El cártel de los Zetas se apropió de una cárcel del estado que entonces presidía el arrestado Humberto Moreira.
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| Los narcos masacraron a más de 150 personas en una cárcel mientras Moreira era gobernador. |
El sordomudo José Martín Morales dejó la ciudad de México para viajar a la ciudad fronteriza de Piedras Negras. Lo acompañaban José Antonio Ángeles, José Luis Vallejo, Jorge Espinoza y Manuel Adrián González. Los cinco vendían artilugios mientras exhibían unas etiquetas con esta frase: “Disculpe, soy sordomudo, vivo de la venta de este producto”.
Se
comunicaban con su familia a través de unos mensajes de texto que se
interrumpieron el 23 de febrero de 2012. Unos días después, las
autoridades los agregaron a la lista oficial de más de 25.000 personas
desaparecidas en México.
El caso de los cinco vendedores sordomudos lo investigó la
subprocuraduría creada por el Gobierno de Coahuila para buscar a los
desaparecidos. La investigación desembocó en una prisión estatal ubicada
en la ciudad de Piedras Negras.
De acuerdo con los resultados de
la investigación a los cuales tuve acceso, este centro estuvo bajo el
control total del cártel de Los Zetas entre 2010 y 2012. Durante esos
dos años, la cárcel se convirtió en un centro criminal en el que los
internos fabricaban uniformes, fundas y chalecos antibalas para los
miembros de la banda y alteraban vehículos para ocultar drogas, armas y
dinero en su interior.
La cárcel de Piedras Negras era además un
hotel donde los líderes del grupo criminal se escondían cuando las
fuerzas federales montaban operativos de búsqueda en la ciudad.
El
hallazgo más delicado de los investigadores es que Los Zetas
torturaron, asesinaron e incineraron personas de manera sistemática en
el interior de la prisión. Entre las víctimas se encuentran miembros de
la banda o de sus adversarios. Pero también personas ajenas al mundo
criminal como los vendedores sordos, a quienes se confundió con agentes
encubiertos enviados por el Gobierno federal.
“150 víctimas”“Lo
que tenemos en las investigaciones es que más de 150 personas fueron
privadas de la libertad, llevadas a ese lugar y ahí dentro fueron… las
mataron, las quemaron, para luego los restos ser tirados a un río”,
explica Juan José Yáñez, titular de la subprocuraduría que lleva la
investigación. Yáñez asegura que la instancia no volvió a estar bajo
control del Gobierno hasta 2012.
“Lo que sucedió fue algo muy duro”, dice el investigador. “No me explico yo cómo pudo pasar esto sin que hubiera una reacción”.
La
ciudad de Piedras Negras se ubica en el estado mexicano de Coahuila,
cuyo presidente era entonces Humberto Moreira, arrestado este viernes en
el aeropuerto de Barajas por orden de la Fiscalía Anticorrupción de
España. El estado de Coahuila lo preside ahora su hermano Rubén.
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Moreira en el día de su renuncia como presidente del PRI en 2011
Reuters
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En una entrevista celebrada antes del arresto de Moreira, el
subprocurador que dirige la investigación de la masacre del Penal de
Piedras Negras explica que Los Zetas tenían el control absoluto de la
institución oficial. “Entraban y salían todos los días”, dice. “Uno de
ellos comenta que él salía al Oxxo, compraba un café, leía el periódico,
se iba a su casa a desayunar o a la casa de un amigo. Hacía una vida
afuera y luego regresaba en la tarde”.
–¿También fabricaban chalecos y modificaban coches?
–Sí,
era toda una base de operaciones. Yo estoy seguro de que en algunos
ceresos [cárceles estatales] de la república pudiera estar pasando algo
similar.
Los agentes de la subprocuraduría empezaron a investigar
la cárcel de Piedras Negras a finales de 2014. A través de un testimonio
supieron que habían llevado a dos personas desaparecidas cerca o dentro
del centro penitenciario y que nunca más se había vuelto a saber nada
de ellas.
“Investigando alrededor no vimos nada”, dice Yáñez.
“Pero interrogando a algunos internos, nos dijeron: ‘Bueno, lo que
ocurrió aquí es que no los van a encontrar’. Nosotros metíamos nuestros
radares, metíamos perros y los internos nos decían: ‘Es que no los van a
encontrar porque a ellos los quemaron’”.
Así fue como empezaron a
documentarse otros crímenes ocurridos en el lugar, entre ellos el de
los cinco vendedores sordos que llegaron de la capital a esta ciudad
fronteriza para luego desaparecer.
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| Piedras Negras es una ciudad fronteriza del noreste de México. |
Un polvorín en la frontera
El estado de Coahuila se ubica en
el noreste de México. Al igual que Nuevo León y Tamaulipas, limita con
Texas y forma parte de la ruta de las drogas ilegales, que desde aquí
viajan rumbo a Washington y Nueva York.
Durante los últimos años y
ante el incremento de las disputas por el trasiego, la violencia se ha
adueñado del estado. Pero el alto riesgo ha propiciado que esa realidad
se haya documentado menos que en otros estados como Guerrero, Michoacán o
Veracruz o en zonas fronterizas como las que están alrededor de Tijuana
o Ciudad Juárez. Sólo ahora masacres como la ocurrida en la prisión de
Piedras Negras, se están dando a conocer.
