Mostrando entradas con la etiqueta Zygmunt Bauman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zygmunt Bauman. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de enero de 2017

"Hemos reemplazado la solidaridad por la sospecha"

M. Oliva Soto
 3 de Agosto de 2016 
 
Profesor Bauman, parece que se están levantando nuevos muros en Europa, otra vez. Las razones que emplean los políticos para defender las decisiones de construir estos muros, ya sean reales o burocráticos, están relacionadas con problemas de inmigración y seguridad, ¿cómo analiza lo que está pasando? ¿Cuáles son los riesgos de esta carrera por proteger nuestro continente?
Deberíamos estudiar, memorizar y hacer todo lo posible por sacar conclusiones prácticas del análisis que el Papa Francisco (en su discurso de agradecimiento al recibir el premio europeo Carlomagno) realizó sobre los peligros mortales que acarrean “los nuevos muros que se alzan en Europa”; muros levantados, paradójica y equivocadamente, con la intención o esperanza de crear parcelas seguras para sus habitantes en este caótico mundo lleno de riesgos, trampas y amenazas. Al señalar que “la creatividad, el ingenio, la capacidad de levantarse y salir de los propios límites pertenecen al alma de Europa”, y recordar que en el último siglo Europa fue testigo de “que un nuevo comienzo era posible” (de paso poniendo los “cimientos de un baluarte de la paz, de un edificio construido por Estados que no se unieron por imposición, sino por la libre elección del bien común, renunciando para siempre a enfrentarse”, de manera que “Europa, después de muchas divisiones, se encontró finalmente a sí misma y comenzó a construir su casa”), el papa Francisco reconoce, con una profunda pena y preocupación, que si “los padres fundadores del proyecto europeo”, “mensajeros de la paz y profetas del futuro”, nos inspiraron para “construir puentes y derribar muros”, la familia de naciones que soñaron crear parece últimamente:

«[…]sentir menos suyos los muros de la casa común, tal vez levantados apartándose del clarividente proyecto diseñado por los padres. Aquella atmósfera de novedad, aquel ardiente deseo de construir la unidad, parecen estar cada vez más apagados; nosotros, los hijos de aquel sueño estamos tentados de caer en nuestros egoísmos, mirando lo que nos es útil y pensando en construir recintos particulares.» 

Parece que las personas tienen cada día más miedo a los continuos ataques que tienen lugar en nuestras ciudades. Independientemente de las razones que llevan a sus autores a realizarlos, que pueden ser diversas, la percepción es que cada vez estamos menos seguros, ¿qué puede hacer la política para mitigar este miedo y no verse abocada a una caza de brujas? 
Las raíces de la inseguridad que usted señala son muy profundas, están arraigadas en nuestro modo de vida, caracterizado por el debilitamiento de los vínculos interhumanos, por el abatimiento y desmoronamiento de las comunidades, y por la tendencia a reformular nuestros problemas sociales comunes en términos de preocupaciones individuales, que transfieren la labor de combatirlos a los que sufren para que se les arreglen como puedan. Nuestra incertidumbre y el sentimiento de inseguridad resultante son existenciales: nacen y renacen a diario como consecuencia de reemplazar la solidaridad humana con la sospecha mutua y la competencia feroz. El miedo que engendran es difuso y permea todas nuestras actividades diarias, sin fundamento y busca en vano un objetivo en que fijarse, un objetivo visible, palpable y que esté a nuestro alcance, para que podamos intentar controlarlo. Pero en nuestro mundo globalizado, sin duda de forma selectiva, formado por unos poderes independientes del control político y políticas incapaces de controlarlos, la brecha que separa la grandiosidad de los quehaceres y la mediocridad de las herramientas utilizadas para controlarlos y usarlos se está haciendo cada vez más grande. El “hábitat natural” de la inseguridad existencial, el espacio sujeto a los caprichos de los poderes económicos sin regulación, sin correa y sin control político, continúa por tanto ensanchándose también, y de igual manera aumenta el ansia de reducir la insoportable complejidad de cualquier objeción a medidas simples, instantáneas o atajos, y de apoyar a líderes impetuosos que apliquen estas medidas tan irresponsables y engañosas como escandalosas y rimbombantes son sus promesas, a cambio de la obediencia incondicional de sus seguidores…

