La ONG internacional señala a bancos, fondos de pensiones y aseguradoras como culpables del cambio climático.
Sesión de apertura del Foro de Davos 2020. Foto: World Economic Forum/Flickr. (Lic: CC BY-NC-SA 2.0)
Los mensajes de lucha y unidad contra el cambio climático que se
lanzan desde la estación de esquí suiza de Davos estos días están
teñidos de hipocresía, según Greenpeace. La ONG afirma
que los bancos y fondos de pensiones cuyos mandatarios acuden este año a
la reunión del Foro Económico Mundial (WEF en sus siglas en inglés)
tienen intereses financieros en la industria de los combustibles fósiles
por valor de 1,4 billones de dólares (alrededor de 1,25 billones de
euros). Esta cifra es ligeramente superior al PIB de España en 2017.
También es, aproximadamente, la misma cantidad con la que cuenta,
colectivamente, la mitad de la población más pobre del planeta.
Greenpeace ha publicado estos datos en un nuevo informe,
titulado «Es el sector financiero, estúpido». En el informe, la
organización internacional ha analizado qué instituciones presentes en
Davos no cumplen con el objetivo del WEF de «mejorar el
estado del mundo», tanto desde un punto de vista económico como
medioambiental. El documento también ilustra el trabajo de empresas de lobbying
y relaciones públicas al servicio de los grandes bancos, y cómo este
daña las posibilidades de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.
Jennifer Morgan, Directora Internacional de Greenpeace afirmó en un comunicado que «los bancos,
las aseguradoras y los fondos de pensiones presentes en Davos son
culpables de la emergencia climática». Morgan denunció que estas
empresas están «alimentando otra crisis financiera global con su apoyo a
la industria de los combustibles fósiles», a pesar de «las advertencias
medioambientales y económicas». La directora de la ONG acusó a los
directivos de estas empresas de «nada menos que hipócritas», ya que
«dicen que quieren salvar el planeta, pero en realidad lo están matando
por el lucro a corto plazo».
De las 24 instituciones financieras investigadas (entre las cuales no hay ninguna empresa española), tan solo diez cuentan con un billón de dólares en combustibles fósiles.
Estos son JP Morgan, Citi, Bank of America, RBC Royal Bank, Barclays,
MUFG, TD Bank, Scotiabank, Mizuho y Morgan Stanley. El informe recuerda
que con esa cantidad de dinero (1 billón de dólares) podrían instalarse
640 GW de energía solar, más que la capacidad global instalada en este
momento.
Además, el informe también pone la lupa sobre fondos de pensiones y aseguradoras.
De los fondos de pensiones, destacan varios de países cuyas políticas
son, supuestamente, favorables a la acción climática, como Canadá o
Dinamarca. Estos cuentan con 26.000 millones de dólares invertidos en
los bancos anteriores o en compañías de combustibles fósiles, como
Shell, Chevron o Exxon.
Finalmente, en cuanto a las aseguradoras, el comunicado hecho público por Greenpeace señala que «cinco de las peores»
empresas del sector acudieron al Foro de Davos el año pasado. La ONG
condena a estas aseguradoras por seguir apoyando a la industria del
carbón. Hace especial hincapié en la estadounidense AIG, que no ha
descartado asegurar partes del proyecto de la megamina de Adani, en
Australia.
En declaraciones al diario británico The Guardian, un portavoz de Barclays,
uno de los bancos señalados, rechazaba las acusaciones. Esta fuente
afirmó que la institución está «haciendo todo lo posible para apoyar la
transición a una economía baja en carbono». El mismo portavoz indicó que
el banco debe velar porque «se satisfaga la demanda global de energía».
Greenpeace irrumpe en tiendas del centro de Madrid para recordar que el
Black Friday fomenta el consumo desmedido que se contrapone con la
sostenibilidad medioambiental.
En 2017 las emisiones de CO2 que se generaron con la
producción textil fueron 654 kg por habitante. Greenpeace advierte, con
motivo del Black Friday y el inicio de la COP25, de que esta campaña de
consumo fomenta la utilización desmedida de recursos, la contaminación y
el consumismo.
Con grandes pancartas en edificios emblemáticos
de la Gran Vía de Madrid, las personas activistas de Greenpeace han
querido denunciar que “el consumismo ahoga el planeta”, que el “modelo
de producción es depredador” y calculan que en 2060 se necesitarán 190
millones de toneladas de emisiones de CO2 para hacer frente a la demanda, si sigue el ritmo actual. Esta destrucción del medio ambiente se agrava con estímulos al consumo desmedido como el Black Friday.
“El
Black Friday no es para la persona que no llega a fin de mes y necesita
una oferta para cambiar de lavadora. El Black Friday es una fiesta del
‘sobreconsumo’ de la que solo nos enseñan una parte, pero no el backstage que destroza el planeta”, afirma Celia Ojeda, responsable de la campaña de consumo de Greenpeace.
Se calcula que el 74% de la ciudadanía española comprará
hoy algún producto —algunos sin necesitarlos realmente— y se gastará
unos 300 euros de media, según las cifras ofrecidas por Greenpeace.
“Momentos como el Black Friday son solo la punta del iceberg del
consumismo depredador, por lo que Greenpeace demanda un consumo
sostenible y un fomento de alternativas como la reducción, la reparación
y o el intercambio”.
Otra advertencia que hacen es la de que este consumo supone un exceso
de uso de los plásticos de los envoltorios. Todos estos excesos en el
consumo de recursos provocarán que en 2020 la producción exija la
emisión de 500 millones de toneladas de plástico, un 900% más que en
1980.
