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miércoles, 12 de abril de 2023

Átomos y neuronas

16 de julio de 1945. Ese día el mundo cambió y no solo figuradamente. En esa precisa fecha, los EE.UU. probaron un tipo de arma completamente nueva en el desierto de Nuevo México. Contenía una esfera de plutonio del tamaño de una pelota de tenis y un peso de 6,2 kg. La bomba Trinity produjo una explosión equivalente a 20.000 toneladas de TNT, 20 kilotones. Fue el inicio de la era nuclear.

Desde entonces se han purificado decenas de miles de toneladas de plutonio y uranio enriquecido. Los analistas consideran muy probable que nueve países posean armas nucleares, mientras que otros cuarenta tienen acceso a los materiales y la tecnología para fabricarlas. También calculan que el arsenal nuclear mundial asciende a unas 27.000 bombas. La energía nuclear también está presente en 442 reactores en 32 naciones que generan el 16% de la energía eléctrica que se consume en el mundo y en numerosos aparatos hospitalarios como las máquinas de radioterapia y otras.

La energía nuclear es defendida como una fuente de energía barata, flexible y necesaria pero este perfil favorable se vio socavado a finales del siglo XX por accidentes de reactores de alto perfil, como los de Fukushima, Three Miles Island y Chernóbil, los problemas de eliminación de residuos radiactivos, la competencia de las fuentes de electricidad renovables y los vínculos inevitables entre la investigación sobre energía atómica y la proliferación de armas nucleares. No obstante, la evidencia clarísima del calentamiento global ha llevado a algunos a argumentar que la energía nuclear es la única forma de generar energía asequible sin emitir gases de efecto invernadero.

La era nuclear cambió nuestro mundo en cosas que apenas sospechamos. Las explosiones nucleares en superficie generaron un aumento paulatino del nivel de radioactividad en la atmósfera y la proporción de carbono-14 en el CO2 atmosférico aumentó lenta pero constantemente. El 5 de agosto de 1962, Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética alcanzaron un acuerdo, el tratado de Prohibición Parcial de Pruebas Nucleares que establecía en sus términos que era ilegal detonar cualquier explosión nuclear salvo bajo tierra, con el fin de reducir la precipitación atmosférica de residuos radiactivos. El tratado entró en vigor en octubre de 1963, por lo que en ese año y pico entre el acuerdo y su implementación, los tres países firmantes hicieron un alto número de pruebas nucleares en superficie, de hecho parece que probaron con todo lo que tenían en sus arsenales, con los que la cantidad de radiactividad en la atmósfera subió hasta unos niveles nunca antes alcanzados.

Desde entonces la radioactividad en la atmósfera ha ido decayendo lentamente, pero a partir de aquel incremento súbito, cualquier planta existente incorporó una cantidad variable de carbono -14 en función del año o años en que estuviera viva. Los animales que comieron esas plantas y a su vez los carnívoros que comieron a esos animales herbívoros también tendrían un nivel cuantificable de carbono-14 en su cuerpo y en cada una de sus células. El carbono-14 entra en la cadena alimenticia y encuentra su camino hacia las células, que integran los átomos disponibles de carbono-14 en su ADN cuando una célula madre se divide en dos nuevas células hijas. Por tanto, la cantidad de carbono-14 en la atmósfera se refleja en las células en el momento en que nacen. Desde 1963 todos los seres vivos del planeta somos parcialmente radiactivos y esa cantidad de carbono-14 en los cuerpos vivos se ha ido reduciendo progresivamente, al no haber nuevas explosiones en superficie. El dato interesante es que esos niveles de radioactividad nos permiten fechar un ser vivo. Un ejemplo puede ser el del marfil. El 1 de enero de 1990 se incluyó en el tratado CITES la prohibición de la comercialización del marfil de elefante africano; sin embargo, las piezas históricas seguían siendo legales, por lo que existía el riesgo de que se intentara pasar marfil ilegal como marfil legal y prolongar el daño causado por furtivos y traficantes. Los niveles de carbono-14 en cada pieza permitían fechar el marfil y saber, por tanto, si era procedente de un elefante protegido por CITES o no. IFAW hizo un estudio en 2007 del marfil que se vendía en el portal de internet eBay encontrando que al menos el 90% era ilegal. En 2008, un año después, eBay prohibió completamente las ventas de marfil en su portal.

Otro de los productos afectados por la radioactividad presente en la atmósfera fue el acero. El acero es un producto artificial que se fabrica utilizando el proceso Bessemer, fundir el arrabio y soplar aire a través de él. El oxígeno reacciona con las impurezas del metal y las oxida y esos restos son eliminados como gas o como escoria. El problema es que ese aire atmosférico contiene también partículas radiactivas y por tanto, el acero producido desde 1945 tiene niveles mensurables de radiactividad. Esto puede ser un problema para los instrumentos sensibles, por lo que desde muy pronto hubo una demanda de acero de bajo fondo, aquel fabricado antes de las pruebas Trinidad. ¿Por qué necesitamos acero de bajo fondo? Cualquier aparato que tenga un sensor que necesite ser extremadamente sensible a bajos niveles de radiación va a tener problemas si usa un acero fabricado después del inicio de la era atómica. Entre ellos están los contadores Geiger, muchos dispositivos médicos y los vehículos destinados a la exploración espacial. Si estos aparatos contienen material hecho con acero ligeramente radiactivo, hay una radiación de fondo que genera un ruido inaceptable y ensucia los resultados. Ahí es donde entra el acero de bajo fondo.

Entonces, ¿de dónde sacas acero, que es un material hecho por el hombre, fabricado antes de 1945? Principalmente del océano, de los barcos hundidos de la Segunda Guerra Mundial. No fueron expuestos al aire de la era atómica cuando fueron fabricados, y no han sido reciclados y mezclados con el nuevo acero radioactivo. Literalmente cortamos los barcos bajo el agua, raspamos los percebes y cualquier otra cosa incrustada y reutilizamos el acero.

La radioactividad atmosférica afectó a todos los seres vivos, a nosotros mismos. Los isótopos radiactivos del carbono proporcionaron la primera evidencia definitiva de que generamos nuevas células cerebrales a lo largo de nuestras vidas. El estudio también proporcionó el primer modelo de la dinámica del proceso, mostrando que la regeneración de las neuronas no disminuye con la edad tan bruscamente como se esperaba. En los mamíferos, la mayoría de las células cerebrales se crean al nacer o poco después y nunca se renuevan. Pero los estudios en roedores y monos han demostrado que en dos regiones cerebrales se siguen creando nuevas neuronas incluso en la edad adulta: el hipocampo, que participa en el aprendizaje y la formación de nuevos recuerdos, y el bulbo olfativo, que es parte de la ruta neuronal del olfato. Sin embargo, ha habido cierta controversia sobre si lo mismo es cierto para los humanos. Hace quince años un estudio encontró evidencia de neurogénesis en adultos de hasta 72 años de edad utilizando una sustancia química llamada bromodeoxiuridina (BrdU) para marcar las neuronas. La BrdU se utilizó en su momento para rastrear la propagación de tumores en personas con cáncer, pero se prohibió poco después y por lo tanto el estudio nunca se repitió, lo que llevó a algunos investigadores a cuestionar los resultados. Aun así, la BrdU es un análogo de la timina y se incorpora en aquella célula que esté haciendo síntesis de ADN, el requisito previo antes de su división, de formar nuevas células.

En lugar del etiquetado químico, Jonas Frisén, del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), y sus colegas, utilizaron el carbono-14, el subproducto de los ensayos de bombas nucleares en superficie realizados entre 1945 y 1963.  Mediante el análisis del tejido cerebral con equipos de espectrometría de masas, el grupo de investigadores pudo cuantificar el número de átomos de carbono-14 atrapados en diferentes poblaciones de células en diferentes regiones del cerebro. Luego pudieron comparar esta cifra con los datos conocidos de los niveles atmosféricos de carbono-14 desde la fecha de nacimiento de una célula en diferentes personas hasta dentro de un año aproximadamente. El nivel de carbono-14 es mayor en las células más antiguas, que crecieron más cerca del pico de las pruebas de las bombas nuclear, que en las células nacidas más recientemente, que absorbieron menos elementos de la atmósfera.

 El equipo de Frisén demostró que los humanos son el único mamífero conocido en el que no hay neurogénesis en el bulbo olfativo adulto, ya que todas las células de esta región del cerebro tenían la misma edad. Pero al observar el hipocampo en 55 cerebros post-mortem de entre 19 y 92 años, el equipo descubrió que un grupo de neuronas en un área del hipocampo llamada el giro dentado había nacido a lo largo de la edad adulta. La capacidad de crear nuevas neuronas parece permanecer en los humanos más tiempo que en los ratones. En lugar de la disminución de 10 veces entre los ratones jóvenes y los de mediana edad, el equipo encontró sólo una disminución de cuatro veces en los humanos.

 Una pequeña parte de nuestro cerebro permanece permanentemente joven, renovándose continuamente, con nuevas células que llegan, se diferencian y se conectan. Al modelar el proceso, el equipo estimó que generamos alrededor de 1400 nuevas neuronas cada día. No es mucho, no nos sirven de gran cosa, no sustituyen a las neuronas que perdemos en el alzhéimer o en el párkinson, pero es una expectativa, una posibilidad de que quizá, algún día podremos cambiar las cosas. Eso es la ciencia, una herramienta para conocer y una puerta a la esperanza.

Fuente: https://jralonso.es/2023/04/12/atomos-y-neuronas/

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Cuatro motivos para tomarse el anuncio de la energía de fusión con más calma

Estos son algunos “peros” que los propios científicos ponen al anuncio triunfalista del Laboratorio Livermore y el gobierno de EE.UU. sobre la fusión nuclear.

