| Vía: https://twitter.com/libe |
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| Sara Rogel pasó casi 10 años en una cárcel tras tener un aborto. |
En octubre de 2012, la joven salvadoreña, entonces de 18 años, fue arrestada y condenada por "homicidio agravado" luego de un aborto que asegura se debió a una caída.
"Fue un accidente que dio vuelta a mi vida. Yo amaba a mi bebé y por una caída terminé en la cárcel", dijo este martes en una conferencia de prensa tras su liberación.
Tras cumplir casi 10 años en una prisión de mujeres, la Justicia de El Salvador decidió conmutar la pena de Rogel en enero pasado y, tras varias audiencias y procesos judiciales, un juez decretó a finales de mayo su libertad condicional.
"Fue muy difícil porque me di cuenta de tantas cosas ya presa. Para mí me robaron mis sueños, tanto de poder saber dónde estaba mi hija hasta terminar mis estudios, de estar lejos de mis papás, que nunca me había separado de ellos, ni de mis hermanos…", dijo.
Su caso no es el único.
Según Agrupación Ciudadana, una ONG que aboga por la despenalización del aborto en El Salvador, otras 16 mujeres se encuentran actualmente en las cárceles del país por casos similares.
La nación centroamericana, una sociedad conservadora y mayoritariamente católica, no contempla excepciones para la interrupción del embarazo, incluso cuando ocurre una violación o cuando la vida de la madre está en riesgo.
Esto ha llevado a que decenas de mujeres, principalmente de zonas pobres, hayan sido encarceladas a lo largo de los años por la muerte de sus fetos en casos en los que aseguran haber sufrido abortos espontáneos.
Para muchos en el país centroamericano, la llegada al gobierno del presidente Nayib Bukele, quien prometió reformar las estructuras más anquilosadas de la nación, fue una esperanza de que las cosas también podrían cambiar en esta área.
Pero cualquier modificación sobre el aborto debe pasar antes por el Congreso, que no ha contemplado su discusión luego de que Bukele alcanzara una mayoría absoluta.
Rogel dice que nunca esperó que su embarazo la fuera a llevar a la peor pesadilla de su vida.
"Yo amaba a mi bebé. Yo tenía todo lo que una madre deseaba, tener una bebé, que estaba a punto de acompañarme", dice.
Sin embargo, asegura que un día, ya con ocho meses de embarazo, resbaló mientras caminaba por su casa, ubicada en un área rural del departamento de Cuscatlán, en el centro del país.
"Me caí, quedé inconsciente y cuando desperté estaba en el hospital. No sabía qué pasaba, no sabía nada de mi hija, nadie me decía nada de qué era lo que sucedía conmigo", recuerda.
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| Rogel fue liberada el lunes de la cárcel para mujeres donde se encontraba. |
Cuenta que por un par de días vivió en la incertidumbre: los médicos solo le decían que no se debía mover porque había perdido mucha sangre.
Según denuncian colectivos feministas, cuando las mujeres llegan a los hospitales de El Salvador con síntomas de haber perdido un embarazo, los médicos en muchas ocasiones llaman a la policía incluso antes de iniciar un tratamiento.
"Cuando reaccioné ya estaba privada de libertad, sin saber qué pasaba con mis papás, qué pasaba con ella (con la bebé que había perdido)", rememora.
Ahora, tras casi una década en una cárcel de mujeres, la joven mira hacia atrás y cree que lo sucedido acabó con las aspiraciones de su juventud.
"Estaba al terminar mis estudios. Quería hacer una licenciatura en enfermería y, lamentablemente, me pasó este accidente", se lamenta.
Dice que el periodo en la cárcel fue muy difícil: "anhelaba volver a mi casa, estar con mis papás, con mis familia".
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| Rogel busca ahora visibilizar la situación de otras mujeres que siguen cumpliendo prisión El Salvador por tener un aborto. Foto AFP |
A pesar de todo, piensa que logró salir adelante, pero reconoce que el dolor de lo que le sucedió la sigue persiguiendo.
"Fue algo muy doloroso para mí porque nunca pensé que de un golpe iba a perder a mi hija y, lo peor, que estuviera tras las rejas tantos años cuando no tuve nada que ver", cuenta.
