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viernes, 12 de junio de 2020

Bacteriófagos: los virus que nos salvan la vida

Estamos acostumbrados a considerar a los virus nuestros enemigos naturales. Y, de hecho, como demuestra la pandemia de coronavirus, muchos de ellos nos pueden perjudicar seriamente. Pero no todos los virus son peligrosos. Es más, incluso hay algunos que pueden sernos útiles. Los bacteriofagos, virus que infectan a las bacterias, entre ellos.

https://principia.io/media/uploads/images/articulos/fagos/bacteriofagosprincipia_def.jpgEstamos acostumbrados a considerar a los virus nuestros enemigos naturales. Y, de hecho, como demuestra la pandemia de coronavirus, muchos de ellos nos pueden perjudicar seriamente. Pero no todos los virus son peligrosos. Es más, incluso hay algunos que pueden sernos útiles. Los bacteriofagos, virus que infectan a las bacterias, entre ellos.

Entre 2003 y 2004, los soldados estadounidenses enviados al desierto de Irak tuvieron que enfrentarse a un enemigo inesperado... y microscópico: se trataba de una superbacteria resistente a los antibióticos llamada Acinetobacter baumannii. «Iraqibacter», como la bautizaron, se convirtió muy pronto en una pesadilla para muchos soldados. Favorecido por el clima árido del desierto, se colaba en las heridas y se multiplicaba causando infecciones muy difíciles de tratar.

Pero, a pesar de su nombre, Acinetobacter baumannii no es un problema solo en Oriente Medio. De hecho, es el enemigo número uno en los hospitales de todo el mundo por las violentas infecciones que provoca en muchos pacientes recién operados. Y, además, no es la única bacteria capaz de resistir a los antibióticos. En las últimas décadas han aparecido muchísimos de estos killers microscópicos. Se calcula que en 2015 fueron responsables de más muertes que la gripe, sida y tuberculosis juntos, y que solamente en España causaron tres mil muertes al año.

Pero, ¿de dónde vienen estas superbacterias? Muy sencillo: las creamos nosotros todos los días. No en el laboratorio (que algún tertuliano sin escrúpulos ya se estará frontando las manos), sino con nuestro mal uso de los antibióticos. Estas sustancias bioquímicas son el arma más potente que tenemos contra las bacterias, pero el copyright de su invención no es nuestro. Los microbios llevan miles de millones de años usando estas armas bioquímicas para luchar entre ellos, y —por tanto— las bacterias pues pueden desarrollar resistencia a los antibióticos por selección natural. Abusando de los antibióticos y sin prescripción médica, hemos ido seleccionando las bacterias más resistentes, con el resultado de que estos medicamentos están dejando de funcionar. Cada vez que tomamos un antibiótico sin receta, que no terminamos el tratamiento o que tiramos antibióticos a la basura, al alcance de animales que puedan comérselos, estamos contribuyendo a que aparezcan más bacterias resistentes. Sin contar las toneladas de antibióticos que se usan en la ganadería industrial.

La Organización Mundial de Salud advierte que si no actuamos, en 2050 morirá más gente por superbacterias que por cáncer. Necesitamos encontrar nuevos antibióticos y aprender a usar bien los que tenemos, pero es una carrera contrarreloj. Para ganar tiempo, una ayuda importante nos podría venir de una antigua terapia olvidada: la terapia fágica o fagoterapia.

Los virus bacteriófagos (o simplemente fagos), son los depredadores naturales de las bacterias. Se dice que las formas de vida más abundantes en el planeta son las bacterias, pero no es cierto: en realidad son los fagos. ¡Se estima que hay en la Tierra unos 1031 bacteriófagos más que el resto de seres vivos juntos! Están por todas partes: en la tierra, en el agua, en nuestra piel. Y son los depredadores más letales y eficientes del planeta. Por suerte, su objetivo no somos nosotros.
Como todos los virus, están formados por un trozo de código genético protegido por una cápsula de proteínas. Esta cápsula en los fagos tiene una forma muy peculiar: se compone de una cabeza con forma de icosaedro de la que sale una especie de cola con pequeñas patas al final. Se parecen de manera impresionante a marcianitos malvados salidos de alguna película de ciencia ficción vintage o de un videojuego estilo Space Invaders. Y, como naves espaciales marcianas, aterrizan en la superficie de las bacterias y se enganchan a ella. A través de la cola, que funciona como una jeringa, inyectan dentro de la célula bacteriana su ADN, y este último toma control de la maquinaria de replicación celular, convirtiéndola en una fábrica de virus. Al final, llena de virus, la bacteria explota liberando una nueva generación de fagos listos para encontrar nuevas víctimas. Los fagos son la versión microbiana de Alien.

La terapia fágica es sencilla: se inoculan los virus vivos en el paciente, en la zona del cuerpo donde está la infección bacteriana (en algunos casos también por vía oral), y se les deja hacer su trabajo. Esta idea podría dar cierto miedo, pero no hay ningún peligro de que los bacteriófagos puedan atacar nuestras células, porque son demasiado diferentes a las de las bacterias. Además, y esta es una ventaja respeto a los antibióticos, los fagos son muy específicos: una especie de fago solo ataca a una o pocas especies de bacterias, así que no hay peligro de que pueda dañar también las bacterias beneficiosas de nuestro organismo (las que componen nuestra flora intestinal, por ejemplo). Si comparamos los dos tratamientos, los antibióticos son bombas atómicas que causan un montón de daños colaterales, mientras que los fagos son misiles teleguiados de alta precisión.

Estos microbios no son nuevos para la ciencia. Ya en 1917, el microbiólogo Felix D'Herelle había descubierto que las bacterias tenían sus propios virus. Durante algunos años, los bacteriófagos (cuyo nombre significa «comedores de bacterias») se consideraron un terreno de investigación prometedor y se empezaron estudios sobre ellos en varios países. Pero luego, en 1928, Alexander Fleming descubrió el primer antibiótico, la penicilina. Los antibióticos eran baratos y fáciles de producir, y tremendamente eficaces, así que pronto la terapia con fagos quedó olvidada... aunque no del todo: en algunos países de la ex unión soviética, como Georgia y Polonia, se siguió trabajando con ella, usándola para intentar curar infecciones que los antibióticos no podían tratar.

La Guerra Fría hizo que fuera difícil o imposible la comunicación científica y médica entre los dos bloques. Los trabajos científicos publicados en el bloque soviético no se tradujeron al inglés, así que en Occidente nadie supo nada de terapia fágica por muchas décadas. Pero ahora, a causa de la creciente amenaza de las superbacterias, los fagos están viviendo un nuevo momento de gloria en los laboratorios de todo el mundo. Recientemente, también la Armada estadounidense decidió reclutar a estos pequeños aliados en sus filas, incluyendo la investigación sobre fagos en los programas de su departamento científico.

Pese a todo, la terapia de fagos es todavía muy experimental. En los países exsoviéticos, donde más se ha usado, a menudo parece funcionar, pero faltan ensayos clínicos adecuadamente controlados que permitan validar los resultados. En España, y en general en Occidente, todavía está prohibido usar fagos en ensayos clínicos, pero en los últimos años han habido algunas excepciones. Un caso espectacular fue sin duda el de Tom Patterson, el primer hombre en Estados Unidos en curarse de una infección por superbacterias gracias a esta terapia, que fue autorizada de forma excepcional por la Food and Drug Administration. Patterson, infectado por la terrible Acinetobacter baumannii durante un viaje a Egipto, estaba a punto de morir. Su mujer Steffanie, epidemióloga, empezó a pedir ayuda a los laboratorios que estudiaban fagos en todo el mundo hasta encontrar un cóctel de varias especies de fagos capaces de atacar a la cepa de bacteria que infectaba al marido. Funcionó. Los fagos destrozaron a la superbacteria, y Tom Patterson se salvó en el último minuto. Pero para un caso de éxito como este, hay muchos más que todavía fallan. Tendrá que pasar bastante tiempo antes de que la terapia fágica esté disponible y segura para todo el mundo. Todavía hay que estudiar mucho a los fagos, también para excluir posibles efectos colaterales. Una ayuda en este sentido podría venir de la biotecnología. En varios laboratorios ya se está usando la ingeniería genética para modificar estos virus y hacerlos más seguros y eficientes.

