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sábado, 25 de junio de 2016
Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit
No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.
El rechazo de las clases populares a la UE
Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.
El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando
Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.
La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.
El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes
Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).
Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renda familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.
Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renda media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.
Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido
Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).
La supuesta excepcionalidad de España
Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.
Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.
¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!
Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.
En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.
Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).
En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro.
Fuente: http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2016/06/25/lo-que-los-medios-no-dicen-sobre-las-causas-del-brexit/
sábado, 6 de febrero de 2016
Lo que no se conoce sobre el dirigente que lidera la campaña de la austeridad contra Grecia y España
Cualquier lector que haya seguido de cerca las noticias sobre Grecia recordará que una figura clave de la imposición de las políticas de austeridad al pueblo griego, que han tenido un impacto devastador para aquel país, fue el Presidente del Eurogrupo, el Ministro de Finanzas de Holanda, el Sr. Jeroen Dijsselbloem, que lideró el ataque (y no hay otra manera de decirlo) a Grecia, forzándola a que aplicara las recetas neoliberales que han causado tanto daño, no solo a las clases populares griegas, sino a las de todos los países -incluyendo España- cuyos gobiernos han aplicado dichas recetas.
Tal personaje fue especialmente duro en las exigencias fiscales, acusando al gobierno Syriza de no hacer el trabajo que tenía que hacer, a saber, recoger fondos públicos para pagar las deudas que el gobierno griego había heredado del gobierno conservador liberal anterior. Y este mismo señor ha estado presionando con particular insistencia y mano dura al gobierno español para que haga más recortes y ajustes del gasto público, aplicando las mismas políticas públicas que causaron un enorme daño al pueblo griego, liderando el sector más duro del Eurogrupo, el cual forman los Ministros de Economía y Finanzas de los países de la Eurozona, que él preside. Después de Grecia, Dijsselbloem ha escogido España como su punto de mira, exigiéndole unos recortes de nada menos que de 9.000 millones de euros, que desmantelarían todavía más el ya muy subfinanciado Estado del Bienestar español.
España es uno de los países con un gasto público social por habitante en sanidad, en educación, en escuelas de infancia, en servicios domiciliarios, en vivienda social, en servicios sociales y un largo etcétera, más bajos de la UE-15. Pero tal personaje ha puesto como prioridad de su labor el que se gaste incluso menos, pues según él, el déficit público de España es hoy el problema mayor que tiene este país, punto de vista que, por cierto, es ampliamente sostenido por la mayoría de economistas neoliberales que tienen gran proyección mediática en los medios de información y persuasión españoles (incluyendo los catalanes).
¿Quién es este personaje, el Sr. Dijsselbloem?
Lo que no se conoce –porque no se ha publicado en ninguno de los mayores medios de información- es quién es este señor. Dicho personaje ha jugado un papel clave en convertir Holanda en un paraíso fiscal en el que las mayores empresas europeas (incluyendo españolas) y norteamericanas evitan pagar sus impuestos en los países donde se realiza la producción, la distribución o el consumo de sus productos. La política impositiva de tal país está diseñada para atraer a compañías multinacionales que establecen su sede en Holanda. Las ventajas fiscales y subsidios públicos, así como su tratamiento sumamente favorable a las rentas del capital, son bien conocidos en el mundo financiero y empresarial.
Ello explica que haya muchas compañías que establezcan su sede en Holanda (desde la compañía minera canadiense Gold Eldorado a la estadounidense Starbucks, la lista es enorme). En realidad, algunas de estas compañías solo tienen en Holanda una dirección postal, sin edificio siquiera, como es el caso de los grupos musicales Rolling Stones o U2, del Sr. Bono, que se ha hecho famoso y rico a base de supuestamente defender a los pobres del mundo (ver el artículo de David Hollanders What Europe Needs to Know About The Dutch Tax Haven, Social Europe Journal, 05.01.16). En realidad, muchos de los beneficios fiscales y subsidios, así como las transacciones financieras no son públicos, e incluso miembros del Parlamento holandés no tienen acceso a esa información.
Es sorprendente que Holanda, sin embargo, no aparezca en la lista de paraísos fiscales. Y ello se debe a la activa movilización de la coalición gobernante en Holanda, formada por el partido socialdemócrata, al cual pertenece el Ministro de Finanzas, el Sr. Dijsselbloem, dirigiendo la política económica y financiera del país, y el partido radical de derechas, que aprobaron una ley en el año 2013 en la que se indicaba que Holanda no era un paraíso fiscal, por mucho que se le pareciera.
El gobierno prácticamente prohibió el uso de tal término, lo cual no fue un obstáculo para que el gobierno holandés haya apoyado la realización de seminarios para empresarios extranjeros (realizados en el extranjero, el último en Ucrania) para enseñarles cómo evitar pagar impuestos en Holanda.
Como bien indica David Hollanders, Holanda es un ejemplo de libro de texto de lo que es un paraíso fiscal. Como muestra tal autor, hay 12.000 empresas (que manejan un total de 4 billones de euros) que tienen una sede postal en Holanda, que incluyen el 80% de las cien empresas más grandes del mundo y el 48% de las mayores compañías que aparecen en la revista Fortune.
Entre tales empresas con sede postal en Holanda hay empresas portuguesas, españolas (como la empresa que se benefició de la privatización de la empresa pública Aigües Ter Llobregat por la Generalitat de Catalunya —ver Tots els camins porten a Holanda, El Triangle, 23.12.15), griegas y otras, lo cual implica que Grecia, España, Portugal y otros países dejan de ingresar impuestos (millones y millones de euros) a las arcas del Estado debido a las políticas aprobadas por el gobierno holandés, del cual el Sr. Dijsselbloem es uno de los mayores responsables y arquitectos, el mismo personaje que acusa a Grecia y a España de tener excesivos déficits públicos, déficits públicos que no existirían si las grandes empresas pagaran los impuestos que tendrían que pagar si no tuvieran sus sedes fuera del país, incluyendo Holanda, situación favorecida y facilitada por tal señor.
Se sabe que el Sr. Jean-Claude Juncker, hoy Presidente de la Comisión Europea, es otro personaje que hacía lo mismo cuando era Presidente y Ministro de Finanzas de Luxemburgo, otro paraíso fiscal donde un gran número de empresas internacionales, incluyendo españolas, tienen su sede. El Sr. Jean-Claude Juncker es también de los que presiona por todos los medios para que se apliquen las políticas de austeridad en Grecia y en España. Pero no se sabía tanto de este otro personaje, el Sr. Dijsselbloem. El cinismo y la indecencia, por no decir falta de ética, de tales personajes alcanzan ya niveles sin precedentes. Y esta es la Europa a la que se nos pide que pertenezcamos.
Fuente: http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2016/02/02/lo-que-no-se-conoce-sobre-el-dirigente-que-lidera-la-campana-de-la-austeridad-contra-grecia-y-espana/
jueves, 11 de junio de 2015
La canallada que le están haciendo a Syriza en Grecia
Como he indicado en otros artículos, el establishment neoliberal (que domina el Eurogrupo y las instituciones negociadoras de la deuda, tales como el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI, claramente influenciadas por el capital financiero y por el partido conservador de la Sra. Merkel en Alemania) (ver “Los establishments políticos y financieros europeos quieren terminar con Syriza”, Público, 28.04.15), está intentando, por todos los medios, expulsar al partido Syriza del gobierno, a fin de recuperar el gobierno conservador anterior, conocido por su vasallaje a estas instituciones. Veamos los datos.
Lo que Syriza pide es lo que el gobierno alemán pidió antes
Miremos primero qué ocurrió cuando el Estado alemán estaba en una situación semejante a la que se encuentra el Estado griego hoy. Al terminar la II Guerra Mundial, el Estado alemán tenía una deuda pública enorme. Como perdedor de aquel conflicto, había sumado a la deuda pública (con la que financió su armamento) los fondos de recuperación por los daños causados a los vencedores. En realidad, un objetivo político de estos –los Aliados- era impedir que Alemania se recuperara y volviera a ser una amenaza militar e industrial. La Unión Soviética, el Reino Unido y EEUU, en el Tratado de Postdam (agosto de 1945), habían pactado destruir e incapacitar a la industria alemana, para que no pudiera dar pie a otro rearme alemán. Como resultado de ello, la producción de acero, de automóviles y de muchos otros componentes del sector industrial de la economía alemana descendió en picado. Los Aliados vieron así realizado su sueño: Alemania se convertiría en “un país predominantemente agrícola y pastoral” (como constaba en el tratado).
El perdón de la deuda alemana
En 1946, sin embargo, la política de los Aliados cambió sustancialmente. Bajo la dirección del Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno federal de EEUU, el Sr. James F. Byrnes, los vencedores de la II Guerra Mundial permitieron que Alemania se desarrollara sin cortapisas, ayudándola a que explotara su gran potencial, poniendo como condición que además de abandonar cualquier orientación bélica, se integrara de lleno en la Comunidad Europea. Como parte de esta cultura de ayuda y soporte, se le perdonó nada menos que la mitad de toda su deuda pública, facilitándole, además, el pago de la deuda restante, condicionando tal pago al crecimiento de la economía alemana. Se reconocía así que, a no ser que la economía alemana creciera, nunca podría pagar su deuda.
