sábado, 31 de mayo de 2014

“En la izquierda a veces la gente se vuelve anticientífica”

El nuevo diputado europeo por Podemos explica qué hará por la ciencia y las personas con discapacidad y cómo lidiará su partido con los transgénicos y la experimentación con animales



Pablo Echenique-Robba es científico, europarlamentario electo por Podemos y “cascao”. Así es como le gusta llamar a los discapacitados; a él, el primero. Es doctor en física, científico titular del CSIC y experto en estudiar cómo se pliegan las proteínas, un proceso clave para muchas funciones básicas de la vida y también la posible causa de enfermedades como el alzhéimer. Confiesa sin dramatismo que no ha andado en su vida. La atrofia muscular espinal, una enfermedad hereditaria y degenerativa, solo le dejó gatear de bebé antes de tener que usar la silla de ruedas. Ahora va a abandonar su puesto de investigador temporalmente para marcharse al parlamento europeo con Podemos, el partido que ha dado la gran sorpresa en las europeas celebradas el pasado fin de semana y ha conseguido cinco eurodiputados. Sus dos prioridades, dice, serán la ciencia y la lucha por los derechos de los discapacitados (hay solo tres en todo el Parlamento de la UE). Pero en esta entrevista con Materia, Echenique-Robba también trata algunos de los temas que pueden levantar más polémica entre sus 1,2 millones de votantes, como la prohibición de los transgénicos en Europa, la experimentación animal o los recelos infundados hacia la ciencia que a veces se dan en la izquierda, según él mismo explica. Fijar la postura y los votos de su partido en muchos de esos asuntos, dice, requerirá hacer consultas abiertas.

¿Cuáles serán sus prioridades como europarlamentario?

Yo sé de discapacidad y de ciencia y en eso puedo tener más conocimiento que mis compañeros de Podemos y seguramente trabajaré más en eso que en otros temas, pero no pretendo ceñirme únicamente a ellos.

¿Qué iniciativas concretas pretende poner en marcha sobre los discapacitados?

Hay una ley europea del aire, que controla los aviones, aeropuertos… y ahí se puede incidir. Hoy en día volar, para una persona que va en silla de ruedas, es una auténtica tortura. La mayor parte de la gente que va en silla de ruedas la lleva personalizada para estar cómodo y no está cómodo en ningún otro sitio. Pero te obligan a bajarte, a sentarte en esa butaca. Y luego la silla, que vale unas perras, la meten en la bodega a riesgo de que se rompa, de que llegues a destino y no te funcione. Y no es que cueste dinero, es que son tus pies. Si no te funciona te conviertes automáticamente en un mueble muy pesado con un tipo encima. A día de hoy, volar es pura violencia para una persona en silla de ruedas. Aunque ellos aducen razones técnicas, obviamente si nuestra civilización ha viajado a la Luna, no parece demasiado difícil anclar una silla de ruedas a la cabina de un avión. Yo entiendo que no es un problema técnico sino económico y de presión de las compañías aéreas sobre unos gobiernos que nunca han sido muy valientes para defender a la gente más débil. En eso se puede incidir desde Europa, a ver si conseguimos que la gente viaje igual de cómoda en un avión que en el AVE, que es muy fácil y cómodo por la sencilla razón de que vas en tu silla.

¿Sabe cuántos diputados “cascaos” habrá en el Parlamento Europeo?
Me han dicho en Bruselas que hay uno en Polonia que llega en silla de ruedas y un sordo que viene de Bélgica. Lo cual es un porcentaje ridículo porque en el Parlamento Europeo hay 750 eurodiputados y más o menos una de cada diez personas tiene una discapacidad. Debería haber 75 diputados con discapacidad y hay tres. Ya estábamos acostumbrados a estar infrarrepresentados en todos lados, así que el Parlamento Europeo no va a ser diferente.

¿Cuáles serán sus objetivos concretos respecto a ciencia?
Habrá que ver qué hacemos para que España pueda converger con la media europea de gasto en I+D. El otro día leía que estamos en el 0,5% del PIB en gasto público de I+D y la media europea es el 2%. Y encima está bajando a pasos agigantados. Yo en mi trabajo me apaño casi con un papel y un lápiz, pero los investigadores que necesitan un laboratorio, reactivos, un superordenador o pagar tasas de publicación en revistas científicas, pues no están pudiendo hacer su trabajo.

¿Su partido está en contra de los transgénicos?
Sí, en el programa lo llevamos. Obviamente como científico no estoy en contra de los transgénicos per se. Es como la energía atómica, no es ni buena ni mala, sino que depende de para qué la uses. A día de hoy, los transgénicos están bajo el control de unas cuantas multinacionales que tienen un poder muy elevado. Imponen sus condiciones sobre pequeños campesinos. Gente que no tiene poder de negociación para decir qué cultiva, cómo, cuándo, a qué coste y de qué manera. No he tenido el tiempo suficiente de discutir el tema con mis compañeros de partido y estoy seguro de que habrá gente desinformada que piense que son malos per se. Ya me encargaré yo de convencerles de que no. Por una lado, habrá gente que rechace los transgénicos de una manera intuitiva, como algo malo que hace el sistema para alterar la naturaleza y jugar a ser dios, lo que a mí me parece absurdo. Pero por otro lado habrá gente más instruida que cuando piense en transgénicos no pensará que jugamos a ser dios, sino que pensará en Monsanto.

¿Cree que es habitual ese tipo de posturas “poco instruidas” entre sus votantes?

En la izquierda algunas veces la gente se ha vuelto anticientífica. Yo creo que la gente que no forma parte del sistema científico percibe a la ciencia como parte del sistema, como si fuera la banca. No ven cómo operamos los científicos en este país, con bastante libertad y no tutelados por poderes económicos. Como la gente de fuera no lo sabe, piensan que forma parte del enemigo, del sistema económico que está montado. Por eso rechazan la autoridad de la ciencia de la misma forma que rechazan la autoridad del Fondo Monetario Internacional.

¿Entonces usted votaría que se prohibiesen los transgénicos en Europa?
Hasta que dejen de ser un monopolio de unas cuantas multinacionales que se comportan muy mal, sí. Cuando deje de ser así, se revierte la prohibición y se usan para el beneficio de la gente.

¿Están en contra de la investigación con animales?
Yo personalmente no. Entiendo que mucha gente lo esté. Yo siento mucha empatía por los animales, pero siento más empatía por los humanos. Como todos los problemas morales, surgen cuando se contrapone el bien de un ser al bien de otro ser. Es irresoluble, no hay una respuesta buena. Pero yo me inclino más a utilizar ratoncitos para acercar cinco años una medicina que cure a humanos, dándome muchísima pena los ratoncitos. En la vida hay que tomar decisiones y no se puede ser radical absolutamente en todo.

¿El día que tenga que votar en el Parlamento, qué hará?

Votaré lo que diga la gente. En Podemos no somos representantes a la antigua usanza. No nos han dado una papeleta en blanco. Yo voy allí a hacer lo que la mayoría de la gente nos diga, si no me gusta, me tendré que aguantar.

¿Y es viable preguntar a la gente cada vez?
Eso es algo que vamos a tener que decidir. Las cosas importantes habrá que preguntarlas. En un tema como ese yo creo que sí habría que hacerlo. Todo esto lo tenemos que poner en marcha porque somos algo muy nuevo. Pero no me parece nada descabellado que montemos un buen sistema informático, seguro, ágil, que permita consultar a la población cosas sencillas. Yo vengo pensando en que deberíamos, en temas complejos, explicarlo de forma pedagógica, divulgativa e incluir material didáctico a la votación. Y el que quiera que se lo lea y que vote. No poner el BOE, porque no lo va a entender nadie, sino que, por ejemplo, alguno de los compas que escriben en Materia nos ayude a explicar bien el tema de los transgénicos o la experimentación en animales y plantearle a la gente la disyuntiva de forma honesta, documentada y sencilla.

El círculo de Podemos Ecología ha llegado a decir que “la experimentación con animales es crueldad generada para el beneficio de las empresas”. ¿Les convencerá una documentación equilibrada y honesta?

Obviamente Podemos es un movimiento que aspira a ser mayoría electoral en este país. Eso te obliga a estar integrado por gente muy heterogénea. Obviamente no todos estamos de acuerdo en todo, pero sí en un programa de mínimos. Por ejemplo, la legalización de la marihuana. No está en el programa. Yo estoy a favor, pero seguro que en Podemos hay gente en contra. ¿Qué haremos? Lo que diga la mayoría. Y al que le joda que se legalice la marihuana, se tendrá que aguantar, es lo que pasa en democracia. Con el tema animalista, veremos. Si un día se vota y la mayoría está a favor de la investigación con animales, queriendo mucho a los compas animalistas y respetando sus opiniones, tendrán que aceptar lo que diga el resto de la gente. Y si se enfadan tendrán que desenfadarse.


Fuente: http://esmateria.com/2014/05/30/yo-inclino-por-usar-ratoncitos-en-investigacion-para-acercar-una-medicina-humanos/

viernes, 30 de mayo de 2014

El otro fútbol en Brasil, a través de sus porterías

Barrio de Tavares Bastos (Río de Janeiro)


Playa de Sao Conrado (Río de Janeiro)
 

Portería hecha con cuatro palos unidos en Río de Janeiro.

Mini porterías en otro punto de Río de Janeiro. 

                                                 Otra portería de la playa de Sao Conrado, en Río de Janeiro.

Manos pintadas en el muro situado tras una portería de Río de Janeiro.

Barrio de Sao Francisco Xavier, en Río de Janeiro.

Una portería cubierta por las inundaciones en Manaus.
Buitres sobre el larguero de una portería en Mare, Río de Janeiro.

Muchas de las grandes estrellas del fútbol mundial crecieron marcando goles a porterías hechas con tres palos, pintadas sobre un muro o delimitadas por dos piedras.

Es el 'otro fútbol', aquel en el que se quedan los que sueñan con ser grandes futbolistas y del que partieron los astros de este deporte.