También la gran especificidad de los fagos se puede convertir en un problema si llega un paciente con una infección grave por superbacterias y no se tiene a mano el fago adecuado para tratarla. Por esta razón hay que crear grandes librerías de fagos de todo tipo en los laboratorios y hospitales, para tenerlos listos en caso de necesidad. Para poder crear estas colecciones de virus, los científicos están buscando nuevos fagos por todo el planeta, y en los lugares más diversos: ríos, lagos, océanos, fuentes hidrotermales, cuevas, heces de animales... y hasta dentro de nuestro cuerpo.

El virus que algún día nos salvará la vida podría estar más cerca de lo que creemos, quizás incluso delante de nuestra nariz. ¡Solo hay que encontrarlo!

 Fuente: https://principia.io/2020/06/11/bacteriofagos-los-virus-que-nos-salvan-la-vida.IjEyMDAi/

Más información: https://naukas.com/2012/04/06/un-as-en-la-manga-los-fagos-de-tiflis/

martes, 17 de diciembre de 2019

Misión Juno: descubriendo los secretos de Júpiter

https://www.meneame.net/story/mision-juno-descubriendo-secretos-jupiter
 La sonda Juno nos está enseñando un Júpiter totalmente nuevo. Desde que llegó a Júpiter en julio de 2016, esta misión de la NASA nos ha mostrado que, en realidad, no teníamos ni idea de cómo era el mayor planeta del sistema solar. Juno no pudo situarse en su órbita prevista, que debía tener un periodo de 14 días, por problemas con su motor principal y se quedó varada en la órbita intermedia, con un periodo de 53 días y medio. Aunque en un principio este contratiempo amenazó con mermar seriamente el retorno científico del proyecto, el equipo de Juno ha logrado planificar nuevamente la misión para sacar el máximo partido de la situación actual.

La Gran Mancha Roja vista el 12 de febrero de 2019 por JunoCam (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS procesado por Kevin M. Gill).
Uno de los inconvenientes de esta órbita es que la sonda debía pasar por la sombra de Júpiter el 3 de noviembre de este año. Juno es la primera sonda dotada de paneles solares que estudia Júpiter y atravesar la sombra del gigante joviano hubiera supuesto sufrir un eclipse con una duración de doce horas, demasiado tiempo para las baterías de la nave. Así que se decidió evitar el paso por la sombra mediante el encendido de los motores secundarios —recordemos que el principal está inutilizado—, un proceso que requirió múltiples igniciones en el transcurso de diez horas porque los propulsores debían encenderse brevemente en el momento adecuado mientras la nave giraba sobre su eje (en la órbita científica final Juno también habría experimentado eclipses, pero más breves y por tanto, más sencillos de evitar).

El eclipse del 3 de noviembre se logró evitar usando los propulsores secundarios de la sonda (NASA).
 El principal objetivo de Juno es determinar cómo es el interior de Júpiter. El gigante joviano tiene más masa que el resto de planetas del sistema solar juntos y conocer su formación es necesario para averiguar cómo se formó el sistema solar. Antes de Juno, existían dos modelos principales para explicar el interior de Júpiter. El clásico consistía en una estructura en capas, con un núcleo rocoso en el centro, mientras que modelos más recientes sugerían que Júpiter podría no tener núcleo. El primer modelo implica que Júpiter se formó por acreción de planetesimales de forma lenta, mientras que el segundo apunta a una formación por colapso gravitatorio muy rápida (pocos millones de años). Es decir, de ser cierto el segundo Júpiter se habría formado de forma más parecida a una estrella que a un planeta rocoso. Pues bien, salgamos de dudas. ¿Cuál de los dos es el correcto según Juno? Pues, sorpresa, sorpresa, ninguno de los dos. Las medidas gravitatorias de Juno han permitido conprobar que Júpiter tiene un «núcleo borroso» que no se ajusta a los modelos previos. No sabemos cómo se ha creado esta extraña disposición, pero una de las hipótesis es que Júpiter sufrió el choque de un protoplaneta de al menos diez masas terrestres poco después de su formación, «borrando» la estructura primigenia que pudiese tener.

A la izquierda, el modelo tradicional del interior de Júpiter. A la derecha, el modelo actual basado en los datos de Juno: Júpiter tiene un «núcleo borroso» (NASA/JPL-Caltech).
Hipótesis de la colisión de Júpiter con un protoplaneta para explicar la existencia de un núcleo borroso y difuminado (NASA/JPL-Caltech).
 Mientras los investigadores intentan aclarar el misterio del interior de Júpiter, la otra gran fuente de sorpresas está siendo el instrumento italiano JIRAM, que es capaz de observar la radiación de microondas que emite el planeta y, por tanto, nos permite ver a través de las distintas capas nubosas que constituyen la «superficie» visible de Júpiter hasta unos 70 kilómetros de profundidad. A diferencia de las anteriores misiones espaciales, Juno ha podido observar claramente los polos jovianos. La sorpresa ha sido comprobar que el polo sur de Júpiter está dominado por una estructura pentagonal de cinco ciclones que rodean a un ciclón central. Esta estructura contrastaba con el famoso hexágono del polo norte de Saturno, hasta que, hace menos de un mes, una de las tormentas ciclónicas se sumó al pentágono y ahora tenemos, efectivamente, un hexágono de ciclones. Los modelos numéricos han logrado emular la formación de estas curiosas estructuras, pero todavía no sabemos muy bien por qué se han creado en primer lugar o por qué Saturno carece de estructuras ciclónicas tan grandes en los polos.

El pentágono del polo sur de Júpiter visto por JIRAM. Vemos la estructura nubosa del planeta a gran profundidad. Las zonas amarillas corresponden a nubes calientes de hidrogenosulfuro de amonio. Las zonas oscuras son nubes frías de amoniaco situadas encima de estas (NASA/JPL-Caltech/SwRI/ASI/INAF/JIRAM).
El recién formado hexágono del polo sur. La silueta de los EEUU y el estado de Texas se ha añadido para dar un sentido de escala (NASA/JPL-Caltech/SwRI/ASI/INAF/JIRAM).
El hexágono del polo sur visto en el visible en un mosaico de imágenes de JunoCam del 3 de noviembre de 2019 (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS).
 La cámara JunoCam, añadida a última hora para contentar a la opinión pública, se ha revelado como un magnífico instrumento científico que permite complementar las medidas de JIRAM en el visible. JunoCam ha permitido captar además la compleja estructura tridimensional de las tres capas superiores de nubes (una capa superior de nubes blancas de amoniaco, otra intermedia de nubes marrones de hidrogenosulfuro de amonio y una inferior de nubes de agua). Las imágenes de la atmósfera en la que se aprecian todo tipo de turbulencias y hasta nubes individuales son simplemente alucinantes.

