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sábado, 12 de noviembre de 2022

"Los incendios del Ártico confirman que el cambio climático es un monstruo que se alimenta a sí mismo"

 El ingeniero forestal es uno de los autores de una impactante investigación científica sobre las consecuencias del calentamiento global en el Ártico: "Esperábamos estos eventos dentro de varias décadas".

"Los incendios del Ártico confirman que el cambio climático es un monstruo que se alimenta a sí mismo"
LPOJosep Lago

El cambio climático sigue sumando evidencias reveladoras sobre su innegable y trágico impacto. El último gran aporte a la biblioteca científica lo hizo un grupo de investigadores internacionales, encabezados por los ecólogos españoles del CSIC Josep Peñuelas y Adrià Descals.

El trabajo, publicado días atrás en la prestigiosa revista Science, dimensiona el daño ambiental de los más voraces incendios ocurridos en el Ártico, en el verano de 2020, cuando las temperaturas ascendieron a los 38 grados, un registro nunca alcanzado en ese punto del planeta.

Los científicos analizaron, en detalle, cuatro décadas de datos de satelitales. Esa meticulosa observación reveló que los incendios quemaron tres millones de hectáreas (una superficie similar a la de Bélgica), multiplicando por siete el promedio registrado de 1980 a esta parte.

Las consecuencias de esta anomalía térmica son alarmantes. El incremento de la temperatura provoca, por lo general, un aumento lineal de la superficie quemada. Pero a partir de los 10 grados por encima de lo normal, el efecto es vertiginoso y exponencial, generando un "círculo vicioso": el calentamiento global genera más calentamiento global. 

Adrià Descals habló con LPO para, en medio de la COP27 -la confederación sobre el cambio climático que, por estos días, congrega en Egipto a los líderes mundiales-, desmenuzar esta nueva -y muy preocupante- evidencia científica.

¿Por qué el Ártico como objeto de estudio? ¿Cómo surge esta investigación?

El Ártico es uno de los sitios dónde más se nota el calentamiento global. Las temperaturas ya han aumentado dos grados, el doble del aumento promedio global, un efecto que llamamos "amplificación ártica". También hay un tema muy delicado que son las emisiones de metano y gases de efecto invernadero del Permafrost, la capa de suelo bajo la superficie de la Tierra congelada de forma ininterrumpida, durante cientos o miles de años. Estos suelos albergan grandes cantidades de materia orgánica, que han estado absorbiendo durante milenios. El problema aparece cuando las altas temperaturas derriten esta capa de suelo congelado. Se descompone esta materia orgánica, carbón fósil compuesto por residuos vegetales, y libera metano y CO2. Decidimos estudiar los incendios porque es uno de los eventos que más perturba e impacta en el Permafrost. Las grandes emisiones no se producen únicamente por los incendios, como ocurre en otras geografías, sino también después del fuego. Otro motivo que nos llevó a investigar es que no se sabía exactamente cuántas hectáreas se habían quemado. Se sabía que eran muchísimas, pero no había una cuantificación exacta. Nosotros le pusimos un número exacto.

¿Las conclusiones son más graves y alarmantes de las que imaginaban?

Sabíamos que nos íbamos a enfrentar con conclusiones de magnitud. El 2020 fue un año muy cálido en el Ártico con muchísimos incendios y que, por lo tanto, el área quemada iba a ser muy grande. Sí nos sorprendió esa relación tan clara entre la temperatura media de verano del Ártico y el área quemada. Por cada grado de temperatura que aumenta, la superficie incendiada es muchísimo más extensa. No es una relación lineal, es exponencial. Eso nos impactó.

El problema es que ni los países ni los líderes mundiales tienen en cuenta estos eventos. Si incorporamos las emisiones en el Ártico, los acuerdos deberían ser aún más ambiciosos con políticas ambientales más conservadoras. Uno puede pensar: "bueno, es algo que ocurre muy lejos". Pero es otro evento que contribuye al calentamiento global

También aparece con mucha nitidez la retroalimentación del cambio climático.

Tal cual. Es un monstruo que se alimenta a sí mismo. Queda muy clara la idea del cambio climático como un círculo vicioso. Debido al calentamiento del Ártico, hay una temperatura que aumenta la probabilidad de incendios, estos incendios hacen que se degrade el Permafrost, cuando ésto sucede se emiten grandes cantidades de gases invernaderos que contribuyen al calentamiento de la tierra. En síntesis: el calentamiento global genera más calentamiento global.

Las distancias suelen ser enemigas para dimensionar la gravedad de eventos que ocurren a miles de kilómetros donde uno vive. ¿Cómo se le explica a un ciudadano de España que los resultados de esta investigación lo afecta?

Nos hemos comprometido todos los países a reducir las emisiones. El problema es que ni los países ni los líderes mundiales tienen en cuenta estos eventos. Si incorporamos las emisiones en el Ártico, los acuerdos deberían ser aún más ambiciosos con políticas ambientales más conservadoras. Uno puede pensar: "bueno, es algo que ocurre muy lejos". Pero es otro evento que contribuye al calentamiento global, que, como ya sabemos, nos afecta a todos y que va mucho más allá del Ártico.

¿Las políticas ambientales no contemplan estas emisiones? ¿Los gases que emanan del Permafrost no forman parte de la agenda de la COP27?

Exacto. Hay muchas voces que piden que las políticas para mitigar el cambio climático contemplen estos eventos en el Ártico. Las actuales predicciones sobre el calentamiento global no tienen en cuenta este círculo vicioso. En los acuerdos que se firmen se tiene que incorporar este tipo de emisiones que no son humanas, que no son antropogénicas. Pero la causa sí que es antropogénica debido al calentamiento global.

Además no son emisiones menores o insignificantes, según se desprende de vuestra investigación.

Totalmente. Nuestros cálculos, solo en emisiones directas, es decir a la quema del incendio, fue igual a todas las emisiones de CO producidas por España ese año, en 2020. Hubo 423 incendios que quemaron unos 3 millones de hectáreas, casi la extensión de Bélgica .Es como agregar un país más al mapa. No son emisiones menores. Hay que aclarar que el cálculo es solo de emisiones directas. Si contemplamos las indirectas, las que emiten los suelos del Permafrost, la cifra crece muchísimo más.

