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lunes, 27 de diciembre de 2021
martes, 5 de mayo de 2020
Renta básica universal: La peor de las soluciones (a excepción de todas las demás)
Todavía hay quienes siembran dudas respecto a que la
renta básica universal sea una adecuada solución a la pobreza y
desigualdad crecientes en nuestra sociedad. Pero la realidad palpable
demuestra que el empleo precario —que convierte a los
trabajadores en pobres estructurales— y las ayudas condicionales —que
llevan décadas aplicándose y no han conseguido erradicar la pobreza—
son medidas muchísimo peores. Son, de hecho, experiencias fracasadas.
Es hora de abrir la mente y comprender las nuevas realidades del
trabajo y la idea de libertad real que alienta en la propuesta del
ingreso garantizado.
Tras la catástrofe humana causada por la covid19, todos los
indicios apuntan a que su derivada socioeconómica tendrá una dimensión
igualmente catastrófica. Desatando un vendaval que ya está derribando
muchos tenderetes ideológicos y deja aflorar opiniones favorables a
establecer algún tipo de ayuda económica a las personas más vulnerables.
Se ha hablado de rentas de emergencia o de cuarentena. Y parece que el
Gobierno estudia la puesta en marcha en España de ese Ingreso Mínimo
Vital que duerme el sueño de los justos en algún programa electoral.
Sin embargo, ninguna de esas propuestas encaja en la definición de lo que sería una auténtica renta básica universal (RBU), es decir: un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad, o residente acreditado, sin tomar en consideración si es rico o es pobre, o dicho de otro modo, independientemente de en qué puedan consistir otras posibles fuentes de rentas, y sin importar con quién conviva.
Esto significa que es una renta obtenida a priori, sin averiguaciones previas sobre su situación personal. Si bien será a posteriori, el momento de rendir cuentas al Fisco cuando todos, ricos y pobres, tengan que pasar por la ventanilla fiscal, y pagar, o no, el correspondiente impuesto sobre la suma de sus rentas. Salvo el tramo correspondiente a la RBU, que estaría exento de imposición.
La idea de la renta universal va calando cada vez más en el ánimo de una ciudadanía a la que se le hace insoportable la desigualdad producida por las políticas neoliberales. Pese a ello, los diversos bandos de tirios y troyanos enfrentados en la palestra parlamentaria contemplan la propuesta con desconfianza. Llegando, en algunos casos a manifestar un rechazo que tiene más de visceral que de raciocinio.
“Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre…“, dice la letra de una vieja canción de Joan Manuel Serrat. Y algo similar dicen los artilleros de la batería de críticas que disparan contra la RBU con munición de índole antropológica y moral algo viejuna. La primera e invariable objeción es que esa renta desincentivaría en la gente el deseo de trabajar.
El delicado momento actual aconseja guardar a las vísceras en la nevera y utilizar el raciocinio: Trabajar, de acuerdo, pero ¿en qué, cuándo, cómo y dónde? Hay que explicar qué clase de trabajo podría desincentivar un ingreso garantizado. ¿Hablamos de esa amplia gama de empleos precarios que han alumbrado la categoría laboral de trabajadores pobres? Porque hay una evidente contradicción en predicar el dogma de que el trabajo dignifica al tiempo que se pagan salarios por debajo del umbral de pobreza.
La asociación mental entre RBU y holgazanería ha sido desmontada por el propio modelo productivo de nuestros días, que ha revelado su incapacidad para suministrar a toda la población esa mercancía denominada ‘empleo’. Y que no es más que un artefacto económico averiado. Las medidas de distanciamiento físico dirigidas a evitar el contagio por la covid19, han acelerado el tránsito hacia un proceso que ya estaba en marcha: el teletrabajo. Acercándonos al modelo laboral descrito como Sociedad 20-80, en la que bastará el trabajo de alrededor del 20% de la población activa para hacerla funcionar.
Esa minoría de trabajadores cualificados será, o está siendo ya, suficiente para asegurar el control de las máquinas y los procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural.
No obstante, los predicadores de la moral laboralista, ciegos y sordos ante esta realidad, siguen castigando nuestros oidos con su eterna y cada vez más desafinada cantilena: “con la RBU, la gente no trabajaría”. Y cuando algún socrático, harto de tal monserga, les pregunta: “¿Y tú, qué harías? se apresuran a responder muy circunspectos: “No, yo por supuesto seguiría trabajando”. Según estos fariseos, en el siglo XXI la humanidad se divide en dos subclases: ellos, los virtuosos guardianes de la moral, y “la gente”, esa mayoría a la que el capricho de Natura quiso nacer holgazana.
El nuevo contrato social que será necesario para asegurar la convivencia tras los desastres causados por la reciente (last but not the least) pandemia vírica, exige salir de las zonas de confort ideológico que han servido para definir la sociedad del ayer. Porque, en la era de la Cuarta Revolución Industrial, cuando el modelo productivo ya no es capaz de ofrecer empleo digno y suficiente a toda la población, está claro que habrá que garantizar la supervivencia de las personas respetando al mismo tiempo su dignidad.
Abandonar prejuicios implica, de paso, no hacer el ridículo con el argumentario. Porque resulta pintoresca esa otra objeción que se ha podido escuchar estos días, afirmando que la RBU significaría una mayor intervención del Estado en la vida de los individuos, convirtiéndolos en dependientes.
Presumir que la prestación universal incrementaría el grado de intervención del Estado en la vida personal sugiere la sombría y distópica visión de una sociedad en la que, para recibir la RBU, todas las personas deberíamos acudir periódicamente a las ventanillas de Leviatán, convirtiéndonos así en súbditos sumisos a su omnímodo poder.
Pero es justo en este punto cuando la objeción se derrumba al chocar contra su propia argumentación. Porque, hasta el día de hoy, son precisamente las ayudas condicionales a la gente en situación de necesidad la que de hecho constituyen un factor de servidumbre y dominación sobre las personas por parte de la Administración. Son las personas vulnerables las que se ven sometidas a grandes humillaciones durante el proceso de concesión, vigilancia y eventual castigo de infracciones al régimen de ayudas.
Frente a ello, la propia idea de universalidad de un ingreso que garantice a todo el mundo el derecho a la existencia la que rompe radicalmente con esa dependencia. Al día siguiente a la promulgación de una ley que consagre el derecho universal de todas las personas a percibir una RBU los agentes estatales pierden la actual potestad discriminatoria e intervencionista sobre los individuos. Al Estado no le queda otra misión que la de asegurar la correcta distribución del rédito, sin más preguntas ni investigaciones.
¿Somos dependientes del Estado al utilizar una carretera? Habría que forzar mucho el argumentario para asegurar que el Estado controla nuestra libertad de movimiento a través de la red vial. Una carretera es una infraestructura construida a instancias del Estado y puesta a disposición de toda la población como un servicio de carácter universal que a nadie discrimina. El único control ejercido por el Estado sobre las personas concierne al respeto de las reglas de juego orientadas a la seguridad de todos los usuarios. Y en esto hay un consentimiento general del conjunto de la sociedad para que se persiga, por ejemplo, a los conductores que ponen en peligro la vida de terceros.
Elevando la mirada, encontramos otra medida de sagrado carácter universal: el derecho al sufragio, una conquista civil irrenunciable. Nadie en su sano juicio se permite decir que cuando acude a las urnas sufre una dependencia del Estado. Aunque es obvio que son agentes estatales los encargados de organizar la infraestructura electoral y velar por el buen orden de los comicios.
De la misma forma en que hoy no sería de recibo establecer alguna forma discriminatoria en el ejercicio del voto, el ingreso incondicional y garantizado es un potencial derecho de toda la ciudadanía. Hoy por hoy, la RBU es la única fórmula que satisface la doble condición de asegurar la supervivencia y la dignidad de la gente. Algo que, tras décadas de aplicación, no han logrado las ayudas condicionales a la pobreza cuya vigencia se justifica en el hecho de que siga habiendo pobres.
Los acérrimos enemigos de la RBU, en vez de perder su tiempo arremetiendo contra los defectos de algo que hasta ahora no es más que una propuesta, deberían explicar es la razón por la cual lo que no funcionan son esa maraña de rentas de indigencia condicionales que atrapan sin remisión a los vulnerables. Quienes caen en ella, no abandonan jamás su condición de pobreza.
Así que, colocando en un plato de la balanza las virtudes de la renta básica universal y en el otro sus presuntos defectos, podremos concluir que tal vez se trate “del peor de todos los sistemas de protección social… con excepción de todos los sistemas restantes”, parafraseando cierta caracterización de la democracia atribuida al premier británico Winston Churchill.
Pese a todos sus defectos, (véase el lamentable espectáculo ofrecido en tiempos de desolación por los partidos de la derecha celtibérica) la democracia elimina al menos los males producidos por las dictaduras. De igual manera, el ingreso garantizado abre ante la mayoría de la población un horizonte de libertad real frente a la opresión liberticida del totalitarismo económico.
Fuente: https://attac.es/renta-basica-universal-la-peor-de-las-soluciones-a-excepcion-de-todas-las-demas/
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Sin embargo, ninguna de esas propuestas encaja en la definición de lo que sería una auténtica renta básica universal (RBU), es decir: un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad, o residente acreditado, sin tomar en consideración si es rico o es pobre, o dicho de otro modo, independientemente de en qué puedan consistir otras posibles fuentes de rentas, y sin importar con quién conviva.
Esto significa que es una renta obtenida a priori, sin averiguaciones previas sobre su situación personal. Si bien será a posteriori, el momento de rendir cuentas al Fisco cuando todos, ricos y pobres, tengan que pasar por la ventanilla fiscal, y pagar, o no, el correspondiente impuesto sobre la suma de sus rentas. Salvo el tramo correspondiente a la RBU, que estaría exento de imposición.
La idea de la renta universal va calando cada vez más en el ánimo de una ciudadanía a la que se le hace insoportable la desigualdad producida por las políticas neoliberales. Pese a ello, los diversos bandos de tirios y troyanos enfrentados en la palestra parlamentaria contemplan la propuesta con desconfianza. Llegando, en algunos casos a manifestar un rechazo que tiene más de visceral que de raciocinio.
“Tiene muchos defectos, dice mi madre, y demasiados huesos, dice mi padre…“, dice la letra de una vieja canción de Joan Manuel Serrat. Y algo similar dicen los artilleros de la batería de críticas que disparan contra la RBU con munición de índole antropológica y moral algo viejuna. La primera e invariable objeción es que esa renta desincentivaría en la gente el deseo de trabajar.
El delicado momento actual aconseja guardar a las vísceras en la nevera y utilizar el raciocinio: Trabajar, de acuerdo, pero ¿en qué, cuándo, cómo y dónde? Hay que explicar qué clase de trabajo podría desincentivar un ingreso garantizado. ¿Hablamos de esa amplia gama de empleos precarios que han alumbrado la categoría laboral de trabajadores pobres? Porque hay una evidente contradicción en predicar el dogma de que el trabajo dignifica al tiempo que se pagan salarios por debajo del umbral de pobreza.
La asociación mental entre RBU y holgazanería ha sido desmontada por el propio modelo productivo de nuestros días, que ha revelado su incapacidad para suministrar a toda la población esa mercancía denominada ‘empleo’. Y que no es más que un artefacto económico averiado. Las medidas de distanciamiento físico dirigidas a evitar el contagio por la covid19, han acelerado el tránsito hacia un proceso que ya estaba en marcha: el teletrabajo. Acercándonos al modelo laboral descrito como Sociedad 20-80, en la que bastará el trabajo de alrededor del 20% de la población activa para hacerla funcionar.
Esa minoría de trabajadores cualificados será, o está siendo ya, suficiente para asegurar el control de las máquinas y los procesos productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá condenada al desempleo estructural.