La respuesta de la UE al problema de la inmigración parece estar dividida. Lo mismo sucede con temas como la seguridad (Viktor Orban pidió a la UE que copiara el modelo de Trump a este respecto), ¿están a punto de destruir estas fuerzas el sueño que vio nacer a la UE?
En general, hoy en día estamos siendo testigos en toda Europa de una tendencia a reclasificar asuntos socio-políticos urgentes como si fueran problemas de los cuerpos de seguridad y de la policía. Esto no deja en muy buen lugar al espíritu que inspiró la creación y la expansión de la Unión Europea. En fin de cuentas, una de las características primordiales de ese espíritu, quizá la más importante, fue una visión de Europa que hiciera de las necesidades militares o policiales un elemento gradual y progresivamente innecesario. 

Si observamos a Trump y a la UE, el miedo parece que se apodera del discurso político, ¿es este el destino de nuestra sociedad, estar dominados por el miedo?
Sin duda se trata de una posibilidad bastante preocupante y perturbadora, aunque no sea necesariamente un destino predeterminado o ineludible. Las promesas de los demagogos están ganando lugar, aunque por suerte son efímeras. Una vez que hayamos construido los muros, que hayamos enviado más soldados a los aeropuertos y espacios públicos, o que hayamos denegado el asilo a más refugiados, se hará evidente, por suerte, la poca relación que todo esto tiene con las verdaderas causas de nuestra incertidumbre y con los miedos y ansiedades que generan. Las fuerzas del mercado desregulado continuarán perturbando por completo todas y cada una de nuestras certidumbres existenciales. Los demonios que nos acechan, como perder nuestro lugar en la sociedad, la fragilidad percibida de nuestros logros vitales o la amenaza del retroceso y la exclusión social, no van a evaporarse y desaparecer. Puede que recuperemos la razón y adquiramos inmunidad frente a los cantos de sirena de estos charlatanes incendiarios que solo buscan ganancias políticas a base de llevarnos por el mal camino, pero la cuestión de fondo es otra: ¿cuánta gente tendrá que convertirse en una víctima y perder la vida antes de que esto suceda?

Se apunta cada vez más a la religión, sobre todo al islam, como un factor que entorpece la integración. En Alemania, movimientos como Pegida describen abiertamente al islam como una máscara que utilizan los degolladores, ¿qué cree que deberían hacer las sociedades y los políticos para demostrar la falsedad de esta ecuación? 
Para empezar, evitemos el craso error de extrapolar tendencias duraderas, no hablemos ya de futuros inevitables, de modas o manías actuales. Como sugiere el perspicaz y único en su especie sociólogo alemán Ulrich Beck, nuestra confusión actual nace de la discrepancia que existe entre encontrarnos formando parte ya de una “situación cosmopolita”, condenados a cohabitar permanentemente con culturas, modos de vida y religiones diferentes, y el atraso significativo en la tarea urgente de desarrollar y apropiarse de la “educación cosmopolita”. Hacer frente a esta discrepancia, es decir, cerrar la brecha que existe entre las realidades en que vivimos y nuestra capacidad para entender su lógica y sus necesidades, no es una tarea que se pueda completar de la noche a la mañana.

En resumen, para que podamos comprender el lío en el que estamos metidos, déjeme que cite de nuevo las ideas irreprochables del Papa Francisco, sacadas del discurso anteriormente mencionado:
“Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. […] Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía”.

Y luego se preguntaba:

“¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?”.