En España, por poner un ejemplo, los incendios queman la vegetación y las llamas son visibles, las podemos ver desde muy lejos. No tienen nada que ver con los incendios del Ártico, que queman bajo tierra. El Permafrost es un suelo orgánico. Su combustión es sin llamas, lo único que se ve desde arriba es un humo que sale del suelo. De ahí la etiqueta de "incendios zombis"

En estos incendios no hay una "mano" que inicia el fuego. El negacionismo suele utilizar esta figura como la única causa de estos fenómenos.

Exactamente. No hay una mano directa que quema. Hay un incremento de tormentas eléctricas y más actividad de rayos, y eso sí es debido al calentamiento del Ártico. Hay varios estudios publicados que dan cuenta de este fenómeno. El calentamiento produce más rayos. Estos incendios son "naturales" porque ocurren por estos rayos.

¿Qué son los "incendios zombis", término que aparece en la investigación?

En España, por poner un ejemplo, los incendios queman la vegetación y las llamas son visibles, las podemos ver desde muy lejos. No tienen nada que ver con los incendios del Ártico, que queman bajo tierra. El Permafrost es un suelo orgánico. Su combustión es sin llamas, lo único que se ve desde arriba es un humo que sale del suelo. De ahí la etiqueta de "incendios zombis". Pueden estar quemando el suelo durante meses. Incluso puede pasar de un verano a otro. Ejemplo gráfico: se produce un "incendio zombi" en verano. Después llega el invierno y la nieve cubre todo. Pero el fuego continúa quemando el suelo por debajo. Entonces, al verano siguiente, cuando se derrite la nieve estos incendios pueden volver a surgir. Por eso el término: parecen que están muertos, pero no, están quemando por debajo.

La complejidad de estos incendios, por dónde se lo mire, es mayúscula en términos de impacto climático.

Totalmente. Uno de los mayores problemas para combatir estos incendios es que ocurren en zonas aisladas, remotas y de poca accesibilidad. El Ártico es una de las zonas menos pobladas del mundo. Estos incendios suelen ocurrir muy separados en distancias. Pueden abrirse focos simultáneos por los rayos, pero separados por centenares de kilómetros. Se expanden y los frentes pueden llegar a ser de decenas de kilómetros. Al haber pocos medios y recursos es muy difícil combatirlos.

Un colega tuyo, autor también del estudio, reconoce que no esperaba ver este fenómeno en 2020, sino dentro de varias décadas. ¿También te sorprendió la variable temporal?

Sí, la misma sensación. El 2020 fue un año con una anomalía de temperatura muy fuerte. Un año muy seco y muy cálido en el Ártico. Ese tipo de verano se esperaba mucho más tarde. Posiblemente no lo volvamos a ver en los próximos años. Pero sí que vemos una tendencia. Fue anómalo, es cierto. Pero es un hecho que en los próximos años vamos a tener un incremento de área quemada. Y si seguimos con esta tendencia a partir de la segunda mitad del siglo, sí que tendremos incendios muy recurrentes. Además, el permafrost va más allá del Ártico, abarca también bosques boreales. La tendencia, según otros estudios, es la misma: incendios cada vez más grandes. La tendencia es generalizada en toda la Siberia.

En el centro del debate. Si tenemos que decrecer o si tenemos que apostar por energía renovables. El capitalismo va más por esta segunda opción, por mantener los niveles de producción y consumo de manera más eficiente. Sin una economía verde fenómenos como los del Ártico van a ser normales

Además del CO2 y del metano, en estas masas de hielo hay virus y bacterias congeladas. ¿Estamos ante una bomba biológica?

Desconozco si en términos sanitarios es un tema muy preocupante. Hace algunos años, en l tundra siberiana, hubo una pequeña epidemia por ántrax (NdeR: en agosto de 2016, en otra ola de calor, en la Península de Yamal, en el Círculo Polar Ártico, un niño de 12 años murió y al menos veinte personas fueron hospitalizadas después de haber sido infectadas por esta bacteria). No sé hasta qué punto es algo puntual o que puede extenderse. Lo que sí está claro es que hay virus y bacterias enterradas bajo estas capas de hielo. No solo eso: se están encontrando muchos mamuts. Hasta qué punto la siguiente epidemia mundial puede salir del permafrost, lo desconozco.

Josep Peñuela, otro autor de la investigación, una eminencia mundial en el campo científico de la ecología, hace una autocrítica y dice que todos los investigadores deberían estar en la calle, en alusión al movimiento de desobediencia civil, alertando de lo grave de la situación. ¿Esta angustiante interpelación es al ciudadano de a pie o al sistema?

Tenemos que exigirle a la clase política que se mojen un poco más y que cumpla con todos los acuerdos vigentes y los que se van a firmar en el corto plazo. Hay una responsabilidad clara de los gobiernos. Tiene que haber un poco de activismo, de los ciudadanos y de los científicos, claro, como lo estamos viendo. Todos tenemos que reclamar y protestar por la inacción climática.

¿Se puede frenar el cambio climático sin romper la matriz del capitalismo global: la búsqueda permanente de un crecimiento que genere más consumo y producción?

Esto está en el centro del debate. Si tenemos que decrecer o si tenemos que apostar por energía renovables. El capitalismo va más por esta segunda opción, por mantener los niveles de producción y consumo de manera más eficiente. Sin una economía verde fenómenos como los del Ártico van a ser normales. Eso lo tengo claro.

Fuente: https://www.lapoliticaonline.com/espana/entrevista-es/las-emisiones-de-los-incendios-en-el-artico-equivalen-a-las-de-espana-es-sumar-un-pais-mas-al-mapa/

domingo, 9 de enero de 2022

El caos climático amenaza los renos de los sami, los nativos del Ártico a los que Suecia estudiaba como una "raza inferior"

Los ataques a esta actividad tradicional suponen también una agresión a la cultura y señas de identidad de este pueblo, hostigado por el agresivo centralismo de los Estados a través de los cuales se extienden sus dominios.

