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sábado, 5 de noviembre de 2022

La COP27, el espectáculo climático de la dictadura egipcia

El próximo 6 de noviembre Egipto será el anfitrión de la cumbre climática de Naciones Unidas, a la que están invitados mandatarios y representantes de más de 200 países.

Una calle de El Cairo. Foto: Jim
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2022 (COP27) tendrá lugar este año en el centro turístico de Sharm el-Sheik. Es una oportunidad que el gobierno militar de Al-Sisi está utilizando para proyectar la imagen de un país que no existe. Mientras que la cumbre se publicita dando una apariencia de país verde y democrático, decenas de activistas, críticos, investigadores y periodistas están siendo reprimidos y hostigados en lo que Human Righ Watch ha denominado como “atmósfera de terror”.

El régimen represivo se ha intensificado durante las últimas semanas, persiguiendo las voces disidentes que no se encuentran ya en prisión o forzadas al exilio. La policía en El Cairo, vestida de civil, detiene a los viandantes de forma aleatoria para revisar los teléfonos móviles y sus publicaciones en las redes sociales. Informes emitidos por Amnistía Internacional o el grupo de relatores especiales de Derechos Humanos de la ONU alertan del peligro en el que se encuentran los participantes de posibles protestas medioambientales. “Los arrestos y detenciones, la congelación y disolución de activos de las ONG y las restricciones de movilidad contra los defensores de Derechos Humanos han creado un clima de temor para las organizaciones de la sociedad civil egipcia”, dicen los expertos.

El estado de miedo que impone el gobierno de Al-Sisi no impide la constante conversación política en las cafeterías, el mercado, los espacios de trabajo o en las casas. Con la libra egipcia en mínimos históricos y la inflación descontrolada —en octubre ha superado el 15%—, la gente tiene cada vez más problemas para poner comida encima de la mesa.

El viernes 11 de noviembre, cuando se cierre la primera semana de la COP— hay una convocatoria de protestas que desafiará las leyes represivas delante del foco internacional. “Egipto necesita sumarse a la cuestión climática, pero la COP27 parece un escaparate para el negocio internacional. Mientras a nosotros nos persiguen y nos detienen, Coca-Cola es uno de los principales financiadores de la cumbre”, denuncia uno de los activistas que se sumará a las movilizaciones previstas.

El régimen egipcio del terror

Desde que Al-Sisi llegara al poder a través del golpe militar de 2013, Egipto se ha consolidado como uno de los estados más brutales y represivos. Las fuerzas de seguridad cometen todo tipo de abusos amparados por una legislación que el régimen ha ido modificando para garantizar su total impunidad. Más de diez leyes aprobadas desde el comienzo del mandato de Al-Sisi institucionalizan la vulneración grave de Derechos Humanos. Entre ellas, se ha eliminado el límite a la prisión preventiva, por lo que algunos disidentes políticos permanecen en prisión sin juicio o sin condena. También la prohibición de la protesta se ha convertido en una de las principales herramientas de opresión, y ha sido utilizada para a detener a miles de personas desde su aprobación.

Los opositores políticos son perseguidos, desaparecidos, golpeados, torturados fuera y dentro de la opacidad de las celdas, y han llegado incluso a ser ejecutados, como denunció Amnistía Internacional en 2020. Desde ese año, las condenas a muerte en casos de violencia política han aumentado respecto a años anteriores. Para Philip Luther, director de investigación e incidencia de dicha ONG, “estas ejecuciones son aún más terribles si se tienen en cuenta las infracciones sistemáticas y bien documentadas del derecho a un juicio justo: los tribunales suelen basar sus decisiones en “confesiones” obtenidas mediante el uso de la tortura”.

También se ha denunciado en reiteradas ocasiones cómo las manifestantes y activistas detenidas son sometidas y forzadas a pruebas de virginidad. Esta práctica fue reconocida en 2011 por el propio Al-Sisi como forma de proteger al ejército de ser acusado de violación.

En menos de diez años, el régimen ha construido 24 cárceles en las que se calcula que hay al menos 60.000 presos y presas políticas en las peores condiciones. “No son garantizadas las necesidades básicas, se carece de asistencia jurídica o sanitaria y se suceden los episodios de violencia”, declaran las personas cercanas y los familiares.

En un intento de utilizar la cumbre para denunciar esta situación, se está exigiendo a los gobiernos poner a los presos políticos en la agenda de las negociaciones. Los activistas medioambientales entienden que sin una protección de los Derechos Humanos es imposible combatir la cuestión climática. “Los cambios que se necesitan para hacer frente a esta crisis serán empujados por la presión social”, denuncian.

Tras el decorado, los atentados medioambientales

La decisión de celebrar la cumbre frente al mar Rojo, en la apartada y lujosa ciudad turística de Sharm El-Sheikh, no es casualidad. La geografía del lugar permite controlar el acceso y los desplazamientos de manera casi absoluta, evitando así cualquier amago de manifestación o protesta. También aleja la mirada de El Cairo, una de las ciudades más contaminadas del mundo y que cada año presenta más casos de enfermedades respiratorias y muertes prematuras derivadas de los altos niveles de polución.

La imagen del Egipto que Al-Sisi pretende proyectar, no solo oculta la violación de las libertades civiles y los crímenes de Estado, sino todos los atentados medioambientales en los que el gobierno está directamente implicado. Aparte del propio impacto de la actividad militar, algunos de los principales negocios del ejército son las fábricas de cemento, las plantas embotelladoras o la construcción y gerencia de hoteles de lujo para el turismo.

La explotación de materias primas tiene como objetivo principal abastecer la gran edificación de infraestructuras que están llevando a cabo los militares. Entre estos proyectos, destaca la urbanización en mitad del desierto, al este de El Cairo, de lo que será la nueva capital administrativa. Este proyecto prevé la construcción de 20 rascacielos, las sedes los ministerios o embajadas, un aeropuerto y alojamientos de lujo al estilo Abu Dhabi. Frente a esta empresa, el urbanista David Sims advierte “la nueva capital parece el último de una serie de proyectos ruinosos iniciados hace medio siglo y la gran mayoría de esos planes terminaron en barrios fantasma, salpicados de edificios a medio construir”.

Mientras que los principales recursos se emplean en proyectos faraónicos, las infraestructuras energéticas fundamentales carecen de inversión o de un mantenimiento adecuado. Este abandono provoca que en las zonas más vulnerables de viviendas se sucedan hasta seis cortes de luz y agua al día.

Estas y otras cuestiones esenciales para la población egipcia, como el impacto del turismo o la seguridad del agua, no estarán entre los temas a tratar en la COP27. El gobierno dificulta y censura todas las líneas de investigación medioambiental que puedan resultar críticas con el régimen. “Existe una ley que obliga a pasar por la administración todas las publicaciones que puedan considerarse de carácter político”, advierte el investigador y representante de una de las asociaciones ambientales vetada a participar en la cumbre internacional, “no existen datos fiables ni rigurosos, no podemos conocer la relevancia real de lo que está ocurriendo y esto no se hará visible porque no nos dejan participar”. Como denuncian las organizaciones, los ecologistas independientes o los representantes de las comunidades más castigadas no han sido acreditados.

En la cumbre, el gobierno de Al-Sisi solo exhibirá las materias que fomentan el negocio climático y la financiación internacional, como el reciclaje o las energías renovables. En un momento en el que Egipto se encuentra al límite del impago de la deuda externa, la organización de la COP27 lo posiciona como un país atractivo para la inversión extranjera.

La movilización civil bajo el foco internacional de la cumbre

Las calles de Alejandría y El Cairo, principales centros de la movilización social, han sido militarizadas. Las fuerzas de seguridad han realizado detenciones masivas y alrededor de cien personas han comparecido ante los tribunales de seguridad con relación a la convocatoria de protestas durante la cumbre climática.

Si como denuncian algunas voces, la COP27 no producirá los avances que se requieren para hacer frente a la crisis climática, parece que la sociedad civil egipcia ve en el foco internacional una oportunidad para salir a la calle. A pesar de las leyes antiprotesta y la campaña implacable de represión, en las redes sociales se sigue emplazando a la gente a la movilización del 11 de noviembre.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/cop27-espectaculo-climatico-dictadura-egipcia

lunes, 24 de octubre de 2022

“Nuestro tiempo se caracteriza por un desequilibrio muy grande entre el miedo y la esperanza”

 Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y ha intervenido esta semana en la primera Universidad Popular de los Movimientos Sociales que se ha organizado en Euskadi. 

Boaventura de Sousa Santos
David F. Sabadell

 Hilvana cada frase sin que se le escape un verbo de más o un sustantivo de menos, y no se detiene hasta terminar la idea que quiere exponer. Se nota que es profesor —doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale, catedrático en su ciudad natal, la Universidad de Coímbra (Portugal)—. Pero en Boaventura de Sousa Santos (1940) también se aprecia que está acostumbrado a escuchar y que le gustan las preguntas. Vivió en Estados Unidos durante la Guerra del Vietman y en Berlin antes de que cayera el muro. Ha participado en varias ocasiones en el Foro Social Mundial y, esta semana, ha intervenido en la primera Universidad Popular de los Movimientos Sociales que se ha organizado en Euskadi, un proyecto en el que participa Emaús desde hace tres años y en el que ha acompañado a De Sousa a su paso por Bilbao y Donostia.

Vamos a morir todos. Contágieme de su optimismo.
Mi optimismo siempre ha sido trágico. Quizá no vemos las alternativas o quizá no las valoramos cuando las vemos, pero hay alternativas. La dificultad es grande y cada año aumenta, de ahí lo trágico. Pero nunca he sido pesimista. Trabajo con movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil para las cuales es imposible pensar que no hay alternativas, porque entonces tendrían que dejar de existir. Y la alternativa es fundamental para los de abajo, que cada vez son más vulnerables y más precarios.