Las autoridades
mexicanas nunca han investigado a los políticos que protegen a las
organizaciones criminales que operan en la zona. Pero hay varios juicios
abiertos al otro lado de la frontera. No sólo el proceso contra
Humberto Moreira en un tribunal de San Antonio. También los que
investigan a los exmandatarios de Tamaulipas y Nuevo León como Tomás
Yarrington, Eugenio Hernández Natividad González Parás o Rodrigo Medina.
Desaparecidos por la fuerzaLa
subprocuraduría que descubrió la masacre en la cárcel de Piedras Negras
opera desde hace tres años y es la única especializada en la búsqueda
de personas desaparecidas en todo el país.
Durante sus primeras
semanas, la dependencia concentró denuncias por desaparición hasta
entonces dispersas. La lista incluía hasta 3.800 personas.
“El
problema de las desapariciones creció mucho durante los años de Felipe
Calderón en el poder”, asegura el subprocurador Yáñez, que enumera cinco
factores: la lucha frontal del Gobierno contra los grupos delincuentes,
la lucha entre los cárteles, el reclutamiento de personas para estos
cárteles, el asesinato de personas inocentes y la decisión de quienes,
abusando de esta situación y por problemas familiares o económicos,
aprovecharon para desaparecer.
La instancia tiene cerca de 50 empleados, entre los que se encuentran
agentes del ministerio público, investigadores, peritos, secretarias y
otros ayudantes.
Cuenta con un área de atención a víctimas que se
dedica a las necesidades psicológicas, económicas y sociales de los
familiares de las personas desaparecidas. También existe un pequeño
equipo de mediación que busca combatir la estigmatización de los
desaparecidos. El funcionario relata un ejemplo del tipo de trabajo que
realiza esta área: “Hubo una familia en la que desapareció el papá y el
hijo está en la escuela.
Entonces los papás de sus compañeros no quieren
que esté en esa escuela, no vayan a regresar y se vayan a confundir y
se lleven junto con el niño al que esté jugando con él. Entonces piden
la salida del niño de la escuela y que la señora se cambie de casa. Lo
que hacemos nosotros ahí es una mediación comunitaria para explicar lo
sucedido. Ahora el niño convive muy bien, tiene muy buen promedio y
sigue con sus amigos. La esposa del desaparecido ya no tiene los
problemas de rechazo de los vecinos”.
La principal dificultad que
ha afrontado la dependencia es la poca atención judicial que recibieron
las denuncias de desaparición forzada durante el Gobierno anterior.
“Había
averiguaciones en las que no se habían hecho diligencias y eso hace más
difícil la búsqueda de una persona”, dice Yáñez. “En ese tiempo no se
interrogó, no se citó, no se hizo una prueba de criminalística en el
lugar. Es imposible que ahorita, después de cierto tiempo, se pueda
hacer una prueba criminalística con los resultados que uno espera. Otro
problema es que muchas de las personas que participaron en una privación
pues ya están muertas. El tiempo pasa y es más difícil aunque no
imposible saber la verdad”.
Los métodos del horrorEn los
estados de Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, se han encontrado unas 500
fosas comunes en los últimos años. Pero a partir de 2011 los grupos
criminales empezaron a usar ranchos alejados como centros de
incineración ilegal. Los narcos los llamaban “cocinas” y allí, con
toneles, diésel y fuego, deshacían los cuerpos de sus víctimas.
“Ese
es uno de los problemas con el que nos enfrentamos”, explica Yáñez. “La
forma en que hacen desaparecer a alguien nos hace imposible entregar su
cadáver a un familiar. La forma de actuar del grupo permite que no
queden restos. Así dar un resultado es muy difícil”.
–¿Ya tienen ubicado el momento en que empezaron a incinerar a sus víctimas?
–Yo
creo que fue algo propio de esta región. Hay restos que se pueden sacar
de ciertos lugares y se están revisando. Pero hay otros sobre los que
nos dicen los laboratorios que es imposible sacarles el ADN.
También hay
grupos que arrojaban las cenizas a un río.
–Además de la cárcel de Piedras Negras, ¿en qué otros lugares específicos están haciendo investigaciones especiales?
–En
muchos lugares. Por ejemplo, tenemos reportes que aún tenemos que
corroborar sobre la Presa Don Martín [cercana a Piedras Negras]. Estamos
trabajando con la Marina precisamente en ese tema. Es una presa muy
grande. A pesar de que tenemos un dron acuático y un dron aéreo, es
necesario hacer una búsqueda más completa. De hecho tenemos una unidad
de la policía científica de la policía federal. Todo eso nos ha ayudado,
pero falta mucho. Sin embargo, ya estamos resolviendo lo que sucedió en
la cárcel de Piedras Negras.
–¿Ya saben quiénes fueron los funcionarios estatales que encubrieron estas masacres y se beneficiaron económicamente?
–Eso todavía no lo sabemos.
Fuente:
http://www.elespanol.com/mundo/20160116/94990523_0.html