La agencia Reuters ha elaborado una serie de fotografías de porterías rudimentarias que han encontrado en distintos puntos de Brasil, donde en tres semanas comenzará el Mundial de fútbol 2014.


Fuente: http://www.huffingtonpost.es/2014/05/30/fotos-porterias-brasil-mundial_n_5417813.html
 

Memoria de Tiananmen a los 25 años de la matanza

Justo al cumplirse 25 años de la matanza de Tiananmen, se publica en formato electrónico un libro que, con objetividad y sin sectarismos, recoge los antecedentes, desarrollo y consecuencias de unos acontecimientos que, a la postre, no cambiaron tanto como llegó a suponerse el rumbo o el ritmo de la revolucionaria reforma emprendida por Deng Xiaoping y que está cerca de convertir a China en la primera economía mundial.

En Memoria de Tiananmen  (editado por Smashwords/Iberglobal), Enrique Fanjul, que en esa primavera de 1989 era consejero comercial de la embajada de España en Pekín y que ha publicado tres libros y numerosos artículos sobre China, complementa el análisis con la descripción y el testimonio directo de esas jornadas críticas.

El resultado convierte la obra en recomendable para quienes -por edad, olvido o falta de seguimiento- tengan una idea parcial o distorsionada de aquellos hechos, lo que resulta muy frecuente. Hay, sin ir más lejos, dos falacias que han sobrevivido al paso de un cuarto de siglo: que la revuelta fue una revolución democrática que pretendía derribar al régimen, y que la represión se cobró miles de vidas, hasta 10.000, según algunas “fuentes solventes” y “testigos presenciales” de la época.

Fanjul no aporta datos nuevos sobre ambos aspectos, pero pone las cosas en su sitio. Deja claro que en la cúpula del poder, dividida entre duros y moderados, se impusieron los primeros, que se asumieron los riesgos de que se produjese una matanza pero no se buscó de forma deliberada, sino que se pagó el precio del miedo a que se socavaran los pilares del sistema y de no contar ni con los medios ni con el personal antidisturbios adecuados para reprimir la protesta sin que esta derivase en una explosión de violencia incontrolable.


 Sitúa el autor la cifra de muertos entre 400 y 800, recuerda que también hubo soldados linchados por la multitud y sostiene que la represión posterior fue relativamente moderada, para lo que cabía temer. Hubo, concluye, una cierta contención para facilitar que la herida se cerrase lo antes posible sin dejar una cicatriz excesiva, y para mitigar los efectos de la condena internacional, porque la apertura al exterior era ya entonces una de las claves para avanzar en la histórica transformación económica y social del país.

En cuanto al carácter y objetivos del movimiento de protesta, el autor de Memoria de Tiananmen deja claro que, sobre todo en su origen, lo que pretendían los estudiantes no era provocar un cambio de régimen o la implantación de un sistema democrático según el modelo norteamericano, pese a detalles como colocar en la plaza una réplica de la Estatua de la Libertad, lo que alarmó sobremanera al sector más duro de la gerontocracia en el poder.

En su reivindicación del recién fallecido Hu Yaobang -purgado dos años antes y sustituido por Zhao Ziyang, que correría su misma suerte- los promotores de la protesta, parte ellos mismos de le clase más privilegiada, seguían la antigua tradición china de “honrar a los muertos para criticar a los vivos”. Más que contra el comunismo o el poder político, los estudiantes se levantaron para clamar contra los efectos indeseados de la reforma de Deng: corrupción, nepotismo, inflación, desigualdad y desequilibrios económicos.

El tiempo no les ha quitado la razón: pese al espectacular aumento del nivel de vida y el ascenso del país como gran potencia, esas mismas lacras denunciadas en 1989 siguen lastrando todavía hoy el ascenso chino, incluso con mayor virulencia que entonces. Por el contrario, el régimen puede argüir en su favor que su control férreo y centralizado del poder –de lo poco que le va quedando ya de comunista- le ha evitado los sinsabores y humillaciones que sufrieron la Unión Soviética y Rusia en los turbulentos años noventa del pasado siglo, un pasado sangrante que ayuda a comprender la política de Vladímir Putin e incluso acontecimientos tan desestabilizadores como los que sufre Ucrania.

Pese a ser un texto relativamente breve, el objeto de estudio de Memoria de Tiananmen es tan amplio que me limitaré a otro aspecto sobre el que proliferan las inexactitudes. ¿Qué ocurrió exactamente en la mítica plaza pequinesa? Matanza de Tiananmen es un término tan acuñado, tan sonoro e icónico, que resulta ya imposible de modificar, pero es inexacto. Los enfrentamientos entre soldados y manifestantes que produjeron centenares de muertos tuvieron lugar, sobre todo, fuera del gigantesco espacio público que una gran fotografía de Mao Zedong preside aún a la entrada de la Ciudad Prohibida.

Fanjul recoge el testimonio, que puede leerse íntegro en iberchina.org, del enviado especial de Televisión Española, Juan Restrepo, que junto al cámara José Luis Márquez y el asistente Fermín Rodríguez, permanecieron toda las noche del 3 al 4 de junio de 1989 en la plaza, lo que les convirtió en testigos de excepción de lo sucedido. Así se reflejó en unas grabaciones que, además de suponer una gran exclusiva periodística, tienen valor de documento histórico.

“Lo más lamentable”, señala el autor de Memoria de Tiananmen, “es que esas imágenes no se emitieron. Se enviaron las cintas a Hong Kong para ser reenviadas a España pero, por problemas y disputas internas en Televisión Española, cuyos detalles no conozco, no se emitieron, a pesar de su enorme valor histórico. No sólo eso, sino que las grabaciones se perdieron. Años más tarde, intenté acceder a ellas (…), visitéincluso los archivos, pero no pudimos encontrarlas. TVE tenía –quizás aún lo tiene- un material de incalculable valor periodístico e histórico”.

Fanjul recuerda que uno de los realizadores del documental The gate of  Heavenly Peace (La puerta de la paz celestial, que es lo que literalmente significa Tiananmen), declaró que fue precisamente ese equipo español el que filmó las imágenes más interesantes de la noche crucial pero que, a causa de la desorganización de TVE, les llevó varios meses acceder al material.

Han pasado 25 años. Muy probablemente, se emitirán programas especiales. Y la televisión de todos los españoles, cuya gestión ha pasado entre tanto por diferentes manos bajo gobiernos de distinto signo, tiene la obligación moral de rescatar esas imágenes cruciales y despejar con ello las dudas que mucha gente tiene todavía sobre lo ocurrido en Tiananmen. Sugiero un título: Verdades y mentiras de la matanza de Tiananmen.

En la entrevista publicada en Iberchina, el reportero hispano-colombiano da todos los detalles, para concluir: “Dentro de la plaza no hubo matanza. La gente murió fuera, por la noche, en varios lugares de la ciudad, y a la mañana siguiente en los alrededores de la plaza. Preservamos el material de una posible confiscación grabando a trozos, de modo que las imágenes de aquella noche y madrugada no están en las cintas en el orden consecutivo en que ocurrieron los hechos. Por eso, al ser editadas con textos que hablaban de la matanza en la plaza, a la gente llegó un mensaje equivocado”.

Según Restrepo, “la actitud de los soldados era enérgica, ruda desde luego, frente a esos estudiantes que ofrecían resistencia pasiva, pero no hubo disparos, ni tanques aplastando tiendas y estudiantes como tantas veces se ha descrito (…) Fui testigo de un desalojo casi ordenado, con menos violencia de la que se ha dicho en repetidas ocasiones (…) Murió mucha gente, pero fuera de la plaza (…) Se me dirá que qué diferencia hay entre morir fuera o dentro de la plaza. Es cierto, ninguna. Pero siempre me preguntaré por qué el esfuerzo de las autoridades chinas para que dentro de la plaza no hubiese violencia o por lo menos para que ésta fuese la menor posible”.

Fanjul concluye su libro con un capítulo titulado Por qué China se democratizará. “La transición democrática “, señala, “ya ha comenzado. A diferencia de la Unión Soviética y otros países comunistas de Europa del Este no va a estar configurada por momentos claros de ruptura. Es una transición gradual, paulatina, con características propias”. Es decir, según el mismo guion de la transición económica, iniciada hace más de 30 años, sin big bangs. O por decirlo con aliento poético local: cruzando el río, pero pisando cada piedra del fondo. “Lo mismo que China se encontró un día con que ya no era socialista, sino capitalista, el marco de libertades de crítica, de participación ciudadana irá avanzando y un día se encontrará con que, por fin, se puede considerar una sociedad democrática”.  El autor está convencido de que ese día “no está tan lejano”.

Fuente:  http://blogs.publico.es/elmundo-es-un-volcan/2014/05/30/memoria-de-tiananmen-a-los-25-anos-de-la-matanza/

miércoles, 28 de mayo de 2014

Cuando resistir es vencer

En 2002, en plena crisis argentina, los ocho trabajadores que aún permanecían en sus puestos en la imprenta Gaglionone, en Buenos Aires, desafiaron a su patrón, que les adeudaba varios sueldos, y a la orden de desalojo de un juez. Se encerraron durante meses, se adueñaron de las máquinas y lograron empezar a trabajar de forma autónoma. Hoy, la imprenta Chilavert, como se llama ahora, es el mejor ejemplo de que no siempre pierden los más débiles.

 

“Cándido, que mañana me mandan a desarmar la máquina”, dijo Julio Berlusconi, el mecánico que vivía en el edificio contiguo a la imprenta Gaglionone SA, fundada en 1923. En 1960, la empresa llego a tener 50 empleados. Ese día, el 3 de abril de 2002, apenas quedaban ocho. Ninguno cobraba su sueldo desde hacía un año.

–“Quédense tranquilos”, dijo Cándido González, que llevaba trabajando en la imprenta desde hacía décadas. “Ustedes vengan como si tal cosa, que nosotros ya nos encargamos de que las máquinas no salgan”.

