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sábado, 6 de abril de 2019

25 aniversario del genocidio de Ruanda: la ONU considera que se ha "hecho Justicia" a pesar de que quedan tres prófugos

Más de 800.000 ruandeses murieron en los cien días transcurridos entre el 6 de abril de 1994, cuando el avión del presidente ruandés fue derribado sobre Kigali y el 4 de julio, cuando el Frente Patriótico Ruandés tomó el control del país
El horror vivido en Ruanda en esos tres meses de 1994 dio lugar a que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas creara el 8 de noviembre de ese mismo año el Tribunal Penal Internacional para Ruanda
Un experto de Naciones Unidas asegura que "uno puede decir que a nivel global se ha hecho Justicia" por lo que "será recordado como uno de los más aberrantes hechos del siglo XXI: ruandeses matando a ruandeses, diezmando brutalmente a la población tutsi"


Fotografía que muestra varios cráneos de víctimas del genocidio ruandés de 1994 expuestos en la iglesia católica de Ntarama, en Kigali (Ruanda).
EFE
 Más de 800.000 tutsis y hutus moderados murieron en los cien días transcurridos entre el 6 de abril de 1994, cuando el avión del presidente ruandés, Juvenal Habyarimana, fue derribado sobre Kigali sin dejar supervivientes, y el 4 de julio, cuando el Frente Patriótico Ruandés (FPR) tomó el control del país. La Justicia, en cambio, se ha hecho esperar décadas y aún hoy hay al menos tres grandes criminales a la fuga, según informa Europa Press.

 El horror vivido en Ruanda en esos tres meses de 1994 dio lugar a que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas creara el 8 de noviembre de ese mismo año el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) con el mandato de "procesar a las personas responsables del genocidio y de otras graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario" cometidas en la nación africana.


Miles de personas trataron de refugiarse en las iglesias a las que iban a rezar cada domingo. Solo en el templo de Ntarama 5.000 personas fueron aniquiladas la mañana del lunes 11 de abril. Esta foto y la siguiente muestran el resultado de esa masacre.
Miles de personas trataron de refugiarse en las iglesias a las que iban a rezar cada domingo. Solo en el templo de Ntarama 5.000 personas fueron aniquiladas la mañana del lunes 11 de abril. Esta foto y la siguiente muestran el resultado de esa masacre. MSF https://elpais.com/elpais/2019/04/05/album/1554460759_554970.html#foto_gal_18
Era la segunda vez que el Consejo de Seguridad hacía uso de los amplios poderes que le otorga la Carta de la ONU para crear cortes ad hoc de alcance internacional. Ya lo había hecho el 25 de mayo de 1993 para no dejar impunes los crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia, los peores vividos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El único precedente eran los procesos de Nuremberg y Tokio.

En sus 20 años de historia (1995-2015), el TPIR imputó a 93 personas, de las cuales 62 fueron condenadas –incluidos el primer ministro interino de Ruanda en esa época, Jean Kambanda; el ministro de Defensa, Théoneste Bagosora; y el jefe de las Fuerzas Armadas, Augustin Bizimungu–, 14 fueron absueltas, diez fueron remitidas a tribunales nacionales, dos murieron antes de ser juzgadas, dos fueron desimputadas y tres permanecen prófugas.

El TPIR se enfrentó al enorme reto de ser el primer tribunal en interpretar el crimen de genocidio definido en la Convención de 1948, siendo uno de los más difíciles de juzgar porque no basta con acreditar la masacre sino que es necesario probar "la intención de destruir totalmente o en parte un grupo nacional, étnico, racial o religioso". A pesar de la complejidad jurídica, se adentró de lleno y alumbró algunos hitos judiciales.

Sentencias icónicas

Basándose en el único precedente de la condena a Julius Streicher en Nuremberg por llamar al exterminio de los judíos en el semanario alemán Der Sturmer, juzgó a Jean Bosco Barayagwiza y Ferdinand Nahimana, fundadores de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTLM), y a Hassan Ngeze, fundador del periódico Kangura, por "incitar directa y públicamente" a la matanza de tutsis.

Los acusados trataron de ampararse en la libertad de expresión, si bien el TPIR aclaró que nada tiene que ver con "difundir mensajes de odio o incitar a actos atroces contra otros". El daño, argumentó, se causó no tanto por las palabras como por la realidad adulterada que dibujaban con "estereotipos étnicos" en los que describían a los tutsis como "cucarachas" que acaparaban "todo el dinero".