Por ello advierten de que es imprescindible que se forme un
gobierno que dé respuesta a esta emergencia climática, reduciendo un
55% las emisiones hasta 2030. El próximo lunes comenzará la COP25 en
Madrid, pero con los objetivos actuales, Greenpeace advierte de que “el
planeta se dirige a incrementos de temperatura de 3ºC, en un momento en
el que debería aumentar, como máximo, 1,5ºC para evitar los peores
impactos del cambio climático”.
Joel Stewart, el capitán más veterano de Greenpeace, observa cada día desde su puesto de mando los cambios que provoca el calentamiento global
Joel
Stewart, capitán del 'Rainbow Warrior', en el puente de mando del
velero de Greenpeace. En vídeo, A bordo del 'Rainbow Warrior'.ALBERT GARCÍA
Es inútil preguntarle por el número de países que ha visitado o de
millas que ha navegado. Perdió la cuenta hace tiempo. “He dado alguna
vuelta al mundo”, dice cuando se le insiste. Joel Stewart (Oregón, EE
UU, 1955) habla desde el puente de mando del velero Rainbow Warrior,
fondeado en la bahía de Algeciras (Cádiz). A un lado está Gibraltar, un
poco más allá La Línea y Algeciras y a la espalda Marruecos. “El
Mediterráneo ya no tiene el mismo color azul aquí”, observa al poco de
echar el ancla. Esta bahía es un punto caliente de la contaminación que
se ha acostumbrado a los vertidos y las manchas aceitosas que surcan la
superficie marina. Stewart cumplirá en septiembre 30 años trabajando para Greenpeace.
Es el más veterano de los 11 capitanes que se turnan —tres meses en el
mar y tres meses de descanso— para guiar los tres barcos de esta
organización: Rainbow Warrior, Arctic Sunrise y Esperanza. Él está al frente ahora del más emblemático:
el velero heredero del primer barco de la organización ecologista, que
fue hundido en Nueva Zelanda por los servicios secretos franceses en
1985. Cuatro años después del atentado, Stewart entró como capitán en la
ONG.
En su biografía de nómada se intuyen dos puntos fijos: Alaska y,
aunque suene extraño para una persona mitad ecologista y mitad marinero
profesional, el petróleo. Ambos —el territorio estadounidense y ese
combustible fósil— están muy relacionados en su vida. “Yo trabajaba como
capitán de buques de carga y estaba en Alaska cuando el petrolero Exxon Valdez
chocó con una roca y produjo aquel derrame tan grande en marzo de 1989
(...). Conocía esa bahía muy bien. Era preciosa, salvaje, muy bonita y
con mucha pesca, animales, ballenas… Y resultó muy dañada”. Aquel fue el
empujón que necesitaba para enrolarse con Greenpeace, con los que ya
había estado como voluntario. “Quería un trabajo que me diera un
sentido”.
Tres décadas después y tras haber recorrido los mares, concluye: “Nos
estamos quedando sin tiempo. Los científicos nos dicen que tenemos 12
años, bueno, ahora ya son 11, para cambiar radicalmente el uso de los
combustibles fósiles. Si no, la temperatura va a subir demasiado”. Un
pequeño escalofrío recorre el espinazo ante sus advertencias. Porque no
es lo mismo leer en informes los escenarios del cambio climático que
verlos a través de los ojos de un capitán que lleva media vida
recorriendo el planeta. “Los marineros vemos que los huracanes
son mucho más grandes. Y eso es muy peligroso para nosotros y para
todos los que viven en la costa. La temperatura de la superficie del mar
está subiendo mucho y eso es echar gasolina en un fuego para los
huracanes. Y lo que nos espera va a ser más duro”.
Al hablar de esos impactos presentes del calentamiento regresa al
“lugar más bonito del mundo”, Alaska: “Se nota que el aumento de la
temperatura de las aguas está cambiando los peces que hay allí. Y eso
está afectando a las migraciones de los pájaros que comían esos peces.
El permafrost [la capa de tierra que permanece congelada continuamente]
se está derritiendo y quemando y liberando el metano, hay incendios
porque está muy seco. La temperatura está subiendo mucho, se está
derritiendo el hielo y los osos polares no tienen dónde vivir. Y en poco
tiempo el deshielo de los glaciares va a ser mucho más fuerte”. Stewart
advierte: “Ahora el cambio climático no es una idea abstracta de futuro
para otras generaciones. Está empezando ya la transformación. Ya
estamos en un colapso climático y con este rumbo vamos al desastre. Por
eso tenemos que actuar urgentemente y por eso estamos en crisis”.
El capitán del Rainbow Warrior destaca dos cambios
fundamentales sobre el clima a los que ha asistido desde que entró en
1989 en Greenpeace: “El aumento de la cantidad de dióxido de carbono que
se ha acumulado en la atmósfera y el incremento de la información de
los científicos sobre cómo está cambiando el clima y el poco tiempo que
tenemos para evitar una catástrofe”.
Las advertencias que lanza desde su camarote en el velero de
Greenpeace, suenan muy parecidas a las alarmas de los científicos, de la
ONU y de algunos responsables empresariales y políticos. Y, sin
embargo, los gases de efecto invernadero —que proceden fundamentalmente
de la quema de los combustibles fósiles— siguen aumentando. Cuando
Stewart entró en Greenpeace la acumulación en la atmósfera del dióxido
de carbono (el principal de esos gases) rondaba las 355 partes por
millón; ahora supera las 410 partes, un nivel nunca alcanzado desde la
existencia del hombre, según la Organización Meteorológica Mundial
(OMM). “No soy muy optimista, pero tenemos que hacer todo lo que
podamos”, admite. “Estamos en un punto muy importante en la historia en
el que podemos destrozar el mundo o podemos salvarlo y moverlo hacia una
dirección más sostenible y justa. Todo el mundo tiene que levantar la
voz o estarán en la parte mala de la historia y las generaciones futuras
van a preguntar: ¿por qué no hicieron nada?”.
