/o inscripciones para conmemorar épocas de sequía extrema, que a menudo se remontan a décadas y siglos atrás.

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Las inscripciones más antiguas datan del siglo XV y se conocen piedras marcadas con los años 1417, 1473, 1616, 1630, 1654 y 1666
Cuando no existían los registros meteorológicos, los lugareños marcaban en estas piedras los hitos importantes que ocurrían en el lugar. Al igual que se marcaban los niveles altos de las aguas, también se hacía lo propio en épocas de sequía.

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La costumbre era añadir el año en que la piedra había quedado al descubierto, a menudo varias generaciones después de la última vez.
Pero aquellos que nos precedieron no se limitaron a inscribir en piedra los años de sequía extrema, sino que también nos dejaron unas inquietantes advertencias.
“Si me ves, llora”.
 “Quien me vio, lloró. El que me vea, llorará”.
 “La vida volverá a florecer una vez que esta piedra desaparezca”.
 
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  Estas frases debían servir de aviso a los lugareños de los problemas que iban a producirse como consecuencia de la escasez de agua.
 Y es que la drástica reducción del caudal en los ríos europeos solía traer consigo malas cosechas, escasez de alimentos, aumento de los precios y hambruna entre los más pobres.
Además, el bajo nivel de las aguas dificultaba o directamente impedía la navegación por el río, cortando las rutas comerciales.
 La mayoría de las piedras del hambre se encuentran en zonas de lengua alemana o en regiones donde la lengua de cultura y prestigio fue tradicionalmente el alemán, como la actual República Checa, por lo que sus inscripciones están en alemán.
 
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  Las piedras con las inscripciones más modernas (del último siglo) carecen de los siniestros mensajes de sus predecesoras. Esto demuestra cómo el río perdió su importancia crucial entre la gente, que antes dependía completamente de su imprevisible naturaleza para sobrevivir.
 Hay de varios tipos. Las más comunes son grandes piedras en el lecho del río, aunque también hay inscripciones en las riberas artificiales de piedra que normalmente quedan varios metros bajo el nivel del agua.Su nombre, “Hungersteine”, procede de una inscripción en una de ellas, “Hungerjahr 1947” o Año del hambre 1947. Conmemora un acontecimiento que quedó profundamente grabado en la memoria colectiva de los habitantes de la época.
 
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 Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania sufrió una gran hambruna en el invierno de 1946/47. Tres grandes olas de frío dificultaron la vida de la población. En enero de 1947, 60 kilómetros del Rin se congelaron.La navegación fluvial se paralizó, cortando una ruta de transporte vital. Ni el carbón para la calefacción ni los alimentos llegaron a la población. Muchas personas murieron de hambre y frío.
 
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  Para concienciar sobre los terribles efectos del cambio climático y siguiendo la tradición secular de las piedras del hambre, en 2018 Greenpeace colocó una piedra del hambre en el lecho del río Elba, con una inscripción que reza: “Si me ves es que la crisis climática ha llegado”.
 
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  Las piedras del hambre nos recuerdan que su advertencia a las generaciones futuras (de que tendrán que lidiar con las dificultades relacionadas con el hambre si el agua baja nuevamente a este nivel) es más actual que nunca.Aunque los libros de diversas épocas sirven como testimonio de la devastación provocada por la sequía, estas piedras nos proporcionan una visión mucho más profunda y emotiva de los horrores de la vida cotidiana asolada por la hambruna y la crisis económica en el pasado.
 
Fuente:  Batallitas

sábado, 23 de julio de 2022

Los estadounidenses se están mudando en tropel a Europa. ¿Motivo? La vivienda allí es inasequible

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 Según el Departamento de Estado, hay alrededor de 10 millones de estadounidenses que viven fuera de los Estados Unidos, una tendencia que se acelera cada vez más con los años. ¿Es el sol? ¿Es el sistema laboral? ¿La atención médica? No, es la vivienda. "Me mudé a Europa hace siete años. Nuestra motivación al principio era tener hijos sin endeudarnos. Después de vivir aquí tiempo, pudimos comprar una casa y vivir un estilo de vida que alguna vez se consideró el sueño americano", explicaba un inmigrante.
 
 Los precios por las nubes a la hora de comprar un piso, un dólar fuerte y los problemas políticos han contribuido al fenómeno

¿A dónde? Italia, Portugal, España, Grecia y Francia. Esos son los destinos más populares. Las solicitudes de estadounidenses que buscan mudarse a Grecia han aumentado un 40% en solo un año, según datos de Sotheby's International Realty. En Francia e Italia, la demanda es la más alta en al menos tres años, según Knight Frank.

Tal y como se ilustra en este reportaje de Bloomberg, si bien los ricos y jubilados del país ya se interesaban en el pasado por bienes raíces en Europa, ahora un conjunto más grande de estadounidenses, incluido jóvenes lo hacen. Entre los motivos están, por supuesto, las viviendas baratas, sobre todo en ciudades y pueblos más pequeños, y el auge del teletrabajo. Lo hemos contado en Magnet.

Vivienda inasequible. Hay que tener en cuenta que el precio medio de la vivienda en EEUU alcanzó un máximo histórico de más de 400.000 dólares en mayo de este año, incluso cuando las tasas de interés aumentaron y los altos precios causaron varios meses consecutivos con ventas a la baja. Aún cuando las ventas se desaceleraron, los precios siguieron subiendo un 14,8% con respecto al año pasado. Un máximo histórico, según NAR.

La tendencia. Su gobierno estima que más 10 millones residen fuera del país, más del doble que en 1999, cuando sólo lo hacían cuatro millones. Esta encuesta de Gallup concluía que el 16% prefiere irse permanentemente de los EEUU a quedarse. En otro estudio de la Universidad de Kent, el 49% de los encuestados ponía "dejar una situación mala en los EEUU" como uno de los motivos para mudarse al extranjero.

Según varias organizaciones de expatriados, los ciudadanos han estado huyendo de EEUU en tropel, buscando visas extranjeras y segundos pasaportes en cifras récord. La web InternationalLiving.com señala que el tráfico al apartado de su web "cómo mudarse fuera de los EEUU" subió un 1.676% entre junio y noviembre de 2020.

A la península ibérica. Es el destino más popular para los estadounidenses. Sol y playa, ¿qué iba a ser si no? La población que reside en Portugal aumentó un 45% en 2021 con respecto a 2020. En España más de lo mismo: el número de residentes nacidos en EEUU aumentó un 13% entre 2019 y 2021 y la demanda ha seguido subiendo. De hecho, para atraer compradores extranjeros, Portugal y España ofrecen las llamadas "visas doradas", programas que otorgan derechos de residencia a cambio de una inversión inicial de 350.000 euros y 500.000 euros, respectivamente.

Otros han seguido estrategias diferentes. Italia ha comenzado a ofrecer una visa de teletrabajo para extranjeros. El gobierno también introdujo un programa para vender casas a 1 euro en áreas rurales a compradores extranjeros que pagarían las renovaciones e impulsarían la economía local.

Fuente: https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/estadounidenses-se-estan-mudando-tropel-a-europa-motivo-vivienda-alli-inasequible

lunes, 7 de marzo de 2022

La muerte de Europa y el parto de un nuevo orden

Concentración en la Puerta del Sol contra la guerra y la OTAN.- Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

Una suerte que no haya premio Nobel para la estupidez humana porque resultaría imposible adjudicarlo de tan abundantes candidatos que habría, empezando por los gobernantes europeos. La cuestión de Ucrania (rehusamos llamarla invasión o guerra, aunque técnicamente pueda ser ambas) no es nada de lo que dicen, hasta el espasmo, los medios de comunicación occidentales –más correcto sería calificarles de accidentales. Rusia no pretende anexionarse Ucrania; tampoco ha lanzado una guerra de conquista, ni, menos, es resultado de un delirio imperial por la grandeza perdida. Es un conflicto geopolítico en el más puro sentido del término. Geopolítico en términos decimonónicos, de lucha de poder y de intereses, pues no hay conflicto de ideologías, ni lucha entre sistemas, aunque los mercenarios y los bobos de siempre –que, tristemente, no son especie en peligro de extinción-, se desgañiten presentándolo de todos los olores con rebufo a retrete. No, no es nada de eso. Es la vieja lucha entre el mundo que quiere nacer y el mundo que se niega a morir (que dicen dijo el comunista Antonio Gramsci), provocada por la negativa de la OTAN a no continuar expandiéndose hacia Rusia. Porque esa, y no otra, es la causa de la acción militar. Ganar seguridad para Rusia, lo que la UE/OTAN negó, lo que indicaba que persistía en su política expansionista.

