Mostrando entradas con la etiqueta David G. Jara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David G. Jara. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de octubre de 2018

Estiércol en rama

Resultado de imagen de Viscum album
https://asociacionconciencia.wordpress.com/2018/01/22/viscum-album/
...
   El muérdago (Viscum album) incluye a una enorme variedad de plantas distribuidas por todo el planeta, pertenecientes a cinco familias vegetales diferentes pero que, a pesar de ello, poseen características comunes entre ellas. En primer lugar, se trata de organismos hemiparásitos, es decir: poseen cloroplastos y clorofila y, por tanto, realizan la fotosíntesis; pero el agua y los minerales que necesitan para llevar a cabo este proceso (que otras plantas extraen del suelo a través de sus raíces) los obtienen de otro vegetal al que parasitan. Para robar los recursos de otro vegetal, el muérdago desarrolla unas estructuras en forma de pequeños tubitos llamados "haustorios", los cuales introducirá en los vasos leñosos de su hospedador. A través de los haustorios, el parásito acapara parte del agua y las sales que su presa ha recogido, y los utiliza para llevar a cabo la fotosíntesis.
   Otro aspecto común a la mayoría de los muérdagos -con algunas excepciones- es que necesitan utilizar un vector que propague la semilla por las ramas de los árboles. Así, para cazar un lindo pajarillo que transporte sus semillas hacia un nuevo hospedador, el muérdago dispone de un rico y vistoso fruto en forma de baya que las aves no dudarán en ingerir. Cuando el fruto atraviesa el tubo digestivo del animal, una sustancia llamada "viscina" ve incrementada su viscosidad, lo que provoca que cuando parte de su fruto sea regurgitado o defecado quede adherido al pico o a la cloaca del pájaro, y este no tenga otro remedio que frotarse contra la rama del árbol para deshacerse de tan pegajosa sustancia. Esta pringosa estrategia permite al muérdago aumentar las probabilidades de que sus semillas sean depositadas sobre las ramas de un árbol y no caigan al suelo, donde nunca podrán germinar. Debido a este mecanismo de propagación que utiliza el muérdago, antiguamente se creía que la planta se originaba directamente de las heces de los pájaros, y por tal motivo se le dio el nombre de "muérdago", que significa "estiércol en rama"...

https://asociacionconciencia.files.wordpress.com/2018/01/muerdago_aves.jpg

David G. Jara

jueves, 20 de septiembre de 2018

¡Te quiero!... pero de lejos

....
Imagen relacionada
Salsola kali dispersando sus semillas mientras gira arrastrada por el viento.
   Es difícil encontrar en la historia de la humanidad otro contexto social que sea similar al que vivimos en la actualidad, en el que individuos ya dentro de su tercera década de vida mantengan comportamientos y necesidades que antes solo se les admitían a los preadolescentes. Y si en el curso de las complejas y heterogéneas sociedades humanas no existe un claro trasunto de esta situación, ni que decir tiene que en el resto de la naturaleza tampoco nos será posible encontrar algo parecido. Lo cierto es que la mayoría de los animales ni siquiera se preocupan de sus descendientes, y los que cuidan de sus crías invierten el tiempo indispensable para enseñarles todo aquello que necesitan saber para defenderse por sí solos durante una vida independiente. En el mundo de las plantas, la cosa es aún más radical: en general, cuanto más lejos de sus progenitores se desarrollen los vástagos, más probabilidades tendrán de sobrevivir, tanto ellos como su especie. Así, mientras que en nuestra sociedad algunas madres acaban irrumpiendo en la peña durante las fiestas del pueblo para asegurarse de que su chiquitín de treinta y tantos ha echado el aire del último cubata, por su lado -y como radical contraste-, los progenitores vegetales se quitan a sus hijos de encima incluso antes de que estos hayan nacido.
   Múltiples investigaciones han llegado a la conclusión de que, al menos de un modo general, el índice de mortalidad de las semillas tiende a ser muy elevado cuando estas tratan de germinar junto a los que han sido sus progenitores. En cambio, las opciones de supervivencia de aquellas que consiguen separarse de la protección de sus papás aumentan radicalmente  al alejarse de ellos. Los científicos han comprobado que la mayor parte de los depredadores que se alimentan de las semillas y de los pequeños plantones se acumulan próximos a los vegetales adultos; que allí, en el mundo de los mayores, las enfermedades infecciosas presentan una mayor prevalencia debido a la proliferación de patógenos entre los individuos adultos; y sobre todo, que en el hogar parterno la competencia por los nutrientes, el agua y la luz suele ser tan intensa que pone en serias dificultades a cualquier pequeño vegetal que quiera salir adelante. Mas la importancia de germinar lejos de casa no se limita a escapar de los inconvenientes que presenta vivir bajo las estrictas normas de papá y mamá, sino que también dota al vegetal de la posibilidad de "conocer mundo" y colonizar nuevos territorios. Teniendo en cuenta que las condiciones ambientales que se dan en el hábitat concreto dentro del que se desarrolla una especie vegetal pueden verse modificadas con el paso del tiempo, dispersar las semillas hacia otros entornos podría ser la clave para asegurar la supervivencia de la especie.
   Tan importante resulta tomar distancia de los progenitores que la evolución ha dotado a las plantas de una enorme cantidad de increíbles adaptaciones para catapultar lo más lejos posible a sus futuros descendientes. La multitud de mecanismos que implementan los vegetales para dispersar sus semillas nos confirman la gigantesca plasticidad que poseen unos organismos que, para algunos -claramente equivocados-, tan solo conforman elementos decorativos con los que engalanar las calles y parques de la ciudad.
   Con frecuencia, el proceso de dispersión de las semillas puede ser un evento solitario, pues algunas de ellas emigran de forma individual en busca de su destino; en otras muchas ocasiones, sin embargo, las semillas viajan en grupo, protegidas por el fruto que fabricaron sus progenitores. Incluso, en algunos casos concretos (Salsola kali) es la propia planta la que se pone en marcha para asegurarse de dispersar adecuadamente sus semillas....
Resultado de imagen de semillas de ulmus
Sámara de Ulmus sp
El reino ignorado
David G. Jara   