Estas preguntas van dirigidas a todos nosotros, a nosotros, humanos que no podemos sino estar en todos los espacios y tiempos, que estamos hechos de historia y la hacemos, ya sea voluntaria o involuntariamente. De nosotros depende que encontremos y demos respuestas, tanto con hechos como con palabras.
Creo sinceramente que el principal obstáculo que impide que encontremos las respuestas es nuestra postergación deliberada en averiguarlas.



martes, 4 de febrero de 2014

Zygmunt Bauman declara que la democracia es la primera víctima de la desigualdad

"Mientras el proletariado esté distraído en su propia desesperación con acontecimientos ficticios creados por los medios de comunicación, los superricos no tienen nada que temer"

 

El pensador polaco Zygmunt Bauman se ha convertido en una de las voces más criticas contra "el capitalismo salvaje" y la situación de "desigualdad" que ha generado, y la primera víctima de esta situación, en opinión de este profesor y sociólogo, "es la democracia". Así lo refleja Zygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925) en su último libro, "¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?" (Paidós), que presenta en Madrid.

Bauman, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (ex aequo con Alain Toraine, en 2010), a sus 89 años sigue viajando por todo el mundo con "placer" y paciencia infinita para explicar la situación de desigualdad que vivimos en esta "sociedad de modernidad liquida", concepto clave con el que define la inestabilidad de la sociedad actual, "consumista y en continuo cambio".

"El Estado democrático durante años se ajustó a su promesa y a su responsabilidad de proteger y dar bienestar a cualquier colectivo en contra de la desgracia individual. La gente tenía sentido de pertenencia y solidaridad -argumenta el autor-. Hoy todo eso ha cambiado y, cuando llegan los problemas comunales y compartidos, el Estado dice: 'Es asunto vuestro; resolvedlo vosotros'".

"De ahí que la confianza que se tenía en las instituciones esté decayendo. La gente sabe que del Estado no va a obtener nada y sabe que las instituciones democráticas y políticas no llevan a cabo sus promesas", subraya.

Bauman, que vive desde los setenta en Leeds (Reino Unido), recuerda que en 1900 y hasta 1970 hubo una tendencia en el mundo que marcaba que la desigualdad estaba menguando. "Pero, a partir de 1970, la situación cambió, y la tendencia fue al revés. Hoy las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma riqueza que los cuatro billones de los 'inhabitantes' más pobres de la tierra, y este es el magma de la situación", añade.

"Hoy la sociedad está cambiando, y los multimillonarios son un grupo cada vez más pequeño que se beneficia del desarrollo de las rentas ascendente, de la renta nacional. Sin embargo, la clase media está mas cerca de los proletarios y de la gente que vive en la miseria: es lo que yo llamo el 'precariado'".

Y para acompañar esta opinión, Bauman, autor de títulos como "Vigilacia líquida", "Sobre la educación en un mundo líquido" o "Vidas desperdiciadas", cita al papa Francisco en su exaltación apostólica llamada "Evangelium Gaudium": "Las ganancias de una minoría están creciendo exponencialmente, al igual que el hueco que separa la mayoría de la prosperidad que unos pocos de seres felices disfrutan".

"Los muy ricos, los billonarios, se han puesto una barricada alrededor y han subido los puentes levadizos", añade Bauman.

Una situación tan desigual que, según el pensador, la sociedad acepta de forma pasiva por varios motivos: el primero, porque en las últimas docenas de años, "cuando hay que enfrentarse a un problema, solo se hace a través de lo que se llama crecimiento económico. Este crecimiento nos dicen que es la solución, piensan que es ilimitado, pero nosotros sabemos que no es así y que los problemas crecen".

Otro factor que contribuye a esta parálisis en la gente es el consumo: "Nos han hecho esclavos del consumo, las tiendas, las grandes superficies. La búsqueda de la felicidad equivale a ir de compras", sostiene.
Por último y como consecuencia de la aceptación de todo lo anterior, la nueva organización de la vida es "más individual y desregularizada, y eso hacer crecer la insolidaridad".

Y añade Bauman, parafraseando a Richard Rorty: "Mientras el proletariado esté distraído en su propia desesperación con acontecimientos ficticios creados por los medios de comunicación, los superricos no tienen nada que temer".