Como resultado de estas medidas, Alemania no solo se recuperó, sino que hoy es el Estado que está liderando la Eurozona. Y lo que, además de paradójico, es cruel, es que el gobierno alemán (que, por cierto, nunca pagó a Grecia las reparaciones debidas por su ocupación de aquel país, ocupación que, como he indicado en otro artículo, fue particularmente dañina y brutal (ver mi artículo “Los costes del nazismo alemán para Grecia y para España”, Público, 24.05.15), esté liderando las demandas de que el gobierno griego pague la totalidad de la deuda pública a costa de continuar los enormes sacrificios y recortes de gasto público que han llevado al pueblo griego a un enorme desastre humano. Y su mayor aliado en esta exigencia ha sido el gobierno del Partido Popular (y su Ministro de Economía y Competitividad, el Sr. Luis de Guindos), cuyo presidente, el Sr. Mariano Rajoy, lo es también de un partido fundado por personajes pertenecientes a la nomenclatura del Estado dictatorial, el cual fue producto de un golpe militar que fue exitoso debido al apoyo del gobierno nazi alemán y del fascista italiano. Las políticas impuestas por tal gobierno han dañado enormemente el bienestar de la población española.
¿Qué es lo que pide Syriza?
Lo que pide Syriza es que se permita crecer de nuevo a Grecia y que se le facilite el poder pagar la deuda (que alcanza el 180% del PIB), pues es obvio que, con las políticas actuales, es imposible hacerlo. La deuda pública griega (como está pasando también con la deuda pública española) continúa creciendo a pesar de que los recortes del gasto público en Grecia han alcanzado niveles nunca antes vistos en un país en tiempos de paz. Lejos de ser rígido, el gobierno Syriza ha aceptado gran número de elementos del tratado firmado entre la Troika (el BCE, la Comisión Europea y el FMI) y el gobierno griego anterior, tales como las privatizaciones, el establecimiento de superávits en sus cuentas públicas, la disminución de las posibilidades de jubilación en edad anterior a la legal, y una larga lista de cesiones, algunas en claro conflicto con su programa electoral. Pero esto no es suficiente para los establishments neoliberales, que exigen también una reducción notable de las pensiones y debilitar los convenios colectivos al máximo, deteriorando todavía más el mercado de trabajo, forzando a un descenso incluso mayor del que ya ocurrido con los salarios. Como bien ha indicado el Premio Nobel de Economía, el Sr. Joseph Stiglitz, tales exigencias son abusivas e injustificables (“Europe is Last Act”, Social Europe Journal, 08.06.15). La argumentación de que las pensiones son excesivas ignora que la mayoría de las pensiones no lo son. Antes al contrario, son muy bajas. Y la exigencia de la Troika de que el Estado no financie parte de las pensiones es una demanda que entra en contradicción con una práctica generalizada de todos los países de la Eurozona, incluyendo Alemania, en las que el Estado contribuye a la Seguridad Social (”Drawing the Right Lessons from the Greek Pension Crisis”, Andrew Watt, 08.06.15). Todas estas exigencias tienen un objetivo común, pues constituyen un ataque frontal a la clase trabajadora griega, realizado por el mundo del capital europeo y griego.
Y ahí está el quid de la cuestión. Es la lucha de clases sin cuartel, realizada victoriosamente por el capital hegemonizado por el capital financiero, en contra de la clase trabajadora, que es el eje de las clases populares. Lo que le importa a la Troika y al gobierno Merkel no es un objetivo económico, sino político. En realidad, el gobierno Syriza ha tomado decisiones clave –como establecer una agencia tributaria independiente, intentar seriamente corregir el fraude fiscal masivo, cambiar la política fiscal altamente regresiva-, sin que esto cuente para nada. Lo que quieren es cargarse los instrumentos que las clases populares tienen en su defensa –Syriza y los sindicatos- para continuar dominando a Grecia. Esta es la realidad ocultada en los medios de información y persuasión neoliberales en España. Incluso dentro del FMI, su sección de investigación ha reconocido que las medidas de austeridad han sido contraproducentes, habiendo sido denunciadas por miembros del Consejo Ejecutivo de tal institución, que ha acusado al FMI de anteponer los intereses de los acreedores a los del país, es decir, Grecia. El representante de Brasil en tal Consejo lo dijo bien claro: “El rescate no ha sido el rescate a Grecia, sino a los acreedores que fueron las instituciones financieras europeas”, incluidas las alemanas. Y nada menos que el que fue uno de los directores del FMI, el Sr. Ashoka Mody, indicó recientemente que “deberíamos haber aprendido de lo que ha ocurrido en los últimos cinco años, que ha sido un gran error continuar insistiendo en las políticas de austeridad en un país que está en un ciclo deflacionario. Personas que han sufrido un accidente tienen que recuperase antes de exigírseles que corran una maratón”. Pero el poder del capital financiero es tal que continúan insistiendo e insistiendo, y lo hacen, como he repetido en varias ocasiones, a sabiendas y conociendo que estas medidas perjudicarán a Grecia, pues su objetivo no es económico sino político: controlar aquel país, recuperando su vasallaje. Así de claro.
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/13638/la-canallada-que-le-estan-haciendo-a-syriza-en-grecia/
lunes, 18 de agosto de 2014
Lo que continúa ocultándose en la cobertura mediática de Ucrania
Cuando se escriba la historia de lo que está ocurriendo en Ucrania,
espero que se documente claramente la enorme manipulación que los medios
de mayor difusión en España están realizando sobre lo que está
ocurriendo ahora en aquel país. La versión oficial, sin ninguna voz
alternativa que la desmienta, es que la población en Ucrania desea la
libertad, lo que significa integrarse en la Unión Europea, frente a unas
fuerzas pro rusas que están lideradas y manipuladas por el dirigente
ruso Vladímir Putin, que desea la escisión de las partes del este y del
sur de Ucrania y su integración en Rusia. La guerra que estamos viendo
en aquel país se está llevando a cabo también a nivel mediático,
ocultando hechos, exagerando otros y mintiendo a mansalva.
A los que sean escépticos respecto a la credibilidad de los medios les aconsejo que, además de leer mis artículos (“Lo que no se está diciendo sobre Ucrania”, Público, 18.03.14; “Lo que no se está diciendo sobre Ucrania. Parte II”, Público, 31.03.14; “Las falsedades de los mayores medios españoles en su cobertura de Ucrania”, Público, 24.04.14), lean la entrevista a Volodymyr Ishchenko (a partir de ahora VI), director de la revista de izquierdas ucraniana Spilne, publicada en el último número (nº 87) de New Left Review (pp. 7-33). La Ucrania que este autor, sociólogo de formación, describe y la que usted conoce a través de los rotativos de mayor difusión no se parecen en nada. Está claro que una de las versiones de Ucrania –la de VI o la de los medios españoles de mayor difusión– no responde a la realidad. La evidencia, fácilmente contrastable, señala claramente que son los mayores medios de información los que han falsificado la situación.
VI indica que Putin es un oligarca ruso carente de sensibilidad democrática. Hasta aquí nada nuevo. Ahora bien, la gran diferencia es que la evidencia existente, mostrada por VI, no avala la postura promovida por los medios de información de que Putin desea integrar a Rusia las partes sur y este de Ucrania. Como VI indica, tal integración le supondría un enorme coste económico a Rusia, y lo que es igualmente importante, no tendría ni las garantías ni la seguridad de que pudiera controlar al movimiento pro ruso que ya existe en estas partes de Ucrania. En realidad, estos movimientos pro rusos están muy inspirados por la experiencia ocurrida en Ucrania durante la II Guerra Mundial. Su memoria y punto de referencia histórico es más la Unión Soviética que Rusia. La memoria histórica viva en esas partes de Ucrania es la que recuerda la lucha de las clases populares, como parte de la Unión Soviética, contra el nazismo, incluyendo el fascismo ucraniano, cuyos herederos están hoy muy bien representadas en el gobierno ucraniano, controlando puestos estratégicos, tanto en el gobierno actual de Ucrania como en el movimiento nacionalista ucraniano y en el movimiento Maidán, que desean hoy la integración de Ucrania en la Unión Europea.
VI señala que los símbolos y la narrativa de la mayoría de movimientos pro rusos del sureste de Ucrania son los del lado soviético durante la II Guerra Mundial. De ahí que VI subraye que lo último que desea Putin es, precisamente, recuperar el proyecto soviético en Rusia. Es más, la notable simpatía que estos movimientos están generando en Rusia está poniendo a Putin en una situación muy incómoda. Putin pagaría un coste político elevado si se presentara como anti movimiento pro ruso en Ucrania (que tiene un importante componente pro soviético). Este movimiento originalmente no era secesionista, pero se está transformando en tal, en respuesta a la postura anti rusa del nacionalismo ucraniano, que ha ido adquiriendo un tono fascista más y más acentuado, con actitudes nazis, alabando y considerándose sucesor de las tropas ucranianas pro nazis que lucharon contra la Unión Soviética. Esta actitud se mostró en su máxima expresión cuando se quemaron vivos a treinta manifestantes pro rusos en el incendio provocado por los pro nazis en el edificio central de los sindicatos donde estaban refugiados tales manifestantes. Tal como ha indicado el Profesor Stephen Cohen, uno de los mayores expertos en temas soviéticos en EEUU, se está reviviendo la II Guerra Mundial en el territorio ucraniano (Stephen F. Cohen “Kiev’s Atrocities and the Silence of the Hawks”, The Nation, 04.08.14).
