domingo, 18 de agosto de 2019

Desgracia, tragedia y clase

La responsabilidad y la culpa de que la tragedia se convierta en desgracia procede de quienes tienen poder.

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Christian Martínez
Todas las personas somos frágiles, a todas las personas nos pueden ocurrir roturas leves y también tragedias. Pero no todas las tragedias se convierten en desgracias. La desgracia tiene un componente de clase. La desgracia es lo que sucede cuando no hay respaldo patrimonial ni una red pública que dé apoyo.

Dicen que la comedia es tragedia más tiempo, basta con que Romeo y Julieta pasen un tiempo viviendo juntos para que aquellas palabras que se decían antes de levantarse —“mira, amor, qué envidiosas franjas ciñen las nubes dispersas allá a oriente: las candelas de la noche se han extinguido, y el jovial día se pone de puntillas en las neblinosas cimas de las montañas”— resulten cómicas.

Ahora bien, ocurre que en determinadas circunstancias, casi siempre marcadas por la clase, tragedia más tiempo se convierte en desgracia y no hay narración ni cámaras que se ocupen de lo que está pasando: aquella caída trágica desde una escalera, aquel diagnóstico trágico en el despacho de un hospital, aquel trágico destino abocado al paro o a un encadenamiento de trabajos malpagados, aquella depresión o aquel dolor de espalda duran, y las redes públicas recortadas llenas de grandes personas voluntariosas no bastan, y no hay estructuras sociales para cada persona herida, parada, hundida, y la vida, a menudo la de toda una familia y su entorno, se convierte en desgraciada.

La literatura, el cine, las series, abundan en historias que ensalzan las redes de las clases populares, las que se forman al margen de la administración pública y del dinero, solo por la conciencia del valor de la solidaridad y la alegría. Es habitual que las comparen con las relaciones de la clase dominante: al funeral por la muerte trágica de un vecino en un barrio popular acuden vecinas y vecinos, y hay apoyo, afecto, vida, mientras que el funeral del rico transcurre en un entorno envarado, nadie lleva un perolo con rosquillas o con salmorejo para la vigilia, todos miden la cuota de poder de los asistentes y se relacionan en función de ella.

Acierta un poco la ficción. Esas redes populares existen y son sagradas. Pero sucede que el tiempo es cruel y los cuerpos limitados. Se cuida un día, se cuida cien; sin embargo, quien cuida también ha de ser cuidado porque, si no, se rompe, y entonces ya hay dos desgracias o cinco, o un barrio al completo. No existe, me parece, otro sentido más cierto de lo que significa ser un animal social que crear, y después alimentar y dar continuidad y fuerza, a esas redes con las que la desgracia individual se convierte en fragilidad compartida. El capitalismo las devora tanto como devora la sociedad. Y evitarlo no siempre es cuestión de voluntad ni de conciencia de quienes resisten.

La derecha, la extrema derecha y la parte más reaccionaria de la socialdemocracia mienten hoy a las personas desgraciadas cuando les dicen que la responsabilidad de su desgracia es suya o de otras personas más desgraciadas que ellas. La responsabilidad y la culpa de que la tragedia se convierta en desgracia procede de quienes tienen poder y lo usan para destruir la sanidad pública, el apoyo a la vulnerabilidad, el cuidado de las gentes, la cultura de los saberes compartidos, las capacidades que anidan en cada persona, los bienes comunes, la tierra que habitamos. Juegan con ventaja, pero que tengan cuidado porque llegará el día en que el enjambre de personas desgraciadas se levante en medio de la pena sin nada que perder salvo su propia desesperación.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/desigualdad/desgracia-tragedia-y-clase-columna-belen-gopegui

viernes, 16 de agosto de 2019

" Porque me arrastras y voy..

Resultado de imagen de federico garcia lorca
SANTO PEREGRINO. Dibujo de Tinta y lápices sobre papel. Regalo personal a Antonio de Luna García y señora en Granada1926





" Porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba"

Federico García Lorca

Aquel primer Tour femenino

Entre septiembre y octubre de 1955, 41 mujeres disputaron la carrera en cinco etapas, 373 kilómetros. Se impuso la británica Millie Robinson, que se ganaba la vida conduciendo una furgoneta de reparto de leche

<p>Millie Robinson.</p>
Millie Robinson.
  “Hablan demasiado entre ellas y luego no tienen fuerzas para hacer ataques. Y después, cuando termina la etapa, se pasan horas caminando por las tiendas, buscando trapitos, probándose ropa. Ese no es el descanso adecuado para un ciclista…”.

Del primer Tour de Francia femenino (casi) nadie se acuerda hoy. Claro que si tenemos en cuenta las palabras reproducidas más arriba…pues oigan, poca extrañeza. No se piensen que las dijo un columnista en su medio de alt-right preferido, no… Fue cosa, directamente, del organizador del invento, un pilluelo especializado en supervivencia que respondía al nombre de Jean Leulliot. Tirando de topicazos machistas. Y es que así es imposible.

Ocurrió hace más de medio siglo. Entre el 18 de septiembre y el 2 de octubre de 1955, concretamente. En el norte de Francia. Allí 41 mujeres (de las 48 inscritas al principio) hicieron frente al desafío. Nada menos que un Tour de Francia para ellas. Venían del Hexágono, de Luxemburgo, de Holanda, Suiza o Gran Bretaña. Cinco etapas, la última en dos sectores, un total de 373 kilómetros. Hoy nos puede sonar casi a salida dominical, pero en la época no fueron pocos los que pusieron el grito en el cielo. No podrán terminar, corremos el peligro de que esas débiles damiselas sufran un colapso, incluso que mueran. Y los niños…¿es que nadie va a pensar en los niños? Se hacen ustedes cargo de la parafernalia. Nada de eso, con todo, iba a parar al padre de la prueba, que había salido de apuros mucho peores…

Jean Leulliot era…bueno, era un poco de todo. Periodista. Showman. Hombre de negocios. Organizador de carreras ciclistas. Un tipo de esos cuyo objetivo vital es vivir lo más cojonudamente posible, sin importar a qué dios, amo o patrón le rinda servicios. Fruslerías morales, esas, de las que no te dejan descansar bien por las noches. Y Jean anhelaba un sueño limpio y reparador. El caso es que este antiguo reportero de L´Equipe pilló un puesto como jefe de la sección de deportes en un diario llamado La France Socialiste. Solo que todo esto ocurrió durante la ocupación nazi, y el periódico en cuestión era pelín colaboracionista, no sé si nos explicamos. Ya les digo que Leulliot siempre supo adaptarse y utilizar todo el poder que tuviera en sus manos. ¿Qué Émile Idée, el campeón francés, no quiere participar en una de sus carreras? Pues nada, hablamos con esos simpáticos tipos de acento germánico y que ellos manden un comando de la Gestapo para convencerlo. Todo por el bien de los galos, claro, para elevar su moral en estos tiempos difíciles. Liberté, égalité, etcétera. Las cosas que ha de hacer uno…

Pese a esta más que evidente connivencia Leulliot salió bien parado en la primera posguerra, absuelto en un juicio donde se le acusaba de alta traición y en el cual declaró en su contra, por ejemplo, Jacques Goddet. “Merece su destino”, dijo quien era ahora, muerto Desgrange, el alma del Tour. Pero nada. Jean no solo no dio con sus huesos en la cárcel (o algo peor), sino que su estrella empieza a crecer a finales de los cuarenta. En ese tiempo nuestro protagonista pone en marcha pruebas como París-Niza, París-Londres, Monde Six, Étoile des Spoirs o el Tour de Europa. Además de la que hoy nos interesa, claro.

