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martes, 16 de junio de 2020

Los abejorros pican a las plantas para que florezcan

El comportamiento sería una adaptación evolutiva que facilitaría la obtención de alimento

Obrero de abejorro zapador (Bombus terrestris) en plena labor de «recorte». Las heridas infligidas aceleran la floración y podrían tener implicaciones en la sincronía fenológica entre las plantas y los polinizadores. [Hannier Pulido; Laboratorios de De Moraes y Mescher]

 Los abejorros están llenos de recursos: cuando el polen escasea y las plantas cercanas al nido aún no han florecido, los obreros saben un modo de forzar la floración. Una investigación recién publicada en Science revela que la estimulan perforando el follaje, de modo que se anticipa  en promedio unos 30 días. Por ahora no está claro el origen de la argucia y por qué el vegetal responde de ese modo a la agresión, pero los descubridores subrayan lo notable de este comportamiento inédito en un insecto tan familiar.

«Este es uno de esos escasos estudios que dan a conocer un fenómeno natural desconocido que suscita todo tipo de interrogantes y de especulaciones» acerca de lo extendido del comportamiento y del porqué, afirma a título de observador John Mola, ecólogo en el Centro Científico de Fort Collins, en Colorado, dependiente del Servicio Geológico de EE.UU.

Consuelo De Moraes, ecóloga química del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich (ETH Zúrich) y una de las autoras del estudio, afirma que ella y sus colaboradores estaban observando una especie de abejorro en un experimento de laboratorio cuando casualmente se percataron de que los insectos estaban dañando las hojas de las plantas y se preguntaron el porqué. «Al principio, quisimos ver si se estaban alimentando de los fragmentos de la hoja o se los llevaban al nido», explica. Y como estudios precedentes habían demostrado que el estrés puede inducir la floración, se preguntaron entonces si los abejorros estarían haciendo florecer las plantas a voluntad.
 
Para comprobarlo, el equipo colocó abejorros desprovistos de polen en jaulas de malla metálica que contenían tomateras y plantas de mostaza. Los insectos enseguida recortaron y perforaron las hojas con las mandíbulas y la probóscide. A modo de prueba, los investigadores intentaron causar el mismo daño que los himenópteros en otras plantas, con ayuda de unas pinzas dentadas y de una navaja. Las dos series de plantas dañadas adelantaron la floración, pero, en comparación, las perforadas por los abejorros florecieron semanas antes que las cortadas a mano, lo cual apunta a que su saliva contendría sustancias estimulantes.

Acto seguido, salieron del laboratorio para comprobar si los abejorros dañaban las plantas que no habían florecido cercanas al nido, aunque dispusieran de otras en flor más alejadas. En efecto, así fue. «Aunque encuentren flores si vuelan lejos, al actuar de ese modo cerca de la colonia acceden antes a recursos próximos», razona Mark Mescher, ecólogo químico del ETH Zúrich y coautor del estudio.

Todo indica que el comportamiento constituye una adaptación que maximiza la eficiencia en la recolección del polen, pero no confirma con certeza la hipótesis, matiza Mescher. Neal Williams, entomólogo de la Universidad de California en Davis, ajeno al estudio, afirma que la posibilidad es fascinante y que merece la pena seguir indagando. «Para demostrar claramente que un rasgo es adaptativo, se ha de poder afirmar que el comportamiento surgió porque aportó cierta mejora relativa al conjunto de la colonia», explica. En los abejorros, las abejas y otros organismos eusociales, una única reina engendra la descendencia, mientras que los obreros son estériles, de modo que la selección natural opera en la colonia entera. Los obreros que dañan las hojas no viven lo suficiente para disfrutar de la abundancia que brinda la floración temprana, pero como su acción aumenta el polen disponible para las larvas del nido, podrían ser el fruto de presiones evolutivas.

