martes, 16 de octubre de 2018

Cómo los guionistas escriben humor sobre la discapacidad

En el desarrollo de una escena cómica hay un punto a partir del cual corre el riesgo de convertirse en una escena dramática. El guionista de cine y televisión lo tiene en cuenta al escribir humor con un personaje con discapacidad o limitaciones físicas por accidente o genética. El autor tiene dos opciones:
  • El personaje distinto es la víctima.
  • El personaje utiliza la discapacidad o el trastorno en beneficio propio.
El personaje con discapacidad o limitaciones como víctimaEs sencillo para un guionista colocar al personaje con limitaciones en situaciones que –por fuerza– resolverá mal.


Joe, el policía de Padre de familia (Family Guy), jamás conseguirá la moqueta perfecta.
En cualquier caso, la audiencia que ríe no lo hace por maldad; ríe por el contraste entre las intenciones del personaje (en este caso, limpiar) y los resultados. El gag raya el drama… Y Padre de familia lo fuerza a propósito:


 Cuando Joe tira con violencia la aspiradora la comedia queda atrás.


La posible sonrisa queda ahogada en la compasión. Compartimos la frustración de Joe. Ignoramos por qué los guionistas de Padre de familia pasan al drama, pero encontramos una lección: un personaje débil o con discapacidad o una anomalía física no es gracioso cuando está frustrado.

En otro capítulo, Peter Griffin aúpa a Joe con la carretilla montacargas para que el policía juegue a caminar. Peter colabora de forma desinteresada.


 No sabemos por qué Quackmire no quiere decir a Joe que perdió los pantalones. ¿Quizá porque habló de forma cruel al niño? El tono de Quackmire está entre el rencor y la indiferencia.

El público acepta el castigo de Joe, pero el guion corta a tiempo, durante la canción del policía. El castigo no es tanto. Joe es feliz. Queda fuera de cuadro el momento que descubre que no tiene pantalones, lo que podría ser humillante.

El otro acierto de la escena es utilizar como verdugos a Peter y Quagmire, dos personajes con apenas luces. A los personajes estúpidos se les tolera actos que criticamos a otros personajes.

En Dos tontos muy tontos (Dumb and Dumber), Jim Carrey cuenta a Jeff Daniels que consiguió dinero vendiendo un pájaro muerto y sin cabeza a un niño ciego.

Dos tontos muy tontos – El niño ciego y el pájaro sin cabeza.
 El plano es chocante. La risa inevitable. Pero ¿de qué nos reímos? ¿Del engaño? No de la ceguera. Otra vez por el contraste entre las intenciones del niño (tener una mascota) y los resultados (la mascota muerta). Los hermanos Farrelly, guionistas y directores, cortan a tiempo para eludir la tragedia.

Si Carrey y Daniels no fueran imbéciles, el público hubiera considerado dramática la escena del pájaro.

2. Cuando el personaje utiliza la discapacidad o limitación física en propio beneficio
El personaje tetrapléjico de Intocable finge convulsiones para librarse de la policía:


El público aplaude el engaño, la broma, porque empatiza con el personaje. La escena de Intocable es un ejemplo clásico de cómo un personaje consigue alguna ventaja en situaciones corrientes.

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Reinhold Messner o el sueño del Everest

Reinhold Messner apunta a una fotografía del Everest, después de su ascenso sin oxígeno suplementario, en 1980. Getty Images
A Reinhold Messner le dijeron que iba a matarse. Que, como poco, quedaría con secuelas cerebrales muy severas, pero que lo más seguro era que fuera a matarse. No había duda, estaba científicamente demostrado que su próxima aventura no se podía hacer sin sufrir un edema. O sin morir, vaya. Porque lo más seguro era la muerte.

Y, sin embargo, él fue y escaló aquella montaña. ¿Por qué? Porque está allí, hubiera dicho Mallory, un pariente lejano de Inglaterra. ¿Por qué?

El Messner de hoy es un hombre respetable y respetado, alguien con aspecto de empresario moderno, de los que tienen largas barbas, nunca llevan corbata y lucen algún motivo étnico en un collar. Una de esas personas con las que dan ganas de ir a tomar una cerveza porque se nota que tiene mucho que contar. Un icono vivo. Pero no siempre fue así.

No, hubo un tiempo en el que Messner era un personaje incómodo, alguien rodeado de polémica, un luchador contra el imposible que parecía haber dejado atrás aspectos como el sentido común o la solidaridad. Un auténtico alucinado cuyo destino era la muerte. Una figura indeseable en un país como la Italia de los años 70. "Tengo pocos amigos, soy de los que despierta muchas emociones tanto a favor como en contra".

A principios de esa década, Reinhold Messner era considerado como uno de los mejores alpinistas de Europa. Puede que el más osado, quizá el más innovador, seguramente el que buscaba mayor pureza en sus ascensos. Era originario de Bresanona (1944), en el Tirol del Sur italiano, una región lingüística, geográfica y culturalmente ajena al resto del país. Individualismo feroz, genético. Messner era, en aquellos momentos, ajeno al riquísimo folclore italiano del alpinismo, con la conquista del K2 como icono y, a la vez, vergüenza eterna por el enfrentamiento entre Lacedelli y Bonatti. Y es que Italia siempre fue una nación que supo, como pocas, del comportamiento poco heroico que tienen los héroes.

Pero Messner fue diferente, un solitario, alguien que rehúye la compañía. Messner solo apreciaba a Messner, porque en aquellos primeros años era Günther, su hermano, quien le acompañaría en una carrera fulgurante por las paredes más complicadas de los Dolomitas. Todas ellas serán conquistadas con el particular estilo del tirolés, escaladas rápidas y limpias, sin utilizar pitones de metal en ningún momento. Blitzkrieg. Estaban reescribiendo la historia del alpinismo europeo… hasta 1970.
Aquel año ambos emprenden una escalada virgen a través de la imponente cara del Rupal Sur en el Nanga Parbat, pleno Himalaya, una pared de 4.500 metros de roca que corona a 8.125 metros en la novena cumbre más alta del mundo. La expedición está dirigida por Karl Herrligkoffer, un médico muniqués apasionado del himalayismo que busca conquistar para Alemania una vía inédita de este ochomil. Pero todo sale mal.

En una historia que mezcla ambición personal, autoconfianza y la sutil crueldad de la montaña, los hermanos Messner hacen cumbre en medio de una tormenta que se abate inmisericorde sobre la vertiente que acaban de superar. Deben cambiar sobre la marcha sus planes y descender por la cara opuesta. En una época sin GPS, con las comunicaciones entre el campo base y los alpinistas cortadas, y situados en una de las zonas más aisladas del planeta, eso equivalía a una sentencia de muerte casi segura.

Al poco de empezar a bajar un alud sepulta a Günther para siempre (décadas después se encontraron sus restos, desmintiendo las voces que acusaban a Reinhold de haberlo dejado atrás durante el ascenso cegado por sus ansias de hacer cima), y su hermano emprende una huida hacia delante que tiene mucho de onírica. Durante dos noches y un día camina sin descanso, dejando atrás la montaña, los hielos, la nieve. Unos campesinos del valle del Diamir encuentran a un moribundo Messner y lo acercan hasta un puesto militar, donde le proporcionan atención médica. Hay que imaginar la sorpresa de aquellas gentes sencillas al toparse allí, en mitad de la nada, con un occidental vestido con pintorescas ropas de alpinista. Nadie alcanza a comprender cómo aquel hombre ha podido realizar una travesía completa en el Nanga Parbat subiendo por una vertiente y bajando por la contraria en mitad de una tormenta. El recuerdo de esa expedición, del hermano que quedó en el Himalaya, acompañará siempre a Reinhold.

