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jueves, 4 de julio de 2019

Cuando renombrar una enfermedad puede salvar vidas

La misma mutación que provoca el Síndrome de Cáncer de Mama y Ovario Hereditario (HBOC) aumenta el riesgo de cáncer de próstata y páncreas, pero los hombres no se están haciendo las pruebas. Y no es el único caso en el que el nombre confuso de una enfermedad puede costar vidas.

Cuando renombrar una enfermedad puede salvar vidas
Cuando renombrar una enfermedad puede salvar vidas Pixabay
 Colin Pritchard es profesor en la Universidad de Washington y jefe del departamento de diagnóstico de un instituto de salud en Seattle. En su experiencia cotidiana ha podido comprobar que los hombres a los que recomienda hacer un test para detectar la presencia de mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 le miran extrañados porque consideran que se trata de genes relacionados exclusivamente con el cáncer de mama y ovario. La mutación saltó a la fama mundial cuando la actriz Angelina Jolie anunció en mayo de 2013 que se había sometido a una doble mastectomía preventiva por la presencia de este marcador. Su gesto tuvo un efecto inmediato y miles de mujeres en todo el planeta se sometieron a las pruebas, pero nadie ha alertado a los hombres de que también les afecta.

En un comentario publicado este miércoles en la revista Nature, el doctorColin Pritchard subraya la necesidad de cambiar el nombre al Síndrome de Cáncer de Mama y Ovario Hereditario (HBOC) asociado a las mutaciones en estos dos genes ya que está generando confusión y los hombres no se están haciendo las pruebas, a pesar de que también es un indicador de riesgo de cáncer de próstata y páncreas. “El año pasado participé en el tratamiento de un hombre con un cáncer de próstata avanzado”, escribe Pritchard. “Él sabía que su hermana tenía la mutación BRCA2, pero no se había sometido al test porque ninguno de los sus médicos se lo había recomendado”. Si lo hubiera hecho, relata el investigador, podría haberse sometido a un tratamiento temprano y haber tenido un pronóstico mucho más benigno. Y no solo eso, el paciente tenía dos hijas que pensaban que no estaba en riesgo porque la mutación venía por la vía paterna.

Engorroso y difícil de recordar

“Desde mi punto de vista”, argumenta Pritchard, “parte de la confusión radica en el hecho de que a las personas con mutaciones en BRCA1 o BRCA2 se les dice que tienen Síndrome de Cáncer de Mama y Ovario Hereditario o HBOC. Este término no solo es confuso, es también engorroso y difícil de recordar. Por suerte, hay una solución muy simple: renombrar el síndrome”. En su opinión, sería mucho más informativo y eficaz llamarlo “síndrome de King”, en honor a la genetista que descubrió la mutación, Mary-Claire King. “Es fácil de recordar”, asegura. Y “no implica que la condición afecte solo a un sexo o que la gente con mutaciones en BRCA1 y BRCA2 solo vaya a desarrollar ciertos tipos de cáncer”.

Para David Olmos, jefe de la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer de Próstata del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), la propuesta de Pritchard tiene todo el sentido. "Nosotros hemos trabajado sobre todo en el área de próstata y desde luego creemos que ese cambio de denominación quizá reflejaría mucho más la realidad de este síndrome, que no es solo característico al cáncer de mama”, asegura a Next. Él y su equipo hallaron recientemente el nexo entre el cáncer de próstata más agresivo y el cáncer de mama hereditario y vieron que los pacientes de cáncer de próstata avanzado con mutaciones en el gen BRCA2 evolucionan peor y no responden al tratamiento habitual. Entre un 1,5 y un 2% de los canceles de próstata implican mutaciones en estos genes, pero este porcentaje se eleva a entre 3,5 y 5% en los casos que han desarrollado metástasis. “Normalmente entre dos y tres pacientes de cada cien van a tener una mutación germinal, pero si nos vamos a los pacientes metastásicos esa frecuencia se duplica”, explica el doctor Olmos.

