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martes, 10 de julio de 2018

Coltán "made in Galicia"

A la mina de Penouta se llega a través de una empinada carretera que zigzaguea entre las laderas plagadas de robles, castaños y peñascos de Viana do Bolo, en Ourense, tan cerca de la frontera con Portugal que durante el viaje la radio del coche sintoniza emisoras lusas. Durante el ascenso -Penouta se alza a 1.300 m de altitud-, el visitante deja atrás bosques enlutados por los incendios de 2017, conduce durante un buen trecho a la par del río Camba y baja la marcha a su paso por parroquias en las que el ritmo del tráfico -un goteo pausado de turismos- lo marcan el traqueteo de los chimpines o los perros que dormitan con la panza pegada al asfalto recalentado por el sol.


El mismo camino recorrían en 1929 -mientras los brókeres se lanzaban desde las cornisas de Wall Street- los obreros que acudían a Mina Olga, precursora de Penouta, para arañar a sus paredes filones de cuarzo mineralizados con casiterita. O en la década de los 70, cuando una sociedad liderada por Altos Hornos de Vizcaya convirtió la explotación en la principal mina de estaño del país. Bastante antes, ya los romanos habían hendido sus palas en el suelo rojizo de Viana en busca quizás del codiciado oro que abundaba en la vecina Ourense.

Hoy de las entrañas de Penouta se extrae algo más que estaño e incluso más preciado que el oro o la plata. En la bucólica mina de Viana se obtiene casiterita y columbo-tantalita, que contiene tantalio y niobio. O como se conoce de forma habitual: coltán, el valioso “oro negro” por el que suspira la industria tecnológica. Su gran capacidad para conducir electricidad y alta resistencia a la corrosión química lo convierten en una pieza clave -entre otros sectores TIC- para la microelectrónica, las telecomunicaciones o la industria aeroespacial y biomédica.

La extracción de este codiciado mineral metálico no es frecuente en Galicia. Ni en España. Tampoco en el resto del continente. Desde que la empresa Strategic Mineral Spain recuperó la antigua explotación minera de Viana do Bolo y la puso en marcha -hace tan solo unos meses-, Penouta se ha convertido en la única mina de coltán de, como mínimo, el sur y centro de Europa. De hecho la explotación ourensana está todavía calentando motores: a finales de abril permanecía al 60-70% de su capacidad.

“Penouta es un referente”, inciden desde Strategic, compañía española con inversores implicados en otros proyectos mineros en Venezuela o Canadá. Su “valor destacado” se apoya para la empresa en tres razones. La primera, evidente, es la importancia del tantalio y el niobio, considerados minerales estratégicos por su elevada demanda en la industria tecnológica.

Mineral conflict-free, con garantías de origen
A la hora de presentar su proyecto, sin embargo, Strategic Minerals pone énfasis en las otras dos características que definen la explotación de Penouta. La principal es que el coltán que obtienen es conflict-free, lo que garantiza que durante su extracción se respetan los derechos laborales. Con ese sello el mineral que se obtiene en Ourense se diferencia por ejemplo del procedente de la República Democrática del Congo (CDR), donde a menudo está vinculado a sangrientas guerras.

A mayores -y ese es el tercer gran valor de Penouta para los responsables de Strategic Mirenals- la labor en la mina sigue un esquema de economía circular que revierte la riqueza en el entorno. Del medio centenar de empleados que a día de hoy trabajan en la explotación ourensana, cerca del 80% son vecinos que residen en Viana do Bolo o la comarca lindante.

Tener por bandera el respeto a los derechos y el entorno puede parecer anacrónico en pleno siglo XXI, pero no lo es tanto en un sector que para muchos se asocia con las guerras en la RDC, donde -según un informe difundido por Aministía Internacional (AI) en 2016- se produce el 50% del cobalto del mundo.

En su estudio AI incide en las condiciones deplorables que sufren los empleados de las explotaciones congoleñas. “Al menos 80 mineros artesanales murieron en los túneles en el sur de la RDC entre septiembre de 2014 y diciembre de 2015”, ilustra el dossier. Sus autores no descartaban que el número de fallecidos fuera incluso mayor: “Muchos accidentes no se registran y se dejan los cadáveres enterrados bajo rocas”.