"Las montañas son algo tan elemental que el hombre no tiene el deber ni el derecho de someterlas con los medios que la técnica pone a su alcance". Messner pronuncia estas palabras pensando en el uso de oxígeno, algo totalmente asimilado dentro del ochomilismo, y de lo que Messner, por pura convicción personal, renegaba. No critica a quienes lo utilizan, no lo llama, como  hacen muchos hoy, un doping de montaña, pero él, sencillamente, renuncia. Y renuncia en cualquier tipo de circunstancia.

Volvamos a los 70. Tras la desaparición de Günther, una enorme polémica en Italia y en Alemania acusa a Messner de haber dejado morir a su hermano por ambición personal. Reinhold defiende su inocencia en la prensa mientras que en la montaña comienza a compartir cordada de forma habitual con Peter Habeler, un escalador austriaco que comparte su filosofía, un hombre serio, duro, discreto. Perfecto para el tirolés en ese momento. Juntos forman un equipo ágil y fuerte que consigue escaladas en tiempo récord a monstruos como el Eiger o el Matterhorn. Más tarde dan el salto al Himalaya y ascienden el Gasherbrum I, a 8.068 metros. Lo hacen siguiendo un estilo alpino por vez primera en un ochomil. Y sin oxígeno, claro.

El siguiente reto aparece claro en la mente de Messner: el Everest sin ayuda de oxígeno. Tanto Reinhold como Habeler piensan que el desafío es asequible, pero no todo el mundo opina igual. En 1960 y en 1961, sendas expediciones lideradas por sir Edmund Hillary, el primer ser humano en hollar la cima más alta del mundo, demostraron científicamente que el aire que existía en la cima del monte tan solo permitía que un ser humano sobreviviera allí en completo estado de reposo…Si se hacía un esfuerzo solo cabía esperar un edema cerebral o, casi con toda seguridad, la muerte. Allí, en el techo del planeta, a 8.848 metros, el oxígeno que una persona puede introducir en su organismo es tres veces menor del que podría consumir a nivel del mar. Insuficiente para la vida. Mortífero en pleno esfuerzo. Casi como suicidarse.

Messner y Habeler fueron tachados de lunáticos cuando continuaron con los preparativos de la expedición pese a las advertencias que llegaban desde el mundo médico. Al tirolés, un galeno llegó a espetarle en una entrevista que era totalmente imposible que llevara a cabo la escalada, y que solamente tenía dos opciones: desistir o morir. "Vas a morir, Reinhold". Incluso se llegó a cuestionar la asistencia para los dos alpinistas en caso de que volviesen a Europa con graves daños cerebrales, basándose en que dicha expedición era poco menos que un suicidio anunciado y ninguna compañía aseguradora quería correr riesgos con ellos. Pero nada de eso detuvo a Messner y a Habeler, que llegaron al campo base de la cara nepalí del Everest en marzo de 1978. El Everest, la montaña de los mil nombres. El Everest, que es para los tibetanos el Chomolunga, para los nepalíes Sagamartha, para los antiguos topógrafos occidentales Devadhunka, Chingopamari o Pico XV. El Everest, altivo, que espera.

El primer intento de cumbre, el 23 de abril de 1978, pudo acabar en tragedia, y terminó con los dos alpinistas descendiendo al campo base en mitad de una tormenta y con Messner totalmente desanimado al pensar que, quizás, esta vez su reto sí que era imposible. En un momento dado, hasta el propio Habeler sugiere la posibilidad de utilizar oxígeno, a lo que Messner se niega rotundamente. Prefiere llegar lo más arriba posible sin oxígeno a hollar la cumbre con él.

Ambos se conceden otro intento, y comienzan a ascender realizando noches cada vez a más altitud. Nada les detiene, ni el dolor de cabeza y la visión doble que aqueja a Habeler un día (y que desaparece milagrosamente tras descansar), ni el lento progreso superados los 8.500 metros, momento en el que, según sus palabras, debían detenerse a descansar en mitad de la nieve cada diez o quince pasos. "Sentía que mi mente estaba muerta, escalaba de forma automática. Había olvidado que lo estaba haciendo en el Everest", dijo después Messner. Pero continuaron, y entre la una y las dos de la tarde del 8 de mayo de 1978 ambos alcanzaron la cumbre del Everest sin ayuda suplementaria de oxígeno. "Entré en un estado de abstracción espiritual, ya no pertenezco a mí mismo, ni a lo que alcanzo a ver. Soy únicamente un pulmón jadeante y estrujado flotando sobre la niebla y las cumbres".  Tomaz Humar, escalador esloveno, dijo años después: "Durante una porción infinitesimal de segundo puedo sentir toda la eternidad…". Puede que fuera de esa eternidad de la que hablaba Messner.

Reinhold Messner y Peter Habeler habían desafiado a la comunidad médica y habían ganado. Su conquista sobre lo establecido obligó a revisar todas las conclusiones anteriormente extraídas sobre la incidencia de la altitud en el organismo humano. En cuanto al Everest… a la montaña no la desafiaron, no la conquistaron. "Espero que cuando alguien escriba nuestra historia no hable de conquistar una montaña, sino de cumplir un sueño". Estas palabras las pronunció en 2015 Tommy Caldwell después de ascender, junto a su compañero Kevin Jorgeson, la imponente pared vertical de El Capitán en escalada libre y llevar un poco más lejos el límite del ser humano. Igual que Messner, igual que Habeler.

Cumplir un sueño. Solo eso.

lunes, 15 de octubre de 2018

Creíamos que no se repetiría

Miembros del partido neonazi griego Aurora Dorada, en un acto de campaña en Atenas en 2012.


Miembros del partido neonazi griego Aurora Dorada, en un acto de campaña en Atenas en 2012. REUTERS
Banalizar el concepto de fascismo dificulta la comprensión de lo que está emergiendo

Durante la última década se han multiplicado las interpretaciones que subrayan las analogías y las diferencias entre la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado y la Gran Recesión de nuestros días. La primera, más profunda; la última, más larga y compleja de resolver, hasta tal punto que algún economista (Steve Keen) la ha denominado “la segunda Gran Depresión”. En este periodo se valoraron, entre otras, cuatro causas fundamentales que paliaron aquella profundidad: la calidad de las respuestas públicas ante las dificultades económicas, la presencia de un Estado de bienestar que anteriormente aun no se había inventado, la ausencia de un proteccionismo agresivo y, sobre todo, la inexistencia de un sistema político que fuera una alternativa al capitalismo. Se habló bastante, aunque con escaso éxito y tan solo de modo retórico, de refundar el capitalismo, embridar el capitalismo, reformar el capitalismo, regular el capitalismo, etcétera, pero sólo en los extremos del espectro político se pedía un cambio del sistema económico, mientras que en los alrededores de la Gran Depresión, dos totalitarismos de signo contrario —fascismo y comunismo—, pugnaban con la economía de mercado por ser hegemónicos. Estaban en su momento álgido de poder.

Ahora, cuando se ha vencido la fase más aguda de la crisis y el mundo ha retornado al crecimiento —en algunos casos anémico, pero crecimiento al fin—, se observa que aquellas causas no estaban del todo bien sustentadas: no eran irreversibles. Las respuestas a los desequilibrios los han profundizado en ocasiones (la austeridad expansiva de la Unión Europea) y transformaron, lo que quizá podría haber sido tan sólo una crisis cíclica más, en una crisis mayor, sistémica; el proteccionismo está dejando de ser poco a poco un fenómeno de baja intensidad con la incipiente guerra comercial entre EE UU y China y las políticas de perjuicio al vecino; el Estado de bienestar (educación, sanidad, pensiones, seguro de desempleo, dependencia y negociación colectiva) no ha recuperado todavía los niveles de protección social de antes de las dificultades, y hay gente que se ha quedado al margen de este; y desde la toma de posesión de Trump como presidente de EE UU se multiplica la presencia de formaciones y líderes de extrema derecha en muchos países que, en algunas circunstancias, ganan las elecciones y en otras las pierden, pero contagian con sus principios y sus ensoñaciones a los partidos del centro derecha del sistema e, incluso, a los de la izquierda.