Cuatro motivos para tomarse el anuncio de la energía de fusión con más calma
Instalaciones del Laboratorio Lawrence Livermore donde se ha hecho el experimento | Lawrence Livermore National Security

 El Departamento de Energía de EE. UU. y la Administración Nacional de Seguridad Nuclear han anunciado este martes oficialmente que han conseguido por primera vez la ignición por fusión en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, un gran avance científico que lleva décadas en desarrollo y allanará el camino para el futuro de la energía limpia.

Según han asegurado sus responsables en rueda de prensa, el primer experimento de fusión controlada de la historia ha conseguido producir más energía a partir de la fusión que la energía láser utilizada para impulsarla. “La búsqueda de la ignición por fusión en el laboratorio es uno de los desafíos científicos más importantes jamás abordados por la humanidad, y lograrlo es un triunfo de la ciencia, la ingeniería y, sobre todo, de las personas”, ha asegurado Kim Budil, directora del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.

Este logro histórico confirma la viabilidad del concepto y refuerza la posibilidad de lograr en un futuro una energía limpia de fusión, como la que se produce en las estrellas. Pero a pesar de los titulares triunfalistas y las afirmaciones del tipo “con una botella de agua se obtendrá la energía de un hogar durante un año”, conviene poner los matices necesarios para entender que se trata de una prueba de concepto y que aún queda un largo camino.

Estos son algunos de los matices que ponen los propios expertos para entender este logro en su justa medida:

1. La fusión comercial está muy lejos

Lo ha resaltado la propia directora del Laboratorio Livermore. “Hay obstáculos muy significativos, no solo en la ciencia, sino en la tecnología”, ha recalcado Kim Budil en la rueda de prensa del anuncio oficial.  “Esto es una sola cápsula de ignición y se ha producido una vez, y para hacer energía de fusión comercial tienes que hacer muchas cosas, tienes que hacer muchos eventos de fusión por minuto”. De modo, que llevará “décadas”. “No cinco décadas, como solíamos decir”, ha resaltado divertida, “pero requerirá grandes esfuerzos de inversión y unas cuantas décadas de investigación”. 

"Para convertir la fusión en una fuente de energía, necesitaremos aumentar aún más la ganancia de energía”, asegura Jeremy Chittenden, profesor de Física de Plasma del Imperial College de Londres en declaraciones al Science Media Centre. “También tendremos que encontrar una manera de reproducir el mismo efecto con mucha más frecuencia y mucho más barato antes de que podamos convertir esto de manera realista en una planta de energía".

“Este es un paso clave en un posible camino hacia la fusión comercial”, asegura el físico de materiales Robin Grimes. “Sin embargo, extraer esta energía para que pueda aprovecharse y desarrollar los materiales que puedan resistir la operación continua son desafíos enormes”. “Es probable que este anuncio tenga más importancia científica que práctica”, señala Mark Wenman, experto en física de materiales, “pero como prueba de concepto debería ayudar a que más fondos fluyan hacia la investigación de la fusión nuclear”.

“Este es un gran resultado científico, pero todavía estamos lejos de la fusión comercial”, subraya la investigadora Aneeqa Khan, de la Universidad de Manchester. “Necesitamos una ganancia de energía neta de ingeniería de todo el dispositivo que tenga en cuenta todas las ineficiencias de la planta. La construcción de un plan de energía de fusión también tiene muchos desafíos de ingeniería y materiales […] Necesitamos capacitar a una gran cantidad de personas con las habilidades para trabajar en el campo y espero que la tecnología se utilice en la segunda mitad del siglo".

2. Aún falta la revisión por pares

Tal y como ha señalado Kim Budil, sus equipos han pasado una semana contrastando los datos para asegurarse de que son correctos e incluso invitaron a "un equipo externo de expertos para hacer una revisión por pares”, ha anunciado. Eso no les exime de pasar el proceso de revisión habitual que requerirá la publicación en una revista científica de primer nivel, donde aún se pueden detectar errores, como sucedió con otros grandes anuncios anteriores.

“Me gustaría poder leer los detalles de este nuevo hito, pero supongo que habrá que esperar varios meses hasta que el artículo esté escrito y enviado a publicación”, asegura el físico y divulgador Francis Villatoro a Vozpópuli. “La gran duda actual es la estimación de la energía producida por la ignición del combustible”, añade. “La medida es indirecta. Si han observado 3.5 MJ es una medida dudosa porque podría estar por encima de lo que los detectores estaban capacitados para medir. Quizás incluso alguno haya sido dañado. Así que esta estimación habría que cogerla con alfileres”. 

“En cualquier caso, para ellos es algo muy relevante, pues su financiación peligraba”, agrega. Su hito de lograr un 72% de la energía inyectada, en agosto de 2022, no había podido ser repetido, destaca el investigador. Y tras muchos intentos a principios de este año se publicó una noticia en Nature sobre posibles problemas de financiación. “Antes de diciembre de 2022 tenían que lograr repetir y superar el logro anterior si querían más financiación. Lo han logrado in extremis”, asegura. “Esto también puede generar dudas en ciertos sectores. ¿Cómo es posible que hayan hecho a principios de diciembre lo que parecía en noviembre que no podrían lograr este año tras múltiples fracasos?”.

3. Los cálculos tienen un “punto débil”

Abundando en el argumento anterior, algunos expertos creen que el punto débil puede estar en los datos sobre el imput de energía. “Aunque es una noticia positiva, este resultado todavía está muy lejos de la ganancia de energía real requerida para la producción de electricidad", asegura  Tony Roulstone, especialista en energía nuclear de la Universidad de Cambridge al Science Media Centre. En resumen, insiste, lo obtenido todavía es mucho menos que la energía que necesitaban para los láseres en primer lugar. "La producción de energía (principalmente energía térmica) seguía siendo solo el 0,5% de la entrada”.  

En el mismo sentido se manifiesta Enrique Borja, doctor en Física y divulgador científico. “[El anuncio] no considera la energía que hemos de suministrar a los propios láseres para su funcionamiento”, señala. “Es decir, hemos visto que podemos sacar energía de la fusión, pero aún estamos muy lejos de poder hacerlo de forma eficiente como para poder ser usada a nivel "industrial". ¿Qué pasaran? ¿Dos años? ¿Cinco? ¿Veinte?  No lo sé. Pero lo que sí sé seguro es que lo conseguiremos”.

"Otro punto clave es que nadie sabe cómo extraer energía eléctrica útil de la fusión inercial mediante láser", añade Villatoro. "No solo es pulsada, sino que cada pulso tiene una duración muy corta (decenas de nanosegundos como mucho) con lo que el método usual de extracción de electricidad, que es el calentamiento de un material que a través de un intercambiador de calor genere vapor de agua que mueva una turbina, es completamente inviable. Nadie sabe cómo en el futuro se podrá extraer energía eléctrica útil de este tipo de instalaciones", sentencia.

  

4. No nos salva de la crisis climática

El último 'pero' tiene que ver con las implicaciones sociales y políticas de este anuncio, porque la sociedad puede interpretar que la crisis climática ya tiene solución y rebajar la presión para adoptar políticas que reduzcan el consumo de combustibles fósiles, lo que sería un grave error. 

“La fusión ya llega demasiado tarde para hacer frente a la crisis climática, ya nos enfrentamos a la devastación del cambio climático a escala mundial, observando las inundaciones en Pakistán, las sequías en China y Europa solo este verano”, señala Aneeqa Khan. "A corto plazo, debemos utilizar tecnologías bajas en carbono existentes, como la fisión y las energías renovables, mientras invertimos en fusión a largo plazo, para ser parte de una combinación energética diversa baja en carbono. Tenemos que utilizar todo lo que tenemos en la crisis climática. Es importante tener estrategias tanto a corto como a largo plazo”.

Fuente:  https://www.vozpopuli.com/next/fusion-nuclear-livermore-anuncio.html

viernes, 21 de octubre de 2022

Los científicos europeos dejan sus laboratorios para salir a la calle ante la inacción climática

 El grupo "Rebelión Científica" suma cada vez más adhesiones. Académicos e investigadores realizan por estos días "acciones de desobediencia civil" en Alemania. El movimiento crece en España

Un grupo de científicos durante una protesta en el museo del automóvil Volkswagen, en Berlín.
Un grupo de científicos durante una protesta en el museo del automóvil Volkswagen, en Berlín.

 Elena González (30 años) es doctora en astrofísica. Con ese título académico -obtenido el año pasado en Londres- empezó a ser realidad el sueño de su vida: ser astrónoma para poder investigar la vida en otros planetas.

Pero esta joven científica está convencida de que hoy su papel en un observatorio es secundario e irrelevante. De nada sirve estudiar la física del universo -dice- si nuestro mundo, el planeta Tierra, está al borde del precipicio como consecuencia del cambio climático.

Movilizada por esta asfixiante realidad, dejó el Reino Unido y volvió a España para sumarse a la "rebelión de los científicos", un movimiento global de acción y protesta que cada vez suma más adhesiones. 

En España, la "desobediencia civil" cuenta con el apoyo de más de 1.200 profesionales. Sus caras visibles son tres eminencias: Fernando Valladares (científico del CSIC), Marta Rivera Ferre (científica y coautora de uno de los últimos informes del IPCC) y Jorge Riechmann (filósofo y ecologista).

El objetivo de este movimiento pasa por instar a los gobiernos y empresas a actuar "con urgencia" para mitigar los efectos de un colapso climático que, entienden, está en puerta. Respaldan su diagnóstico en el conocimiento científico. En sus saberes, en sus investigaciones, en sus años de estudio.

"Scientist Rebellion" (nombre global) es una ramificación de lo que se conoció como "Extinction Rebellion", un movimiento de activistas nacido en Londres en 2018. Este subgrupo tiene un sello diferencial: son los propios científicos e investigadores los que "ponen el cuerpo" para protestar.

La primera aparición pública fue en abril de este año tras la publicación del sexto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Se realizó una "acción coordinada" en 25 países. Participaron un millar de científicos, según los organizadores.