Un grupo de —posiblemente— nubes altas de amoniaco se eleva sobre el resto de capas nubosas en una imagen del 29 de mayo de 2019 (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS procesado por Kevin M. Gill).
  Otro de los grandes descubrimientos de Juno ha sido confirmar que la atmósfera de Júpiter no es en absoluto homogénea. Uno de los paradigmas de los primeros modelos de Júpiter era que la composición de la atmósfera debía ser igual en todo el planeta por debajo de la capa situada a dos bares de presión. Pero no es así. Casi todas las estructuras superficiales que vemos, empezando por los famosos cinturones y zonas de Júpiter, hunden sus raíces a miles de kilómetros de la superficie —en Júpiter, donde no hay superficie sólida, se toma como referencia para medir la altura el nivel situado a una atmósfera de presión—. La Gran Mancha Roja es una estructura profunda que llega hasta los 300 bares de presión. Este hecho en sí mismo quizás no es sorprendente —aunque hasta hace unos pocos años había modelos que sugerían que se trataba de una estructura poco profunda— teniendo en cuenta el tamaño y duración de esta enorme zona de altas presiones, pero otros ciclones y anticiclones más pequeños también se llegan a profundidades similares. ¿Por qué? No lo sabemos.
 Juno ha medido la cantidad de agua presente en la atmósfera joviana y ha comprobado que es seis veces superior a la media solar. Este resultado contradice el obtenido por la sonda atmosférica de la misión Galileo, que encontró Júpiter más «seco» de lo esperado. Actualmente sabemos que la sonda de galileo se introdujo en una zona poco representativa del planeta. Los resultados de Juno concuerdan con los modelos que sugieren una formación del planeta más cerca del Sol, aunque todavía hay que ver cómo encajan muchos otros resultados.

Un remolino de la atmósfera captado el 3 de noviembre (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS
procesado por Gerald Eichstädt/Seán Doran).
Distintas estructuras formadas por ondas en las capas superiores de nubes de Júpiter (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS).

La ‘Mancha Blanca Z’ en una imagen del 21 de julio (NASA/JPL-Caltech/SwRI/MSSS procesado por Björn Jónsson).
El tenue anillo de Júpiter visto desde dentro (NASA/JPL-Caltech/SwRI).
La magnetosfera de Júpiter no es un dipolo perfecto y presenta numerosas irregularidades (NASA/JPL-Caltech).
Compleja estructura de las auroras jovianas (NASA/JPL-Caltech/SwRI).
La compleja estructura en la aurora que deja la influencia de Ío en el campo magnético joviano (NASA/JPL-Caltech/SwRI).

 El campo magnético también ha sido otra sorpresa. Lejos de ser un dipolo casi perfecto como se esperaba, la magnetosfera joviana, la más grande e intensa del sistema solar, muestra zonas que se desvían claramente del dipolo, como la apodada como la Gran Mancha Azul, una zona cerca del ecuador con polaridad negativa (obviamente, carece de color y no tiene ninguna conexión, que sepamos, con la Gran Mancha Roja). Del mismo modo, las auroras jovianas se forman mediante mecanismos diferentes a las terrestres que todavía no se comprenden del todo.

Estructura interna de Júpiter a unos 50º de latitud. En amarillo las zonas con mayor concentración de amoniaco. La atmósfera joviana es de todo menos homogénea (NASA/JPL-Caltech/SwRI)
Las zonas y bandas visibles se extienden a una enorme profundidad (NASA/JPL-Caltech/SwRI/JIRAM)

Aunque Juno no fue diseñada para estudiar los satélites de Júpiter, el instrumento JIRAM ha obtenido imágenes de las zonas calientes de los satélites galileanos, destacando las imágenes de Ío en la que se aprecian numerosos volcanes. De hecho, el equipo de Juno se está planteando cambiar la órbita de la sonda en la misión extendida para tener mejores observaciones de los satélites. En 2021 termina la misión primaria de Juno y, si todo sale bien, seguirá funcionando durante muchos años más —aunque cada paso por el perijovio supone recibir una dosis de radiación muy intensa que va degradando poco a poco la electrónica de la nave—, así que, casi con toda seguridad, la NASA aprobará una misión extendida para poder seguir desentrañando los misterios del mayor planeta del sistema solar.

Los volcanes de Ío vistos por JIRAM (NASA/JPL-Caltech/SwRI/JIRAM).
Otros satélites galileanos vistos por JIRAM (NASA/JPL-Caltech/SwRI).
 
Fuente: https://danielmarin.naukas.com/2019/12/16/mision-juno-descubriendo-los-secretos-de-jupiter/

miércoles, 8 de mayo de 2019

Bebedores de sangre, sopladores de vaginas y mordedores de testículos: Prácticas ganaderas extremas

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Renos en Laponia
Los animales aportan mucho a nuestra sociedad, los productos que obtenemos de ellos la hacen más rica. Estamos acostumbrados a encontrar carne, leche, huevos en el supermercado con total facilidad. Vestimos prendas hechas de cuero o lana sin advertir que obtener fruto del ganado ha resultado ser una tarea ardua en el pasado y sigue siéndolo hoy en no pocas regiones.

Las frías tierras de Laponia suelen ser percibidas desde aquí con un punto de nostalgia e incluso de envidia. Los paisajes helados, de prístina pureza, resultan conmovedores y parecen querer retrotraernos a tiempos pretéritos en los, algunos creen, el hombre vivía en comunión perfecta con la naturaleza. Sin embargo; vivir cerca del polo norte supone asumir muchos inconvenientes, entre ellos, las dificultades para llevarse un plato caliente a la boca, cada día, con el que cubrir las necesidades calóricas y proteicas en un clima tan hostil.


La dieta tradicional sami es mayoritariamente de origen animal. La dificultad de producir o encontrar verduras y frutos durante el largo invierno condujo a la domesticación de los renos que, adaptados al terreno, son capaces de escarbar en la nieve y nutrirse de los pocos hierbajos o líquenes que serán la base de su alimentación y que transformarán en proteína de alta calidad para que los pobladores locales puedan sobrevivir. Domesticado en la edad de hierro, su carne y piel siguen siendo muy populares en toda Escandinavia.

Criar animales, y más en un ambiente tan duro, presenta no pocas dificultades. Aunque domésticos, los renos no se crecen en granjas sino que son trashumantes, es decir, migran por la tundra en busca de comida. Manejar los rebaños no resulta sencillo. Entre las muchas dificultades que deben superar los pastores no es menor la de controlar a los machos cuando están en celo. Al llegar la época reproductiva, las peleas son frecuentes y hacerse con el rebaño resulta muy difícil. Lo más preocupante de las continuas riñas entre los astados es que tanto machos como hembras pierdan peso y cada kilo de carne perdida en la heladora tundra es un riesgo para la supervivencia de los pastores y sus familias.

Para atenuar las consecuencias de la pasión primaveral, los samis tienen un método, que, si bien nos resulta chocante, ha sido utilizado hasta épocas no muy remotas para sobrellevar esta época de conflictos: una semi-castración a base de mordiscos conocida localmente con el nombre de “gaskit”.

El procedimiento –véase vídeo- consiste en atar al macho para, una vez inmovilizado, uno de los pastores se aplique a morderle los testículos con el objetivo de disminuir su vigor masculino sin eliminar totalmente la producción hormonal de la gónada. No hay incisión de la bolsa escrotal ni se extirpa la glándula. El mordisco y masticado parcial la hacen parcialmente disfuncional.

La práctica debe de ser eficaz puesto que se ha usado durante milenios. Posiblemente los bocados, dados con precisión en los vasos que irrigan los órganos, disminuyan el aporte sanguíneo con la consiguiente disminución de testosterona en sangre o bien sea la propia glándula la que se daña, sintetizando así menos hormonas, o quizá sea al propio dolor el que atenúa el deseo sexual.

Sea como fuere, se consigue de este modo que el macho deje de mostrar interés por las hembras, pero la síntesis de cierta cantidad de hormonas –recordemos que los testículos no han sido extirpados- permite que el animal engorde y gane peso a la vez que conserva la energía necesaria para hacer largas marchas en la tundra. Esto último no sería posible con una castración total.