Unos meses antes los ocho trabajadores que aún quedaban se habían enterado de la primera convocatoria de quiebra por el periódico. El patrón, Horacio Gaglionone, intentaba convencerles de que lo mejor era vender las máquinas que le quedaban para poder hacerse con una moderna y reluciente máquina de seis colores. Pero los trabajadores no le creyeron. Cuando al día siguiente Julio Berlusconi, como avisó, acudió a Gaglionone S.A. para llevarse la máquina, los trabajadores estaban preparados para bloquear la salida, tal como habían convenido el día antes.

“Nosotros decíamos ‘menos mal que tenemos a Berlusconi acá’. Démosle gracias que nos avisó”, explica Fermín González, hermano de Cándido, y trabajador de la imprenta desde que tenía 14 años. Los dos habían llegado a Buenos Aires en 1951 procedentes de las Islas Canarias, donde habían dejado las penurias de la posguerra.

Esa noche la pasaron en la imprenta, y también la siguiente y la siguiente. Y así durante siete meses. Todo para evitar que ninguna máquina saliera de allí.

Los trabajadores no se iban, pero el patrón tampoco. “Al fin y al cabo la empresa lleva mi nombre”, debía pensar Gaglionone. Precisamente por eso no tardarían mucho en cambiárselo. Chilavert es la calle donde se ubica la imprenta, además de un portero de fútbol paraguayo muy popular en aquellos años. Como nombre no estaba mal.

“Por las noches estábamos siempre en asamblea y hablábamos sobre cómo íbamos a manejar la empresa. Sabíamos que no teníamos capital, y si no tenés capital… con semejante empresa, ¿cómo nos íbamos a arreglar?”, cuenta Fermín González.

Uno de los apoyos principales que tuvo Chilavert llegó de las asambleas vecinales, que se extendieron en 2002 por todos los barrios de Buenos Aires. La coordinación de todas las asambleas barriales en el Parque Centenario reunía, en aquellos momentos, a 700 personas todos los domingos.

 

Franco Basualdo, del Frente Popular Darío Santillán (FPDS), explica aquel fenómeno: “Las asambleas cristalizaron por la falta de una alternativa de izquierda. Fueron una cosa muy espontánea, muy caótica, que mezclaba militantes con vecinos indignados”. Y ahorradores de clase media, parados, jóvenes, exmilitantes de los 70… la diferente procedencia de los integrantes confería a las asambleas muchas de sus principales fortalezas, pero también algunas de sus debilidades.

“Éramos 200 personas cortando una esquina tres veces por semana, discutiendo qué hacemos, si íbamos y reventábamos el Coto –cadena de supermercados argentina– o si hacemos un petitorio para que nos den comida”, cuenta Basualdo.

Las reclamaciones de las asambleas confluyeron con un movimiento que venía de años atrás, el movimiento de trabajadores desocupados. “En ese momento estaba la consigna de piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Esa alianza fue inédita y duró poco, cuenta Carina López, también del FPDS, “pero justo en ese momento clave coincidieron en el barrio de Pompeya, en la defensa de la imprenta Chilavert”.

Un cuadro de ladrillos
Al mes de ocupar la fábrica, los ocho trabajadores decidieron que el dueño no volvería a pisar la imprenta.

–“¡No puedo entrar! ¡No puedo!”, gritaba el patrón desde el otro lado de la puerta.

–“No, usted ya no es más dueño”, le dijeron.

–“¿Cómo que no soy dueño?” .

–“Usted pidió la quiebra, ahora el dueño es el Estado”, le contestaban.

El 24 de mayo de 2002, 30 agentes, ocho furgones de policía, ocho patrulleros y un coche de bomberos se disponían a desalojar la imprenta por orden judicial. A la hora prevista, cientos de asambleístas, del movimiento de trabajadores desocupados, más 200 trabajadores del IMPA –una de las primeras fábricas recuperadas argentinas–, se agolparon para defender la imprenta Chilavert. Hasta una unidad de Crónica TV, el canal de noticias más amarillista del país, entró en la imprenta para seguir en directo el intento de desalojo. En medio del caos, como salido de la nada, entró un cliente.

–”Estoy haciendo un libro sobre las asambleas populares”, dijo gritando para hacerse oír. “En la imprenta donde estaban trabajando con él se les ha roto la máquina de cuatro colores y no tengo donde imprimir la portada, lo único que falta. ¿Ustedes me la podrían imprimir?”

–“Si usted se arriesga a entrar todo el material aquí…”, le dijeron.

No podían rechazar un trabajo. Hacía meses que no llegaba ningún encargo y apenas tenían dinero para sobrevivir y pagar las facturas. Aunque aceptarlo significara trabajar en medio de un desalojo.

En mitad de un “quilombo bárbaro”, dice González, entre el griterío de la gente y las negociaciones con la policía y las autoridades, lograron introducir en el edificio los pliegos ya impresos, las planchas de la portada y el papel necesario. Todo lo necesario para que los trabajadores de Chilavert volvieran a hacer lo que mejor sabían. “Todavía no habíamos empezado con la encuadernación cuando la policía empezó a avanzar… cada vez que venían los agentes, entre el abogado y los negociadores conseguían frenarlos”, recuerda Fermín.

 

–“¡Tanto lío por ocho personas!”–decía el juez.

-“No hay solo ocho personas. Dentro hay 200 y otras 300 fuera”, le respondía el responsable policial sobre el terreno.

“Nadie se quería hacer responsable. En ese tiempo si había muertos se armaba lío y los jueces se lavaban las manos”, recuerda con claridad Fermín González.

-“Bueno, vamos a ver si alguien se hace responsable de esto” –dijo uno de los mandos policiales.
Pero nadie dio la orden y el desalojo finalmente tuvo que suspenderse. Eso sí, dejaron dos policías en la puerta con una orden clara: nada ni nadie podía salir del edificio. Los trabajadores de Chilavert habían conseguido una primera victoria, pero ahora se les presentaba un gigantesco problema: tenían 750 ejemplares del libro ¿Qué son las asambleas populares? impresos que tenían que ser entregados al cliente con urgencia. Y ni ellos ni los libros podían salir por la puerta.

Pero de nuevo emergió la figura del vecino, el mecánico Julio Berlusconi. En uno de los despachos arrancaron un aparato de aire acondicionado y golpearon la pared hasta hacer un hueco de unos 25 centímetros. Cuando cayó el último trozo de ladrillo pudieron ver la cara de Julio Berlusconi al otro lado. Libro por libro sacaron 750 ejemplares de su primer encargo como trabajadores sin patrón. La imprenta volvía a funcionar.

En 2004 se aprobó una ley que entregaba a los trabajadores la imprenta de forma indefinida en virtud de su “utilidad pública”. Hoy 12 personas trabajan en la empresa. Y ya no solo es una imprenta. Un bachillerato para jóvenes y adultos con título homologado y «orientación en cooperativismo», talleres de artes gráficas, espacios para movimientos sociales y hasta un centro de estudios sobre fábricas recuperadas son algunas de las actividades que la ya mítica Chilavert ofrece al barrio.

Un cartel que reza “Toque el timbre, fábrica abierta”, se ha convertido en el lema de la imprenta. El hueco en la pared que salvó a Chilavert está cubierto de ladrillos, pero hay un marco de madera rodeándolo. Como una obra maestra del arte de la solidaridad.
Sobrevivir al desastre desde dentro. La imprenta Chilavert es una de las 350 fábricas recuperadas y gestionadas por sus trabajadores que hay actualmente en Argentina. Un sector surgido como consecuencia de la crisis económica de 2001 y que hoy da trabajo a unas 25.000 personas en todo el país sudamericano. Para más información se puede consultar www.fabricasrecuperadas.org.ar o en la propia Chilavert, que hoy es también un centro de documentación de empresas recuperadas.

Fuente:  http://blogs.publico.es/numeros-rojos/2014/05/28/cuando-resistir-es-vencer/

martes, 27 de mayo de 2014

La enrgía que viene del mar

Fotografía: Kim Hansen / Richard Bartz (CC).
Es irónico, al menos para mí, ver cómo las palabras de un político influyente pueden llegar a veces a mover grandes cantidades de recursos, generando un interés adormecido o latente en temas que esperaban su oportunidad para hacerse viables. Cuando en uno de sus discursos iniciales el presidente de los Estados Unidos Barak Obama dio un giro a la política energética llevada a cabo hasta entonces por Bush, apoyando las energías renovables para dar más independencia a su propio país y ser consecuente con el cambio climático, cientos de pequeñas, medianas y grandes empresas dedicadas al negocio en sus más variopintas facetas fueron testigos de una expansión exponencial. De hecho, hacía más de una década que estaba en marcha el buscar de forma firme y con inversiones monetarias sustanciales una solución a los múltiples problemas energéticos. Pero muchas de las energías hasta entonces ignoradas o que se habían mantenido en cajones de técnicos e ingenieros esperando su oportunidad empezaron a tapizar las mesas de políticos, empresarios y gestores de entes públicos que veían cómo potenciales soluciones y proyectos que hasta el momento formaban parte o de la ciencia ficción o de un grupo de respetables pero poco rentables personajes que parecían buscar una utopía se hacían atractivos y sorprendentemente eficientes.

Por múltiples motivos, las nuevas energías (fusión nuclear, eólica, solar, biodiésel de segunda y tercera generación, corrientes marinas o geotérmica a gran escala, por poner algunos ejemplos) no tienen vuelta atrás. No voy a internarme en el debate de «cuánto petróleo o gas natural queda» (si bien recuerdo, una vez más, que estas son energías finitas y las voces de alarma sobre su durabilidad se alzaron ya hace tiempo). Por otra parte, las cantidades de fuel que hemos movido (y moveremos) son sin duda responsables de parte de los cambios que estamos sufriendo y sufriremos durante los próximos años. El cambio de política energética y de fuentes alternativas a este mercado se acerca y el mar tiene mucho que ver con este futuro. Vamos a poner aquí tres ejemplos que ya se están desarrollando en la actualidad y que dan esperanzas de cambio e independencia en las próximas dos décadas por ser factibles, no exclusivos de ningún lugar del planeta y, aunque en estos momentos algunos no sean del todo rentables respecto al sempiterno petróleo, carbón, gas natural y uranio que utilizamos en la actualidad, en breve plazo pueden ayudarnos a resolver el problema de la dependencia de terceros países.

