Mostrando entradas con la etiqueta Prestige. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prestige. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de noviembre de 2017

Prestige, qué fue de todo aquello

Quince años después, si volviera a suceder algo así, nada asegura que la gestión no vuelva a ser tan catastrófica

Aniversario de un desastre. / Wearbeard
WEARBEARD. http://www.agenciasinc.es/Multimedia/Ilustraciones/El-Prestige-la-marea-negra-que-hizo-historia

En tales fechas como estas, pero en 2002, todos teníamos quince años menos y en el mar un petrolero de bandera griega andaba en zigzag frente a las costas gallegas, traído y llevado, a la vez que esparcía su carga. Mientras, en tierra, también iban de la ceca a la meca las autoridades y la ciudadanía. Ahora todos, incluidas las autoridades, tenemos tres lustros más, y no está de más saber qué fue de todo aquello, y de todos aquellos.

De Letonia vino un barco cargado de…
El Prestige (née Gladys en 1975), de bandera de Bahamas, era propiedad de una naviera con sede en Liberia, Mare Shipping, pero en realidad quien lo manejaba desde una oficina en Atenas era una teórica sociedad de gestión, Universe Maritime. En la maraña societaria de ambas empresas aparece el apellido Coulouthros, una familia griega asentada en el Reino Unido. Otra de sus empresas gestionaba el Aegean Sea (aka Mar Egeo), que también por estas fechas, pero en 1992, embarrancó en la entrada al puerto de A Coruña con 80.000 toneladas de fuel ligero. 

El Prestige había zarpado de Ventspils (Letonia) con 77.000 toneladas de un fuelóleo que, más que un derivado, era un residuo del petróleo. La carga era propiedad de un empresario ruso, Mikhail Maratovich Fridman aka Misha, al que en los ambientes de oligarcas exsoviéticos conocen como Mikhail Grâznyj (“Sucio”). El destino en teoría era Gibraltar, como enseguida se encargaron de resaltar las autoridades españolas, como si así la cosa no fuera con ellas. En realidad, el rumbo era Gibraltar for orders, es decir, a la espera de que los fletadores encontrasen un comprador en alguna parte del mundo y le dijesen a dónde dirigirse. Allí tenía África al sur, América al oeste y Asia, vía canal de Suez, al este. Como quien carga un camión con melones y lo sitúa en Zaragoza, por si lo coloca en Madrid, Cataluña o el País Vasco. Lo del destino no era baladí, porque el entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, amenazó con demandar a tutti quanti: Reino Unido, Letonia, Bahamas… menos Suiza, donde tiene la sede el grupo de Mikhail Grâznyj. El Gobierno español acabó demandando a la empresa norteamericana que le había pasado la ITV al barco. Más de 30 millones de euros en abogados que también naufragaron (los euros). La Audiencia de A Coruña acaba de tasar los daños en 1.600 millones. Como mucho, la aseguradora dará mil. Otro pleito en perspectiva, en Londres.

El Prestige iba a ser desguazado en San Petersburgo, pero lo requirieron para este último servicio. El que iba a ser su capitán renunció a llevar aquello y echaron mano de Apostolos Mangouras, que también debería estar en el dique seco. Mangouras, natural de la isla de Icaria, tenía 67 años y llevaba 42 años embarcado, 35 de ellos de capitán. Asumió el mando del barco y de una tripulación de rumanos y filipinos que cobraban unos 750 dólares al mes. En cuanto la nave escoró se pusieron a llorar, al capitán le dieron pena y pidió que los evacuasen.

El naufragio, el salvamento y otros cuentos
Hay teorías para todos los gustos (la ola gigante, el tronco a la deriva…), pero el hecho es que los barcos, y más si son viejos, tienen accidentes. Lo más probable es que, baqueteado por olas más que respetables, se soltó una plancha del casco o se agrietó. La vía de agua inclinó al petrolero. Estaba a 28 millas --unos 50 kilómetros-- de Finisterre. Eran las tres de la tarde del miércoles 13 de septiembre, había vientos de 90 kilómetros por hora y olas de hasta ocho metros. Nada especialmente fuera de lo normal. Informativamente, entonces, era un barco más en apuros. Lo que no sabíamos, y tardamos en saber, es que en determinados momentos hubo más actividad en tierra que en el mar.