Otro aspecto importante de este cambio de enfoque es el impacto que tiene la presencia de estas mutaciones en las familias, que pasan a menudo desapercibidos. “A lo mejor aparece un cáncer de próstata en el abuelo y luego aparece en forma de cáncer de mama en las nietas”, explica el investigador del CNIO. “O la abuela tuvo cáncer de mama, el hijo tuvo cáncer de próstata y la hija ha empezado a tener uno de mama u ovario pero no se ha estudiado”. Él y su equipo han estudiado el historial genealógico y genético de cientos de pacientes con el objetivo de reunir pruebas que permitan saber a quién se deben realizar los test genéticos de forma prioritaria, algo que el sistema de salud actualmente o cubre. “Si el paciente tiene estas mutaciones sabemos que su cáncer de próstata es más agresivo, lo que quiere decir que hacer un seguimiento más estrecho”, indica Olmos. “La diferencia es que si la enfermedad recae con metástasis sabemos que hay formas de tratarlo que pueden ir mejor que otras y además estamos investigando nuevos fármacos que intentaremos llevar a los pacientes que todavía no tienen metástasis para impedir que la desarrollen. Y queremos estudiar a los familiares para impedir que desarrollen cáncer en la medida de lo posible, o al menos tratarlos de forma más precoz”.

A vueltas con la nomenclatura

No es la primera vez que se cambia un nombre de un cáncer hereditario porque este causa confusión, recuerda el autor. Así ocurrió recientemente, por ejemplo, con el cáncer colorrectal hereditario no asociado a poliposis (HNPCC), que en la última década ha vuelto a ser nombrado como Síndrome de Lynch debido a que la inclusión de la palabra “colorrectal” no reflejaba correctamente los tipos de cáncer a los que estaba asociado: las mutaciones en los cuatro genes implicados pueden dar lugar a cáncer de endometrio, estómago y ovarios, entre otros. Algo parecido sucede con las mutaciones heredadas en el gen CDH1 que causan el Cáncer gástrico difuso hereditario (CGDH) pero también aumentan las probabilidades de algunos tipos de cáncer de mama y algunas malformaciones congénitas en recién nacidos. “Utilizar nombres que son simples y flexibles, en lugar de nombres obtusos y desfasados con su significado emergente”, concluye Pritchard, “podría salvar vidas mejorando la comunicación y la alerta”.

La polémica sobre la idoneidad de algunos nombres de enfermedades ya se ha dado otras veces en medicina. Pacientes y profesionales han pedido en los últimos años que se cambie el nombre de la diabetes de tipo 1 y 2 porque siendo dos enfermedades muy diferentes, la gente tiende a confundirlas. La primera requiere tratamiento de por vida y no es evitable, mientras que la segunda no requiere siempre tratamiento y depende de factores de riesgo como la obesidad. Por otro lado, el hecho de que el número de casos de diabetes tipo 2 haya bajado en algún momento, ha hecho temer a quienes investigan la diabetes de tipo 1 que las autoridades les den menos financiación.

Nombres ofensivos

En otras ocasiones los nombres de las enfermedades se han cambiado porque estigmatizan a grupos de personas, zonas geográficas o porque fueron bautizadas con el nombre de personajes indeseables. Así, por ejemplo, el Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) denominó originariamente al sida como "la enfermedad de las 4H” en referencia a su incidencia en haitianos, homosexuales, heroinómanos y hemofílicos, y la prensa llegó a llamarlo GRID (inmunodeficiencia relacionada con los gays). Más recientemente, Arabia Saudí protestó por la denominación del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), cuyo nombre que aludía inicialmente al país, y las autoridades de Nueva Delhi hicieron lo mismo cuando se puso el nombre de la ciudad a la enzima NDM-1 (New Delhi metallo-beta-lactamase) que aparece en las bacterias resistentes a antibióticos.

En cuanto a los epónimos, la neurodegeneración asociada a pantotenato quinasa (PKAN) se llamó durante muchos años síndrome de Hallervorden-Spatz (en honor a los médicos nazis Julius Hallervorder y Hugo Spatz) hasta que las protestas provocaron el cambio. Y lo mismo sucedió con la granulomatosis de Wegener, conocida ahora como granulomatosis con poliangitis para evitar un homenaje a Friedrich Wegener, que participó en experimentos con presos de campos de concentración. Estos y otros ejemplos obligaron a la Organización Mundial de la Salud a dictar en mayo de 2015 una serie de normas básicas para la nomenclatura de enfermedades.