Los peor parados son los niños. Durante su investigación Amnistía desveló las condiciones de esclavitud a las que se sometía a los pequeños en las minas: jornadas de 12 horas, una carencia absoluta de las más elementales medidas de seguridad, manejo de cargas pesadas incluso para un adulto… Y todo por un salario diario que oscilaba entre uno y dos dólares. Según datos de UNICEF, en 2014 había 40.000 niños en minas repartidas por el sur del Congo, muchas de ellas dedicadas al cobalto.

Con el paso de los años se ha logrado que las empresas pongan cada vez más atención en el origen de los minerales que usan. Sin embargo AI demostró cómo -al menos en 2016- el cobalto ligado a la explotación infantil seguía una intrincada cadena de intermediarios que le permitía terminar en los dispositivos de Apple, Microsoft, Samsung o Sony, entre otras marcas.

Una antigua explotación recuperada
Penouta destaca por otro rasgo, además del respeto por los derechos laborales y el medioambiente. El mineral no se arranca de la roca madre, sino de dos balsas y una pequeña cordillera de escombros mineros que circundan las oficinas de Strategic. Unas y otras -balsas y escombreras- son los vestigios de la actividad extractiva que se desarrolló en Viana do Bolo entre la década de los 70 y 1982, cuando la mina era propiedad de Rumasa.

Antes de que la explotación se clausurase en 1985 -una vez expropiada a la sociedad de Ruiz Mateos pasó a manos de Minas de Almadén y Arrayanes, filial de Sociedad Estatal de Participaciones Industrales (SEPI)- la labor en Penouta se hacía a cielo abierto y “a bulto”, con un sistema de trabajo que asumía el descarte de grandes cantidades de mineral.

Durante aquella etapa la planta vianesa carecía de maquinaria para molienda y trituración. En la práctica eso significaba que durante el proceso se perdía un volumen considerable de minerales, que terminaban depositados en las escombreras o en el fondo de las balsas. Según cálculos de Strategic, se habrían dejado de tratar alrededor de 15 millones de toneladas. En la década de los 80 ni la demanda de columbo-tantalita por parte de la industria tecnológica era tan elevada ni la minería podía aprovechar entonces los recursos como lo hace ahora.

Las anteriores empresas que explotaron Penouta usaban métodos de trabajo diferentes, menos selectivos. Los estudios de Strategic Minerals concluyen que dejaron de tratarse 15 millones de toneladas de material.
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Entorno de la mina, en Viana do Bolo (Ourense)
Fueron esos descartes los que despertaron el interés de la empresa minera con sede en Madrid. Después de que Enadimsa realizara un estudio en 1984 que señalaba el potencial de las balsas y escombreras, Strategic empezó sus propias investigaciones. En 2013 logró una declaración de impacto ambiental positiva de la Xunta de Galicia y en un tiempo récord -como reconoce la compañía- pusieron a andar la mina.

La sociedad dispone de dos licencias: una conocida como Sección B para explotar los “residuos” dejados por sus antecesores y otra de tipo C, que le permite investigar el aprovechamiento de la roca madre de Penouta. La primera permite su labor actual. La segunda es una puerta abierta para mantener la actividad en el futuro, en caso de que la empresa lo considere viable.

“El hecho de tener que extraer residuos supone un reto a mayores. No es como trabajar con una veta de oro”, explican desde Strategic. De cada 100 kilos que la empresa rescata de las escombreras o balsas de Penouta cerca de un kilo (1%) son minerales metálicos: columbo-tantalita y estaño.

La mina genera también cuarzo o feldespato
El 99% restante se compone de cuarzo, feldespato potásico y sódico, mica blanca y caolitina, materiales industriales que la empresa comercializa para “revalorizar todo lo posible el residuo minero”. De nuevo según los cálculos de Strategic, los minerales metálicos y los “subproductos” suman el 85% de todo lo extraído. “Solo se desecha un 15%”, apostillan.

Fruto de sus investigaciones, Strategic estima que en las balsas y escombreras de Penouta habría unos 12 millones de toneladas de “material explotable”. Extraerlo le llevará a la empresa cerca de 14 años y medio, si bien sus trabajos en Viana do Bolo se prolongarán hasta rozar las dos décadas (17). La última fase se centrará en la recuperación de su entorno natural.

Una vez alcanzado ese horizonte es muy probable que la dirección de Strategic tenga ya sobre la mesa las conclusiones de su Sección C. Con ellas podrá determinar si le resultaría o no rentable trabajar sobre la roca madre. De momento la inversión prevista por la compañía ronda los 22 millones de euros.

