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martes, 6 de junio de 2017

La crisis de Catar busca que Trump cargue contra Irán

El aislamiento de Catar ha creado una nueva situación crítica entre países de Oriente Próximo que tendrá que resolver la administración americana. Arabia Saudí ha sido el país que ha dado el primer paso y todo indica que su intención final es que Donald Trump adopte medidas agresivas contra Irán más allá de las palabras

Una señal indica el camino a la embajada de Catar emn Bahrein REUTERS/Hamad I Mohammed
Una señal indica el camino a la embajada de Catar en Baréin REUTERS/Hamad I Mohammed
 La crisis de Catar tiene todo el aspecto de tratarse de una maniobra dirigida por Arabia Saudí para forzar al presidente Donald Trump a tomar una actitud beligerante contra Irán y cuenta con la bendición de Israel, un país que puede estar implicado en la operación según se desprende de los documentos que varios medios de comunicación occidentales como el HuffPost, The Middle East Eye y The Intercept han publicado en las horas previas.

Arabia Saudí y sus aliados han acusado a Catar de desestabilizar la región, pero el lugar más prominente del podio de la desestabilización corresponde a Estados Unidos, tanto por su actitud en Irak y en Siria, como por la no intervención en el conflicto israelo-palestino, como por la venta masiva de armas a los países de la zona, con contratos gigantescos que están creando millones de empleos directos e indirectos en Estados Unidos.

Después de la visita de Trump a Arabia Saudí e Israel de hace dos semanas, Riad parece haber decidido que ha llegado el momento de volcar a Estados Unidos contra Irán. Es cierto que Trump ha realizado una serie de comentarios belicosos contra Teherán desde la misma campaña electoral, pero lo que ahora pretende Riad es incrementar la presión y empujarlo para que no se contente con las palabras y pase a la acción.

La posición de Arabia Saudí sufrió un revés hace dos años, cuando Barack Obama firmó el acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Entonces, como represalia, Israel y Arabia Saudí enfriaron las relaciones con Washington e incluso lanzaron una campaña internacional para desprestigiar a Obama en Estados Unidos y Occidente.

Fotografía de archivo fechada el 25 de marzo de 2014 que muestra al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani (c), junto al emir de Kuwait Sabah IV Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah (i) y al entonces príncipe saudí Salmán bin Abdulaziz (d), durante una cumbre árab
Fotografía de archivo fechada el 25 de marzo de 2014 que muestra al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani (c), junto al emir de Kuwait Sabah IV Al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah (i) y al entonces príncipe saudí Salmán bin Abdulaziz (d), durante una cumbre árabe celebrada en Kuwait. Arabia Saudí, Egipto, Baréin y Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Libia han decidio romper relaciones con Catar porque consideran que "socava la estabilidad" y no cumple con los acuerdos entre los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). EFE/Raed Qutena
 A Catar se le ha acusado de fomentar el terrorismo por el apoyo que desde este país se ha dado a los yihadistas en Siria, lo cual es cierto, pero resulta que Arabia Saudí también ha estado implicada en respaldar a los yihadistas que combaten en Irak y Siria.

Lo que en realidad no se le perdona a Catar es que apoye a los islamistas no yihadistas como los Hermanos Musulames, quienes defienden la corriente denominada “islam político”, tal como lo han hecho en Egipto, así como permitir la difusión de una cadena de televisión, Al-Jazeera, de propiedad catarí, que ha apoyado a los Hermanos Musulmanes en Egipto tras el golpe de Abdel Fattah al Sisi.
Hace solo dos semanas la agencia de noticias catarí publicó unos supuestos comentarios del emir de Catar, el jeque Tamim bin Hamad al Thani, críticos con Arabia Saudí. Los comentarios fueron sacados inmediatamente de la página de la agencia y Catar dijo que se trataba de una noticia falsa colocada por piratas informáticos. La reacción de algunos países fue bloquear Al-Jazeera.

El objetivo de la campaña contra Catar puede muy bien ser establecer un nuevo Oriente Próximo con la hegemonía política y militar de Arabia Saudí e Israel. Precisamente este domingo, un día antes del estallido de la crisis, los medios mencionados más arriba se han hecho eco de un cruce de mensajes entre el embajador de los Emiratos Árabes Unidos en Washington, Yousef al Otaiba, y un centro de estudios estratégicos estrechamente vinculado con Israel. El contenido de los mensajes tiene que ver en gran parte con Catar.

El magnate Sheldon Adelson a su llegada al discruso del presidente Donald Trump en el Museo de Israel en Jerusalén en 23 de mayo de 2017 REUTERS/Ronen Zvulun
El magnate Sheldon Adelson a su llegada al discruso del presidente Donald Trump en el Museo de Israel en Jerusalén en 23 de mayo de 2017 REUTERS/Ronen Zvulun
 El centro de estudios estratégicos responde al nombre Foundation for Defense of Democracy, financiada por Sheldon Adelson. Adelson es un magnate americano que ha hecho su fortuna en el negocio del juego y que está muy próximo al primer ministro Benjamín Netanyahu. De hecho, es el propietario del diario gratuito Israel Hayom, el de mayor difusión en Israel, y defensor de todas las causas de Netanyahu.