Para ella, su misión ahora es visibilizar la situación de las mujeres que continúan en las cárceles de El Salvador por motivos semejantes al suyo.
"Hoy aquí estoy pidiendo que se haga justicia con mis demás compañeras que se han quedado presas. Porque así como yo sufrí ese daño hay mucha gente detrás de esas rejas con muchos años. Y yo quiero que se haga justicia con ellas también", dijo.
Agrupaciones feministas de El Salvador denuncian que la penalización total del aborto afecta principalmente a las mujeres más pobres y vulnerables del país, que luego deben enfrentar procesos judiciales en los que, aseguran, se dan irregularidades y faltas a las garantías del debido proceso.
En los últimos años, acciones de grupos de defensa de la mujer en El Salvador han logrado la liberación de al menos 50 mujeres condenadas por haber tenido un aborto.
En 2020, Cindy Erazo fue liberada después de seis años en la cárcel tras ser sentenciada a 30 años de prisión por homicidio agravado, luego de que una emergencia obstétrica durante su octavo mes de embarazo.
Y en 2019, Evelyn Hernández, quien también había sido sentenciada a 30 años de cárcel luego de que su bebé fuera encontrado muerto en el baño donde dio a luz antes de desmayarse, fue liberada luego de casi tres años en prisión.
Women on Waves es una organización que lleva casi 20 años ayudando a mujeres de todo el mundo. Educación sexual, talleres, charlas sobre enfermedades. O, lo más llamativo, abortos que se realizan en alta mar, huyendo de legislaciones restrictivas y ancladas en el pasado. Esta es su historia.
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| El barco de Women on Waves |
Javiera tiene 32
años y anda por Santiago de Chile. En 2019 quedó embarazada. Su pareja,
más de un lustro juntos. Aún siguen. Sin casarse, sin descendencia.
De
aquella vivía con su madre, con su hermano. Dice que al principio pensó
en un atraso. "Ya me había pasado antes, falsa alarma". Esta vez no.
Compró un test, salió positivo. Ese mismo día contactó con Women on Web,
la versión digital de Women on Waves.
Me cuenta sobre su caso. Los síntomas, que fueron fuertes. Nauseas extremas, que no la dejaban dormir. Por la calle llevaba una bolsita, por si le atacaban ganas de devolver. Todo a escondidas, en secreto. "No podía decirle a nadie, tenía que disimular, hacer que todo está como siempre. Ni pedir ayuda o consejos a alguna amiga, hablar con mi familia". Nada. Solo lo sabía su pareja. "Lloraba por todo. Andaba muy ansiosa. Tenia mucho sueño, me costaba levantarme. Odiaba estar así". Preocupaciones de salud, claro. Riesgos. "Mi vida durante esas once semanas fue un calvario. Aunque el apoyo de mi pareja, su amor y preocupación, lo hiciera todo un poco más llevadero".
Al Adelaide lo construyeron en Francia. Año 2002. Un velero, uno de esos que llaman sloop fraccionado. Palo único, el foque envergado al estay de proa. La vela mayor es cangreja, y cuenta además con motores diésel de veintinueve caballos para cuando el viento no sopla en la dirección adecuada. Su interior está decorado en brillantes tonos azules, con muchos cojines aquí y allá. Un espacio confortable
Al menos así lo describe Ian Urbina en el maravilloso libro Océanos sin ley (Capitán Swing). Es allí donde escuché hablar por primera vez de Women on Waves.
"Siempre supe que no iba a tener el bebé", continúa Javiera. Y recuerda la historia familiar. Padre y madre trabajando, una niña a la que cría su abuela. Mujer fuerte, de esas que tienen historia. Cuando joven tuvo una pensión, ponía puestos de comida tradicional en las festividades. Trabajo sol a sol, partiéndose el lomo. "Entonces mi abuela entró en la Escuela de Artes y Oficios, que en ese tiempo era gratuita para todos. Se convirtió en profesora de Modas, una carrera que ya no existe. Nunca ejerció la docencia, pero sí fue modista, hacía desde vestidos de novia hasta disfraces para las representaciones de los colegios. Siempre fue independiente y veló por sí misma. Cristiana, pero a su manera, no comulgaba ni con la Iglesia ni con los curas. Nunca dependas de ningún güevón, me decía".