La enorme influencia de la ultraderecha en el gobierno ucraniano y en la dirección de algunos movimientos anti rusos se debe, en gran parte, a su capacidad organizativa y medios proveídos, en parte, por las oligarquías ucranianas, así como el apoyo recibido del gobierno federal de EEUU y de la Unión Europea. No refleja la opinión del pueblo ucraniano que reside tanto en el este como en el oeste (la mayoría de la población ucraniana no apoya la integración de Ucrania en la OTAN, deseo sí expresado por el gobierno de Ucrania), aun cuando el nacionalismo, sin alcanzar las expresiones pro nazis de la ultraderecha, está extendido entre la mayoría de la población del oeste de Ucrania.
La guerra civil en Ucrania: quién es quién
Es también interesante subrayar que la intervención militar de lo que se llama “ejército ucraniano” es más una intervención de grupos armados próximos a la ultraderecha que no de unidades del ejército ucraniano. El generalato no se fía del comportamiento de los soldados regulares del ejército. Y los grupos armados son grupos altamente ideologizados pertenecientes, en su mayoría, a la órbita de la ultraderecha (tal como ha señalado The New York Times, 10.08.14, p.7). Es un error creer (como así hacen los firmantes del manifiesto de apoyo a los movimientos ucranianos a favor de su integración en la UE, y que incluyen a Ulrich Beck, Claus Offe, Slavoj Zizek o Saskia Sassen, entre otros) que la mayoría de la población del oeste favorable a la integración en la UE son fuerzas progresistas, “cuya integración en la UE contribuirá a hacer tal unión más justa” (ver el manifiesto “Support Ukrainians and they can help us build a fairer Europe”, The Guardian, enero 2014). En realidad, estos movimientos apoyan un Estado jacobino que prohibió el ruso como lengua oficial ucraniana (su visión del Estado es parecida a la de los jacobinos españoles) y favorecen las políticas neoliberales impuestas por la Troika (el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo), como hacen las derechas en España. En cuanto a las fuerzas pro rusas, que en sus inicios eran más federalistas que secesionistas, son milicias armadas, en su mayoría de origen civil, que tienen también el apoyo de ciudadanos rusos pertenecientes en su mayoría a movimientos nacionalistas rusos, así como de otros países que se identifican con su causa. Su programa, por cierto, no es un programa de nacionalización de los principales medios de producción (con notables excepciones), con escasa incidencia en las coordenadas de poder existentes en estas partes de Ucrania.
Las supuestas elecciones democráticas en Ucrania
Las elecciones a Presidente de Ucrania, presentadas como necesarias para recuperar la credibilidad democrática del Estado, registraron la mayor abstención que se haya producido en Ucrania después del colapso de la Unión Soviética. El ganador fue el Sr. Petro Poroshenko, un billonario (la sexta persona más rica de Ucrania, según Forbes) que controla algunos de los medios de información más importantes del oeste de Ucrania. La gran mayoría de la población del este y sur de Ucrania se abstuvo en las elecciones, habiendo indicado que su abstención se debía a causas políticas: su distanciamiento con el resto de Ucrania. En realidad, el movimiento Maidán, que inició las movilizaciones en las plazas del oeste de Ucrania, son, sobre todo, clases medias y estudiantes que, como subraya VI, han idealizado a la UE, deseando entrar en ella, incluso a costa de las enormes medidas de austeridad que la UE y el Fondo Monetario Internacional están poniendo como condición para la integración de Ucrania en la UE. El movimiento Maidán no son los “indignados” de Ucrania, como erróneamente han presentado y descrito los medios españoles. Sus propuestas son de claro tinte neoliberal, y entran en conflicto con los deseos de las clases populares. Tales propuestas económicas, sin embargo, no tienen gran visibilidad mediática, enfatizándose más su nacionalismo que su neoliberalismo. En realidad, la revuelta del este y sur de Ucrania es no solo una protesta frente al nacionalismo ucraniano ultraderechista, sino también una protesta frente a su neoliberalismo. Uno de los lugares donde esta protesta ha sido mayor es la región de Donetsk, redefinida por lo pro rusos como la República Popular de Donetsk. Ahora bien, tampoco hay que idealizar a las fuerzas pro rusas, algunas de las cuales incluyen nacionalistas rusos próximos a la Iglesia Ortodoxa rusa que desean prohibir el aborto en la nueva república. En este contexto, la influencia extranjera, en ambos lados, complica la situación enormemente, creando las bases para una nueva Guerra Fría que puede convertirse en caliente en caso de que no haya un movimiento internacional de protesta.
A los que sean escépticos respecto a la credibilidad de los medios les aconsejo que, además de leer mis artículos (“Lo que no se está diciendo sobre Ucrania”, Público, 18.03.14; “Lo que no se está diciendo sobre Ucrania. Parte II”, Público, 31.03.14; “Las falsedades de los mayores medios españoles en su cobertura de Ucrania”, Público, 24.04.14), lean la entrevista a Volodymyr Ishchenko (a partir de ahora VI), director de la revista de izquierdas ucraniana Spilne, publicada en el último número (nº 87) de New Left Review (pp. 7-33). La Ucrania que este autor, sociólogo de formación, describe y la que usted conoce a través de los rotativos de mayor difusión no se parecen en nada. Está claro que una de las versiones de Ucrania –la de VI o la de los medios españoles de mayor difusión– no responde a la realidad. La evidencia, fácilmente contrastable, señala claramente que son los mayores medios de información los que han falsificado la situación.
VI indica que Putin es un oligarca ruso carente de sensibilidad democrática. Hasta aquí nada nuevo. Ahora bien, la gran diferencia es que la evidencia existente, mostrada por VI, no avala la postura promovida por los medios de información de que Putin desea integrar a Rusia las partes sur y este de Ucrania. Como VI indica, tal integración le supondría un enorme coste económico a Rusia, y lo que es igualmente importante, no tendría ni las garantías ni la seguridad de que pudiera controlar al movimiento pro ruso que ya existe en estas partes de Ucrania. En realidad, estos movimientos pro rusos están muy inspirados por la experiencia ocurrida en Ucrania durante la II Guerra Mundial. Su memoria y punto de referencia histórico es más la Unión Soviética que Rusia. La memoria histórica viva en esas partes de Ucrania es la que recuerda la lucha de las clases populares, como parte de la Unión Soviética, contra el nazismo, incluyendo el fascismo ucraniano, cuyos herederos están hoy muy bien representadas en el gobierno ucraniano, controlando puestos estratégicos, tanto en el gobierno actual de Ucrania como en el movimiento nacionalista ucraniano y en el movimiento Maidán, que desean hoy la integración de Ucrania en la Unión Europea.
VI señala que los símbolos y la narrativa de la mayoría de movimientos pro rusos del sureste de Ucrania son los del lado soviético durante la II Guerra Mundial. De ahí que VI subraye que lo último que desea Putin es, precisamente, recuperar el proyecto soviético en Rusia. Es más, la notable simpatía que estos movimientos están generando en Rusia está poniendo a Putin en una situación muy incómoda. Putin pagaría un coste político elevado si se presentara como anti movimiento pro ruso en Ucrania (que tiene un importante componente pro soviético). Este movimiento originalmente no era secesionista, pero se está transformando en tal, en respuesta a la postura anti rusa del nacionalismo ucraniano, que ha ido adquiriendo un tono fascista más y más acentuado, con actitudes nazis, alabando y considerándose sucesor de las tropas ucranianas pro nazis que lucharon contra la Unión Soviética. Esta actitud se mostró en su máxima expresión cuando se quemaron vivos a treinta manifestantes pro rusos en el incendio provocado por los pro nazis en el edificio central de los sindicatos donde estaban refugiados tales manifestantes. Tal como ha indicado el Profesor Stephen Cohen, uno de los mayores expertos en temas soviéticos en EEUU, se está reviviendo la II Guerra Mundial en el territorio ucraniano (Stephen F. Cohen “Kiev’s Atrocities and the Silence of the Hawks”, The Nation, 04.08.14).
La enorme influencia de la ultraderecha en el gobierno ucraniano y en la dirección de algunos movimientos anti rusos se debe, en gran parte, a su capacidad organizativa y medios proveídos, en parte, por las oligarquías ucranianas, así como el apoyo recibido del gobierno federal de EEUU y de la Unión Europea. No refleja la opinión del pueblo ucraniano que reside tanto en el este como en el oeste (la mayoría de la población ucraniana no apoya la integración de Ucrania en la OTAN, deseo sí expresado por el gobierno de Ucrania), aun cuando el nacionalismo, sin alcanzar las expresiones pro nazis de la ultraderecha, está extendido entre la mayoría de la población del oeste de Ucrania.