Los concentrados de casiterita y columbo-tantalita que se obtienen gracias a procesos de decantación con agua -la mina usa la fuerza de la gravedad y centrífuga para separar los minerales por densidades- se comercializan a la industria especializada, que es la que se encarga más tarde de su tratamiento.

El grueso de la mercancía extraída de entre los escombros de la antigua mina de Rumasa se exporta al extranjero a través del puerto de Vigo, situado a escasas dos horas y media por autovía. Además de en Viana do Bolo, la firma tiene una investigación abierta en Avión, otra villa ourensana que queda a dos horas de Penouta, si bien todavía permanece en fase de estudio.

El compromiso: recuperar el entorno natural
En su puesta en marcha Penouta logró algo no muy común en las minas: iniciar su actividad sin apenas rechazo social. “La aceptación ha sido muy grande”, certifica la empresa. Parte de esa ausencia de oposición reside en el compromiso de Strategic de que, tras su labor, “la calidad ecológica mejorará” respecto a cómo estaba el entorno hace apenas unos meses.

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Laboratorio de Strategic Minerals, en Penouta.
 A su favor juega el pobre estado en el que se encontraba la mina a su llegada, con barracones y estructuras de hormigón abandonadas desde hacía décadas y puntos de almacenaje de residuos peligrosos. Según explica Strategic, una de las sorpresas desagradables que se llevó al establecerse en Penouta fue el hallazgo de “grandes cantidades de uralita”. Debido a su alto contenido en amianto, tuvo que recurrir a los servicios de una empresa especializada para que las retirara.

Durante la fase de alegaciones al proyecto la Sociedad Gallega de Historia Natural (SGHN) pidió que se contemplase la proximidad de la mina -que ocupa una superficie equivalente a unos 240 campos de fútbol- al Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) Pena Trevinca, una zona incluida en la Red Natura. El presidente de la SGHN e investigador del CSIC, Serafín González, reconocía sin embargo hace poco al diario ABC que, en Penouta, “además de aprovechar las escombreras, no se emplearán productos químicos peligrosos como el arsénico o el cianuro”.

“El hecho de tener que extraer residuos supone un reto a mayores. No es como trabajar con una veta de oro”, explican desde Strategic. Del material que obtiene en las escombreras y balsas, solo el 1% son minerales metálicos. 
Desde el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos y Grados en Minas y Energía de Galicia (COIMT), Juan Pedro García de la Barrera reconoce que el caso de Penouta es “muy curioso” por la buena acogida de los vecinos. “El proceso administrativo fue rápido y la empresa lo hizo muy bien, lo tenía todo claro y sus instalaciones son modélicas”, apunta el directivo del COIMT, quien confía en que prospere el trabajo en la sección C, las investigaciones para la explotación de la roca madre.

“Galicia tiene mucho potencial internacional en mineral metálico”, abunda García de la Barrera. Su experiencia como ingeniero le lleva a lamentar sin embargo que el sector no reciba mayor apoyo de las instituciones. “Por desgracia tenemos una administración minera en Galicia que no apuesta duro por el tema, hay una riqueza que no se puede perder”.

Trabajo minero sin reactivos químicos ni explosivos
El catedrático de Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Felipe Macías, subraya que la labor en Penouta permite aprovechar los descartes abandonados durante la anterior explotación. “Por lo que he visto lo están llevando extraordinariamente bien”, comenta el académico poco después de visitar la mina. Macías no descarta incluso que cuando finalicen los trabajos -y Strategic recupere el medio- el entorno pueda integrase en la Red Natura.

“Los procedimientos que usan son físicos, sin reactivos químicos ni explosivos. Se están realizando plantaciones y hay una visión del control de las aguas”, certifica el profesor. Los avances legislativos de los últimos años le llevan a apuntar que, aún en el caso de que Strategic opte en su momento por trabajar la roca madre de forma directa, no tendría por qué dañar el medio. “Hoy en día la explotación minera es compatible”, zanja.

Hay otro motivo que explica la buena acogida que tuvo la reactivación de A Penouta en Viana: su “huella social”. Durante años la mina jugó un papel importante en la economía del municipio, que según el Instituto Galego de Estadística (IGE) ronda los 3.000 vecinos y que -al igual que la inmensa mayoría del rural gallego y del resto de España- padece los efectos del invierno demográfico: baja natalidad y envejecimiento.

Si el IGE estima que este año el número de residentes en el área ronda los 6.900, su proyección para dentro de una década rebaja la población a 5.400. En 2031 calcula que ya serán 5.200.