“Lo que me da optimismo es ver movimientos de la juventud como Extinction Rebellion o Friday for Future.
Los jóvenes están notando la urgencia y están pidiendo a los mayores
que cambien”, dice sobre unos colectivos con los que se han reunido él y
el resto de integrantes de la campaña de Greenpeace que ha traído Rainbow Warrior
otra vez a España este mes. En aguas españolas —y otra vez en una
acción relacionada con combustibles fósiles—, Stewart cuenta que pasó
uno de los peores momentos de su carrera con Greenpeace: “Fue en 2014
con el Arctic Sunrise cuando bloqueamos el sitio donde el Rowan Renaissance
quería perforar para buscar petróleo”. Greenpeace intentaba evitar la
campaña de Repsol en busca de hidrocarburos frente a las costas
canarias. Pero una contundente acción de la Armada Española les obligó a
retirarse: “Hirieron a una activista cuando chocaron su lancha contra
la nuestra. Le rompieron una pierna y le cortaron en un pie con la
hélice. Casi se ahoga. Pensábamos que la habíamos perdido. Fue muy
duro”. Todavía hoy se pregunta por qué fue tan contundente la Armada.
Tampoco recuerda Stewart el número exacto de veces que ha sido
detenido por una protesta como máximo responsable del barco de
Greenpeace. “15 ó 20”, calcula. “Pero nunca me han condenado, nuestras
acciones son siempre pacíficas”. Como la que desarrollaron el viernes en
la bahía de Algeciras, que consistió en desplegar pancartas en el
muelle de carga que abastece de carbón a la central térmica de Los
Barrios.
Entre los planes inmediatos de Stewart no está retirarse. “No quiero
jubilarme hasta dentro de 11 o 12 años. Quiero ver el cambio que se
necesita para evitar la catástrofe climática antes de jubilarme, sobre
todo cuando los jóvenes están peleando como ahora”. Estas palabras se
entienden mejor al ver el entusiasmo y la sonrisa casi infantil con las
que el capitán siguió el viernes el desembarco de los ecologistas en el
muelle de la central térmica.
“Antes de jubilarme quiero ver que, al menos, el mundo se mueve en la
dirección correcta”, insiste. Luego, para dentro de esos 11 ó 12 años,
buscará para retirarse “un sitio de paz”. Quién sabe si en Alaska.
As part of the #BPShutdown, climbers scaled @BP_plc's head offices in London and dropped a #ClimateEmergency banner. BP has to get out of the oil and gas business - there's no time to waste. @GreenpeaceUK
Katowice, Polonia – La pasada noche, a punto de comenzar la segunda
semana de la Cumbre del Clima en Polonia (COP24), los activistas de
Greenpeace proyectaron un mensaje a los líderes mundiales en el techo de
la sede de la reunión internacional donde podía leerse (en inglés) ‘Los políticos hablan, los líderes actúan’ y ‘No hay esperanza sin acción climática’. El objetivo: exigir una acción urgente para cambiar el curso de la situación de emergencia climática que está empeorando.
La actividad tuvo lugar con motivo del 70º aniversario de la
Declaración Universal de Derechos Humanos, en solidaridad con las
personas más vulnerables al clima del mundo, que piden a los países que
alineen sus objetivos nacionales de acción climática con el objetivo de
1,5 °C
“Hemos llegado al momento decisivo, no sólo para la COP24, sino
también para el mundo, de llevar a cabo el tipo de acción climática que
tanto necesitamos. Se trata de una emergencia climática y sólo mediante
un compromiso compartido de acción podremos evitar el colapso del
sistema”, señaló el jefe de la delegación de Greenpeace International en la COP24, Jens Mattias Clausen. “No
hay excusa para que las divisiones no sean zanjadas aquí en Katowice.
Mientras muchos políticos hablan de la acción climática, sus palabras no
inspiran esperanza y suenan como promesas vacías en los pasillos de la
COP24 a menos que se pongan de pie y sean contadas”.
Greenpeace recuerda que los elementos clave que se deben resolver en esta semana de negociación son: “Desde hoy comienzan a llegar los ministros y las ministras para
entrar en la recta de las decisiones políticas en la COP24 y deberán
arremangarse para desbloquear cuestiones cruciales, como la
diferenciación de la ambición por países y para garantizar un paquete
equilibrado y sólido. Nos alegramos que la Ministra de Transición
ecológica, Teresa Ribera, haya anunciado que España está de vuelta y
dispuesta a liderar el proceso multilateral de lucha contra el cambio
climático. Ahora tenemos que ver acciones reales y valentía para
afrontar fechas de cierre de las energías sucias y reducir las emisiones
netas a cero en 2040”, ha declarado desde Katowice Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Cambio climático de Greenpeace España.
Greenpeace pide:
– Compromiso para reforzar los planes climáticos nacionales (NDCs) lo
antes posible y a más tardar en 2020 de acuerdo con limitar a 1,5 ºC el
aumento de temperatura.
– Un libro de reglas fuerte con integridad ambiental que apoye la acción real sobre el terreno.
– Financiación y apoyo ampliados y previsibles para los países empobrecidos y vulnerables.
España es el país de Europa donde más pajitas se usan: 13 millones al día.
Los españoles consumen 4.745 millones de pajitas de plástico cada
año, el quinto residuo más habitual en las playas. Por eso la
organización ecologista Greenpeace ha pedido acabar con estos materiales
que tardan "hasta 500 años" en descomponerse.