Aslat Holmberg, vicepresidente del Consejo Sami.  público

Los renos que pastorean los sami de Laponia, últimos indígenas de Europa, se hallan en la primera línea de los desastres provocados por el cambio climático. "Los inviernos son más cálidos y, por culpa del calentamiento global, se forma con más frecuencia que antaño una capa de hielo sobre la nieve que impide que los animales accedan a los líquenes de los que se alimentan", explica Aslat Holmberg, vicepresidente del Consejo Sami y representante de la minoría nativa de la Laponia finlandesa, a la que ellos llaman "Sápmi" en su lengua vernácula. El fenómeno era ya conocido desde hace algunos años en Suecia, pero, más recientemente, se ha extendido a Finlandia y Noruega.

Prácticamente todos los aspectos de la vida tradicional sami solían girar en torno a los renos, una especie semidoméstica que ellos aprendieron a pastorear hace miles de años. A diferencia del resto de los pueblos del planeta, estos indígenas tienen ocho estaciones. Se corresponden con las cuatro tradicionales y con otras cuatro intermedias entre cada una de ellas. Todas sirven para describir las migraciones de los animales desde sus dominios invernales a los pastizales estivales o ciertos episodios señalados como la época de crianza.

"Es verdad que solo un pequeño porcentaje de nosotros trabaja actualmente a jornada completa en el pastoreo, pero hay mucha gente que participa de la actividad cuando tiene tiempo",  cuenta Aslat. Ello significa que cualquier ataque a esta actividad tradicional es también una agresión a su cultura y a las señas de identidad de este pueblo, hostigado por el agresivo centralismo de los Estados a través de los cuales se extienden sus dominios.

El cambio climático no es la única amenaza, pero sí una de las principales. "Nuestra gente se ha visto obligada a cambiar la forma de pastorear y a proporcionarles a los renos una comida adicional que a menudo deben transportar a través de la tundra (en motos de nieve) muchos kilómetros más allá de la carretera más cercana. Eso tiene un impacto en forma de gastos y de trabajos extras", señala Holmberg.

Sucede también a menudo que los pastores deben trasladar sus rebaños mucho más lejos para encontrar pastos apropiados. Hace ahora tres años hubo una gran hambruna entre los renos de los sami de Noruega, mientras que en 2013 y 2014 sucedió lo mismo en la península rusa de Kola.

No más pastoreo de renos

"En efecto, el principal problema es el acceso a los pastizales", dice el escritor austriaco Gabriel Kuhn, autor del libro Liberating Sápmi: Indigenous Resistance in Europe's Far North. "Con cada nuevo proyecto de infraestructura que se ejecuta –sea una mina, un ferrocarril o un parque eólico– desaparecen áreas de pastoreo y se cortan las rutas migratorias", indica.

Khun afirma que "el calentamiento global también tiene un gran impacto. Por ejemplo, ríos que solían estar congelados durante meses ahora están congelados durante períodos mucho más cortos. Las manadas de renos no pueden avanzar o cruzarlos en los meses de invierno como solían hacerlo. Pero no solo el calentamiento global es un problema, sino el cambio climático en general. Por ejemplo, los períodos más fríos se registran ahora en abril y mayo, coincidiendo con la época de cría".

"Algunos de los recién nacidos tienen dificultades para sobrevivir en el frío. Existen otros ejemplos. Hay un consenso entre los sami acerca de que no saben durante cuánto tiempo más podrán seguir viviendo del pastoreo de renos. Hoy, muchos de ellos, deben recurrir a empleos más convencionales", señala el escritor.

El pueblo sami −también conocido peyorativamente como lapón− habita en Laponia, una región que se extiende por el norte de Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola, al noroeste de Rusia. No existen estadísticas sobre su población precisa, pero de acuerdo a las estimaciones comúnmente aceptadas, unos 50.000 habitan en Noruega; 20.000, en Suecia; 10.000 en Finlandia y 2.000 en Rusia.

Gracias a los descubrimientos de los arqueólogos, sabemos que existe una población estable que vivía de la pesca y la caza del reno en las costas árticas desde un periodo que podría comenzar entre dos y siete mil años antes de Cristo. Se da por cierto que los sami son la primera población autóctona conocida de Laponia, lo que a su vez ha dado lugar a un movimiento de reivindicación de sus derechos como pueblo indígena y una denodada resistencia para hacer frente a todos los intentos de asimilación.

Calle principal de Jukasjarvi, en los territorios samis de Suecia. FERRAN BARBER

En 1956, crearon el Consejo Nórdico de los sami con la esperanza de coordinar a las comunidades noruegas, finlandesas y suecas. En 1991, se unieron los rusos al Consejo. Existen asimismo varios parlamentos oficialmente reconocidos, pero son órganos de naturaleza meramente consultiva a los que sus gobiernos respectivos no prestan apenas oído. Actualmente, los medios de comunicación escandinavos se refieren a esta minoría como "sami", dado que el término "lapp", del que procede lapón, es claramente despectivo. Este es un exónimo que significa "ropa de mendigo", "inculto" y "tonto".

En realidad, los problemas de los sami no son muy diferentes de los de otras minorías de nativos del planeta. "Hemos tenido experiencias muy similares a las de indígenas de Estados Unidos o Canadá en relación, por ejemplo, a los internados de nativos, que en el caso del norte de Europa eran verdaderas fábricas de asimilación", dice el vicepresidente del Consejo sami, Aslat Holmberg.

"No hace tanto tiempo de ello porque nuestros padres y nuestros abuelos sufrieron estas experiencias. Se les sacaba de su familia a los ocho o nueve años para llevarlos a un entorno extraño donde no podían hablar ni su propia lengua. Esos niños ni siquiera entendían sueco o finlandés. Y por supuesto, la influencia de esas políticas se extienden hasta el día de hoy", afirma.

"Estamos hablando de los setenta, así que mucha gente que actualmente está en su mediana edad o en la vejez están contaminados por la idea de que la cultura sami es inferior y que es mejor aprender la lengua e impregnarse de la cultura mayoritaria –continúa Holmberg–. En muchas familias, nuestra lengua se ha perdido e incluso a día de hoy, el 80% de nuestros niños en Finlandia viven en el sur, fuera del territorio sami”.

Estudios anatómicos de una raza inferior

"Incluso se les infligía castigos físicos, y muy particularmente en Suecia", afirma por su parte el escritor austriaco, residente en Suecia, Gabriel Kuhn. "Desde las instituciones enviaban gente a las escuelas para realizar estudios anatómicos de una raza inferior. Todo esto era muy entrometido. A la mayoría de los niños solo se les permitía viajar a su casa dos veces al año: en Navidad y durante las vacaciones de verano", señala.