En la última ocasión que visitó Israel, hace dos semanas, Adelson participó en un acto con el presidente Trump, de visita en el país, y fue interrogado por la policía israelí como sospechoso en uno de los presuntos casos de corrupción que afectan a Netanyahu. Adelson ha sido el primer donante para la campaña electoral de Trump.

El embajador de los Emiratos Árabes Unidos, no solo mantiene una estrecha relación con la Foundation for Defense of Democracy sino que también está en contacto permanente con el yerno de Trump, Jared Kushner, según ha publicado el New York Times.

No está claro qué interés puede tener la Foundatión for Defense of Democracy con un país como los Emiratos Árabes Unidos que no constituye un modelo de democracia. De hecho, los correos filtrados no hablan en ningún momento de democracia sino de las acciones que convendría tomar contra Catar y contra Irán. Uno de los correos incluso menciona empresas de todo el mundo que hacen negocios con Irán, como la europea Airbus.

El desafío ya está lanzado, pero esta vez, en lugar de criticar a Estados Unidos, Arabia Saudí ha decidido aislar a Catar, el país que cuenta con la mayor base militar americana en la región. Ahora hay que esperar para ver lo que decide Donald Trump.


Fuente: http://www.publico.es/internacional/oriente-proximo-crisis-catar-busca.html

domingo, 2 de abril de 2017

El francotirador gallego que quiere volver a luchar contra el Estado Islámico

Arges Artiaga participó en Rojava con el primer grupo de milicianos de las YPG exclusivamente formado por occidentales.

Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS.
Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS

Un militar gallego de 43 años conocido por el sobrenombre kurdo de “Arges Artiaga” se ha propuesto crear junto a otros veteranos un nuevo grupo de combate contra el ISIS que recoja el testigo de la mítica unidad secreta conocida popularmente como '223'.

La '223' fue el primer grupo de las YPG (Unidades de Protección Popular) exclusivamente constituido por voluntarios occidentales que luchaban contra el Daesh en Rojava (norte de Siria).
Tomó su nombre de la fecha de la muerte del primero de sus caídos, el canadiense John Gallagher, abatido el 23 de febrero de 2015 en el transcurso de una operación contra un puñado de yihadistas del Estado Islámico a los que intentaban expulsar de una barriada de la ciudad de Hasake (Siria). Oficialmente, la '223' se disolvió tras la ofensiva de Manjib debido a las heridas y a las bajas que sufrieron sus últimos miembros.

El gallego formó parte de ella desde su creación y hasta mediados del pasado año, en que una herida en el ojo le obligó a abandonar el frente y a regresar a España. Otro ciudadano vasco sirvió también en la '223', antes de ser disuelta.

Artiaga ha viajado hasta el momento en dos ocasiones a Rojava, nombre con el que se conoce los territorios gobernados por los kurdos en el Norte de Siria.

Durante su primera estancia en Oriente Medio, el gallego peleó con una unidad regular de las YPG desde febrero hasta finales de junio de 2015. Cuatro meses después, en octubre de ese mismo año, Artiaga volvió de nuevo a Rojava y a petición de Servan Amriki (sobrenombre kurdo del neoyorquino que creó la '223') se unió a las filas de la nueva unidad de extranjeros, con la que estuvo combatiendo hasta mayo del pasado año.

Hasta su disolución, su existencia era secreta y su mera mención ante la Prensa se castigaba con la expulsión del voluntario. Tras la desaparición de la unidad, Artiaga cuenta por primera vez públicamente los detalles que propiciaron su creación. Las circunstancias en las que sirvió el gallego ilustran también el desarrollo de la guerra en esa zona del país.

Por otro lado, Artiaga está recolectando fondos en España actualmente con el fin de adquirir material médico para los milicianos que pelean contra el Daesh. Le hemos pedido que nos cuente los pormenores de su historia en vísperas de su regreso a Siria y esta es la transcripción de su relato sobre la vida en aquel frente.

Febrero de 2015. En las posiciones defensivas del Jabur
“Cuando por primera vez llegué hasta Siria, en febrero de 2015, no había unidades específicamente creadas para acoger a voluntarios extranjeros, de manera que te llevaban a una especie de academia y tras pasar cinco o seis días recibiendo instrucciones básicas, te mezclaban con los kurdos y las kurdas. Todos teníamos formación militar. Yo, en particular, tenía seis años de vida castrense a mis espaldas y había servido en varios escenarios bélicos. Y al igual que yo, todos los foráneos. Nos asignaban más o menos a razón de cinco o seis extranjeros por cada unidad de kurdos del YPG, con todos los problemas que eso planteaba”.

“Veníamos muy motivados pero aún así aquello era muy precario. Entre otras cosas, porque estábamos en zona de guerra y desconocíamos el idioma. Uno podía morir por algo tan estúpido como no entender “tírate al suelo”. Hasta que Servan creó la '223' no había unidades de extranjeros. A mí me asignaron como primer destino al frente de Tel Tamir[este tomaba el nombre de una pequeña ciudad asiria situada al oeste de Hasake y conquistada por el Daesh en febrero de 2015; varios cientos de cristianos fueron secuestrados por los yihadistas del Estado Islámico en aquellas mismas fechas. El frente al que Artiaga fue destinado se extendía a lo largo de 40 kilómetros en una zona conocida como la ribera del Jabur, mayoritariamente habitada por asirios antes de la guerra].

Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS.
Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS.
 No pegué un tiro en tres meses, pero a pesar de ello, las condiciones fueron muy duras. Estábamos a unos quinientos metros de la línea del Daesh, manteniendo las defensas con armamento muy precario como alguna DShK montada en un pick-up o armas ligeras como el AK que a mí me proporcionaron. Yo aún tuve mucha suerte porque me dieron uno nuevo que fui tuneando y mejorando como pude con el tiempo. Había gente a la que se le caía la mira y la mayoría, ni siquiera podían ponerlo “a cero”.

“En aquel momento, los islamistas estaban muy fuertes gracias a los tanques y a la artillería que robaron cuando avanzaron hacia Mosul. Nosotros no teníamos ni apoyo aéreo. Por la noche escuchábamos pasar a los aviones de la coalición, pero en vuelo de reconocimiento. Durante muchas semanas tuvimos que aguantar el chaparrón como pudimos. Caían pepinazos casi a diario y todo lo que podíamos hacer era guarecernos a duras penas de los morteros. Nos ponían a dos personas cada cinco metros de línea del frente. Mientras uno dormía, el otro hacía guardias de hasta seis horas. Aquello era una salvajada. La comida escaseaba y nos alimentábamos, como quien dice, de poco más que arroz. Apenas nos daban proteínas".

“Durante aquel primer destino, también las relaciones con nuestros colegas kurdos eran a veces complicadas. Hay que entender que no estaban acostumbrados a la presencia de extranjeros. Su forma de ver la vida es muy diferente a la nuestra. A veces nos desaparecía incluso la comida. No es que hubiera problemas, que no los hubo, pero nos tomó algún tiempo habituarnos los unos a los otros. Con el resto de extranjeros fue distinto. Había un rumano, un neozelandés, un inglés, un holandés y americanos... Y el ambiente, en general, era de camaradería, aunque tambien de hastío. Pasamos muchas semanas haciendo guardias durante la noche y tratando de dormir durante el día. De tanto en tanto, nos dejaban hacer una visita a Tel Tamiz. Una parte del pueblo estaba en nuestras manos y la otra, bajo el control del Daesh. En la vertiente del ISIS no había población civil, sólo los yihadistas. En la nuestra había kurdos, árabes y cristianos. Originalmente, toda esa zona de la ribera del Jabur había sido asiria, pero la guerra puso patas arriba muchas de esas aldeas”.

“Allí en Rojava me encontré a todo tipo de occidentales. Los más politizados solían desempeñar labores más civiles. Nadie te pedia el carné de algún partido ni te interrogaban demasiado sobre las razones que te habían llevado allí. De hecho, a mí no me movían razones políticas ni religiosas. Vi por la televisión lo de las masacres de yazidíes y pensé que tenía que hacer algo. Digamos que fue el asedio de Kobane lo que me dio el empujón final. Desde el primer momento, tenía claro que era a Siria a donde debía ir. Hay que recordar que por aquel entonces, nadie ayudaba al pueblo kurdo de Rojava”.

Mayo de 2015. Con la unidad de francotiradores

“Transcurridos tres meses en aquel primer destino, me hicieron jefe de equipo. Cinco de los que estaban conmigo decidieron irse de allí, cansados de hacer guardias, y yo partí con ellos. Nos enviaron a una unidad de francotiradores situada a poco más de dos kilómetros de la posición anterior, en un pueblo enteramente cristiano de la zona de la ribera del Jabur. En este caso, estábamos a las órdenes de kurdos iraníes y de Rojava, bastante más abiertos que los del destino precedente. De alguna manera, aprendimos a comunicarnos mejor. Incluso teníamos una piscina. En aquel punto del frente podíamos ver a los yihadis del Estado Islámico a menos de trescientos metros. Seguíamos armados con los kalashnikovs y nos repartíamos entre todos unos cuantos rifles Dragunov. En realidad, nos servían de bastante poco porque no tenían visión nocturna... así que me las ingenié para que me dejaran una escopeta automática, de esas de cazador”.

Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS (izq) junto a otro militar.
Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS (izq) junto a otro militar.
“Allí la situación cambió completamente y los intercambios de fuego comenzaron a producirse con frecuencia incluso antes de que nos dieran la orden de avanzar para recuperar toda el área del Jabur. Nosotros defendíamos la zona norte. En ese momento, estaban todavía fortísimos y nos atacaban con artillería y con las Doshkas que montaban en los Toyotas. Ya sabes... “Allahu akbar, Allahu akbar”...

Fue por aquellos días, al final de mi primera estancia en Rojava, cuando se dio la orden de avanzar en ofensiva. Yo estuve empujando algunos días junto al resto de los chicos. Tan pronto como rompimos sus defensas salieron huyendo casi de espantada y dejando a sus heridos tras de sí. Yo al final estaba muy tocado por la disentería y me tuvieron que hospitalizar. El único contacto que tuve con las tropas del régimen fue durante la noche en que me llevaron hasta los servicios médicos de Hasake para que me atendieran.