No obstante, los predicadores de la moral laboralista, ciegos y sordos ante esta realidad, siguen castigando nuestros oidos con su eterna y cada vez más desafinada cantilena: “con la RBU, la gente no trabajaría”. Y cuando algún socrático, harto de tal monserga, les pregunta: “¿Y tú, qué harías? se apresuran a responder muy circunspectos: “No, yo por supuesto seguiría trabajando”. Según estos fariseos, en el siglo XXI la humanidad se divide en dos subclases: ellos, los virtuosos guardianes de la moral, y “la gente”, esa mayoría a la que el capricho de Natura quiso nacer holgazana.
El nuevo contrato social que será necesario para asegurar la convivencia tras los desastres causados por la reciente (last but not the least) pandemia vírica, exige salir de las zonas de confort ideológico que han servido para definir la sociedad del ayer. Porque, en la era de la Cuarta Revolución Industrial, cuando el modelo productivo ya no es capaz de ofrecer empleo digno y suficiente a toda la población, está claro que habrá que garantizar la supervivencia de las personas respetando al mismo tiempo su dignidad.
Abandonar prejuicios implica, de paso, no hacer el ridículo con el argumentario. Porque resulta pintoresca esa otra objeción que se ha podido escuchar estos días, afirmando que la RBU significaría una mayor intervención del Estado en la vida de los individuos, convirtiéndolos en dependientes.
Presumir que la prestación universal incrementaría el grado de intervención del Estado en la vida personal sugiere la sombría y distópica visión de una sociedad en la que, para recibir la RBU, todas las personas deberíamos acudir periódicamente a las ventanillas de Leviatán, convirtiéndonos así en súbditos sumisos a su omnímodo poder.
Pero es justo en este punto cuando la objeción se derrumba al chocar contra su propia argumentación. Porque, hasta el día de hoy, son precisamente las ayudas condicionales a la gente en situación de necesidad la que de hecho constituyen un factor de servidumbre y dominación sobre las personas por parte de la Administración. Son las personas vulnerables las que se ven sometidas a grandes humillaciones durante el proceso de concesión, vigilancia y eventual castigo de infracciones al régimen de ayudas.
Frente a ello, la propia idea de universalidad de un ingreso que garantice a todo el mundo el derecho a la existencia la que rompe radicalmente con esa dependencia. Al día siguiente a la promulgación de una ley que consagre el derecho universal de todas las personas a percibir una RBU los agentes estatales pierden la actual potestad discriminatoria e intervencionista sobre los individuos. Al Estado no le queda otra misión que la de asegurar la correcta distribución del rédito, sin más preguntas ni investigaciones.
¿Somos dependientes del Estado al utilizar una carretera? Habría que forzar mucho el argumentario para asegurar que el Estado controla nuestra libertad de movimiento a través de la red vial. Una carretera es una infraestructura construida a instancias del Estado y puesta a disposición de toda la población como un servicio de carácter universal que a nadie discrimina. El único control ejercido por el Estado sobre las personas concierne al respeto de las reglas de juego orientadas a la seguridad de todos los usuarios. Y en esto hay un consentimiento general del conjunto de la sociedad para que se persiga, por ejemplo, a los conductores que ponen en peligro la vida de terceros.
Elevando la mirada, encontramos otra medida de sagrado carácter universal: el derecho al sufragio, una conquista civil irrenunciable. Nadie en su sano juicio se permite decir que cuando acude a las urnas sufre una dependencia del Estado. Aunque es obvio que son agentes estatales los encargados de organizar la infraestructura electoral y velar por el buen orden de los comicios.
De la misma forma en que hoy no sería de recibo establecer alguna forma discriminatoria en el ejercicio del voto, el ingreso incondicional y garantizado es un potencial derecho de toda la ciudadanía. Hoy por hoy, la RBU es la única fórmula que satisface la doble condición de asegurar la supervivencia y la dignidad de la gente. Algo que, tras décadas de aplicación, no han logrado las ayudas condicionales a la pobreza cuya vigencia se justifica en el hecho de que siga habiendo pobres.
Los acérrimos enemigos de la RBU, en vez de perder su tiempo arremetiendo contra los defectos de algo que hasta ahora no es más que una propuesta, deberían explicar es la razón por la cual lo que no funcionan son esa maraña de rentas de indigencia condicionales que atrapan sin remisión a los vulnerables. Quienes caen en ella, no abandonan jamás su condición de pobreza.
Así que, colocando en un plato de la balanza las virtudes de la renta básica universal y en el otro sus presuntos defectos, podremos concluir que tal vez se trate “del peor de todos los sistemas de protección social… con excepción de todos los sistemas restantes”, parafraseando cierta caracterización de la democracia atribuida al premier británico Winston Churchill.
Pese a todos sus defectos, (véase el lamentable espectáculo ofrecido en tiempos de desolación por los partidos de la derecha celtibérica) la democracia elimina al menos los males producidos por las dictaduras. De igual manera, el ingreso garantizado abre ante la mayoría de la población un horizonte de libertad real frente a la opresión liberticida del totalitarismo económico.
Fuente: https://attac.es/renta-basica-universal-la-peor-de-las-soluciones-a-excepcion-de-todas-las-demas/
martes, 7 de febrero de 2017
Ingreso de Marruecos a la Unión Africana es reconocer la República Saharaui
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| Varias mujeres saharauis en el campo de refugiados de Tifariti, en el Sáhara Occidental, en una foto de archivo.(EFE) |
Luego de que se pusiera fin a la guerra de resistencia y liberación de los saharauis contra el invasor colonialista marroquí, se desarrolló hasta hoy una extensa fase de lucha sin armas, política y diplomática, en la cual los saharauis han demostrado tener una sólida y tenaz capacidad para representar y difundir en el mundo entero la lucha por la independencia y autodeterminación de este pequeño pero gigante pueblo saharaui.
Las batallas libradas por el Frente Polisario y su gobierno en el campo político diplomático, en el África y en todos los continentes por el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática, y para presionar que se materialicen los Acuerdos de Paz con la realización del referéndum de autodeterminación saharaui, han escrito páginas memorables en la historia de la diplomacia de los pueblos en su lucha por la descolonización y la independencia.
Son dos los hitos judiciales internacionales más importantes en la historia de la lucha por la independencia del Sahara Occidental:
1.- El 21 de diciembre de 2016 se marca una fecha histórica con la sentencia dictada por la Gran Sala del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que establece categóricamente el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui respecto de Marruecos y de la Unión Europea.
2.- La Opinión Consultiva del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya del 16 de octubre de 1975, que determina que no hay vínculo alguno que pueda permitir a Marruecos reclamar soberanía territorial en el Sahara Occidental.
Un Marruecos crecientemente aislado ha debido modificar su estrategia solicitando ser admitido en la Unión Africana. Para que la Cumbre de la Unión Africana (de la cual la República Árabe Saharaui Democrática es integrante desde su fundación) le admitiera, Marruecos ha tenido que aceptar ingresar sin condiciones a una Organización que en coherencia con su Acta Constitutiva defiende explícitamente en el escenario internacional la soberanía, independencia e integridad territorial de sus Estados miembros.
Como bien lo señala el Canciller saharaui, Salem Ould Salek, “El Estado Saharaui es una realidad irreversible. La entrada de Marruecos a la Unión Africana representa una victoria histórica para el pueblo saharaui y un reconocimiento a sus fronteras heredadas del colonialismo”.
No tengo dudas que como nuevo miembro de la UA el reino feudal de Marruecos intentará debilitar desde dentro la firmeza demostrada por la Unión Africana en su apoyo a la autodeterminación e independencia saharaui. Como lo ha hecho hasta ahora sin éxito, intentará, con el respaldo de sus socios ex colonialistas del África como el gobierno francés, debilitar por dentro el apoyo africano a la lucha por la descolonización e independencia del Sahara Occidental. Pero esta vez tendrá que sentarse de igual a igual y frente a frente en el seno de la UA con los representantes de la República Árabe Saharaui Democrática, y tendrá que hacer frente a países como Argelia, Sudáfrica y Nigeria, entre otros, que tienen un fuerte peso en el continente Africano y en la UA, y que desde sólidas convicciones institucionales respaldan sin medias tintas la independencia y la autodeterminación saharaui y el rol que juega la RASD en el seno de la Unión Africana.
Para ingresar a la Unión Africana, Marruecos aceptó explícitamente ser parte de una Organización que reconoce como miembro Pleno y en igualdad de condiciones a la República Árabe Saharaui Democrática RASD.
En América Latina y el Caribe, a pesar de la fuerte presión de las embajadas marroquíes y de sus aliados, el pueblo saharaui ha sido objeto de cooperación y solidaridad y apoyo de gobiernos, parlamentos, partidos y organizaciones sociales y ciudadanas.
Con su ingreso a la Unión Africana el reino feudal de Marruecos no será creíble al seguir desconociendo a la República Saharaui, y mucho menos si sigue presionando o chantajeando a otros países para que no reconozcan o suspendan sus relaciones con la RASD.
La batalla recién comienza. Los Saharauis han dado un nuevo paso al obligar a Marruecos a sentarse con ellos en el seno de la Unión Africana y no hay dudas que más temprano que tarde conquistarán su plena independencia y el invasor se verá obligado a retirarse del Sahara Occidental.
Fuente: http://www.attac.es/2017/02/07/ingreso-de-marruecos-a-la-union-africana-es-reconocer-la-republica-saharaui-2/
miércoles, 27 de abril de 2016
El análisis de Zizek sobre los Panamá Papers
Lo único realmente sorprendente sobre los Panamá Papers es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no sabíamos de modo preciso lo que esperábamos aprender allí? Aunque una cosa es saber sobre las cuentas bancarias offshore en general y otra, tener pruebas concretas. Es como sospechar que nuestra pareja nos engaña; uno puede aceptar el conocimiento abstracto, pero saltamos de dolor cuando accedemos a los detalles más escabrosos. Y cuando uno tiene fotografías de lo que está pasando… Así que con los Panamá Papers ya estamos frente a las imágenes más sucias de la pornografía financiera del mundo de los ricos, y ya no podemos pretender que no sabemos.
En 1843 el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemán “sólo
imaginaba que creía en sí mismo y exigía al mundo que debía imaginar la
misma cosa.” En tal situación, avergonzar a quienes están en el poder
se convierte en un arma en sí . O, como continuaba Marx, “la presión
real debe ser más apremiante si se le añade la conciencia de esa
presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa mediante su publicidad.”
Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación
Un rápido vistazo a Panamá Papers revela una característica positiva y sobresaliente y otra negativa. Lo positivo es la solidaridad total entre los participantes: en el sombrío mundo del capital global, todos somos hermanos. El mundo occidental desarrollado está allí, incluyendo a los escandinavos no corruptos, quienes se dan la mano con Vladimir Putin. Y el presidente de China, Xi, Irán y Corea del Norte también están ahí. Los musulmanes y los judíos intercambiar guiños amigables, es el verdadero reino del multiculturalismo, donde todos son iguales y todos diferentes. La característica negativa: la contundente ausencia de los Estados Unidos, que le presta cierta credibilidad al reclamo de Rusia y China de que hay involucrados en la investigación intereses políticos particularizados.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con todos estos datos? La primera y predominante reacción es la explosión de furia moralista, por supuesto. Pero debemos cambiar de tema de inmediato, de la moral a nuestro sistema económico: los políticos, los banqueros y gerentes siempre fueron codiciosos, así que ¿qué es lo que nuestro sistema legal y económico les facilitó para que se realizaran en esa avaricia de manera tan desmedida?
