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martes, 21 de diciembre de 2021

Ómicron "es el resultado inevitable de acaparar vacunas y dejar a África por fuera": Ayoade Alakija, directora de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas

Ayoade Alakija es codirectora de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas

 La aparición de la variante ómicron del virus que causa el covid-19 ha causado revuelo en el mundo en los últimos días.

Especialmente después de que varios países pusieron restricciones y prohibiciones a viajeros que lleguen en vuelos de al menos cinco países africanos.

El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, señaló que no se puede "castigar" a su país -donde fue detectada la variante ómicron- por haber hallado la variante gracias a la tecnología disponible.

Sin embargo, la voz más fuerte que se ha escuchado al respecto ha sido la de Ayoade Olatunbosun-Alakija, vocera de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas, quien ha sido clara en sus reclamos hacia los países desarrollados.

"La aparición de esta variante era inevitable. Se debe a la falta de vacunación por el acaparamiento de vacunas por parte de los países desarrollados", señaló.

Usted señala que la aparición de una variante como esta era inevitable

Fue totalmente inevitable.

Pero primero me gustaría decir algo: si el covid-19 que apareció en China hubiera aparecido primero en África, no quedan dudas de que el mundo nos habría encerrado y hubiera tirado la llave muy lejos.

No habría existido ninguna urgencia para desarrollar vacunas porque hubiéramos sido prescindibles. África se habría hecho conocida como el continente de covid-19.

Lo que está sucediendo es inevitable y es el resultado de que el mundo no vacunó de manera equitativa, urgente y rápida.

Y eso causó esta situación

Hubo un acaparamiento de vacunas por parte de los países desarrollados y, para ser muy honesta, son inaceptables estas restricciones de viajar a países del continente porque están basadas en temas políticos y para nada en una investigación científica.

Es que no tenemos suficiente información sobre ómicron. Lo mejor que podemos decir sobre esta variante desde un punto de vista científico es que no sabemos nada.

Hasta que todo el mundo no esté vacunado, nadie está seguro frente a esta pandemia, entonces, ¿cuál va a ser la respuesta global a este nuevo desafío? ¿Va a ser una respuesta política de proteger a las personas de cada país evitando que lleguen esos 'africanos no vacunados'?

Getty Images.Alakija señala que el acaparamiento de los países desarrollados son la causa de la aparición de ómicron.

La pregunta que hay que hacerse es por qué los africanos no están vacunados, ¿qué está pasando allí?

¿Entonces era previsible?

Como le he dicho, la falta de voluntad política y la inexistencia de una campaña global de vacunación- es decir, un esfuerzo que logre que todos los habitantes de este planeta tengamos acceso a las vacunas- hizo que emergiera esta variante en zonas muy vulnerables de África.

El mundo se ha rehusado a vacunar a todas las personas con el poco apoyo que se le dio a la iniciativa Covax u otros métodos de distribución.

Para usted hay una responsabilidad conjunta.

Sí. Sabíamos que esas decisiones, ese acaparamiento, nos iba a llevar a variantes más peligrosas. ¿Por qué actuamos sorprendidos? ¿Por qué estamos encerrando a África cuando este virus ya está en tres continentes?

Nadie está encerrando a Bélgica e Israel. ¿Por qué estamos aislando a África? Está mal y es hora de que nuestros líderes africanos se pongan de pie y encuentren su voz. 

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-59462984

lunes, 29 de noviembre de 2021

Entre la inmoralidad y la estupidez

Ni siquiera en medio de la mayor expansión fiscal que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial los países ricos han sido capaces de encontrar las migajas que permitirían financiar el esfuerzo global de vacunación


 Cuando se escriba la historia de esta pandemia, será difícil decidir si pesó más la inmoralidad de los países ricos o su estupidez. 17 meses después de que la OMS declarase una emergencia global por el virus SARS-Cov2, estimaciones fiables (The Economist) sugieren una cifra real de muertos que triplica los 5,2 millones declarados en las estadísticas oficiales. Muchos de estos muertos, posiblemente la mayoría, han sido enterrados en los países pobres. El coronavirus ha arrasado con sociedades, economías y sistemas de protección, devolviendo los niveles de pobreza a la situación de hace dos décadas y generando una crisis de endeudamiento que dejará la de los ochenta en un resfriado financiero.

 Si las vidas de quienes sufren la pobreza no valen nada, ¿cuánto valen las nuestras? Desde el punto de vista epidemiológico, la estrategia de las economías más desarrolladas ha sido todo un disparo en el pie. Cada una de las advertencias de la comunidad científica acerca de las mutaciones de este tipo de virus y de la imposibilidad de hacerle frente en silos han chocado con el pavor electoral de nuestros gobernantes y el desinterés de nuestras sociedades. Como niños opulentos y caprichosos, el mundo rico acapara diagnósticos, tratamientos y vacunas mientras sus ciudadanos bailan en las discotecas y se manifiestan en las calles reclamando la libertad de vivir contagiados.

La fotografía de la inmunización global es obscena. En el momento de escribir estas líneas, la tasa de población que ha recibido al menos una dosis de alguna vacuna contra la covid-19 es en Estados Unidos del 69%, en la UE del 70% y en África del 11% (Our World in Data). El mecanismo Covax —para la inmunización de los países de renta baja— solo ha logrado financiar hasta ahora 433 de los 2.000 millones de dosis que debían cubrir la vacunación completa del 20% de la población mundial. Únicamente el 4% de los más de 7.000 millones de dosis producidas hasta este momento han llegado a los brazos de la población más pobre.

Ni siquiera en medio de la mayor expansión fiscal que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados han sido capaces de encontrar las migajas que permitirían financiar el esfuerzo global de vacunación. Peor aún, sus gobiernos han obstaculizado de manera activa las excepciones de la propiedad intelectual y la transferencia de conocimiento que hubiesen permitido escalar la producción de dosis en países de renta media como India, Brasil o Sudáfrica.

Ahora nos enfrentamos a una nueva variante que amenaza con echar por tierra parte del extraordinario esfuerzo realizado hasta este momento. ¿Y quién puede decir que está sorprendido? “Nuestro fracaso para poner vacunas en los brazos de la gente del mundo en desarrollo se está volviendo ahora contra nosotros”, afirmaba este viernes Gordon Brown en un amargo comentario para The Guardian. La variante B.1.1.529 parece ser más contagiosa que las anteriores y todavía ignoramos si nuestra caja de herramientas farmacéutica es efectiva contra ella.

Las certezas científicas tardarán aún algún tiempo, pero eso no ha impedido a Europa apretar el acelerador en medio de la curva. Se vuelve a cortar la relación con el sur de África —que ha informado de manera rápida e impecable sobre la nueva variante— y a culpabilizar a la víctima por su situación. Tal vez alguien debería preguntarse por qué la media de inmunización (una sola dosis) en los siete países apestados está por debajo del 25%. Parecemos cínicos, pero creo que simplemente somos estúpidos.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/red-de-expertos/2021-11-28/entre-la-inmoralidad-y-la-estupidez.html?ssm=TW_CC

viernes, 5 de noviembre de 2021

El lobby farmacéutico y el G20: desigualdad vacunal mundial y “pandemia inacabable”

 Reino Unido y Alemania bloquean la exención relativa a las patentes y las tecnologías de las vacunas, medida que apoyan Estados Unidos, Indonesia, Francia, India y otros dirigentes del G20.

La Alianza Vacuna para el Pueblo, coalición de más de 75 organizaciones, entre las que están Oxfam, Amnistía Internacional, African Alliance, ONUSida y Global Justice Now, han pedido a los dirigentes del G20 que aborden la desigualdad vacunal mundial y que desbloqueen la escasez de suministros.

Este grupo de organizaciones benéficas solicitan a los líderes mundiales que asuman que para detener la pandemia del Coronavirus es necesario que se aplique una exención relativa a los derechos de propiedad intelectual y compartir la tecnología de vacunas, diagnósticos y tratamientos para que llegue a todos los lugares del planeta.

La pandemia podría prolongarse, convirtiéndose en una «pandemia inacabable», si la cumbre del G20 no aborda esta desigualdad vacunal mundial y los dirigentes no se ocupan de los problemas estructurales que hasta ahora han ignorado, permitiendo que los países ricos acaparen dosis de vacunas contra la COVID-19, han advertido grupos de la sociedad civil. Especialistas en epidemiología han avisado de que la desigualdad vacunal mundial amenaza con socavar nuestra actual generación de vacunas, mientras que un informe del Wellcome Trust and Institute for Government ha advertido de que las mutaciones del virus “debilitarán” la protección que ofrecen las vacunas.