La cosa se llevó a cabo en la Normandía francesa. En Rambouillet, concretamente, comenzaba la primera etapa. Era la más larga de todas, 82 kilómetros. Había también una crono, en la histórica Guisors, ese sitio donde hay un castillo, tesoros templarios, secretos ocultos que definirían el futuro de la Humanidad y todas esas cosas que tanto salen por la tele. Allí ganó Millie Robinson, una británica que terminó conquistando también la general (honor distinguido con un maillot blanco, porque Leulliot no quería problemas con el Tour de Francia masculino y optó por no pasear el amarillo en su pelotón de mujeres). Segunda fue su compatriota June Thackerey, con otras dos british (Silvye Whybrow y Beryl French) entre las diez mejores. Ya ven, todo un precedente del Sky. De hecho las competidoras de más allá del Canal llevaban todo el verano corriendo, y arrasando, por las Galias. Lo hicieron, por ejemplo en el Circuit-Lyonnais-Auvergne, una carrera de tres días celebrada en julio. En aquel entonces sus premios fueron donados “espontáneamente” a una organización internacional que buscaba potenciar el ciclismo femenino. Pobres y apaleadas, diría mi abuela. Bueno, ella usaría otras palabras, pero se entiende la idea…

Porque no podemos pensar en profesionales, ¿eh? Ni siquiera en deportistas al uso. No, esto es otra cosa. Millie Robinson, por ejemplo, se ganaba la vida conduciendo una furgoneta de reparto de leche en la Isla de Man. Más complicada aun era la situación de Elsie Jacobs, luxemburguesa que corría con licencia de Francia porque el simpático Gran Ducado tenía prohibidas las carreras femeninas. Locura de tiempos modernos, pecados sobre dos ruedas. Y así todo. ¿Quieren darle una última vuelta de tuerca? Algunas de las participantes, como Marie-Jeanne Donabedian, pedaleaban no bajo el auspicio de la Federación Francesa, sino defendiendo a la Federación Deportiva y Gimnástica del Trabajo (FSGT), una entidad de raíces comunistas, nacida durante el Frente Popular y dedicada a la promoción de la actividad física entre los trabajadores y las trabajadoras del Hexágono, así como al estrechamiento de los lazos con los atletas del Bloque Soviético.

Al final del Tour de Francia femenino la sensación era unánime: la prueba había sido un éxito de público y prensa, con bastante seguimiento en los periódicos y un desarrollo deportivo de nivel. Un evento, en definitiva, que llega para quedarse. Y, sin embargo, la siguiente edición no se celebra hasta 1984. ¿Qué ha podido pasar?

Digamos que varios factores jugaban en contra. Como nos gusta hacernos los interesantes hablaremos de exógenos y endógenos. Entre los primeros… bueno, hay que aclarar que la popularidad de la carrera fue cierta, pero igual su origen no era el estrictamente deportivo. Dicho de otra forma, cuando Donabedian, Jacobs, Robinson y sus compañeras llegaban a un pueblo había multitudes esperando…pero más que aplausos recibían silbidos, piropos y procacidades gritadas a pie de carretera. Aquellas mujeres de piernas sudorosas y vestidas con prendas ajustadas suponían un escándalo en la Normandía rural de los años cincuenta, provocando reacciones dignas de una peli de Paco Martínez Soria (igual hasta se inspiró aquí, vaya usted a saber). ¿Los periodistas? Pues poco más o menos igual. L´Equipe, cosa seria, publicaba un editorial en la que defendía que las mujeres “debían conformarse con el cicloturismo, más acorde a sus posibilidades musculares”, y que negarles la posibilidad de competir era muestra de que “el sentido común ha triunfado”.  Los fotógrafos, por su parte, estaban más interesados en buscar imágenes cuquis y modernas que en plasmar el esfuerzo de aquellas deportistas. Y si en primera página se podía sacar alguna sonrisa, algún gesto pícaro o cierta expresión que pudiera dar lugar a equívoco…pues mejor.

Así las cosas al Tour de Francia solo podía defenderlo su creador… el problema es que Leulliot resultaba más machista que ningún otro, y sus declaraciones parecían encaminadas a enterrar la prueba. Que si las mujeres no saben ir en pelotón, que no saben acoplarse en la bicicleta, que su cuerpo no está preparado para los cambios de ritmo. Que hablan entre ellas y luego van de compras. Ya ven, la galería completa de clichés. Así no hay manera. La prueba esperó en el cajón donde se guardan los recuerdos durante tres décadas.

Hoy el ciclismo femenino goza de una vitalidad envidiable, con multitud de carreras y un seguimiento cada vez mayor. Y sin necesidad de ningún Leulliot que venga a salvarlo. Larga vida…

Fuente: https://ctxt.es/es/20190814/Deportes/27186/Marcos-Pereda-primer-tour-de-Francia-femenino-etapas-Millie-Robinson.htm#.XVRCqbBAhiA.twitter

jueves, 15 de agosto de 2019

La sanidad en EEUU es tan cara que las empresas ya prefieren pagar tratamientos en el extranjero

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Sharon McCutcheon
Pocas singularidades de Estados Unidos resultan tan impactantes a ojos del europeo como su sistema sanitario. Disfuncional por definición, los gastos médicos del país superan con mucho los de otros estados occidentales, ofreciendo tasas de cobertura más bajas, una esperanza de vida menor, y tratamientos mucho más caros. Tan caros, de hecho, que las empresas, las principales encargadas de cubrir los gastos sanitarios de los estadounidenses, están explorando una vía casi surrealista: pagar viajes al extranjero. Para abaratar costes.

¿Cuánto? Casi a la mitad. Lo explica este reportaje de The New York Times, en el que un periodista sigue los pasos de Donna Ferguson, cubierta por la empresa de su marido, Ashley Furniture Industries, y necesitada de una cirugía de rodilla. La operación se realiza en el hospital Galenia de Cancún, en México, y la compañía cubre todos los gastos: el traslado, la estancia, $5.000 en efectivo para costear el tratamiento, y los emolumentos del cirujano, un especialista estadounidense trasladado para la ocasión.

Tan compleja operación logística (hospital extranjero, dos vuelos, dietas, etcétera) resulta más barata que operar en Estados Unidos.

Cifras. ¿Inexplicable? No tanto si prestamos atención a los números. Una operación como la requerida por Ferguson asciende a los $30.000 en Estados Unidos, mientras que en México no supera los $12.000. La habitación del hospital en el país anglosajón puede costar por encima de los $2.000 la noche, mientras que en el Galenia se queda en los $300. El propio implante de su rodilla es más barato: unos $8.000 en Estados Unidos, por los $3.500 del país vecino. Casi todos los precios se reducen por encima del 50%.