Me gusta su actitud.
Es que necesitamos un poco de esperanza. Sé que hoy es difícil formular alternativas, pero hay que creer que las tenemos porque la historia no se detiene. Lo que caracteriza a nuestro tiempo es un desequilibrio muy grande entre el miedo y la esperanza: las grandes mayorías tienen mucho miedo del futuro y poca esperanza de que pueda mejorar, y las pequeñas minorías parecen no tener miedo de nada. Ni siquiera al colapso, porque se imaginan viviendo en ciudades espaciales. Tienen demasiada esperanza en que tecnológicamente obtendrán soluciones.
Están henchidos y dominan el mundo. 
Después de caída muro Berlin, el sistema capitalista consideró que esos enemigos —la posibilidad de una alternativa socialista— fueron derrotados y creyeron que esa derrota era definitiva, por eso el capitalismo se volvió más salvaje y agresivo. La socialdemocracia, es decir, la posibilidad de compatibilizar capitalismo con algún bienestar para las mayorías a través de derechos sociales, económicos, ecológicos, pensiones, educación y sanidad pública, permitió crear la idea de que la democracia podía controlar el capitalismo o hacerlo menos agresivo. La socialdemocracia terminó en el neoliberalismo, que pretende privatizarlo todo, disminuyendo la presencia del Estado en la sociedad y entregándolo todo a los mercados. Este es el modelo en el que hemos vivido y la tragedia es que gran parte de los partidos de la izquierda acabaron por aceptar que no había alternativa al capitalismo —la tercera vía al socialismo—, y el resultado fue desacreditar en el imaginario popular la alternativa, algo que benefició al capitalismo y a las fuerzas que le sostienen por detrás, la derecha.

¿Y ahora, qué?
Ahora es momento de saber por qué el neoliberalismo ha destruido el bienestar. En Europa se notaba menos, pero cada vez es más evidente, sobre todo con guerra Ucrania, por ejemplo. Hemos pasado de una idea que seguramente era una ilusión —que la democracia podía controlar el capitalismo— a una democracia controlada por el capitalismo y que solo funciona en la medida en que sirve al capitalismo. Es algo que también vemos en el aumento de la extrema derecha, que es el brazo político del capitalismo y ahora ya ataca derechos cívicos, políticos, de prensa, de cátedra y de opinión pública con discursos de odios y regresos a la dictadura. Lo ves en Brasil o aquí con Vox.

¿Por qué el momento para ver estas cosas es ahora?
Los estudios del FMI muestran que después de las grandes pandemias del mundo hay una crisis social y económica muy fuerte y, en el caso actual, hay un agravante: la guerra de Ucrania. La guerra es permanente en el mundo, desde Corea a Vietnam, África y Oriente. Pero la idea importante es que la crisis económica y social a largo plazo provocará disturbios y protestas, porque la gente se quedará insatisfecha e intentará derrocar las instituciones, y la respuesta del Estado será represiva, una represión que no es compatible con un mínimo de democracia, y esto da impulso a la extrema derecha, que simultáneamente es producto y productor de esta situación, creando divisiones brutales, desacreditando la democracia, proponiendo un regreso a un pasado que nunca existió. Era un pasado de violencia y exclusión y desapariciones de personas.

El 8 de marzo de 2018 fue uno de los días más felices de mi vida. Pensé que así debían sentirse los hombres blancos todos los días, dueños de sus vidas, sin miedo, sin preocupaciones de más. Pensé que la emancipación de la humanidad debía ser eso: caminar con ligereza acompañada de agradables sentimientos, pero hasta ese día yo misma desconocía esa sensación, ¿cómo se puede luchar con firmeza por alcanzar algo que desconoces? ¿Cómo podemos pensar que el mundo puede ser nuestro?
Es una gran pregunta. Cuando conoces el mundo y lo representas como propio es cuando puedes transformarlo con tus aspiraciones. El problema es que desde el siglo XVI creamos un sistema de conocimiento que no posibilita que todas las personas representen el mundo como suyo. El colonialismo europeo interrumpió el conocimiento propio. Y ese colonialismo dio pie a otros tres opresiones: colonialismo, capitalismo y patriarcado. Si quieres, heteropatriarcado. El trabajo “libre” no se sostiene sin un trabajo altamente devaluado y un trabajo no pagado, que realizan los cuerpos racializados y sexualizados. El colonialismo y el patriarcado son las otras dos caras del capitalismo. Mismamente el marxismo no lo vio claramente, pero no hay capitalismo sin colonialismo y patriarcado. Lo que tú viviste fue una liberación, que el mundo se representara como tuyo y, por tanto, que pueda transformarse con tus aspiraciones de emancipación. De repente estabas en la calle con mucha gente y viste que era posible apropiarse del mundo, sin tener que esperar a las representaciones masculinas o patriarcales, porque tú ya tienes la tuya y no estás sola. Ese es el inicio de una emancipación epistémica, que es política obviamente. Por eso hoy se habla de una filosofía feminista, una sociología feminista, una política feminista. Y por eso no imagino un capitalismo feminista ni un capitalismo antirracista. Hay quien piensa que su lucha es suficiente para cambiar la sociedad, pero como acostumbro a decir: la dominación está articulada, pero la resistencia está fragmentada. No salimos de este infierno, cuando se mejora un poco por aquí se empeora por otro lado. Muchos movimientos, como sindicatos, eran racistas y sexistas.

Tras un movimiento emancipador como el feminismo, movimientos reaccionarios como la extrema derecha, o simplemente señores de izquierda señoreando, han cogido impulso. Hábleme de los vaivenes sociológicos.
Estamos en un ciclo conservador de luchas defensivas. En general no se lucha por más derechos, sino por no perder los que ya teníamos y pensábamos que eran irrenunciables. Con el crecimiento de la extrema derecha estamos llegando al fondo de este ciclo. Pero debemos ser conscientes de que cuando logramos elegir a un gobierno progresista, este gobernará en un ciclo conservador, como Gustavo Petro o Lula si gana. Este ciclo empezó en los 90 como reacción al avance de las luchas de los trabajadores y de las mujeres, después de la segunda guerra mundial, que dejó un ciclo de 30-40 años en el que se obtuvieron más derechos, con menos horas de trabajo y más horas de cuidado público para las criaturas. Todo ello supuso un avance enorme y el neoliberalismo fue la reacción. En Chile tuvo una matriz política, pero en Europa fue económica y ahora se le ha añadido la política con la extrema derecha, que siempre es neoliberal, desde el Reino Unido a la India, pasando por España, Suecia, Portugal, Italia y Francia. Aunque a veces no lo afirmen con la intención de intentar obtener alguna ventaja electoral. Dicen que no están en contra de los derechos sociales, pero los quieren restringir a los blancos, por ejemplo. Es decir, están en contra de los derechos sociales.

El capitalismo robó la democracia, si es que alguna vez existió. Usted defiende que los movimientos sociales fiscalizan la democracia, como así ocurre. Pero el capitalismo trata de adueñarse de la educación. ¿Vivimos y morimos más sumisamente?
La educación tiene un doble papel: legitimar el conformismo o el inconformismo. Cuando luchamos por una educación popular y la pedagogía oprimido, lo hacíamos desde la óptica de que la educación puede ser un instrumento de liberación y emancipación. Y aquello fue el resultado de una victoria. Pero al transformarse en política pública, la educación depende de la naturaleza política del Estado, que es capitalista, colonialista y patriarcal, además de burócrata, monocultural, sexista, entre otros. La educación es un campo de disputa y las luchas sociales muchas veces han logrado abrir brechas, que es lo que hacen los movimientos sociales. El problema de la sociedad y de las organizaciones es que cuando se abre una brecha, piensan que ya se queda abierta para siempre, y no es así. Somos hijos e hijas dominados por la idea de que el progreso nunca vuelve atrás. Claro que puede retroceder, por eso estamos en un ciclo conservador, que también tiene su vida: nace, crece y muere. Por eso estoy seguro de que este ciclo terminará un día. No es cuestión de fe, sino análisis histórico.

Usted tiene 81 años y ha visto cambios importantes.
Los sociólogos somos muy buenos previendo el pasado, pero no el futuro. Y nunca prevemos el peor escenario, porque duele demasiado. La mejoría de derechos en el norte global vino tras 70 millones de muertes en las dos guerras mundiales. No es poco. El capitalismo norteamericano fue menos agresivo tras la crisis de 1929, con una tasa de suicidios nunca vista. ¿Qué pasará ahora? Desde las izquierdas luchamos para que el tránsito del ciclo conservador al progresista sea pacífico, sin lucha armada, y que no incluya el sufrimiento de mucha gente. Pero hay tres amenazas que pueden llevar a un fin trágico: la catástrofe ecológica inminente, cada vez más grave por todos los lados pero que aquí se caracteriza por su invisibilidad; una desigualdad social en el mundo sin precedentes —la concentración de riqueza nunca ha sido tan grande y nos hace preguntarnos cómo será la reacción cuando surja una oportunidad—, y que estamos más cerca de una tercera guerra mundial, que puede incluir guerra nuclear. En este último caso ya no podría dar lugar a un ciclo progresista, porque igual estamos todos muertos, o muchos. Conviene recordar que los físicos teóricos hablan de ciclos de bifurcación: un pequeño cambio en un sistema que ya está muy desequilibrado puede producir una transformación enorme. Por ejemplo, si estamos en una guerra, pequeños actos de provocación pueden llevar a la otra parte a atacar con una bomba atómica.

En octubre de 2022, ¿qué alternativas tenemos?
Hay tres escenarios: el primero es que la pandemia termina su fase aguda y entra en una fase crónica, con otras variedades de coronavirus u otros virus que salten de animales a humanos porque desestabilizamos sus hábitats. Pero mientras, volvemos a los cafés si tenemos dinero. Eso es lo que estamos viviendo de alguna manera en Europa. El segundo escenario es el del gatopardismo: que nada cambie pero vamos a cambiar algunas cosas. La salud tendría una inversión pública mucho más grandes, ya que sabemos que los hospitales privados no han combatido el virus. El tercer escenario es el de alternativa. Esta es la ocasión para hacer un modo alternativo de vivir, producir y consumir en nuestras sociedades. Esto implica transformar las sociedades, y el urbanismo, porque cuanto más grande es una ciudad, recordemos que más mortalidad hubo en la pandemia. Tenemos que crear otro tipo de vivir. En el edificio de viviendas que tenemos enfrente, con un trozo de hierba que están segando, podría haber huertas, por ejemplo, porque ya sabemos que la agricultura y ganadería industrial son venenosas y están íntimamente relacionadas con el cambio climático y la pandemia.