En el futuro se deberá investigar cómo pudo surgir el comportamiento y su extensión en otros tipos de abejorros silvestres, así como qué les ocurre a las plantas a escala molecular cuando sufren la picadura. Desvelar esas incógnitas mejoraría las predicciones sobre el porvenir de los abejorros ante el cambio climático, que amenaza con acabar con la delicada sincronía entre los polinizadores y las plantas al alterar las épocas de floración e hibernación y las migraciones de los insectos. «En esencia, el cambio climático hará más impredecibles las condiciones ambientales. Pero lo que hemos descubierto podría contribuir a mitigar las alteraciones derivadas del calentamiento global», concluye Mescher

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/noticias/los-abejorros-pican-a-las-plantas-para-que-florezcan-18688?utm_term=Autofeed&utm_campaign=tw&utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1592085843

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Hablar de lo que pasa y de lo que pasó

Hubo una época en la que el ser humano no dudaba de su inteligencia privilegiada como especie sobre las demás. Pero luego fuimos aprendiendo sobre las distintas habilidades de otros animales y esto de la inteligencia única y especial hubo que ponerlo en cuarentena.

Resulta que muchos otros animales pueden comunicarse entre sí a través de distintos sistemas. A las hienas se les da muy bien contar y comparar el tamaño de un grupo invasor con el del suyo. Primates como gorilas y chimpancés saben fabricar y utilizar herramientas para conseguir lo que buscan, casi siempre comida. Los cetáceos se comunican con distintos idiomas según el grupo en el que han crecido, es decir, tienen algo similar a lo que nosotros llamamos cultura. Todo apunta a que los elefantes lloran a sus muertos. Animales tan diversos como urracas y macacos han demostrado tener conciencia de sí mismos y reconocerse ante un espejo.

Los orangutanes también hablan del pasado


 Recientemente, otra habilidad que creíamos exclusiva del ser humano ha demostrado no serlo: la capacidad de hablar del pasado. Los orangutanes también saben hacerlo.

Cuando los orangutanes divisan a un depredador, hacen un sonido, como el chasquido de un beso muy fuerte. Ese sonido hace saber al depredador que ha sido detectado, y avisa a otros orangutanes de que el peligro está cerca. Ahora, un grupo de científicos asegura que ha oído a los orangutanes hacer ese mismo sonido un buen rato después de que el depredador se hubiese marchado, y lo consideran la primera evidencia de que estos primates, además de los humanos, son capaces de hablar de lo que ya ha pasado.

“Una de las características que define a un idioma son las referencias desplazadas, es decir, la capacidad de transmitir información sobre algo que no está presente o sobre un evento ocurrido en el pasado o que ocurrirá en el futuro. Es algo muy raro en la naturaleza [pero que se da en todos los idiomas humanos] y que hasta ahora no habíamos visto en ningún primate no humano, lo cual ha hecho más confuso el estudio de los precursores y la evolución del lenguaje”, explican los autores en el estudio.

Hay que aclarar que muchos otros mamíferos y aves tienen señales de alarma, algunas muy completas que incluyen información sobre el tipo y tamaño del depredador, su posición y distancia y el nivel de peligro que suponen. Pero hasta ahora, nunca se había oído a un animal anunciando el peligro después de que ocurriese. Sí se sabe que los cercopitecos verdes, un tipo de mono que vive en el África subsahariana, emite señales de alarma en ausencia de depredadores, pero estas llamadas se consideran estrategias de engaño y no referencias desplazadas.

Un caso aparte son las abejas, capaces de indicar a sus compañeras la dirección y distancia de un lugar con alimento abundante, algo que también se puede considerar una referencia desplazada. En este caso se considera más el resultado de un proceso de inteligencia colectiva y convergencia de distintos procesos que una representación de la comunicación entre individuos como tal.

Silencio ante el peligro… y señal de alarma después

 
Para llegar a estas conclusiones, los propios investigadores hicieron de depredadores. En la jungla de Ketambe en Sumatra, donde se ha estudiado a los orangutanes durante décadas, el estudiante postdoctoral Adriano Reis e Lameira desarrolló un sencillo experimento para analizar las señales de alarma de estos primates: un miembro del equipo vestido con un traje de rayas como si fuera un tigre debía caminar a cuatro patas por la jungla, justo bajo las ramas de los árboles donde hembras solitarias de orangután se encontraban sentadas, a una altura de entre 5 y 20 metros.