Recuerdo bien aquello porque fue el día de las elecciones de Turquia y los kurdos estaban eufóricos con la victoria del HDP. Al llegar a un control, los soldados de Bacher dispararon al aire en nuestra dirección y a punto estuvo de liarse. No se me llevaron detenido de milagro cuando vieron que era un extranjero. Algún tiempo después me llegaron noticias de que mi comandante en la primera posición había muerto como consecuencia de la explosión de una de esas minas que fabricaban con mortero. Otro muchacho kurdo murió también aquellos días. A finales de junio, tuve que volver a España.

Octubre de 2015. Regresa a Siria.
“Hace tan sólo un año, sabía de al menos doce españoles que habían combatido como voluntarios en Rojava. Ahora yo situaría esa cifra en no menos de cincuenta, a los que habría que añadir los iraquíes, cuyo número desconozco. Me encontré con gente que viajaba alentada por todo tipo de motivaciones”.

“Durante mi segunda estancia permanecí en Rojava desde octubre de 2015 hasta al menos abril o mayo de 2016. Claro que en esta ocasión todo fue muy distinto. Apenas acababa de llegar cuando un norteamericano del que yo había escuchado hablar y al que llamábamos coloquialmente “Servan” me propuso unirme a una unidad que estaba tratando de crear. Servan se había ganado una reputación entre los mandos kurdos, y estos le habían encargado crear una especie de grupo de élite, con combatientes voluntarios extranjeros. Esta es la unidad que con el tiempo todo el mundo terminó conociendo como la '223' [como se menciona al principio de la información, adoptó ese nombre en homenaje al primero de sus caídos, un canadiense fallecido un 23 de febrero].

“La verdad es que me sentí halagado de que con mis más de 40 años decidieran contar conmigo para algo así. Además, eso era lo que yo estaba buscando. Yo no había viajado a Siria para hacer guardias, sino para luchar, y la '223' había sido creada para eso. A partir de un pequeño grupo inicial, fuimos reclutando a más hombres. Nunca pasamos de los catorce o quince”.

Arges Artiaga junto al resto del grupo de combate.
Arges Artiaga junto al resto del grupo de combate.
“Éramos todos extranjeros, salvo dos kurdos, que no aguantaron mucho en nuestra compañía porque no estaban acostumbrados a nuestro modo de funcionar. Su cultura es más de guerrilla y nosotros pretendíamos hacer algo, digamos, más 'regular'. Yo fui el primer español, pero después llegó otro vasco que había estado en Sinyar. Teniamos completamente prohibido el hablar con la Prensa, de ahí que no se supo nunca de nosotros ni de nuestras misiones hasta que desaparecimos, tras lo de Manjib. Eran órdenes que emanaban desde arriba. Llegó incluso a expulsarse a un miliciano por violar esa norma básica de discreción y de silencio. Nuestra principal atribución era ir abriendo camino y llegado el caso, proteger los puestos de mando de algunos oficiales kurdos. Disponíamos de más tecnología que el resto de las unidades. Por poner un ejemplo, disponíamos de unas gafas de vision nocturna por cada uno de nosotros, mientras que el resto solía tener una para cada cuarenta. Además de algunos AK 47 y M16, pusieron a nuestra disposición algunos rifles de francotirador que nos íbamos turnando”.

“Una vez montada la unidad, dispusimos apenas de seis días para entrenar y de inmediato pasamos a formar parte de la operación de Howl, simultanea con la de Sinyar... Pasé toda mi segunda estancia en Rojava dentro de la '223' y puedo asegurar que aquello fue muy duro. Entre operación y operación, apenas parábamos unos días, que utilizábamos para entrenar y para dar clases de kurdo”.

“Recuerdo que nos dieron al principio una pick-up para doce tipos y quedó inutilizada la primera semana de operación. Dividimos la unidad en tres equipos, uno de francotiradores y dos de asalto. Estoy hablando de octubre de 2015. Aquella primera ofensiva fue muy dura. Los del Daesh se defendían enviando coches-bomba. Había mucho petróleo allá en juego. Yo no pude tan siquiera ni terminar la operación. En realidad, lo que sucedió fue culpa mía. Caí al suelo como consecuencia de una explosión y me herí en un hombro, tras lo cual fui hospitalizado y reenviado a la base. Fue en aquella primera operación cuando perdimos a John Gallager, el canadiense. Después, vendrían otras que dejaron más heridos tras de sí. A menudo, íbamos de punta de lanza. Sabemos que la gente del Daesh nos temía y nos evitaba; nos hicimos con un nombre y una reputación entre los kurdos. A mí volvieron a herirme en la primavera del pasado año. Alcanzaron el visor con una bala explosiva y este me estalló dentro del ojo y me causó erosiones y quemaduras en el rostro. Los propios mandos kurdos me obligaron de algún modo a regresar a España”.

“No hay cifras oficiales de las bajas yihadistas que se atribuyen a la '223', pero sólo en en el transcurso de la primera operación se encontraron a catorce cadáveres de islamistas muertos a nuestro paso. No queremos llevar la cuenta, pero sabemos que destruimos varios coches bomba, que capturamos una buena cantidad de armamento pesado y a algunos yihadistas. Nos hicimos con un nombre porque queríamos pelear y queríamos estar allí delante. Y eso fue lo que hicimos: ¡darles un poco de caña! Los propios mandos kurdos comenzaron a confiar en nosotros. Les gustaba tenernos cerca durante las operaciones”.