Anna Marriot, directora de políticas de la Alianza Vacuna para el Pueblo, ha señalado que «es un verdadero escándalo que el G20 haya desperdiciado un año ignorando la propuesta, respaldada por la mayoría de sus miembros, de eliminar los monopolios de las vacunas y garantizar que las vacunas puedan fabricarse en todo el mundo, salvando innumerables vidas». «El G20 está volviendo la espalda a los miles de niños y niñas que esta pandemia deja huérfanos cada día. Los dirigentes del G20 que apoyan la exención no deben ser silenciados por los miembros de países ricos como Reino Unido y Alemania. No hay tiempo que perder para actuar», afirmó.

Los países del G20, que representan el 62% de la población mundial, han utilizado el 82% de las vacunas del mundo contra la COVID-19. Sólo el 3,1% de las personas de países de ingresos medios y bajos han recibido al menos una dosis

África olvidada

Los países ricos que disponen de más suministros de los que necesitan se comprometieron generosamente a donar las dosis adicionales a los países de ingresos medianos y bajos a través de COVAX, pero estas se están repartiendo a un ritmo demasiado lento y esta limosna no va a detener la pandemia.

De los 1.300 millones de dosis sobrantes que los países se comprometieron a donar, COVAX ha recibido tan solo 365 millones y la gran mayoría de los países africanos carecen de acceso a las vacunas contra la COVID-19. Menos del 5% de la población africana está completamente vacunada, lo que significa que el riesgo de que se produzcan nuevos brotes es elevado en muchos países.

Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde enero de 2020 hasta mayo de 2021 murieron entre 80.000 y 180.000 trabajadores de la salud en todo el mundo a causa de la COVID-19. Menos de uno de cada 10 trabajadores de la salud de África han recibido la pauta completa de vacunación y más de 128.000 se han contagiado con el virus. Asimismo, la OMS reveló que en África solo se detecta una de cada siete infecciones de COVID-19 debido a la escasez de pruebas, lo que significa que la cifra real podría ser mucho más alta.

La salud mundial VS la propiedad intelectual

Entre los países del G20 existe una profunda división respecto a la propuesta de suspender temporalmente las normas relativas a la propiedad intelectual de las tecnologías sobre la COVID-19 para poder incrementar la producción de vacunas. Entre los que quieren abordar este tema con premura y salvar vidas se encuentran Sudáfrica e India, pero los países miembros ricos, como Alemania y Reino Unido, han impedido que se actúe de manera unificada para proteger a millones de personas.

Indonesia es un ejemplo de lo necesaria que es la suspensión de esta propiedad intelectual, ya que aseguró este año, en una conferencia de prensa de la OMS, que podía fabricar 550 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 al año pero el bloqueo de los países ricos se lo impedían.

Sudáfrica, a través de su presidente, Cyril Rhamaphosa, se han quejado en el G20 amargamente de la constante intransigencia de los países ricos respecto a la cuestión de las patentes, y han denunciado el apartheid basado en las vacunas que esta intransigencia está creando.

La medida está siendo bloqueada por sólo dos países miembros que se oponen a ella: Reino Unido, Alemania. La alianza pide a los dirigentes del G20 que presionen a estos dos países para que resuelvan esta disputa, lo cual permitiría que todos los fabricantes seguros aprobados por la OMS fabricaran vacunas contra la COVID-19, desbloqueando la capacidad productiva mundial para terminar con la pandemia. Lo hipocresía de Reino Unido y Alemania resalta cuando se analizan los datos: han vacunado con la pauta completa al triple de personas que India y Sudáfrica, en relación con su población.

Tamaryn Nelson, asesora de Amnistía Internacional sobre el derecho a la salud, ha manifestado que “cuando se celebró la reunión del G20 del año pasado, 1,3 millones de personas habían muerto de COVID-19 y los dirigentes prometieron que no escatimarían esfuerzos para garantizar que todo el mundo tuviera acceso a las vacunas. Un año después no ha cambiado casi nada, excepto que la COVID-19 se ha cobrado la vida de otros 3,5 millones de personas».

«Es inadmisible que los dirigentes del G20 no estén tomando suficientes medidas mientras cada semana siguen muriendo decenas de miles de personas», sentenció Nelson.

Peticiones a los líderes mundiales

La Alianza Vacuna para el Pueblo pide a los dirigentes del G20 que:

  • suspendan los derechos de propiedad intelectual de las vacunas, las pruebas, los tratamientos y otros instrumentos médicos para la COVID-19 acordando, tal como se ha propuesto, la exención temporal propuesta relativa al Acuerdo sobre los ADPIC en la Organización Mundial del Comercio.
  • exijan y utilicen todas sus herramientas jurídicas y políticas para exigir a las empresas farmacéuticas que compartan datos, conocimientos y tecnología con el Acceso Mancomunado a Tecnología contra la COVID-19 (C-TAP) y el centro de transferencia de tecnología para las vacunas de ARNm en Sudáfrica.
  • inviertan en centros de fabricación descentralizada en países en desarrollo para pasar de un mundo de monopolios y escasez vacunal a otro de suficiencia y equidad en el que los países en desarrollo tengan el control directo de la capacidad de producción vacunal para cubrir sus necesidades.
  • redistribuyan de inmediato y equitativamente las vacunas existentes entre todos los países para lograr el objetivo de la OMS de que el 40% de la población en todos los países esté vacunada al acabar 2021, y el 70% lo esté a mediados de 2022.

 Fuente: https://contrainformacion.es/el-lobby-farmaceutico-y-el-g20-desigualdad-vacunal-mundial-y-pandemia-inacabable/

sábado, 23 de octubre de 2021

Señor presidente: ¡Yo renuncio!

Getty

En 1954 Francia pretende mantener, tras la II Guerra Mundial, sus colonias tanto en África como en Asia. Este sueño “imperial” le llevará a una larga y sangrienta guerra primero en Indochina y posteriormente en Argelia. Miles de jóvenes franceses son movilizados para ir a los arrozales de Vietnam o de Camboya a luchar contra los independentistas indochinos que quieren librarse de la tutela de quien durante años les ha explotado. Más tarde otros miles de reclutas partirán al norte de África para intentar sofocar la revuelta de los fellahas argelinos.

Desde el inicio de la revolución argelina (1954-1962) el ejército francés aplicará una cruel represión que cubrirá un amplio abanico de crímenes: asesinatos en las calles y en las comisarías, torturas, secuestros de aviones donde viajaban líderes del FLN (un claro ejemplo de piratería), campos de concentración en los que se apiñaban los rurales desubicados de sus pueblos, ocupación militar de barrios árabes en muchas de sus ciudades, ametrallamientos indiscriminados de pueblos a plena luz del día, bombardeos de comarcas consideradas “rebeldes”, atentados con explosivos sobre comercios y viviendas de presuntos simpatizantes independentitas, extensión a la metrópoli de estos actos represivos sobre emigrantes de este país en Francia, etc…

Los jóvenes llamados a realizar el servicio militar en Indochina o en Argelia si se oponían a ir eran juzgados y condenados por tribunales militares como desertores lo que implicaba penas de muchos años de cárcel. Francia que había sufrido la ocupación nazi parecía haber olvidado lo que ésta significó. Altos mandos militares franceses utilizaban idénticos métodos para reducir la resistencia anticolonial que los que aplicaron durante la ocupación alemana la Gestapo o las SS.

Y es en 1954 cuando un joven rebelde, escritor, poeta, cantante, compone una mítica canción que se convirtió en un alegato contra la guerra, en un grito por la paz, contra la opresión colonial,  un llamamiento a la juventud francesa para que deserte, para que no ingrese en las filas del ejército. Esta canción es El desertor de Boris Vian:

Iré por los caminos

Mendigaré toda mi vida

Por las carreteras de Francia

De Bretaña a Provenza

E iré diciendo a las gentes

Rehusad de obedecer

No vayáis a la guerra

Rehusad de partir.

Sin pretender, en absoluto, reproducir la épica de la canción, yo le anuncio al presidente Pedro Sanchez, al Sr. Presidente,  que renuncio a  que me inoculen una tercera vacuna contra la maldita pandemia.

Creo que la vacunación masiva de la población pudo haber frenado las muertes que llevaba implícita la enfermedad. No soy un “negacionista”, me he vacunado.

Aunque también creo que ha habido negocios turbios por parte de las multinacionales farmacéuticas que controlaban su fabricación y venta, y que los Estados han pecado de debilidad delante de estos grupos corporativos que han engordado sus beneficios en todo este tiempo. Pero cuando he seguido como iba la vacunación por el resto del mundo y he leído que por ejemplo en África solo el 1% de la población ha podido ser vacunado, es decir 13 millones sobre un total de 1.300 millones me he replanteado el ponerme la tercera vacuna. Y cuando hablo de África, podría referirme igualmente a Asia o a América Latina. No me vale que algunos países hayan dado la “limosna” de unos pocos millones de vacunas, entre ellos el gobierno español, a los países del Sur, a los llamados países del Tercer Mundo. Nuevamente ante la enfermedad y la muerte hay pobres y ricos, países enriquecidos y países empobrecidos, poblaciones sin acceso a las vacunas y otras que podrán recibir una tercera vacunación… y quizás en pocos meses, si se considera necesario por las farmacéuticas o sus “voceras”, una cuarta y hasta una quinta vacunación.