viernes, 15 de febrero de 2019

#CancerInfantil

En Gaza no hay tratamiento contra el cáncer y resulta casi imposible obtener permiso para salir de Gaza y recibir tratamiento.

miércoles, 10 de octubre de 2018

La Universidad John Hopkins nombrará edificio en honor a Henrietta Lacks 67 años después de robar sus células para realizar investigaciones

H15 henrietta

Y en Baltimore, la Universidad Johns Hopkins anunció su plan de nombrar un nuevo edificio de investigación “Henrietta Lacks”, en honor a una ex paciente del hospital universitario que se hizo célebre por sus “células inmortales”. Lacks, una mujer afroestadounidense, fue paciente del Hospital Universitario Johns Hopkins en 1951. Mientras recibía tratamiento contra el cáncer, los investigadores recolectaron sus células y las utilizaron para crear las células HeLa, una cepa de células autorreproductoras que permitió numerosos avances en la medicina, incluyendo el desarrollo de la vacuna contra la polio. Lacks murió ese mismo año. En los años recientes, su familia se ha pronunciado sobre el uso de las células de Lacks por parte de la universidad, ya que fueron extraídas sin su conocimiento o consentimiento, planteando interrogantes sobre los derechos y la privacidad de los pacientes, y sobre si la familia debería recibir una compensación por la utilización de estas células.


Fuente: https://www.democracynow.org/es/2018/10/9/titulares/johns_hopkins_to_name_building_for_henrietta_lacks_67_years_after_stealing_her_cells_for_research

martes, 2 de octubre de 2018

#NobelPrize

Premio Nobel de Medicina 2018 para James P. Allison y Tasuku Honjo por sus hallazgos sobre inmunoterapia contra el cáncer


 La oncológica aprovecha la capacidad del sistema inmunitario para atacar las células cancerosas. Es decir, libera los frenos de nuestras defensas para que ellas mismas ataquen a los tumores. Es una de las grandes esperanzas de la oncología.

 James P. Allison y Tasuku Honjo estudiaron varias proteínas que funcionan como frenos para las defensas. Se dieron cuenta de que, si liberamos los frenos, nuestras células inmunitarias pueden ser armas contra los tumores. Sus logros han revolucionado la oncología

Respuesta de la paciente a la inmunoterapia. A la izquierda está la imagen del tórax y el hígado antes del tratamiento, con flechas amarillas que apuntan a los tumores. A la derecha, sin tumores tras 14 meses de terapia. / National Cancer Institute
 Este mismo año la dio una gran noticia: una mujer con cáncer de mama metastásico cuyo sistema inmunitario fue modificado para eliminar por completo sus células tumorales

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Premio-Nobel-de-Medicina-por-la-inmunoterapia-contra-el-cancer

viernes, 15 de junio de 2018

La industria gastó millones en ocultar que el dióxido de titanio es cancerígeno

La industria química está gastando millones de Euros para evitar que los consumidores descubran las posibles propiedades cancerígenas del dióxido de titanio, una sustancia química blanqueadora que se utiliza en una amplia gama de productos, incluidos los alimentos y los protectores solares.


Desde pasteles de cumpleaños hasta pinturas y protectores solares, el dióxido de titanio agrega blancura y brillo a cualquier producto. Pero los esfuerzos del lobby de la industria, descubiertos esta semana, añaden un aspecto mucho más oscuro a la historia.

En una carta confidencial obtenida por el periódico POLITICO, la Asociación de Fabricantes de Dióxido de Titanio (TDMA) insta a los gobiernos de la Unión Europea a que no clasifiquen esta sustancia como sospechosa de ser cancerígena.

El grupo de presión pidió “más tiempo para construir una base científica” que contrarreste la propuesta de la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA), que obligaría a los fabricantes a poner una etiqueta de advertencia en sus productos.

La carta también revela que el grupo se ha gastado hasta el momento 14 millones de euros en un “programa científico” para contrarrestar posibles restricciones y defender los intereses comerciales de sus miembros.

La evidencia sugiere que el dióxido de titanio puede representar un riesgo para la salud. En particular, algunas nanopartículas pueden penetrar las barreras del cuerpo, como el cerebro o la placenta, y acumularse en órganos como el hígado y los pulmones.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) descubrió que el dióxido de titanio es “posiblemente carcinógeno para los humanos“, lo que llevó a Francia a anunciar una prohibición de la sustancia en los alimentos este año.

La Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA) también concluye que hay riesgo de que pueda causar cáncer aunque solo si se inhala, por lo que recomendó el uso de etiquetas de advertencia en toda la UE.

Los gobiernos y la Comisión Europea comenzarán a discutir el tema esta semana, en medio de una presión sin precedentes por parte de los lobistas de la industria.

Dos funcionarios de la UE, que pidieron mantenerse en el anonimato, le dijeron a POLITICO que nunca habían experimentado tanta presión de un lobby como el de la industria del dióxido de titanio.

En la carta, el grupo argumenta que el dióxido de titanio no se comercializa a los consumidores en forma de polvo inhalable y que, por lo tanto, solo puede afectar a los trabajadores en lugares de trabajo altamente expuestos. Por lo tanto, pidieron a los países que consideraran otras opciones para abordar el problema.

Por otro lado, las ONG sostienen que el dióxido de titanio puede ser potencialmente cancerígeno en todas sus formas inhalables. Dicen que puede suponer un riesgo cuando se encuentran en productos como los aerosoles de protección solar, cuyo contenido se puede inhalar fácilmente de forma involuntaria.

La Oficina Europea del Medio Ambiente (EEB) condena los esfuerzos de la industria “para entorpecer un proceso de toma de decisiones basado en la evidencia cuyo objetivo es proteger a las personas y el medioambiente”. Según Tatiana Santos, experta en químicos en la EEB:

Los lobbistas están gastando millones en evitar que las personas descubran que algo que están respirando o comiendo puede estar causando cáncer.
No permitiremos que la industria intimide a los gobiernos de la UE y ponga en riesgo la salud de los ciudadanos.

Fuente: https://www.libresdecontaminanteshormonales.org/2018/06/14/industria-gasto-millones-evitar-etiquetas-que-advirtieran-cancer/

martes, 5 de junio de 2018

Eliminan el cáncer de mama gracias a las células T de la propia paciente

Esta semana la revista Nature Medicine publica el exitoso caso de una mujer con cáncer de mama metastásico cuyo sistema inmunitario ha sido modificado para eliminar por completo sus células tumorales. Este trabajo supone un posible tratamiento para los últimos estadios del cáncer, etapa en la que las terapias convencionales suelen fracasar.

<p>Respuesta de la paciente a la inmunoterapia. A la izquierda está la imagen del tórax y el hígado antes del tratamiento, con flechas amarillas que apuntan a los tumores. A la derecha, sin tumores tras 14 meses de terapia. / National Cancer Institute</p>
Respuesta de la paciente a la inmunoterapia. A la izquierda está la imagen del tórax y el hígado antes del tratamiento, con flechas amarillas que apuntan a los tumores. A la derecha, sin tumores tras 14 meses de terapia. / National Cancer Institute
 Una mujer de 49 años con cáncer de mama metastásico HER2 negativo –contra el que no funcionaron distintos regímenes de quimioterapia– se inscribió en un ensayo clínico diseñado para mediar la regresión del tumor en pacientes con cánceres epiteliales que desarrollan metástasis.

Los autores de dicho ensayo, miembros del Instituto Nacional del Cáncer de EE UU, modificaron el sistema inmunitario de la paciente para eliminar por completo sus células cancerígenas. Los resultados se publican esta semana en Nature Medicine.

Según los investigadores, esta es la primera aplicación exitosa de la inmunoterapia con células T –un tipo de glóbulo blanco– para el cáncer de mama en un estadio tardío. “Esto supone un posible tratamiento para la última etapa de los tumores en los que han fracasado todas las terapias convencionales”.

Los enfoques inmunoterapéuticos clínicos más exitosos para tratar el cáncer son el bloqueo de puntos de control inmunitario y la terapia celular adoptiva. En el primero, las células T se activan dentro del cuerpo del paciente a través de anticuerpos inyectados.

En el último, las células T se toman de la sangre o la masa tumoral del paciente, y solo aquellas que reconocen el cáncer se cultivan y posteriormente se vuelven a introducir al paciente.