El TPIR destacó el papel de la emisora ruandesa, apodada Radio Machete, en el alzamiento popular que se produjo el 7 de abril. La RTLM atribuyó el derribo del avión presidencial a un ataque del FPR –integrado por tutsis exiliados– y las fuerzas de paz de la ONU y llamó a acabar con "las cucarachas". Horas después, la primera ministra, Agathe Uwilingiyimana, y los diez cascos azules belgas que la protegían eran asesinados.

La corte de Arusha también fue pionera al establecer que la violencia sexual constituye un acto de genocidio en la medida en que, tal y como ocurrió en Ruanda, donde más de 250.000 niñas y mujeres tutsis fueron violadas, es utilizada con la intención de erradicar a un grupo determinado.

Marceline tenía 17 años cuando comenzó la carnicería. Los interahamwe, una milicia hutu, llegaron a su barrio el 9 de abril. "Fui la única que quedó viva", dice en declaraciones a la fundación de supervivientes SURF. Fue entregada a un hombre que "hizo todo lo que quiso" con ella. "Decidí suicidarme en una letrina", relata. Finalmente, consiguió huir y fue encontrada y auxiliada por el FPR.

Soluciones "creativas"
El TPIR ventiló los casos más importantes pero no era suficiente para procesar a las 120.000 personas que en los años siguientes al genocidio fueron detenidas por su presunta implicación. Adama Dieng, el relator especial de Naciones Unidas para la Prevención del Genocidio, que fue el registrador del TPIR, reconoce a Europa Press que no pudo ser exhaustivo.

Así, el sistema judicial de Ruanda, que sufrió una gran reforma para alcanzar los estándares internacionales, se ocupó de los acusados de planear el genocidio y de cometer atrocidades, entre ellas la violación. En la primera década había juzgado 10.000 sospechosos.

Los casos seguían acumulándose y el Gobierno de Paul Kagame decidió recuperar las cortes Gacaca para juzgar todos los crímenes, excepto el de planear el genocidio. En este sistema de justicia tradicional cada comunidad establece su tribunal seleccionando los jueces entre los vecinos. En diez años (2002-2012), resolvieron casi dos millones de causas.

Las cortes Gacaca han sido criticadas como mecanismo de administración de justicia porque se basaban en las confesiones premiadas de los acusados, que recibieron penas menores, como trabajos comunitarios, para favorecer la reconciliación nacional en un país absolutamente dividido.

Hubo muchos "juicios injustos mancillados por la intimidación, la corrupción y los errores en la toma de decisiones", denuncia Lewis Mudge, director de Human Rights Watch (HRW) para África Central, a Europa Press. "No cumplieron los estándares internacionales", afirma, Rachel Nicholson, investigadora de Amnistía Internacional para África Oriental.

Dieng, en cambio, aplaude la "creatividad" del Gobierno de Ruanda por resucitar las cortes Gacaca. "Lidiar con la astronómica cifra de sospechosos" a través de la justicia ordinaria "habría llevado más de un siglo", subraya el relator especial de la ONU.

"Se ha hecho justicia"
"También abogué por que las instituciones judiciales nacionales en todo el mundo llevaran ante la Justicia a los sospechosos que vivían en su territorio", recuerda el jurista senegalés.

En un principio, los países optaron por juzgarlos en sus propios tribunales "bajo el principio de jurisdicción universal", apunta Nicholson. Por ejemplo, el matrimonio formado por Alain y Dafroza Gauthier ha sido clave para identificar a algunos de los cien genocidas ruandeses que calculan que se ocultan en Francia.

No fue hasta 2007, una vez que Ruanda abolió la pena de muerte y emprendió la segunda reforma de su sistema judicial, cuando los países empezaron a confiar en los tribunales ruandeses. Desde entonces, numerosos gobiernos africanos y europeos, principalmente Francia y Bélgica, así como Canadá, han extraditado a los sospechosos detenidos.

A pesar de todos estos esfuerzos, aún hay tareas pendientes. "Una frustración que tengo es la falta de respuesta de la comunidad internacional, específicamente del Consejo de Seguridad, para abordar la cuestión de la compensación y reparación a las víctimas", confiesa Dieng.

