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miércoles, 9 de marzo de 2022

Hallan en perfecto estado el 'Endurance', el mítico barco de Shackleton hundido en la Antártida hace un siglo

El barco parece congelado en el tiempo. Quedó atrapado en el hielo en 1915, cuando su tripulación tuvo que abandonarlo 

Puente de mando del 'Endurance' Falklands Maritime Heritage Tr / DPA - Only For Use In Spain

  Una expedición de investigación que partió desde Sudáfrica en febrero pasado ha confirmado haber hallado en buen estado los restos del Endurance, el barco del legendario explorador polar angloirlandés Ernest Shackleton que se hundió en 1915, según han anunciado hoy fuentes del proyecto. 

 "Cien años después de la muerte de Shackleton, el Endurance fue hallado a una profundidad de 3.008 metros en el mar de Wedell (en el océano Antártico)", ha indicado este miércoles la expedición, bautizada como Endurance22, en un comunicado. 

Trabajos para liberar el barco.

  Los restos del mítico barco fueron hallados, según el texto, "dentro del área de búsqueda definida por el equipo expedicionario antes de su partida de Ciudad del Cabo" (suroeste de Sudáfrica), en una zona a unas 4 millas al sur de la posición que el entonces capitán del navío, Frank Worsley, registró antes de que la tripulación tuviera que abandonarlo, al quedar atrapado en el hielo. 
Los perros mirando el Endurance en la etapa final de su deriva, momentos antes de hundirse en el fondo del mar de Weddell.

 "La expedición Endurance22 ha logrado su objetivo. Hemos hecho historia polar con el descubrimiento del Endurance y completado con éxito la búsqueda del naufragio más desafiante del mundo", ha señalado en el comunicado John Shears, líder de la expedición.  

"Estamos abrumados por nuestra buena suerte de haber localizado y tomado imágenes del Endurance. Este es, de lejos, el pecio de madera de mayor calidad que jamás haya visto. Está erguido, bien orgulloso en el lecho del mar, intacto y en un estado de preservación brillante", ha destacado, por su parte, Mensun Bound, director de Exploración de Endurance22. 

Los hombres que quedaron atrás en la isla Elefante (de izquierda a derecha): (fila posterior) Greenstreet, McIlroy, Marston, Wordie, James, Holness, Hudson, Stephenson, McLeod, Clark, Orde-Lees, Kerr, Macklin; (segunda fila) Green, Wild, How, Cheetham, Hussey, Bakewell; (al frente) Rickinson

 Según este experto, en el naufragio incluso puede leerse aún la inscripción 'Endurance' grabada bajo el pasamano de la borda. El descubrimiento no solo servirá para "salvaguardar" la historia de la investigación polar, sino para animar a una nueva generación a inspirarse en el "espíritu pionero, coraje y fortaleza" de los que navegaron a la Antártida en el navío, ha dicho Bound. 

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8e/AllSafeAllWell.jpg
Retorno de Shackleton a la isla Elefante, el 30 de agosto de 1916. Los 22 hombres que habían quedado allí habían sobrevivido.

 El equipo Endurance22 –un proyecto organizado y financiado por The Falklands Maritime Heritage Trust (FMHT)– trabajó desde el rompehielos sudafricano S.A. Agulhas II (propiedad del Ministerio de Medioambiente de la nación austral), bajo las órdenes del capitán Knowledge Bengu, y empleó para la búsqueda vehículos híbridos submarinos.

El pecio está protegido como Lugar Histórico y Monumento bajo el Tratado Antártico, según recalcó el proyecto de búsqueda en su comunicado, por lo que los investigadores se aseguraron de que mientras el naufragio era sondeado y filmado no fuera "tocado o perturbado de ninguna manera".

La expedición en la que naufragó el 'Endurance' había partido en 1914 para intentar llegar desde el mar de Weddell hasta el mar de Ross (ambos en el océano Antártico), pasando por el Polo Sur.

Tras el naufragio del 'Endurance', que se había quedado atrapado y dañado por el hielo con sus 28 tripulantes a solo 160 kilómetros de la Antártida, Shackleton (1874-1922) dirigió a sus hombres por el hielo en botes salvavidas hasta la Isla Elefante, donde la gran mayoría sobrevivió meses alimentándose de focas y pingüinos.

Shackleton sabía que nadie iría a buscarlos, por lo que decidió dejar a 22 de sus hombres esperando en la Isla Elefante y partir con el resto de sus marineros en un bote salvavidas rumbo a las islas Georgias del Sur en una épica gesta en busca de ayuda. Diecisiete días y 1.300 kilómetros después, llegaron a un centro ballenero y, cuatro meses después, regresaron a la isla para rescatar con vida a los 22 compañeros que se habían quedado atrás. 

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Imagen de la popa del barco hundido con el nombre y el emblema de la estrella polar cedida por Falklands Maritime Heritage Trust And National Geographic Caption. EFE

 Fuente; https://www.eldiario.es/cultura/hallan-endurance-mitico-barco-hundido-explorador-polar-shackleton_1_8814563.html

 Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Expedici%C3%B3n_Imperial_Transant%C3%A1rtica

jueves, 2 de diciembre de 2021

Detectan cambios en la única corriente oceánica global

La circulación de aguas que enfría la Tierra se está acelerando debido al cambio climático

https://es.wikipedia.org/wiki/Corriente_circumpolar_ant%C3%A1rtica#/media/Archivo:Antarctic_Circumpolar_Current.jpg

 Desde 1959, cada 1 de diciembre se celebra el Día de la Antártida para recordar la firma del histórico y trascendental Tratado Antártico que sigue vigente actualmente y que permite que el continente helado sea el único lugar de la Tierra reservado para la paz y la ciencia.

La Antártida es también uno de las regiones más amenazadas por el cambio climático, aunque resiste mejor que el Ártico. Al fin y al cabo es un lugar aislado geográficamente y con un clima propio debido a la Corriente Circumpolar Antártica (CCA) que enfría el continente. Esta corriente tiene una influencia muy notable en el clima mundial porque la parte que transcurre por el fondo bombea agua gélida al resto de los océanos. Es la única circulación oceánica global. 

Un artículo publicado esta semana en la revista Nature Climate Change apunta por primera vez que la corriente que se está acelerando. La CCA separa el agua fría del sur del agua subtropical más cálida al norte. Esta parte más cálida del océano absorbe gran parte del calor que las actividades humanas añaden a la atmósfera. Cuando el gradiente, o cantidad de diferencia de calor, entre las aguas cálidas y las frías aumenta, las corrientes entre esas dos masas se aceleran.