<p>Un grupo de escolares participa en la cadena humana de protesta contra la catástrofe del <em>Prestige</em> en 2002.</p>
Un grupo de escolares participa en la cadena humana de protesta contra la catástrofe del Prestige en 2002.
Isabel Romero

El corredor de Finisterre es uno de los más transitados del mundo. El 70% del transporte marítimo europeo pasa frente a Galicia, unos 40.000 barcos al año, y más o menos uno de cada tres transporta mercancías peligrosas, además de su combustible. Para controlarlo, Salvamento Marítimo, organismo dependiente de Fomento, había contratado al Ría de Vigo, un remolcador potente, pero sin demasiada maniobrabilidad, después de trasladar a Gijón al de propiedad estatal, Alonso de Chaves, más moderno y maniobrable. Cuando el Ría de Vigo llegó, a media tarde, al lugar del accidente, ni el remolcador de servicio público ni el petrolero accidentado hicieron nada durante tres horas, según las comunicaciones de la Torre de Control de Tráfico Marítimo. Estuvieron frente a frente, el petrolero con la máquina parada, con Mangouras, el primer oficial y el jefe de máquinas esperando órdenes y el Ría de Vigo… también, pero no de Salvamento.

El Gobierno español tardó seis horas en contactar con la armadora griega, pero Smit Salvage --una multinacional holandesa de rescates que fue la que participó en la operación de reflotamientos del submarino ruso Kursk (y también en la del mercante Cason encallado en diciembre de 1987 en Fisterra)-- no tardó nada en hacer llegar desde Amsterdam una oferta a Atenas: el 30% del valor del barco y de la carga, en caso de éxito, y solo los gastos en caso contrario. De la parte del Ría de Vigo se encargaba Smit. Aun como chatarra, el valor del barco no bajaría de los cinco millones de euros, y la carga de los diez. Los griegos tardaron siete minutos en aceptar. Y menos en ordenar a Mangouras que aceptase ser remolcado. Meses después, en sede judicial, el capitán argumentó la negativa: “No sabía que el Ría de Vigo era un remolcador del Estado, y por lo tanto, gratuito” (y sin autorización del armador, él no podía acceder a un servicio de pago). Álvarez Cascos primero defendió la honorabilidad de la empresa concesionaria, después anunció en sede parlamentaria una investigación sobre lo sucedido y al día siguiente el BOE publicaba la renovación de la concesión. Durante esas primeras horas, el barco soltó unas 23.000 toneladas de fuel.

El remolcador al teórico servicio de Fomento entró en acción a las nueve, pero amarrar un petrolero de 82.000 toneladas de peso muerto en medio de olas que cubrirían un tercer piso no es como ayudar a un vecino a arrancar el coche. Y menos en medio de la noche, en una cubierta inclinada y llena de petróleo, y usando una sola mano (en realidad, desde comer a trabajar, en un remolcador de rescate todo lo tienes que hacer con una mano, la otra la usas para agarrarte a algo y no estamparte contra un mamparo o caer al mar), manejando estachas gruesas como piernas de ciclista. Es como un utilitario intentando enlazar en marcha un camión de cuatro ejes, sabiendo que el mínimo roce supone una catástrofe. Ese tipo de labor, tanto los gobiernos del PP como del PSOE consideraron que era mejor externalizarla, dado que no había naufragios todos los días (argumento que no se aplica, por ejemplo, al ejército).

Fax de la oferta de la compañía de salvamento holandesa a la armadora del Prestige, en el que se incluye los servicios del remolcador contratado por Fomento.
Fax de la oferta de la compañía de salvamento holandesa a la armadora del Prestige, en el que se incluye los servicios del remolcador contratado por Fomento.

 El caso es que pasaron casi doce horas el Ría de Vigo y tres remolcadores pequeños haciendo intentos y rompiendo cables y estachas de nueve centímetros de diámetro, hasta que cerca de las nueve de la mañana lograron asegurarlo. En todo ese tiempo había ido derivando hacia la costa y estaba a unas dos millas. Los vecinos de Muxía se despertaron no sabiendo si creer a sus ojos, que veían el barco delante, o a sus oídos que escuchaban a las autoridades en la radio diciendo que estaba a varias millas. La marea de mentiras llegó antes que la del chapapote y fue igual de espesa.

No pasa nada, circulen
En estos casos, lo propio es habilitar gabinetes de crisis. El que se creó en la Delegación del Gobierno en Galicia, en A Coruña, era bastante numeroso, por un lado por la cantidad de intereses e instituciones representadas, y por otro porque el acceso no estaba especialmente restringido ni delimitado. En todo gabinete de crisis se necesita un mapa para planear operaciones y señalar objetivos, se supone, pero en aquel no había cartas marinas y alguien tuvo que desplazarse a una librería a comprar uno de esos que se llevaban en el coche antes de los GPS. Se proyectaban barreras anticontaminación con un rotulador grueso, sin tener en cuenta la escala ni el detalle de que en Galicia, con tanta costa como el resto de España, solo había ocho kilómetros de barreras. Demasiado gabinete para pocos medios. El primer despliegue de personal fue de 350 personas: una por cada dos kilómetros de ribera afectada.