Por otra parte, al evitarse la apertura de la bolsa escrotal, el riesgo de infecciones se minimiza también. Se pueden, por tanto, conseguir varios objetivos de forma simultánea:
  • Control del comportamiento y de las agresiones debidas al celo
  • Que los machos por estar menos inquietos, y las hembras al no ser molestadas, sigan aumentando de peso, con lo que no sólo se obtendrá más carne, sino que los animales, al tener una masa mayor, serán más eficaces para el tiro del trineo y escarbarán con mayor facilidad en el frío hielo para acceder a los líquenes que constituyen la base de su dieta
  • Se evitan infecciones ya que no hay una práctica quirúrgica que suponga la apertura de la piel.
¿Por qué los samis utilizan la dentadura y no pinzas, tenazas o instrumento similar?, imagino que al fin y al cabo esta práctica se convirtió en algo cultural, arraigado al modo de vida, en la que una herramienta física, quizá difícil de obtener en tiempos pretéritos, hubiese supuesto más una limitación que una ventaja.

A día de hoy, la ley noruega de bienestar animal prohíbe el “gaskit” y ordena que la castración, si necesaria, sea practicada por un veterinario y con una anestesia adecuada.

Algún estudio apunta que los animales a los que se les aplica la técnica del “gastkit” se comportan de manera diferente a aquellos sometidos a otros métodos de castración, por lo que, hay voces que demandan el retorno a la técnica tradicional.

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Pintura rupestre sita en Argelia en la que se observa la práctica del soplado vaginal en una vaca.
 Imagino que, este manejo es una reliquia del pasado, aunque quién sabe lo que ocurre en las frías y oscuras tierras laponas. No creo que haya muchos inspectores en aquellas latitudes.

Dejamos el gélido norte y trasladémonos al África tropical, aquí hallamos otra costumbre ciertamente llamativa. Pero antes de adentrarnos en más detalles debemos hacer un brevísimo recordatorio sobre la fisiología de las vacas:
Las vacas, como todos los mamíferos, dan leche cuando tienen una cría. La producción láctea comienza poco antes del parto, de tal suerte que el ternero pueda tener alimento cuando nazca. En las razas vacunas primitivas esto sigue siendo así, por ello, cuando un ternero muere la vaca se seca. Pero la leche que deja de dar puede que sea imprescindible para la alimentación de una familia así que hay que estimular como sea a la glándula mamaria para seguir obteniendo este rico y completo alimento.

Para ello se utilizan dos métodos: por una parte, se puede optar por presentar a la vaca con la piel de un ternero relleno con trapos o paja de tal modo que la vaca se sienta estimulada por la presencia de un ternero falso o bien practicar lo que se conoce como phooka y que no es otra cosa que soplar fuertemente en el interior de la vagina del animal para, supuestamente, reiniciar la producción láctea, tal y como puede verse en este vídeo

 
Esta práctica no está restringida sólo a África, de hecho, estuvo presente en prácticamente todo el mundo: está documentada en Irlanda, en el S. XVI e incluso hay menciones de la misma en el Pirineo en 1939, además de ser común en todo el continente asiático. De hecho, Gandhi dejó de tomar leche al conocer esta práctica que, hoy en día, está prohibida por la legislación india (no olvidemos que allí las vacas son sagradas).

Aunque he intentado encontrar una explicación fisiológica que relacione esta costumbre con un aumento de la producción, no he sido capaz de encontrar nada en absoluto, así que invito a algún lector a que lo haga si tiene la información. Y resulta llamativo que se haya practicado durante milenios –algunas pinturas rupestres así lo atestiguan- y se siga practicando, cuando nada indica que sea efectiva.

Visitemos para terminar, la frontera entre Kenya y Tanzania, allí tienen sus tierras los guerreros maasai, un pueblo de pastores nómadas cuya alimentación se basa fundamentalmente en la leche, la carne y la sangre del ganado bovino que crían. Para esta etnia, las vacas son sagradas así que no consumen su carne salvo en ocasiones muy contadas. Sin embargo; ingieren con fruición, a diario, su leche y su sangre –muchas veces combinadas- Tanto es así que la dieta maasai ha llamado la atención de muchos expertos en nutrición pues, si bien se compone en su práctica totalidad de sangre, leche y carne de tanto en tanto, los maasai gozan de una envidiable salud cardíaca.

No es casual que esta tribu evite sacrificar vacas en la medida de lo posible puesto que, más allá de sus creencias, la leche y la sangre pueden obtenerse mientras el ganado está vivo y se desplaza en busca de los mejores pastos. Mucho más práctico que transportar piezas carne, con el coste de energía que supone y que se estropea rápidamente, resulta que sean los propios animales los que se desplacen mientras los maasai pueden obtener de ellos alimento sin sacrificarlos. No sólo eso, la posesión de reses tiene un fuerte componente social ya que es un referente de status y prestigio en la comunidad.

El proceso de sangrado, como puede verse en el vídeo adjunto, se practica mediante la sujeción del animal y el insertado de la punta de una flecha. El objetivo es extraer una cantidad de sangre que no sea excesiva porque interesa que el animal siga fuerte para que siga dando leche y que se le pueda tomar más sangre en el futuro.


 Ya ven pues los lectores que hayan llegado hasta aquí que obtener alimento de los animales es complejo, incluso hoy, en algunas áreas menos favorecidas que la nuestra. Algunas prácticas extremas, como las aquí descritas, resultan imprescindibles para algo tan importante como comer cada día.

Fuente: https://naukas.com/2019/05/08/bebedores-de-sangre-sopladores-de-vaginas-y-mordedores-de-testiculos-practicas-ganaderas-extremas/

miércoles, 10 de abril de 2019

La primera imagen de un agujero negro

Hasta ahora los habíamos detectado de forma indirecta en varias longitudes de onda del espectro electromagnético. Incluso hemos llegado a detectarlos a través de las ondas gravitacionales que se producen cuando dos de ellos se fusionan. Pero nunca habíamos visto uno directamente. Hasta hoy. El 10 de abril de 2019 pasará a la historia como el día en el que la humanidad contempló un agujero negro por primera vez. El proyecto EHT (Event Horizon Telescope) ha revelado la primera imagen del agujero negro supermasivo del centro de la galaxia M87. Y no es cualquier agujero negro. Es, ni más ni menos, el más masivo que se conoce. Contempla a la bestia en todo su esplendor:

https://danielmarin.naukas.com/files/2019/04/D3y4aS4W0AYvVgZ.jpg
El agujero negro de M87 (Event Horizon Telescope).
La imagen por sí sola no es especialmente impactante, hasta que uno comprende que estamos contemplando un monstruo de 6500 millones de masas solares (!) situado en el centro de una galaxia elíptica gigante a 55 millones de años luz. Es un agujero negro tan grande que dentro de él cabrían todos los planetas del sistema solar. A-lu-ci-nan-te. Maravilloso, por supuesto, ¿pero qué estamos contemplando exactamente? Sin una escala de referencia es difícil hacerse una idea de las dimensiones del objeto. Tampoco ayuda que en nuestra experiencia cotidiana no nos topemos con agujeros negros ni con los efectos extremos de la distorsión del espacio-tiempo descritos por las ecuaciones de la relatividad general de Einstein. Lo primero que debemos tener en cuenta es que no se trata de una imagen en luz visible. Eso es simplemente imposible porque no disponemos de telescopios ópticos con la resolución suficiente para ver un objeto tan pequeño a tanta distancia.

Red VLBI de radiotelescopios usada en el proyecto (Event Horizon Telescope).

