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lunes, 29 de julio de 2019

Bill Maudin, el soldado que relató su lucha contra los nazis en cómics que subían la moral de sus compañeros

Era lo único que no censuraba el ejército americano, la viñeta de Bill Maudin. Chistes que se mofaban de la disciplina, que enervaron a Patton, que mostraban lo dura que era la vida en el frente, pero que servían para que los soldados se desahogasen echándose unas risas. Maudin desembarcó en Sicilia y recorrió Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alemania relatando la vida de sus compañeros. A los 23 años, recibió el Pulitzer. El cómic también fue a la guerra


 Descendiente de militares, Bill Maudin participó en la Invasión de Sicilia y la campaña italiana que llevó a cabo el ejército estadounidense en la II Guerra Mundial. Sin embargo, su arma era un lápiz. Estaba enrolado en el diario Star and Stripes, el periódico de los militares, donde dibujaba una viñeta cómica sobre Willie y Joe, dos soldados arquetípicos. Fue herido en Monte Cassino por un mortero, pero siguió dibujando, con lo que ganó el Pulitzer al final de la guerra. Su personaje Willie, llegó a aparecer en una portada de la revista Time el 18 de junio de 1945.

Su humor político duró muchos años más, pero su trabajo durante la guerra fue realmente meritorio. Para los soldados, esas viñetas les ayudaban a mantener una moral elevada mientras luchaban contra los nazis y, además, no renunció a sus principios libertarios. En esos chistes criticaba la estúpida disciplina propia del ejército, sobre todo en aquella época, y el mismísimo Dwight Eisenhower tuvo que salir en su defensa tras un escándalo por un chiste que se burlaba de la orden de Patton de que los soldados tenían que estar afeitados el día de la batalla. Él dijo en entrevistas que no quería destruir al ejército, sino reformarlo. Lo cierto es que sus viñetas, que no gustaron a los oficiales, le encantaban sin embargo a los soldados, y por eso sobrevivieron.

Fantagraphics recogió toda su obra sobre estos dos personajes en 2008 en dos tomos titulados Willie & Joe: The WWII Years. Los dos personajes los creó en tiempo de paz, antes de Pearl Harbor, pero él ya estaba haciendo la instrucción de la 45 División de Infantería. Se enroló en las Fuerzas Armadas por la Gran Depresión, veía que no iba a tener posibilidades de ganarse la vida como ilustrador tal y como estaba el panorama. Si se metió luego en el periódico de la división, que acababa de aparecer, fue porque estaba deseando dejar de limpiar letrinas.


Cuando participó en la invasión de Italia, vio morir, salir heridos o ser capturados a la mayor parte de los compañeros de su reemplazo. Eso sumió al dibujante en un estado de tristeza que se manifestó en sus personajes. Estaban llenos de arrugas, con caras de viejo en cuerpos de veinteañeros.

Cuesta entender a veces los chistes, porque están escritos imitando el acento de los barrios marginales y muchas palabras son de jerga propia de los militares rasos de aquel tiempo. Sus "personajes de nariz ganchuda", como él los describió, representaban a la gran cantidad de nativos americanos que había en su unidad, una anomalía dentro del ejército. Combatían segregados, pero en su división no porque era la que más tenía. Maudin era de Nuevo México. En un chiste sobre la contienda, salían dos alemanes diciendo que Dios estaba de su lado, como era el lema del führer, "pero los americanos tienen del suyo a todos los indios".

Gracias a todos los chistes que dibujó mientras pasaba por una experiencia tan traumática como la guerra se pueden comprender ahora fenómenos y sucesos que no ha transmitido la Historia. Por ejemplo, en una viñeta un fotógrafo le decía a un soldado que felicidades, que era el soldado número cien que posaba con una botella de Coca-cola. Otro detalle con intrahistoria lo vemos en una viñeta en la que un soldado alemán hecho prisionero está contando un fajo de billetes y dice: "100 dólares por la Luger, 150 por la cámara, 12 por la Cruz de Hierro, qué maravilla que te capturen los americanos".