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Toxinas en la cocina

Resultado de imagen de almendras
https://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/salud/article22498314.html
Las plantas poseen una variedad inmensa de venenos, y solo la selección artificial que, poco a poco, los humanos hemos ido realizando ha permitido que en la actualidad podamos consumir miles de especies vegetales sin asumir demasiados riesgos. Sin embargo, que un vegetal sea comestible no quiere decir en modo alguno que se se encuentre totalmente libre de tan peligrosas sustancias: muchas de las frutas, verduras y hortalizas que consumimos diariamente conservan las toxinas de sus antepasados no domesticados. Mas no debemos preocuparnos demasiado, ya que la cantidad en la que estos venenos aparecen entre nuestros alimentos suele ser muy pequeña; y, tal como acertadamente dijo Paracelso: solo la dosis hace el veneno.
   Así, el fruto del almendro (Prunus dulcis), especialmente cuando aún no ha alcanzado su grado óptimo de madurez, a veces contiene, como una misérrima herencia de sus tatarabuelos silvestres, pequeñas cantidades de un compuesto tóxico llamado "amigdalina". Esta sustancia -que, por otro lado, también aparece en los huesos de albaricoques, ciruelas y melocotones o en las pipas de las manzanas- pertenece a la categoría de los glucósidos cianogénicos, que son utilizados por más de de 2.500 especies diferentes de vegetales como mecanismo de protección Cuando el fruto del almendro, sobre todo en sus variedades salvajes, es dañado por la acción de un insecto o de un herbívoro, la amigdalina se escinde en otras dos sustancias: el amargo benzaldehído y el letal cianuro. El primero, debido a su desagradable sabor, avisa al animal de la equivocación en la que está incurriendo; y el segundo, impidiendo que las células del comensal utilicen el oxígeno del aire en su metabolismo, lo golpea si este ha cometido el error de hacer oídos sordos a la amarga advertencia. Pese a ello cuando, tranquilamente apoyados en la barra de un bar con una caña bien fresquita, entre el plato de almendras que nos han puesto como tacaño aperitivo nos topemos con la desagradable almendra amarga no debemos preocuparnos demasiado: la cantidad de amigdalina que presenta es tan pequeña que necesitaríamos ingerir varias docenas de ellas, tan acibaradas como la hiel, para empezar a sentir ligeramente los síntomas de un intoxicación por cianuro.
   Es cierto que la selección artificial ha sido la principal responsable de que las toxinas naturalmente presentes en los vegetales hayan desaparecido en las variedades comestibles, o que al menos su cantidad se haya visto drásticamente disminuida. Sin embargo, bajo algunas circunstancias especiales, la concentración del veneno en las plantas domesticadas puede verse puntualmente incrementada, y de ese modo manifestar de forma inesperada sus nocivos efectos. Precisamente, tan inusual circunstancia acaeció, allá por el año 1969, en un escuela de Londres, cuando 78 de los 300 niños que habitualmente almorzaban en el comedor del colegio tuvieron que ser atendidos en el hospital con síntomas de envenenamiento, que fueron atribuidos a la ingesta de... ¡patatas cocidas!