“Después llegó Manjib, conmigo ya de vuelta en casa, y se terminó la '223'. El cien por cien de los miembros de la unidad o murieron o quedaron malheridos. Yo ya he dejado de contar a los compañeros que he perdido. De algunos, como el neoyorquino que la creó, no conocemos ni su paradero. Sabemos que fue alcanzado por los islamistas y que estuvo mucho tiempo hospitalizado en Rojava, tras lo cual volvió a América. Pero no hemos conseguido dar con él. Otros, por el contrario, nos hemos mantenido en contacto y vamos a intentar volver allá para crear algo semejante. Incluso mi pareja ha terminado por asumir que yo me vuelvo. Es para hacerle un altar. Eso lo tengo claro."
“De momento, he dejado de tener problemas con la Justicia española. Imagino que han hecho su trabajo y han llegado a la conclusión de que no soy un problema para España”.

“Cuando me preguntan que por qué vuelvo a Rojava, lo primero que tengo que decir es que no tengo necesidad de colgarme una etiqueta de carácter político. Pero una cosa es cierta, he visto el proceso que están tratando de sacar adelante en medio de una guerra, en condiciones durísimas, en medio de un bloqueo, y con el Daesh asediándolos por los cuatro costados, y apoyo al cien por cien ese proyecto. Jamás vi que se produjeran esas supuestas violaciones de derechos humanos de las que se hablan. Es verdad que se organizaron conscripciones forzosas, pero como en todas las guerras. Y por otra parte, la gente reclutada por la fuerza es enviada a realizar labores policiales o a la retaguardia”.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/francotirador-gallego-quiere-volver-luchar.html

martes, 5 de enero de 2016

Todos luchan “contra el terror”

Pocos gobiernos se han beneficiado tanto, han enarbolado tanto el mantra de la “lucha contra el terror” como los de Oriente Medio y Norte de África

Arabia Saudí ejecuta a 47 personas condenadas por terrorismo
Arabia Saudí ejecuta a 47 personas condenadas por terrorismo EFE
 
“Si te quieres librar de alguien, primero etiquétalo como ‘terrorista’. A continuación procede a “luchar contra el terrorismo. El mundo te lo agradecerá”, dice el activista de Emiratos Árabes Unidos Iyad al-Baghdadi en uno de sus mensajes de Twitter. “Etiqueta a toda la oposición como terroristas, y a continuación declara la guerra contra el terror”. “Da un toque de terrorismo a tu país, y procede a gobernarlo para siempre”. La lista sigue bajo la etiqueta “Manual del Tirano Árabe”, donde él y otros usuarios comparten comentarios sobre el comportamiento de los gobiernos árabes y sus tácticas, con la “guerra contra el terror” en el centro.

Pocos gobiernos se han beneficiado tanto, han enarbolado tanto el mantra de la “lucha contra el terror” como los de Oriente Medio y Norte de África, región contra la que se acuñó el concepto en 2001, tras los ataques contra el World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre. La administración Bush lideró aquella ofensiva internacional que decía querer acabar con el terrorismo de inspiración yihadista, y el enemigo fue bautizado como el “eje del mal”, que abarcaba un grupo difuso de países de la región árabo-islámica, con Irak como objetivo directo. Bajo ese paraguas se justificaron entonces bombardeos, invasiones, ocupaciones, violaciones de los derechos derechos humanos y de la legalidad internacional en la región, y ese mismo paraguas sirve hoy a los gobiernos de esos países tanto para el avance de sus agendas geoestratégicas como en la represión de sus poblaciones.

Irán y Arabia Saudí, capitanes de la “guerra contra el terror”
“Gobiernos de todo el mundo, y en especial los de Oriente Medio y Norte de África, usan la 'guerra contra el terror' para justificar sus propios fracasos y encubrir sus violaciones de los derechos humanos”, asegura Raed Jarrar, responsable de relaciones gubernamentales del American Friends Service Committee en conversación con eldiario.es.

Dice luchar contra el terror la monarquía al Saud que gobierna en Arabia Saudí, y que el 2 de enero ejecutó a 47 activistas acusados de terrorismo, entre ellos el jeque Nimr Ali Nimr, conocido por su apoyo de las manifestaciones pacíficas de 2011. Salían inmediatamente en defensa de los al Saud Emiratos Árabes Unidos y el resto de países del consejo de Cooperación del Golfo, todos repitiendo al unísono la necesidad de “luchar contra el terrorismo”. Una lucha contra el terrorismo que no sólo es doméstica, sino que también ha servido de paraguas para intervenciones militares como la liderada por Arabia Saudí en Yemen.

También dice luchar contra el terror el gobierno de Irán, que en seis meses de 2015 ejecutó a más de 700 personas despreciando las mínimas garantías judiciales, como condena Amnistía Internacional. En la guerra contra el terror enmarcan las autoridades iraníes su intervención en Siria y su apoyo militar, económico y estratégico al gobierno de Bachar al Asad, responsable de la represión de manifestantes pacíficos en 2011, del asesinato de miles de civiles y del incendio que vive el país. Si el asesinato de Nimr y el resto de ejecutados en Arabia Saudí responde a esa política sectaria con la que la monarquía Saud defiende su feudo, las condenas del régimen iraní de esas ejecuciones responden también a una lectura sectaria, incitando a la lucha contra el enemigo sunnita y avivando el incendio en la región.