Desde la crisis financiera de 2008 en adelante, las figuras públicas, del Papa hacia abajo, nos bombardean con mandatos para luchar contra la cultura de la codicia excesiva y el consumo. Como lo dijo uno de los teólogos cercanos al Papa: “La crisis actual no es una crisis del capitalismo, sino una crisis de la moral.”
Incluso hay sectores de la izquierda que siguen ese camino. No falta anti-capitalismo hoy día: las protestas de Occupy estallaron hace un par de años, e incluso asistimos a una sobrecarga de la crítica de los horrores del capitalismo: libros, investigaciones pormenorizadas y reportajes de televisión abundan en empresas sin piedad, en la contaminación de nuestro medio ambiente, en los banqueros corruptos que obtienen gordas bonificaciones mientras que sus bancos tienen que ser salvados por el dinero público, de los talleres clandestinos que funcionan con horas extras de trabajo infantil.
Hay, sin embargo, un retén a todo este desborde de la crítica: lo que por regla general no se cuestiona es el marco democrático-liberal de lucha contra estos excesos. El objetivo explícito o implícito es democratizar el capitalismo para extender el control democrático sobre la economía a través de la presión de los medios, las investigaciones gubernamentales, leyes más duras, y las investigaciones policiales honestas. Pero el sistema como tal no se cuestiona y el marco institucional democrático del Estado de Derecho sigue siendo la vaca sagrada, incluso las formas más radicales de este “anti-capitalismo ético”, como el movimiento Occupy, no lo toca.
El error a evitar aquí se ejemplifica mejor con la anécdota, acaso apócrifa, sobre el economista izquierdista-keynesiano John Galbraith, quien antes de un viaje a la Unión Soviética, a fines de 1950, escribió a su amigo anticomunista Sidney Hook: “No te preocupes, no me dejaré seducir por los soviéticos para regresar a casa diciendo que tienen socialismo”. A lo que Hook le respondió de inmediato: “¡Pero lo que me preocupa es que regreses alegando la URSS NO es socialista.” Lo que más preocupaba a Hook era la ingenua defensa de la pureza del concepto: si las cosas van mal con la construcción de una sociedad socialista, esto no invalida la idea en sí, sólo significa que no se implementó del modo correcto. ¿No detectamos la misma ingenuidad hoy en día en boca de los fundamentalistas del mercado?
Cuando hace un par de años, durante un debate televisivo en Francia, el intelectual francés Guy Sorman afirmó que la democracia y el capitalismo necesariamente van de la mano, no pude resistir hacerle la pregunta obvia: “¿Pero qué pasa con la China actual” Sorman espetó : “¡En China no hay capitalismo!” Para el Sorman, fanáticamente pro-capitalista, si un país no es democrático, significa simplemente que no es de verdad capitalista, sino que ejerce su versión desfigurada; de la misma exacta manera que una democracia estalinista comunista no es una forma auténtica de comunismo.
El error subyacente no es difícil de identificar, es el mismo que en el célebre chiste: “Mi novio nunca llega tarde a una cita, porque en el momento que llegue tarde ya no es más mi novio.” Así es como los apologistas actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito, explican la crisis de 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que lo causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que nuestra economía de mercado no era verdadera, que todavía estaba en las garras del Estado de Bienestar. La lección de los Panamá Papers es que, precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico.
La realidad que surge de los PP es la de la división de clases, tan simple como eso. Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un mundo separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el sistema legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los protegen, sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente las leyes para acomodarlos
Ya hay muchas reacciones de la derecha liberal a los Panamá Papers que ponen la culpa en los excesos de nuestro Estado de Bienestar, o lo que queda de él. Dado que la riqueza está tan fuertemente gravada, no es de extrañar que los propietarios traten de moverla a lugares con menores impuestos, ya que en última instancia no hay nada ilegal. Ridículo como esta excusa es que este argumento tiene algo de verdad, y trae dos puntos dignos de mención. En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una cuestión de interpretación. En segundo lugar, los dueños de la riqueza que se trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza. En el capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación financiera y mantener sano al bebé de la economía real. El agua sucia es efectivamente la línea de sangre, el linaje del bebé sano.
No debemos temer aquí llegar hasta el final. El sistema jurídico capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.
Entonces, ¿por qué miles de hombres de negocios y políticos hacen lo
que documentan los Panamá Papers? La respuesta es la misma que la del
antiguo y vulgar enigma popular: ¿Por qué se lamen los perros? Porque
pueden.Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación
Un rápido vistazo a Panamá Papers revela una característica positiva y sobresaliente y otra negativa. Lo positivo es la solidaridad total entre los participantes: en el sombrío mundo del capital global, todos somos hermanos. El mundo occidental desarrollado está allí, incluyendo a los escandinavos no corruptos, quienes se dan la mano con Vladimir Putin. Y el presidente de China, Xi, Irán y Corea del Norte también están ahí. Los musulmanes y los judíos intercambiar guiños amigables, es el verdadero reino del multiculturalismo, donde todos son iguales y todos diferentes. La característica negativa: la contundente ausencia de los Estados Unidos, que le presta cierta credibilidad al reclamo de Rusia y China de que hay involucrados en la investigación intereses políticos particularizados.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con todos estos datos? La primera y predominante reacción es la explosión de furia moralista, por supuesto. Pero debemos cambiar de tema de inmediato, de la moral a nuestro sistema económico: los políticos, los banqueros y gerentes siempre fueron codiciosos, así que ¿qué es lo que nuestro sistema legal y económico les facilitó para que se realizaran en esa avaricia de manera tan desmedida?
Desde la crisis financiera de 2008 en adelante, las figuras públicas, del Papa hacia abajo, nos bombardean con mandatos para luchar contra la cultura de la codicia excesiva y el consumo. Como lo dijo uno de los teólogos cercanos al Papa: “La crisis actual no es una crisis del capitalismo, sino una crisis de la moral.”
Incluso hay sectores de la izquierda que siguen ese camino. No falta anti-capitalismo hoy día: las protestas de Occupy estallaron hace un par de años, e incluso asistimos a una sobrecarga de la crítica de los horrores del capitalismo: libros, investigaciones pormenorizadas y reportajes de televisión abundan en empresas sin piedad, en la contaminación de nuestro medio ambiente, en los banqueros corruptos que obtienen gordas bonificaciones mientras que sus bancos tienen que ser salvados por el dinero público, de los talleres clandestinos que funcionan con horas extras de trabajo infantil.
Hay, sin embargo, un retén a todo este desborde de la crítica: lo que por regla general no se cuestiona es el marco democrático-liberal de lucha contra estos excesos. El objetivo explícito o implícito es democratizar el capitalismo para extender el control democrático sobre la economía a través de la presión de los medios, las investigaciones gubernamentales, leyes más duras, y las investigaciones policiales honestas. Pero el sistema como tal no se cuestiona y el marco institucional democrático del Estado de Derecho sigue siendo la vaca sagrada, incluso las formas más radicales de este “anti-capitalismo ético”, como el movimiento Occupy, no lo toca.
El error a evitar aquí se ejemplifica mejor con la anécdota, acaso apócrifa, sobre el economista izquierdista-keynesiano John Galbraith, quien antes de un viaje a la Unión Soviética, a fines de 1950, escribió a su amigo anticomunista Sidney Hook: “No te preocupes, no me dejaré seducir por los soviéticos para regresar a casa diciendo que tienen socialismo”. A lo que Hook le respondió de inmediato: “¡Pero lo que me preocupa es que regreses alegando la URSS NO es socialista.” Lo que más preocupaba a Hook era la ingenua defensa de la pureza del concepto: si las cosas van mal con la construcción de una sociedad socialista, esto no invalida la idea en sí, sólo significa que no se implementó del modo correcto. ¿No detectamos la misma ingenuidad hoy en día en boca de los fundamentalistas del mercado?
Cuando hace un par de años, durante un debate televisivo en Francia, el intelectual francés Guy Sorman afirmó que la democracia y el capitalismo necesariamente van de la mano, no pude resistir hacerle la pregunta obvia: “¿Pero qué pasa con la China actual” Sorman espetó : “¡En China no hay capitalismo!” Para el Sorman, fanáticamente pro-capitalista, si un país no es democrático, significa simplemente que no es de verdad capitalista, sino que ejerce su versión desfigurada; de la misma exacta manera que una democracia estalinista comunista no es una forma auténtica de comunismo.
El error subyacente no es difícil de identificar, es el mismo que en el célebre chiste: “Mi novio nunca llega tarde a una cita, porque en el momento que llegue tarde ya no es más mi novio.” Así es como los apologistas actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito, explican la crisis de 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que lo causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que nuestra economía de mercado no era verdadera, que todavía estaba en las garras del Estado de Bienestar. La lección de los Panamá Papers es que, precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico.
La realidad que surge de los PP es la de la división de clases, tan simple como eso. Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un mundo separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el sistema legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los protegen, sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente las leyes para acomodarlos
Ya hay muchas reacciones de la derecha liberal a los Panamá Papers que ponen la culpa en los excesos de nuestro Estado de Bienestar, o lo que queda de él. Dado que la riqueza está tan fuertemente gravada, no es de extrañar que los propietarios traten de moverla a lugares con menores impuestos, ya que en última instancia no hay nada ilegal. Ridículo como esta excusa es que este argumento tiene algo de verdad, y trae dos puntos dignos de mención. En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una cuestión de interpretación. En segundo lugar, los dueños de la riqueza que se trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza. En el capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación financiera y mantener sano al bebé de la economía real. El agua sucia es efectivamente la línea de sangre, el linaje del bebé sano.
No debemos temer aquí llegar hasta el final. El sistema jurídico capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.
Fuente: http://www.attac.es/2016/04/18/el-analisis-de-zizek-sobre-los-panama-papers/
sábado, 16 de abril de 2016
“Las empresas nos vigilan mejor que los Estados”
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| Fotografía: David Fernández. |
Conversamos con este experto en geopolítica, cofundador de ATTAC y director de la edición española de Le Monde diplomatique sobre la crisis sistémica global, sus vínculos con las tensiones entre seguridad y libertad y el panóptico tecnológico en el que vivimos.
¿Qué es esto del imperio de la vigilancia?
El imperio de la vigilancia es esta especie de articulación que se ha creado entre los Estados, las grandes empresas que dominan internet y los sistemas de inteligencia. Es el resultado de la facilidad técnica que existe hoy para vigilarnos a partir del momento en que cada uno de nosotros y nosotras, en los países desarrollados, decidimos voluntariamente equiparnos con aparatos como los teléfonos móviles, los Ipad o los ordenadores. Nos hemos dotado de sistemas que le permiten a organizaciones del Estado o grandes empresas vigilarnos. Esto es lo nuevo con respecto a la vigilancia histórica. Consideramos que la existencia de estos instrumentos amplía el perímetro de nuestra libertad, pero al mismo tiempo ampliamos la superficie de nuestra vigilancia.
La vigilancia es un accidente. Paul Virilio dice que cada vez que se hace un avance tecnológico surge un accidente no previsto. Cuando se inventa la electricidad se inventa la electrocución, cuando se inventa internet se inventa la vigilancia de masas. Antes la vigilancia era un fantasma, un temor paranoico porque era imposible vigilar a todo el mundo. Hoy la vigilancia es posible.
Parece que esta vigilancia, que implica la pérdida de libertades, se ampara y legitima en un discurso sobre la seguridad. ¿Qué rol juegan los medios de comunicación avalando este paradigma securitario?
Los medios juegan un rol muy conservador con la idea de que si los Estados establecen un sistema de vigilancia es para protegernos. Es una especie de trueque. Yo te doy seguridad y tú me das tu libertad, o una parte de ella. Los medios se adhieren a eso. El problema es que si para combatir el terrorismo liquidamos el conjunto de las libertades democráticas, pagamos un precio demasiado alto y uno de los objetivos del terrorismo se consigue. Cuidado con este negocio falseado porque la seguridad total no existe, los propios gobernantes hablan constantemente de que están tomando todas las precauciones pero no pueden garantizar que no haya un atentado. En cambio, la libertad sí que se puede disminuir mediante leyes.
