Mostrando entradas con la etiqueta Suicidios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Suicidios. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de septiembre de 2022

A la muerte de Catón, Séneca y Petronio

Jean-Paul Laurens, La muerte de Catón de Útica (1863)

Si la vida es un bien, será la muerte 
otro bien concedido a los mortales,
con que sales de penas y de males,
que acabarse no pueden de otra suerte.

Búscala el sabio, la procura el fuerte,
y los pechos más nobles y leales
hallaron su consuelo en los puñales
cuando mejor remedio no se advierte.

Catón se mata, Séneca y Petronio,
por salir de una vida ignominiosa
que ya les debe ser aborrecida.

De sabios nos dejaron testimonio;
porque morir así no fue otra cosa
que acabar con los males de la vida.

E.A.D.B.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Cómo hablar del suicidio para prevenirlo y acabar con el estigma

https://images.theconversation.com/files/340599/original/file-20200609-21178-3r2dm7.jpg?ixlib=rb-1.1.0&rect=0%2C549%2C6661%2C3325&q=45&auto=format&w=1356&h=668&fit=crop
Lightspring / Shutterstock

 Las muertes por conductas suicidas han aumentado en 20.000 en los últimos 30 años en todo el mundo y la pandemia no ha mejorado la situación. Expertos de distintas disciplinas coinciden en que es necesario tratar el tema para hacerle frente, sin sensacionalismos y con fuentes fiables.

El pasado febrero, Japón nombró a su primer ministro de la soledad después de que la tasa de suicidios del país aumentara durante la pandemia por primera vez en 11 años. “Espero realizar actividades para prevenir la soledad social y el aislamiento y proteger los lazos entre las personas”, afirmó Tetsushi Sakamoto en la rueda de prensa de presentación.

Expertos de todo el mundo creían razonable pensar que el aislamiento, la incertidumbre, las dificultades económicas o el estrés podrían desembocar en un ascenso de actos letales y elevar la cifra de fallecimientos producidos por la pandemia. Tras un año de elucubraciones, el primer estudio internacional con datos recogidos en 21 países desarrollados no registra un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia.

El primer estudio internacional con datos recogidos en 21 países desarrollados no registra un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia

“El aumento autoinformado de los niveles de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas no parece haberse traducido en más fallecimientos, al menos en los países que formaron parte del estudio”, explica a SINC Susana Al-Halabí, del departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo. Las cifras que se tienen hasta ahora no son definitivas, por lo que “hay que estar atentos a posibles cambios en los próximos meses o en otros países en vías de desarrollo”.

A finales de 2020, el Instituto Nacional de Estadística (INE) avanzó los datos temporales de defunciones de los primeros cinco meses de ese año. El suicidio se mantiene como la primera causa de muerte externa, aunque se registraron un 8,8 % menos que en el mismo periodo del año anterior. Los números oficiales se conocerán en 2022.

“En cuanto al incremento o no del suicidio consumado durante la pandemia, vamos recibiendo información con cuentagotas de diferentes entidades públicas y privadas que no es muy halagüeña. Las autolesiones, ideación suicida, etc. sí parecen haber aumentado”, afirma Pedro Martín-Barrajón Morán, responsable de la Red Nacional de Psicólogos para la Prevención del Suicidio.

Un problema anterior a la pandemia

Independientemente de las cifras actuales, los datos eran preocupantes en todo el mundo antes de la llegada de la covid-19. Un estudio publicado en agosto en la revista Injury Prevention muestra cómo el número global de muertes por esta causa ha aumentado en casi 20.000 en los últimos 30 años (de 1990 a 2019), incluso cuando las tasas por edad habían disminuido considerablemente durante este periodo.

“A pesar de ser el causante de casi 800.000 muertes al año, estas conductas no han recibido el nivel de atención que se presta a otros problemas de salud pública global, como el VIH y el cáncer”, explicaban sus autores, de la Universidad de Hong Kong (China).

El último informe sobre conductas suicidas de la OMS revela que en 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, lo que implica que una de cada 100 muertes fue debida a esta causa

El último informe sobre conductas suicidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que en 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, lo que implica que una de cada 100 muertes fue debida a esta causa. Los fallecimientos asociados superaron en cifras al sida, paludismo o cáncer de mama.

Según su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “cada muerte es una tragedia. Prestar atención al suicidio es incluso más importante ahora, después de muchos meses inmersos en la pandemia y cuando muchos de los factores de riesgo —pérdida de empleo, apuros económicos y aislamiento social— siguen estando muy presentes”.

En nuestro país, una nueva Estrategia de Salud Mental para los años 2021-2026 está más cerca que nunca. Parece que el nuevo plan del Ministerio de Sanidad saldrá este otoño e incluirá, entre sus líneas principales, la prevención, detección precoz y la atención al suicido, que causa la muerte en torno a 10 personas diariamente en España, una cifra que se ha tildado de infrarrepresentada en muchas ocasiones.

En un estudio publicado en 2014 por especialistas del Hospital Universitario Virgen del Rocío en Sevilla, ya se estimaba un ‘descuadre’ de las cifras de muerte por suicidio del INE con los recogidos por los 33 Institutos de Medicina Legal en España, en cerca de 450 casos infradetectados.

“La guardia civil estima que al menos un 5 % de las muertes en accidentes de tráfico son suicidios, pero no computan como tal. Y la propia OMS advierte que alrededor del 10-30 % de las muertes no se registran, ya que solo 60 de los países miembros cuentan con datos civiles fiables”, apunta Martín-Barrajón Morán.

Dar voz a un problema silenciado

Pese a la magnitud de estas cifras y a su enorme transcendencia en términos de salud pública, el suicidio sigue siendo un tema tabú del que apenas se habla. No obstante, desde hace años se considera imprescindible la visibilización de esta realidad.

“Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que hablar del suicidio induce al suicidio, el llamado efecto contagio o efecto Wherther. Hoy la postura científica internacional es firme y tajante: hay que dialogar sobre ello, lo importante es cómo hacerlo para no aumentar el número de casos e incluso prevenirlo. Los medios pueden ayudar en la instauración de conductas de afrontamiento adecuadas y desmitificar este problema, lo que se llama el efecto Papageno”, añade Martín-Barrajón Morán.

Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que hablar del suicidio induce al suicidio. Hoy la postura científica internacional es firme y tajante: hay que dialogar sobre ello, lo importante es cómo hacerlo para no aumentar el número de casos

“Si se desconoce la magnitud de este problema seguirá tratándose como algo menor, sin invertir recursos al no considerarlo un problema de salud pública prioritario”, continúa. “Es importante saber que para tener un comportamiento suicida, no hace falta tener una enfermedad mental. La falta de información y visibilidad invita a creer que es algo anecdótico, exótico incluso. Y no, cualquiera puede verse desbordado en un momento puntual y decidir acabar con su vida voluntariamente”.

Por ello, hablar sobre suicidio adecuadamente puede ofrecer un recurso de ayuda a alguien que esté pasando por un momento duro, reducir la sensación de impotencia, soledad y aislamiento, y proporcionar la oportunidad de que se arrepienta de su propósito.

“Una comunicación apropiada permite saber que las crisis de suicidio son pasajeras, así como incluir historias de esperanza y recuperación, recursos de ayuda o señales de alarma que ayuden a identificar a aquellos individuos que puedan encontrarse en esta situación”, comenta Al-Halabí. 

Tratar bien el suicidio para prevenirlo

En consonancia con las recomendaciones establecidas por la OMS en 2019 —una actualización de un documento previo del 2000—, este año la Confederación Salud Mental España ha apelado a los medios a tratar el tema del suicidio de forma responsable y rigurosa como aliados a la hora de concienciar, sensibilizar y acabar con el estigma.

Sus expertos reivindican la necesidad de hablar sobre ello como herramienta para hacerle frente, pero de manera responsable y sin caer en sensacionalismos, y siempre acudiendo a fuentes fiables. Las claves son evitar describir y dar detalles sobre el método empleado, así como la publicación de fotografías o notas suicidas, y aportar recursos de ayuda, como líneas telefónicas o servicios sanitarios. Y no simplificar, presentar el suicidio como un fenómeno complejo y multicausal.