Solanum tuberosum.JPG
Solanum tuberosum. Patatera https://ca.wikipedia.org/wiki/Patatera#/media/File:Solanum_tuberosum.JPG
   La patata (Solanum tuberosum), así como otras plantas comestibles de la familia de las solanáceas como el tomate o la berenjena, utiliza glicoalcaloides tóxicos  para protegerse de los herbívoros y de los hongos parásitos. Estos tóxicos aparecen en concentraciones apreciables tanto en la planta como en los frutos verdes, aunque en estos últimos prácticamente desaparecen al madurar. Los tubérculos de las solanáceas, como la patata, también poseen glicoalcaloides, pero en cantidades tan minúsculas que resultan totalmente inofensivos. De modo que ¿cómo pudieron las patatas provocar un intenso cuadro de vómitos, diarrea y somnolencia en aquellos escolares? Lo médicos encontraron en los restos de las patatas que habían ingerido los niños niveles los glicoalcaloides tóxicos que triplicaban las cantidades que normalmente presenta este tubérculo. Parece ser que aquellas patatas procedían de una remesa que había sido almacenada durante todo el verano, y que las condiciones de almacenamiento no habían sido las más adecuadas, razón por la cual se produjo un incremento significativo en los glicoalcaloides tóxicos típicos de las solanáceas. Se sabe que las condiciones de luz y temperatura influyen drásticamente en la concentración de los tóxicos en la patata. Así, en presencia de luz, la cantidad de una de estas sustancias tóxicas que contiene el tubérculo se cuadruplica en solo 24 horas al pasar de los 7 a los 16ºC, y se multiplica por nueve cuando la temperatura de almacenamiento alcanza los 24ºC. Aunque las intoxicaciones debidas a estas sustancias son muy raras y sus síntomas suelen limitarse a leves indisposiciones gastrointestinales, si queremos evitar cualquier mínima posibilidad de vernos afectados por ellas, debemos almacenar las patatas en lugar fresco y oscuro, y evitar las partes verdes del tubérculo o aquellas en las que haya empezado a brotar un pequeño tallo.....