No señor presidente, renuncio a esta tercera vacuna, y reúno todas las condiciones para que me la apliquen. Por justicia, por solidaridad, por humanidad, porque somos un solo planeta y las pandemias no se resuelven por espacios territoriales, no me volveré a vacunar con esta nueva dosis hasta que los africanos, los asiáticos y los latinos pobres y sin medios no estén en un proceso de vacunación concreto y puedan evitar posiblemente el contagio y quizás la muerte.

Como Boris Vian, y repito, salvando la enorme distancia que me separa en el tiempo y en las circunstancias que le obligaron a componer El Desertor, sin la épica que comportaba la letra de la canción le digo:

Señor Presidente

Le escribo esta carta

Que quizás usted lea

Si tiene tiempo para ello

Mi decisión está tomada

Y voy a desertar

… Mi deserción en este caso es renunciar a esa tercera vacuna.

Fuente: https://alternativaseconomicas.coop/blog/senor-presidente-yo-renuncio

domingo, 12 de septiembre de 2021

La 'madre' del ARN mensajero tras recibir un premio de 3 millones de dólares: "El ego de los científicos supone una barrera para el progreso"

 El Premio Breakthrough es el que más dinero reparte entre científicos y detrás están grandes magnates y filántropos como Mark Zuckerberg, Sergey Brin, Priscilla Chan, Yuri y Julia Milner, y Anne Wojcicki

"Si mucha de la gente que trabaja en un mismo campo se reuniese en una habitación, dejando a un lado sus nombres, sus egos, sus cargos y se limitasen a pensar, alcanzarían soluciones para muchas cuestiones."

A las grandes compañías farmacéuticas "no les importa en cuántos comités estás incluida, cuantos artículos has publicado."

La 'madre' del ARN mensajero tras recibir un premio de 3 millones de dólares: "El ego de los científicos supone una barrera para el progreso"

La científica húngara Katalin Karikó ha sido galardonada este año, junto a su colega en la Universidad de Pensilvania Drew Weissman, con el Premio Breakthrough en Ciencias de la Vida por su papel en el desarrollo de la tecnología de ARN mensajero. Tras años de escepticismo y menosprecio de la comunidad científica, las innovadoras vacunas desarrolladas por Pfizer/BioNTech y Moderna que han demostrado su eficacia contra el virus se basan en décadas de trabajo de Karikó y Weissman.


Dotado con 3 millones de dólares, el Premio Breakthrough es el que más dinero reparte entre científicos. Detrás están grandes magnates y filántropos como Mark Zuckerberg, Sergey Brin, Priscilla Chan, Yuri y Julia Milner, y Anne Wojcicki entre otros.

Tras recibir el premio, Karikó ha hablado con el diario The Guardian. Durante su entrevista, la científica pionera ha abordado el problema del ego y los títulos en el seno de la comunidad científica, y el freno que suponen para el avance y el progreso de muchas investigaciones.

"Si mucha de la gente que trabaja en un mismo campo se reuniese en una habitación, dejando a un lado sus nombres, sus egos, sus cargos y se limitasen a pensar, alcanzarían soluciones para muchas cuestiones, pero todos estos títulos y demás se convierten en un obstáculo", asegura Karikó a The

"Siempre he pensado que a quién le importa. En cien años nadie se acordará de mi nombre. Sin embargo, los títulos, los ascensos, los hombres más mayores, el poder, todo eso se convierte en un obstáculo", insiste. Karikó aclara que no sólo los hombres priorizan el poder al progreso, aunque "han tenido más tiempo para practicar ejerciendo el poder".

Toda esa lucha de egos desaparece cuando se pasa del entono académico a empresarial. A las grandes compañías farmacéuticas "no les importa en cuantos comités estás incluida, cuantos artículos has publicado. Lo que importa es dar con un producto que produce un efecto". 

Un efecto que tras décadas de fracasos llegó tras comenzar a trabajar con Drew Weismann. Juntos consiguieron evitar el gran obstáculo al que se enfrentaban las vacunas desarrolladas con tecnología ARNm, la reacción inmune del cuerpo al recibirlas. Su trabajo fue la base en la que se sustentó el desarrollo de las vacunas contra el SARS-CoV-2 de Pfizer y Moderna. 

Los tres millones de dólares de premio son el último reconocimiento a una científica con orígenes muy humildes, que llegó a Estados Unidos con lo que había conseguido al vender su coche usado y que tuvo que sobrevivir con los 17.000 dólares al año que le ofrecía el postdoctorado en la Universidad de Temple. Sin embargo, para Karikó el mayor homenaje son los cientos de miles de vidas que han salvado las vacunas contra el coronavirus y la prometedora posibilidad de que se pueda aplicar en la lucha contra el sida o el cáncer. 

"Para mí, ningún galardón, ningún premio que puedan ponerme delante es comparable a eso", concluye.

Fuente: https://www.meneame.net/story/madre-arn-mensajero-tras-recibir-premio-3-millones-dolares-ego

martes, 7 de septiembre de 2021

La escasez de Reino Unido es tan bestia que los supermercados están retirando estantes y pasillos

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@MrsABC321

 El mundo vive una crisis logística sin precedentes en la era moderna. A la paralización de la cadena de distribución global durante buena parte de 2020, fruto de las restricciones y de los confinamientos, le siguió un repunte de la demanda. Millones de personas estaban interesadas en comprar todo aquello que no habían podido comprar durante meses. La suma de ambos factores provocó retrasos en la cadena de fabricación... Y un atasco enorme en la cadena de distribución.

O lo que es lo mismo, escasez y precios elevados. Pero en unos países más que en otros.

El precedente. Reino Unido es quizá el ejemplo extremo de todo lo relatado en el primer párrafo. A los rigores de la pandemia y de una economía aún renqueante debemos sumar las barreras autoimpuestas del Brexit. Aunque haya quedado enterrado en el olvido, 2021 marcó la ruptura definitiva entre Reino Unido y la Unión Europa. Mucho antes de que la crisis logística afectara a todo el mundo, los británicos vivían una propia con largas hileras de camiones en la frontera y pescado podrido.

A lo grande. La situación hoy es peor. Lo manifiestan estas imágenes: resignados a una escasez que no cesa, los supermercados del país han comenzado a retirar estantes y pasillos de sus superficies. La alternativa era mostrarlos vacíos, una estampa más deprimente. Tesco ha sido una de las cadenas más prominentes en la decisión. Algunos de sus tiendas evocan los austeros economatos del bloque comunista, mucho antes que los boyantes supermercados del capitalismo hiperconsumista.

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@MrsABC321

 "Pingdemia". Como vimos hace un mes, la prensa ha bautizado el fenómeno como "pingdemia". El término resumía la mezcla de catastróficas desdichas que habían asolado a la economía local británica: una cadena de distribución global paralizada; ausencia de trabajadores cualificados por culpa del Brexit; y un protocolo de aislamiento por contacto estrecho que había hundido el consumo directo y las ventas en los principales establecimientos. Ni había productos ni había suficientes trabajadores disponibles ni había consumidores capaces de comprarlos.

Sin camioneros. La atención de la prensa se ha centrado en la carestía de mano de obra. A finales del pasado mes, la patronal de distribuidores y suministradores británica cifraba en 14.000 el número de trabajadores necesarios para recuperar la normalidad (el 15% de su fuerza laboral). No hay camioneros. Sin ellos, las fábricas han reescalado sus operaciones: la producción de pollo ha caído un 10%; McDonalds ha dejado de comercializar batidos; y Nando's, una popular cadena, ha cerrado 45 establecimientos al quedarse sin su plato estrella.

Todas las miradas apuntan a la política de "auto-aislamiento" promovida por el gobierno. El criterio para considerar "contacto estrecho" a una persona es tan bajo que ha confinado a miles y miles de transportistas, gente en contacto con muchas personas a lo largo de un día. Sin acceso a mano de obra extranjera (ejem), no hay sustitutos.

Navidad, cerveza. La crisis es tan profunda que amenaza con trastocar dos de los pilares de la cultura británica: la cerveza y la campaña de Navidad. Sobre la primera habla The Washington Post, recogiendo las amargas quejas de muchos pubs, cada vez más desabastecidos de Carling o Coors. Sobre la segunda hablan ya todos los medios: los distribuidores asumen que la crisis se prolongará durante el último trimestre del año, si no más. Se requieren a 100.000 transportistas, de los cuales 20.000 eran ciudadanos europeos que han abandonado el país post-Brexit.