¿Y qué escenario ve más probable?
Estamos en el primero, el más distópico. Hay una crisis y no se hará nada. La sanidad seguirá privatizándose y quizá la democracia no aguante en muchos países. Pensaba que Europa entraría en el segundo escenario, que íbamos a cambiar algunas cositas, pero tras la guerra llegó la hipocresía y la transición energética saltó por los aires. Y si no hay transición, transferiremos los costes a la periferia, buscando por ejemplo crear energía eólica destruyendo el territorio de otros países, como en México. Hemos llegado al colonialismo energético

Entonces, ¿vamos a morir todos?
Algún día, pero la sociedad no muere y la esperanza, tampoco. Tus hijos, los míos y mis nietos morirán de forma escalonada, según el orden natural de la vida, a menos que haya un colapso total ecológico. Y espero que tengan un tiempo mejor que el nuestro en términos de justicia social, histórica, sexual y de relaciones norte y sur.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-boaventura-sousa-nuestro-tiempo-caracteriza-desequilibrio-muy-grande-entre-miedo-esperanza

miércoles, 24 de agosto de 2022

¿Nueva realidad?

 No cabe duda de que la guerra en Ucrania representa un punto de inflexión en torno al cual se juega el futuro de Europa, pero no por las razones que se suelen invocar. Existe la posibilidad concreta de que la guerra suponga el fin de Europa como proyecto político. 

Acción antimilitarista en Madrid durante la cumbre de la OTAN del pasado mes de junio. Álvaro Minguito

 Tras seis meses de conflicto, el ejército ruso, incapaz de tomar Kiev durante medio año de guerra, se nos presenta como una amenaza para el conjunto del continente europeo. Ucrania se ha convertido, afirma el presidente Zelensky, en “un trampolín para un ataque ruso contra otras naciones de Europa”. Para el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, Rusia representa, nada menos, que “un desafío para los pueblos libres de todo el mundo”. Estas palabras, pronunciadas en la base aérea estadounidense de Ramstein (Alemania), parecían el guion de una recreación histórica de la Guerra Fría.

La guerra en Ucrania se considera una guerra contra el expansionismo ruso y, por lo tanto, una guerra por Europa. Las fantasías de la Guerra Fría que deliraban con la imagen de los cosacos dando de beber a sus caballos en las fuentes de San Pedro de Roma han cobrado una segunda vida. Los cosacos están ahora motorizados y nada que no sea una coalición del llamado mundo libre impedirá que los submarinos clase Kilo, esto es, los submarinos rusos según el código empleado por la OTAN, amarren en Gdansk o que las columnas de los carros armados T-14 del Kremlin corran por las autopistas alemanas. Si no queremos abastecernos de harina y azúcar, tenemos que ampliar la OTAN incorporando a Suecia y Finlandia. Y ya puestos, ¿por qué no combatir y derrotar a Rusia en el campo de batalla con la OTAN en primera línea?

El realismo escasea en estos días, mientras nos tambaleamos ante el abismo de una guerra global. Sería realmente útil que recordáramos con mayor frecuencia que desde 1945 los arsenales nucleares han impuesto límites absolutos a los conflictos mundiales y a la posibilidad de modificar sustancialmente el orden global. Entre las potencias nucleares existe un acuerdo tácito de que este orden no puede ser alterado radicalmente. No deberíamos tratar de averiguar en estos momentos dónde se halla realmente el punto de ruptura.

A pesar de los anuncios recurrentes de que vivimos en una “nueva realidad”, ni el final de la Guerra Fría ni la globalización han alterado fundamentalmente esta situación. El mundo interconectado por los mercados globales y los sistemas productivos y de comunicación es menos flexible de lo que imaginamos. Dadas sus abundantes reservas de materias primas y dado que cuenta con sectores altamente desarrollados en el ámbito de las tecnologías militares y espaciales, ya está claro que Rusia seguirá formando parte del sistema global a pesar de las sanciones occidentales. A lo sumo, estos límites se han hecho menos visibles y más frágiles. Nada sería más peligroso que confundir una guerra por delegación entre potencias nucleares con un conflicto asimétrico contra un “Estado terrorista” librado en nombre de los elevados ideales de la “democracia” o los “derechos humanos”.

Si el realismo pugna por ser escuchado, es también porque en tiempos de guerra todo es pasto de las llamas de la propaganda. La democracia, la resistencia antifascista y la lucha contra el imperialismo son objetivos nobles, pero también son fácilmente moldeables (no hace mucho, motivaron la operación militar especial para “desnazificar” Iraq). Dado que en estos momentos estos tropos constituyen la narrativa predominante para propiciar la resistencia ucraniana ante la invasión rusa, el realismo se ha asimilado de facto a la propaganda del Kremlin o a algo peor. Ya se trate de John Mearsheimer o de Jürgen Habermas, ¡ay de aquellos que se atrevan a reequilibrar el idealismo frente a las realidades de la política internacional!

Y, sin embargo, precisamos de una evaluación sobria de los objetivos perseguidos por la coalición de países que apoya a Ucrania. ¿Se trata de expulsar a los rusos del país y de recuperar sus provincias orientales? A pesar de la impresionante actuación de los militares ucranianos, e incluso sin tener en cuenta Crimea, es poco probable que ello pueda lograrse. ¿Se trata de poner fin a los atroces crímenes de guerra que las tropas rusas parecen cometer a diario? Únicamente una lógica perversa puede buscar la justicia en la continuación de una guerra que por definición permite tales crímenes. O, ¿se trata de propinar a Rusia una derrota decisiva en el campo de batalla capaz de dejar al país “debilitado”, si no “humillado”? Ambos escenarios exceden claramente las demandas más intransigentes de Kiev y corren el riesgo de propiciar una escalada del conflicto al tiempo que incrementan las posibilidades de que se utilicen armas no convencionales. En cualquier caso, hablar de “victoria” carece de sentido.

En esta peligrosa situación, ¿qué debe hacer Europa? No cabe duda de que la guerra en Ucrania representa un punto de inflexión en torno al cual se juega el futuro de Europa, pero no por las razones que se suelen invocar. Existe la posibilidad concreta de que la guerra genere una fractura entre el este y el oeste del continente y que ello suponga el fin de Europa como proyecto político. A los europeos –y a los ucranianos, que finalmente acabarán incorporándose a la Unión Europea– les interesa absolutamente que este proyecto no se convierta en una víctima colateral del conflicto. Para evitarlo es necesario volver al realismo.

En primer lugar, Europa debe reconocer que, cada vez más, sus intereses no coinciden con los de Washington. Hay que repetir incesantemente que la unidad europea se logró al margen de las estrategias que favorecían los intereses nacionales estadounidenses: para Estados Unidos la OTAN siempre ha tenido más prioridad que la unidad europea. Sin embargo, por muy penosa, trabajosa y tentativa que haya podido ser esta unidad ha logrado recientemente importantes hitos (por ejemplo, la mutualización de la deuda para hacer frente a la pandemia). Todo ello no debería sacrificarse al objetivo de debilitar a Rusia.

Estados Unidos puede permitirse el lujo de apostar por un conflicto prolongado y elevar los envites en torno al mismo, porque las consecuencias de esas decisiones las asume en su mayor parte Europa: el reasentamiento de millones de refugiados, el coste de las sanciones, que son devastadoras para las economías europeas, y la necesidad de luchar por nuevas fuentes de energía. El incremento de los presupuestos de defensa europeos afectará aún más a los sistemas de bienestar social ya debilitados por décadas de políticas neoliberales y por la crisis de 2008. Estos sistemas de bienestar social son, sin embargo, fundamentales para la regulación de los equilibrios sociales en los que se basa la estabilidad política de la Unión Europea. Por último, si el conflicto se intensifica, Europa se convertiría en su principal escenario.

La guerra en Ucrania ofrece a Washington la oportunidad de apuntalar su hegemonía en declive, trasladando a los países europeos algunos de sus costes, al tiempo que los incorpora a su confrontación global con China. En este sentido, la continuidad entre los gobiernos de Trump y Biden es sorprendente. Todo ello tendría un gran impacto en el orden constitucional europeo, que disminuirá la capacidad de sus miembros históricos para definir la orientación política de la Unión Europea en favor de gobiernos más dóciles con el proyecto atlantista.

El debilitamiento político de Europa se ha convertido en un objetivo explícito de la ampliación de la OTAN, especialmente entre los neoconservadores, reanimados por las perspectivas de la guerra con Rusia vendida como una lucha por la democracia. A fin de contrarrestar el riesgo de que la Alianza Atlántica se haga inmanejable por el aumento inmoderado de sus miembros y la asunción de una misión hipertrofiada, que ahora incluye la contención de China, algunos expertos sugieren utilizar la ampliación de la OTAN para reajustar el equilibrio de poder en el seno de la Unión Europea. Su objetivo es promover una coalición que incluiría a “los Estados de Europa del Este y del Báltico, con Polonia a la cabeza [...] los Estados escandinavos, en particular Finlandia y Noruega”, pero también a “las potencias externas de habla inglesa, incluidos el Reino Unido y Canadá”. La misma estrategia se halla detrás de la reciente propuesta británica de crear una “Commonwealth europea”, que equivaldría al establecimiento de una Unión en la sombra más alineada con las agendas transatlánticas. Este planteamiento encuentra apoyo en el nuevo concepto estratégico de la OTAN, que promueve la “máxima participación” de los miembros no pertenecientes a la Unión Europea en los esfuerzos de defensa europeos.En este contexto, la candidatura de Suecia y Finlandia al ingreso en la OTAN destaca por sus implicaciones políticas más que por su importancia estratégica. Como ha señalado Adam Tooze, su decisión de solicitar el ingreso fue posible por la debilidad del ejército ruso, no por la amenaza que este representaba. Es demasiado pronto para decir cómo la aparición de un grupo nórdico en el seno de la OTAN alienado con las posiciones más intransigentes dará forma al conflicto, pero sin duda ello propiciará claramente nuevas líneas de fractura en Europa.

¿Podemos salvar a Ucrania y al mismo tiempo salvar también a Europa? Como escribió recientemente el físico italiano Carlo Rovelli, “el problema de las guerras no es ganarlas, sino ponerles fin”. Europa no es un club de ganadores. Se construyó sobre el rechazo a la guerra, la limitación de la soberanía estatal y la adopción del federalismo como principio fundacional. Su principal objetivo fue siempre organizar la paz en el continente y hoy debe seguir siéndolo, si Europa quiere sobrevivir.