La guerra civil en Ucrania: quién es quién
Es también interesante subrayar que la intervención militar de lo que se llama “ejército ucraniano” es más una intervención de grupos armados próximos a la ultraderecha que no de unidades del ejército ucraniano. El generalato no se fía del comportamiento de los soldados regulares del ejército. Y los grupos armados son grupos altamente ideologizados pertenecientes, en su mayoría, a la órbita de la ultraderecha (tal como ha señalado The New York Times, 10.08.14, p.7). Es un error creer (como así hacen los firmantes del manifiesto de apoyo a los movimientos ucranianos a favor de su integración en la UE, y que incluyen a Ulrich Beck, Claus Offe, Slavoj Zizek o Saskia Sassen, entre otros) que la mayoría de la población del oeste favorable a la integración en la UE son fuerzas progresistas, “cuya integración en la UE contribuirá a hacer tal unión más justa” (ver el manifiesto “Support Ukrainians and they can help us build a fairer Europe”, The Guardian, enero 2014). En realidad, estos movimientos apoyan un Estado jacobino que prohibió el ruso como lengua oficial ucraniana (su visión del Estado es parecida a la de los jacobinos españoles) y favorecen las políticas neoliberales impuestas por la Troika (el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo), como hacen las derechas en España. En cuanto a las fuerzas pro rusas, que en sus inicios eran más federalistas que secesionistas, son milicias armadas, en su mayoría de origen civil, que tienen también el apoyo de ciudadanos rusos pertenecientes en su mayoría a movimientos nacionalistas rusos, así como de otros países que se identifican con su causa. Su programa, por cierto, no es un programa de nacionalización de los principales medios de producción (con notables excepciones), con escasa incidencia en las coordenadas de poder existentes en estas partes de Ucrania.
Las supuestas elecciones democráticas en Ucrania
Las elecciones a Presidente de Ucrania, presentadas como necesarias para recuperar la credibilidad democrática del Estado, registraron la mayor abstención que se haya producido en Ucrania después del colapso de la Unión Soviética. El ganador fue el Sr. Petro Poroshenko, un billonario (la sexta persona más rica de Ucrania, según Forbes) que controla algunos de los medios de información más importantes del oeste de Ucrania. La gran mayoría de la población del este y sur de Ucrania se abstuvo en las elecciones, habiendo indicado que su abstención se debía a causas políticas: su distanciamiento con el resto de Ucrania. En realidad, el movimiento Maidán, que inició las movilizaciones en las plazas del oeste de Ucrania, son, sobre todo, clases medias y estudiantes que, como subraya VI, han idealizado a la UE, deseando entrar en ella, incluso a costa de las enormes medidas de austeridad que la UE y el Fondo Monetario Internacional están poniendo como condición para la integración de Ucrania en la UE. El movimiento Maidán no son los “indignados” de Ucrania, como erróneamente han presentado y descrito los medios españoles. Sus propuestas son de claro tinte neoliberal, y entran en conflicto con los deseos de las clases populares. Tales propuestas económicas, sin embargo, no tienen gran visibilidad mediática, enfatizándose más su nacionalismo que su neoliberalismo. En realidad, la revuelta del este y sur de Ucrania es no solo una protesta frente al nacionalismo ucraniano ultraderechista, sino también una protesta frente a su neoliberalismo. Uno de los lugares donde esta protesta ha sido mayor es la región de Donetsk, redefinida por lo pro rusos como la República Popular de Donetsk. Ahora bien, tampoco hay que idealizar a las fuerzas pro rusas, algunas de las cuales incluyen nacionalistas rusos próximos a la Iglesia Ortodoxa rusa que desean prohibir el aborto en la nueva república. En este contexto, la influencia extranjera, en ambos lados, complica la situación enormemente, creando las bases para una nueva Guerra Fría que puede convertirse en caliente en caso de que no haya un movimiento internacional de protesta.
martes, 27 de mayo de 2014
Los orígenes del fascismo en Europa: antes y ahora
Una de las interpretaciones de la historia europea que es más errónea y ha tenido peores consecuencias en la vida política y económica de este continente es la explicación que se ha dado de las causas de la subida al poder de Hitler y del nazismo en Alemania. Un argumento que se ha escrito para justificar las enormes políticas de austeridad (con recortes del gasto público, incluyendo el gasto público social, y la bajada de salarios), promovidas e impuestas por el gobierno alemán a los países de la Unión Europea, y muy en especial a los países periféricos de la Eurozona, tales como España, ha sido el supuesto temor (en realidad, pánico) que el pueblo alemán ha tenido históricamente a la hiperinflación, pues en su memoria colectiva se considera que dicha hiperinflación fue la causa del surgimiento y victoria electoral del nazismo en Alemania. De ahí –se nos dice- que las políticas de austeridad de ahora sean necesarias para evitar una inflación que podría llevarnos a la aparición de un nuevo fascismo. Si usted sigue la literatura científica económica leerá este argumento miles de veces.
Esta interpretación de lo que ocurrió en Alemania está, sin embargo, profundamente equivocada, no solo en su totalidad, sino en cada uno de sus supuestos. Comencemos por la explicación que atribuye la victoria de Hitler a la hiperinflación. De esta explicación uno tendría que ver que, cuando Hitler fue elegido, la inflación era muy alta, tan alta que la gente, en protesta, votó por Hitler. Pues bien, veamos los datos. Hitler fue elegido en el año 1933. Y ahora vayamos a los datos de la inflación en aquel año. Y el lector se asombrará, pues encontrará que no había ni pizca de inflación. En realidad, la elevada inflación había desaparecido hacía ya tiempo. Y ahí están los datos. Repito, no había inflación. No se puede, por lo tanto, decir que la elevada inflación había llevado a Hitler al poder.
¿Qué estaba pasando? Es fácil de ver y entender. Si usted mira la evolución de la inflación verá que la elevada inflación fue antes del 1933, en realidad, diez años antes, en los años veinte. En el año 1923, diez años antes de la elección de Hitler, Alemania estaba en medio de una insostenible inflación; en julio de aquel año, 1 dólar era equivalente a 1,1 millones de marcos. Dos meses más tarde, era de 109 millones. Repito, una situación que no podía continuar. Ello forzó a que el gobierno tomara toda una serie de medidas –que hoy se llamarían de austeridad- que tuvieron enormes consecuencias (como también tienen enormes consecuencias las políticas de austeridad de ahora). Y una de ellas fue el enorme crecimiento del desempleo, que pasó de un millón a seis millones de alemanes en solo tres años, lo que representaba una tasa de desempleo de un 30%. Fue esta creación de desempleo y el gran descenso del bienestar de la población lo que condujo a los movimientos de protesta, incluyendo el nazismo. Esto es lo que no se dice y debería decirse, porque hoy estamos viendo en Europa una situación muy similar, donde las políticas de austeridad están generando el crecimiento de movimientos fascistas (llamados chovinistas o lo que fuere) a lo largo del territorio europeo. No fue la inflación, sino el tipo de respuesta que el gobierno escogió -las políticas de austeridad, con un gran descenso del gasto público y de los salarios- para resolver esa elevada inflación lo que creó el enorme enfado popular y desafección hacia el régimen democrático, tal como está ocurriendo ahora.
El segundo punto que es erróneo en esta interpretación histórica de atribuir a la elevada inflación la subida de Hitler al poder, es la interpretación de las causas de la inflación. No hay duda de que el nivel de inflación en 1923 era insostenible. Pero, ¿qué es lo que causó la inflación? Y la respuesta, de nuevo, es fácil de ver. Fueron las enormes políticas de austeridad que los aliados habían impuesto a la Alemania derrotada en la I Guerra Mundial. El que mejor predijo las consecuencias de estas políticas fue John Maynard Keynes, que era el representante del gobierno británico en Versalles, en la reunión que definió las políticas que tendrían que seguirse por parte del vencido Estado alemán al terminar la I Guerra Mundial, políticas que eran tan punitivas que no permitían la recuperación de la economía alemana mediante políticas expansivas, con el aumento del gasto público, entre otras medidas. Keynes abandonó la reunión, como señal de su profundo desacuerdo. Tales medidas no dejaban ninguna otra alternativa al gobierno alemán que intentar crecer a base de imprimir dinero, lo cual hizo en abundancia, que es lo que creó la inflación. Y ahí está el problema, y también la semejanza con la situación actual.
La manera como se construyó la Eurozona y su gobernanza dificulta enormemente el estímulo económico mediante la expansión del gasto público y el aumento de los salarios. En realidad, el crecimiento económico ha descendido en la Unión Europea desde que se estableció el euro. El Tratado de Maastricht y, todavía peor, el Pacto Fiscal impuesto por Alemania, imposibilita que los Estados tengan déficit público. Ello forzó a que la estructura de poder de la Eurozona, y muy en particular el Banco Central Europeo, recurrieran a políticas de expansión monetaria (es decir, imprimir dinero, como hizo el gobierno alemán tras la I Guerra Mundial), con el peligro de que se generara inflación. Y a fin de evitar que ello ocurriera, se están llevando a cabo políticas de austeridad que están destruyendo el bienestar de la población y que están causando el surgimiento del fascismo. La historia se repite.
¿Qué está ocurriendo ahora?
Hoy, una de las opciones políticas que está canalizando más el enfado de las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora, es la ultraderecha, tal como estamos viendo en varios países. El caso de Francia es claro. El Frente Nacional, dirigido por Le Pen, fue el que utilizó durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo un discurso movilizador de la clase trabajadora, presentándose a sí mismo, sin ninguna inhibición, como el mejor instrumento para defender los intereses de la clase trabajadora, en la lucha de clases frente a la oligarquía nacional, que había traicionado a la patria vendiéndose a la Troika. Es el nacionalsocialismo, que históricamente tuvo una base obrera y ahora la recupera tras la complicidad de las izquierdas tradicionales (y muy en especial de la socialdemocracia) con la imposición de políticas que dañan los intereses de las clases trabajadoras a costa de incrementar los beneficios del capital. En este discurso, la lucha de clases y la identidad nacional son idénticas, utilizando la bandera y la defensa de la identidad y de la patria como el punto movilizador. Ha sido una mezcla ideológica imbatible. Era lógico y predecible que el fascismo ocupara el vacío creado por el socialismo y el comunismo. El pasado domingo, Le Pen consiguió el apoyo del 30% de los jóvenes y del 43% de los trabajadores franceses.
