viernes, 28 de febrero de 2020

Evo Morales ganó con "alta probabilidad" sin fraude en Bolivia, según el MIT

Evo Morales.
Evo Morales. / EFE
 El expresidente boliviano Evo Morales ganó con "alta probabilidad" sin cometer fraude los comicios presidenciales de octubre pasado, tras los cuales fue obligado a abandonar el poder por los militares, según un análisis estadístico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, en inglés).

Los investigadores, pertenecientes al Laboratorio de Ciencias y Datos Electorales del MIT, estudiaron la tendencia del escrutinio antes y después de que se interrumpiera el conteo rápido al 84 %, punto en el que los opositores a Morales denunciaron el inicio del supuesto fraude, que acreditó después la Organización de Estados Americanos (OEA).

El MIT aseguró en su informe que "el análisis estadístico y las conclusiones de la OEA parecen profundamente defectuosas".

Cuando el recuento se interrumpió, el izquierdista Morales encabezaba el escrutinio con unos ocho puntos sobre su principal opositor, el conservador Carlos Mesa, que hubiese obligado a celebrar una segunda vuelta según el sistema electoral boliviano. Al reanudarse el conteo Morales alcanzó el margen suficiente -10 puntos- para ser reelegido en primera vuelta.

Sin embargo, las elecciones quedaron anuladas bajo la sospecha de fraude y Morales fue obligado por los militares a abandonar el poder.

Los investigadores del MIT afirmaron en su análisis, publicado por The Washington Post, que es "altamente probable que Morales superase el margen de 10 puntos porcentuales", al defender que la tendencia alcista que impulsaba al entonces mandatario era anterior a la interrupción del conteo rápido.

"Nuestros resultados son claros. No parece haber una diferencia estadísticamente significativa en el margen antes y después de la interrupción del conteo preliminar", dijeron.

Además, los investigadores incorporaron a su análisis cerca de 1.000 simulaciones con los resultados previa interrupción para pronosticar el escenario final y concluyeron que "Morales podía esperar al menos una ventaja de 10,49 puntos respecto a su más inmediato competidor".

"De nuevo, eso sugiere que el aumento en el margen de Morales después de la interrupción puede explicarse por completo con los votos ya sumados", afirmaron.

Los investigadores del MIT fueron muy duros con el informe de la OEA que denunció un fraude estadístico -además de otras irregularidades- y que sirvió para legitimar la salida del poder de Morales y dar paso a un Gobierno de facto presidido por la conservadora Jeanine Áñez.
Al menos 34 miembros de tribunales electorales fueron detenidos acusados de supuesto fraude en los días posteriores.

La OEA calificó de "cambio drástico y difícil de justificar" los resultados tras la interrupción y denunció "irregularidades" y "manipulaciones" que hacían imposible saber el margen real entre Morales y Mesa.

Pero el MIT indicó que la OEA "no cita ninguna investigación previa que demuestre que son válidas sus asunciones".

"Según el criterio de la OEA para el fraude, es posible que las elecciones estadounidenses en las que los votos que se cuentan más tarde tienden a inclinarse hacia los demócratas también puedan clasificarse como fraudulentas", aseguraron los investigadores del MIT.

"El fraude electoral -concluyeron- es por supuesto un problema grave, pero confiar en criterios no verificadas como prueba de fraude es una seria amenaza para cualquier democracia".

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/internacional/20200228/evo-morales-gano-elecciones-bolivia-sin-fraude-segun-mit-7867288?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=cm

Lo que debe saber sobre el caso Assange

¿Será el fundador de Wikileaks extraditado a EE.UU.? Un tribunal en Londres lo discutirá a partir del lunes. Información y antecedentes en siete preguntas y respuestas.

England London Demonstration Unterstützer Julian Assange (Getty Images/H. Adams)

¿Cómo se ganó Assange el descontento de EE. UU.?
En 2010 Wikileaks publicó cerca de medio millón de documentos clasificados de Estados Unidos sobre las guerras de Irak y Afganistán, que de igual forma documentaron los crímenes de guerra cometidos por las tropas estadounidenses. La imagen pública de estas guerras cambió a partir de esto. En 2011, Wikileaks roporcionó otra visión poco halagadora de la política exterior estadounidense: la plataforma de denuncias publicó un cuarto de millón de despachos secretos de las embajadas estadounidenses. Como resultado, varios políticos estadounidenses describieron a Assange como un "terrorista de alta tecnología" que debe ser perseguido por todos los medios.

En 2017, el ministro de Asuntos Exteriores, Mike Pompeo, llamó a Wikileaks "agencia de inteligencia enemiga no estatal". En ese momento Pompeo todavía era director de la CIA. Ya en 2010, un tribunal secreto presentó un cargo igualmente secreto contra Assange. Los cargos en su contra solo han sido públicos desde mayo de 2019, y solo en el procedimiento de extradición se conocerán las acusaciones a detalle a partir del lunes. Los críticos ven la persecución de Assange como un serio ataque a la libertad de prensa.

Mas de 130 politicos, periodistas y artistas en Alemania exigen la liberacion de Assange

Mas de 130 politicos, periodistas y artistas en Alemania exigen la liberacion de Assange
¿Que cargos se presentan contra Assange?
En abril de 2019, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó al australiano de 48 años de haber ayudado a hackear las computadoras del gobierno. Esto puede ser castigado con un máximo de cinco años de prisión. La ley de extradición permite procedimientos judiciales posteriores únicamente sobre la base de las acusaciones enumeradas en la solicitud de extradición. Probablemente debido a que las autoridades estadounidenses consideraron insuficiente un máximo de cinco años de prisión, la lista se amplió a 18 cargos en mayo de 2019, incluida la violación de la Ley de Espionaje de 1917. Ahora se amenaza con un máximo de 175 años de prisión.

Se dice que Julian Assange ha recibido informacion de su fuente Chelsea Manning no solo de forma pasiva. Supuestamente apoyó activamente a Manning y la instó a hacer más filtraciones. Según el ex asesor jurídico del New York Times, James C. Goodale, para los periodistas de investigación persuadir a las fuentes para que revelen más información forma parte de su labor periodística diaria, y se les debe permitir que sigan haciéndolo. En opinión de Goodale, el gobierno de EE. UU. está intimidando a los periodistas de investigación con su postura.

Intimidación como palabra clave: La misma Chelsea Manning, por cierto, ha estado bajo custodia durante casi un año. En contra de su voluntad, se le obligara a testificar contra Julian Assange ante el tribunal del jurado. Además, debe pagar una multa diaria de 1.000 dólares. Ella se niega.

Detenida desde el 8 de marzo de 2019: Chelsea Manning testificará contra Assange, y se niega.
Detenida desde el 8 de marzo de 2019: Chelsea Manning testificará contra Assange, y se niega.
¿Cuáles son las condiciones actuales de detención de Julian Assange?
Assange ha estado detenido en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh, cerca de Londres, desde la terminación forzada de su asilo en la embajada ecuatoriana. Según el relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura, Nils Melzer, Assange muestra síntomas claros de tortura psicológica, también consecuencia de la estancia de siete años en las estrechas habitaciones de la embajada ecuatoriana. Recientemente, el 18 de febrero, cerca de 200 médicos de más de una docena de países habían advertido a través de una carta abierta en la revista médica Lancet sobre un mayor deterioro en la salud de Assange. Si Assange muere en custodia, los médicos escribirían que fue "efectivamente torturado hasta la muerte". Mientras tanto, se supone que el fundador de Wikileaks está un poco mejor.

¿Tiene Julian Assange acceso a abogados?
Assange debe ser extraditado a Estados Unidos, pero no tiene acceso a sus abogados estadounidenses. Su abogada británica denuncia de que no tiene suficiente tiempo con él para revisar las pruebas y los archivos. Assange no cuenta con una computadora: todos los intercambios se hacen por correo. De acuerdo con Nils Melzer, a Assange no se le permitio tener ningún acto legal en su celda hasta octubre. En conclusión: se le niega el derecho basico de preparar su propia defensa.
El asunto del contacto con abogados también incluye lo siguiente: cuando Assange tenía asilo en la embajada ecuatoriana, fue sometido a la vigilancia permanente de la empresa de seguridad española Undercover Global (UC-Global). Como quedó establecido en Madrid durante un juicio contra el fundador de UC-Global, David Morales, la embajada fue intervenida por todos lados. La conversación con los abogados de Assange tambien fue grabada, y presumiblemente compartida por Morales con sus clientes americanos. Esto como tal ya no proporcionaría las condiciones para un juicio justo.

¿Por que Assange busco asilo en la embajada de Ecuador durante siete años?
El periodista de investigación quería evitar la extradición a Estados Unidos. Formalmente, evadió la extradición a Suecia. En 2010 Suecia emitió una orden de arresto contra Assange con el fin de interrogarlo sobre la acusación de violación como parte de una investigación preliminar. Assange siempre se habia ofrecido a ser interrogado en la embajada de Londres, a traves de enlace de video o incluso en la propia Suecia, siempre y cuando la extradicion a EE.UU. fuera descartada. Assange no fue interrogado en Londres hasta seis años más tarde, en noviembre de 2016, y solo después de que el Tribunal Supremo de Suecia amenazara con abandonar el caso si la fiscalía seguía retrasándolo. Según el relator de tortura de la ONU, Melzer, Suecia mantuvo deliberadamente las acusaciones en el limbo durante años para arruinar la reputacion de Assange y mantenerlo en asilo en la embajada.

¿Qué se sabe del juicio por violación en Suecia?
El hecho es que las dos mujeres, en cuyo testimonio la justicia sueca basó su acusación, nunca han hablado de violación. La única razón por la que fueron a una estación de policía en Estocolmo en agosto de 2010 fue para obligar a Assange a hacerse una prueba de SIDA.

Después de interrogar a las mujeres, la fiscal en Estocolmo, que inicialmente estaba a cargo del caso, declaró inicialmente que las declaraciones de las mujeres eran creíbles. Pero los eventos descritos no proporcionaron ninguna evidencia de delito. Solo la fiscal Marianne Ny de Gotemburgo, retomó el "caso". Emitió la orden de arresto europea para interrogarlo. Oficialmente, no se han presentado cargos contra Assange.