Revulsivo contra el invierno demográfico
El alcalde de Viana do Bolo, Secundino Fernández, reconoce que la mina no solucionará por sí sola la despoblación que sacude al rural gallego, pero se muestra “contento” con la llegada de Strategic.

Hace dos años firmó con sus directivos un convenio por el que la empresa se comprometía a dar “ventaja” a los vecinos del municipio a la hora de contratar personal. El aterrizaje de la compañía -anunciado en plena crisis- despertó interés más allá de Ourense. En 2015 el Concello afirmaba haber recibido 3.000 currículos procedentes de toda España.

“La reactivación de la mina se nota en la economía de Viana, creó empleo y también trajo gente de fuera. Se percibe en la hostelería, el comercio o los alquileres”, detalla Fernández. El desembarco de personal para trabajar en Penouta dejó en mínimos el stock de pisos en arrendamiento del municipio. “Ahora hay escasez, sobre todo de apartamentos pequeños”, anota el primer edil vianés, quien destaca que la “vuelta a la vida” de la antigua mina de Rumasa coincide con la apuesta creciente de los jóvenes de la comarca por el sector agro ganadero local.

Que Penouta vuelva a mover camiones, operarios, ingenieros… cumple también los sueños de muchas familias vianesas que vieron cómo varias generaciones encontraban empleo en la mina. “Como en el pasado había creado trabajo y actividad económica, en cierto modo se veía como una especie de mito del maná. Muchos jubilados actuales trabajaron en ella”, reflexiona Fernández.
Penouta se clausuró a mediados de la década de los 80. En Viana do Bolo habían trabajado en la explotación varias generaciones y en muchas familias se esperaba la reactivación de la mina. 
La mina no es el único motor económico que perdió fuelle a lo largo de las últimas décadas en Viana. El regidor recuerda que durante la segunda mitad del siglo XX -hasta los años 80- las hidroeléctricas generaban un importante volumen de empleo. En su calidad de capital comarcal, Viana do Bolo acogió a muchos de los técnicos que se encargaban de las presas vecinas. En medio del pueblo, muy cerca de la casa consistorial, todavía se alza el viejo polígono de viviendas construido en su día para los operarios de Iberdrola. “Las presas siguen, pero los empleados no. Ahora están concentrados en otros puntos”.

Coltán "made in Galicia"
Penouta no solo fortalece la economía de la comarca. Supone también -precisa el regidor- un motivo de satisfacción para la pequeña villa ourensana. “Que se pueda explotar sin riesgos medioambientales y de forma respetuosa con el medio es un orgullo”, anota Fernández. A esos valores añade que de las antiguas escombreras y balsas de Rumasa se obtenga coltán “de forma legal y dejando riqueza en el entorno”. “Espero que lleve el nombre de Viana do Bolo por el mundo adelante”.

El Consistorio valora incluso aprovechar el interés que suscita Penouta para -combinado con el paisaje boscoso en el que se enclava la explotación- incentivar el turismo. El convenio firmado en 2016 entre el Ayuntamiento y Strategic ya contempla la creación de un aula didáctica que explique la historia y valor de la mina. La propia compañía reconoce en un dossier elaborado al iniciar su labor que, cuando termine su trabajo en Viana do Bolo, mantendrá un edificio para que sirva de museo, con maquetas, fotografías y muestras de minerales.

Fuente: https://www.xataka.com/empresas-y-economia/primera-unica-mina-coltan-europa-esta-pueblo-ourense

lunes, 14 de noviembre de 2016

¿Cómo evitar comprar móviles con 'minerales de sangre'?

A pesar de la explotación y abusos escondidos en el coltán procedente del Congo, el mercado mundial de los componentes para móviles apenas se está empezando a regular y sin consistencia
Europa consume un 25% mundial de los llamados 'minerales de sangre' y 880.00 empresas europeas los usan para sus bienes de consumo 
La falta de regulación provoca que, como consumidor, no hay manera de estar seguros de que nuestros teléfonos no lleven 'minerales de sangre'

Entre las modelos, las luces y una montaña rusa virtual, saco las piedras de coltán que nos regalaron el año pasado en una mina congoleña (una más). Entre los stands del Congreso Mundial del Móvil (WMC) están todas las grandes marcas. Es la gran cita anual de la telefonía móvil.  Estamos a finales de febrero, en la entrada chilla el eslogan “el móvil lo es todo” y Europa aún no ha regulado el mercado de los minerales de sangre que alimentan este “todo”.