HRW reprocha además que las otras víctimas de la violencia vivida en esos tres meses, los decenas de miles de civiles que murieron a manos del FPR en su avance hacia Kigali, han sido olvidadas. "Estos crímenes no son equivalentes ni comparables al genocidio, pero constituyen crímenes de guerra y lesa humanidad y las víctimas y sus familias tienen derecho a que se haga Justicia", defiende Mudge.

Sin embargo, sostiene el experto de Naciones Unidas, "uno puede decir que a nivel global se ha hecho Justicia" por lo que "será recordado como uno de los más aberrantes hechos del siglo XXI: Ruandeses matando a ruandeses, diezmando brutalmente a la población tutsi".

Fuente:  https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/04/06/25_aniversario_del_genocidio_ruanda_93740_1022.html

Más información: https://elpais.com/elpais/2019/04/05/album/1554460759_554970.html#foto_gal_10

viernes, 20 de enero de 2017

Donald Trump contra los 'pieles roja'

Fosa común los de indios lakota asesinados en Rodilla Herida por el Séptimo de Caballería el 29 de diciembre de 1890, en lo que hoy es Dakota del Sur. La imagen parece una premonición de las que ofrecería el nazismo medio siglo después
Los valores 'genuinamente americanos' cuya defensa reclama hoy Donald Trump, esas invocadas tradiciones ancestrales de los descendientes de los rostros pálidos de América del Norte, brotan en realidad de la más silenciada y salvaje limpieza étnica que se ha perpetrado en la Historia: la que emprendieron a finales del siglo XVI los corsarios ingleses, franceses y holandeses, amparados por sus monarquías, sobre las más de 200 naciones amerindias que habitaban lo que hoy es Norteamérica.

Es seguro que sin la patente de corso otorgada por sus reyes y reinas, sin esa burocrática licencia para matar, hombres como Francis Drake o Walter Raleigh hubieran sido unos sin papeles de la época y hubieran pasado a la historia como simples piratas o filibusteros por los saqueos continuados que hacían de los tesoros que, a través del Atlántico, transportaban las carabelas españolas.

Corsarios desgreñados como Donald Trump acopiaron por entonces riquezas ingentes que provocaron una imprevista y súbita acumulación de capital en sus países. Junto a sus ejércitos imperiales, esos corsarios asalariados desbrozaron el suelo americano para que se establecieran legalmente las primeras colonias de hombres blancos, mayoritariamente ingleses, escoceses e irlandeses en las primeras oleadas migratorias.
En ese afán legal por arraigarse a los suelos usurpados, en ese afán por metabolizar lo robado hasta convertirlo en algo de su exclusiva propiedad, reside el más primitivo de los genes de los actuales norteamericanos blancos. Tanto es así que para zafarse de las pretensiones territoriales de Inglaterra y de los tributos que muchas décadas después les seguía exigiendo Londres se alzaron contra su ejército en el siglo XVIII, machacaron a las milicias británicas y de la mano de George Washington se proclamaron independientes, dando a luz un nuevo país esclavista y genuinamente pálido, Estados Unidos.

El derecho a anexionarse los horizontes ajenos quedó plasmado al cabo de apenas un siglo en el exterminio sistemático y definitivo de todas las naciones que habitaban esa América: cheyennes, comanches, sioux, cheroquis, navajos, apaches... Apenas el 1% de los 325 millones de habitantes que hoy tiene Estados Unidos son descendientes de aquellas naciones amerindias, según el censo de 2010. La carta del jefe de los suwamish en 1855 al entonces presidente Franklin solo es un reconocimiento agónico de que Gran Jefe Blanco de Washington había ganado la batalla. El hombre blanco -escribía- "trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto". Y concluía: "La vida ha terminado, ahora empieza la supervivencia".

Ese genocidio nunca reconocido es, en realidad, la secreta gran hazaña fundacional del pueblo norteamericano. Los pieles roja fueron desvalijados de sus tierras y sus creencias, arrasados por las locomotoras, acribillados con pólvora, arrojados a los buitres y convertidos en culpables por los guionistas de Hollywood. Sus vástagos supervivientes, insolentes vestigios de aquel pasado sanguinario, están hoy confinados en reservas remotas en las que apenas gozan del privilegio de no pagar impuestos por el alcohol y el tabaco.