El internacionalismo de las izquierdas en su compromiso con Europa se ha mostrado impotente frente al nacionalismo del nacionalsocialismo. Por otra parte, la identificación de las izquierdas con la defensa de los inmigrantes es su punto vulnerable, pues parecen no ser conscientes de que los que pagan los costes de la integración de los inmigrantes en un país son los miembros de la clase trabajadora. Ni que decir tiene que la inmigración enriquece a un país. Ahora bien, los costes inevitables que implica su integración, que benefician a toda la sociedad, no pueden ser pagados por aquellos más vulnerables que absorben el coste. Las izquierdas, por lo general, no han sido sensibles a este punto. Añádase a ello que su internacionalismo, con su alianza con los otros pueblos de Europa, carece de credibilidad debido a su complicidad con el mundo del capital. El distanciamiento de los partidos de izquierda gobernantes (y muy en especial de la socialdemocracia) respecto a la clase trabajadora ha sido el origen de su deterioro electoral.
En España, el fascismo (que adquirió su máxima expresión durante la dictadura, establecida con la ayuda del nazismo alemán y el fascismo italiano) se caracterizó por el nacionalcatolicismo, que conjugó un nacionalismo uninacional extremo con un catolicismo enormemente reaccionario. El golpe militar de 1936 se hizo contra los rojos –socialistas y comunistas- y los separatistas –aquellos que tenían una visión de España distinta a la del fascismo español-.
Esta ideología nacionalcatólica continúa siendo muy extendida en sectores de la población española, lo cual explica su receptividad al mensaje del Partido Popular de presentarse como el defensor de la unidad de España y de los valores cristianos. Ello explica que el partido político más instrumentalizado por los poderes financieros y económicos existentes en Europa y en España continúe ganando las elecciones a pesar del enorme daño que sus políticas han causado a las clases populares, incluyendo sus votantes. El dominio por parte del PP de la bandera y del crucifijo explica su pervivencia, fruto de una Transición sumamente inmodélica.
Lo que las izquierdas deberían hacer es criticar este nacionalcatolicismo, todavía muy hegemónico en el Estado español, presentándolo por lo que es: el caparazón que sostiene un enorme domino de una minoría (servil y dócil con la Troika) frente a la mayoría de los distintos pueblos de España, que presentan como visión alternativa otra España, la republicana, multinacional y poliédrica, laica, democrática y socialmente justa.
El domingo pasado mostró una vez más el problema de las izquierdas en España. El voto a las izquierdas fue mucho mayor que el voto a las derechas. Pero las derechas continuarán gobernando España. Y seis millones más continuarán desempleados, habiendo alcanzado la situación social de las clases populares unos niveles desconocidos de deterioro. Gran parte de la responsabilidad la tienen los dirigentes del PSOE (el partido mayoritario de las izquierdas), cuyas políticas públicas han sido responsables de este deterioro, siendo cómplices con la derecha española y con las derechas europeas en el desarrollo de la Europa del capital. España necesita una rebelión del electorado y de las bases de este partido para cambiar profundamente su dirección y sus aparatos. Y las izquierdas no gobernantes (cuyo crecimiento aplaudo y considero muy positivo) deberían transcender sus intereses partidistas para aliarse a lo largo del territorio español para agitar el panorama político español, con amplias movilizaciones y exigencias de cambio a todos los niveles, con una amplia participación ciudadana, concienciando a la población de que los que gobiernan España representan una minoría muy exigua de la población española (11% del censo electoral) que defiende unos intereses económicos y financieros muy particulares que anteponen a los intereses de las clases populares, que son la mayoría de la población.
Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
Fuente: http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2014/05/27/los-origenes-del-fascismo-en-europa-antes-y-ahora/
sábado, 26 de octubre de 2013
El gran error del conocimiento económico dominante
Este artículo analiza el
silencio de la ciencia económica sobre el contexto político que
determina el fenómeno económico. La escasa, por no decir nula, atención
del pensamiento económico dominante a las variables políticas explica su
incapacidad de predecir la crisis actual. Esta situación alcanza su
máximo desarrollo en los Premios Nobel de Economía de este año, cuyo
trabajo sobre el comportamiento del capital financiero alcanza unos
niveles de frivolidad sorprendentes.
Es una percepción generalizada entre los
analistas de la economía (sean economistas o estudiosos de otras
disciplinas) el asumir que el objetivo más importante en el
comportamiento del mundo empresarial en la esfera privada es optimizar
los beneficios empresariales. La acumulación de capital (es decir, la
absorción de los beneficios generados en la producción de bienes y
servicios y en las inversiones financieras) se presenta como el único
objetivo al cual se supedita toda actividad empresarial.
No hay duda de que hay un importante
elemento de verdad en esta lectura de la motivación del mundo
empresarial. Pero no es toda la verdad. En realidad, tenemos evidencia
empírica de que esta explicación es insuficiente, pues el empresario
frecuentemente no apoya intervenciones públicas que incluso le
generarían más beneficios. Así, hoy estamos viendo que la patronal está
apoyando políticas de austeridad (recortes de gasto público y salarios)
que están afectando negativamente a sus beneficios, pues tales medidas
de austeridad están reduciendo la demanda de los bienes y servicios que
esos grandes empresarios están produciendo. En realidad, puede mostrarse
que aquellos países que tienen mayores salarios y más gasto público
social, distribuido universalmente (como los países nórdicos), con
menores desigualdades, tienen mayor demanda y actividad económica que
aquellos, como en el sur de Europa, que tienen salarios más bajos y
Estados del Bienestar más reducidos. En otras palabras, países menos
desiguales tienen mayor eficiencia económica que países muy desiguales.
¿Por qué entonces la patronal de los países del sur se opone a medidas
públicas encaminadas a reducir las desigualdades?
Y la respuesta no es difícil de ver. La
gran patronal desea sobre todo poder, en relación con los agentes de los
cuales derivan sus bienes y servicios, y muy en particular del mundo
del trabajo y de los otros segmentos de la población. El poder (es
decir, la capacidad de, en términos relacionales, tener mayor capacidad
de decisión que otros) es su mayor objetivo. En realidad, la acumulación
de beneficios es un medio para alcanzar tal fin. Y de ahí su enorme
deseo de influenciar, cuando no controlar, los mecanismos de decisión no
solo privados sino también públicos, incluidos los medios de
información y persuasión.
Y ahí el mayor defecto del conocimiento
económico. Que en sus modelos clásicos no toma en cuenta en absoluto
esta relación de poder. Asigna erróneamente al mercado este poder de
decisión, lo cual ignora la enorme importancia que tiene para entender
la economía el conflicto político-cultural-ideológico que la configura.
Como bien dijo John Kenneth Galbraith,
uno de los economistas más agudos que EEUU haya tenido, en su famosa
lección inaugural del Congreso Americano de Economía, “el gran punto
flaco de la teoría económica neoclásica es que, al eliminar el poder del
foco de análisis, ha despolitizado el conocimiento económico,
distanciándolo del mundo real” (citado en “Pursuing Profits – or Power?”
de James K. Boyce, Dollars and Sense, July/Aug. 2013, p.8). Y ahí está
la causa del gran fracaso del conocimiento económico actual, que no
predijo la crisis actual, la más profunda desde la Gran Depresión. En
realidad, los únicos que la predijeron fueron economistas heterodoxos –
como Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research de
Washington – que centran sus análisis en la relación entre el poder
financiero y el estado federal de EEUU dentro de un periodo de gobierno
de la Federal Reserve Board que se puso claramente al servicio de dicho
capital. Otro ejemplo es Thomas Palley, que centró el origen de la
crisis en el crecimiento de las desigualdades en la distribución de la
renta resultado del conflicto Capital-Trabajo, con gran dominio del
primero (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis
actual” en Le Monde Diplomatique. Julio 2013).
De lo dicho se puede concluir que el
mayor oponente de las políticas redistributivas son las clases más
pudientes, y ello debido a que son las que pierden recursos que son
redistribuidos y también los que ven su distancia social, política y
cultural con la mayoría de la ciudadanía disminuida como consecuencia de
la reducción de las desigualdades. Así de claro.
Una última observación. Un ejemplo claro
de la insensibilidad hacia el contexto político del fenómeno económico y
financiero es el trabajo de los economistas receptores del Premio Nobel
de este año (Fama y Hansen), que desarrollaron modelos interpretativos
del comportamiento de los mercados financieros que ignoraron
completamente el hecho básico y elemental de que el impacto político
sobre tales mercados es el determinante de su comportamiento. La
evidencia de ello es abrumadora. La supuesta desconfianza de los
mercados financieros hacia los bonos públicos de los Estados periféricos
de la Eurozona, incluyendo España, se diluyeron rápidamente con la
declaración del Presidente del Banco Central Europeo de que haría todo
lo posible para apoyar el euro. Atribuir el comportamiento de aquellos
mercados basados en un modelo de equilibrio, es de una ingenuidad que
por desgracia se traduce mucho en el pensamiento económico dominante de
sensibilidad liberal.
