domingo, 16 de diciembre de 2018

COP24: humo negro en Katowice


 La Cumbre del Clima de este año (COP24) se ha desarrollado en Katowize (Polonia), capital de la región minera de Silesia. Parece que con ello el Gobierno polaco ha querido hacer un gesto con su importante sector del carbón, organizando en Katowize la reunión internacional más importante en la lucha contra el cambio climático, en un momento en que la salida del carbón se considera una necesidad ineludible para tener éxito contra el calentamiento. Quizás por ello, la necesidad de una transición justa en el cambio de modelo energético ha estado en esta reunión más presente que nunca antes en estas cumbres.

La presencia del lobby del carbón ha sido muy visible estos días en Katowize ya que han aprovechado su fuerza en la región para dejarse ver, pero, paradójicamente, el humo negro en esta ocasión ha venido de los petroleros. Estados Unidos ha liderado un grupo de cuatro países, junto a Rusia, Arabia Saudí y Qatar que han hecho lo todo lo posible por poner obstáculos en esta reunión para evitar avances en la lucha contra el cambio climático.

En esta ocasión el motivo de la trifulca ha sido el último informe del IPCC que advierte de la necesidad de evitar un aumento de las temperaturas globales por encima de 1,5º C. Los países petroleros han querido impedir la adopción del informe por la COP, porque supone aumentar el grado de ambición.

Si no aumenta la ambición y el compromiso de los países para la reducción de las emisiones con respecto a los Acuerdos de París, estamos ante un escenario de aumentos de la temperatura media más allá de 3º C. Es decir, los compromisos actuales son insuficientes para hacer frente la magnitud del problema que se nos viene encima.

El lamentable papel de Estados Unidos no puede ser pasado por alto. Dice Trump  que abandonan el Acuerdo de París, pero mientras lo hacen van a dejar tantos palos metidos en los mecanismos como les sea posible, para impedir que funcione. Se trata de un boicot brutal e inaceptable, que no está siendo denunciando con la suficiente firmeza por el resto de gobiernos, temerosos del poder norteamericano.  Si no van a colaborar, al menos que dejen trabajar a quienes si quieren comprometerse en esta difícil tarea. 

El problema de las negociaciones es que están yendo demasiado lentas. Hace falta muchas más ambición, y por ello el IPCC reclama medidas sin precedentes: la reducción de las emisiones en un 45% en 2030.  Si no se redobla el esfuerzo, de poco servirá lo que se ha hecho hasta ahora. A falta de solo una década para llegar a esa fecha limite, aquel mensaje de “dejar los combustibles fósiles en el suelo” cobra más fuerza que nunca.

Fuente: https://blogs.publico.es/ecologismo-de-emergencia/2018/12/16/cop24-humo-negro-en-katowice/

Condenan a exdirectivos de Ford por complicidad con la dictadura argentina

Dos ex altos cargos de Ford en Argentina condenados por crímenes de lesa humanidad por permitir, entre otros delitos, la instalación de un centro de detención clandestino en la misma fábrica.

Ford Falcón
La multinacional Ford se convirtió en símbolo de la dictadura. En la foto, un Ford Falcon montado en Argentina, un modelo utilizado por las fuerzas policiales y parapoliciales para la guerra sucia.
Exactamente 35 años y dos días de democracia ha tardado la Justicia Argentina en condenar la connivencia entre el poder económico y la dictadura militar que asoló el país entre 1976 y 1983. La sentencia contra dos exdirectivos de la multinacional estadounidense Ford es la primera que recae contra este sector hasta ahora impune, que sostuvo y propició, en muchos casos con una participación directa, el terrorismo de Estado que dejó 30.000 desaparecidos. “Lo imposible solo tarda un poco más”, dicen en la Agrupación Hijos de Desaparecidos (Hijos). Pero llega.

El Tribunal Oral Federal nº1 de San Martín, en Buenos Aires, condenó al entonces jefe de manufactura, Pedro Müller, y al responsable de seguridad de la planta que la automotriz tenía en la localidad de General Pacheco, Héctor Francisco Sibilla, a 10 y 12 años de cárcel respectivamente por delitos de lesa humanidad cometidos dentro de la misma fábrica. La sentencia incluye al represor Santiago Riveros, que deberá cumplir 15 años de prisión.