Recorrido del Prestige hasta su hundimiento.https://es.wikipedia.org/wiki/Desastre_del_Prestige

Pero el Prestige seguía enfrente, aunque ya no a la vista. Del petrolero se había hecho cargo un mastodóntico remolcador chino, el De da y Smit Salvage, por lo que, según el delegado del Gobierno, Arsenio Fernández de Mesa, el problema ya no era de España. La consigna la había dado, al parecer, quien tenía atribuciones para ello, el ministro de Fomento, aunque de modo no muy formal, en el calor de una cena en un restaurante italiano: “Ese barco, que se vaya a tomar por culo” o, en versión menos cruda y menos creíble, “Que lo lleven al quinto pino” (los informes técnicos sobre la conveniencia de la medida los solicitó cinco días después de tomarla). “Tan lejos que hemos tenido que poner este papel para alargar el mapa”, decía ufano De Mesa. El problema es que la tierra no es plana y no termina en un borde, o no hay una alfombra bajo la que ocultar los problemas. La ruta inicial, hacia el norte, originó las protestas de los vecinos de arriba, Francia y Reino Unido, y cuando el remolcador chino acarreó al gimiente petrolero bahameño-liberiano-greco-suizo hacia el sur, una fragata portuguesa le salió al paso impidiéndole entrar en sus aguas jurisdiccionales. Durante ese ir y venir, el petrolero fue, por supuesto, dejando salir su carga. Según las valoraciones presentadas en 2008 por Santiago Martín Criado, perito del juzgado de Corcubión, casi 19.000 toneladas. Por razones obvias, Smit quería recalar en algún puerto refugio para trasvasar la carga, o más bien lo que quedaba de ella. Cuando rompió se estima que perdió alrededor de 20.000 toneladas, aunque las fuentes oficiales hablaban de 3.000 o 4.000 y cuando fueron cuestionadas, De Mesa contribuyó al acervo fraseológico del siniestro: “Hay una cifra clara y es que la cantidad vertida no se sabe”). Smit llegó a plantearse intentar hacer llegar al renqueante navío a Cabo Verde. Se acabó hundiendo a 250 millas de la costa gallega, haciendo un vertido de despedida, que no lo fue, de 10.000 toneladas, antes de ir a reposar, en dos trozos, a casi cuatro mil metros de profundidad, en una zona denominada Banco de Galicia. No fue el último derrame porque las 14.000 toneladas que todavía llevaba dentro cuando se fue al fondo, contra los vaticinios político-técnicos que aseguraban que se convertirían en adoquín, se empeñaron en salir, aunque fuese en forma de hilillos de plastilina. Repsol, en una operación de coste multimillonario, tuvo que extraerlas con lanzaderas.

 Las mareas. La negra, la blanca y la ciudadana 
La primera de las mareas, la proveniente del primero de los tres vertidos importantes que tuvo el petrolero, también sorprendió por la mañana a los habitantes de Muxía, y no solo de Muxía. Como está más que documentado en la memoria reciente, y si no hay una abundantísima memoria gráfica, aquella masa viscosa negra, con densidades que iban del como chocolate exprés a la gelatina anegó en aquella primera acometida 190 kilómetros de costa. Lo que iba escapando de la nave por una grieta que ya era de 50 metros fue invadiendo progresivamente la ribera, desde la Costa da Morte hacia el sur. En la bocana de la ría de Arousa, mientras el vicepresidente Mariano Rajoy decía en Pontevedra que no se esperaba que el chapapote llegase a las Rías Bajas, una flota de cientos de embarcaciones de todo tipo, como en Dunkerque, lograron parar la acometida. En los puertos, las mujeres confeccionaban barreras con redes y almohadas. La segunda gran oleada, la del estertor del hundimiento, invadió, sin embargo, las islas Cíes. La tercera, los “hilillos de plastilina” que liberaba el pecio desde el fondo, derivó hacia el norte, castigó de nuevo la costa coruñesa y sobrepasó Ortegal, afectó la costa cantábrica y llegó a Francia.

Resultado de imagen de prestige
http://www.marinadelsur.es/1932/
 En tierra se produjeron como reacción dos mareas. La blanca, la de los voluntarios, gentes que venían de toda Galicia (se estima que 55.000), del resto de España (60.000), y también del extranjero (1.000), a extraer el chapapote. Un auténtico fenómeno de solidaridad, con ribetes de turismo de catástrofe y de aventura, que desbordó, por supuesto, a las autoridades autonómicas y centrales, y que tuvieron que afrontar sobre todo los ayuntamientos y las cofradías. Es decir, pueblos marineros con una capacidad hotelera para 50 o 100 personas, que de pronto tienen que asumir el alojamiento y manutención de 2.000 o 3.000, más o menos tantos como el censo habitual. Pabellones habilitados como dormitorios, cocinas comunitarias atendidas por turnos, supermercados y particulares que donaban comida… el sueño realizado de la autogestión.