David G. Jara

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Amigos para siempre


(Pedicularis humanus )
Pulgas y garrapatas son bichejos que parasitan al hombre casi por casualidad, ya que en realidad gustan de la sangre de muy diferentes animales. Muchas veces se conforman con dar un trago del fluido que circula por ratas y conejos, mientras que otras tienen la suerte de topar con un gran reserva en forma de can, venado o, ¡mejor aún!, de humano. Sin embargo existe otro minúsculo vampiro de gustos mucho más sibaritas, que renunciando a roedores y perros solamente se digna a escanciar la sangre humana. Ese irritante insecto, que a principios de septiembre vuelve junto a nuestros niños a retomar sus tareas en el cole, es el piojo.
    En realidad existen muchos tipos diferentes de piojos que afectan a innumerables especies distintas, pero cada una de ellas ha evolucionado junto a su propio hospedador y solo tiene ojitos para él. En este aspecto los humanos somos unos privilegiados pues no tenemos una sola especie de piojo rendida a nuestros pies, ¡tenemos dos! Y por si esto no fuera suficiente, una de ellas ha originado otros dos tipos de piojos que se han especializado en colonizar lugares diferentes de nuestra anatomía. De esta forma cuando hablamos del piojo humano en realidad tenemos que hacerlo en plural, pues somos portadores del piojo de la cabeza (Pediculus humanus capitis), del piojo corporal (Pediculus humanus corporis) y del, más íntimo y cariñoso, piojo púbico (Pthirus pubis) que se le conoce comúnmente como ladillas.
    Podríamos pensar que en realidad todos los animales presentan esta gran variedad en cuanto a bichejos corporales, pero en realidad no es así. Entre nuestros primos más cercanos los hay como los orangutanes que ni siquiera tienen piojos, y otros como chimpancés y gorilas que sí los presentan pero se limitan a un único tipo de espécimen. Así que, paradójicamente dada la escasez de pelo que cubre nuestro cuerpo, la diversidad piojosa que cobija y alimenta nuestra especie es anormalmente alta comparada con nuestros peludos parientes. Somos una especie de paraíso semidesértico que por alguna razón vuelve locos a estos insectos.
    Empecemos por el desagradable e incómodo piojo púbico que se acomoda entre e vello de nuestras partes más pudendas, alimentándose tranquilamente con la esperanza puesta en colonizar nuevos territorios cuando su portador mantenga contactos íntimos con una desprevenida pareja. Bueno pues este bicho que recorre lentamente las cada vez menos frondosas regiones púbicas está emparentado con los piojos que actualmente martirizan a los gorilas. Lo más probable es que el piojo del gorila se transmitiese y posteriormente evolucionase en nuestros antepasados cuando estos coexistían en hábitats donde también hacían sus nidos los enormes primates herbívoros.
    Si nuestro piojo púbico tiene sus raíces en un parásito de los gorilas, el piojo de la cabeza y el corporal no va a ser menos y evolucionaron de un ancestro común al piojo que actualmente inoportuna a los chimpancés.
   En realidad hasta hace relativamente poco tiempo de estos dos tipos de piojos existía solo el primero, y únicamente nuestra "manía" por envolvernos en tejidos, permitió la aparición del segundo.Cuando los humanos comenzaron a utilizar de forma sistemática atuendos para cubrirse, se estima que eso fue hace entre 70.000 y 40.000 años, las diferentes partes de nuestro cuerpo se comportaron como barreras geográficas que a su vez provocaron la aparición de un nuevo tipo de piojo. Así como consecuencia del uso de tejidos surgió una variante del piojo de la cabeza que se especializó en vivir entre las costuras de las vestimentas.  Siendo mucho menos frecuente, suele ser portador de peligrosas enfermedades. No en vano este insignificante insecto fue uno de entre los varios agentes responsables del estrepitoso fracaso de los ejércitos de Napoleón en su intento de invadir Rusia.
   En el año 2001 se descubrió una fosa común en la que se amontonaban los restos óseos de 717 individuos. Los cuerpos pertenecían  un batallón del ejército de Napoleón que en el año 1812 se batía en retirada tras su "exitosa" campaña por tierras rusas. Analizando la pulpa dental de algunos de estos cadáveres se localizó ADN que no pertenecía a ninguno de los infortunados soldados, sino a dos especies diferentes de bacterias. El ADN pertenecía a dos microorganismos que son transmitidos a través del piojo corporal y producen mortales enfermedades que se vuelven epidémicas en época de guerra y hambruna: la fiebre de las trincheras y el tifus.
   Con seguridad los piojos corporales se escondían en los uniformes y abrigos que cubrían el cuerpo de los soldados, y que ateridos por el gélido frío no se quitaban ni de noche ni de día. Circunstancia que los minúsculos insectos aprovecharían para alimentarse de la sangre y proliferar como una plaga a la vez que propagaban la enfermedad entre el batallón del ejército francés.
   En realidad los soldados no eran conscientes de que el responsable de la mortal epidemia que se diseminaba rápidamente entre las tropas estaba oculto entre las costuras de sus uniformes; pues no fue hasta casi un siglo después cuando un paisano suyo, el doctor Charles Nicolle, encontró la vinculación entre el tifus, los piojos y la ropa.
   
Resultado de imagen de charles nicolle tifus
Charles Nicoll

    David G. Jara

domingo, 28 de mayo de 2017

Caracoles con...¡sorpresa!