Se afirma, repite y machaca que, cuando hay conflictos de esta magnitud, lo primero que muere es la verdad. Nosotros discrepamos. Creemos que lo primero que muere es la inteligencia, pues hay que ser ignorante, memo, lelo y demás perlas para creerse que Rusia se lanzó sobre Ucrania por banalidades como delirios de grandeza o despechos de amores imperiales, tipo nova de Corín Tellado (para quienes no la conozcan, la mayor autora de folletines de amor, a tres por semana, que sus mamás o abuelas recordarán con, esa sí, nostalgia de juventud). Nada de eso. Las guerras son caras, muy caras, y su suerte depende, como recoge Tucídides, del dinero de que se disponga. No es Vladimir Putin ningún descerebrado, como patéticamente quieren presentarlo. Menos aún un aventurero tipo Craso, el multimillonario romano que, queriendo emular a César y Pompeyo, se financió una guerra contra los partos y los partos lo partieron por la mitad, junto a sus casi 30.000 soldados (de ahí viene la expresión craso error).

Lo referimos en el último artículo. Ucrania es una ficha, pero, sobre todo, Ucrania es una pieza en el tablero mundial (tomamos la expresión de Zbigniew Brzezinski), en el que se está jugando el reparto de poder para las próximas décadas, si acaso llegamos a ellas. Nos explicamos. Hay, en el presente, tres grandes jugadores –Rusia, EEUU y China- divididos en dos bandos. En una esquina, como en cuadrilátero de boxeo, la alianza entre China y Rusia, y, en la otra, EEUU. Esto no es invento nuestro. Quien lo dice y repite hasta la saturación es EEUU y su gallinero. Como en temas geoestratégicos sólo los zaparrastrosos se inventan conflictos, citaremos documentos oficiales de EEUU, de los que, además, daremos el link, para quien quiera saciar su curiosidad. De previo informamos que, en EEUU, gobierno y Congreso tienen la amabilidad, previa censura, de hacerlos públicos, de forma que no se entera quien no quiere, porque están ahí (en inglés, obviamente), a disposición del público, que suele ser escandalosamente escaso. Esos documentos permiten, hoy, poner una gota de verdad en la orgía de manipulación y desinformación que se está viviendo en este ignaro gallinero europeo.

Empecemos con el documento más importante, titulado National Defense Strategy (https://dod.defense.gov/Portals/1/Documents/pubs/2018-National-Defense-Strategy-Summary.pdf),  de 2018, que es el que ha marcado la pauta hasta el presente. Según ese documento,  "La competencia estratégica interestatal, y no el terrorismo, es ahora la principal preocupación de la seguridad nacional de Estados Unidos". "La competencia estratégica a largo plazo con China y Rusia son las principales prioridades del Departamento [de Defensa], y requieren una inversión mayor y sostenida, debido a la magnitud de las amenazas que suponen para la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos en el presente, y a la posibilidad de que esas amenazas aumenten en el futuro".

Para enfrentar esa "competencia estratégica a largo plazo", entre una lista generosa de medidas y acciones, el Departamento de Defensa establece como objetivos lo siguiente. En relación a China: "Reforzaremos nuestras alianzas y asociaciones en el Indo-Pacífico para lograr una arquitectura de seguridad en red capaz de disuadir la agresión, mantener la estabilidad y garantizar el libre acceso a los dominios comunes". Con respecto a Rusia: "Fortalecer la Alianza Transatlántica de la OTAN. Una Europa fuerte y libre, unida por los principios compartidos de la democracia, la soberanía nacional y el compromiso con el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte es vital para nuestra seguridad". En suma, EEUU, desde 2018, se encuentra afanado en crear una pinza en torno a Rusia y China cuyo pilar esencial son sus alianzas militares y políticas. De esa guisa, a la OTAN le correspondería ser el Frente Atlántico del Ejército de EEUU, en tanto EEUU se ocuparía, con sus aliados -Japón el primero- del Frente Pacífico. Toda la estrategia de EEUU, toda, descansa en la concepción de dos frentes de guerra, siguiendo la política aplicada durante la II Guerra Mundial, durante la cual EEUU rehusó abrir un frente en el occidente de Europa porque quería dedicar toda su potencia contra Japón (por esa razón el desembarco de Normandía tuvo que esperar a junio de 1944).

Esta concepción es resultado de un hecho admitido en los documentos oficiales de EEUU. Como se puede leer en el documento Providing for the Common Defense (https://www.usip.org/sites/default/files/2018-11/providing-for-the-common-defense.pdf),  también de 2018, "La superioridad militar de Estados Unidos -la columna vertebral de su influencia global y seguridad nacional- se ha erosionado hasta grado peligroso… La capacidad de Estados Unidos para defender a sus aliados, sus socios y sus propios intereses vitales está cada vez más en entredicho. Si la nación no actúa con prontitud para remediar estas circunstancias, las consecuencias serán graves y duraderas". Es decir, EEUU sabe que no tiene capacidad militar suficiente para hacer frente a la alianza entre Rusia y China. Por tal motivo, Washington tiene como columna vertebral de su estrategia reunir el máximo número de alianzas y aliados. La National Defense Strategy lo expresa así: "Las alianzas y asociaciones mutuamente beneficiosas son cruciales para nuestra estrategia, ya que proporcionan una ventaja estratégica duradera y asimétrica que ningún competidor o rival puede igualar". "Más allá de nuestras principales alianzas, también duplicaremos la construcción de asociaciones en todo en todo el mundo, porque nuestra fuerza se multiplica cuando combinamos esfuerzos comunes para compartir costes y ampliar el círculo de cooperación. Al hacerlo, reconocemos que nuestros intereses nacionales vitales obligan a una conexión más profunda con el Indo-Pacífico, Europa y el hemisferio occidental".

En resumen, como en EEUU saben que solos no pueden, están afanosamente reclutando a países que quieran dedicar parte relevante de sus presupuestos para suplir la inferioridad de EEUU y, llegada la hora, servir de carne de cañón en la guerra por venir contra Rusia y China. Eso explicaría la negativa a negociar con Rusia los temas de seguridad, pues de lo que se trataba no era de la independencia y soberanía de Ucrania, sino de usar a Ucrania como trampa para que el gallinero europeo asumiera, a ciegas y en masa, su papel de Flanco Atlántico de EEUU. El objetivo, lo admitimos, ha sido conseguido, y ahora el gallinero europeo hará lo que quiere EEUU: rearmarse contra Rusia y prepararse para la guerra venidera. Sólo que era guerra no será convencional.

Será nuclear. Quien crea otra cosa no está entendiendo nada de los intereses en juego.

II

Es dentro de ese marco que deben buscarse las claves de los movimientos políticos y geopolíticos en el mundo actual. Quien no vislumbre o desconozca este marco sólo puede elucubrar una sarta de disparates cultivados en ignorancia, fanatismo y bilis, mucha bilis. El marco indicado explica, por ejemplo, que EEUU haya dejado toda la carga –política, militar y económica- de la crisis ucraniana al Frente Atlántico, por la simple razón de que EEUU no quiere restar recursos a su Frente Pacífico, el más duro, difícil y costoso.  La UE/OTAN deberá, por tanto, embarcarse en una carrera armamentista contra Rusia, que es lo que exigía Donald Trump cuando presidía EEUU.

La Europa atlantista ha aceptado sin rechistar ese papel, sin medir costos, informar a sus ciudadanos ni hacer cálculos del precio que pagará en su papel de gallinero subalterno. En este punto es preciso desmontar el mito de una OTAN "en muerte cerebral". Nunca, en ningún momento, ningún gobierno europeo ha considerado esa posibilidad. Tanto así que la OTAN  ha seguido ampliándose. En 2009 ingresaron Albania y Croacia y, en 2017, Montenegro. Únicamente el mercenariado y el boberío han podido sostener tal ficción. Justamente, el conflicto en Ucrania ha terminado de reventar por la negativa de la OTAN a aceptar una Ucrania neutral. La querían en la OTAN y en esa obsesión se quedaron plantados. Por demás, el dominio de EEUU quedó demostrado, años ha, cuando el gallinero aceptó, obedientemente, sepultar los proyectos de Euroejército y de crear una política exterior y de seguridad común, independiente de EEUU.