Las claves para hablar bien de suicidio son evitar describir y dar detalles sobre el método empleado, así como la publicación de fotografías o notas suicidas, y aportar recursos de ayuda

“Muchos de los artículos que tratan sobre el suicidio no cumplen la mayoría de los criterios establecidos por la OMS. Ni siquiera el más básico, no decir la metodología suicida o no dar explicaciones simplistas que justifican la conducta”, indica Javier Jiménez, presidente honorario de la Asociación de Investigación y Prevención del Suicidio (RedAIPIS) y psicólogo del Cuerpo Nacional de Policía. “El intento de suicidio es una manifestación del sufrimiento y la desesperación que siente la persona”.

Lo mismo pretende el Ministerio de Sanidad, que en 2020 publicó un decálogo de recomendaciones para los y las profesionales de los medios que informen sobre suicidio. En el texto se exponen orientaciones y ejemplos de lo que debe y no debe hacerse a la hora de informar sobre esta problemática: “Es imprescindible la implicación y colaboración directa de los medios de comunicación. Debemos dotarnos de nuevas reglas para el tratamiento informativo que hagan llegar a la población la información adecuada sobre los recursos disponibles y ayuden a cumplir los objetivos de prevención. El silencio informativo no es una opción. El sensacionalismo, tampoco”.

Igualmente, un estudio recientemente publicado en la revista The Lancet Psychiatry indica que las noticias que informan sobre el comportamiento suicida pueden tener una influencia considerable en esta conducta y las autolesiones en la población en general; y pone de relieve la importancia de que los medios informen correctamente a la hora de hablar de suicidio para evitar el efecto de imitación.

Qué hacer para prevenir las conductas suicidas

“El suicidio es prevenible. Hay que decirlo alto y claro. De hecho, nos enfrentamos a un problema que solo puede ser abordado desde la prevención”, subraya Al-Halabí. “Pero no se trataría de reparar supuestos problemas psicológicos, sino de dotar a las personas de recursos que mejoren su acceso a los servicios sanitarios en situaciones de crisis, reducir los factores de riesgo y potenciar los de protección”.

Algunos ejemplos de intervenciones universales incluyen campañas de concienciación y programas educativos, limitar el acceso de la población a materiales y lugares potencialmente letales, formar a los medios de comunicación para que ofrezcan información responsable y regular leyes para abordar las crisis económicas. Otras estrategias son facilitar el acceso a los servicios de salud mental y a los tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica en las personas de alto riesgo.   

“La formación especializada es prioritaria igualmente”, puntualiza Javier Jiménez. “Y resulta que en ninguna facultad de Psicología en España hay una asignatura en la que te enseñen a detectar o intervenir sobre una persona que tiene ideación o intento de suicidio”.

“Estamos fallando en la detección de señales de riesgo y en las evaluaciones que llevan a cabo los profesionales de varios ámbitos profesionales (sanitario, educativo, social, seguridad y emergencias), pero también la población general en advertir el riesgo de un familiar y detectar las señales de peligro”, detalla Martín-Barrajón Morán.

“Además, en nuestro sistema nacional de salud no contamos con una infraestructura que satisfaga esta gran necesidad. Tenemos una ratio de psicólogos tres veces inferior al de la media europea, 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, por lo que las listas de espera son interminables y la calidad de la atención es deplorable”, insiste. “Muchos médicos de atención primaria se ven abocados a tratar (o cronificar y generar dependencia) a los pacientes con problemas de ansiedad y depresión”.

Jiménez detalla cómo España es uno de los países de Europa en los que más ha crecido el consumo de psicofármacos. “Sin embargo, no hay relación entre su dispensación y una disminución de conductas suicidas. Esto es así porque los psicofármacos por sí solos no te quitan el dolor emocional”.

Recomendaciones Sanidad

 “El suicidio no es culpa de nadie, pero es responsabilidad de todos. Y cualquier esfuerzo habrá valido la pena si llegamos a tiempo en un solo caso”, concluye Martín-Barrajón Morán.

Más información: https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Como-hablar-del-suicidio-para-prevenirlo-y-acabar-con-el-estigma#top

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Suicidio y toxoplasma

https://jralonsoes.files.wordpress.com/2019/09/depresion-red.jpg?w=840
Diez personas se suicidan cada día en España. Cada día. No sabemos la causa de un acto que es contrario a uno de los principios básicos de la biología: la conservación de uno mismo. Hay factores de riesgo y entre ellos están muchos trastornos mentales como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, los trastornos de personalidad, los trastornos de ansiedad y el consumo de drogas. También influyen en el riesgo de suicidio otros factores personales y ambientales como el estrés, el diagnóstico de una enfermedad grave, las dificultades financieras, los problemas en las relaciones personales o el acoso escolar. Pero hay muchas personas bajo circunstancias similares o peores que no cometen suicidio. ¿Habrá algo más?

Los parásitos son a veces capaces de inducir cambios en el comportamiento de sus hospedadores para mejorar la transmisión, poder infectar a otros individuos o completar su ciclo biológico. Toxoplasma gondii, un protozoo que infecta una amplia gama de especies de sangre caliente, es un ejemplo que apoya la llamada «hipótesis del parásito manipulador» ya que cambia en beneficio del toxoplasma el comportamiento de su hospedador, incluso en contra de sus intereses más primarios. Un ejemplo llamativo es que toxoplasma induce modificaciones en las preferencias olfativas de los roedores, convirtiendo la aversión innata por el olor a gato en atracción. ¡Eso sí es atracción fatal! Un ratón infectado de toxoplasma, en vez de huir despavorido de un lugar donde huela a gato se acerca allí y, de hecho, se acerca a los gatos, lo que acaba frecuentemente con su vida. Los felinos son el hospedador definitivo de Toxoplasma gondii, así que el protozoo consigue su objetivo, ir a parar al tubo digestivo del gato aunque para el ratón, el hospedador intermedio, significa la muerte. La imagen de un ratón acercándose a un gato se asemeja mucho a un suicidio y no debemos olvidar que gatos y ratones son mamíferos, muy parecidos a nosotros.

En los humanos, T. gondii induce modificaciones del comportamiento como cambios de personalidad, tiempos de reacción prolongados y disminución de la concentración a largo plazo. También hay evidencias de que va asociado a diferentes enfermedades psiquiátricas incluida la depresión, la esquizofrenia y el intento de suicidio. Sin embargo, los humanos modernos no son hospedadores intermedios adecuados porque ya no somos presa de los felinos. En consecuencia, se supone que las modificaciones del comportamiento en personas infectadas son generalmente efectos secundarios de la toxoplasmosis o rasgos residuales de una manipulación que sucedió hace milenios, cuando los antepasados homininos aún estaban bajo una depredación felina significativa. De hecho, T. gondii también altera las preferencias olfativas en los humanos; los hombres infectados clasifican la orina de gato, pero no la de tigre, como agradable, mientras que los hombres no infectados no lo hacen.

El olfato es nuestro sentido menos conocido. Cuando llegamos a una reunión solemos estrechar las manos a los presentes y sentarnos. Si se graba el encuentro a los pocos segundos, menos de treinta, todos empiezan a oler sus palmas, una forma de captar información de manera inconsciente sobre ese grupo de personas. Nuestro sistema nervioso, a través del olfato, averigua datos sobre el estado de salud, la compatibilidad genética y el estado emocional de cada uno. Parece que podemos detectar ese famoso olor a miedo. No es raro, un estudio de 2014 demostró que somos capaces de distinguir un billón de olores diferentes. Hasta entonces se calculaba que no eran más de 10.000.