La vida tradicional de este pueblo no ha dejado nunca de estar permanentemente amenazada por la rapacidad de las empresas que se disputan sus territorios con la connivencia de los Estados por las que se reparten. Una de las principales agresiones a su cultura y su forma tradicional de vida sigue procediendo de la minería.

Tal como explica Aslat Holmberg, "es cierto que hay sami que viven y obtienen ingresos de esa actividad, pero, como regla general, allá donde se establecen esas compañías se causa un grave daño a nuestros usos tradicionales y, particularmente, al pastoreo de renos. En Finlandia hay grandes reservas mineras, pero no hay compañías trabajando, a excepción de algunas prospecciones de oro. En Suecia, sin embargo, existe un gran número de minas con las que es muy difícil coexistir".

En el mismo sentido, Kuhn afirma que "la minería sigue siendo un gran problema, pero existen otros como la silvicultura, la caza y la pesca, la hidroelectricidad y, cada vez más, los parques eólicos y la geoingeniería".

"Existen varias plantas eólicas enormes en el lado sueco y en la frontera entre Suecia y Noruega", asegura Holmberg. "Hay también otro proyecto planteado no lejos de donde yo vivo, en la vertiente noruega, cerca de Saana, la montaña sagrada de los sami, que es uno de los pocos entornos de pastoreo que han permanecido inalterados", destaca.

Holmberg relata que "existe un plan de una compañía finlandesa para levantar 150 turbinas y construir 200 kilómetros de carreteras de mantenimiento en esa zona virgen". Las turbinas asustan a los renos por su ruido y su tamaño –subraya–. En una franja que se extiende en torno a diez kilómetros de donde se levantan, el área deja de ser apta para el pastoreo, lo que en última instancia también corta las rutas tradicionales de migración de esos animales".

Discriminación racial

El turismo y la pesca no sostenible o ciertos proyectos ahora en suspenso como el trazado de un ferrocarril también están poniendo en jaque la supervivencia de la cultura de este pueblo, que se defiende a duras penas del racismo estructural que, a su juicio, caracteriza a las sociedades entre las que vive.

"Éramos y seguimos siendo víctimas de diferentes formas de racismo", afirma Aslat. "Por ponerte un ejemplo, hace algún tiempo, a raíz de una de nuestras victorias judiciales en Suecia, las redes se incendiaron con el clásico discurso del odio. Algunos sami fueron amenazados y sufrieron incluso ataques físicos: asesinaron y torturarnos renos para intimidarnos", sostiene.

A su juicio, "hay un fuerte racismo en Suecia que también se aprecia en el modo en que se nos niega nuestro derecho a decidir cómo queremos que se gobiernen nuestros territorios y los recursos que contienen. El legado colonial todavía sigue vivo. Sucede lo mismo en Finlandia. Y eso puede apreciarse incluso en la forma en la que somos descritos".

"Cuando luchamos por nuestros intereses, la mayoría finlandesa reacciona quejándose y preguntándose por qué somos tan difíciles. En general, no hay mucha discusión sobre nuestro derecho a la autodeterminación, pero eso es algo en lo que estamos trabajando ahora. Tenemos derecho a decir no a los proyectos dañinos que nos amenazan", agrega Aslat.

"Sin duda, existe un racismo antisami en todos los países nórdicos", coincide Kuhn. "Esto se expresa mediante insultos o mediante desventajas estructurales en el acceso al empleo o la vivienda. En las encuestas, la gran mayoría de los sami afirman que han tenido experiencias personales de discriminación racial", añade.

Fuente: https://www.publico.es/internacional/caos-climatico-amenaza-renos-sami-nativos-artico-suecia-estudiaba-raza-inferior.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=web

sábado, 25 de septiembre de 2021

El Ártico es una bomba climática y las compañías fósiles, bancos e inversores quieren que estalle

https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rtico

 Los bancos comerciales, entre ellos el Santander, han concedido 267.552 millones de euros para proyectos de expansión en el Ártico entre 2016 y 2020. Un dinero clave para la industria fósil, dispuesta a aumentar su producción un 20% en los próximos cinco

El Ártico lleva años con un gran letrero gigante que dice que no puede más, que experimentará situaciones nunca vistas, y que esto tendrá efectos en otras zonas del planeta. Aun así, a los grandes responsables de esta situación parece no importarles demasiado comprometer la vida presente y futura. Según un nuevo informe de la ONG Reclaim Finance, las empresas petroleras y de gas están dispuestas a aumentar la producción en el Ártico en un 20% en los próximos cinco años, es decir, de 11,5 millones de barriles equivalentes de petróleo al día en 2020 a 13,7 millones al día en 2026. Y lo harán gracias a los cientos de miles de millones de dólares de apoyo de bancos e inversores, entre ellos el Banco Santander.

Para 2030, la gasista rusa Gazprom tiene previsto aumentar su producción en un 14%, la empresa internacional de energía con sede en Houston, ConocoPhillips, en un 36%, y el grupo empresarial francés Total Energies en un 28%. Estas cifras podrían ser mayores si se explotan todos sus activos, apunta el informe.

Entre 2016 y 2020, 120 bancos comerciales proporcionaron más de 314.000 millones de dólares (unos 267.552 millones de euros) para proyectos de expansión en el Ártico. Aproximadamente el 34% fueron a través de préstamos y el 66% a través de la emisión de bonos y acciones. A la cabeza de la lista está, una vez más, el estadounidense JPMorgan Chase, con 18.600 millones de dólares (unos 15.847 millones de euros). Le siguen VTB Group, Sberbank, Barclays y Gazprombank.

El Banco Santander ocupa el puesto número 30. A pesar de ser uno los bancos que se comprometió a aplicar las llamadas políticas de restricción del Ártico, de 2016 a 2020, la entidad presidida por Ana Botín proporcionó aproximadamente 3.800 millones de dólares (3.238 millones de euros) a empresas que están desarrollando nuevos proyectos de combustibles fósiles en el Ártico. Shell, Total Energies y Repsol son las tres compañías que han recibido la mayor parte del dinero. Preguntados por Climática, Banco Santander no ha querido hacer ningún comentario al respecto y se ha limitado a adjuntar la Política de Gestión de Riesgos Medioambientales, Sociales y de Cambio Climático.