El otro mito del gallinero es la supuesta soledad de Rusia. Hay que ser ciego, lelo o venal para sostener tal falacia. De entrada, Rusia tiene el apoyo de China y de India, que son palabras, no mayores, sino lo siguiente, pues esos dos países pesan más que todo el gallinero junto. Fuera de la burbuja gallinera, el mundo está más informado de lo que las gallinas pretenden, y sus senderos de relaciones son de tal complejidad y finura que resultan indigestos a las oxidadas neuronas atlantistas. China necesita de Rusia por múltiples razones, de las geoestratégicas vitales a las energéticas, pasando por la Nueva Ruta de la Seda. India requiere de Rusia en sus litigios y celos con China, además de que el 75% de sus armas son de procedencia rusa. Podría alargarse la lista, pero no es menester. Quien se tome la molestia de pasar revista de las posiciones de los gobiernos del mundo se dará cuenta de que casi ninguno quiere mojarse. Saben lo que es EEUU y saben lo que es la OTAN. Saben quiénes son los causantes de la crisis en Ucrania.

El gallinero se la lanzado como ejército de troles salidos del Señor de los Anillos contra Rusia, con una rabia patológica que dejan ‘al vent’ su ethos destructor  y eso está bien. Debe uno saber quiénes son los amigos y quiénes los enemigos. En Moscú no quedará ninguna duda, si alguna había, de que no es posible pensar en ningún entendimiento con los atlantistas. El gallinero de troles y peleles, con su virulencia antirrusa, ha acelerado la fractura del mundo en bloques y también provocado la muerte política de Europa. Ya no será más Europa, aunque lo parezca y siga en los mapas. Será, esencialmente, el Frente Atlántico del Ejército de EEUU, a la espera de que EEUU ordene su inmolación.

Estamos asistiendo, en vivo, directo y a toda deformación, a la partición del mundo y al parto de uno nuevo, en el que el gallinero será irrelevante, pues será negocio a dirimir entre China, Rusia y EEUU. No habrá nada que cierre la grieta que se ha abierto, aunque se normalicen las relaciones, pero será la normalidad de los entierros. La península Europa será más península que nunca, pues su conexión con Asia es –era- Rusia. Sin Rusia sólo les queda el Atlántico. Otro beneficio para Rusia y China es que el gallinero atlantista ha evidenciado su estrategia. Es tan similar a la aplicada a Alemania, en 1918, que es hora de cotizar lo que costaría un búnker. La diferencia está en que Rusia no es Alemania. Ocurre lo contrario, Rusia tiene de todo, desde energía infinita a recursos agropecuarios inagotables. Y poder nuclear. Putin ha ordenado su puesta en alerta para recordárselo a los safios prepotentes del gallinero. Los mismos que, dentro de un puñado de años, irán, como los ucranianos hoy, a servir de carne de cañón para mayor gloria de un imperio que, en ese mismo puñado de años, dejará de serlo. Cuando deje de serlo, Rusia seguirá allí, y llegará la hora de rendir cuentas.

Indignación y pena por el pueblo ucraniano, utilizado como carne de cañón en nombre de ciegos y disparatados cálculos estratégicos de EEUU. Y traidores los gobiernos que lo arrastraron a la desgraciada situación de hoy, cuando su obligación primera era garantizar su bienestar y tranquilidad. Miles de ucranianos, sin saberlo, están luchando una guerra que no es suya, provocada por una potencia que no ha dudado en dejarlos solos. En el gallinero deberían tomar nota, pero ¡qué ilusión!: las gallinas no piensan. Y anótenlo por una vez. Rusia no abandonará Ucrania hasta que se declare país neutral. El gobierno ucraniano ha aceptado negociar con Rusia. Una idea, no inteligente, sino inevitable. Tarden más o tarden menos, si no hay acuerdo, los tanques rusos llegarán al Maidán, aunque los equipos rusos terminen jugando en las competiciones asiáticas.

Cerramos este artículo, que quedó más largo de lo propuesto, con estos comentarios:

"Estados Unidos suele hablar de humanidad, justicia y moralidad, pero lo que realmente hace es calcular intereses. El egoísmo estratégico y la hipocresía de Washington han quedado al descubierto una y otra vez en la práctica de su política internacional. Los informes indican que al menos 37 millones de personas han sido desplazadas en y desde Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen, Somalia, Filipinas, Libia y Siria como resultado directo de las guerras libradas por Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001".

"Si un país sólo se preocupa de sus propios intereses, alimenta las llamas por todas partes y constantemente exporta el caos a los demás, por más poderoso que sea, es inevitable que su credibilidad se quiebre y que su hegemonía llegue a su fin.

"Para los países y regiones que todavía tienen fantasías o actúan como peones de Estados Unidos, la crisis de Ucrania es un buen recordatorio: Un "socio" que sólo anuncia "buenas noticias" cuando estás en dificultades no es de fiar."

Está tomado de un editorial del diario Global Times, del Partido Comunista de China. No descuiden este dato. Tampoco que la crisis en Ucrania deja un mensaje: no es posible pensar en arreglos pacíficos con EEUU y su gallinero. Por tanto, la única vía posible para hacer frente a las pretensiones hegemónicas estadounidenses es la guerra. China tiene su símil de Ucrania. Se llama Taiwán, el enorme portaaviones terrestre estadounidense a apenas 230 kilómetros de la China continental. Si tocarle las verendas al oso es poco inteligente, tocárselas al dragón y al oso al mismo tiempo es suicida.

Pero hay más. La virulencia atlantista ha animado al ex primer ministro japonés, Shinzo Abe, a pedir que Japón se dote de armas nucleares con Estados Unidos, tomando como referencia la crisis en Ucrania. Global Times respondió de inmediato en un editorial:

"Estados Unidos está al tanto del movimiento de la derecha en Japón, pero ve al país como la palanca más importante para contrarrestar a China en el este de Asia. Como resultado, usar a Japón para contener a China se está convirtiendo gradualmente en una prioridad para Washington. Esto ha permitido a los políticos derechistas japoneses ver una oportunidad y aprovecharla al máximo para aflojar las ataduras estratégicas que los han amarrado durante casi 80 años, con la capacidad nuclear probablemente como su objetivo final". Game over.

¿Agarran la seña o siguen de lelos inmersos en la nube tóxica informativa? EEUU quiere que Japón sea a China lo que Alemania será a partir de ahora a Rusia y, bueno, ya sabemos cómo acabaron esos países en la II Guerra Mundial. En fin, hablamos de geopolítica pura y dura y de un juego que es más grande de lo que se imagina el personal. En ese ámbito las gallinas no juegan. Se sacrifican para hacerlas sopa o esa receta gringa atiborrada de colesterol que es el fried chicken. Bienvenidos a la antesala de la primera Gran Guerra del siglo XXI. Que les aproveche el pollo.

Fuente: https://blogs.publico.es/otrasmiradas/57281/la-muerte-de-europa-y-el-parto-de-un-nuevo-orden/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=web

viernes, 28 de enero de 2022

Regreso a la “casa común europea”: la fallida alternativa a la Europa de la OTAN

 En los años 80 tanto el movimiento pacifista como el reformismo soviético propusieron hacer del viejo continente un espacio político libre de armas nucleares y que contribuyera a la cooperación entre Este y Oeste. Las tensiones en Ucrania ponen otra vez de actualidad el concepto acuñado por Mijail Gorbachov en el final de la Guerra Fría.

Gorbachov y Reagan
Gorbachov y Ronald Reagan firmando en 1987 el tratado INF para reducir el armamento de destrucción masiva. Foto: Wilkipedia

El pasado mes de marzo Mijail Gorbachov celebró su 90 años en su casa de las afueras de Moscú. Lo hizo en medio de una pandemia que nadie había previsto y de un incremento de las tensiones entre los EE UU y Rusia que sí era previsible para cualquier observador atento de la política internacional. El hombre que desde la cúspide de la URSS contribuyó a enterrar la Guerra Fría contempla hoy, en el ocaso de su vida, una nueva Guerra Fría entre los EE UU y Rusia.