La condena los considera partícipes necesarios de los secuestros, detenciones ilegales y tormentos agravados que sufrieron 24 trabajadores de su plantilla, culpables de señalar a aquellos que debían ser perseguidos, y por permitir la instalación y funcionamiento de un centro clandestino de detención dentro de la propia fábrica.

Ya hay centenares de militares y policías imputados y cumpliendo penas de prisión, también representantes de la Iglesia, como el cura Christian Von Wernich. La condena a los exdirectivos de la multinacional Ford cierra el círculo y abre nuevas expectativas respecto a otras causas en las que están imputadas las personas responsables de empresas en las que la persecución política contra los trabajadores y trabajadoras se utilizó como arma de contención de la protesta social y laboral.

Como aclaró uno de los abogados de las víctimas, Tomás Ojea Quintana, este es un primer paso en que se ha condenado a personas, a individuos que ocupaban puestos de relevancia en la empresa, pero su próximo objetivo “es la sociedad Ford, que sea la empresa la que rinda cuentas.

Hasta el momento en Argentina solo había un antecedente en que la Justicia avanzara contra la responsabilidad empresarial en el genocidio de Estado. Una causa por la que en marzo de 2016 se condenó a 12 años de cárcel al dueño de la empresa de autobuses La Veloz del Norte, Marcos Levin, pero el juicio fue anulado por la Cámara de Casación Penal. Hace apenas dos meses, en septiembre de 2018, la Corte Suprema ha ordenado reabrir la causa.

Un símbolo

Pocas marcas como Ford tienen una vinculación tan fuerte con la dictadura. En casi todos los relatos de los llamados “años de plomo” e incluso en el libro Nunca Más, editado por la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (Conadep), siempre aparecen los coches de esta marca en el recuerdo nítido de las víctimas.

En Argentina decir Ford Falcon es decir Dictadura Militar. El color verde oliva de todas las unidades, chirrido de las ruedas y el olor a neumático quemado al salir disparados tras un secuestro, el ruido del motor en una esquina esperando un objetivo. Los golpes en los asientos traseros, el encierro en el baúl posterior.

Falcon fue el modelo de la multinacional estadounidense que los militares eligieron como medio de desplazamiento para sus “grupos de tareas”, las unidades policiales y militares dedicadas al secuestro en las calles de todo el país.

Solo en los primeros dos años de dictadura, entre marzo de 1976 y 1978, el Gobierno argentino —por entonces bajo las órdenes del dictador Jorge Rafael Videla— encargó la compra de 269 coches del modelo Falcon. A la par de un gran socio comercial, Ford se convertía en un cómplice de los años más negros del pasado reciente de Argentina.

El juicio por el secuestro y torturas de 24 trabajadores de la planta de General Pacheco ha demostrado que la misma empresa habría facilitado a los militares listas con los nombres del personal considerado sedicioso, pero muy especialmente de aquellos delegados sindicales que encabezaban los reclamos laborales de mejoras salariales y condiciones de trabajo.

En una época en que el tejido organizativo en las clases trabajadoras mostraba un músculo inusual, ésta metodología era la más común en las fábricas del país. Y no fueron pocas las empresas, de todos los rubros —también periodísticas— que notificaban a sus plantillas que si mantenían las demandas sindicales y laborales su situación podía complicarse. Amenazas veladas que se convertían en secuestros y torturas, en muerte o desaparición de quienes osaban seguir el camino de la lucha y las reivindicaciones.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/argentina/condenan-a-exdirectivos-de-ford-por-complicidad-con-la-dictadura-argentina

viernes, 14 de diciembre de 2018

Jake Weidmann, el joven maestro de la caligrafía

Cuando el artista Jake Weidmann(Denver, Colorado) vio cómo sus compañeros de colegio escribían sus notas en ordenadores portátiles. Weidmann decidió que todo lo escribiría a mano con lápiz y papel, así aprovechando cada oportunidad para practicar y perfeccionar su caligrafía exquisita. Recientemente ha sido designado como uno de los 14 maestros de la pluma por la IAMPETH Society.

Más abajo tenéis un vídeo donde Jake habla un poco sobre su proceso y muestra algunos de sus delicados pencraft. Un autentico espectáculo.