También hablaban de otras cosas. "Ella se hizo abortos, tenía un médico amigo que practicaba raspajes. Tuvo el hijo que quiso tener, e insistía en que nadie me puede obligar a tener hijos. Yo de niña no lo entendí, pero ahora veo que sin sus lecciones jamás sería la mujer que soy". "El problema es que en mi país el aborto es ilegal para los pobres. Sí, para los pobres, porque las hijas de burgueses pagan a clínicas privadas una operación y ya. Apendicitis, le llaman. Eso es sabido desde siempre". Ideas fijas, casi inamovibles. "Yo no veo la religión como una autoridad moral. Los que más se golpean el pecho en nombre de Dios son los primeros en abandonar al prójimo, la experiencia me ha enseñado que es así. Entonces... mi vida es mía y que cada quién haga lo que crea que es mejor para cada quién...".
Una milla náutica mide 1.852 metros. Nada que ver con la milla terrestre, algo más de 1.600, que ha sido objeto de tortura atlética desde que algún chiflado se pusiese el primer dorsal de la historia. Solo que no es en todos los países igual, lo de la milla náutica, porque algunos añaden o quitan cachitos. Tampoco se me echen manos a la cabeza, porque donde vivo yo, en Cantabria, medimos la superficie por carros de tierra, y los carros de tierra arrojan medidas distintas dependiendo del valle. Ya ven, unas risas.
Pero... redondeamos. Una milla náutica son 1.852 metros. Haciendo sencilla multiplicación... doce millas náuticas serán algo más de veintidós kilómetros. Y esto es importante, porque hasta aquí llega el mar territorial.
Al menos desde el año 1982. Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Doce como mar territorial, veinticuatro como zona contigua, hasta las doscientas recibe el nombre de zona exclusiva. Aun hoy algunos países abogan porque ese primer concepto llegue a las doscientas millas, casi cuatrocientos kilómetros...
Y es que es trascendente. Simplificando mucho, el Mar Territorial es, a todos los efectos, un trozo del estado que tenga la titularidad. Vamos, que usted puede caminar por la Puerta del Sol o chapotear diez kilómetros mar adentro desde la Isla de los Conejos (enfrente de Suances) y la soberanía será idéntica.
Ocurre que a partir de ese punto, esas doce millas, todo cambia. Allí empiezan aguas internacionales, con la muy peculiar legislación marítima. Digamos que, una vez en ese inmenso azul, la soberanía corresponde al país bajo cuyo pabellón se navegue. Y las leyes a aplicar serán las de ese Estado. Lo que, huelga decirlo, facilita todo tipo de picarescas, abusos y golfadas por parte de quienes podemos llamar "malos de la película".
Solo que a veces es otra cosa. Hay otra gente.
"Yo de Women on Web supe a través de una revista universitaria. Allí se mencionaban varias organizaciones a las que una podía acudir en caso de embarazo no deseado. De hecho esa revista salió en otros medios por tener esas informaciones", sigue Javiera. "Al principio pensé que podría ser falso, porque no conocía a nadie que hubiese tenido relación con ellas. Pero decidí arriesgarme y contacté a través de su web. Rellené un formulario y apenas pasó tiempo antes hasta que respondieron. No sé si un día. Fue muy rápido. Desde entonces toda la comunicación se realiza a través de mails. Muy fluida, sin demorarse en las respuestas. Tenía seguridad en que contestarían cualquier cosa que les plantease".
Alrededor de 47.000 mujeres fallecen a resultas de abortos clandestinosWomen on Waves nace en 1999. Rebecca Gomperts, su ideóloga, lo hace unos añitos antes. En Paramaribo, por más señas, así que es holandesa. Dobles estudios. Artes, Medicina. Recién licenciada de lo segundo trabajó en un pequeño hospital, territorio de Guayana, y pudo ver qué efectos causan los abortos clandestinos. Lo que ocurre, sus consecuencias. Cada año se practican unos veinte millones de abortos clandestinos en todo el mundo. La cifra es impactante, pero hay otra que lo resulta aún más. Alrededor de 47.000 mujeres fallecen a resultas de esas actuaciones. Rebecca pensó que aquello era un drama. Pensó que, quizá, podría hacer algo.