Por eso Donald Trump, sin necesidad de haber estudiado la Historia, puede valerse de su huella genética para reproducir, con las modernas herramientas que proporciona la economía de mercado, la limpieza étnica llevada a cabo en el pasado y que él se ha propuesto reanudar en el país que ahora gobierna.
Es difícil que un norteamericano blanco, haya o no votado a Trump, admita que la fundacional ley de la pólvora haya pasado a la historia en su país. Es difícil que los actuales rostros pálidos, hayan o no apoyado a Trump, admitan que su ADN es portador de aquel instinto arbitrario y criminal que calificó de "conquista" la usurpación genocida de todo un continente. Pero su reconocimiento sería un innegable avance evolutivo en la calidad cromosómica de los norteamericanos.

Los ocurrido con los pieles roja deja a Hitler a la altura de los aprendices y desnuda desde una perspectiva histórica la agenda oculta de Trump: el ejercicio exclusivo de la propiedad de todo un continente por una única raza, en este caso por una raza genuina y democráticamente elegida para pilotar el futuro del país. A las cosas se las puede llamar de muchas formas, pero a la política engañosa de hacer creer a toda una comunidad que la única identidad válida es la que te asigna el pasaporte solo se le puede llamar de una manera: limpieza étnica.

Un avezado profesor universitario de Washington me lo explicaba hace un año, cuando Trump era solo una horrorosa sombra, y no la pesadilla que es hoy. Me decía que el aparato político-financiero que se esconde tras el títere que ahora preside Estados Unidos, un influyente músculo propulsado por los multimillonarios hermanos Koch (versión actualizada de los todopoderosos WASP's de la segunda mitad del siglo XX) lleva más de una década planificando el asalto a los cielos de una marioneta ruda y envalentonada como él. Para ello, los Koch y la poderosa red de modernos corsarios filantrópicos que les confían sus fortunas han jugado con el proceloso filo de los sentimientos fundacionales de EEUU, transmitiendo mensajes como estos a los compatriotas netamente blancos: ¿es justo que los especialistas médicos a los que acudimos en Washington o Boston, a los que pagamos con cargo a nuestros seguros privados, sean de origen hindú o paquistaní? ¿Qué hacen los asiáticos en el vértice de las pirámides empresariales, si llegaron aquí para conducir taxis en Manhattan? ¿Es tolerable que sean negros los catedráticos que enseñan a nuestros hijos en las universidades exclusivas que nosotros pagamos? ¿Y que el comercio interior esté en manos de mexicanos y latinos? ¿Es justo que los puestos clave del poder estén ocupados por individuos que jamás pasarían ni la primera de las pruebas de la pureza de la sangre?

Aún más. En esta larga década que los multimillonarios rostros pálidos han dedicado para retomar el timón de la nación han ido más lejos todavía, haciendo creer que la pureza de la sangre la determina la legalidad burocrática que emana del Gobierno, la establece la posesión o no de un pasaporte norteamericano, esto es, la versión actualizada y moderna de las patentes de corso. De tal modo que todos aquellos emigrantes que no son netamente blancos pero han logrado su nacionalidad americana en las últimas décadas se han creído miembros del selecto Club del Rostro Pálido. Se han sentido apelados por el mensaje artificiero de Trump: Vendrán a nuestro país los compatriotas vuestros y os quitarán el empleo; ellos capitalizarán vuestras fatigas y se aprovecharán de vuestro esfuerzo. Vendrán para quedarse, para robaros la identidad, para quedarse con vuestro pasaporte americano.

En el imaginario colectivo de ese inmenso colectivo mestizo, cuya pureza genética norteamericana solo ha sido validada por la asignación de pasaporte, la construcción de un gigantesco muro fronterizo parece la solución más profiláctica. Al fin y al cabo, su construcción no conlleva ningún genocidio explícito.

Además, y eso es lo que no saben los modernos corsarios, el muro no es más que un señuelo para distraer la atención de la verdadera máquina de someter que la marioneta de los hermanos Koch ha puesto en marcha. La miseria, el aislamiento, la precariedad o el hambre a la que otros pueblos y naciones serán arrojados será responsabilidad del proteccionismo comercial, del arsenal economicista neoliberal. Y al señor Liberalismo, que se sepa, no hay Penal Tribunal Internacional que pueda meterlo en la cárcel.

Fuente:  http://www.huffingtonpost.es/miguel-angel-nieto/donald-trump-contra-los-p_b_14265462.html?utm_hp_ref=spain

martes, 22 de noviembre de 2016

La Iglesia pide perdón por su participación en el genocidio de Ruanda


La Iglesia de Ruanda ha pedido disculpas por “el papel que jugaron” algunos de sus clérigos en el genocidio de 1994, en el que murieron cerca de un millón de personas en cien días. Una resolución conjunta firmada por nueve obispos que representan a todas las diócesis fue leída ayer en todas las iglesias de Ruanda, como parte del mensaje de fin de año de jubileo, informaron ayer los medios locales.