Fuente: http://www.vnavarro.org/?p=9906
jueves, 17 de enero de 2013
Lo que la película ‘Lincoln’ no dice sobre Lincoln
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/6405/lo-que-la-pelicula-lincoln-no-dice-sobre-lincoln/
La película Lincoln, producida y dirigida por uno de los directores más conocidos de EEUU, Steven Spielberg, ha reavivado un gran interés por la figura del presidente Lincoln, uno de los presidentes que, como el presidente Franklin D. Roosevelt, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con gran recuerdo popular. Se destaca tal figura política como la garante de la unidad de EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura que resalta en la historia de EEUU por haber abolido la esclavitud, y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como la población afroamericana.
Lincoln fue también uno de los fundadores del Partido Republicano que en sus orígenes fue directamente opuesto al Partido Republicano actual, que está hoy altamente influenciado por un movimiento –el Tea Party- chauvinista, racista y sumamente reaccionario detrás del cual hay intereses económicos y financieros que quieren eliminar la influencia del gobierno federal en las vidas económicas, sociales y políticas del país. El Partido Republicano fundado por el presidente Lincoln era, por el contrario, un partido federalista, que consideró al gobierno federal como garante de los Derechos Humanos. Y entre ellos, la emancipación de los esclavos, tema central de la película Lincoln, fue al que Lincoln dio mayor hincapié. Terminar con la esclavitud significaba que el esclavo pasaba a ser trabajador, dueño de su propio trabajo.
Ahora bien, Lincoln, incluso antes de ser presidente, consideró otras conquistas sociales como parte también de los Derechos Humanos, y entre ellas, el derecho del mundo del trabajo a controlar, no sólo su trabajo, sino también el producto de su trabajo. El derecho de emancipación de los esclavos transformaba al esclavo en una persona libre asalariada, unida –según él- en lazos fraternales con los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de su piel. Sus demandas de que el esclavo dejara de serlo y de que el trabajador –tanto blanco como negro- fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino también del producto de su trabajo, eran igualmente revolucionarias. La emancipación de la esclavitud requería que la persona fuera la dueña de su trabajo. La emancipación de la clase trabajadora significaba que la clase trabajadora fuera la dueña del producto de su trabajo. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, sin embargo, ni siquiera se cita en la película Lincoln. En realidad, la ignora. Y utilizo la expresión “ignora” en lugar de “oculta”, porque es del todo posible que los autores de la película o del libro sobre el que se basa ni siquiera conozcan la historia real de Lincoln. La Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de EEUU (que continúa existiendo) y el enorme dominio de lo que en allí se llama la Corporate Class (la clase de los propietarios y gestores del gran capital) sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural, explica que la historia formal de EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea muy sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo, comunismo o anarquismo. La gran mayoría de estudiantes estadounidenses, incluso de las universidades más prestigiosas y conocidas, no saben que la fiesta del 1º de Mayo, celebrada mundialmente como el Día Internacional del Trabajo, es una fiesta en homenaje a los sindicalistas estadounidenses que murieron en defensa de trabajar ocho horas al día (en lugar de doce), victoria que inició tal reivindicación exitosa en la mayoría de países del mundo. En EEUU, tal día, el 1º de Mayo, además de no ser festivo, es el día de la Ley y el Orden -Law and Order Day- (ver el libro People’s History of the U.S., de Howard Zinn). La historia real de EEUU es muy distinta a la historia formal promovida por las estructuras de poder estadounidenses.........
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Por qué la deuda pública no debe pagarse
Fuente: http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2012/12/18/por-que-la-deuda-publica-no-debe-pagarse/
La deuda pública acumulada por los países de la Eurozona es impagable. Ha alcanzado un nivel que los Estados no podrán pagar. Esto aplica prácticamente a todos los países, pero muy en especial a los países antes llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain), y ahora GIPSI (con el añadido de Italia). En todos ellos la deuda pública está por encima de los niveles permitidos en el Tratado de Maastrich, que estableció las condiciones que los países debían seguir para entrar y permanecer en el euro.
Frente a esta situación deberían hacerse dos preguntas. Una es ¿cuál es la consecuencia de que los Estados no paguen la deuda? Y la otra, ¿debería pagarse tal deuda? En realidad, los Estados no deberían pagar la deuda, incluso en el caso de que pudieran hacerlo, pues esta deuda es exagerada y la cantidad de intereses que se ha forzado a los Estados a pagar para poder conseguir dinero, es decir, para que la banca comprara bonos públicos del Estado, es artificialmente alta e inmoral. Y digo inmoral porque esta exigencia de que los Estados paguen intereses altos se basa en que ha sido la propia banca, a través de su lobby, el Banco Central Europeo, la que ha creado la situación intolerable en la que los Estados no tenían otro remedio para conseguir dinero que pagar tales intereses exageradamente altos, pues el Estado no podía pedir prestado dinero del BCE (mientras que los bancos sí que podían). Es como si una persona robara dinero a otra y luego tuviera la osadía de prestarle el dinero robado (porque no había dinero disponible de ninguna otra fuente) a la persona robada, a unos intereses elevadísimos. El ladrón robaría dos veces a la persona robada. Esto es lo que la banca ha hecho. Ha eliminado el instrumento que los Estados tenían para protegerse de la especulación de sus bancos, y así han conseguido intereses de los bonos altísimos (ver mi artículo “La estafa de la deuda pública” en El Plural, 29.11.12)
Por otra parte, es importante que se informe a la ciudadanía que los Estados pueden conseguir recursos y que pueden conseguirlo sin necesidad de endeudarse. La negación de esta posibilidad justifica las políticas de austeridad y los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social. Ahora bien, los Estados tienen enormes recursos que no se están tocando. Por ejemplo, si analizamos la propiedad pública que cada uno de estos Estados tiene, la cantidad total representa muchas veces el valor de la deuda pública. Y éste es el filón de oro donde los acreedores, es decir, los bancos, quieren meter mano. Tales Estados deberían resistirse a ceder a esta demanda, pues una vez vendida tal propiedad, ya no tienen donde apoyarse en el futuro.
Existe, sin embargo, una enorme propiedad privada que se ha ido incrementando y concentrando durante estos hechos de recesión, cuando las desigualdades de renta y propiedad han crecido exponencialmente, es decir, muy rápidamente. Así, en Italia, el país de los GIPSI que tiene mayor deuda pública (la OCDE calcula que en 2013 será un 122% del PIB) tiene nada menos que en propiedad privada en inversiones y tierra el 377% del PIB, en inversiones financieras el 237% de PIB, y así un largo etcétera. Stefan Bach, en un interesante artículo, “Capital Levies – A Step Towards Improving Public Finances in Europe”, en Social Policy Journal calcula que un incremento de un 5% de los impuestos sobre tal propiedad privada podría conseguir el equivalente al 15% del PIB, medida que, a la vez que contribuir a reducir las desigualdades, disminuiría su enorme deuda pública. No se conocen estudios semejantes en España pero es probable que las cantidades fueran muy semejantes.
Otra área de ingresos son las rentas originadas del capital, invertidas en actividades especulativas a través de la banca. Incluyo en esta categoría la huída de capitales a paraísos fiscales u otros países, distinta a los de los depositarios. Incluso el Banco Mundial, un organismo de clara orientación conservadora, ha documentado en todos los países de elevada deuda los fondos depositados en el extranjero, que en cada uno de estos países representa una cantidad mucho mayor que el tamaño de la deuda pública (ver el libro Debt, the IMF and the World Bank. Monthly Review Press 2010, escrito por Eric Toussaint y Damien Millet).
España, uno de los países con mayores desigualdades de la OCDE puede y debe conseguir fondos de aquellos que se beneficiaron más de los años de bonanza. Dinero lo hay con gran abundancia entre las grandes fortunas, las grandes empresas y la banca (que ha recibido fondos públicos por una cantidad equivalente nada menos que al 10% del PIB). El problema es que el Estado no los recoge. Influenciado por las grandes fortunas, por las grandes empresas y por la banca, el Estado prefiere endeudarse, beneficiando a la banca, a la cual se le paga más adelante los intereses elevadísimos, con dinero público. Un escándalo.
La deuda pública acumulada por los países de la Eurozona es impagable. Ha alcanzado un nivel que los Estados no podrán pagar. Esto aplica prácticamente a todos los países, pero muy en especial a los países antes llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain), y ahora GIPSI (con el añadido de Italia). En todos ellos la deuda pública está por encima de los niveles permitidos en el Tratado de Maastrich, que estableció las condiciones que los países debían seguir para entrar y permanecer en el euro.