«La corriente está impulsada principalmente por el viento, pero demostramos que los cambios en su velocidad se deben sorprendentemente en su mayor parte a cambios en el gradiente de calor. El patrón de calentamiento del océano es importante. Cuando el gradiente, o la cantidad de diferencia de calor entre las aguas cálidas y las frías aumenta, las corrientes entre esas dos masas se aceleran», sostiene Lynne Talley, investigadora de la Universidad de San Diego y coautora del artículo. Los responsables de la investigación aseguran que la velocidad de la corriente aumentará todavía más a medida que el océano Austral siga absorbiendo calor inducido por el ser humano.

Cualquier alteración en las corrientes oceánicas, que se encargar de distribuir el frío y el calor por el mundo generan un impacto muy elevado en el clima. De hecho, la ciencia ha descubierto recientemente que el origen del cambio climático más abrupto de la historia de la Tierra fue una desaceleración de la corriente del Atlántico norte. Es evidente que la modificación de la CCA tendrá un efecto global. 

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2021/11/30/detectan-cambios-unica-corriente-oceanica-global/00031638286628314442778.htm

viernes, 15 de enero de 2021

La fusión de los grandes icebergs es un paso clave en la evolución de las épocas glaciares

Muestreo de un iceberg durante la campaña Powell 2020 cerca de la Base Antártica Española Juan Carlos I. / José Abel Flores

 La fusión de los icebergs en la Antártida es la clave para activar una serie de mecanismos que hacen que la Tierra sufra períodos prolongados de enfriamiento global. Así lo afirma Francisco J. Jiménez Espejo, investigador del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (CSIC-UGR), cuyos hallazgos se publican en la prestigiosa revista Nature.

Se conoce, desde hace mucho tiempo, que los cambios en la órbita de la Tierra en su movimiento alrededor del Sol provocan el comienzo o el final de los períodos glaciares por que afectan a la radiación solar que llega a la superficie del planeta. Sin embargo, hasta ahora ha sido un misterio como pequeñas variaciones en la energía solar que nos llega pueden dan lugar a dramáticos cambios en el clima planetario.

En este estudio, un grupo multinacional de investigadores propone que cuando la órbita de la Tierra es la correcta, los icebergs de la Antártida comienzan a derretirse cada vez más lejos del continente helado, moviendo enormes volúmenes de agua dulce desde el Océano Antártico hasta el Atlántico.

Los cambios en la órbita de la Tierra en su movimiento alrededor del Sol provocan el comienzo o el final de los períodos glaciares

Este proceso provoca que el Océano Antártico se vaya haciendo cada vez más salado al contrario que el océano Atlántico, afectando a la circulación oceánica global, secuestrando CO2 de la atmósfera y reduciendo el llamado “efecto invernadero”. Estos son los primeros pasos del comienzo de un período glacial en el planeta.

Dentro de este estudio, los científicos han usado varias técnicas para reconstruir las condiciones oceánicas en el pasado, entre ellas las que permiten identificar los pequeños fragmentos rocosos que los icebergs de la Antártida arrojan al océano cuando se derriten.

Estos fragmentos se obtuvieron de testigos marinos recuperados por el International Ocean Discovery Program (IODP, por sus siglas en inglés) durante la Expedición 361 en los márgenes marinos de Suráfrica. Dichos testigos han permitido reconstruir la historia de los icebergs que llegaron a estas latitudes en el último millón y medio de años, siendo este uno de los registros más continuos que se conocen.

Simulaciones climáticas

El estudio describe cómo la aparición de los fragmentos rocosos se asocia, de forma consistente, con variaciones en la circulación marina profunda que ha podido ser reconstruida a partir de variaciones químicas en fósiles marinos llamados foraminíferos.

La aparición de los fragmentos rocosos se asocia, de forma consistente, con variaciones en la circulación marina profunda 

El equipo de investigadores también ha usado nuevas simulaciones climáticas para comprobar las hipótesis propuestas encontrando que enormes volúmenes de agua dulce son transportados por los icebergs hacia el norte.

El primer autor del artículo, el estudiante de doctorado Aidan Starr, de la Universidad de Cardiff (Reino Unido), dice estar “sorprendidos por haber encontrado que esta teleconexión está presente en cada una de las distintas edades glaciares de los últimos 1,6 millones de años. Esto señala que el Océano Antártico tiene un papel principal en el clima global, algo que se intuía anteriormente, pero que acabamos de demostrar de forma clara”.

El Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides junto a un iceberg (Enero 2020). / José Abel Flores
El Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides junto a un iceberg (Enero 2020). / José Abel Flores

Recogida de testigos marinos profundos

J. Jiménez participó como especialista en geoquímica inorgánica y en propiedades físicas durante la campaña marina IODP 361 a bordo del buque de investigación JOIDES Resolution. Durante dos meses, entre enero y marzo de 2016, navegaron entre la Isla Mauricio y Ciudad del Cabo en Suráfrica recogiendo testigos marinos profundos.

Su contribución principal al estudio se ha centrado en identificar las variaciones geoquímicas asociadas a las épocas glaciares e interglaciares, lo que ha permitido estimar de forma más precisa la edad del sedimento y su sensibilidad a los distintos cambios ambientales asociados a dichos períodos.

Durante los últimos 3 millones de años, la Tierra comenzó a experimentar periódicos enfriamientos glaciares. Durante el más reciente, hace unos 20.000 años, los icebergs llegaban de forma continua a las costas atlánticas de la península ibérica desde el Ártico. Actualmente la Tierra se encuentra en un período cálido interglaciar denominado Holoceno.

El aumento progresivo de la temperatura global asociado a las emisiones de CO2 de las actividades industriales podría afectar al ritmo natural de los ciclos glaciares

Sin embargo, el aumento progresivo de la temperatura global asociado a las emisiones de CO2 de las actividades industriales podría afectar al ritmo natural de los ciclos glaciares. El Océano Antártico podría volverse demasiado cálido para permitir que los icebergs antárticos puedan transportar aguas dulces hacia el norte y, por lo tanto, no tendría lugar un paso fundamental en el comienzo de las épocas glaciares, las variaciones de la circulación thermohalina planetaria.

Ian Hall, científico de la Universidad de Cardiff (Reino Unido) y codirector de la expedición, indica que los resultados presentados pueden ser de utilidad para conocer como puede ser respuesta del clima a las perturbaciones antrópicas.