El profesor italiano de historia de las ideas políticas, Enzo Traverso, apela en uno de sus últimos textos (Las nuevas caras de la derecha, Siglo XXI Editores) a no confundir estas nuevas extremas derechas con los fascismos clásicos (aunque algunas tengan matriz fascista). Entiende que calificarlos lisa y llanamente como fascistas no aclara sino que confunde el análisis. El concepto de “posfascistas” que usa Traverso es coyuntural (es consciente de que no se trata de ningún potente hallazgo mediático), porque en la mayor parte de los casos son experimentos tan breves que han de ser tratados como fenómenos transitorios que todavía no han cristalizado. También son muy heterogéneos aunque repitan los factores comunes (la xenofobia, el fantasma de los chivos expiatorios, el odio al diferente…), y exhiben distintos rostros, por lo que no se les puede combatir del mismo modo en todos los sitios. Además, en su gran mayoría no reclaman ser herederos del fascismo clásico.

El abuso del concepto de populismo también lo veta para la comprensión del fenómeno. Pero lo cierto es que durante décadas hemos creído que la extrema derecha era una experiencia del pasado y, sin embargo, está aquí, entre nosotros, como una respuesta agresiva a la falta de expectativas materiales y emocionales de mucha gente que creyó que su bienestar no tenía marcha atrás. La desconfianza ante las formaciones clásicas es el origen de la crisis de representación política que padecen muchos países.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/10/12/opinion/1539346806_061653.html?id_externo_rsoc=TW_CC

Estoy poeta

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Fernando Botero





No pienso esperar a morirme
para que me condecoren.
Acabo de hacerme con dos trofeos:
tus abrazos y mis besos,
con esto tengo bastante para ir tirando
camino de la gloria

Begoña Abad

Hace noventa y cinco años, en una estación de El Cairo

Kabul, 2012. Fotografía: Adnan Abidi / Cordon Press.
 Hace noventa y cinco años, en 1923, una mujer egipcia bajó de un tren en la estación de El Cairo y, de repente, se arrancó el velo que le cubría la cara. Muchas de las mujeres presentes en el andén se escandalizaron, pero, según cuentan algunas crónicas del suceso, unas pocas iniciaron un tímido aplauso. Huda Sha’arawi, considerada como una de las precursoras del feminismo en países de religión musulmana, tenía cuarenta y cuatro años cuando decidió que llevar burka o niqab, las dos prendas que continúan ocultando completamente el rostro y el cuerpo de las mujeres en muchos países islámicos, era expresión de una tendencia política determinada y no una exigencia religiosa. Una simple —y terrible— muestra de discriminación, producto de una política cultural puesta en pie por hombres que, cuanto más humillados se sienten, más se empeñan en conservar una parcela de poder sobre quienes les parecen más débiles, aun por encima del respeto a los derechos humanos que, en muchas ocasiones, reclaman simultáneamente para sí mismos.

La rebeldía de Sha’arawi, como la de otras mujeres que desde los primeros años del siglo pasado intentaron que la lucha contra el colonialismo abriera también paso a la reivindicación de sus derechos, debería estar mucho más presente, no solo entre las propias mujeres musulmanas, sometidas a una nueva oleada de presión reaccionaria, sino también entre los intelectuales europeos que se empeñan en defender el uso del burka como si fuera una expresión de la libertad de elegir y no la prueba de un sometimiento, una pérdida de dignidad, que no debería consentirse en el espacio público, como no se consentiría cualquier otra expresión de esclavitud.   
Las herederas de aquella decidida egipcia, como la profesora argelina Marnia Lazreg, nos recuerdan hoy que la mayoría de las mujeres musulmanas que se habían quitado el niqab (que no es un pañuelo, sino un velo opaco que oculta totalmente las facciones) y que vuelven a ponérselo no lo hacen porque hayan recapacitado sobre su fe, sino, simple y brutalmente, por la campaña que se desarrolla en contra de ellas y en contra de los movimientos a favor de los derechos de las mujeres. Son ellas las que lucharon para que la Primavera Árabe no terminara como la lucha contra el colonialismo, es decir, con su exclusión y la pérdida de sus esperanzas.

Resulta agotador tener que explicar una y otra vez cuestiones evidentes: las mujeres, consideradas en su conjunto, son apaleadas, violadas, dejadas morir e ignoradas por su condición de mujeres en buena parte del mundo contemporáneo, no solo en el área islámica, sino en Asia, África, América del Sur e, incluso, en algunas zonas de Europa. El premio Nobel de Economía Amartya Sen calculó que en el siglo XX habían «desaparecido» más de cien millones de mujeres, que habían nacido y que estadísticamente tenían que estar vivas, pero que no lo están porque han sido asesinadas directamente o dejadas morir.      

La discriminación de género, explica Sen, no es hoy día, como algunos creen, un problema de diferentes salarios o de techos de cristal, injusticias que, sin duda, merecen denunciarse, sino una cuestión que afecta realmente a la vida y muerte de millones de niñas y mujeres adultas. ¿Cómo es posible que las sociedades contemporáneas sean aún capaces de una indiferencia tan brutal? ¿Cómo es posible que las Convenciones de Ginebra hayan legislado desde 1929 sobre la alimentación y vestimenta que se debe proporcionar a los prisioneros de guerra y que haya habido que esperar hasta hace pocos años para que las violaciones masivas de mujeres fueran consideradas también crímenes de guerra?

Sería bueno que nos preguntáramos sobre cómo está orientada la lucha por los derechos humanos en el mundo. ¿Se van a marchar las tropas occidentales de Afganistán sin asegurar el futuro de los centenares de mujeres que, bajo su protección, aceptaron ser maestras? ¿Sin proteger a los miles de niñas que comenzaron a asistir a la escuela, no a aprender modestia, sino a adquirir conocimientos reales? ¿Asistiremos dentro de unos años o pocos meses a la «desaparición» de esas profesoras, al abandono de esas niñas y adolescentes, condenadas a no saber nunca que existió Huda Sha’arawi?
Seguramente sí. Seguramente los derechos humanos de las afganas serán ignorados y nadie creerá en Occidente que es más importante garantizar la vida y la dignidad de esas mujeres que impedir que Kabul aloje o aliente a terroristas. Seguramente se volverá a esgrimir la «diferencia cultural», la «libertad de elección» y el «respeto a las creencias religiosas», como si de lo que estuviéramos hablando no fuera de leyes, de un ordenamiento jurídico —sea en Afganistán, sea en cualquier otro país del mundo que quiera ser admitido en la comunidad internacional— que deje claramente establecido que las mujeres tienen derecho a moverse libremente, a acceder a la educación y a la sanidad en igualdad de condiciones que los hombres, y que existe la obligación de llevar ante la justicia a quienes cometan ataques y abusos físicos contra ellas.

 Es muy simple y todos sabemos de qué se trata. 

Fuente: https://www.jotdown.es/2018/10/hace-noventa-anos-en-una-estacion-de-el-cairo/

domingo, 14 de octubre de 2018

Una manifestación multitudinaria en Berlin planta cara a la ola de racismo

Más de cuatro kilómetros de manifestación, cientos de organizaciones y un cuarto de millón de personas recorren el centro de Berlín "por una sociedad plural"


Para la pastora evangélica Thurid Poerske "la democracia está en peligro" en Alemania. Por eso que junto a otras 240.000 personas, según los organizadores, ha salido a manifestarse este sábado en Berlín. "No necesitamos un nuevo movimiento nazi en Alemania, ya sabemos lo que significó en el pasado", explica el pastor Arend Bertzbach, que ha venido junto a ella porque ve que la extrema derecha amenaza la sociedad alemana.