La Unión Europea, con la que el ex mandatario soviético trató de buscar una alianza en los años 80, vuelve a alinearse una vez más con Norteamérica en un conflicto internacional. En una de sus últimas entrevistas Gorbachov pedía expresamente a Alemania, el principal país de la UE, que repensara su apoyo a los EE UU en la nueva Guerra Fría, y recuperara la idea de construir con Rusia la “casa común europea”. ¿A qué se refería con la “casa común europea” el Premio Nobel de la Paz, ex secretario del mayor Partido Comunista del planeta y último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?

El concepto fue acuñado en torno a 1985 por Gorbachov. La idea del artífice de la Perestroika era un acercamiento de la URSS y Europa del Este a una Europa Occidental más autónoma de los EE UU. El de Gorbachov era un proyecto reformista, que no pedía ni la desaparición de la OTAN ni del Pacto de Varsovia, pero sí la colaboración de ambos en un nuevo espacio de seguridad común que sirviera para desterrar la posibilidad de una guerra nuclear en Europa. El plan de Gorbachov preveía una Europa “ecológicamente limpia” y libre de armas de destrucción masiva en la que se fomentara la colaboración entre las dos grandes alianzas regionales, la Comunidad Económica Europea (CEE) y el Consejo de Ayuda Mutua (COMECON), intensificando así las relaciones políticas, económicas y culturales de una gran Europa que iría “desde el Atlántico hasta los Urales”. Una idea de cooperación euroasiática que también había acariciado en su día Charles De Gaulle, partidario de que Francia mantuviera buenas relaciones con la URSS sin por ello romper con los EEUU.

Protesta contra los euromisiles, Amsterdam, 1981. Wilkipedia

Superar la Guerra Fría

La propuesta de la casa común europea suponía desandar el camino de una Guerra Fría que había llevado a la URSS a la extenuación. Gorbachov actualizaba el proyecto de la política exterior soviética al término de la Segunda Guerra Mundial: favorecer una Europa neutral que sirviera de puente entre los EE UU y la URSS. El estallido de la Guerra Fría había frustrado aquella idea de Stalin. Apenas duraría uno o dos años. La historia discurriría por otros derroteros y los viejos aliados de la Segunda Guerra Mundial no tardarían en ser enemigos irreconciliables. En abril de 1949 se formaba la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, liderada por los EE UU e integrada por varios países europeos y Canadá, y en mayo de 1955 la Unión Soviética auspiciaba la formación del Pacto de Varsovia con sus aliados de Europa del Este, como respuesta al rearme de la República Federal Alemana.

El nuevo mandatario soviético, partidario de una reforma a fondo de la URSS, renovaba la oferta de paz y colaboración a los gobiernos de Europa Occidental en un momento de máxima tensión en el tablero internacional. Con el republicano belicista Ronald Reagan en la Casa Blanca, desde principios de 1981 los EE UU habían reforzado su campaña contra el llamado “imperio del mal”. Una campaña que incluía el apoyo a la contrarrevolución en América Latina y Oriente Medio, así como el despliegue en Europa Occidental de misiles de medio y largo alcance apuntando directamente hacia la URSS. La Guerra Fría se ponía otra vez caliente y el Kremlin era consciente de que no podría aguantar mucho más tiempo el tirón. La propuesta del líder reformista soviético pretendía rebajar tensión y disminuir una carrera de armamentos que iba camino de arruinar a la URSS. La Perestroika necesitaba liberar recursos para realizar reformas que mejorasen el nivel de vida de los ciudadanos soviéticos, y eso era incompatible con seguir compitiendo con los EE UU por la hegemonía militar a nivel mundial. En Moscú querían firmar la paz e iniciar el desarme, pero con algún tipo de garantía para su seguridad. La oferta del presidente soviético era atraer a los gobiernos europeos a un gran pacto que permitiera a la URSS relajar su política internacional sin temor a que los EE UU le metieran el agua en casa

Pacifistas de uno y otro lado del telón de acero por una Europa no alineada

Gorbachov no era en los años 80 el único actor que defendía que Europa occidental tomara las riendas de su destino, repensara sus relaciones con el Este y dejara de ser un teatro de operaciones para el enfrentamiento entre las dos grandes superpotencias. De hecho, fueron los movimientos pacifistas, las izquierdas de Europa Occidental y los intelectuales disidentes del socialismo real quienes primero formularon muchas de las ideas que posteriormente el líder de la URSS recogería y sintetizaría con la metáfora de la “casa común europea”. Y es que entre 1980 y 1986 miles de personas se movilizaron de manera continuada en toda Europa Occidental contra la instalación de los misiles de la OTAN.

Acción directa del campamento de mujeres de Greenham Common, Reino Unido
Acción directa del campamento de mujeres de Greenham Common, Reino Unido.
Manifestaciones, cadenas humanas, iniciativas parlamentarias respaldadas por cientos de miles de firmas o campamentos permanentes como el de las mujeres de Greenham Common, en las cercanías de una base militar británica, atestiguan la fuerza que el pacifismo europeo llegó a alcanzar en la primera mitad de la década de los años 80. El despliegue de los euromisiles revitalizaría el movimiento pacifista en el viejo continente. Ya no se trataba como en los años 50 de un espacio fundamentalmente articulado por los partidos comunistas, sino de un movimiento mucho más plural, sinceramente comprometido con la idea de una Europa neutral y no alineada con ninguno de los bloques. Esa autonomía y diversidad le daban mayor credibilidad ante la opinión pública y le permitían conectar con amplios sectores de la población que ya no temían tanto la invasión de los rusos como la posibilidad de que los europeos fueran a pagar las consecuencias de un enfrentamiento entre los EEUU y la URSS. La posibilidad de un conflicto con armas atómicas parecía más que real y animó a muchos europeos a movilizarse por la paz y el desarme.

En el nuevo pacifismo europeo confluían diferentes tradiciones políticas. Grupos ecologistas y antinucleares, cristianos progresistas, católicos y protestantes, militantes feministas, izquierdistas de todo pelaje y condición, los nuevos partidos verdes y las viejas organizaciones comunistas y sus sindicatos. Las cosas también habían cambiado en este espacio. La mayoría de los partidos comunistas de Europa Occidental marcaban ahora distancias con la URSS y apostaban por un proyecto propio, el eurocomunismo, partidario de una Europa unida y neutral, independiente tanto de la OTAN como del Pacto de Varsovia, que contribuyera a la distensión internacional y apoyara el desarrollo de los países del llamado Tercer Mundo. En Europa del Este también los esforzados grupos disidentes debatían y escribían a favor del desarme nuclear. Algunos de ellos, húngaros y germanorientales, asistirían a pesar de las dificultades puestas por sus respectivos gobiernos, a la III Convención de la END (European Nuclear Disarmament) celebrada en el verano de 1984 en Perugia, Italia.

Buena parte de los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas sintonizaban asimismo con el momento pacifista que se respiraba en una sociedad europea preocupada por el recrudecimiento de la Guerra Fría. Olof Palme y el partido socialdemócrata sueco serían los principales abanderados de la neutralidad europea y de la construcción de un espacio propio, independiente de ambos bloques. En el Partido Laborista una revuelta de sus bases alejaría durante unos años a la organización de su tradicional atlantismo y la pondría del lado del muy activo movimiento pacifista británico. En la Alemania federal el despliegue de los euromisiles fracturaría al SPD, con el canciller Helmut Schmidt del lado de los EE UU y el presidente del partido, Willy Brandt, apostando por la distensión Este-Oeste. En España Felipe González se apoyaría en la popularidad del rechazo a la OTAN para ganar las elecciones de octubre de 1982, si bien posteriormente se enfrentaría al potente movimiento pacifista, para defender la permanencia del país bajo unas condiciones que no tardaron en incumplirse.

