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miércoles, 22 de septiembre de 2021

El chasquido del látigo recibe a miles de haitianos en la frontera estadounidense

 La ONU y un sector del Partido Demócrata reclaman soluciones humanitarias a Joseph Biden ante una crisis migratoria que ha dado lugar a escenas dantescas.


Un agente de la patrulla fronteriza de Estados Unidos a caballo intenta detener a dos migrantes haitianos en el río Grande (Texas).Paul Ratje/AFP

La Oficina de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense (ICE, por sus siglas en inglés) está en trámite de deportación de 14.000 personas solicitantes de asilo procedentes de Haití, la mitad de una isla que ha sido el escenario en los últimos meses de la violencia política, con el confuso asesinato del presidente Jovenel Moïse, y de desastres naturales, con un terremoto y una tormenta tropical que han golpeado al país este verano.

Las imágenes de las fronteras han vuelto a poner en evidencia la crueldad y la violencia de los vigilantes y los cuerpos policiales en los pasos fronterizos de Estados Unidos. El martes 21 de septiembre, Marta Hurtado, portavoz de la Oficina de la ONU para el Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUR), expresó la preocupación de esta institución ante las imágenes de hombres a caballo persiguiendo a estos solicitantes de asilo y de las condiciones degradantes en un campamento provisional bajo un puente en Del Rio (Texas), desde el que se reporta la falta de artículos sanitarios y de comida suficiente.

“Nos preocupa seriamente que parezca que no se han realizado valoraciones individuales de los casos ... y que, por tanto, tal vez algunas de estas personas no hayan recibido la protección que necesitaban”, explicó la representante de ACNUR. 

Las denuncias se extienden también contra la Administración de Joseph Biden, que ha empleado el mismo artículo que usó Trump para cerrar el paso a los migrantes procedentes de Haití, que justifica las devoluciones en caliente antes del registro de solicitud de asilo por motivos de salud pública con el pretexto de la pandemia del covid-19.

El medio estadounidense Common Dreams, informó de que esta disposición, la 42 de la Ley de seguridad de salud pública, ha sido revocada recientemente por un juez federal, aunque el Gobierno ha apelado y tiene 14 días para poner fin a esas devoluciones.

Personalidades del partido Demócrata como las congresistas Ilhan Omar (Minessota), Alexandria Ocasio Cortez (Nueva York) o Rashida Tlaib (Michigan) están presionando a Biden para que ponga fin a la disposición 42 y desarrolle un programa de asentamiento para los migrantes procedentes de Haití. Tlaib se refirió a una de las imágenes que han alertado de la situación: “Hacer sonar un puto látigo a los haitianos que huyen de las dificultades te muestra que este sistema simplemente no se puede reformar”, dijo en referencia a las imágenes que muestran a agentes de fronteras a caballo en posturas amenazantes.

Migrantes haitianos que buscan asilo en Estados Unidos cruzan el Río Bravo hacia Ciudad Acuña (México) para evitar ser deportados a Haití después meses intentando cruzar a pie la frontera.Paul Ratje/AFP

 Mientras, en México, país de tránsito de estos solicitantes de asilo, han comenzado las redadas por parte de la agencia de fronteras. Según informa El Paso Times, en Ciudad Acuña, los agentes han detenido a docenas de haitianos y los han metido en furgonetas a lo largo de la tarde y la noche del martes. El Instituto Nacional de Migración, la “migra” mexicana, ha comenzado a fletar vuelos chárter para devolver haitianos a la isla de la Española. Hasta agosto, 19.000 haitianos han solicitado asilo en México.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/fronteras/latigo-deportacion-14000-solicitantes-asilo-haitianos-estados-unidos

lunes, 25 de febrero de 2019

En mi voz ya no suena Haití

La geopolítica es más elocuente por lo que obvia que por lo que trata. Ahora pregúntense por qué saben tanto de Venezuela y tan poco de Haití; en la faja del Orinoco hallarán la respuesta

<p>Soldados estadounidenses en Port-au-Prince, Haití.</p>
Soldados estadounidenses en Port-au-Prince, Haití.
MCCS Spike Call
 Esta historia comienza en el año 2015 y puede que algunos se pregunten cómo es posible que en plena era de la hiperconectividad y la sobreinformación no hayan oído ni una sola palabra al respecto. Eduardo Galeano decía que “los nadie cuestan menos que las balas que los matan” y en Haití hace tiempo que conseguir una pistola es mucho más barato que una barra de pan.