En esa misma línea, J. Jiménez señala que “el año pasado, durante una campaña a bordo del buque de investigación de la Armada española Hespérides, pudimos ver el inmenso iceberg A-68 que acaba de romperse en varios trozos junto a las islas Georgias del Sur. El calentamiento oceánico puede hacer que las trayectorias y la forma en la que se derriten estos grandes icebergs cambien en el futuro, afectando a las corrientes y, por tanto, al clima y a la validez de los modelos que se usan para predecirlo”.

lunes, 10 de febrero de 2020

La Antártida bate el récord de temperatura con 18,3 grados

La Antártida alcanzó el 6 de febrero un nuevo récord histórico de 18,3ºC, según las mediciones de la base argentina Esperanza

Pingüinos en la Antártida. EL MUNDO
La Antártida ha batido su récord histórico de temperatura máxima y alcanzó el 6 de febrero los 18,3ºC, según las mediciones de la base argentina Esperanza. El récord anterior, de 17,5ºC, había sido fijado en marzo del 2015.

El nuevo registro ha disparado las alarmas entre los científicos, que han constatado ya el aumento de las temperaturas en tres grados y en los últimos 50 años en la península de la Antártida cercana a Suramérica, donde los glaciares han experimentado un preocupante retroceso en las últimas décadas.

James Renwick, científico del clima de la Universidad de Victoria en Australia, ha confirmado la convocatoria de un comité especial de la Organización Meteorológica Mundial (OMS) para certificar el registro histórico de la base Esperanza.

"La lectura es impresionante y supone un aumento de la temperatura de casi un grado con respecto a la máxima registrada hace cinco años", declaró Renwick a The Guardian. "Es una señal más de que el calentamiento está ocurriendo en esta zona mucho más rápido que en el resto del planeta".

A falta de la certificación de la OMS, Renwick reconoció que las mediciones de la base Esperanza suelen ser rigurosas y que el máximo de temperaturas suele coincidir en la zona con los fuertes vientos del noroeste.

Las temperaturas en la Antártida se llevan midiendo regularmente desde 1961. En la base rusa de Vostok se registró en 1983 la temperatura mínima històrica del planeta en el último siglo: -89,2ºC, en julio de 1983.

"Es una temperatura que no asociamos a la Antártica, ni siquiera en la temporada de verano", ha comentado en Ginebra la portavoz de la OMM, Clare Nullis.

Expertos del organismo formarán un comité especial para verificar si efectivamente se trata de un nuevo récord para el continente helado, para lo cual analizarán todos los datos que logren reunir, según informa Efe.

"Es importante verificar este hecho porque la Antártida es un área de donde no tenemos suficientes observaciones y la data es muy dispersa. Verificar récords como este nos ayudará a tener una idea más clara de lo que está ocurriendo en este continente", explica Nullis.
"Hablamos mucho del Ártico, pero esta parte específica de la península antártica se está calentando muy rápido. En los últimos cincuenta años la temperatura allí ha aumentado casi 3ºC", detalla la portavoz.

El iceberg más grande del mundo, a la deriva
El récord de temperatura llega en la misma semana en que se ha sabido que el iceberg gigante A68, un coloso que se liberó de la Antártida en 2017, se ha desplazado tan al norte que ahora está a punto de entrar en el océano abierto.

Cuando se desprendió en julio de 2017 de la plataforma de hielo Larsen C, en la Península Antártica, el iceberg tenía un área cercana a los 6.000 kilómetros cuadrados y ha perdido muy poco de su volumen en los últimos dos años y medio, informa Europa Press.

Pero los científicos dicen que A68 tendrá dificultades para mantener su integridad cuando llegue a las aguas más turbulentas del Océano Austral. "Con una relación de grosor a longitud similar a cinco hojas de A4, me sorprende que las olas del océano no hayan hecho cubitos de hielo de A68", indica a BBC News el profesor Adrian Luckman de la Universidad de Swansea, Reino Unido, quien asegura que se "sorprenderá mucho" si sobrevive como una sola pieza cuando se mueva más allá del borde del hielo marino.

Durante su primer año, A68 apenas se movió y su quilla, aparentemente, aterrizó en el fondo marino. Sin embargo, los vientos y las corrientes prevalecientes finalmente y comenzaron a empujarlo hacia el norte, a lo largo de la costa oriental de la Península Antártica. Durante esta temporada de verano, la deriva ha experimentado una rápida aceleración.

Fuente: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2020/02/07/5e3d5c14fdddff9a338b4594.html

jueves, 30 de enero de 2020

La humanidad ha salido mal

Un crucero frente a Punta Hannah, una de las islas de la Antártida.
Un crucero frente a Punta Hannah, una de las islas de la Antártida. Greenpeace
 Yo sé que la humanidad está en un momento difícil. Ustedes saben que la humanidad está en un momento difícil. Después de todo, no tendríamos a Jair Bolsonaro y a Donald Trump en el poder, entre otros especímenes perjudiciales para la supervivencia de la especie, si la humanidad no estuviera en un momento muy confuso sobre sus prioridades. Sin embargo, el sábado 25 de enero no tuve ninguna duda de que el mundo tal y como lo conocemos terminará. Ese día no observé pingüinos ni ballenas ni focas. La especie bajo mi observación era el homo sapiens en un estado de negación absoluta.

Estábamos listos para desembarcar del Arctic Sunrise y embarcar en un bote que nos dejaría en Punta Hannah. Era por la mañana temprano e íbamos a acompañar a los científicos de pingüinos en su estudio en esta nueva isla. Y, entonces, Nacho, el argentino que es el segundo al mando del barco, informó de que no sería posible. Tendríamos que esperar hasta la tarde. Deténganse e intenten adivinar por qué.

¿Pronóstico de tormenta? ¿Un pliegue en el espacio-tiempo? ¿El abominable hombre de las nieves?
No, amigos míos. Los más de cien turistas de un crucero querían estar solos en la isla. Sí, amigos míos. La visión de los científicos estudiando el impacto de la crisis climática en las colonias de pingüinos destruiría la ilusión de la Antártida aislada, de la aventura en un lugar al que nadie puede llegar, excepto si se tiene mucho dinero, la fantasía de ser una especie de Shackleton o Scott del siglo XXI.

La discusión por radio entre los barcos de Greenpeace y el crucero tenía lugar desde las seis y media de la mañana. El negocio ganó el pulso. No es bueno hacer enemigos en aguas profundas. Esta es la lógica dominante en nuestro mundo: el turismo es más importante que la ciencia. Los seis científicos molestarían a los más de cien turistas, y no al revés. A los seis científicos no les molestaba convivir con más de cien turistas. Pero los cien turistas no querían convivir con los seis científicos. La falsificación de la realidad es la mejor realidad. Y también es la que está mejor pagada.