En el mensaje, la Iglesia recuerda que no desempeñó un papel directo como institución en el genocidio, si bien es consciente de que algunos de sus miembros mataron a personas inocentes. “La Iglesia no envió a nadie para hacer daño, pero nos disculpamos por algunos clérigos que jugaron un papel en el genocidio”, subraya la resolución.

Algunos religiosos católicos ya fueron condenados por su participación en el genocidio, como el cura católico ruandés Athanase Seromba, juzgado por crímenes contra la humanidad.


Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2016/11/22/iglesia-perdon-participacion-genocidio-ruanda/

jueves, 2 de junio de 2016

Alemania condena el genocidio armenio y provoca la indignación de Turquía

El parlamento germano desoyó las advertencias de Ankara y respaldó de forma abrumadora la controvertida resolución


 El Parlamento alemán hizo oídos sordos a las advertencias de Turquía y ha aprobado casi por unanimidad una resolución que califica de «genocidio» la masacre perpetrada por el Imperio otomano a los armenios hace 100 años, en un paso que promete tensar la ya difícil relación Berlín y Ankara.

Todos los diputados, con excepción de un voto en contra y una abstención, apoyaron la resolución consensuada entre el opositor Los Verdes y las tres fuerzas que forman el Gobierno: la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel, su versión bávara (CSU) y los socialdemócratas (SPD).
La canciller, que mostró su apoyo a la resolución, no estuvo presente durante la votación en el Bundestag por motivos de agenda.

Tampoco participaron su vicecanciller, Sigmar Gabriel, ni el ministro de Exteriores Frank-Walter Steinmeier, de visita en Argentina.

«Nuestra intención no es sentar a Turquía en el banquillo de los acusados, sino decir que una reconciliación sólo es posible si se llama a los hechos por su nombre», explicó antes de la votación el jefe parlamentario de la CDU, Volker Kauder.

El hecho de que Turquía esté «haciendo grandes cosas» apoyando a la Unión Europea (UE) en la crisis de los refugiados «no cambia el hecho de que se haya sometido a los armenios a un sufrimiento indescriptible», sostuvo Kauder, un hombre de confianza de Merkel.

El diputado Cem Özdemir, descendiente de turcos y miembro del partido Los Verdes, principal impulsor de la resolución, denunció la complicidad del Imperio alemán como aliado del otomano durante la Primera Guerra Mundial y consideró «una responsabilidad histórica» para Alemania «reconocer su parte de culpa».
Desde que se conoció el plan del Parlamento alemán, Turquía advirtió en varias ocasiones sobre las consecuencias que tendría la resolución.

Tanto el nuevo primer ministro Binali Yildirim como el presidente Recep Tayyip Erdogan alertaron de que el voto a favor de la resolución perjudicaría «las relaciones diplomáticas, económicas, sociales, políticas y militares entre los dos países».

También los representantes de la nutrida comunidad turca en Alemania condenaron la votación como «un espectáculo político».

Armenios en la tribuna del Bundestag agradecen a los parlamentarios alemanes la resolución

Alrededor de mil personas se manifestaron la noche del miércoles contra la resolución frente a la Puerta de Brandeburgo en Berlín.

El imperio otomano expulsó y asesinó a hasta 1,5 millones de armenios durante la Primera Guerra Mundial, según las estimaciones. Turquía, sucesora del imperio, lamentó lo ocurrido, pero rechazó siempre que denominarlo «genocidio». Sin embargo, una veintena de Gobiernos, incluyendo los de Francia, Italia y Rusia, designaron oficialmente como «genocidio» las matanzas. El papa Francisco calificó lo ocurrido a los armenios como «el primer genocidio del siglo XX».

La resolución votada hoy en Berlín usa la palabra dos veces y concluye diciendo que el destino de los armenios «ejemplifica la historia de exterminios masivos, limpiezas étnicas y genocidios que el siglo XX registró de forma tan horrenda».

La tensión se suma a diversos roces con Turquía por la situación de los derechos humanos en el país y llega en un momento en que la Unión Europea (UE), en parte a instancias de la propia Merkel, apuesta por Ankara como pieza clave para resolver el drama de los miles de refugiados que siguen llegando al continente.