Con aspecto de sabio, con pelo blanco cubriéndole como un aura la cabeza, con su pipa en la mano, este pensador, hijo de judíos polacos que tuvieron que huir del país tras la invasión de Alemania, reitera que hoy no hay racionalidad ni solidaridad, solo competitividad sin piedad".

"Si se tiene riqueza, educación y privilegios, también se tiene un deber moral por los demás", advierte este profesor, quien dice que no es profeta y que nada hay definitivo en este mundo. "Un mundo que tiene un cementerio lleno de esperanzas y desgracias", ha concluido Bauman, que esta tarde dará una conferencia en Madrid.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Entrevista al sociólogo Zygmunt Bauman: ¿Qué futuro estamos construyendo?

1368689703_0

Todo se diluye a nuestro alrededor. Cualquiera diría que la “modernidad líquida” que vislumbró Zygmunt Bauman se ha convertido en un torrente que todo lo arrastra. No va quedando nada sólido a lo que agarrarse. Y lo que es peor: cualquiera diría que hemos pasado de la fase “ultralíquida” a la gaseosa. Todo se está haciendo cada vez más etéreo.

“Lo que ocurre es que no tenemos un destino claro hacia el que movernos“, certifica el sociólogo y pensador polaco, que sigue trotando infatigablemente por el mundo a sus 87 años. “Deberíamos tener un modelo de sociedad global, de economía global, de política global… En vez de eso, lo único que hacemos es reaccionar ante la última tormenta de los mercados, buscar soluciones a corto plazo, dar manotazos en la oscuridad”.

Acudimos al reclamo del maestro en su terruño adoptivo de Leeds, donde lleva media vida afincado y desde donde observa el mundo con sus ojillos ávidos, entregado al ritual diario de la escritura y del tabaco en pipa. Aspira Bauman el humo por la boquilla, y ya pueden fluir sus largos y ponderados pensamientos sobre la vida líquida.

“La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión”.

“Cuando usé la metáfora de la “modernidad líquida”, me refería en concreto al período que arrancó hace algo más de tres décadas. Líquido significa, literalmente, “aquello que no puede mantener su forma”. Y en esa etapa seguimos: todas las instituciones de la etapa “sólida” anterior están haciendo aguas, de los Estados a las familias, pasando por los partidos políticos, las empresas, los puestos de trabajo que antes nos daban seguridad y que ahora no sabemos si durarán hasta mañana. Es cierto, hay una sensación de liquidez total. Pero esto no es nuevo, en todo caso se ha acelerado”.

Sostiene Bauman que el mundo sólido surgido de los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial ya no es viable. Admite que a él nunca le gustó el término de “estado del bienestar”, que se ha acabado convirtiendo en un caballo de batalla ideológico.

“Yo siempre he preferido hablar del “estado social”. Se trataba de crear una especie de “seguro colectivo” a la población tras la devastación causada por la guerra, y en esto estaban de acuerdo la derecha y la izquierda. Lo que ocurre es que el “estado social” fue creado para un mundo sólido como el que teníamos y es muy difícil hacerlo viable en este mundo líquido, en el que cualquier institución que creemos tiene seguramente los días contados”.

La esperanza es inmortal, sostiene Bauman, que nos invita a defender la sanidad pública, la educación pública o las pensiones mientras podamos. Pero poco a poco habrá que hacerse a la idea de que el “estado social” se irá disolviendo y acabará dejando paso a otra cosa.

Un planeta social

“En este ‘espacio de los flujos’ del que habla Manuel Castells, tal vez tiene más sentido hablar de un “estado en red” o de “un planeta social”, con organizaciones no gubernamentales que cubran los huecos que va dejando el estado. Yo creo sobre todo en la posibilidad de crear una realidad distinta dentro de nuestro radio de alcance. De hecho, los grupos locales que están creando lazos globales como Slow Food, son para mí la mayor esperanza de cambio”.