La imagen ha sido obtenida por una red de radiotelescopios repartidos por el mundo usando la técnica de interferometría de muy larga base (VLBI) de tal forma que se consigue crear un radiotelescopio con un tamaño equivalente al del planeta Tierra capaz de alcanzar la increíble resolución de 20 millonésimas de segundo de arco. En las semanas previas al descubrimiento se ha generado un debate, en mi opinión un tanto absurdo, sobre si se trata de una imagen «real» o no. Si por «real» entendemos «en luz visible», obviamente no lo es. No estamos viendo el agujero negro de M87 como vieron a Gargantúa los protagonistas de la película Interstellar, sino en la longitud de onda de 1,3 milímetros (228 GHz), o sea, en longitudes de onda de radio. Pero hoy en día estamos acostumbrados a contemplar imágenes de objetos astronómicos tomadas en otras regiones del espectro de forma rutinaria y nadie piensa que se trata de imágenes «irreales». Sí, para obtener esta imagen de M87 se han tenido que calibrar y procesar cuidadosamente los ingentes datos obtenidos por distintos radiotelescopios, pero no por ello es una imagen «inventada». Cualquier imagen obtenida en rayos X o infrarrojo lejano —o, ya que estamos, incluso en el visible— también requiere de un procesado intenso.

Polémicas estériles aparte, la imagen de M87*, como se denomina al agujero negro (se lee «M87 estrella»), se ha obtenido combinando las observaciones realizadas los días 5, 6, 10 y 11 de abril de 2017 por los ocho radiotelescopios de la participación EHT —nacida en 2014, como la película Interstellar (¿casualidad?, no lo creo)—, entre los que se encuentra la antena del treinta metros del IRAM (Institut de RadioAstronomie Millimétrique) situada en el Pico Veleta (España). La época del año para la observación fue elegida de tal forma que hubiese buen tiempo en todos los observatorios. Además de M87*, también se observó Sagitario A*, o sea, el agujero negro del centro de nuestra Galaxia, de tan «solo» cuatro millones de masas solares. El procesado de la enorme cantidad de datos ha tenido lugar en el Instituto Max Planck Institute de Radioastronomía de Alemania y en el observatorio Haystack del MIT (Massachusetts Institute of Technology) de EEUU.

La imagen obtenida es consistente con lo que predecían los modelos basados en la relatividad general. Por lo tanto, una vez más la teoría de Einstein sale reforzada de la enésima prueba a la que ha sido sometida. Los que esperaban encontrar indicios de nueva física tendrán que esperar a otra oportunidad. No obstante, en base a esta imagen no se pueden descartar otros modelos modificados de la gravedad que permiten objetos muy compactos que no son exactamente agujeros negros. En ese sentido, la detección de ondas gravitacionales es una prueba mucho más contundente de la validez de la relatividad general que esta imagen.

M87* observado en cuatro días diferentes (Event Horizon Telescope).
 Pero volvamos a la imagen, ¿qué es exactamente lo que vemos? Está claro que el agujero negro es el círculo negro dentro del anillo de luz (o, mejor, dicho, de emisión sincrotrón en radio). Un agujero negro es, por naturaleza, totalmente oscuro, pero tiene un límite bien definido: el famoso horizonte de sucesos. Este horizonte —que no es una frontera sólida, pero sí es un límite unidireccional (solo se puede entrar, pero no salir)— es proporcional a la masa del agujero negro y su tamaño se conoce como radio de Schwarzschild, ya que es una solución a la métrica del mismo nombre. Esta métrica solo es válida para los agujeros estacionarios y sin carga eléctrica, pero si el agujero negro rota y tiene carga debemos usar la métrica de Kerr-Newman. Puesto que los agujeros negros reales como M87* giran sobre su eje, pero no pueden tener una carga eléctrica muy intensa (la materia que cae en ellos es principalmente neutra), la métrica de Kerr basta para describir el agujero negro de M87 a 55 millones de años luz.

Partes de un agujero negro supermasivo (ESO).
  Por lo tanto, uno podría pensar que el círculo negro se corresponde con el horizonte de sucesos y el anillo brillante con el disco de acreción de materia alrededor del mismo. Pero, como siempre que hablamos de relatividad general, la realidad es un poco más compleja. Primero, hay que tener en cuenta que el radio del círculo negro es realmente 2,6 veces el del horizonte de sucesos, ya que el agujero negro distorsiona el espacio-tiempo a su alrededor y la luz se curva creando este efecto. Por eso se puede decir de forma más correcta que estamos ante la «sombra del agujero negro», un efecto predicho por James Bardeen en 1973. Además, el borde interior del disco de acreción no está en contacto con el agujero negro, ya que la relatividad general impide la presencia de órbitas estables a una distancia inferior a tres radios del horizonte de sucesos. Este borde interior se denomina órbita interna estable (ISCO) y a esta distancia es casi indistinguible de la «sombra» del agujero negro predicha por Aberdeen.

Recreación del camino que sigue la luz (geodésicas) alrededor de un agujero negro, lo que explica el tamaño de su «sombra»  (Nicolle R. Fuller/NSF).
 Viendo la imagen da la impresión de que estamos viendo el disco de acreción en dirección perpendicular a la línea de visión, pero no es necesariamente así. La distorsión del espacio-tiempo alrededor del agujero negro es tan intensa que podemos ver toda la superficie del disco, en ambas caras, independientemente de la inclinación del mismo, un efecto que aparece magníficamente representado —aunque de forma simplificada— en Interstellar. Igualmente, la diferencia de brillo en el disco de acreción se explica por la relatividad general, que predice este efecto siempre que la materia esté girando rápidamente alrededor del agujero negro, como parece ser el caso. Analizando la imagen los investigadores han concluido además que M87* gira en sentido horario visto desde la Tierra.

Simulación de cómo se vería el disco de acreción de un agujero negro de cerca creada para la película Interstellar (Warner).
 La obtención de la primera imagen de un agujero negro es un hecho histórico y de una enorme relevancia científica, aunque no sea un suceso tan importante como el descubrimiento de ondas gravitacionales. Los próximos pasos de la iniciativa EHT son, a corto plazo, estudiar la variabilidad del disco de acreción de M87* y su relación con los potentísimos chorros que salen del mismo. A más largo plazo, el objetivo es producir una imagen semejante del agujero negro de la Vía Láctea, Sagitario A*. Aunque pueda parecer contraintuitivo, obtener una imagen de nuestro agujero negro es más difícil pese a estar mucho más cerca, principalmente debido a que, al ser más pequeño, la materia del disco de acreción se mueve mucho más rápido, complicando sobremanera la reducción de datos.

Fuente: https://danielmarin.naukas.com/2019/04/10/la-primera-imagen-de-un-agujero-negro/

sábado, 9 de febrero de 2019

El dios de las pequeñas rendijas

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Ninguna multinacional tiene tantas sucursales, ninguna empresa engloba tanto personal a su cargo y ningún holding ha podido sacar al mercado un producto más rentable. Jamás ha existido un negocio tan beneficioso y duradero a pesar de haber demostrado con el paso del tiempo estar tan radicalmente equivocado en sus afirmaciones. Es el sueño dorado de cualquier empresario: crecer sin límite sin que ninguno de tus errores detenga tu prosperidad.

El trascurrir de los siglos, el avance del conocimiento o el descubrimiento de toda una pléyade de evidencias en su contra apenas han servido para arañar levemente el descompensado poder que aún ostenta la religión si tenemos en cuenta el total de ocasiones que ha errado en sus convicciones. Al parecer somos tremendamente comprensivos con los errores divinos mientras que cargamos de inmediato la bayoneta con los deslices humanos.

Y el truco de esta asombrosa longevidad y rentabilidad es simple, laborioso sí, pero simple… convencer al personal de que existen dos realidades: la terrenal y la celestial. Lo físico y lo metafísico. El conocimiento humano, racional, deductivo, científico de todo lo que te rodea, y los misteriosos e insondables caminos del Señor. Mi reino no es de este mundo, decía la segunda de las tres partes unitarias del mayor pleonasmo inventado por el hombre.