No sólo se trata de la disparidad de riqueza entre ambos estados. Es una tendencia generalizada. Operarse en Europa de un reemplazo de cadera cuesta al asegurador entre 8.000€ y 20.000€; entre un 30% y un 80% más barato que al otro lado del charco.

Lógica. ¿Lo más alucinante? El médico cobra más en México que en Estados Unidos: unos $2.700 por la intervención, tres veces más de lo que acostumbra a remunerar Medicare, el pagador más grande del sistema sanitario estadounidense. Tanto para el especialista como para la empresa tiene sentido un traslado exprés a Cancún: uno gana más; la otra paga menos. Y en el camino, los pacientes tiene la seguridad de una intervención efectuada por un médico que habla su idioma y proviene de su país.

Tendencia. El Galenia forma parte de una red de hospitales estandarizados a los mismos requisitos de seguridad y calidad que los estadounidenses. El cirujano opera con ayuda de un equipo médico local. Es una tendencia al alza: redes como North American Specialty Hospital ya están institucionalizando el turismo sanitario como un negocio específico, transparente, con tarifas claras y en condiciones cristalinas. La incertidumbre puede frenar a algunos pacientes o empleadores; hay una oportunidad de negocio si pagando menos puedes ganar más.

Otros casos. No son los únicos. Iniciativas como Doctour, como vimos en su día, ponen en contacto a pacientes y médicos especializados para operaciones en el extranjero. Es la consumación de dos negocios, el turismo y los servicios sanitarios. La aplicación enlaza ambos, similar a un AirBnb de las redes hospitalarias, y plantea las intervenciones en el extranjero como una ganga (lo son en comparación a las estadounidenses) y como una oportunidad de hacer turismo (¿qué mejor que pasar la convalecencia en una preciosa playa croata?).

Era cuestión de tiempo que las empresas estadounidenses cayeran en la cuenta. Ashley Furniture Industries es de las primeras en experimentar con este modelo, y decenas de empleados ya han probado suerte en México y Costa Rica. Desde que iniciara el programa, afirma haber ahorrado más de $3 millones.

Fuente: https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/la-sanidad-en-eeuu-es-tan-cara-que-las-empresas-ya-estan-pagando-tratamientos-en-el-extranjero

Salvini, la amenaza del pleno poder mussoliniano

Con una oposición dividida y sin fuerza, el líder de la Lega contempla un futuro escenario electoral, desde la playa, frotándose las manos

<p>Matteo Salvini.</p> Hace exactamente siete años, por estas fechas, Matteo Salvini cargaba en Twitter contra el turismo en el sur de Italia. Se jactaba de no pisar nunca esa tierra, de quedarse de vacaciones en el norte y de hacer, “como mucho, una escapadita a Suiza”. “¡Primero el norte, siempre!”, añadía. Ahora que quiere ser premier y para ello necesita los votos meridionales, está dedicando el verano a realizar una ruta de mítines fiesteros por las principales localidades turísticas del sur. Con los pocos escrúpulos que le caracterizan, sin ruborizarse asegura que “para veranear, no hay nada mejor que las perlas del sur del país”.

Se pasea por los chiringuitos sureños armado de bañador, selfies y demagogia, y tanto se retrata besando a niños y sorbiendo spaghetti ai frutti di mare como pincha el himno de Italia desde la cabina de disc jockey, mojito en mano. Parecen quedar lejos los tiempos en los que el dirigente leghista definía a los meridionales como “africanos, vagos” y cantaba canciones de odio contra los napolitanos, tildándoles de “apestosos que no se han lavado con jabón en su vida”. Y aunque disfruta de baños de multitud impensables hasta hace un año en esas zonas, también es recibido por sureños que le hacen saber que ellos sí tienen memoria. A los que definía con desprecio clasista terroni hoy le trolean, alternando, un Bella Ciao y un vaffanculo.

Pero, ¿cómo ha llegado el líder de una formación que nació autonomista y que había basado su existencia en achacar todos los males al sur del país a ser el político que, según todos los sondeos, arrasaría en unas nuevas elecciones?

El fundador de la Liga Norte fue Umberto Bossi, uno de los personajes más estrambóticos del ya de por sí peculiar panorama político italiano. A finales de los ochenta, Bossi –con la ayuda del politólogo y profesor universitario Gianfranco Miglio– tomó prestados algunos conceptos del imaginario de la izquierda, como pueblorevolución antifascismo, y los mezcló con un discurso agresivo, excluyente y racista, propio de las más extremas de las derechas europeas.

Todo ello hilvanado con una narración fabulosa que creaba mitos de la nada –el más conocido, el de la imaginaria Padania– y rituales para reforzar un sectario sentido de pertenencia “étnico”. Más que un partido, querían ser un clan. Y a pesar de su retórica, fueron siempre la muleta de Berlusconi en el poder.

Salvini tomó las riendas de la Liga a finales de 2013, cuando el partido atravesaba la crisis más fuerte de su historia, tanto económica como de credibilidad, a raíz de los escándalos vinculados a la familia de Bossi. Y decidió reconvertirla en una especie de Frente Nacional a la italiana, siguiendo los vientos favorables que comenzaban a soplar en toda Europa para las fuerzas de extrema derecha identitarias. Contó con el apoyo de su gran amiga Marine Le Pen, que apostó por él desde el inicio. “Me encanta Matteo, su energía desbordante, y la fuerza de sus discursos me hace llegar al éxtasis”, dijo en una ocasión.

Superando algunas reticencias internas, eliminó la palabra Norte y cualquier referencia a la Padania, y comenzó a fabricar un discurso ultranacionalista italiano. Pasó de “Primero, los del norte” a “Primero, los italianos”. Este cambio hizo las delicias de los partidos neofascistas, que tienen muy buena sintonía con Salvini. Es muy significativo que en el primer acto que la Liga organizó en Roma, en 2015, el anfitrión fuese el partido neofascista Casa Pound. Marine Le Pen participó por videoconferencia y acudieron miembros del partido neonazi griego Amanecer Dorado. Ese día nació la Liga de Salvini.

A nivel práctico, Salvini ha tenido dos grandes aliados para alcanzar el poder: Silvio Berlusconi, su mentor, y el Movimiento 5 Estrellas, sus socios de gobierno, alias los tontos útiles. A ambos los ha usado de trampolín y luego los ha devorado.

La Liga se presentó a las generales del año pasado en coalición con el partido de Berlusconi y los postfascistas Hermanos de Italia. El anciano ex cavaliere, tacaño con el poder y paranoico, nunca ha querido designar un sucesor dentro de su partido. De ninguno se fía lo suficiente y, además, encontró en Salvini al “goleador que la derecha necesita”.