El apoyo de los gobiernos europeos a Ucrania no puede ser el vehículo de estrategias que impidan una mayor integración política de Europa, lo cual no significa abandonar a Kiev a su suerte o negarse a enviar ayuda militar. Significa que esta ayuda debe ir acompañada de condiciones diplomáticas explícitas, las cuales deben ser cuidadosamente calibradas para no impedir futuras negociaciones o futuras relaciones con Rusia. Tarde o temprano se verificará una solución negociada, que probablemente se aproximará a los contornos de los Acuerdos de Minsk.

Europa también debe mantener una distancia de seguridad con respecto a la gran estrategia de Estados Unidos, país que aún no ha encontrado la fórmula política para acomodar el declive global de su poder y su pérdida de prestigio. Volver a la Guerra Fría no restaurará la supremacía estadounidense, pero sí perjudicará a Europa. Tampoco restaurará su prestigio: liderar la lucha global por la “democracia” es menos convincente cuando el país que lidera tal proyecto cuenta con un Senado que está celebrando una investigación en profundidad sobre el intento de golpe de Estado perpetrado en el Capitolio en enero de 2021, en el que los derechos de las mujeres son pisoteados por las administraciones que se supone que los protegen y en el que la posibilidad de una guerra civil es un tema de conversación recurrente. No es de extrañar que la mayor parte del mundo no esté de acuerdo con el diseño global de una potencia que presenta estas características.

Sería un error que Europa apostará su suerte a esta estrategia. Debería optar, por el contrario, por el creciente bloque de los “partidarios de la moderación”, que en Washington abogan por una política exterior diferente y menos belicosa, alejada de las homilías pegajosas sobre el orden internacional liberal y sus fundamentos militares. Atrapada entre la crisis de la hegemonía estadounidense y las astutas maniobras del Kremlin, que intenta fortalecer las fuerzas políticas más antieuropeas y reaccionarias, Europa debe convertirse en un sujeto político y desarrollar la correspondiente autonomía estratégica a escala mundial. La guerra de Ucrania ha convertido tal objetivo en una tarea urgente e inaplazable.

 Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/toni-negri-nicolas-guilhot-guerra-ucrania-rusia-otan-nueva-realidad

martes, 5 de julio de 2022

Naomi Klein: Estados Unidos está en medio de un “golpe de estado judicial”


Tribunal Supremo de EE UU.
 “El golpe judicial continuo que viene de este tribunal no ha terminado en absoluto”, 

La reconocida ecologista y escritora Naomi Klein sostuvo el jueves que durante la semana pasada, Estados Unidos experimentó las primeras etapas de un “golpe judicial en marcha”, ya que la Corte Suprema dio un mazazo al derecho al aborto, a las leyes de control de armas y a la autoridad del gobierno federal para abordar las emisiones de gases de efecto invernadero que están alimentando la emergencia climática mundial.

“Hemos sido testigos de un golpe de estado judicial”, escribió Klein en una columna para The Intercept, señalando también las decisiones del alto tribunal de derecha para debilitar la soberanía indígena y socavar aún más la separación de la iglesia y el Estado.

“Y ahora esto: una decisión que desguaza el poder de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) para regular una de las principales fuentes de las emisiones de carbono que desestabilizan nuestro planeta”, escribió Klein, quien durante años ha explorado las formas en que las fuerzas políticas reaccionarias y las corporaciones se han aprovechado de las crisis para imponer su voluntad, un método que ha llamado “La Doctrina del Shock”.

El caso Virginia Occidental contra la EPA supone una victoria rotunda para esas fuerzas, que llevan décadas coordinando y emprendiendo acciones legales contra la autoridad reguladora del gobierno federal, sobre todo cuando se trata de limitar la capacidad de las empresas para contaminar y degradar el medio ambiente a su antojo. “El golpe judicial en progreso que conduce este tribunal no ha terminado en absoluto”, advirtió Klein el jueves.

“El próximo mandato, el Tribunal Supremo escuchará un caso de redistribución de distritos que podría facilitar sobremanera la invención de una pretensión legal para anular el voto popular en las elecciones a favor de los electores designados por el Estado —lo mismo que Donald Trump intentó pero no logró hacer, porque suficiente gente tenía miedo de terminar en la cárcel”.

Klein destacó la plausibilidad de que un grupo de personas “cuya sola presencia en la corte requirió grotescos abusos de la democracia” está tranzando “la línea para desbaratarla”, agregó. "El momento de impedir que tengan la oportunidad es ahora“. 

Klein argumentó que para combatir los ataques de los jueces de la derecha contra las libertades básicas y el clima, el presidente Joe Biden y el Congreso, estrechamente demócrata, deben “desafiar la legitimidad subyacente del Tribunal Supremo de Estados Unidos y promover una agenda de acción climática agresiva”.

”La historia contiene encrucijadas en las que un solo conjunto de decisiones puede alterar la trayectoria de un pueblo, o incluso de un planeta“, continuó Klein. “La respuesta del gobierno de Biden a la sentencia de la EPA del Tribunal Supremo (6-3), que se suma a las otras escandalosas tomas de poder, es un momento así”.

Tras la decisión del tribunal del jueves, los grupos climáticos y los legisladores progresistas dejaron claro que Biden y el Congreso tienen a su disposición numerosas herramientas ejecutivas y legislativas para frenar el uso de combustibles fósiles, reducir las emisiones que calientan el planeta y reforzar la producción de energías renovables. Que opten por utilizarlas es una cuestión de voluntad política.

“Biden y los demócratas se dirigen actualmente hacia una ola de derrotas”, escribió Klein. “Pero no es demasiado tarde para retomar el camino. Acaban de recibir una palanca ganadora: utilizar el ataque del Tribunal Supremo al control urgente del carbono como catalizador para construir una democracia más significativa y tomar al mismo tiempo una acción climática transformadora. Si se deciden a hacerlo, todos los habitantes del planeta ganan. Si se niegan, se merecen todas las derrotas que les lleguen”. 

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/extrema-derecha/naomi-klein-estados-unidos-esta-en-medio-de-un-golpe-de-estado-judicial?&utm_medium=social&utm_campaign=web&utm_source=twitter

 

miércoles, 23 de marzo de 2022

This is Not America

 Los paramilitares, la guerrilla, los hijos del conflicto, las pandillas, las listas negras, los falsos positivos, los periodistas asesinados, los desaparecidos, los narcos gobiernos, todo lo que robaron, los que se manifiestan y los que se olvidaron, las persecuciones, los golpes de estado, el país en quiebra, los exiliados, el peso devaluado, el tráfico de droga, los carteles las invasiones, los emigrantes sin papeles, cinco presidentes en once días, disparo a quema ropa por parte de la policía, más de cien años de tortura, la nova trova cantando en plena dictadura. Somos la sangre que sopla la presión atmosférica. Gambino, mi hermano.… esto sí es América.

Más información: https://www.elsaltodiario.com/canciones-que/significado-historico-this-is-not-america-residente

viernes, 28 de enero de 2022

Regreso a la “casa común europea”: la fallida alternativa a la Europa de la OTAN

 En los años 80 tanto el movimiento pacifista como el reformismo soviético propusieron hacer del viejo continente un espacio político libre de armas nucleares y que contribuyera a la cooperación entre Este y Oeste. Las tensiones en Ucrania ponen otra vez de actualidad el concepto acuñado por Mijail Gorbachov en el final de la Guerra Fría.

Gorbachov y Reagan
Gorbachov y Ronald Reagan firmando en 1987 el tratado INF para reducir el armamento de destrucción masiva. Foto: Wilkipedia

El pasado mes de marzo Mijail Gorbachov celebró su 90 años en su casa de las afueras de Moscú. Lo hizo en medio de una pandemia que nadie había previsto y de un incremento de las tensiones entre los EE UU y Rusia que sí era previsible para cualquier observador atento de la política internacional. El hombre que desde la cúspide de la URSS contribuyó a enterrar la Guerra Fría contempla hoy, en el ocaso de su vida, una nueva Guerra Fría entre los EE UU y Rusia.

La Unión Europea, con la que el ex mandatario soviético trató de buscar una alianza en los años 80, vuelve a alinearse una vez más con Norteamérica en un conflicto internacional. En una de sus últimas entrevistas Gorbachov pedía expresamente a Alemania, el principal país de la UE, que repensara su apoyo a los EE UU en la nueva Guerra Fría, y recuperara la idea de construir con Rusia la “casa común europea”. ¿A qué se refería con la “casa común europea” el Premio Nobel de la Paz, ex secretario del mayor Partido Comunista del planeta y último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?

El concepto fue acuñado en torno a 1985 por Gorbachov. La idea del artífice de la Perestroika era un acercamiento de la URSS y Europa del Este a una Europa Occidental más autónoma de los EE UU. El de Gorbachov era un proyecto reformista, que no pedía ni la desaparición de la OTAN ni del Pacto de Varsovia, pero sí la colaboración de ambos en un nuevo espacio de seguridad común que sirviera para desterrar la posibilidad de una guerra nuclear en Europa. El plan de Gorbachov preveía una Europa “ecológicamente limpia” y libre de armas de destrucción masiva en la que se fomentara la colaboración entre las dos grandes alianzas regionales, la Comunidad Económica Europea (CEE) y el Consejo de Ayuda Mutua (COMECON), intensificando así las relaciones políticas, económicas y culturales de una gran Europa que iría “desde el Atlántico hasta los Urales”. Una idea de cooperación euroasiática que también había acariciado en su día Charles De Gaulle, partidario de que Francia mantuviera buenas relaciones con la URSS sin por ello romper con los EEUU.

Protesta contra los euromisiles, Amsterdam, 1981. Wilkipedia

Superar la Guerra Fría

La propuesta de la casa común europea suponía desandar el camino de una Guerra Fría que había llevado a la URSS a la extenuación. Gorbachov actualizaba el proyecto de la política exterior soviética al término de la Segunda Guerra Mundial: favorecer una Europa neutral que sirviera de puente entre los EE UU y la URSS. El estallido de la Guerra Fría había frustrado aquella idea de Stalin. Apenas duraría uno o dos años. La historia discurriría por otros derroteros y los viejos aliados de la Segunda Guerra Mundial no tardarían en ser enemigos irreconciliables. En abril de 1949 se formaba la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, liderada por los EE UU e integrada por varios países europeos y Canadá, y en mayo de 1955 la Unión Soviética auspiciaba la formación del Pacto de Varsovia con sus aliados de Europa del Este, como respuesta al rearme de la República Federal Alemana.