Las fuentes de Montjuïc deleitan con colores a los acreditados internacionales en una “Barcelona, capital del móvil”, mientras la ausencia de los dos grandes protagonistas, el coltán y Congo, dibuja la paradójica desconexión de la sociedad hiperconectada. 

Tras diez años cubriendo la guerra más mortífera del planeta, en República Democrática del Congo y siguiendo el comercio de minerales sacados de miles de minas artesanales, me encuentro en mi ciudad natal investigando el otro lado de la cadena: los compradores. En la zona donde se libra el conflicto, en Congo, es donde se concentran las reservas más grandes del mundo de coltán (tántalo).

“El tántalo (que se extrae del coltán) tiene unas propiedades únicas”. Eva Vidal, ingeniera de la UPC, abre cuidadosamente un teléfono y levanta con las pinzas una pequeña pieza dorada. “Sin él, los smartphones no funcionarían y actualmente no hay alternativa para reemplazarlo”.

Trabajo de los mineros que extraen coltan del la mina de Senator Edouard Mwangachuchu en North Kivu (RDC). / Foto: Lucas Oleniuk (Efe)
Trabajo de los mineros que extraen coltan del la mina de Senator Edouard Mwangachuchu en North Kivu (RDC). / Foto: Lucas Oleniuk (Efe)
 Sin control
Es el metal más valioso de nuestra era, insustituible por ahora, y, a pesar de que el boom del coltán estalla en los años 2000, el mercado mundial de los componentes para móviles apenas se está empezando a regular, y sin consistencia. El pionero fue Estados Unidos, que aprobó la primera ley en 2010. Se insta a las empresas a presentar un informe anual a la Comisión de Bolsa y Valores explicando de dónde salen sus componentes. Pero los resultados del primer examen reflejan el fracaso.

Amnistía Internacional concluye que, en la primera entrega de resultados, en 2014, el 80% de las empresas no controla o no revela la procedencia de sus componentes, a pesar de la regulación. Entre las empresas estudiadas están Apple, Honda, Google, Boeing, Tiffany, Microsoft o Walt Disney.

Zuckerberg, módulos y curvas en el domingo pre Mobile World Congress
Imagen de archivo: Asistentes a la presentación de Samsung portan gafas VR en Barcelona EFE
En Bruselas es un taxista ruandés –guiños de la vida– el que me recoge en el aeropuerto y me lleva hasta el Parlamento Europeo. Es junio de 2015, la europarlamentaria Marie Arena, que ha luchado junto a otros diputados para que la ley sobre minerales de sangre en Europa tire adelante, ha convocado a una sesión para contar cuál es la situación en Congo.

Hablo de los empresarios congoleños, los que, lejos de Europa, se dedican a la compra-venta de coltán. La desinformación sobre Congo es sorprendente y, desde las elegantes instalaciones del Parlamento, superpobladas de cámaras y periodistas, me acuerdo de Sadok, el presidente de los comerciantes de Kivu Norte (la provincia congoleña más rica en coltán): “Tenemos que bailar al ritmo del mercado internacional. Nuestras voces no cuentan”. A pesar de ser los principales suministradores de este mercado, la decisión se toma en otra parte.  

Arena fue optimista. Se acababa de llegar a un acuerdo y Europa iba a empezar a regular. Pero la ley europea es aún más laxa que la norteamericana. Solo exige certificar a las empresas que importan el mineral en bruto, lo que exime a la mayoría, que importan los componentes con el mineral ya transformado.  
“Queremos regulación y certificación en toda la cadena. Que cualquier pieza que entre a Europa esté certificada. Desde el agujero donde sale el coltán, hasta el lugar donde, transformado, llega a Europa”, afirma el europarlamentario Javier Nart (Ciudadanos): “Si no circulamos a 120 por las calles de Madrid es porque hay sanción. Las cosas si no se regulan, no funcionan. Y a los grandes empresarios con las manos exquisitamente limpias, yo les llevaría a ver lo que está pasando en Congo”.

Sin información

“Congo es un conflicto conocido, pero su vínculo con la producción de nueva tecnología se desconocía por la mayoría de parlamentarios europeos”, señala Ernest Urtasun, europarlamentario de ICV. Lleva de nuevo la gran paradoja. En la Unión Europea hay 880.00 empresas que usan el tántalo, el estaño, el tungsteno y el oro en la producción de bienes de consumo. 