Todo ello tenía que fermentar de alguna forma. El 2 de diciembre, bajo un intenso aguacero que llenó Santiago de Compostela de paraguas, cientos de miles de personas se manifestaron al grito de “Nunca Máis”. El lema lo llegó a pronunciar incluso George Bush, ignorante sin duda de que no constituía precisamente una ayuda a su amigo Aznar. Nunca Máis, promovida fundamentalmente por el BNG, agrupó a 365 (el número es fácil de recordar) organizaciones, desde partidos a la izquierda del PSOE hasta asociaciones de vecinos, organizaciones ecologistas y empresas. Hicieron de cada manifestación una fiesta de miles de personas. Una convocó específicamente a los músicos, otra llenó de cruces la playa de Riazor, otra inundó las calles de maletas, una cadena de 40.000 escolares abarcó las playas… Tenía incluso una organización de artistas, Burla Negra (el nombre del barco de un pirata pontevedrés del siglo XIX) que, entre otras cosas, organizó cerca de 200 conciertos musicales en toda Galicia en un mismo día. La bandera, diseñada por Xosé María Torné, era omnipresente. En la Pasarela Gaudí, en toallas de playa, en las ventanillas de los coches. Todavía se ve por ahí.

En qué acabó todo aquello
La Xunta y el Gobierno central (Manuel Fraga y José María Aznar) acordaron e hicieron efectivas indemnizaciones por cese de actividad pesquera con una celeridad administrativa de vértigo (teniendo en cuenta que por aquellas fechas se estaban pagando las del Mar Egeo, de diez años atrás) y con un desparpajo como si la pasta fuese suya. Durante unos meses, en lugares de la Costa da Morte hubo pleno empleo y en Galicia, una auténtica sobredosis de promesas. El PP logró imponer lo que todavía entonces no se llamaba el “relato” de que había ganado las elecciones municipales, presentando a Muxía como arquetipo. Sin embargo, el PP descendió casi un 4% en su voto en Galicia, mientras en el conjunto del Estado, después de las multitudinarias manifestaciones contra la guerra de Irak tan solo perdió un 0,43%. También la suma de los votos de PSOE y BNG superó en casi cinco puntos a los populares (en 1999 había sido un 1,9% inferior), iniciando la tendencia que llevaría en 2005 a Fraga a perder el gobierno en favor de una coalición de socialistas y nacionalistas.

Pero el Prestige cambió también el rumbo del PP gallego. Murió el sueño bávaro de Fraga y de parte del partido. La pugna de siempre, nada larvada, entre los partidarios de un partido autónomo y los de la obediencia debida a Génova, tomó de nuevo cuerpo en la marea negra, entre los que demandaban que la crisis fuese gestionada por la Xunta y quienes reclamaban que el joystick lo tuviese Madrid. Hubo una crisis en la Xunta en mitad de la crisis, y se resolvió la imperecedera confrontación entre Xosé Cuiña, el sempiterno delfín de Fraga que situaba su galleguismo “al borde de la autodeterminación” y José Manuel Romay Beccaría, el político perenne, siempre a caballo entre Galicia y Madrid, que tuvo su primer cargo en 1963 y desde entonces los ha concatenado. Fraga primero confió a Cuiña el mando de la estrategia política y operativa y después, ante la reacción de Génova, lo destituyó. De purgar a los que quedaban o de premiar a los que se sumaron llegó de la capital un hombre de Romay, Alberto Núñez Feijóo (otro de sus hombres se llamaba Rajoy, Mariano Rajoy, pero este no volvía a Galicia ni atado).

Imagen relacionada
El momento del hundimiento del 'Prestige', con la proa del barco apuntando al cielo, el 19 de noviembre del 2002. - Foto: XURXO LOBATO

Cuiña fue prácticamente el único de todos cuantos tuvieron un papel en la crisis que vio truncada su carrera. Los funcionarios de alto nivel, residentes o desplazados, que contribuyeron a transformar el negro panorama en rosa, progresaron en sus carreras. El caso más extremo, el de Rodolfo Martín Villa, que a su larguísimo currículo sumó el título de Alto Comisionado para el Prestige. Si Jaume Matas, entonces ministro de Medio Ambiente, no tiene un retiro dorado, fue por su mala cabeza. Su homólogo en la Xunta, Carlos del Álamo, por ejemplo, es consejero de Ence, el grupo que tiene una celulosa plantada en plena ría de Pontevedra. Miguel Arias Cañete, entonces ministro de Pesca, que se encargó de demostraciones prácticas de la salubridad y exquisitez del pescado gallego, sigue a sus cosas en Europa, igual que Aznar. Paco Álvarez Cascos salió indemne y con la Medalla de Oro de Galicia que le dio Fraga por los servicios prestados. Incluso consiguió que el único imputado --luego absuelto-- fuese el director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors, un hombre con chaqueta pata de gallo verdosa que no abría la boca en las ruedas de prensa en la Delegación del Gobierno. Arsenio Fernández de Mesa --“a mí me dijeron que diera la cara, y la di”, me dijo años después-- fue director general de la Guardia Civil y ahora acaba de llegar al otro lado de la puerta giratoria. Rajoy ya saben. (Por cierto, ninguno de aquellos próceres estuvo entonces donde debía, aunque sí en contacto con la naturaleza: Aznar en la República Dominicana, Cascos esquiando, Matas en Doñana, Fraga de caza, con Cuiña y Del Álamo). E incluso una de aquellas llamadas “chicas de Urdaci”, con la que pasé una jornada de domingo persiguiendo manchas de chapapote y traduciendo su extensión a campos de fútbol para el telediario, es ahora reina.