Lo más importante es actuar desde la prudencia y teniendo en la mano una serie de elementos serios de criterio para descartar soluciones precipitadas, como es el caso del biodiésel de primera generación. Sabemos que el fuel renovable es una posible alternativa (como parche hasta que llegue una energía como la fusión nuclear) a los combustibles fósiles. En estos momentos se han invertido ingentes cantidades de dinero, tierras de cultivo y esfuerzo humano en crear biodiesel y bioetanol como alternativas renovables a nuestros actuales combustibles, pero el fracaso es considerable. «Los diversos tipos de biofuel de primera generación han demostrado ser, desde un punto de vista ambiental, contraproducentes, más incluso que la propia gasolina», opina Jörn Schalermann del Smithsonian Tropical Research Institute de Panamá. Las plantaciones terrestres no son viables, tal y como se demuestra en la actualidad, en parte porque una parte importante del producto agrícola destinado a consumo humano ahora lo queman coches y en parte porque para producir algo que remotamente sustituya a la gasolina y el gasoil de camiones, tractores y coches se necesitaría una cantidad de terreno desproporcionado que pondría en peligro los ya maltrechos ecosistemas, sobre todo los tropicales, donde se está espoleando la producción. «Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de valorar este tipo de energía es, sin duda, el impacto ecológico real», añade Schalermann; «Veintiuno de veintiséis cultivos estudiados para este fin reducen en un 30% el efecto invernadero, pero doce de esos veintiséis tienen unos costes ambientales y alimentarios inaceptables». Entre ellos se incluyen la soja, el aceite de palma y la caña de azúcar, tres de los mejores para este tipo de conversión en combustible. Se puede imaginar uno lo importantes que han llegado a ser algunos de estos cultivos al constatar que en algunas regiones de Brasil se pueden comprar casas y coches directamente con soja…
Veamos algunas cifras para entender el problema. El aceite de palma es uno de los vegetales terrestres del que más provecho se puede sacar desde un punto de vista de energía convertible en biodiésel. Una hectárea de este vegetal produce unos 5950 litros de aceite. Un país como los Estados Unidos necesita unos 530 millones de metros cúbicos de diésel al año para mover sus diversas necesidades derivadas de este combustible, especialmente las del tráfico rodado. Por tanto, necesitaría, haciendo cálculos aproximados, unos 111 millones de hectáreas para producir biodiésel suficiente dadas las necesidades actuales, o sea un 61% del terreno cultivable del país. Inaceptable. Otro ejemplo: para dar energía a un 6% de Estados Unidos, este país tendría que invertir todo el maíz que produce en biofuel. Sencillamente intolerable, imposible, aberrante.

El biodiésel de segunda generación trata de optimizar los procesos y reconvertir aceites vegetales y animales para generar energía. Sin embargo, dista mucho de ser rentable y choca con problemas similares al de primera generación: no cubriría ni de lejos las demandas mínimas al ser una producción baja respecto a lo que se necesita. Sin embargo, el diésel de tercera generación obtenido a partir de microorganismos vegetales está dando un salto decisivo y puede que sirva para parchear la precaria situación en la que, en no demasiado tiempo, nos encontraremos. Se trata de utilizar algas microscópicas, especialmente las de origen marino, que tienen un alto rendimiento de aceites en su interior, son relativamente fáciles de cultivar y ocupan muchísimo menos terreno que los vegetales terrestres, aparte de no ser comestibles de forma directa por el hombre y por tanto no estar creando un conflicto de intereses en este sentido.


El ciclo del biodiésel a partir de algas microscópicas en un esquema de Refueling the Future.
 
«El biodiésel a partir de las algas parece el único fuel que realmente pueda sustituir al actual gasoil sin un perjuicio tan grande para el medio ambiente», opina Yusuf Chisti de la Massey University de Nueva Zelanda. En realidad, la ecuación de cualquier biodiésel suele ser «simple». Los vegetales captan CO2 de la atmósfera, y una vez convertidos en combustible, generan CO2 que vuelve a entrar en el ciclo. Sin embargo, esta ecuación es mucho más complicada de lo que parece.

Hemos de que tener en cuenta que en todo proceso no está solo la planta, está todo lo que rodea su producción, mantenimiento, transporte, etc., que genera CO2 de forma directa o indirecta. A mí me hace gracia cuando se dice que los trenes no contaminan… la gente debería saber de dónde viene la electricidad que consumen, que por desgracia sigue siendo de los combustibles fósiles.

En el caso de las algas microscópicas, si las plantas de generación están bien diseñadas, la ecuación entre CO2 empleado y CO2 absorbido podría ser realmente cero. Las algas pueden tener entre un 30 y un 80% de lípidos en su interior. Su proporción de materia proteica y de carbohidratos es muy inferior al de las plantas terrestres, por eso una serie de biorreactores (canales o tuberías transparentes en los que se cultivan las algas para luego recoger su producción) bien diseñados pueden dar mucho aceite si las condiciones ambientales son las adecuadas. «Hay que buscar las condiciones de temperatura, pH, nutrientes, luz y concentración de CO2 ideales para su cultivo», comenta Claudio Fuentes-Grünewald de la Swansea University. «El biodiésel marino es fácil de cultivar, produce mucho aceite y ocupa poco espacio».
 


Un fotobiorreactor. Imagen: IGV Biotech (CC).
 En zonas tropicales, ideales por cuestiones de luz y temperatura, una planta bien diseñada puede producir unos 1535 kilogramos de biomasa por metro cúbico y día. Con un 30% de su peso en aceite tenemos que, comparando con el aceite de palma,  una hectárea puede producir unos 123 metros cúbicos durante el 60-90% del año (dependiendo de la zona y por tanto del clima). Dicho de otra forma, se llega a 98,3 metros cúbicos por hectárea al año, mucho más que con cualquier especie vegetal terrestre y ocupando un espacio de tan solo el 3% de la superficie cultivable, un 58% menos que los cultivos terrestres más optimizados. Hay que escoger las cepas, las algas más adecuadas y optimizar el proceso de producción al máximo. Además, estas microalgas también pueden utilizarse para extraer otro tipo de moléculas de carácter proteico, pueden aprovecharse mucho más que las plantas terrestres. Lo ideal es conseguir cultivos exteriores con un gasto mínimo de energía para cosechar en forma de electricidad, transporte o fertilizantes. Las algas son de crecimiento muy rápido, las células de una cepa normal utilizada para este fin puede alcanzar una división celular cada dos días. Pero es que, además, para acabar de cerrar el ciclo y redondear la ecuación, todo aquello que sobre (proteínas, carbohidratos, etc.) puede fermentarse y convertirse en biogas. Este biogas podría alimentar como combustible las necesidades energéticas de la planta e incluso tener un excedente. El complejo proceso de optimización ya está en marcha, con las empresas petroleras en primera línea intentando llegar a conseguir plantas de gran producción en pocos años. Yo sí me imagino pequeñas ciudades en las que se hagan este tipo de cultivos a nivel institucional, que cubran un 30-50% de la demanda de autobuses, transportes oficiales, calefacción, etc. Sería dar independencia energética a la comunidad, un tema quizás peligroso para los que dominan nuestra energía…
 

Los dinoflagelados marinos (algas microscópicas que en algunos casos pueden formar las mal denominadas mareas rojas) pueden contener una elevada cantidad de grasa por célula. Imagen: Maria Antónia Sampayo / Instituto de Oceanografia, Faculdade Ciências da Universidade de Lisboa (CC).

Otra fuente de energía alternativa que ha entrado con mucha fuerza y que proviene del mar es la eólica. Europa con Gran Bretaña a la cabeza pasó de tener una capacidad acumulada de 700-800 MW de energía proveniente de turbinas de parques marinos (energía eólica offshore) en 2007 a más de 2000 MW en 2009, apenas dos años después. Los parques eólicos marinos, antes una utopía, ahora son una realidad muy palpable.  Parques en los que hay pilares que sostienen de 50 a 500 turbinas han sido instalados a lo largo del mar del Norte y el Báltico para producir energía proveniente de los fuertes vientos que encontramos mar adentro en zonas especialmente expuestas a este tipo de energía. Los parques eólicos tiene  problemas diferentes a los terrestres, aunque la parte estética y la avifauna parecen ser los más críticos. Sin embargo, si el emplazamiento ha sido cuidadosamente seleccionado y se ha logrado alejar las instalaciones de zonas que intercepten rutas migratorias o sean vulnerables por una avifauna abundante o delicada (con especies protegidas), el número de colisiones puede llegar a ser bajo, de 0,01 a 23 colisiones al año por turbina, lo cual es un riesgo aceptable. También los mamíferos marinos pueden verse desplazados de la zona por el ruido o el exceso de ingerencia en sus zonas de reposo, pesca o tráfico, pero los efectos (las pocas veces que han podido comprobarse) son mínimos. El cableado submarino, pero sobre todo los campos electromagnéticos generados por la transmisión de energía de mar a tierra, son otro de los problemas que se adujeron como potencialmente peligrosos para los ecosistemas, pero la realidad es que los pocos estudios serios que existen (e insisto en lo de pocos porque todavía no hay mucha carne en el asador en este sentido) demuestran un efecto despreciable sobre la piscifauna.

Más interferencias tienen estas estructuras sobre la navegación, que se ve muy restringida y en muchos casos, anulada. A pesar de que estos problemas están sobre la mesa, la solución eólica marina parece una de las más aceptables y, a medio plazo, puede generar una gran cantidad de energía. «Hay todavía muchas dudas entre la gente, los empresarios o los propios gobiernos locales», indica Brian Snyder del LSU Center for Energy Studies de Estados Unidos, «los especialistas y los ecólogos que han trabajado sobre el tema en estudios hechos durante la última década no han visto grandes problemas a nivel ambiental». Sin embargo, todos están de acuerdo en que, al menos por el momento, se necesita una fuerte inyección de capital estatal para que estos proyectos sean una realidad. Cien turbinas de cinco megavatios cada una (o sea 500 megavatios de energía generados) colocados a unas 15 millas náuticas de la costa cuestan unos 270 millones de euros en su construcción, unos 80 millones en cimentarlos y otros 126 millones de euros en poner el cableado submarino y los receptores de electricidad. Esto nos da un coste de unos 43 euros por megavatio y hora, un precio en el límite de la rentabilidad, al que hay que añadirle los costes de mantenimiento, seguimiento ambiental, etc.