Arrendajo. Garrulus glandarius
   Leucochloridium paradoxum es el sencillo, y sobre todo fácil de recordar, nombre con el que los científicos han bautizado a un gusano de gustos muy poco refinados, que se ha especializado en alimentarse de los restos sobrantes de la digestión de algunas aves [...]. Podría parecernos que el problema de este gourmet reside en sus escatológicos hábitos nutricionales, pero las heces de los pájaros no solo son para  él un manjar sino que también constituyen su única fuente de alimentación. En realidad, el inconveniente surge como consecuencia de la particular forma de vida del nematodo, ya que se comporta como un parásito obligado que solo es capaz de sobrevivir fuera del cuerpo de un hospedador cuando se encuentra en su fase de huevo. Pero Leucochloridium no puede utilizar estos recursos directamente sobre el suelo, simplemente porque en ese lugar se encuentra en forma de huevo. Nuestro protagonista tiene que ingerir los nutrientes cuando es un gusano adulto cobijado dentro de su hospedador; es decir, debe alimentarse de los excrementos directamente en la fuente que los produce antes de ser liberados: el recto de gorriones, arredajos o cuervos. Pero como todos sabemos, estos pajaritos tienen la manía de volar y en principio son inaccesibles para los estáticos e inertes huevos del gusano.
   Una posibilidad sería que los cuervos o los arrendajos ingirieran directamente los huevos en los que se encuentran las futuras larvas del parásito, pero es altamente improbable que un animal devore sus propios excrementos y encomendarse a esta errónea estrategia abocaría al parásito a su desaparición. Así que ante la imposibilidad de desarrollarse y vivir de forma independiente , pero con la necesidad de alcanzar el cielo para localizar el intestino del hospedador alado que lo sustentará, el gusano utiliza otra táctica: ¡se disfraza de caracol!
   Los caracoles constituyen un delicioso y jugoso bocado para muchas aves, por eso no debe extrañarnos que traten de ocultarse en las zonas más densas y oscuras de la vegetación, donde están menos expuestos al peligro que se cierne desde el cielo. Sin embargo los caracoles parasitados por Leucochloridium se comportan de forma extraña, y con frecuencia los podemos ver en zonas altas e iluminadas de la vegetación a las que en condiciones normales no accederían. Podríamos pensar que el parásito es en realidad un "manipulador de mentes", sin embargo no es así, simplemente utiliza al caracol como cebo con el que pescar un precioso pajarito.
   Para entender lo que en principio parece una incongruencia evolutiva, primero debemos explicar el ciclo vital del parásito.

Succinea con los tentáculos llenos de larvas de Lucochloridium
   Los huevos de Leucochloridium se encuentran en el suelo, lejos de los pájaros pero cerca de los caracoles. Los caracoles del género Succinea ingieren accidentalmente los huevos del nematodo. En el interior del cuerpo del gasterópodo, los huevos liberan pequeñas larvas que rápidamentese se van a enquistar a algunos órganos. Los quistes presentan en su interior larvas con una gama de colores alternos claros y oscuros. Rápidamente los quistes van a dirigirse a los tentáculos del caracol, en cuyos extremos se sitúan los ojos. Desprovisto de vista el caracol no es capaz de buscar zonas oscuras en donde esconderse y desorientado termina por aparecer en los claros del bosque o incluso en lo más alto de alguna planta. Pero la estrategia del gusano no termina aquí, no le basta con que el caracol infectado se exponga de forma impúdica y suicida ante sus depredadores, sino que las larvas en los quistes que rellenan las antenas, comienzan a desplazarse hacia adelante y hacia atrás generando una llamativa sensación pulsátil. Bajo esta extraña danza, y vistos desde el aire, parecen dos gruesos gusanos en movimiento y resultan un señuelo irresistible para cualquier pajarito por muy despistado que pueda ser.
   En el intestino del pájaro se liberarán las larvas, desarrollándose hasta formar gusanos adultos, que buscarán cobijo y alimento en el recto del pajarito. Finalmente, cuando llegue el momento adecuado el parásito se reproducirá, formando miles de huevos que volverán al suelo a través de las heces del pájaro parasitado, comenzando un nuevo ciclo.


David G. Jara

Más información: http://www.flooxer.com/video/hazte-lista-10-parasitos-convierten-otros-animales-zombies/57f7a4ff7ed1a81525ed8274