Para desentrañar el origen de las modificaciones inducidas por el toxoplasma en los seres humanos, el grupo de Poirotte realizó pruebas olfativas en un primate vivo que es aún depredado por una especie

felina. El grupo francés encontró en nuestro pariente más cercano, el chimpancé (Pan troglodytes troglodytes troglodytes), que los animales infectados por toxoplasma perdieron su aversión innata hacia la orina de los leopardos (Panthera pardus), su único depredador natural. Es decir, en una zona marcada por la orina de un leopardo un chimpancé no infectado probablemente se alejaría rápidamente mientras que un chimpancé infectado por toxoplasma sería indiferente o incluso podría mostrar cierta atracción hacia una zona que normalmente llevaría la señal olfatoria de “peligro”. Por el contrario, los investigadores franceses no observaron ninguna diferencia clara en la respuesta de los animales a la orina recolectada de otros hospedadores felinos definitivos que los chimpancés no encuentran en la naturaleza, como leones y tigres.

Esto encaja con una foto sorprendente realizada en 1966 por John Dominis como parte de un encargo para la revista Life.

Dominis lo cuenta así:
«Había fotografiado algunos animales antes y aunque realmente no era ningún experto en felinos podía contratar a gente que supiera más. Pat Hunt, la jefa del departamento de naturaleza de Life, me recomendó a un cazador en Botswana que capturaba animales para zoológicos.

Había atrapado un leopardo y lo puso en la parte trasera de una camioneta y nos fuimos al desierto. Él liberaba al leopardo y la mayor parte de las veces el leopardo perseguía a los babuinos que corrían y trepaban a los árboles. Pude fotografiar todo eso.

Pero por alguna razón un babuino no se marchó. Se dio la vuelta y se puso cara al leopardo y el leopardo le mató».



¿Por qué? Ese babuino no tenía ninguna posibilidad frente al leopardo. ¿Por qué le hizo frente?
Aunque el valor adaptativo de la conducta inducida por parásitos debe ser evaluado cuidadosamente, el ejemplo de los chimpancés y el babuino sugiere que ese comportamiento anómalo podría aumentar el riesgo de depredación de estos primates por parte de los leopardos para beneficio propio del parásito. ¿Y en humanos? Los seres humanos hemos compartido la mayor parte de nuestra existencia con grandes carnívoros y fuimos cazados por ellos en una proporción similar a la que sufren otros primates actuales. Puesto que los ataques por felinos era una importante fuerza evolutiva para el ser humano y ya que muy probablemente los primeros homininos eran unos hospedadores intermedios adecuados para el toxoplasma, no es de extrañar que nuestro comportamiento fuese manipulado por este parásito unicelular. Si un cromañón se acercase desorientado a un león de las cavernas duraría unos segundos y sus compañeros lo verían como un suicidio. ¿Es posible que el sistema persista a medias, ya no llevemos el toxoplasma a un félido, pero sigamos teniendo el parásito en nuestro interior y mostrando un comportamiento incomprensible y autolesivo y ello explique algunos de los casos actuales de suicidio? Los últimos datos: Toxoplasma es el parásito más frecuente en los países desarrollados. La prevalencia va entre un 22% de personas infectadas en el Reino Unido a un 84% en Francia. Es muy probable que la mitad de los que lean este artículo estemos infectados por toxoplasma. ¿Nos estará haciendo algo?  Es posible que no sea la explicación, pero necesitamos nuevas miradas sobre el suicidio, necesitamos explorar otros caminos para buscar una solución. Son diez personas al día.

Fuente: https://jralonso.es/2019/09/10/suicidio-y-toxoplasma/

lunes, 10 de septiembre de 2018

Todo, menos el mundo

Jeanne Hébueterne, La suicida (c 1919)
  No fueron únicamente los católicos los que señalaron a la mujer como una emisaria de Satán; los protestantes tuvieron su parte en esta sinrazón. Autores calvinistas y luteranos sostuvieron, al igual que sus oponentes, que el diablo hablaba con voz femenina. El Maligno fue quien repartió máscaras entre las mujeres, las acostumbró a la artería y la deslealtad, las poseyó, las vendió a la lujuria, consiguió hacerlas fuente de las supersticiones. Por este motivo el suicidio femenino se juzgó con cierta displicencia, por considerar que la mujer era una criatura proclive a caer en manos del adverso. Lutero escribe en las Charlas de sobremesa que una posesa que se dio muerte fue, en realidad, asesinada por el diablo. No sucede así en el hombre que por más "sabio" que ésta, no tiene excusa ninguna. Además, matándose arrebataba al Creador la potestad de la muerte, porque decidir sobre el propio final supone una ilegítima autonomía, un delito de lesa majestad. El hombre debe rendirse a su condición de súbdito, renunciar al excesivo afán de conocimiento: el deseo de saber se plantea como una lucha entre Dios y Satán...

Ramón Andrés

viernes, 30 de marzo de 2018

84 estatuas se balancean sobre una azotea contra el suicidio de los hombres


Una nueva instalación artística domina la azotea del rascacielos de la cadena británica ITV en Londres: 84 estatuas humanas se asoman por el borde al vacío, peligrosamente cerca de caer. Forman parte de Project 84, una obra para concienciar sobre el suicidio, especialmente el masculino, tres veces superior al femenino tanto allí como en España. Es la primera causa de muerte violenta, por delante de los accidentes de tráfico. La idea es de la organización Campaign Against Living Miserably (CALM), cuyo nombre puede traducirse como "campaña contra la vida miserable". ¿Por qué 84 figuras? Porque es el número de hombres que se quitan la vida a la semana en Reino Unido. "Amigos y familiares de los fallecidos han ayudado en la creación de cada estatua. Cada una es un desgarrador recuerdo de una vida real perdida y una llamada a la unidad social contra el suicidio", dicen desde CALM.

Fuente:  https://www.huffingtonpost.es/2018/03/29/84-estatuas-se-balancean-sobre-una-azotea-contra-el-suicidio-de-los-hombres_a_23399033/

miércoles, 10 de enero de 2018

Patrulla de drones para frenar la 'epidemia' de suicidios en Japón

Tokio moviliza hasta patrullas de voluntarios con drones para frenar a los que quieren ahorcarse en montes, acantilados o en el "Mar de árboles"
Se ha dado el caso incluso de psicópatas que asesinan a los que dicen que quieren quitarse la vida
Ahora, el vídeo de un 'blogger' con imágenes de un muerto en el célebre bosque de Aokigahara ha levantado una polémica mundia

El vídeo viral en el bosque. Captura de la grabación que realizó el youtuber Logan Paul, en la que mostraba el cadáver de un hombre colgado de un árbol y hacía comentarios en broma.

La leyenda se remonta siglos atrás, cuando muchos elegían esta montaña situada en una isla a unos 100 kilómetros al sur de Tokio, como destino final para acabar con sus vidas. Pero los locales aseguran que su triste fama repuntó en 1933, cuando una estudiante de Tokio se lanzó al interior del volcán Mihara al considerar imposible su atracción hacia una de sus compañeras.

«Queridos, estoy desconcertada ante la distracción por las perplejidades de la madurez de la mujer. Ya no lo puedo soportar por más tiempo. ¿Qué debo hacer? Me gustaría saltar en un volcán», explicó la chiquilla en su última carta, según reveló la prensa nipona.

El suceso se convirtió en un fenómeno mediático y al mismo tiempo motivo de inspiración para cientos de personas que decidieron imitar en los meses y años sucesivos a Kiyoko Matsumoto -así se llamaba la estudiante-, hasta el punto de que los responsables de la conexión naviera con el islote tuvieron que incrementar la frecuencia de los ferris ante la afluencia de turistas que pretendían asistir a uno de los frecuentes saltos mortales.

La práctica sólo se frenó con la colocación de vallas, alambradas y una vigilancia permanente de las fuerzas de seguridad.

La truculenta aureola que se creó en torno al Mihara tan sólo es un exponente del macabro mapa que en Japón se asocia con este tipo de tragedias y que esta última semana ha recuperado la triste fama mediática de otro de estos enclaves, el bosque de los suicidios de Aokigahara, situado en las inmediaciones del sagrado Monte Fuji.