Irán y Arabia Saudí encabezan un enfrentamiento por la hegemonía regional que avanza mediante el sectarismo religioso que fomentan ambas potencias. Ambas silencian a sus poblaciones y aniquilan cualquier forma de disidencia doméstica, a la vez que se posicionan con dictaduras o levantamientos populares en función de sus intereses. Desde Siria hasta Bahréin, pasando por Líbano, Egipto, Yemen o Palestina, cada paso que dan Irán y Arabia Saudí, cada alianza que firman, busca equilibrar la balanza en su favor. En ese tablero sunnita-chiíta en el que ambas potencias han convertido la región, la “guerra contra el terror” se ha convertido en la herramienta más eficaz para avanzar sus agendas.

No hay gobierno en la región que no impregne sus discursos del mantra de lucha contra el extremismo
Irán y Arabia Saudí son las cabezas más visibles de ese conflicto con el que cada potencia busca defender sus intereses, pero no son las únicas. La bandera de la “guerra contra el terror” que tanto ha contribuido a aumentar el umbral de la impunidad la enarbolan prácticamente todos los gobiernos de Oriente Medio y Norte de África, hasta el punto en que ha llegado a convertirse en un comodín, una frase hecha que como un resorte acompaña cualquier acto de represión doméstica o intervención geoestratégica.

Ya en 2011, activistas sirios se burlaban del uso del término terrorista en la propaganda oficial del régimen de Bachar al Asad. Entre marzo y junio de 2011, cuando la manifestaciones eran sólo pacíficas y las proclamas eran de libertad y justicia, las autoridades sirias ya acusaban a los manifestantes de terroristas y enmarcaban su represión de la población en la “lucha contra el terror”. En ese mismo período, a la vez que detenían y asesinaban a niños como Hamza al Khatib y a líderes del movimiento de la no violencia como Ghiath Matar, las autoridades sirias liberaron a decenas de antiguos combatientes extremistas para infiltrar esas manifestaciones pacíficas y derivarlas hacia una rebelión armada que legitimase la detención, tortura y asesinato de activistas y sus medidas “contra el terror”. “El régimen no sólo abrió las puertas de la cárcel a extremistas, sino que les facilitó el trabajo de creación de brigadas armadas”, declaraba un antiguo miembro de los servicios de inteligencia militar sirios. Hoy, mientras la población de Mazaya muere de hambre bajo el asedio de Hezbollah y las autoridades sirias, y mientras pacifistas como Bassel Khartabil continúan desaparecidos, Asad se postula como azote de Daesh – el llamado Estado Islámico o ISIS – en la coalición internacional “contra el terror”.

En Iraq, primero al Qaeda y luego el surgimiento de ISIS han servido también de marco al gobierno para posicionarse como garante de la defensa de la seguridad del país y de la región. Bajo la sombra de EEUU, que no ha dejado de condicionar la conformación del gobierno y sus decisiones sobre el terreno, el primer ministro hasta 2014 Nuri al Maliki recrudeció sus políticas contra la disidencia. “Se acumulan las denuncias contra las fuerzas iraquíes y las milicias financiadas por el gobierno por crímenes contra la humanidad”, dice Raed Jarrar. “Tortura, limpieza étnica y ataques deliberados contra la población civil, todo en nombre de la lucha contra el terror”. Aliado por un lado de EEUU y, en un enrevesado equilibrio, también de Irán, el gobierno de al Maliki centró su represión en la población de confesión sunní, alimentando una guerra civil que reforzó a al Qaeda y contribuyó al crecimiento de Daesh. “Hubo esperanzas de que esto cambiara con la salida de al Maliki, pero el patrón de abusos se ha mantenido con el primer ministro Haidar al Abadi, e Iraq es hoy uno de los países más corruptos y disfuncionales del mundo”, añade Jarrar.

No deja de luchar contra el terror, tampoco, el Gobierno de Al Sisi, que en 2013 llegó al poder tras un golpe de estado que derrocó al Gobierno de Morsi, ganador de las elecciones un año antes. Tras el golpe, declaró terrorista a la organización de los Hermanos Musulmanes, y desde entonces llama a otros países a apoyar a su gobierno en la “lucha contra el extremismo”. Tanto las condenas a muerte masivas en febrero de 2015 como la represión de los residentes sirios y palestinos, o la detención de activistas como Alaa Abdel Fattah, se enmarcan también, a través de declaraciones oficiales y medios afines, en la defensa de la seguridad nacional e internacional frente a los terroristas.

La retórica de la guerra contra el terror se recrudeció tras las revueltas árabes
La retórica de la guerra contra el terror, heredada de la administración Bush por los gobiernos de la región, no ha dejado de consolidarse en la última década, pero se recrudeció tras las revueltas árabes, cuando la ciudadanía de la región tomó las calles para expresar su hartazgo con dictaduras de décadas y reclamar cambios. Esas primaveras marcaron un antes y un después para los gobiernos represivos, que ante el temor a nuevos estallidos reprimen cada vez con más dureza a sus poblaciones y encuentran en el miedo al terrorismo de inspiración yihadista el marco perfecto para sofocar cualquier forma de disidencia.