El único de los protagonistas con nombre y apellidos que lo pasó realmente mal fue Apostolos Mangouras, el capitán que debería estar jubilado y siguió las órdenes de su armador. Estuvo tres meses en la cárcel (una medida insólita en un caso de estas características), con la solidaridad de la mayor parte de los marinos mercantes, y en arresto domiciliario bajo fianza, cerca de un año, en Barcelona, para estar más cerca de casa. En el juicio celebrado en A Coruña once años exactos después de la catástrofe, solo había tres acusados: Mangouras, para el que la fiscalía pedía 12 años y 43.000 millones de euros de indemnización, el jefe de máquinas del Prestige, Nikolaos Argyropoulos, y López Sors, por indicios de criminalidad al ordenar el alejamiento del petrolero hacia el noroeste, mientras perdía fuel. El único condenado fue el capitán, culpable de un delito de desobediencia grave a las autoridades españolas, sentenciado a nueve meses de prisión, que le fueron conmutados en razón de su edad.

La imagen más vívida de la impotencia e injusticia de un sistema, empezando por el judicial, es haber vivido una catástrofe que afectó a miles de personas y ocasionó daños que nunca se podrán calcular, y contemplar como los únicos que se sentaron en el banquillo eran tres ancianos de pelo blanco. Y saber que hoy, quince años después, si pasa algo así otra vez, nada asegura que la decisión drástica de qué hacer no la vaya a tomar de nuevo, finalmente, un ministro al que molestan en una cena.


 Fuente: http://ctxt.es/es/20171115/Politica/16213/Prestige-Galicia-aniversario-justicia-nunca-mais-marea-blanca.htm#.WhF7XL1y72o.twitter

sábado, 13 de junio de 2015

45 años de marea negra del Polycommander

O Polycommander, envolto en chamas e fume tras o seu sinistro.
El Polycommander, envuelto en llamas y humo tras su siniestro
La memoria común habla a veces del hundimiento del Polycommander, el petrolero noruego que provocó la primera gran marea negra en Galicia, de la que ahora se cumplen 45 años. Pero la realidad es que no hundió. De hecho, volvió a navegar, bajo otro nombre. Hagamos por lo tanto repaso de algunos mitos y leyendas sobre la catástrofe desatada el 5 mayo de 1970. En la que se vertieron 18.000 toneladas de petróleo 'Light Arabian' en la ría de Vigo y se vivió un dramático incendio que desbordó a los servicios de rescate.

Es lugar común que el "Polycommander", en pleno viaje entre Sidón (Líbano) y Donges (Francia), se accidentó al entrar en la ría de Vigo. En realidad, embarrancó en las Cíes cuando ya abandonaba la ría viguesa, después de hacer una escala de urgencia para desembarcar a una enferma, la camarera Karin Alstad, que fue ingresada en una clínica de la ciudad.

El accidente se produjo a las 4.20 horas en la isla de Monteagudo, en la boca norte de las Cíes. Sobre las causas, se mantienen aun hoy enardecidas disputas. Son muchas los testigos que afirman que el capitán del petrolero estaba completamente borracho. De hecho, se asegura que no estaba en el puente de mando, ya que era incapaz de salir de su camarote. Pero otras fuentes apuntan a un error del timonel, que retrasó un cambio de rumbo, sin prever la inercia del buque cargado de combustible.

El capitán de la Marina Mercante Tomás González, autor de una monografía sobre el accidente, apunta al práctico del puerto: "Aunque el capitán es el responsable en todo momento de la seguridad de su buque, aun con práctico a bordo, este es un perfecto conocedor de la ría y de sus peligros, por el que también tiene parte de responsabilidad." Y sospecha que pudo haber problemas de comunicación: "Descartado un fallo de maquinillas, que no aconteció, o un inaceptable despiste del práctico y del capitán, la causa más probable pudo estar en las dificultades del idioma entre el capitán y el práctico, por lo que en el puente de mando no se entendieron sus indicaciones."

Lo cierto es que el "Polycommander" toca fondo y se rompen los tanques 5 y 6, vertiendo a la ría 18.000 toneladas de crudo "LightArabian", un tercio de las 49.414 toneladas que transportaba.