El caso no se cerró completamente hasta noviembre de 2019, con el mismo argumento que el primer fiscal de Estocolmo: las declaraciones de las mujeres no proporcionaron prueba alguna de delito.

¿Qué le espera a Assange en caso de ser extraditado a EE. UU.?
Un juicio en Alexandria, Virginia. Según la ley de Estados Unidos, los jurados deben reflejar la estructura de la población del estado. El Pentágono está a solo 20 minutos en coche, el cuartel general de la CIA a media hora, y hay otras instalaciones de la Comunidad de Inteligencia en la cercanía. El jurado tendrá mayoría de representantes de estas instituciones. El caso será visto por la Juez Leonie Brinkema, conocida por su mano dura. Se permite el uso de pruebas secretas. Aquí los acusados saben que tienen pocas posibilidades de ser absueltos. Por lo tanto, la mayoría de ellos hacen un trato con los fiscales: se declaran en parte culpables, y reciben una sentencia más leve a cambio. Julian Assange en cualquier caso no puede esperar un juicio justo ante este tribunal y ciertamente no habrá piedad.

Fuente: https://www.dw.com/es/lo-que-debe-saber-sobre-el-caso-assange/a-52515318

jueves, 27 de febrero de 2020

miércoles, 26 de febrero de 2020

MSC: De lo que no se habla en el Mobile World Congress

El Mobile Social Congress sigue adelante pese a la cancelación del MWC. La autora analiza la importancia de abordar un cambio urgente en el sector de la electrónica.

El MSC analiza los vertederos de residuos electrónicos como el de la imagen



Un año más, en su quinta edición, el Mobile Social Congress (MSC) tiene lugar en Barcelona. Un congreso paralelo al Mobile World Congress donde se dan a conocer los impactos sociales y medioambientales del sector de la electrónica, demandando a fabricantes y organismos políticos un cambio urgente en el sector con el objetivo de conseguir una electrónica ética y sostenible.

A pesar de la cancelación del Mobile World Congress de este año, el MSC sigue en pie. Defendemos la importancia de mantenerlo ya que es imprescindible seguir dando a conocer estos impactos y alternativas para conseguir soluciones. Y es que realmente pensamos que todo esto debería de preocuparle al Mobile World Congress más allá del coronavirus, pues hay muchas más personas afectadas por estos impactos del sector de la electrónica, aunque no sea algo contagioso. Sólo en la República Democrática del Congo se habla de más de seis millones de muertes desde 1998 en el conflicto que se vive en torno a la extracción de los llamados minerales de conflicto para la fabricación de dispositivos electrónicos.

Desde el MSC tratamos los impactos de todas las fases del ciclo de vida de los productos electrónicos. Empezando por la extracción de los minerales, siguiendo por la fabricación, uso, y por último fin de vida.

Los minerales son extraídos en países ricos en recursos naturales, muchos de ellos países en vías de desarrollo como la República Democrática del Congo. Estos recursos son explotados y las personas que trabajan en las minas, incluidos niños, lo hacen en unas condiciones de trabajo duras y peligrosas. Suelen ser minas militarizadas por el continuo conflicto que se vive en torno a esta extracción. Y esto está acompañado de violaciones, deforestación, residuos tóxicos y reducción del hábitat de animales como gorilas en peligro de extinción.

La fabricación se da principalmente en el sudeste asiático. En fábricas donde a menudo no se respetan los derechos humanos, produciendo aceleradamente en unas condiciones difíciles de soportar que han llegado incluso a acabar en suicidios. Además, son comunes las enfermedades por la manipulación de tóxicos, así como los vertidos de desechos hacia los ríos y entornos de las fábricas.
El impacto de la fase posterior de uso no es cuanto menos despreciable. Somos dependientes continuos de nuestros dispositivos electrónicos. Nos exponemos al control y manipulación de nuestros datos y de nuestra privacidad. Impactos sociales y sobre nuestra salud, pero también en el medio ambiente derivados de la energía consumida tanto localmente como remotamente a través de servidores que usamos con nuestros clics.

Por último está la fase de fin de vida del producto. Continuamente nos quejamos de que nuestros dispositivos cada vez duran menos. Generalmente los diseños de los fabricantes no suelen estar pensados para durar lo máximo posible, que debiera ser el objetivo. De hecho las reparaciones en muchos casos son más costosas económicamente que su renovación, y está demostrado que hay fabricantes que controlan la obsolescencia de sus productos.

Derivado de lo anterior, se calcula que se generan al año aproximadamente 50 millones de toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos en el mundo, de los cuales unos 10 millones de toneladas proceden de Europa. Además, sólo se reciclan adecuadamente un 20% aproximadamente.
Gran parte de estos residuos son exportados a países en vías de desarrollo, o sea que podemos decir que extraemos los recursos de estos países y luego se los devolvemos en forma de desechos.
Auténticos vertederos gigantes como Agbogbloshie en Ghana, donde las personas, muchas de ellas niños, extraen los metales pesados poniendo en riesgo su salud por el alto nivel de toxicidad de estos productos. Los desechos electrónicos además se acumulan en el medio ambiente, teniendo un grave impacto en el entorno y en la salud de las personas y animales que conviven en las zonas.

Está claro que es urgente replantear el sistema para conseguir una electrónica ética y sostenible a lo largo de todas las fases del ciclo de vida de estos productos. Y para ello, jugamos un papel importante tanto personas consumidoras como fabricantes y organismos políticos. Por ello, la sensibilización, entre ellas la del MSC, es el primer paso para seguir demandando una solución.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/msc-lucha-electronica-etica-sigue-adelante/

lunes, 24 de febrero de 2020

#DíaDeRosalía

 



"Una vez tuve un clavo
 clavado en el corazón,
 y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo
 de oro, de hierro o de amor".

Rosalía de Castro

Así se consigue que los niños quieran comida basura

Escuelas de California tienen publicidad en sus pasillos para paliar los recortes. Las notas de un colegio de Florida lucen el logotipo de McDonald’s. El abogado Tim Wu explica por qué la atención sale tan cara

Así se consigue que los niños quieran comida basura
Magnum Photos
 En 2011, el distrito escolar de Twin Rivers, en el centro de California, tuvo que afrontar una situación complicada. Aunque nunca había sido pudiente, se vio profundamente afectado por la crisis inmobiliaria de principios de la década de dos mil y el colapso financiero del Gobierno estatal. Para la década siguiente, los colegios estaban recortando no solo en actividades extraescolares, sino también en ciertas necesidades básicas, como la calefacción. Un día, en invierno, un alumno publicó una fotografía del termostato de la clase, que marcaba 44 grados Fahrenheit (unos 6,7 grados centígrados).

Así estaban las cosas cuando una empresa llamada Education Funding Partners (EFP) contactó con el consejo de Twin Rivers. EFP ofrecía una manera tentadora y novedosa de ayudar a resolver los problemas financieros del distrito por medio de lo que llamaban “el poder de los negocios para transformar la educación pública”. La empresa, que actuaría como corredor de bolsa, prometía procurar al distrito hasta 500.000 dólares anuales de inversión privada. Y, según recalcaron, sus servicios no tendrían coste alguno. “Dado que EFP se financia exclusivamente gracias a aportaciones empresariales, en el fondo lo que hace es prestar servicio a los distritos de forma gratuita”, explicaba la oferta.

A cambio de esa generosidad gratuita, el consejo realmente no tenía que hacer nada. Solo debía entender algo: que los activos con los que contaban de por sí los colegios eran más lucrativos que cualquier actividad para recaudar fondos. Esos activos, en resumidas cuentas, eran los propios alumnos, a quienes la educación obligatoria convertía en público prisionero. Si los colegios podían captar su atención con el fin de educarlos, ¿por qué no vender parte del pastel para mejorar la experiencia educativa? Lo que proponía EFP, más concretamente, era que Twin Rivers permitiera la presencia de publicidad empresarial dentro de los colegios. Más aún —explicaba EFP—, uniría a los estudiantes de Twin Rivers con los de otros distritos escolares de todo el país para apelar a marcas más importantes y con bolsillos más llenos (las de la lista Fortune 500).

EFP prometía al distrito dinero gratis, pero su oferta a los anunciantes empresariales era igual de seductora: “Abriremos las puertas de los colegios”, decía, y prometía “acceso de verdad y un engagement o vinculación profunda por parte del público del entorno escolar”. Los anunciantes llevaban tiempo codiciando tener acceso directo a los jóvenes, que son muy impresionables y más influenciables. Establecer una relación cordial con Coca-Cola o con McDonald’s a edades tempranas puede proporcionar beneficios que duren toda la vida o, como se dice en el sector, “dirigir las decisiones de compra y generar conciencia de marca”. A fin de cuentas, eso era lo que EFP brindaba a sus clientes: “Un sistema sin parangón para entablar relación con el mercado del sector educativo”; es decir, la oportunidad de moldear a los consumidores del futuro.

Twin Rivers no tardó en empezar a entenderlo. “Necesitamos ser innovadores con respecto a los bienes que tenemos y descubrir cómo atraer más ingresos”, afirmó una portavoz. En otras regiones del país, la posibilidad de abrir los colegios a la publicidad comercial había suscitado un debate público. No ocurrió así en Twin Rivers, donde los administradores parecieron asumir como un deber la firma del acuerdo, que tuvo lugar en 2012. “Con la crisis económica, los estudiantes confían en que encontremos, ahora más que nunca, la forma de sacar el máximo partido a nuestros recursos”, aseguró el director ejecutivo. EFP, por su parte, prometió que todos los mensajes serían “responsables” y “educativos”. Y así fue como se abrieron de par en par las puertas de los colegios.
Twin Rivers no es más que uno de los numerosos distritos escolares de Estados Unidos —sobre todo, de zonas pobres o de clase media— para los que vender el acceso a sus alumnos se ha convertido en una de las fuentes principales de ingresos. Algunos colegios cubren de anuncios las taquillas de los estudiantes o el suelo de los pasillos. En Florida, un consejo escolar aprobó un acuerdo para poner el logo de McDonald’s en los boletines de calificaciones (quien sacara buenas notas se ganaba un Happy Meal). En los últimos años, muchos colegios han instalado en los pasillos pantallas enormes que combinan anuncios internos y publicidad. El lema del proveedor de una de las pantallas reza así: “Lleva a tu colegio a la era digital: tiene ventajas para todos”.