Salvini también se benefició de que Berlusconi fuera condenado por fraude fiscal e inhabilitado. Aunque no podía presentarse como candidato, el magnate continuaba mandando. Cuando Matteo Renzi era primer ministro, Berlusconi pactó con él una reforma de la ley electoral hecha a medida para frenar al Movimiento 5 Estrellas, que en aquel momento estaba en el apogeo de su popularidad. La principal característica de la ley es que el partido más votado tiene que llegar al 40% de los votos para proclamarse ganador y adjudicarse automáticamente un premio de 340 escaños sobre un total de 630.

La idea era que el 40% es una cifra casi imposible de alcanzar por una sola formación, por lo que la ley obligaría a pactos. Los 5 Estrellas habían jurado por activa y por pasiva que nunca pactarían con nadie. Renzi y Berlusconi, en cambio, habían acordado hacerlo para repartirse el poder.

Pero nada salió como debía: el intento de Renzi de reconvertir el Partido Demócrata en una formación personal de centro liberal, al estilo de lo que luego hizo Emmanuel Macron, fracasó estrepitosamente. La formación se desplomó hasta mínimos históricos en las generales de marzo de 2018. Obtuvo sólo un 19%. El partido que consiguió más votos fue el 5 Estrellas, con un 32,6%. Dentro de la coalición de derechas, que fue la ganadora con un 37,6%, el partido más votado no fue el de su líder, Berlusconi (14%), sino el de Salvini, con un histórico 17,4%. Sin embargo, sin el aval de Berlusconi, Salvini difícilmente habría logrado penetrar más abajo de Bérgamo.

El primer líder político extranjero en reaccionar cuando se conocieron los resultados fue la francesa Marine Le Pen. La capitana del Front National tuiteó, exultante: “La Unión Europea pasará una mala noche”, acompañado de un emoticono riéndose. En las estancias de extrema derecha ya se olía, y se auguraba, el pacto grillino-leghista. Y así fue: los grillini hicieron caso a los consejos de Steve Bannon, que se había desplazado a Roma para seguir la campaña, y tendieron la mano a Salvini.
Éste obtuvo unas condiciones inmejorables respecto a su peso electoral. Consiguió formar un ejecutivo bicéfalo con dos vicepremiers que tendrían la voz cantante y un premier de paja que firmó sin rechistar el contrato de gobierno que le redactaron. Encima, el leghista se hizo con el cargo que más ilusión le hacía, el de ministro del Interior. Así ha podido lucir cada día un uniforme de un cuerpo de policía distinto.
Le tomó solo un mes comerse al otro vicepremier, el grillino Luigi di Maio, anodino y fiel portavoz de las opiniones de Beppe Grillo, quien le eligió. En pocas semanas, los sondeos le daban ya el liderazgo a Salvini. Luego llegaron las primeras victorias regionales y el primer hito importante: ganar las europeas.

El año de gobierno ha sido para Salvini una campaña electoral permanente, y toda la legislatura, una preparación para el momento en que anunció la ruptura con los 5 Estrellas. Lo ha hecho en agosto, con los parlamentarios de vacaciones, mientras él tenía ya organizado su tour electoral por el sur del país. Quiere ir a elecciones porque sabe que ahora las ganaría con comodidad (no hay sondeo alguno que le dé menos del 36%). Le bastaría el apoyo de los posfascistas Hermanos de Italia para superar el 40% y tener mayoría en el parlamento. Si sumase a Berlusconi a la alianza, superaría el 50% de votos.

Los 5 Estrellas, aún siendo los socios de mayoría del gobierno, se han comportado como vasallos serviciales de Salvini. Por miedo a perder el poder –Salvini amenazaba con hacer caer el gobierno cada dos por tres– le han apoyado en todo. No han aprovechado los escándalos de corrupción de la Lega. Incluso votaron a favor de la inmunidad de su líder para que pudiese escapar de la justicia, que quería procesarle por secuestro de personas tras haber dejado a 177 migrantes rescatados por la nave Diciotti en medio del mar, heridos y sin apenas comida, hace ahora un año.

Pocos días antes de que Salvini les dejara plantados, los grillini votaron el Decreto Seguridad bis, que le daba, como ministro del Interior, poderes nunca vistos en la historia de la democracia italiana. Pero Salvini no se conforma con actuar de facto como primer ministro: quiere que las urnas lo ratifiquen.
Y lo anunció así: “Quiero que los italianos me den plenos poderes”. No es una expresión casual. Es una conocida frase de Benito Mussolini, que acuñó el 16 de noviembre del 1922, en el discurso del bivacco, el primero que hacía como primer ministro del regno de Italia. A Salvini, o a quien le asesora, le encantan estos guiños al fascismo. Sus lemas preferidos, que cita a menudo en las redes y en los mítines, son de Mussolini: “Tanti nemici, tanto onore” (muchos enemigos, mucho honor) o “Indietro non si torna” (no hay vuelta atrás).

Salvini no esconde su inclinación por el autoritarismo, y tampoco su coqueteo con el fascismo. Por algo compartió escenario con los neofascistas de Casa Pound, y su mano derecha, Lorenzo Fontana, ultraconservador ministro de la Familia, propuso que hacer apología del nazismo, el fascismo o el racismo dejasen de ser delito.

Lo que pueda pasar ahora es incierto. Lo único que parece seguro es que, si se convocaran elecciones, las ganaría Salvini. Por eso, cada vez más voces –sobre todo desde las tribunas de opinión del centro y el centroizquierda– apuestan por un gobierno de transición, que incluya al Partido Demócrata y al M5E, para dar tiempo a organizar una cierta oposición antes de los comicios. Y rezar para que la popularidad de Salvini descienda. Como es tradición, el centroizquierda está dividido. Nicola Zingaretti, el secretario general del PD, se opuso categóricamente en un principio a esta opción. “Si lo hacemos, le regalamos la campaña a Salvini, y cuando vayamos a las urnas tendrá más del 40%”, aseguró. Luego entró en escena el arrogante Renzi, que ha visto una ocasión para volver a tener protagonismo. El expremier, que baraja montar su propio partido de centro, ha pedido abiertamente un gobierno “institucional” con el M5E “para evitar la recesión” y “porque el país está en peligro”. El debate está abierto.

Salvini ha hecho caer el ejecutivo antes de los ajustes impuestos por Bruselas, previstos para otoño. Se libra así del trabajo sucio y le resultará fácil atacar al gobierno que lo asuma provisionalmente. Mientras tanto, el centroizquierda, que supera por poco el 20% en los sondeos, y los 5 Estrellas, con apenas el 17%, se pelean por cómo plantarle cara. Estos últimos, después de pasarse un año defendiéndole e imitándole; los otros, planteándose aliarse con los socios que han blanqueado la extrema derecha y se han apropiado de sus discursos de odio. Se debaten entre ser pragmáticos o ser coherentes. No muy lejos, el leghistacontempla el escenario desde la playa, frotándose las manos: la amenaza de un Salvini gobernando Italia con plenos poderes de regusto mussoliniano es bien real. Y que la única forma de impedirlo sea evitar las elecciones a toda costa es ya un triunfo de Salvini.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190807/Politica/27777/Alba-Sidera-Italia-Europa-Salvini-Mussolini-elecciones-5-estrellas-Lega.htm#.XVOi5UN_WSg.twitter

La fascinación estadounidense por España

El jaleo, de John Singer Sargent,1882.
El 8 de diciembre de 1779 el puerto de El Ferrol fue honrado con una imprevista visita. El coautor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, quien llegaría a ser el segundo presidente en la historia del país, John Adams, se encontraba a bordo de la fragata Le Sensible en una misión diplomática con destino a París para negociar el final de la Guerra de Independencia, pero una vía de agua en el casco les obligó a tomar puerto antes de tiempo. Ante la incertidumbre sobre cuánto tardaría la embarcación en ser reparada, Adams decidió entonces seguir su viaje por tierra, realizando para ello el Camino de Santiago en sentido inverso. 