De la casa común europea a la UE de la OTAN

La derrota del 'no' a la OTAN en el referéndum español de marzo de 1986 marcó probablemente el inicio del declive del pacifismo europeo. Las iniciativas de desarme unilateral adoptadas por la URSS y los acuerdos entre Gorbachov y Reagan contribuyeron a alejar el temor del enfrentamiento nuclear y a un relajamiento de la opinión pública europea. El final de la Guerra Fría no llegaría por un pacto entre ambos bloques para construir un nuevo orden mundial, como había intentado Gorbachov, sino por un rápido e inesperado desplome del socialismo real entre 1989 y 1991. En esos tres años el proyecto reformista de la Perestroika sería desbordado por una sucesión de heterogéneos movimientos populares que contarían en todos los países con mayor o menor complicidad de sectores del Estado y de los cuadros dirigentes de los distintos partidos comunistas. No habría una reforma democrática del socialismo, sino sencillamente su demolición.

Olof Palme SPANIENS
Olof Palme, líder de la socialdemocracia sueca, pidiendo en 1975 fondos para los presos políticos españoles en las calle de Estocolmo.

En la República Democrática Alemana, la intensa movilización popular que en noviembre de 1989 derribaba del Muro de Berlín, daría paso a una acelerada transición al capitalismo. La propuesta de una confederación alemana neutral, fuera de la OTAN, defendida por los soviéticos y los reformistas germanorientales, así como por la socialdemocracia de la RFA, fracasaría estrepitosamente en las urnas y en los foros diplomáticos internacionales. Se imponía la derrota del comunismo, no la negociación con él. Un Gorbachov al frente de una URSS en retroceso no tendría más remedio que admitir un unificación exprés, que en la práctica sería una absorción de la Alemania del Este por la Alemania del Oeste.

La caída de Gorbachov y el ascenso de Boris Yeltsin terminaría de despejar el paso a un acelerado viaje de la Europa socialista al capitalismo en su versión neoliberal y pronorteamericana. Todo lo sólido se disolvía en el aire a una velocidad de vértigo que nadie había imaginado. A lo largo del año 1991 desaparecían el COMECON, el Pacto de Varsovia y finalmente la URSS. Ese mismo año se iniciaban las negociaciones para la ampliación de la OTAN a antiguos miembros del Pacto de Varsovia. La expansión de la OTAN entre 1999 y 2004 iría expandiendo la influencia de los EEUU hasta las puertas de Rusia. Justo lo que Gorbachov había tratado de impedir con aquella propuesta de una casa común europea que algunos vuelven ahora a reivindicar como alternativa a una UE subordinada a los intereses estratégicos norteamericanos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/regreso-casa-comun-europea-fallida-alternativa-otan-europa

viernes, 22 de octubre de 2021

El repunte del magnesio agrava la crisis de las materias primas

China frena la producción de un mineral esencial para la fabricación de aluminio

Un trabajador llega a una fábrica en Monterrey, México Julio César Aguilar / AFP

No hay tregua en el mercado de las materias primas. La alarma esta vez procede del magnesio. El mineral es esencial para mantener el funcionamiento normal de músculos y nervios del cuerpo humano, pero en la industria es un componente esencial para la fabricación de hojas de aluminio o de titanio, con lo que la salud de la economía también depende de él.

Los primeros síntomas se vivieron a finales de septiembre, cuando los precios repuntaron un 80% en un solo día. Las cotizaciones, que acostumbraban a estar entre los 2.200-2.700 dólares, se dispararon hasta casi 10.000. Desde entonces se han quedado arriba y no parece que vayan a bajar a corto plazo. El origen del problema es China, donde se produce el 87% del magnesio mundial. Allí las autoridades locales han impuesto restricciones al consumo de energía. Extraer este mineral supone un elevado consumo energético (35 megavatios la hora) y el país asiático, que sufre carencias de suministro eléctrico, necesita poner coto a los excesos. Unos 35 productores han sido obligados a parar la extracción hasta finales de año.

“Preocupados por la continua escasez de suministro de magnesio este año y en el primer semestre (2022), algunos clientes extranjeros tienen la intención de aumentar la adquisición de existencias”, subrayaba en un comunicado Dong Chunming, de Sunlight Metal Consulting.

“No hay sustitutos para el magnesio en la producción de aluminio. Si el suministro se para, el sector de la automoción podría verse obligado a interrumpirse”, afirmaba al Financial Times un analista de Barclays. En Seat, donde ya están padeciendo las consecuencias de la carencia de suministros, de momento no han notado alteraciones por este motivo.

Evolución del precio del magnesio

Evolución del precio del magnesio LV

Europa no tiene reservas suficientes de este mineral. WV Metalle, la asociación de comercio de metales no ferrosos de Alemania, dijo en un comunicado que “se espera que las reservas actuales de magnesio en Alemania y en toda Europa se agoten en unas pocas semanas, a finales de noviembre de 2021 a más tardar”. Las mismas fuentes dicen que pueden verse afectados en la cadena de valor los aviones y las bicicletas eléctricas, así como la construcción.

El magnesio es un componente de difícil conservación, porque al cabo de tres meses da señales de oxidación. Europa importa el 45% de todo el magnesio producido en China y el 95% de lo que necesita. Una dependencia total.

viernes, 29 de mayo de 2020

La revista holandesa llena de prejuicios...

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En Portugal le han dado la vuelta a la portada de la revista holandesa llena de prejuicios... Emigrantes que currelan en el norte mientras las playas del sur se llenan de querubines. Obra de Insónias de carvâo. Vía
@BernardodMiguel
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miércoles, 8 de abril de 2020

"Europa fue el primer muerto del coronavirus"


Bertrand Badie en un coloquio en Estrasburgo en 2012.
Claude TRUONG-NGOC
El trastorno planetario provocado por la propagación del Covid-19 no tiene espejos en la historia. Siete años después de que China pusiera en marcha su programa más ambicioso de reconquista del mundo reactualizando el mito de la Ruta de la Seda, esa ruta se convirtió en un sendero de muerte. En 2013, Beijing desplegó una red de infraestructuras repartida por los cinco continentes mediante comunicaciones marítimas y ferroviarias entre China y Europa, pasando por Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Portugal, Francia o el Reino Unido. El sueño de 1.000 millones de dólares dio lugar a la tercera extinción del siglo XXI: la primera fue financiera, con la crisis bancaria de 2008; la segunda fue la extinción de las libertades cuando el exanalista de la Central de Inteligencia Americana (CIA) Edward Snowden reveló la extensión y la profundidad del espionaje planetario orquestado por Estados Unidos y sus agencias de seguridad; la tercera es sanitaria.

Ya nadie se pregunta hacia dónde va el mundo sino, más bien, si mañana habrá un mundo. Las máscaras del tecnoliberalismo y su construcción global, es decir, la globalización, se han caído. La máscara, ese objeto tan precioso para sobrevivir, se volvió el revelador del abismo mundial; sin máscaras se corrió el telón de la ausencia de consenso a escala europea para enfrentar la crisis sanitaria y financiera, o pactar ordenadamente el cierre de las fronteras; sin máscaras, la Organización Mundial de la Salud (OMS), supuestamente a cargo de la salud del planeta, demostró que era un gigante burocrático sin incidencia en la realidad; sin máscaras, la cooperación internacional apareció como una ficción desesperada. Las divergencias entre estadounidenses y europeos nunca fueron tan insuperables, tanto como las que atraviesan a los Estados que componen la Unión Europea. Entre insultos, incomprensión, golpes bajos y visiones antagónicas entre la preservación de la vida o la salud o la de la economía y las finanzas, los dirigentes de las potencias sobresalieron por su incapacidad para diseñar un horizonte.

El mundo que existía desde la Segunda Guerra Mundial dejó de respirar. Donald Trump enterró el multilateralismo heredado del siglo XX, mientra el coronavirus ponía la cruz sobre un sistema internacional que de “sistema” solo tenía el nombre.

Muchos de estos acontecimientos han sido anticipados por Bertrand Badie a lo largo de una obra consagrada a las relaciones internacionales. Profesor en Sciences Po París y en el Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI), Badie desarrolló una obra del otro lado de los consensos. En 1995 se adelantó en La fin des territoires [El fin de los territorios], en 1999 exploró cómo sería Un monde sans souveraineté [Un mundo sin soberanía] y en 2004 empezó a tejer el análisis sobre la inercia de los poderosos, es decir, la impotencia de los potentes y publicó L'impuissance de la puissance. Essai sur les incertitudes et les espoirs des nouvelles relations internationales. Los ensayos siguientes lo acercaron a la configuración actual: El tiempo de los humillados. Una patología de las relaciones internacionales y Diplomacia del contubernio. Los desvíos oligárquicos del sistema internacional (ambos editados por la Universidad Nacional de Tres de Febrero). En esta entrevista, realizada en plena crisis mundial, el profesor le sigue los pasos a un mundo que se cae y esboza los contornos del próximo.