El país de las Antillas es uno de los grandes vertederos del continente americano desde el día que los colonos tocaron tierra en Mole Saint-Nicolas para establecer una de los mayores mercados de esclavos del “nuevo mundo”. Más de tres siglos de ocupación donde los invasores arrasaron con la práctica totalidad de la población local y saquearon las reservas de algodón, azúcar, café y añil.

No sería hasta la eclosión de la revolución francesa cuando los haitianos protagonizaron la primera sublevación de esclavos, que culminó con la liberación y el surgimiento de un nuevo Estado, allá por 1804. Sucede que, a unos pocos cientos de kilómetros de la costa de los Estados Unidos, la libertad es un concepto relativo que oscila según los intereses de Washington, y como dijo Thomas Jefferson “de Haití proviene la peste de la rebelión”.

Pero volvamos a 2015. El país celebraba elecciones a la presidencia para elegir al sustituto de Michel Martelly, y en la disputa, dos liberales conservadores pugnaban por el poder: Jude Célestin y Jovenel Moïse, que resultó ganador con un 32,8% de los votos.

La oposición denunció la existencia de un fraude masivo que fue acreditado por una comisión de verificación formada por expertos independientes, en cuyo informe señaló que “resulta imposible determinar el número de votantes que ejercieron su derecho al voto debido a que las irregularidades se dieron en todo el sistema electoral, de arriba hacia abajo”.

A pesar de las denuncias de los organismos internos, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos se apresuraron a reconocer la fraudulenta victoria de Moïse y calificaron las elecciones como “un soplo de esperanza para la democracia”. Resulta sorprendente la laxitud de la llamada comunidad internacional con las irregularidades en Haití, sobre todo si lo comparamos con la verborrea belicista que suelen emplear en otras latitudes.

La complicidad de los amos del mundo no dejó más opción a los haitianos que salir a protestar en unas jornadas de duros enfrentamientos con la policía donde la sangre de los inocentes volvió a teñir de rojo las calles del país. Finalmente, las autoridades cedieron, anularon las elecciones y aplacaron la rabia de los ciudadanos con la promesa de unos nuevos comicios que contarían con todas las garantías democráticas, o eso decían.

En 2016, las urnas regresaron a los colegios, pero muy lejos de los compromisos juramentados por las autoridades, todo el proceso electoral fue incluso más sombrío que el anterior. Jovenel Moïse volvió a proclamarse ganador con 590.927 votos, aunque la candidata más exitosa fue la abstención, con un 81,9% de electores que decidieron no participar en la segunda entrega de este vodevil trufado de falacias.

De nuevo, los organismos internacionales avalaron la limpieza de semejante lodazal y Moïse pudo arrancar un mandato en el que pronto comprobaría que el apoyo de los Estados Unidos y Europa venía firmado con la letra pequeña del vasallaje.

Ay Haití
Puede que de esto sí se acuerden: “Hay amor, hay en ti, hay en mi voz, ay, ay, Haití”. Estos versos, con perdón de los poetas, forman parte de la canción Ay Haití, que los músicos Carlos Jean y Dnovae compusieron en solidaridad con las más de 300.000 víctimas mortales del terremoto que asoló la isla caribeña en 2010. En los coros participaron artistas de relumbrón como Alejandro Sanz y Miguel Bosé (ocupados ahora en el asunto venezolano), la actriz Paz Vega e incluso los futbolistas Sergio Ramos, Diego Forlán e Iniesta.

El mundo contenía la respiración ante una catástrofe natural que devolvía a un país, ya de por sí castigado, a la época del medievo. El ABC mostraba en su portada la imagen de un hombre que sostenía entre lágrimas el cadáver de su hija. “Los marines desembarcan en el infierno”, destacaba El País sobre la llegada de militares estadounidenses a Puerto Príncipe para “distribuir provisiones y sofocar la violencia y el pillaje”.

Las ONG no tardaron en reaccionar, pero lejos de prestar ayuda, su labor fue más bien la del enterrador que coloca el último clavo del ataúd. En los días siguientes se concentraron en la capital hasta 10.000 representantes de diferentes organizaciones que ni conocían el país ni tenían información precisa sobre la magnitud de lo sucedido. Una de las más importantes era Oxfam Intermón, que se vio envuelta en un gran escándalo cuando salió a luz que algunos de sus trabajadores contrataron los servicios de un grupo de prostitutas.