Va para largo. La idea de una Navidad de nuevo hipotecada por el coronavirus se extiende al resto del planeta. Los diez puertos más ajetreados del planeta siguen funcionando a medio gas por los protocolos anti-covid; el precio de los contenedores, un bien hoy escaso, se ha disparado; y las colas y las largas esperas son ya la norma para cualquier intercambio comercial entre un lado del mundo y otro. Y a Reino Unido todo esto le afecta por partida doble. Otro hito del Brexit.

Fuente: https://www.meneame.net/story/escasez-reino-unido-tan-bestia-supermercados-estan-retirando

 

viernes, 27 de agosto de 2021

Reyes del mar: cómo la pandemia convirtió a Maersk en la empresa de la que todo el mundo depende

 Desde el inicio de la pandemia, los precios del transporte marítimo se han multiplicado por cinco. Como consecuencia, decenas de productos se han encarecido en diversos puntos del planeta. Mientras las economías familiares se resienten, los inversores de Maersk, líder del transporte marítimo durante la crisis del covid-19, llenan sus bolsillos. 


Puerto de Barcelona. No CC. Álvaro Minguito

  “A veces me pregunto cómo lo hace la gente para sobrevivir”, dice Awa, estudiante de un máster de contabilidad en Dakar, la capital de Senegal. “Este debe de ser uno de los lugares más caros del mundo”, protesta. Y empieza a hacer cuentas. Ella y su hermano tienen un presupuesto mensual que no llega a los 200 euros, y los precios de la comida se han disparado. La carne, el arroz, el pescado, los huevos o el azúcar son algunos de los productos cuyo precio repasa, con índices de aumento que van desde el 5% hasta el 50%. Todo ello sin contar el alquiler, que en algunas zonas de Dakar supera el salario mínimo de 114 euros. Para redondearlo, el agua y la luz se comen 40 euros mensuales. Awa, que supera la treintena, dejó atrás a su familia en Kédougou, una región al sureste del país. Allí las cosas van peor: “Eso es el infierno en la tierra: ya no pueden comer pescado”, dice.

La preocupación de Awa es común en otros lugares con bolsillos y poderes adquisitivos muy distintos. Los precios de decenas de productos están subiendo como consecuencia de los problemas en la cadena de suministro. La escasez de semiconductores ha frenado la producción de coches en Europa, brotes de coronavirus han parado durante días a varios puertos chinos, y la aceleración de la variante delta en Vietnam ha generado fricciones en Nike y Adidas. Si los trabajadores vietnamitas no pueden coser los nuevos modelos de zapatillas deportivas, las ventas no llegarán a producirse. Estantes vacíos, precios subiendo, cotizaciones bursátiles en alerta, niños sin regalos de Navidad, gente comiendo un plato de arroz todos los días. Dependiendo de la ubicación geográfica, la consecuencia es distinta pero la causa es la misma: desde el inicio de la pandemia, los precios del transporte marítimo se han multiplicado por cinco.

Poca gente ha ganado tanto como los inversores de Maersk, la líder del transporte marítimo, durante la pandemia. En agosto de 2020, el mundo seguía sin una vacuna para la covid-19 y la enfermedad azotaba a decenas de países. Si usted hubiera tenido un millón de euros ociosos y los hubiera invertido en Maersk, hoy tendría unos 2 millones de euros. En marzo de 2020, cada día, cientos de personas morían de covid 19 en España, y millones estaban encerrados en sus casas. Eran días extraños, donde la única oportunidad de salir del hogar era ir a hacer la compra. Muchos hombres andaban perdidos por los supermercados, con dificultades para encontrar en qué pasillo estaba el papel de váter. Era su primera vez. Si usted hubiera invertido un millón de euros en Maersk, sus acciones hoy valdrían casi 3,5 millones de euros. Todo ello sin contar con los dividendos para los accionistas

Maersk es una empresa danesa que controla más del 15% del mercado del transporte marítimo. El 90% del transporte de mercancías mundial se hace por mar. La industria exige inversiones millonarias en la construcción de barcos cada vez más grandes, para transportar más mercancías en menos tiempo a un coste menor que la competencia. En algunas ocasiones, las inversiones no son rentables de inmediato: cuando las grandes empresas de transporte deciden hacer estas inversiones simultáneamente, hay más barcos que encargos y los precios de las rutas caen. Son años de travesía, donde las empresas aguantan pérdidas millonarias y venden activos, hasta que algunas quiebran o se fusionan con la competencia. Casi nadie osa intentar desbancar a las que están en el top 5. Solo intentar competir requiere demasiado dinero, y la inversión no garantiza nada.

Cuando Pfizer anunció que tenía una vacuna, en noviembre de 2020, el gran parón económico dio a luz a un nuevo escenario: había que proveer a los consumidores de cara a la recuperación económica. Cuando la gente volviera a la normalidad, sería necesario que todas las tiendas estuvieran llenas de productos. Sin embargo, las cadenas de producción ya habían sufrido el primer shock pandémico: les habían cancelado millones de encargos en marzo. Con la vacuna sufrirían el segundo: ahora, todos a la vez, les pedían millones de productos para recuperar el tiempo perdido. Y el límite fue físico: no había suficientes barcos para transportar tantas bicicletas, semiconductores, petróleo, piezas para coches, ordenadores, zapatillas u osos de peluche. He ahí la oportunidad de Maersk y las grandes empresas del sector: dada la necesidad de las grandes empresas, el precio a pagar por tener un contenedor dentro del barco oportuno se disparó. En agosto de 2020, la ruta desde China hasta la costa oriental de Estados Unidos tenía un coste de unos 4.000 dólares por contenedor. Un año después, el precio por la misma ruta superaba los 20.000 dólares.

Es el mercado, amigo

Hace pocas semanas, Maersk anunció sus resultados trimestrales a sus inversores. Sus ingresos aumentaron un 60% durante el segundo trimestre, y sus beneficios se multiplicaron por tres: “Las perspectivas para el tercer trimestre son sólidas, y esperamos que la situación actual continúe así en el cuarto”, dijo el CEO de la empresa, Soren Skou. En total, Maersk ha tenido un beneficio de 6500 millones de dólares en lo que llevamos de 2021. Skou también comentó la nueva dirección de las inversiones de la compañía: ante la necesidad de transportar mercancías por tierra, mar y aire, Maersk expandiría su influencia. De momento ya han comprado a dos empresas especializadas en comercio electrónico, valoradas en unos 1.000 millones de euros: “No tardaremos en tener un negocio de logística con unos ingresos (anuales) de 10.000 millones de dólares con estas dos adquisiciones”, declaró Skou. En el futuro, Maersk espera adquirir pequeñas y medianas empresas para transportar, almacenar y distribuir productos por toda Europa y América Latina. Son momentos de grandes cifras en todo el sector: el grupo alemán Hapag-Lloyd ganó más en los últimos seis meses que en los diez años anteriores.

El encarecimiento de las rutas ha generado un cambio geográfico. Si las empresas ganaban más con la ruta China-Estados Unidos o la ruta China-Europa, no había incentivos económicos para destinar sus barcos a la ruta China-África oriental o China-África occidental. Mediterranean Shipping Co (MSC), la segunda compañía con más cuota de mercado, ha retirado muchos de sus barcos para hacer esta transición: de abastecer a los mercados africanos a los americanos. El resultado es que la capacidad destinada a África es hoy un 6,5% menor que hace un año. Eso son toneladas y toneladas de productos que no llegan. O que, si llegan, lo hacen a un precio mayor.

En los países africanos sin salida al mar, la situación es más grave: al retraso en la entrega y al sobrecoste hay que añadirle el transporte por carretera. “Los precios de la comida se han doblado desde 2019”, apunta una trabajadora del sector energético en Zambia. El mal estado de la kwacha, la moneda local, respecto al dólar ha disparado el precio de las importaciones, como la maquinaria necesaria para que las instalaciones sigan funcionando. Esta espiral hace que los precios acaben llegando al consumidor. En una pequeña empresa energética que opera en el país, el aumento de precios del transporte marítimo solo deja tres opciones: subir las tarifas –algo que el regulador zambiano no quiere aceptar-, recortar en personal o disminuir la rentabilidad del proyecto –entrando en problemas con sus financiadores. Cualquier subida se encontraría con un contexto delicado. En Zambia, el salario medio solo da para cubrir un tercio de las necesidades básicas, y el 58% del país vive con menos de dos dólares diarios.