El Gobierno de los Jalifa en Bahrein, Gadafi en Libia, Ben Ali en Túnez, ya apelaban a la necesidad de luchar contra el extremismo mientras los rodeaban manifestantes desarmados. También el gobierno de Erdogan se ha servido de esa retórica tanto en sus medidas frente a las protestas de la población como en el marco de su lucha geoestratégica y sus intentos de sofocar una victoria kurda. No hay gobierno en la región que no impregne sus discursos de ese misma consigna de defensa de la seguridad nacional y protección frente al terror y el extremismo, mientras avivan ese mismo terror con sus violaciones de los derechos humanos.

También Israel, que avanza en su colonización de lo que queda de la Palestina histórica, apela a esa retórica en su represión de las protestas contra la ocupación. “La batalla contra el terrorismo será larga, y requiere paciencia, valor y persistencia,” declaraba Netanyahu en noviembre de 2015, en plena escalada de violencia que los medios bautizaron como “Intifada de los Cuchillos”, y a la que Israel se refiere como “Ola de Terror”.

Ante la expansión de Daesh, las potencias regionales se han recrudecido en esa retórica, a la vez que lo han hecho también Rusia y EEUU. Todos dicen luchar contra el terror, incluso Donald Trump, que llegó a plantear como medida el no dejar entrar a musulmanes en EEUU.

Pero a Daesh, que se nutre del terror de estos gobiernos, no se le vencerá con más violencia, más vigilancia masiva, más abusos, más bombardeos contra la población civil. La espiral de impunidad no servirá para poner freno al avance del terrorismo de este grupo, de los que lo preceden ni de los que lo sucederán. El debilitamiento del terror en la región, y en el resto del mundo, dependerá de la capacidad de deconstruir las narrativas del terror – las de grupos como Daesh y las de los gobiernos – y de generar respuestas que atajen las causas de la violencia. No de avivar el fuego con más fuego.


lunes, 4 de enero de 2016

Por qué Arabia Saudí es un peligro para Oriente Medio

 salman obama

El nuevo año comenzó con una de esas noticias del ámbito de la diplomacia que por una vez sí tenía claras, y positivas, consecuencias políticas. Arabia Saudí había decidido reabrir su embajada en Bagdad, una forma de reconocimiento de la legitimidad del Gobierno iraquí, controlado por partidos chiíes, que llegaba con mucho retraso. Sólo unos días después, ese gesto de distensión dentro de la confrontación suní-chií en Oriente Medio ha quedado enterrado por la ejecución del clérigo chií Nimr al-Nimr en Arabia Saudí.
Al Nimr era la figura más respetada en la comunidad chií de ese país. No formaba parte de un partido político pero en la última década se había erigido en la voz más popular y con más autoridad en la reivindicación de una minoría que aspira no a derrocar al Estado, pero sí a dejar de ser ciudadanos de segunda clase.

Con su ejecución, la monarquía saudí rompe cualquier posibilidad de alcanzar un acuerdo de coexistencia con los chiíes durante una generación. Es prácticamente una declaración de guerra. No nos debe sorprender teniendo en cuenta su ideología y trayectoria, pero sí es algo que puede ser contraproducente para sus propios intereses. En este punto, conviene siempre recordar que ese eufemismo que los medios de comunicación llaman “comunidad internacional” (es decir, EEUU y Europa Occidental) tiene por costumbre ignorar las violaciones de los derechos humanos en Arabia Saudí, las mismas que con otros países provocan convocatorias urgentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

El ataque a la embajada saudí en Teherán es otro factor de preocupación al poner sobre la mesa la reacción del Gobierno iraní, que se autoatribuye la defensa de los chiíes en toda la región. Ahí es conveniente hacer una matización: en el sistema político iraní no todo el poder reside en el Gobierno. Los sectores más radicales –tanto los conservadores en el Parlamento como el complejo militar-industrial que sólo responde ante el ayatolá Jamenei– pretenderán cobrarse la venganza contra los saudíes.

La reacción del presidente Rohani hace pensar que no todos en Teherán creen que es la hora de hacer pagar a los saudíes con su propia medicina, como ya ha anunciado Jamenei. Rohani ha condenado el ataque a la embajada, ha llamado radicales a los grupos que lo realizaron y ha recordado que los edificios diplomáticos deben contar en Irán con “la protección legal y religiosa” (importante este último detalle). Es un aviso a las autoridades religiosas para que no adopten el papel de pirómanos.

De momento, 50 personas han sido detenidas en Teherán por su participación en el asalto. Que vayan a ser castigadas por un sistema de justicia donde el presidente tiene pocos partidarios es algo que aún está por ver.
 
 

En la estrategia política de Rohani a partir de la firma del acuerdo sobre su programa nuclear, es fundamental contar con una relación ‘civilizada’ con EEUU y Europa que conduzca al levantamiento de todas las sanciones económicas y que permita a Irán volver a exportar petróleo con total libertad para impulsar la economía del país. Quemar embajadas no ayuda en ese proceso.