Un ímprobo y continuado trabajo que, llevado a cabo durante algunos milenios, nos presenta un cosmos roto, quebrado, partido en dos, en el que una mitad es observable, tangible, medible y finalmente comprensible, mientras que la otra mitad, revelada desde un trono superior, tan solo existe mediante el esforzado empeño de creer en ella.

A esta tozudez en ignorar las evidencias, a ese costoso empecinamiento en olvidar la realidad, a esa tenaz obstinación en pasar por alto el conjunto de conocimientos, experiencias y datos del mundo real, es a lo que algunos ensalzan y llaman fe. Un empeño que en ocasiones roza la cabezonería y que, inexplicablemente, se ha conseguido vestir de virtud… cuanto más olvidas lo abrumadoramente improbable que es esa realidad divina, más virtuoso eres.

Una herramienta poderosa capaz de convencer a tíos grandes como camiones de que le esperan ríos de leche y miel a su llegada al paraíso. Una venda en los ojos que te invita a obviar esos pequeños inconvenientes que presenta lo que algunos llamamos realidad, con la promesa de grandes intereses en “preferentes” a cobrar cuando llegues al cielo.

No seré yo quien juzgue a cada cual su capacidad de endeudarse en esta vida para cobrar los réditos de su rendición terrenal en una más que improbable secuela rodeado de nubes blancas cual queso philadelphia y querubines de hermosos carrillos tocando arpas. Allá cada cual con sus creencias irracionales y su derecho a dirigir su vida personal de acuerdo con las rancias normas de unos pastores nómadas de hace tres milenios.

Sin embargo, el lio se monta cuando una religión no sólo se contenta con invitarte a ignorar el mundo real sino que, dando un paso al frente, se presenta voluntaria para explicártelo.

Es aquí cuando aparecen absurdos elefantes sosteniendo mundos planos sobre infinitas tortugas, jerarquías de ángeles y arcángeles luchando con espadas de fuego, hombres creados con barro y mujeres sacadas de costillas ajenas.

Una sabiduría divina que, revelada mediante ciencia infusa, desciende del Olimpo para explicar y ordenar el mundo humano pero que, a poco que se piense, descansa sobre unas bases realmente endebles. Tras adjetivos tan sonoros como ubicuo, omnisciente, omnipotente, se esconde un gigante con pies de barro. Un débil equilibrio de naipes que se viene abajo, no ya con un simple soplido, sino a veces con una sola mirada.

Castillos que se derrumban al mirarlos.
Una mirada curiosa, para muchos impertinentemente curiosa. Una mirada reflexiva y crítica hacia lo que nos rodea. Una mirada como la de James Hutton, el geólogo que derrumbó el milenario mito de la creación solamente observando unas piedras.

Dejar la mente despierta, paciencia y algunas llagas en el culo, producidas por la silla de montar tras muchos kilómetros a caballo desde su granja hasta Siccar Point, fue lo único que el escocés necesitó para desmontar las verdades reveladas del libro sagrado.

No es muy difícil derribar este castillo divino. No requiere tener una mente privilegiada, no hace falta ser experto en física cuántica, ni siquiera es obligatorio saber mucho sobre ciencia. Tan sólo es necesaria la voluntad de hacerse preguntas, algo intrínsecamente contrario a lo que significa la fe.
Algo tan sencillo y a la vez tan imposible para muchos que, a pesar de ver caer tanta arquitectura construida en el aire, se obstinan en seguir haciendo suyas las palabras que el Papa León XIII anunciaba a los cuatro vientos en 1893:
Todos estos libros que la Iglesia considera sagrados y canónicos fueron escritos con la inspiración del Espíritu Santo. Y no admitimos la existencia de errores en ellos porque la inspiración divina excluye por sí misma todo error, además de ser cuestión necesaria pues Dios es la Verdad Suprema y es incapaz de enseñar error alguno.
Esta aplastante seguridad con la que se mostraba la Iglesia a finales del siglo XIX no era más que la respuesta a un enemigo desconocido para ellos y que a estas alturas ya era casi imparable: los movimientos científicos, materialistas y racionalistas que habían surgido dos siglos antes con naturalistas como Lamarck, Darwin, Wallace o Linneo; una amenaza que posteriormente se vio aumentada con el nacimiento de figuras claramente enfrentadas a sus postulados más generales como Holbach, Diderot, de La Mettrie o Laplace, y finalmente empeorada con personajes directamente atacantes como Feuerbach, Engels, Nietzche o Marx.

El camino iniciado por los naturalistas se enfrentaba (muchas veces sin querer, como en el caso de Darwin) a los férreos dogmas de la religión, y en estos momentos las altas esferas eclesiales se encontraban con un adversario con el que no contaban: la realidad desvelada desde un incipiente método científico.

Hasta este momento la Iglesia había tenido numerosos enemigos. Herejías que no aceptaban su camino pero que no invalidaban la acción de dios en el mundo. Representaban solamente divergencias puntuales a las que en la mayoría de los casos se podía hacer frente con los métodos medievales que tan buenos resultados habían ofrecido desde 1184.

Pero esto era diferente. El nuevo enemigo no buscaba la escisión como lo hicieron antaño arrianos, albigenses, luteranos, jansenistas, pelagianistas y un largo y herético etcétera; ahora se enfrentaban al mundo real, un mundo nuevo y contrario a lo escrito en las ya desgastadas y milenarias hojas sagradas… un mundo heliocéntrico por obra y gracia de Copérnico, observable a través del telescopio por el que se atrevió a mirar por primera vez Galileo, antigüo mediante la formación geológica de Hutton, cambiante y en constante evolución por los viajes de Wallace y Darwin.

Las cómodas respuestas a las grandes incógnitas del hombre, que descansaban hasta entonces en la siempre socorrida palabra de dios, comenzaban a tambalearse por culpa de corrientes de pensamientto que se alejaban de los insondables caminos divinos y comenzaban a encontrar soluciones basadas en algo peligroso: las teorías, los datos, la desnuda evidencia en forma de fósiles, de piedras, de números, de fórmulas y ecuaciones que se adecuaban a la realidad… la puñetera realidad.

La postura de la Iglesia tuvo que ser modificada… los tiempos de la inquisición habían pasado y lo de quemar herejes ya no estaba de moda. Ante el ataque de la ciencia, la lógica y la evidencia, el paso que se eligió fue el de excomulgar y reafirmar. Excomunión para el modernismo teológico y contundente afirmación de los principios divinos revelados en los sagrados textos.
Son tan sólidos los principios de la fe católica y tan en armonía con las exigencias de la lógica, que son más que suficientes para convencer al entendimiento más exigente y a la voluntad más rebelde y obstinada. (Encíclica Aeterni Patris)
Frente a la razón y el avance de las causas materiales del mundo, la Iglesia se mantuvo durante varios siglos en sus trece sin mover ni un ápice sus postulados a pesar de los nuevos descubrimientos y teorías científicas.

