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martes, 1 de febrero de 2022

El deseo de la nada

Raúl Lázaro
 
 Y el tiempo me devora, poco a poco, la vida,
como la nieve inmensa a un cuerpo entumecido;
desde lo alto contemplo todo el mundo extendido,
sin poder encontrar para mí una guarida.

Charles Baudelaire

miércoles, 10 de abril de 2019

El extranjero


Masao Yamamoto

   -A quién quieres más, hombre enigmático, di  ¿a tu padre, a tu madre, a tu hermana, a tu hermano?
   -Yo no tengo padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
   -¿A tus amigos?
   -Empleas una palabra cuyo sentido desconozco hasta hoy.
   -¿A tu patria?
   -Ignoro en qué latitud está situada.
   -¿La belleza?
   -Yo la amaría gustoso, diosa e inmortal.
   -¿El oro?
   -Lo odio igual que vosotros odiáis a Dios...
   -Entonces, ¿qué amas, extraordinario extranjero?
   -¡Amo las nubes..., las nubes que pasan..., allá, allá lejos...,
las maravillosas nubes!
                                                                                    (1862)

Charles Baudelaire


sábado, 6 de octubre de 2018

Embriagaos


Vacío. Raúl Lázaro
  
 Hay que estar siempre embriagado. Ese es el secreto; esa es la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del Tiempo que rompe vuestros hombros y os inclina hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua.
   ¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos.
   Y si alguna vez, en las escalinatas de un palacio, sobre la yerba verde de un foso, en la lúgubre soledad de vuestro cuarto, os despertáis con la embriaguez disminuida o desaparecida, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntad qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, os responderán:"¡Es la hora de emborracharse! ¡Para no ser los martirizados esclavos del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto".

(1865)
Charles Baudelaire 

sábado, 27 de abril de 2013

El viaje

I

Para el niño, enamorado de mapas y estampas,
El universo es igual a su vasto apetito.
¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas!
¡Para las miradas del recuerdo, el mundo qué pequeño!

Una mañana zarpamos, la mente inflamada,
El corazón desbordante de rencor y de amargos deseos,
Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda
Meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.

Algunos, dichosos al huir de una patria infame;
Otros, del horror de sus orígenes, y unos contados,
Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
La Circe tiránica de los peligrosos perfumes.

Para no convertirse en bestias, se embriagan
De espacio y de luz, y de cielos incendiados;
El hielo que los muerde, los soles que los broncean,
Borran lentamente la huella de los besos.

Pero los verdaderos viajeros son los únicos que parten
Por partir; corazones ligeros, semejantes a los globos,
De su fatalidad jamás ellos se apartan,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Vamos!

¡Son aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que como el conscripto, sueñan con el cañón,
En intensas voluptuosidades, mutables, desconocidas,
Y de las que el espíritu humano jamás ha conocido el nombre!
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Las flores del mal
Charles Baudelaire