“El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política”

Eso sí, el maestro quiere dejar claro que hay una diferencia entre “lo inevitable” en este mundo líquido y lo que está ocurriendo en la vieja Europa desde que arrancó la crisis: “La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión, por eso ha habido manifestaciones en las calles. Se ha roto el pacto social, no es extraño que la gente mire cada vez con más recelo a los políticos”.

Una cosa es la dosis necesaria de austeridad tras “la orgía consumista” de las tres últimas décadas, y otra muy distinta es “la austeridad de doble rasero” que están imponiendo los Gobiernos en Europa. El autor de ‘Tiempos líquidos’ le ha dedicado al tema uno de sus últimos libros: ‘Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global’.

“La austeridad que están haciendo lo Gobiernos puede resumirse así: pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos (los banqueros, los accionistas y los inversores). O lo que es lo mismo: austeridad para España, Grecia, Portugal e Italia, mientras Alemania hace y deshace a sus anchas. Como dice mi colega, el sociólogo alemán Ulrich Beck, Madame Merkiavelo (resultante de la fusión de Merkel y Maquiavelo) consulta todas las mañanas el oráculo de los mercados y luego decide”.

Al albur de los mercados

¿Qué hacemos pues con los políticos? “Ése es el gran problema. La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial. Y la razón de fondo es que los políticos no tienen ningún poder, el estado no tiene poder. En el mundo globalizado en el que vivimos, las decisiones las toman los poderes económicos que no entienden de fronteras. El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política”.

Pese a todos sus envites contra el sistema, Bauman reconoce que hoy por hoy no hay alternativa viable al capitalismo, que ha demostrado la capacidad de las anguilas para adaptarse a los tiempos líquidos.

“La naturaleza del capitalismo es la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro”.

“El capitalismo se lleva trasformando desde su invención y ha sobrevivido a las situaciones más difíciles. Su naturaleza es esencialmente la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro. Eso es lo que está ocurriendo desde que arrancó esta forma de capitalismo en la era de la globalización”.

La generación de la incertidumbre

“Recordemos el famoso ‘corralito’ en Argentina”, advierte Bauman. “Luego vino el colapso de Malasia, y la crisis del rublo, y finalmente la burbuja que estalló en Irlanda, luego en Islandia, y en Grecia, y ahora en España. Hasta que no revuelvan el país y lo dejen en una situación límite no dejarán de dar la lata. Mire lo que ha ocurrido en Chipre. El capitalismo necesita de tierras vírgenes, que puedan ser persuadidas y seducidas. Ya llegará el momento en que se les obligue a pagar las deudas”.

La última gran preocupación de Bauman es en todo caso la juventud. A la generación de la incertidumbre le dedica su último libro (‘Sobre la educación en un mundo líquido’), con especial hincapié en el desfase del sistema educativo y la precariedad económica en estos tiempos ultralíquidos.

“Soy muy consciente del tremendo problema del paro juvenil, que es algo ya común a todos los países occidentales, pero que se manifiesta muy cruelmente en España. Cuando más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo, cuando a muchos de ellos no les queda más salida que salir al extranjero o ganarse la vida en trabajos ‘basura’, después de haber sacado títulos que no les sirven para nada, la gran pregunta es: “¿Qué futuro estamos construyendo?”.

viernes, 12 de abril de 2013

Zygmunt Bauman opina sobre las redes sociales


bauman_filosofo_redes_sociales-web

La “vida imperdonablemente larga” del filósofo Zygmunt Bauman, de 87 años, le ha permitido apreciar bien la evolución de las preguntas más complejas. Ahora se interroga sobre quién puede cambiar la realidad de un mundo donde “la esperanza está a la deriva”.

Pero, “cuando era joven, nos preguntábamos qué se tenía que hacer y nunca quién tenía que hacerlo”, explica Bauman, que asistió en Portugal a la tercera edición del Festival Literario de Madeira.

Ese cambio de la realidad, ese nuevo interrogante, encuentra respuesta para mucha gente “en cualquier nueva alternativa tecnológica”.