O buque provocou unha formidable nube de fume.
El buque envuelto en humo y fuego
El petrolero se incendió, hubo explosiones y la ría amaneció con una densa nube de humo negro. Es común también la leyenda de que, en aquel infierno, hubo muertes. Pero no es cierto. Los 39 tripulantes que viajaban a bordo del "Polycommander" fueron rescatados. Tampoco hubo muertos entre los participantes en el rescate y extinción del incendio, pero sí heridos. Marineros de un remolcador sufrieron quemaduras durante los trabajos.

La mayor parte del crudo pudo ser rescatado y trasvasarse al petrolero "Albuera", así como al "Campaláns", "Campollano" y "Camponalón".

Dos meses y medio estuvo el "Polycommander" embarrancado en las Cíes, hasta que fue desencallado, el 20 de julio de 1970. Fue adquirido entonces por armadores griegos, que pagaron 28 millones de dólares por el barco chamuscado. No obstante, no abandonaría la ría hasta mucho más tarde. Porque fue fondeado frente a Barra para unas primeras reparaciones hasta que, en octubre, zarpó con el remolcador "Nisos Delos" rumbo al Pireo, en una accidentada singladura que lo obligó a pedir ayuda en Gibraltar.

El "Polycommander" fue reconstruido y volvió a navegar, bajo el nombre de "Yanxilas", prestando servicio hasta 1985 en que fue al desguace.

El petrolero noruego provocó la primera gran marea negra de Galicia. Pero no fue a primera vez en la que se vertió petróleo en la costa gallega. En la ría de Vigo, por ejemplo, ya antes habían sufrido accidentes y derramado crudo frente a las Cíes el "Janina" (1957) y el "Yanxilas" (1965). Este último curiosamente tenía el mismo nombre que más tarde adoptaría el "Polycommander".

El de Vigo no fue el primer accidente del buque noruego. Porque meses antes, el 7 de febrero de 1969, ya había derramado 200 toneladas de petróleo en Aruba, en las Antillas, en otro siniestro.

Lo que es seguro es que el accidente tuvo repercusión mundial. En 2010, los Estados Unidos desclasificaron documentos en los que su Departamento de Estado pedía Madrid información sobre las consecuencias ambientales del siniestro. Pese a las presiones del lobby petrolero, Washington temía -con razón- que los súperpetroleros pudieran provocar grandes catástrofes. Así ocurriría durante las siguientes décadas. El siniestro llegó a ser portada de la revista "New Yorker" en mayo de 1973, en un reportaje sobre los peligros del transporte masivo de petróleo en barcos.

En España, aun bajo la dictadura, las autoridades negaron la marea negra. En el mismo verano de 1970, con el "Polycommander" aun a la vista, abundan los reportajes en los diarios sobre el magnífico estado de las playas. Y las declaraciones de políticos en la misma línea. Tampoco se difundió nunca el efecto de los dispersantes que llegaron desde Reino Unido y que fueron fumigados sobre la ría. Hasta 1972, incluían productos aromáticos hoy prohibidos que son catastróficos para la vida marina. Y altamente nocivos para ser humano, pudiendo provocar la muerte.

Pero de esto sabían poco los niños que, en los años 70, jugaban en la playa de Samil y escuchaban sus madres advertirles: ¡No juegues en la orilla del mar, que te vas manchar de pichi! ". 45 años después del accidente, aquel "pichi" pasó a llamarse, tras la tragedia del 'Prestige' el 'chapapote'. Las 18.000 toneladas de "Arabian Light" que fueron vertidas en la ría de Vigo siguen ahí, en las playas, en las rocas o en el fondo del mar. Donde no, nunca hubo un pecio del "Polycommander". 


Fuente: http://www.gciencia.com/historias-gc/45-anos-da-marea-negra-do-polycommander/

jueves, 14 de noviembre de 2013

Imágenes que recuerdan la tragedia del Prestige

El 19 de noviembre de 2002, un petrolero llamado Prestige se hundió frente a las costas de Galicia, vertiendo más de 70.000 toneladas al Atlántico y tiñiendo de chapapote numerosas playas españolas, portuguesas y francesas.

Hoy, casi 11 años después, la tragedia vuelve a ser noticia una vez la justicia ha puesto punto final al caso con una polémica sentencia: 9 meses de prisión para el capitán del navío por desobediencia a la autoridad. No hay más culpables ni indemnizaciones. El coste medioambiental del vertido se estima en casi 1.000 millones de euros.

Aprovechando la noticia, la agencia Reuters ha recuperado varias impactantes fotos que recuerdan la catástrofe. Las imágenes hablan por sí mismas.
 
Prestige 
Prestige 
Prestige 
Prestige 
Prestige 
Prestige
Prestige 
Prestige 
Prestige 
Prestige 
 Prestige
Prestige
 Prestige
Prestige 
Prestige 
Prestige 

martes, 13 de noviembre de 2012

Prestige: Dónde están los responsables?