¿Qué riesgos tiene ese discurso?
Tiene el riesgo de que de esa manera estemos liquidando libertades fundamentales. ¿Qué diferencia hay entre una dictadura y una democracia? Que la dictadura te controla, te condiciona, te vigila sin que estés informado de ello. Pero si actualmente nos vigilan, ¿dónde está la verdadera democracia?
¿Existe un techo de cristal en este espionaje, en este control de la población? ¿Hasta dónde se pretende llegar?
El objetivo es crear lo que llamo la justicia predictiva. Existen dos obras que imaginaron sociedades distópicas, totalmente vigiladas. Una es 1984 (1949) de George Orwell y otra Minority Report (1956) de Philip K. Dick. 1984 es una sociedad completamente vigilada a través de la tecnología. Minority Report habla de un aparato que esencialmente sirve para prevenir el crimen. Se vigila a toda la población con un objetivo preciso de evitar el crimen. Se detiene a la persona por un crimen que aún no ha cometido. En Francia hay un artículo de la ley que lo permite. La intención del crimen ya es un crimen.
Hablas mucho de que el objetivo de este control es la supuesta seguridad pero también existe una parte comercial, de venta de datos a gobiernos y multinacionales.
La novedad es que ahora nos vigilan las empresas y lo hacen mejor que los propios Estados. Cuando el Estado quiere vigilarte le pide a tu proveedor telefónico la lista de tus llamadas. Es tu proveedor telefónico el que te vigila. El Estado, los gobiernos también le van a pedir a Google la lista de lo que has consultado, porque lo tiene todo. Esto es lo que explica que empresas como Google, que no venden nada, sean las más ricas del mundo, porque venden nuestros datos.
La otra cara de la moneda sería la potencialidad que tienen todas estas redes como Facebook o Twitter para promover movilizaciones.
No se trata de condenar internet, es un avance fundamental, se trata de estudiar el accidente, qué es la vigilancia y cómo reducirlo y protegerse.
Antes la vigilancia no era una realidad porque era imposible vigilar a todo el mundo. Hoy la vigilancia es posible
Esa vigilancia se incrementó mucho a partir del 11S. Ahora, la situación en Europa ha cambiado mucho. La crisis de los refugiados o la guerra en Siria necesitan nuevos marcos de interpretación. ¿Qué análisis geopolítico hace?
Estamos en un momento de transición. El periodo de estos últimos 20 años ha estado marcado a escala geopolítica por la crisis de Oriente Medio, que ahora estalla con las cuestión de Siria, y también por la hegemonía de China. En este momento, China está cambiando de modelo económico y de desarrollo, lo que tiene una repercusión muy grande. La caída del precio de las materias primas es algo nuevo en estos 20 años, que se han caracterizado por una subida incesante de las commodities y por el hecho de que muchos países del sur aprovecharon esta situación para transformarse, hasta el punto de que se pudo hablar de países emergentes, los BRICS, se creó el G20… De los emergentes ya no se habla, muchos están en crisis. En América Latina el ciclo está cambiando y en Europa los partidos consolidados han visto reducir su solidez.
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| Fotografía: David Fernández. |
Mucha gente lee el cambio de ciclo en América Latina como si de repente la oposición tuviera argumentos, pero no los tiene. El cambio de ciclo político es consecuencia de un cambio de ciclo económico que se basaba en tres pilares. Por un lado, China tenía un crecimiento muy elevado, acompañado de una política de ser la fábrica del mundo para la exportación de productos, para lo cual tenía que importar muchísimas materias primas de América Latina, entre otros sitios.
En segundo lugar, el precio del petróleo ha caído por distintas razones muy complejas, como rivalidades entre Arabia Saudí y Estados Unidos o el fracking. En último lugar, el dólar ha subido mucho, lo cual encarece las inversiones, que ya no vienen a América Latina. Son tres parámetros que han cambiado la economía latinoamericana. Los países que antes tenían muchos recursos por el precio de las materias primas, por los inversores o por el precio del petróleo ya no pueden distribuir como lo hacían antes.
Ecuador, por ejemplo, ha tenido que reducir su presupuesto en 2.000 millones de dólares a pesar de ser un país muy bien administrado. Otro ejemplo es Bolivia, que va a tener dificultades porque el gas es muy importante en la exportación.
En 15 años muchas sociedades en Latinoamérica han cambiado. Decenas de miles de personas han salido de la pobreza y se han integrado en las clases medias por lo que el discurso del poder no puede ser el mismo. Las ambiciones de estas clases medias no son las mismas que las de las clases populares anteriores. La gente ya no se contenta con tener escuela. En Bolivia, Ecuador y Venezuela se eliminó el analfabetismo. En Venezuela se construyeron once universidades que no existían. Pero la respuesta mediante la cantidad ya no es suficiente para millones de personas que ya están acostumbradas a tener escuela. Lo que quieren es que haya una buena escuela, hospitales de calidad y transportes públicos eficaces. Muchos de estos gobiernos no han sabido contestar a estas demandas. En Venezuela se perdieron las elecciones legislativas, pero la oposición sólo ganó 300.000 votos. Quien perdió fue el chavismo, que perdió dos millones de votos. En Bolivia se ha perdido el referéndum. ¿Era necesario hacer este referéndum para alguien que está 10 años en el poder? La respuesta la ha dado la ciudadanía. No era indispensable. Has cambiado la sociedad. Ahora es más culta, está mejor cuidada, no la puedes tratar como si fuera lo contrario.
Más información: http://www.attac.es/2016/04/16/ignacio-ramonet-las-empresas-nos-vigilan-mejor-que-los-estados/
lunes, 28 de marzo de 2016
Refugiados: una cuestión geopolítica más que humanitaria
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| En Idomeni. Fotografía: Gabriel Tizón |
La pregunta lanzada por el profesor Sami Nair de “¿Qué debe hacer la Unión Europea sobre la inmigración?”, me sugiere algunas observaciones:
- La necesidad de distinguir entre el concepto de refugiado, que indica a las personas que huyen de la persecución política o de conflictos armados para salvar sus vidas, y el de migración, inherente al ser humano, que señala el desplazamiento con el objetivo de mejorar el nivel de vida. Las miles de personas que están siendo devueltas por la Unión Europea (UE) a la zona de guerra o a países con regímenes dictatoriales (Siria, Turquía, Irak o Afganistán), pertenecen a la primera categoría, y los Estados que se declaran democráticos están obligados a protegerles por la Convención Internacional sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.
- En el término confuso de la “Unión Europea” habría que separar los gobiernos de los ciudadanos. Pues, ¿representa el actual gobierno de España a sus votantes si presentó un programa electoral y aplicó otro totalmente contrario? O, la Comisión Europea, ¿defiende los intereses de, por ejemplo el pueblo griego, si con sus exigencias (a favor de la oligarquía financiera) destrozó literalmente la vida de miles de sus ciudadanos “europeos, blancos y cristianos”?
- Por otro lado, ¿Cómo unos gobiernos europeos, que han sido corresponsables, junto con EEUU, de la muerte de al menos millón y medio de personas en las recientes guerras contra Afganistán, Irak, Yemen, Siria, Libia, Sudán, Pakistán, Somalia, Mali, etc., y han desmontado allí la vida de al menos 100 millones de seres humanos y han provocado la huida de otros 25 millones de sus hogares, pueden tener siquiera voluntad de ayudar a sus víctimas? Pedir peras al olmo confundiría a los ciudadanos.
Mientras Turquía acoge a cerca de 3 millones de huidos del infierno sirio, Jordania a 2,6 millones (un 40% de su población), o Líbano a 1,4 millones, los 27 estados de la UE (salvo Alemania) hospedarán tan sólo a 160.000.
- Sin duda, la existencia de cerca de 60 millones de refugiados en el mundo, no se debe a los regímenes dictatoriales, a los que sólo se enfrentan activamente unos pocos militantes políticos e intelectuales progresistas, ni a los conflictos “civiles” o “religiosos”. Esta estremecedora cifra, cuya existencia ignoran muchos en Europa, es resultado directo o indirecto de las guerras de expolio de las principales potencias occidentales, de la farsa “guerra global contra el terror” de la OTAN, o de su pantomima de “llevar democracia” a los países estratégicos o propietarios de recursos naturales. ¿Habría participado Francia en la agresión militar contra Libia, uno de los países más estables y prósperos de África, si éste país no fuera la primera reserva de petróleo de África y uno de los principales caudales del agua dulce del planeta? Desde el 2011, miles de sus gentes, siguen huyendo de su tierra, desmembrada y herida, convirtiendo el Mediterráneo en el cementerio marítimo más grande del mundo, sin que por ello nadie haya sido llevado ante los tribunales por los crímenes contra la humanidad. Otro país europeo como Polonia, que participó con la OTAN en 2001 en el bombardeo y la ocupación de Afganistán (hechos que obviamente no tenían nada que ver con la guerra contra el terror), en una guerra que continua hasta hoy y ha provocado cerca de 700.000 muertos, unos 10 millones de desplazados y 8 millones de refugiados, no quiere dejar entrar ni un sólo refugiado.
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| Un padre y su hija en Idomeni. Fotografía: Gabriel Tizón |
El plan de EEUU para reconfigurar el mapa de Oriente Próximo y Norte de África, que empezó por Irak, trazando nuevas fronteras, incluye a Siria, por lo que una amplia intervención militar de EEUU y sus socios europeos y regionales en dicho país sólo provocará más muertos, y forzará a sus 18 millones de habitantes convertirse en nuevos refugiados. Esta “solución final” para Siria, sería seguida por una limpieza étnica de comunidades que “equivocadamente” se encuentran, quizás desde hace siglos, en la “autonomía” equivocada.
Evitar más guerras, más tragedias humanas, y reasentar a las víctimas de las guerras pasadas y actuales, es tarea de la ONU y requiere, además de la solidaridad individual, la participación activa de todos sus integrantes, compartir la responsabilidad, y dándole a este organismo, caído en desgracia y disfuncionalidad, un soplo de aire fresco y ánimo para que, a corto plazo, ponga en marcha un “Plan Marshal” para acabar con el drama de refugiados. Hoy más que nunca, es imprescindible formar una plataforma global contra las guerras y el militarismo.
Fuente : http://www.attac.es/2016/03/28/refugiados-una-cuestion-geopolitica-mas-que-humanitaria/
domingo, 28 de febrero de 2016
Necesitamos un Plan B al crecimiento
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| Don McCullin |
En las jornadas pudimos oír a Kostas Lapavistas, profesor universitario de economía y referente de la izquierda griega y europea, decir que el petróleo ya no es un problema para Europa porque está barato. Es preocupante que una persona de su categoría no exprese la importancia central del petróleo para el funcionamiento de la economía, ni sea capaz de analizar el precio del petróleo con una mirada más amplia.
Por su parte, Nacho Álvarez, una de las cabezas económicas de Podemos, nos hizo una apología del crecimiento, y puso el ejemplo de cómo Argentina lo consiguió gracias a una expansión monetaria y un precio alto de la soja (entre otros factores). Sin embargo, obvió dar un paso fundamental más en el análisis. La soja crece en Argentina en monocultivos transgénicos dependientes de abonos y pesticidas de síntesis (por cierto, todo ello gracias al petróleo) y es un modelo que no tiene mucho recorrido por delante, fruto del agotamiento del suelo, de los acuíferos y del petróleo barato. No podemos entender el crecimiento sin entender la base material sobre la que se sostiene (lo que no quiere decir que sea el único requisito).