Para el padre del concepto de la “modernidad líquida”, Facebook ha transformado a su creador, Mark Zuckerberg, en el “salvador” de muchos, porque crea una “sensación de aproximación a la democracia directa”, algo que no han conseguido generaciones de políticos.

Sin embargo, con demasiada frecuencia, esta red social o Twitter “son una alternativa barata a una necesidad de actuar”, algo para lo que aún se busca un modelo nuevo ante la pérdida de confianza en la “legitimidad de las instituciones”, sostiene el autor.

“Antes pensábamos que los ganadores de elecciones tenían todo el poder”, mientras que ahora “ni siquiera el mas poderoso gobierno del mundo, el de EE.UU., actúa según sus deseos y debe vigilar cada mañana los índices bursátiles”.

En opinión del escritor nacido en Polonia, de donde se tuvo que exiliar primero a causa del nazismo y luego de la política antisemita del gobierno comunista, ese divorcio entre poder y política se extiende por todo el planeta. El insiste, además, en los últimos años en que supone el “mayor problema de la Unión Europea”.

“La cuestión -sentencia- no es la corrupción de nuestras instituciones políticas, sino la impotencia de su autoridad, que se transgrede muy fácilmente”. Su poder lo ostentan ahora las actividades económicas globales, representadas en los mercados, según el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010.
Para el sociólogo, desde la caída del muro de Berlín en 1989, el mundo ha vivido en una “crisis constante” que saltó de Argentina a México y luego a Rusia. Tras “colapsar” el rublo, “destruyó la moneda malaya” y pasó a Islandia antes de llegar a Grecia, Portugal o España, sostiene Bauman, que atribuye ese rosario de crisis al concepto de “capitalismo parasitario” “Supone saltar de un organismo del que se ha sacado todo el provecho a otro, y así sucesivamente” , explica el profesor emérito de la Universidad de Leeds (Inglaterra). Es una idea “lejana a la promesa del gobierno de futuro esperada por los filósofos modernos, la de ser guiados por la razón y no por la catástrofe o el accidente”.

Para Bauman, esa “incertidumbre” ha situado a todas las tendencias políticas en crisis. “Si (Mariano) Rajoy hubiera sido el jefe de Gobierno (español) antes del colapso, hoy la presidencia sería de la oposición, o si Francia hubiese estado gobernada por (Francoise) Hollande, sería (Nicolás) Sarkozy quien gobernaría”, ejemplifica Bauman. Las fluctuaciones electorales dependen “no del ideario político”, asegura, sino de la frustración de la ciudadanía ante una “incapacidad” de gobierno.

Para el filósofo, la superación de esa crisis de gobernación no parece próxima, dados los más de cien años tardados por Europa en establecer sus democracias. Pero, con la vista puesta en objetivos complejos como el de “crear instituciones democráticas a escala global”, le parece ya “alentador” solo el hecho de que haya interés por avanzar en ese tipo de experimentos.

Fuente: http://sociologosplebeyos.com/2013/04/09/zygmunt-bauman-opina-sobre-las-redes-sociales/

lunes, 11 de marzo de 2013

Bauman: "Hemos vivido en un mundo irreal, de crecimiento ilimitado"


 Bauman:

Bauman, cuenta con un nuevo libro, Sobre la educación en un mundo líquido (Paidós), ha mantenido en un encuentro con periodistas que durante estas décadas se ha vivido pensando en el "crecimiento ilimitado" y, de repente, "hay un shock y la gente se da cuenta de que el hoy es malo, mañana será peor y pasado mañana llegará el apocalipsis".

En su opinión, se vive en un mundo "como de alquiler", en el que todo se mueve rápidamente, con "cambios radicales que no se esperan", y que también ha definido como un "interregno, en el que se ve que las cosas que se han hecho hasta ahora no han funcionado, pero no se ha encontrado aún la manera de hacerlo diferente".