Hay lugares donde se está desarrollando esta tecnología de forma exponencial por ser muy adecuados desde un punto de vista logístico y energético. Como hemos comentado antes, Gran Bretaña es un país que siempre ha intentado mantener una cierta independencia energética ayudada por sus explotaciones petrolíferas en el mar del Norte pero ahora se encuentra que las reservas menguan y la explotación tanto de este recurso como del carbón empieza a escasear. Hacia el año 2020 (a la vuelta de la esquina), Gran Bretaña calcula que, si no lo remedia, podría depender energéticamente del exterior hasta en un 75%. Por eso existe un ambicioso plan de energías renovables que vendrían a aportar durante las próximas dos décadas hasta un 20% de la energía necesaria para mover el engranaje urbano, industrial y agrícola británico. Entre las energías que se están poniendo ya en marcha se encuentran estos molinos de viento offshore, especialmente en la zona este de Escocia. Antes de 1995 no habían parques eólicos en Escocia, pero en el 2008 ya se han instalado 59 parques operativos, 65 más están aprobados y otros 103 están en fase de estudio. La energía eólica, especialmente en alta mar, entra fuerte en una zona donde los vientos tienen una velocidad media de 7,5 metros por segundo (solo igualada por la costa noruega y algunas zonas de Dinamarca e Irlanda), una fuerza y continuidad considerables que permiten ver los parques eólicos como una realidad muy tangible.


Una de las propuestas mezcla los campos de molinos con granjas de determinados cultivos marinos, en especial algas y moluscos. Fotografía: Untrakdrover (CC).

Como en otros lugares, y tal y como comentábamos antes, la energía eólica despierta recelo paisajístico: nadie quiere los molinos de viento a la vista, por lo aparatoso, antiestético y ruidoso, aunque la tecnología sobre todo en este último punto haya mejorado de forma drástica. Aquí, como en otros lugares, se ha pasado de turbinas de unos 50 metros de diámetro (con producciones de 1 megavatio) a turbinas de más de 125 metros de diámetro (capaces de generar hasta 5 megavatios). Las nuevas generaciones de turbinas eólicas offshore, especialmente aquellas que se encuentran a más de diez millas náuticas de distancia, tendrán posiblemente más de 200 metros de diámetro y una producción sensiblemente mayor. Volviendo a la reflexión anterior, el problema paisajístico es uno de los más difíciles de solventar, sobre todo de cara a un turismo que no es partidario de observar el horizonte marino plagado de molinos. Sin embargo, en el quid pro quo salen beneficiados los generadores eólicos, porque, como ya hemos dicho antes, las ventajas desde un punto de vista ambiental son considerables respecto a otras energías.

Si no se quieren ver los molinos, ¿por qué no sumergirlos bajo el agua? Esa es otra posibilidad que ya están barajando diferentes empresas en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania: turbinas movidas por las corrientes marinas. Hace apenas dos años, una pequeña empresa escocesa puso en marcha un proyecto de turbinas movidas por la energía de las corrientes valorado en unos casi cuatro millones y medio de euros, una inversión ínfima que casi decuplicó su valor en ese breve periodo. En este caso, las corrientes de marea (de las que ya se hablaba hace más de tres décadas como fuente de energía) son las que han de propiciar electricidad a través del movimiento de las turbinas. No hay operaciones a gran escala, pero sí generadores capaces de producir más de 1,2 megavatios con tan solo un puñado de aparatos de pequeño tamaño.  Los proyectos para crear generadores a partir de las corrientes marinas son más reales que nunca. «Las corrientes marinas son muy interesantes desde un punto de vista energético», dice Charles Finkl de la empresa Coastal Planning & Engineering en Boca Ratón, Estados Unidos. «En el estrecho de Florida se desplazan unos treinta millones de metros cúbicos de agua por segundo; poner turbinas podría generar una gran cantidad de energía».

Ya aparecían bocetos y prototipos hace décadas, cuando se empezó a hablar de esta como de otras energías que sustituyesen al petróleo y otros elementos no renovables de energía. En una estima muy aproximada y posiblemente infravalorada podrían generar unos 450.000 megavatios (o sea unos 450 gigavatios), lo que significaría un equivalente de unos 434.000 millones de euros en todo el planeta. Obviamente esta estima se hace considerando una serie de generadores que interceptasen más de la mitad de las corrientes oceánicas, algo que el equipo de Finkl ni siquiera prevé en sus proyectos de futuro. Como ya hemos comentado antes respecto a los proyectos escoceses, hay decenas de proyectos serios que consideran la energía de las corrientes como una apuesta segura. Cerca de Florida, las corrientes son especialmente intensas y se podrían colocar turbinas entre los 100 y los 500 metros de profundidad para generar electricidad cerca de la conurbación de Miami. Los generadores han de estar cerca de núcleos urbanos para perder la menor cantidad de electricidad posible en su transporte desde el fondo del mar a la costa. «Las corrientes han de superar de media un metro por segundo para que las turbinas sean eficientes», explica un reciente estudio de la National Sun Yat-Sen University de Taiwan. Las turbinas van más lentas que las eólicas, pero la energía cinética, debido a una viscosidad del agua mucho mayor respecto a la del aire, es mucho mayor y genera más electricidad: una corriente de cinco nudos puede proveer de energía equivalente a una velocidad del aire de 350 kilómetros por hora.


Las turbinas submarinas ya son una realidad en pequeñas localidades de Gran Bretaña. Imagen cortesía de ANDRITZ HYDRO Hammerfest.

La colocación de turbinas impulsadas por las corrientes tiene sus problemas, como todo. El mayor problema técnico es sin duda el llamado fouling, o sea los organismos vegetales y animales que se asientan en todo aquello que se halle sumergido (diques portuarios, quillas de barco, boyas, etc.). Este problema es sin duda uno de los mayores impedimentos, pero poniendo las turbinas a más de cien metros de profundidad el fouling disminuiría al concentrarse el plancton más en zonas donde llega la luz para que crezcan las algas microscópicas. Sin embargo, la operación de mantenimiento sería costosa. La interferencia con la vida marina es mínima, peces, cetáceos o aves no se verían afectados por las turbinas si están bien diseñadas y colocadas en zonas en las que no haya fenómenos migratorios, aparte de que a esas profundidades muchos organismos como las aves quedan descartados porque, sencillamente, no llegan a bucear. Sin embargo, este punto tendría que estudiarse con especial cariño porque algunos organismos como grandes cetáceos (véase cachalotes) podrían ver entorpecida su pesca en profundidad con este tipo de aparatos sumergidos.

La parte más crítica es la propia instalación de las turbinas y el cableado, un poco como las turbinas eólicas en las que comentábamos que uno de los mayores impactos se produce al instalar las macroestructuras y los cables que han de ir a la costa para portar la electricidad. Algunos especialistas incluso hablan de poner las turbinas en zonas específicas con un doble fin: generar electricidad y mitigar el efecto de los huracanes en el golfo de México. Una serie de turbinas puestas en zonas estratégicas de las Antillas podría dar energía a la industria y reducir el efecto de los huracanes al menguar las corrientes que aceleran la formación de los mismos según un estudio de la Sealevelcontrol de Nueva York.

Ahora que hay una explosión real de energías alternativas, hemos de ser conscientes de las posibilidades reales y de su rentabilidad, y huir de una aplicación sistemática sin previo estudio serio de los posibles impactos en el ambiente y de su eficiencia, no vaya a ser que en algunos casos sea peor el remedio que la enfermedad. Me quedo de todas maneras con una duda, un temor… cuando leo la noticia de que el ingeniero que capitalizó la invención de un coche Tata que funciona con aire comprimido (sin petróleo) se «suicidó» hace unas semanas, me viene a la cabeza el hecho de que seguramente no a todos les interesa de verdad que la energía entre en su fase «democrática».

Los orígenes del fascismo en Europa: antes y ahora


Una de las interpretaciones de la historia europea que es más errónea y ha tenido peores consecuencias en la vida política y económica de este continente es la explicación que se ha dado de las causas de la subida al poder de Hitler y del nazismo en Alemania. Un argumento que se ha escrito para justificar las enormes políticas de austeridad (con recortes del gasto público, incluyendo el gasto público social, y la bajada de salarios), promovidas e impuestas por el gobierno alemán a los países de la Unión Europea, y muy en especial a los países periféricos de la Eurozona, tales como España, ha sido el supuesto temor (en realidad, pánico) que el pueblo alemán ha tenido históricamente a la hiperinflación, pues en su memoria colectiva se considera que dicha hiperinflación fue la causa del surgimiento y victoria electoral del nazismo en Alemania. De ahí –se nos dice- que las políticas de austeridad de ahora sean necesarias para evitar una inflación que podría llevarnos a la aparición de un nuevo fascismo. Si usted sigue la literatura científica económica leerá este argumento miles de veces.

Esta interpretación de lo que ocurrió en Alemania está, sin embargo, profundamente equivocada, no solo en su totalidad, sino en cada uno de sus supuestos. Comencemos por la explicación que atribuye la victoria de Hitler a la hiperinflación. De esta explicación uno tendría que ver que, cuando Hitler fue elegido, la inflación era muy alta, tan alta que la gente, en protesta, votó por Hitler. Pues bien, veamos los datos. Hitler fue elegido en el año 1933. Y ahora vayamos a los datos de la inflación en aquel año. Y el lector se asombrará, pues encontrará que no había ni pizca de inflación. En realidad, la elevada inflación había desaparecido hacía ya tiempo. Y ahí están los datos. Repito, no había inflación. No se puede, por lo tanto, decir que la elevada inflación había llevado a Hitler al poder.