Como señala el informe, actualmente el 28% de los yacimientos de petróleo y gas del Ártico se encuentran fuera del ámbito de exclusión geográfica del banco. El Santander, explican, utiliza una definición restrictiva del Ártico: el Círculo Polar Ártico. Esto significa que el banco aún puede proporcionar apoyo directo a nuevos proyectos de petróleo y gas en toda la región.

Los inversores también están facilitando el dañino auge del petróleo y el gas al poseer alrededor de 272.000 millones de dólares en proyectos fósiles en el Ártico hasta marzo de 2021. BlackRock, habitual en este tipo de listas, encabeza la clasificación, con 28.500 millones de dólares invertidos en proyectos de petróleo y gas en la zona, seguido de Vanguard y Credit Agricole (a través de Amundi). Ninguno de estos tres tiene políticas de exclusión en el Ártico.

«La lucha contra la crisis climática requiere que dejemos de construir infraestructuras que permitan seguir extrayendo energía de los combustibles fósiles –como el gasoducto de GNL del Ártico– y que, en cambio, centremos nuestros recursos en obtener energía de fuentes renovables», pide Jennifer Francis, científica principal del Centro de Investigación Climática de Woodwell que ejerce como subdirectora en funciones.

Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico

Este análisis se produce poco después del mayor informe sobre el estado del planeta a consecuencia del calentamiento global de la atmósfera. En él, el IPCC alertaba de que el Ártico, que se calienta tres veces más rápido que el planeta, ha experimentado en las últimas décadas una disminución récord de su capa de hielo. Es más: durante la década que acaba de terminar, la superficie media anual de hielo marino del Ártico alcanzó su nivel más bajo desde al menos 1850. El principal causante: las actividades humanas.

Un deshielo, además, que tiene efectos en otras partes del mundo. Por ejemplo, las grandes nevadas del pasado invierno en Europa estarían impulsadas por la pérdida de hielo marino en el Ártico, según una investigación publicada en la revista Nature Geoscience.

Y no hay vuelta atrás. Para antes de 2050, acorde a las estimaciones del IPCC, “es probable” que el Ártico esté prácticamente libre de hielo marino en septiembre al menos una vez, independientemente del nivel de emisiones actuales y futuras. Que este no se convierta en un evento recurrente dependerá de no alcanzar niveles de calentamiento más altos, avisaban los especialistas en su último informe.

Además, no es la única consecuencia que se cierne sobre el Ártico: cada vez hay menos animales. Un informe reciente del Consejo Ártico ha registrado una drástica caída en las poblaciones de renos y aves de la tundra a causa del cambio climático.

«El Ártico es una bomba climática, y nuestra investigación demuestra que la industria del petróleo y el gas está empeñada en hacerla estallar, echando por tierra nuestras posibilidades de evitar un colapso climático galopante», apunta Alix Mazounie, una de las autoras del informe. Eso sí, no son los únicos culpables: «Las instituciones financieras han financiado a estas empresas, burlándose de sus propios compromisos climáticos».

El informe corrobora así la hipocresía de muchas de las instituciones financieras señaladas. Y es que, aunque 20 de los 30 principales bancos que impulsan la expansión de los combustibles fósiles en la región del Ártico cuentan con las llamadas políticas de restricción del Ártico, ni una excluye el apoyo a las empresas que desarrollan nuevos proyectos de petróleo y gas en la región. En el caso de los inversores es peor: solo dos de los 30 principales cuentan con una política al respecto.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/artico-bancos-santader-industria-fosil/

martes, 20 de abril de 2021

Groenlandia y el Ártico: nueva fiebre de conquista

Groenlandia tierras raras

 Groenlandia puede frenar una de las minas de tierras raras más grandes del mundo. La izquierda ecologista ha ganado las elecciones con la promesa de detener el proyecto de Kvanefjeld (Quieniefiel). La decisión final depende de los pactos de gobierno, pero la mayoría de los groenlandeses, dicen los sondeos, no quieren mina por los riesgos medioambientales. Del yacimiento se sacaría uranio, pero también neodimio, usado en los vehículos eléctricos. Cada motor de un Toyota Corolla, el híbrido más vendido del mundo, carga un kilo de neodimio. Los coches Eco limpian el aire agujereando la tierra.

Las tierras raras son el oro de Groenlandia, que necesita el dinero de la metrópoli Dinamarca para sostener este protoestado de cincuenta y seis mil habitantes. Los ingresos de la mina pagarían la independencia total de esta gran isla de hielo. El calentamiento global está despejando el paso hacia lugares antes inaccesibles, como la mina en disputa. Ocurre en todo el norte del planeta. Un carguero cruzó el Ártico en febrero, lo que nunca antes había ocurrido a esas alturas del año. El deshielo está descubriendo un nuevo mundo, describe el periodista Marzio Mian: casi un planeta en nuestro patio trasero.

Las potencias se están disputando el Gran Norte. China está detrás de la mina de Groenlandia; Rusia está modernizando sus bases en el Ártico y estaría probando armas, como un torpedo de nombre Poseidón. Estados Unidos cree que también tiene derecho a mandar sobre el Ártico. En Groenlandia ya cuenta con la base de Thule y Trump llegó a especular con comprarse el territorio. No sería algo inédito. Alaska fue rusa hasta que el zar se la vendió a Washington por siete millones de dólares. Luego llegó la fiebre del oro que relató Jack London, y los hombres murieron de frío y avaricia.

Groenlandia fue poblada por inuits y vikingos. Según la leyenda, Eric el Rojo la llamó Greenland, tierra verde, para atraer con engaños a nuevos colonos. En la serie Vikingos fabulan con los primeros escandinavos. El personaje Ketil, obsesionado con ser rey, pierde la cabeza cuando una ballena queda varada en su parcela y se niega a compartirla con el resto de colonos, que están hambrientos y luchan por ella. Su hijo muere, pero Ketil gana la batalla. Y ríe enajenado porque ser rey es más importante que la vida. Solo le acompañan el llanto desesperado de su esposa y el cadáver putrefacto de la ballena.