Advirtiendo, a sus 88 años, que él sólo estudió sociología para explicar lo que ocurre en las sociedades y "no para hacer profecías", ha opinado que se ha vivido "en el mundo de la ilusión", principalmente por la irrupción masiva de la tarjeta de crédito, que provocó el paso "de la cultura del ahorro a la del crédito".

Entiende el pensador de origen polaco que el "boom" del Bienestar se ha basado en que "gastábamos más dinero del que ganábamos, pidiendo préstamos a expensas de nuestros nietos, que pagarán el exceso de este consumismo".

"Ahora -ha proseguido- se ha visto que estábamos en una gran mentira y en un malentendido y cuando ha llegado el mundo real no es muy alentador".

Bauman, británico de adopción desde 1968, ha rememorado que en los años setenta el capitalismo buscaba "tierras vírgenes" para poderse expandir y fue cuando caló la idea de que "los hombres y las mujeres sin tarjeta de crédito no tenían ninguna utilidad, porque no daban beneficios a los bancos". "Las personas se transformaron en alguien que pedía dinero y eran fuente de beneficios constante para los bancos", ha apostillado.

Además ha argumentado que el sistema iba creciendo porque las entidades aseguraban a sus clientes que retornar la deuda no era ningún problema, con lo que las personas "o eran víctimas de una mentira o eran inocentes".

A pesar de la crisis, el padre del concepto de la "modernidad líquida" se ha mostrado cauto con respecto a las teorías que dan por muerto al capitalismo liberal, porque todavía -ha dicho- "se pueden crear tierras vírgenes", que no serán conquistadas por ningún ejército, porque sólo son necesarios "agentes bancarios".

Respecto al "divorcio" entre poder y política, ha hablado de desconfianza hacia el sistema, porque "el poder se ha evaporado en el ciberespacio y la política sufre un déficit de poder".

Sostiene que lo más importante a resolver durante el siglo será "volver a unir poder y política". "Es un trabajo difícil -ha agregado- pero si no lo hacemos no solucionaremos el problema".

Respecto al auge de los nacionalismos, ha querido recordar que él nació en Polonia en 1925 en el seno de una familia que debió emigrar en la década de 1930 para escapar del nazismo y que en 1968, otra vez en Polonia, se vio obligado a exiliarse a Inglaterra por las purgas del régimen comunista, sintiéndose principalmente europeo.

Ha razonado que antes la identidad "venía dada de nacimiento, igual que la clase social, que se heredaba". "La idea de identidad -ha argumentado- aparece cuando la idea de comunidad se debilita y nos empezamos a mover entre dos valores como la seguridad y la libertad, dos conceptos complementarios y a la vez opuestos".

Según lo que se está viendo, "ahora la gente quiere más seguridad por encima de la libertad y parece que haya una identificación con respecto a la comunidad que queremos que resurja". "Hemos entrado en una nueva época", pronostica.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/cultura/20130311/54369172379/bauman-un-mundo-irreal-crecimiento-ilimitado.html#.UT3rGu7TrNM.facebook

sábado, 9 de junio de 2012

Zygmunt Bauman: "Hoy nuestra única certeza es la incertidumbre"

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/filosofia/Zygmunt-Bauman-certeza-incertidumbre_0_626337554.html

Cuál es su descubrimiento más reciente?
Con un pie en la tumba intento hacer balance, y mi constatación es que acabaré donde empecé.

¿Buscando una sociedad perfecta?
Sí, hospitalaria para los seres humanos.

¿Qué ha aprendido en el trayecto?
He vivido bajo diferentes regímenes, ideologías, modas..., y lo que me resulta más sorprendente es que hay dos valores sin los cuales la vida humana sería impensable: la seguridad y la libertad.

Reconciliarlos es imposible, dice usted.
Cuanta más libertad tengamos menos seguridad, y cuanta más seguridad menos libertad. En la sociedad, la conquista de libertades nos lleva a una gran cantidad de riesgos e incertidumbres, y a desear la seguridad.

Y entonces nos sentimos ahogados.
Sí, conseguimos que no nos atraquen por la calle, que si caemos enfermos nos atiendan, pero nos volvemos dependientes, subordinados, y eso nos hace sufrir. Así que volvemos a evolucionar a una mayor libertad.