El nuevo mandatario soviético, partidario de una reforma a fondo de la URSS, renovaba la oferta de paz y colaboración a los gobiernos de Europa Occidental en un momento de máxima tensión en el tablero internacional. Con el republicano belicista Ronald Reagan en la Casa Blanca, desde principios de 1981 los EE UU habían reforzado su campaña contra el llamado “imperio del mal”. Una campaña que incluía el apoyo a la contrarrevolución en América Latina y Oriente Medio, así como el despliegue en Europa Occidental de misiles de medio y largo alcance apuntando directamente hacia la URSS. La Guerra Fría se ponía otra vez caliente y el Kremlin era consciente de que no podría aguantar mucho más tiempo el tirón. La propuesta del líder reformista soviético pretendía rebajar tensión y disminuir una carrera de armamentos que iba camino de arruinar a la URSS. La Perestroika necesitaba liberar recursos para realizar reformas que mejorasen el nivel de vida de los ciudadanos soviéticos, y eso era incompatible con seguir compitiendo con los EE UU por la hegemonía militar a nivel mundial. En Moscú querían firmar la paz e iniciar el desarme, pero con algún tipo de garantía para su seguridad. La oferta del presidente soviético era atraer a los gobiernos europeos a un gran pacto que permitiera a la URSS relajar su política internacional sin temor a que los EE UU le metieran el agua en casa

Pacifistas de uno y otro lado del telón de acero por una Europa no alineada

Gorbachov no era en los años 80 el único actor que defendía que Europa occidental tomara las riendas de su destino, repensara sus relaciones con el Este y dejara de ser un teatro de operaciones para el enfrentamiento entre las dos grandes superpotencias. De hecho, fueron los movimientos pacifistas, las izquierdas de Europa Occidental y los intelectuales disidentes del socialismo real quienes primero formularon muchas de las ideas que posteriormente el líder de la URSS recogería y sintetizaría con la metáfora de la “casa común europea”. Y es que entre 1980 y 1986 miles de personas se movilizaron de manera continuada en toda Europa Occidental contra la instalación de los misiles de la OTAN.

Acción directa del campamento de mujeres de Greenham Common, Reino Unido
Acción directa del campamento de mujeres de Greenham Common, Reino Unido.
Manifestaciones, cadenas humanas, iniciativas parlamentarias respaldadas por cientos de miles de firmas o campamentos permanentes como el de las mujeres de Greenham Common, en las cercanías de una base militar británica, atestiguan la fuerza que el pacifismo europeo llegó a alcanzar en la primera mitad de la década de los años 80. El despliegue de los euromisiles revitalizaría el movimiento pacifista en el viejo continente. Ya no se trataba como en los años 50 de un espacio fundamentalmente articulado por los partidos comunistas, sino de un movimiento mucho más plural, sinceramente comprometido con la idea de una Europa neutral y no alineada con ninguno de los bloques. Esa autonomía y diversidad le daban mayor credibilidad ante la opinión pública y le permitían conectar con amplios sectores de la población que ya no temían tanto la invasión de los rusos como la posibilidad de que los europeos fueran a pagar las consecuencias de un enfrentamiento entre los EEUU y la URSS. La posibilidad de un conflicto con armas atómicas parecía más que real y animó a muchos europeos a movilizarse por la paz y el desarme.

En el nuevo pacifismo europeo confluían diferentes tradiciones políticas. Grupos ecologistas y antinucleares, cristianos progresistas, católicos y protestantes, militantes feministas, izquierdistas de todo pelaje y condición, los nuevos partidos verdes y las viejas organizaciones comunistas y sus sindicatos. Las cosas también habían cambiado en este espacio. La mayoría de los partidos comunistas de Europa Occidental marcaban ahora distancias con la URSS y apostaban por un proyecto propio, el eurocomunismo, partidario de una Europa unida y neutral, independiente tanto de la OTAN como del Pacto de Varsovia, que contribuyera a la distensión internacional y apoyara el desarrollo de los países del llamado Tercer Mundo. En Europa del Este también los esforzados grupos disidentes debatían y escribían a favor del desarme nuclear. Algunos de ellos, húngaros y germanorientales, asistirían a pesar de las dificultades puestas por sus respectivos gobiernos, a la III Convención de la END (European Nuclear Disarmament) celebrada en el verano de 1984 en Perugia, Italia.

Buena parte de los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas sintonizaban asimismo con el momento pacifista que se respiraba en una sociedad europea preocupada por el recrudecimiento de la Guerra Fría. Olof Palme y el partido socialdemócrata sueco serían los principales abanderados de la neutralidad europea y de la construcción de un espacio propio, independiente de ambos bloques. En el Partido Laborista una revuelta de sus bases alejaría durante unos años a la organización de su tradicional atlantismo y la pondría del lado del muy activo movimiento pacifista británico. En la Alemania federal el despliegue de los euromisiles fracturaría al SPD, con el canciller Helmut Schmidt del lado de los EE UU y el presidente del partido, Willy Brandt, apostando por la distensión Este-Oeste. En España Felipe González se apoyaría en la popularidad del rechazo a la OTAN para ganar las elecciones de octubre de 1982, si bien posteriormente se enfrentaría al potente movimiento pacifista, para defender la permanencia del país bajo unas condiciones que no tardaron en incumplirse.

De la casa común europea a la UE de la OTAN

La derrota del 'no' a la OTAN en el referéndum español de marzo de 1986 marcó probablemente el inicio del declive del pacifismo europeo. Las iniciativas de desarme unilateral adoptadas por la URSS y los acuerdos entre Gorbachov y Reagan contribuyeron a alejar el temor del enfrentamiento nuclear y a un relajamiento de la opinión pública europea. El final de la Guerra Fría no llegaría por un pacto entre ambos bloques para construir un nuevo orden mundial, como había intentado Gorbachov, sino por un rápido e inesperado desplome del socialismo real entre 1989 y 1991. En esos tres años el proyecto reformista de la Perestroika sería desbordado por una sucesión de heterogéneos movimientos populares que contarían en todos los países con mayor o menor complicidad de sectores del Estado y de los cuadros dirigentes de los distintos partidos comunistas. No habría una reforma democrática del socialismo, sino sencillamente su demolición.

Olof Palme SPANIENS
Olof Palme, líder de la socialdemocracia sueca, pidiendo en 1975 fondos para los presos políticos españoles en las calle de Estocolmo.

En la República Democrática Alemana, la intensa movilización popular que en noviembre de 1989 derribaba del Muro de Berlín, daría paso a una acelerada transición al capitalismo. La propuesta de una confederación alemana neutral, fuera de la OTAN, defendida por los soviéticos y los reformistas germanorientales, así como por la socialdemocracia de la RFA, fracasaría estrepitosamente en las urnas y en los foros diplomáticos internacionales. Se imponía la derrota del comunismo, no la negociación con él. Un Gorbachov al frente de una URSS en retroceso no tendría más remedio que admitir un unificación exprés, que en la práctica sería una absorción de la Alemania del Este por la Alemania del Oeste.

La caída de Gorbachov y el ascenso de Boris Yeltsin terminaría de despejar el paso a un acelerado viaje de la Europa socialista al capitalismo en su versión neoliberal y pronorteamericana. Todo lo sólido se disolvía en el aire a una velocidad de vértigo que nadie había imaginado. A lo largo del año 1991 desaparecían el COMECON, el Pacto de Varsovia y finalmente la URSS. Ese mismo año se iniciaban las negociaciones para la ampliación de la OTAN a antiguos miembros del Pacto de Varsovia. La expansión de la OTAN entre 1999 y 2004 iría expandiendo la influencia de los EEUU hasta las puertas de Rusia. Justo lo que Gorbachov había tratado de impedir con aquella propuesta de una casa común europea que algunos vuelven ahora a reivindicar como alternativa a una UE subordinada a los intereses estratégicos norteamericanos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/regreso-casa-comun-europea-fallida-alternativa-otan-europa

sábado, 8 de enero de 2022

“El racismo estructural en Estados Unidos va unido a la esencia del país”

 Mikel Reparaz analiza en su libro 'Las grietas de América: Bajo la piel de un país dividido' el racismo estructural y la violencia policial que sacude a Estados Unidos desde su creación, así como sus consecuencias reaccionarias. Un año después del asalto al Capitolio, el periodista no cree que este hecho vaya a suponer un alto precio político. 

Mikel Reparaz
Mikel Reparaz en New York.

Los agentes de policía de Baltimore admiten al periodista Mikel Reparaz (Arbizu, 1975) que en los cuerpos de seguridad hay racismo. En los últimos años del mandato Obama y los primeros de Trump, el periodista vasco ha sido testigo de la discriminación estructural y la brutalidad policial que sufren las minorías en los Estados Unidos. En los últimos 250 años, cada vez que se ha dado un paso hacia la igualdad, el “gran arácnido”, como lo denomina Reparaz en su crónica Las grietas de América (Península, 2020), ha intentado pisotear esos avances. Las élites supremacistas blancas siguen en el poder de la primera democracia moderna del mundo y en los últimos años, con Obama, el Black Lives Matter, Trump o el asalto al Capitolio, se ha generado una grieta que ha dividido a la población más que nunca. Hoy, un año después del ataque, esa división y crispación siguen patentes. 

Estados Unidos fue la primera democracia moderna pero nació bajo la mano de obra esclava de las personas negras. 250 años después el racismo sigue presente. ¿Por qué no se ha logrado erradicar?  
El racismo estructural en Estados Unidos va unido a la esencia del país. Desde la propia fundación, con una economía basada en la mano de obra esclava. Hay una minoría, aquellos africanos que fueron llevados desde África en barcos esclavistas, cuyos descendientes siguen estando discriminados y oprimidos. Esta es una realidad basada en datos. Existe una discriminación hacia los afroamericanos, en concreto, pero también hacia otras minorías como hispanos o indígenas. Ese racismo sigue estando presente desde la economía, el reparto de la riqueza, la educación, la vivienda… Es algo que el país no ha logrado superar, a pesar de que ha habido muchos movimientos políticos que lo han intentado cambiar. Cuando ha habido un intento de acabar con el racismo, el supremacismo blanco siempre ha reaccionado propiciando un paso atrás. Ocurrió después de la guerra civil, con la abolición de la esclavitud y las leyes segregacionistas Jim Crow, o después, con la elección de Trump tras Obama.