Fuente: https://lasoga.org/groenlandia-y-el-artico-nueva-fiebre-de-conquista-14-de-abril/

jueves, 25 de junio de 2020

La ruleta rusa del Ártico

Del círculo polar, donde se acaban de registrar temperaturas de hasta 38º, depende una buena parte de las esperanzas de sostener el equilibrio actual, las cosechas, la biodiversidad y las corrientes marinas

<p>Verkhoyansk, en el Ártico ruso. Hace unos días la temperatura llegó a los 38 grados. </p>
Verkhoyansk, en el Ártico ruso. Hace unos días la temperatura llegó a los 38 grados.
Maarten Takens
El drama de lo que está ocurriendo en el norte del globo me corroe por dentro. Principalmente porque afectará a los países que somos frontera con el avance del desierto y que estamos rescatando alegremente al sector automovilístico. Ya sé que la correlación de fuerzas es la que es, pero es que estamos ante un panorama que requiere arrimar los dos hombros. En este 2020 nefasto para la historia es aún más difícil explicarlo, y reaccionar debidamente por la competencia entre desastres.

El sábado 20 de junio se registraron 38º en Verkhoyansk, en el Ártico ruso. Desde 1885 se han tomado registros y nunca se había dado una temperatura así en la región polar. Quizá no te parezca importante. ¿Qué son 38 grados sino el sudoroso pan de cada día en muchas regiones de la mitad sur de la península? Puede que tampoco el término amplificación polar, que explica por qué esa zona se está calentando mucho más rápido que el resto del planeta, te suene. Pero aunque quizá a ti no te importe mucho el Ártico, a él si le vas a importar tú.

Del círculo polar ártico depende una buena parte de las esperanzas de sostener el equilibrio actual de temperaturas, las cosechas, la biodiversidad, las corrientes marinas. Todo se verá afectado el día que no haya hielo en el norte. Estamos jugando a la ruleta rusa con el clima. Todos los países. Ninguno está a salvo, aunque unos disparan con menos balas en el cargador, y eso explica en parte –en realidad nada lo hace–, las estupideces que están haciendo los Trump y los Putin del mundo, con la silenciosa complicidad de buena parte de nosotros.


Pero vayamos al meollo: Trump, niega el cambio climático, ¿no? Putin ha llegado hasta a insinuar que Greta Thunberg está siendo manipulada o mal informada. Bueno, ya sabéis aquello de “se piensa el ladrón…”. Trump, el incrédulo, recientemente intentó comprar Groenlandia a los daneses, a lo que estos respondieron que se fuera con el peluquín a timar a otra parte, que algo olía a podrido en la oferta. La intrahistoria es muy simple, nuestro Nerón particular –más de aporrear teclas en twitter que de lira–, o como mínimo sus asesores, saben perfectamente que el deshielo convertirá a Groenlandia en un territorio mucho más valioso de lo que es ahora. Si quedan accionistas vivos para invertir.

En el otro lado del muro (aún de hielo), Putin ha tenido que hacer frente hace unos pocos días a uno de los mayores desastres desde Chernobyl. Cerca de Norilsk ha sucedido el segundo vertido más grave de la historia rusa, y se ha decretado el estado de emergencia en la zona. Las investigaciones han determinado que el derretimiento del permafrost debilitó los soportes de un tanque el 29 de mayo, vertiendo unas 20.000 toneladas de diesel al río Ambarnaya. No es la primera vez que el frágil permafrost ocasiona un desastre: en 2017, la  llamada bóveda del fin del mundo, construida para sobrevivir a “los retos de los desastres naturales provocados por el hombre”, se inundó también por causa del endeble permafrost. Poesía. Apocalíptica, pero poesía. Nuestra civilización es un gigante con un pie de petróleo, cada vez más escaso, y otro de permafrost, cada vez más frágil.

Algunos puede que aún os preguntéis, ¿qué es el permafrost? Es la capa de subsuelo congelado que ocupa entre el 20% y el 24% de la superficie de la tierra, pero no es solo eso. También es un almacén de materia orgánica vegetal y animal congelada (y, ojo, de virus para los que no tenemos tratamiento), que además contiene el arma con la que estamos disparándonos metafóricamente en la sien. El arma con la que muy probablemente perderemos definitivamente el norte. El fusil de clatratos de metano –que parece ya estar empezando a disparar sin compasión– está cargado con un compuesto con una capacidad de efecto invernadero a nivel molecular 20 veces superior a la del CO2, y puede desencadenar un proceso similar al que se le atribuye la tercera gran extinción masiva, la del Pérmico-Triásico.

Es lógico, si una cantidad tan enorme de metano y dióxido de carbono como la que se almacena en el polo norte y la tundra es emitida en poco tiempo –ahí es donde entra nuestra hazaña de estar desarrollando el cambio climático más rápido en la historia conocida–, simplemente se convierte en el principio de una cadena de retroalimentaciones de final indescifrable, pero pinta mal, pero que muy mal para la vida en este planeta.

Sin embargo, ambos países, poseedores de recursos estratégicos y situados al norte, creen estar bien colocados ante el nuevo régimen climático que hemos desatado en el Antropoceno. Suponen –me temo que erradamente– que sus países pueden salir en parte mejor parados, gracias a la apertura de rutas marinas que, por ejemplo, el sur de Europa o China. Erradamente, porque, en una ruleta rusa, aunque tengas menos balas en tu cargador que tu rival nunca estás a salvo del todo.

Que Biden gane las elecciones en noviembre no garantiza nada, no es un candidato fiable para hacer frente a la emergencia climática. Y nuestras esperanzas tendrían que estar en salir de la crisis del coronavirus con un movimiento climático organizado y fuerte, para presionar, mediante desobediencia civil pacífica, a los líderes políticos y a las grandes empresas. Hace falta una alianza climática de personas, ONG’s y movimientos sociales, capaz de alterar e incluso imponer la agenda política. Porque, si vuelve a ganar Trump, nos enfrentamos al desastre porque Putin no perderá unas elecciones hasta que él quiera. Y estos dos, junto con el descerebrado pirómano brasileño, nos llevan directos al precipicio de la sexta extinción masiva que ya hemos comenzado a descender.