¿En qué punto estamos hoy?
Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros políticos e instituciones. Estudiar una carrera ya no se corresponde con adquirir unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, no es un esfuerzo que se traduzca en frutos. Toda esta precariedad se expresa en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro.

Y así llegamos a sus fluidos: sociedad líquida, amor líquido, miedo líquido...
Sí, la modernidad líquida, en la que todo es inestable: el trabajo, el amor, la política, la amistad; los vínculos humanos provisionales, y el único largo plazo es uno mismo.

Todo lo demás es corto plazo.
No se da el tiempo para que ninguna idea o pacto solidifique. Este enfoque ya forma parte de la filosofía de vida: hagamos lo que hagamos es de momento, por ahora.

Nada dura para siempre, ni siquiera el futuro.
Hoy nadie construye catedrales góticas, vivimos más bien en tiendas y moteles.

¿Y por qué lo considera un problema?
Objetos y personas son bienes de consumo, y como tales pierden su utilidad una vez usados. La vida líquida conlleva una autocrítica y autocensura constantes; se alimenta de la insatisfacción del yo consigo mismo.

Nos hemos quedado sin utopías.
La felicidad ha pasado de aspiración para todo el genero humano a deseo individual. Se trata de una búsqueda impulsada por la insatisfacción en la que el exceso de los bienes de consumo nunca será suficiente.

Y llegamos al consumidor consumido.
Hemos trasplantado unos patrones de comportamiento creados para servir a las relaciones entre cliente y producto, a otros órdenes del mundo. Tratamos al mundo como si fuera un contenedor lleno de juguetes con los que jugar a voluntad. Cuando nos aburrimos de ellos, los tiramos y sustituimos por algo nuevo, y así ocurre con los juguetes inanimados y con los animados.

Es decir, otros seres humanos.
Sí, hoy una pareja dura lo que dura la gratificación. Es lo mismo que cuando uno se compra un teléfono móvil: no juras fidelidad a ese producto, si llega una versión mejor al mercado, con más trastos, tiras lo viejo y te compras lo nuevo.

¿Qué efectos tiene en el ser humano?
Una actitud racional para con un objeto es una actitud muy cruel para con otros seres humanos. El consumismo es una catástrofe que afecta a la calidad de nuestras vidas y de nuestra convivencia. Creemos que para todos los problemas siempre hay una solución esperando en la tienda, que todos los problemas se pueden resolver comprando, y esto induce a error, nos debilita.

¿Por qué nos debilita?
Porque nos priva de nuestras habilidades sociales, en las que ya no creemos.

¿Cómo construirse a uno mismo, hallar la felicidad en este mundo líquido?
Hay dos factores que cooperan para modelar el camino de la vida humana, uno es el destino, algo que no podemos cambiar, pero el otro elemento es el carácter.

Ese sí lo podemos moldear.
El destino dibuja el conjunto de opciones que tienes disponible, siempre hay más de una opción. Luego el carácter es el que te hace escoger entre esas opciones. Así que hay un elemento de determinación y otro de libertad.

¿Hay que resistirse para ser libre?
Viviendo en una sociedad de consumidores, resistirse a ser un consumidor es una opción posible pero muy difícil. Por lo tanto, la probabilidad de que la mayoría de las personas decida resistirse al consumismo es una probabilidad muy lejana, aunque todas las mayorías empezaron siendo minorías.

¿Alguna solución individual?
Uno no sólo puede, sino que debe vivir su propia vida y el modelo de vida que le encaje, consciente de las consecuencias y costes que acarrea. Y el problema de mejorar la sociedad, y esta es la respuesta a todas las preguntas futuras que me pueda hacer usted.

¿...?
Se resume en hacer que la sociedad sea más benevolente, menos hostil, más hospitalaria a las opciones más humanas. Una buena sociedad sería la que hace que las decisiones correctas sean las más fáciles de tomar.