Sobre los italianos, se reía de sus uniformes. En una ocasión, un soldado detiene a un hombre con una gorra de plato y lleno de medallas pensando que es un general y resulta que era el jefe de policía. También se mostraba el enfado de los civiles que habían perdido sus casas en bombardeos con el ejército estadounidense.

La campaña italiana no fue en absoluto un paseo para los estadounidenses. Las tropas alemanas eran expertas, el terreno escabroso y la superioridad americana fue neutralizada fácilmente por la wehrmacht. Los soldados llevaron una vida miserable, en unas condiciones climatológicas adversas, escondidos en agujeros durante días o meses. En esa situación, una viñeta sobre su suerte, paradójicamente, les subía la moral.

Los reportajes de la prensa sobre toda esa situación eran cuidadosamente censurados, pero a Star Spalngled Banter, la viñeta de Maudin, la dejaron. Cuando se cuestionaron si era sano para la moral que un cómic criticase la vida militar y la disciplina, hubo oficiales que salieron en su defensa con el argumento de que esos chistes le servían a la tropa para desahogarse y ventilar sus quejas de una manera controlada. 


En un momento dado, Maudin tuvo su propio jeep para moverse entre las líneas y conocer de primera mano la situación en todos los frentes. Después del desembarco de Normandía, estuvo en Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alemania siguiendo el avance de sus compañeros. Si una viñeta representó los años que estuvieron aquellos soldados soportando la guerra fue la de uno de ellos, llorando mientras limpia su fusil, y diciéndole: "Te he dado los mejores años de mi vida".

Tras el desembarco, la guerra no fue la misma. Los alemanes dejaron de combatir como en Italia y los americanos avanzaban en un día lo que había tardado meses en recorrer en la península. En la biografía de Maudin que escribió Todd DePastino viene una anécdota que explica la diferencia. El dibujante se perdió con su jeep y acabó en un monasterio, donde los frailes le regalaron botellas de chartreuse. Se quedó muy asombrado, acostumbrado como estaba a la miseria que había visto en Italia. Eso quedó reflejado en sus chistes, donde los civiles ya no aparecían malhumorados y arruinados, sino que se reflejaba un ambiente más festivo y, por supuesto, con botellas por todas partes.

El dibujo que desarrolló durante estos años Maudin llegó a tener una calidad altísima. El agotamiento de los soldados se transmitía perfectamente con sus gestos y, a la vez, las viñetas no estaban exentas de realismo si tenía que dibujar vehículos o edificios. En 1945, con 23 años, le dieron el Pulitzer por todo este trabajo. Nada de eso le ablandó, como civil, se enroló en asociaciones libertarias y comenzó una etapa de humor político. Esos chistes también están recopilados en Fantagraphics con el título de Back Home. La portada es muy elocuente, aparece un veterano durmiendo en un banco de la calle cubriéndose con una pancarta que dice "Bienvenidos a casa, héroes" a modo de sábana. 


Estos chistes son muchísimo mejores que los militares. Maudin ya no tenía ningún corsé y expresó con toda su crudeza la desgracia del soldado que vuelve a casa y se encuentra un mundo que le es ajeno marcado por la hipocresía y la incomprensión, como cuando uno le dice a su mujer que no entiende de qué se queja, que solo ha llevado la misma muda una semana nada más.

Los chistes políticos le valieron otro Pulitzer. Esta vez en 1959, al retratar a Boris Pasternak -el autor de Doctor Zhivago- en un gulag. La URSS no le dejó ir a recoger el Nobel a Suecia. Maudin empezó a colaborar con Sports Illustrated y otros medios acompañando artículos con sus dibujos. Así fue cómo surgió su viñeta más famosa. En 1963, en el Chicago Sun-Times, dibujó a la estatua de Abraham Lincoln llorando tras el asesinato de JFK. Murió en 2003, en la actualidad, una serie de sellos de correos llevan el rostro de sus personajes de guerra.

lunes, 8 de julio de 2019

Hergé, el Kennedy belga; Tintín, el Armstrong insensato

Un sordo, un borracho, un traidor, un polizón, dos inútiles, un perro..., ¿qué podía salir mal en el viaje de Tintín a la Luna?