Así es cómo funciona. Hay un acuerdo entre los cruceros para que, cuando uno esté en una isla, los otros se pierdan de vista. Los turistas pagan caro por la promesa de sentirse únicos: en este caso, unos 14.000 dólares por 14 días. Puede ser mucho más, dependiendo de la ruta, el tipo de camarote, la cantidad de días. El producto es la Antártida inalcanzable, excepto para unos pocos. "Solo yo estoy aquí, llámenme Amundsen", puede ser el pie de la selfie. Pero no. A la vuelta de la esquina, una cola de barcos espera su turno para quedarse "aislado" en el continente helado.

Para que pudieran tener esa "experiencia", seis científicos tuvieron que interrumpir su estudio y esperar hasta la tarde, cuando el clima empeoró y su permanencia en campo tuvo que reducirse. Los científicos tuvieron que desembarcar en las rocas para llegar al corazón de la isla porque, con las malas condiciones climáticas, el bote era demasiado ligero para fondear en un lugar con mejor acceso. "Qué extraño", comentó un perplejo Noah Stryker, el birdnerd que les presenté en el capítulo anterior. "A los turistas les solía gustar hablar con nosotros, creían que era otra historia que contar cuando llegaran a casa". Le expliqué con tristeza que, en un momento en que la verdad se ha convertido en una elección personal, la ciencia y los científicos se están convirtiendo en parias. Aunque para afirmar que la tierra es plana o para pretender que están aislados, tanto los mercaderes de ilusiones como los compradores de ilusiones necesitan lo mejor de la ciencia.

No se trata de una anécdota. Es un desacontecimiento que revela el cuadro general de los acontecimientos en cadena que nos llevan a la dramática realidad que vivimos. También debido a esta inversión de prioridades, hoy estamos experimentando un colapso climático. Y la dificultad de cambiar nuestras prioridades hace que el objetivo de limitar el sobrecalentamiento global a 1,5 grados sea cada vez más distante, si no imposible.

Se trata del "tierraplanismo", como denominamos el fenómeno principal de negar la evidencia científica más consolidada, como la propia forma del planeta. El creciente número de adeptos sugiere que, cuando los humanos más necesitan lucidez, es precisamente cuando entran en un estado de negación. Cualquiera que siga mis columnas de opinión sabe que una de mis hipótesis para la elección de déspotas es el sentimiento de inseguridad sobre el futuro. Pero no por la indeterminación del futuro. Justamente al contrario.

El futuro, como lo conocíamos antes, era un territorio de posibilidades. "En el futuro será mejor" o "en el futuro lograremos este objetivo" o incluso "en el futuro tendremos nuestra propia casa". Ahora no. La crisis climática ha determinado el futuro. Será malo, desde el punto de vista del impacto del cambio climático. Toda nuestra lucha por el futuro gira en torno a tener un planeta peor o un planeta hostil. Y, créanme, la diferencia es enorme. Tan enorme que todos deberíamos estar luchando por eso en este preciso instante. Me parece que también por esta razón, parte de la población mundial prefiere votar a negacionistas del clima que prometen un retorno a un pasado que nunca existió. Trump y Bolsonaro, como otros de sus colegas, son vendedores de pasados. Pasados falsos.

No tuve la oportunidad de entrevistar a los turistas del crucero que pagan tan caro por la fantasía de estar aislados en la Antártida de las leyendas. Nos querían fuera de su vista, como dijeron explícitamente. Sin embargo, no creo que sean personas malas o abiertamente anticiencia. Me parece más posible que sean los típicos adultos mimados de esta época. Pagamos un producto y tenemos "derecho" a recibirlo. "La verdad es la que yo voy a contar", la prueba es el encuadre de la cámara del teléfono. Etcétera. La verdad es autoverdad, como escribí al analizar la elección de Bolsonaro.

Aquí, los cruceros también están literalmente vendiendo un pasado, el de la Antártida inaccesible. En algunas ofertas de viajes por la Antártida, los clientes potenciales no se llaman turistas, sino "exploradores". Es curioso cuántos prefieren pagar más por la fantasía. Muchos dejan la comodidad de sus hogares para emprender un viaje real y pagado con dinero real, pero para alcanzar una realidad falsificada. En la isla que los turistas ocupaban como los únicos humanos, los pingüinos barbijos están experimentando una reducción dramática de su población. Esta es la historia que los científicos podrían contar. Pero esa historia no interesa. ¿Quién, después de todo, necesita hechos?
En un planeta donde todo ya se ha convertido en imagen, donde nuestra huella está en todas partes, acabo sintiendo compasión por esos animales humanos que siguen comprando fantasías de exclusividad. Es compasión mezclada con rabia, porque esta negación debilita la lucha que deberíamos estar trabando por políticas públicas que contengan el sobrecalentamiento global y se adapten al mundo que se avecina. Sin embargo, antes de maldecir a los turistas antárticos, que siempre es fácil y también cómodo, debemos mirar en nuestro interior y descubrir que también nos resulta difícil abandonar los viejos hábitos en nombre del bien común. Créanme, hay quienes ni siquiera pueden reciclar su basura o reducir el consumo de carne.

Hoy, los científicos se han convertido en la verdad incómoda. Por lo tanto, deben sacarse de nuestra vista. Y no solo en la Antártida.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2020/01/26/actualidad/1580077277_399981.html?ssm=TW_CM

martes, 16 de julio de 2019

Roald Amundsen, el explorador que llegó primero al polo Sur

Retrato de Roald Amundsen

Retrato de Roald Amundsen

Roald Amundsen se impuso al capitán Scott en la trepidante carrera por ser el primer ser humano en alcanzar el polo Sur.
Foto: CordonPress
Los inviernos en Noruega son muy fríos. Aún así, él dormía siempre con la ventana abierta de la habitación, mientras que en sueños, alcanzaba los paisajes polares más extraordinarios. A aquel joven llamado Roald Amundsen aún le quedaban algunos años para sorprender al mundo con sus futuras hazañas, pero ya había tomado la decisión de convertirse en explorador.

El destino quedó marcado pronto, cuando con 18 años escuchó una conferencia del gran héroe nacional Fridtjof Nansen, quien había atravesado por primera vez Groenlandia y se había quedado a sólo 350 kilómetros de alcanzar el polo Norte, más cerca que ningún hombre hasta el momento.

Aquella conferencia impactó al joven Roald Amundsen tanto que juró conquistar el polo Norte. Para ello se dedicó en cuerpo y alma durante cada segundo de su vida. Así fue como pasó de las lecturas juveniles y de caminar por los terrenos de la imaginación pasó a enrolarse en barcos para experimentar la navegación polar.