Queremos ser los catalizadores de la comunidad científica como Greta Thunberg lo ha sido de la juventud. El tiempo urge. Necesitamos una reacción más amplia

En Madrid, los científicos se sentaron frente a la fachada principal del Congreso gritando consignas como "No hay planeta B" o Alerta Roja. Escuchad a la Ciencia". Algunos manifestantes mancharon con tinta roja biodegradable (zumo de remolacha) las escaleras del Hemiciclo. En junio, 14 científicos fueron detenidos por la Brigada Antiterrorista de la Policía Nacional. Se les inició una causa por "daños al mobiliario público".

Por estos días, la desobediencia civil se centra en Alemania, epicentro de las nuevas protestas. Se trata, a juicio de los científicos, de un "país clave" en la Unión Europea, cuya economía se ha beneficiado más que otras de la quema de combustibles fósiles y de la explotación de recursos.

La industria del automóvil, que domina nuestra forma de organizar la movilidad, nos empuja hacia una Tierra inhabitable. Compañeros de@EsRebelCientif han llevado la protesta hasta una de sus sedes principales, en Alemania. ¡Ánimo! https://t.co/6fgYSwRxW0— Jorge Riechmann (@JorgeRiechmann) October 20, 2022 El objetivo de este movimiento pasa por instar a los gobiernos y empresas a actuar "con urgencia" para mitigar los efectos de un colapso climático que, entienden, está en puerta. Respaldan su diagnóstico en el conocimiento científico. En sus saberes, en sus investigaciones, en sus años de estudio."Scientist Rebellion" (nombre global) es una ramificación de lo que se conoció como "Extinction Rebellion", un movimiento de activistas nacido en Londres en 2018. Este subgrupo tiene un sello diferencial: son los propios científicos e investigadores los que "ponen el cuerpo" para protestar.La primera aparición pública fue en abril de este año tras la publicación del sexto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Se realizó una "acción coordinada" en 25 países. Participaron un millar de científicos, según los organizadores.Queremos ser los catalizadores de la comunidad científica como Greta Thunberg lo ha sido de la juventud. El tiempo urge. Necesitamos una reacción más ampliaEn Madrid, los científicos se sentaron frente a la fachada principal del Congreso gritando consignas como "No hay planeta B" o Alerta Roja. Escuchad a la Ciencia". Algunos manifestantes mancharon con tinta roja biodegradable (zumo de remolacha) las escaleras del Hemiciclo.  En junio, 14 científicos fueron detenidos por la Brigada Antiterrorista de la Policía Nacional. Se les inició una causa por "daños al mobiliario público". "A España le interesa la transición energética: va a reindustrializarse como nunca desde su ingreso a la UE"Por estos días, la desobediencia civil se centra en Alemania, epicentro de las nuevas protestas. Se trata, a juicio de los científicos, de un "país clave" en la Unión Europea, cuya economía se ha beneficiado más que otras de la quema de combustibles fósiles y de la explotación de recursos.Científicos de toda Europa está realizando acciones de protesta en Alemania

Las acciones empezaron esta semana en Berlín y durarán hasta el inicio de la 27 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP27) que se desarrollará en Sharm el Sheij (Egipto) entre el 6 y el 18 de noviembre.

El ambientólogo español Víctor de Santos Herranz viajó a Alemania para participar de la protesta. "El Gobierno de Scholz puede reajustar toda la conversación internacional sobre la crisis climática y desbloquear las resistencias actuales para tomar medidas que garantizarían la supervivencia humana. Nunca la cuestión de nuestra supervivencia colectiva ha sido tan apremiante", explica.

Una de las protestas consistió, por ejemplo, en la ocupación del "Porsche Pavillon" del museo del automóvil Volkswagen durante más de 2O horas. Los científicos enviaron sus demandas al CEO de esta multinacional, "un símbolo global de la industria fósil". 

Por estos días, la desobediencia civil se centra en Alemania, epicentro de las nuevas protestas. Se trata, a juicio de los científicos, de un "país clave" en la Unión Europea, cuya economía se ha beneficiado más que otras de la quema de combustibles fósiles y de la explotación de recursos

En paralelo a las protestas callejeras, el movimiento lanzó la firma de un documento titulado "Una academia unida puede luchar contra el fracaso climático". La carta ya tiene la adhesión de más de 500 académicos de 42 países.

"La respuesta de los científicos de todo el mundo debe ser decisiva. ¿Cómo honramos la creciente confianza del público en nuestra comunidad de expertos frente a las inminentes catástrofes del cambio climático y ecológico? Es simple: los académicos deben compartir con el público lo que comparten entre ellos sobre la respuesta mundial al cambio climático y la pérdida de biodiversidad", explica este colectivo en su página web.

Los académicos sostienen que "continuar diciendo públicamente que limitar el calentamiento a 1,5°C todavía está vivo ya no es defendible", pese a que los políticos y muchos movimientos ambientalistas persisten en hacerlo. La respuesta -lamentan- es que "las industrias contaminantes y los formuladores de políticas se ven inadvertidamente alentados a resistir la rápida descarbonización".

"No es la primera vez en nuestra historia que la comunidad científica ha ejercido su responsabilidad de decir la verdad a la sociedad sobre la posibilidad real de un cataclismo global, y exigir que los que están en el poder actúen en consecuencia. Recordemos que el peligro de una guerra nuclear fue motivo de una movilización masiva y sin precedentes de la comunidad científica en el siglo XX", ponen de ejemplo.

Eva González (centro) durante la protesta que Rebelión Científica España llevó a cabo en abril en el Congreso.

Elena González le cuenta a LPO que, en España, son cada vez más los científicos y académicos interpelados por el movimiento. Algunos, como ella, han dejado su carrera para luchar en las calles. Otros, ante la necesidad de subsistencia, compatibilizan sus trabajos -universidades, organismos públicos- con una "rebeldía obligada por la catástrofe climática".

No es la primera vez en nuestra historia que la comunidad científica ha ejercido su responsabilidad de decir la verdad a la sociedad sobre la posibilidad real de un cataclismo global, y exigir que los que están en el poder actúen en consecuencia

"Somos un grupo horizontal, sin líderes. Tenemos reuniones semanales y distintas áreas de trabajo. La participación está abierta a toda la ciudadanía, pero las acciones de desobediencia las hacemos los científicos. Creemos que son más potentes y contundentes", explica.

Y agrega: "Necesitamos que la élite científica diga en público lo que dice en privado: que ya no es posible alcanzar ese límite del 1,5°C, hagamos lo que hagamos. Estamos en un punto de no retorno. En nada muchos países no van a ser habitables".

González admite un "debate interno" sobre cuáles son las acciones más efectivas para convencer a la ciudadanía de la urgencia y gravedad de la problemática. "La única premisa es que no tienen que ser violentas. Sabemos que a lo largo de la historia los grupos desobedientes han sido odiados y estigmatizados. Pero también sabemos que muchas transformaciones han sido posible gracias a esta desobediencia", dice.

Un contrapeso, admite, es interno: las universidades no apoyan estas acciones. "La élite académica nos da la espalda. Tienen muchos intereses en la industria fósil y en instituciones financiadas por esta enorme economía".

La astrofísica aclara que "no van a volver a los laboratorios hasta que el poder político y económico no asuma las transformaciones estructurales necesarias para evitar una catástrofe": "Queremos ser los catalizadores de la comunidad científica como Greta Thunberg lo ha sido de la juventud. El tiempo urge. Necesitamos una reacción más amplia".

"Salimos de nuestros laboratorios, de nuestra profesión, y nos rebelamos. Todas y todos debemos salir. Si las científicas seguimos actuando como si nada pasara lanzamos el mensaje de que, en realidad, las cosas no están tan mal", concluye.

 Más información: https://www.lapoliticaonline.com/espana/europa-es/los-cientificos-europeos-dejan-sus-laboratorios-para-salir-a-la-calle-ante-la-inaccion-climatica/

sábado, 16 de julio de 2022

Sin cromosoma Y

Cromosmas sexuales | DNA Didactic Blog
Es probable que en las noticias hayáis oído que, con la edad, los hombres pierden el cromosoma Y y que eso podría explicar su menor esperanza de vida. Bien, como siempre pasa en biología, las cosas no son tan simples, así que he pensado que valía la pena contaros lo que realmente se ha descubierto y todo lo que queda por investigar.

El sexo biológico en mamíferos (por ejemplo, los humanos) se determina, en principio, por la presencia o no del cromosoma Y en el cigoto, la célula resultante de la fecundación de un óvulo y espermatozoide. El desarrollo de órganos sexuales en el embrión depende de diferentes genes, pero un gen "maestro" del desarrollo de los órganos masculinos, el gen SRY, se localiza en este cromosoma Y. El programa de desarrollo de los órganos sexuales del embrión es, inicialmente, femenino, y sólo si existe la expresión del gen SRY y sus genes diana (que se localizan en otros cromosomas) se determina que el embrión tenga sexo masculino si no hay otras mutaciones (cambios genéticos) o cambios sobrevenidos (por ejemplo, cambios epigenéticos).

El embrión humano, que ha recibido su dotación genética cromosómica de los progenitores (mitad de cada parental), copia sus cromosomas (le llamamos replicación) y los transmite a las células hijas, de forma que cada célula hija recibe una copia completa de los cromosomas iniciales. Sin embargo, es muy difícil copiar 6,600 millones de nucleótidos (las "letras" del DNA) sin incorporar alguna mutación o cambio. Por término medio, se ha calculado que hay una mutación incorporada cada dos divisiones celulares. Asumimos que muchas mutaciones son puntuales, es decir, una "letra" ha sido cambiada por otra, pero existen muchos otros tipos de mutaciones. En un organismo, las mutaciones o cambios en la secuencia del DNA pueden ser causadas por agentes endógenos o exógenos, es decir, pueden depender de errores debidos a la propia maquinaria replicativa, o pueden ser causadas por agentes físicos o químicos que interaccionan con el DNA, provocándole cambios y, por lo tanto, mutando la secuencia.