Lo que quizá resulte más escandaloso sobre la introducción de publicidad en los colegios públicos es que no ha despertado ninguna controversia en los agentes implicados, sino que se ha entendido como una solución lógica. Existe la creencia de que los acuerdos resultan ventajosos para todos: reportan unos ingresos que habría sido casi una irresponsabilidad rechazar. Sin embargo, las cosas no han funcionado siempre de esa manera. Hubo un tiempo en que, debido a la costumbre o a las limitaciones tecnológicas, muchos ámbitos de la vida —el hogar, la escuela y sus correspondientes interacciones sociales— eran sagrados y estaban resguardados de la publicidad y del comercio. No obstante, a lo largo del último siglo hemos aprendido a aceptar una situación muy diferente, según la cual en la medida de lo posible se explotan comercialmente casi todos los ámbitos de la vida. Como adultos, no estamos casi nunca en una posición inalcanzable; siempre tenemos cerca algún tipo de pantalla; rara es la vez que no se apela a nosotros o se nos vende. Desde esta perspectiva, lo único que está haciendo la administración escolar es dar a los alumnos una lección de realidad al exponerlos a lo que, al fin y al cabo, es normal para los adultos, pero ¿de dónde ha venido esta normalidad? Y ¿hasta qué punto es normal?

La situación actual es la consecuencia del espectacular e impresionante auge de una industria que hace un siglo apenas existía: la de los comerciantes de atención. Desde sus inicios, la industria de la atención, en sus múltiples variantes, ha exigido y acaparado cada vez más horas de nuestra vida, siempre a cambio de nuevas ventajas y distracciones, por medio de un gran acuerdo que ha transformado nuestra vida. En el proceso, tanto a escala social como a escala individual, hemos aceptado una experiencia vital que está mediada en todas sus dimensiones (económica, política, social y cualquiera otra que se te pueda ocurrir) de una manera nunca vista en la historia de la humanidad. Y, aunque al considerar cada acuerdo por separado pueda parecer que todo el mundo gana, la suma de todos ellos ha llegado a ejercer una influencia más ambigua pero muy profunda en nuestro modo de vida.

¿Quiénes son exactamente estos comerciantes de atención? La industria es relativamente reciente. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando se crearon en Nueva York los primeros periódicos que dependían por completo de la publicidad, y cuando en París un nuevo tipo de arte comercial, deslumbrante, captó por primera vez la atención de la gente por la calle. Sin embargo, el auténtico potencial de este modelo de negocio que transforma la atención en ingresos no se entendería del todo hasta principios del siglo XX, cuando los responsables de la propaganda de guerra británica —y no las entidades comerciales— descubrieron el poder de la atención de las masas.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/02/20/ideas/1582214401_815122.html

domingo, 23 de febrero de 2020

XLVII



Eduardo Gageiro

    Cuatro cosas tiene el hombre
que no sirven en la mar:
ancla, gobernalle y remos,
y miedo de naufragar.

Antonio Machado

sábado, 22 de febrero de 2020

“¡Dad palmas, jodidos nazis!”; 1961, el año de los Beatles en Hamburgo


Reeperbahn en 1960

 Yo no me duchaba nunca. En el cine donde vivíamos había un lavabo. Podíamos lavarnos los dientes y afeitarnos, pero poco más. Recuerdo que un día fui a unos baños públicos, pero estaban muy lejos. Más adelante, creo que la tercera vez que visitamos Hamburgo, nos lavamos en casa de una amiga. No creo que nos bañáramos ni ducháramos la primera vez que fuimos a Alemania. Ni la segunda. (George Harrison).

 Cara de vieja, ojos de huevo, son algunos de los apelativos más cariñosos que recibe Paul McCartney por parte de mucha gente que entiende de música. Su trayectoria en solitario es de todo menos arriesgada y la marca «Beatles», más que velar por el legado musical del grupo, a lo que parece más predispuesta es a lanzar una OPA hostil al Banco Santander. Personalmente, me encantan los Wings y su concierto en La Peineta de 2004 me pareció maravilloso, pero sí es cierto que el invento de los Fab Four ya se reduce a la administración de royalties generados por que te traicionen el amor que sientes por sus canciones martilleándote con ellas en momentos tan propicios para la emoción musical como cuando eliges entre guisantes congelados de oferta en el Carrefour. 

En esta entrega de Busco en la basura algo mejor quería yo rebelarme contra ello reivindicando a los Beatles a partir de una de sus biografías más canallas y que yace muerta de risa en el cajón de los descatalogados, Una biografía confidencial de Peter Brown y Steven Gaines. Pero he encontrado que se contradice con bastantes testimonios reunidos en la maravillosa Antología que apareció en 2000, así que recorreremos la etapa más sucia y salvaje de los de Liverpool a partir de esos dos libros y alguno más citado al final de este texto. Un relato de cuando los Beatles eran sinónimo de anfetaminas y enfermedades venéreas y sonaban como el Capitán Entresijos. Parafraseando a Carlos Javier Rubio en su artículo del Ruta 66 número 80 de 1993: “Porque, Ladies & Gentlemen, los Beatles también surgieron de la mierda”. 

En los años 50, Lennon era un chaval con pantalones de pitillo y tupé. Un teddy boy, lo más cercano a un delincuente juvenil por aquel entonces. Aunque la rebeldía no le venía por su origen de clase obrera, era un niño más o menos bien, sino por una situación familiar complicada. Le criaba la hermana mayor de su madre, quien no podía hacerse cargo de él porque era demasiado joven y se acababa de separar. Este pequeño desarraigo emocional le convirtió en alguien intratable. Insultaba a sus compañeros del colegio, decía fuck detrás de cada palabra, fumaba como un carretero, le encantaba la cerveza y en clase se dedicaba a dibujar “lisiados y bebés deformes”. Su día a día era, tal y como cuenta esta bio, perseguir a las chicas por la calle para bajarles las bragas hasta los tobillos, mearse en el despacho del subdirector de su escuela en plan gesta heroica, o pegar a un profesor delante de sus compañeros. También robaba a su tía-madre, que a su vez le devolvía el detalle con castigos y palizas. Precioso. 

Por supuesto, suspendía todo impenitentemente, a excepción del dibujo, que parecía ser su única dote. Pero cateó el ingreso al Colegio Superior de Arte de Liverpool tras dibujar “un jorobado con verrugas sangrantes” como interpretación del enunciado de un ejercicio en el que le pedían que ilustrase un viaje. Y la cosa empeoró cuando murió su madre natural. Lleno de rabia, iba molestando a todo aquel con el que se cruzaba por la calle. Asustaba a los ancianos poniendo a prueba su salud cardiaca, se mofaba de los minusválidos… 

Su conducta típica solía ser acercarse a un desventurado parapléjico con quien se encontraba en la calle y hacerle bromas crueles sobre sus miembros inútiles ¿Adónde se han ido tus piernas, compadre? ¿Se han escapado con tu esposa? (Peter Brown y Steven Gaines).

Era también un celoso patológico con su novia, Cynthia, a la que golpeaba o retorcía el brazo por la espalda, pero luego él, si podía, se ligaba a todo lo que se le ponía por delante. Por esta conducta hoy en día podría hasta haber ingresado en prisión, al menos en España, y cualquier mujer en su sano juicio se alejaría de él como si su nombre rimase con mierda, pero Cynthia, que luego fue su primera mujer, veía que la necesitaba, porque tras su “ira colérica” había un “muchachito desvalido, lastimado”. 

The Beatles en el Indra Club

Por otro lado, McCartney había sido un niño obeso. De modo que cuando se libró de esos kilos de más, se convirtió en un donjuán. La mañana siguiente de perder la virginidad con una compañera de clase se lo contó a todos los compañeros de la escuela y abrumó a la pobre chica. Y ojo a esta revelación: “Al enterarse de la muerte de su madre, lo primero que dijo Paul fue: ¿Qué vamos a hacer sin su dinero?”. 

Como todo el mundo sabe, Paul y John se conocieron, congeniaron, bla, bla, bla, y empezaron a tocar juntos. A estos dos caballeretes luego se unió Stuart Sutcliffe. Era un colega de John de la Escuela de Arte, en la que Lennon al fin había logrado entrar. Stu lo tenía todo. Era artista, era pobre y era guapo. Que no es precisamente poco. Vivía en una buhardilla en la que, en invierno, tenía que quemar los muebles en la chimenea para no congelarse. Fascinado por su personalidad, John se mudó a vivir con él una temporada a disfrutar de las malas condiciones de vida como dos buenos artistas. Es decir, se pasaban las noches bebiendo y charlando. 

John dormía en un ataúd forrado en seda que había robado en un vertedero de basura. (Peter Brown y Steven Gaines).

Luego llegó Harrison, un electricista. Tenía 15 años, la cara llena de granos. Era flaco, pálido. No hablaba. Solo parece que lo hizo para decirle a John que su novia Cynthia tenía “dientes de caballo” en una conversación amistosa. Por lo demás, terminó entrando en el grupo a base de seguirles todos los días fueran adonde fueran. Como un stalker. Al final, casi sin darse cuenta, tras algunas probaturas, después de mucho reírse de él, terminó siendo uno más de ellos. 

Con el invento ya formado con un miembro más, el batería Tommy Moore, un operario de fábrica, les surgió una gira por Escocia. Les habían contratado sencillamente porque eran unos pringaos. Johnny Gentle, el cabeza de cartel, pensó en ellos solo porque eran los únicos a los que podía ofrecerles un contrato leonino. No obstante, los Silver Beatles, que así se llamaban al principio, firmaron con ilusión y se hicieron con su primer uniforme. Todos de negro con unos zapatos baratos con adornos de cuero blanco. Como nota folclórica, McCartney se puso de apellido Ramon, para parecer más francés, más artista, un tipo muy sofisticado. 

