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domingo, 2 de abril de 2017

El francotirador gallego que quiere volver a luchar contra el Estado Islámico

Arges Artiaga participó en Rojava con el primer grupo de milicianos de las YPG exclusivamente formado por occidentales.

Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS.
Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS

Un militar gallego de 43 años conocido por el sobrenombre kurdo de “Arges Artiaga” se ha propuesto crear junto a otros veteranos un nuevo grupo de combate contra el ISIS que recoja el testigo de la mítica unidad secreta conocida popularmente como '223'.

La '223' fue el primer grupo de las YPG (Unidades de Protección Popular) exclusivamente constituido por voluntarios occidentales que luchaban contra el Daesh en Rojava (norte de Siria).
Tomó su nombre de la fecha de la muerte del primero de sus caídos, el canadiense John Gallagher, abatido el 23 de febrero de 2015 en el transcurso de una operación contra un puñado de yihadistas del Estado Islámico a los que intentaban expulsar de una barriada de la ciudad de Hasake (Siria). Oficialmente, la '223' se disolvió tras la ofensiva de Manjib debido a las heridas y a las bajas que sufrieron sus últimos miembros.

El gallego formó parte de ella desde su creación y hasta mediados del pasado año, en que una herida en el ojo le obligó a abandonar el frente y a regresar a España. Otro ciudadano vasco sirvió también en la '223', antes de ser disuelta.

Artiaga ha viajado hasta el momento en dos ocasiones a Rojava, nombre con el que se conoce los territorios gobernados por los kurdos en el Norte de Siria.

Durante su primera estancia en Oriente Medio, el gallego peleó con una unidad regular de las YPG desde febrero hasta finales de junio de 2015. Cuatro meses después, en octubre de ese mismo año, Artiaga volvió de nuevo a Rojava y a petición de Servan Amriki (sobrenombre kurdo del neoyorquino que creó la '223') se unió a las filas de la nueva unidad de extranjeros, con la que estuvo combatiendo hasta mayo del pasado año.

Hasta su disolución, su existencia era secreta y su mera mención ante la Prensa se castigaba con la expulsión del voluntario. Tras la desaparición de la unidad, Artiaga cuenta por primera vez públicamente los detalles que propiciaron su creación. Las circunstancias en las que sirvió el gallego ilustran también el desarrollo de la guerra en esa zona del país.

Por otro lado, Artiaga está recolectando fondos en España actualmente con el fin de adquirir material médico para los milicianos que pelean contra el Daesh. Le hemos pedido que nos cuente los pormenores de su historia en vísperas de su regreso a Siria y esta es la transcripción de su relato sobre la vida en aquel frente.

Febrero de 2015. En las posiciones defensivas del Jabur
“Cuando por primera vez llegué hasta Siria, en febrero de 2015, no había unidades específicamente creadas para acoger a voluntarios extranjeros, de manera que te llevaban a una especie de academia y tras pasar cinco o seis días recibiendo instrucciones básicas, te mezclaban con los kurdos y las kurdas. Todos teníamos formación militar. Yo, en particular, tenía seis años de vida castrense a mis espaldas y había servido en varios escenarios bélicos. Y al igual que yo, todos los foráneos. Nos asignaban más o menos a razón de cinco o seis extranjeros por cada unidad de kurdos del YPG, con todos los problemas que eso planteaba”.

“Veníamos muy motivados pero aún así aquello era muy precario. Entre otras cosas, porque estábamos en zona de guerra y desconocíamos el idioma. Uno podía morir por algo tan estúpido como no entender “tírate al suelo”. Hasta que Servan creó la '223' no había unidades de extranjeros. A mí me asignaron como primer destino al frente de Tel Tamir[este tomaba el nombre de una pequeña ciudad asiria situada al oeste de Hasake y conquistada por el Daesh en febrero de 2015; varios cientos de cristianos fueron secuestrados por los yihadistas del Estado Islámico en aquellas mismas fechas. El frente al que Artiaga fue destinado se extendía a lo largo de 40 kilómetros en una zona conocida como la ribera del Jabur, mayoritariamente habitada por asirios antes de la guerra].

Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS.
Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS.
 No pegué un tiro en tres meses, pero a pesar de ello, las condiciones fueron muy duras. Estábamos a unos quinientos metros de la línea del Daesh, manteniendo las defensas con armamento muy precario como alguna DShK montada en un pick-up o armas ligeras como el AK que a mí me proporcionaron. Yo aún tuve mucha suerte porque me dieron uno nuevo que fui tuneando y mejorando como pude con el tiempo. Había gente a la que se le caía la mira y la mayoría, ni siquiera podían ponerlo “a cero”.

“En aquel momento, los islamistas estaban muy fuertes gracias a los tanques y a la artillería que robaron cuando avanzaron hacia Mosul. Nosotros no teníamos ni apoyo aéreo. Por la noche escuchábamos pasar a los aviones de la coalición, pero en vuelo de reconocimiento. Durante muchas semanas tuvimos que aguantar el chaparrón como pudimos. Caían pepinazos casi a diario y todo lo que podíamos hacer era guarecernos a duras penas de los morteros. Nos ponían a dos personas cada cinco metros de línea del frente. Mientras uno dormía, el otro hacía guardias de hasta seis horas. Aquello era una salvajada. La comida escaseaba y nos alimentábamos, como quien dice, de poco más que arroz. Apenas nos daban proteínas".

“Durante aquel primer destino, también las relaciones con nuestros colegas kurdos eran a veces complicadas. Hay que entender que no estaban acostumbrados a la presencia de extranjeros. Su forma de ver la vida es muy diferente a la nuestra. A veces nos desaparecía incluso la comida. No es que hubiera problemas, que no los hubo, pero nos tomó algún tiempo habituarnos los unos a los otros. Con el resto de extranjeros fue distinto. Había un rumano, un neozelandés, un inglés, un holandés y americanos... Y el ambiente, en general, era de camaradería, aunque tambien de hastío. Pasamos muchas semanas haciendo guardias durante la noche y tratando de dormir durante el día. De tanto en tanto, nos dejaban hacer una visita a Tel Tamiz. Una parte del pueblo estaba en nuestras manos y la otra, bajo el control del Daesh. En la vertiente del ISIS no había población civil, sólo los yihadistas. En la nuestra había kurdos, árabes y cristianos. Originalmente, toda esa zona de la ribera del Jabur había sido asiria, pero la guerra puso patas arriba muchas de esas aldeas”.

“Allí en Rojava me encontré a todo tipo de occidentales. Los más politizados solían desempeñar labores más civiles. Nadie te pedia el carné de algún partido ni te interrogaban demasiado sobre las razones que te habían llevado allí. De hecho, a mí no me movían razones políticas ni religiosas. Vi por la televisión lo de las masacres de yazidíes y pensé que tenía que hacer algo. Digamos que fue el asedio de Kobane lo que me dio el empujón final. Desde el primer momento, tenía claro que era a Siria a donde debía ir. Hay que recordar que por aquel entonces, nadie ayudaba al pueblo kurdo de Rojava”.

Mayo de 2015. Con la unidad de francotiradores

“Transcurridos tres meses en aquel primer destino, me hicieron jefe de equipo. Cinco de los que estaban conmigo decidieron irse de allí, cansados de hacer guardias, y yo partí con ellos. Nos enviaron a una unidad de francotiradores situada a poco más de dos kilómetros de la posición anterior, en un pueblo enteramente cristiano de la zona de la ribera del Jabur. En este caso, estábamos a las órdenes de kurdos iraníes y de Rojava, bastante más abiertos que los del destino precedente. De alguna manera, aprendimos a comunicarnos mejor. Incluso teníamos una piscina. En aquel punto del frente podíamos ver a los yihadis del Estado Islámico a menos de trescientos metros. Seguíamos armados con los kalashnikovs y nos repartíamos entre todos unos cuantos rifles Dragunov. En realidad, nos servían de bastante poco porque no tenían visión nocturna... así que me las ingenié para que me dejaran una escopeta automática, de esas de cazador”.

Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS (izq) junto a otro militar.
Arges Artiaga, el militar gallego que se propuesto crear un nuevo grupo de combate contra el ISIS (izq) junto a otro militar.
“Allí la situación cambió completamente y los intercambios de fuego comenzaron a producirse con frecuencia incluso antes de que nos dieran la orden de avanzar para recuperar toda el área del Jabur. Nosotros defendíamos la zona norte. En ese momento, estaban todavía fortísimos y nos atacaban con artillería y con las Doshkas que montaban en los Toyotas. Ya sabes... “Allahu akbar, Allahu akbar”...

Fue por aquellos días, al final de mi primera estancia en Rojava, cuando se dio la orden de avanzar en ofensiva. Yo estuve empujando algunos días junto al resto de los chicos. Tan pronto como rompimos sus defensas salieron huyendo casi de espantada y dejando a sus heridos tras de sí. Yo al final estaba muy tocado por la disentería y me tuvieron que hospitalizar. El único contacto que tuve con las tropas del régimen fue durante la noche en que me llevaron hasta los servicios médicos de Hasake para que me atendieran.

Recuerdo bien aquello porque fue el día de las elecciones de Turquia y los kurdos estaban eufóricos con la victoria del HDP. Al llegar a un control, los soldados de Bacher dispararon al aire en nuestra dirección y a punto estuvo de liarse. No se me llevaron detenido de milagro cuando vieron que era un extranjero. Algún tiempo después me llegaron noticias de que mi comandante en la primera posición había muerto como consecuencia de la explosión de una de esas minas que fabricaban con mortero. Otro muchacho kurdo murió también aquellos días. A finales de junio, tuve que volver a España.

Octubre de 2015. Regresa a Siria.
“Hace tan sólo un año, sabía de al menos doce españoles que habían combatido como voluntarios en Rojava. Ahora yo situaría esa cifra en no menos de cincuenta, a los que habría que añadir los iraquíes, cuyo número desconozco. Me encontré con gente que viajaba alentada por todo tipo de motivaciones”.

“Durante mi segunda estancia permanecí en Rojava desde octubre de 2015 hasta al menos abril o mayo de 2016. Claro que en esta ocasión todo fue muy distinto. Apenas acababa de llegar cuando un norteamericano del que yo había escuchado hablar y al que llamábamos coloquialmente “Servan” me propuso unirme a una unidad que estaba tratando de crear. Servan se había ganado una reputación entre los mandos kurdos, y estos le habían encargado crear una especie de grupo de élite, con combatientes voluntarios extranjeros. Esta es la unidad que con el tiempo todo el mundo terminó conociendo como la '223' [como se menciona al principio de la información, adoptó ese nombre en homenaje al primero de sus caídos, un canadiense fallecido un 23 de febrero].

“La verdad es que me sentí halagado de que con mis más de 40 años decidieran contar conmigo para algo así. Además, eso era lo que yo estaba buscando. Yo no había viajado a Siria para hacer guardias, sino para luchar, y la '223' había sido creada para eso. A partir de un pequeño grupo inicial, fuimos reclutando a más hombres. Nunca pasamos de los catorce o quince”.

Arges Artiaga junto al resto del grupo de combate.
Arges Artiaga junto al resto del grupo de combate.
“Éramos todos extranjeros, salvo dos kurdos, que no aguantaron mucho en nuestra compañía porque no estaban acostumbrados a nuestro modo de funcionar. Su cultura es más de guerrilla y nosotros pretendíamos hacer algo, digamos, más 'regular'. Yo fui el primer español, pero después llegó otro vasco que había estado en Sinyar. Teniamos completamente prohibido el hablar con la Prensa, de ahí que no se supo nunca de nosotros ni de nuestras misiones hasta que desaparecimos, tras lo de Manjib. Eran órdenes que emanaban desde arriba. Llegó incluso a expulsarse a un miliciano por violar esa norma básica de discreción y de silencio. Nuestra principal atribución era ir abriendo camino y llegado el caso, proteger los puestos de mando de algunos oficiales kurdos. Disponíamos de más tecnología que el resto de las unidades. Por poner un ejemplo, disponíamos de unas gafas de vision nocturna por cada uno de nosotros, mientras que el resto solía tener una para cada cuarenta. Además de algunos AK 47 y M16, pusieron a nuestra disposición algunos rifles de francotirador que nos íbamos turnando”.