La polémica grabación que realizó el youtuber Logan Paul, en la que mostraba a un cadáver colgado de un árbol en esa misma localización y bromeaba sobre ello, ha recuperado la controversia en torno a un suceso recurrente en la nación asiática. Con la segunda tasa de suicidios más alta de Asia, tan sólo superado por Corea del Sur, las estadísticas locales de este suceso son devastadoras: unos 70 japoneses se quitan la vida cada día y esa es la primera causa de mortandad entre los ciudadanos de 15 a 39 años.

Tokio esgrime como dato positivo que la cifra total de suicidas se redujo en 2016 por séptimo año consecutivo y por primera vez en 22 años bajó de las 22.000 víctimas fatales, quedándose en 21.897.

El también llamado Mar de Árboles se ha ganado un triste lugar en la primacía de esta singular guía al beneficiarse también de la fama que le otorgó aparecer en publicaciones tan exitosas como El Manual Completo del Suicidio escrito por Wataru Tsurumi en 1993 -vendió cientos de miles de ejemplares- o la novela Torre de Olas de Seicho Matsumoto (1960), basada en el final de una pareja que se quita la vida en ese mismo enclave.

Tsumuri lo definió como «el lugar perfecto para morir» y muchos de sus lectores parecen haberse tomado esa referencia de forma literal, ya que han sido varios los casos en los que se ha encontrado su libro junto a un cadáver.

Para contrarrestar esta perniciosa publicidad, las fuerzas de seguridad dejaron de difundir estadísticas sobre el número de suicidios que se registraban en Aokigahara y que fueron 108 en 2004.

Al igual que en otros conocidos destinos de la misma guía como los acantilados de Tojinbo, en la prefectura de Fukui, en los últimos años se han organizado grupos de voluntarios que patrullan la zona para intentar disuadir a los potenciales suicidas. No sólo eso, ahora los visitantes se topan en los accesos del bosque con carteles que le recuerdan lo importante que es su vida y proporcionan el número de teléfono de una de las muchas líneas de atención urgente en este tipo de casos.

En Tojinbo, el líder de una de estas agrupaciones, Yukio Shige, explicó hace meses al diario The Asahi Shimbun que habían comenzado a utilizar hasta un avión no tripulado para perfeccionar su actuación.

«Esperamos que el uso de drones sirva como llamamiento para que nadie se intente suicidar en Tojinbo y que esto se convierta en un lugar turístico alegre», precisó el japonés de 73 años, que estimó que su camarilla ha salvado a casi 600 personas desde que comenzaron a intentar frenar esta práctica en 2004.

Profesional del ahorcamiento
Sin embargo, los esfuerzos por frenar este preocupante fenómeno -que los expertos achacan a los múltiples elementos de presión que sufre la sociedad japonesa- no han podido evitar incluso que el deseo de morir de este conglomerado derive en casos tan macabros como el del psicópata asesino que fue capturado en Zama, al suroeste de la capital nipona.

La detención de Takahiro Shiraishi se convirtió en un auténtico motivo de conmoción popular cuando las fuerzas de seguridad descubrieron cabezas cercenadas escondidas en cajas refrigeradas, cerca de 240 huesos y restos mutilados de sus nueve víctimas.

Las fuerzas de seguridad filtraron que el desquiciado personaje se centraba en féminas que expresaban su deseo de morir a través de las redes sociales y captaba su confianza compartiendo la misma intención en las mismas plataformas.

Shiraishi llegó a disponer de dos cuentas en Twitter con alias tan explícitos como Quiero morir y Un profesional del ahorcamiento, y no dudaba en utilizar hashtags como #reclutandosuicidas. Mientras que en la primera dirección virtual se presentaba como un aspirante a poner fin a su vida, en la segunda se definía abiertamente como un experto en tales mañas. «Quiero difundir mi conocimiento sobre el ahorcamiento. Quiero ser una fuente de fuerza para cualquiera que sufra dolor. Si has llegado al final, consúltame», llegó a escribir.

Una mujer que vivió con él durante tres meses explicó a los medios japoneses que Shiraishi no escondía su fascinación por la muerte y que en una ocasión le mandó un mensaje de texto donde se leía: «He asesinado a una camarera que dijo que quería morir». La chica se lo tomó como si fuera una broma macabra.

El suceso ni siquiera era algo inédito en Japón, donde se recuerda la figura de otro asesino en serie, Hiroshi Maeue, quien también se aprovechó de una de las llamadas páginas para suicidas que proliferan en la web japonesa para matar a dos hombres y una mujer en 2005.

Tras el hallazgo de la casa de los horrores de Zama, el Gobierno nipón anunció una nueva investigación en torno a estas direcciones virtuales.

«Este es un caso donde las víctimas que pedían ayuda fueron manipuladas. La táctica utilizada fue realmente vil», opinó el mismo portavoz del Gobierno japonés, Yoshihide Suga.


Fuente: http://www.elmundo.es/cronica/2018/01/10/5a4fca7146163f18508b46ac.html

domingo, 11 de junio de 2017

"Mors voluntaria"

El suicidio de Séneca (1871), por Manuel Domínguez Sánchez
...
El más incisivo entre los cínicos, Diógenes de Sínope, fue el primero en utilizar la capa para dormir sobre ella al raso; detestaba a los atenienses, prefería a los espartanos; se mofaba de los sofistas, menospreciaba las ciencias, decía que para vivir eran necesarias la razón o una soga; no pedía dinero, lo reclamaba, se reía de los nobles; las leyes, como las ciudades, le merecían el menor de los cuidados. Sólo hay una auténtica convivencia, afirmaba:"la del universo". Un día, al visitarle unos amigos lo encontraron cubierto con la capa y le creyeron dormido, pero al destaparlo vieron que estaba muerto. Su procedimiento, se conjeturaba, fue contener la respiración, "mordiéndose el aliento", hasta que consiguió "sustraerse de la vida". Se trataba de un método frecuente, que pervivió entre los romanos y todavía después de la caída del Imperio, cuando resultaron comunes los suicidios por asfixia, para lo cual se requerían trapos y ligaduras. Comas, viendo que nadie le ayudaba a morir, eligió este mismo sistema, de manera semejante a lo que hiciera Casio Licinio, que se ahogó con una servilleta.[...]
  Los epicúreos, en su etapa romana, fueron, si cabe, más proclives a defender la muerte voluntaria en tanto que liberación de los males físicos y anímicos, y no para combatir, como parece que al final era uso de los estoicos, la amargura de los conflictos cotidianos y el tedio causado por la saciedad de vivir.[...]
   Pero fue el estoicismo de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio el que marcó en aquellos días una mayor influencia entre los intelectuales y poetas. Las Cartas morales a Lucilio encierran un auténtico manual de consejos destinados a cobrar el buen ánimo y no reprocharse, en caso de que el dolor amenace, sentir el menosprecio de la muerte, ya que la existencia puede convertirse en un largo y monótono goteo que acaba por minar el espíritu. Aunque nos privemos de la vida de un modo tajante, debemos saber que no sólo habremos muerto aquel día, porque "la muerte no viene toda a la vez". Al fin y al cabo, trata de decirle a Lucilio, la vida, donde quiera que la acabes, si la acabas bien y en su momento, queda culminada. No se trata tanto de vivir como de vivir bien. De no cumplirse así, a qué aferrarse a las penas para salvar una jornada tras otra, sin más. En eso consiste realmente la libertad, esa libertas codiciada por la ciudadanía: empezar el día, pero también saber terminarlo.
   Sin embargo no a todos alcanzaba la posibilidad de un suicidio digno, por emplear una expresión moderna, porque el aristocrático Séneca reconocía que los de más baja condición debían conformarse con lo primero que tenían a mano, la soga, el cuchillo, un hacha. La cicuta no estaba al alcance de todos, porque era cara. Escoger la forma de muerte constituía un privilegio, por extraño que parezca y sobre todo llegar al convencimiento siguiente:"Debemos querer la vida aprobada por los demás; la muerte, empero, aprobada por uno mismo"[..] Ciertamente, tener la potestad de desvincularse del mundo fue un derecho extensamente razonado por aquellos filósofos, y de esta suerte Marco Aurelio defendía que de acrecentarse las desventuras en el cúmulo de una existencia, era lícita la huida, por lo que en "caso de que no te lo permitan, sal de la vida"
   Peregrino Proteo, de la escuela cínica, llegó al límite de este sentimiento, ya que, renegando de la humanidad y declarándose harto de la torpeza de los hombres, preparó su propia pira. Atacó sin tregua a los gobernantes, se mofó de las convenciones sociales, se burló de todo lo instituido e incluso cargó contra el mecenazgo de Herodes Ático. Lo sorprendente era que Peregrino anunció su muerte y por eso hizo público el suceso que iba a protagonizar, nada menos que en plena Olimpiada, en el año 165. Luciano de Samosata refiere en Sobre la muerte de Peregrino que la gente se convocó, curiosa, en el lugar en que debían de producirse los hechos. Había levantado una fogata en un sitio especialmente concurrido y, haciendo ostentación de la muerte, y dando a entender su hastío y absoluto desprecio para con sus semejantes, se abalanzó a las llamas y pereció. Luciano, que mantuvo cierta amistad con él, quizá cimentada en el desdén que ambos sentían hacia creencias e ideas establecidas, criticó, sin embargo la exhibición de este vehemente filósofo, al que muchos tuvieron por un peligroso subversivo.
   Éstas fueron las últimas voces de quienes hablaron abiertamente de la mors voluntaria, porque hasta muchos siglos después no pudo comentarse ni salir a la luz un acto de esta naturaleza que no mereciera ser reprobado con la mayor virulencia. Durante la Edad Media se censuró toda defensa de este acto, en el cual se reconocían las mismas huellas de Caín. Aquellos que decidían quitarse la vida, se decía, eran gentes perversas, marginales y poseídas por el diablo. Pocos fueron los poderosos, en contraste con la Antigüedad, cuya desaparición voluntaria se hacía pública. No tenían la libertad que en su momento se tomó el orador Labieno, el cual, al ser prohibidas sus obras por el Senado romano y ordenar su total quema, se suicidó. Ya que en el mundo grecorromano un hombre sin casa, sin obra, era alguien sin patria, sin lugar.