“En Europa vamos muy atrasados en regular esto. No éramos conscientes de cuál era el coste humano de este tipo de metales y qué efectos tenían en un conflicto.  Es fruto de la movilización de la sociedad civil y con el desarrollo de las nuevas tecnologías la cuestión se pone encima de la mesa”, explica Urtasun. 

Urtasun reconoce así la fuerza de la ciudadanía, de un centenar de entidades, ONG, activistas y periodistas que llevan años trabajando para que Europa asuma responsabilidades. En España es el caso de Alboan, Redes o Justicia i Pau, o de las campañas informativas de #ConflictMinerals o #ConnectCongo.  

El movimiento del cobalto por el mundo | Infografía: Amnistía Internacional
El trabajo infantil que esconden las baterías de coches eléctricos y smartphones
Pero es esta misma red la que critica y rechaza el primer paso tomado por Europa, no solo por ser demasiado débil. También por no contar con las voces locales. 

“Quienes lo bloquean son los gobiernos”, asegura Urtasun. “El argumento (que usan) es que pedir evaluaciones demasiado exhaustivas puede tener un efecto negativo sobre la actividad de las pequeñas y mediana empresas, tener un coste económico muy elevado, y dejaría de hacerlas competitivas”. Y concluye: “La industria está jugando un papel de presión fuerte”. 

Un negocio millonario, en muy pocas manos y mala información. Con el condensador de tántalo en la mano, Eva Vidal, ingeniera, dice que ellos tampoco tienen forma de saber de dónde procede el mineral. El mercado es opaco y la poca información que trasciende sobre el conflicto es sobre el sufrimiento de las víctimas, no sobre sus vínculos con Europa, importador del 25% de los llamados minerales de sangre.

El único intento: Fairphone

Como consumidores, actualmente, no hay manera de estar seguros que nuestros teléfonos no llevan minerales de sangre. En un espacio alternativo al Congreso Mundial del Móvil, se habla de cómo cambair la industria. La representante de Fairphone, Daria Koreniushkina, cuenta esta alternativa: “Estamos construyendo un smartphone con el objetivo de resolver los problemas sociales y ambientales que genera la cadena de suministro que hay detrás la fabricación de los teléfonos. Desde las minas, pasando por el diseño o la producción en las fábricas y hasta al final, en el momento del reciclaje, para evitar los residuos electrónicos”.

“El aspecto más urgente son los cuatro minerales de sangre. Hemos logrado acceder a estaño y tántalo libres de conflicto procedentes de Congo y en el Fairphone II hemos introducido oro certificado. Es la primera vez que se lanza un proyecto así en la industria de la electrónica de consumo.” 

El de Fairphone es un objetivo que se topa con la gigantesca industria. “Sabemos que en algún momento un mineral limpio de conflicto se puede fundir con otras fuentes”. Así que mantener el móvil limpio “es casi imposible”.

Aún así,  Koreniushkina es optimista. “Hay 90.000 persones en Europa que han optado por comprar un Fairphone, y eso resulta inspirador. Porque es gente que ha demostrado que quiere marcar una diferencia, que quiere productos más éticos. Y creemos que eso puede motivar a toda la industria a actuar de forma más responsable".



Fuente:  http://www.eldiario.es/desalambre/evitar-comprar-moviles-minerales-sangre_0_580242122.html?utm_content=buffer2678e&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