Tintín recibe a un sorprendido Armstrong recién llegado a la Luna.
Tintín recibe a un sorprendido Armstrong recién llegado a la Luna. / GEORGES REMI 'HERGÉ
A Eugene Cernan se le recuerda por lo contrario que a Neil Armstrong. Si este último fue el primer hombre en hollar la Luna. Cernan fue el último, que tampoco está mal como tarjeta de presentación. Pero para lo que aquí se va a contar, lo que interesa es su nariz, y no en el sentido metafórico del término. La tenía grande, afortunadamente grande. Sin llegar a ser la de un Cyrano (otro que viajó a la Luna), aquella napia le sacó de un apuro en junio de 1966, durante un vuelo espacial de la misión Gemini 9A. Las salidas al exterior de la nave eran aún como los primeros pasos de un bebé. Peor aún.

A la NASA no se le había ocurrido poner en el exterior de las Gemini unos pasamanos para agarrarse como los niños se cogen a la pata de la mesa, así que Cernan las pasó canutas. El pulso se le aceleró a 180. El traje, en un más difícil todavía, se acondicionaba en aquella etapa inicial con aire caliente, así que al pobre Cernan se le empañó el cristal de la escafandra. Avanzaba a ciegas. “¿De qué os sirve ese accesorio? ¿De alacena, de caja o de escritorio?”, bromeaba sobre su nariz Cyrano. A Cernan le sirvió la suya de limpiaparabrisas, que se dice pronto. La carrera espacial fue a veces tan cómica como una carrera de sacos. Bienvenidos a bordo de un nuevo capítulo de las crónicas lunáticas. El día 20 pisamos la Luna.

 Esta verídica anécdota espacial es solo una excusa para hablar de Tintín y las insensateces de su viaje a la Luna en 1950, porque aunque es cierto que es una obra referencial, repleta de profecías que 19 años más tarde se cumplieron, contiene, siendo Hergé un tipo tan obsesivo con el rigor, viñetas inverosímiles y licencias argumentales más propias de Luciano de Samosata, que por dejarlo dicho ya, fue el primer autor que allá por el siglo II de nuestra era noveló un viaje al satélite de la Tierra.

La tripulación del cohete tintinesco era, de entrada, de lo más desconcertante: Tornasol y su sordera, Tintín que se lleva a su perro, Frank Wolff, que resulta ser un saboteador, Hernández y Fernández que se cuelan a bordo por error y, antes de llegar a Haddock, que merece un punto y aparte, Jorgen Boris, un espía de la potencia rival, la filosoviética Borduria, que viaja como polizón en las bodegas. ¿Qué podía salir mal?
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 Haddock merece una especial atención por la melopea que pilla con el whisky que lleva de contrabando dentro de un libro de astrofísica. Una imprudencia, sin duda. Se enfunda el traje y sale exterior. No hay registros en la carrera espacial estadounidense de vómitos dentro del traje, pero si en plena misión. Frank Borman tiene la plusmarca interestelar con ocho arcadas con regurgitación completa. Si la URSS batió alguna vez aquel récord, los rusos no lo han revelado aún.