Tal como refleja su diario, una persona de inteligencia tan vivaz como la suya no perdió detalle de todo cuanto vio en su recorrido por nuestro país: desde el comercio y las manufacturas a su juicio lastrados por un sistema feudal aún vigente— , pasando por la austera moda en el vestir, hasta la belleza del arte sacro («nada parece lujoso salvo las iglesias, nadie está gordo salvo los curas») que causó una gran impresión en él… aunque tal vez no tanta como el vino, los embutidos y el chocolate a la taza español, inaugurando la devoción estadounidense por los alimentos hipercalóricos. Como abogado y legislador prestó también atención a las leyes, ensalzando con cierta sorna la humanidad y el ingenio de los españoles para interpretarlas, pues si esta requería que los reos de ciertos delitos fueran tirados al mar dentro de un barril con una víbora, un sapo, un perro y un gato, en la práctica se metía el cuerpo ya sin vida del criminal y bastaba con dibujar los animales en la superficie del barril. Aparte, encontraba particularmente irritante la falta de chimeneas allá donde se hospedaba (por la época del año se entiende), mientras que la omnipresencia del catolicismo despertaba en él constantes suspicacias como protestante, sin desaprovechar ocasión de vincularlo con la pobreza. Quizá hace una leve excepción con lo que denomina «The Republick of Bilbao», una villa de febril actividad comercial donde fue recibido por su buen amigo Diego de Gardoqui, quien poco después sería el primer embajador español en Estados Unidos. Pero tampoco vayan a creer que aquí llegara a sentirse a gusto este cascarrabias, pues más adelante, cito: «alcanzamos San Juan de Luz, el primer pueblo francés, y allí cenamos, y nunca un prisionero escapado de la cárcel estuvo más contento que yo lo estaba; todo aquí era limpio, dulce y confortable en comparación con cualquier cosa que habíamos encontrado en cualquier parte de España». Ea, tanta paz lleves como descanso dejas. 

En definitiva, las descripciones que realizó sobre nuestro país durante el poco más de un mes que duró su estancia son muy reveladoras acerca del lugar, pero también de la mirada de quien lo observaba. Como uno de los líderes de la revolución burguesa americana todo lo juzgaba de acuerdo a ese filtro y, paradójicamente, su empeño en independizarse del Imperio británico no impidió que fuera inequívocamente inglés en sus prejuicios. Su visión de España era la de la Leyenda Negra, que ya llevaba un par de siglos circulando en las islas, y con esa conclusión ya de inicio solo debía buscar los hechos que la corroborasen e ignorar el resto. Pero lo más interesante es que el país que fundó no tardaría también en separarse de ese esquema mental, desarrollando otra manera de vernos, seguidora en parte de la tradición inglesa, sí, pero a la que añadió elementos propios a medida que construía su propia historia. Como señala el hispanista Richard L. Kagan en The Spanish Craze: «Los norteamericanos han tenido dos visiones de España. Una estaba asociada con la Leyenda Negra heredada de los ingleses: la España de la Inquisición, la que expulsó a los judíos en 1492, la de los conquistadores sedientos de sangre que cometieron escabechinas recorriendo América. La otra es la España de la Leyenda Blanca. La de los soldados, misioneros y colonos que lejos de diezmar a los indígenas, les llevaron los bienes de la civilización». 

Esas dos Españas, lejos de helar sus corazones, avivaron su interés por lo que consideraban un país de fuertes contrastes, sensual y tosco, muy cercano a ellos y al mismo tiempo exótico. Al fin y al cabo el propio origen de Estados Unidos estaba en deuda. El gobernador de la Luisiana, el malagueño Bernardo de Gálvez, ayudó de forma encubierta aunque decisiva a los rebeldes —hecho por el que hace unos años fue nombrado ciudadano honorario de los Estados Unidos— mientras que el citado Diego de Gardoqui les suministró armas y financiación, un dinero, el «spanish dollar», que daría lugar posteriormente a la moneda norteamericana. La extensión posterior desde esas trece colonias independizadas de la costa este hacia el anhelado país de escala continental, parte esencial de su mitología nacional, se vio facilitada por el Tratado de Adams-Onís en 1821, inicialmente conocido con el más expresivo título «Tratado de amistad, arreglo de diferencias y límites entre su majestad católica el rey de España y los Estados Unidos de América». Hasta un tercio del territorio del país norteamericano formó parte en algún momento del Imperio español sin que el cambio de manos resultara particularmente traumático y finalmente en 1898, tras una guerra de escaso coste, España dejó definitivamente de resultar una amenaza para los intereses estadounidenses. Podía ser ya una nación «simpática». 

La colina de la Alhambra, de Samuel Colman, 1865.
Este cambio histórico-político fue paralelo a un cambio cultural. El otro autor de la Declaración de Independencia junto a Adams, Thomas Jefferson, que le sucedería en la presidencia, tenía una visión mucho más positiva de nuestro país. En buena medida debido a la literatura, hasta el punto de leer a sus hijas cada noche un fragmento de El Quijote en castellano, idioma en el que estaban escritos cientos de libros de su extensa biblioteca personal. Pero tal vez quien más contribuyó a moldear la percepción americana de España fue el escritor y diplomático Washington Irving, quien ya se hubiera hecho un hueco en la posteridad solamente por La leyenda de Sleepy Hollow y porque la ciudad en la que vive Batman se llame Gotham, aunque en realidad el grueso de su obra y de su fama gira en torno a España. En 1826 recaló en San Lorenzo de El Escorial para estudiar en la biblioteca del monasterio la figura de Colón, y de ahí surgió un libro que supuso un sensacional éxito con más de un centenar de ediciones. A él se le debe el perdurable mito de que en tiempos del descubridor la gente creyera que la Tierra era plana. Tras ese libro su estancia se prolongó indefinidamente (llegó a ser embajador) y vinieron otros como los Cuentos de la Alhambra, en los que fue acuñando una imagen de España que marcaría una fuerte impronta entre sus compatriotas, pues tal como dejó escrito: «Cada montaña de este país muestra ante ti una vasta historia, repleta de lugares famosos por algún salvaje y heroico acontecimiento». España seguía siendo salvaje en el imaginario anglosajón, pero ahora también heroica, exótica, pintoresca y fascinante.