“Una vez montada la unidad, dispusimos apenas de seis días para entrenar y de inmediato pasamos a formar parte de la operación de Howl, simultanea con la de Sinyar... Pasé toda mi segunda estancia en Rojava dentro de la '223' y puedo asegurar que aquello fue muy duro. Entre operación y operación, apenas parábamos unos días, que utilizábamos para entrenar y para dar clases de kurdo”.

“Recuerdo que nos dieron al principio una pick-up para doce tipos y quedó inutilizada la primera semana de operación. Dividimos la unidad en tres equipos, uno de francotiradores y dos de asalto. Estoy hablando de octubre de 2015. Aquella primera ofensiva fue muy dura. Los del Daesh se defendían enviando coches-bomba. Había mucho petróleo allá en juego. Yo no pude tan siquiera ni terminar la operación. En realidad, lo que sucedió fue culpa mía. Caí al suelo como consecuencia de una explosión y me herí en un hombro, tras lo cual fui hospitalizado y reenviado a la base. Fue en aquella primera operación cuando perdimos a John Gallager, el canadiense. Después, vendrían otras que dejaron más heridos tras de sí. A menudo, íbamos de punta de lanza. Sabemos que la gente del Daesh nos temía y nos evitaba; nos hicimos con un nombre y una reputación entre los kurdos. A mí volvieron a herirme en la primavera del pasado año. Alcanzaron el visor con una bala explosiva y este me estalló dentro del ojo y me causó erosiones y quemaduras en el rostro. Los propios mandos kurdos me obligaron de algún modo a regresar a España”.

“No hay cifras oficiales de las bajas yihadistas que se atribuyen a la '223', pero sólo en en el transcurso de la primera operación se encontraron a catorce cadáveres de islamistas muertos a nuestro paso. No queremos llevar la cuenta, pero sabemos que destruimos varios coches bomba, que capturamos una buena cantidad de armamento pesado y a algunos yihadistas. Nos hicimos con un nombre porque queríamos pelear y queríamos estar allí delante. Y eso fue lo que hicimos: ¡darles un poco de caña! Los propios mandos kurdos comenzaron a confiar en nosotros. Les gustaba tenernos cerca durante las operaciones”.

“Después llegó Manjib, conmigo ya de vuelta en casa, y se terminó la '223'. El cien por cien de los miembros de la unidad o murieron o quedaron malheridos. Yo ya he dejado de contar a los compañeros que he perdido. De algunos, como el neoyorquino que la creó, no conocemos ni su paradero. Sabemos que fue alcanzado por los islamistas y que estuvo mucho tiempo hospitalizado en Rojava, tras lo cual volvió a América. Pero no hemos conseguido dar con él. Otros, por el contrario, nos hemos mantenido en contacto y vamos a intentar volver allá para crear algo semejante. Incluso mi pareja ha terminado por asumir que yo me vuelvo. Es para hacerle un altar. Eso lo tengo claro."
“De momento, he dejado de tener problemas con la Justicia española. Imagino que han hecho su trabajo y han llegado a la conclusión de que no soy un problema para España”.