 El espacio, sobra decirlo, no es un entorno amigable. Una buena salud es una condición indispensable. Walter Schirra protagonizó uno de los más agrios viajes de la NASA porque se resfrió, nada del otro mundo en su New Jersey natal, pero un problemón mayúsculo en el espacio, como con él se descubrió para la ciencia. Los rusos, por ejemplo, dedicaron algunos de sus primeros vuelos orbitales a comprobar si era posible ingerir alimentos en el espacio. No las tenían todas. La ausencia de gravedad no resultó ser un obstáculo. Pero la mucosidad nasal, ¡ay!, parece que sí la agradece. Schirra era el comandante de la misión Apollo 7, así que la órdenes a bordo las daba alguien a quien sus senos nasales ya no le obedecían. Los mareos y jaquecas que padeció y como ello afectó a su gestión de la misión invitan a concluir que la tripulación del cohete que Syldavia envió a la Luna en 1953, por muy Armstrong que fuera Tintín, no era la más adecuada.

Tintinólogos y tintinófilos estarán ya maldiciendo al bachi-buzuk, diplodocus y marinero de agua dulce que todo esto firma, pero todos ellos saben que los dos álbumes que Hergé dedicó al viaje a la Luna no son los más memorables del belga, aunque, eso sí, despuntan por su propósito de rigor científico. Tanto es así que, en una portada de la revista infantil Tintín, Hergé rindió un sincero homenaje a quien fue su principal fuente de inspiración, uno de los más olvidados teóricos de la exploración espacial, Alexander Ananoff, nacido en la provincia rusa de Georgia en 1910 y fallecido, con menos de los obituarios que se merecía, en 1992.

Los historiadores de la carrera no se olvidan nunca de Konstantin Tsiolkovski, nacido también en el Imperio Ruso, en 1857, al que no dudan en llamar padre de la cosmonáutica, y ciertamente era un avanzado a su época, pues no solo dio con la ecuación matemática que permite lanzar un cohete, sino que, además, fue un buen publicitario de sus teorías: “La Tierra es la cuna de la Humanidad, pero no se puede vivir en una cuna para siempre”.

El tratado sobre astronáutica de Ananoff, sobre la mesa de trabajode Tornasol
 Tsiolkovski tenía un cierto aire al profesor Tornasol, pero la lectura que resultó ser una epifanía para Hergé fue ‘Astronautique’, en la que Ananoff concluía que la experiencia acumulada con los cohetes V2 alemanes de la segunda guerra mundial, el descubrimiento del radar y el desarrollo de la energía atómica convertían la quimera del viaje a la Luna en una aventura tecnológicamente por fin al alcance de los más audaces. En la viñeta con la que Hergé quiso dar las gracias a Ananoff, aparece Tornasol a punto de recibir un mazazo en el casco espacial, para comprobar su resistencia, y en el ángulo inferior derecho, sobre una mesa, se distingue un libro con la portada original ‘Astronautique’. De ahí bebió Hergé para narrar aquel viaje a la Luna, pero Ananoff le indujo al error de programar una expedición sin módulos lunares, en la que el mismo cohete que despegaba en la Tierra alunizaba después en el cráter de Hiparco. Esa alternativa la descartó la NASA por ser la menos operativa de las tres que en un primer momento se estudiaron, pero al padre de Tintín le permitió explotar al máximo sus dotes para la ‘mise-en-scène’ y, poco o mucho, emular las cotizadas ilustraciones de la exploración espacial de otro genio medio olvidado, como Ananoff, Chesley Bonestell.

Lo dicho. Sin ser el Everest profesional de Hergé, aquel doble álbum adquirió una dimensión julioverniana que pocas de las otras aventuras de Tintín adquirieron, porque fue profética. Se publicó 12 años antes de que Kennedy prometiera que Estados Unidos plantaría su bandera en la Luna antes de que concluyera la década de los 60.