Una vez que sabían que ellas les habían visto, el falso tigre rondaba el lugar un par de minutos antes de desaparecer de la vista. Lameira esperaba oír su señal de alarma en ese momento, pero no fue así. La primera orangután con la que probaron no hizo ni un ruido. “Dejó lo que estaba haciendo, cogió a su cría, defecó (una señal de estrés y miedo) y comenzó a trepar árbol arriba en silencio”.

Esperaron y esperaron… y finalmente, 20 minutos después, llegó la alarma. Pero no fue un solo chasquido. “Estuvo alertando durante más de una hora”.

Esperar ante un estímulo, una señal de inteligencia


Esa fue la ocasión en la que más tuvieron que esperar. De media la alarma llegaba unos 7 minutos después de que pasase el peligro. Lameira explica que no cree que el motivo fuese que estuviesen petrificadas de miedo, porque no habían dudado en agarrar a las crías y trepar a más altura donde se sintiesen a salvo.

El investigador cree que el silencio era una forma de no atraer la atención de lo que creían que era un depredador. Una vez fuera de peligro, la señal de alarma servía no solo para avisar a otros orangutanes, sino también para enseñar a su cría y educarla sobre el peligro que acababan de evitar.
No responder inmediatamente a un estímulo sino desarrollar una estrategia teniendo en cuenta el mejor resultado para sí mismas y para sus crías se considera una señal de inteligencia, un talento que encaja con otras habilidades antes observadas en los grandes simios, como la memoria a largo plazo, la comunicación intencional y el control afinado de los músculos de la laringe, capacidades que eventualmente llevaron a la evolución del lenguaje, argumenta el investigador.


Fuente: https://culturacientifica.com/2018/11/26/hablar-de-lo-que-pasa-y-de-lo-que-paso/

jueves, 28 de septiembre de 2017

Por qué el estrés pica

Una investigación con monos relaciona el acto de rascarse cuando se está estresado con una función social.

Al parecer, los monos rhesus se rascan para comunicar a sus congéneres que se encuentran estresados
Los primates, incluidos los humanos, se rascan cuando se sienten estresados. Hasta ahora, este comportamiento se consideraba una consecuencia de los procesos fisiológicos asociados con el estrés y se le atribuía una función reguladora. Investigadores de la Universidad de Portsmouth han descubierto en macacos que viven en libertad que el motivo de esta sensación va más allá de una reacción corporal a la hormona del estrés. Rascarse podría tener una función social.

Para su estudio, los científicos, dirigidos por Jamie Whitehouse, analizaron durante ocho meses el comportamiento de 45 monos rhesus de una pequeña isla puertorriqueña. Observaron que los animales se rascaban con frecuencia cuando se encontraban con un congénere de rango superior o desconocido para ellos. Si el animal no se rascaba, en tres de cada cuatro casos se producía una pelea, según informan en la revista Scientific Reports.

Evitar la agresión
Los autores sugieren que los macacos reconocen en este comportamiento que el congénere se encuentra estresado, por lo que es mejor evitar el ataque: puede que ese individuo sienta estrés porque se considera inferior, de manera que no representa ningún peligro, o por la presión de la situación, circunstancia que le convierte en un oponente impredecible, por lo que es mejor apartarse de su camino.

Ya que diversos sujetos se aprovechan de este comportamiento (el potencial atacante y el atacado), es probable que el hecho de rascarse se haya establecido a lo largo de la evolución como una señal dentro del grupo y haya contribuido a la cohesión social, indican los investigadores. Y es posible que esta manera de comunicar el propio estado anímico se haya mantenido también en los humanos. Por tanto, en situaciones comprometedoras no nos rascamos porque nos pica, sino que nos pica para que nos rasquemos.

Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/noticias/por-qu-el-estrs-pica-15616

lunes, 9 de marzo de 2015

Universo 25: cómo los ratones convirtieron su paraíso privado en una terrible distopía

Todas las civilizaciones que han existido en la historia han terminado colapsando tarde o temprano. La única que aun no lo ha hecho es la civilización actual, gracias al uso de la tecnología, el conocimiento de la medicina y la higiene, el transporte y la globalización. Sin embargo, al ritmo de crecimiento que vamos y con el cambio climático en ciernes, el sistema de extracción de alimentos y recursos energéticos se volverá insostenible en un mundo superpoblado.