El éxito de estos enfoques varía mucho entre los tipos de tumor. De hecho, hasta ahora los ensayos clínicos que utilizan inhibidores de puntos de control inmunitario habían demostrado ser ineficaces para tratar el cáncer de mama.

“Necesitamos un nuevo paradigma para la terapia del cáncer”, ha explicado a SINC Steven A. Rosenberg, autor principal del estudio. “Es probable que sean necesarios tratamientos altamente personalizados si queremos progresar en el tratamiento de tumores comunes”.

Para Rosenberg, este concepto de terapias altamente individualizadas (un medicamento único para cada paciente) puede ser lo que se necesita para tratar el cáncer de manera efectiva. “La complejidad del tratamiento asusta a muchos oncólogos que piensan que no es práctico. Sin embargo, al menos tres empresas están trabajando ya para desarrollarlo comercialmente”.

Dos años libre de enfermedad
En este trabajo, los científicos aislaron y reactivaron las células T de esta paciente cuyo cáncer de mama metastásico estaba progresando a pesar de las terapias utilizadas. Estas células T reactivadas eliminaron todas las lesiones metastásicas, dejando libre de enfermedad a la mujer tras dos años desde el tratamiento.

Los autores han realizado una caracterización molecular de esta terapia dirigida, que ayuda a detener el crecimiento y la diseminación del cáncer atacando proteínas o genes específicos.
Tal y como concluyen en el estudio, esto les permite “estimar altas probabilidades de éxito en otros pacientes con cáncer de mama, aunque deberá confirmarse en ensayos clínicos más grandes y controlados”.

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Eliminan-el-cancer-de-mama-gracias-a-las-celulas-T-de-la-propia-paciente

domingo, 4 de febrero de 2018

Cuando el cáncer se suma al paro y a la pobreza

Un estudio de la AECC muestra la otra cara de la enfermedad, la de su impacto económico y la que lleva a los pacientes a situaciones de pobreza. Se calcula que cada año unas 25.000 personas con cáncer se encuentran en riesgo de exclusión social a causa de su diagnóstico.

Los pacientes deben hacer frente a otros gastos derivados del cáncer que la Seguridad Social no contempla
Los pacientes de cáncer, en muchos casos, se ven afectados por situaciones de pobreza y exclusión.
 Ser autónomo, estar en desempleo o cobrar menos del salario mínimo…. y tener cáncer. Si en una situación precaria se intenta sobrevivir al día, con la llegada de la enfermedad vivir es una meta el doble de complicada. Son personas que sufren el proceso del cáncer, sus tratamientos y su recuperación trabajando como pueden o, en otros casos, sin poder hacerlo. El cáncer siempre supone un antes y un después, pero para las personas en esta situación es un salto al vacío rotundo.

Unas 11.000 personas trabajadoras por cuenta propia son diagnosticadas de cáncer, de las cuales más del 80%, al cotizar por la base mínima, sobrevive con tan solo 395 € durante su baja laboral, según un estudio de la Asociación Española contra el Cáncer. También indica que cada año, 9.832 pacientes se encuentran en situación de desempleo, y más de la mitad no recibe ninguna prestación económica.

3.744 pacientes con cáncer viven con menos de 710 € al mes que pueden ser, en muchos casos, el único ingreso de la familia. De estos, el 90.98% son mujeres.

Hablamos con tres pacientes que superaron la enfermedad en circunstancias laborales difíciles y con crisis, donde el cáncer supuso una pausa tan contundente en sus carreras que volver al trabajo suponía un esfuerzo imposible.

Begoña Gozalbes: “Empiezas de cero y vuelves a un mundo laboral que no es el mundo que dejaste”
Begoña recuerda perfectamente la fecha: el 23 de junio de 2012. Por entonces su vida era frenética, como autónoma empresaria en plena crisis, a la captura de clientes y echando horas sin parar para mantener a los que ya tenía: “En ese momento no escuchas el cuerpo, aunque sabes que no va bien. Estás más cansada, pero lo atribuyes a que cuando trabajas como autónoma eres, además de tu trabajo principal, el gestor, el community manager y todo lo que sea preciso. Si te duele algo no lo atiendes porque tiene prioridad el seguir adelante”, reconoce Begoña.