PEl alunizaje del Apollo 12, ilustrado por Hergé para 'París Match' / georges remi 'hergé'
 Aquel mismo 1969 en que el Apollo 11 llevó a Armstrong y Aldrin a la Luna, la NASA envió una segunda misión tripulada, el Apollo XII. 'Paris Match' le encargó a Hergé que, fiel a su patente de línea clara, convirtiera en cómic aquella misión. Lo hizo en cuatro planchas. Fue muy fiel a los hechos, como siempre, hasta el punto de que no pasó por alto una de las frases más cómicas que se pronunciaron sobre la superficie lunar, pero esto, amigos selenitas, es materia para una próxima entrega de las crónícas lunáticas, sobre la vis cómica de los astronautas.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190707/errores-aciertos-viaje-tintin-luna-7532898?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=cm

martes, 13 de noviembre de 2018

Surfeando por la banda de Möbius


https://principia.io/media/uploads/images/estela-plateada/silver-surfer_cover.jpgEstela Plateada (cuyo nombre original en inglés es Silver Surfer) es un superhéroe creado por el dibujante Jack Kirby en 1966 para la serie Marvel de Los 4 Fantásticos. Es conocida la historia de cómo Stan Lee, el guionista de la serie, cuando iba a incluir los diálogos en la historia dibujada por Kirby, se encontró con un personaje que no estaba en su argumento original. Sin embargo, también es bien sabido que Lee quedó fascinado con el personaje y lo hizo suyo, realizando diferentes historias con nuestro surfista de plata a lo largo de las décadas con dibujantes tan reconocidos como John Buscema, John Byrne o Moebius, además del propio Kirby. En la mayor parte de estas historias, Lee utiliza el personaje para una suerte de reflexión existencial, de manera que muchas de las historias con mayor carga emocional que escribió a lo largo de su carrera tuvieron a Estela Plateada como protagonista.

 Hace aproximadamente tres años, apareció una nueva serie del personaje escrita por Dan Slott y Mike Allred, en donde, de una forma muy diferente a como lo hiciera Lee, se realiza también una profunda reflexión de lo que significa un ser cósmico como Estela Plateada en un universo de ficción como el de Marvel y, sobre todo, una reflexión sobre las relaciones de un ser prácticamente todopoderoso con los seres humanos, representados, en este caso, por el personaje de Dawn Greenwood con la que Estela recorrerá el universo y entablará una relación de amor y amistad que sirve como excusa para teorizar sobre el papel del ser humano en el universo.


Estela Plateada y Dawn Greenwood. Créditos: Marvel Worldwide, Inc.
  ¿Y qué tiene esto que ver con la ciencia? Pues bien, en el número 12 de la serie americana (publicado dentro del tercer tomo de la serie española), Slott y Allred deciden realizar un experimento formal y plantearse buena parte del número disponiendo las viñetas en forma de una banda de Möbius. Esta es una superficie de una sola cara y un solo borde. Es decir, si se trata de colorear la cinta por la supuesta cara exterior al final quedará coloreada toda la cinta, por eso no tiene sentido hablar de cara interior y cara exterior. Además, si se trata de recorrer el borde con un dedo, se aprecia que en algún momento se vuelve al inicio, lo que demuestra que el borde es único. Otra propiedad muy interesante de la banda es que es una superficie no orientable, lo que significa que al desplazarse de forma paralela a lo largo de la cinta, se llegará de nuevo al inicio con la orientación invertida, es decir, que una persona que se desplace tumbada sobre una banda de Möbius mirando hacia la derecha, aparecerá mirando a la izquierda tras realizar una vuelta completa.

Banda de Möbius
  Esta figura geométrica fue descubierta de forma independiente por los matemáticos alemanes August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing en 1858, debiendo su nombre al primero de ellos. Desde su hallazgo, la banda de Möbius ha fascinado por igual a matemáticos y legos convirtiéndose en una metáfora de cambio, rareza, giro y renovación. Lo curioso es que la banda de Möbius ha conseguido uno de los objetivos básicos de Principia: la unión de las llamadas dos culturas. No solo sus apariciones en matemáticas, ciencia e ingeniería han crecido exponencialmente con el paso de las décadas, sino que también ha fascinado a escritores, artistas y cineastas que han incluido la banda en sus historias de ficción.