jueves, 19 de diciembre de 2013

Viaje al infierno del coltán

El infierno está a la vuelta de la esquina, en medio de un paraíso verde, aunque no es fácil acceder a él. En Congo no hay nada sencillo pero tampoco imposible. El dinero abre las puertas de la casa del diablo. Nuestro destino es la gran mina de coltán de Rubaya, cuna de los minerales que alimentan nuestros móviles y tabletas en el primer mundo. En el camino que va de la ciudad de Goma hacia la zona montañosa de Masisi, donde está la cantera, nos topamos con varios checkpoints de militares que piden su mordida para poder atravesar las barreras. Seguimos adelante por una senda estrecha y llena de cráteres. Nuestro conductor, Olivier, sortea charcos como lagunas con una destreza sorprendente. Tiene brazos de estibador para mover el volante entre los socavones en los que cabe el todoterreno entero.
Al dejar atrás Goma el horizonte gris se vuelve verde, con colinas de pastos que recuerdan al paisaje suizo. Solo que esto es Congo, el país con una de las tierras más fértiles de África y donde, sin embargo, la población pasa más hambre. Tres horas después llegamos a Rubaya, en la provincia de Masisi, el 'far west' congoleño. El polvo y la niebla cubren este lugar de madera y barro, haciéndolo casi fantasmal.
"Este pueblo empieza a conocer el desarrollo. Es una mezcla entre el pasado y el futuro. Parece congelado en el tiempo, pero aquí hay dinero porque es de donde salen los minerales. Por eso esta región se la disputan varios grupos armados", explica Eddy Mbuyi, nuestro guía al corazón de las tinieblas. Como los poblados de los buscadores de oro en el lejano oeste americano, no hay ley ni nadie que la aplique. Todos buscan enriquecerse rápido aunque muy pocos lo consiguen.
Miles de personas trabajan a diario en esta mina, parte a cielo abierto, parte en profundas galerías. Era de propiedad pública hasta que sus explotadores se agruparon en cooperativa para gestionar mejor sus recursos. Aunque de sus entrañas sale mucho dinero, en Rubaya no hay hospitales ni colegios. Tampoco luz ni electricidad. Eddy nos explica que en temporada de lluvias la montaña se derrumba y engulle con ella a muchos de los esclavos. "¿Veis esos puntos blancos que parecen árboles en lo alto de la montaña? Es la hilera de mineros descendiendo con antorchas. Cada día mueren aproximadamente 40 personas", dice.

Minero a los 16 años
 Acudimos al centro minero para pedir el permiso que nos de acceso a la explotación. Nos reciben los señores del coltán, miembros de la citada cooperativa. Los pillamos en plena fiesta: una veintena de hombres comiendo carne con las manos y bebiendo cerveza como si no hubiera un mañana. Sus esposas, sentadas discretamente en un segundo plano, sólo observan. Comienzan las negociaciones para intentar que nos dejen pasar a la cantera y hacer fotos. Pero nadie se compromete. Siempre hay un jefe superior al que consultar. 
- "¿Estos hombres tienen la culpa de las malas condiciones en las que trabajan los obreros?", preguntamos a nuestro guía.

- No se preocupan por la seguridad, sólo les interesa ganar dinero.

En el campo de refugiados de Rubaya, apoyado por Oxfam, vive la parte baja de la cadena del coltán: los mineros. No es difícil encontrarlos en Rubaya, donde la mayoría de la población trabaja en la explotación. Inocence, de origen ruandés, se presta a contarnos cómo trabaja y en qué condiciones vive. Entramos en su casa, una choza de tres metros cuadrados de palos y plásticos, escoltados por un cortijo de niños descalzos. Tiene 16 años.
- Inocence ¿Cuánto se tarda en llegar a la cantera?
- Depende de la lluvia. Yo tardo una media hora. Vosotros tardaréis mucho más.
El niño se presta a acompañarnos a la mina al día siguiente.
Al amanecer emprendemos la marcha: dos horas a pie por empinados y resbaladizos caminos de barro, convertidos en chocolate por la lluvia incesante y la humedad que lo impregna todo. En la travesía se cruzan niños descalzos con ancianas que portan cajas de cerveza atadas a la cabeza. Mercancía para abastecer a los que empuñan las palas. Soportar la carga es un desafío formidable, teniendo en cuenta lo rápido que avanzan y que van a subir el trayecto más veces en lo que queda de día.
- Inocence, cuéntanos como es un día en la mina
- Subimos por la mañana temprano y volvemos por la tarde, aunque a veces es ya de noche. Trabajamos sin descanso para sacar la tierra. La metemos en sacos que luego bajan otros al río.
Con la inocencia de quien no sabe que trabaja en el infierno, relata su vida cotidiana en la cantera. Nos cuenta que cobra un dólar por ocho horas de pico y pala en medio de la neblina. Escala la montaña en zapatillas, sin botas, sin importar si llueve. Sólo se cubre con una tela verde como el valle idílico que rodea la cantera del diablo.
- ¿Vas al colegio Inocence?
El niño niega con la cabeza.
- ¿Has ido alguna vez?
Vuelve a negar.
- ¿Te gustaría ir?
Esta vez la pregunta le deja perplejo. No sabe qué contestar. Nunca se ha planteado una vida distinta a la que tiene. Nunca ha tenido la posibilidad de cambiar el pico por un libro.