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Begoña Gozalbes / Ana I. Bernal Triviño
Tuvo que llegar ese día 23 de junio para, después de almorzar, se encontrase mal. “Vomité, pero yo misma le dije a mis amigos que era normal, producto del estrés y la ansiedad”, lamenta ahora. Al día siguiente no se podía levantar, con fuerte dolores abdominales, y al tercer día fue a urgencias. Estuvo desde las 9 de la noche hasta las 5 de la mañana. En principio no encontraron nada, pero cuando le hicieron la ecografía ya le indicaron que no saldría del hospital. “Yo recuerdo que comenté una molestia en los ovarios, pero la doctora, sin decirme diagnóstico, ya me avisó que no era de ahí”. 

Ingresó el día 26 en el hospital, le hicieron multitud de pruebas y el 6 de junio tuvo la confirmación: cáncer de colon. Tras saberlo, lo primero que respondió fue: “Y ahora, ¿qué tenemos qué hacer?”. 

“Supongo que fue una reacción porque no te puedes parar, tu mente está entrenada para no parar. Yo no era consciente de lo que era tener un cáncer. Yo les decía a los clientes que me operaba en agosto de un tumor y que en octubre pondría en marcha su proyecto. No era consciente de que la vida se para”, asume ahora Begoña.

Tardó dos años en volver a trabajar porque pasó dos veces por quirófano, más una depresión una vez superada la enfermedad. “O lloras cuando te enteras, que yo apenas lo hice, o lloras cuando lo superas y hay que retomar la vida. Yo, de septiembre a diciembre de 2013 me lo pasé llorando e intentando volver a trabajar. Empiezas de cero y vuelves a un mundo laboral que no es el mundo que dejaste”. 

Se tuvo que dar de baja de autónomo. Al no tener ingresos, adquirió deudas y recuerda que en su cuarta quimio tuvo hasta que firmar la dación en pago de su vivienda. “Si no fuese por la Seguridad Social que tenemos estaría muerta, estoy viva porque ella me ha curado. El día a día me lo pagaba todo mi familia porque mis ingresos eran cero”.

Hablamos de la diferencia de afrontar una enfermedad en un trabajo por cuenta propia y cuenta ajena: “Quien tiene un trabajo normal sigue cobrando y puede volver a su puesto de trabajo, pero de autónomo no tienes solo el reto de vivir por la enfermedad sino de sobrevivir, y económicamente te quedas sin nada”, denuncia. Tras los tres meses de duelo, empezó a reconstruirse. Fue a congresos y conferencias, empezó a buscar los primeros clientes y escribió un artículo, “Crujir el alma”, donde contaba que su vida acabó guardada en cajas, en un habitáculo de 6 metros cuadrados, cuando su cuerpo ni siquiera le ayudaba a levantar una hoja. Dice que escribir ese artículo la curó, en parte. 

Confiesa que con cada revisión el cuerpo se altera, y que cada día todo enfermo de cáncer piensa en la angustia de si volverá la enfermedad. O si se habrá ido para siempre y no perderá más su vida.

Mar Carpena.
Mar Carpena.
Mar Carpena: “Quieres lo mejor para ti y cuidarte, pero no puedes, ¿con qué dinero?”
La revista donde Mar trabajaba cerró en 2008. Desde entonces hizo varias colaboraciones en prensa hasta que consiguió un trabajo en una agencia de comunicación de una multinacional, pero he aquí la condición: ser falso autónomo. Mar acudía a su trabajo como alguien de plantilla, de lunes a viernes. En 2010 notó molestias en su abdomen. Los médicos decían que eran gases, hasta que un día, doblada de dolor, entró por urgencias y ya se quedó en el hospital. Con 38 años le detectaron un cáncer de colon.

“Claro que pensé en mi trabajo y, como tenía mis jornadas normales, creía que durante la enfermedad me protegería algún derecho. Me operaron y con el mismo parte médico del ingreso, el martes fue mi chico a la empresa. Y por correo les remitimos el resto de los partes de baja”, comenta. Pero la sorpresa vendría después. Ese mes de baja no lo cobró, así que llamó a la empresa, les comunicó que ya tenía el alta y preguntó si podía trabajar desde casa una semana. La respuesta: “Tú ya no trabajas aquí”.