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jueves, 13 de diciembre de 2018

‘Per aspera ad astra’

El disco de oro de las sondas 'Voyager' contiene muchas otras cosas que pretenden describir nuestra especie y su posición en el cosmos
Ilustración cedida por la NASA que muestra las posiciones de la sondas espaciales Voyager 1 y Voyager 2 en el exterior de la helioesfera.

Ilustración cedida por la NASA que muestra las posiciones de la sondas espaciales Voyager 1 y Voyager 2 en el exterior de la helioesfera. EFE
 Por la penalidad a las estrellas, significa ese latinajo, y es uno de los mensajes grabados en el disco de la sonda Voyager 2, que acaba de abandonar nuestro sistema solar. Su colega Voyager 1 ya lo hizo en 2012, y llevando el mismo disco a bordo, pero cada sonda se dirige ahora a unos destinos estelares muy distintos. Nuestra protagonista, Voyager 2, llegará dentro de 40.000 años a las cercanías de Ross 248, una estrella situada en la constelación de Andrómeda, aunque demasiado débil para que la veamos con el ojo desnudo. Voyager 2 no va a posarse en ningún planeta para entregar su mensaje por correo certificado ni nada por el estilo. Si hubiera seres inteligentes allí dentro de 40.000 años, tendrían que salir a atrapar la sonda y poner a sus mejores matemáticos y lingüistas a descifrar el mensaje terrícola.

El disco de oro de las sondas Voyager contiene muchas otras cosas que pretenden describir nuestra especie y su posición en el cosmos. No sé hasta qué punto lo consiguen, pero desde luego plantean una interminable sucesión de preguntas de gran calado. El disco incluye imágenes de la vida cotidiana, como una mujer en un supermercado, un tipo calvo con evidente sobrepeso zampándose una chuleta junto a otro que está bebiendo con un porrón de vino, la página 6 de los Principia donde Newton explica su experimento mental de la bala de cañón que se pone en órbita y otro centenar de imágenes. Esto da por hecho, para empezar, que los marcianos de Ross 248 tienen ojos; que pueden interpretar esas imágenes, y por tanto necesitan algo similar a nuestro cerebro visual; que saben que comer y beber da placer y obesidad. ¿Es mucho suponer? Gran cuestión.

En otro ejemplo de osadía, esta vez del subgénero político, el disco contiene un mensaje de Kurt Waldheim, que era el secretario general de la ONU en 1977, cuando se lanzaron las Voyager. Diez años después, cuando las sondas andarían aún a la altura de Júpiter, los periódicos revelaron que Waldheim había trabajado para la inteligencia militar de la Wehrmacht, las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi. Si algún día un hombrecito verde descifra el disco de oro, nuestro primer embajador interestelar será un nazi. Planazo.

Otros cortes del disco presentan conceptos matemáticos, el átomo de hidrógeno, el sistema solar, la doble hélice del ADN, unas pinceladas de química elemental y un montón de música: Bach, Mozart, Beethoven, Stravinski, folclore de medio centenar de culturas y hasta el Johnny B. Goode de Chuck Berry. Cada uno de estos mensajes sugiere asuntos que tendrían ocupada a una manada de semiólogos durante la mejor parte de su vida. Por ejemplo, las diferencias entre Mozart y Stravinski pueden objetivarse con precisión matemática, pero ¿y las emociones tan distintas que nos produce cada compositor? ¿Se sentiría triste un marciano al oír un blues, eufórico con una marcha militar?
Mi mensaje favorito del disco de oro, sin embargo, es una grabación de las ondas cerebrales de Ann Druyan, escritora y productora de documentales científicos de gran calidad. Druyan se sometió al lector electroencefalográfico mientras pensaba en una serie de cosas acordadas, como los problemas de la civilización, la historia de la Tierra y el amor romántico. Un neurólogo humano no sabría muy bien qué hacer con esos registros cerebrales, pero quizá los Ross 248-ianos sean más listos y entiendan el fondo de la cuestión. ¿Seguro que a Druyan no se le escapó un pensamiento inconveniente? Per aspera ad astra.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/12/12/opinion/1544628623_522938.html?id_externo_rsoc=TW_CC