Todo esto os lo explico para que empecéis a mentalizaros que nuestras células, las que tenemos en nuestro cuerpo, van mutando su secuencia de DNA por el solo hecho de estar viviendo. Si lo comparamos con toda la magnitud de nuestro genoma, estas mutaciones alteran un pequeñísimo porcentaje, pero ya podéis imaginar que depende mucho de qué gen (es decir, de qué instrucción genética) se ve afectado. Estas mutaciones que se dan dentro del organismo se llaman mutaciones somáticas y no se transfieren a la descendencia. Sin embargo, son primordiales para explicar muchas de las enfermedades que nos afectan a todos, por ejemplo, son importantísimas para comprender cómo y por qué podemos desarrollar un cáncer.

En general, la mayoría de mutaciones, como os acabo de mencionar, son puntuales, pero hay otros tipos. Las hay que comprenden fragmentos muy grandes de cromosomas o, incluso, cromosomas enteros. Los humanos tenemos 46 cromosomas (organizados por parejas, 23 proceden de la madre y 23 del padre). Como los cromosomas contienen muchísimos genes, la falta o exceso de información genética de un cromosoma (sea porque tenemos un cromosoma de más o un cromosoma de menos) afecta a muchos genes importantes en muchos tejidos y órganos, por eso hablamos de síndromes. Seguro que conocéis algunos síndromes causados por el incremento o decremento de un cromosoma. Por ejemplo, el síndrome de Down (caracterizado por tener 47 cromosomas, con un cromosoma 21 adicional, o el síndrome de Turner (las pacientes son mujeres con 45 cromosomas, ya que contamos sólo con un único cromosoma X). Estos síndromes presentan patologías complejas, con una cierta variabilidad entre individuos, pero mayoritariamente se dan por un error en la formación de los gametos, es decir, un error en la formación del espermatozoide o en el óvulo.

No obstante, hay que remarcar que hay otras mutaciones cromosómicas que se dan dentro de las células del individuo, es decir, dentro de las células somáticas de nuestro cuerpo. Hasta cierto punto, podemos entender que en las células que se dividen mucho sea más fácil que se generen errores en la copia del DNA o en la división de los cromosomas entre las células hijas. Uno de estos errores implica al cromosoma Y, que es pequeño y contiene "sólo" en torno a 70 genes (muchos menos que los 800 genes descritos del cromosoma X). Si se "pierde" este pequeño cromosoma, en principio, no compromete la viabilidad ni la supervivencia de la célula. Entonces, la persona sería mosaico, tiene células con cromosoma Y y otras que no. Sin embargo, ¿cómo sabemos que esta pérdida sucede? No podemos ir arrancando célula a célula de un hombre (XY) con el fin de ver si tiene los 46 cromosomas originales, o sólo tiene 45 porque ha perdido uno, el cromosoma Y. Ciertamente, no podemos saber qué pasa en las neuronas, ni en las células musculares, ni el hígado, pero sí que podemos analizar fácilmente qué pasa con las células sanguíneas, es decir, qué pasa en la médula, que es donde crecen y se dividen las células madre hematopoyéticas, las que originan los glóbulos rojos, los blancos, las plaquetas y muchas otras células implicadas en la respuesta inmunitaria, como los macrófagos.

Pues bien, los hombres de una cierta edad, no sólo pierden el pelo, la musculatura o la elasticidad de los cartílagos, sino que se sabe que sus células sanguíneas pierden el cromosoma Y y se quedan con 45 cromosomas. No son todas, sólo un porcentaje, pero este va incrementando con la edad. Los hombres de 70 años tienen en torno a un 40% de células sanguíneas sin cromosoma Y, mientras que la proporción es del 57% en los hombres de 93 años. Si analizamos la sangre de hombres todavía más viejos, la pérdida del cromosoma Y puede afectar al 80% de sus células. Claramente, esta pérdida es progresiva con la edad. Para analizar si esta pérdida del cromosoma Y puede tener alguna consecuencia grave para la salud de los hombres, los investigadores cogieron células madre hematopoyéticas de ratón, y mediante la técnica de edición genética, destruyeron –de forma específica y precisa– la secuencia del centrómero del cromosoma Y, la secuencia que asegura la permanencia de un cromosoma en las células y sin la cual el cromosoma se pierde en las divisiones celulares. Estas células editadas genéticamente han sido introducidas dentro de la médula de un ratón receptor, por lo cual, este ratón produce un porcentaje de células sin cromosoma Y (entre 49% al 81%), tal como pasa en los hombres con la edad. Estos ratones trasplantados son en principio viables, pero si se estudian durante dos años, se ve que se incrementa el número de los que mueren antes comparándolo con los ratones de la misma edad que tienen el cromosoma Y. Aunque el resto de células del cuerpo no están modificadas, las células trasplantadas producen, como hemos dicho, muchos tipos de células, entre los cuales encontramos los macrófagos. Los macrófagos son los encargados de reconocer, "comer" y eliminar patógenos (bacterias, células infectadas por virus o células estropeadas), y se infiltran por todos los tejidos, incluyendo el corazón. Los investigadores determinan que estos ratones tienen más problemas de corazón y mueren más que los ratones de la misma edad a los que no les falta el cromosoma Y. De aquí hipotetizan que podría ser que los hombres mayores de 70 años que tienen problemas de fibrosis cardiaca probablemente presentaran un mayor porcentaje de pérdida del cromosoma Y. Hacen un estudio prospectivo con muestras de pacientes de biobancos del Reino Unido y parece que los hombres que han muerto por deficiencia cardiaca presentan más fibrosis del corazón y, al mismo tiempo, tienen un mayor porcentaje de células que han perdido el cromosoma Y.

Ahora bien, aunque este trabajo está bien realizado, es sobre todo descriptivo y los investigadores no proporcionan ningún mecanismo molecular definitivo. Sólo presentan un conjunto de datos, muy bien trabajados, que indican que la pérdida del cromosoma Y puede ser relevante para explicar la menor esperanza de vida de los hombres. Sin embargo, tiene que haber forzosamente otros factores que aquí no se tienen en cuenta, como el impacto de las hormonas masculinas en diferentes vías metabólicas relacionadas con la longevidad. No sabemos por qué se da esta pérdida del cromosoma Y, ni cuáles son los genes importantes de este cromosoma, cuya deficiencia determina la fibrosis cardiaca. Creo que no podemos simplificar tanto un problema que, a la fuerza, tiene que ser complejo y no se debe a una única causa. Aunque es un resultado sorprendente e interesante, queda mucho trabajo por hacer todavía para averiguar por qué los hombres viven, por término medio, menos que las mujeres.´

FOTO GEMMA MARFANY OK
Gemma Marfany

Fuente: https://www.elnacional.cat/es/opinion/cromosoma-y-gemma-marfany_788223_102.html

martes, 21 de junio de 2022

La isla Pitcairn y el motín de la ‘Bounty’

HMS Bounty II, réplica de 1960 del HMS Bounty original, en una imagen de 2010. Este barco se hundió frente a las costas de Carolina del Norte en 2012 a consecuencia del huracán Sandy.

 

El 26 de octubre de 1788, el barco Bounty de Su Majestad llegó a Tahití. El capitán era el Teniente de la Armada Real William Bligh, experimentado y capaz de terminar con éxito las misiones que le encomendaban. Era de los mandos que había acompañado a James Cook en su tercera expedición. La Bounty había partido del puerto de Spithead, en Inglaterra, frente a Southampton, el 23 de diciembre de 1787. Tenía 215 toneladas, construido en 1784, con 28 metros de largo y 7.6 metros de ancho. La tripulación la componían 46 hombres. Era un barco de carga que compró la Armada Real para el viaje a Tahití en una expedición, promovida por la Royal Society, con el objetivo de recoger plantones del árbol del pan en Tahití y llevarlos al Caribe para replantarlos, iniciar su cultivo y cosechar un alimento barato para los miles de esclavos que se traían de África a las plantaciones de las Antillas. Contaré esta historia con la ayuda del extraordinario relato periodístico, titulado “Los amotinados de la Bounty”, que Julio Verne publicó en 1879.

El árbol del pan, de nombre científico Artocarpus altilis, procede de antepasados del mismo género de Filipinas y las islas Molucas, al sur de Filipinas y que, ahora, pertenecen a Indonesia. Su origen está en el oeste del Pacífico. Las migraciones humanas, de oeste a este, por las islas del Pacífico, llevaron el árbol del pan a Oceanía y evolucionaron, por cultivo y selección, en la especie, Artocarpus altilis, que conocemos ahora. A partir del siglo XVII, los navegantes europeos lo llevaron a todas las zonas tropicales del planeta y, especialmente, a las Antillas.

Hojas y fruto del árbol del pan. Foto: Wikimedia Commons

Seis meses permaneció la Bounty en la isla de Matavai, en el grupo de Tahití, mientras recolectaban los plantones del árbol del pan. Allí, la tripulación encontró amigos y parejas entre los tahitianos. Cargaron 1015 ejemplares del árbol del pan hasta llenar la bodega.

Cuando Bligh ordenó partir para llevar la carga al Caribe, la tripulación no quería hacerlo, estaban a gusto en Tahití. Pero partieron, y el 28 de abril de 1789, con la Bounty en el mar, camino al Caribe, estalló el motín a bordo. Fletcher Christian, segundo de a bordo, junto a 18 miembros de la tripulación, se amotinó contra el capitán Bligh. Abandonaron al capitán y a los que no se amotinaron en una barca y, después de 47 días de viaje y 6500 kilómetros, llegaron a Timor, fueron rescatados y regresaron a Inglaterra.