Se manifiestan "por una sociedad plural", una llamada a salir a las calles que han realizado cerca de cuatrocientas organizaciones alemanas, entre ellas partidos como el SPD, Die Grüne (Los Verdes) o Die Linke (La Izquierda). Pero también los sindicatos han estado presentes en la movilización. Hans-Jürgen Urban, que forma parte de la directiva del sindicato IG-Metal, asegura que "después de lo de Chemnitz, no hay excusas: hay que unirse a la resistencia”.Septiembre ha sido un mes en el que los alemanes han asistido a una movilización de la extrema derecha sin precedentes que dio lugar a altercados xenófobos.

Decenas de miles de personas se manifiestan en Berlín contra el racismo
Decenas de miles de personas se manifiestan en Berlín contra el racismo EFE
Contable de una empresa discográfica, Florian Pfeiffer ha marchado este sábado por el centro de la capital en una manifestación que, según datos de la policía, ha ocupado más de cuatro kilómetros en un desfile jovial lleno de música, familias y proclamas contra el racismo.

Numerosas ONG como Amnistía Internacional o la asociación "Seebrücke"(puentes en el mar), que reclama la creación de vías seguras para los refugiados en el Mediterráneo, han secundado la manifestación. Rolf Feja representa a más de 8000 taxistas y explica a eldiario.es que solo les "han dejado traer seis taxis a la manifestación", pero que "por supuesto" querían venir "con muchos más". La asociación se ha sumado a la manifestación porque considera que tanto el gremio del taxi como la sociedad alemana está compuesta por muchos extranjeros.

Manifestantes en Berlín en contra del racismo
Manifestantes en Berlín en contra del racismo Carmela Negrete
 Feja asegura que "el racismo se ha convertido en algo aceptable", lo cual le preocupa y cree que "la sociedad multicultural es algo muy positivo". Recuerda, además, que Alemania es "un país rico" y que si hubiera una guerra como la que hay en Siria, él también "tendría que buscar refugio".

Movilización de la izquierda
El movimiento 'En pie', la nueva organización que cruza la agenda social con políticas duras con la migración, se distanció de la convocatoria "por la reclamación de las fronteras abiertas". Lo cierto es que en el manifiesto que ha sacado a la calle a los cientos de miles no había ni rastro de dicha expresión, sino de una "sociedad abierta", por lo que tanto a Wagenknecht y a Aufstehen les han llovido las críticas, que aseguran que su estrategia populista de izquierdas está virando a un discurso de derechas en contra de los refugiados en un intento de acercarse a los electores de la Alternativa por Alemania.

Florian Pfeiffer, contable de una empresa discográfica, en la manifestación anti-racista de Berlín
Florian Pfeiffer, contable de una empresa discográfica, en la manifestación anti-racista de Berlín Carmela Negrete
Próximas elecciones
Esta demostración de fuerza de la sociedad alemana supone una señal claramente a favor de la solidaridad y el entendimiento, siendo el preludio de los resultados electorales que el domingo pondrán el parlamento bávaro patas arriba. La polarización de la sociedad se reflejará en el próximo gobierno de uno de los estados más importantes económicamente del país.

Por un lado, muchos electores van a penalizar a la Unión Social Cristiana CSU, socia de gobierno de Merkel en Berlín, por su política y retórica antirefugiados, a diferencia de la canciller, por lo que el partido perderá varios diputados. Por otro

lado, la Alternativa por Alemania entrará con toda probabilidad en dicho parlamento como la tercera o cuarta fuerza, un voto protesta y lleno de resentimientos nacionalistas.

Los verdes (Die Grüne) pueden tener la clave en dicha región. En la calle la ha tenido este sábado la sociedad civil, que se muestra dispuesta a seguir manifestándose en contra del racismo y por una sociedad más justa a todos los niveles. El descontento por el desmonte del estado del bienestar ha salido a la calle, esta vez en forma de protesta de izquierdas, solidaria y abierta.

Hijas de ningún dios

El negocio del tráfico de mujeres para su explotación sexual en México 

Barrio de la Merced, donde se calcula que trabajan unas 3.000 mujeres en el sector de la prostitución.Nuria López Torres
 Un gramo de cocaína se vende, se consume y se acaba. A una mujer se la puede vender veinte, treinta o cuarenta veces al día. Y otras cuarenta más al día siguiente. La explotación de personas es una de las actividades delictivas más jugosas del mundo. Un negocio que arrebata la condición humana a sus víctimas para convertirlas en meras mercancías. En México, un país roído por el crimen organizado, los tratantes campan impunemente y la esclavitud sexual es el destino de muchas mujeres desaparecidas.

“Se habrá ido con el novio”, le dijo la policía a María Soledad Sánchez cuando fue a denunciar que su hija Aylin, de catorce años, había desaparecido al bajar a comprar la cena. No importó que una vecina hubiese visto cómo tres tipos la subían a un coche a la fuerza. El protocolo de la Fiscalía dice que deben pasar 72 horas para presentar una denuncia por desaparición. Cuando pasaron esos tres días, le volvieron a repetir que a lo mejor la adolescente estaba embarazada y que se había ido por gusto.

Muchas mujeres secuestradas y explotadas como esclavas sexuales no regresan con sus familias, en caso de ser liberadas, a causa del estigma social.Nuria López Torres
 María Eugenia tampoco sabe qué pasó con su hija Diana Angélica, desaparecida a su vez a los catorce años. Los testimonios se repiten: el de las madres de Aylin y Diana Angélica, el de la madre de Nayeli, el de la hermana de Mónica. Todas ellas son jóvenes desaparecidas a las que las autoridades no buscan. O en algunos casos fingen hacerlo, pero sin resultados.

Desde 2007, bajo las últimas dos administraciones, se ha documentado la desaparición de unas 35.000 personas en México. Una de cada cuatro desaparecidos es una mujer. A diferencia de los hombres, en las chicas hay un patrón físico. Son más jóvenes que la media y generalmente de complexión alta, según el análisis hecho por la organización Data Cívica.

Aylin, la hija de María Soledad, ya no está en las estadísticas. Su madre la encontró seis meses después de aquella noche en la que no regresó. Para ello tuvo que adentrarse en el mundo de las trabajadoras sexuales, contratar a matones e incluso ir a programas de la televisión a denunciar la desaparición. Finalmente descubrió que a su hija la había secuestrado un proxeneta que la torturó hasta conseguir que se prostituyera para su beneficio. Su madre asegura que Aylin todavía tiene las huellas de las cadenas en las muñecas. Las otras cicatrices no se ven, pero le rompen el alma.

“La tenían encadenada a una plancha donde los clientes la violaban, y él cobraba. La dejaron días enteros sin comer, sin tomar agua. La obligaron a comer suciedad hasta que doblegaron su voluntad y aceptó venir a un lugar donde tiene otras jóvenes: la mayoría son niñas de secundaria”, cuenta María Soledad con tono enérgico, intentando que el dolor no la resquebraje, mientras le tiemblan los labios. “Algunas trataron de escapar y terminaron muertas, algunas desaparecieron, y algunas ya se resignaron. Hubo una que escapó como testigo protegido de Estados Unidos, porque el proxeneta formaba parte de una red transnacional de trata que explotaba mujeres latinas allá”, añade.

Rebeca y dos chicas más fueron rescatadas por un policía federal del edificio donde los explotadores las tuvieron encerradas durante tres años y medio. Nuria López Torres
 La madre de Aylin habla en un espacio seguro, en la casa de Brigada Callejera, una organización que integra a trabajadoras sexuales, supervivientes de trata y otras mujeres que llaman a la defensa de sus derechos y a la movilización comunitaria. La habitación es un consultorio precario donde se hacen revisiones ginecológicas y se reparten condones y apoyo emocional al por mayor. Abajo está el mayor prostíbulo al aire libre de América: el barrio de La Merced, en la Ciudad de México.