Sólo hay un camino para evitar que esto ocurra: parar de emitir tanto como sea posible. Pero de verdad. Planificar un camino en el que tanto la UE, como los norteamericanos, como los chinos o los rusos, pactemos un descenso razonable, y razonado, según las emisiones totales emitidas a lo largo de la historia. No somos tanto rivales como compañeros de casa, nos necesitamos los unos a los otros, y no vamos a arreglar (sólo) con tecnología un problema que en buena parte la tecnología ha causado. Tenemos que reducir drásticamente nuestro impacto, y no podremos hacerlo sin disminuir las emisiones, y por tanto, la economía. Y para que ese proceso sea justo, se tiene que hacer con políticas de redistribución de la obscena riqueza amasada por las élites desde el inicio del neoliberalismo en los años 80. Si alguien conoce otro camino o sabe esquivar las balas del fusil, por favor, que lo muestre.

lunes, 30 de abril de 2018

Greenpeace alerta sobre el riesgo de la central nuclear flotante con destino al Ártico

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 Akademik Lomonosov es la primera central nuclear flotante y en principio no será la última: el gobierno ruso tiene previsto construir y enviar al ártico y a otras regiones varias de estas centrales nucleares para proporcionar energía a regiones remotas; uno de los propósitos es, según Greenpeace, suministrar energía a instalaciones de extracción de gas y petróleo. Pero también tiene capacidad para suministrar electricidad a miles de viviendas y hacer funcionar desaladoras de agua.

Aunque inicialmente estaba previsto cargar el combustible de la Akademik Lomonosov en San Petersburgo finalmente —debido a la presión de los estados bálticos por los que tenía que pasar el planta flotante y a la petición organizada por Greenpeace Rusia— la carga y prueba de encendido del reactor nuclear se realizará finalmente en Murmansk. La planta después de remolcará otros 5000 km hasta su destino final cerca de Pevek, en la región de Chukotka.

Para Greenpeace y otros ambientalistas este “chernóbil on ice” no es una buena idea y supone un “riesgo evidente” para un entorno ya castigado por el calentamiento global. Entre otros motivos, argumenta Greenpeace, la planta carece de sistemas de propulsión (en su lugar para moverla hay que remolcarla cuando sea necesario) lo que significa que “es especialmente vulnerable a los tsunamis o ciclones.”

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 Según el experto nuclear Jan Haverkamp, de Greenpeace, "esta peligrosa iniciativa no sólo supone una amenaza para el Ártico, sino que también supone una amenaza potencial para otros espacios naturales vulnerables y para regiones densamente pobladas.”

Al menos una quincena de países se han interesado ya por las plantas nucleares flotantes rusas incluyendo China, Algeria, Indonesia, Malasia y Argentina.


Fuente:  http://www.microsiervos.com/archivo/ecologia/greenpeace-alerta-riesgo-central-nuclear-flotante-artico.html

martes, 16 de agosto de 2016

Una ciudad tóxica bajo el Ártico

El cambio climático va a sacar de las profundidades una enorme base militar de EE UU construida en la Guerra Fría, y que contiene toneladas de residuos tóxicos, según alerta un estudio
Para construir la ciudad se necesitaron enormes tractores.
 Podría ser el argumento de una película pero es mucho mejor, porque pasó de verdad. En 1959, durante la Guerra Fría, el Ejército de EE UU construyó una enorme base militar bajo el hielo de Groenlandia. Se planearon hasta 4.000 kilómetros de túneles horadados a decenas de metros bajo el hielo, en medio de un desierto blanco que parece de otro planeta y a 200 kilómetros de la costa. Públicamente el objetivo de esta nueva base, llamada Camp Century, era la investigación, que se realizaría en cooperación con Dinamarca, el país soberano de este territorio. El proyecto incluía un reactor nuclear que abastecía de energía toda la base, con capacidad para unas 200 personas. Había oficinas, laboratorios, gimnasios, bares, capilla. Y bajo estricto secreto, sin el conocimiento de sus aliados daneses, el Ejército de EE UU también lanzó un plan para almacenar cabezas nucleares que podían dispararse contra la Unión Soviética desde lanzaderas subterráneas. Así era la “ciudad bajo el hielo”.

Ahora, un equipo de científicos alerta de que el calentamiento climático va a desenterrar la antigua base, que fue cerrada y sepultada en nieve en 1967. Los responsables del proyecto asumieron que los túneles y el resto de las instalaciones serían aplastados por el hielo, cuyo grosor sobre la base aumentaría con los años. Pero los responsables del nuevo trabajo, de varias instituciones académicas de EE UU y Canadá, explica que Groenlandia y el resto del Ártico es una de las zonas más afectadas por el calentamiento global. Esto amenaza con sacar del hielo un volumen de residuos y material tóxico difícil de estimar. En su trabajo, publicado en Geophysical Research Letters, William Colgan, de la Universidad de York, en Canadá, y el resto de su equipo explica que si el clima sigue una trayectoria similar a la actual la ciudad helada podría salir a la superficie con su carga de desechos a finales de siglo.

“Cuando analizamos las simulaciones climáticas, vemos que en lugar de haber una cubierta de nieve perpetua, parece que este lugar podría pasar a derretirse en 2090”, explica Colgan. “Una vez que el lugar registre más derretimiento neto que nieve será solo cuestión de tiempo hasta que los residuos salgan a la superficie, será irreversible”, resalta.


El estudio calcula que los desechos de la base abarcan 55 hectáreas y contienen unos 200.000 litros de combustible diésel, suficiente para que un coche dé 80 vueltas al mundo. El trabajo estima que también debe haber una cantidad desconocida de compuestos tóxicos conocidos como bifenilos policlorados (PCB). También habría 240.000 litros de agua contaminada, incluyendo residuos fecales, y una cantidad desconocida del refrigerante que se usaba en el reactor nuclear y que tendría niveles bajos de radiación. El reactor fue desmantelado y retirado tras el cierre de la base.

Los responsables del estudio matizan que la contaminación del entorno puede comenzar mucho antes de que la base aflore del hielo, ya que puede haber torrentes de agua líquida que atraviesen el nivel en el que se encuentran los residuos y los arrastre a otras zonas de Groenlandia. Los investigadores no piden que se limpie la zona, pues resultaría muy caro y trabajoso. “Realmente estamos en una situación de esperar hasta que se derrita la capa de hielo hasta casi dejar expuestos los desechos, solo entonces podría reclamarse que se limpien”, señala Colgan.