sábado, 19 de marzo de 2016

Cuestión de cagarrutas


La moda de los alimentos funcionales ha llegado a todas las casas y afecta a todos los estratos de la familia: los Lactobacillus casei para ¿ayudar? a las defensas de los nenes o de los abuelos, los Bífidus para facilitar la motilidad del atorado tránsito intestinal de la mamá, una ración diaria de leche fermentada con esteroles para disminuir los elevados niveles de colesterol que ha revelado la última analítica del papá...Sin duda, el consumo diario de estos alimentos funcionales se ha erigido como una colosal moda entre los individuos de nuestra especie que para regocijo de la industria alimentaria parece no tener fin. Pero sorprendentemente, esta moda no constituye algo para nada novedoso en el reino animal, pues los conejos llevan mucho tiempo ingiriendo su propia dosis de probióticos* y prebióticos** cada mañana, no en forma de carísimos botecitos de leche fermentada, sino como ¡hermosas y redondas caquitas!
    La cecotrofia, que es el nombre que recibe tan curiosa costumbre, ha sido desde siempre una estrategia de supervivencia para esos graciosos animales que corretean alegremente por los campos. Cada mañana temprano, como haciendo caso  a los consejos publicitarios del más famoso de entre los probióticos humanos, los conejos vienen consumiendo su dosis de alimento funcional con el que recargar las pilas ante la perspectiva de un largo y duro día forrajeando por los prados. solo que en vez de beberse un yogur fermentado repleto de bacterias se comen, sirviéndose directamente de su ano, unas jugosas y calentitas cagarrutas.
    El intestino grueso de los conejos está repleto de bacterias que van a fermentar la fibra que abunda en los vegetales de los que se alimentan estos animales. Como consecuencia de ello, los microorganismos producen una enorme variedad de nutrientes que, en forma de aminoácidos, vitaminas del grupo B o fósforo, son imprescindibles para el desarrollo de estos entrañables mamíferos lagomorfos. Pero existe un pequeño inconveniente espacial que impide que el animal se haga con esos nutrientes que están fabricando las bacterias dentro de su propio organismo. El intestino grueso, donde los microorganismos están elaborando tan importantes nutrientes, se sitúa a continuación del intestino delgado, el lugar donde deberían ser absorbidos y entregados a la sangre.
Cecotrofos a la izquierda, heces del conejo a la derecha
    Las heces que se forman no pueden volver hacia atrás y su único destino es atravesar el ano para desembocar en el exterior del cuerpo del animal. Por este motivo al conejo no le queda más remedio que ingerir las pequeñas y húmedas bolitas repletas de nutrientes que abandonan su intestino. Pero no nos confundamos, lo que aquí estamos describiendo no es un desagradable acto de coprofagia, sino una interesante estrategia digestiva que permite al animal aprovechar los nutrientes que sintetiza su propia flora intestinal. En realidad, el conejo no ingiere sus excrementos, sino un material similar rico en nutrientes que han fabricado sus bacterias intestinales. Pero ¿cómo diferencia el conejo entre las heces cecotróficas que debe ingerir y las verdaderas heces, procedentes de la digestión de los alimentos, que debe eliminar?
   Pues si el problema que anteriormente tenía el conejo para reclutar todos los nutrientes que sintetiza su flora intestinal era espacial, la solución que ha encontrado se la aporta el plano temporal. Así, durante las horas de mayor luminosidad del día toda la materia que abandonará el cuerpo del animal a través del ano lo hará en forma de heces cecotróficas, mientras que al disminuir la luz, al atardecer, estas serán sustituidas por las lindas pelotillas que, amontonadas sobre las piedras, encontramos cuando paseamos por el campo.
    Los codiciados excrementos de la civeta de las palmeras, las cacas de gato poseedoras de un parásito capaz de reactivar a las defensas, nuestra flora intestinal formada por microorganismos que constantemente se regenera al ser parcialmente expulsada junto a las heces, e incluso las bolitas de hábitos diurnos con las que los conejos completan su dieta, nos han mostrado que la mierda, a pesar de su olor y de su mala fama, quizás no sea tan mala.


David G. Jara


*probióticos: variedad de microorganismos, fundamentalmente bacterias  hongos, que cuando son ingeridos junto a los alimentos se piensa que pueden conferir algún beneficio a la salud del consumidor
**prebióticos:  sustancias que estimulan el crecimiento y el desarrollo de los microorganismos que ya habitan en nuestro intestino.

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡Esa planta me está mirando!