La felicitación navideña de la Agencia EFE de este año



David Harvey


David Harvey, legendario geógrafo y teórico marxista, es el primer entrevistado de la serie. De su mano, Qué Hacer se embarca en un viaje tras la estela de los flujos del capital en el planeta. Harvey encuentra en dichos flujos los orígenes de las crisis que nos afectan  — la social, la climática y la política– incluido el ascenso político de Donald Trump. Pero el profesor emérito de la City University of New York también observa puntos de tensión en el sistema que origina esas crisis. Tan implacable en sus métodos como ecléctico al elegir dónde poner la lupa, el académico británico ofrece un análisis totalizador, que nos invita a pensar qué nos trajo hasta aquí para así poder afrontar cómo salimos de esta.

Esta serie arranca con una premisa para enfocar soluciones políticas a tiempos convulsos: ‘Qué hacer?’Usted ha dicho alguna vez que si la energía que se emplea hoy en día en la ayuda humanitaria se dedicase a desarrollar modelos para superar el capitalismo nos iría mucho mejor como sociedad. Partiendo de esa base, ¿cómo respondería a la pregunta ‘Qué hacer?’
La revolución es un proceso. No es un acontecimiento, y es un proceso que tarda mucho en salir adelante y tiene que avanzar en diferentes frentes. Supone transformaciones en conceptos mentales sobre el mundo, las relaciones sociales, las tecnologías y también en estilos de vida. Ahora bien, cada uno de nosotros tiene una posición en nuestra sociedad, donde puede contribuir en alguno de estos frentes. Yo soy académico y puedo intentar influir en los conceptos mentales del mundo, pero sé que no es lo único que hay que hacer. Así, todos tenemos que emplear nuestras habilidades para lograr un proceso revolucionario que nos aleje de la locura del capitalismo contemporáneo para crear una sociedad cuerda en la que cada uno de nosotros tenga una vida decente y unas condiciones de vida decentes y conceptos razonables sobre un futuro decente.

Ha dedicado gran parte de su vida al estudio y la difusión de la obra de Marx. Muchos críticos del marxismo hoy en día –tanto en la derecha como en la izquierda– señalan que si bien esas ideas pudieron ser útiles para el siglo XIX, han dejado de ser relevantes. Usted no tiene inconveniente en abordar asuntos aparentemente dispares, según el mundo que le rodea cambia, desde el desarrollo tecnológico a la crisis climática. Para quienes no conozcan la obra de Marx o no la hayan leído, ¿por qué sigue teniendo valor, en pleno siglo XXI, dados los retos a los que nos enfrentamos, y el mundo en que vivimos?
Hay una historia del marxismo que es problemática, y tiene cosas muy buenas y cosas muy malas. Es como el capitalismo. Es como todo. Después están los escritos de Marx, que me impresionan particularmente. Lo que hacía era abstraerse de las actividades cotidianas de una economía y trataba de contribuir al entendimiento del modo en que funciona el capital. El capital tan solo es la producción de valor y plusvalías a través de una serie de configuraciones y actividades, y en la época de Marx, ese sistema de llevar el pan a la mesa y todo ese tipo de cosas, ese sistema existía sólo en un relativamente pequeño rincón del mundo. Ahora, el mundo entero está atrapado es el modo de producción capitalista. Si vas a China, lo ves. Si vas a India, lo ves. Si vas a Brasil, lo ves. Vayas adonde vayas, lo ves.

De modo que no escribía sobre el siglo XIX. Escribía sobre algo llamado capital y sobre cómo funciona el capital. El capital sigue con nosotros, y sigue haciendo cosas muy perjudiciales y sigue haciendo algunas cosas muy fascinantes, y Marx tiene un modo de analizarlo que examina sus contradicciones. Por una parte, desarrolla tecnologías nuevas. Por otra parte, observamos cómo estas nuevas tecnologías no se emplean para liberar a los seres humanos y emanciparlos, sino para generar más riqueza y poder para unos pocos. La economía contemporánea tiende a evitar las contradicciones. No le gustan las contradicciones, así que finge que no existen. Ahora bien, Marx va y dice que el capital por definición es contradictoria, y si quieres un análisis sobre el funcionamiento de las contradicciones, tienes que ponerte y tienes que estudiar a Marx.