Una terquedad y estancamiento postular que se saldó con numerosos ridículos como el de aceptar que Galileo tenía razón en el sonrojante año 1982, y después de haber estado debatiéndolo desde 1979.
Para ir más allá de esta toma de posición del Concilio, deseo que teólogos, sabios e historiadores, animados de espíritu de colaboración sincera, examinar a fondo el caso de Galileo y, reconociendo lealmente los desaciertos vengan de 1a parte que vinieren, hagan desaparecer los recelos que aquel asunto todavía suscita en muchos espíritus contra la concordia provechosa entre ciencia y fe, entre Iglesia y mundo. Doy todo mi apoyo a esta tarea, que podrá hacer honor a la verdad de la fe y de la ciencia y abrir la puerta a futuras colaboraciones. Discurso de S.S. Juan Pablo II a la Pontificia Academia de las Ciencias (Octubre, 1979)
Sin embargo, estas tardías concesiones a la racionalidad y a la ciencia, no son más que parodias de sí mismas puesto que van seguidas de los mismos dogmas milenarios insertos en los escritos sagrados. No hay razonamiento posterior, se quedan en la superficie… decir (en 1982) que probablemente Galileo tenía razón, que se pasaron un pelín con el astrónomo de Pisa y que la Tierra parece que finalmente gira alrededor del Sol, nunca fue acompañado de una mirada crítica hacia otras posibles fallas en sus creencias.
Supongamos que pudiésemos revivir a un cristiano culto del siglo XIV. Demostraría ser un completo ignorante en todo lo que no fuesen asuntos de su fe. Todo lo que creyese saber de geografía, astronomía o medicina avergonzaría hasta a un niño, pero sabría a la perfección más o menos todo lo hoy se sigue afirmando de dios. Sam Harris (El fin de la fe)
La moderación religiosa de las últimas décadas no es más que una nueva estrategia, un nuevo paso defensivo ante la apisonadora en la que se ha convertido el avance del conocimiento humano.

Moderación, adaptación, reducción.
 Durante la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin en febrero de 2009 tuve la suerte de asistir a un ciclo de conferencias sobre el naturalista británico en la Biblioteca de la Junta en Granada. En una de estas charlas, perdón pero no recuerdo el su nombre, el conferenciante hizo una breve referencia a los creacionistas (en un sentido amplio de la palabra) diciendo que, irónicamente, es uno de los colectivos que más ha evolucionado en los últimos tiempos.

Siendo sinceros, mantener con la categórica firmeza de León XIII hace algo más de un siglo los postulados religiosos sobre el origen del universo, de la tierra o del hombre, se hace hoy más que imposible. La llegada del hombre a la Luna, los telescopios espaciales, las sondas orbitando Saturno, el diabólico invento de internet o la mecánica cuántica funcionando frente a tus narices en unos aparatitos mágicos propiedad de un nuevo aunque también santificado Job, convierten hoy en día en insostenibles las antiguas y trasnochadas afirmaciones mitológicas de las religiones.

Explicar el Universo con herramientas de la Edad de Piedra se ha convertido en un serio problema para los antaño sabios doctores de la Iglesia que se han visto vapuleados por esos incómodos señores de bata blanca que andan de aquí a allá colisionando partículas, desencriptando el código de nuestros genes, escrutando los primeros segundos del Universo… empeñados en la desagradable tarea de abrir la cripta misteriosa de las respuestas y fisgonear en las tripas del arbol del conocimiento… aquello que primero se nos prohibió.

Y ¿qué hacer ante esta avalancha? Cambiar de nuevo nuestras trincheras, hermano. La Iglesia vuelve a modificar sus planteamientos y la estrategia ahora es moderación, adaptación y reducción.
No se puede hacer mucho contra algo que funciona. Lo de curar enfermedades, desarrollar aparatos capaces de hacer volar a la gente, comunicarnos inalámbricamente desde los más recónditos lugares o construir cristales antibalas para proteger al Santo Padre, son cosas que, lo quieras o no, se han demostrado más efectivas que rezar seis padrenuestros… no hay otra solución que moderar las afirmaciones divinas, modular la palabra de dios, hacerla más suave y hacer hincapié en el lado espiritual… la batalla por el mundo real está perdida, aprovechemos los milenios de experiencia y buen trabajo realizado y vendamos la otra parte del cosmos que durante todo este tiempo hemos inventado.

Moderación. Ya casi nadie puede creer en un Cosmos creado en seis días, en un hombre modelado en barro, en ángeles llevándose en volandas hacia el cielo a … La posición de “esto es la Verdad Absoluta” que rotundamente afirmaba el Papa de finales del siglo XIX se ha ido suavizando y lo que antes era literal e imposible de contener error, ahora son ejemplos aproximados y metáforas de las que aprender una idea.

Adaptación. La Iglesia se ha enfrentado a todas las ideas científicas que suponían una mínima duda a sus intereses pero ha saltado de alegría adoptando como propias las que le beneficiaban.
Si las hipótesis científicas se oponen directa o indirectamente a la doctrina revelada por Dios, entonces sus postulados no pueden admitirse en modo alguno. Punto 28. Encíclica Humani generis
El ejemplo más claro y reciente fue la invitación a Stephen Hawking por parte del Vaticano para que les explicara con más detenimiento el Big Bang… evidentemente, la existencia de una teoría así es vista con buenos ojos ya que pone un inicio al Universo que puede ser maleable e interpretable como un acto de creación… perdón, de Creación.

De esta curiosa evolución en los postulados religiosos han surgido numerosas ramificaciones entre las que destaca la del diseño inteligente.

La cuestión, como no podía ser de otra manera, es simple. Se evita un enfrentamiento con la ciencia y se afirma que tras los descubrimientos y avances se encuentra un creador divino. El ejemplo del relojero al que Dawkins hace referencia en su libro es el más común, pero existen otros similares como el arquitecto o el pintor.
A Dios no lo podemos ver, ciertamente, con los ojos del cuerpo, pero sí podemos contemplar sus obras. Así como por vista de un cuadro deducimos la existencia del pintor, cuya es la obra -puesto que la existencia del efecto supone la existencia de la causa que lo produjo-, así también podemos remontarnos de los seres creados al Creador, causa primera de todo cuanto existe. Padre P.A.Hillarie (La Religión Demostrada, año 1900)
Un argumento largamente utilizado, el ejemplo de arriba corresponde a un texto de principios del siglo XX, y que se adapta a la perfección a los nuevos retos que la ciencia suponía para la religión.
Reducción. El saber que un conocimiento total, completo y absoluto de este Universo y las leyes que lo rigen es imposible por muy avanzada que sea nuestra ciencia, representa una gran oportunidad para insertar a dios en las lagunas que van quedando.

Es lo que se ha denominado “God of the gaps“, el dios de las rendijas, la última y más peligrosa de las estrategias teológicas: Allí donde no llega la ciencia, allí se encuentra dios.

El dios de las pequeñas rendijas.
Entre ataques velados a la soberbia de la ciencia, despunta esta corriente de pensamiento religioso que aprovecha las rendijas y huecos del conocimiento humano para colar la existencia de su ser divino.

El ejemplo más claro de este dios tras las rendijas de la ciencia lo hemos visto hace apenas unas semanas cuando, tras el descubrimiento del bosón de Higgs, el canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias del Vaticano declaraba que “detrás de la partícula divina se encuentra dios“.

Es una estrategia interesante puesto que siempre se podrá colocar una mano divina tras cualquier descubrimiento científico. Detrás de la evolución se puede insertar una presencia invisible que la guía de acuerdo con un diseño inteligente, detrás de cada minúscula partícula acelerada, colisionada y finalmente descubierta siempre se podrá situar un ente sagrado que la creó en un principio.
No obstante, y como adelanté hace unos párrafos, es una estrategia peligrosa pues hace cada vez más pequeño al dios que antes era omnipresente, eterno y todopoderoso.

Depender del avance de la ciencia y la razón para ir colando a dios en las rendijas del conocimiento que vayan quedando, no es buena idea. Como un pequeño duende que se esconde entre los huecos que permanecen a oscuras, apartado de la curiosa luz de esos incómodos hombres de bata blanca, como un ratón acorralado que, escurridizo, se va ocultando como puede en los agujeros que van quedando libres…

El “God of the gaps” es un dios oscuro y resbaladizo, que va saltando de hueco en hueco al ritmo impuesto por la inexorable marcha del conocimiento, un dios acorralado y huidizo al que solo le queda refugiarse en las lagunas de la ciencia, en la ignorancia presente pero condenado a volver a saltar cuando esa ignorancia se convierta en descubrimiento.