Posó sus ojos en el océano. Más allá de donde llegan las leyes estatales, inmenso espacio con pequeños barquitos navegando soberanías sobre las olas. Sí, podría funcionar. Junto con Joep van Lieshout diseñó el Adelaide, concebido como una clínica móvil. ¿En pocas palabras? Un espacio donde embarcar a mujeres embarazadas desde territorios donde el aborto estuviese prohibido. Navegar, después, allende esas doce millas. Proporcionarles, más tarde, medicamentos que les provocasen un aborto. Misoprostol, mifepristona. Atención, apoyo, ayuda. Todo perfectamente legal. Bajo vericuetos jurídicos, si quieren, pero legal.
Llamó a su proyecto Women on Waves.
Mujeres sobre las olas.
(Joep van Leishout montó más tarde, con motivo de la Bienal de Venecia, una exposición mostrando maquetas de la clínica y sus diseños originales sobre el papel).
El proceso, Javiera... ¿cómo es el proceso? "Bueno, primero te envían mucha información que debes leer antes, para prepararte. Instrucciones, posibles preguntas. También los riesgos, claro. Cada poco tiempo me contactaban y estaban pendiente de mí. Luego ellas se encargaron de conseguir medicamentos, me los enviaron con una receta firmada por médico". El miedo, también. "Era una de mis preocupaciones. Que las pastillas no llegasen, que las requisasen en la aduana. Si no tenía acceso a ellas quizá hubiese tenido que recurrir al mercado negro, con los riesgos que conlleva. Y eso en el mejor de los casos".
Me comenta Javiera también sobre dinero. "Tienes que pagar una suma para retribuir la ayuda que brindan. Es una forma de que el capital siga fluyendo para auxiliar a otras mujeres en otras partes del mundo. Ocurre que en aquel momento yo no podía permitirme pagar el costo completo. No importó, no hubo ningún problema. Jamás pensé que pudiera ser así. Ellas me dieron libertad de decisión por mí y por mi cuerpo...".
A veces es imposible. Llegar a todos los rincones. El mundo es muy grande, y hay injusticias por cualquier lado. Para eso surgió, en 2005, Women on Web. Redes digitales en lugar de marítimas. Olas de datos. Una página donde cualquiera puede acudir a informarse. ¿Cómo conseguir Misoprostol, cómo usar los contraceptivos de emergencia? Cualquier pregunta. También, claro, un contacto. Apoyo, asistencia. Hacer que llegue ayuda a los sitios donde esa ayuda resulta ilegal. Es la parte trascendental del proyecto, aunque el barco resulte, claro, más espectacular.
Por existir existe incluso lo que ellas llaman abortion robot, un dron operado desde los Países Bajos que entrega píldoras abortivas a mujeres que lo soliciten. Operación a distancia. Legal en el territorio donde se encuentra quien maneja al "robot". Otra vez los límites del ordenamiento, sus lagunas.
No se busca resolver el problema, porque eso es imposible. Sí echar una mano en lo que se pueda. "Yo estoy aquí por ideología", me cuenta Verónica, una española que colabora con Woman on Waves. "Ayudamos a mujeres, y también concienciamos sobre esta problemática. Creo en la libre disposición sobre tu cuerpo, y pienso que nuestra labor es útil en ese sentido". Me explica cómo se lleva a cabo el proceso, los pasos que van dando quienes utilizan este servicio. "Ayuda", me corrige, "lo que ofrecemos es una ayuda, no un servicio". Comenta que tienen problemas con las autoridades de algunos países, que hay pasillos grisáceos en las legislaciones donde se pueden hacer cosas. Va desgranando cómo entran en contacto con ellas. "Si vamos a algún puerto con el barco lo anunciamos antes. A asociaciones que defiendan ideas parecidas a las de Women on Waves, también periodistas. Así se puede enterar quien necesite nuestra ayuda. Y también nos sirve para explicar nuestras ideas".