Ha desarrollado en su trabajo la idea de que el modo en que salimos de una crisis –la manera en que nos enfrentamos a las contradicciones que nos arrojaron a ella– determina la siguiente crisis. Me pregunto, una década después de la última gran crisis financiera, ¿ha observado algo en la manera en que salimos de ella que le ayude a explicar la situación política en EE.UU. y el resto del mundo?
A toda crisis que ha tenido lugar desde la década de 1980 le ha seguido lo que llamamos una recuperación sin empleo, que es como se encuentra la clase trabajadora que no se ha recuperado de la crisis. El capital se ha recuperado, pero la gente no. En 2009, las estadísticas oficiales mostraban que nos habíamos recuperado, pero todo el mundo sabía que no había trabajo. No había trabajos decentes. Las crisis son una de las maneras que tiene el capital para renovarse, de modo que no suponen el final del capitalismo. En realidad son un modo de reconfigurar el capitalismo, y creo que cabe preguntarse si 2007, 2008 era el modo en que iba a reorganizar el capital. Bien, en múltiples aspectos no se reorganizó en absoluto. Mi interpretación del neoliberalismo fue que desde el principio fue un proyecto político acerca de la consolidación y la creciente concentración de la riqueza y el poder dentro de la clase capitalista, y que la concentración ha continuado.

Algunos leímos la elección de Trump, de la mano del Brexit y otros fenómenos, como una señal del fin de la era neoliberal. Como, entre otras cosas, historiador del neoliberalismo, ¿la leyó usted del mismo modo? Me refiero en concreto a su decisión de sacar a EEUU de acuerdos comerciales como el TPP o el NAFTA, sus promesas de crear puestos de trabajo, etc. Un año después de su elección, ¿cómo interpreta el ascenso político de Trump y su encaje con el proyecto neoliberal?
Los únicos que verdaderamente se han beneficiado de la crisis de 2007-2008 fueron el 1% más rico y el 0,1% más rico, mientras que todos los demás perdían. Una de las cosas que ha cambiado es que después de 2007-2008 ya no era posible alegar ideológicamente que los mercados lo resolverían todo. El neoliberalismo era inestable y era probable que evolucionara en algo que se haría muchísimo más autoritario. El neoliberalismo generó una gran desilusión. Las poblaciones cada vez se sentían más alienadas en sus puestos de trabajo. De modo que los trabajos dignos cada vez eran más difíciles. La vida cotidiana cada vez era más agobiante, y la política no hablaba de esa alienación.  Entonces apareció Donald Trump y habló de ello de un modo u otro, de forma que las poblaciones alienadas no necesariamente votan a la izquierda. Pueden volverse neo-fascistas. Pueden ir en cualquier dirección y creo que existía cierto anhelo, en muchos sectores de la población alienada, de que se produjera una alteración de algún tipo.

Lo que Donald Trump prometió fue alteración y lo que por supuesto ha proporcionado ha sido alteración. Creo que es significativo que haya recurrido a Goldman Sachs para sus nombramientos económicos y que Goldman Sachs haya controlado el Departamento de Tesoro de EE.UU. desde aproximadamente 1992. Trump ha eliminado normativas que detenían la concentración de mayor riqueza y poder, de modo que no ha adoptado ninguna medida en absoluto en ese sentido. Solo ha continuado el proyecto neoliberal porque él es la quintaesencia del hombre neoliberal en persona. Hay un estancamiento general, y, a la vez, la continua acumulación de riqueza y poder por parte de los que cada vez se están convirtiendo más en una especie de oligarquía global. Entonces surge la pregunta: ¿de quién es la culpa?