La tormenta perfecta

En 2006, Maersk anunció una noticia que cambiaría para siempre el transporte marítimo. Tal y como recuerda el economista Marc Levinson en su libro Outside the Box, el lanzamiento del Emma Mersk, un barco de 145 millones de dólares, prometía revolucionar el sector. Podía transportar más carga que nadie y ser ecológicamente más sostenible.

Solo había un problema. Muchos de los puertos no estaban adaptados al tamaño del barco. Aunque la crisis de 2008 fue un bache para el comercio global, el resto de competidores imitaron a Maersk para no quedarse atrás. Y los puertos —los países— no tuvieron más remedio que adaptarse si querían mantener los puestos de trabajo relacionados con la carga, la descarga y el transporte de mercancías. Sudáfrica gastó 500 millones de dólares en Durban para hacer muelles más profundos. Egipto gastó 8.000 millones de dólares para adaptar el Canal de Suez a los barcos gigantes, una cifra insuficiente al parecer, tal y como demostró el bloqueo del Ever Given el marzo pasado. En Hamburgo, el gobierno ganó una larguísima batalla contra los ecologistas y gastó 700 millones de dólares en aumentar la capacidad del puerto. Gotemburgo gastó 400 millones; Génova, 1.000; Miami, 205.

Los gobiernos vendían bonos a treinta años y se endeudaban para atraer a los barcos, y la libre circulación de los transportistas les hacía más vulnerables: para pagar la deuda, necesitaban las tasas e impuestos que pagaban los cargueros. Los cargueros, a su vez, no tenían ninguna obligación respecto a los puertos y podían ir donde quisieran. Está jugada, según Levinson, terminó “eliminando los beneficios prometidos de las costosas inversiones del sector público. Esto perjudicó a las finanzas de los gobiernos regionales y locales y dio a las compañías navieras un poder aún mayor para exigir mejores instalaciones portuarias, menores costes, o ambas cosas”. La sobreoferta de barcos hizo caer a muchos competidores, hasta el punto que el sector se convirtió en un oligopolio: hoy, las cinco grandes empresas de transporte marítimo controlan el 65% del mercado. Las dos primeras, Maersk y Mediterranean Shipping Company, el 32%.

El efecto contagio

El auge de los precios del transporte marítimo funciona como un virus. El portador del aumento de precios, al inicio, es solamente un barco. Más tarde, el barco contagia a todas las mercancías que lleva a bordo. El resultado final es que el aumento de esas mercancías y esas materias primas llega hasta las empresas que las necesitan, cuyos márgenes de beneficio se reducen por el aumento general de los costes. La gasolina, la sangre del sistema económico, es más cara si transportarla es más caro, si hay bloqueos en las cadenas de suministro o si tarda más días en llegar a su destino. Durante los últimos meses, todo esto ha ocurrido a la vez. Por eso, todos los sectores que necesiten gasolina deberán pagar más dinero. Y aquello que transporten, en consecuencia, deberá venderse más caro. Las empresas que no puedan soportar el aumento de costes deberán cerrar, reforzando el oligopolio de aquellas que sobrevivan. Solo quien pueda pagar sobrevivirá, y la concentración que vemos en el mercado del transporte marítimo se trasladará a otros sectores.

Para recuperar la estabilidad anterior al alza de los precios, está prevista la construcción de más barcos. De esta manera, habría más capacidad de trasladar mercancías a un precio menor. De hecho, se estima que las nuevas embarcaciones podrían representar alrededor del 20% de la capacidad actual, pero no estarían disponibles en menos de dos años. Con la demanda disparada, no habrá más oferta disponible hasta el 2023.

Los costes climáticos

Mientras los gobiernos recomiendan a los ciudadanos que tomen medidas para combatir el cambio climático, el transporte marítimo representa el 3% de todas las emisiones que lo provocan. No hay previstos grandes cambios. Sin transporte marítimo la globalización tal y como la conocemos dejaría de existir. Ya en 2009, The Guardian advertía sobre los efectos nocivos de las embarcaciones gigantes de mercancías: un solo barco provoca los mismos químicos relacionados con el cáncer que 50 millones de coches. “15 barcos, lo mismo que los 760 millones de coches que hay en el planeta”, apuntaba el periódico británico.

Un estudio danés calculaba que la contaminación relacionada con el transporte marítimo le generaba un sobrecoste de más de 5.000 millones de dólares al sistema sanitario danés: 1.000 daneses morían de forma prematura por culpa de la polución. Maersk es la empresa más grande de Dinamarca, con 83.000 empleados repartidos por todo el mundo. Recientemente, el gobierno danés se ha movilizado para velar por la seguridad de Maersk en las costas del Golfo de Guinea, donde muchos viajeros temen las acciones de los piratas nigerianos. Aunque Dinamarca sea uno de los países más decididos en la lucha contra el cambio climático, su empresa más exitosa depende considerablemente de remar en la dirección contraria.

El alza de precios ha creado escasez en múltiples sectores de la economía, hasta el punto que la escasez ha llegado a los propios contenedores. No hay suficientes contenedores para almacenar tantas mercancías. Un contenedor de 40 pies (29 toneladas) ha pasado de valer unos 2.400 dólares a rozar los 6.000, según The Wall Street Journal. Esto, a su vez, genera un nuevo interés por el material con el que se hacen los contenedores y los barcos: el acero. China es líder en la producción del acero, hasta el punto que su cotización en el mercado mundial se hace en yuanes, la moneda china. Ningún contenedor se podría hacer sin la materia prima con la que se fabrica el acero: el hierro

Todos los cálculos de eficiencia económica serían estériles si no hubiera hierro con el que hacer los contenedores, gracias a los cuales todo el engranaje del transporte marítimo funciona. Sin hierro, sin contenedores, sin barcos, todos los millones de Maersk servirían para poco. Nike no podría deslocalizar su producción y que le saliera a cuenta. La globalización sería una entelequia lejana. Sin hierro, nada. Con hierro, todo. En Kédougou, Senegal, la región donde vive la familia de Awa, hubo una mina de hierro operativa durante veinte años. En el lugar no quedó ninguna riqueza, y hoy sus habitantes no pueden comer pescado: en un engranaje capaz de recorrer el mundo en días, sus platos siguen estando demasiado lejos. 


viernes, 30 de julio de 2021

“Nuestra salud es demasiado importante como para dejarla en manos de especuladores”

Jeremy Corbyn. JORDAN CURTIS HUGHES / Dominio público

 El pasado mes de junio, la Internacional Progresista organizó una cumbre de emergencia para reclamar el reparto equitativo de vacunas contra la covid-19 en el mundo. Varsha Gandikota-Nellutla y Ana Caistor Arendar, miembros de la organización, manifestaron entonces su alarma ante la situación de profunda desigualdad que presenta la distribución –o falta de ella– de las vacunas: ‘‘Hasta la fecha, los países del G7 han comprado más de un tercio del suministro mundial, a pesar de que sólo representan el 13% de la población humana. Por su parte, África, con sus 1.340 millones de habitantes, ha vacunado a un escaso 1,8% de su población’’. La cumbre contó con la participación de líderes de países del sur global, y también del norte. Entre ellos, estaba Jeremy Corbyn (1949, Chippenham, Reino Unido). El que fuera jefe del Partido Laborista británico hasta 2019 contesta por correo las preguntas de CTXT acerca del reparto obscenamente desigual de las vacunas, y sobre un sistema sanitario global destrozado por las privatizaciones.

Usted es un aliado de los países del sur global que están sufriendo las consecuencias más duras de este apartheid vacunal. ¿Cuáles son los resultados de que el Reino Unido esté acumulando dosis de las vacunas?

Deberíamos empezar por preguntarnos qué recursos son necesarios para vacunar a todo el mundo lo más rápido posible, no qué recursos no les importa compartir a los países más ricos. El mecanismo COVAX para donar vacunas ya dejó una serie de promesas rotas en su nacimiento, lo cual no es sorprendente dada su impotencia a la hora de lidiar con las prohibiciones de exportación y la acumulación de vacunas. La solidaridad, no la caridad –en forma de un plan de acción de la OMS por la igualdad vacunal–, es lo único que puede solucionar esta crisis.

La acumulación de vacunas hará que todos estemos más desprotegidos, pero también es lamentable que los países más ricos puedan usar un sistema de comercio amañado para denegar el acceso a la vacunación a la gran mayoría de la población mundial. Necesitamos construir un movimiento en todas partes para poner la salud pública por delante de las demandas del complejo farmacéutico-industrial (Big Pharma). Solo una presión sostenida y amplia sobre los gobiernos del norte global empujará a los países más ricos hacia una política de levantamiento de las protecciones de propiedad intelectual de las vacunas, como ha ocurrido en Estados Unidos.