Las condiciones de la gira no les permitían más que un tazón de sopa al día. Terminaron durmiendo en la furgoneta. Stu, al que le dieron el bajo sin tener ni pajolera de tocarlo, se metía en el hueco del guardabarros de la rueda trasera. Los conciertos eran en decrépitos salones de baile de pueblos recónditos. Estaban asqueados, pero menos que los promotores, que llamaban a Liverpool para quejarse de la porquería de grupo que les habían enviado. Encima, una noche tuvieron un accidente con la furgoneta, Tommy se golpeó con una maleta que salió despedida y perdió los dos dientes delanteros. Le llevaron al hospital para que le cosiesen media la cara. Y esa misma noche, durante la actuación, cuando John Lennon vio cómo tenía el rostro, se rió de él delante de la audiencia. En cuanto regresaron, Tommy dejó el grupo y acabó de conductor de una carretilla hidráulica. 

Más adelante, en Liverpool, actuaron como banda de acompañamiento de strippers. En cada libro la chica con la que tocaban se llama de una manera. En unos Shirley, en otros Janice. Pero lo que sí parece cierto es que se marcaban Moondog mientras ella se despelotaba delante de no más de cinco personas con abrigos largos, pues el lugar mucho glamour no desprendía y, por tanto, los clientes, tampoco.

George HarrisonOtras actuaciones como grupo de acompañamiento fueron para los festivales de poesía de Royston Ellis en el club Jacaranda. Este hombre, un beatnik amante de Kerouak, les enseñó a desatornillar los inhaladores Vicks para extraer la bencedrina (una anfetamina) que llevaban dentro y poder así pillarse sus primeros ciegos tal y como eran entonces, esto es, pasarse la noche bebiendo y hablando sin parar. Luego fueron contratados en este club con un sueldo como los que pronto veremos en la España del siglo XXI: a cambio de “Coca-Cola y judías con tostadas”. 

En las sucesivas actuaciones que les fueron surgiendo, aparte de las remuneraciones miserables, también sufrieron el problema de los teddy boys. Los de verdad. Ellos eran meros imitadores de la tendencia, pero en realidad en aquella Inglaterra había auténticos delincuentes juveniles que, vaya, eran el único público de sus primeros conciertos. Ellos y sus novias, las judies. Iban a verles, a disfrutar de su música jovial y el esparcimiento, armados con cadenas, cuchillos y botas de punta de acero. Lo normal es que al final de cada bolo hubiese una pelea escalofriante. 

En Neston, por ejemplo, los Silver Beatles asistieron a la muerte por linchamiento de un chaval de 16 años. Aunque hay libros donde dice que no murió, que solo lo descalabraron a patadas en la cabeza. No obstante, en lo que sí que coinciden todos es en que, en una cita de tantas en las que tenían que terminar la actuación saliendo por patas, a Stu le cogieron y también le patearon la cabeza hasta que perdió el conocimiento. Cuenta la leyenda, porque no hay nada demostrado, que un coágulo de sangre consecuencia de aquellos golpes acabó con su vida dos años más tarde, cuando sufrió un colapso y un aneurisma. Pero también hay una versión que dice que se cayó por las escaleras del ático de la casa de su novia en Hamburgo. Nos quedamos con que sus agradecidos seguidores le patearon la cabeza sin motivo, que no es poco.

Esta trayectoria errática, tocar mal y ser maltratados físicamente, solo se vio interrumpida con su viaje a Hamburgo, la capital europea del vicio en ese momento. A esta ciudad alemana, como antes con su gira escocesa, los Beatles consiguieron llegar gracias al enorme mérito de ser unos pringaos. Había demanda de grupos de rock and roll en Hamburgo y los estadounidenses salían muy caros. El propietario del aludido Jaracanda, Allan Williams, les puso en contacto con Bruno Koschmider que iba a abrir un local en Hamburgo y necesitaba una formación de cinco miembros competente, pero barata. Los Beatles fueron los elegidos… por su precio. Iban a cobrar 15 libras semanales cada uno, más de lo que ganaba un maestro en cualquier caso. Detalle que llevó a Paul a escribirle una carta de despedida al director de su instituto para pasarle por la cara su nuevo sueldo. El padre de Macca, menos entusiasta, le advirtió de que en la calle de Hamburgo a la que iba, Reeperbahn, era normal que asesinasen cada dos por tres a marineros británicos. Que tuviera cuidado porque era un lugar peligroso. ¡Y que no se drogase, por los clavos de Cristo! Que se lo veía venir.

Antes de irse, como no tenían batería, tuvieron que contratar a Pete Best. Su mérito, básicamente, era que tenía batería. Se la acababan de regalar por su cumpleaños y, además, su madre les caía bien. Era la dueña del Casbah, su club de cabecera en Liverpool. Y era importante que les cayera bien. Según ellos mismos cuentan, las baterías eran tan caras que solo las podían tener niños bien que, por ende, eran gilipollas. Él era guay, así que Pete se subió a la furgo y partieron hacia Alemania. 

Stu y John en el Top TenDurante el viaje, en Holanda, donde la policía les registró para buscarles no droga, ni alcohol, ni tabaco, sino café —así andaba Europa de festiva—, pararon en Arnhem. En esta ciudad había tenido lugar la Operación Market Garden en la Segunda Guerra Mundial. Los ingleses intentaron penetrar en Europa con paracaidistas y una división acorazada de las SS les derrotó sin miramientos. Generalmente, la historia dice que fue consecuencia de la torpeza militar del alto mando británico. Los Beatles, que alucinaron con las infinitas hileras de tumbas que se encontraron, la denominaron en su día “otro truquito de Winston Churchill”. El caso es que lo relevante de esta visita es que allí, en una tienda, John Lennon robó una armónica que incorporó a las canciones del grupo, lo que a la postre daría alguna que otra alegría a sus fans.
Al llegar a su destino, el barrio de St. Pauli, se encontraron con que iban a ser alojados en un cine, el Bambi Kino. Tenían que dormir en un almacén con un par de literas y las paredes sin pintar que estaba detrás de la pantalla de la sala. Para calentarse, como mantas, les dieron, graciosamente, banderas de la Union Jack. No había calefacción y tenían que usar los lavabos de señoras del cine. 

El libro Una biografía confidencial dice que el Bambi era un cine porno y que se despertaban con los jadeos cuando empezaba a proyectarse cada película. Parece una exageración. En Antología no hay ni mención a que fuera un cine equis. Además, se habla de que al baño no dejaban de entrar señoras alemanas gordas que se cruzaban con ellos en sus aposentos deluxe. Por eso, por muy «cosmopolitas» que pudieran ser los alemanes en ese momento, parece más creíble la versión del Antología cuando cita cómo John recordaba esa bucólica escena: “Por la mañana, al despertar, oíamos a una vieja Frau alemana meando en el baño”. 

Luego, para comer, iban a un restaurante barato, lo único que se podían permitir ellos, y allí, los veteranos de guerra más arrastrados. Estaba lleno de mutilados sin piernas, sin brazos, ciegos, tuertos y todo lleno de gatos. Los Beatles dijeron que, contemplándoles, se les subía a la cabeza el nacionalismo británico. Ellos habían ganado la guerra. Toma ya.

Su jefe, Bruno Koschmider, era un individuo que no tenía ni idea de música. También le habían herido en la guerra, se había quedado cojo, y ahora regentaba un par de clubes nocturnos para ganarse la vida. Uno de ellos de striptease, que quería reconvertir en sala de rock and roll, el Indra. Allí estuvieron un mes actuando prácticamente sin público. Cuando pasaba alguien por delante de la puerta, se ponían a tocar lo mejor que tenían para ver si lograban que entrase. A veces lo daban todo toda la noche y solo tenían una pareja viéndoles sentada en una mesa. Duraron un mes. La vecina de arriba les denunció por el ruido y Koschmider tuvo que volver a convertir su garito en un silencioso y discreto puticlub.
Entonces pasaron al Kaiserkeller, el otro bar de Koschmider, donde empezó lo bueno. Tenían que estar tocando 12 horas diarias que se repartían con otro grupo. Seis horas por noche cada uno. Alternaron con Derry and the Seniors y con Rory Storm and The Hurricanes, el grupo de un batería profesional muy solvente, Ringo Star. Los sábados comenzaban a actuar a las cuatro de la tarde y acababan a las cinco de la mañana. En sesiones de esa duración, tocaban todo el repertorio de Gene Vincent, discos enteros de Chuck Berry, Little Richard, Everly Brothers, Buddy Holly o Fats Domino. Cuando al final estaban exhaustos, se inventaban las canciones sobre la marcha. A la postre, su talento innato les convirtió en estrellas, no cabe duda, pero ellos mismos reconocieron que sin ese entrenamiento-tortura cuasi militar, no hubieran llegado a ser verdaderos músicos. Porque en este negocio que parece tan frívolo no todo se basa en un buen look y cuatro ideas. Bueno, ahora tal vez sí. Pero no en la edad dorada de la música popular. What I´d said, de Ray Charles, por ejemplo, la hacían de hora y media. Imaginad a Coldplay convirtiendo eso en el planazo para un viernes.

El barrio en el que trabajaban era para ponerle un marco. Había locales que anunciaban sexo de burros con mujeres, peleas en el barro. Estaba lleno de prostitutas, criminales, marineros borrachos y travestis. De hecho, justo enfrente del Kaiserkeller estaba el Roxy, un local de transformistas que no paraban de tirarles los tejos porque eran jóvenes y guapos. 

Nuestro amigo Bernie vino de Liverpool a visitarnos. Un día estábamos en un club y Bernie entró y dijo «¡Una tía buenísima acaba de hacerme una paja en el váter!». Nosotros contestamos: «No es una tía, Bernie”. (George Harrison).