Ahora bien, se puede echar la culpa al capital. Yo culparía al capital, pero a los capitalistas no les gusta que les culpen de las crisis. Les gusta echar la culpa a otros, de modo que los inmigrantes son el problema o la deslocalización es el problema desde las décadas de 1970 y 1980.La pérdida de empleo en la fabricación se debe al cambio tecnológico, no a que se envíe a China, no a que se envíe ahora. Si te presentas a unas elecciones y dices que estás en contra del cambio tecnológico mira lo lejos que puedes llegar. Si te presentas y dices que esa pérdida de empleos tiene que parar, que tenemos que impedir la entrada a los inmigrantes y tenemos que culpar a alguien más, ¿a quién culpamos? A China, y así tenemos ahora mismo las políticas en contra de los inmigrantes y las políticas en contra de China. Ahora bien, esto es interesante. China, dijo Trump, el primer día que suba al poder, me encargaré de eso. ¿Ha sido capaz de encargarse de ello? En absoluto. ¿Quién posee la deuda de EE.UU.? China. Y ese fue un momento interesante en la crisis, que es cuando aparecen Fannie Mae y AIG, las dos grandes compañías aseguradoras. El 60% de las acciones de estas instituciones pertenecían solo a los chinos y a los rusos, y en 2008 los rusos fueron a los chinos y les dijeron: “Vendamos todas nuestras acciones, colapsemos el mercado de Estados Unidos”.  Si lo hubieran hecho, habría sido un desastre. Los chinos no lo hicieron porque no tenían ningún interés en arruinar la economía de EE.UU. porque esa economía es su mercado principal. A los rusos les da igual el mercado de EE.UU. porque no es importante para ellos. Pero esta es la situación: si Estados Unidos intenta presionar demasiado a China en cuestiones comerciales, China tiene mucho poder sobre la economía estadounidense. Si EE.UU. empieza a dejar de vender sus productos en el mercado, entonces los chinos dirán, está bien, no tenemos razón alguna para mantener tan precipitadamente el mercado de EE.UU. Vamos a deshacernos de toda la deuda, y entonces veremos qué le pasa con el endeudamiento de Estados Unidos.

El imperialismo es un concepto al que ha dedicado gran parte de su trabajo, incluido un libro completo. Sin embargo, últimamente ha dicho que ya no le parece un concepto útil para entender el mundo. ¿Por qué lo cree así? ¿Tiene algo que ver con su análisis de los flujos del capital y el advenimiento de una clase rentista global?
No creo que la explotación de la gente en una parte del mundo por alguien que está en otra parte del mundo haya cesado en absoluto. De hecho, se realizan enormes transferencias de valores principalmente en tiempos de crisis. Ese 1% de más ricos en realidad ha alcanzado ese puesto gracias a transferencias masivas de riqueza de la población mundial general a dicha clase, y de este modo, se trata más de una cuestión de clase que del hecho de que una parte del mundo domine a otra.
¿Puede la gente conservar su patrimonio? ¿Puedes obtener ingresos sobre las rentas, sobre alquiler de propiedades, de inmuebles? Y, cada vez más, por supuesto, en los últimos 50 años, se imponen los ingresos sobre la propiedad intelectual. Hay muchas corporaciones capitalistas que creen que unos ingresos sobre la propiedad intelectual es lo único que han de tener y que no tienen que producir nada. De modo que hay organizaciones como Google o Facebook u otras parecidas que son la base de fortunas tremendas que acumulan unos pocos basadas en el cobro de réditos. Cuando se observa la estructura de los activos del 1% o el 0,1% de los más ricos, dos tercios de los activos son en propiedad o similar. La gente muy, muy, muy rica está empezando a dedicarse a este proceso de acumulación de tierras. Un gran pedazo de la Patagonia pertenece a una sola familia.

Deteniéndonos por un momento en el medioambiente, ¿cómo relaciona la emergencia de esa oligarquía global con la crisis climática a la que nos enfrentamos? Pareciera que la decisión de Trump de sacar a EEUU del Acuerdo de París no hará más que ahondar en esa crisis. ¿Comparte el diagnóstico?
El contexto de esto es que hay algún tipo de relación con la naturaleza, una relación metabólica con la naturaleza. Marx se refiere a esto como regalos de la naturaleza, y para que el capital sobreviva tiene que haber un caudal de estos regalos de la naturaleza, lo cual supone que tiene que estar en posición de apropiarse o si se quiere emplear otro lenguaje, saquear los regalos que ofrece el entorno natural que entonces se puede incorporar en el sistema de circulación.
Por ejemplo, hemos hablado de por qué Trump no organizó un vasto proyecto de infraestructura. ¿Quién organizó un enorme proyecto de infraestructura en 2007, 2008? China. Los chinos consumieron en dos años más cemento, un 40 % más de cemento que los Estados Unidos en 100 años. Necesitaban resolver el problema del desempleo. Resolvieron ese problema descargando en el entorno, y el resultado ahora es un desastre medioambiental en muchos sentidos. Ahora bien, los chinos son conscientes de ello y ahora están diciendo que muy bien, vamos a tener coches eléctricos y a reorganizar la sociedad porque ahora tenemos que solucionar el problema medioambiental. A esto me refiero cuando digo que el capital traslada sus problemas. Tenían un problema de desempleo. Lo solucionaron, pero ahora tienen un problema medioambiental. ¿Y cómo lo van a resolver? Bueno, lo harán con otra cosa y  probablemente descubriremos que hay dificultades financieras. Esto está conectado con el hecho de que el capital como sistema tiene que crecer. No puede ser siempre el mismo.