Porque luego está lo otro. Estigma, sobreentendidos. Abortar continúa siendo un crimen en muchos lugares del mundo. Respuesta jurídica. Sumen a esa la sanción social. Javiera lo tiene claro. "Creo que hablar sobre el tema nos ayuda a normalizarlo. Muchas mujeres no saben realmente lo que ocurre, y confían en noticias o prejuicios. Que es asesinato, que te vas a arrepentir toda la vida. Y no. El respeto al otro es fundamental, y yo necesito respeto con las decisiones sobre mi propia vida y mi cuerpo". Hablar, entonces. Conocer, compartir. "Al principio yo no quería platicar del tema, porque lo pasé realmente mal y quería seguir mi vida lo más rápido posible, hacer como que estaba bien. Pero en una ocasión se lo confesé a unas personas y ellos se asombraron muchísimo. Sigue siendo tabú, algo que se asocia al sufrimiento, a lo ilegal. Ahora cada vez que puedo lo digo. Hasta a mis sobrinas, a ellas les conté todo el proceso, para que sepan que es algo seguro, que es algo real, que tienes la opción de decidir, que puedes tener apoyo en caso de que lo necesites. Que todo va a salir bien. Un poco como hizo mi abuela conmigo...".
La labor de Gomperts ha despertado recelos en muchos lugares. Visto en abstracto es incluso comprensible. Más allá de aspectos puramente íntimos e ideológicos no son pocos quienes han visto los actos del Adelaide como un salto a su legislación, incluso a su cultura. Las fronteras de la tierra se diluyen allá por los mares, supongo.
Aún antes de partir, incluso. El Ministerio de Transportes de los Países Bajos amenazó con retirarle su licencia de navegación. Gomperts argumentó que la clínica portátil era una obra de arte, titulada A-Portable. No hubo réplica posible.
El primer viaje que hizo Women on Waves fue a Irlanda, cuando el aborto era aún ilegal en aquel país (fue aprobado en 2018, un sesenta y cuatro por ciento de los irlandeses votaron a favor en el referéndum). Luego sitios como Portugal, Polonia, Marruecos. También España. València, año 2008, con ruido (mediático y de otro tipo) por parte de las asociaciones en que ustedes seguramente están pensando. Ah, por seguir con nuestro país, durante el confinamiento de 2020 la web Women on Waves fue bloqueada por parte de los proveedores de internet más importantes. Pasó también en otros sitios como Brasil, Turquía o Arabia Saudí.
A veces las actuaciones son menos sutiles. En 2005 el barco no pudo llegar hasta las costas de Portugal, por causas justificadas. Que se crucen en tu camino dos barcos de guerra son, sin duda, causas justificadas. El acto levantó una (comprensible) polémica, y Gomperts recibió una invitación de la tele portuguesa para que explicase su postura. Acudió, pero, en lugar de plantear excusas o exponer proyectos, dedicó esos minutos a explicar, con todos los detalles, cómo interrumpir un embarazo con Misoprostol. En Pakistán hubo protestas encendidas después de que Women on Waves y diversos grupos feministas pakistaníes pusiesen a disposición de las mujeres una línea telefónica a través de la cual aconsejaban sobre cómo usar medicamentos para inducir un aborto espontáneo y seguro. Algunos políticos tacharon el asunto de "colonial" y "anti-islámico". Eso fue en 2011. Algunos cálculos hablaban de 890.000 abortos clandestinos practicados en Pakistán cada año.
También han actuado en América Latina, claro. Guatemala, de cuyas aguas fue expulsado, con escolta incluida del Ejército guatemalteco hasta aguas internacionales. O México. En 2017 el Adelaide estuvo fondeado en costas aztecas. Ixtapa, estado de Guerrero. Ayudó a entre sesenta y setenta mujeres, según los cálculos.
Recientemente Argentina despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana catorce de gestación. Treinta y ocho votos a favor, una abstención, veintinueve en contra. Antes a eso se le consideraba un delito, salvo que concurriese riesgo vital para la madre o hubiese mediado violación. La antigua ley databa del año 1929.