Y para ello, han lanzado una espectacular campaña con impresionantes imágenes, para exigir una ley que prohíba "estos y otros productos de usar y tirar" y pedir a la gente "que deje de consumir pajitas".
"España es el país de Europa en el que más pajitas se usan: 13
millones al día", indican desde Greenpeace. Cada persona consume
anualmente 110 de estos objetos plásticos de un solo uso, uno cada tres
días.
GREENPEACE
En la lista de los 10 residuos más recolectados en playas y zonas
costeras, las pajitas ocupan el quinto lugar tras colillas, envoltorios
de comida, botellas de plástico y tapones de botellas.
Al degradarse en el mar, generan microplástico que "vuelve a nuestras mesas a través del pescado y marisco que consumimos".
GREENPEACE
Además, se estima que más de un millón de aves y unos 100.000
mamíferos marinos mueren cada año como consecuencia de todos los
plásticos que llegan al mar, detalla la ONG.
En España sólo se recicla el 37% del plástico"Las pajitas de plástico han pasado a ser unos de los elementos más
frecuentes en nuestros mares, playas, ríos. A pesar de ser el utensilio
plástico más prescindible e innecesario, en el Mediterráneo suponen ya
el 6% de la contaminación por plástico", informa Julio Barea,
responsable de la campaña.
GREENPEACE
En Europa se venden cada año 36.500 millones de unidades y se estima
que entre el 40 y el 60% de las tortugas ingieren plásticos, un
porcentaje que alcanza incluso el 93% en algunas especies de aves.
Según el último informe de la patronal de las empresas del sector del
plástico, solo el 37% de los envases de este material se reciclaron en
España en 2017. Esto supone que al menos un millón y medio de toneladas
de estos residuos contaminan el entorno cada año (casi 158.000 camiones
de basura al año, equivalente a la distancia entre Madrid y París si se
pusieran en fila).
Greenpeace aporta alternativas al empleo de elementos de plástico de
un solo uso, como las pajitas de vidrio, acero o bambú, fomentar el
consumo de agua del grifo frente a la embotellada, implantar un sistema
de devolución y retorno de envases de bebidas o promover el uso de
envases reutilizables.
Akademik Lomonosov es la primera central nuclear flotante y
en principio no será la última: el gobierno ruso tiene previsto
construir y enviar al ártico y a otras regiones varias de estas
centrales nucleares para proporcionar energía a regiones remotas; uno de
los propósitos es, según Greenpeace, suministrar energía a
instalaciones de extracción de gas y petróleo. Pero también tiene
capacidad para suministrar electricidad a miles de viviendas y hacer
funcionar desaladoras de agua.
Aunque inicialmente estaba previsto cargar el combustible de la Akademik Lomonosov
en San Petersburgo finalmente —debido a la presión de los estados
bálticos por los que tenía que pasar el planta flotante y a la petición
organizada por Greenpeace Rusia— la carga y prueba de encendido del
reactor nuclear se realizará finalmente en Murmansk. La planta después
de remolcará otros 5000 km hasta su destino final cerca de Pevek, en la
región de Chukotka.
Para Greenpeace y otros ambientalistas este “chernóbil on ice”
no es una buena idea y supone un “riesgo evidente” para un entorno ya
castigado por el calentamiento global. Entre otros motivos, argumenta
Greenpeace, la planta carece de sistemas de propulsión (en su lugar para
moverla hay que remolcarla cuando sea necesario) lo que significa que
“es especialmente vulnerable a los tsunamis o ciclones.”
Según el experto nuclear Jan Haverkamp, de Greenpeace,
"esta peligrosa iniciativa no sólo supone una amenaza para el Ártico,
sino que también supone una amenaza potencial para otros espacios
naturales vulnerables y para regiones densamente pobladas.”
Al menos una quincena de países se han interesado ya por las plantas
nucleares flotantes rusas incluyendo China, Algeria, Indonesia, Malasia y
Argentina.
Hoy hemos visitado la sede de la empresa ACS, propiedad de Florentino Pérez, para recordarle que tiene un problema con una de sus filiales, concretamente con el proyecto hidroeléctrico que restringe el acceso al agua de más de 29.000 indígenas quekchí en Guatemala
Su filial Grupo Cobra ha destruido el curso de un río y se ha ejecutado
sin la consulta ni el consentimiento de los pueblos indígenas afectados.
Esta empresa ha participado como subcontrata en varias fases del
complejo hidroeléctrico RENACE, una infraestructura que ha alterado
profundamente el río Cahabón a lo largo de 30 kilómetros. Además de los
graves carencias del procedimiento de evaluación ambiental y los fallos
en el proceso de consulta a los pueblos indígenas, el proyecto ha producido un daño ambiental significativo. También ha acarreado la reducción drástica del caudal del río que ha supuesto la merma del derecho al acceso al agua potable para las comunidades indígenas que viven en esta cuenca fluvial.
Este tipo de proyectos polémicos suelen ir asociados a la
criminalización y persecución del movimiento de oposición a estas
infraestructuras. Así, en Guatemala, el pasado martes 30 de enero, fue detenido Bernardo Caal Xol,
líder indígena del pueblo quekchí que se opone a los megaproyectos
hidroeléctricos. En estos momentos Bernardo está encarcelado a la espera
de juicio por unos cargos basados en testimonios de trabajadores
asociados a las empresas constructoras de estas infraestructuras.
La empresa ACS no puede obviar los acuerdos voluntarios firmados o de
los que el Estado español forma parte. Según los Principios Rectores de
la ONU sobre las Empresas y los Derechos Humanos la
responsabilidad de las empresas de respetar los derechos humanos se
aplica a todas ellas, independientemente de su tamaño, sector, contexto
operacional, propietario y estructura. El cumplimiento del
principio de la Diligencia Debida donde el respeto de los derechos
humanos es extensible a todas las empresas, sin diferencias entre
empresas contratistas y subcontratistas.