Nada es seguro, pero el etólogo John B. Calhoun estuvo varias décadas estudiando los efectos adversos de una población descontrolada, utilizando para ello ratones de laboratorio. Para ello Calhoun creaba lo que él llamaba “universos”, pequeños mundos en miniatura en los que los ratones tenían toda la comida e infraestructuras que necesitarán para estar totalmente libres de depredadores, enfermedades y cambios climatológicos. La única limitación que existía era el espacio.


Wikipedia
El más famoso de los mundos que creó Calhoun, fue sin duda, el Universo 25; un mundo ideal construido en 1968 y que tras 4 años en funcionamiento presentó unos resultados tan asombrosos como perturbadores. Fue un pequeño recinto cerrado de 2,5 m2 de superficie y 1,37 metros de altura, diseñado con el objetivo de ser el paraíso terrenal de los ratones de laboratorio. El lugar tenía todo el alimento, agua, material de nidificación y lugares para construir nidos ilimitados durante todo el experimento.

Las condiciones de temperatura y humedad se mantuvieron ideales y el recinto se limpiaba a fondo cada cierto tiempo. En un inicio, el recinto se inauguró introduciendo 4 parejas de ratones perfectamente sanos, lo que sucedió en el experimento se describió en 5 fases.
 Fase A: días 1 al 104
Durante los primeros 104 días los ratones se sintieron agitados y alterados debido al nuevo entorno, pero una vez se familiarizaron, comenzaron a reproducirse.

Fase B: días 105 al 315
También llamada fase de crecimiento rápido en un entorno ideal. La población de ratones se duplicaba cada 55 días; para el día 315, más de 600 ratones vivian en Universo 25, organizados en 14 grupos sociales con un macho dominante y roles sociales bien definidos para cada uno de los individuos.

Fase C: días 316 al 560
Una vez que el grupo alcanzó la cifra de 615 individuos, la tasa de crecimiento se redujo y la población pasó a duplicarse cada 145 días. Los problemas de espacio comenzaban a ser evidentes ya que más de 300 machos competían constantemente por conquistar y mantener una parcela de territorio y poder reproducirse. Ante tal estrés, muchos machos comenzaron a abandonar el territorio, perdiendo el atractivo ante las hembras, lo que se tradujo en una bajada de la tasa de reproducción.

Las hembras fértiles por su parte trataron de ocupar el rol abandonado de los machos para proteger los nidos, volviéndose más agresivas. Esta nuevo rol femenino afectó a las nuevas camadas de ratones, las cuales disfrutaron de un periodo de lactancia más corto, fueron abandonadas, atacadas y/o devoradas por sus propias madres. La sociedad estaba empezando a colapsar.

La agresividad del grupo aumentó y se volvió un rasgo generalizado. A pesar de que había comida en abundancia en los extremos del recinto, los machos más débiles quedaron acorralados en el centro del hábitat, lejos de los comederos y de los recursos. Estos machos continuaron rindiéndose a la desidia y y la inactividad casi total, pero en ocasiones y de forma impredecible, estallaban en cólera y atacaban en masa a otros ratones. Calhoun, denominó a este grupo “la Cloaca del comportamiento”.

Para el día 520, la población alcanzó los 2.200 ratones que vivían en un mundo anárquico, violento y casi sin sexo. A partir del día 560, ya no había más crecimiento: morían más ratones de los que nacían.

Fase D: días 561 al 1471
Llegados a este punto, la violencia entre grupos estalló, y comenzó el canibalismo de las crías con bastante frecuencia. Un grupo de machos se atrincheró en una zona protegida dedicándose en exclusiva al cuidar su cuerpo acicalando su pelaje todo el día, mostrando una total apatía por cualquier otra actividad, sin pelear y sin mostrar el más mínimo interés por la hembras. Calhoun los bautizó como “los guapos” porque no tenían heridas ni cicatrices.