“Cuando me preguntan que por qué vuelvo a Rojava, lo primero que tengo que decir es que no tengo necesidad de colgarme una etiqueta de carácter político. Pero una cosa es cierta, he visto el proceso que están tratando de sacar adelante en medio de una guerra, en condiciones durísimas, en medio de un bloqueo, y con el Daesh asediándolos por los cuatro costados, y apoyo al cien por cien ese proyecto. Jamás vi que se produjeran esas supuestas violaciones de derechos humanos de las que se hablan. Es verdad que se organizaron conscripciones forzosas, pero como en todas las guerras. Y por otra parte, la gente reclutada por la fuerza es enviada a realizar labores policiales o a la retaguardia”.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/francotirador-gallego-quiere-volver-luchar.html

martes, 29 de marzo de 2016

Ministro de economía alemán carga contra Arabia Saudí por considerar que es la “raíz de ISIS”



Sigmar Gabriel
El adjunto al Primer Ministro alemán ministro de Economía Sigmar Gabriel, ha declarado hoy que Arabia Saudí está apoyando a grupos terroristas en todo el mundo. En una entrevista al diario Bild ha avisado que “hay que explicar a los saudíes que la política de mirar hacia otro lado ha terminado; apoyan y financian mezquitas wahabíes en todo el mundo”, añadió.

El ministro ha reclamado que se llevan “acciones decisivas” para poner fin a estos centros de extremismo en Alemania. “La ideología del ISIS deriva del wahabismo; no necesitamos esto en Alemania. Estas mezquitas con respaldo saudí deben ser cerradas “, dijo Gabriel, reiterando al mismo tiempo que los ciudadanos alemanes no tienen ningún problema en absoluto con las actividades de los centros islámicos y mezquitas en general.

En la misma línea se manifestaba Thomas Aubermann, presidente del comité parlamentario del partido socialdemócrata alemán: “Hay que controlar cuidadosamente las actividades de Arabia en su inversión en las mezquitas y la difusión de creencias wahabíes. El wahabismo es una fuente ideológica para ISIS y está implicado en el fortalecimiento de las actitudes extremistas “.

En diciembre de 2015, el servicio de inteligencia exterior de Alemania (BND) ha publicado un informe señalando Arabia Saudí como principal fuente de inestabilidad regional.



Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2016/03/29/ministro-economia-aleman-carga-arabia-saudi-considerar-raiz-isis/

sábado, 19 de marzo de 2016

Arges Artiaga: Un español contra Estado Islámico

"Desconozco si van a detenerme o no", explica a VICE News Arges Artiaga — este es su nombre de guerra —, un gallego de 42 años que hace tan solo diez días regresó a España procedente de Siria.

Allí ha permanecido durante cuatro meses luchando en las filas de la milicia kurda de las Unidades de Protección Popular (YPG) contra el autoproclamado Estado Islámico [Daesh, por su acrónimo en árabe].
Su incertidumbre y preocupación respecto a un posible arresto, se debe en gran parte por la reciente detención el 6 de julio de dos españoles que también habían regresado de Siria tras luchar contra el grupo yihadista. Los militantes de Reconstrucción Comunista conocidos como "Paco" y "Camarada Martos" han quedado en libertad con cargos por "participar en un conflicto y comprometer la neutralidad de España".


Arges Artiaga no fue a Siria por motivaciones políticas sino por solidaridad con el pueblo kurdo ante la brutalidad de Estado Islámico. Según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, alrededor de 400 combatientes extranjeros se han enrolado en las YPG.

En Siria ha sido francotirador y afirma haber matado "a seis combatientes de Daesh". Siempre ha guardado "una bala o una granada para sí mismo porque es mejor morir luchando que en un vídeo de Youtube".
Allí ha perdido a varios compañeros, entre ellos dos combatientes australianos y un alemán, con los que ha luchado codo a codo y guarda un gran recuerdo.

Las promesas a su novia y una fuerte disentería que le hizo perder 20 kilos aceleraron su vuelta a España. Ahora Arges Artiaga ha vuelto a la tranquilidad de la costa gallega donde trabaja algunas horas sueltas al día en la carga y descarga de pescado. En uno de sus descansos, explica a VICE News todos los detalles de su estancia en Siria.