Isla Pitcairn. Foto: Wikimedia Commons

Los amotinados eran 29 que, bajo el mando de Fletcher Christian, partieron en la Bounty y regresaron a Tahiti. Pronto empezaron los problemas entre los amotinados. Unos querían quedarse en Tahití y otros huir y esconderse en alguna isla del Pacífico. Christian, con nueve amotinados, seis tahitianos y 13 tahitianas más una niña, cargaron el barco con plantas y animales necesarios para instalarse en otra isla y marcharon de noche de Tahití. Los tahitianos fueron invitados a una fiesta en el barco que zarpó durante la noche, y los amotinados los raptaron. Su intención era llegar a la isla Pitcairn y refugiarse en ella.

Al llegar a la isla, el 15 de enero de 1790, quemaron el barco para borrar su rastro y que no les encontrase la vengativa y justiciera Armada Real. Todavía se ven los restos de la Bounty en la costa de la isla y los isleños celebran cada 23 de enero el aniversario quemando una maqueta de pequeño tamaño del barco.

Bounty Bay, en la isla Pitcairn, a donde llegó la Bounty y fue quemada.

Para 1794 quedaban cuatro de los amotinados. Habían continuado las peleas entre ellos, sobre todo por las mujeres de Tahití que les acompañaban. Incluso Christian fue acuchillado por un tahitiano en una pelea. Fueron años de alcohol, violaciones y asesinatos, y para 1800 solo quedaban dos amotinados, Young y Adams, y el primero murió de una ataque de asma. En la isla sobrevivió Adams como único hombre, con seis mujeres tahitianas y unos veinte niños que llevaban los apellidos de los amotinados. Todavía los utilizan los habitantes actuales de la Isla Pitcairn que descienden de aquellos marineros amotinados .

John Adams recuperó una Biblia de los libros que iban en la Bounty, volvió a la religión y a las buenas costumbres, llegó la paz, la isla prosperó y la población creció. Unos años más tarde, la Armada Real los encontró.

Era 1814, décadas después del motín, cuando dos barcos de guerra ingleses, el Briton y el Tagus, a las órdenes del capitán Thomas Staines, navegando por el centro del Pacífico Sur, encontraron una pequeña isla volcánica, con 9.6 kilómetros de circunferencia, unos 4 kilómetros de longitud, 4.35 kilómetros cuadrados de superficie y un cono volcánico que, en su punto más alto, alcanzaba los 300 metros. La había descrito años atrás el explorador Philip Cateret, que había descubierto la isla el 3 de julio de 1767. Fue bautizada como Pitcairn en recuerdo de uno de los marineros que primero habían desembarcado en ella. Era una isla montañosa, pequeña, volcánica y con unas costas escarpadas, casi sin playas ni puertos accesibles. Ahora es el último Territorio Británico de Ultramar en el Pacífico. Por cierto, había una copia de los diarios de viaje de Cateret en la Bounty y sirvió de guía a Fletcher Christian para encontrar la isla y refugiarse en ella.

El Briton y el Tagus fueron recibidos por una pequeña embarcación con dos hombres que se presentaron como descendientes de los amotinados de la Bounty. Para 1856 los descendientes de los amotinados eran 196 y el gobierno británico consideró que la isla no tenía suficientes recursos para mantenerlos y los trasladó a la isla Norfolk, más cercana a Nueva Zelanda y Australia y a unos 6000 kilómetros al oeste de la isla Pitcairn. Quedó deshabitada pero, un par de años más tarde, 16 de los trasladados regresaron y, en otros cinco años, lo hicieron 27 más. En la actualidad, en la isla Norfolk hay 1600 residentes permanentes y, según el censo de 2006, la mitad descienden de los amotinados que no volvieron a Pitcairn.

Los que quedaron en Norfolk, años después, en 2015, sirvieron a Miles Benton y su grupo, de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia, para estudiar su ADN. Lo analizaron en las mitocondrias, heredado por vía materna, y en el cromosoma Y del núcleo, que solo se encuentra en los hombres.

Habitantes de la isla Pitcairn en 1916

Los resultados confirman lo que había supuesto Miles Benton, según la historia que conocía de los habitantes de la isla Pitcairn: el ADN mitocondrial es de linaje polinésico, de las únicas mujeres que llegaron a la isla, las tahitianas que secuestraron Fletcher Christian y sus hombres; y el cromosoma Y tiene su origen en Europa ya que viene de los marineros europeos amotinados en la Bounty. Dos siglos después y once generaciones más tarde, el ADN confirma el origen genético de los descendientes de la Bounty. Más de siglo y medio después, en los primeros años del siglo XXI, en la isla Pitcairn, en 2014, quedan 56 habitantes.

El motín de la Bounty y los hechos y aventuras que le siguieron son populares y han aparecido, según Maria Amoamo, de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, en unos 1200 libros, más de 3200 artículos en periódicos y revistas, en documentales e, incluso y lo que más difusión le ha dado, en tres superproducciones de Hollywood con mucho presupuesto y grande estrellas como protagonistas. Es Maria Amoamo la mayor especialista sobre la población actual de la isla Pitcairn. Vivió en la isla entre 2008 y 2013, más o menos dos años y medio, acompañando a su marido, médico de profesión y contratado por el gobierno británico para cubrir el servicio sanitario en la isla. Durante su estancia, Maria Amoamo contactó con la población, aprendió de su modo de vida y tomó numerosas notas y fotografías de las actividades cotidianas en la isla. Con ello completó su proyecto postdoctoral en la Universidad de Otago.

El futuro de la isla y de sus habitantes se basa, en la actualidad, en el turismo y en los cruceros que llegan para visitarla. Para atraer visitantes tiene su historia, tan conocida y propagada, sobre todo por Hollywood, una historia que crea morbo y lleva a los turistas a Pitcairn a conocer a sus habitantes, descendientes de los amotinados de la Bounty, y, también, tiene la naturaleza, aun poco conocida y todavía menos publicitada. Como ejemplo sirve el estudio de Alan Friedlander y su grupo, de la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos, en las cuatro islas del grupo Pitcairn: Ducie, Henderson, Oeno y Pitcairn. Han recogido animales y algas en 97 lugares de las costas de estas islas entre 5 y 30 metros de profundidad, y han explorado con cámaras de video 21 puntos entre 78 y 1585 metros.

Los resultados son espectaculares, con nuevas citas de especies conocidas de otras zonas del Pacífico y algunas especies nuevas todavía sin describir. Los autores proponen que, por su gran biodiversidad y la rareza de las especies encontradas, deben protegerse las costas de la todas las islas del grupo.

Pero ya en 1995, T.G. Benton, de la Universidad de Cambridge, comparó la basura de las playas de las islas Ducie y Oeno, del grupo Pitcairn y deshabitadas, con la basura de la playa Inch Straud, en el sudoeste de Irlanda. Y, sorprendentemente, no encontró mucha diferencia. En el Pacífico hay botellas de cristal y de plástico, y boyas de pesca, y en Irlanda abundan los envoltorios de chucherías y las bolsas de plástico. Como ejemplo, de las 130 botellas de vidrio encontradas en las playas de la isla Ducie, 41 venían de Japón, 11 de Escocia y 9 de Gran Bretaña, y la mayoría eran de whisky.

Basura en Pitcairn. Fuente: newshub.co.nz

Y 20 años más tarde, como veíamos hace unas semanas, es evidente que la contaminación en nuestro planeta ya es un problema global, sin límites geográficos, y llega a lugares tan apartados como estas solitarias islas del centro del Pacífico. Fueron Jennifer Lavers y Alexander Bond, quienes visitaron la isla Henderson del grupo Pitcairn, deshabitada y conocida como un paraíso para las aves. Pero, cuantificaron los plásticos de sus playas y se encontraron que era uno de los lugares con más plásticos de todos los mares del planeta. En las playas, había de 20 a 670 fragmentos de plástico por metro cuadrado, y en los fondos frente a la costa, el número era de 53 a 4500 fragmentos por metro cuadrado.

Cada día llegan a la isla, arrastrados por las corrientes oceánicas, entre 17 y 268 nuevos fragmentos. Y, no hay que olvidar, que es una isla deshabitada, es decir, todo el plástico viene del exterior y, además, de lugares muy lejanos, algunos a miles de kilómetros. Los autores detectan que los restos de plástico relacionados con la pesca llegan desde China. Japón y Chile.

Para terminar, años más tarde del famoso motín, el entonces Vicealmirante William Bligh, al mando del Assisstance, partió de nuevo hacia el Pacífico para llevar el árbol del pan a las Antillas, y lo consiguió. En la actualidad, el árbol del pan es un alimento barato y popular en el Caribe.

Fuente: https://culturacientifica.com/2019/08/15/la-isla-pitcairn-y-el-motin-de-la-bounty/

domingo, 17 de abril de 2022

Antonio Turiel: «No es verdad que no se pueda hacer nada para parar el colapso»

 Entrevista con el doctor en Física Teórica e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que acaba de publicar 'El otoño de la civilización' (Escritos Contextatarios, 2022). 

https://agqcvcudno.cloudimg.io/v7/https://agqcvcudno.cloudimg.io/v7/https://www.climatica.lamarea.com/wp-content/uploads/2022/03/D4A9272-1024x683-1-900x600.jpeg?w=750&org_if_sml=1
Antonio Turiel. Foto: Berta Alarcó/Crític.

  Antonio Turiel (León, 1970), doctor en Física Teórica, experto en oceanografía e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), acaba de publicar un nuevo libro, El otoño de la civilización (Escritos Contextatarios, 2022), con prólogo de Yayo Herrero y epílogo de Jorge Riechmann. De acento decrecentista y colapsista, lleva años alertando sobre la crisis energética y el pico del petróleo y otras materias primas, y sus análisis son a menudo críticos, tanto con los defensores de los combustibles fósiles, como también con los de las energías renovables. Fuera de la academia, su blog The Oil Crash y su canal de Twitter se han convertido en una referencia para activistas ecologistas. Su libro Petrocalipsis, sobre el abismo postpetróleo, se convirtió en 2020 en casi un best-seller ecologista.