Semper dolens
Historia del suicidio en Occidente
Ramón Andrés

domingo, 16 de abril de 2017

Ramón Andrés: "El suicida nos aterra porque rompe el tiempo"

Cada 40 segundos una persona se quita la vida en el mundo. Es la primera causa por muerte violenta, según la OMS. Sin embargo, seguimos regateando la evidencia. Es 'lo innombrable'. Este ensayista ha dado el paso y ha construido una monumental historia del suicidio.
 
Lucas Cranach. El suicidio de Lucrecia

 Asegura Ramón Andrés que, cuantos más años cumple, más comprende los dos lados de cualquier asunto. "La única manera de acercarse al absoluto es no juzgar", dice uno de sus aforismos, un género que también cultiva. Esa mirada que intenta comprender lo incomprensible –pero también por la tentativa de explicarse un doloroso episodio de juventud– le ha permitido construir la 'Historia del suicidio en Occidente' (Acantilado), un paseo desde la cueva a la era digital por el "darse muerte".

¿Por qué el suicidio nos parece intolerable? Porque nos aterra la muerte que no viene de la naturaleza. El suicida rompe el tiempo humano, vulnera el orden. Sin embargo, el dolor moral excede a toda época. Siempre ha existido el deseo de salida cuando la casa está ardiendo. Es instintivo. Obedece a nuestra condición humana y a la sospecha que despierta la vida. Al menos, desde que ganamos los últimos 300 gramos de cerebro.

Eso fue en la prehistoria. A partir del Australopitecus se incorpora la carne a la dieta, lo que intensifica la caza, el manejo de herramientas. Prevalecer sobre los rivales significa existir en la mirada del otro. Hay una necesidad de reconocimiento. Y en algún momento, aparece el impulso del ceder.

¿El miedo enciende la mecha? El miedo hace de la seguridad una ideología. Siempre ha sido rentable. La muerte industrializada de la segunda guerra mundial generó un miedo colectivo muy profundo, que aún perdura, similar al que sentía la ciudad medieval cuando se acercaba la peste negra o a la convicción actual de que no habrá comida y agua para 10.000 millones de personas en el 2050. El dominio no se ejerce con cadenas, sino infundiendo inseguridad.

¿Y ese impulso 'de ceder' se ha condenado siempre igual? En la Antigüedad se condenaba al esclavo que se quitaba la vida, porque arrebataba "un bien" a su dueño. Es Aristóteles quien formula la condena por primera vez: "No puedes darte muerte –el término 'suicidio' aparece en el siglo XVII– porque eres propiedad de la sociedad". Perfila al ser humano como proyecto político. Y San Agustín retoma y amplía la idea: "No puedes darte muerte porque no eres tuyo, eres de Dios". En la Edad Media se considera el suicidio obra del diablo y se lo asocia a la locura.

Una época severa en sus juicios. Sí. El goce de la mujer en el coito era condenado porque podía engendrar a un suicida o a alguien maltrecho. Descuartizaban al suicida y lo exponían en la plaza pública. Y en el XVIII, lo enterraban boca abajo para que el alma no ascendiera, o en un cruce de caminos, para que no supiera qué dirección tomar. Hasta los años 80 del pasado siglo la ley marcaba que se los enterraran fuera del recinto católico.

¿Nunca hubo una época de comprensión? En el Renacimiento, cuando el individuo dice "yo soy yo", no se condena de manera expresa el suicidio entre las clases altas, por cuestiones de honor. A finales del XV en las casas había pinturas de Lucrecia clavándose el cuchillo –Lucas Cranach pintó unas 30 'lucrecias'–, cosa que hoy sería imposible. Y en la Ilustración, con su proyecto del hombre nuevo, se empezó a proteger al individuo, a darle un Estado de seguridad y consideró el suicidio como una usurpación.

Extraño que en la era de la Razón no aceptaran el darse muerte, ¿no? La razón se transformó en lógica. No exploramos sus otras dimensiones.

Karl Jaspers, ya en el XX, dijo que "la disposición al suicidio nos hace libres"? El existencialismo lo sublimó. Y el suicidio obedece a algo tan llano como no poder soportar la desesperación.

Manuel Domínguez Sánchez (1840-1906) La muerte de Séneca . Museo del Prado

La medicina asegura que hay una patología detrás del 95% de los suicidas. No es creíble. Es verdad que en las autopsias se detectan niveles más bajos de serotonina. Pero cuando el 'mal de las vacas locas' sacudió Gran Bretaña en los 80, el Gobierno tuvo que requisar las armas por la epidemía de suicidios de granjeros. Su dolor era moral, no físico. No hay que medicalizar la condición humana, cosa que le viene bien a la industria farmacéutica. Jaspers, que era psiquiatra lo cifró en un 35%.

¿Entonces? ¿Pesa el dogma? El discurso judeocristiano, mezclado con Grecia y Roma, explica cómo somos. Pero en la Biblia hay un montón de suicidios y ninguno se condena. Saúl se echó sobre su propia espada, Judas se ahorcó, el mismo Jesús optó por su muerte.

 Una rara perspectiva en días como estos. Kierkegaard lamentó que Jesús no tuviera otro final. Un final que nos embadurna, porque el Modelo es una muerte voluntaria. Inconscientemente, eso ha dejado un poso. El hijo de un padre suicida tiene más probabilidades de quitarse la vida, porque el padre le dio 'permiso'.

¿El yihadista que se inmola en qué categoría entra? Émile Durkheim, estudioso del suicidio de finales del XIX, estableció una división en la que figura el 'suicidio altruista' ("yo muero para que tú puedas seguir viviendo"). El yihadista ­–aparte de la promesa de 72 vírgenes– entra en esta categoría. También Jesús.

¿Hay una motivación más recurrente que otra? La que se lleva la palma es la 'desesperación repentina', el suicidio no meditado. El no poder más.