Su lucha por un sistema sanitario que funcione para la mayoría es conocida. ¿Cómo cree que el profundo fracaso en la distribución de las vacunas revela la disfunción e inhumanidad del hegemónico sistema sanitario privatizado?

Socialistas y progresistas del Reino Unido prometen cultivar la solidaridad más allá de nuestras fronteras, presionar a nuestro Gobierno para que cambie de dirección y desafiar un sistema de comercio manipulado que de forma rutinaria impide que medicinas vitales lleguen hasta quienes más las necesitan. El Reino Unido es una gran base de pericia científica con un sistema de salud de enorme calidad. Hubiéramos estado en una posición privilegiada para manejar un desastre de esta magnitud. Pero desafortunadamente los conservadores, el partido que gobierna, llevan una década haciendo aumentar las desigualdades, incluida la desigualdad en el ámbito de la salud, a través de una economía de bajos salarios y pocos derechos. Han recortado en sanidad y otros servicios públicos. El resultado de esas políticas es que el Estado depende de gigantes mercantilistas para llevar a cabo funciones básicas. Este régimen de desigualdad, recortes y privatizaciones –así como la decisión de, en lo peor de la crisis, obedecer a las demandas de los mercados, no de los científicos– nos dejó con una de las crisis de coronavirus más severas del mundo. No podemos permitir que un desastre como este se repita nunca más. Yo seguiré luchando para que el Reino Unido deje de apoyar este sistema de comercio amañado, porque haga su parte para asegurarse de que el mundo sea vacunado lo más rápidamente posible y para poner fin a los recortes y la privatización de nuestro propio sistema sanitario y de la investigación médica. Nuestra salud es demasiado importante como para dejarla en manos de especuladores.

Muchos en la izquierda, incluidos reconocidos economistas como el profesor Richard Wolff, se sienten profundamente esperanzados al verle poner el foco en la democratización del lugar de trabajo. ¿Cómo impactaría en la manera en la que cuidamos de nuestra salud un mundo de cooperativas, de organización democrática? ¿Cómo funcionarían la producción y distribución de vacunas en esta realidad alternativa?

Hay un potencial inédito en países del sur global, incluida India, que podría ayudar a terminar con esta crisis, pero permanece inutilizado debido a la intransigencia de corporaciones y una mayoría de las economías más ricas del mundo. Debemos reaccionar ante la crisis desarrollando un plan global para garantizar acceso abierto a las vacunas y los tratamientos para la covid-19, para construir y expandir instalaciones de producción alrededor del mundo, y para llevar a cabo un marco de distribución equitativa. Quiero ver un plan realmente global que reconozca el papel de cada nación y su gente en vacunar al mundo, que pueda proveer un modelo para terminar con otras enfermedades y causas de muerte prevenibles. Y no podemos olvidar el rol de los trabajadores –en la sanidad y en cualquier ámbito, de la ciencia a la fabricación y la agricultura– para mantener a las sociedades funcionando durante esta crisis, a menudo exponiéndose a sí mismos a grandes riesgos en un contexto de fracaso sistémico. Los trabajadores saben mejor que nadie cómo llevar los servicios que proveen, y en ningún ámbito es esto más cierto que en el sanitario.  

¿Qué puede hacer cualquier persona progresista en pueblos y ciudades alrededor del mundo para luchar contra el lamentable apartheid vacunal que estamos experimentando?

Nadie estará a salvo hasta que todo el mundo esté a salvo. La crisis del coronavirus ha demostrado lo conectados que estamos, y cómo la manera en la que se trata a quienes son más vulnerables nos afecta a todos. Cuanto más tiempo permanezcan sin vacunar personas de cualquier lugar, más posibilidades hay de que variantes resistentes a las vacunas arruinen todo nuestro progreso. Este es un planteamiento que debemos seguir repitiendo constantemente en el norte global, dirigiéndolo hacia nuestros propios gobiernos. Pero alrededor del mundo podemos armarnos con argumentos y hacer que nuestras demandas sean escuchadas. Estamos obligados a hacerlo si queremos salir de esta crisis. Las impactantes desigualdades sanitarias que moldean vidas y esperanzas de vida en el mundo son prevenibles, evitables y no podemos permitir que continúen. Si podemos ganar el debate sobre el internacionalismo de las vacunas y demostrar qué ocurre cuando reconocemos y tratamos las injusticias inherentes al sistema actual, estaremos en una posición mucho mejor para tratar la crisis climática y cualquier otra amenaza que se vea empeorada por la extrema desigualdad dentro de y entre países.

Fuente: https://ctxt.es/es/20210701/Politica/36743/#.YP8A5-Q7gKA.twitter

martes, 25 de mayo de 2021

La crisis de vacunas COVID-19 denota “una desigualdad espantosa que perpetúa la pandemia”, alerta el jefe de la OMS

© UNICEF/Ismail Taxta
Una trabajadora de salud prepara la vacuna COVID-19 para administrársela a una colega en el hospital de Mogadishu, Somalia, en que trabajan.

 A 17 meses del inicio de la mayor crisis de salud en generaciones, la situación mundial sigue siendo peligrosa. Pese al avance de los conocimientos sobre el coronavirus, a la creación de varias vacunas, a los esfuerzos de los gobiernos y comunidades y a la ardua labor de los trabajadores sanitarios, en lo que va de este año se ha registrado más casos y muertes por COVID-19 que en todo 2020, subrayó este lunes el director general de la Organización Mundial de la Salud.

En su discurso de apertura de la Asamblea Mundial de la Salud, que se celebra de manera virtual, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la tendencia actual indica que en las próximas tres semanas se superará el total de decesos del año pasado.

Tedros definió la actual coyuntura global como “trágica” y señaló que si bien se ha observado una baja del número de infectados y fallecidos por tres semanas consecutivas, “la situación mundial sigue siendo frágil”.

Ningún país debe dar por hecho que ha superado la crisis independientemente de su tasa de vacunación”, alertó, argumentado que aunque por ahora no ha surgido variantes del virus resistentes a las vacunas, tratamientos o diagnósticos, no hay la certeza de que esto será así siempre.

“Este virus cambia constantemente y los cambios por venir podrían hacer ineficientes nuestras herramientas para combatirlo y colocarnos de nuevo en el punto inicial”, recalcó.

En este contexto, enfatizó la importancia de acelerar la vacunación de toda la población para restar las oportunidades de evolución del coronavirus y lamentó la inequidad del acceso a las vacunas que condena a la gente que vive en los países pobres o de renta media baja.

© UNICEF/Sujay Reddy
Una enfermera en Nueva Delhi muestra una ampolleta de la vacuna COVID-19
Inequidad rampante

Señaló que un pequeño grupo de países que fabrican y compran la mayoría de las vacunas del mundo controlan el destino del resto de la humanidad, agregando que las naciones que están inmunizando en este momento a los grupos de bajo riesgo, lo hacen a expensas de los trabajadores de salud y los colectivos de alto riesgo en otros países.

“La crisis de vacunas COVID-19 denota una desigualdad escandalosa que está perpetuando la pandemia”, aseveró, instando a los Estados miembros a apoyar un “esfuerzo adicional de aquí a septiembre” para vacunar al menos al 10% de la población de todos los países en ese plazo, y a acelerar el paso para lograr el objetivo de vacunar al menos al 30% de la gente antes de fin de año.

“La pandemia no terminará a menos que la transmisión esté controlada en todos los países”, insistió el titular de la Organización Mundial de la Salud.

Tedros se refirió a la propuesta del Fondo Monetario Internacional, aún más ambiciosa, de inmunizar al 40% de la población mundial para fines de 2021 y al 60% para mediados de 2022

Financiamiento y suministros insuficientes para COVAX

Al hablar del mecanismo COVAX, que busca el acceso equitativo a las vacunas, aseguró que la cantidad de dosis disponibles continúa siendo “muy inadecuada”.

Detalló que, hasta la fecha, la iniciativa COVAX ha enviado 70 millones de dosis a 124 países y economías, una cifra que alcanza a menos del 0,5% de la población combinada de esas naciones.

En este sentido, listó tres necesidades urgentes: financiar al COVAX, compartir las dosis de vacunas y ampliar la fabricación de las inmunizaciones.

Asimismo, el jefe de la OMS dijo que todos los países pueden hacer más en materia de vigilancia, pruebas, secuenciación e intercambio de información; empoderamiento de personas y comunidades; apoyo a empresas y lugares de trabajo; e implementación de estrategias nacionales de vacunación.

Añadió que no se puede construir un mundo más seguro de arriba hacia abajo, sino que se debe empezar de cero: “prepararse, prevenir, detectar y responder rápidamente a las epidemias no comienza en los corredores de poder, comienza en las calles de privaciones y hacinamiento donde la gente vive sin alimentos suficientes, sin acceso a personal sanitario, agua potable y electricidad”, explicó.