Se acabó el tiempo de los recursos fácilmente disponibles
Actualmente, estamos viviendo la Gran Recesión económica y la crisis terminal de hegemonía estadounidense. También el momento de la historia de la humanidad en la que las desigualdades en el reparto de la riqueza y el poder están siendo mayores. Pero los elementos que están marcando un punto de total quiebra histórica son el fin de la energía abundante, versátil y barata; la dificultad creciente de acceso a muchos materiales; el cambio climático; la quiebra de las bases de la reproducción social causada por la crisis de los cuidados (dejar desatendidos elementos básicos para el sostén de la vida como la alimentación saludable, la higiene o el apoyo emocional), y la pérdida masiva de biodiversidad.
¿Por qué estamos viviendo el final de la energía abundante, versátil y barata? Básicamente, porque los combustibles fósiles más fáciles de extraer y de mejores prestaciones se están agotando. Estamos viviendo ya el principio del descenso en la capacidad de extracción de petróleo “bueno” (petróleo convencional) y, en breve, del petróleo en su totalidad. Los que van quedando son los crudos no convencionales: los más caros, difíciles y de peor calidad (los que se extraen mediante fracking, las arenas bituminosas, los de aguas ultraprofundas o del ártico). Y lo mismo le ocurrirá en los próximos lustros al gas, al carbón y al uranio.
Pero, ¿no hay mix energético alternativo equivalente a los combustibles fósiles? Que el petróleo, acompañado por el gas y el carbón, sea la fuente energética básica no es casualidad. El petróleo se caracteriza (en algunos casos se caracterizaba) por: tener una disponibilidad independiente de los ritmos naturales; ser almacenable de forma sencilla; ser fácilmente transportable; tener una alta densidad energética; estar disponible en grandes cantidades; ser muy versátil en sus usos (combustibles de distintas categorías y multitud de productos no energéticos); tener una alta rentabilidad energética (con poca energía invertida se consigue una gran cantidad de energía); y ser barato. Una fuente que quiera sustituir al petróleo debería cumplir todos esos requisitos, pero también tener un reducido impacto ambiental para ser factible en un entorno fuertemente degradado. Ni las renovables, ni la nuclear, ni los hidrocarburos no convencionales, ni la combinación de todas ellas, es capaz de sustituir a los fósiles.
El mito del crecimiento
En un contexto de recursos limitados, la propuesta de volver al crecimiento se sostiene sobre varios mitos.
El primero es el de la eficiencia. Propone que el aumento de la eficiencia es parte de la solución (o incluso la solución) a los problemas energéticos y materiales, y que, por lo tanto, puede sostener una fase expansiva de crecimiento. Sin embargo, tiene límites insuperables e incluso efectos secundarios adversos.
En primer lugar, una parte de las supuestas mejoras en la eficiencia en las regiones centrales no son tales, sino deslocalizaciones de los procesos más consumidores de materia y energía a las zonas periféricas. Por ejemplo, el grueso de la industria pesada ya no está en Europa, sino en lugares como China o India.
En segundo lugar, las medidas basadas en la eficiencia tienen poco recorrido si se persigue el sostenimiento del crecimiento exponencial. Hace falta una reducción del uso de energía y materiales del orden del 90% en las regiones centrales para entrar dentro de los límites de la sostenibilidad. Para alcanzar esta meta con medidas de ecoeficiencia sería necesario que los materiales y la energía imprescindibles por unidad del PIB disminuyesen 10 veces. Pero si la economía sigue creciendo al 2%, sería necesario que lo hiciesen 27 veces, y si crece al 3%, 45. De modo que, obviamente, no es posible continuar la mejora de la eficiencia indefinidamente.
Por otra parte, la eficiencia no siempre conlleva una reducción en el consumo de materia y energía. Por ejemplo, a pesar de la mejora en las emisiones de CO2 de los vehículos en la UE (Volkswagen y Reanault mediante), la reducción de emisiones por kilómetro recorrido se ha visto desbordada por el impresionante aumento del parque automovilístico y de los kilómetros recorridos en coche. El resultado es un incremento del consumo global de petróleo por parte de los vehículos europeos. Esto es lo que llamamos “efecto rebote”. La eficiencia sin reducción no sirve. Este ejemplo dista de ser una excepción, ya que cuando los aparatos son más eficientes salen más baratos al bolsillo y a la conciencia (parece que se contamina menos), con lo que se incrementa su uso. Y a esto hay que añadir la construcción de nuevas infraestructuras que, en ocasiones, lleva acoplada la mejora tecnológica.
Además, no hay que considerar solo el efecto rebote directo, sino también el indirecto. Este consiste en que los ahorros se desvían a otros sectores donde se incrementa el consumo. El fundamento último del “efecto rebote” es que el aumento de la eficiencia libera recursos que permiten aumentar la producción y el consumo. En realidad, es una consecuencia intrínseca del capitalismo y de su necesidad de crecimiento continuo.
El segundo mito es el de la desmaterialización, es decir, la afirmación de que la economía capitalista puede seguir creciendo reduciendo su consumo de energía y materiales. Sin embargo, el consumo energético y material desde la Revolución Industrial tiene forma de curva exponencial, como la tiene el PIB. Y, en todos los periodos en los que ha bajado el consumo de materia se han debido a una recesión económica. Además, la correlación entre el PIB y el consumo energético mundial a lo largo del tiempo es casi lineal.
El centro la la propuesta de la desmaterialización está en una economía basada en los servicios. Pero este tipo de actividad no es menos consumidora de materia y energía: una cantidad equivalente de riqueza monetaria procedente del sector servicios privado, incluido hoteles, comercios y transporte, demanda casi la misma intensidad energética que el sector industrial, y además requiere de este para existir.
En realidad, la desmaterialización es físicamente imposible. No es factible el reciclaje de todo, en primer lugar por la Segunda Ley de la Termodinámica, que marca que la utilización de energía implica inexorablemente su degradación. Muchos elementos básicos se dispersan en su uso: desde el fósforo utilizado en la fertilización, hasta los óxidos de zinc presentes en los neumáticos que se van esparciendo por las carreteras con el desgaste. Solo podrían ser reciclables si fuesen biodegradables y ese trabajo lo hiciesen los ecosistemas con tiempo y energía solar, y aun así este proceso no sería 100% eficiente. La falsedad del mito de la desmaterialización lo ejemplifica el aparato por antonomasia de la sociedad virtual, el ordenador, que tiene detrás altos requerimientos materiales y energéticos.
En realidad, estos dos mitos son hijos del mito de la ciencia y la tecnología, que reza que nuestro intelecto podrá superar cualquier obstáculo. Pero el sistema tecno-científico tiene límites. El primero es que ya se ha inventado lo que era “fácil” de inventar, los descubrimientos actuales requieren de inversiones temporales, materiales, energéticas, económicas y humanas cada vez mayores. Contra lo que podría parecer, el ritmo de innovaciones reales es cada vez menor. Un segundo problema es que la tecnología la podemos definir como conocimiento, materia y energía condensados, y los tres factores son limitados. Además, lo que se espera no es que haya un avance en genérico, sino que se descubra justo lo que haga falta en el momento preciso y que se pueda implantar de forma inmediata a nivel mundial. Esto está mucho más cerca del término “milagro” que de la palabra “descubrimiento”.
Necesitamos un Plan B al crecimiento
Por todo ello, necesitamos un Plan B para Europa que luche contra el desigual reparto de la riqueza, que busque una democracia real (incompatible con la UE) y que entienda que esto no se puede conseguir con más crecimiento, sino con un nuevo modelo socioeconómico que no necesite crecer.
Afortunadamente, aunque en menor medida, esto también estuvo presente en las jornadas del Plan B. Así, escuchamos a personas como Marga Mediavilla, Florent Marcellesi, Yayo Herrero o incluso Amaral abogar por un Plan B para las personas y para el entorno, entendiendo que no son elementos desligados. Un Plan B al crecimiento.
Fuente: http://www.attac.es/2016/02/26/necesitamos-un-plan-b-al-crecimiento/
sábado, 9 de enero de 2016
António Costa: “En 2016 Portugal empieza a romper con la austeridad”
El primer ministro de Portugal aseveró que las primeras medidas de su Gobierno servirán para que este año su país interrumpa el empobrecimiento y el retroceso social de la política de austeridad.
En una carta publicada en el periódico luso Diário de Notícias (DN), Costa citó la supresión casi total del impuesto extraordinario para los trabajadores, la devolución gradual de los cortes aplicados a los funcionarios y un aumento del 5% del salario mínimo.
“Con estas medidas, aprobadas en los primeros 20 días de gobernación, procuramos interrumpir el camino de empobrecimiento y retroceso social que las políticas de austeridad impusieron”, realzó el primer ministro.
Entre el 2011 y el 2015, Portugal estuvo gobernada por el centroderecha de Pedro Passos Coelho que tuvo que aplicar duros cortes por las exigencias del rescate financiero a Portugal (2011-2014).
Queremos “reivindicar una nueva visión para el país, una visión basada en una economía más fuerte y sustentable”, prosiguió el jefe de Gobierno y líder del moderado Partido Socialista (PS).
El PS llegó al poder contra todo pronóstico después de trabar una alianza postelectoral en el Parlamento con la izquierda marxista y los comunistas que desbancó al centroderecha, que había vencido las elecciones del 4 de octubre, pero sin mayoría absoluta.
Costa recordó otras leyes de cariz social aprobadas en su mes de mandato como la posibilidad de que parejas homosexuales adopten niños o la revocación de tasas para las mujeres que quieran abortar.
En su misiva, sin embargo, no aludió al caso más peliagudo de su mandato de un mes: el rescate del banco Banif por valor de 2.225 millones, que mereció la oposición de sus socios más a la izquierda, aunque finalmente fue aprobado con la abstención del centroderecha.
Esta polémica inyección pública no afectará la meta de déficit del 3% del PIB, según el Gobierno, pues no serán incluidos en la contabilidad que hace la Comisión Europea debido a la naturaleza extraordinaria de la operación.
Fuente: http://www.attac.es/2016/01/08/antonio-costa-en-2016-portugal-empieza-a-romper-con-la-austeridad/
sábado, 5 de diciembre de 2015
La ‘guerra’ contra el terrorismo, un error y un fraude
François Hollande, presidente de Francia, tras los atentados de París dijo que estamos en guerra. Unos llamados yihadistas (franceses y que dicen ser musulmanes) asesinaron a 137 personas e hirieron a 415 en la capital francesa. Radicalmente condenable. Pero estar contra quienes asesinan en nombre de dios, religión o nación no supone tragarnos las ruedas de molino de la clase gobernante.
Tras los atentados, los mandatarios de occidente declararon la ‘guerra al terrorismo’. Pero ATTAC-Francia ha respondido con buen tino que “no es nuestra guerra. Tras el desastre de Estados Unidos en Irak y Afganistán, las intervenciones bélicas francesas en Irak, Libia, Siria, Malí, República Centroafricana, Chad y Níger han contribuido a desestabilizar esas regiones y a provocar una masiva huida de refugiados cuyos cadáveres llegan a nuestras playas. Desigualdades e injusticias desgarran nuestras sociedades y Al Qaeda o el Estado Islámico logran su fuerza por esas injusticias. Esta guerra no conduce a la paz, porque no hay paz sin justicia”.
¿Por qué la reacción por los muertos de París? Recién hubo víctimas de terrorismo sin tanto ruido. Desde mayo ha habido más de 300 muertos y muchos más heridos por atentados terroristas en Arabia Saudí, Beirut, Irak, Kuwait, Pakistán y Túnez. ¿Víctimas de segunda?