Los camareros del local les enseñaron a saludar en alemán. O eso creyeron. Lo que les dijeron era que “hola” y “buenas noches” eran, en su idioma, “jódete” y “bésame el culo”. Iban por ahí repitiéndolo, con sus sonrisas adolescentes, metiéndose en líos y rogando luego que por favor no les pegasen, que eran ingleses y no sabían lo que decían. Con todo, ellos luego también se aprovechaban de que la incomprensión era recíproca y, cuando llevaban ocho horas tocando —Harrison confesó que se le dormían las manos, ya presentaban las canciones diciendo “esta se llama knickers (bragas)”. Y a cascarla.

Las peleas eran habituales cada noche. Los marineros, cuando estaban borrachos, se liaban a golpes con los camareros porque no querían pagar o no estaban de acuerdo con la cuenta. Los camareros entonces sacaban porras, llaves inglesas y navajas y se montaba ahí la de san dios. Era habitual también que, cuando se montaba una trifulca, alguien disparase pistolas de gas lacrimógeno. Los Beatles lo recordaban como jornadas de «sangre y lágrimas»; sangre del público, lágrimas del grupo por los gases lacrimógenos. 

Al principio, resultaban un poco sosos para lo que pedía la clientela que acudía a un barrio de ese tipo. Su jefe les pidió un poco más de gracia, de show y cuando estaban aburriendo, les gritaba “Mach Schau!” para que dieran un poco el cante, algo de espectáculo añadido. A raíz de esto, John empezó a imitar a Gene Vicent. Cojeaba por el escenario, se tiraba por el suelo, y como la cosa le fue bien y a los alemanes les hacía gracia, esta dinámica fue in crescendo

Paul en el Casbah

Hay que tener en cuenta que para tocar 12 horas cada día hace falta algún tipo de combustible extra. En su caso, fueron anfetas. Se zampaban preludines, unas pastillas adelgazantes. Los propios camareros se las daban cuando veían que flaqueaban. Mientras tanto, el público les enviaba cajas de cerveza y les pedían que tocaran más alto. Ni mejor ni peor, solo más fuerte. Era alemanes. Y si eran gangsters, les enviaban botellas de champán. Así, borrachos y anfetamínicos perdidos —George recuerda que echaban espuma por la boca al cantar—, con carta blanca por parte del dueño del local para montarla y un público jaleándoles para que la liasen pero bien, sus actuaciones no tardaron en ser auténticamente demenciales. O rockeramente hablando, memorables.

Conforme empezaban a estar ciegos, iban tirándose comida unos a otros, luego los micrófonos y al final terminaban desnudándose. Lennon salió en una ocasión en ropa interior con el asiento del váter arrancado y colocado cual collar de perlas alrededor del cuello. Se pintaron cruces gamadas en la frente, se ponían viejas gorras del Afrika Korps y marcaban el paso de la oca en el escenario. Al público le encantaba esto, pero luego los Beatles, que ya se habían ido de madre, les insultaban en inglés, que el público no entendía y entonces les aplaudía. Al final, con todo fuera, les decían desde el escenario ¡Sieg hail! ¡Dad palmas, nazis de mierda! Que se fuesen a tomar por culo, putos nazis, y les lanzaban lo que tuvieran a mano. Y sí, el respetable se lo pasaba pipa y no paraba de enviarles más y más cajas de cerveza. En este plan, destrozaban todo cuanto había en el escenario. En el Antología, Lennon presume de que arrasaban con todo y dejaban las guitarras sonando tiradas por el suelo mucho antes de que lo hicieran los Who. También se peleaban entre ellos en escena. Una vez Paul insultó a Stu y se enzarzaron a golpes para delirio de los gangster allí reunidos, que se descojonaban porque no eran precisamente un par de buenos luchadores. Y más champán para el grupo.

A veces Lennon iba tan sumamente ciego que se caía a peso muerto y se quedaba dormido profundamente debajo del piano. El grupo, mientras, seguía tocando. Como si nada. Luego, al llegar a casa, el cine, comían techo con las mandíbulas disparadas. Y si llevaban varios días seguidos trabajando sin sobar con esa dieta de preludines y alcohol, terminaban teniendo alucinaciones. A John se le solía ir la cabeza y a altas horas se ponía muy violento. Los demás tenían que fingir que dormían para que no la tomase con ellos. Una vez, Paul se estaba tirando a una chica y Lennon, sin motivo alguno, cogió toda la ropa de ella y la destrozó con unas tijeras y después rompió el armario a patadas. Llegó un punto en que digamos que John se hizo uno más con el lumpen. 

Un día nos enrollamos con un marinero británico. Le dije en inglés que no se preocupara, que le conseguiríamos chicas. Le emborrachamos y el tío no dejaba de preguntar. ¿Dónde están las chicas? Nosotros seguimos charlando con él, tratando de averiguar dónde guardaba el dinero. Pero no lo conseguimos. Al final le pagamos un par de puñetazos y lo dejamos estar. No queríamos hacerle daño. (John Lennon).

Pero todos se integraron en el barrio. Las prostitutas les lavaban la ropa. La que cuidaba los baños en el Kaiserkeller, una anciana llamada Rosa, les prestaba dinero cuando estaban arruinados. También les daba preludines cuando hacían eses. Con las chicas de striptease la relación, por supuesto, fue a más. Venían de un Liverpool donde las chavalas llevaban unas fajas infames y el ambiente era, en sus propias palabras, “medieval”. En Hamburgo, sin embargo, alternaban con chicas que iban semidesnudas y que, en sentido literal, les educaron sexualmente. Dijo Paul que como no tenían intimidad a veces entraba en la habitación que compartían para coger algo, se encontraba un culo desnudo subiendo y bajando y tenía que decir “huy, perdón” y dar media vuelta. Harrison, que reveló que en Liverpool cuando se besaba con una chica tenía unas erecciones de horas que le causaban dolores horrorosos sin posibilidad alguna de que le aliviaran, perdió la virginidad delante del resto del grupo en Hamburgo. Estuvieron todos callados aquella mañana, mientras follaba, pero cuando acabó, se pusieron a aplaudir como en un espectáculo deportivo. Así, sí.

John Lennon en la puerta del Bambi KinoEjerciendo el sexo en todas sus formas, drogados a cualquier hora del día o de la noche, los muchachos se convirtieron en un laboratorio ambulante de enfermedades venéreas. Allan Williams llegó a convertirse en el Doctorcito Sífilis. «Yo buscaba hinchazones en la ingle, derrames en la punta, y les preguntaba si sentían dolor al orinar». (…) Tan pronto como recibían una inyección de penicilina, estaban otra vez bebiendo y putañeando. Cuando volvieron definitivamente a Liverpool, un venerólogo pudo limpiarlos. (Peter Brown y Steven Gaines; declaraciones en El hombre que regaló a los Beatles, de Allan Williams).

Aparte de las tablas que cogieron tocando tantas horas seguidas, el otro aspecto determinante que marcó a los Beatles fueron sus amistades alemanas. Un día entraron a una de sus actuaciones en el Kaiserkeller Astrid Jurgen, Klaus Voorman y Jurgen Vollmer, estudiantes de arte. Iban todos de negro, con el pelo alisado por los lados y alborotado por arriba. Se denominaban a sí mismos los «exis», de existencialistas —relato que suena un poco a cierta pandilla de El Gran Lebowski—. Estaban enamorados de Stu, pero no por la música, sino por su pose tipo James Dean. Eran modernos, no rockeros, y les interesaba más la imagen que otra cosa. De hecho, Astrid empezó a fotografiarles. Les sacaba instantáneas en descampados, ferias, siempre junto a mobiliario destartalado. Por la influencia de los «exis» se vistieron todos de cuero negro y se compraron botas de cowboy. En 1961, mucho antes que Jim Morrison y más aún que el heavy metal.

Llevábamos unas gorras rosas de cuero a las que llamábamos chochetes y que habíamos comprado en Liverpool. Ese se convirtió en el uniforme del grupo: botas camperas, chochetes y trajes de cuero negro. (George Harrison). 

Fue Astrid, que se ennovió con Stu, quien les sugirió que dejaran de hacerse el tupé con vaselina y que se peinaran el flequillo hacia delante, como chicas. Una idea que estaba inspirada en el aspecto que llevaba el actor Jean Marais en Le Testament d´Orphee, una película de Jean Cocteau de 1959. Tiempo después, en una visita a su amigo Jurgen en París, se cortaron el pelo a lo tazón. No era un peinado tan extraño entre los jóvenes arties del continente, pero en Liverpool eso no se había visto jamás ni de casualidad. Cuando volvieron a casa, los ingleses alucinaban. Así nació el luego célebre «peinado beatle», que no habían inventado ellos.

El regreso a casa fue repentino. Primero, a Harrison le cogió la policía —ellos la llamaban la Gestapo— porque era menor de edad y lo deportaron. Los demás, como iban a conseguir un contrato en el mejor club de Hamburgo, el Top Ten, rompieron con Koschmider de mala manera. Al dejar el cine en el que vivían, en una travesura infantil, como diciendo «nos largamos de esta mierda», prendieron fuego a un condón clavado a la pared y dejaron todo el manchote del plástico quemado goteando. Koschmider les denunció por intentar incendiar el cine y la policía deportó también al resto porque además, entre otros delitos, no tenían permiso de trabajo. 

Volvieron un par de veces más a Alemania. Durante una de ellas, un borracho que se quedaba en una esquina habitualmente al final de sus actuaciones resultó ser el batería de Rory and the Hurricanes, Ringo, que se quedaba a verlos para pedirles que tocasen blues. En un principio les daba miedo por un detalle muy curioso: en aquella época, los tíos a los que les gustaba la música lenta eran los macarras peligrosos. Pero la amistad fue a más y terminó siendo su batería. Stu, ya que la música no era lo suyo, prefirió quedarse en Alemania estudiando arte fascinado por su titi, la cachonda Astrid.