 Hablemos del concepto “otoño de la civilización”, que aparece en el título del nuevo libro de artículos publicados en Ctxt con Juan Bordera. Explique el concepto: ¿Por qué otoño?

El otoño es la última etapa de la vida. Hasta el verano estuvimos creciendo: todo era fácil y abundante. Ahora esto se ha acabado. La civilización, tal como la entendemos hoy, está llegando a una fase crucial. Que nuestra civilización acabe puede querer decir que se adapte al nuevo escenario y, por lo tanto, aparezca una nueva cosa, o podría ser nuestro final tal como se han colapsado antes otras civilizaciones. Como decía Yayo Herrero, el invierno también podría ser una época de recogimiento hasta que llegara una nueva primavera. Pero, antes de eso, tenemos que superar una prueba. Los próximos años y décadas serán muy duros. Podemos prepararnos para pasar este invierno crudo, o sucumbiremos en invierno. Esta es la gran encrucijada.

Estamos en el Siglo de la Gran Prueba”, dice siempre el filósofo y ecologista Jorge Riechmann.

Los científicos llevan tiempos avisando que las cosas son peores de lo que se reporta en los informes oficiales porque algunos gobiernos maquillan las conclusiones. La gran cuestión a decidir hoy en día ya no es qué hacer, sino cómo hacer la transición ecológica. Hoy se está intentando hacer una transición continuista, en la cual se intenta sustituir la energía fósil por una energía renovable eléctrica, suponiendo que esto se pudiera hacer.

Siguiendo con vuestra metáfora, ¿cuándo creen que se nos acabó el verano?

El verano acabó en 2008. El momento álgido de máximo esplendor de recursos sería en los años sesenta. ¡Ni nos preocupábamos por el futuro! Entonces empezaron a surgir las primeras tormentas como la guerra del Vietnam… y, sobre todo, la crisis del petróleo del 73 o la guerra entre Irán e Irak. A pesar de las advertencias del Club de Roma sobre los límites del crecimiento, nosotros seguimos adelante sin pararnos. Todo parecía que iba bien. Hasta… el 2008. Entonces todo el mundo vio que el sistema no podía seguir como hasta ahora, y todo estalló. Recordamos aquella crisis por las hipotecas subprime y todo eso, pero también fue una crisis energética, y fue el momento del pico de precios del petróleo, que llegó a 147 dólares el barril de Brent. Desde entonces, ya no hemos levantado la cabeza.

La tormenta perfecta nos llega después de la COVID-19: en plena pandemia, estallan todas las crisis, escasez de materias primas, récords de precio del petróleo y del gas, los alimentos se encarecen… y, el redoble final, la invasión en Ucrania con el enfrentamiento de fondo entre dos potencias nucleares.

Ahora están estallando las contradicciones que teníamos enterradas desde hacía muchos años. Ya teníamos muchos de estos problemas, pero los ignoramos. Científicos y organizaciones de la ONU llevan tiempo diciendo que estamos haciendo cosas insostenibles… pero las continuamos haciendo, y llega un momento en que la cosa se colapsa. Estos problemas se interpretaban como fenómenos aislados, pero están conectados. Y tienen su origen en una enfermedad: el problema de sostenibilidad del sistema capitalista, que nos aboca a la autodestrucción porque ha topado contra los límites biofísicos del planeta. Y este choque se manifiesta con la pérdida de biodiversidad, la escasez del agua, la degradación del medio ambiente, incluyendo el cambio climático, y el agotamiento de recursos naturales.

Y ahora… ¡la guerra! ¿En qué grado, en materia energética, dependemos realmente de Rusia?

Ni la Unión Europea ni tampoco los Estados Unidos pueden toser mucho a Rusia porque dependemos de ellos. El caso europeo es flagrante: el 45% del gas y el 30% del petróleo que importamos viene de aquel país. Pero, incluso en los Estados Unidos, el 22% del diésel que consumieron en febrero venía de Rusia… Y nuestras fábricas dependen de minerales que tienen los rusos, como por ejemplo el hierro, el aluminio, el titanio, el paladio… Por eso, Rusia se siente fuerte para hacer lo que hace. Y, por eso, a pesar de la retórica de nuestros dirigentes, nosotros no estamos en guerra contra Rusia y seguimos comprando gas, petróleo y todo lo que necesitamos de ellos.

Hay una frase del activista y pensador Luis González Reyes que creo que es clave para entender el momento: “Demasiadas cosas que parecían imposibles están pasando al mismo tiempo. ¿Estamos viviendo las primeras etapas del colapso”. ¿Está de acuerdo con él?

El colapso es un proceso, no es un acontecimiento instantáneo. Para explicar la caída del Imperio romano, se puede hablar del saqueo de Roma, o del último emperador romano; pero, en realidad, la caída fue un proceso que duró siglos. Pero nosotros vamos hacia un proceso de colapso más rápido, que puede durar décadas. Ahora estamos en un momento de procolapso: es decir, una situación que favorece el colapso, en lugar de mitigarlo o de retrasarlo. Las sociedades se colapsan porque se emperran en una idea equivocada: nuestra idea es querer un crecimiento infinito en un planeta finito. Pero también es cierto, y yo siempre lo remarco, que casi todos los procesos de colapso son reversibles. No es verdad que no se pueda hacer nada para pararlo.

El precio del petróleo está en cifras récord. Usted ha llegado a decir que, con estos precios del petróleo, estamos “al límite de resistencia de la economía mundial”.

El petróleo representa una tercera parte de toda la energía que consumimos. En el caso del transporte, es más del 95% de la energía. Y, en concreto, el diésel es la sangre de nuestro sistema globalizado. Además, el petróleo también es clave para derivados como plásticos, químicos y reactivos básicos para la industria. Por lo tanto, el petróleo es fundamental para la economía actual. Si sube demasiado de precio y esto dura demasiadas semanas, entraremos en recesión. El Estado español ya está al límite de resistencia, y es muy probable que de aquí a poco entremos en recesión. El único que nos podría salvar es la inyección económica monstruo de la Unión Europea a través de los fondos Next Generation, y esto inyectará de golpe, como si fueran esteroides, una mayor resistencia económica para España.

¿Por qué está subiendo el precio de la gasolina? ¿Es por culpa de la guerra en Ucrania y de las sanciones en Rusia?

¡No! Hace semanas que estaba subiendo. Los países de la OPEP se están quedando sin capacidad de producción ociosa de petróleo, es decir, no se pueden guardar producción para ponerla en el mercado más tarde y así controlar los precios. La producción de petróleo caerá entre un 20% y un 50% de aquí a 2025. Desde el año 2014, las empresas petroleras están reduciendo su investigación de nuevos yacimientos.

¿Y por qué?

Porque saben que perderían dinero. El que queda no es rentable. Lo que está pasando ahora se explica porque en el periodo de 2011 a 2014 las petroleras no subieron más los precios, a pesar de que estaban perdiendo mucho dinero, porque la economía no lo habría resistido, y perdieron dinero a puñados. Un informe del Departamento de Energía de los Estados Unidos, publicado en 2014, mostraba cómo las 127 empresas de petróleo y de gas más grandes del mundo estaban perdiendo dinero al ritmo de 100.000 millones de dólares anuales. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía había avisado hace años de que los precios del petróleo subirían en el periodo que iba de 2020 a 2025. Los economistas clásicos dicen que, si las petroleras ganan dinero ahora… volverán a hacer inversiones para prospecciones de nuevos yacimientos, y que todo volverá a la normalidad, pero las petroleras ya han dicho que no buscarán más e, incluso, dicen que lo hacen para luchar contra el cambio climático. Aun así, yo intuyo que los gobiernos occidentales intentarán intervenir para tapar el agujero.

¿Y el precio del gas seguirá subiendo también? Rusia y Argelia no abren el grifo tanto como lo abrían antes…

El gas todavía puede resistir unos cuántos años más que el petróleo o que el uranio. Según la Agencia Internacional de la Energía, la producción de gas a escala mundial podría tocar techo en torno a 2025. Pero el problema que tiene el gas es que tiene un transporte difícil y caro, y la mejor manera de importarlo es por gasoducto. Transportar gas en barcos significa llevar el gas hasta una planta de licuefacción, mantenerlo a 160 grados bajo cero en un barco metanero con un coste energético muy alto, llegar hasta un puerto en Europa que tenga una planta regasificadora… y esto, por lo tanto, tiene unos costes económicos grandes y, además, generaría cuellos de botella en situaciones de tensión. Por lo tanto, la mejor opción para Europa es el transporte por tierra, y por tierra solo hay dos opciones: Argelia y Rusia. El problema es que la producción de gas de Rusia y de Argelia está estancada desde hace ya 20 años. Y, además, cada vez necesitan más consumo para ellos mismos, puesto que son países, sobre todo Argelia, jóvenes y en crecimiento.

Y, ya por último, el precio de la luz. ¿Por qué está en cifras tan altas?

Aquí tenemos dos problemas. El primer problema, el sistema marginalista para fijar los precios, que viene impuesto por una directiva europea. Esto funciona básicamente así: pagamos el precio de kilovatio por hora al precio que cueste la energía más cara que entre a la subasta. Y el segundo problema: como el gas ahora mismo en Europa da la energía más cara por los problemas de escasez, pagamos toda la energía eléctrica al precio de la del gas. Este problema, pues, a corto plazo tendría una solución fácil: simplemente, hay que cambiar la normativa de la subasta de energía, aunque las eléctricas protesten.

La alternativa serían las energías renovables, como la hidroeléctrica o la solar, teóricamente más baratas y ecológicas. Pero, en un artículo en su blog, muestra su crítica a la apuesta por las renovables. El título es controvertido: El fin de la energía renovable barata.