Además, se dilapidaron 500 millones de dólares para construir unas viviendas que no contaban con las necesidades básicas, en un principio pensadas para un periodo de tiempo limitado, pero que se han convertido en chabolas donde 120.000 personas sobreviven hoy en condiciones infrahumanas.
La ONU designó a Bill Clinton presidente de la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití, y el exmandatario centró sus esfuerzos en la Haiti Open for Business, una iniciativa para atraer inversión extranjera que contaba con el apoyo de personalidades como José María Aznar. Su mayor hito fue la construcción de un hotel de la cadena estadounidense Marriott, un alojamiento de lujo en las afueras de una capital donde la gente se mataba por un trozo de pan.

En total se llegaron a recaudar unos 9.000 millones de dólares. Nueve años después, Haití continúa siendo uno de los países con el índice de desarrollo más bajos del planeta. Los intereses del hemisferio occidental estaban muy alejados del samaritanismo: “¡La carrera por el oro ha empezado!”, afirmó el embajador de EE.UU. en Haití en una comunicación de febrero de 2010 revelada por WikiLeaks.

Cuando la tierra se tragó las vidas de centenares de miles de personas, en el lado de sur del continente, la revolución bolivariana estaba en plena efervescencia. La izquierda gobernaba en las grandes potencias de la zona y el petróleo venezolano sostenía los objetivos del chavismo.
Petrocaribe y el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), dos organizaciones transnacionales impulsadas por Hugo Chávez, tuvieron un fuerte protagonismo en las tareas de ayuda humanitaria con una partida de 3.800 millones de dólares. A pesar de que el sumidero de la corrupción se tragó su trozo del pastel, el dinero sirvió para la reparación de grandes infraestructuras y ayudó a tejer unas prometedoras relaciones bilaterales entre Haití y Venezuela.

Cuando el presidente Moïse quiso estrechar lazos con los programas sociales de Petrocaribe descubrió el tono amenazante en el que estaba escrita aquella letra pequeña redactada por las grandes potencias internacionales que habían avalado su fraude electoral.

El idilio con el chavismo resultó romance de verano y Haití pronto regresó a las recetas austericidas del FMI. Apenas unos pocos meses de tutelaje internacional bastaron para sumir a la nación en su enésima crisis económica, propiciando la subida de los precios de los carburantes y de los productos básicos.

Cuando los bolsillos están vacíos, los hambrientos suelen rellenarlos de piedras y la necesidad ha empujado a una nueva espiral de protestas que está siendo reprimida brutalmente por las fuerzas de seguridad del régimen. Las cifras de muertos varían entre los datos del oficialismo, que reconoce nueve fallecidos, y la más de una veintena que contabilizan los manifestantes.

De nuevo, la sangre derramada de los nadie, los funerales improvisados en las zanjas de tierra que tantos muertos se han tragado ya, el grito desesperado de los menesterosos a los que Estados Unidos y sus satélites hacen oídos sordos y que apenas ocupan un breve al final de una página en la agenda de los grandes medios de comunicación.

No hay portadas de padres desesperados que sostienen en sus brazos los cuerpos sin vida de sus hijos, no hay líderes internacionales mostrando su rechazo a la masacre, no hay ultimátum de ocho días, no hay presidentes autoproclamados, no hay recogida de medicamentos ni conciertos solidarios, no hay programas de televisión hablando sobre el tema ni enviados especiales en el terreno, no hay canciones de celebridades que entonan mirando a cámara con los ojos perdidos en la desolación.
Decía Eduardo Galeano que la geopolítica es más elocuente por lo que obvia que por lo que trata. Pregúntense ahora por qué saben tanto de Venezuela y tan poco de Haití; en la faja del Orinoco hallarán la respuesta.