¿El mundo contemporáneo agrava ese ‘no poder más’? El estrés no es algo nuevo. Lo hubo cuando había que caminar 20 kilómetros para conseguir una pieza de caza o cuando se avecinaba una peste a la ciudad. Ocurre que ahora partimos de la comodidad.

Édouard Manet. El suicida (1877)
¿Y por qué se dan más en primavera? La primavera es violenta. También son más violentos los hombres que las mujeres y, por eso, la proporción es de tres a una. El regazo es fortísimo.

¿Existe el efecto contagio? Sí. Tras la publicación de 'Las desventuras del joven Werther', la novela de Goethe, hubo unos 2.600 suicidios de jóvenes. Esa es otra razón por la que se teme hablar en la esfera pública.

Pero hay que hablar... de que no estamos bien adaptados al mundo. Nunca lo hemos estado. El lenguaje ha hecho que podamos dominar ciertas parcelas, pero no todas. Nos cuesta mucho asumir la adversidad; se nos activa el sentimiento autodestructivo (el "ya basta") y, a la vez, el de supervivencia ("van a ver"). 
¿Sabe qué piensa un suicida instantes antes de darse fin? Según una teoría del intelectual francés Maurice Blanchot, en el fondo, el suicida no cree que vaya a morir para siempre. Anida un pensamiento de vida. A veces, incluso se mata por amor a la vida.

Durante la crisis, en España se han registrado un 20% más de casos. Vemos en primera línea la depredación de la que es capaz el sistema, la erosión que causa en la población, el estrés por la difícil supervivencia. Esto causa un deterioro en la conciencia. El cansancio, el hastío, nos hace más frágiles.

¿El sistema perturba? Vivimos pendientes del futuro, ya sea a través de las ideas progresistas que hablan de una utopía que nunca llega, o de las cristianas que creen que esto es un valle de lágrimas y hay que esperar el paraíso en la otra vida, o de las promovidas por las industrias de ocio, que prometen unas vacaciones en Malasia y no en Vic. Menospreciamos el presente. Nos da miedo el vacío. Y n medio de todo esto hay una necesidad imperiosa de autoafirmación.

Ramón Andrés: "El suicida nos aterra porque rompe el tiempo"
El ensayista Ramón Andrés.DANNY CAMINAL
¿De ahí el éxito de Instagram? Y de los gimnasios. El individualismo ha desarrollado un tremendo narcisismo. El mensaje es "sé superior a ti mismo", como diría Nietzsche. A lo largo de la historia, cambia la mentalidad pero no la esencia humana. Usted se parece muchísimo a una mujer egipcia del año 4.000 antes de Cristo. Siempre hemos intentado armonizar los elementos opuestos que hay en nosotros.

¿El mejor antídoto contra la tentación suicida? Dejar de sentirse un competidor con uno mismo y con los otros, no vivir atléticamente batiendo marcas. No sabemos dejarnos en paz, asumir lo que somos.

No es el mensaje colectivo que recibimos. Somos más salvajes que en el siglo IV antes de Cristo. Ni la técnica ni la escolarización nos han mejorado apenas. Una prueba: en la nación supuestamente más avanzada del mundo está mandando Trump.


Fuente:  http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/suicidio-historia-ramon-andres-5955312

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Québec declara válida la ley que regula el suicidio asistido por médicos


suicidio asistido

El Tribunal de Apelaciones de Québec declaró válida la ley sobre suicidio asistido de la provincia canadiense.

Un grupo de doctores de Québec y una mujer con discapacidades a los tribunales la suspensión de la legislación por entender que contradecía el Código Criminal.


El Tribunal de Apelaciones de Québec declaró válida la ley sobre suicidio asistido de la provincia canadiense tras rechazar la suspensión de la legislación solicitada por un grupo de doctores.

La ley, que regula el proceso por el que pacientes en estado terminal deciden poner fin a su vida con ayuda médica, entró en vigor el pasado 10 de diciembre tras ser aprobada por unanimidad en el parlamento de la provincia de Québec.

Pero incluso antes de que la ley entrase en vigor, un grupo de doctores de Québec y una mujer con discapacidades físicas solicitaron a los tribunales la suspensión de la legislación por entender que contradecía el Código Criminal de Canadá.

Inicialmente, un juez del Tribunal Superior de Québec suspendió la ley hasta que los tribunales clarificasen la legalidad de la legislación quebequesa.

Hoy, los tres jueces del Tribunal de Apelaciones de Québec, la máxima autoridad judicial de la provincia, dijeron que la ley no viola el Código Criminal canadiense porque en febrero de este año el Tribunal Supremo de Canadá declaró anticonstitucionales las secciones que prohíben el suicidio asistido.

El Tribunal Supremo de Canadá dijo que los pacientes que padecen un “sufrimiento insoportable” tienen el derecho a terminar su vida con ayuda médica, dando de plazo al Parlamento canadiense hasta febrero de 2016 para modificar el Código Criminal y permitir el suicidio asistido.

El nuevo Gobierno canadiense, surgido tras las elecciones generales del 19 de octubre, ha anunciado que se inspirará en la ley de Québec para redactar la nueva legislación que tendrá efectos a nivel federal.


jueves, 10 de septiembre de 2015

La otra cara del suicidio: aprender a vivir sin respuestas

Cecília Borràs impulsó la primera asociación en España de familiares que han sobrevivido a la muerte por suicidio de alguien cercano después de experimentar en primera persona el desamparo tras el suicidio de su hijo Miquel
Este jueves es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Según la OMS, se estima que por cada muerte se realizan 20 tentativas

"El suicidio es una muerte inesperada, un '¿por qué?' que te persigue toda la vida, explica Cecília Borràs. Ella y su marido necesitaban encontrar una explicación a por qué Miquel, su hijo de 19 años, había decidido quitarse la vida, hace ya casi siete años.

Cecília Borràs, Presidenta Després del Suïcidi Associació de Supervivents (DSAS) / ENRIC CATALÀ
 Por ello, explica a Catalunya Plural, se dirigieron a la doctora Carmen Tejedor, psiquiatra del Hospital Sant Pau. "Fue un encuentro muy comprensivo y nos dijo muchas verdades que desconocíamos. Piensas que el suicidio nunca entrará en tu casa pero todos somos vulnerables", añade. La doctora Tejedor, ahora jubilada, les dijo que necesitarían encontrar una Asociación de Supervivientes, personas que hubieran sobrevivido al suicidio de un familiar, pero que lamentablemente en España no había ninguna. "No encontrábamos lugar para hablar de cómo nos sentíamos", lamenta. "Si algún día se ven con fuerza para tirar una adelante los apoyaremos", les dijo la doctora. Cecília, sin embargo, dudaba de que realmente no existiera ninguna. "Pensé 'lo ha mirado mal', pero luego al llegar a casa lo busqué en Internet y vi que no, que no había ninguna. "El desamparo, el vacío, la no asistencia...ningún recurso", comenta con impotencia.
En 2012, sin embargo, esta impotencia se tradujo en la constitución de Després del Suïcidi Associació de Supervivents (DSAS). La asociación nace con el objetivo de llenar este vacío y generar un espacio para el acompañamiento y el apoyo en el duelo del supervivientes a la muerte por suicidio. Explica, ante la curiosidad que despierta el término 'superviviente' en un contexto poco habitual, que deciden ponerle este nombre porque el nivel de estrés de alguien que ha vivido una muerte por suicidio es equivalente al nivel de estrés que sufre alguien que ha estado en un campo de concentración o que ha vivido un conflicto, según la APPAC (Association of Psychology and Psychiatry for Adults & Children). "Es una muerte muy traumática, tenemos que convivir con el '¿Qué es lo que no he hecho bien?'", dice.
 
"Finalmente entiendes que nunca tendrás respuestas"
Según relata la madre de Miquel, el duelo es un proceso muy individual. "No hay ninguna fórmula mágica, cada uno debe encontrar su manera", matiza y añade que el hecho de pasarlo en pareja a veces lo dificulta porque cada uno se encuentra en un momento del duelo diferente. "Hay que llorar mucho y gritar en un momento de rabia", expresa. Para ella, si bien el apoyo familiar ayuda, el dolor o la incomprensión son inherentes al proceso.
 