La Merced es un mercado enorme. Conformaba los antiguos abastos de la capital y, aunque ahora es para minoristas, agrupa decenas de bloques donde se venden frutas, verduras, menaje, ropa nueva y usada, zapatos, remedios médicos, música, comida preparada... y mujeres. Unas 3.000, según los últimos cálculos de Brigada Callejera. Se ven a simple vista. Pueblan las aceras día y noche. Entre el griterío de los comerciantes y el tránsito de los compradores, hay una sucesión de chicas —algunas muy jóvenes— con tacones y ropa llamativa. Están paradas a pocos metros de distancia unas de otras, mirando sus celulares u ofreciendo sus servicios a quienes se acercan. Aquí no hay negociación: es una explicación rápida, la tarifa está marcada. Pueden ser apenas siete euros por “un rato”, que suele ser de unos quince minutos. Cerca hay hoteles en los que ni siquiera se cambian las sábanas o casas conchabadas. Muchos de los vendedores que las rodean son parte de la mafia que explota a las mujeres.

EL NEGOCIO DE LA EXPLOTACIÓN
Con la globalización, el mundo se ha convertido en un burdel donde hay países que exportan víctimas, otros por donde transitan y otros, como Estados Unidos o muchos países europeos, de destino, donde se encuentran los “consumidores” de esas víctimas. Ningún país es inmune. La trata está en el pódium de la lista de negocios ilícitos más lucrativos, junto al tráfico de drogas y de armas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 25 millones de personas son víctimas de las diferentes modalidades de trata en todo el planeta. En México, el 93% de las víctimas de trata son mujeres y el 26% menores de edad, según la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos. A menudo las explotan en otras ciudades diferentes a las suyas, o son llevadas a Estados Unidos.

México es un país de origen, tránsito y destino de víctimas de trata. Por sus clubes pasan muchas mujeres de América Central y del Sur, así como de Europa del Este, Asia y África. El destino final de algunas es Estados Unidos.

El Gobierno mexicano ha firmado convenciones para erradicar la violencia contra las mujeres y la trata con fines de explotación sexual, tiene una Fiscalía Especial y albergues para víctimas. En noviembre lideró la primera Cumbre Hemisférica sobre Trata. Sin embargo, “la complicidad de las autoridades sigue siendo un grave problema”, señala un informe de Estados Unidos sobre tráfico de personas en México. El documento reconoce la gravedad de “la corrupción relacionada con la trata de personas entre funcionarios públicos; en particular, las fuerzas del orden y las autoridades judiciales y de migración del ámbito local”. La ONU calcula que cada año alrededor de 21.000 menores mexicanos son captados para la explotación sexual. Eso son más de 57 cada día. Y de esta cifra, 45 de cada 100 son niñas indígenas.

Una trabajadora sexual baila en una fiesta organizada por la ONG Brigada Callejera.Nuria López Torres
Tienen métodos ensayados una y otra vez para captarlas. A Aylin, la hija de María Soledad, la levantaron, es decir, la raptaron. El crimen organizado tiene a hombres que controlan determinadas zonas o barrios, se fijan en una posible víctima —casi siempre muy joven y de complexión delgada—, la vigilan unos días para conocer su rutina y, cuando pueden, la suben de forma violenta a una camioneta.

Otra táctica, más sofisticada, es la del enamoramiento. Hombres que se dedican a cautivar a niñas hasta que consiguen alejarlas de sus familias —tienen estipulado un tiempo de tres meses de media para conseguirlo—, y se las llevan a otro estado. Es allí cuando el novio cambia radicalmente y la obliga a prostituirse. Tienen toda una red de mujeres trabajando para ellos, y hay familias enteras que se dedican a embaucar niñas. Una vez caen en la red de trata, la maternidad es una forma de control sobre las mujeres explotadas: las víctimas que han logrado escapar explican cómo a las más jóvenes las embarazan rápido para utilizar luego las amenazas contra sus hijos como herramienta de presión.

ATRAPADAS
Mérida era una niña indígena cuando conoció a su padrote, como llaman a los chulos en México. Era la menor de siete hermanos y se crio con su tía porque su madre no tenía recursos para alimentar a tantos hijos. A su tía la llama la “mamá mala” porque no recibió de ella más que golpes y regaños. Vivían en una aldea de maizales, burros y perros hambrientos. Entonces apareció él. “Muy guapo, guapíiiisimo, se pasaba de guapo y yo allí en el pueblo, prietita, morenita, trenzuda, chancludita y él blanco, bien parecido, bien vestido, pues dije: guau”.

No podía creer que aquel chico tan elegante le hiciera caso. Se enamoró. Se veían a escondidas. Hasta que a las pocas semanas él propuso que se fueran a la capital, que allí se casarían, crearían un hogar y una familia. El sueño duró un par de meses. Un día él llegó llorando: se había metido en un lío y si no pagaba una deuda podía ir preso. La única solución era que ella se acostase con un conocido, le dijo.
Ahí empezó una cadena de esclavitud. Los hombres desfilaban por su casa. Él le pegaba y la amenazaba. Luego la llevó a la Merced, a ser una más de las cuatro que él “regentaba” en la calle. Mérida no quería, pero él le amenazaba con quitarle el hijo que habían tenido o incluso con matarla, explica ahora en la clínica de Brigada Callejera, ya liberada de él y con años de dedicarse a la prostitución por cuenta propia.

María Eugenia, madre de Diana Angélica, es entrevistada durante una manifestación de familias con hijos desaparecidos en México D.F.Nuria López Torres
 En la misma clínica, sentada en una camilla, también la joven Rebeca López recuerda momentos duros. “Me tocó ver cómo mataban a golpes a una muchacha porque no dio todo el dinero que había ganado un día. Me tocó ver que a otra la asesinaron porque no quiso salir a trabajar a la calle; a esa sí, a sangre fría la mataron”. Tiene 26 años y sorprende que, tras todo lo que ha sufrido, siga viva y cuerda.

Su padrastro abusó de ella entre los cinco y los siete años. Su abuela, para poner fin a aquello, la mandó con su padre biológico, un traficante de mujeres que ya había explotado a su madre. La pequeña tenía once años cuando el padre comenzó a utilizarla como mercancía: la mandó a Florida, con un socio que comenzó a prostituirla junto a otras chicas mexicanas y suramericanas. Ella no hablaba nada de inglés. Un día les cayó un operativo policial y detuvieron a todas las chicas por formar parte de una red de prostitución ilegal. Cuando ya pensaban que la policía estadounidense las iba a mandar a migración —tampoco tenían papeles— y deportarlas, las entregaron de nuevo a su padre y sus otros dos socios. Los tentáculos de la corrupción no entienden de nacionalidades.

Con 17 años consiguió escapar y regresar a su país. Llegó a la Ciudad de México y, desesperada por encontrar un trabajo, llamó a un anuncio en el que solicitaban chicas jóvenes como trabajadoras domésticas. Rebeca acudió a la cita con el empleador. Para cuando se dio cuenta, estaba montada en una camioneta con más de una docena de chicas, rumbo al Hotel Liverpool, un picadero de mala muerte en la Merced, a menos de un kilómetro del Congreso de los Diputados.

Las amenazaron, las amarraron de pies y manos y las dejaron dos días sin comer, explica. Al tercero, dos señoras las cambiaron, las maquillaron y les dieron instrucciones: se quedarían en el cuarto sin salir para nada. Por aquella habitación pasaban veinte hombres al día, a veces hasta veinticuatro. El horario de la noche era de seis de la tarde a ocho de la mañana. Si no cumplían, no les daban comida y no les permitían bañarse. Si un cliente se quejaba de alguna chica, la golpeaban. No había día de descanso, ni siquiera aquellos en los que estaban con la menstruación. Cuando tenían la regla, les ponían una esponja en el fondo de la vagina que fungía de tapón para el sangrado. Cada tanto se la cambiaban y, sin rechistar, a seguir trabajando. Así pasó Rebeca tres años y medio, encerrada en el hotel, como un objeto sexual al que manosear y penetrar sin descanso. Sin que nadie denunciase que tantos hombres entrando y saliendo del edificio cada media hora era, por lo menos, raro.