Difícilmente podía ser de otra manera. Si los estadounidenses eran herederos, partícipes en su ámbito, del proceso de descubrimiento y conquista del continente, entonces esta debía ser buena, noble, admirable… Esas palabras incluso se nos quedan cortas, por citar las que usaba Charles Lummis en The Spanish Pioneers, aquello que hicieron los pioneros españoles fue «la más extensa, prolongada y maravillosa hazaña de toda la historia de la humanidad», algo «sobrehumano» a cargo de una «nación de héroes». Otro escritor decimonónico, elevado con el tiempo al altar de poeta nacional americano, Walt Whitman, en su breve ensayo The Spanish Element in our Nationality ya desde su mismo título establece la hispanidad como parte de la identidad estadounidense y corta de raíz la Leyenda Negra al proclamar que no hallaremos más crueldad, tiranía y superstición en el pasado español que en el anglosajón. 

Pero a muchos no les bastaba con reconocer esa huella histórica, había además que visitar ese país originario, buscar las raíces. Un libro de viajes titulado A Year in Spain, by a Young American que volvió muy popular a su autor, Alexander Slidell MacKenzie, expresaba como motivos para pasar en nuestro país ese año de 1826 (el mismo, como veíamos antes, que eligió Irving) dos razones: el interés por perfeccionar el conocimiento de un idioma muy importante para el continente americano, y el deseo de visitar lugares cargados de leyenda. Era un país simultáneamente cercano y enigmático, en el que dice el autor que «no existe otra ley que la del más fuerte»… aunque a continuación se extienda en pasajes costumbristas menos impresionantes e incluso reconocibles hoy día, como su descripción de La Rambla de Barcelona como una calle que exhibía un variadísimo muestrario humano. Irving y MacKenzie, por lo tanto, de forma prácticamente simultánea, insuflaron entre sus compatriotas el anhelo romántico por viajar a España. Una llamada que tuvo un particular eco entre escritores y artistas, cuya obra serviría a su vez de estímulo para sucesivas generaciones. 

On the Balcony, de Mary Cassatt, 1873.
Nuevamente hemos de mencionar el año 1826 como el de otra llegada decisiva a España de un yanqui (en el sentido original de la palabra). Aconsejado por su padre sobre la relevancia de aprender castellano por su lugar en el contexto americano, Henry Wadsworth Longfellow llegó a Madrid, donde conoció a Irving y fue animado por este para que se dedicase a la escritura. Debió quedarse rumiando la idea sin prisa pues siete años después publicó su primer libro, una traducción al inglés de los poemas de Jorge Manrique. Más adelante escribió The Spanish Student, inspirándose para ello en La gitanilla de Cervantes y en su antología Poems of Places también dedicó una parte a los poemas sobre nuestro país de diversos autores así como de cosecha propia, como este «Castles in Spain», que evoca en tono romántico la época medieval. No obstante, este autor de vida increíblemente desdichada —quedó viudo dos veces, la segunda tras ver arder a su esposa por una vela que prendió su vestido— logró la mayor parte del reconocimiento en su tiempo debido a los temas de corte patriótico tanto apoyando la causa del Norte en la Guerra de la Secesión como en torno a la reconciliación nacional posterior. Un buen ejemplo es este hermoso villancico «I Heard the Bells on Christmas Day». No deja de ser significativo ver nuevamente a un poeta volcado en dotar a Estados Unidos de una literatura nacional y una conciencia colectiva como país y que de forma simultánea esté tan interesado en España. Un caso semejante al de George Ticknor, hispanista miembro de los elitistas Boston Brahmins, cuyo objetivo era convertir a su país en una gran potencia. Para ello era imprescindible adquirir todo el conocimiento posible de Europa, recorriéndola y recopilando la mayor cantidad posible de libros por el camino para llevarlos al otro lado del Atlántico. De tal empeño surgió su Diarios de viaje por España, en el que aún están presentes las secuelas de la invasión napoleónica.
 
Aunque seguramente nadie haya podido igualar nunca la fiebre coleccionista de Archer Huntington. Heredero de una inmensa fortuna que su padre amasó con los ferrocarriles y astilleros, desde la adolescencia comenzó a estudiar español en Nueva York con una profesora vallisoletana que fue despertando su interés por nuestro país. Primero viajó a varios países hispanoamericanos y finalmente a los veintidós vino a España. Quizá esperando vivir grandes aventuras en una tierra agreste, pues antes dedicó un tiempo a estudiar cirugía por si tenía que curarse heridas por sí mismo. Repitió la experiencia en varias ocasiones, recopilando miles de libros, cientos de incunables, patrocinando excavaciones arqueológicas y adquiriendo cuadros de El Greco, Zurbarán, Velázquez, Goya, Sorolla y otros muchos. Su objetivo era crear un museo español, una institución a la que dedicó su vida y que ha pervivido hasta nuestros días, la Hispanic Society of America. Esta sociedad contribuyó a difundir entre amplias capas de la población un hispanismo como vemos hasta entonces bastante elitista. Al igual que la Exposición Mundial Colombina de Chicago en 1893, que logró más de veintisiete millones de visitantes o que la triunfal gira por Estados Unidos de Carmencita, aquí grabada por Edison

Sunny Spain, de William Merritt Chase, 1882.
Tampoco podemos dejar de mencionar a los pintores estadounidenses que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX vinieron a España generalmente con un doble objetivo: conocer de primera mano la obra de los grandes maestros —particularmente Velázquez y Murillo, muy apreciado este último en la época— y retratar los paisajes y paisanajes típicos españoles. Fue el caso de Samuel Colman, adscrito a la llamada Escuela del Río Hudson, un grupo de pintores paisajistas que buscaba ensalzar el patriotismo americano, de nuevo aquí vinculado al hispanismo. Aunque también hubo otros nombres destacados, como John Singer Sargent, William Merritt Chase, Mary Cassatt, George Henry Hall o Thomas Eakins. Así como el escultor Augustus Saint-Gaudens

En conclusión, podríamos seguir citando a artistas e intelectuales americanos que en el siglo XX continuaron peregrinando a España en busca de aventura, diversión, raíces, cultura, reencuentro su propia identidad como americanos… Ahí tenemos a Gertrude Stein, John Dos Passos o Waldo Frank, entre tantos, pero seguro que a todos se nos viene a la mente un par de nombres aún no mencionados. A la vista de todo lo anterior y sin demérito alguno hacia su talento, la fascinación española de Ernest Hemingway y Orson Welles no fue una excentricidad de almas singulares. Simplemente continuación una larga tradición, de la que Woody Allen en nuestro días parece haber tomado el testigo. Esperemos que perdure.
Fuente: https://www.jotdown.es/2019/08/la-fascinacion-estadounidense-por-espana/

miércoles, 14 de agosto de 2019

Vientres de alquiler y mercaderes de bebés en Oriente Próximo


Resultado de imagen de vientres de alquilerDesde que en 1.978 la ciencia consiguió engendrar un “bebe-probeta», también abrió una puerta más a la cosificación de la mujer, poniendo su cuerpo en alquiler.