¿Qué estaba pasando? Es fácil de ver y entender. Si usted mira la evolución de la inflación verá que la elevada inflación fue antes del 1933, en realidad, diez años antes, en los años veinte. En el año 1923, diez años antes de la elección de Hitler, Alemania estaba en medio de una insostenible inflación; en julio de aquel año, 1 dólar era equivalente a 1,1 millones de marcos. Dos meses más tarde, era de 109 millones. Repito, una situación que no podía continuar. Ello forzó a que el gobierno tomara toda una serie de medidas –que hoy se llamarían de austeridad- que tuvieron enormes consecuencias (como también tienen enormes consecuencias las políticas de austeridad de ahora). Y una de ellas fue el enorme crecimiento del desempleo, que pasó de un millón a seis millones de alemanes en solo tres años, lo que representaba una tasa de desempleo de un 30%. Fue esta creación de desempleo y el gran descenso del bienestar de la población lo que condujo a los movimientos de protesta, incluyendo el nazismo. Esto es lo que no se dice y debería decirse, porque hoy estamos viendo en Europa una situación muy similar, donde las políticas de austeridad están generando el crecimiento de movimientos fascistas (llamados chovinistas o lo que fuere) a lo largo del territorio europeo.     No fue la inflación, sino el tipo de respuesta que el gobierno escogió -las políticas de austeridad, con un gran descenso del gasto público y de los salarios- para resolver esa elevada inflación lo que creó el enorme enfado popular y desafección hacia el régimen democrático, tal como está ocurriendo ahora.

El segundo punto que es erróneo en esta interpretación histórica de atribuir a la elevada inflación la subida de Hitler al poder, es la interpretación de las causas de la inflación. No hay duda de que el nivel de inflación en 1923 era insostenible. Pero, ¿qué es lo que causó la inflación? Y la respuesta, de nuevo, es fácil de ver. Fueron las enormes políticas de austeridad que los aliados habían impuesto a la Alemania derrotada en la I Guerra Mundial. El que mejor predijo las consecuencias de estas políticas fue John Maynard Keynes, que era el representante del gobierno británico en Versalles, en la reunión que definió las políticas que tendrían que seguirse por parte del vencido Estado alemán al terminar la I Guerra Mundial, políticas que eran tan punitivas que no permitían la recuperación de la economía alemana mediante políticas expansivas, con el aumento del gasto público, entre otras medidas. Keynes abandonó la reunión, como señal de su profundo desacuerdo. Tales medidas no dejaban ninguna otra alternativa al gobierno alemán que intentar crecer a base de imprimir dinero, lo cual hizo en abundancia, que es lo que creó la inflación. Y ahí está el problema, y también la semejanza con la situación actual.

La manera como se construyó la Eurozona y su gobernanza dificulta enormemente el estímulo económico mediante la expansión del gasto público y el aumento de los salarios. En realidad, el crecimiento económico ha descendido en la Unión Europea desde que se estableció el euro. El Tratado de Maastricht y, todavía peor, el Pacto Fiscal impuesto por Alemania, imposibilita que los Estados tengan déficit público. Ello forzó a que la estructura de poder de la Eurozona, y muy en particular el Banco Central Europeo, recurrieran a políticas de expansión monetaria (es decir, imprimir dinero, como hizo el gobierno alemán tras la I Guerra Mundial), con el peligro de que se generara inflación. Y a fin de evitar que ello ocurriera, se están llevando a cabo políticas de austeridad que están destruyendo el bienestar de la población y que están causando el surgimiento del fascismo. La historia se repite.

¿Qué está ocurriendo ahora?
Hoy, una de las opciones políticas que está canalizando más el enfado de las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora, es la ultraderecha, tal como estamos viendo en varios países. El caso de Francia es claro. El Frente Nacional, dirigido por Le Pen, fue el que utilizó durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo un discurso movilizador de la clase trabajadora, presentándose a sí mismo, sin ninguna inhibición, como el mejor instrumento para defender los intereses de la clase trabajadora, en la lucha de clases frente a la oligarquía nacional, que había traicionado a la patria vendiéndose a la Troika. Es el nacionalsocialismo, que históricamente tuvo una base obrera y ahora la recupera tras la complicidad de las izquierdas tradicionales (y muy en especial de la socialdemocracia) con la imposición de políticas que dañan los intereses de las clases trabajadoras a costa de incrementar los beneficios del capital. En este discurso, la lucha de clases y la identidad nacional son idénticas, utilizando la bandera y la defensa de la identidad y de la patria como el punto movilizador. Ha sido una mezcla ideológica imbatible. Era lógico y predecible que el fascismo ocupara el vacío creado por el socialismo y el comunismo. El pasado domingo, Le Pen consiguió el apoyo del 30% de los jóvenes y del 43% de los trabajadores franceses.

El internacionalismo de las izquierdas en su compromiso con Europa se ha mostrado impotente frente al nacionalismo del nacionalsocialismo. Por otra parte, la identificación de las izquierdas con la defensa de los inmigrantes es su punto vulnerable, pues parecen no ser conscientes de que los que pagan los costes de la integración de los inmigrantes en un país son los miembros de la clase trabajadora. Ni que decir tiene que la inmigración enriquece a un país. Ahora bien, los costes inevitables que implica su integración, que benefician a toda la sociedad, no pueden ser pagados por aquellos más vulnerables que absorben el coste. Las izquierdas, por lo general, no han sido sensibles a este punto. Añádase a ello que su internacionalismo, con su alianza con los otros pueblos de Europa, carece de credibilidad debido a su complicidad con el mundo del capital. El distanciamiento de los partidos de izquierda gobernantes (y muy en especial de la socialdemocracia) respecto a la clase trabajadora ha sido el origen de su deterioro electoral.

En España, el fascismo (que adquirió su máxima expresión durante la dictadura, establecida con la ayuda del nazismo alemán y el fascismo italiano) se caracterizó por el nacionalcatolicismo, que conjugó un nacionalismo uninacional extremo con un catolicismo enormemente reaccionario. El golpe militar de 1936 se hizo contra los rojos –socialistas y comunistas- y los separatistas –aquellos que tenían una visión de España distinta a la del fascismo español-.

Esta ideología nacionalcatólica continúa siendo muy extendida en sectores de la población española, lo cual explica su receptividad al mensaje del Partido Popular de presentarse como el defensor de la unidad de España y de los valores cristianos. Ello explica que el partido político más instrumentalizado por los poderes financieros y económicos existentes en Europa y en España continúe ganando las elecciones a pesar del enorme daño que sus políticas han causado a las clases populares, incluyendo sus votantes. El dominio por parte del PP de la bandera y del crucifijo explica su pervivencia, fruto de una Transición sumamente inmodélica.

Lo que las izquierdas deberían hacer es criticar este nacionalcatolicismo, todavía muy hegemónico en el Estado español, presentándolo por lo que es: el caparazón que sostiene un enorme domino de una minoría (servil y dócil con la Troika) frente a la mayoría de los distintos pueblos de España, que presentan como visión alternativa otra España, la republicana, multinacional y poliédrica, laica, democrática y socialmente justa.

El domingo pasado mostró una vez más el problema de las izquierdas en España. El voto a las izquierdas fue mucho mayor que el voto a las derechas. Pero las derechas continuarán gobernando España. Y seis millones más continuarán desempleados, habiendo alcanzado la situación social de las clases populares unos niveles desconocidos de deterioro. Gran parte de la responsabilidad la tienen los dirigentes del PSOE (el partido mayoritario de las izquierdas), cuyas políticas públicas han sido responsables de este deterioro, siendo cómplices con la derecha española y con las derechas europeas en el desarrollo de la Europa del capital. España necesita una rebelión del electorado y de las bases de este partido para cambiar profundamente su dirección y sus aparatos. Y las izquierdas no gobernantes (cuyo crecimiento aplaudo y considero muy positivo) deberían transcender sus intereses partidistas para aliarse a lo largo del territorio español para agitar el panorama político español, con amplias movilizaciones y exigencias de cambio a todos los niveles, con una amplia participación ciudadana, concienciando a la población de que los que gobiernan España representan una minoría muy exigua de la población española (11% del censo electoral) que defiende unos intereses económicos y financieros muy particulares que anteponen a los intereses de las clases populares, que son la mayoría de la población.

 Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

Fuente:  http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2014/05/27/los-origenes-del-fascismo-en-europa-antes-y-ahora/

lunes, 26 de mayo de 2014

Marie-France Hirigoyen: “Nuestra sociedad presenta una tolerancia ante las violencias que no son evidentes”

“La violencia es una manifestación de la fragilidad psicológica de los hombres”.
 
 

En una sociedad a priori desconfiada como la nuestra, sorprende leer que la mayoría de nosotros somos manipulados por otros. La escritora francesa Marie-France Hirigoyen analiza en su último libro, ‘El abuso de debilidad’ (Paidós), las causas, los procedimientos y las consecuencias del influjo de una persona sobre otra que está en situación de debilidad. Psiquiatra, psicoanalista, psicoterapeuta familiar y experta en Victimología, la también autora del best-seller ‘Acoso moral’ advierte además de que el hombre no está sabiendo asimiliar su pérdida de poder social y, a menudo, esto desemboca en violencia.

¿Qué es exactamente el abuso de debilidad?
El abuso de debilidad es la utilización abusiva de un derecho que se convierte en una agresión contra otra persona. Es usar la debilidad de una persona para un bien propio o inducir la debilidad, es decir, provocar la debilidad para el interés propio. La diferencia entre el acoso moral y el abuso de debilidad es la intencionalidad. En el abuso de debilidad, la manipulación tiene como finalidad servirse del otro.

¿Cuáles son las principales manifestaciones del abuso de debilidad?
El abuso de debilidad es una noción muy amplia. Al principio, se consideró en relación a las personas mayores, que frecuentemente son manipuladas para robarles. También para los minusválidos. Para hablar de abuso de debilidad, la persona tiene que estar en situación de desventaja, tanto por edad (ancianos, niños…) como para aquellas personas que han sido influenciadas o dominadas.