CORRUPCIÓN Y COMPLICIDAD
El informe del Instituto Belisario Domínguez del Senado de México a propósito del Día Mundial Contra la Trata no titubea: “La trata es un negocio constituido por redes de complicidad entre el poder político, económico y el crimen organizado, y hay nexos entre hombres propietarios de negocios sexuales metidos en la política”. La Procuraduría General de la República estima que en México hay 47 grupos de delincuencia organizada involucrados en la trata de personas para fines sexuales y laborales.

Después de tres años y medio encerrada en aquel hotel Rebeca fue rescatada por un policía federal,
que durante tres meses había estado investigando el lugar. Cada semana la visitaba haciéndose pasar por cliente fijo. Ella le facilitó toda la información que pudo. Una vez lanzada la operación, el agente acogió a Rebeca y su compañera de habitación en su casa mientras hacían las declaraciones y el reconocimiento de los detenidos. La esposa del policía las apoyó con comida y ropa. Un día después, llamaron a casa del agente para notificar a su mujer que él había sido asesinado.

“La policía y las autoridades están compinchadas, protegen a los padrotes. Las denuncias han traído problemas: asesinatos de compañeras, encarcelamientos, algunas golpeadas, otras desaparecidas…”,  explica Elvira Madrid, fundadora de Brigada Callejera. Ella entró en contacto con el mundo de la explotación sexual hace 27 años por un trabajo académico y nunca más abandonó a estas mujeres, pese a haber recibido múltiples amenazas. “Seguimos denunciando, pero aprendimos que no podemos ir solas, y que tenemos que darle seguimiento a los casos porque la policía los abandona. En la calle, los patrulleros extorsionan a las trabajadoras sexuales, las golpean y las violan”.

Ahora Rebeca, María Soledad o Mérida la ayudan. Rebeca sigue ejerciendo la prostitución, pero por cuenta propia. “Es difícil cuando ves que pudiste tener otro tipo de familia y no es así. Pero aprendes que cuando estás más abajo es cuando te debes de sentir más arriba. Cuanto más te pisoteen, más debes salir adelante. Y si sigo aquí es porque tengo algo que hacer y tengo que superarme”, dice al final de la entrevista, y es el único momento en que se desmorona: cuando piensa en el futuro. Hasta entonces había relatado su experiencia con la serenidad de quien ya ha sufrido demasiado. Si hacemos un promedio a la baja de la tortura que sufrió encerrada en el hotel, Rebeca fue violada unas 15.000 veces en tres años y medio. Pero no fueron tres años. Fue, en diversas modalidades, desde los cinco años. No hay números que expliquen esta experiencia.

María Soledad Sánchez logró el encarcelamiento del tratante de su hija. Fue gracias a que un tribunal de Nueva York presionó a México por delincuencia organizada transnacional. En la actualidad está preso, pero María Soledad asegura que todavía tiene a más de un centenar de mujeres explotadas a través de su red. “Las autoridades están coludidas con este tipo de sujetos, porque ganan tanto dinero, la rebanada de pastel es tan grande, que las compran. A los que investigaban el caso de mi hija les dieron 50.000 pesos [unos 2.500 euros], y lo dejaron ir”, narra la mujer.

En 2016, el Gobierno mexicano rescató a 707 víctimas de trata sexual, según el informe estadounidense. En comparación, en 2015 había identificado a 1.814 víctimas. No basta. La oficina de la ONU contra la Droga y el Delito ha detectado 363 municipios donde la población vive en condiciones de alta vulnerabilidad a la trata de personas en México. Existe incluso un corredor de tratantes en torno a Tenancingo, un municipio a 130 kilómetros de la capital, conocido por vivir de la explotación sexual y donde ni la prensa ni la policía son bienvenidas. A aquellos que intentan entrar los sacan con amenazas, o bien compran su complicidad. Aquí las personas se tratan como mercancías desechables: lo que impera es la delincuencia organizada y la violencia, el dinero fácil y un consumo sin escrúpulos.

Fuente: https://www.revista5w.com/why/hijas-ningun-dios

sábado, 13 de octubre de 2018

El periodista saudí Jamal Khashoggi habría grabado su propia muerte con su Apple Watch, según diario turco

Fuente: Al Sharq Forum
  La información publicada por un periódico de Turquía en la mañana de este sábado indica que el periodista saudí Jamal Khashoggi habría grabado su propia muerte.

Khasshoggi activó la función de grabación de su dispositivo Apple Watch antes de ingresar al consulado de Arabia Saudita en Estambul el pasado 2 de octubre, según el periódico Sabah. Los momentos de su "interrogatorio, tortura y asesinato quedaron registrados en audio y se enviaron tanto al teléfono como a iCloud", informó el periódico el periódico privado pro-gobierno. Este medio turco agrega que se grabaron conversaciones del equipo que estaría involucrado en el presunto asesinato.
CNN no puede verificar el informe de forma independiente. Los esfuerzos para llegar a funcionarios del gobierno turco para hacer comentarios a última hora del viernes no tuvieron éxito. Tampoco quedó inmediatamente claro si habría sido técnicamente posible que el Apple Watch de Khashoggi transfiriera audio a su teléfono, el cual él entregó a su prometida antes de ingresar al consulado.

Según el reporte de Sabah, los agresores de Khashoggi intentaron desbloquear el Apple Watch con varias contraseñas y en últimas utilizaron la huella digital de Khashoggi para acceder el reloj inteligente. Tuvieron éxito en eliminar solo algunos de los archivos, informó Sabah. Sin embargo, en su sitio web, Apple no incluye como una función del Apple Watch el desbloqueo con huellas dactilares. Un representante de la compañía confirmó a CNN que los relojes no tienen esta característica.


De acuerdo con el diario, las fuerzas de seguridad que lideran la investigación encontraron el archivo de audio en el teléfono que Khasshoggi dejó con su prometida.

Este viernes, una fuente cercana la investigación le dijo a CNN que las autoridades turcas tienen pruebas visuales y de audio que muestran que el periodista Khashoggi fue asesinado en el consulado en Estambul hace poco más de una semana.

La evidencia, que le fue descrita a la fuente por una agencia de inteligencia occidental, mostraba que hubo una agresión y una lucha dentro del consulado. También hay pruebas del momento en que Khashoggi fue asesinado, dijo la fuente.

Las unidades de seguridad de Turquía analizaron cómo se cometió el presunto asesinato de Khashoggi con el uso de un traductor, según Sabah.

El diario también informó que las unidades de investigación analizan todos los registros del 2 de octubre en teléfonos celulares y líneas fijas del consulado, así como la residencia del cónsul general.
Los esfuerzos para localizar el cuerpo de Khashoggi siguen en curso, indicó Sabah.

Más información:https://cnnespanol.cnn.com/2018/10/12/el-periodista-saudi-jamal-khashoggi-habria-grabado-su-propia-muerte-con-su-apple-watch-segun-diario-turco/

Colón, Cortés y otros malditos

Con motivo de la celebración de la llegada de Cristóbal Colón a Guanahani (sin tilde), como cada año, se desatan comentarios al respecto, en los que van desde “no nos descubrieron” (“los puristas”); “debió llamarse Colombia” (el continente); “Colón era un ignorante, no llegó a la India” (los “doctos”); hasta los que reavivan el rencor y resaltan el odio al español “que nos asesinó, violó a nuestras mujeres y robó nuestro oro”.

¿Nos asesinaron los españoles, nos robaron el oro? 
Si los españoles no hubieran llegado a lo que hoy es México, nosotros, simplemente No existiríamos (o tal vez estaríamos odiando a los portugueses, franceses o ingleses, si ellos hubieran llegado antes).La historia de Europa está repleta de crueldades, abusos y crímenes de todo tipo, pero no por ello se odia a los romanos (italianos), anglosajones, franceses o alemanes. Esto no significa justificar ninguna guerra, aunque sea en nombre de Dios.