Hemos cambiado de paradigma con esta crisis sanitaria. Usted sugiere que, desde ahora, la seguridad de los Estados ya no es geopolítica sino sanitaria.
Así es, y hay un conjunto de cosas. Están la seguridad sanitaria, la seguridad medioambiental, la seguridad alimentaria y la seguridad económica. Conforman varias seguridades que ya no son militares sino de naturaleza social. Se trata de un gran cambio con respecto al mundo de antes. En este momento, por primera vez en la historia, estamos descubriendo la realidad de la globalización. Este descubrimiento no atañe a los Estados, sino que toca a cada individuo. Esto es lo nuevo. En la historia, es raro que los individuos aprendan en directo, en su propia carne, en su vida cotidiana, cómo son realmente las transformaciones de la vida internacional. Antes estaban las guerras para acercar este aprendizaje, pero las guerras afectaban indirectamente a la población. Aquí, todo el mundo está afectado. Podemos entonces esperar un cambio de la visión del mundo y de los comportamientos sociales. Esta tragedia puede conducir a una transformación brutal de la visión que tenemos del mundo y de nuestro medio ambiente. Tal vez, se dejarán de lado todos los viejos esquemas, es decir, los esquemas como el de la concepción militar y guerrera de la seguridad, entiéndase, un mundo fragmentado entre Estados-nación en competencia infinita y una concepción de las diferencias que remite siempre a esa dualidad de la vida entre amigos y enemigos. Hoy ya no hay amigo o enemigo sino asociados que están expuestos a los mismos desafíos. Esto cambia completamente la gramática de la sociología y de la ciencia de las relaciones internacionales. El otro ha dejado de ser un rival, el otro es alguien de quien dependo y que depende de mí. Esto nos debe conducir hacia otra concepción de las relaciones sociales y de las relaciones internacionales, en la que estoy obligado a admitir que, para ganar, necesito que el otro gane; tengo que admitir que, para no morir, necesito que el otro no caiga enfermo. Esto es algo completamente nuevo.

Sin embargo, los desacuerdos entre los Estados nunca habían sido tan abismales. Las relaciones entre Europa y Estados Unidos han empeorado con esta crisis sanitaria mientras que, dentro de la Unión Europea, los antagonismos se han profundizado en el momento más dramático de la humanidad.
En la situación actual nos encontramos con desacuerdos entre Estados Unidos y el resto del mundo a los que ya estamos acostumbrados. Pero también vemos profundos desacuerdos dentro de Europa con, por ejemplo, el rechazo de Alemania a los famosos “coronabonos”, es decir, la mutualización de las deudas. Ese será justamente el gran enigma cuando salgamos de la crisis. Seguimos estando coyunturalmente en un esquema de desacuerdos enormes y de competencia tal vez más agudos que antes. Pero eso es porque estamos en una situación de urgencia y, en estos casos, el reflejo natural es esconderse detrás de un muro, cerrar las puertas y las ventanas. Podemos esperar que el miedo suscitado por esta crisis conduzca a que se reconozca que no será viable enfrentar en forma duradera este tipo de nuevo desafío sin una profunda cooperación internacional. Es comprensible que los desacuerdos y la competencia entre los Estados sean densos en medio del incendio. Sin embargo, es necesario entender que, a corto plazo, habrá que cambiar de programa.

Queda entonces la tarea de redefinir una nueva geopolítica.
La geopolítica ha muerto. La visión tradicional, geográfica, de las relaciones internacionales no vale más porque estamos en un mundo unido. La realidad ha dejado de ser la confrontación entre regiones del mundo y Estados para volverse la capacidad o la incapacidad de gestionar la globalización.


El colapso sanitario explotó en un mundo ya muy trastornado por el surgimiento casi planetario de movimientos sociales y por la redefinición de las propuestas políticas marcadas por la nostalgia nacionalista. Las tres figuras emergentes de este contexto son los negacionistas de la pandemia: Donald Trump, Boris Johnson y Jair Bolsonaro.La pandemia intervino en un contexto doble que no se debe olvidar. El primero es el ascenso vertiginoso del neonacionalismo en diferentes latitudes: en Estados Unidos, Gran Bretaña, Brasil, Europa e incluso en los países del Sur. Ese nacionalismo lleva a los dirigentes en el poder a promover o halagar a las opiniones públicas fomentando la ilusión de una respuesta nacional o de protección frente a los peligros. Ello agrava la situación porque esta tentación demagógica viene a complicar la gestión multilateral de esta crisis. El segundo contexto remite a que recién salimos de un año 2019 absolutamente excepcional. 2019 fue el año en que se dieron una multitud de movimientos sociales a través del mundo: América Latina, Europa, Asia, África, Oriente Medio. Estos movimientos sociales reclamaban lo mismo: un cambio de políticas. Las revueltas sociales denunciaban el neoliberalismo y la debilidad de la respuesta de los Estados y, también, de las instituciones y de las estructuras políticas. Hoy, para los Estados, la gran dificultad se sitúa en el hecho de que tratan de responder a corto plazo y con un perfil nacionalista mientras que, al mismo tiempo, cuentan con muy poca legitimidad en el seno de sus sociedades. La consecuencia de este esquema han sido las dudas, los tanteos y la ineficacia demostrada por los gobiernos. Una situación semejante obligará a cambiar la gramática de los gobiernos.

Hay, en toda esta tragedia, una contradicción cruel: justo antes de la crisis sanitaria, China se encontraba en plena expansión. En 2013 empezó a reactualizar el mito de la Ruta de la Seda y para ello desplegó una impresionante red de comunicación y de infraestructuras a través del mundo. Pero esa Ruta de la Seda mutó en ruta de la muerte.
Es cierto y hay dos puntos esenciales. En primer lugar, esta crisis que se inició en Wuhan golpeó muy fuerte a la economía china y, diría, a la propia credibilidad de los políticos chinos y sus políticas. La crisis también reveló las debilidades del sistema chino. No olvidemos que el virus nació debido a la fragilidad del sistema sanitario y alimentario de China: el coronavirus nació en esos mercados que no responden a las reglas elementales de higiene. Fue la base de su propagación. La credibilidad china se vio disminuida debido a esta fragilidad sanitaria. Al mismo tiempo, hay una paradoja: China ingresó antes que nadie en esta crisis, pero también salió de ella antes que los demás y de forma eficaz. No estoy seguro de que Europa tenga la misma capacidad de reacción que China. Salvo si, por desgracia, China conoce una segunda ola de contaminación, es muy probable que esté de pie cuando Estados Unidos y los países de Europa sigan de rodillas. China está tratando de probarlo enviando médicos y equipos y ofreciendo ayuda a los países que están en plena tormenta. Esto puede significar que cuando nosotros continuemos peleando contra el virus China se habrá levantado y tendrá, entonces, una ventaja frente a las viejas potencias.

A lo largo de esta crisis hemos asistido a una suerte de geopolítica de chez soi, es decir, una geopolítica de casa para adentro. Cada país se concentró en su problemática cuando el imperativo no era financiero como en la crisis de 2008, sino sanitario.
La urgencia es doble. Es sanitaria ahora y será económica y financiera muy rápidamente. El problema radica en que Europa ha sido la primera víctima del coronavirus. Europa fue el primer muerto. Todos los reflejos que se esperan de Europa están ausentes. La primera intervención de Christine Lagarde, la directora del Banco Central Europeo (BCE), fue catastrófica. Hasta llegó a invitar a los Estados a que se las arreglaran por su cuenta. Luego, la respuesta de la Comisión Europea resultó igualmente débil. El desacuerdo entre los principales países europeos (Alemania, Francia, España, Italia, Países Bajos) en torno de la gestión de la mutualización de las deudas muestra hasta qué punto se carece de un resorte europeo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Europa se construyó por primera vez en su historia porque los europeos tenían miedo de una tercera guerra mundial y sabían que no podría reconstruirse ni salir de las ruinas únicamente con el esfuerzo nacional. Por eso se eligió una reconstrucción colectiva. Hoy, como todas esas metas han sido alcanzadas, la dinámica europea ha dejado de existir. No obstante, es precisamente allí donde está la clave de su porvenir. El miedo que los europeos tenían en 1945 lo vuelven a sentir ahora con el coronavirus. Los europeos van a descubrir que esa necesidad de reconstrucción que había en 1945 persistirá en cuanto salgamos de este drama sanitario. Tal vez, la conjugación de estos dos factores conduzca a que Europa renazca al final de esta crisis. Pero claro, cuando llegue ese momento habrá que cambiarlo todo.