La `'calle' principal de la ciudad.
Un documental del Ejército de EE UU documentó en su día la ingente cantidad de maquinaria y vehículos especializados que fueron necesarios para construir la base y también para enterrarla en hielo una vez quedó abandonada. El mítico periodista Walter Cronkite visitó el lugar durante su construcción y le preguntó a uno de los oficiales al mando si el lugar perseguía algún objetivo militar. El responsable aseguró tajante que ninguno, a pesar de que la base se construyó precisamente ahí porque es uno de los puntos más cercanos a la antigua Unión Soviética. Ni palabra tampoco del proyecto Gusano de Hielo para llevar allí cabezas nucleares que finalmente se desestimó.

Los autores del estudio sí alertan de que esta puede ser una bomba diplomática a punto de estallar. Las leyes ambientales internacionales, dicen, no dejan claro quién debería limpiar el lugar, lo que podría causar un conflicto entre EE UU y Dinamarca, a pesar de que Groenlandia tiene su propio Gobierno. Se trata, dicen los autores, de conflictos que quedaron congelados durante décadas y que el cambio climático va a resucitar.


Fuente:  http://elpais.com/elpais/2016/08/11/ciencia/1470923867_424650.html

lunes, 1 de septiembre de 2014

Los primeros humanos del Ártico americano vivieron 4.000 años aislados


Foto: ANSGAR WALK

Desaparecieron tras llegar los primeros inuit

Se sabe que los humanos llevan viviendo en el Ártico americano hace 5.000 años. La evidencia arqueológica muestra claramente que una gran variedad de culturas sobrevivió a la dureza del clima en Alaska, Canadá y Groenlandia.

A pesar de esto, hay varias preguntas sin respuesta acerca de estas personas: ¿de dónde venían? ¿Cuándo llegaron? ¿Quiénes son sus descendientes? ¿Y quién puede llamarse a sí mismo pueblo indígena del Ártico?
Ahora podemos responder a algunas de estas preguntas, gracias a un estudio de ADN integral de los habitantes actuales y anteriores de Groenlandia, el Ártico canadiense, Alaska, las Islas Aleutianas y Siberia, llevado a cabo por un equipo internacional dirigido por el Centro de GeoGenetics en el Museo de Historia Natural de Dinamarca, de la Universidad de Copenhague. Los resultados acaban de ser publicados en la revista Science.

El Ártico de América del Norte fue uno de los últimas grandes regiones en ser poblada por los humanos modernos. Esto ocurrió cuando cruzaron el estrecho de Bering desde Siberia y se extendieron por un nuevo mundo. Mientras que el área ha sido durante mucho tiempo bien documentada por los arqueólogos, poco se sabe de su prehistoria genética.

En este estudio, los investigadores muestran que el Paleo-Esquimal, que vivió en el Ártico desde hace unos 5.000 años hasta hace aproximadamente 700 años, representó una onda distinta de la migración, separado tanto de los nativos americanos – que cruzaron el estrecho de Bering mucho antes – y los inuit, que vinieron de Siberia varios miles de años después de los Paleo-esquimales. “Nuestros estudios genéticos muestran que, en realidad, los Paleo-esquimales – que representan un solo grupo – fueron los primeras humanos en el Ártico, y que sobrevivieron sin contacto con el exterior durante más de 4.000 años”, dice el profesor Eske Willerslev

“Nuestro estudio también muestra que los Paleo-esquimales, después de sobrevivir casi en aislamiento en el duro medio ambiente del Ártico desde hace más de 4.000 años, desaparecieron hace alrededor de 700 años – aproximadamente la misma época en que los antepasados de  los actuales inuit se extendieron hacia el este de Alaska”, agrega Raghavan Maanasa, del Centro de GeoGenetics y autor principal del artículo.

PULSOS DE MIGRACIÓN EN LAS AMÉRICAS
Los Inuit de Groenlandia son representados desde la década de 1930 en sus tradicionales embarcaciones (umiaq), utilizadas para la caza y el transporte. En la literatura arqueológica, las distinciones se dibujan entre las diferentes unidades culturales en el Ártico, en el período que va hasta el surgimiento de la cultura Thule, que sustituyó a todas las culturas anteriores del Ártico y es la fuente de los inuit de hoy en Alaska, Canadá y Groenlandia.

Las culturas anteriores incluyen la Saqqaq o Pre-Dorset y la Dorset, que comprende la tradición Paleo-Esquimal, con la Dorset dividida en tres fases. Todos ellos tenían cultura, estilo de vida y de subsistencia como rasgos distintivos que se ven en el registro arqueológico. También hubo varios períodos en los que el Ártico era carente de asentamientos humanos. Estos hechos han planteado más preguntas con respecto a la posibilidad de varias oleadas de migración desde Siberia a Alaska.

“Nuestro estudio muestra que, genéticamente, todas las diferentes culturas paleo-esquimales pertenecían al mismo grupo de personas. Por otra parte, no están estrechamente relacionados con la cultura Thule, y no vemos ninguna indicación de asimilación entre los dos grupos .

También hemos comprobado que los Paleo-esquimales no eran descendientes de los nativos americanos. La genética revela que debe haber habido por lo menos tres pulsos separados de la migración desde Siberia hacia el continente americano y el Ártico. Primero fueron los antepasados de los nativos americanos actuales, luego vinieron los Paleo-esquimales, y, finalmente, los ancestros de los inuit de hoy “, dice Eske Willerslev. .

El estudio no pudo establecer por qué la desaparición de los Paleo-esquimales coincidió con los ancestros de los inuit que comenzaron a colonizar el Ártico. No hay duda de que los antepasados inuit – que cruzaron el estrecho de Bering hace unos 1.000 años y llegaron a Groenlandia hace unos 700 años – eran tecnológicamente superiores.

Los propios mitos del Inuit cuentan historias de un pueblo antes que ellos, que con toda probabilidad se refiere a los Paleo-esquimales. En los mitos, se conocen como el ‘Tunit’ o ‘Sivullirmiut’, que significa “los primeros habitantes.” De acuerdo con estos mitos, eran gigantes, más altos y fuertes que los inuit, pero que huían fácilmente de sus asentamientos a causa de los recién llegados.

Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2014/08/30/primeros-humanos-artico-americano-vivieron-4-000-anos-aislados/