Con los habitantes primigenios de México no ocurrió como con la España invadida por los moros, por ejemplo, donde la separación de razas se mantuvo fuertemente (hasta cierto punto). Acá hubo una mezcla y es lo que hoy somos: mexicanos.

Así, odiamos lo español, pero, ¿a qué dios adoramos? ¿Qué idioma hablamos y escribimos? ¿De dónde vinieron la música, los instrumentos, el caballo y la vestimenta del charro…?

Es realmente curioso: los que pretenden ser indígenas, aborrecen al español que dicen los “destruyó”, pero se sienten orgullosos de sus costumbres católicas, que los frailes obligaron a seguir a los primeros mexicanos.

Por otro lado, no fueron los españoles quienes vencieron al gran imperio azteca. Eran como medio millar de españoles. Sin la ayuda de otras tribus, no habrían vencido.

No se entiende que tan reducido grupo venciera a tantos miles. Claro, también tuvo participación la “guerra bacteriológica” que, sin querer, trajeron: viruela, peste, tifoidea, sarampión… que mató indios a pasto.

Los azteca eran más o menos como los romanos, dominaban a la mayoría de naciones y les exigían tributos para dejarlos en paz. Este hartazgo se puede leer cuando se quejan los habitantes de Teocalhueyacan: “Motecuzohzoma y los mexicanos nos hacen muy desgraciados, nos atormentan mucho. ¡Hasta las narices nos ha llegado la miseria!” (Códice Florentino. Cap. XXVI). Citado por Tzvetan Todorov en Relatos aztecas de la conquista.

Como los tlaxcalteca eran pobres, “nomás” entregaban unos cinco mil jóvenes para que los del Imperio les sacaran el corazón. Por eso, ellos, los tlaxcalteca, totonaca y otros se aliaron a los europeos para quitarse el yugo azteca (también por eso los purépecha no acudieron al llamado de Cuitláhuac). Cortés solamente utilizó el odio contra los azteca para ganar.

En ese tiempo no existía el concepto de “nacionalidad mexicana”, se habla de eso después de la Independencia.

Por eso no se puede decir que “nos robaron nuestro oro”, ¿cuál? No existíamos como nación. Si hubiera existido un concepto parecido, la gran alianza que se diera hubiera impedido la destrucción de esas culturas… por un tiempo.

Afirma Enrique Krauze en su libro De héroes y mitos:

“[…] una actitud que los ideólogos suelen confundir con el nacionalismo: el patriotismo.

“Agresivo o defensivo, el nacionalismo presupone la afirmación de lo propio a costa de lo ajeno. Es una actitud que pertenece a la esfera de poder.

“El patriotismo, en cambio, es un sentimiento de filiación: pertenece a la esfera del amor. […] La duda metódica y la búsqueda de la verdad deben desplazar a la admiración sentimental. La Historia de Bronce debe someterse a una crítica severa, en varias direcciones”.

Los azteca, odiados y temidos



Una de las tribus nahuas más pobres llega al valle del Anáhuac cuando ya están asentadas varias tribus; por eso les llaman “azteca” (“cuyo rostro nadie conoce”). Ellos se llamaban a sí mismos tenochca y luego mexica (no había plural). Piden permiso a los tepaneca para pasar por sus tierras y se establecen en Chapultepec. Ahí viven tranquilos un tiempo hasta que se les ocurre (como a los romanos con las sabinas) robar mujeres de Tenayuca.

Es la primera vez que otros se unen para atacarlos. Irritados tepaneca, colhua y xochimilca, los vencen y los hacen esclavos, incluido su jefe Huitzílhuitl; una parte escapa a los islotes del lago. A otro núcleo tenochca, el señor de Culhuacán, Cóxcox, le dio permiso (con la idea de que murieran envenenados) para vivir en Tizapán, lugar de serpientes venenosas. Los azteca se las comen.

Los tenochca ganan prestigio luchando al lado de Cóxcox en la guerra contra Xochimilco y le piden a su hija para esposa de su jefe. Cóxcox accede. Los azteca lo invitan a la ceremonia, a la que acude el feliz padre, sólo para ver que los agradecidos tenochca sacrifican y desuellan a su hija, con cuya piel se viste un sacerdote (este ritual de quitar la piel y vestírsela seguirá en honor de Xipe Totec).
Ante el enojo de Culhuacán, los tenochca huyen al lago y se unen a sus hermanos ya establecidos ahí. Pasa el tiempo y convencen de nuevo a los de Culhuacán de que le otorgue un jefe para fundar una dinastía y así llega Acamapichtli.

Más tarde, en época de Itzcóatl (con quien comienza el poderío azteca) y, ante la actitud del jefe de Azcapotzalco, Maxtla,, al asesinar a Chimalpopoca, de Texcoco, y también al señor de Tlatelolco, se unen con los texcocanos y los de Tlacopan y se crea la famosa Triple Alianza.

Los tenochcas resultan más listos. Primero, se reparten el botín mayor entre ellos y los de Texcoco, dejando lo menor para Tlacopan, y luego se alzan como los líderes (en su historia, los triunfos sólo se los anotan ellos; los texcocanos sí le dan el crédito al azteca).

Es desde ésta época que Tlacaelel comienza a ser el poder tras el trono, y aconseja a Itzcóatl de que los códices anteriores a ellos sean quemados; los desaparecen y “rehacen” la historia. Es posible que por esta fechas haya nacido el mito del nopal y la serpiente.

Con Itzcóatl se inicia el avasallamiento de las tribus de Mesoamérica. Se incrementa con Moctezuma I, quien revivió la Guerra Florida (conseguir prisioneros para el sacrificio; sólo los de Tlaxcala proporcionaban más de cinco mil al año). Se entiende el odio tlaxcalteca.

Axayácatl es quien amplía los dominios hasta Oaxaca y Tehuantepec. Pero sufre una gran derrota contra los purépecha. En esta época entran en guerra con sus aliados de Tlatelolco.

Tenochtitlán sigue encumbrándose, los azteca son temidos y odiados. La mayoría de tribus no comparte su gusto por la carne humana. Los mexicas se comen a los prisioneros en rituales a Huitzilopochtli (aunque hay una tesis que apunta en otro sentido. Juan Miralles, autor de Hernán Cortés, inventor de México, ed. Tusquets, afirma que los aztecas, también practicaban el “canibalismo gastronómico”).

Con la subida al trono de Ahuítzotl, el imperio se extiende hasta Guatemala y hasta donde hoy es Tamaulipas. Para la inauguración del Templo Mayor emprende una campaña de dos años por el norte de Oaxaca y alcanza el récord en sacrificios humanos: Más de veinte mil víctimas fueron inmoladas en honor del dios de la guerra en 1487. El mismo Ahuítzotl sacaba los corazones acompañado de su aliado Nezahualpilli, quien no heredó la sensibilidad de su padre Nezahualcóyotl.

Ante esta “hazaña”, que se conoció “en los confines de Mesoamérica, todos temblaron ante la idea de que el rey azteca llegara reclutar prisioneros”. Este pavor, deformó el nombre y durante mucho tiempo en México se llamó “Ahuizote” a quien se le teme constantemente. El “Coco”.

Se entiende también por qué los señoríos zapoteca del valle de Oaxaca y de Tehuantepec, no presentan guerra a los españoles. Como las otras tribus sojuzgadas, los ven como a sus libertadores; porque muy dóciles no eran los zapotecas, como lo demostraron en el sitio de Guiengola:
“[…] de solamente las cabezas de los mexicanos, los naturales desta provincia hicieron una albarrada [muro o barda de piedra] que está en un cerro, que estará [a] dos leguas desta villa, que era antiguamente fuerza desta provincia […]” (Acuña, 1984: II: 114-115).