© UNICEF/Bhushan Koyande
Estos trabajadores sanitarios de la India participan en una campaña de información sobre las vacunas COVID-19 en Mumbai.
“Hacen cosas heroicas, pero no son superhéroes”

El director general dedicó parte de su discurso a los trabajadores sanitarios de todo el mundo, rindiéndoles un tributo especial por sus esfuerzos sostenidos para proteger a las personas del COVID-19.

Tedros laureó el compromiso y sacrificio de estos profesionales y condenó las agresiones inaceptables que han sufrido muchos de ellos.

“Los trabajadores de salud hacen cosas heroicas, pero no son superhéroes. Son humanos como todos nosotros. Sudan y maldicen, ríen y lloran, tienen miedo y esperanzas. Muchos se sienten frustrados e indefensos ya que carecen de equipo de protección personal y vacunas, así como de herramientas para salvar vidas”, puntualizó.

“Muchos se han infectado y, aunque la información es escasa, estimamos que al menos 115.000 trabajadores sanitarios y del cuidado han pagado el precio máximo al servicio de los demás”, deploró e hizo un llamado protegerlos con los insumos necesarios y el trato just

Tsunami de sufrimiento

El Secretario General de las Naciones Unidas, se sumó al homenaje a los trabajadores sanitarios de primera línea, calificándolos como “los héroes de esta pandemia”.

“Millones de profesionales de la salud continúan poniéndose en peligro todos los días. Les debemos nuestro más profundo agradecimiento. Esto incluye a nuestros colegas de la Organización Mundial de la Salud, que trabajan en todo el mundo para ayudar a los Estados Miembros a salvar vidas y proteger a los vulnerables”, acotó António Guterres en un mensaje de video.

El líder de la ONU citó los 3,4 millones de vidas que han sucumbido al COVID-19 como un “tsunami de sufrimiento” que, además ha provocado la pérdida de unos 500 millones de puestos de trabajo y ha costado billones de dólares a las arcas nacionales de los países.

Guterres habló una vez más con gran preocupación sobre el peligro de la respuesta global a la pandemia en “dos velocidades”, lo que significa la vacunación masiva y la apertura de las economías de los países ricos, y la persistencia, circulación y mutación del virus en las naciones más pobres.

Los más vulnerables son los que más sufren, y me temo que esto está lejos de terminar”, dijo y advirtió de más picos y oleadas que podrían cobrar cientos de miles de vidas y ralentizar la recuperación económica mundial.

© UNICEF/Biju Boro
Esta mujer recibe su vacuna COVID-19 en Guwahati, India.
No se puede derrotar en un país a la vez

“El COVID-19 no se puede vencer a un país a la vez”, agregó reforzando el mensaje del director general de la OMS.

Pugnó una vez más por una acción global coordinada que coloque al mundo en la senda de la recuperación y el desarrollo.

Guterres especificó que esa acción debe ser resuelta y solidaria para lograr detener el virus con un plan de acceso equitativo a las vacunas, pruebas y tratamientos de COVID-19, recalcando la importancia de financiar al COVAX.

Precisamos la urgencia de una economía de guerra

“Necesitamos la lógica y la urgencia de una economía de guerra para impulsar la capacidad de nuestras armas”, señaló, haciendo referencia a su solicitud al G20 para crear un grupo de trabajo que negocie con las farmacéuticas y otras partes clave con la intención de duplicar la capacidad de fabricación “explorando todas las opciones, desde las licencias voluntarias y las transferencias de tecnología hasta la puesta en común de patentes y la flexibilidad en los derechos de propiedad intelectual”.

Otro elemento de la acción global requerida es reforzar los sistemas de atención primaria y la cobertura universal de salud. Actualmente, al menos la mitad de la población mundial carece de acceso a los servicios sanitarios esenciales.

En este renglón, consideró que el COVID-19 no puede verse aislado de los problemas fundamentales de los sistemas de salud en los que imperan la desigualdad, la falta de financiamiento, la complacencia y la negligencia.

“Con los sistemas de atención primaria de salud adecuados, nos recuperaremos más rápidamente de esta pandemia y evitaremos la siguiente antes de que se afiance”, afirmó.

Compromiso político

El tercer punto de la acción es la preparación para la próxima emergencia sanitaria mundial.

“Los sistemas de salud primaria sólidos son un comienzo, pero no son suficientes. El mundo necesita un compromiso político al más alto nivel para transformar el sistema existente a través de un enfoque de todo el gobierno y la sociedad coordinado internacionalmente. La OMS debe estar en el centro de la preparación para una pandemia mundial. Necesita recursos sostenibles y predecibles, y debe estar plenamente capacitado para hacer el trabajo que se le exige”, señaló.

Guterres concluyó su mensaje conminando a los líderes mundiales “a tomar las decisiones audaces necesarias para poner fin a la pandemia y construir comunidades y sociedades seguras y saludables para el futuro”.

Fuente: https://news.un.org/es/story/2021/05/1492392

jueves, 22 de abril de 2021

Las grandes farmacéuticas han pagado 21.610 millones a sus accionistas, dinero suficiente para vacunar a toda África

La Alianza People’s Vaccine calcula que Pfizer, Janssen y AstraZeneca han repartido entre sus socios capitalistas dividendos por valor del equivalente al coste de vacunar a 1.300 millones de personas. Se están organizando protestas a las puertas de las reuniones de las juntas de accionistas por la privatización de las vacunas

El Director General del Servicio de Salud de Ghana, Dr. Patrick Kuma-Aboagye, recibe la vacuna contra la enfermedad por coronavirus (COVID-19) durante la campaña de vacunación en el Hospital Ridge en Accra, Ghana, 2 de marzo de 2021
El Director General del Servicio de Salud de Ghana, Dr. Patrick Kuma-Aboagye, recibe la vacuna contra la covid. Francis Kokoroko / Reuters

La Alianza People's Vaccine, una coalición de organizaciones que incluye a Oxfam, Salud por Derecho, Yunus Center, Frontline AIDS, ONUSIDA y Global Justice Now, entre otras, ha calculado que Pfizer, Janssen y AstraZeneca han pagado 21.610 millones de euros entre dividendos y recompras de acciones a sus accionistas en los últimos 12 meses. Una cifra que paga la vacunación de, al menos, 1.300 millones de personas, el equivalente a la población de África y cuyo coste de dosis por persona sería de 16,6 euros. 

Las vacunas de Moderna y Pfizer se están convirtiendo en los productos farmacéuticos más vendidos. Además, sus vacunas son las más caras, oscilan entre los 11.22 y 61.52 euros por vacunación completa. Por otro lado, ambas empresas tienen planteamiento de aumentar los precio.

Protestas en contra de la privatización

Las juntas de accionistas comienzan el 22 de abril. Las primeras farmacéuticas serán Pfizer y Johnson & Johnson, después, le seguirán Moderna y AstraZeneca. Las reuniones se celebrarán en Estados Unidos y Reino Unido y, a sus puertas, habrá protestas en contra de la privatización de las vacunas de la covid-19. Cada vez son más numerosas las voces que presionan a la industria farmacéutica para que otorgue licencias no exclusivas y abiertas sobre la propiedad intelectual y comparta la tecnología y el conocimiento con productores de vacunas cualificados de todo el mundo.

La economía mundial sufre un gran parón debido a la desigualdad y al lento reparto de las vacunas. Esta crisis ha hecho posible la creación de una nueva ola de multimillonarios. El fundador de BioNTech, Ugur Sahin, acumula una fortuna de 5,9 mil millones de dólares, mientras que el director ejecutivo de Moderna, Stephane Bancel, de 5,2 mil millones de dólares.

Según las informaciones publicadas, Bancel ha cobrado más de 142 millones de dólares en acciones de Moderna desde que comenzó la pandemia. Por otro lado, la Cámara de Comercio Internacional proyecta una pérdida del PIB de nueve billones de dólares, en el peor de los casos.

Países ricos vs países pobres

Una de cada cuatro personas se ha vacunado en los países ricos, mientras que solo una de cada 500 lo ha hecho en los países más pobres. Una situación que hace que el virus siga fuera de control y que el número de muertes siga en aumento. Según los epidemiólogos, tenemos m

enos de un año antes de que las mutaciones hagan que las vacunas actuales sean ineficaces. 

La semana pasada, 175 personalidades, exjefes de estado y ganadores Premio Nobel, incluidos Gordon Brown, Ellen Johnson Sirleaf, Françoise Hollande y Jose Luis Rodríguez Zapatero, escribieron al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en apoyo a la suspensión temporal de los derechos de propiedad intelectual de las vacunas covid-19 para permitir un aumento rápido de la producción en todo el mundo. Estos apoyos se suman a los del millón y medio de personas en Europa, EEUU y otros países que piden una vacuna para su población. 