"Con la elaboración del proceso de duelo, la persona que ha muerto puede llegar a ser parte de nuestra vida de una nueva manera. Cuando se ha podido hacer esta elaboración, la mayoría de la gente empieza a reconocer que se siente, lentamente, con más energía y cierta esperanza", se detalla en la página de la asociación.
 
Cecília relata que inevitablemente se hace una reconstrucción biográfica de los últimos momentos y de los últimos años con la persona que se ha ido. "A fuerza de repetirlo mucho, sin embargo, finalmente entiendes que nunca tendrás respuestas", afirma con serenidad.
 
Desmitificando el suicidio
Según el psiquiatra Santiago Duran-Sindreu, responsable asistencial de la Unidad de Prevención del Suicidio del Hospital Sant Pau, hay una serie de mitos que contribuyen a que el suicidio sea un tema tabú. "Hay una especie de ley no escrita que dice que hablar del suicidio induce al suicidio", menciona. Otro mito es por ejemplo pensar que las personas que hacen tentativas de suicidio "lo hacen para llamar la atención". Duran-Sindreu explica que estas afirmaciones no son ciertas y matiza también que un 90% de los suicidios, por lo tanto no todos, están relacionados con trastornos mentales. En relación a este 10% Cecília asegura que "lo que nos da miedo es admitir que el suicidio está a nuestro lado, todos somos vulnerables, sobre todo los adolescentes". Del 90% en los que sí hay una relación con un trastorno mental, un 60% serían trastornos mayores y un 40% corresponderían a otros trastornos, como el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el alcoholismo o el Trastorno Límite de la Personalidad.
 
El psiquiatra también pone énfasis en el estigma social que todavía persigue al suicidio y explica que otros países están mucho más libres de este estigma. "Tenemos que convivir con la percepción de los demás, la percepción que tú como familiar no lo has sabido ayudar", explica Cecília.
 
Los datos de una realidad a menudo invisible
Según el Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat), las muertes por suicidio han aumentado de forma continua desde 2007. Si en 2010 se quitaron la vida 418 personas esta cifra ha ascendido a 544 en 2013, último año del que se disponen datos sobre Catalunya. En el conjunto del estado hay registrados 3.263 suicidios en 2007 y 3.870 al 2010. Duran-Sindreu explica que aunque es más frecuente el suicidio entre hombres, los intentos de suicidio son más frecuentes en mujeres. También destaca que es más habitual en casos de personas que no cuentan con apoyo social, gente que se encuentra en el paro o que tiene problemas de dolor crónico. "Nosotros intentamos cubrir diferentes aspectos y podemos dirigir a servicios sociales de la zona o fomentar la sociabilización, por ejemplo", explica el psiquiatra del Hospital Sant Pau.
 
También a partir de 2007 la cifra de muertes por suicidio supera por primera vez la de muertes por accidente de tráfico. Esto lo explica, según Duran-Sindreu, el hecho de que, por ejemplo, se haya hecho una gran campaña para prevenir accidentes de tráfico y que, por el contrario, España no tenga un programa de prevención de suicidio, como sí tienen países como Australia, Canadá o los países nórdicos, donde la tasa es más elevada. Precisamente en cuanto a la tasa de suicidios en todo el estado, ésta se situaba en 2012 en 7,6 por cada 100.000 habitantes, la tasa más elevada desde 2005. Con todo pero la mortalidad representa la punta del iceberg de la problemática real. Según la OMS, se estima que por cada muerte se realizan 20 tentativas, es por ello que la prevención es esencial.
El primer plan de prevención del suicidio en todo el estado lo implantaron el Hospital Sant Pau y el Centre de Psicoteràpia de Barcelona en el Eixample (Dreta de l'Eixample), hace cerca de 10 años. Según explica el psiquiatra Duran-Sindreu, a partir de fondos europeos que provienen de la Alianza Europea contra la Depresión se implementan dos programas piloto: el primero se refiere al Centre de Salut Mental de la Dreta de l'Eixample (en 2005) y el segundo en el Hospital Parc Taulí de Sabadell (2007). Datos del Departament de Salut indican que estas pruebas piloto en Barcelona y Sabadell han permitido disminuir las tentativas de suicidio consumado un 20%.
 
"La asociación ha roto con el silencio y la soledad"
Entre el 2012 y el 2014, los primeros dos años de Després del Suicidi Associació de Supervivents, más de 700 personas han contactado la asociación impulsada por Cecília y que tiene una junta fundacional formada por nueve personas, todas ellas supervivientes del suicidio de un familiar. "Deberíamos hablar de suicidios en plural, porque cada caso es diferente. Al principio estás en un choque tan bestia que eres incapaz de afrontarlo, se trata de una realidad que no eres capaz de asimilar", dice Cecília. Según comenta, y lo confirman los casos con los que se encuentran en la asociación, al inicio se suelen decir mentiras, como que la persona ha muerto en un accidente o que ha sufrido un ataque al corazón. "Tienes que decir la verdad pero cuando estés preparado para hacerlo", añade.
 
Con todo, esta iniciativa, tirada adelante gracias al valor de Cecília y un grupo de personas, es pionera en todo el estado y ayuda a que ninguna otra persona tenga que sentirse como lo hicieron ella, su marido y muchos: desamparados. "La asociación ha roto con el silencio y la soledad y ayuda a mostrar que hemos seguido adelante", concluye Cecília. "Nosotros debemos ser los guardianes de la memoria de su vida", dice refiriéndose a Miquel y a todos aquellos que se han ido.
 
 

domingo, 9 de febrero de 2014

¿Hablamos del suicidio?

El paro mata. / Olmo Calvo
 
Eva Filgueira, Olmo Calvo y Gabriel Pecot se han propuesto afrontar con sus cámaras un tema polémico. Hasta el 17 de febrero están en plena campaña de microfinanciación para sacar adelante su proyecto: Los que se quedan, un documental sobre los suicidios relacionados con la crisis.
 
"Queremos hablar de la crisis desde diferentes aspectos que, por desgracia, están caracterizando la situación, para poder tratarla en profundidad. Y si en nuestro primer trabajo denunciábamos la situación de exclusión de las personas sin trabajo, ahora vamos más allá. Centrarnos en los suicidios, y no sólo en los relacionados con los desahucios, ha sido una evolución natural", cuenta Filgueira, refiriéndose al primer documental del equipo, No Job Land (Marca España). 

"Los suicidios son quizás la consecuencia más grave de la crisis, de la que prácticamente no se ha hablado. Es un tema polémico, sensible, pero por eso mismo hay que investigarlo, dedicarle tiempo…, y sabemos que esto sólo será posible con el apoyo de la gente". Para Pecot se trata de otra cara de la marca España, que algunos prefieren ocultar, aunque reconoce que para muchos expertos es difícil establecer una relación causal entre crisis económica y suicidios.

"Nosotros partimos de un estudio publicado en la revista The Lancet, que destaca un aumento de los suicidios en nuestro país en nichos específicos, concretamente entre las personas en edad laboral", explica Pecot. Este estudio sobre los efectos de la crisis en la salud pública en Europa, publicado en 2009, concluye que por cada 1% de incremento en la cifra del paro aumentan un 0,79% los suicidios de hombres y mujeres menores de 65 años. 

En la misma línea, un estudio publicado en la British Medical Journal en septiembre de 2013 muestra un aumento del 11,7% en los suicidios de jóvenes europeos tras el crack financiero de 2008. Y un informe de la Organización Mundial de la Salud que relaciona crisis económica y salud pública en Europa, presentado un mes después, alerta asimismo de un aumento de los suicidios proporcional al desempleo.

El aumento de los suicidios en España
Los datos del INE de 2012 parecen, en principio, corroborar estas conclusiones. Los suicidios en España han subido un 11,3% con respecto a 2011, llegando a los 3.539 casos, la cifra más alta desde que se recogen estas estadísticas en España, hace más de 100 años. 