Arges Artiaga sostiene una lata de refresco en la parte inferior de la imagen junto a combatentes extranjeros de la brigada 'Team Freedom' de las YPG. Imagen vía Arges Artiaga.
 VICE NEWS: ¿Cuándo y por qué decidiste viajar a Siria para luchar contra Estado Islámico?Arges Artiaga: Fui a primeros de marzo a la zona de mayoría kurda del norte Siria para ayudar a la gente y por solidaridad, en mi decisión no hay ninguna motivación política ni ideológica. En casa veía los vídeos en el telediario y observaba como la comunidad internacional no estaba haciendo prácticamente nada para frenar el avance de Estado Islámico.

¿Cómo preparaste el viaje? ¿Fue difícil entrar en el Kurdistán sirio?El grupo The Lions of Rojava [una brigada de extranjeros de las YPG] me asesoró y ayudó a realizar el viaje. Compré el billete sin pensarlo mucho y volé hasta el Kurdistán iraquí desde donde entré a territorio sirio.

¿Cuál fue la reacción de familiares y amigos cuando les explicaste que te ibas a Siria a luchar contra Estado Islámico?En un principio no quería comentarlo y mi idea era marchar y decírselo después. Pero finalmente decidí hablar con mi novia y mis familiares más cercanos antes de viajar. Primero lloraron y mostraron mucha preocupación, pero al final están muy orgullosos de mí.

¿Tenías algún tipo de experiencia militar?Sí, había hecho el servicio militar en el Ejército español y, por lo tanto, estaba familiarizado con el uso de armas.

¿Cómo fueron tus primeros días en Siria?Antes de ir al frente, recibí instrucción militar en una academia para familiarizarme con las tácticas que utilizan las YPG ya que actúan como una milicia y no un ejército. Fueron días muy provechosos para entender como actúan las YPG y como se mueven.

¿Había más extranjeros combatiendo a tu lado?Actuábamos en brigadas de 40 combatientes y, de ellos, entre 10 y 15 éramos extranjeros. Había gente de todas partes, incluso iraníes no kurdos. Durante mi estancia en Siria he coincidido con un chico catalán que se dedicaba a dar asistencia médica y con un combatiente vasco de Bilbao, pero tengo constancia que han habido alrededor de 12 combatientes españoles luchando en diferentes zonas como Kobane o Singal.

 La milicia kurda tiene una ideología de izquierdas y feminista, ¿crees que la mayoría de voluntarios viajan por motivaciones políticas o ideológicas?Evidentemente hay gente que va por ideología, pero creo que la gran mayoría lo hace para ayudar a la gente y porque no les gusta lo que está haciendo Daesh.


¿Cómo acoge la milicia kurda a los extranjeros?El trato de la gente ha sido genial. Es una cultura increíble donde en todos lados te dan la bienvenida. Ha habido algunos roces pero eso es normal en cualquier convivencia

A pesar de estar mal equipados, la milicia kurda ha arrebatado mucho terreno a Estado Islámico.
Los combates son una locura porque las YPG no disponen de los medios que tiene un ejército profesional para coordinarse. No tienen radios ni tecnología y esto hace que a veces sea todo un poco caótico. Pero la ausencia de tecnología la suplen con valentía.

Has estado más de cuatro meses en el frente combatiendo contra Estado Islámico. ¿Qué tipo de situaciones has tenido que afrontar?
He perdido varios compañeros y, entre ellos, a un buen amigo kurdo que voló por los aires delante de mí al pisar una mina. Pero los combates tampoco han sido muy frecuentes porque Daesh rehúye el enfrentamiento directo. Ante una ofensiva suelen huir. Normalmente abandonan a los heridos y a los más viejos y se marchan. Ellos son muy buenos en emboscadas, ataques sorpresa y en la colocación de artefactos explosivos. Solo son valientes cuando pillan al enemigo desprevenido pero lo más habitual es que salgan corriendo.

¿En que zonas de Siria has luchado?
He combatido en Tel Tamer, Tel Hamis, en el sur de Sere Kaniye y el último sitió donde combatí fue Tel Abyad. De hecho, regresé a España el mismo día que tomamos la ciudad.