Está visto que estos acuerdos voluntarios son insuficientes. Desde
Greenpeace estamos impulsando la aprobación de un tratado internacional
vinculante sobre transnacionales en el marco de Naciones Unidas
que asegure el desarrollo de normas obligatorias que acaben con la
impunidad actual y asegure que las personas jurídicas puedan ser
interpeladas por instituciones penales por sus actividades
extraterritoriales.
Activistas de Greenpeace de varias nacionalidades protestan en
estos momentos en Bilbao contra el envío de armamento con destino a los
países de la coalición liderada por Arabia Saudí en la guerra del Yemen.
Con esta acción de protesta pacífica, los activistas denuncian que
estas armas pueden ser usadas contra la población civil en la cruenta
guerra del Yemen, que le ha costado la vida a miles de personas
inocentes. Greenpeace acusa al Gobierno de España de ser cómplice de
esta situación por permitir la venta de este material y le exige que le
ponga fin.
14.00 h: Algunos activistas han sido puestos en libertad tras declarar en el cuartel del puerto, pero 9 de ellos siguen detenidos. 12.15 h: Todos los activistas han sido sacados de la acción y están siendo identificados en el puerto. Estamos a la espera de tener información de si están detenidos o no. 12.00 h: La Guardia civil está retirando a los activistas de las defensas junto al barco. 11.45 h: Aunque han bajado a los escaladores todavía quedan cuatro activistas encadenados a las defensas del barco. 11.35 h: La Guardia civil está bajando a los
activistas de los amarres y en este momento entra el convoy de camiones
con las armas en el puerto de Bilbao. ¡Seguimos resistiendo! 11.30 h: Estamos en streaming en Facebook con un escalador desde el Bahri Tabuk.Podéis verlo en nuestro perfil. 11.15 h:Seguimos encaramados al Bahri Tabuk,
un barco inmenso donde se nos ve minúsculos, pero a veces los pequeños
podemos cambiar las cosas. David contra Goliat en el puerto de Bilbao
¡Seguimos! 11.00 h:El Gobierno está permitiendo el
envío de armas a varios países que están participando en la guerra de
Yemen y masacrando población civil y, además, no puede
certificar el uso final de estas armas. Estas premisas hacen esas
autorizaciones ilegales y tienen que denegarse inmediatamente
10.40 h: Seguimos resistiendo encaramados a los amarres del Bahri Tabuk. 10.30 h: Con esta acción señalamos al
Gobierno español por autorizar envíos ilegales de material bélico cuando
existen indicios de que estas armas podrían ser utilizadas para
vulnerar el derecho internacional humanitario y los derechos humanos.
Este es el caso del envío de armamento a países que forman parte de la
coalición saudí, que desde que comenzó la guerra de Yemen en marzo de
2015 ha llevado a cabo ataques continuados sobre población civil. De
hecho, como consecuencia de los ataques de ambas partes del conflicto se
han contabilizado, hasta finales de 2017, 9.245 civiles muertos y
52.807 personas heridas.
10.25 h: Dos activistas han conseguido encadenarse a las defensa del barco. 10.15 h: Hay cuatro activistas colgados de las amarras y cinco activistas en las defensas del barco. 09.45 h: Cuatro hombres y mujeres boya y varios
escaladores están colgados de los amarres del gigante barco saudí en el
puerto de Bilbao.
9.30 h: Los activistas consiguen llegar hasta el barco superando una patrulla de la guardia civil apostada en el agua.
9.00 h: Tres botes de Greenpeace entran en el puerto de Bilbao para conseguir llegar hasta el barco Bahri Tabuk, que carga hoy armas con destino Arabia Saudí.
LIBERTAD PARA EL LÍDER INDÍGENA DEFENSOR DE DERECHOS HUMANOS BERNARDO CAAL XOL
PÍDELE AL ESTADO DE GUATEMALA QUE DEJE EN LIBERTAD INMEDIATA A BERNARDO CAAL.
El líder indígena q’eqchi’ Bernardo Caal Xol ha sido encarcelado en Cobán, Guatemala, tras haber denunciado, públicamente, las ilegalidades en el otorgamiento de licencias ambientales y concesiones para la construcción de megaproyectos hidroeléctricos sobre el río Cahabón, en el departamento de Alta Verapaz.
El mayor de ellos es RENACE, una obra que construye el grupo Cobra (la empresa de Florentino Pérez Grupo ACS) para una compañía del país y que ha colapsado el cauce del Cahabón en casi 30 kilómetros, afectando a 29.000 indígenas q’eqchi’.
Caal fue arrestado en la sede judicial de la localidad de Cobán cuando iba a responder por una acusación previa en la que se trató de imputarle en el marco de un conflicto laboral. Allí mismo, mientras acudía a demostrar su inocencia, le notificaron otros delitos (robo, instigación a delinquir, amenazas y detenciones ilegales) con los que claramente se busca criminalizarle.
Caal Xol lo tiene claro: “soy un preso político que se encuentra en esta situación por denunciar el secuestro de los ríos, por declarar que los están matando, por dar a conocer lo que el saqueo del territorio del pueblo Q’eqchi’. El Ministerio Público no pudo demostrar las acusaciones anteriores y ahora sale con otras. El objetivo es callar e intimidar a la gente, manifestó Caal Xol momentos antes de ser encarcelado.