Creo que el Acuerdo de París era sumamente deficiente. Intentó resolver el problema del cambio climático recurriendo a las fuerzas del mercado, y creo que en realidad las fuerzas del mercado son el problema y no la solución. No estoy particularmente molesto con que Trump se saliera de él.
Cómo idear una transición en la que la mayoría de nosotros no pase hambre  me parece que tiene que ser parte de lo que consista cualquier revolución o transformación. Creo que sigue habiendo una tendencia en la sociedad que establece esta distinción cartesiana entre humanidad y naturaleza o cultura y naturaleza, y economía y naturaleza como si fueran dos compartimentos separados, pero soy tristemente célebre por decir que no hay nada antinatural en la ciudad de Nueva York. Las hormigas construyen hormigueros. Los seres humanos construyen ciudades. Es decir, que … los castores construyen presas. Todos los organismos a cierto nivel transforman sus entornos de manera que se suponen positivos para ellos. En lugar de verlo como un conflicto entre cultura y naturaleza, lo veo como un conflicto entre posiciones, si se prefiere o entre poblaciones, que están discutiendo que deberíamos estar yendo en otra dirección.

La cuestión es a quién beneficia todo esto. Ahora mismo, las transformaciones medioambientales son esencialmente las que dicta el capital, que no se está organizando para el bienestar de la población. Aquí en Nueva York, por ejemplo, hay un enorme boom inmobiliario en el que todo son estructuras de inversión para ingresos altos. Tenemos una crisis de vivienda asequible. Estamos construyendo para los multimillonarios de los estados del golfo y Rusia y de allá donde se pueda invertir, de modo que puedan tener un lugar para venir come y quedarse dos semanas al año en las que van de compras o lo que sea. Es una locura. Es una economía demente, y sigo pensando para mis adentros que es tan demente que no entiendo por qué la gente lo sigue tolerando. Esto se debe al hecho de que el proyecto neoliberal de concentración de la riqueza y poder está cambiando la forma de nuestras ciudades convirtiéndolas en ciudades para invertir, no en ciudades para vivir.

Hay un concepto que usted desarrolló mucho antes del ascenso de Trump, y que tiene especial resonancia en el momento político actual: la alienación universal. ¿En qué consiste esa idea, qué manifestaciones tiene, y cómo puede ayudarnos a entender el presente e imaginar el futuro?
Es interesante, muchas de las revueltas que han tenido lugar en el mundo en los últimos 15 o 20 años han sido en torno a problemas urbanos. El parque Gezi en Turquía, las revueltas en ciudades brasileñas en 2013, etcétera. Mucho descontento en zonas urbanas, incluso sobre asuntos como la vigilancia policial y demás… Estamos viendo muchos disturbios urbanos, y tiendo a pensar que se trata de una de las zonas clave de organización y reflexión, el lugar donde realmente podemos cambiar la naturaleza del capitalismo. No solo luchando por los problemas en el lugar de trabajo, algo que sigue siendo tremendamente importante, pero también luchando por unas nuevas condiciones en el espacio vital donde todos podamos tener un hogar decente y un entorno decente e imaginemos una vida cotidiana decente.