La banda de Möbius en la ficción ha simbolizado siempre lo interminable, lo cíclico y, por tanto, sirve como una fuerte reflexión sobre el tiempo en el universo y su relación con el espacio. Así en el episodio A Contrarreloj de Star Trek: La Nueva Generación se menciona la llamada teoría de Möbius en la que determinadas decisiones pueden convertir el tiempo en algo cíclico condenando a los personajes a repetir una y otra vez los mismos eventos en un bucle sin salida. O también en la película argentina Möbius dirigida en 1996 por Gustavo Mosquera donde la red de metro de la ciudad de Buenos Aires se ha vuelto tan compleja que ni los ingenieros que la diseñaron son capaces de reproducirla. Cuando un tren se pierde, un matemático llega a la conclusión de que la complejidad de la red ha creado una banda de Möbius que el tren está recorriendo infinitamente fuera de la vista del resto del mundo. La historia, inspirada en el relato Un metropolitano llamado Möbius escrito en 1950 por A.J. Deutsch y situado en la ciudad de Boston, sirve como metáfora sobre la gente desaparecida durante la dictadura argentina.

Banda de Möbius en Promethea. Créditos: J.H. Williams III & Alan Moore
  Lo interesante de la historia de Estela Plateada que centra este artículo es que hace uso de las características propias del cómic como medio de expresión. Siguiendo el camino iniciado por Alan Moore en el número 15 de la serie Promethea, donde en una doble página los personajes recorrían una banda de Möbius de la que solo les podía sacar el lector pasando de página, Slott y Allred crean en el número 11 una disposición de viñetas que sigue también la misma forma.

 La idea planteada por los creadores de la historia es que Estela Plateada está inmerso en un bucle temporal que le hace repetir una y otra vez los mismos acontecimientos, hasta que se da cuenta de que es el libre albedrío el que puede liberarle de ese ciclo. Contado de esta manera podría ser una historia más que hace uso de la banda en su argumento. Sin embargo, la novedad que aportan Slott y Allred es que la banda no es solo parte del argumento, sino que la propia narración en viñetas está configurada en forma de banda de Möbius. La maestría narrativa de un autor como Mike Allred permite hacer uso de todo el potencial del cómic, para a través de una narración gráfica mostrar al lector lo que significa una figura geométrica de una sola cara como la que nos ocupa.

Bucle infinito de Estela Plateada en el número 11 de la serie. Créditos: Marvel Worldwide, Inc.
  Por tanto, además de una reflexión sobre el carácter cíclico del tiempo y el espacio como sucede en la mayor parte de las narraciones que se han inspirado en la famosa banda, esta historia de Estela Plateada puede considerarse una maravillosa lección de geometría, accesible incluso al lector menos versado en matemáticas. El carácter innovador a nivel formal y narrativo de este episodio sirvió para que fuera galardonado con el premio Eisner, que es —para que nos entendamos— el equivalente en el cómic a los Oscar del cine, a la mejor historia unitaria en la edición de 2015. Un gran ejemplo de la belleza de la unión entre el arte y las matemáticas.

Fuente: https://principia.io/2017/03/10/surfeando-por-la-banda-de-mobius.IjU0MCI/

viernes, 22 de junio de 2018

Microbios para todos los públicos

Dos formas diferentes de divulgar, por un lado un libro en inglés escrito por investigadores de prestigio, por otro un cómic. En “Mighty Microbes” se describe el universo microbiano para lectores adultos y cultos de habla inglesa. Los autores, prestigiosos microbiólogos han sido dirigidos por un eminente equipo de investigadores de los Países Bajos. Se trata de una obra rigurosa que dentro de los parámetros de la divulgación científica da un repaso a la Microbiología con un formato académico estricto. Lo que diríamos un libro serio. Por su lado “Bacterias” es un relato en forma de cómic. Los dos han llegado a mis manos, desde Holanda y desde Uruguay, en los últimos tres meses.