Los gobiernos europeos van a la guerra porque creen tener un casus belli perfecto y la guerra siempre es negocio para quienes controlan política y economía. También aprovechan la situación y toman medidas para tener más poder y recortar libertades. En nombre de la seguridad. Cuando la mayor amenaza es una sistemática vulneración de derechos sin que haya más protección ni tranquilidad.
Sobre atentados y respuestas, Loretta Napoleoni, reconocida experta en terrorismo, asegura que “no es correcto decir que estamos en guerra. Un ataque como el de París no es guerra. George W. Bush cometió el mismo error cuando en 2001 declaró la guerra al terrorismo y mira lo que ha traído. La política de bombardeos es la verdadera razón por la que hay atentados en Europa”.
Porque hoy sabemos que la llamada ‘guerra’ contra el terror no acaba con el terrorismo. Noam Chomsky escribió que “una manera sencilla de acabar con el terrorismo, no del todo, pero sí en parte, es dejar de participar en él”. Y, como han denunciado repetidamente Amnistía Internacional y Human Right Watch, el mundo no es más seguro hoy, quince años después de la declaración de guerra contra el terrorismo por Busch y occidente.
Se repite lo que sabemos no funciona. Quince años después, las ‘guerras’ de occidente no han acabado con el terrorismo. Ni tampoco las presuntas medidas de seguridad que recortan libertades y violan derechos. Solo han cambiado los modos y formas de los ataques terroristas. Además de generar la mayor cantidad de terroristas de la historia reciente.
¿No apesta que casi la primera medida del gobierno francés ante los ataques haya sido suspender la gran manifestación ciudadana en París durante la cumbre del cambio climático? Por seguridad, claro. Además de volver a controles fronterizos, pinchar teléfonos e Internet sin autorización judicial, registrar viviendas a la brava… Cuantas más libertades se vulneren, más lejos está vencer al terrorismo.
Ben Emmerson, que fue relator especial para derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, escribió hace años que “venceremos al terrorismo si somos fieles a nuestros valores: derechos humanos y Estado de derecho. Violar derechos y reprimir en nombre del antiterrorismo genera agravios y esas políticas crean condiciones para expandir el terrorismo”. Seguro.
Sin olvidar, como explicó el profesor de Georgetown Norman Birnbaum, que “la guerra contra el terrorismo, heredera bastarda de la guerra fría, es un gigantesco programa millonario que ofrece jugosos trabajos a expertos, ideólogos y charlatanes, además de justificar un gasto militar sin fin”.
Más allá de intereses espúreos, Loretta Napoleoni resalta que “los jóvenes que han atentado en París tienen muchos problemas económicos y de integración. Hay un desempleo juvenil increíble, mucho peor entre musulmanes. La pobreza crea terrorismo y la crisis económica genera las condiciones para mayor radicalidad. Si esos jóvenes tuviesen trabajo, familia y vivienda digna, no habrían hecho lo que hicieron”.
Porque en el fondo está la pobreza, la desigualdad y la humillación que conllevan. Y, para que conste, la proclamada guerra contra el terrorismo aumentará los problemas y el terrorismo seguirá.
Fuente: http://www.attac.es/2015/12/04/la-guerra-contra-el-terrorismo-un-error-y-un-fraude/
sábado, 3 de octubre de 2015
El ingeniero que descubrió el fraude de Volkswagen: "La sombra de la duda ha caído sobre todos los fabricantes"
Vicente Franco, castellonense de 33 años, participó en el estudio que reveló que la compañía usó un 'software' para trucar las emisiones contaminantes de millones de coches
“Nosotros no hemos denunciado a nadie. Sólo somos investigadores, y bastante modestos”. Al otro lado del teléfono, Vicente Franco, el ingeniero valenciano que ayudó a destapar el fraude masivo de Volkswagen. Un estudio de la entidad sin ánimo de lucro para la que trabaja en Berlín, el International Council on Clean Transportation (ICCT), terminaría revelando que la compañía alemana había modificado las mediciones de gases contaminantes en once millones de coches, lo que provocó la dimisión de su responsable y la caída de sus acciones en bolsa.
Analizaron en Estados Unidos tres coches en carretera, dos Volkswagen y un BMW. “La idea de partida era demostrar que los coches diésel son más limpios allí que en Europa”, explica Franco, que estudió Industriales en la Universitat Jaume I de Castellón. Entonces, saltó la liebre. El BMW se libró, pero las emisiones de óxido de nitrógeno de los Volkswagen superaron 40 veces las registradas en las pruebas de homologación. Los resultados fueron enviados a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) estadounidense, que siguió investigando hasta descubrir la trampa. La compañía alemana reconoció la culpa.
¿Por qué lo había hecho Volkswagen? “Por una parte, consiguieron que los coches tuviesen un consumo ligeramente inferior. Por otra, ahorraban dinero en el sistema anticontaminación”, afirma Franco. ¿Cómo lo lograron? “Como los vehículos no tenían todo el hardware necesario, usaron un software como un atajo”. El programa al que se refiere el ingeniero castellonense, de 33 años, disminuye la emisión de gases contaminantes cuando el coche es sometido a una prueba en el laboratorio. Otra cosa es en carretera.
“Digamos que permite pasar la certificación sin tener en cuenta las emisiones reales, con el consiguiente perjuicio para el medioambiente, puesto que los óxidos de nitrógeno contribuyen al smog (la famosa boina de Madrid), que a su vez afecta al aparato respiratorio”, advierte el ingeniero exiliado en Berlín, autor principal de un estudio del ICCT sobre la situación de las emisiones en carretera de automóviles diesel de última generación en Europa, publicado en octubre de 2014.
La fecha no es baladí. Mientras en Estados Unidos se ponían manos a la obra, en Europa el citado estudio pasó desapercibido hasta que se conoció el escándalo. “La Comisión Europea no ha actuado con la misma celeridad que en Estados Unidos, donde la autoridad es expeditiva y fulminante, aunque también es cierto que aquí no tienen los mismos instrumentos para actuar”, reconoce Franco.
Este segundo estudio analizó las emisiones de doce vehículos europeos y los tres de la investigación anterior, fechada en mayo de 2014. El resultado fue que once de los doce vehículos europeos (tres de ellos, Volkswagen) superaban las emisiones contaminantes permitidas. Las emisiones en carretera de óxido de nitrógeno se situaron, de media, en siete veces el nivel límite establecido por la norma Euro 6, según el análisis, que indicaba que las diferencias entre los vehículos puestos a prueba revelaban que existen técnicas para conseguir de forma fraudulenta automóviles diésel limpios.
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| Vicente Franco trabaja para el International Council on Clean Transportation (ICCT) en Berlín. |
Analizaron en Estados Unidos tres coches en carretera, dos Volkswagen y un BMW. “La idea de partida era demostrar que los coches diésel son más limpios allí que en Europa”, explica Franco, que estudió Industriales en la Universitat Jaume I de Castellón. Entonces, saltó la liebre. El BMW se libró, pero las emisiones de óxido de nitrógeno de los Volkswagen superaron 40 veces las registradas en las pruebas de homologación. Los resultados fueron enviados a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) estadounidense, que siguió investigando hasta descubrir la trampa. La compañía alemana reconoció la culpa.
¿Por qué lo había hecho Volkswagen? “Por una parte, consiguieron que los coches tuviesen un consumo ligeramente inferior. Por otra, ahorraban dinero en el sistema anticontaminación”, afirma Franco. ¿Cómo lo lograron? “Como los vehículos no tenían todo el hardware necesario, usaron un software como un atajo”. El programa al que se refiere el ingeniero castellonense, de 33 años, disminuye la emisión de gases contaminantes cuando el coche es sometido a una prueba en el laboratorio. Otra cosa es en carretera.
“Digamos que permite pasar la certificación sin tener en cuenta las emisiones reales, con el consiguiente perjuicio para el medioambiente, puesto que los óxidos de nitrógeno contribuyen al smog (la famosa boina de Madrid), que a su vez afecta al aparato respiratorio”, advierte el ingeniero exiliado en Berlín, autor principal de un estudio del ICCT sobre la situación de las emisiones en carretera de automóviles diesel de última generación en Europa, publicado en octubre de 2014.
La fecha no es baladí. Mientras en Estados Unidos se ponían manos a la obra, en Europa el citado estudio pasó desapercibido hasta que se conoció el escándalo. “La Comisión Europea no ha actuado con la misma celeridad que en Estados Unidos, donde la autoridad es expeditiva y fulminante, aunque también es cierto que aquí no tienen los mismos instrumentos para actuar”, reconoce Franco.
Este segundo estudio analizó las emisiones de doce vehículos europeos y los tres de la investigación anterior, fechada en mayo de 2014. El resultado fue que once de los doce vehículos europeos (tres de ellos, Volkswagen) superaban las emisiones contaminantes permitidas. Las emisiones en carretera de óxido de nitrógeno se situaron, de media, en siete veces el nivel límite establecido por la norma Euro 6, según el análisis, que indicaba que las diferencias entre los vehículos puestos a prueba revelaban que existen técnicas para conseguir de forma fraudulenta automóviles diésel limpios.
“Lo que ha hecho Volkswagen es un fraude. Si una compañía como la alemana aplica estas estrategias deshonestas, la sombra de la duda cae sobre todos los fabricantes”, afirma Franco, quien deja claro que no se sabrá hasta dónde alcanza el problema el Europa hasta que se lleve a cabo una investigación similar a la de la EPA estadounidense.
En todo caso, el ingeniero valenciano considera que es mucho mayor en Europa, aunque sólo sea por una cuestión de cifras, puesto que en un 1% de los coches que se venden en EEUU son diésel, mientras que en Europa alcanzan el 53% (dos de cada tres, en España). “Nuestra impresión es que aquí el ciclo de conducción es más laxo que allí y no permite discriminar entre los coches limpios en carretera y en el laboratorio”, concluye. O sea, que en Europa las pruebas son “anticuadas” y, según él, urge cambiarlas por otras más eficientes. “Aunque el daño ya está hecho”.
En todo caso, el ingeniero valenciano considera que es mucho mayor en Europa, aunque sólo sea por una cuestión de cifras, puesto que en un 1% de los coches que se venden en EEUU son diésel, mientras que en Europa alcanzan el 53% (dos de cada tres, en España). “Nuestra impresión es que aquí el ciclo de conducción es más laxo que allí y no permite discriminar entre los coches limpios en carretera y en el laboratorio”, concluye. O sea, que en Europa las pruebas son “anticuadas” y, según él, urge cambiarlas por otras más eficientes. “Aunque el daño ya está hecho”.
El actual orden capitalista encuentra en la idea de excelencia una de sus bases de legitimación social. Las empresas líderes se supone que lo son porque tienen una dirección adecuada y son capaces de ofrecer mejores productos a la sociedad. Los países que mejor han capeado la crisis han mostrado su eficiencia en la gestión macroeconómica y en su actividad productiva. Las personas que triunfan lo son a causa de su esfuerzo y su buen hacer. La excelencia es un atributo de los triunfadores. Y a la inversa los perdedores son responsables de su propio fracaso, de su falta de esfuerzo, de su incapacidad por hacer las cosas bien. Las pequeñas empresas fracasan porque no alcanzan un nivel de eficiencia adecuado. Los países con problemas, Grecia es el paradigma, lo son por sus propios errores. Y los millones de parados que buscan empleo arrastran gran parte de la culpa de tener una formación inadecuada (se equivocaron a la hora de elegir “currículum” escolar), o simplemente de no tenerla en absoluto, o de no buscar empleo con ahínco, de ser poco competitivos....Continuar leyendo
miércoles, 23 de septiembre de 2015
El gran peligro de Europa es el auge del fascismo
Los ves bajar de la barcaza, llorando, ateridos de frío y miedo. Padres y madres que cargan a sus hijos. Mujeres entradas en años, obligadas a afrontar el riesgo de un viaje incierto por huir de una vida aún peor. Ancianos que han de ser sostenidos por otros para caminar. Los propios chiquillos que han ofrecido una cadena de expresiones con todos los registros, hasta llegar al cuerpo inerte del niño-niño como dormido en la derrota que no le permitirá despertar jamás.