CAMPAÑA DE RECOGIDA DE FIRMAS DE ALIANZA POR LA SOLIDARIDAD CON GREENPEACE
Ya hace unos meses, el líder indígena declaraba que “temía acabar
como Berta Cáceres”, en alusión a la líder hondureña asesinada en 2016
por oponerse a proyectos hidroeléctricos en su país. De hecho, el pasado
año, Bernardo Caal tuvo que permanecer escondido varios meses, después
de que se dictara una orden de captura contra él y tras sufrir numerosas
amenazas personales.
Alianza por la Solidaridad, junto con Greenpace España, lanza esta
campaña de recogida de firmas dirigidas a la Embajada de Guatemala en
España para que su Estado promueva la libertad del líder indígena y
adopte medidas urgentes que protejan a los defensores de los derechos
humanos frente a los ataques y amenazas a los que se enfrentan por
defender la tierra, el agua y el medio ambiente
Esta mañana nuestros activistas han colgado en el Palacio de la Música de la Gran Vía de Madrid un cartel inspirado en el de “Lo que el viento se llevó”,
que simula el estreno de una película titulada “Lo que Rajoy nos dejó.
Un film con mucho cambio climático y pocas renovables”. En el cartel
puede verse a Nadal y a Rajoy en los roles de Clark Gable y Vivien Leigh
respectivamente, en la famosa pose del cartel de la película original.
10.45 h: Los activistas han sido bajados por los bomberos mientras la pancarta sigue colgada en la fachada. 10.30 h: Los activistas siguen encaramados a la fachada del Palacio de la Música cuando hace dos horas y media que empezó la acción. 10.15 h: La policía y los bomberos siguen revisando la seguridad de los activistas mientras muchos viandantes sacan fotos y aplauden. 11.00 h: La policía ha retirado la pancarta del edificio.
10.00 h: Acaban de llegar dos camiones de bomberos y dos lecheras a Gran vía, donde los activistas siguen colgados con la inmensa pancarta donde se ve a Rajoy en actitud cariñosa con el Ministro Nadal. 09.37 h: El título de la pancarta cinematográfica viene precedido por el antetítulo: “Tras su drama ‘El impuesto al Sol’, Mariano Rajoy y el ministro Nadal presentan…”. Además, aparecen dos frases de la película adaptadas a los personajes: “A Dios pongo por testigo que jamás volveré a cerrar una central térmica” y “Francamente querido, el cambio climático me importa un bledo”.
9.30 h: Con esta acción pedimosal Gobierno que represente a los intereses de las personas y del Planeta en el próximo Consejo Europeo de Energía que será la semana que viene
8.30 h: Tres activistas de Greenpeace se han encaramado al Palacio de la Música en Gran vía para desplegar una pancarta que no hablará de cine. No te lo pierdas! te lo estamos contando en vivo en Facebook y en Instagram
8.30 h: Tres activistas de Greenpeace se han encaramado al Palacio de la Música en Gran vía para desplegar una pancarta que no hablará de cine. No te lo pierdas! te lo estamos contando en vivo en Facebook y en Instagram
Un grupo de activistas ha desplegado una pancarta mientras varios camiones con armamento esperaban a ser cargados en el puerto vizcaíno.
Acción de protesta en el puerto de Bilbao. (Foto: Greenpeace)
Un grupo de activistas de Greenpeace ha protestado pacíficamente contra la carga de contenedores con armas fabricadas en España al barco Bahri Tabuk, con destino a Arabia Saudí, en una acción que pretende llamar la atención “sobre el oscurantismo que envuelve el comercio de armas”.
“La autorización del Gobierno a este tipo de exportaciones de armas que
podrían ser utilizadas contra la población civil en conflictos armados
es ilegal”, denuncia la ONG verde.
El grupo de activistas ha desplegado varias pancartas donde se podía leer "No queremos ser cómplices" y "Armas Marca España para matar civiles". Greenpeace asegura haber constatado que al menos parte de las armas son de la empresa Expal Systems, S.A.
La legislación española sobre comercio de armas (Ley 53/2007)
establece que se deben denegar las autorizaciones de exportación de
armas "cuando existan indicios racionales de que las armas puedan ser
empleadas en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la
seguridad en un ámbito mundial o regional". Y por esa razón, esgrime
Greenpeace, “la exportación de armamento a Arabia Saudí es ilegal”
Según la ONU, desde marzo de 2015, al menos 8.530 civiles han perdido la vida y 48.848 han sido heridos en la guerra de Yemen.
“Todas las partes del conflicto han cometido graves violaciones del
derecho internacional con total impunidad y casi 19 millones de personas
han sido desplazadas”.
Greenpeace recuerda que desde que comenzó el inicio del conflicto en
Yemen, en marzo de 2015, España ha exportado más de 650 millones de
euros en armas a Arabia Saudí, “lo que constituye un claro caso de
incumplimiento de la legislación española y europea en la materia y,
también, del Tratado sobre el Comercio de Armas, suscrito por el Estado
Español”.
Además, denuncia que estas operaciones “se han desarrollado con total
opacidad y falta de control por parte del Parlamento”. Cuando se
cumplen 10 años de la adopción de la ley española sobre comercio de
armas “es imperativo revisar el funcionamiento del sistema de control de
exportación de armas y asegurar su cumplimiento riguroso”.
"Exigimos el fin de la exportación de armamento a países involucrados
en conflictos que puedan ser utilizadas para matar a civiles. Al
autorizar estas exportaciones, el Gobierno de España está incumpliento
la ley y podría hacer cómplice a toda la población española de los
crímenes de guerra que puedan cometerse con esas armas, por lo que debe
actuar ya", ha declarado Sara del Río, responsable de la campaña de
Greenpeace a favor de la paz. Transparencia“Lamentablemente, esta semana diputados del PP, PSOE y Ciudadanos de
la Comisión de Defensa del Congreso votaron en contra de un veto
específico a la venta de armas españolas a Arabia Saudí por su
implicación en la guerra de Yemen, por lo que se rechazó esta
recomendación para el Gobierno”.