Las primeras expediciones polares
Primero fueron expediciones como la del ballenero Bélgica, en la Antártida, dirigida por Adrian de Gerlache, a quien Amundsen ofreció sus servicios de forma desinteresada, a cambio de tener la oportunidad de navegar entre los hielos polares. La expedición salió el verano de 1897 y el joven aventurero no dejó de fijarse en todos los aspectos, llevando un detallado diario con anotaciones técnicas.

Amundsen junto con los otros integrantes del equipo que llegó por primera vez al polo Sur

Amundsen junto con los otros integrantes del equipo que llegó por primera vez al polo Sur

Foto: CordonPress
 Aquel barco quedó atrapado en la larga noche antártica, lo cual llevó a casi toda la tripulación a la desesperación. Sólo dos miembros mantuvieron el ánimo: Cook y Amundsen, que fascinados por la exploración polar se mantuvieron activos, estudiando soluciones y detalles de planificación.
Pasaron trece meses encerrados entre hielos, pero para Amundsen fue la mejor experiencia posible. Todo lo que aprendió le sirvió en el futuro.

A la vuelta, Amundsen se animó a preparar su propia expedición. Nada le podía detener, ni siquiera un puñado de acreedores. Así que el 16 de junio de 1903, el pequeño velero Gjoa zarpó con nocturnidad y alevosía del puerto, bajo una espesa lluvia. “Estábamos a salvo en mar abierto”, anotaría en su diario. Llegó a los límites de lo desconocido y, de nuevo, quedó inmovilizado entre los hielos por cerca de dos años, hasta mediados del verano de 1905, cuando logró levar anclas para seguir la ruta.

Lo que comenzó mal acabó siendo un éxito: Amundsen descubrió el paso del Noroeste, algo que en tres siglos de expediciones no se había logrado. El 31 de agosto de 1906, tres años y dos meses después de partir a escondidas, la pequeña expedición llegó a Nome. El recibimiento por parte de los habitantes fue apoteósico. Amundsen sonreía desde la proa del velero: había cumplido el sueño de convertirse en un explorador polar famoso.


amundsen07. Provisiones para el viaje

Provisiones para el viaje

Los depósitos de alimentos básicos para la exploración polar fueron de vital importancia para la supervivencia de los dos equipos una vez iniciada la marcha. A 80° de latitud Sur, anotó Amundsen, «nos detuvimos para dejar un depósito de reservas […] de 12 cajas de pemmican para los perros […] unos 30 kilos de filetes de foca y 50 kilos de grasa junto con 20 tabletas de chocolate. Además, 1 caja de margarina y 2 cajas de galletas de trineo».

Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
No será el primero en llegar al polo Norte  Pero como todos los hombres que tienen marcado su destino desde pronto, Amundsen no se sentía satisfecho. Aún faltaba algo. Quedaba alcanzar el polo Norte, y para eso necesitaba el Fram, el mítico barco que usó en su día su héroe de juventud, Fridtjof Nansen. La posibilidad parecía remota porque, a su vez, Nansen estaba pensando en utilizar el navío para también cumplir él con su sueño de alcanzar el polo Norte. Sin embargo, el antiguo explorador supo hacerse a un lado, comprendiendo que tal vez su tiempo ya había pasado y que ahora le tocaba a otro tratar de alcanzar una de las zonas más inaccesibles del planeta.

Por fin, en noviembre de 1908, pudo anunciar su proyecto más deseado: iría al polo Norte. En ese momento, precisamente, Shackleton avanzaba hasta un punto diametralmente opuesto, el Polo Sur, aunque finalmente, no lo alcanzaría. Fue más fácil lograr el Fram que la financiación necesaria para la expedición, así que Amundsen, un hombre habituado a los espacios salvajes, se vio visitando los salones más importantes de Europa en una larga gira de conferencias con el fin de lograr los fondos necesarios.

Pero a veces, la simple voluntad no es suficiente para alcanzar los sueños: su colega, el Dr. Cook, con quien se enroló en la expedición del Bélgica, alcanzó el polo Norte. Al menos, las portadas de los principales diarios internacionales así lo reflejaban porque, en realidad, el americano no había hecho público sus planes. Amundsen le envió un telegrama de felicitación, pero su sueño de ser el primero en pisar el polo Norte se había desvanecido.
Si no es el polo Norte, será el Sur En el mapa solo quedaba una gran incógnita más por resolver, el polo Sur. Ningún biógrafo tiene claro cuando cambió de planes, porque Amundsen guardó secreto en sus memorias, pero estaba claro que necesitaba un triunfo espectacular, y ser el segundo no servía. El propio Dr. Cook se lo dijo claro: “¿Por qué no intentas el Polo Sur?”. Así que Amundsen comenzó a llevar los preparativos de la expedición ocultando el nuevo destino.


Durante todo un largo año guardó el secreto junto a su hermano Leo. Cuidaron las apariencias como si fueran a viajar al polo Norte, cuando en realidad lo que estaban preparando era conquistar el polo Sur. Los británicos, liderados por Scott también se disponían a ir hacia allí: la carrera más apasionante del siglo XX estaba por comenzar con muy distinta suerte para los dos grupos.

Fue en la isla de Madeira donde Amundsen reveló la verdad a su tripulación. Hasta llegar a la isla, estaban siguiendo los planes tal como los habían hecho públicos. Ahora, si sus hombres daban el consentimiento, el Fram se borraría del mapa y ya nadie podría detenerlos hasta alcanzar los mares helados de la Antártida. Afortunadamente, los hombres de la tripulación sonrieron cómplices y todos dijeron que sí. Al fin, la aventura sería el polo Sur.

Al encuentro del destino
“¡A ese ritmo, llegarás en Navidad!”, le gritaron entre bromas sus compañeros desde el Farm. Durante los seis meses de travesía, los perros se habían acostumbrado a no hacer nada y ahora, ya en la Antártida, la idea de tirar de un trineo cargado hasta los topes no les atraía nada, así que se tumbaron indiferentes al látigo de Amundsen.

A pesar de la anécdota, el desembarco en la Bahía de las Ballenas prosiguió, y el 18 de enero de 1911, cuando los ingleses liderados por Scott terminaban de levantar la base desde la que emprender su ruta hacia el polo Sur, Amundsen y los noruegos comenzaban a preparar la suya.

Ambas expediciones encaraban la ruta más larga y peligrosa de todas las posibles. Era un día gris, cubierto de una densa niebla, pero los trineos comenzaron a correr empujados por los perros. Delante, una superficie desconocida, monótona hasta parecer infinita. A la fuerza, mortal.