Fuente:http://www.greenpeace.org/espana/es/news/Activistas-de-Greenpeace-despliegan-una-pancarta-en-el-juicio-del-Prestige-con-el-rostro-de-los-responsables-de-la-marea-negra/
          http://www.greenpeace.org/espana/es/Blog/prestige-sobre-las-60000-toneladas-que-se-tra/blog/42875/ 

Greenpeace recuerda que la marea negra que afectó a casi 2.000 km de la costa española fue debida, además de a las carencias en la responsabilidad en el transporte marítimo que, hoy en día, siguen protegiendo los intereses de la industria petrolera, a los fallos y negligencias institucionales a la hora de tomar decisiones desde que el Prestige lanzó el 13 de noviembre de 2002, hace hoy 10 años, el SOS.
"Rajoy, Cascos, Cañete y Matas son irresponsables frente a la catástrofe del Prestige porque no les podemos exigir responsabilidad y actuaron con falta de previsión", ha declarado Raquel Montón, responsable de la campaña Energía de Greenpeace.
La organización ecologista publicó, el pasado 5 de noviembre, el informe Otro Prestige es posible donde expone que a pesar de las advertencias públicas de numerosos expertos y científicos, la decisión de alejar el buque fue uno de los mayores errores cometidos, la información ofrecida por las distintas administraciones a la población fue escasa, insuficiente y, en ocasiones, falsa y contribuyó a dificultar una respuesta efectiva contra la catástrofe. Por último, la insuficiente valoración de la dimensión medioambiental del siniestro fue la última de las tres causas principales de la negligente gestión del accidente del Prestige.
Greenpeace señala que los principales responsables de todo ello fueron:
Mariano Rajoy era vicepresidente primero, ministro de la Presidencia y portavoz del Gobierno. Le correspondía la coordinación interministerial y la comunicación a la sociedad.La desinformación fue enorme, falta de rigor, en ocasiones falsa y continuamente desmentida.
Francisco Álvarez-Cascos era ministro de Fomento. Le correspondía la máxima responsabilidad en tráfico, seguridad y contaminación marítima. La decisión de alejar el buque dependió de él y fue uno de los mayores errores de la gestión del accidente.
Jaume Matas era ministro de Medio Ambiente. Le correspondía la evaluación del desastre y de las tareas de limpieza de la costa y de las playas. La ineficiencia en la limpieza de playas, así como la ausencia de ningún documento de evaluación integral de daños, ni consecuentemente planes para paliarlos, fue su responsabilidad.
Miguel Arias Cañete era ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación.Le correspondía la decisiones sobre el cierre de los caladeros. La minusvaloración de la dimensión ambiental de la catástrofe le condujo a una completa descoordinación desde el Ministerio con las consejerías de pesca, los pescadores, mariscadores y marineros.
Arsenio Fernández de Mesa era delegado del Gobierno en Galicia. Tenía competencias en lo que respecta a la información ciudadana y vocal de la Comisión interministerial para el seguimiento de los daños causados por el Prestige.Participó de la decisión de alejar el Prestige.
Asimismo, la organización presentó el pasado 16 de octubre, coincidiendo con el inicio de la vista oral del juicio, el documento La injusticia del Prestige, donde explica que esta decisión fue tomada por el director general de la Sociedad de Salvamento Marítimo, Javier Gárate; el subdirector general de Tráfico y Seguridad Marítima, Manuel Nogueira; el capitán marítimo de A Coruña, Ángel del Real; el delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa, y el director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors. Después de tomar esa opción, el grupo informó al ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, quien avaló el alejamiento del Prestige. Todos ellos sabían que el calado del puerto de A Coruña era suficiente para albergar el Prestige y tomaron esta decisión sin que ningún técnico cualificado hubiera inspeccionado el buque.
Finalmente, Greenpeace expone que el petróleo, último responsable de la marea negra, puede ser sustituido en el sistema energético por renovables. Para ello, en el sector del transporte hay que reducir las necesidades de movilidad y avanzar en la electrificación. En el informe de Greenpeace Energía 3.0 se detalla este modelo que logra satisfacer los servicios de movilidad con una gran reducción del consumo de energía.


lunes, 15 de octubre de 2012

¿Qué era el Prestige?