Aunque los paralelismos puedan resultar tramposos, muchos analistas trazan un paralelo entre la situación actual y la crisis de 1929. Luego de aquella hecatombe vino la Segunda Guerra Mundial y, justo antes, el ascenso del nacionalismo. ¿Acaso el virus no podría volver a fecundar un contexto semejante?
Es demasiado pronto para saber cómo serán las consecuencias. Las cosas pueden ir en los dos sentidos. Pero quisiera igualmente señalar que, antes del fascismo y el nazismo, el primer resultado de la crisis de 1929 fue el keynesianismo y Franklin D. Roosevelt, es decir, la reorientación de la economía mundial que permitió su salvación. No hay que tener una visión exclusivamente pesimista sobre los efectos de esta crisis. Creo que todo dependerá de la manera en que el miedo actual evolucione y de cómo ese miedo sea gestionado políticamente. Si el miedo desaparece rápidamente, se corre el riesgo de que volvamos a comenzar con el viejo sistema. Si el miedo perdura, tal vez esto nos conduzca hacia las transformaciones que necesitamos. Sin embargo, desde ahora, se plantea el gran problema de la gestión política del miedo. ¿Quién se hará cargo? Seguramente, la extrema derecha utilizará ese miedo como recurso electoral explicando que es urgente reconstruir las naciones, los Estados y restaurar el nacionalismo. No obstante, la extrema derecha no es la única oferta política existente.

Sí, pero ya antes de esta crisis la extrema derecha se erigió como planteo político reestructurado y con mucha legitimidad.
Hay mucho de eso. Si se observan los Estados europeos, todos tienen un sistema político descompuesto. En Francia no hay más partidos políticos, en Alemania la socialdemocracia no cesa de debilitarse mientras que los demócrata-cristianos de la canciller Angela Merkel están sumidos en una crisis, en Italia la democracia cristiana y el Partido Comunista desaparecieron, e incluso en Gran Bretaña el sistema partidario que antaño estaba tan bien estructurado ya no existe más. Estamos en plena recomposición política. La versión optimista quiere que esta recomposición política desemboque en el nacimiento de partidos con capacidades de llevar las riendas de la globalización. De hecho, actualmente, ningún partido político sabe qué es la globalización. Tal vez advenga un keynesianismo político. Por el contrario, el horizonte negativo sería que esa recomposición no se lleve a cabo.

En uno de sus últimos libros y, más recientemente, cuando estallaron las insurgencias sociales en 2018 y 2019, usted planteó que estábamos ingresando en el segundo acto de la globalización. ¿Acaso esta crisis no ha barrido con ese segundo acto?
No, para nada, es el mismo. No hay que disociar lo que ocurrió en 2019 de lo que está pasando ahora. Es lo mismo, es decir, el redescubrimiento angustiado de una urgencia social. Ese es el segundo acto de la globalización, el cual consiste en distinguir globalización de neoliberalismo, es decir, dejar de confiarle al mercado la gestión exclusiva de la globalización. En el curso de este segundo acto se trata de construir una globalización humana y social. Estas fueron las demandas de 2019 y los mismos reclamos vuelven ahora con urgencia ante la crisis del coronavirus. Si somos optimistas, podemos esperar que esta crisis termine por acelerar el advenimiento del segundo acto de una globalización humana y social. De lo contrario, cabría pensar que la catástrofe sanitaria no hizo sino complicar y atrasar la marcha hacia la segunda secuencia.

2019 nos mostró a una humanidad ligada por lo que usted llamó un perfil intersocial. ¿Persiste aún esa dimensión de conexión, de diálogo y de compenetración entre identidades sociales?
Sí, claro, tanto más cuanto que esta crisis nos revela que las relaciones intersociales se vuelven determinantes a través del planeta. Estas relaciones intersociales son incluso más importantes que las relaciones entre los Estados, los gobiernos o los militares. El porvenir del planeta está en las interacciones sociales, en la tectónica de las sociedades, es decir, en esa capacidad propia de las sociedades para interactuar entre ellas más allá de la voluntad de los gobiernos.

Uno de los ejes constantes de su reflexión ha sido plantear la forma en que, en las relaciones internacionales modernas, es el Sur quien fija la agenda del Norte y, también, cómo ello desembocó en una representación geopolítica marcada por la impotencia de los poderosos. El coronavirus ha dejado al desnudo esa impotencia.
¡Estamos más que nunca en ese esquema!. Estamos viendo cómo los instrumentos clásicos de la potencia no pueden hacer absolutamente nada frente al coronavirus. Estados Unidos, que es la superpotencia de las potencias, conoce una propagación de la infección superior a la de China y Europa. Hemos dejado de estar en el registro de la potencia. Los recursos clásicos de la potencia nada pueden hacer. Debemos pasar ahora de la potencia a la innovación. Solo ganaremos si convertimos la vieja concepción de la potencia en capacidad de innovación para encontrar nuevos tratamientos, una vacuna, así como los medios técnicos capaces de remodelar la globalización para que esta no sea, como hoy, una fuente de dramas. Estamos ante un nuevo umbral de la historia.

Un nuevo umbral con un interrogante dramático: ¿qué ocurrirá cuando el coronavirus se expanda en los países del Sur carentes de toda estructura sanitaria?
Esa eventualidad anuncia una catástrofe. Si la pandemia llega al Sur, será todavía más dramática y lastimará más profundamente al planeta entero. Ello prueba que los centros de gravedad de nuestra historia y de nuestro porvenir están en el Sur. El auténtico momento de la verdad se planteará cuando África se vea confrontada masivamente a esta tragedia.

Se han caído tantas máscaras con esta crisis global. La búsqueda de una vacuna, por ejemplo. Cada país la elabora por su cuenta: Francia, Estados Unidos, Rusia, China, Cuba. Y en el medio está el espectáculo indecente de la OMS: no tiene voz, ni influencia, ni capacidad alguna de organizar acciones coordinadas. Se ve como un monstruo vacío y burocrático.
Este tipo de anarquías son frecuentes en las situaciones de urgencia porque se establece una competencia entre un conjunto de actores que trata, más o menos sinceramente, de encontrar un remedio. Es algo paradójicamente normal porque así se estimula y se aceleran las investigaciones. Ahora claro, si estuviésemos en un mundo ordenado, la OMS habría debido encargarse de la definición de los protocolos de investigación y de los protocolos terapéuticos. Pero la OMS se ha vuelto alguien que cada tarde lee comunicados carentes de interés. Pero la naturaleza humana termina siempre por triunfar. El problema consiste en saber qué sacrificio habrá que hacer para todo esto. Un muerto es un muerto de más y ahora vamos ya por miles de muertos. Pienso que la humanidad renacerá de todo esto más fuerte y más consciente.

Fuente:https://ctxt.es/es/20200401/Politica/31828/Eduardo-Febbro-NUSO-entrevista-Bertrand-Badie-coronavirus-relaciones-internacionales-geopolitica-China-UE-Estados-Unidos.htm

domingo, 29 de marzo de 2020

“Es la hora de la solidaridad europea, habrá que compartir la deuda”

El presidente del Parlamento Europeo defiende la máxima solidaridad europea ante la tragedia que recorre medio mundo: la epidemia del coronavirus

“Es la hora de la solidaridad europea, habrá que compartir la deuda”
Imagen de archivo del presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli (FREDERICK FLORIN / AFP)
David Sassoli (Florencia, 1956), presidente del Parlamento Europeo, defiende la máxima solidaridad europea ante la tragedia que recorre medio mundo: la epidemia del coronavirus Covid-19. Sin pelos en la lengua, Sassoli se pronuncia a favor de la mutualización del endeudamiento que sea necesario para la reconstrucción económica de los países europeos más afectados, en una entrevista concedida ayer a ‘La Vanguardia’, por vía telemática desde la sede del Parlamento Europeo en Bruselas.