Las aventuras de Coco y Fran con Ancianobacteria. Con la aportación de Vanesa Amarelle, Daniela Arredondo, Gastón Azziz, Victoria Braña, Valentina Carrasco, Susana Deus Álvarez , Sofía Fernandez, María José GonzálezGabriela Heijo, Inés Loaces, Karen Malán, Gabriela Martinez de la Escalera, María Morel, Paola Scavone, Daniella Senatore, Ana Umpierrez (Jóvenes de la División Ciencias Microbiológicas del IIBCE). (Enlace al cómic)
Por su formato de historieta, no cabe duda de que “Bacterias” puede ser el favorito para un público adolescente que evita leer “tochos” científicos. No por su formato lúdico el cómic pierde rigor, todo lo contrario, los autores del guión y de las imágenes hacen un relato de aventuras de lo más ajustado al conocimiento que tenemos sobre varios temas de actualidad de microbiología. El cómic ha sido el resultado de una colaboración de dos dibujantes, Nicolás Peruzzo y Alejandro Rodríguez Juele, con varios microbiólogos del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable de Montevideo. Su intención ha sido producir una historieta en la que desde el principio hasta el fin hay unos personajes con pinta de microbios, con Coco y Fran como protagonistas, viviendo una aventura no exenta de dramatismo, bajo la amenaza de la “Gran Desinfección”. Es un cataclismo del pasado en el que pereció el 99,9 % de los habitantes de Ciudad Bacteria y del que solo tienen los recuerdos de un antiguo manuscrito. Todos temen que el desastre pueda repetirse en un próximo e imprevisible futuro. Quede claro que Coco es obviamente un personaje redondito y Fran se parece a una larga salchicha frankfurt, lo que en la vida real podrían ser un estreptococo y un bacilo. Todo sucede a escala microscópica, los desplazamientos se miden en micrometros y la vida de un habitante de Ciudad Bacteria dura menos de una hora.


 Dedicatoria de los autores de “Bacterias, la historia más pequeña jamás contada”.
 En sus peripecias Coco y Fran pasan por parajes insólitos y sortean situaciones llenas de peligro. Dentro de un bocadillo son devorados por un niño, sufren luego el ataque de unas potentes armas químicas y se encuentran con Ancianobacteria, un descendiente de una estirpe de grandes descubridores y superviviente de la legendaria Gran Desinfección. ¿Habrá otro cataclismo, sobrevivirán nuestros héroes? Como el relato nos cuenta una historia con un desenlace no voy a desvelar aquí más detalles que fastidien al lector el final de la sorprendente aventura de nuestros microscópicos amigos.

Mighty Microbes, el asombroso mundo de los microorganismos. (enlace)
Los microbios son poderosos, sin duda, y en “Mighty Microbes” su fascinante poder se despliega en todo su esplendor, tal como dice el subtítulo del libro: El asombroso mundo de los microorganismos. Este es un libro coral redactado por un numeroso panel de microbiólogos con una destacada presencia de profesionales de los Países Bajos encabezado por Bauke Oudega, el actual presidente de FEMS, la Federación Europea de Sociedades de Microbiología. Está dirigido a un público adulto y en él los lectores van a encontrar una enciclopedia muy bien ilustrada y amena de lo que son y lo que hacen bacterias, levaduras, hongos y virus. Junto con su descripción, el texto incluye amplias referencias a su utilidad, a las técnicas clásicas y actuales para estudiarlos y notas históricas tanto sobre su impacto en la humanidad como sobre quienes los han estudiado. Por ahora desconozco si se ha preparado una traducción al castellano, pero sería una excelente aportación al panorama editorial de nuestra lengua, que no anda sobrado de lecturas científicas rigurosas sobre este tema.
 
Dedicatoria de Bauke Oudega, el coordinador de “Mighty Microbes”. En el Parador de La Granja durante el retiro de la Academia Europea de Microbiología de 2018.
Y… no te pierdas “micro-match” el juego con el que te puedes llevar contigo a todas las bacterias ¡no te resistas! (enlace)