En la cumbre negra
 Sigue el ascenso por la empinada montaña. Por cada metro que subimos la lluvia y el frío se multiplican. Las nubes envuelven por completo las figuras que trufan el paisaje. De repente se oyen voces a lo lejos en medio de la bruma.
- "Eso es la mina", anuncia el niño.
A punto de llegar nos cruzamos con un grupo de hombres que bajan a un muerto en una camilla. Este hombre podrá contar con un entierro digno. "La mayoría fallece al derrumbarse las galerías interiores de la mina. Desaparecen porque nadie puede rescatar los cadáveres del interior", cuenta Eddy, el guía.
El pueblo minero de Rubaya, desde la montaña.
Por fin alcanzamos la cumbre. La niebla no permite ver toda la explotación, pero se intuye. El suelo es negro como la roca de coltán. Miles de figuras se mueven con palas y picos cubiertos de barro, algunos adolescentes, muchos de ellos descalzos y reventados por el esfuerzo. Parecen zombies en una danza fantasmal. Algunos llevan a la espalda sacos de mineral cuesta arriba y abajo. No importa si no tienen botas, lo que importa es lo que son capaces de arañarle a la tierra. Todo es cráter y lluvia.
Los trabajadores se apelotonan curiosos en torno al grupo de visitantes, improvisan escalones con sus palas para evitar que nos despeñemos. No hay tierra firme. Nos dicen que para los que no están habituados a moverse en arenas movedizas es peligroso. "Es época de lluvias y a menudo se producen desprendimientos en la montaña y caen con ella muchos mineros", explica Gilbert, uno de los obreros.
Explica que trabajan de sol a sol por un dólar, que compran comida en mercados improvisados en su interior, o en las zonas más bajas de la cantera, donde aún hay algunas casas en medio de la ladera. Dice que muchos compañeros desaparecen sin que nadie vuelva a saber de ellos, como si la bruma los engullera. Son las reglas de la mina, una picadora de hombres.
Gilbert se suma a la expedición y junto con Inocence, se ofrece a acompañarnos a la zona en la que criban el mineral. Allí el río que baja de la cantera fluye rojo. Varias cuadrillas de hombres separan con mallas de metal el coltán de la escoria. Aunque es un trabajo penoso, parece menos duro del que se hace arriba en la mina.

James, el traficante
 Hasta allí va James a diario para comprar el mineral ya cribado. Este traficante representa un paso más en la
cadena del comercio de minerales. No tiene que subir a la mina todos los días, sino que recoge la mercancía directamente en el río. Se nota su posición porque su casa, a diferencia de la de Inocence, es bastante más amplia. Está llena de sacos, donde guarda el producto que luego vende a los intermediarios que llegan desde Goma y que, a su vez, lo colocarán más caro a compradores ruandeses. Estos último son los que empaquetan el coltán, el manganeso y la casiterita hacia las zonas fabriles de Shanghai. Ruanda es uno de los grandes exportadores de minerales de sangre del mundo, aunque no posea ni una sola mina.

"No cerréis la puerta, la gente puede pensar que estamos traficando", dice James.
- ¿Cuánto puedes llegar a ganar haciendo lo que haces?
- 1.500 dólares
- ¿Quién compra estos minerales?
Se hace el despistado. No quiere dar detalles.
- Son intermediarios que lo llevan a Goma. Allí los venden a los extranjeros.
- ¿Cuánto cuestan los minerales que tienes?
- Se venden por kilogramos. Yo puedo conseguirlos a buen precio, un kilo por 25 dólares. ¿Qué queréis, coltán, manganeso...?
Nos enseña un 'echantillon' (muestra) de manganeso y coltán. Insiste en que puede conseguirnos un kilo por 25 o 30 dólares. Cree que somos compradores y por eso ha accedido a dar la cara e incluso a que le grabemos en vídeo. Al final se rinde y se conforma con pedir para unas cervezas, un lujo para Inocence, que gana un dólar por ocho horas de trabajo, pero no para él, que se embolsa mil veces más.
- ¿Sabes para qué se usa el coltán y los minerales que vendes?
- Creo que se utiliza para hacer cacerolas y herramientas de cocina... No sé...
Nuestro guía dice que la aparente ignorancia de James es ficticia. Él conoce perfectamente la utilidad que tienen los minerales de sangre, sabe que la cámara que le está fotografiando lleva un corazón negro que ha salido de esta montaña violada.

Fuente:  http://www.elmundo.es/internacional/2013/12/19/52b26b8d22601db4288b4579.html