En la mayoría de los países de Oriente Próximo, las clínicas de fertilidad hacen su agosto. El capitalismo más patriarcal y desigualitario, con su institución familiar que gira alrededor de los deseos reproductivos del hombre pone al servicio de las parejas pudientes con problemas de fertilidad a “Mujeres a la carta”, pero sin recursos y desesperadas, dispuestas a arriesgar su vida y su salud física y mental, para sobrevivir, gestando el hijo de otros.

 Cuando en 1980 la Universidad Al-Azhar de Egipto–la máxima autoridad religiosa del sunnismo del Islam-, legitimaba la fecundación en vitro (aunque siempre dentro de los «límites conyugales»), prohibió todas las formas de donación de terceros, tanto de esperma y óvulos como de úteros o embriones, considerándolas adulterio, pues el Corán dice que los creyentes “custodien sus partes pudendas” (24:30).  Por lo que en los países de mayoría sunnita, en teoría, no existen vientres de alquiler.

Sin embargo, el chiismo iraní (que no el árabe) ofrece ésta y otras formas de inseminación artificial, recurriendo a la poliginia legitimada por el Libro Sagrado: el hombre que desea tener hijos, puede contratar a una mujer bajo la figura del matrimonio “Motaa” (de Placer), pagándole una cantidad determinada para una relación durante un tiempo acordado,  tener hijos con ella y tras repudiarla, llevarse los hijos. Otra fórmula legalizada es que un esposo cuya mujer no puede quedarse embarazada, se case con otra mujer con la fórmula Motaa, para que ella haga de incubadora del óvulo fertilizado de la esposa principal, con el esperma del marido en común. Las mujeres viudas o divorciadas sin recursos son las que están siendo explotadas en este negocio que mueve al año millones de euros. Los intermediarios son muy convincentes: ¿Qué es mejor: vender un riñón para vivir de su renta unos meses, o alquilar y realquilar tu vientre y ganarte un dinerito? En este maldito mercado libre, donde la pobreza tiene nombre de mujer, la competencia ha bajado el precio de llevar durante nueve eternos meses un  feto que una vez niño deberás entregar a unos desconocidos, sin ni siquiera poder abrazarlo una vez.

La figura del “útero en alquiler” forma parte de las políticas pronatalistas del gobierno, en un Irán donde la población tiene un crecimiento negativo. Las autoridades chiitas de Irán también han escandalizado a los países “musulmanes-sunnitas” por legalizar otras formulas extracorpóreas de inseminación artificial: es el único que autoriza la inseminación de la esposa con el esperma de un donante (que suelen ser los hermanos del esposo): esta «fecundación heteróloga», no es “zena” (adulterio), ya que no hay contacto físico entre el donante y la receptora. Los eruditos sunnitas acusan a sus homólogos chiitas de adulterar el Islam con sus sentencias inmorales, debido a que no saben árabe y no pueden acceder a los textos sagrados.  Bueno, la institución clerical del chiismo no sólo se ha otorgado la facultad de “innovar” en el Islam sino también puede “congelar” un edicto coránico, si es “conveniente”.

Así es cómo el “turismo de fertilidad” ha ido en auge en un país como el Líbano, país de mayoría árabe y sunnita, donde los médicos chiitas ofrecen estos servicios a las parejas de todos los credos en Oriente Próximo.

¡Creced y multiplicaos!, pero…
En el estado semi teocrático de Israel, donde Dios manda y mucho, la orden de «Creced y Multiplicaos», no se debe cumplir de cualquier manera.

Los rabinos que aplican la ley halájica, han legalizado la maternidad subrogada, pero sólo si la madre sustituta no tiene ninguna relación genética con el feto; han prohibido el uso del semen de un donante, pero no el óvulo de una donante para ser fertilizado por él.

El mito de las “vírgenes embarazadas” de sus textos sagrados, ha sido utilizado por las autoridades religiosas para legitimar la posibilidad de concebir hijos sin un «contacto directo» entre los implicados: se trata del cuento de aquellas doncellas que podían ser fecundadas de forma accidental “al bañarse en aguas previamente fertilizadas por un hombre”, por ejemplo. Una “fertilización asistida» imposible pero que en tiempos viejos podría servir para encubrir la “deshonra” de las niñas violadas.
En Israel, como al resto de los países de la región, cerca del 25% de las parejas no puede tener hijos. La ley autoriza la maternidad subrogada sólo a las parejas heterosexuales, infértiles, y menores de 50 años. La madre sustituta debe ser soltera, sin hijos, y de la misma religión que la pareja. Obviamente, si ella no es judía, él bebe tampoco lo será.

Así es como las parejas mayores, las interreligiosas, los discapacitados, los solteros y las parejas del mismo sexo buscan en extranjero un vientre que alquiler e inseminar.

 India y sus granjas de madres suplentes
El tráfico de niños a la carta va en aumento. En India, este país de capitalismo más brutal, construido sobre la supremacía de sexo, raza y clase, pone en oferta el cuerpo de sus mujeres más desesperadas. Ellas, afinadas en verdaderas granjas adosadas a las clínicas de fertilidad, son ofrecidas a los hombres y mujeres ricos de todo el mundo para ser inseminadas. Sólo del Reino Unido acuden a la India con éste propósito unos 12.000 individuos al año, a veces en sólo dos viajes.  El negocio de la mercantilización del cuerpo de la mujer, dejó (en 2014) en la India unos 690 millones de dólares.

Abundan casos de niños devueltos a las clínicas, o de niños maltratados por sus “papás y mamás legales”. En 2012, salió el caso de una pareja australiana que devolvió a una de las gemelas que había recogida, alegando problemas económicos. ¿Dónde irá a parar esta niña? ¿Continuará su terrible viaje en la ruta de tráfico de niños?

Las leyes de dichos países han regulado las cuestiones como la de herencia de los niños, hasta la religión que deben profesar, pero no sus derechos humanos fundamentales como seres humanos vulnerables.

Las mujeres, la mayoría de las castas bajas, no son conscientes de los riesgos de este “trabajo”, y suelen prestarse a ello por la coacción de los proxenetas  y maridos vagos (¡que tras firmar el contrato dejan de trabajar!). Ellas sufren irreversibles daños físicos y emocionales, sobre todo cuando su embarazo se complica. Estarán forzadas a abortar los fetos no deseados en un embarazo múltiple, y por otro lado, si sufren abortos involuntarios, no recibirán el dinero.

En algunos casos, las madres subrogadas indias seguirán viviendo en sus propios hogares y en otros, son arrancadas de sus casas para ser encerradas durante nueve meses en centro vigiladas por los mercaderes de bebes. A nadie le importará su sufrimiento al entregar un niño que llevaba en sus entrañas, ni en la depresión postparto, ni en su sentimiento de culpa, ni a cómo se enfrentará al rechazo de los vecinos y familiares.

Las madres suplentes no están utilizando su libertad para hacer con su cuerpo lo que quieran, como afirman algunas supuestas feministas. Es exactamente como la venta de un órgano: sólo lo hacen los pobres, aquellos que la única libertad que se les ha dado el capitalismo ha sido vender su fuerza de trabajo y su cuerpo.