¿Cómo se previene una situación de abuso de debilidad?
La prevención se consigue estableciendo unos límites. Para no ser blanco de un manipulador hay que detectar sus propios límites. En el colegio se pueden plantear juegos de rol para que los niños aprendan a detectar los problemas. Es necesario definir los límites que cada uno tiene, respetar y hacerse respetar.

¿Qué se puede hacer en caso de detectar que alguien intenta manipularnos?
En nuestra época, por las nuevas tecnologías, hemos perdido un poco nuestra intuición y la percepción para detectar cuándo alguien está en un registro falso. Hay que desarrollar un espíritu crítico y preguntarse constantemente si nos conviene la relación en la que estamos, sea del tipo que sea. No se trata de desarrollar una desconfianza generalizada pero sí de ser crítico y de no quedarse en lo que está establecido por la sociedad.
¿Qué abusos de debilidad han traído consigo las nuevas tecnologías e internet?
Hoy día es mucho más frecuente el abuso de debilidad porque en esta sociedad parece que no hay límites y parece que se puede hacer todo en internet, y manipular a las personas y llevarlas a creer cosas inaceptables. En un mundo en el que nos creemos más libres, es importante que los más jóvenes sepan que no se puede aceptar todo.

¿Cuál ha sido la experiencia jurídica de establecer como delito el abuso de debilidad en Francia?
Entre algo sancionable jurídicamente y moralmente, existe una zona gris que hace que no sepamos cuándo se ha sobrepasado el límite. En Francia hay una ley, pero es muy difícil de aplicar, ya que el límite es muy sutil y es complicado demostrar cuándo ha habido este abuso de debilidad. La ley se modificó para tener en cuenta las sectas y la manipulación psicológica, pero no se ha conseguido utilizar y se emplea normalmente la noción de estafa.

¿Cuál es la principal manifestación del abuso de debilidad hoy?
Actualmente, el abuso de debilidad se da sobre todo en la manipulación de los niños en los procesos de separación. Pero hay que tener mucho cuidado con la utilización abusiva del concepto de alienación parental. Es una realidad que cada vez se utiliza más a los niños. Hay mujeres que alienan a sus hijos para alejarlos del padre y al revés. Hay manipulación en ambos sentidos: por la masculinidad y por el uso abusivo de las feministas. Y en el punto medio está la virtud. Es muy difícil saber exactamente qué ocurre. Hay mujeres que llegan a hablar de abusos sexuales de los padres sobre los hijos y no son ciertos. Y hay padres que se manifiestan para denunciar que no pueden ver a sus hijos y resulta que hay una orden judicial en su contra. En Francia, la ministra de Justicia fue manipulada por un grupo de padres porque realizaron unas protestas muy mediáticas. Hay que ser muy cuidadosos porque es muy difícil entender quién manipula a quién.

¿Qué ocurre con la violencia de género?
Actualmente, los hombres están cambiando. Antes, eran los cabeza de familia y tenían el poder. Ahora lo han perdido todo: el poder sobre los hijos, que aprenden todo con internet y que conocen mejor que los padres los nuevos medios de comunicación. Ahora ven el trabajo con impotencia, porque no es seguro, en ninguna parte del mundo. Los conocimientos son efímeros, lo que un día se sabe, unos días después ha cambiado, y hay que acostumbrarse a algo nuevo. Y también han perdido casi el poder sobre las mujeres y esta es la razón por la que hay más violencia que hace algunos años. Todo esto es muy difícil para los hombres, que han perdido poder y tienen que manifestar su fuerza de otra manera. La violencia es una manifestación de la fragilidad psicológica de los hombres. Hoy en día, muchos hombres tienen miedo de las mujeres. Las cosas están cambiando y, cada vez más, recibo casos de hombres que son víctimas de violencia de género por parte de sus mujeres.

¿Cuál es la diferencia entre convencer y manipular?
Para convencer hacen falta argumentos, elementos objetivos. La manipulación se lleva a cabo de manera afectiva, a través de la seducción, buscando los puntos débiles del interlocutor. Nos enredamos en sus debilidades y conseguimos que nos acepte de manera sutil.

¿El manipulador nace o se hace?
No se nace manipulador. Uno se convierte, normalmente, por la educación recibida, una educación sin límites. En este nuestro mundo sin límites, no se enseña a los niños los límites de lo aceptable y lo no aceptable. Nos convertimos en manipuladores cuando crecemos sin límites.

¿Todos somos manipuladores y manipulados?
La manipulación es, en principio, un procedimiento normal en el ser humano. Todos somos manipuladores. Manipulamos a nuestros hijos para que coman. Manipulamos a nuestra pareja en una relación amorosa, para seducirlo. Y todos estamos expuestos a que abusen de nosotros en mayor o menor grado,pero es algo que se oculta por vergüenza. El manipulado se avergüenza de no haber sido lo bastante listo y de que el manipulador fuese más fuerte.

¿Es la victimización una forma de manipular al otro?
El problema de las falsas víctimas es que la sociedad valoriza a la víctima. Hay que estar atentos porque muchas veces se presenta a la víctima para dar lástima y esto es en sí un abuso de debilidad.

Usted ha llegado a decir que cada vez hay más personas perversas en el mundo. Esto es un poco desalentador, ¿no?
No es exactamente así. Hay un cambio en la violencia. Antes, era más física y ahora es más sutil. Nuestra sociedad presenta una tolerancia ante las violencias que no son evidentes. En francés, hay una expresión: ‘si no lo veo, no existe’. Todo el mundo puede mentir, hacer trampas, lo que importa es que no sea evidente.

Fils de France


La Europa siniestra de la xenofobia y la intolerancia

El inmigrante simplemente es mano de obra, un recurso productivo, no es un ser humano con atributos radicados en la dignidad de las persona

La líder del Frente Nacional (FN) francés y candidata de esa formación de extrema derecha a las próximas elecciones al Parlamento Europeo. / Efe
La deshumanización emerge en Europa. Tiene múltiples caras que ponen en cuestión los valores democráticos sobre los que se ha estado construyendo el edificio europeo. Aún no están enterrados los episodios del horror del nazismo y el fascismo, incluso hay asignaturas pendientes que avergüenzan a todos —como la memoria de las víctimas de la dictadura franquista—, lo que supone un apoyo y un impulso a esa nueva ultraderecha que emerge con raíces de un pasado que vuelve al son de marchas con antorchas, persecuciones a gitanos, brotes de violencia antisemita, intolerancia xenófoba, incendio de mezquitas, negrofobia, rechazo a la libre orientación sexual y, sobre todo, crímenes de odio, asesinatos alimentados por rechazo al diferente. No solo se daña la igualdad sino que se ataca a la dignidad intrínseca de la persona, al valor en sí de los seres humanos, como un retorno a las jerarquías como definía el Instituto para la Higiene Racial del nazismo, aunque esta vez de la mano del victimismo ultranacionalista identitario. La Europa de la intolerancia nos amenaza.

Los resultados electorales son más que inquietantes, ya sea en la vecina Francia, Gran Bretaña o en los países escandinavos, bien en Austria, Italia o Países Bajos, o en las preocupantes situaciones de Grecia y Hungría. El escenario en general muestra el avance de la extrema derecha en las elecciones europeas y rubrican los resultados locales y nacionales; el escenario es difícil. Merece la pena significar la vergüenza que supone o debería suponer para Europa la presencia de partidos neonazis como el griego Amanecer Dorado con fuerte representación en el Parlamento y con un activismo violento hacia inmigrantes y otras minorías; o el húngaro Jobbik que desfila uniformado por las calles y las milicias que atacan a gitanos, además de defender en el Parlamento que todas las personas de origen judío deben ser fichadas y registradas por “razones de seguridad”. Y estos no son hechos aislados, sino que obedecen a un patrón de intervención estratégica donde la alargada sombra del nazismo, alimentada por intereses poderosos, sale del subsuelo –si es que alguna vez lo estuvo– influyendo y asustando a los partidos democráticos que, con un liderazgo débil, corren a modificar sus políticas aceptando sus postulados y ahondando el problema en esta Europa que vive una crisis sistémica.

El crecimiento de la intolerancia en el discurso público, en las políticas hacia la inmigración y las minorías étnicas y sociales, la expansión del populismo xenófobo en Europa, así como la emergencia de una criminalidad basada en el rechazo y la negación de la diversidad, no son sino los síntomas de una triple crisis en Europa cuyos pivotes tienen: en lo económico, uno de los mayores desastres financieros de la historia; en lo político-institucional, el descrédito de sus gestores alimentado por la corrupción, el despotismo antidemocrático y la construcción institucional en desafecto con la ciudadanía; en lo social, el desmantelamiento de los "estados de bienestar" puestos en pie tras la segunda guerra mundial, eliminando importantes conquistas sociales y ciudadanas. Sin embargo, no se debe mirar a Europa al margen de lo que está pasando en el mundo, eso sería un eurocentrismo que nos oculta que vivimos una realidad con más de medio centenar de guerras por el poder y los recursos, el atesoramiento de los más ricos en contraste con el hambre y miseria de millones de los más pobres o el incremento de la intolerancia criminal que se extiende por todos los continentes.

Además, se observan con nitidez posiciones planetarias contrarias a la globalización de los derechos humanos y de los valores democráticos que coinciden con un resurgimiento de integrismos y totalitarismos a gran escala que amenazan con dar al traste las conquistas democráticas y sociales de la historia de la humanidad. Estamos ante la mundialización del odio, realidad que se evidencia por sus frutos: desde el racismo y neofascismo en Occidente, hasta los fanatismos religiosos y terrorismos integristas en otras latitudes. Así lo ha señalado en reiteradas ocasiones la Asamblea General de
Naciones Unidas, especialmente frente al neonazismo en una reciente resolución del 20 de diciembre de 2012, destacando “la importancia de cooperar estrechamente con la sociedad civil y los mecanismos internacionales y regionales de derechos humanos a fin de contrarrestar eficazmente todas las manifestaciones de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, así como a los partidos políticos, movimientos y grupos extremistas, incluidos los grupos neonazis y de cabezas rapadas y los movimientos similares de ideología extremista”.