Fuente:http://www.20minutos.es/noticia/1617114/0/claves/desastre/prestige/

Un buque monocasco fabricado en Japón, que transportaba 77.000 toneladas de fuel (un combustible pesado, usado para las calderas, altamente contaminante) desde San Petersburgo (Rusia) a Gibraltar. En el momento de su hundimiento tenía 26 años de antigüedad y le quedaban apenas dos años y medio para ser retirado de la circulación ya que la normativa europea obliga a los barcos a navegar por aguas comunitarias con doble casco. No pasaba ningún control desde el año 1999.
El petrolero tenía bandera de las Bahamas, pero su dueño era liberiano (Mare Shipping), su armador era griego (Universe Maritime), disponía de un certificado estadounidense para navegar (ABS), lo había fletado una sociedad suiza (Crown Ressources), estaba asegurado por una mutua británica (The London Steamship Owners) y navegaba bajo el mando de un capitán griego (Apostolos Mangouras).
El 13 de noviembre de 2002, durante un fuerte temporal frente a la Costa da Morte, el buque sufrió una vía de agua y comenzó a soltar fuel. Francisco Álvarez Cascos, entonces ministro de Fomento bajo el gobierno de José María Aznar, ordena que el buque se envíe "al quinto pino" y se adentre en el mar lo más posible.
Tras seis días de rumbo errático —en esos días recorre 243 millas (437 kilómetros), primero hacia el norte y después es remolcado hasta el sur— el buque se parte por la mitad el 19 de noviembre, a 250 kilómetros de la costa gallega. La corriente de Navidad pilla de lleno al petrolero, esparciendo su vertido por toda la costa desde la desembocadura del Miño hasta la costa suroeste francesa. El desastre medioambiental adquiere proporciones gigantescas.
 Cerca de 63.000 toneladas de fuel quedaron desparramados por la costa. El 'chapapote' inundó playas paradisíacas y obligó a prohibir la pesca durante meses en casi 1.000 kilómetros de litoral. Las Cámaras de Comercio cifran las pérdidas en 1.400 millones de euros. Durante los nueve primeros meses posteriores al desastre se recogen más de 23.000 aves llenas de petróleo (17.000 de ellas muertas), según un informe de la organización SEO/BidLife. Un informe pericial de la Fiscalía cuantifica en 3.862,42 millones el impacto ambiental y económico en el Estado español.
En nueve meses se recogieron 17.000 aves muertas
La actuación del Gobierno y la falta de información clara sobre el suceso indignan a la población y originan el movimiento ciudadano Nunca Máis , que exige dirimir responsabilidades y actuar para evitar más catástrofes. Una corriente de voluntarios llegados de toda España se movilizan junto a los pescadores de la zona, sin apenas medios, para limpiar el fuel que tiñe el litoral. En poblaciones como Muxía, en pleno centro de la catástrofe, se calcula que más de 120.000 personas colaboraron en las tareas de limpieza durante los meses en los que se trabajó contra el 'chapapote'.
Los pescadores que participaron en la limpieza del vertido siguieron sufriendo problemas respiratorios cinco años después del accidente, según un estudio que se realizó por el grupo SEPAR-Prestige,  liderado por el investigador del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), Jan-Paul Zock. También un grupo de investigadores de la Universidad de A Coruña ha expuesto a un grupo de roedores a un fuel similar al del Prestige y han descubierto que la exposición al combustible por inhalación causa daños en el material genético a corto plazo y explican que estos resultados podrían extrapolarse a las miles de personas que participaron en las labores de limpieza de las costas.
 Los principales protagonistas
  • José María Aznar era el presidente del Gobierno en el momento en el que el Prestige se hundió a 3.600 metros de profundidad. Delegó la coordinación de la crisis en su vicepresidente primero, Mariano Rajoy.
  • Mariano Rajoy se encargó de informar del desarrollo de los acontecimientos, aunque tardó en reconocer la gravedad del accidente. En un principio habló de que el buque, ya hundido, vertía "unos pequeños hilitos" como "de plastilina". Días después tuvo que reconocer que el buque expulsaba 125 toneladas de fuel al día. También tuvo que desmentir Rajoy la información de la Delegación del Gobierno de que se habían establecido 18.000 metros de barreras anticontaminación alrededor del barco hundido, cuando en realidad solo había 9.000.
  • Francisco Álvarez Cascos era el ministro de Fomento durante esa época y el que ordenó alejar el barco de la costa, a pesar de que los estudios realizados sobre buques en condiciones similares recomendaban llevarlo a puerto, acotarlo e intentar frenar los daños.  Fue duramente criticado porque se fue de caza durante los días siguientes al accidente, cuando ya era evidente que el buque estaba perdiendo fuel.
  • Jaume Matas era el ministro de Medio Ambiente, pero también tardó en asumir la magnitud de la catástrofe, pues pasó el fin de semana posterior al accidente en el parque nacional de Doñana junto al ministro del Interior, Ángel Acebes, y la ministra de Sanidad, Ana Pastor.
  • Apostolos Mangouras, de 77 años, era el capitán griego del buque. Permaneció en el petrolero hasta que fue evacuado, dos días después de que emitiera el SOS. Fue detenido por la Guardia Civil, acusado de dificultar las labores de rescate y de haber provocado un desastre ecológico. Después de dos meses en prisión, fue liberado al pagar una fianza de 3 millones de euros. La Fiscalía pide 12 años de prisión para él.
  • Ireneo Maloto, primer oficial del buque, de nacionalidad filipina, actualmente está en paradero desconocido. La Fiscalía pide 12 años de cárcel para él por un atentado contra el medio ambiente, daños y desobediencia.