La campaña internacional de “Stop Surrogacy Now” denuncia que el cuerpo y la vida de un grupo de mujeres pobres estén al servicio de una industria que no es menos criminal que la de tráfico de órganos y la de niños.

Y encima, hay cerca de 170 millones de niños huérfanos en el mundo.

Fuente: https://blogs.publico.es/puntoyseguido/3743/vientre-de-alquiler-y-mercaderes-de-bebes-en-el-oriente-proximo/

Hong Kong no tiene futuro

Al escuchar su respuesta entendí el problema de Hong Kong. Conocí a mi amiga hongkonesa en Barcelona y nos pusimos a charlar.
Reuters
Al escuchar su respuesta entendí el problema de Hong Kong. Conocí a mi amiga hongkonesa en una discoteca pija de Barcelona y nos pusimos a charlar de política. Le conté que había visitado Hong Kong un par de años atrás. Lo que más me fascinó entonces fue que, justo al llegar a la ciudad, me encontré con una manifestación ante mis narices. Había pasado meses trabajando en China continental como periodista y ver una protesta cruzando la calle era para mí una absoluta novedad. Parecía que hubiera entrado en otra realidad.

Mi amiga me explicó que iba a estudiar en una escuela de negocios de élite de Barcelona. También me contó que había participado en la Revolución de los Paraguas de 2014 y que temía por el futuro de Hong Kong. Fuimos quedando de manera regular.

Una vez le hice una pregunta trampa: "¿Qué diferencia hay entre los jóvenes de China continental y los de Hong Kong?". Me esperaba que dijera que los jóvenes chinos estaban absorbidos por la propaganda, o que los hongkoneses tenían más consciencia de los valores liberales y democráticos. Pero lo que me contestó me hizo ver Hong Kong desde una nueva óptica. Fue una respuesta dura y realista: "Ellos tienen mucha más energía que nosotros. Ya desde hace años parece que estemos paralizados. Ellos tienen ambición y nosotros nos hemos estancado".

Han pasado meses. Ahora mi amiga me envía whatsapps y vídeos desde Hong Kong, entre manifestación y manifestación. Es una de las centenares de miles de jóvenes que protestan en la ciudad. También es la perdedora de un cambio geopolítico ante el que Hong Kong nunca se preparó de manera realista.

Y es que los manifestantes que protestan, destruyen y gritan allí no son tan diferentes a otros fenómenos que están sucediendo alrededor del mundo. La América de Trump, el Brexit o los llamados populismos son todos reacciones a cambios en el reparto del poder mundial, que ya no reside exclusivamente en Occidente. La hegemonía clara que tenían estos centros de poder está siendo puesta en duda por países que crecen de manera acelerada y quieren alcanzar a Occidente.
Algunos, incluso, superarlo. A Hong Kong le está pasando lo mismo. Sus grandes competidores son las ciudades punteras de la China continental.

En 1997, cuando Hong Kong dejó de ser colonia británica y volvió a ser parte de China, la situación era distinta. Tenía estándares de vida desarrollados, y su modo de vida y economía eran la envidia de las urbes del resto de China. De hecho, muchos chinos ya migraban a Hong Kong desde los años 80 como trabajadores baratos. Sus patrones hongkoneses se beneficiaban y ellos también: podían ganar mucho más que en cualquier lugar de China. El maoísmo no quedaba tan lejos. Las ropas, el ocio y la música les deslumbraban. La ciudad era una imagen del futuro al que aspiraba China.

Ahora la situación ha cambiado. China se ha convertido en la segunda potencia mundial y en un coloso económico. Las grandes ciudades como Pekín, Shanghai, Cantón, Shenzhen o Hangzhou son sus motores. Y no tienen mucho que envidiar, económicamente, a Hong Kong. Algunas de ellas tienen ya más dinamismo, influencia internacional y energía humana. Si uno visita Hong Kong y después Shenzhen, ciudades vecinas, los sueños futuristas le asaltarán cuando pasee por la segunda.
La ventaja comparativa que tenía Hong Kong respecto al resto de China se ha ido difuminando con el paso de los años. Esto no sólo tiene importancia económica: también afecta a la autonomía democrática que ha mantenido desde 1997. El modelo de un país, dos sistemas supuso un gran impulso a las empresas de Hong Kong, que pudieron beneficiarse de una economía amistosa y en despegue como la china -y de su mano de obra barata-. Pero ahora la situación ha cambiado. Hong Kong negoció su autonomía desde una posición de fuerza: era un núcleo avanzado y occidental frente a un país en desarrollo que salía de décadas de catástrofes. Ahora, en cambio, Hong Kong tiene delante a una superpotencia.

Las condiciones no son iguales, y tampoco el pulso y los beneficios entre las partes. No es realista creer que Hong Kong pueda defender su autonomía del mismo modo que hizo en 1997. El porcentaje de la economía china que supone la ciudad es mucho menor. Tiene problemas internos de pobreza, precios desorbitados en la vivienda y falta de expectativas de mejora entre la juventud. Hong Kong ya no está en la cresta de la ola y ve como delante de sus narices se ha producido un enorme cambio geopolítico -el ascenso de China- que no sabe cómo gestionar. Eso provoca frustración. Eso provoca protestas.

La mayoría de los hongkoneses querría que todo siguiera igual. Los mismos derechos, poca influencia de Pekín y mantener su situación especial. Los manifestantes han adoptado la táctica de la resistencia. Pero la confrontación directa con China no se puede ganar. Algunos piensan que tensando la situación con más violencia EEUU o el Reino Unido intervendrán. Es una suposición ilusa.

La tensión en Hong Kong muestra la desorientación de una ciudad que no ha sabido adaptarse y negociar con el ascenso chino. Es decir, una ciudad que no ha mirado la cruda realidad de frente y ha cerrado los ojos a su propio futuro. Los hongkoneses deberían pensar y negociar una nueva relación con China -cosa que nadie está haciendo seriamente-. Deben imaginar un nuevo rol y un nuevo papel respecto a China que justifique el mantenimiento de su autonomía. No puede ser el mismo que el de hace 20 años. Algunos dirán que eso no es justo. Pero así funciona la arena internacional.

Si los hongkoneses no intentan llevar la iniciativa en la negociaciones para adaptarse a la nueva situación geopolítica -y sólo resisten y protestan-, al final será Pekín, por puro peso político, económico y militar, quien las impondrá. La principal tarea de los hongkoneses debería ser imaginar un futuro realista para su ciudad, en el que su autonomía pueda encajar en el ascenso chino. Es una propuesta imperfecta y poco sexy. Pero así suele ser la realidad.

Fuente: https://www.elmundo.es/opinion/2019/08/14/5d52945521efa08b4e8b45d5.html

martes, 13 de agosto de 2019

La Prisión De Folsom (Folsom Prison Blues)


Los TIGRES DEL NORTE han hecho un Johnny Cash: un concierto en la prisión de Folsom, donde incluso traducen/tocan su "Folsom Prison Blues". En realidad, conciertos, ya que luego actúan para presas. Un dato: el 43 % de los penados californianos son hispanos.