Frente a esta situación deberían hacerse dos preguntas. Una es ¿cuál es la consecuencia de que los Estados no paguen la deuda? Y la otra, ¿debería pagarse tal deuda? En realidad, los Estados no deberían pagar la deuda, incluso en el caso de que pudieran hacerlo, pues esta deuda es exagerada y la cantidad de intereses que se ha forzado a los Estados a pagar para poder conseguir dinero, es decir, para que la banca comprara bonos públicos del Estado, es artificialmente alta e inmoral. Y digo inmoral porque esta exigencia de que los Estados paguen intereses altos se basa en que ha sido la propia banca, a través de su lobby, el Banco Central Europeo, la que ha creado la situación intolerable en la que los Estados no tenían otro remedio para conseguir dinero que pagar tales intereses exageradamente altos, pues el Estado no podía pedir prestado dinero del BCE (mientras que los bancos sí que podían). Es como si una persona robara dinero a otra y luego tuviera la osadía de prestarle el dinero robado (porque no había dinero disponible de ninguna otra fuente) a la persona robada, a unos intereses elevadísimos. El ladrón robaría dos veces a la persona robada. Esto es lo que la banca ha hecho. Ha eliminado el instrumento que los Estados tenían para protegerse de la especulación de sus bancos, y así han conseguido intereses de los bonos altísimos (ver mi artículo “La estafa de la deuda pública” en El Plural, 29.11.12)
Por otra parte, es importante que se informe a la ciudadanía que los Estados pueden conseguir recursos y que pueden conseguirlo sin necesidad de endeudarse. La negación de esta posibilidad justifica las políticas de austeridad y los recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social. Ahora bien, los Estados tienen enormes recursos que no se están tocando. Por ejemplo, si analizamos la propiedad pública que cada uno de estos Estados tiene, la cantidad total representa muchas veces el valor de la deuda pública. Y éste es el filón de oro donde los acreedores, es decir, los bancos, quieren meter mano. Tales Estados deberían resistirse a ceder a esta demanda, pues una vez vendida tal propiedad, ya no tienen donde apoyarse en el futuro.
Existe, sin embargo, una enorme propiedad privada que se ha ido incrementando y concentrando durante estos hechos de recesión, cuando las desigualdades de renta y propiedad han crecido exponencialmente, es decir, muy rápidamente. Así, en Italia, el país de los GIPSI que tiene mayor deuda pública (la OCDE calcula que en 2013 será un 122% del PIB) tiene nada menos que en propiedad privada en inversiones y tierra el 377% del PIB, en inversiones financieras el 237% de PIB, y así un largo etcétera. Stefan Bach, en un interesante artículo, “Capital Levies – A Step Towards Improving Public Finances in Europe”, en Social Policy Journal calcula que un incremento de un 5% de los impuestos sobre tal propiedad privada podría conseguir el equivalente al 15% del PIB, medida que, a la vez que contribuir a reducir las desigualdades, disminuiría su enorme deuda pública. No se conocen estudios semejantes en España pero es probable que las cantidades fueran muy semejantes.
Otra área de ingresos son las rentas originadas del capital, invertidas en actividades especulativas a través de la banca. Incluyo en esta categoría la huída de capitales a paraísos fiscales u otros países, distinta a los de los depositarios. Incluso el Banco Mundial, un organismo de clara orientación conservadora, ha documentado en todos los países de elevada deuda los fondos depositados en el extranjero, que en cada uno de estos países representa una cantidad mucho mayor que el tamaño de la deuda pública (ver el libro Debt, the IMF and the World Bank. Monthly Review Press 2010, escrito por Eric Toussaint y Damien Millet).
España, uno de los países con mayores desigualdades de la OCDE puede y debe conseguir fondos de aquellos que se beneficiaron más de los años de bonanza. Dinero lo hay con gran abundancia entre las grandes fortunas, las grandes empresas y la banca (que ha recibido fondos públicos por una cantidad equivalente nada menos que al 10% del PIB). El problema es que el Estado no los recoge. Influenciado por las grandes fortunas, por las grandes empresas y por la banca, el Estado prefiere endeudarse, beneficiando a la banca, a la cual se le paga más adelante los intereses elevadísimos, con dinero público. Un escándalo.
martes, 23 de octubre de 2012
Habermas y el Nobel de la Paz para la UE
Fuente:http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2012/10/22/habermas-y-el-nobel-de-la-paz-para-la-ue/
Como era de esperar, el artículo de Jürgen Habermas publicado en Le Monde (y más tarde en varios rotativos europeos, incluso en España) sobre la crisis europea, titulado “Ahora más que nunca, Europa”, ha tenido gran impacto en los mayores círculos políticos, intelectuales y mediáticos del continente europeo. Y no es extraño que lo tuviera, no sólo por el gran renombre y prestigio del autor –el filósofo más conocido en Alemania- sino por su crítica fuerte y contundente al gobierno alemán presidido por la canciller Merkel, responsabilizándola, en parte, de no haber promovido las políticas que él cree que deben adoptarse para salvar a Europa que -según él- corre el peligro de desmembrarse.
Pero antes de centrarnos en sus propuestas analicemos sus críticas al gobierno Merkel y a los otros gobiernos de la Unión Europea, acusándoles de paralizar el desarrollo de la Europa democrática de tipo federal que él considera urgente y necesaria que se establezca. Al gobierno alemán le critica, con razón, por adoptar una postura moral hacia los países del Sur, intentando penalizarlos por su indisciplina fiscal dando la imagen de la dueña de la casa que castiga a los miembros de la vivienda que se han gastado demasiado. Para Habermas, el problema no es éste y la actitud del gobierno alemán está generando unos sentimientos de clara hostilidad que están anulando el intento de conciliación con Alemania que se había conseguido después de la derrota del nazismo. Tampoco en esto le falta razón a Habermas. Basta leer la prensa de mayor tiraje en Alemania para ver el carácter ofensivo y arrogante que tales medios (con honrosas excepciones) están adoptando hacia los países llamados en la literatura anglosajona PIGS (cerdos) y que incluyen Grecia, Portugal, España e Irlanda, categoría a la que más recientemente se ha añadido a Italia (pasando de PIGS a GIPSI).
Hay que agradecer que un intelectual alemán de su talla critique y denuncie esta postura arraigada en el establishment alemán, que es profundamente equivocada pues las clases populares del Sur son víctimas, en lugar de responsables de la crisis del euro, como he señalado y documentado repetidamente (ver sección economía política de mi blog www.vnavarro.org). Pero además de injusta, esta postura moral del gobierno alemán es profundamente ofensiva, y está despertando agravios y recuerdos que hubieran sido mejor silenciar para el propio beneficio de Alemania. Como bien señala Habermas, esta arrogancia del gobierno alemán, que da pie al renacimiento del nacionalismo alemán, está despertando durísimas memorias en los países que derrotaron al nazismo. Grecia es un caso claro de esta situación. Brutalmente ocupada por las fuerzas nazis en la II Guerra Mundial, nunca ha recibido reparaciones del gobierno alemán desde el fin de aquel conflicto.
Habermas también tiene razón cuando añade que el problema es la falta de una estructura federal que termine con la situación actual en la que cada gobierno parece ir por su cuenta, reproduciendo una situación en la que los fuertes tiran hacia adelante, a costa de que los otros vayan para atrás. Hay que establecer, dice Habermas, una “Europa federal” y añade “democrática”, lo cual quiere decir, según él, una Europa con plena participación de la población a través de instituciones representativas que sean las que gobiernen esta nueva entidad política. Sólo así –afirma Habermas- se puede justificar una política fiscal y financiera europea, pues el principio que guió el establecimiento de Estados Unidos de América fue precisamente el de “no imposición de impuestos sin representación”. De ahí que la unión política sea un paso necesario para desarrollar la serie de medidas –desde la unión bancaria a la política fiscal- que deberían desarrollarse con mayor rapidez. Termina Habermas criticando al gobierno alemán y otros países por desatender tal urgente necesidad. Hasta aquí es difícil que un europeísta comprometido con el establecimiento de una Europa unida, justa y democrática, no esté de acuerdo con el filósofo alemán.
Ahora bien, dicho esto, hay un problema grave en su artículo que peca de excesivo formalismo. En otras palabras, no aclara el camino hacia el establecimiento de la Europa justa, federal y democrática. Asume, -a mi manera de ver erróneamente- que las instituciones ahora existentes nos permitirán alcanzar aquel objetivo. Y ahí está la enorme limitación del artículo de Habermas. Parece creer que las instituciones actuales tienen el potencial para convertirse en las necesarias para alcanzar este sueño futuro. Y es ahí donde tengo enormes dudas de que ello sea así. En realidad, el hecho de que las instituciones actuales sean profundamente no-democráticas, cuando no antidemocráticas, no es por casualidad. Que la única instancia de representatividad –el Parlamento Europeo- tenga un papel secundario, ajeno a las mayores decisiones que se toman en la UE y en la Eurozona, no es por casualidad. Ocurre siguiendo un diseño que se llama neoliberalismo, promovido por el capital financiero que hoy domina las instituciones europeas que “mandan” (y utilizo esta expresión deliberadamente) en la eurozona.
Un ejemplo de este mandar aparece cuando el director (el Sr. Draghi) de la institución europea más poderosa en la UE, el Banco Central Europeo, llama al presidente de España y le dice (o se lo escribe por carta) qué es lo que debe hacer, incluido el desmantelamiento del Estado del Bienestar español. Y el Sr. Rajoy lo hace. Y hoy estamos viendo el ataque frontal más duro que ha existido en España desde que se estableció la democracia en contra de su estado del bienestar.
Lo cual me lleva a otro tema, el de la Agencia de Cambio. En otras palabras, quién hará el cambio. El gobierno alemán representa el establishment alemán, en el cual el Bundesbank tiene enorme poder. No hay duda de que este establishment jugaría un papel importantísimo en configurar aquel proyecto supuestamente democrático.