El problema que tenemos es que los sistemas de generación de energías renovables eléctricas se basan en la disponibilidad de ciertos materiales que se extraen, se producen y se transportan con combustibles de origen fósil. Por lo tanto, la crisis de combustibles fósiles está provocando a la vez una crisis de materiales, y lo que pasa es que las renovables necesitan muchos materiales. ¿Y qué está pasando? Que las materias primas se están encareciendo: el precio del silicio se ha multiplicado por cuatro, pero también se están encareciendo el litio de las baterías o el silicio para las placas solares. Pero es que incluso el cemento o el acero que se usan para construir aerogeneradores también tienen precios exorbitantes. Hay grandes empresas eólicas que están perdiendo dinero ahora… y firmas como LG han abandonado el mercado de las placas solares. Hoy por hoy, nadie ha conseguido cerrar el ciclo de producción de renovables, que va desde la extracción de materiales hasta la fabricación y el mantenimiento de instalaciones, solo con energías renovables. Para hacer cemento, se está usando gas natural. Para hacer acero, se está usando carbón. Este es uno de los grandes problemas que vendrán: conseguir hacer viable el modelo de transición basado en la energía renovable eléctrica.

Pero hay defensores de las renovables que aseguran que en un futuro se encontrarán nuevos materiales para mejorar la eficiencia y para generar más energía. De hecho, en los últimos 10 años han crecido las reservas de algunos de estos minerales como el litio.

Sí, lo dicen, y es cierto que se está investigando hacer baterías de sodio o de calcio. Desconocemos el futuro. Pero el argumento que hay o habrá nuevas reservas para los materiales que se agoten es un mal argumento. Los defensores de la energía nuclear también dicen que hay una cantidad inmensa de uranio en el mar. Es cierto, sí, ¿pero cómo lo extraes? Y también hay litio en el espacio, fuera de la Tierra. Pero la cuestión es cómo lo extraes y a qué velocidad.

Repasemos algunos productos básicos que no aparecen demasiado cuando hablamos de geopolítica, pero que tienen mucho más que ver de lo que podríamos pensar. Empecemos por la alimentación. ¿Qué está pasando aquí?

Suben los precios de los alimentos. ¿Por qué? Pues, primero, por el encarecimiento de la energía, puesto que la agricultura industrial requiere mucho de combustible fósil, sobre todo diésel, para toda la maquinaria y para el transporte. Pero, además, ahora sube de forma salvaje el precio de los fertilizantes, sobre todo los nitrogenados, porque buena parte de ellos se hacen a través de gas natural y, además, las plantas productoras estaban limitando la producción. Y, además, no olvidemos que China ha reducido en un 90% sus exportaciones de fertilizantes nitrogenados, y Rusia, el 1 de febrero, antes de la guerra, impuso un embargo de las importaciones de fertilizantes. Y, ya para acabarlo de arreglar, faltan potasas. ¿Y sabéis cuáles son los principales productores de potasas del mundo? Pues Rusia y Bielorrusia. Por todo ello, los trabajos del campo se están volviendo carísimos.

Y aquí, ¿la ciudadanía lo notará a la hora de comprar alimentos básicos?

¡Por supuesto! En España notaremos un encarecimiento de alimentos ya este mismo año. Los alimentos básicos pueden multiplicar su precio por dos o por tres. Lo notarán más algunos países dependientes de la importación de cereales, como todo el norte de África y el Oriente Próximo, donde la situación puede ser terrorífica. Vamos hacia una crisis humanitaria de grandes dimensiones. Pero, además, ahora lo notaremos todavía más por culpa de la invasión de Ucrania, que era el granero de Europa, un gran productor agrícola. España importaba de Ucrania un 30% del trigo, un 23% del maíz y más del 80% del aceite de girasol. Por lo tanto, de aquí a un mes, si la situación continúa igual, nos encontraremos unos problemas enormes en España.

Otro ejemplo completamente diferente, pero que también está afectando al hecho de que lleguen muchos productos a las tiendas: ¡falta magnesio en Europa!

La mayoría del magnesio proviene de China. La producción de magnesio necesita consumir mucha energía. Y China tiene una crisis energética muy grave ahora mismo. ¿Por qué? Porque la crisis del carbón, que es importante para China o India, está provocando muchos problemas energéticos allá y, de hecho, está provocando apagones eléctricos. Entonces, los chinos están yendo a un proceso bestial y rápido de transición hacia las renovables, y para hacerlo necesitan un montón de materiales. Se están guardando el magnesio para producir aluminio y hacer el proceso hacia las renovables, y van cerrando el grifo de la importación hacia Europa.

De acuerdo, ¿pero qué es lo que no puedes fabricar si no tienes aluminio? ¿Por qué nos tendríamos que preocupar?

Las ventanas de tu casa seguramente son de aluminio. Hay partes de los coches, de las motos o de las bicicletas que son de aluminio. Los cables de las torres de alta tensión son de aluminio, porque sería muy caro hacerlos todos de cobre. El fuselaje de los aviones está hecho de aluminio. Cualquier estructura metálica que veas por la calle contiene, en parte, aluminio. El aluminio tiene una capacidad de resistencia y ligereza que son capitales para fabricar muchas cosas hoy en día.

Hablemos de otro material: el vidrio. Este invierno han aparecido varias noticias en los medios que explican la escasez de vidrio para poder embotellar el vino, el cava y otros licores. ¿Cómo se explica que falte vidrio si es un material reutilizable?

El vidrio también está relacionado directamente con el gas y, en general, con la crisis energética. Todos los procesos industriales que requieren calor industrial necesitan grandes consumos de gas. Es cierto que el vidrio se recicla, pero el problema es que producimos mucho más del que reciclamos. La demanda es muy alta y creciente. Y no llegamos solo con el reciclaje. Habrá que reciclar mucho más, pero, atención, para reciclar el vidrio, hay que fundirlo de nuevo, y, por lo tanto, necesitará consumir más gas.

Y el último ejemplo de cosas que están subiendo de precio: el papel.

El papel es un caso diferente. Aquí se juntan muchos factores que están provocando una subida de precio. La causa principal es el encarecimiento del transporte; entre otras cosas, porque tanto los bosques como las grandes plantas de celulosa están lejos y, por lo tanto, tienen unos costes importantes en transporte. Pero, a la vez, hay problemas con los productos químicos que se usan en el proceso de la elaboración del papel, como el cloro, que, de hecho, también requieren el uso del gas.

A ver, para acabar, debo decirle que los críticos con Antonio Turiel le tildan de catastrofista, de ver solo los problemas que tiene la transición a las renovables y de no aportar nunca soluciones como las que buscan constantemente los científicos y la industria. ¿No hay ninguna alternativa?

Sí, sí. Lo que yo denuncio es que no podemos mantenerlo todo igual como hasta ahora simplemente sustituyendo el petróleo por equis. Lo que están haciendo los gobiernos y la industria es intentar cambiar la fuente de energía, y mantener nuestro nivel de consumo. Yo, y mucha otra gente, proponemos un cambio más radical. Hay estudios científicos que demuestran que podríamos tener un nivel de vida similar al actual y más equitativo en todo el planeta consumiendo el equivalente a la décima parte de la energía que consumimos hoy en Occidente. ¡Tendríamos que ser conscientes de que, la mayor parte de la energía que producimos, la derrochamos! Pero esto implica cambiar el modelo de consumo.

Pero ¿cómo? ¿Cómo se puede reducir el consumo de energía y mantener el nivel de vida?

Atención: yo digo mantener el nivel de vida, no el estilo de vida. El nivel de vida bueno viene determinado por las cosas que nos dan bienestar. Por ejemplo, seguramente no tendríamos un coche para cada familia; seguramente no tendríamos una lavadora para cada piso, sino que compartiríamos lavadora con todo el bloque de pisos. Este tipo de cambios no harían bajar nuestro nivel de vida. Las maneras de consumir tienen que ser diferentes. No podemos seguir con un consumo desechable, de derroche, de consumismo sin sentido, de obsolescencia programada de la mayoría de los productos. Hay muchos sectores tecnológicos en los cuales ya tenemos los conocimientos técnicos para hacer enseres prácticamente indestructibles. Ya se podría hacer un ordenador prácticamente eterno; se pueden hacer bombillas casi eternas. Pero no se hace, evidentemente, porque el incentivo es para consumir más. Hay mucha gente que se pone de mala hostia con quienes decimos esto, porque este cambio de modelo de vida atenta contra el principio sacrosanto del crecimiento.

¿Pero nos quedaremos realmente sin energía? No ves ninguna opción realmente para un futuro energético basado en las renovables…

La clave es no obsesionarse por tener energía renovable eléctrica, a pesar de que es muy útil en algunos sectores, sino también aprovechar la energía renovable no eléctrica, es decir, la solar para producir calor, la energía mecánica del viento y de los ríos para las fábricas, usar biomasa de forma moderada para producir plásticos o papel… Y, por último, relocalizar la economía. Pero este cambio implica acompasarse con los ritmos de la naturaleza y no tener una producción infinitamente creciente. ¡El problema es que no podemos ni empezar este debate! Porque esto implicaría unos cambios tan radicales en nuestro sistema económico que hoy en día son impensables.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/entrevista-antonio-turiel-critic/

viernes, 8 de abril de 2022

Sobre cómo los ‘lobbies’ diluyen el informe climático más importante del mundo

 El último IPCC completo menciona 28 veces la palabra ‘decrecimiento’, pero lo hace en cero ocasiones en el resumen para políticos

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Con esta acción en el Congreso de los Diputados denuncian que la inacción de los gobierno en materia climática está poniendo en grave peligro a la humanidad. “El retraso en la acción climática significa muertes”. Fotos