Fuente:  https://irreductible.naukas.com/2012/07/29/el-dios-de-las-pequenas-rendijas/

jueves, 3 de enero de 2019

lunes, 22 de octubre de 2018

El primer mapa celeste impreso

Antes de la invención de la imprenta, los mapas celestes se realizaban a mano, uno a uno, lo que los convertía en piezas muy codiciadas y de poca difusión. La invención de la imprenta por parte de Johannes Gutenberg hacia 1440 permitirá realizar tantas copias como desee el editor.

El primer mapa impreso data de 1090. Los chinos ya utilizaban la imprenta de tipos móviles desde mediados del siglo XI. El primer mapa astronómico impreso es obra del astrónomo chino Su Song y aparece en su tratado Xinyi Xiangfayao.

Mapa estelar de Su Song. Crédito: Wikimedia Commons
 En Occidente, el pionero será el pintor y grabador Alberto Durero (1471–1528), el artista más importante del Renacimiento alemán. Con ayuda del astrónomo alemán Conrad Heinfogel (?–1517), que se encargaría de actualizar las posiciones estelares tomadas del Almagesto al año de 1500, y del matemático y cartógrafo austriaco Johannes Stabius (c.1460–1522) que diseñaría el sistema de proyección, Durero realiza dos grabados en madera que representan el cielo septentrional y meridional.

La obra vio la luz en 1515 y, además de las 48 constelaciones tradicionales de Ptolomeo, el artista también representó la constelación de Caput Medusæ, es decir, la cabeza de la gorgona Medusa sujetada por el héroe Perseo. Un aspecto llamativo del mapa es que el borde no se corresponde con el Ecuador celeste, sino con la Eclíptica. En efecto, alrededor del borde del mapa correspondiente al Hemisferio norte podemos ver las constelaciones zodiacales, este tipo de representación afecta al mapa meridional donde quedan muy pocas figuras en comparación con la otra parte. El mapa está dividido mediante líneas radiales en 12 zonas correspondientes a los signos del zodíaco. Estas líneas permiten leer con precisión la posición de las estrellas representadas.

Mapa celeste de Durero. Lámina correspondiente al hemisferio norte.
 Las figuras de las constelaciones aparecen invertidas, tal como aparecerían en un globo celeste. De este modo, las constelaciones zodiacales siguen un sentido inverso al que podemos ver en el cielo, avanzando en sentido antihorario. Las estrellas más brillantes del firmamento se representan con símbolos en forma de estrella, las más débiles aparecen como pequeños círculos.

Las esquinas de la carta septentrional está ocupadas por cuatro grandes astrónomos de la Antigüedad. Empezando por la esquina superior izquierda encontramos a Arato de Solos, autor de los Fenómenos; le sigue Ptolomeo, autor del gran catálogo estelar Almagesto, en el que se basa el mapa de Durero; Manilio, astrólogo del primer siglo a.C. autor del tratado de astronomía Astronomica y, finalmente, Al-Sufi, astrónomo árabe quien revisó y puso al día el Almagesto.

Mapa celeste de Durero. Lámina correspondiente al hemisferio sur.
 En las esquinas de la carta meridional aparecen los blasones del arzobispo de Salzburgo, el cardenal Matthäus Lang y una dedicatoria. También aparecen los escudos familiares de Stabius, Heinfogel y el propio Durero. Además de un agradecimiento a Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano, a cuyo servicio trabajaban Stabius y Durero.

Fuente: https://pacobellido.naukas.com/2018/10/22/el-primer-mapa-celeste-impreso/

sábado, 22 de septiembre de 2018

El virus del zika convertido en un esperanzador tratamiento contra tumores cerebrales

Nuevos estudios señalan al virus del Zika como un aliado frente a tumores cerebrales como el glioblastoma | imagen Naukas
 En ciencia es fácil dejarse llevar por el optimismo. Casi a diario aparecen noticias anunciando una posible cura para una terrible enfermedad o desarrollos tecnológicos que prometen acabar con los más diversos problemas de nuestra sociedad. Sin embargo, es aconsejable ser cauteloso y prudente: muchos de estos artículos suelen ser preliminares y necesitan de análisis más profundos y estudios posteriores. La verdadera alegría suele llegar en la segunda oleada, cuando transcurre el tiempo, el descubrimiento se asienta y comienzan a aparecer nuevos estudios confirmando la buena noticia.

Este es el caso que nos ocupa hoy, y para ello necesitamos repasar algo de historia reciente. Desde hace unos años han ido surgiendo estudios que apuntaban a la eficacia del virus del Zika frente a determinados tumores cerebrales. El año pasado, en 2017, un estudio de la Universidad de California señalaba que este virus eliminaba con gran eficacia las células madre del glioblastoma, un tumor cerebral realmente temible que afecta a las células gliales.

Los resultados se publicaron en el Journal of Experimental Medicine y mostraban que el ataque del virus del Zika contra las células madre del tumor aumentaba notablemente las posibilidades de supervivencia de los pacientes. La noticia, por supuesto, apareció en numerosos medios de comunicación, pero pasaban los meses y no parecía haber confirmación de otros estudios… hasta ahora.

El virus del Zika ataca las células madre del glioblastoma y aumenta las posibilidades de supervivencia del paciente | imagen bMio
Ayer mismo, 18 de septiembre, la American Society of Microbiology publicaba en su revista de acceso abierto mBio un artículo titulado: “Tratamiento del glioblastoma humano con un candidato a vacuna compuesta del virus del Zika atenuado”. El estudio se ha realizado en ratones pero los estudios que muestran la eficacia del Zika atacando células tumorales empiezan a ser cada vez más importantes y numerosos.

 El estudio, realizado por un equipo internacional de investigadores pertenecientes a diversas Universidades chinas y estadounidenses, nos muestra el éxito de una vacuna compuesta por virus atenuados del Zika que atacan y eliminan las células madre del cáncer cerebral de glioblastoma humano que se habían trasplantado a ratones. Los autores se muestran confiados y afirman que podríamos estar “ante la base de una opción de tratamiento para este cáncer cerebral, que actualmente no tiene cura”.

La historia de este descubrimiento es sorprendente. Durante la pasada epidemia de Zika de 2016 los investigadores aprendieron que el virus infecta preferentemente las células progenitoras neurales en el feto, causando microcefalias en los bebés nacidos de madres infectadas. Ante este ataque viral, los científicos se han preguntado si el Zika podría ser igual de eficaz atacando otras células… por ejemplo, células tumorales.

El virus del Zika es un eficaz asesino, ¿por qué no utilizarlo en nuestro beneficio? Jianghong Man, uno de los responsables del estudio, lo explica de esta manera: “después de aquello nos empezamos a preguntar si quizás el virus del Zika también podría infectar específicamente a las GSC, porque estas células tienen propiedades similares a las células madre neurales”.

El proceso de encontrar un tratamiento para un tumor tan letal como el glioblastoma es lento y requiere paciencia, pero parece que vamos por el buen camino. Una segunda hornada de estudios comienzan a aparecer, ahora ya con experimentos en ratones, y esperemos que el desarrollo continúe durante los próximos años. Desde Yahoo Ciencia estaremos atentos a los nuevos avances.


lunes, 23 de abril de 2018

Los heraldos negros

Tania Astasheva, Chryzantéma


Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!



César Vallejo

Fuente: http://eugenio.naukas.com/2018/04/23/los-dulces-heraldos-negros-que-trae-el-conocimiento/