La mundialización, el desarrollo de las comunicaciones (internet), el mercado económico y laboral planetario, y otros factores globales han generado un escenario favorable a la xenofobia, buque insignia de las distintas encarnaciones de la intolerancia; la dualidad ambivalente de las migraciones, su necesidad y rechazo a la vez, han vuelto atrás la historia alimentando la “cosificación” de las personas. El inmigrante simplemente es mano de obra, un recurso productivo, no es un ser humano con atributos radicados en la dignidad de las persona. Sencillamente cuando se le necesita se obtiene, ya sea regular o irregularmente, con control de flujos migratorios o sin ellos, con integración o marginación, con apoyo al desarrollo de su país de origen o con su abandono en la miseria. Y cuando no se necesita pues que se vaya; se le anima a marcharse, se le expulsa, deporta e incluso se le convierte en criminal, y que no entren; ahí están las aguas de Lampedusa o el Estrecho como cementerios, y por si acaso las concertinas en las vallas; y si no es suficiente, como dijo un líder ultra italiano, sacamos a los buques para bombardear pateras. La intolerancia xenófoba es el gran instrumento, peligroso instrumento, que abre puertas y camino de forma terrible a otros acompañantes de la intolerancia generalizada. Racismo, xenofobia, antisemitismo, islamofobia, antigitanismo, homofobia, neofascismo, negrofobia... no son solo patrimonio de todo el continente europeo, también se globalizan porque la intolerancia amenaza al mundo.

 Fuente: http://www.eldiario.es/europeas_2014/Europa-siniestra-xenofobia-intolerancia_0_262824660.html

domingo, 25 de mayo de 2014

"Es un engaño que el trabajo asalariado sea la clave para liberar a las mujeres"

Entrevista con la pensadora feminista Silvia Federici, que reivindica que el trabajo reproductivo y de cuidados que hacen gratis las mujeres es la base sobre la que se sostiene el capitalismo
"Ahora las mujeres tienen dos trabajos -el de fuera de casa y el de dentro- y aún menos tiempo para luchar, y participar en movimientos sociales o políticos"


La escritora y activista feminista Silvia Federici. / Marta Jara

 Silvia Federici (Italia, 1942) es una pensadora y activista feminista, un referente intelectual por su análisis del capitalismo, el trabajo asalariado y reproductivo, siempre desde una perspectiva de género. Profesora en la Universidad de Hofstra de Nueva York, Federici fue una de las impulsoras de las campañas que en los años setenta comenzaron a reivindicar un salario para el empleo doméstico. "El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo", defiende. La escritora está de gira por España: allá donde ha estado las librerías y salas se han llenado para escucharla. Su último libro publicado en español es "Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas", publicado por Traficantes de Sueños. 

¿Es esta crisis económica una crisis también de igualdad?
Sí, es una crisis de igualdad y que amenaza especialmente a las mujeres. Hay muchas consecuencias de las crisis que impactan en las mujeres de forma particularmente intensa. Por un lado, los recortes de servicios públicos, de la sanidad, de la educación, de los cuidados, las guarderías... eso trae a las casas un montón de trabajo doméstico que todavía siguen haciendo mayoritariamente las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa pero siguen encargándose de este trabajo y tienen que absorber esta parte de tareas que antes eran públicas. Por otro lado, la crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo.

¿En qué momento diría que estamos entonces?
Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, pero en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiadas. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.

De hecho, usted dice que se ha identificado la emancipación de las mujeres con el acceso al trabajo asalariado y que eso le parece un error, ¿lo es?
Es un engaño del que hoy podemos darnos cuenta. La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportundiades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalarido, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital. Es algo que ha permitido vivir por su cuenta a muchas mujeres o bien que tuvieran un trabajo, mientras su pareja no lo tenía. De alguna forma esto ha cambiado las dinámicas en los hogares, pero en general no ha cambiado las relaciones entre hombres y mujeres. Y, muy importante, eso no ha cambiado las relaciones entre mujeres y capitalismo: porque ahora las mujeres tienen dos trabajos y aún menos tiempo para, por ejemplo, luchar, participar en movimientos sociales o políticos.

Es también muy crítica con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Algunos de ellos publican informes animando a la participación femenina en el mercado laboral, mientras alientan medidas de recorte que perjudican la igualdad y la vida de las mujeres...
Sí y esto es fundamental. Es un error no ver el tipo de planificación capitalista que se está desarrollando dentro del proyecto de globalización. Hubo una intervención masiva en la agenda y en las políticas feministas con el objetivo de usar el feminismo para promover el neoliberalismo y para contrarrestar el potencial subversivo que tenía el movimietno de mujeres en términos, por ejemplo, de lucha contra la división sexual del trabajo y contra todos los mecanismos de explotación. Por un lado, el trabajo de la ONU fue redefinir la agenda feminista y creo que fueron bastante efectivos. A través de  varias conferencias mundiales, por ejemplo, se presentaban así misma como la representación de las mujeres del mundo y de lo que es o no el feminismo. Por otro lado, su otro objetivo era 'educar' a los gobiernos del mundo en que algo tenía que cambiar en la legislación laboral para permitir la entrada de las mujeres en el trabajo asalariado.

¿Cómo salir entonces de esa trampa, cómo conseguir reivindicar la igualdad sin caer en esas trampas? Porque, por ejemplo, usted rechaza que las mujeres se incorporen en igualdad a los Ejércitos.
No a las mujeres en el Ejército, de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que los hombres también son explotados. Entonces, si decimos simplemente que queremos la igualdad con los hombres estamos diciendo que queremos tener la misma explotación que los hombres tienen. La igualdad es un término que congela el feminismo: por supuesto que en un sentido general no podemos estar en contra de la igualdad, pero en otro sentido decir solo que luchamos por la igualdad es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Creo que lo podemos hacer mejor que eso, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación. Por eso no a las mujeres en el ejército, porque no a la guerra, no a la participación en ninguna organización que nos comprometa a matar a otras mujeres, a otros hombres en otros países con el objetivo de controlar los recursos del mundo. La lucha feminista debería deicr en ese sentido que los hombres deberían ser iguales a las mujeres, que no haya hombres en los ejércitos, es decir, no a los ejércitos y no a las guerras.

¿Y cómo salir de la trampa en el caso del trabajo asalariado?
Esto es diferente porque en muchos casos el trabajo asalariado es la única forma en la que podamos ser autónomas y no estamos en la posición de decir no al empleo. La cuestión es considerar el trabajo asalariado como una estrategia más para la liberación, no como la gran estrategia para liberarnos. Por ejemplo, en EEUU la cuestión del trabajo reproductivo no se tiene en cuenta para nada e incluso cuando las mujeres luchan por liberarse de las tareas de cuidado eso solo se tiene en cuenta como una forma de que ellas puedan dedicar más tiempo al trabajo fuera de casa. El capitalismo devalúa la reproducción, y eso significa que devalúa nuestras vidas para continuar devaluando la producción de trabajadores. Es un asunto fundamental que no se está teniendo en cuenta. Así que no se trata de decir no al trabajo asalariado sino de decir que el trabajo asalariado no es la fórmula mágica para liberar a las mujeres. Las mujeres no están afuera de la clase trabajadora, la lucha feminista debe estar totalmente imbricada en la lucha trabajadora.

Entonces, ¿qué más estrategias se pueden seguir para conseguir esa liberación?
El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. El trabajo de cuidados no es un trabajo por amor, es un trabajo para producir a los trabajadores para el capital y es un tema central. Si no hay reproducción, no hay producción. Si ese trabajo que hacen las mujeres en las casas es el principio de todo lo demás: si las mujeres paran, todo para; si el trabajo doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no produciremos ningún cambio en ningún otra plano.

¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?
Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.

Sí, pero aún hoy son las mujeres las que hacen mayoritariamente ese trabajo, esa sigue siendo la tendencia a pesar de que ha habido otros cambios, ¿qué haría cambiar esa inercia?
La tendencia es esa porque la ausencia de salario ha naturalizado la explotación. ¿Te imaginas que los hombres hubieran hecho un trabajo industrial gratis durante dos años porque es lo propio de los hombres? Estaría totalmente naturalizado, igual que lo está el trabajo doméstico, que está ligado a la feminidad y a lo que se considera propio de las mujeres. En una sociedad conformada para las relaciones monetarias, la falta de salario ha transformado una forma de explotación en una actividad natural, por eso decimos que es importante desnaturalizarla.

¿Y la forma de desnaturalizarla es precisamente mediante un salario?
Sí, es un primer paso para hacerlo. Pero nunca vemos el salario como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación. Ya solo pedir un salario tiene el poder de revelar toda un área de explotación, de sacar a la luz que esto es un trabajo propiamente dicho, y que es esencial para el capitalismo, que ha acumulado riqueza gracias a ello.

¿No se corre el riesgo de perpetuar así la división sexual del trabajo?
No, es una forma de romperla. Se puede demostrar que la división sexual del trabajo está construida sobre la diferencia salario-no salario.

Sin embargo, en muchos países como España el trabajo doméstico ya está reconocido como tal (no con todos los derechos) y aún así ese trabajo sigue siendo femenino mayoritariamente, es decir, que esté remunerado no ha hecho que los hombres se incorporen a esos empleos. ¿Por qué pensar entonces que pagar por las tareas del hogar hará que los hombres se incorporen a ese área?
En una situación en la que el trabajo doméstico no es reconocido como trabajo y millones de mujeres lo hacen gratis en todo el mundo, las mujeres que lo hacen por dinero están en una situación de debilidad, de no poder negociar mejores condiciones. Yo espero que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reinvidicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural.

Fuente:  http://www.eldiario.es/economia/engano-trabajo-asalariado-liberar-mujeres_0_262823964.html