Mar se encuentra sin opción a paro y sin trabajo. “Lo viví muy mal porque se generó una doble angustia. La primera era salir del cáncer y la segunda era ver que las sumas no alcanzaban para el alquiler ni el resto de los gastos. Y trabajar, mentalmente, me hubiese servido de ayuda, aún faltando los días de quimio”. Se sentía enferma y se dejó de sentir útil, inserta en el aislamiento de las quimioterapias. “Recuerdo que, por entonces, mi pareja no tenía una estabilidad económica y que había unos parches cicatrizantes que no me pude comprar. También cuando mis padres me prestaban dinero o esa preocupación cuando los médicos te dicen que comas mejor. Quieres lo mejor para ti y cuidarte, pero no puedes, ¿con qué dinero? Igual que las cosas de la casa, que las hacía todas mi pareja”.

Le faltaba un ciclo de quimio para terminar cuando le detectan al año un cáncer de mama. Vendría la radioterapia y más debilidad a su cuerpo. “Fue un mazazo, convencidísima de que tras el primer año de cáncer me incorporaría al trabajo, el segundo cáncer me lo impedía aún más.” En aquel tiempo la Mar que todos conocían intentaba vivir. La suya, la interior, se sentía a veces como un zombie. 

Tras el cáncer de 2010 y el de 2011, en 2012 le detectan un cáncer de tiroides. Le mandaron quimioterapia de pastillas y Mar no quería esperar más, aunque su cuerpo ya no era el mismo. “Tenía miedo a las entrevistas de trabajo. Era el miedo del cáncer y el miedo a que te rechacen porque ¿quién iba a contratar a alguien que sabe que faltaría cada tres meses para las revisiones? Y también me preguntaban qué había hecho en esos años, por qué había un parón laboral. Al principio mentía. Luego, ya decía la verdad, no quería esconderme”.

Con todas sus fuerzas consiguió un trabajo temporal de jefa de prensa de un evento. “Fue oxígeno, la mejor medicina. La otra me mantuvo viva pero esta me hizo volver a ser yo. A nivel profesional yo no era nadie”, admite. Comenta que subió su nivel de autoexigencia, que quería demostrar que aquel parón no era nada en su carrera. “Quería que vieran que era buena profesional y que estaba sana. Que iría a trabajar y a echar más horas que nadie, y si todo el mundo estaba cansado, yo diría que no. El cáncer volvió mi vida más precaria y, sin ayuda de todos los que estuvieron, hubiese tenido que dejar mi piso y a saber qué hubiese sido de mí”.

Eva Álvarez: “El cáncer precarizó mi vida al 100%”
En un hotel Radisson de Irlanda trabajaba Eva, en el año 2004. “Recuerdo que por ser extranjera me dieron como un bono social para una limpieza de boca gratis y una revisión ginecológica”. En la citología, menciona que sangró. Se lo echó a humor, dadas las circunstancias, pero no sabía que aquello era el primer síntoma de la enfermedad. La llamaron del hospital a los pocos días y recuerda que, al entrar en la consulta, junto al médico, había dos enfermeras que sostenían una caja de pañuelos. “Tienes cáncer de cérvix”, le dijo. Pidió quedarse un rato a solas y lloró. Le explicaron que este cáncer era muy agresivo pero muy lento. Tras la biopsia, le advirtieron sobre la operación.

Eva Álvarez.
Eva Álvarez
 Hizo las maletas corriendo, entre las lágrimas que sus compañeros de piso no sabían cómo consolar, y dejó su trabajo. De operarse, era en España. “Yo estaba acojonada de miedo. Yo estaba a 2000 kilómetros a mi familia. Sólo quería volver a casa”. A las pocas semanas, la operan en el hospital Virgen del Rocío en Sevilla. Y le hacen una histerectomía completa. Le aconsejaron que, para recuperarse antes, tenía que caminar pero “me salió una úlcera en el talón brutal y fue un posoperatorio muy molesto, donde engordé casi diez kilos por no poder moverme. Me decían en la calle…. ¿pero estás embarazada? Era horrible”.
 