El expediente de la vergüenza. Este informe es una letanía de promesas climáticas incumplidas. Sin una reducción rápida y profunda de las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores, será imposible evitar el desastre climático al que nos dirigimos por la vía rápida. Las y los activistas climáticos a veces son representados como radicales peligrosos, pero los radicales verdaderamente peligrosos son los países que están aumentando la producción de combustibles fósiles. Estas declaraciones –que podrían pertenecer a cualquier portavoz de un movimiento social– son solo algunas de las frases más contundentes que el secretario general de la ONU, António Guterres, ha proclamado a raíz de la oficialización de la última parte del informe climático más importante del mundo, el del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

En esta ocasión se trata del grupo III. El encargado de proponer un plan concreto de mitigación, es decir, de reducir emisiones y buscar soluciones viables (tecnológicas, económicas y sociales) a la mayor crisis a la que se ha enfrentado el ser humano. La ciencia nunca había sido tan clara: hemos de reducir drásticamente las emisiones para tener oportunidades de mantener la estabilidad climática que nos permite vivir en este planeta. Pero el resumen para políticos y gestores (el SPM, por sus siglas en inglés), que será lo único que lea la inmensa mayoría de responsables políticos y líderes empresariales de las más de 2.900 páginas del informe, no está a la altura de la ciencia que lo respalda, ni del desafío que suponen el cambio climático, la crisis ecológica y la transición energética. Este documento es lo único que no es estrictamente científico, el protocolo establecido por las Naciones Unidas permite que los países, presionados en muchas ocasiones por sus lobbies empresariales, planteen cambios y negocien línea a línea el contenido de este documento. Estamos sin duda ante la parte del informe en la que más se muestra la duplicidad de almas, las luces y sombras, el verdadero carácter –extremadamente bipolar– del proceso de redacción del IPCC.

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Tras una última fase de revisión del informe, que se alargó varios días más de lo esperado y llegó a retrasarse su publicación debido a la pugna por modificar el resumen, una cosa queda clara y cristalina: el maquillaje que efectúan los lobbies y gobiernos al resumen del informe durante el proceso –documentado también por la BBC– es desgraciada e incuestionablemente real, y la rebelión de una parte de la comunidad científica ante esta situación no solo está más que justificada, sino que, vista la inacción, es imprescindible para tratar de solucionar la situación. 

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 Hace unos meses, gracias a un colectivo de científicos y científicas rebeldes (Scientist Rebellion), logramos publicar la filtración del primer borrador de este grupo III y el impacto internacional fue inmediato –The Guardian, Der Spiegel, CNBC, la Universidad de Yale…–. Decenas de medios de más de 35 países se hicieron eco del mensaje de alerta roja documentado por el IPCC. 

Para titular los artículos, los periodistas solían elegir entre dos de las perlas que incluía ese primer borrador, que solo la mano de los científicos y científicas había tocado. Una de ellas, que las emisiones debían tocar techo en 2025 y descender rápidamente, se mantiene intacta en la versión final de este resumen para políticos. El otro gran titular, que todas las plantas de gas y carbón existentes deberían cerrar en aproximadamente una década, ha desaparecido por completo del resumen.  

Pero no es lo único que ha cambiado. Comparando ambas versiones, las sorpresas son mayúsculas. Hemos encontrado multitud de ejemplos de cambios que suavizan un informe que, si de algo peca de entrada, es de una gran moderación. Y sobre todo, si algo ha cambiado, es el mundo. Los trabajos analizados en el compendio tienen una fecha máxima: octubre de 2021. Desde entonces hemos sufrido los primeros shocks graves de una crisis energética y de la cadena de suministros que venía larvándose desde hace años. Ha dado comienzo una guerra que ha cambiado la política y la economía quizá para siempre, y cada vez más voces alertan de que estamos a las puertas de una gran crisis alimentaria. Cuando todo se acelera, la vigencia de los análisis se vuelve aún más efímera. 

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Antonio Guterres "Se tilda a los activistas climáticos de radicales peligrosos, pero los verdaderos radicales peligrosos son los gobiernos y corporaciones que siguen invirtiendo en combustibles fósiles"

Probablemente este es el último gran trabajo del IPCC que llega a tiempo de orientar a nuestras sociedades para maniobrar y evitar el descalabro. Hay quién cree que la dirección que se marca en el informe es clara, pero leyendo el resumen para responsables de políticas, la sensación que nos transmite es más bien la de una civilización que se tambalea inestable mientras va dando bandazos. Una civilización que se sostiene gracias a un petróleo cada vez más escaso, que hay que ir abandonando progresivamente, y a un glaciar que está en fase de deshielo cada vez más acelerada. Tanto la estabilidad climática como la energética dependen de que seamos capaces de aceptar esta situación.

En el proceso, entre la versión del resumen filtrada en agosto y la finalmente publicada, los cambios más destacables son los siguientes:

– Desaparece la mención al cierre de las plantas de gas y carbón en una década. Los lobbies de la industria fósil han logrado rebajar el tono general del resumen dirigido contra su propia industria. Se sabe que el retraso en la publicación del informe ha sido principalmente por esta razón. Países interesados –destaca el rol de Arabia Saudita– presionaron para eliminar esta recomendación.

– Se rebaja el tono respecto a la responsabilidad del 10% más rico. En el resumen filtrado se apuntaba que contaminan 10 veces más que el 10% más pobre.

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– Desaparecen muchas de las alusiones a las emisiones directas de la aviación, la industria del automóvil y el consumo de carne. De hecho la palabra “meat” desaparece del nuevo resumen. Estas emisiones quedan reflejadas en el recién publicado informe asociadas a otras del sector y por tanto queda diluida su importancia. 

– En el primer borrador se alertaba respecto a los “intereses creados” como uno de los factores que imposibilitaban el avance de la transición energética. Esa mención, que sí aparece en el informe, ha caído del resumen, víctima, precisamente, de esos mismos intereses creados que presionan a los gobiernos. ¿Quién dice que no hay poesía en los informes científicos?

– Se elimina una de las frases que más enfrentaba el tecno-optimismo absolutamente predominante en el informe: “el coste, el rendimiento y la adopción de muchas tecnologías individuales ha progresado, pero las tasas de despliegue e implementación global del cambio tecnológico son actualmente insuficientes para alcanzar los objetivos climáticos”. Una afirmación que chocaba de lleno con la lógica de los mercados de carbono voluntarios y las grandes empresas.

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Antonio Guterres "Los gobiernos y corporaciones mienten" "No solo no hacen nada si no que están metiendo más leña al fuego"

 – Sobre el mecanismo de la Captura y Secuestro de Carbono: Arabia Saudita, de nuevo, junto con otros países como Reino Unido, han pugnado por fortalecer este polémico punto que les permite seguir como si nada pasara, demostrando una absoluta frivolidad. El tecno-optimismo imperante cree que una tecnología por desarrollar vendrá mágicamente al rescate y permitirá incluso “seguir usando combustibles fósiles”. Se ha introducido mucho material sobre estas tecnologías para justificar la idea de las cero emisiones netas que no tiene apenas base científica, y que, sin embargo, sostiene la tesis central del informe 

– Desaparece del resumen cualquier tímida mención a los problemas con los materiales necesarios para la transición energética, que son indispensables para el desarrollo de las renovables, las baterías o el coche eléctrico. En el primer borrador estaba presente.

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 – Desaparece también la mención a la democracia participativa como una de las herramientas principales para desatascar y acelerar una transición para la cual ya no hay apenas tiempo.

– Desaparece por completo el punto que hacía referencia a que “los ambiciosos objetivos de mitigación y desarrollo no pueden alcanzarse mediante cambios graduales”. El maquillaje se ceba con las referencias que buscaban resaltar que no basta con cambios individuales y paulatinos.

Afortunadamente, analizando el informe completo –libre de presiones–, sí podemos encontrar un camino que nos dirige nada más y nada menos que a una revolución de nuestros sistemas energéticos y socioeconómicos, dejando entrever la emergente apuesta de una parte de la comunidad científica por el decrecimiento. Es el único camino que nos queda para atajar las múltiples emergencias en las que nuestras sociedades están inmersas. 28 veces se menciona la palabra “decrecimiento” –cada vez menos tabú– en el informe completo, frente a cero en el resumen para políticos. La frase que hacía referencia al carácter insostenible de la sociedad capitalista también se mantiene demostrando la impecabilidad del informe. 

Por primera vez, el IPCC se hace eco de lo que la sociedad civil lleva años advirtiendo, y alerta, en sus capítulos 14 y 15, sobre el obstáculo que entraña el Tratado de la Carta de la Energía (TCE) y su mecanismo de resolución de controversias inversor-Estado (ISDS) para el desarrollo de políticas de mitigación del cambio climático. Y es que, tras haber pasado desapercibido durante tres décadas, hoy en día este acuerdo internacional para el sector energético continúa protegiendo las inversiones en combustibles fósiles y permitiendo que inversores y multinacionales –precisamente aquellos que nos han abocado a esta encrucijada– puedan demandar a los Estados cuando consideran que han legislado en contra de sus intereses económicos, presentes o futuros. Los números hablan por sí solos: sólo en Europa la infraestructura fósil protegida por el tratado asciende a 344.600 millones de euros. 

La pregunta es ¿podemos abandonar los combustibles fósiles sin antes abandonar el TCE? Y, ¿por qué no se ha incluido en el resumen para políticos? 

Llegados a este punto, ya no basta con incluir menciones valientes en informes cuyos resúmenes son después diluidos por los lobbies. No solo es normal que una parte de la comunidad científica se rebele y pase a la acción: es más que deseable. Es justo lo que necesitamos para provocar un debate que parecemos evitar. Este debate, el elefante en la habitación, es que necesitamos cambiar el modelo socioeconómico, y rápido. Necesitamos actuar, arriesgar, para quizá, con suerte, inspirar a la sociedad a que se vuelva a movilizar. Necesitamos abandonar los combustibles fósiles antes de que ellos nos abandonen a nosotros.

Fuente: https://ctxt.es/es/20220401/Firmas/39348/ipcc-juan-bordera-cambio-climatico-combustibles-fosiles-decrecimiento.htm