El último señor que disfrutó el poder fue Moctezuma el Joven, quien todavía pudo ofrecer a su dios de la Guerra “doce mil cautivos de una provincia de Oaxaca”. Lo dicen Tezozómoc, Torquemada y Durán, según Hubert. H. Bancroft.

Finalmente este Moctezuma rompió con lo último que le podría ser de ayuda: Texcoco. Resulta que Nezahulpilli se había casado con una hermana del rey azteca, quien resultó medio ninfómana. Hay que recordar que las leyes eran muy estrictas en este sentido, por lo que, en 1498, al caerle el señor Texcocano en la maroma a su consorte con varios mancebos, hizo uso de su derecho y la asesinó. Los tenochca mucho se enojaron, pero no pudieron hace nada.

Fue más tarde que el rencoroso Moctezuma se vengó al dejar que el ejército texcocano cayera y fuera destruido en una emboscada y, a la muerte de Nezahualpilli en 1516, el azteca nombró al sucesor sin tomar en cuenta al Consejo de Texcoco. El aspirante se levantó en armas y la alianza se rompió, para futuro infortunio de Moctezuma. Sólo faltaba que llegara Cortés.

Mesoamérica, como el resto del continente, estaba constituido por “naciones” o ciudades-Estado más o menos como en la Grecia de Alejandro Magno, como Atenas o Esparta (aunque no era una ciudad), o como los reinos italianos del Renacimiento: el de Nápoles, el de Venecia…

Es decir, no existía una nación como hoy la concebimos. Por eso se entiende la participación de los totonaca, tlaxcalteca o texcocano, en contra de los azteca. Por eso también no podemos decir: “nos robaron, violaron a nuestras mujeres…”, somos producto de españoles e indios. A menos que exista alguno que tenga más de 500 años de edad y sea de sangre pura, puede decir eso.

La Historia de Bronce
El culto a los héroes es casi tan antiguo como la humanidad, pero en México, se lleva a una exaltación tal, que se cree se debe a la sustitución del antiguo orden religioso que se comenzó a desplazar después de la Independencia; así se observa en la devoción que se le muestra a los huesos de nuestros héroes, como a las reliquias de un santo.

Ese encumbramiento o glorificación de los héroes sirvió para consolidar la identidad nacional y legitimaron la creación de la República. Así nació la “Historia de Bronce”, comenzando por Cuauhtémoc, que es héroe aunque haya sido derrotado. La exteriorización está en los versos del gran José Alfredo: “Con dinero y sin dinero […] sigo siendo el rey”.

Estas ideas chovinistas o patrioteras (creencia que lo del país o región o pueblo al que uno pertenece es lo mejor en cualquier aspecto), alcanzan su máxima expresión con José Vasconcelos al frente de la SEP. Todo lo indio se sublima: en libros, películas, en los murales que pintan nuestros grandes pintores, en poemas y canciones.

Eso se enseña en la escuela, donde se nos dice que los españoles “nos invadieron, nos robaron”… Identificándonos con los indios, con los derrotados…

Aquí sale ganando la Iglesia católica, porque, también por eso, dice Octavio Paz: “El mexicano venera al Cristo sangrante y humillado, golpeado por los soldados, condenado por los jueces, porque ve en él la imagen transfigurada de su propio destino. Y esto mismo lo lleva reconocerse en Cuauhtémoc, el joven emperador azteca destronado, torturado y asesinado por Cortés”.

Subliminalmente, se nos obligó a pensar que somos azteca, cuando hay descendientes de indígenas de lugares donde nunca se paró un mexica. Se nos hizo ver a nuestros héroes como dioses. Y deidades únicas a quienes hay que venerar y reverenciar ciegamente. Por eso sería un delito decir que Benito Juárez no habría podido lograr la gran obra sin colaboración de otros, por ejemplo.

Como se ocultó el pasado sanguinario de los azteca se nos ocultan los datos negativos de los próceres, que, finalmente, son seres humanos. No se habla de los asesinatos de Hidalgo, ni de las violaciones de los “villistas” o se disimula la decidida participación de la Iglesia en contra de la mayoría de las luchas.

O se expulsa del panteón liberal de la patria a quienes la “traicionaron”. Como a Miguel Miramón, que fue uno de los “niños héroes”, pero en la Guerra de Reforma estuvo del lado contrario y apoyó el Segundo Imperio.

O se omiten las acciones desprestigiantes del Ejército mexicano. (Hay qué ver cómo se pusieron los generales cuando se habló del ’68 en los libros de texto).
O se inventan mitos, como el vuelo con bandera de Juan Escutia; la hazaña del “Pípila”…

Nos “conquistaron” y nos cambiaron el color…
Sobre el tema inicial, señala Luis González de Alba en su libro Las mentiras de mis maestros:
“La psicología social mexicana tiene un magnífico tema de investigación en nuestra identificación con los vencidos y no con los vencedores, siendo hijos de ambos. Decimos que ‘ellos’, los españoles, llegaron y ‘nos’ conquistaron. ¿Por qué nos llamamos conquistados si también somos conquistadores? ¿No tenemos ojos de todos los colores y pieles de todas las tonalidades? ¿No nos llamamos Carlos, Miguel, Antonio, María, Carmen? Nos apellidamos González, López, Payán, Cárdenas, Aguilar, Toledo, Segovia, Cortés. La idílica y tonta visión que tenemos del imperio azteca la pensamos en español y cuando insultamos a España la insultamos en español. Un pueblo urgido de psicoanálisis éste, donde, a pesar de tanto indigenismo, los indios no pueden ni levantarse en armas sin que un güerito se lleve los reflectores: fatalidad digna de estudio”.

En El reverso de la Conquista (1963), un gran estudioso de la cultura prehispánica, Miguel León Portilla, ya señalaba que no podemos desligarnos de la otra parte de nuestro origen:
“Estamos persuadidos de que, acercándonos a la historia y a la literatura indígenas, sin hacer supresión anacrónica e imposible de lo Occidental, que es ya también nuestro, acabaremos de comprender en un contexto universal y humano nuestras raíces, nuestra deficiencias y verdadera grandeza para el presente y el porvenir”.

Hace más de ochenta años, Samuel Ramos, publicó El perfil del hombre y la cultura en México (1934), tomando como base las teorías de Adler dijo que el mexicano (de cualquier clase social) sufre un complejo de inferioridad. Debido a su baja autoestima se auto denigra, por eso imita otras formas de vida o de cultura. Octavio Paz hizo lo propio con El laberinto de la soledad en 1950.

Aunque algunos han criticado algunas posiciones de Ramos y de Paz, muchos de sus preceptos están vigentes. Porque la educación ha tenido más tiempo de inducir las ideas nacionalistas, que no patriotas, en los mexicanos. Y la Iglesia católica ha continuado su arduo trabajo de alienación.


Sobre esa Historia de Bronce (sin mencionarla) dice Paz. “Y otro tanto se puede decir de la propaganda indigenista, que también está sostenida por criollos y mestizos maniáticos, sin que jamás los indios le hayan prestado atención. El mexicano no quiere ser indio, ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega. Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la nada […]. Es pasmoso que un país […] sólo se conciba como negación de su origen”.

Estamos en un nuevo siglo, hay que estudiar de nuevo la historia. Esa historia que unificaron los gobiernos para fundamentar su proyecto de nación debe quedar a un lado. Eso ha dejado un culto morboso o necrófilo por los huesos de los héroes. Ha impregnado el alma de rencor, no ha permitido cicatrizar las llagas… no nos permite ver claramente el pasado ni entender el presente.

Esa historia también sirve para que los políticos o gobernantes en turno, se “vistan” de patriotas, hagan guardias, inauguren monumentos, presidan ceremonias, entreguen ofrendas y hagan discursos.