¿Por que ha reaccionado tarde la Unión Europea?
La Unión Europea ha intervenido cuando se ha dado cuenta que las respuestas de algunos gobiernos eran equivocadas, como lo fue cerrar la libre circulación de productos farmacéuticos. Ese es el momento en el que las instituciones europeas han entendido que debían actuar con fuerza. Se ha producido estos días una cierta corrección de algunos comportamientos nacionales. El primer paquete de medidas de la Comisión Europea, la intervención del Banco Central Europeo, la suspensión temporal del Pacto de Estabilidad, han sido los primeros pasos. A partir de ahora deberemos tomar decisiones a medio y largo plazo.

¿Qué decisiones?
Deberemos inventar instrumentos nuevos. No podemos afrontar esta crisis diciendo a los países: “Gastad todo lo que haga falta y endeudaros por vuestra cuenta y riesgo”. Esto no puede funcionar así. Hemos de compartir la deuda. Todos nuestros países tienen la necesidad de gastar lo que haga falta para salvar las vidas. Y necesitamos instrumentos para afrontar el futuro, porque esta crisis será muy profunda y afectará a la calidad de vida de los europeos.

La parte más rica de Europa se niega a compartir los costes de la crisis sanitaria. Ya lo han hecho saber.
No digamos Europa. Digamos que hay estados nacionales que no comparten esta línea que le he expuesto. Tienen nombre y dirección. Son países que piensan que no sea necesaria la solidaridad. La Comisión Europea y la mayoría del Parlamento Europeo creen que es necesaria una respuesta común. Le comentaba antes que no podemos decir a nuestros países que gasten todo lo que sea necesario y que después se endeuden por su cuenta. Necesitamos mecanismos para compartir la deuda: eurobonos, coronavirus, o como les queramos llamar, pueden ser la respuesta.

El Consejo Europeo se ha dado quince días de plazo para decidir. ¿Cree que habría un cambio de enfoque en las próximas dos semanas?
Lo espero. Espero que los países que hoy se muestran menos disponibles se daran cuenta de la profundidad de esta crisis. También creo que no sólo hemos de pensar en viejos instrumentos, como el Mecanismo Europeo de Estabilidad, u otros instrumentos creados durante la última crisis económica. Hemos de inventar mecanismos nuevos. La reflexión sobre este punto está abierta. Atención: de esta crisis ningún país podrá salir por sus propios medios.

El primer ministro español, Pedro Sánchez, ha propuesto un nuevo Plan Marshall. ¿Comparte esta idea?
Estoy absolutamente de acuerdo con Pedro Sánchez. Él y yo hemos sido los primeros en usar esta expresión. Necesitamos un plan de reflotación de la economía europea. Nos encontramos ante una situación absolutamente inédita, comparable a la situación posterior a la Segunda Guerra Mundial. Tendremos empresas con grandes dificultades para reabrir, tendremos graves cuestiones sociales que deberán ser afrontadas con decisión. Hemos de defender nuestro modelo social y querremos reforzarlo. Un nuevo plan Marshall. Sí, es una buena idea.

El ministro de Finanzas holandés ha venido a decir que España se espabile con lo que tiene. El primer ministro portugués, Antonio Costa, ha calificado de “repugnante” esta toma de posición. ¿Comparte la indignación de Costa?
El primer ministro Antonio Costa es buen amigo mío.

Hemos visto un convoy militar ruso entrando en Italia con especialistas y ayuda médica. Una columna militar rusa en dirección a Bérgamo. ¿Qué le sugiere esa imagen? ¿Estamos en vísperas de grandes cambios geopolíticos en Europa?
Cambiará todo. Tengo dos sentimientos al respecto. Felicidad al ver que nuestros países en dificultad reciben ayuda de fuera de la Unión Europea, puesto que esto es lo que hace, constantemente, Europa en muchos países cuando surgen graves problemas. Recordemos el material sanitario enviado desde Europa a China durante el inicio de la epidemia. Hoy los chinos nos ayudan a nosotros. Esto es positivo. Pero esa solidaridad también debe existir en el interior del espacio europeo. El comportamiento de algunos países europeos no ha sido ejemplar en las primeras semanas de la crisis. Ahora se está corrigiendo. Ahora vemos como enfermos de unos países son acogidos en países vecinos. Hemos visto la llegada de aviones de países europeos a Italia y España con material médico. Hay que reforzar la solidaridad concreta.

Me decía que el convoy ruso le sugiere dos sentimientos. ¿Cuál es el segundo?
Si alguien quiere decirme que la solidaridad de algunos países nos debe llevar a adoptar sus mismos modelos políticos y sociales la respuesta es no. No. Esta crisis hay que afrontarla desde la democracia y debemos estar orgullosos de la democracia. No saldremos de este tiempo de dificultad renunciando a nuestros valores.

Por fin parece haber una cierta sintonía entre los gobiernos de Italia y España. ¿Está surgiendo un frente sur?
Los países del sur de Europa son los más afectados. Naturalmente sienten una fuerte necesidad de mecanismos europeos de ayuda. Estamos viendo estos días mucha sintonía entre los gobiernos italiano y español, también hay sintonía con el gobierno francés y el portugués. Hay que poder transmitir esa sintonía a los demás países europeos.

¿Cuándo llegará el material sanitario que ha comprado la Comisión Europea?
La presidenta Ursula von der Leyen ha informado al Parlamento Europeo que el material llegará en breve. Esperamos que esta sea una previsión realista.

¿Qué hará el Parlamento Europeo?
Anteayer celebramos una sesión telemática del Parlamento Europeo, quizá la primera en el mundo con tal dimensión. Con un mecanismo extraordinario de voto a distancia hemos podido aprobar los tres paquetes de medidas presentados por la Comisión Europea. Estamos a punto. En abril habrá otra sesión plenaria a distancia. Esperamos que las otras instituciones europeas adopten iniciativas rápidas. En este sentido todos esperábamos que del Consejo Europeo del pasado jueves saliesen acuerdos muchos más concretos. El Parlamento Europeo sigue abierto y funciona y espera que las demás instituciones europeas cumplan con su deber.

La Unión
https://www.eldiario.es/vinetas/Union_10_1010098981.html
Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200328/48118987853/entrevista-david-sassoli-europa-coronavirus-covid19.html

martes, 17 de marzo de 2020

Los satélites captan cómo ha bajado la contaminación con la llegada del virus

El vídeo muestra los cambios en las emisiones de dióxido de nitrógeno en Europa entre el 1 de enero y el 11 de marzo de 2020.

 La Agencia Espacial Europea ha desvelado nuevos datos del satélite Sentinel-5P de Copernicus que muestran un descenso de la contaminación del aire en Europa, específicamente las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2). La caída se puede ver sobre todo en el norte de Italia, foco del virus en el continente, y es posible que se replique la situación en España en grandes ciudades como Madrid y Barcelona por las restricciones establecidas por el Gobierno de Pedro Sánchez para evitar la propagación de la pandemia.


El vídeo muestra los cambios en las emisiones de dióxido de nitrógeno en Europa entre el 1 de enero y el 11 de marzo de 2020. Estos datos proceden del instrumento Tropomi del satélite Sentinel-5P de Copernicus, que cartografía una gran cantidad de contaminantes del aire a nivel mundial. Claus Zehner, responsable de la misión comenta: "La disminución de las emisiones de dióxido de nitrógeno sobre el valle del Po, en el norte de Italia, es especialmente llamativa".

Este es el primer satélite de la misión Copernicus dedicado a vigilar nuestra atmósfera. Transporta Tropomi, un avanzado instrumento capaz de cartografiar numerosos gases traza, como dióxido de nitrógeno, ozono, formaldehído, dióxido de azufre, metano, monóxido de carbono y aerosoles, que afectan al aire que respiramos y, por tanto, a nuestra salud y al clima.

Dada la importancia y la necesidad cada vez mayores de vigilar la calidad del aire, las próximas misiones del programa Copernicus de la UE monitorizarán los gases traza y aerosoles clave para la calidad del aire. Estas misiones proporcionarán información sobre la calidad del aire, el ozono estratosférico y la radiación solar, además de vigilar el clima.