La mayoría de las hembras que nacieron ya no se quedan embarazadas, ni tenían comportamientos maternales y de las pocas crías nacidas, muy pocas alcanzaban la edad adulta. Con este escenario, el día 600 nació el último ratón que se convirtió en adulto. El día 920, la tasa de nacimiento es cero. Llegados a este punto, la edad media de la población es de 776 días, 200 días más que la edad que marca la menopausia en los ratones.

El fin
El día 1471 finalizaba el experimento. Sólo quedaban vivos 27 ratones, de los cuales 23 hembras y 4 machos. El más joven de todos, tenía 987 días edad, el equivalente a 90 años de vida humana.

Colapso en la abundancia
Lo más llamativo del experimento es que en todo momento los ratones recursos de sobra, incluso en el máximo de población, nunca faltó agua, comida o lugares de nidificación. Sin embargo, la superpoblación destruyó la estructura social y mental de los ratones, empujándolos hacia comportamientos violentos y asociales. Según Calhoun, el colapso se produjo cuando los ratones dejaron de comportarse como ratones, algo que él denominó como “la primera muerte”.

Aunque diversos ratones del Universo 25 fueron extraídos y recolocados en nuevos ambientes sanos, su comportamiento no cambió. Pero lo más sorprendente fue que cuando se introdujeron ratones nuevos y normales en edad de procrear en el Universo 25, no mostraron conductas reproductivas.

 Fuente: http://www.yometiroalmonte.es/2015/03/04/universo-25-ratones-convirtieron-paraiso-privado-terrible-distopia/

miércoles, 4 de marzo de 2015

Mensaje y significado

Pogonomyrmex rugosus
La diferencia existente entre el mensaje y el significado -un aspecto importante de la semiótica- ha quedado clara en las investigaciones sobre la comunicación en las hormigas. Cuando una obrera difunde señales de alarma después de haberse encontrado con una enemiga en su territorio ese mensaje puede inducir distintas respuestas de sus compañeras según el contexto. Se trata de un fenómeno sólidamente demostrado en la comparación que efectuó Ulrich Maschwitz entre las señales de alarma de todos los himenópteros (abejas, avispas y hormigas ) sociales.Las respuestas a las señales de alarma  varían en gran medida en cuanto a su repercusión temporal y espacial y también entre las diferentes castas. Por ejemplo, si la señal se recibe cerca del nido desencadena un comportamiento agresivo mientras que si se la detecta a mayor distancia del nido induce a una conducta de huida. Además, las obreras jóvenes en general retroceden y vuelven al nido cuando reciben una señal de alarma mientras que las obreras de más edad, en especial las que pertenecen a la casta de soldados, salen con una actitud agresiva.
  También se ha documentado otro repertorio de respuestas que dependen del contexto en el sistema de alarmas y el comportamiento agonístico del género Pogonomyrmex de hormigas granívoras. En el territorio de cada colonia hay una zona nuclear que es la que se usa con mayor frecuencia dentro del área de campeo. Ese espacio está totalmente vedado para los miembros de otras colonias de la misma especie. Si bien las zonas periféricas de forrajeo de colonias próximas a menudo se superponen, las luchas entre obreras de distinto origen se limitan a menudo al encuentro de dos forrajeras. Hay una diferencia neta en la intensidad de la lucha en la zona nuclear en comparación con el terreno externo de forrajeo, diferencia que respetan incluso los mismos individuos: cuando el enfrentamiento se desarrolla en la zona nuclear la hormiga que lucha en su terruño se muestra sumamente agresiva mientras que cuando el mismo par de individuos se coloca en la periferia del área de campeo el enfrentamiento dura apenas unos segundo, pasados los cuales las combatientes se separan. En cambio, las luchas que se producen en la zona nuclear por lo general son intensas. Así a menudo la hormiga foránea asume una postura de sumisión y después las locales la arrastran fuera de a zona nuclear y allí la liberan.[...]
  Para el estudio de la comunicación entre los animales es fundamental discriminar entre el mensaje y su significado, en particular con referencia al contexto, el estado comportamental del emisor y del receptor y el lugar concreto en el que se lleva a cabo la comunicación.

El Superorganismo
Bert Hölldobler y Edward O. Wilson