The Beatles en el Top Ten Club (2)
Lo gracioso de todo esto es que, al regresar a casa, Paul casi deja la música. Se preguntaba si eso de las deportaciones, las drogas, los travestis y los marineros borrachos era realmente la vida que quería llevar un artista como él más allá de la vivencia iniciática. Se puso a trabajar en una fábrica y, si no es por un concierto que les salió en The Cavern un mes más tarde, no hubiese vuelto al grupo, aunque le tuvieron que convencer. 

Ese show fue un éxito. Los ingleses se pensaban que eran alemanes y por el equívoco, paradojas de la vida —ni que el público fuese madrileño—, les aplaudieron por primera vez en su ciudad. Sus fans se multiplicaron. Esta pequeña fama llegó a oídos de Brian Epstein, quien les dijo que podían triunfar si se quitaban ciertas manías adquiridas en Alemania, como comer con las manos en el escenario durante la actuación, entre otros detalles, y les presentó a las discográficas. Ya sabemos qué pasó después.
Testimonio sonoro de aquella época dorada alemana es un pirata en la sala Star de 1962. Hay ediciones con un sonido que deja a Burzum a la altura de Ella baila sola después de beberse ambas un bidón de Yop de fresa. Una de las presentaciones más bonitas se llama The Beatles vs Third Reich. El directo estaba grabado con un micrófono colocado en el puñetero suelo. La historia posterior de este álbum no es nada romántica, como lo vivido ese año, hay una cadena de demandas de Apple contra un sello independiente por los derechos que merecería otro artículo. Y encima fue litigar para nada, porque hoy en día se puede descargar fácilmente de Internet en todas sus modalidades, a cada cual con un sonido más aberrante.

Otra prueba de cómo sonaban los Beatles en aquella época es el disco que grabaron con el cantante Tony Sheridan en Alemania. Este buen hombre era el primer músico de Liverpool que había aterrizado en Hamburgo. Se conoce que, por su personalidad, se hizo rápido a la ciudad y a sus gentes. Dicen en Antología que era normal que cuando actuaba, si veía que alguien estaba hablando con su novia, se bajase del escenario, se pelease y luego volviera a subir a seguir como si nada, solo que envuelto en sangre. De hecho, en una de estas se cortó un tendón de la mano y tocó ya siempre la guitarra con el dedo hecho un guiñapo. Los Beatles en este disco no hicieron más que de grupo de acompañamiento, para su desgracia, pues esperaban más protagonismo. Y encima, como a Tony no le gustaba su nombre, les llamó por el artículo catorce The Beat Brothers. Años después, cuando se desató la beatlemanía, le cambiaron el título al disco raudos y veloces y pusieron bien clarito en la portada: “The Beatles”. Sheridan, en 1967, hizo una gira por Vietnam para alegrarle la vida a las tropas invasoras, con tan mala suerte que cayeron bajo el fuego del Vietcong y murió uno de los músicos que había contratado. Sin embargo, Reuters dijo que había fallecido él y le dieron por muerto durante años. En realidad, vivió en Suecia y estuvo dando conferencias en Hamburgo sobre sus años con los Beatles en esta ciudad hasta que falleció en febrero de este año. En Spotify hay algunos discos más suyos. Nada del otro jueves.

De todas formas, la grabación definitiva de esta época de los Fab Four son las cintas de Decca recogidas el uno de enero de 1962. También llamadas The Capricorn years solo dios sabe por qué. Se trata de una audición que hicieron para Decca de escaso éxito. Dick Rowe, el directivo de la discográfica, se quedó con los Tremeloes antes que con ellos. Les explicó, para mayor descojone posterior, que los grupos con guitarras estaban pasados de moda. Todo un visionario. Dice Juan Manuel Escrihuela en su biografía de McCartney que Rowe años después también rechazó a David Bowie y aún le quedó tiempo para decirle que no a Marc Bolan. Lo dicho, un genio. En Canciones ocultas de los Beatles, de Alejandro Irazo y Antonio Vizcarra, comentan por otro lado que este pobre hombre defendía sus errores diciendo que había rechazado a los Beatles, pero meses después fichó a los Rolling Stones. En realidad, lo hizo por consejo de George Harrison, revelan. Solo le faltó un sillón de consejero en Bankia.

The Beatles, 1961

De este disco “rechazado”, la canción Like dreamers do se la cedieron años más tarde a los Applejacks y fue número 20 en las listas. Hello little girl, se la dieron a los Fourmost y fue número nueve. Love of the loved, la interpretó Cilla Black y llegó al 35. Claro que todo esto con la beatlemanía desatada. Para mí, la más bonita es Take good care of my baby, temazo que popularizaron los semidioses Bobby Vee y Dion DiMucci. Arrodillarse aquí. Todo este material cayó luego en manos de George Martin que, interesado por el carisma que desprendía el grupo, llamó a Epstein y terminó fichándoles para EMI. El resto es historia. Tanto en los éxitos inmortales de acompañamiento en la compra de guisantes congelados, como en un genuino y glorioso ¡que nos quiten lo bailao! que explica en buena parte supuestas pasteladas posteriores. 

viernes, 21 de febrero de 2020

Así es cómo la Isla de Man pretende lograr la desintoxicación digital

El teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura...
Phoneboxes: los dispositivos digitales no son bienvenidos en Isla de Man
A medio camino entre Inglaterra e Irlanda se encuentra la Isla de Man, una amalgama de postales marítimas, castillos medievales y bellos paisajes rurales. Para disfrutar de lo que este maravilloso destino ofrece, es necesario activar los cinco sentidos y, sobre todo, desactivar el teléfono móvil.
Para conseguir que los visitantes puedan alcanzar la desintoxicación digital durante su estancia en la isla y disfrutar tanto de su compañía como del entorno, se han instalado las Phoneboxes, unas cajas en las que abandonar con seguridad el smartphone hasta nuevo aviso.

Sí, hay vida más allá de los móviles
Más de uno se preguntará: ¿Cómo me oriento si Google Maps? ¿Cómo voy a capturar mi viaje sin mi móvil? Que no cunda el pánico, dentro de las Phoneboxes encontrarás alternativas más tradicionales:
Una guía completa de la Isla de Man; una cámara; un paquete de postales, cartas y sellos; un mapa de la isla; libros para identificar aves y plantas; prismáticos y lupas; un diario de viaje y un bloc de notas; un inspirador itinerario; y, por último, una guía para alcanzar la desintoxicación digital.
Las cajas estarán ubicadas en retiros rurales específicos, de manera que los visitantes no tengan la tentación de recurrir a ellas tan fácilmente. Los lugares escogidos han sido Knockaloe Beg Farm y Glen Helen Glamping.

El JOMO está empezando a dominar el mundo, y las cifras hablan por sí mismas: según aseguran las encuestas, un 83% de los británicos piensa que medidas como estas son necesarias para el bienestar.
 
En cuanto al ámbito laboral, el 52% de los británicos revisa regularmente los correos electrónicos del trabajo mientras está en el extranjero y el 54% continúa trabajando por miedo a acumular trabajo o ver disminuido su rendimiento.

Conectemos más con el entorno
Conectemos más con el entorno
Por otro lado, los smartphones también están afectando a nuestra forma de viajar: el 29% de los británicos afirmaron que la distracción digital es la principal razón por la que no pueden desconectar durante las vacaciones; mientras que un 73% ha confesado de que su estado de ánimo se ve afectado negativamente cuando sus compañeros de viaje pasan demasiado tiempo conectados.
Equitación, senderismo, deportes acuáticos, contemplar la vida salvaje, probar la cocina local... Gozar de una estancia primaveral en Isla de Man libre de móviles es más que posible, sólo tienes que reservar tu plaza mandando un correo electrónico a phoneboxes@hopeandglorypr.com. ¿Te unes a la desconexión?

Fuente: https://www.traveler.es/experiencias/articulos/isla-de-man-cajas-para-telefonos-moviles-desintoxicacion-digital/17382

Rebelión indígena en Canadá

Manifestantes en todo el país han bloqueado vías del tren en solidaridad con el pueblo Wet’suwet’en, que se resiste a la construcción de un multimillonario gasoducto a través de su territorio.
Activista indígena mohawk, durante una manifestación en solidaridad con los Wet'suwet'en
Activista indígena mohawk, durante una manifestación en solidaridad con los Wet’suwet’en. Foto: CHRIS HELGREN/Reuters
Cientos de activistas, en su mayoría pertenecientes a Primeras Naciones canadienses, se han unido, en solidaridad con el pueblo indígena Wet’suwet’en, a una oleada de protestas. Los nativos protestan desde hace más de un año contra la construcción de un gasoducto en su territorio, en la zona occidental del país. Los manifestantes bloquean varias líneas ferroviarias en todo el país desde finales de la semana pasada.

El pasado jueves, la empresa estatal de ferrocarriles (CN) anunció la cancelación de los servicios de transporte de mercancías al este de Toronto, en la provincia de Ontario, al este del país y a miles de kilómetros de las tierras Wet’suwet’en. VIA, una empresa ferroviaria privada, también anunció que suspendía todos sus servicios. También hay bloqueos en la provincia de Quebec y en la Columbia Británica, a menudo en reservas indígenas. Se calcula que centenares de miles de pasajeros se han visto afectados por suspensiones y retrasos en los servicios ferroviarios.

«Estas protestas no deberían verse como manifestaciones contra los gasoductos. En realidad son protestas de pueblos indígenas en todo el país para decir que no queremos que el gobierno use a la policía montada para atacar violentamente a personas que viven en sus propios territorios», afirmó la activista indígena Pamela Palmater en declaraciones a CTV.


El origen de la protesta

La protesta tiene su germen en el conflicto que mantienen los cinco clanes del pueblo Wet’suwet’en con la empresa GasLink. La compañía pretende construir un gasoducto de unos 670 kilómetros, conocido como Coastal GasLink, para conectar los campos de fracking del nordeste de la Columbia Británica con el terminal de exportación de gas licuado de Kitimat, en la costa de la provincia. GasLink recibió la adjudicación del gasoducto en 2012, y comenzó los trabajos de construcción en septiembre de 2019. La obra costará unos 6.000 millones de dólares canadienses (unos 4.175 millones de euros) y se considera la mayor inversión privada de la historia del país
Gaslink pertenece a TransCanada, la misma empresa que construye el polémico oleoducto Keystone XL en Estados Unidos. El gas que transportaría el nuevo gasoducto pertenece a la empresa LNG Canada, propietaria de la terminal de exportación.