Hay amor, hay en ti, parece que en mi voz ya no suena Haití.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190220/Firmas/24584/Pablo-MM-el-mentidero-Haiti-Venezuela-geopolitica-Eduardo-Galeano-percepcion-conocimiento.htm#.XHEZoEMJ-Xp.twitter

viernes, 9 de febrero de 2018

Altos cargos de la ONG Oxfam pagaron por sexo a supervivientes del terremoto de Haití durante una misión humanitaria

El periódico The Times revela los detalles de cómo la dirección del equipo internacional de la ONG organizaba "orgías" con mujeres afectadas por el seísmo
Oxfam realizó una investigación interna y 7 altos cargos fueron cesados, aunque 3 de ellos sin medidas disciplinarias
Pagar por relaciones sexuales está prohibido por el código de conducta de Oxfam durante misiones de trabajo humanitario en el extranjero

Suben a 573 los muertos por el huracán en Haití y alertan sobre fuertes lluvias
Haitianos tras el paso del huracán Matthew el 7 de octubre de 2016, en Playa Gelee (Haití). EFE
 Un grupo de altos cargos de la ONG Oxfam pagaron a jóvenes haitianas para organizar "orgías" durante una misión humanitaria tras el terremoto de Haití de 2010, según ha informado el periódico británico The Times. Un informe confidencial de la organización internacional señala que "no se podía descartar que [las mujeres] fuesen menores".

La ONG elaboró una investigación interna en 2011 como respuesta a diversas denuncias de explotación sexual, descarga de material pornográfico, acoso e intimidación. El informe, al que ha tenido acceso el medio británico, sugiere que hay menores de edad entre el grupo de personas que fueron abusadas sexualmente por el personal humanitario, aunque Oxfam argumentó que estas acusaciones "carecen de pruebas".

Según publica The Times, como consecuencia, la organización británica permitió que tres de sus altos cargos dimitieran sin ningún tipo de acción disciplinaria y despidió a otros cuatro, todos ellos acusados de conducta obscena, incluyendo relaciones con estas mujeres en el bloque de apartamentos donde Oxfam las hospedaba temporalmente.

Entre las dimisiones se encuentra la de Roland van Hauwermeiren, responsable y director de Oxfam en Haití durante la crisis, quien admitió haber contratado a jóvenes haitianas a las que llevó a la casa que la organización había alquilado para él.

Pagar por relaciones sexuales está prohibido por el código de conducta del empleado de Oxfam y contradice los principios sobre comportamiento de trabajadores humanitarios establecidos por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

"El comportamiento de algunos miembros del personal de Oxfam descubierto en Haití en 2011 fue totalmente inaceptable, contrario a nuestros valores y los altos estándares que esperamos de nuestro persona", ha afirmado la organización británica en un comunicado. Por su parte, Oxfam Intermón - la rama española de la confederación global Oxfam- aclara que ningún miembro de la ONG española ha sido implicado.

Oxfam ha aclarado que su investigación interna -en la que se basa la información de The Times- buscaba "en  todo momento fue ir hasta el fondo y tomar medidas contra los involucrados". Según asegura la organización británica, la información fue anunciada públicamente "tanto la investigación como las medidas que tomamos como resultado de la misma".

Según fuentes de Oxfam, la organización presentó el problema a la Comisión de Organizaciones Benéficas, la reguladora estatal británica, para su auditoría.

La Comisión, sin embargo, mantiene que nunca llegó a recibir el informe final y que Oxfam "no detalló las alegaciones concretas ni indicó que el acoso pudiera haber involucrado a menores". Al respecto, la organización británica ha afirmado que "las denuncias de que niñas menores de edad pudieron haberse visto afectadas no fueron probadas".

Además la reguladora del sector en Gran Bretaña, solicitó a la plataforma que "garantice que ha aprendido del pasado y que está tomando las decisiones necesarias para asegurar que el riesgo de acciones similares se minimice de cara a futuro".

En este sentido, Oxfam defiende que tras finalizar su investigación interna iniciaron "una revisión exhaustiva del caso" que derivó en la toma de una serie de medidas. Según indican, la organización creó "un Equipo de Protección específico y una línea de denuncia confidencial" para "proteger a nuestro personal, prevenir el abuso sexual y la mala conducta y mejorar la forma en que abordamos cualquier acusación".

El terremoto que asoló Haití en 2010 acabó con la vida de 220.000 personas, hirió a otras 300.000 y dejó a cerca de un millón y medio sin techo. La ONG española Oxfam Intermón ha afirmado que este caso "es una fuerte llamada de atención para los distintos miembros de la confederación Oxfam alrededor del mundo".

Según destaca, la "defensa de los derechos de las mujeres, máxime en situación de vulnerabilidad, es parte de nuestra identidad". Según recuerda, "estamos del lado de las víctimas y demandamos una actuación contundente y transparente ante casos de acoso y abuso".