"La transparencia es un elemento clave para contribuir a la paz y es
esencial para la rendición de cuentas efectiva. La Ley de Secretos
Oficiales española es uno de los principales obstáculos para avanzar en
transparencia, asegurar que el Gobierno cumple la ley y evitar
exportaciones irresponsables", ha añadido Del Río.
Greenpeace reclama que el Parlamento apruebe la reforma de la Ley de Secretos Oficiales y se adecúe a las normas internacionales,
además de que revoque el acuerdo del Consejo de Ministros del 12 de
marzo de 1987, que clasificó como secretas las actas de la Junta
Interministerial que regula el comercio de armas, ya que impide conocer
las razones, por ejemplo, para autorizar las exportaciones a Arabia
Saudí.
Siete activistas de la ONG ecologista Greenpeace
se han subido este miércoles a una grúa situada a unas pocas manzanas
de la Casa Blanca para protestar contra el nuevo presidente de Estados
Unidos, Donald Trump, y colgar una pancarta.
Los
activistas se han encaramado a una grúa de más de 80 metros ubicada en
una zona de obras, informa ABC News. Un portavoz de la organización,
Travis Nichols, ha asegurado que el objetivo es exhibir un mensaje:
"Resiste".
La Policía de Washington ha dicho que, aunque respeta
"el derecho de todo el mundo a protestar", iniciativas de este tipo son
"peligrosas" e "ilegales". Las fuerzas de seguridad han cortado la zona
para tratar de resolver la situación.
Cuando veo que la mayoría de nuestros representantes, ya sea en el
Parlamento o la Comisión europea, tratan de hipotecar nuestro futuro y
el de las futuras generaciones pactando la rendición ante las
multinacionales y cediendo la soberanía -que, no olvidemos, reside en el
pueblo- ante grandes potencias como EEUU o Canadá, no me queda otra que
decir alto y claro "No en mi nombre" y seguir luchando. Por eso voy a
estar en la manifestación del 15 de octubre en Madrid, #ni CETAniTTIP.
Añadir leyenda
Cuando veo que unos y otros tratan de ocultar a la ciudadanía, ininteligibles a la par que perjudiciales, acuerdos de libre comercio.
Cuando impiden a los legítimos representantes de la ciudadanía, ya sea
europeos o españoles, acceder a dichos documentos de forma digna y no
confinada en un cuartucho que llaman "sala de lectura" -¿pero que broma
es ésta?-. Cuando tienen que ser organizaciones de la sociedad civil,
como Greenpeace, las que filtren dichos documentos para
que la ciudadanía esté informada, algo no está funcionando, y es
preciso abrir las ventanas para que la transparencia y el derecho a la
información refresquen la irrespirable atmósfera de las "reading rooms".
Entre tanta sopa de letras y siglas -que si TTIP, que si CETA o TiSA o quién sabe con qué nueva ocurrencia en forma de siglas vendrán en un futuro próximo-, los adalides del libre comercio
pretenden decidir en cuartos oscuros, de espaldas a la ciudadanía,
nuestro futuro y el de nuestros hijos. No vaya a ser que nos enteremos
de que están poniendo todo en venta a precio de saldo para que unas
pocas empresas sigan haciendo su particular agosto. Me vienen a la
cabeza las películas de vampiros, decidiendo sobre el futuro de la
humanidad en lugares lúgubres y oscuros. Vampiros que temen la luz del
sol, como estos nuevos vampiros temen las filtraciones, la luz y los
taquígrafos. No vaya a ser que descubran su diabólica jugada.
Por eso durante esta semana la ciudadanía está saliendo a la calle
para reclamar equidad, respeto al medio ambiente y derechos laborales y
sociales para todas las personas en el mundo. Porque las personas y el planeta están por encima de las multinacionales.
Porque los tratados de libre comercio perpetuarán la pobreza, la
desigualdad y la degradación ambiental. Porque tratados como el TTIP,
CETA o TiSA tratan de imponer la globalización de lo injusto, de la
pérdida derechos, de la destrucción de la naturaleza.... Porque socavan
el espacio democrático y convierten el planeta en un enfermo terminal.
Porque amenazan la soberanía alimentaria y el derecho a una alimentación
saludable y variada. Porque benefician a los combustibles fósiles en
perjuicio de las renovables.
En las ocultas conversaciones sobre
los tratados entran casi la mayoría de los sectores de la economía,
desde los productos químicos hasta la comida, pasando por las
inversiones, la contratación pública, los servicios, etc. El objetivo es
eliminar todas las barreras al comercio, incluidas las no
tarifarias, aquellas que tienen que ver con nuestros derechos y las
normas y estándares de calidad, salud, medio ambiente, de denominación
de origen, etc. Es decir, las que nos protegen como ciudadanos y
consumidores. Afectan a aspectos fundamentales como la alimentación, los
pesticidas, los transgénicos, la contaminación química tóxica o la
extracción y comercialización de combustibles fósiles como el gas
esquisto (fracking) o las arenas bituminosas.
En realidad, el CETA y el TTIP esconden una enorme transferencia de poder desde la ciudadanía hacia las grandes empresas.
Podría dar lugar a un grave debilitamiento de las regulaciones en la UE
sobre el medio ambiente, la salud y la protección del trabajo.
Y
por último, pero igual de preocupante: se crearían tribunales de
arbitraje para que las empresas puedan demandar a los gobiernos
democráticos si éstas consideran que sus inversiones y jugosos
beneficios se han visto perjudicados por las leyes de un país. Este
sistema legal para las corporaciones no estaría sujeto al control
democrático o a los tribunales nacionales.