Camino al polo Sur

Camino al polo Sur

El noruego Roald Amundsen lideró la primera expedición que llegó al Polo Sur. En esta foto se puede ver a parte de sus compañeros de aventuras en el barco Fram, junto con varios de sus perros.
Foto: Gtres
La doble cara del destino Todas las decisiones tomadas por Amundsen fueron acertadas, desde escoger el punto de inicio de la gran ruta, la construcción de la base invernal, hasta la elección de los perros que tirarían de los trineos, los esquíes, adoptar la ropa de esquimales y el cálculo exacto de las provisiones... además, el tiempo, al cabo de los primeros días, comenzó a mejorar. Sin duda, todo ello hizo que, a pesar de comenzar más tarde, pronto la expedición noruega superó a la británica al establecer los diversos depósitos de provisiones que serían clave en la carrera por el asalto final al polo Sur. Al año siguiente, tras pasar los largos meses de la noche polar, llegaría la hora de la verdad.

Amundsen en el Ártico. Los perros fueron claves en el éxito de Amundsen

Los perros fueron claves en el éxito de Amundsen

Los canes que acompañaron la expedición de los noruegos preferían los arneses en abanico utilizados en Groenlandia a los de estilo alaskeño, un sistema que emparejaba a los canes a lo largo de una guía central. Años más tarde se demostró que fueron clave en el éxito de los exploradores.

Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
Scott y sus hombres estaban por emprender el peor viaje del mundo.  Una trágica combinación de desafortunadas decisiones y la mala suerte les condujo a la muerte, mientras que Amundsen y los noruegos se llevaron la gloria al alcanzar el polo Sur, el 14 de diciembre de 1911.

El miércoles 17 de enero, Scott dejó escrito en su diario la terrible frustración que sintieron al alcanzar la meta tras tantas penurias y descubrir que los noruegos se les habían adelantado por cerca de un mes: “¡Dios santo! Es un lugar espantos, y más para nosotros que hemos sufrido horrores para llegar hasta aquí sin obtener la recompensa de ser los primeros”. No podía imaginar en ese momento que lo peor estaba por llegar: él y sus hombres morirían al poco, atrapados en el desierto helado.

amundsen01. La carrera contra Scott

La carrera contra Scott

Capitaneados por Roald Amundsen los expedicionarios noruegos llegaron ala bahía de las Ballenas el 14 de enero de 1911. Desde allí se dispusieron a adelantar a la expedición británica liderada por Scott. 
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
 Por paradójico que parezca, ninguno de los dos logró alcanzar su sueño. Amundsen no dejó que el éxito le emborrachara y escribió con una lucidez asombrosa cuando se trata de analizarse a uno mismo que: “Seguramente nunca un hombre se ha enfrentado, como me pasaba a mí, al hecho de haber alcanzado algo diametralmente opuesto a aquello con lo que ha soñado. Las regiones del polo Norte -sí, el mismísimo polo Norte- me habían atraído desde mi juventud, y heme aquí, en el Polo Sur, ¿Cabe imaginar mayor despropósito?”.

amundsen03. Los hombres de Scott

Los hombres de Scott

El equipo británico (Robert Falcon Scott, en el centro) vestía ropa de lana y cortavientos para arrastrar los trineos. Pero hacía falta algo más para sobrevivir. «Una expedición […] sin pieles está mal aviada», observó Amundsen.

Foto: Herbert Ponting
Ahora sí, el polo Norte, pero en avión Una vida como la de Amundsen dedicada por entero a la exploración no podía acabar con este capítulo, por muy triunfal que fuese. Así que en 1918 se lanzó a una nueva aventura con un nuevo barco, el Maud. Desafortunadamente, los siete años que dedicó al proyecto fueron un completo fracaso que casi acaba con la exitosa carrera del explorador. Sacó una conclusión clara de todo aquello: la época dorada de las expediciones en barco y trineos se había acabado; tal vez tocaba ir al polo Norte de otra forma.

Ya durante su gira por Europa después de conquistar el polo Sur se interesó por los aeroplanos, pero no fue hasta los años veinte, cuando la industria comenzó a construir mejores máquinas que se atrevió a imaginar el nuevo desafío: por fin llegaría al polo Norte, pero lo haría por el aire.
Mayo de 1925 fue la fecha escogida. Tras unas ocho horas de vuelo, los dos hidroaviones que formaban la expedición se vieron obligados a dar media vuelta, a tan solo 250 kilómetros de la meta. Ambos aviones comenzaron a dar problemas técnicos, y Amundsen aplicó algo que le escuchó decir hacía años a su héroe de juventud: “El polo no vale una vida”.

Aún así no se dio por vencido y tras sanear las maltrechas finanzas por el fracaso de la expedición anterior, logró prepararlo todo para, el 12 de mayo de 1926, poder llegar por fin al polo Norte; aunque esta vez, lo hizo acompañado por el ingeniero italiano Nobile y en un dirigible. Amundsen se convertía así en el primer hombre en estar sobre los dos polos de la Tierra. Nadie podía presumir de tanto palmarés como él. Ahora sí, tocaba parar y tomarse un merecido descanso.

amundsen08. La cara y la cruz

La cara y la cruz

Amundsen y sus cuatro compañeros, esquiadores expertos, alcanzaron la meta el 14 de diciembre de 1911. Pasaron tres días "marcando el Polo", esto es, realizando observaciones para determinar su ubicación exacta.  Por su parte el quinteto de Scott llegó 34 días después.
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
La última aventura de Amundsen Pero hay algo en el tipo de personas al que pertenecía Amundsen que hace que nunca logren estar contentos y sientan cada poco la tentación de volver a partir, de ponerlo todo en juego una vez más. Tiempo después de su última aventura, cuando parecía que Amundsen dejaba atrás los desafíos, llegó la noticia: Nobile, con quien había volado en el dirigible y con quien se había aireado una triste disputa entre ambos en las portadas de todos los periódicos internacionales, había sufrido una avería y había realizado un aterrizaje de emergencia en algún lugar del polo Norte. Su vida y la de sus compañeros estaban en peligro.

El explorador noruego Roald Amundsen esquiando

El explorador noruego Roald Amundsen esquiando

Foto: CordonPress
 Amundsen no se lo pensó dos veces. A pesar del enfrentamiento público entre ambos, aceptó ponerse a los mandos de un avión que el gobierno francés puso a disposición del equipo de rescate. La última vez que se vio con vida a Amundsen fue el 18 de junio de 1928, cuando despegó con mal tiempo. A las tres horas de vuelo, se perdió el contacto por radio y se le dio por desaparecido el avión. Pocos días antes del suceso, el noruego confesó en una entrevista algo parecido a un epitafio: “Sólo deseo que la muerte me llegue de una forma digna, mientras cumpla una gran misión, rápidamente y sin dolor".

Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/historia/roald-amundsen-explorador-que-llego-primero-polo-sur_14429/6

miércoles, 17 de enero de 2018

El peor viaje del mundo: la expedición de Scott al Polo Sur


Adelante, amigos míos,
no es demasiado tarde para buscar un mundo más nuevo.
Partid y, sentados en orden, aplastad
los sonoros surcos, pues tengo el propósito
de navegar más allá del crepúsculo y de las aguas
de todas las estrellas del oeste hasta que muera.
Acaso nos engullan los abismos,
acaso lleguemos a las islas afortunadas
y veamos al gran Aquiles, a quien conocemos.
Por mucho que se nos arrebate, mucho permanecerá;
y aunque ya no somos aquella potencia que antaño 
 movió cielo y tierra, somos los que somos.
Todos con la misma disposición, la de unos corazones heroicos
debilitados por el tiempo y el destino, pero resueltos 
a luchar, buscar, encontrar y no rendirse jamás.

TENNYSON, Ulises
Apsley Cherry-Garrard
   “La expedición polar es la forma más cruel y solitaria de pasarlo mal”

 “El peor viaje del mundo” es el relato de la mítica expedición a la Antártida que realizaron Robert Falcon Scott y sus compañeros entre 1910 y 1913. Escrito magistralmente por uno de sus participantes, Apsley Cherry-Garrard, en base a su diario de viaje y a fragmentos de algunos otros, entre ellos el del propio Scott, es considerado por muchos como el mejor libro de expediciones que se haya escrito nunca. Me ha dejado profundamente impresionado, así que no he podido resistirme a dedicar este post a este libro absolutamente imprescindible para todos los amantes de los viajes y la aventura.

Ante todo, el libro es una exaltación de la amistad, la lealtad, la superación personal y el amor a la ciencia y la naturaleza. Porque si algo diferencia la expedición de Scott a la de Amudsen, es que fue una expedición de carácter científico: “La expedición de Amudsen fue un ejemplo típico del espíritu competitivo de una nación, mientras que la de Scott fue fundamentalmente una empresa científica (prólogo)”. Amudsen quería llegar al Polo Sur lo antes posible y marcar un hito en la historia. La expedición británica , sin embargo, realizó diversos viajes en la Antártida, entre ellos el del polo Sur, con el afán de recuperar la mayor cantidad de datos y muestras científicas posibles. Entre sus expedicionarios había autoridades académicas en diversos campos científicos, tales como la zoología, la metereología, la geología y la oceanografía.

Si algo impresiona al lector de este libro, es que estos tipos estaban dispuestos a jugarse literalmente la vida sin titubear con tal de contribuir al conocimiento científico. Realizaron un viaje épico en pleno invierno antártico, suicida con los medios de esa época (y diría que con los de ahora), únicamente para alcanzar una colonia de pingüino emperador y conseguir unos huevos, ya que este ave era muy desconocida y no existían huevos en ningún museo del mundo por aquel entonces. Otro ejemplo: el grupo que consiguió llegar al Polo, formado por Scott y cuatro hombres más, nunca se deshizo de 14 kilos de muestras geológicas que llevaban en el trineo, a pesar de que ya presagiaban su muerte por agotamiento e inanición a pocas millas de un depósito de víveres.

La expedición del Terra Nova, nombre del barco que les condujo a la Antártida, se enmarca en el final de la época dorada de las grandes expediciones. Tiempo después, con la Primera Guerra Mundial de por medio, la mecanización y la tecnología terminarían con esta forma heroica e inhumana de afrontar estos viajes extremos. Tal era el coste y la complejidad de una de estas expediciones en la época, que la conquista del Polo Sur se ha comparado con la carrera espacial y la conquista de la Luna.

El Terra Nova
 Hasta ese momento la Antártida era un continente absolutamente desconocido. No existían mapas ni referencias. Con lo único que contaba Scott era con los datos del viaje de Ernest Shackleton, otro mito de las expediciones antárticas, hasta el paralelo 88°. Las condiciones de la Antártida, con las temperaturas más bajas del planeta, vientos huracanados, glaciares descomunales, una superficie helada muchas veces impracticable y sembrada de enormes grietas y un recorrido de más de 1.500 millas, requería al menos dos años de estancia permanente en el continente para alcanzar el polo (fue el caso de Amudsen, tres en el caso de la expedición del Terra Nova). Era necesaria una gigantesca infraestructura: toneladas de material de expedición y científico, material para construir una base permanente, material de expedición y toneladas de combustible y comida para 65 hombres, 19 ponis y 34 perros durante toda la estancia. Sólo llegar a la Antártida en barco ya era de por sí arriesgado (el Terra Nova estuvo a punto de naufragar y el hielo reventó al Endurance de Shackleton en 1914 en otra expedición mítica).

Pero antes de comentar el libro, repasemos los viajes más importantes realizados en esta época al continente antártico:
  • 1901 – 1904 : Expedición británica del Discovery. Fue la primera expedición de Robert F. Scott, en la que Shakleton participó bajo su mando. Primera en sobrepasar los 80° de latitud sur, llegando hasta los 82°17’.
  • 1907 – 1909 : Expedición británica del Nimrod. Bajo el mando de Ernest Shackleton, alcanza los 88°23’S, quedándose a sólo 180 Km del Polo Sur.
  • 1910 – 1912 : Expedición noruega del Fram. El 14 de diciembre de 1911 se llega por primera vez al Polo Sur bajo el mando de Roald Amudsen.
  • 1910 – 1913 : Expedición británica del Terra Nova. Segunda expedición de Scott, en la que alcanza un mes después que Amudsen el Polo. Scott y cuatro de sus hombres mueren durante el regreso a la base.
  • 1914 – 1916 : Expedición británica del Endurance. Tercera expedición de Ernest Shackleton y una de las últimas expediciones de la edad heroica de la exploración antártica. El barco quedó atrapado y reventado por el hielo marino, y sus hombres tuvieron que realizar un viaje de regreso a pie y en bote salvavidas hasta tierra firme, que pasará a los anales de la historia como el paradigma de liderazgo de expediciones en condiciones extremas.
Pero, ¿Cuál es el escenario de todas estas expediciones polares? La Antártida es el continente más elevado de la tierra con una altitud promedio de 2.000 msnm (el punto más alto es el Macizo Vinson, 4.900 m) y con una superficie de 14 millones de km2. Alberga alrededor del 80% del agua dulce del planeta. Gran parte se encuentra cubierta por un gigantesco casquete de hielo (la llamada planicie o meseta antártica), que corresponde al 90% de la parte de agua helada del planeta y cuyo espesor promedio es de 2.500 m, lo que equivale a casi 5 km de hielo sobre algunos lugares de su estructura rocosa.