Desde hace meses, numerosas organizaciones internacionales están apoyando la supresión de las patentes de las vacunas para solucionar la falta de vacunas, pero la iniciativa que haría esto posible en la Organización Mundial del Comercio (OMC) está bloqueada por los países ricos. 

Más de 100 países de ingresos bajos y medios, liderados por India y Sudáfrica, están pidiendo a la Organización Mundial del Comercio (OMC) una exención de los derechos de propiedad intelectual de las tecnologías para la covid-19 mientras dure la pandemia, una medida a la que se han opuesto hasta ahora Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones ricas

La negativa de las farmacéuticas

Las principales empresas farmacéuticas se oponen ferozmente a compartir de forma abierta la tecnología y a la suspensión temporal de la propiedad intelectual. El director ejecutivo de Pfizer respondió a la iniciativa de la OMS para poner en común la tecnología de las vacunas y permitir así que otros productores cualificados pudieran fabricar más dosis afirmando que era "una tontería" y que también "es peligroso". 

Maaza Seyoum, de la Alianza de Vacunas de los Pueblos en África, recuerda que los grandes negocios "no acabarán con esta pandemia". "Esto está más claro ahora que nunca. El presidente Biden tiene una oportunidad histórica para demostrar que antepondrá la salud y la prosperidad económica de toda la humanidad a las ganancias privadas de algunas corporaciones", defiende Seyoum.

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/sanidad/grandes-farmaceuticas-han-pagado-21610-millones-accionistas-dinero-suficiente-vacunar-africa.html?utm_source=facebook&utm_medium=social&utm_campaign=publico

lunes, 19 de abril de 2021

Estados Unidos debería enviar al mundo vacunas, no bombas

"En vez de vender armas de guerra, la prioridad número uno de Estados Unidos debería ser la salud pública mundial. Sería la forma más eficaz, de lejos, de mejorar la seguridad nacional del país".

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El presidente Joe Biden prometió administrar 100 millones de vacunas en sus primeros 100 días en el cargo y logró llegar a esa cifra en casi la mitad de ese tiempo. PIXABAY

La pandemia de COVID-19 exige una respuesta colectiva y global que pocas veces se requirió en la historia de la humanidad. Es probable que los 132 millones de casos confirmados de COVID-19 en todo el mundo y las 3 millones de muertes sean cifras subestimadas y que la cantidad real de casos y muertes sea mucho mayor. También han surgido variantes más contagiosas, lo que ha provocado un aumento alarmante de los casos. Los virus no respetan las fronteras y, en un planeta cada vez más interconectado, la necesidad de un enfoque cooperativo para enfrentar esta emergencia de salud pública es imperativa. Estados Unidos, la nación más rica del mundo, tiene la responsabilidad moral de facilitar la disponibilidad de vacunas y tratamientos contra la COVID-19 en todo el mundo. En cambio, el Gobierno de Biden eligió el camino de lo que se denomina “nacionalismo de las vacunas”, almacenando y acaparando dosis y bloqueando los intentos para suspender, aunque sea de forma temporal, los derechos de propiedad intelectual de las vacunas contra la COVID-19, que están en poder de compañías farmacéuticas con fines de lucro. Mientras tanto, todo sigue como de costumbre en la industria armamentista de Estados Unidos, que vende anualmente más de 160.000 millones de dólares en armas y municiones en todo el mundo.

El presidente Joe Biden prometió administrar 100 millones de vacunas en sus primeros 100 días en el cargo y logró llegar a esa cifra en casi la mitad de ese tiempo. Es probable que los requisitos de elegibilidad para recibir la vacuna para mayores de 16 años se eliminen a nivel nacional en unas semanas, y ya han comenzado los ensayos clínicos en menores, incluso en bebés de tan solo seis meses. Biden facilitó un acuerdo entre las compañías competidoras Merck y Johnson & Johnson para acelerar la producción de la vacuna de una sola dosis de Johnson & Johnson, y la farmacéutica Pfizer acaba de anunciar el desarrollo de un tratamiento de administración oral contra la COVID-19. Sin embargo, si se permite que el virus se propague de forma desenfrenada en otras partes del mundo y mute hacia variantes más letales, nadie estará a salvo.

La vacunación en el continente europeo viene demorada. Haití aún no ha recibido ni una sola dosis de la vacuna, y decenas de otros países, como Malí, Papúa Nueva Guinea y Armenia, solo han administrado unos pocos cientos de dosis hasta la fecha. Sudáfrica, donde se detectó por primera vez una de las nuevas variantes del coronavirus, que ha demostrado ser más mortal, solo ha vacunado a alrededor del 0,5% de su población de casi 60 millones de personas. Mientras tanto, India, uno de los principales productores de vacunas del mundo, detuvo de forma abrupta las exportaciones de vacunas para enfrentar su propio aumento récord de casos de COVID-19.

Parte de la culpa de toda esta situación recae en el expresidente Donald Trump, que efectivamente saboteó la respuesta inicial del mundo ante la pandemia. En primer lugar, comenzó el proceso para retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud; luego se negó a participar en el programa Covax, una iniciativa de cooperación mundial cuya finalidad es garantizar una distribución justa, rápida y equitativa de las pruebas de diagnóstico, los tratamientos y las vacunas de la COVID-19. Una vez investido en el cargo, el presidente Biden volvió a comprometerse de inmediato con la Organización Mundial de la Salud y prometió aportar cuatro mil millones de dólares para el mecanismo Covax.

Este es un buen comienzo, pero está muy lejos de ser suficiente. China y Rusia han elegido el camino de la denominada «diplomacia de las vacunas», entregando vacunas gratuitamente o con descuento a las naciones más necesitadas. Estados Unidos está muy atrás. Por el momento, solo donó varios millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca que estaban en peligro de expirar. Un paso importante que debería tomar el Gobierno de Biden sería el de retirar las objeciones a la suspensión temporal de los derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas contra la COVID-19, derechos amparados por la Organización Mundial del Comercio. Esta suspensión temporal de las patentes permitiría un rápido aumento de la producción de vacunas asequibles a nivel mundial, tal como ocurrió luego del acuerdo entre las farmacéuticas Merck y Johnson & Johnson, pero a gran escala y acorde a lo que exige el grave momento actual de la pandemia. Al pedido inicial de India y Sudáfrica ante la Organización Mundial del Comercio para la exención temporal de las patentes se han sumado otros 60 países. Como la decisión en la Organización Mundial del Comercio debe tomarse de forma unánime, cualquier país, como Estados Unidos, puede impedir la aprobación de la suspensión y seguir protegiendo así los intereses de quienes especulan con la pandemia.

Si bien Estados Unidos puede estar fallando en el despliegue del llamado “poder blando” de la diplomacia de las vacunas, continúa sobresaliendo en el despliegue del “poder duro”. El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, también conocido como Sipri por sus siglas en inglés, informó que las ventas mundiales de armas crecieron un 8,5% entre 2018 y 2019. En su informe, el Sipri detalla: “En 2019, las cinco principales empresas productoras de armamento tenían su sede en Estados Unidos: Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics”. Agrega el informe del Sipri: “Estas cinco empresas juntas registraron ventas de armas por 166 mil millones de dólares en un año. En total, doce empresas estadounidenses aparecen entre las 25 principales vendedoras de armamento de 2019, lo que representa el 61% de las ventas de armas combinadas de las 25 principales”. Inexplicablemente, el Pentágono anunció esta semana, justo pocos días después del Día Internacional de Información sobre el Peligro de las Minas, que Estados Unidos continuará con la política de Trump de expandir el uso de minas terrestres en todo el mundo.

La información pública brindada por la Agencia de Cooperación en Seguridad de Defensa del Pentágono confirma que las ventas de armas estadounidenses continúan a buen ritmo. Por ejemplo, Brasil le acaba de comprar a la empresa Raytheon torpedos por un valor de 70 millones de dólares. Esta compra ocurre cuando Brasil enfrenta un aumento devastador de muertes por COVID-19, los hospitales del país se están quedando sin suministros básicos y quienes se encargan de las sepulturas están trabajando hasta altas horas de la noche para hacer espacio ante el creciente número de cadáveres. ¡Imaginen si esos 70 millones de dólares se usaran para luchar contra la pandemia en lugar de para luchar contra otros países!

En vez de vender armas de guerra, la prioridad número uno de Estados Unidos debería ser la salud pública mundial. Sería la forma más eficaz, de lejos, de mejorar la seguridad nacional del país.

Fuente: https://www.lamarea.com/2021/04/16/estados-unidos-deberia-enviar-al-mundo-vacunas-no-bombas/