Sin embargo, la tasa por cada 100.000 habitantes, que permite establecer comparaciones, es el 7,6, casi idéntica a las de 2006-2009, más alta que en 2010 y 2011, e inferior a las de 2004 y 2005, por ejemplo. La tasa más baja fue en 2010, en plena crisis, y la más alta, en el año 2000, mucho antes de que esta empezara.
Aquí se detiene Santiago Durán-Sindreu, uno de los psiquiatras responsables del Plan de Prevención del Suicidio del Hospital Sant Pau y el Centro de Salud Mental de Dreta de l'Eixample, proyecto pionero –sólo existe uno más en marcha, en el Hospital de Sabadell– y que ha obtenido excelentes resultados en nueve años de trabajo: "La tasa se mantiene, con pequeñas variaciones que pueden ser movimientos aleatorios".
Y señala que incluso las cifras europeas que manejan los estudios sufren un ligero repunte posterior a la crisis, pero "luego hay un efecto acomodaticio, y vuelven a su estado previo". Este psiquiatra argumenta que la economía sumergida, la tipología de la familia o la religión católica son "factores protectores" que explicarían que la tasa española se mantenga entre las más bajas de Europa. 

Durán-Sindreu recuerda que un estudio realizado por especialistas en salud de la Universidad de Baleares mostraba un aumento del 25% en las visitas a centros ambulatorios de salud mental por desórdenes mentales y abuso de alcohol entre 2006 y 2010. "Los trastornos mentales severos se mantienen, pero las depresiones reactivas y los trastornos adaptativos sí pueden aumentar con situación económica social desfavorable", detalla este psiquiatra, que, sin embargo, considera "atrevido" vincular ambos factores sin una investigación más en profundidad. 

 
Stop a los asesinatos. / Olmo Calvo

Javier Jiménez, presidente de Red AIPIS (Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio), considera que la cifra de suicidios podría ser en realidad mayor, ya que algunos casos pueden quedar registrados como accidentes. "El problema es que, una vez descartado el homicidio, no se investigan los posibles desencadenantes de la muerte, con lo cual no podemos saber cuántos accidentes son suicidios ni los motivos que han llevado a la persona a acabar con su vida". 

"El suicidio es un fenómeno multicausal.  Sin conocer las causas, las relaciones entre porcentajes son meramente estadísticas", reconoce Jiménez. Aun con estas reservas en cuanto a los datos, en su opinión, "sin lugar a dudas, la crisis tiene consecuencias": puede ser "un desencadenante más del suicidio, aunque no el único", ni siquiera en los casos relacionados con los desahucios; pero, sobre todo, según él, "influye a través de los recortes en el Estado de bienestar". 

El factor más determinante del suicidio es que la persona haya hecho un intento previo, "y, si no hay una red de atención, un seguimiento psicológico o psiquiátrico 24 horas, o no hay camas en los hospitales para que la persona quede ingresada bajo supervisión médica, es muy probable que vuelva a intentarlo", alerta este psicólogo clínico, "y lo mismo ocurre con los recortes en la atención a personas con trastornos mentales en general o conductas adictivas en particular", presentes, según la OMS, en el 90% de los casos de suicidio.
En todo caso, está claro que el suicidio es un problema de salud pública. "En 2007 los suicidios se convierten en la primera causa de muerte no natural, debido, sobre todo, a la bajada en el número de accidentes de tráfico", recuerda Durán-Sindreu, que destaca que en términos absolutos es la causa de muerte más frecuente en varones de 20 a 35 años y la segunda en los dos sexos en esta franja edad. "En España se suicidan nueve personas al día. ¿Es que estos muertos no le preocupan a nadie?", se pregunta Jiménez. 

En noviembre de 2012, a propuesta de UPyD, todos los partidos políticos se pusieron de acuerdo en la necesidad de elaborar un plan estatal de prevención del suicidio, "pero no se ha hecho nada", se lamenta Jiménez. "Si las medidas de prevención han sido eficaces para los accidentes, ¿por qué no se pone en marcha este plan estatal"?, insiste Durán-Sindreu, que recuerda que ya existen en otros países de la Unión Europea y que en diciembre del pasado año la Generalitat presentó el Código Riesgo Suicidio, "un embrión de plan autonómico".

Ambos coinciden, como la mayor parte de los expertos hoy en día, en que es esencial que se hable de este asunto. "Hay que romper el tabú que estigmatiza el suicidio y tratarlo como se merece para buscar una solución", demanda con contundencia Durán-Sindreu.

Hablar o no hablar: el 'efecto Werther'
Durante años se ha mantenido la idea de que informar sobre los casos de suicidio producía un efecto imitación que era deber de los medios evitar. En parte, esta tesis se basa en la famosa ola de suicidios –se dice que hasta 2.000 jóvenes se quitaron la vida– que se desencadenó en la Europa del XVIII tras la publicación de la novela de Goethe Las desventuras del joven Werther. 

Por ejemplo, el Libro de estilo de El País, en el punto 1.6, aconseja una especial prudencia al periodista con las informaciones relativas a suicidios, "porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten [...] un estímulo de imitación". El texto, al que remite el portavoz del periódico consultado por eldiario.es sobre este tema, concluye que "los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general". 

Muy similares son las recomendaciones del Manual de estilo de RTVE, que en su punto 5, 'Cuestiones sensibles', da como pauta evitar las informaciones referidas a suicidios "y, más aún, cuando sus protagonistas sean niños o adolescentes". Y añade como excepción citarlo "como causa de una muerte especialmente cuando se trate de personalidades relevantes o cuando revelen un hecho social de interés general". 

Este manual detalla, además, los matices que deben acompañar siempre la información sobre estos casos, como evitar explicaciones simplistas y basadas en la especulación, no justificarlos con valores dignos de imitarse y no asociarlos a expresiones como "éxito, salida, opción, solución, etc.".

El presidente de Red AIPIS y Durán-Sindeu están de acuerdo en que es fundamental un tratamiento correcto de la información. Y en que dar detalles o contar los suicidios de personas famosas con connotaciones románticas o positivas en algún sentido, sin mencionar los problemas mentales que probablemente padecían, puede tener un efecto contagio en personas vulnerables. Los dos se felicitan porque se esté empezando a hablar de ello, "y a asumir que hay que hacer algo, aunque desgraciadamente haya sido por los casos relacionados con los desahucios, dramáticos pero pocos con respecto a la cifra total", en palabras de Durán-Sindreu. 

"Personalmente creo que no hablar de las cosas hace que las situaciones se agraven y no beneficia a nadie. Por supuesto, hay que tratar esta cuestión de la forma adecuada y dar cabida a todas las voces", resume Pecot, que defiende el deber de reflejar la realidad, por muy dura que sea, como tarea de un "periodismo con honestidad". 

Precisamente esto es lo que destacaba The Daily Telegraph al referirse al primer documental del equipo, No Job Land (Marca España), al que definía como "un conmovedor recordatorio de las dificultades económicas que muchas familias están sufriendo en España". La repercusión del filme –sobre la acampada de la Asamblea de Parados y Paradas Fontarrón en junio de 2013 en Vallecas– ha superado con creces las expectativas de sus autores, pasando de muro a muro en las redes sociales y con miles de visitas diarias.

"Quizás nuestra aportación sea hacer lo imposible por poder dedicar el tiempo que necesita la gente para ser escuchada, una historia para ser contada", continúa Pecot, e ir más allá de las imágenes de las protestas, que son "lo que se ve en casi todos los medios dentro y fuera de nuestras fronteras", como se queja Calvo.
Filgueira añade un argumento más: hay que hablar de los suicidios relacionados con la crisis "por justicia social", pero también para que "la gente sepa que no está sola". Y Pecot zanja la cuestión con estas preguntas que su nuevo trabajo intentará responder: "¿Vamos a salir de la crisis (o algunos van a salir) sin haber contado algo tan importante como que la crisis, de un modo u otro, produce víctimas? ¿Qué pasa con los que se quedan?".