En Las grietas de América explicas que cada vez que se da un paso hacia la igualdad aparece el “gran arácnido”, que reconstruye la telaraña del racismo.
Todo responde a la historia. Es un conflicto que empieza con la esclavitud pero que se prolonga hasta la actualidad de diferentes formas. Siempre ha habido intentos por parte de las minorías de conseguir derechos o voto. Formalmente son avances que se han conseguido, pero siempre ha estado el poder de la supremacía blanca. Desde Wall Street hasta Hollywood, todos los aspectos del país tienen ese pecado original. No se ha conseguido superar por falta de voluntad política. Aunque tampoco sería suficiente que hubiese un presidente dispuesto a realizar cambios estructurales. No sería suficiente porque en Estados Unidos hace falta una mayoría en el reparto de poderes, las instituciones locales tienen mucha influencia, los Estados federados son soberanos y los avances han sido mínimos. En Mississippi la bandera federada era el icono del Estado hasta hace poco. Es una discriminación desigual territorialmente, no es lo mismo California o Alabama que Nueva York, donde ha habido políticas más progresista. En general, el racismo sigue estando en las élites y en el sistema económico. Sigue habiendo una mayoría blanca conservadora que condiciona las elecciones y esto se ha visto en las últimas con el movimiento trumpista.

Al apuntarse en el censo del país cada persona tiene que marcar su raza. ¿Se percibe como algo natural?
Es algo que está muy interiorizado, por lo que no hay mucho debate. Para mí, como europeo, con una visión outsider, tener que clasificar a mis hijos a la hora de matricularlos en el colegio por su raza fue algo que me pareció una imposición absurda. Por otro lado también me parecía un reflejo de lo que es el país, porque es el único que lo hace. Se divide y clasifica a la población en base a criterios raciales y racistas. Cualquier papel oficial o inscripción requiere definir cuál es tu raza. Está interiorizada porque incluso desde posiciones progresistas dicen que cómo van a saber si el colectivo afroamericano, indígena o asiático está o no discriminado si no se sabe cuántos hay. Esto tiene su vuelta, porque a la hora de aplicar políticas de discriminación positiva se tiene en cuenta la raza de la población. Hay barrios en New York donde los colegios tienen cuotas de porcentajes para las diferentes razas. Lo que me parece increíble es que la gente no se de cuenta de que esto sigue propiciando un racismo estructural y que oficialmente cada vez que se rellena ese casillero se refuerza.

El miedo al esclavo liberado, al chico negro, como se expone en el libro, ¿es uno de los motivos del racismo estructural en los cuerpos policiales?

El miedo es una de las cosas que explica la violencia policial en Estados Unidos. Cuando he hablado con agentes de policía en Baltimore, que es una de las ciudades con mayores índices de criminalidad y de violencia policial, los agentes admiten que en el cuerpo hay racismo y que el miedo hacia el estereotipo del chico negro, joven y con capucha explica porqué vemos a policías disparar sin mediar palabra. Creen o asumen que un chico con este perfil está potencialmente armado, algo que por otro lado es cierto, porque hay al menos un arma por cada estadounidense. Esto responde al miedo que los agentes tienen al patrullar las calles y enfrentarse a situaciones complicadas. Ellos dicen que lo primero que hacen es disparar antes de que les disparen a ellos. Hay casos sangrantes donde paran a una persona en la autopista y al pedirle la cartera piensan que va a sacar la pistola y le meten 8 tiros. El miedo es irracional, y los prejuicios racistas que llevan al miedo lo explican.

Joe Biden ha hablado en más de una ocasión sobre ello y ha pedido acabar con el racismo. ¿Qué posibilidades tiene de hacerlo su gobierno?

Dentro de la división que hay en el país, Biden ha asumido un discurso que el Partido demócrata jamás hubiera tomado. Y no es que sea un presidente especialmente progresista. Sin embargo, ha aceptado parte de los planteamientos de la gente de izquierda del partido como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez. Ha puesto el debate sobre la mesa y ha señalado que la forma de acabar con el racismo estructural es poniendo dinero. Medidas como ayudas y gasto social. Me parece que Biden no va a conseguir gran cosa porque tiene una fuerte oposición y vienen las elecciones legislativas, donde el Congreso va a cambiar dentro de un año. Habrá que ver si el Partido demócrata continúa en esta línea y quiénes serán los sucesores de Biden. Eso sí que va a marcar el país de una forma determinante. Estados Unidos está cambiando mucho de forma demográfica y eso va a condicionar la fotografía del Congreso. Todo dependerá de las futuras generaciones demócratas.

El movimiento Black Lives Matter cogió fuerza durante el mandato de Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos. ¿A qué se debió?
Relacionamos el Black Lives Matter con Trump, pero fue por un fenómeno tan mundano como que los teléfonos móviles empezaron a tener cámara y comenzamos a ver como la policía mata a civiles negros. Algo que había pasado siempre pero no se veía. Arranca ese movimiento por los derechos civiles, basado en Martin Luther King o Malcolm X, pero es algo nuevo en contra de la brutalidad policial y del racismo. El entonces presidente comenzó a caer en las encuestas por la falta de políticas y determinación en algunos temas que había prometido.

Esas grietas de las que hablas en el libro se agrandan con Obama.
Black Lives Matter no es contra él pero surge ante la inacción de su gobierno contra la brutalidad policial. Intentó hacer alguna reforma, como que todos los policías llevaran una cámara en la solapa. Al final fue un gran negocio para la empresa estadounidense que las fabricaba. Las reformas fueron muy tímidas. No se atajó el racismo estructural de los cuerpos policiales o del sistema de justicia estadounidense. Eso produjo decepción entre su gente. Durante los años de Trump, Black Lives Matter crece y se expande, pero Trump es consecuencia de los años de Obama. En los años de Obama se multiplican los grupos de odio, racistas y supremacistas, que no se ven en la superficie y cuando llega Trump salen del agujero. Los vemos en Charlottesville en 2017. Todo esto se va larvando durante la presidencia del primer presidente negro de la historia.
En los años de Obama se multiplican los grupos de odio, racistas y supremacistas, que no se ven en la superficie y cuando llega Trump salen del agujero

Trump se negó a condenar los asesinatos Kyle Rittenhouse, el menor que mató a dos manifestantes del Black Lives Matter en Wisconsin. ¿Fue un punto de inflexión?
Una de las grandes claves de la era Trump. ¿Por qué un presidente que llega al poder con un mensaje dirigido al hombre blanco cabreado hace esos guiños a los grupos supremacistas de derechas? Ese silbato para perros, que viene de la era Nixon, y que consiste en hacer llegar mensajes de la extrema derecha sin parecer de la extrema derecha, Trump intenta copiarlo, aunque le sale de una forma burda, a través de Twitter y de declaraciones en las que dice que entre los nazis que se manifestaban en Charlottesville hay gente buena.

¿El miedo como arma electoral?

Trump utiliza el miedo porque los grupos de odio y el racismo se basan en ello. La clave está en su utilización como estrategia electoral y política, y eso tiene unas consecuencias. Trump ha hecho llamamientos a milicias armadas de Michigan y otros Estados diciendo que hay que tomar el Capitolio o hacer una rebelión contra los demócratas. Una retórica muy peligrosa, utilizada continuamente, apelando a esos grupos de forma directa. Esto ha generado una grieta tremenda y el país está más dividido que nunca. En gran parte por esa irresponsabilidad de un presidente que se ha acercado a los grupos supremacistas.

¿Trump ha buscado la confrontación entre la ciudadanía para ganar votos?

Él necesitaba tener a esos hombres blancos cabreados para ganar elecciones. Ha utilizado el miedo al migrante mexicano, a Black Lives Matter, a Antifa, a los movimientos de izquierda, a los demócratas, que llama socialcomunistas… Toda esa retórica de miedo y guerra es percibida por la población que le interesa a Trump de una forma muy directa. Esto, aparte de darle buenos resultados electorales, lo que ha hecho ha sido dividir a la sociedad y radicalizar a una parte de ella, que antes no se atrevía a salir a las calles o a utilizar un lenguaje abiertamente racista. Ahora sí lo hace. Normaliza el racismo y el fascismo en diferentes formas.
El discurso de Trump ha generado una grieta tremenda y el país está más dividido que nunca

Sin embargo, también capta votos entre el electorado que no es blanco.
Los resultados electorales de Trump en 2020 son los mejores que ha logrado un candidato republicano y podría haber ganado las elecciones, lo que pasó fue que Biden movilizó a más gente. Lo que ha dejado clarísimo es que hay dos países que viven en realidades paralelas, que no se cruzan, y que ven dos películas totalmente diferentes. Una es la que cuenta Fox News o Newsmax, los medios de la derecha en Estados Unidos, que sostienen que Biden es un presidente ilegítimo, y luego los que ven una realidad totalmente diferente. Eso se vio en 2020, donde Trump amplío su base electoral de republicanos y del trumpismo a colectivos que nunca se hubiera imaginado que le votasen. Entre ellos, afroamericanos o latinos. Entre los latinos se amplía mucho porque hay comunidades conservadoras y cristianas, y de alguna forma sintonizan más con el mensaje de Trump que con el de Biden, que es acusado de ser un presidente de extrema izquierda. Habrá que ver que ocurre en los próximos años y si Trump vuelve a la carga.

