Las mujeres migrantes y racializadas sufren la precariedad laboral y
están expuestas a múltiples violencias. Sus reivindicaciones adquieren
peso en el movimiento feminista
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Marcha de la manifestación del 8 de marzo de 2018.
Manolo Finish
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Las voces de las mujeres migrantes se escuchan cada vez con más
fuerza y este año ocupan un lugar destacado en la convocatoria de la
huelga feminista. Este 8M se recordará especialmente a la dominicana
Lucrecia Pérez, asesinada por un grupo racista de ultraderecha en 1992.
También se gritará el nombre de Samba Martine, quien murió en un CIE en
2011 por falta de atención médica. Se pedirá justicia por Marielle
Franco y por Berta Cáceres, por todas las mujeres asesinadas como
consecuencia del racismo, la xenofobia y el colonialismo. Este año, las
acciones de la “semana de revuelta feminista” comenzarán en las puertas
de un CIE, para pedir el cierre de esas “cárceles por migrar” y la
derogación de la Ley de Extranjería.
En el Encuentro estatal del 8M que tuvo lugar en Valencia entre el 26
y 27 de enero, más de 500 mujeres debatieron en grupos de trabajo sobre
violencias, cuerpos y derechos reproductivos, educación, laboral,
cuidados, consumo, internacional y migración. El plenario final celebró
la definición del movimiento como “anticapitalista, antirracista,
antipatriarcal, anticolonial y antifascista”. Mujeres migrantes y
racializadas de diferentes territorios formaron una comisión que propuso
reivindicaciones que atraviesan todos los ejes de la huelga. Este grupo
“se encarga de trabajar un feminismo antirracista de forma transversal
en todos los planteamientos de los feminismos, con una mirada crítica
que lleve en consideración la realidad de todas las mujeres, mediante
iniciativas y acciones coordinadas en los diferentes territorios”.
Violencia de género y racismo
Desde la
Comisión Migración y Antirracismo 8M
señalan que las mujeres en situación irregular son más vulnerables ante
escenarios de violencia, ya que “el simple hecho de acercarse para
obtener justicia y reparación supone un riesgo de deportación y
criminalización”.
Lo mismo indican los datos expuestos en el documento de análisis
“Violencia de género en mujeres migrantes”, presentado a finales de
febrero por la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe. Lo primero
que destaca es que las mujeres migrantes están sobrerrepresentadas en
las cifras sobre violencia de género: del total de femicidios ocurridos
entre 2003 y 2017, el 32% fueron extranjeras (294). “Esto supone que los
asesinatos de extranjeras afectan a 30 mujeres por cada millón de
mujeres extranjeras en el país; mientras que los asesinatos de mujeres
españolas afectan a 5 por cada millón de españolas”, agrega el informe.
Una lectura parcial y tendenciosa de estas cifras podría ser
utilizada para reforzar estereotipos y bulos racistas sobre las
comunidades migrantes, sin embargo, las estadísticas también muestran
que la mayor parte de los agresores denunciados por violencia de género
en el país son españoles y que las mujeres extranjeras han denunciado
agresiones tanto por parte de extranjeros (61%) como por parte de
españoles (39%). Al mismo tiempo, las migrantes están subrepresentadas
en la recepción de ayudas económicas previstas en la Ley de Violencia de
Género, lo que agrava su indefensión. También son altos los casos de
retirada de la custodia a madres migrantes, “producto de la violencia
institucional y escaso conocimiento de las realidades y condiciones
socioeconómicas para el ejercicio de la conciliación”, señala el
estudio.
Por estos motivos y muchos otros, desde la comisión del 8M denuncian
que las migrantes están expuestas a múltiples violencias que incluyen al
poder judicial, las leyes de extranjería y un sistema sanitario
excluyente, además de “cuerpos de seguridad que nos represalian por
migrar”. Los CIEs, las redadas y las deportaciones exprés son otros
tantos eslabones en esta cadena de violencias racistas.
El punto de vista de las mujeres migrantes también atraviesa los
debates sobre la educación, señalando que los libros de texto
invisibilizan las masacres de los genocidios y los expolios de los
pueblos que han sido cometidos por el Estado español. Las estudiantes
exigen que aumenten las plazas en los centros de enseñanza universitaria
y que se termine con la penalización a las personas extracomunitarias,
que deben pagar precios hasta 4 veces más caros en comparación con un
nacional.
“Patriarcado y capital, alianza colonial”
En el ámbito laboral, la precariedad tiene rostro de mujer, migrante y
racializada. Según datos oficiales, un 60% de las mujeres que trabajan
como empleadas del hogar y cuidadoras en España son migrantes. Pero
muchas ni siquiera aparecen en las estadísticas, porque trabajan sin
contrato. Son las “criadas” o las “mujeres que ayudan” en la casa. No
tienen derecho a una prestación por desempleo ni vacaciones. Las
trabajadoras en régimen de internas están sometidas a una mayor
explotación: “Las internas son las esclavas modernas”, dice Rita
Benegas, trabajadora del hogar en Barcelona. Ella es paraguaya y como
muchas de sus compañeras migrantes ha comenzado a organizarse para
luchar. Este año volverá a hacer huelga el 8M y a marchar con sus
compañeras.
Neris Medina es de República Dominicana y trabaja en un local de
comida rápida en Madrid. “Llegué a este país con un contrato en origen,
esto quiere decir que dependes por completo de tus empleadores para
tener papeles, y ellos se aprovechan de eso. No sabes cuáles son tus
derechos y disponen de tu tiempo como quieren. Por eso participo del 8M,
como trabajadora e inmigrante”, afirma.
Las migrantes en el Estado español soportan las triples cargas de la
explotación capitalista, el patriarcado y el racismo, que se refuerzan
entre sí, dando lugar a todo un grupo de trabajadoras y ciudadanas de
“segunda”, sin derechos sociales, sindicales ni políticos.
“Nos quieren triplemente oprimidas, como mujeres, trabajadoras e
inmigrantes. Pero nosotras somos triplemente combativas: ¡antirracistas,
anticapitalistas y antiimperialistas!”, dice Rita Benegas. Y así se ha
mostrado en varias luchas recientes donde las mujeres inmigrantes han
estado al frente, como Las Kellys, los colectivos de trabajadoras del
hogar y cuidadoras a domicilio, las plataformas contra los desahucios,
las temporeras de la fresa de Huelva y el propio 8M.
Fuente:
https://ctxt.es/es/20190220/Politica/24604/8-de-marzo-mujeres-migrantes-kellys-antirracismo-josefina-martinez.htm