Algunos, los más jóvenes sobre todo, muestran alegría en las metas superadas. Pero todos ellos han de sortear después el calvario que la Unión Europea y algunos países en particular les deparan. Desde alambradas con cuchillas -de fabricación española, por cierto- a engaños y encierro. Y cuando casi vislumbran la meta les levantan una barricada más. Tenemos las retinas llenas de sus caras, su dolor, sus carreras, su resolución. Son una evidencia que sacude la infinita hipocresía de Europa, una conmoción para las conciencias, si se tienen. Europa se derriba a sí misma al hundir Schengen.
Es posible advertir a los periodistas que trabajan sobre el terreno -salvo la desnaturalizada húngara Petra Laszlo cuyas excusas no cuelan- sobrepasados por la magnitud de la tragedia. La Europa de la austeridad ha resucitado hasta los campos de concentración para recluir a los enemigos… de la codicia, a sus víctimas hoy más ostensibles. Una doctora española cuenta a Ana Jiménez de TVE que los centros de internamiento -de reclusión en realidad- de Hungría están peor dotados y atendidos que los de África. Olga Rodríguez aguanta el tipo para describir el trato inhumano que reciben: como animales. Como piara de cerdos, sí, les echan comida guardias húngaros al servicio del gobierno ultraderechista de Viktor Orban. Gobierno votado en las urnas, naturalmente, por individuos con ese derecho.
Hungría lidera el fuerte impulso de algo que se parece extremadamente al fascismo y varios países cercanos se están situando en la misma órbita. Este martes pone en vigor una ley más del corte autoritario que le caracteriza y que le permitirá hasta encarcelar emigrantes. Y así vemos a la embajadora húngara en España declarar en La Sexta Columna, de A3Media, que les preocupa “la composición étnica de Europa”. La malcarada, agria y soberbia representante de un país casi irrelevante en la cada vez más irrelevante Unión Europea se permite situarse como modelo étnico y decidir quién lo cumple y quién no. Asombra la desproporcionada autoestima de esta gente que se cree superior a otros. Y el peligro que entraña la defensa de esa pretendida pureza racial con estos métodos. El fantasma de los años 30´revive tal cual.
Orban, el amigo de Aznar, “preocupa desde hace tiempo en Europa”, dicen, pero no han movido un dedo para pararlo. Ni uno. La mano, para darle palmaditas en la espalda. Grecia es ejemplo de que, cuando el mando en Bruselas quiere ejecutar y castigar a alguien, lo hace sin la menor contemplación. Claro que solo es cuando adeuda dinero, no derechos. Marine Le Pen y Sarkozy en Francia, los ultras de los países nórdicos que se adueñan de las encuestas, Cameron que ha salido del armario de derecha radical con su mayoría absoluta, el PP español al que el húngaro considera su mejor aliado… Ya están aquí. Parecía una broma –el efecto Godwin, decían- y los tenemos tomando decisiones. Y ganando poder por días.
Los que más asusta son ciertos especímenes humanos. Los que pegan y prenden fuego a refugiados, y los que preparan las hogueras. “Yo esto de los refugiados lo arreglaba fácil: cuatro bombas y fuera. Total se están matando en sus países”, escuché decir con mis propios oídos al conductor de un microbús, jaleado previamente por un grupo de mujeres ignorantes y racistas. Escenas como ésta se suceden y cualquiera las relata.
De nada les valen los convenios internacionales, todas las normas que Europa está incumpliendo con los refugiados o la escasa proporción de su número: los llegados entre 2014 y 2015 suponen el 0,065 de la población de la UE. Políticos sucios y periodistas a su servicio con el mismo tizne lanzan y recogen la cuerda para identificar migrantes con terrorismo. Cuando hasta Alemania ha negado esa relación. Todo argumento es inútil si el racismo anida en esos seres embrutecidos y oscurantistas.
La derecha neoliberal, más o menos xenófoba, controla el temario del debate en favor de sus intereses de poder y económicos. Han logrado colar el discurso que les conviene y, en lugar de estar hablando de por qué se permiten campos de concentración en Europa y la violación de los derechos humanos, se induce la asociación de migrantes con terrorismo. Pura técnica goebbeliana en la que caen hasta periodistas bienintencionados.
El PP ha pedido defender a la industria armamentística y lo que ellos entienden por informar a los ciudadanos de los beneficios que produce la investigación en este terreno. La investigación y las ganancias empresariales que cuida con esmero el Ministro Morenés. No necesitan fingir. Esta es la hipocresía europea, dado que los principales vendedores de armas están aquí y en EEUU y esas armas han servido en algunos casos para violar derechos humanos. En países de los que, como Siria, ahora huyen los ciudadanos. Sus votantes no se lo cuestionan.
Crecen los pobres y los multimillonarios. Para eso se gobierna. El último informe de Intermon Oxfam así lo demuestra una vez más. Los recortes y la política fiscal tienen una influencia directa en el aumento de la desigualdad. Y, tras comprobar sus resultados, los presupuestos 2016 ahondan en la misma dirección, según la ONG. En España se han duplicado los multimillonarios y ya hay tres millones de pobres. Más del 50% de los hogares no llega a fin de mes. Un lector comento: “Y ahora encima los sirios”. No acabemos con este atropello que me quita lo mío para aumentar el lujo de unos pocos, no: los sirios. Baja la cerviz y calla: que paguen los sirios. Hasta que la voracidad de la codicia y la hipocresía lleve la emigración a su puerta.
La muerte de Aylan, los ahogados de cada día, las decenas de criaturas arrastradas por los caminos, las vallas, las terribles escenas que muestran los informativos, han cambiado la percepción de otras muchas personas. Por eso, algunos políticos –como el PP de las alambradas con cuchillas y de los muertos de Ceuta- se mueve internando contentar a las distintas sensibilidades. A los racistas y a quienes les incomoda lo que ocurre.
Preocupa en la ultraderecha de la UE “la composición de la etnia europea” Y la Hungría que cierra caminos, encarcela migrantes y los trata como animales es la que, según parece, se ha arrogado el derecho de repartir los carnés de pureza étnica. Y todavía hay quienes piensan que no pasa nada.
Miles de personas están saliendo a la calle en apoyo de los refugiados políticos y económicos. Varias ciudades toman la iniciativa para crear una red de acogida, desde Barcelona a París. Organizaciones No Gubernamentales piden a Europa que cumpla, los desplazados no pueden esperar. La gran esperanza, la única, es que estas mareas muevan a la Europa que se unió –aunque como alianza económica- precisamente para combatir el fascismo que desintegró sus pueblos, el que está volviendo a arraigar en ella. El ascenso del fascismo es hoy uno de nuestros más graves problemas.
Fuente: http://www.attac.es/2015/09/23/el-gran-peligro-de-europa-es-el-auge-del-fascismo/
martes, 17 de marzo de 2015
¿Por qué aparece ahora el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la UE?
Hoy, como consecuencia de las políticas de austeridad promovidas durante todos estos años de la Gran Recesión por parte de las instituciones europeas -el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo- (influenciadas todas ellas por el gobierno de la canciller Merkel en Alemania, así como por el Fondo Monetario Internacional), la Eurozona está en una situación más que preocupante. Está en medio de una deflación (consecuencia también de las políticas de austeridad), habiendo alcanzado un desempleo del 12%, cifra muy elevada para la mayoría de países de la UE-15 (el grupo de países más ricos de la UE).
Frente a esta situación de recesión hay dos posibles soluciones. Una sería revertir las políticas de austeridad, iniciando unas políticas de estímulo económico y crecimiento de la demanda doméstica (mediante el incremento de los salarios y del gasto público). Esta alternativa, que sería la más lógica y razonable (y que beneficiaría más al bienestar de las clases populares), cuenta con la clara y contundente oposición el gobierno alemán, presidido por la canciller Merkel. En realidad, desde que se iniciaron las políticas de austeridad con la aplicación de la famosa Agenda 2010, diseñada y aprobada por el gobierno del canciller alemán Schröder (que para más inri era dirigente de un gobierno socialdemócrata), las políticas encaminadas a estimular la demanda doméstica fueron claramente marginadas en la UE. Un caso claro de marginación fue lo que le ocurrió al que era Ministro de Finanzas del gobierno Schröder, el economista Oskar Lafontaine, que favorecía el aumento de los salarios y del gasto público como manera de estimular la demanda doméstica y así salir de la crisis. Lafontaine tuvo que abandonar el gobierno primero, y el partido después, creando un nuevo partido, Die Link.
Esta alternativa fue, pues, desechada, y en su lugar se promovió estimular la economía a través de las exportaciones. Este ha sido el pensamiento dominante en el establishment financiero a los dos lados del Atlántico Norte, y debido a su desmesurada influencia, en las instituciones políticas. Según este pensamiento, el aumento de las exportaciones será lo que recuperará la economía. Y es así como aparece el Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE. El aumento del comercio era y continúa siendo la propuesta neoliberal para salir de la crisis. Y de ahí surge el énfasis en la necesidad de aumentar la competitividad, lo cual, para el establishment europeo, quiere decir, en lenguaje plano, bajar los salarios, diluir la protección social y eliminar las intervenciones públicas que se han desarrollado para proteger a la ciudadanía, bien como trabajadores, como consumidores o como residentes expuestos a sustancias nocivas en sus barrios y hogares. Este es el objetivo del Tratado de Libre Comercio, tratado que, de hecho, tiene muy poco que ver con el libre comercio. En realidad, los aranceles y otros factores que pueden dificultar la movilidad del comercio entre los países a los dos lados del Atlántico Norte, prácticamente han desaparecido y son ya inexistentes.
¿Cuál es el objetivo y propósito de tal Tratado?
No es, pues, el libre comercio lo que motiva el establecimiento de los tratados que llevan tal nombre. Su propósito es debilitar al mundo del trabajo (bajada de salarios) y eliminar la protección que la ciudadanía ha venido adquiriendo históricamente, a base de sus movilizaciones y presiones sobre el Estado. El objetivo de estos tratados –como ha ocurrido con el tratado entre Canadá, EEUU y México, el NAFTA- ha sido desmantelar estas regulaciones e intervenciones –en las áreas de protección del trabajador, consumidor y/o residente-, algo que el mundo empresarial ha intentado, sin poder conseguirlo, dentro de cada país.
La nueva estrategia es establecer un nivel de autoridad por encima de los Estados que pueda imponerles el deseo de las grandes empresas transnacionales. Y ahí está la raíz del problema. Todos estos tratados tienen como máxima autoridad a un tribunal supranacional que tiene potestad sobre los Estados (tribunal que, por cierto, está bajo la influencia de las grandes empresas transnacionales que tienen mayor influencia sobre los Estados de mayor peso económico mundial), forzándolos a debilitar o eliminar aquellas medidas y leyes protectoras de la ciudadanía. De esta manera, una empresa privada puede llevar a un Estado al tribunal supranacional bajo el argumento de que aquella regulación o ley le discrimina y dificulta el desarrollo de su actividad económica.
Pero existe otra razón para oponerse a tales tratados además del desmantelamiento de la legislación laboral, ambiental y de defensa del consumidor. Y es que el debilitamiento del mundo del trabajo que se deriva de las medidas previstas en estos tratados conlleva la disminución de los salarios y del gasto público social, con lo cual la demanda doméstica baja todavía más, causando así el enlentecimiento del crecimiento económico (que puede incluso suponer un descenso anual del crecimiento del PIB de hasta 2 puntos). Y es ahí donde la supuesta solución neoliberal se convierte también en auténtico problema económico. Y esto apenas lo verá en los medios.