Y tras las elecciones, el asalto al Capitolio, hace hoy justo un año. ¿Qué efectos ha tenido?
Habrá que ver qué consecuencias judiciales, electorales y políticas tiene. El asalto al Capitolio es el epílogo perfecto de la era Trump. Era lo que se estaba larvando y lo que esta polarización estaba generando en una parte de la población sumida en la desinformación y en la conspiración. Es algo que es consecuencia de las políticas de Trump en las que estaban dando oxígeno a colectivos muy peligrosos. Cuando lo vimos en directo pensamos que cambiaría el rumbo del país, que era el fin. Todos pensábamos que iba a ser mucho más de lo que fue. Todas las estructuras del país volvieron a funcionar con normalidad, el traspaso de poder ocurrió con cierta normalidad. Se quedará ahí como un hito. Enseguida llegan las elecciones y la sociedad sigue estando dividida y crispada. El año que viene son las legislativas y en poco serán otra vez las presidenciales. Habrá que ver qué candidato presenta el Partido republicano, que a día de hoy sigue estando dominado por el trumpismo. No parece que el asalto al Capitolio le vaya a suponer un alto precio político a Trump.
No parece que el asalto al Capitolio le vaya a suponer un alto precio político a Trump

¿El trumpismo ha creado escuela en otros países?
En Francia, donde habrá elecciones en abril, ya no solo está el Frente Nacional, ahora también aparece Éric Zemmour, que tiene un discurso antiinmigración e islamófobo que coincide en muchos puntos con el discurso de Trump y arrasa en las encuestas. Está muy cerca y ha creado escuela. En un momento político concreto, el discurso del miedo tiene muchísimo éxito en occidente. Ahora que estamos en medio de una pandemia y que la gente está cansada muchos lo utilizarán. La extrema derecha sabe muy bien que el malestar en la sociedad también es un caladero de votos.

martes, 7 de diciembre de 2021

Sultana Khaya, más de un año de asedio y torturas en su casa del Sáhara Occidental

 La familia Khaya permanece retenida sin orden judicial en su domicilio de Bojador, en los territorios ocupados por Marruecos del Sáhara Occidental, desde el 19 de noviembre de 2020. Sultana, su hermana Luara y su madre llevan más de un año sufriendo vigilancia, allanamientos, torturas, robos y agresiones sexuales. 

Sultana Khaya
Sultana Khaya.

Son las 8 de la tarde y conversamos a la luz de dos velas. “Como puedes ver tenemos una en el salón y otra en la cocina”, muestra Sultana. Hace meses que no tienen electricidad ni apenas agua. Cuando algún familiar o compatriota intenta acercarse a la vivienda para llevarles linternas, las decenas de paramilitares marroquíes que las vigilan día y noche se las confiscan. Del grifo salen solo unas gotas de color amarillento. Tienen miedo de que las envenenen por lo que el poco agua del que disponen en botellas lo utilizan para cocinar.

La casa está oscura y desierta. Sultana señala el único cajón de forja que tienen en el salón donde guardan algunas melfas y mantas rociadas de “líquidos malolientes que nos tiran dentro de casa”, reconoce. Hace más de un año que la familia Khaya denuncia en las redes sociales que cuando anochece, varios agentes marroquíes allanan la vivienda, la desvalijan, esparcen basura, las agreden, les roban los teléfonos móviles y empapan sus mantas con líquidos que congestionan sus vías respiratorias. “Ahora utilizan las grúas con las que nos quitaban las banderas saharauis del tejado para entrar en nuestro domicilio de madrugada”, asiente Sultana con frialdad.

¿Quién es Sultana Khaya?

Sultana tiene 41 años. Nació en Bojador, en la costa norte del Sáhara Occidental, y allí es donde vive. Es activista defensora de los Derechos Humanos y como saharaui se ha volcado en la lucha de su pueblo para recuperar su territorio. Como casi todos sus compatriotas, tiene familia repartida entre los campamentos y los territorios ocupados, pero ella decidió quedarse para combatir desde la trinchera.

El 19 de noviembre de 2020 llegó a su casa de Bojador después de pasar una temporada en España. Marruecos había roto el alto el fuego en Guerguerat, al sur del Sáhara Occidental, seis días antes y decidió volver para resistir con su gente. La interceptaron en un control de camino a su domicilio, la asediaron y la obligaron a encerrarse. Desde entonces, su madre y su hermana Luara la acompañan en este martirio.

En 2010 cofundó la Liga Saharaui para la Defensa los DDHH y en Contra del Expolio de los Recursos Naturales y hoy la preside. A sus 27 años estudiaba francés en Marrakech. Allí asistió a una manifestación en apoyo a otros compañeros saharauis reprimidos por las autoridades marroquíes. Durante la movilización se le acercaron dos policías y le propinaron tal golpe en el ojo derecho que terminó perdiéndolo. Por ello, Sultana viaja asiduamente a Barcelona y a Alicante para hacerse reconocimientos.

Anualmente le cambian la prótesis ocular pero desde que se encuentra asediada no ha podido atender sus necesidades médicas. Aparentemente su ojo izquierdo se encuentra sano pero sus verdugos conocen su historia y lo atacan continuamente. “Tengo el ojo bueno hinchado del último golpe”, afirma la activista. El 12 de noviembre, sin ir más lejos, le “dieron con un zapato” y nota que ha perdido vista.

Un año de asedio y resistencia

La conversación se desarrolla con intermitencia porque la conexión a internet es muy inestable. “Lo siento”, se disculpa Sultana, “pero mi hermana Luara me está compartiendo sus datos”. Además de confiscarles los móviles durante los allanamientos nocturnos, cuando las Khaya consiguen terminales y tarjetas sim nuevas, las autoridades marroquíes bloquean la comunicación. “No te sabría decir cuántas veces he cambiado de número en este año”, admite. Es muy probable que cuando se publique este reportaje, Luara Khaya ya no tenga la tarjeta sim que hizo posible esta entrevista.

Por las noches no pueden dormir. “Golpean las ventanas y las puertas de madrugada para no dejarnos descansar”, afirma Sultana. Hasta las 6 o 7 de la mañana no consiguen conciliar el sueño. Y cuando lo hacen no es por mucho tiempo. Las tres saben que esta técnica de tortura la utilizan las autoridades marroquíes desde hace décadas e intentan no examinarse físicamente demasiado, pero la realidad es que están agotadas. Aún así, no entra en sus planes rendirse.

La única persona a la permiten salir de casa para comprar comida es a su progenitora de 84 años. “Luara y yo no tenemos miedo a morir, moriremos algún día, pero nos preocupa la situación de nuestra madre”, admite la activista. Desde que comenzó el asedio, esta mujer octogenaria es agredida diariamente por intentar defender a sus hijas.

“No te puedo describir en una frase las torturas que estamos sufriendo”, asegura Sultana. La madrugada del 8 de noviembre, mientras intentaban dormir, un grupo de hombres encapuchados entraron en la vivienda colándose por el tejado. Las golpearon y a Sultana le inocularon un líquido en el muslo derecho. Piensa que puede ser algún tipo de veneno o cualquier sustancia que provoque una reacción dañina en su cuerpo pero no sabe qué le inyectaron. “No sé qué era pero ese día sentí mareos, náuseas y me faltaba el aire”, admite. A modo de prevención, la activista estuvo unos días tomando medicinas naturales de tradición saharaui destinadas a combatir los envenenamientos. “Sé que su objetivo es matarme pero no tengo miedo”, sentencia Khaya.

Aunque se encuentren encerradas contra su voluntad, Sultana valora que la situación anímica es vital para sentirse libre. Considera que su historia es la misma que están viviendo muchas familias saharauis en los territorios ocupados. Reconoce que los primeros meses de asedio fueron más fáciles de asumir y que desde mayo, el aumento de las torturas de madrugada ha mermado los ánimos. Aún así “la resistencia es continua y sé que se cansarán ellos antes que nosotras”, sostiene.

Violaciones como arma de guerra

“Estos agentes, actuando bajo la dirección del Gobierno de Marruecos, amenazan rutinariamente con matar y violar a las hermanas Khaya”, manifiesta Stephanie Herrmann, una de las representantes internacionales de la familia. “Han utilizado la violencia sexual contra Sultana y Luara tanto para castigarlas por sus opiniones políticas como para obligarlas a guardar silencio”, afirma la jurista.

Herrmann trabaja para Perseus Strategies, un despacho jurídico especializado en Derechos Humanos con sede en Washington. Además, forma parte del equipo de apoyo legal internacional a la familia Khaya, integrado por juristas procedentes de distintos países. En julio presentaron una petición al Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU denunciando el arresto domiciliario de las Khaya. Y más recientemente, en noviembre, registraron un Llamamiento Urgente a los Relatores Especiales de la ONU sobre Tortura, Defensores de Derechos Humanos y Violencia contra las Mujeres. En este último adjuntaron todo tipo de pruebas fehacientes que documentan las agresiones, torturas y violaciones que han sufrido en el último año.

“Los agentes torturaron y violaron a ambas hermanas el 12 de mayo de 2021. Sultana publicó un artículo de opinión en CNN Global explicando valientemente los detalles de esta violencia. Nuevamente, el 22 de agosto, las agredieron, las expusieron al COVID-19 y Sultana contrajo el virus como resultado”, resume Stephanie. “El 15 de noviembre, agentes marroquíes allanaron su casa, violaron a Sultana por segunda vez en este año y agredieron sexualmente a Luara”, añade la jurista con resignación.

Al igual que las torturas son un mecanismo ancestral para debilitar e infligir el mayor dolor a quien las sufre, la violencia sexual ha sido, es y será un arma de guerra eterno contra, especialmente, las mujeres. Su objetivo es anularlas como personas y despojarlas de cualquier poder. Las hermanas Khaya son fuertes, humanas y creen en la fuerza de la resistencia. Por ello, las torturan y las violaciones contra ellas no cesan.

Para Herrmann es muy importante que Sultana y Luara tengan sus teléfonos activos para que puedan contactar con el equipo internacional y documenten los abusos que sufren. “Si los agentes logran robar sus móviles, las hermanas Khaya se enfrentan a un mayor riesgo de tortura, desaparición forzosa o asesinato”, alega Stephanie. “Todos los días protestan contra su arresto domiciliario arbitrario e indefinido ondeando la bandera del Sáhara Occidental en su tejado. Son voces a favor de la resistencia pacífica y es un honor apoyarlas”, reconoce la jurista con honestidad.

Llamamiento de la familia Khaya

“Espero que la población española sea consciente de que el Sáhara Occidental sigue bajo la administración de su estado. España es la única responsable de cualquier acción que se cometa contra el pueblo saharaui”, sentencia Sultana. Lo único que quiere es poder vivir en libertad y que la comunidad internacional proteja su vida, la de su familia y la de todos los presos saharauis de los territorios ocupados. Pide a los funcionarios del gobierno español que velen por la seguridad de su pueblo y que “no sean cómplices del régimen marroquí firmando tratados comerciales que expolian las riquezas del Sáhara Occidental”.