Cuscuta parasitando a Ullex sp
Parece como si las plantas parásitas dejaran su futuro en manos de la buena suerte y se vieran poco menos que arrastradas por el devenir de los acontecimientos. Sin embargo existe todo un género de plantas parásitas que limitando la participación de terceros se han asegurado el éxito y alcanzado el título de los mayores gorrones vegetales que habitan en los campos de medio mundo. Estas plantas, que aun sin percatarnos de ello seguro que hemos observado durante algún paseito por el campo, pertenecen al género Cuscuta.
    El éxito de estos parásitos se hace patente en su abundancia y en los cientos de miles de semillas que podemos encontrar enterradas en el suelo, siendo arrastradas por el agua, transportadas en los aperos de jardín... La estructura que recubre a las semillas de este parásito vegetal es tremendamente resistente, tanto que estas son viables incluso transcurridos más de vente años desde el momento en que cayeron al suelo. Sin embargo cuando esta cubierta que permite a la semilla permanecer durante largos periodos aletargada esperando un hospedador al que parasitar se daña o se reblandece, a la semilla no le queda más remedio que germinar. Y eso puede ser un grave problema para una planta que debe obtener todos sus recursos de otro organismo que se encuentre a mano. Las pequeñas plantitas de Cuscuta pueden vivir unos diez días de forma independiente, pero al carecer de hojas y ser incapaces de realizar la fotosíntesis, rápidamente deben localizar otra planta que las mantenga con vida. Si la semilla germina en un entorno donde no hay un organismo vegetal al que parasitar, al cabo de pocos días a plantita morirá.
    La estrategia desarrollada por Cuscuta para minimizar este problema es la mar de sencilla: simplemente parasita casi a cualquier vegetal que se encuentre a su alrededor. Desde plantas de tomate, pimiento o patata, pasando por árboles frutales o cultivo de alfalfa.
    Pongámonos en la situación de que la cubierta externa de una semilla de Cuscuta, como consecuencia de la humedad y de la acción de los microorganismos presentes en el suelo, al deteriorarse ha inducido irreversiblemente la germinación de la planta. Inicialmente la pequeña plantita desarrollará una minúscula raíz que la fije al suelo, un fino y delicado tallo, y un único objetivo vital: encontrar un organismo al que parasitar. Pero hay un pequeño inconveniente, ¿cómo la plántula es capaz de localizar a su hospedador?
    La mayoría de las plantas parásitas poseen semillas que solo germinarán ante una señal inequívoca de la presencia de un posible hospedador. Así, por ejemplo, la huella que dejan en el suelo ciertas sustancias liberadas a través de las raíces serán la señal que permitirá a las pequeñas plantas parásitas aparecer justo al lado del vegetal que les va a suministrar el sustento. Pero por el contrario, las semillas del género Cuscuta germinan únicamente cuando su envoltura se degrada, ajenas completamente a las señales de posibles hospedadores, y por tanto lo hacen en cualquier momento y en cualquier lugar.
    Al igual que otras plantas se inclinan dirigiéndose hacia la luz, las plántulas de Cuscuta presentan en sus tejido una proteína especializada en detectar los niveles de luz, pero obviamente no tienen como objetivo captar la luminosidad procedente del Sol, pues ellas no realizan la fotosíntesis. Los pigmentos de estas plantas parásitas les permiten detectar la radiación emitida por la clorofila que contienen las células de otros vegetales. De esta forma no solo pueden localizarlos sino que además son capaces de discriminar entre varias plantas y seleccionar como hospedadora aquella con un mayor nivel de clorofila con el que realizar la fotosíntesis, y por tanto con mayores posibilidades de cubrir todas las demandas nutricionales y energéticas del parásito.
   Una vez que la pequeña planta ha localizado a su presa, se dirige lentamente hacia ella orientada por la radiación que emiten las partes verdes, y al alcanzarla enrolla su fino tallo abrazándola con fuerza. Posteriormente la planta parásita comienza a desarrollar unos pequeños tubos chupadores que inserta en los tejidos conductores del hospedador. Poco a poco la unión de la planta parásita con el suelo comienza a pudrirse y termina por desaparecer. Lentamente nuestra amiga irá creciendo enrollada al tallo de su hospedador, y si localiza otra planta a la que parasitar estirará su tallo y también lo envolverá con su mortal abrazo.
    Este comportamiento tan agresivo limita el desarrollo del hospedador y en ocasiones termina con su vida. Por este motivo algunas especies de Cuscuta que disminuyen el rendimiento de los cultivos se consideran plagas muy dañinas que deben ser eliminadas a toda costa. Actualmente, sin embargo, hemos empezado a encontrar importante aplicaciones a las sustancias que sintetiza este parásito. Recientes estudios han encontrado la utilidad de algunos de estos compuestos como fármacos con los que tratar ciertos tipos cáncer, e incluso hay buenas noticias para los hijos de papis calvos, ya que el extracto de una especie de Cuscuta ha demostrado, aunque todavía en fase de experimentación animal, ser muy útil para el crecimiento de pelo en la alopecia androgénica.