Nimr al-Nimr no era tan peligroso para el régimen saudí como para que su eliminación fuera imprescindible para conjurar la amenaza de un levantamiento popular. De hecho, es muy posible que ahora muerto, como mártir, sea un peligro mayor. Pero el rey Salman ha decidido en el primer año de su reinado una política de mano dura en todos los frentes: aumentar la ayuda a los grupos insurgentes sirios, una campaña masiva de bombardeos en Yemen, hundir el precio del petróleo para perjudicar a Irán y a los países productores que no están en la OPEP, y reforzar la vertiente más represiva de su sistema de justicia con el aumento de la aplicación de la pena de muerte. Y ahora con la ejecución de Al-Nimr, envía un mensaje de violencia a la minoría chií.

En todos estos puntos, la influencia saudí en el convulso Oriente Medio es indudablemente negativa, y para ello cuenta además con la colaboración expresa de otros dos gobiernos con amplios recursos económicos, Emiratos y Bahréin. El eje de las monarquías suníes en el Golfo Pérsico nunca ha sido tan peligroso como ahora.


Fuente:  http://www.guerraeterna.com/arabia-saudi-peligro-oriente-medio/

martes, 13 de octubre de 2015

Un domingo cualquiera en Oriente Medio

Desde que el elefante tejano entró en 2003 en la cacharrería más delicada del planeta, apenas queda algo en pie en la región

Aviones rusos durante una exhibición. Foto: EFE

Un día cualquiera en Oriente Medio. Por ejemplo, el pasado domingo.

Mientras nosotros discutíamos quién iba y quién no a la recepción de palacio, la aviación rusa lanzó 55 ataques en Siria; el ejército de Al Asad recuperó terreno ayudado por fuerzas libanesas de Hezbolá; grupos sirios anunciaron una inminente ofensiva sobre la ciudad de Raqqa apoyados por tropas kurdas y armamento estadounidense; Líbano atacó posiciones del ISIS en la frontera con Siria; 44 kurdos del PKK murieron en bombardeos turcos en Irak y Turquía; la aviación iraquí bombardeó un convoy donde creía que viajaba un líder del ISIS…
 
Esperen, que cojo aire y sigo: el mismo domingo, Francia reveló la muerte de seis yihadistas franceses en sus bombardeos en Siria; Irán probó un nuevo misil de largo alcance; Estados Unidos lanzó 50 toneladas de munición para apoyar a sus “rebeldes”; Al Qaeda llamó a la movilización general contra Siria y Rusia; Turquía señaló al ISIS como autor del atentado que dejó 97 muertos; un palestino de 13 años murió de un disparo israelí durante una manifestación; una mujer palestina embarazada y su hija de dos años murieron en un bombardeo israelí sobre Gaza; cuatro israelíes fueron heridos por nuevos ataques a cuchillo de palestinos; Rusia y Arabia Saudí acordaron reforzar su cooperación contra el terrorismo; y el Sunday Times informó de que los aviones británicos podrían entrar en combate con aviones rusos…
 
No está mal para ser un domingo, ¿eh? Y esto es solo la letra grande, lo que la prensa filtra. Asomarse estos días a la actualidad de Oriente Medio garantiza no pegar ojo en toda la noche. La acumulación de zonas de conflicto, intereses y contendientes es tal que, en el mejor de los casos, no entenderemos nada: sirios de varios bandos, iraquíes, turcos, kurdos, libaneses, franceses, británicos, rusos, estadounidenses, más elementos de Al Qaeda y el ISIS, y turistas de la Yihad llegados de todo el planeta, se mezclan en una guerra de todos contra todos, donde nadie tiene narices de dibujar un mapa de zonas controladas, y donde los fabricantes de armas están saldando todos los restos de almacén.
 
No digo nada de la incomprensible política de alianzas, por la que dos se pelean en una ciudad pero son aliados pocos kilómetros más allá contra un enemigo común que a su vez tiene que llamar por teléfono antes de disparar, a lo Gila, para ver si el de enfrente es el enemigo o si un cohete mal disparado inicia la Tercera Guerra Mundial. Sumen a todo lo anterior el eterno conflicto palestino-israelí, que estos días sube de nuevo la temperatura, y ya estamos todos.
 
¿Qué más puede salir mal en Oriente Medio? Todo puede salir mal, incluso peor. Tanto, que muchos añoran los no muy lejanos tiempos de paz y equilibrio regional. Sí, en algunos casos era la paz de los cementerios y el equilibrio de quienes se apuntan mutuamente, pero eran paz y equilibrio, y tras el espejismo de las primaveras árabes todo ha ido a peor en la mayoría de países.
 
Cuesta distinguir dónde empezó todo, cuál fue la chispa que hizo saltar por los aires una región que tampoco es que haya sido alguna vez un remanso. El elefante tejano entró en 2003 en la cacharrería más delicada del planeta, y hoy todos pisan sobre añicos. En su momento hubo quien pronosticó un imparable efecto dominó: democratizando Irak por la vía militar, llegaría la democracia a todo Oriente. Doce años después, rotos todos los equilibrios políticos y religiosos en la zona, casi no queda una ficha de dominó que se mantenga en pie, el tablero está hecho unos zorros, y la democracia, ya tal.
 
Si el efecto mariposa, en su versión popular, provoca un huracán al otro lado del planeta por el aleteo inofensivo de un insecto, en Oriente Medio no hubo mariposa inicial, sino directamente un misil, y su interminable onda expansiva dejó ayer una mujer en silla de ruedas en una playa de Canarias.