Las personas y el planeta por encima de las multinacionales. El próximo sábado di "No a la pobreza. No a la desigualdad. No al CETA. No al TTIP".El próximo sábado #El15OVamos
Seis escaladores de Greenpeace han colgado una pancarta en el conocido edificio Metrópolis del centro de Madrid con el mensaje “Sí podemos parar el TTIP”, dirigido al presidente norteamericano Barack Obama. Esta pancarta, de 60
m2 ha sido la bienvenida de la organización medioambiental a la visita
que hoy realiza a la capital el principal defensor del TTIP en EE.UU.
Mañana lunes empieza en Bruselas la 14º ronda negociadora del Acuerdo
Transatlántico de Comercio e Inversión, más conocido como TTIP. Y aunque
el Sr. Obama querría tener un acuerdo firmado antes de acabar
su mandato, las elecciones presidenciales son en noviembre, todo indica
que esto no va a ser posible.
Obama está de visita por
España este fin de semana, consciente ya de que la nueva gobernanza
mundial que se quiere urdir bajo el eufemismo de “acuerdo comercial”
está cada día más lejos. Ya se lo han advertido los jefes de las
delegaciones negociadoras de EU y EE.UU. Y Obama está preocupado.
1. Obama sabe que el escenario ha cambiado. Numerosas
organizaciones de la sociedad civil, entidades locales y regiones,
partidos políticos, sindicatos, asociaciones profesionales, incluidas
asociaciones del sector empresarial, etc. se movilizan en estos momentos
contra la nueva generación de tratados comerciales (TTIP, CETA, TISA).
La filtración
y posterior publicación por parte de Greenpeace Holanda el pasado 2 de
mayo de los documentos de la negociación del TTIP han sido un
revulsivo que ha permitido aflorar el poderoso movimiento europeo que se
ha venido construyendo en los últimos años.
2. No cuela. La ciudadanía y las organizaciones sociales se están informando
y saben ya que no se están negociando “acuerdos comerciales”, sino
verdaderos procesos constituyentes que buscan cambiar las reglas del
juego democrático, la forma en la que se legislará en el futuro en
materias que afectan directamente a nuestra forma de vida y que, además,
dan más peso aún a esa justicia paralela hecha a medida de las grandes
corporaciones, el denominado Sistema Judicial de Inversiones.
De manera especial, los ciudadanos sabemos ya lo mucho que nos jugamos
en esta batalla en la que bajo el TTIP se preparan nuevas relaciones de
poder y se reduce la soberanía de los estados.
3. Los antecedentes no son buenos, y Obama lo sabe. El
impacto sobre el empleo y la deslocalización del NAFTA (acuerdo entre
US, Canadá y México) o el tratamiento de algunos aspectos en el TPP (el
acuerdo transpacífico entre un amplio número de países que rodean este
océano) no son aliados a la hora de vender este nuevo tratado. En lo que
a los ecologistas nos incumbe, los compromisos y acuerdo en materia ambiental salen mal parados.
En el caso del Acuerdo de Asociación del Pacífico (TPP), el ex
Secretario General de Medio Ambiente en la primera legislatura de
Zapatero, Antonio Serrano, afirmaba hace ya tiempo que el Capítulo
Medioambiental del Texto Consolidado aparece como un “añadido amable del
Acuerdo”. Vamos, que va de florero.
4. La estrategia de
la Comisaria de Comercio Malstrom de enviar mensajes tranquilizadores y
desmintiendo las evidencias de los textos filtrados no están
funcionando. Por más que diga lo contrario los hechos recientes
(Reglamento Reach, Directiva de Combustibles fósiles, pesticidas en
frutas importadas de US) demuestran que el medio ambiente y la salud
pública no están saliendo bien paradas de las negociaciones sobre el
TTIP. Aún sin estar finalizado y firmado el acuerdo, ya estamos
perdiendo. En este sentido, es revelador que ninguno de los capítulos
filtrados haga referencia a la regla de Excepciones Generales de la
Organización Mundial del Comercio (OMC), que permite a los estados
regular las reglas de comercio “para proteger a los seres humanos, la
vida animal y vegetal o la salud” o para “la conservación de los
recursos naturales no renovables”. Tampoco se nombra el acuerdo sobre el
Clima de París, la COP21, acuerdo firmado por la UE y EEUU, que dejaba
claro que debemos mantener el incremento de la temperatura mundial por
debajo de 1,5ºC. Ni los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones
Unidas o los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo.
5. Otra preocupación del Sr. Obama es el hecho de que los
responsables de la Unión Europea, presionados por los movimientos
ciudadanos, se ven en la “obligación” de defender el principio de
precaución ante sus homólogos estadounidenses. Esto no estaba
en el guión y no hace más que aumentar las contradicciones de los
negociadores y permite focalizar la atención de europarlamentarios y
organizaciones sociales durante las negociaciones. Hasta la fecha, el
texto del acuerdo no hace ninguna referencias al “principio de
precaución”, principio consagrado en el Tratado de la UE, pero que no se
menciona en el capítulo sobre Cooperación Reguladora, ni en ningún otro
de los 12 capítulos publicados. Si se impone el modelo regulador de US,
pasaremos a depender de los poderosos lobbies industriales y su papel
determinante en las decisiones en materia ambiental, de etiquetado,
pesticidas, etc.
Está preocupado el Presidente de los EE.UU, el Sr. Obama. Y tiene razones para estarlo por qué sabe que sí, que “We can stop TTIP” (podemos para el TTIP). Y lo vamos a hacer.