El encantador de saltamontes
David G. Jara

jueves, 5 de noviembre de 2015

¡¡No!!, por favor aquí no

Los mosquitos son unos bichejos tremendamente irritantes y molestos, y desde luego el que además de chuparte la sangre encima te inoculen un parásito no contribuye en absoluto en hacerlos más agradables. Sin embargo cuando conozcamos el camino por el que la vinchuca transmite a los humanos los parásitos que porta en su interior, el que un molesto insecto zumbador nos atraviese la piel con su trompa nos parecerá algo casi romántico.
Triatoma infestans
    La vinchuca o Triatoma infestans es un insecto marrón de entre dos y tres centímetros, con la cabeza alargada y un pico largo con el que extrae fácilmente la sangre de sus víctimas. Este insecto también es conocido como chinche besucona debido a la graciosa y sensual costumbre que tiene de picar en la cara  a los humanos. La vinchuca habita en las grietas de las casas y en los tejados de paja de zonas cálidas y secas de Sudamérica. Centroamérica y el sur de los Estados Unidos. Como buen vampiro permanece escondida durante el día para al caer la noche abandonar su guarida en busca de alimento; y por desgracia los humanos ocupamos un puesto relevante en su menú. En principio el beso del insecto no pasaría de ser ligeramente molesto, casi anecdótico, lo que se dice un ligue de una noche, sino fuera porque en su intestino se encuentra agazapado un peligroso parásito humano llamado Trypanosoma cruzi. 
    En principio, hay algo que no cuadra del todo en este recorrido, pues la ruta del Trypanosoma al abandonar las tripas de la chinche debe ir en el sentido opuesto al tomado por la sangre que nos ha robado el insecto. Hay que recordar que el mosquito Anopheles transmite el Plasmodium a través de la picadura, algo muy coherente puesto que este se encuentra alojado en sus glándulas salivales. Pero en este caso el lugar que utiliza la vinchuca para extraernos la sangre y el sitio por el que desaloja a su huésped constituyen dos caminos opuestos que no se pueden encontrar. Así que ¿cómo narices la chinche es capaz de contagiarnos el parásito?
    ¡Ay!, la verdad es que la vinchuca es un animal tan especial, ya que no solo es una romántica que nos besa en la cara, sino que además es una simpática glotona que no puede parar de comer. Con la sangre que retira de su amantísimo humano, y como no puede ser de otra forma, el intestino comienza a llenársele, lo que provoca que nuestra amiga sienta unas irreprimibles ganas de defecar. ¡Qué aprieto! ¿Dónde voy? Pues nada, aquí mismo. Así de linda es nuestra amiga, no solo nos roba la sangre sino que además se nos caga encima. Con el pequeño detalle de que las heces vienen cargaditas con el parásito, y que además el picotazo escuece un montón, provocando que al rascarnos la picadura seamos nosotros mismos quienes facilitemos la penetración del parásito a través de la herida.
    Dentro del cuerpo de su hospedador humano el Trypanosoma cruzi consigue evadir el sistema inmune del enfermo abandonando el torrente sanguíneo para esconderse en el interior de las células; normalmente en las células musculares y con elevada frecuencia en las del corazón. La infección puede permanecer en estado latente durante muchos años, y mientras el parásito se divide constantemente en el interior de las células del corazón, el hospedador seguirá realizando una vida más o menos normal. Pero tarde o tremprano los daños que el patógeno está provocando en los tejido terminarán por manifestarse y con elevada frecuencia lo harán en forma de graves e irreversibles cardiopatías. Muchas de las muertes por problemas cardíacos que se producen cada año en zonas donde el parásito y el bichejo portador son endémicos no son sino el resultado de esa enfermedad conocida como Chagas.
    Podrá parecernos que se trata de una enfermedad extraña y poco habitual, pero nada más lejos de la realidad. Se estima que entre diez y doce millones de personas se encuentran actualmente infectadas por este parásito, a las que se suman otras quince mil cada año, lo que hace del Chagas un grave problema de salud pública en algunos países. Curiosamente se especula que hasta el propio Charles Darwin contrajo esta enfermedad durante su viaje por Sudamérica a bordo del Beagle. Y ya sabéis que no hay nada mejor que infectar a un famoso para que tus andanzas adquieran relevancia.



David G. Jara