Una última observación. El discurso oficial de los promotores de tal tratado es la necesidad de incrementar la relación comercial entre los dos lados del Atlántico Norte, aumentando así la relación entre los dos continentes. No debería, en sí, ser un proyecto contraproducente para el bienestar de las poblaciones a los dos lados del Atlántico. En principio, parecería, pues, un tratado conveniente, e incluso necesario, ya que podría estimular la actividad económica a los dos lados del Atlántico. Ahora bien, este no es el propósito de tales tratados por mucho que sus promotores lo presenten de esta manera. Como he indicado, no hay en este momento ninguna dificultad para que se realice tal intercambio. Los aranceles, como he indicado antes, ya casi no existen. Tales tratados tienen poco de libre y de comercio. El tratado tiene como objetivo incrementar le poder de las grandes empresas transnacionales a costa de las pequeñas empresas y, sobre todo, a costa de los estándares y normas establecidas para proteger la salud, calidad de vida y bienestar de las poblaciones. Así ha ocurrido en gran parte de los tratados que han tenido el mismo título, y así ocurrirá con tal tratado si este se aprobara.
Fuente: http://www.attac.es/2015/03/12/por-que-aparece-ahora-el-acuerdo-de-libre-comercio-entre-eeuu-y-la-ue/
sábado, 29 de marzo de 2014
Las guerras agrarias ya han empezado
Permítanme que, con tres informaciones, les exponga un nuevo y poco
conocido argumento para explicar (o ayudar a explicar) la
desestabilización de Ucrania y los acontecimientos derivados.
La primera sucedió el pasado 2013, cuando al poco tiempo de que Ucrania derogara la ley que prohibía a los extranjeros comprar tierras, apareció China con un talonario en la mano y, a cambio de un préstamo de 3 mil millones de dólares para el desarrollo agrícola, cerró un acuerdo que le permite explotar, durante 50 años, una superficie similar a todo el tamaño de Galicia, 3 millones de hectáreas de tierra agraria. China, igual que otras potencias que saben que no disponen de capacidad agraria suficiente para alimentar a su población, e igual que fondos financieros que saben que la tierra fértil es un bien finito con el que especular con éxito, llevan ya unos 10 años en una una loca carrera para conseguir, de buenas o malas maneras, el control de la tierra agrícola. ¿Iban a pasar desapercibidas las extensiones de la tierra negra ucraniana, quizás la más fértil de toda Europa? Efectivamente, no.
La segunda se gesta cuando quien fuera el presidente de Ucrania, el ahora destituido Viktor Ianukóvitdos, a finales del año pasado decidió rechazar el Tratado de Libre Comercio que la Unión Europea le proponía. Es mucho el interés que también tienen los estados europeos en asegurarse el acceso a los frutos de la tierra ucraniana lo que lleva a pensar, por qué no, que el apoyo al cambio de gobierno pudiera tener el interés de buscar alguien más favorable a estrechar la mano. De hecho, con el nuevo gobierno ucraniano, Europa ya ha aprobado eliminar las trabas arancelarias en la importación de granos de Ucrania y Crimea. Unas rebajas repentinas que, como si fuera un anticipo, supondrán un ahorro de 500 millones de euros anuales a Ucrania.
La tercera es la suma de recopilar las pequeñas grandes operaciones que también en esa geografía y con los mismos intereses están haciendo las empresas agroalimentarias de los EEUU en los últimos meses. Seguir la pista de dos de ellas es revelador de sus apetitos por esta tierra negra del país ‘entre fronteras’. Cargill, la firma cerealista más importante de los EEUU, entre diciembre de 2013 y enero de 2014 ha comprado participaciones en un puerto al este de la base naval de Crimea que es clave para el comercio agrario y también se ha hecho, en una muy destacada operación, con el 5% de la mayor empresa agraria ucraniana, Ukrlandfarming, que dispone de la nada despreciable cifra de 500.000 hectáreas para el cultivo de maíz, trigo o remolacha para la exportación. Y Monsanto, la empresa de semillas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. En su caso, y como tantas otras veces ha hecho, tiene en marcha un proyecto, el llamado “Grain Basket of the Future”, que disfrazado de ‘acciones para mejorar la calidad de vida de los campesinos y campesinas locales’ busca cosechar más dominio si cabe.
Tres cuestiones que se han sucedido en apenas varios meses y que, como han podido observar, tienen un elemento común: la tierra fértil de Ucrania y su agricultura.
Bien sabíamos que Ucrania, con un privilegiado suelo de enorme fertilidad, fue llamado el granero de Europa y Rusia. Hoy lo que está atrayendo tantos intereses es exactamente eso: la codicia por unas fantásticas tierras agrícolas que además parece ser tienen aún mucha más potencialidad productiva que la que se consigue hasta ahora, que ya es, por cierto, muy destacable pues, en estos momentos, Ucrania se sitúa como el tercer exportador mundial en maíz y el sexto en trigo. Es por ello que el conflicto de estas semanas está provocando que el precio de estos granos en las bolsas y mercados internacionales suba significativamente. Actualmente, el precio de trigo es el más alto desde 2012 y el del maíz el más caro desde el pasado mes de septiembre, como bien saben las empresas ganaderas españolas y catalanas que (como muestra de esta imperiosa necesidad de productos agrarios) dependen en un 80% de Ucrania para satisfacer sus necesidades. En cuanto a las previsiones de crecimiento del sector primario en Ucrania, los expertos apuntan también a una expansión del sector ganadero que, a base de carne de pollo y de cerdo, podría añadir junto al cartel de ‘granero de Europa’ el letrero de ‘carnicería de Europa’. Otro fabuloso negocio que nadie quiere perderse.
Es como una partida de poker y cada potencia juega las cartas que tiene. China dinero contante y sonante, Europa acuerdos comerciales y tratados varios, Rusia parece que amenazas de tanques y misiles y EEUU las estrategias de sus sibilinas multinacionales. Las guerras agrarias del siglo XXI ya han empezado.
Fuente: http://www.attac.es/2014/03/28/las-guerras-agrarias-ya-han-empezado/
La primera sucedió el pasado 2013, cuando al poco tiempo de que Ucrania derogara la ley que prohibía a los extranjeros comprar tierras, apareció China con un talonario en la mano y, a cambio de un préstamo de 3 mil millones de dólares para el desarrollo agrícola, cerró un acuerdo que le permite explotar, durante 50 años, una superficie similar a todo el tamaño de Galicia, 3 millones de hectáreas de tierra agraria. China, igual que otras potencias que saben que no disponen de capacidad agraria suficiente para alimentar a su población, e igual que fondos financieros que saben que la tierra fértil es un bien finito con el que especular con éxito, llevan ya unos 10 años en una una loca carrera para conseguir, de buenas o malas maneras, el control de la tierra agrícola. ¿Iban a pasar desapercibidas las extensiones de la tierra negra ucraniana, quizás la más fértil de toda Europa? Efectivamente, no.
La segunda se gesta cuando quien fuera el presidente de Ucrania, el ahora destituido Viktor Ianukóvitdos, a finales del año pasado decidió rechazar el Tratado de Libre Comercio que la Unión Europea le proponía. Es mucho el interés que también tienen los estados europeos en asegurarse el acceso a los frutos de la tierra ucraniana lo que lleva a pensar, por qué no, que el apoyo al cambio de gobierno pudiera tener el interés de buscar alguien más favorable a estrechar la mano. De hecho, con el nuevo gobierno ucraniano, Europa ya ha aprobado eliminar las trabas arancelarias en la importación de granos de Ucrania y Crimea. Unas rebajas repentinas que, como si fuera un anticipo, supondrán un ahorro de 500 millones de euros anuales a Ucrania.
La tercera es la suma de recopilar las pequeñas grandes operaciones que también en esa geografía y con los mismos intereses están haciendo las empresas agroalimentarias de los EEUU en los últimos meses. Seguir la pista de dos de ellas es revelador de sus apetitos por esta tierra negra del país ‘entre fronteras’. Cargill, la firma cerealista más importante de los EEUU, entre diciembre de 2013 y enero de 2014 ha comprado participaciones en un puerto al este de la base naval de Crimea que es clave para el comercio agrario y también se ha hecho, en una muy destacada operación, con el 5% de la mayor empresa agraria ucraniana, Ukrlandfarming, que dispone de la nada despreciable cifra de 500.000 hectáreas para el cultivo de maíz, trigo o remolacha para la exportación. Y Monsanto, la empresa de semillas más grande del mundo, también está ganando espacio en Ucrania donde ya controla el 40% del mercado de semillas. En su caso, y como tantas otras veces ha hecho, tiene en marcha un proyecto, el llamado “Grain Basket of the Future”, que disfrazado de ‘acciones para mejorar la calidad de vida de los campesinos y campesinas locales’ busca cosechar más dominio si cabe.
Tres cuestiones que se han sucedido en apenas varios meses y que, como han podido observar, tienen un elemento común: la tierra fértil de Ucrania y su agricultura.
Bien sabíamos que Ucrania, con un privilegiado suelo de enorme fertilidad, fue llamado el granero de Europa y Rusia. Hoy lo que está atrayendo tantos intereses es exactamente eso: la codicia por unas fantásticas tierras agrícolas que además parece ser tienen aún mucha más potencialidad productiva que la que se consigue hasta ahora, que ya es, por cierto, muy destacable pues, en estos momentos, Ucrania se sitúa como el tercer exportador mundial en maíz y el sexto en trigo. Es por ello que el conflicto de estas semanas está provocando que el precio de estos granos en las bolsas y mercados internacionales suba significativamente. Actualmente, el precio de trigo es el más alto desde 2012 y el del maíz el más caro desde el pasado mes de septiembre, como bien saben las empresas ganaderas españolas y catalanas que (como muestra de esta imperiosa necesidad de productos agrarios) dependen en un 80% de Ucrania para satisfacer sus necesidades. En cuanto a las previsiones de crecimiento del sector primario en Ucrania, los expertos apuntan también a una expansión del sector ganadero que, a base de carne de pollo y de cerdo, podría añadir junto al cartel de ‘granero de Europa’ el letrero de ‘carnicería de Europa’. Otro fabuloso negocio que nadie quiere perderse.
Es como una partida de poker y cada potencia juega las cartas que tiene. China dinero contante y sonante, Europa acuerdos comerciales y tratados varios, Rusia parece que amenazas de tanques y misiles y EEUU las estrategias de sus sibilinas multinacionales. Las guerras agrarias del siglo XXI ya han empezado.
Fuente: http://www.attac.es/2014/03/28/las-guerras-agrarias-ya-han-empezado/
martes, 14 de enero de 2014
Renta Básica, un nuevo derecho humano
Iniciativa ciudadana europea por una renta básica universal.¡Movilízate
por una Renta Básica como derecho humano!
El 14 de enero de 2013, la Comisión Europea admitió a trámite nuestra
iniciativa ciudadana europea dando inicio a una campaña de un año que se
desarrollará en todos los países de la Unión Europea.
Antes del 14 de enero de 2014, tenemos que llegar a los 500 millones de
ciudadanos de la Unión Europea y conseguir un milló de firmas de apoyo
con unos umbrales mínimo en al menos 7 Estados miembros. A día de hoy 15
Estados miembros están participando ya en esta iniciativa.
Si conseguimos un millón de firmas de apoyo a la renta básica de entre
los 500 millones de habitantes de la Unión Europea, la Comisión Europea
tendrá que estudiar detenedimante nuestra iniciativa y organizar una
audiencia pública en el Parlamento Europeo.
Firma la iniciativa en
http://basicincome2013.eu/ubi/es/firmar-la-iniciativa/
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