Pero para ella, una mujer independiente, aquel estado físico no era lo peor. “Yo venía de Irlanda muy bien, pero aquí me empecé a sentir perdida, no sabía qué hacer. Necesité un psicólogo porque tuve que vivir en casa de mi madre de nuevo. No por ella, que es un cielo, sino el hecho de no tener mi vida, porque ya no tenía nada. Y, por el tipo de cáncer que es incluso me sentía culpable”.

Durante un año acudía, cada tres meses, a sus revisiones con el oncólogo. Y, a la vez, intentó buscar trabajo. Tampoco se sentía bien físicamente, así que solo pudo afrontar trabajos de fines de semana, sin cotización, en bares. “Recuerdo que aquella época vivía amargada, el cáncer precarizó mi vida el 100%. No sé en Irlanda qué hubiese sido de mí, pero lo de ahora no era lo mío, se acabó mi sustento económico propio y el cáncer me mandó a empezar de cero. Fue muy difícil”. Esa fue su situación de 2005 a 2007, cuando vuelve a trabajar en varios hoteles en Ronda, hasta que encuentra la que pensaba que sería la mejor oferta posible: trabajar de administrativa en una empresa de madera, Polanco. “No era tan duro como la hostelería, mejor horario y valoraban mis idiomas. Aquellos primeros seis meses fueron estupendos… Y de pronto se hundió, fue de las primeras empresas en hundirse durante la crisis. A los seis meses estaba en la calle.”

Regresó a la hostelería y se encontró con la misma situación. Hoteles que cierraban, o cuando le respondían que su trabajo lo haría otra persona. Pidió el paro, luego la ayuda…. y se agotó. Ahora está de cuidadora con un contrato de limpiadora, de 50 horas semanales, cobrando 700 euros. Fue al ginecólogo del 29 de enero, “y mi virus se ha vuelto a activar. En verdad nunca muere, lo que se queda es latente, y se ha activado otra vez. Me mandaron una crema vaginal que la Seguridad Social no la cubre, Papilocare, que son 22 euros a la semana”. Dice que las cuentas no le salen entre los 250 euros de piso, la luz, el agua, el coche, el seguro, la comida… Y añade que además de ser más pobre, queda el miedo del cáncer y que, “ante cada analítica, siga temblando”.

viernes, 28 de febrero de 2014

El científico Joan Massagué descubre el posible origen de la metástasis

 Massagué, que trabaja en el Centro Memorial Sloan Kettering de Nueva York, lleva diez años investigando cómo se originan las metástasis, y ya ha empezado a trabajar en la creación de anticuerpos para impedirlas. Según él, los resultados de la investigación son prometedores aunque avisa de que no será fácil y de que "el éxito no está asegurado" porque habrá que probarlo en animales, demostrar su eficacia, que sus efectos secundarios son tolerables y ver la reacción en enfermos si se aprueba el tratamiento en pacientes.

En los próximos meses, Massagué, que lleva diez años investigando el origen de las metástasis, esperar demostrar que se basan en el mismo mecanismo, y en caso afirmativo se abriría el camino a desarrollar fármacos específicos contra las metástasis. Según el avance, la pieza clave del mecanismo es la plasmina, una enzima conocida sobre todo por su efecto anticoagulante de la sangre, que tiene una doble acción protectora frente a las células cancerosas: impide que se adhieran a la pared externa de los vasos sanguíneos y provoca la autodestrucción de las células tumorales.

Sin embargo, una pequeña minoría de las células tumorales acaban desarrollando un escudo para protegerse del ataque de la plasmina, utilizando una molécula llamada L1CAM, que tienen vía libre para anidar en el cerebro y multiplicarse. Precisamente, es en este punto donde se abre la posibilidad de actuar contra las metástasis con la elaboración de un fármaco capaz de bloquear la molécula L1CAM, lo que Massagué ve posible y en lo que ya está trabajando su equipo de investigación.

La metástasis son la causa de la mayoría de muertes por cáncer porque afectan a órganos vitales, por lo que si se consigue desactivar este mecanismo se podría reducir notablemente la mortalidad provocada por esta enfermedad. Massagué espera demostrar durante los próximos meses que las metástasis a otros órganos, así como las causadas por otros tipo de tumor, se basan en el mismo mecanismo.



Tomografía computarizada de tres metástasis cerebralesJmarchn/Wikimedia commons