Si lo analizas desde fuera podrías pensar que algo está cambiando. Es una imagen distorsionada, sin duda. En toda América Latina, por ejemplo, solo se ha despenalizado el aborto en Uruguay, Cuba, Puerto Rico, Guayana y Guyana Francesa, además del caso argentino. Hasta cinco naciones lo prohíben sin excepción (Haití, República Dominicana, Honduras, El Salvador, Nicaragua). Entre medias... una miríada de supuestos, excepciones, condicionantes. También políticas federales propias en aquellos sitios donde rige ese sistema, como México.
"Yo lo veo un poco lejano", me cuenta Javiera cuando le pregunto sobre los avances que se van consiguiendo. "En Chile el tema no se trata mucho, y diría que en países vecinos tampoco. Una cosa es discutirlo, pero disposición para hacer algo... Los ricos cada vez son más ricos y los pobres más pobres, unos no saben de dónde sacar para mantener a sus niños y otros se operan de apendicitis en clínicas. Pero día a día somos más los que ampliamos criterios y nos nutrimos de experiencias distintas. Y eso cuestiona lo tradicional".
Y concluye, esperanzada.
"Quién sabe, quizá en unos años podamos tener acceso al aborto de manera segura y gratuita".
Desconocidas y mujeres ilustres se atrevieron a firmar públicamente que habían abortado, rompiendo el silencio sobre esta práctica y consiguiendo que se despenalizara 4 años después
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| Simone de Beauvoir fue una de las firmantes. |
Hace cincuenta años 343 mujeres se atrevieron a afirmar públicamente en Francia que habían abortado. Las llamaron zorras, pero su manifiesto, del que este lunes se cumple medio siglo, rompió el silencio en torno al aborto y contribuyó a que cuatro años después se consiguiera su despenalización.
Claudine Monteil fue una de las firmantes. Tenía 21 años, por lo que en aquella época acababa de alcanzar la mayoría de edad, y era la benjamina de un grupo que mezclaba a desconocidas con ilustres personalidades, como la filósofa y escritora Simone de Beauvoir o la actriz Catherine Deneuve.
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El peso de las signatarias famosas protegió a las demás, aunque todas se arriesgaron entonces a una pena de cárcel, y el eco que tuvo tras su publicación en la revista Le Nouvel Observateur, actual L'Obs, sobrepasó sus expectativas.
"No imaginábamos que se iba a convertir en histórico. Esperábamos que se hablara de él. Su gran éxito fue que todas las familias se vieron obligadas a comentarlo. Mujeres de 80 o 70 años empezaron a contar a sus nietas que habían abortado. Desde ese punto de vista ya habíamos ganado, pero su impacto fue mucho más fuerte simbólicamente que eso", cuenta a EFE Monteil.
Su texto, titulado 'Un llamamiento de 343 mujeres' y escrito por De Beauvoir, denunciaba que un millón de mujeres abortaba cada año en Francia en condiciones peligrosas debido a la clandestinidad a la que se veían condenadas.
"Declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado. Igual que reclamamos el libre acceso a los métodos anticonceptivos pedimos el aborto libre", decía ese manifiesto que pasó a ser conocido como el de las 343 "zorras" porque así las bautizó el semanario satírico Charlie Hebdo.
"Al principio nos lo tomamos a broma, pero ahora hace cincuenta años que me llaman zorra. Es un insulto clásico que los hombres nos hacen cuando reivindicamos nuestros derechos. Por eso cuando jóvenes feministas me dicen 'Es formidable, fuiste una de las 343 zorras', les digo 'No, fuimos mujeres valientes que nos arriesgamos mucho'".
Su propia madre pensó que había destrozado su vida. Todavía no había empezado a trabajar y aspiraba a ser diplomática y escritora, algo que luego se ha cumplido, pero la posibilidad de tener antecedentes penales era real y habría acabado con sus planes.
Daños colateralesHubo firmantes que perdieron su trabajo, mujeres a quienes su familia dejó de hablar y jóvenes que abandonaron sus estudios porque en casa dejaron de ayudarlas económicamente. A todas las acusaron de irresponsables o exhibicionistas, y en la emisora Radio Vaticano se llegó a afirmar que Francia iba camino del genocidio.