Pese al sufrimiento acumulado en el último año, las hermanas Khaya se han mandado sonrisas a lo largo de toda la entrevista. Son mujeres alegres y firmes que creen en la resistencia pacífica, como decía su representante legal Stephanie Herrmann. Por ello Sultana no entiende que haya personas que tilden a su pueblo de terrorista. “Nuestra lucha es digna desde sus comienzos”, añade, por lo que las tres mujeres seguirán subiendo al tejado a ondear su bandera saharaui todos los días que les queden de asedio. 

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/sahara-occidental/sultana-khaya-mas-de-un-ano-de-asedio-y-torturas-sahara-occidental

jueves, 2 de diciembre de 2021

Zara es una de las empresas señaladas como responsable de la deforestación de la Amazonía

 Un informe señala a las marcas de ropa como responsables de la pérdida de masa forestal en la selva tropical más rica y diversa del planeta. 

Fuegos detectados en la amazonia entre el 14 y el 22 de agosto de 2019. Foto: NASA

Zara, compañía del grupo Inditex, aparece en un informe publicado esta semana sobre la responsabilidad de las grandes marcas de ropa en la deforestación de la Amazonía, un proceso que desde el comienzo de la década se ha recrudecido. El colectivo Slow Factory introduce con este estudio, dirigido por Stand.Earth, el factor “marca” en la cadena comercial que a través de la ganadería favorece la pérdida de biomasa en el llamado pulmón verde de América Latina

En concreto, la marca dirigida por la familia Ortega trabaja con seis proveedores que, a su vez, están bajo la órbita de dos de los grandes responsables de la expansión de la ganadería en la cuenca del Amazonas, los grupos JBS y Viposa. Son de las seis curtidurías que abastecen al mercado de las cien marcas que el estudio identifica.

Concretamente JBS está considerado el “principal carnicero” del Amazonas. La compañía, dirigida por Joesley Batista es responsable de uno de cada tres kilos de carne que se exporta desde Brasil, de la mayoría de las exportaciones de piel desde el país americano y trabaja también para grandes cadenas alimentarias como Burger King o McDonald's. Un informe de 2020 de Greenpeace señalaba que este grupo participa en la deforestación ilegal en la región y operaba ilegalmente en tierras indígenas protegidas, además de que su paraguas cubría a otras empresas acusadas de esclavitud moderna.
 
Según el estudio de Slow Factory, las cadenas de suministro de JBS son responsables de la deforestación de tres millones de hectáreas durante la última década. Entre las zonas en las que la ganadería se ha extendido de manera ilegal están la Reserva Río Ouro Preto, la Reserva Río Jacy-Paraná y el territorio Indígena Uru-Eu-Wau-Wau.
 
El informe conducido por Stand.Earth se realizó mediante el análisis de 500.000 líneas de datos aduaneros “para descubrir cadenas de suministro ocultas que vinculan marcas de calzado y moda con la deforestación de la selva amazónica”. Los datos han sido obtenidos de administraciones tanto de Brasil como de los países en los que se procesa la piel para convertirla en ropa: Vietnam, China, India, Indonesia, Pakistán o Filipinas. 

Zara se encuentra entre las marcas con un papel elevado en la deforestación al contar con varios vínculos con las empresas ganaderas responsables de la pérdida de biomasa en la Amazonas. Otras compañías en esa clasificación son Adidas, Nike, New Balance, la marca de zapatos Camper o Lacoste.

Inditex es una de las empresas que no tiene políticas específicas de responsabilidad que limiten los negocios con empresas causantes de la deforestación. Sin embargo, un tercio de las empresas que aparecen en el informe sí tienen adquiridos compromisos en esta línea, algo que no ha sido óbice para mantener a proveedores de la red de JBS.

“La Amazonia ya está al borde y no puede sobrevivir a años más de deforestación”, explicaba Carolina Pasquali, directora ejecutiva de Greenpeace Brasil, durante la Cop26. La llegada al Gobierno de Jair Bolsonaro ha supuesto una aceleración de los procesos de destrucción del bosque amazónico, la deforestación en la región amazónica de Brasil ha aumentado un 30 % desde que Bolsonaro llegó al poder, según el Instituto Amazónico.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/ganaderia/zara-empresas-senalada-responsable-deforestacion-amazonia

sábado, 30 de octubre de 2021

Ese dato llamado decrecimiento

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Cantera de pizarra en Valdeorras

En un planeta finito nuestro modelo económico supone pegarse un tiro en el pie. Lejos de ser una opción, el decrecimiento es una realidad. El partido que sepa implementar en su programa una economía compatible con los recursos naturales disponibles, lejos de perder votos, los ganará.  

  No hay partido político que se atreva a hablar de decrecimiento. En los manuales está que hablar de eso resta votos, así que mejor mirar hacia otro lado. Yo discrepo profundamente de tal prejuicio y quiero aprovechar que hoy es el Día Mundial del Decrecimiento para, brevemente, decir algo al respecto.

El decrecimiento no es una opción, es una realidad, así que no tenemos que hablar de él como de una posibilidad de futuro sino como de un hecho que ya se está dando y que hay que tener en cuenta cuando pensamos en como organizar nuestro modelo económico, social y de vida. Que los indicadores macro todavía señalen crecimientos productivos es porque, en los cálculos, se desprecian todas las externalidades negativas. El decrecimiento, en resumen, es un dato.

Tampoco es nada nuevo. El informe Los límites del crecimiento que elaboró el Instituto tecnológico de Massachusetts en 1972 ya planteaba de manera abierta que en un planeta finito nuestro modelo económico era como dispararse en el pie. No se puede crecer infinitamente en un planeta finito. De aquel aviso hace 50 años y estamos peor de lo que estábamos. De hecho, en 1992 se actualizó el informe y la novedad fue constatar que habíamos superado ya la capacidad de carga del planeta.

El capitalismo depredador que nos manda (gobierne quien gobierne) ha destrozado las reglas del funcionamiento de la vida. Nuestro modelo capitalista enfrenta a las personas entre sí, dejando una inmensa lista creciente de perdedores, y a la humanidad contra su entorno, que se hace más inhóspito, que no puede recuperar sus agotados recursos, ni asimilar los residuos generados.

La apuesta por las renovables es tan obligada como insuficiente. La escasez de materiales imposibilita una transición ecológica sin cambio de modelo social. Las energías renovables tienen tasas de retorno muy inferiores a las fósiles. Es un espejismo pensar que el cambio de modelo productivo y económico es pasar de la manguera de gasolina al enchufe eléctrico y que todo va a seguir igual. Como lo es militar en la secta de los milagros tecnológicos salvadores. Menos potencia energética quiere decir menos crecimiento económico y dado que la voracidad del capitalismo, esa sí, es infinita, hay que repartir entre menos para asegurar que los beneficios económicos de los grandes poderes económicos siguen en aumento.

No dudo que los dueños del mundo saben que vamos todos y todas en el mismo barco pero me temo que consideran que, dado que ellos ocupan los camarotes de arriba, para cuando la realidad climática se ponga peor, habrán soltado tanto lastre de los camarotes de abajo que podrán salvarse del hundimiento.

Ante la realidad del decrecimiento, la disyuntiva es cómo lo vamos a gestionar, si desde la democracia y la justicia o en modo fascista. A día de hoy, el gran poder económico ya tiene una decisión tomada y la está ejecutando: el decrecimiento es fascista, lo pagan en presente los más vulnerables que se pelean entre ellos por las migajas y, hacia el futuro, las nuevas generaciones.

La creciente desigualdad es la constatación del decrecimiento localizado en los de abajo: los aludes migratorios, los muertos en el Estrecho, las hambrunas y las guerras periféricas son decrecimiento, igual que, por concretar, lo son la reforma laboral que precariza nuestros sueldos, la existencia de gente con un puesto de trabajo que no le garantiza salir de la pobreza, la imposibilidad de acceder a viviendas dignas o la certidumbre de que las futuras generaciones ya no vivirán mejor que sus padres. Crecimiento cero, austeridad, reformas estructurales, moderación salarial, saneamientos contables, ajustes o externalizaciones no son más que eufemismos para decir que recortamos por abajo para que las cuentas de resultados de los grandes financieros no se vean reducidas.

Frente a esto tenemos que responder con más democracia, sin miedo. Cambiando el mito del crecimiento infinito por la prosperidad compartida, revisando los valores sociales hacia lo cooperativo, sin dejar nadie atrás. Tendrán que decrecer aquellos que han amasado sus inmorales fortunas en base a una huella ecológica que pagamos todas y todos.

Se trata de disminuir de forma controlada la producción global. Eso significa que hay sectores económicos sin futuro pero que otros que deberán crecer, sí, crecer, porque ni suponen depredación ambiental, ni generan desigualdad social. El reto está en que este proceso se explique bien y se haga mejor todavía. Un modelo económico no intensivo en energía es, obligatoriamente, intensivo en mano de obra, por tanto, por cada puesto de trabajo que se pierde se pueden ganar dos. En democracia, cuanto mejor podamos documentar eso antes saldremos del atolladero.

No se trata de parar la economía sino de hacerla compatible con los recursos naturales disponibles. Lo que hasta hoy hemos invertido en economía marrón lo tenemos que invertir en verde. Para ser más concreto, los miles de millones que no deben ir a ampliar el aeropuerto del Prat o el Puerto de Valencia sí deben ir a Renta Básica Universal, a reducciones de jornada laboral, a educación, a sanidad, a dependencia, a cultura, a investigación, a los procesos de reciclaje y reutilización, a protección del territorio o a agricultura de proximidad.

Para acabar, el ecofeminismo es el marco adecuado para entender y hacer posible el decrecimiento. Las tareas de cuidado son, en su sentido más amplio, las que han de dirigir la actividad humana. Esas tareas que siempre han sido despreciadas e invisibilizadas porque estaban en manos de mujeres que no contaban hoy ganan todo el protagonismo. Cuidarnos para proteger la vida, ese es el camino, el único posible. Una vida más próxima, más segura, más lenta, menos rutilante pero mucho más feliz.

Por cierto, el partido que sepa concretar en su programa y en sus prácticas todo lo hasta aquí dicho, no solamente no perderá votos sino que los ganará.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/tribuna/ese-dato-llamado-decrecimiento