Y ahí mi otra crítica a Habermas. Parece no ser consciente de que las clases populares de los distintos países de la Eurozona tendrán poca influencia en este desarrollo. De ahí deriva el excesivo formalismo de Habermas. Hoy los países de la Eurozona están en llamas. Más y más gente está saliendo a la calle. Y una enorme agitación (en gran parte silenciada en los grandes medios) está ocurriendo en la Unión Europea. No sabemos dónde llevará esta energía popular. Pero lo que sí debería estar claro es que las instituciones actuales, desde la Comisión Europea al Consejo Europeo y al Banco Central Europeo (que hoy gobiernan la Eurozona) son parte del problema y no pueden utilizarse para lograr la solución. Una nueva Europa se necesita con otras instituciones que desde el principio estén democráticamente gobernadas y que se vayan construyendo de arriba abajo, y que no sea un producto, una vez más, de las élites antidemocráticas que la están gobernando. Al lema de que “there is no taxation without representation” de la Revolución en EEUU hay que añadirle otro que lo guió “government of the people and for the people can not exist unless is by the people” (el gobierno para el pueblo no puede existir sin que haya un gobierno del pueblo). A no ser que la nueva Europa esté diseñada y gobernada por los pueblos de los países de la UE, esta nueva Europa no será de uso y servicio para ellos. Y lo que está ocurriendo es un claro ejemplo de esto. Es, en este sentido, una farsa que el Premio Nobel de la Paz se haya dado a la UE por su dedicación a la paz y a la democracia. La patética lista de Nobeles de la Paz (con honorables excepciones) es un ejemplo de la utilización abusiva de tal premio para fines políticos. Cualquier persona mínimamente objetiva puede ver que la Unión Europea se está construyendo a las espaldas de la población. Habermas así lo denuncia, pero se equivoca creyendo que las instituciones que hoy la gobiernan serán las bases para alcanzar la Europa justa, y democrática que todos queremos.
Como era de esperar, el artículo de Jürgen Habermas publicado en Le Monde (y más tarde en varios rotativos europeos, incluso en España) sobre la crisis europea, titulado “Ahora más que nunca, Europa”, ha tenido gran impacto en los mayores círculos políticos, intelectuales y mediáticos del continente europeo. Y no es extraño que lo tuviera, no sólo por el gran renombre y prestigio del autor –el filósofo más conocido en Alemania- sino por su crítica fuerte y contundente al gobierno alemán presidido por la canciller Merkel, responsabilizándola, en parte, de no haber promovido las políticas que él cree que deben adoptarse para salvar a Europa que -según él- corre el peligro de desmembrarse.
Pero antes de centrarnos en sus propuestas analicemos sus críticas al gobierno Merkel y a los otros gobiernos de la Unión Europea, acusándoles de paralizar el desarrollo de la Europa democrática de tipo federal que él considera urgente y necesaria que se establezca. Al gobierno alemán le critica, con razón, por adoptar una postura moral hacia los países del Sur, intentando penalizarlos por su indisciplina fiscal dando la imagen de la dueña de la casa que castiga a los miembros de la vivienda que se han gastado demasiado. Para Habermas, el problema no es éste y la actitud del gobierno alemán está generando unos sentimientos de clara hostilidad que están anulando el intento de conciliación con Alemania que se había conseguido después de la derrota del nazismo. Tampoco en esto le falta razón a Habermas. Basta leer la prensa de mayor tiraje en Alemania para ver el carácter ofensivo y arrogante que tales medios (con honrosas excepciones) están adoptando hacia los países llamados en la literatura anglosajona PIGS (cerdos) y que incluyen Grecia, Portugal, España e Irlanda, categoría a la que más recientemente se ha añadido a Italia (pasando de PIGS a GIPSI).
Hay que agradecer que un intelectual alemán de su talla critique y denuncie esta postura arraigada en el establishment alemán, que es profundamente equivocada pues las clases populares del Sur son víctimas, en lugar de responsables de la crisis del euro, como he señalado y documentado repetidamente (ver sección economía política de mi blog www.vnavarro.org). Pero además de injusta, esta postura moral del gobierno alemán es profundamente ofensiva, y está despertando agravios y recuerdos que hubieran sido mejor silenciar para el propio beneficio de Alemania. Como bien señala Habermas, esta arrogancia del gobierno alemán, que da pie al renacimiento del nacionalismo alemán, está despertando durísimas memorias en los países que derrotaron al nazismo. Grecia es un caso claro de esta situación. Brutalmente ocupada por las fuerzas nazis en la II Guerra Mundial, nunca ha recibido reparaciones del gobierno alemán desde el fin de aquel conflicto.
Habermas también tiene razón cuando añade que el problema es la falta de una estructura federal que termine con la situación actual en la que cada gobierno parece ir por su cuenta, reproduciendo una situación en la que los fuertes tiran hacia adelante, a costa de que los otros vayan para atrás. Hay que establecer, dice Habermas, una “Europa federal” y añade “democrática”, lo cual quiere decir, según él, una Europa con plena participación de la población a través de instituciones representativas que sean las que gobiernen esta nueva entidad política. Sólo así –afirma Habermas- se puede justificar una política fiscal y financiera europea, pues el principio que guió el establecimiento de Estados Unidos de América fue precisamente el de “no imposición de impuestos sin representación”. De ahí que la unión política sea un paso necesario para desarrollar la serie de medidas –desde la unión bancaria a la política fiscal- que deberían desarrollarse con mayor rapidez. Termina Habermas criticando al gobierno alemán y otros países por desatender tal urgente necesidad. Hasta aquí es difícil que un europeísta comprometido con el establecimiento de una Europa unida, justa y democrática, no esté de acuerdo con el filósofo alemán.
Ahora bien, dicho esto, hay un problema grave en su artículo que peca de excesivo formalismo. En otras palabras, no aclara el camino hacia el establecimiento de la Europa justa, federal y democrática. Asume, -a mi manera de ver erróneamente- que las instituciones ahora existentes nos permitirán alcanzar aquel objetivo. Y ahí está la enorme limitación del artículo de Habermas. Parece creer que las instituciones actuales tienen el potencial para convertirse en las necesarias para alcanzar este sueño futuro. Y es ahí donde tengo enormes dudas de que ello sea así. En realidad, el hecho de que las instituciones actuales sean profundamente no-democráticas, cuando no antidemocráticas, no es por casualidad. Que la única instancia de representatividad –el Parlamento Europeo- tenga un papel secundario, ajeno a las mayores decisiones que se toman en la UE y en la Eurozona, no es por casualidad. Ocurre siguiendo un diseño que se llama neoliberalismo, promovido por el capital financiero que hoy domina las instituciones europeas que “mandan” (y utilizo esta expresión deliberadamente) en la eurozona.
Un ejemplo de este mandar aparece cuando el director (el Sr. Draghi) de la institución europea más poderosa en la UE, el Banco Central Europeo, llama al presidente de España y le dice (o se lo escribe por carta) qué es lo que debe hacer, incluido el desmantelamiento del Estado del Bienestar español. Y el Sr. Rajoy lo hace. Y hoy estamos viendo el ataque frontal más duro que ha existido en España desde que se estableció la democracia en contra de su estado del bienestar.
Lo cual me lleva a otro tema, el de la Agencia de Cambio. En otras palabras, quién hará el cambio. El gobierno alemán representa el establishment alemán, en el cual el Bundesbank tiene enorme poder. No hay duda de que este establishment jugaría un papel importantísimo en configurar aquel proyecto supuestamente democrático.
Y ahí mi otra crítica a Habermas. Parece no ser consciente de que las clases populares de los distintos países de la Eurozona tendrán poca influencia en este desarrollo. De ahí deriva el excesivo formalismo de Habermas. Hoy los países de la Eurozona están en llamas. Más y más gente está saliendo a la calle. Y una enorme agitación (en gran parte silenciada en los grandes medios) está ocurriendo en la Unión Europea. No sabemos dónde llevará esta energía popular. Pero lo que sí debería estar claro es que las instituciones actuales, desde la Comisión Europea al Consejo Europeo y al Banco Central Europeo (que hoy gobiernan la Eurozona) son parte del problema y no pueden utilizarse para lograr la solución. Una nueva Europa se necesita con otras instituciones que desde el principio estén democráticamente gobernadas y que se vayan construyendo de arriba abajo, y que no sea un producto, una vez más, de las élites antidemocráticas que la están gobernando. Al lema de que “there is no taxation without representation” de la Revolución en EEUU hay que añadirle otro que lo guió “government of the people and for the people can not exist unless is by the people” (el gobierno para el pueblo no puede existir sin que haya un gobierno del pueblo). A no ser que la nueva Europa esté diseñada y gobernada por los pueblos de los países de la UE, esta nueva Europa no será de uso y servicio para ellos. Y lo que está ocurriendo es un claro ejemplo de esto. Es, en este sentido, una farsa que el Premio Nobel de la Paz se haya dado a la UE por su dedicación a la paz y a la democracia. La patética lista de Nobeles de la Paz (con honorables excepciones) es un ejemplo de la utilización abusiva de tal premio para fines políticos. Cualquier persona mínimamente objetiva puede ver que la Unión Europea se está construyendo a las espaldas de la población. Habermas así lo denuncia, pero se equivoca creyendo que las instituciones que hoy la gobiernan serán las bases para alcanzar la Europa justa, y democrática que todos queremos.
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