En aquellos momentos el aborto estaba penado con entre seis meses y dos años de cárcel y, aún así, entre 800.000 y un millón de francesas se atrevían a interrumpir su embarazo al año, en condiciones por las que acababan muriendo unas 5.000.
No todas las que lo firmaron habían abortado. Algunas como Monteil, que ya se había implicado en la revolución estudiantil de Mayo del 68, lo hicieron por solidaridad y para defender su derecho a "amar y ser amada sin tener miedo" a quedarse embarazada.
La idea del manifiesto partió de la periodista de Le Nouvel Observateur Nicole Muchnik, y la participación de De Beauvoir fue decisiva para que lo respaldaran otras mujeres famosas, entre las que también estaba la abogada Gisèle Halimi.
Triunfo judicialSu lucha no acabó ahí. La movilización continuó y con la llegada al poder en 1974 de Valéry Giscard d'Estaing y de Simone Veil en la cartera de Sanidad la ley que lo despenalizó fue promulgada el 17 de enero de 1975.
"Se dice a menudo que Veil fue muy valiente, y es cierto, pero no habría podido hacer nada si no hubiera habido un movimiento social extremadamente fuerte", indica a EFE Suzy Rojtman, cofundadora del Colectivo Feminista contra la Violación 1985 y portavoz del Colectivo Nacional para los Derechos de las Mujeres (CNDF).
Cincuenta años después la lucha se ha orientado a ampliar de las 12 a 14 semanas el plazo para abortar. En un nuevo manifiesto publicado este domingo por el diario Le Journal du Dimanche y respaldado entre otras por la actriz Vanessa Paradis, 343 mujeres afirmaban haber abortado fuera del margen legal y pedían esa extensión.
"Seguimos sufriendo restricciones y sigue siendo importante velar para que ese derecho sea mantenido y ampliado", recalca Rojtman. Según las últimas cifras oficiales, 217.291 mujeres abortaron en 2019, 7.769 más que el año anterior.
Las feministas tienen motivos suficientes para no estar paradas, añade la portavoz del CNDF, que ve en ese manifiesto y en el reciente movimiento de denuncia contra el acoso sexual Me Too, tanto en Francia como en el extranjero, dos de los grandes hitos del colectivo.
39.000 mujeres son hospitalizadas cada año por interrumpir su embarazo en Argentina, que ha dado un paso histórico este viernes en el camino para garantizar que se pueda abortar de forma legal y segura
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El estigma existe. Una mujer no habla de un aborto como lo haría de una operación de riñón. Casi siempre es una intervención a la que le sigue la vergüenza, el silencio y la culpa. Uno de los logros que el robusto movimiento feminista argentino consiguió hace dos años, en su penúltimo intento para convertirlo en ley, fue cuestionar el tabú, ayudar a la despenalización social. Pusieron sobre la mesa que un aborto legal, seguro y gratuito es la conquista de un derecho para todas las mujeres, ni más ni menos. Este viernes han dado un paso importante con la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de ley, pendiente ahora de la votación del Senado.
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| Amnistía Internacional |
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| La joven Hajar Raissouni ha suscitado una oleada de apoyo (Fadel Senna / AFP) |
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| Cientos de personas protestan a las puertas del juzgado de Rabat (Fadel Senna / AFP) |
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Chadwick Boseman (centro) en el rodaje de 'Black Panther', uno de los taquillazos que se han grabado en Georgia.
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| @campabortocba
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| Activistas por el derecho al aborto frente a la Corte Suprema de los EEUU | REUTERS/ Kevin Lamarque |
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| La presidenta de Planned Parenthood, Dra. Leana Wen, habla en una protesta contra la legislación contra el aborto en la Corte Suprema de los EEUU (Washington) | REUTERS/ James Lawler Duggan |
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| Carteles de la campaña en contra del aborto y a su favor en las calles de Dublín (Irlanda) antes del referéndum sobre la reforma de la ley del aborto el año pasado. EFE |