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viernes, 11 de marzo de 2022

Visiones y revisiones

Carmen Laffon
 
Ha de haber en la noche algún conducto
que vaya de tus sueños a mis sueños.
Un finísimo hilo apenas hecho
con la sombra del aire, que se eleve
en secreta espiral desde tu oído,
y encuentre algún resquicio en tu ventana
y cruce tu ciudad por sus tejados
y atraviese montañas, ríos, valles,
y llegue, en mi ciudad remota y fría,
al viejo barrio en el que vivo, y busque
en mi balcón algún leve resquicio
parecido al que halló al dejar tu cuarto
y, al fin, se acerque a mí, para enhebrarse
en mi oído, soñante caracola. 

No es raro que una astilla en la madera
o un monte con tormenta allá en su cumbre
o el gris tijeretazo de una ráfaga
de viento, o una esquina bruscamente
dada la vuelta, estorben, dificulten
nuestro mutuo soñar en sintonía.
Luego, al restablecerse el bello flujo,
a veces tú has cambiado de argumento
y yo te sigo sin seguirte ya:
me esfuerzo en componer rompecabezas
con tres o cuatro piezas que no casan,
mientras tú sigues enviando imágenes
que yo amontono sin saber qué ver.
Ése es el sinsentido de mi sueños:
la persistente pesadilla, el vértigo
de querer saber más de lo que puedo
por no seguirle el hilo a tu soñar.

Lorenzo Oliván


domingo, 6 de febrero de 2022

El rostro de las cosas

https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEiYLfnsO9-gbdol6GPLru7bs6KcxbmBe4_cykhFnN253RvMOQJjHptYx6xVItW5BUndBxftWMYn-2wfJYd0HWMXmJn0-4HuyPIA6RKHRzXzXXri4bKMcV0tZAII4xJVOXRtjJJE4OVQgkX1XgQOQjDAKskBQYyZ8kwIMY6-7bHwWww_8mPU9lTN6eMesQ=s680
 
 
Nunca mires las cosas
tan sólo con tus ojos.
Intenta imaginar en tu interior
cómo se miran ellas a sí mismas.
¿Un charco gris con luna
es sólo un charco? ¿El viento que hace un alto
en su camino deja de ser viento?
¿La madera de un árbol vuelto mueble
ya no siente los nervios que la cruzan?
 
Todo tiene otro rostro, y no es el rostro
jamás de lo aparente. Cada cosa,
asomada a lo que es, nos da la espalda
y se abisma en saber qué esconde dentro.
 
Asómate a ese vértigo sutil
en que la irrealidad se hace evidencia.
La más común ceguera de este mundo
es ver tan sólo lo que todos ven. 

Lorenzo Oliván