¿Con qué tipo de armamento contabas?
Soy francotirador. Durante tres meses luché con un kalashnikov esperando un buen rifle y finalmente lo conseguí. Con él he podido luchar cerca de mes y medio.

¿Cuántos miembros de Estado Islámico has alzancazo?
He alcanzado a entre 10 y 12 combatientes islamistas.

Daesh tortura, humilla y ejecuta públicamente a muchos de sus rehenes capturados. ¿Tenías alguna consigna para no ser capturado por la organización yihadista?
No existía ninguna orden concisa pero todos teníamos alguna bala o granada reservada para nosotros mismos para evitar ser capturados por Daesh. Mejor caer luchando que en un vídeo en Youtube.

Los kurdos han conseguido conectar la región de Jazira — donde se encuentra Qamishli — y Kobane. ¿Qué papel han jugado los ataques aéreos de la coalición internacional en este avance?
Es una ayuda fundamental. Quiero agradecerles su ayuda y sobre todo a Francia porque se emplea a fondo. Los bombardeos están muy bien dirigidos y existe una buena coordinación con las YPG sobre el terreno. Por ejemplo, si nosotros estábamos muy cerca de la posición que iban a bombardear se esperaban dando vueltas en el aire y nos avisaban de que nos retiráramos. Iban con mucho cuidado para no producir bajas amigas.
Arges Artiaga, segundo por la derecha, junto a dos combatientes españoles, un iraní, un danés y un hawaiano tras la toma de las montañas Abdul Asis. Imagen vía Arges Artiaga.
 En la milicia kurda mujeres y hombres combaten codo a codo contra Estado Islámico. ¿Has luchado junto a ellas en el frente?Sí. Y son unas combatientes con unos huevos muy bien puestos. Se toman muy en serio la lucha porque combaten por la libertad de las mujeres.


Milicianos extranjeros de las YPG como el estadounidense Jordan Matson han reclamado públicamente más ayuda de Occidente a la milicia kurda. ¿Qué opinas?Pienso en la misma línea. Además, los valores que tiene la sociedad kurda son como los nuestros. Creen en la democracia y en la libertad. En aquella región da igual que seas musulmán, cristiano, kurdo, árabe, blanco o negro. Tampoco les importa cuáles son tus ideas políticas porque lo que valoran es que hayas ido a ayudarles en la lucha contra Daesh. El ejército de Irak no puede con Daesh. Los peshmergas [la milicia kurdo iraquí] son casi un ejército y disponen de buen armamento. En cambio las YPG en Siria han conseguido grandísimos avances y expulsado a Daesh con un armas en su mayoría rusas, muy viejas y casi obsoletas.

¿Ves posible la instauración de una autonomía kurda en Siria?Lo primero que me dijo un comandante fue: "a nosotros no nos importa el estado, nos importa la gente". Y yo me quedo con esa idea.

El 6 de julio dos combatientes comunistas que también habían luchado en Siria con la milicia kurda fueron detenidos y ahora están en libertad con cargos. ¿Tienes miedo a ser detenido?No tengo miedo, pero vivo en la incertidumbre de si van a detenerme o no. Yo regresé a España a través del aeropuerto de Madrid. No tuve ningún problema ni me preguntaron nada.

¿Te planteas regresar a Siria?Todos los días tengo ganas de volver. Si no lo hago es por mi chica y por mi salud, ya que regresé con una disentería grave.

¿Qué ocurrió?Perdí casi 20 kilos y estuve hospitalizado en tres ocasiones en Qamishlo, Sere Kaniye y Tel Tamer. Y el médico me aconsejaba que volverá a casa. Pero veía a los heridos tan graves que había a mi alrededor así que cogía el rifle y me volvía para el frente. Ahora estoy mejor, estoy recuperando peso y algunos días voy al gimnasio.
Arges Artiaga recibe tratamiento médico en un hospital del Kurdistán sirio tras sufrir disentería y perder 20 kilos. Imagen vía Arges Artiaga. 
 Fuente: https://news.vice.com/es/video/arges-artiaga-estado-islamico-espanol-guerra-siria-1503