Cuando la gente empieza a decir qué sentido tiene mi vida, qué sentido tiene mi trabajo, y las encuestas indican que aproximadamente el 70 % de la población en Estados Unidos bien odia su trabajo o bien le es absolutamente indiferente de lo que trata… Cuando piensas en las novedades que ahorran tiempo en el hogar, pero si vas por las casas y preguntas: “¿tienes mucho tiempo libre?”, la respuesta es que no tenemos tiempo libre en absoluto. Una de las genialidades de Marx fue sugerir que el tiempo libre es señal de una gran sociedad, pero el hecho es que incluso la vida diaria en la ciudad te absorbe. Que si llevo la televisión a arreglar e invito a alguien a casa… y las frustraciones de hacer frente al seguro médico… y lo que se te ocurra. El papel de la maquinaria no es la de facilitarte el trabajo. El papel de la maquinaria es establecer una situación donde el capitalista puede obtener más plusvalía. Por este motivo la maquinaria no revertirá en beneficio del trabajo. Siempre se utilizará bajo el capitalismo para beneficiar al capital.

Lo mismo se aplica a los procesos culturales de consumo. Todos hemos visto esa especie de pequeños robots que merodean por el suelo y lo limpian por ti y ese tipo de cosas, pero ¿cuál es propósito de todo eso? ¿El propósito es darle tiempo libre a la gente o en realidad es llevarla a una situación en la que cada vez es más consumista? De modo que el consumismo consiste en liberar a la gente de las labores domésticas para que puedan salir y comprar. Es decir, la gente no tiene tiempo de tumbarse ni el derecho a vaguear. Eso provoca mucho estrés y mucha alienación, porque ves que estás sumamente ocupado, pero ¿con qué propósito y para el propósito de quién? Y sabes que no es tu propósito. Es el propósito de otro. ¿El propósito de quién? Creo que es probablemente uno de los problemas más serios que subyacen en gran parte de las turbulencias políticas que estamos viendo.

 Si quieres ver la entrevista completa en  vídeo: https://agora.ctxt.es/quehacer/david-harvey

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Las construcciones del Ártico están en peligro por el deshielo del permafrost

La mayoría de las infraestructuras árticas, incluidas las industriales y de transporte, estarán en riesgo a mediados de siglo debido al deshielo. Esto ocurrirá aun si se cumplen los objetivos del Acuerdo de París.

<p>Una casa privada al norte de Fairbanks (Alaska) se está hundiendo de manera desigual en el permafrost por el deshielo / Vladimir Romanovsky</p>
Una casa privada al norte de Fairbanks (Alaska) se está hundiendo de manera desigual en el permafrost por el deshielo / Vladimir Romanovsky

En 2050, aproximadamente tres cuartas partes de la población actual en el área del permafrost en el Ártico podrán verse afectadas por daños en sus infraestructuras debido al cambio climático, según un estudio liderado por la Universidad de Oulu (Finlandia) y publicado en Nature Communications.

Este deshielo cercano a la superficie daña de forma crítica las infraestructuras, lo que representa una grave amenaza para la explotación de recursos naturales y para el desarrollo sostenible de las comunidades del Ártico. Debido a la creciente relevancia económica y ambiental de esta zona del planeta, los científicos subrayan la necesidad de información precisa sobre los riesgos en estas construcciones.

El 70% de las construcciones industriales y transporte en peligro

 El 45% de los campos de extracción de hidrocarburos en el Ártico ruso están en regiones con suelos inestables por el deshielo

Un edificio de apartamentos en Chersky, Rusia, parcialmente destruido por deshielo del hielo congelado en una de sus secciones / Vladimir Romanovsky
Un edificio de apartamentos en Chersky, Rusia, parcialmente destruido por deshielo del hielo congelado en una de sus secciones / Vladimir Romanovsky

Los investigadores evaluaron los riesgos de las estructuras de ingeniería para 2050. Según apuntan sus resultados, la mayoría de la población panártica (aproximadamente cuatro millones de personas) y el 70% de las infraestructuras de transporte e industriales están en áreas con alto riesgo de deshielo del permafrost, incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero se estabilizaran o se redujesen.

El estudio indica que un tercio de esta infraestructura panártica y el 45% de los campos de extracción de hidrocarburos en el Ártico ruso se encuentran en regiones donde la inestabilidad del suelo relacionada con el deshielo podría causar daños graves al entorno de sus construcciones.

Además, según resaltan los autores, sus conclusiones demuestran la necesidad de evaluaciones de riesgo detalladas en las infraestructuras de un mundo que se calienta.

 Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Las-construcciones-del-Artico-estan-en-peligro-por-el-deshielo-del-permafrost

martes, 11 de diciembre de 2018