El pueblo Wet’suwet’en, por su parte, es propietario de unos 22.000 kilómetros cuadrados en el centro de la Columbia Británica. A pesar de que varios representantes del pueblo han dado su consentimiento a la construcción del Coastal GasLink, los cinco jefes hereditarios que gobiernan la pueblo se niegan a la misma. La clave está en que la empresa ha llegado a un acuerdo con los líderes que establece la ley canadiense, pero no con los que dicta la ley del propio pueblo Wet’suwet’en. La división ha sido aprovechada por GasLink, que asegura que tiene el visto bueno de los pueblo indígenas. La empresa también ha obtenido el permiso de otros 20 grupos nativos, pero siempre a través de las leyes de Ottawa, y no las de los pueblos nativos.

El conflicto gira alrededor de una carretera forestal que se adentraría en el territorio Wet’suwet’en. Esta es el único punto de acceso para las personas que trabajan en la construcción del gasoducto.
Para evitar el acceso de los trabajadores a la obra, los propietarios de la tierra establecieron varios campamentos a lo largo de la carretera. Uno de ellos actúa como punto de control.

Canadá, de parte de la empresa
El 31 de diciembre de 2019, una jueza canadiense se pronuncia a favor de GasLink, y conmina a los Wet’suwet’en y sus aliados a permitir el acceso de los trabajadores. Sin embargo, cinco días después, los jefes hereditarios emiten una orden de desahucio contra la empresa de transporte de gas. En los días siguientes, la policía montada constata la aparición de barricadas y árboles cortados impidiendo la circulación por la carretera.

El conflicto entre la empresa y el gobierno del pueblo indígena sigue intensificándose hasta que el 5 de febrero, las dos partes, así como el gobierno de la provincia, anuncian el colapso de todas las negociaciones. Dos días después, la policía montada carga, antes del amanecer, contra el campamento y realiza siete detenciones. Las autoridades Wet’suwet’en denuncian la carga como una invasión con violencia por parte de la policía canadiense. «Ya estamos hartos de diálogos, discusiones y negociaciones mientras nos apuntan con un arma. Canadá viene a colonizar. La reconciliación ha muerto», afirmaron en un comunicado.

Inmediatamente después de la actuación policial, el pueblo Wet’suwet’en comenzó a recibir apoyos. Organizaciones internacionales como Greenpeace y 350.org mostraron su solidaridad con la resistencia indígena, e instaron al gobierno de Justin Trudeau a retirar a la policía montada de la zona. También se unieron a la campaña de solidaridad las autoridades del pueblo vecino, Nación Gitxsan. Los Gitxsan estuvieron, precisamente, entre los primeros en bloquear las vías del tren que cruzan su territorio, una acción que se ha extendido por todo el país desde entonces.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/rebelion-indigena-canada/

jueves, 20 de febrero de 2020

“Los progresismos demuestran en la práctica que no son gobiernos de izquierda”

<p>El economista y político ecuatoriano Alberto Acosta posa para la cámara el día de la entrevista</p>
El economista y político ecuatoriano Alberto Acosta posa para la cámara el día de la entrevista
Tiene la talla de un poema de Cernuda: enjuto y espigado. Camisa a cuadros bajo una chaqueta negra abierta, zapatillas informales y calcetines de colores. La cercanía y la sonrisa las trae de fábrica. Y eso que esta entrevista le rompe la siesta con la que aún se repone del jet lag. El economista y político ecuatoriano Alberto Acosta (Quito, 1948), exministro de Energía y Minas (enero-junio 2007) y expresidente de la Asamblea Nacional Constituyente (noviembre 2007-junio 2008) en el primer Gobierno de Rafael Correa, lleva apenas unas horas en España. Pero ya viene de hablar en un máster de Madrid y se prepara para hacer lo propio en Bilbao el día siguiente, con motivo del ciclo de jornadas Más allá del desarrollo: teorías, enfoques y experiencias para abrir nuevos caminos, organizadas por el instituto Hegoa, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Su ponencia se titula Los buenos convivires en clave posdesarrollista.

Un paradigma, el posdesarrollo, que lleva años repensando y cuyo último botón de muestra es Pluriverso. Un diccionario del posdesarrollo (Icaria, 2019): “No estamos pensando en una visión hegemónica dominante, sino en una pluriversidad. Desde lo local y hacia arriba se abren diferentes espacios de acción, y ahí es dónde estamos viendo la mayoría de alternativas al sistema”.

¿Qué matices aporta el concepto de ‘buenos convivires’ al buen vivir o vivir bien?
Parte de aceptar la idea básica del buen vivir, destacando que no podemos asumir una propuesta como mandato único y global indiscutible, como fue la del desarrollo. El buen vivir hay que analizarlo y proponerlo en plural, pues depende de cada territorio y de cada comunidad. No puede haber una visión única y con receta que se imponga.

¿Implica eso que en los buenos convivires tienen cabida, por ejemplo, los modelos implementados por Rafael Correa en Ecuador y por Evo Morales en Bolivia, propuestas calificadas por el profesor Antonio Luis Hidalgo Capitán de ‘estatistas’?
Asumir el buen vivir estatista es poner al mismo nivel una propuesta de buen vivir que fue vaciada de contenido en los Gobiernos progresistas de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia. El buen vivir fue vampirizado; se le sacó el contenido, se quedó solo el cascarón y sirvió como una herramienta de propaganda e instrumento de poder. Pero eso no tiene nada de buen vivir, es simplemente un membrete que servía para impulsar propuestas desarrollistas. No coincido con Capitán: el buen vivir en esencia es pragmático, no es un concepto, son vivencias, experiencias, valores y prácticas. Son prácticas sin teoría y filosofías sin filósofos profesionales.

Afirmas que hace falta una matriz energética global diferente a la actual. ¿Es una propuesta factible?
Existen matrices energéticas diferentes. Sabemos muy bien que no podemos seguir la misma senda de la matriz energética sustentada en los combustibles fósiles. Pero hay que tener mucho cuidado con las falsas soluciones, como la de la energía sustentada en el litio. Aunque no se trata solo de la matriz energética, sino de todo lo que representa; por ejemplo, hay que ir poniendo en cuestionamiento la idea del automóvil individual. Y lo mismo hay que hacer con el tema agrario, pensar cómo vamos a garantizar la producción de alimentos con otra matriz energética más descentralizada, más radial y más basada en la energía solar. Hablar de otro tipo de organización energética es hablar de otro tipo de producción y de consumo, y hay que hacerlo transformando la energía en un derecho, que no sea solo una mercancía.

¿Cómo contemplas el momento actual por el que atraviesa América Latina?, ¿puedes hacer un retrato para toda la región?
Un solo retrato sería complicado, porque cada realidad es diferente. Pero quizá sí podamos dar unas pocas pinceladas gruesas que nos permitan establecer una suerte de mínimos comunes denominadores. Empezaría con una aproximación, realizada por el actual ministro de Universidades del Estado español, Manuel Castells, quien habló de una suerte de creciente frustración, particularmente en las nuevas generaciones. La promesa del bienestar para todos que nos ofreció la Modernidad no vale, no funciona.

Otro punto referencial son los límites que tienen los extractivismos. Todos los países de América Latina han apostado por economías sustentadas en la exportación de recursos naturales y todos se embarcaron en lo que la socióloga Maristella Svampa llama ‘el consenso de los commodities’; ahora que eso desaparece como opción para resolver los problemas, las economías tienen graves dificultades y las sociedades empiezan a convulsionarse. También podríamos sacar otra conclusión desde la lógica de los extractivismos, y es que lo que han hecho es ahondar cada vez más en economías y estados rentistas, en sociedades clientelares y en gobiernos autoritarios. Luego, en cada caso, hay que ver las explicaciones.

Además, estamos viviendo una etapa de profundas transformaciones y ebulliciones, en algunos casos hasta sorpresivas, como en Chile: el ejemplo por excelencia del neoliberalismo, su logro mayor, comienza a hacer aguas por los cuatro costados. Y el caso de Ecuador incluso para mí, que soy ecuatoriano, fue una sorpresa porque la movilización de octubre de 2019 fue tan potente, tan vigorosa, que logró parar el avance del neoliberalismo. Las movilizaciones de octubre demuestran la capacidad para reorganizarse, de volver a la ofensiva y de liberar procesos interesantes.

Es muy complicado hacer una sola lectura, porque por ejemplo tenemos el caso de Bolivia, con un gobernante con logros y éxitos en casi 14 años en funciones, pero que en 21 días cae su Gobierno. ¿Qué pasó? Lo mismo se puede decir del caso de Brasil: ¿cuántos años estuvo el PT (Partido de los Trabajadores)? El Gobierno fue derrotado en las urnas con relativa facilidad, aunque en este caso está el tema de que a Lula da Silva le echaron de la carrera, a pesar de que sacaron de la pobreza a 30 millones de personas y se suponía que eso iba a darle fortaleza. En líneas generales se puede hablar de que el neoliberalismo tiene sus límites y entra en crisis; pensemos en la Argentina de Macri. Pero los progresismos también tienen sus crisis.

Al respecto de estos cambios de rumbo político, en América Latina se habla de un fin de ciclo.
Yo no hablaría de fin de ciclo, sino de agotamiento del ciclo. Los progresismos demuestran en la práctica que no son gobiernos de izquierda, porque lo único que terminan haciendo es modernizar el capitalismo, no hay transformación de la matriz productiva. Tanto gobiernos progresistas como gobiernos neoliberales lo que hacen es ahondar en los extractivismos, con claras tendencias reprimarizantes de la economía. El caso de Brasil es el más paradigmático. En ninguno de esos países hay un intento serio de ruptura de la lógica de acumulación del capital. No hubo transformaciones y se perdió una oportunidad histórica.

¿Esa ausencia de ruptura por parte de los gobiernos progresistas explica de algún modo el auge de la extrema derecha?
Nunca hubo un afán de golpear la estructura de poder concentrada, de profundo raigambre colonial, oligárquica y ahondada con la lógica neoliberal.

¿La falta de voluntad política es la clave para que no se produzcan dichas transformaciones?
El problema puede ser la falta de voluntad política, pero la presión social tampoco estaba, porque esos gobernantes, que devinieron en regímenes caudillistas, lo que menos querían era que esa sociedad siguiera organizada y autónoma; y eso es otra gran lección. Faltó la participación de esos grupos autónomos y esos movimientos sociales que son los que crearon las condiciones para la llegada de los gobiernos de los regímenes progresistas.

Pero, ¿la gente está dispuesta a dar ese paso y asumir las consecuencias de los buenos convivires?
En muchas partes la gente vive eso, esa experiencia existe. Va a ser muy complejo hacer el buen vivir con una propuesta de política estatal, tiene que surgir desde lo comunitario, concreto y específico, porque el Estado, per se, es una institución de dominación. Y el Estado actual se nutre de la lógica del sistema capitalista.

Antes mencionabas Ecuador, ¿cómo está la situación tras las protestas de octubre?, ¿está debilitado el Gobierno?
Ecuador está muy complicado, porque el Gobierno defraudó a amplios segmentos de la población. Lenin Moreno fue vicepresidente de Correa seis años, fue el candidato impuesto por Correa y tuvo todo el espaldarazo del Gobierno para ganar las elecciones en 2017, pero prácticamente desde el inicio de su gestión tomó distancia de Correa. En una primera etapa abrió una serie de expectativas, inclusive para los movimientos sociales: mayor respeto a la libertad de expresión, a la libertad de organización, y abrió quizá la puerta para la recomposición de propio movimiento indígena, que con Correa estaba permanentemente perseguido, criminalizado y debilitado. Pero Moreno se plegó en muy pocos meses a los grupos más tradicionales y terminó, hace ya un año y pico, en las garras del neoliberalismo y del FMI. Este año habrá que definir las candidaturas, las elecciones son en marzo de 2021 y estamos en fase preelectoral; pero no hay ahora mismo ninguna otra opción ni alternativa real dentro del juego democrático.

Ya fuiste candidato a la presidencia de Ecuador para las elecciones de 2013, por la Unidad Plurinacional de las Izquierdas, una coalición de partidos y movimientos sociales. ¿Te planteas volver a serlo?
No, no.

Para analizar a mandatarios como Moreno, Correa y Morales, en tu discurso sobrevuela el término de ‘régimen caudillista’. En ese sentido, mantienes que lo sucedió en Bolivia fue un golpe de Estado al que el propio Evo abrió la puerta.
Sin lugar a dudas.

Es una postura compartida con matices por pensadoras como Rita Segato o Silvia Rivera Cusicanqui, muy criticada por buena parte de las izquierdas. ¿Podrías explicarla?
Morales generó algunas condiciones muy preocupantes de debilitamiento del movimiento indígena boliviano. Es el caso de imponer la carretera a través del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure), atropellando a las comunidades indígenas y a las condiciones que él mismo aceptó. Esa es una de las explicaciones por las que el Gobierno se debilita rápidamente, en apenas 21 días. Y luego hay otras cuestiones adicionales: no podía haber sido candidato por cuarta vez y lo impuso, generó condiciones para el debilitamiento institucional. Hubo un referéndum que perdió pero que no aceptó, buscando una salida que fue afectando a la institucionalidad democrática. Y, sin lugar a dudas, hubo una manipulación del proceso electoral; lo mismo que hizo Correa: no respetaron las reglas del juego. En la Constitución de Ecuador de 2008 prohibíamos la reelección indefinida, y Correa la reintrodujo. En esos contextos, sin dejar de lado que haya una ruptura del marco institucional en el caso de Bolivia, y por eso hablo de golpe de Estado, quienes alimentaron las condiciones fueron los propios gobernantes.

Y llegados a este punto, ¿qué solución propones en Bolivia? ¿Nuevas elecciones con el MAS (Movimiento al Socialismo) de Morales pero sin Morales?
Esa es una pregunta más difícil. Tendrá que ser una solución democrática que deberían resolver los propios bolivianos. La gran lectura no es quedarnos pensando solo en las elecciones; la solución está en la construcción de otro mundo desde abajo, en la construcción de otra historia desde abajo, en volver a los orígenes, a lo comunitario y en tratar de reconstruir estos países con una mayor presencia y participación de las comunidades, de los barrios y de las comunidades campesinas.

Pero mientras se construye desde abajo, ¿qué? ¿Abandonar la lucha por el poder político y que sea cooptado por la derecha?
Pero ese poder no estaba en función de una transformación estructural. Ese poder de Evo Morales, o de Correa, es el que pacta con los extractivismos, con las grandes empresas transnacionales, mineras, gasísticas o petroleras. Incluso el Gobierno progresista del PT no hizo ninguna transformación, ni siquiera una buena reformar agraria, a pesar de que contaba con el respaldo del Movimiento de los Sin Tierra, uno de los movimientos sociales más poderosos de América Latina.

A pesar de estos cuestionamientos, creo que tenemos un montón de experiencias valiosas que nos llevan a varias conclusiones: el poder no está en las urnas o, al menos, no está solo en las urnas. Y esa es una cuestión en discusión ahora en Ecuador. El movimiento indígena, envalentonado y quizás sobredimensionando su capacidad política nacional, apuesta más por las elecciones y va a perder poder; porque tuvo poder y ejerció poder en octubre de 2019 cuando paró al neoliberalismo, pero no sé si ahora tendrá ese poder para ganar elecciones. Yo fui candidato, y muchas veces he estado en esos procesos, y muchas veces nos enfrascamos en los procesos electorales y terminamos agotándonos, tenemos tremendas derrotas electorales y no construimos fuerzas capaces de detener la avalancha de este tipo de gobiernos neoliberales y de derechas. Lo ideal sería no descuidar la organización, la capacidad de respuesta desde abajo y entender que el poder está más en las plazas, en las calles y en los campos que en las urnas. Ese es un reto.

En el momento actual, en América Latina, mencionaría dos casos: las grandes movilizaciones en Colombia y las de Chile, dos países que nos están sorprendiendo. La pregunta es ¿qué está pasando en América Latina? Es una ebullición, sí, pero de qué tipo. Creo que la primera conclusión es que ya no nos sirven las aproximaciones tradicionales, aquellas lecturas encasilladas de blanco o negro. Y eso tiene que ver con el hecho de que las organizaciones sociales y políticas tradicionales están perdiendo el control de lo que sucede y volveríamos lo que dije antes de la pérdida de expectativas, de las frustraciones.

En esa discusión de pérdida de fuerza e identidad por parte de los actores tradicionales de la política, como el Estado y los sindicatos, pensadores como Enrique Dussel y Ernesto Laclau proponen la categoría ‘pueblo’. ¿Compartes esa idea? ¿Tiene el pueblo suficiente peso político y suficiente capacidad transformadora?
Sí tiene peso, pero tal vez es demasiado general. Me quedo con la categoría que le escuchaba a la socióloga Maristella Svampa ‘sociedad en movimiento’. Habría que pensar más esto desde los barrios y desde las propias comunidades; la gente ya no espera que venga ningún iluminado a que le resuelva los problemas, comienza a buscar respuestas propias. Y se moviliza en muchos casos sin tener un escenario positivo convocante, se moviliza porque está frustrada.

Pero esa frustración que mencionas con frecuencia también da alas a la extrema derecha, con casos como el de Jair Bolsonaro en Brasil.
Ese es el gran problema. Es también terreno para los fascismos. En el caso de Bolsonaro no es la única explicación, pues hay que ver todo lo que significó la teología de la prosperidad, que apuesta más al individualismo. En el caso de Ecuador, octubre provocó un terremoto en términos sociales. Hubo cosas positivas, pero hubo otras tremendamente preocupantes y emergió algo que ya existía, pero con una fuerza que yo no había visto antes: el nauseabundo racismo. Impresionante. Se ahondó en las tendencias patriarcales y xenófobas, en este caso contra venezolanos y venezolanas. En ese escenario aparecen los reclamos por los gobiernos autoritarios. Todo está en una relación dialéctica. el movimiento indígena es potente, pero también la respuesta es tremendamente reaccionaria. Y el Gobierno de Moreno, que es un gobierno mediocre y muy irresponsable que se entrega al FMI, hace lecturas que le llevan a conclusiones muy preocupantes: aumentar los movimientos represivos para evitar que otro movimiento de octubre se repita, así que se compra gran cantidad de equipos para la policía y las fuerzas armadas.

Las fuerzas armadas son otro elemento que podemos anotar, pues tienen un papel cada vez más poderoso y peligrosamente presente en toda América Latina. Retrocedemos 40 años. Y se ve por todos lados: ¿quién sostiene en Chile a Sebastián Piñeira?, ¿y en Colombia a Duque?, ¿y en Venezuela a Maduro?, ¿quién participó en el golpe contra Evo? En América Latina hay elementos positivos y preocupantes, luces y sombras en un proceso de ebullición.

En ese retrato de América Latina, el “agotamiento del ciclo” y el regreso de las derechas que señalas, ¿están relacionados con situaciones de degradación ecosistémica, como la de la Amazonia?
Se exacerba con Bolsonaro, pero hay elementos de más fondo: la ampliación de los extractivismos viene de antes. Independientemente de gobiernos progresistas o neoliberales, hay una ampliación de los extractivismos y se tiende a reprimarizar las economías. Volvemos a ser lo que fuimos siempre: países producto, países que están atados a la evolución del mercado mundial. Estamos quemando el planeta para sostener la ilusión del desarrollo y no hay tal desarrollo; nos vamos a dar cuenta cuando ya no haya planeta.