El Polo Sur se encuentra sobre esta meseta a 2.835 m de altitud. Se estima que el espesor de la capa de hielo en el Polo Sur es de unos 2.700 m, con lo que el suelo de tierra estaría prácticamente a nivel del mar.

Los vientos pueden ser huracanados y la temperatura mínima registrada ha sido de -89,3 °C (estación antártica rusa de Vostok, 21 de julio de 1983). En la expedición del Terra Nova, la mínima que registraron durante el viaje de inverno al cabo Crozier fue de -59,9 °C (tan honesto es Cherry-Garrard en su relato que no redondea a -60 °C)

Supongo que ahora os empezais a hacer una idea de lo que era a principios del siglo XX llegar al Polo con estas condiciones. En el caso de la expedición de Scott, se eligió como punto de partida el cabo Evans, en la isla de Ross. Allí se instaló la base-refugio. Esta isla se encuentra en un extremo de la gran barrera de hielo de Ross (una extensa plataforma helada entre el continente y el mar del mismo nombre). La expedición de Amudsen situó su base en la Bahía de las Ballenas, en el otro extermo de la misma barrera, como podéis ver en el mapa de abajo.

Región de las expediciones polares de Scott y Amudsen
Recorridos seguidos por las expediciones de Scott y Amudsen
El cabo Evans, en la isla de Ross, la base de la expedición Terra Nova
  Para llegar al Polo Sur era necesario recorrer tres zonas muy diferentes: la mencionada plataforma de Ross, el glaciar Beardmore (un gigatesco glaciar de 160 km que atraviesa la cadena montañosa Transantártica) y parte de la meseta antártica. Había que hacerlo obviamente durante el verano. Desde la base hasta el polo había una distancia de más de 1.500 millas y el viaje para el grupo de Scott, el que llegó al polo, duró cinco meses. Cuando llegaron encontraron una bandera noruega y una nota de Amudsen, pero esto no les desmoralizó. Murieron durante el regreso a unas 11 millas de un depósito de víveres.

¿Cuál era la estrategia para llevar a cabo tal hazaña? Pues algo parecido a lo que se realiza en una escalada a un ocho mil, sólo que extendiéndose más de dos mil kilómetros en la horizontal en vez de en la vertical. Se van instalando a lo largo de todo el recorrido depósitos de material, víveres y combustible. Para ello, se organizan varias expediciones previas de varios equipos de hombres, cargados con toneladas de material que van montando estos depósitos y dando media vuelta al llegar a un determinado punto: algunos recorrieron parte de la plataforma de Ross, otros llegaron hasta el pie del glaciar Beardmore, otros llegaron a la cima del glaciar, unos pocos recorrieron un pequeño tramo de la planicie y finalmente el equipo de Scott, formado por Wilson, Oates, Bowers y el marinero Evans llegó hasta el polo. La idea es ir cada vez más ligero de equipo y tener los víveres para el viaje de regreso distribuidos a lo largo de todo el trayecto.

Los grupos estaban generalmente compuestos por 4 hombres
 El principal medio de transporte elegido por Scott, que para algunos fue el motivo de la tragedia, fueron ponis siberianos y de manchuria. Sin embargo, en la plataforma de Ross también se probaron trineos a motor (dieron mal resultado y fueron más bien una cuestión experimental) y se llevaron perros hasta la base del galciar Beardmore. Más allá del glaciar, Scott apostó por tirar ellos mismos de los trineos equipados con esquís (algo también criticado). La estrategia seguida por Amudsen fue ir con los tiros de perros hasta el mismo Polo Sur. Partió con gran cantidad de ellos, ya que los animales más débiles o que murieran servirían de alimento a los más fuertes. Scott no creía posible subir el glaciar Beardmore con trineos tirados por perros y además le repugnaba la idea del sacrificio de los animales como parte de la estrategia para llegar al polo.

El grupo del Polo
  En realidad, la muerte de Scott y sus compañeros se debió más bien a un cúmulo de desgraciadas circunstancias. Las principales fueron un tiempo pésimo en la plataforma durante el viaje del regreso (se registraron temperaturas absolutamente inusuales para la época, que con frecuencia pasaban los -40 °C), un terreno complicadísimo, la pérdida inexplicable de gran parte del queroseno que almacenaron en los depósitos y una ventisca final que les mantuvo varios días sin poder salir de la tienda que fue su ataúd, donde se les terminó la comida y el combustible que les quedaba, a pocas millas del llamado Depósito de una Tonelada. Si lo hubieran alcanzado, es casi seguro que hubieran sobrevivido.

En la tienda
 Un dato que revela el heroísmo y la solidaridad de estos hombres fue la muerte de Oates. Se dio cuenta de que ya no podía proseguir porque tenía un pie congelado y sería un lastre para el resto del grupo. Estando dentro de la tienda un día de fuerte ventisca, dijo a sus compañeros:

“Bueno, voy a salir un momento. Puede que tarde un poco”

Hay que tener en cuenta que en este viaje no era posible un rescate. Todos sabían que si un hombre enfermaba y no podía valerse por si mismo podía suponer un lastre mortal para el grupo. En este sentido, comenta Cherry-Garrard:

“Prácticamente todos los hombres que emprenden viajes de gran envergadura por el polo deben plantearse la posibilidad de suicidiarse para salvar a sus compañeros; a la dificultad que esto supone no hay que darle demasiada importancia, pues si las cosas se tuercen mucho, en algunos aspectos es más deseable morir que vivir. Durante el viaje de invierno llegamos a ese extremo. Recuerdo que hablé del asunto con Bowers, quien planeaba quitarse la vida con una piqueta si se veía en la necesidad, si bien ignoro cómo lo habría hecho. También se podría recurrir a una grieta, me dijo, y en cualquier caso siempre quedaba el recurso del botiquín [morfina].”

Para que os hagáis una idea, las circunstancias del viaje de regreso fueron tales que el sólo hecho de calzarse antes de ponerse en marcha les podía llevar hasta una hora y media.

Uno de los últimos días, cuando ya son conscientes de su trágico destino, Scott escribe en su diario:
“Prácticamente le he ordenado a Wilson que nos entregue los medios para poner fin a nuestros males; … a Wilson no le ha quedados más remedio que obedecer, y es que de lo contrario habríamos saqueado el botiquín. Disponemos de 30 tabletas de opio, y él se ha quedado con un tubo de morfina.”

Las últimas anotaciones en el diario de Scott fueron:
“Me parece una lástima, pero creo que no puedo seguir escribiendo.”
“Dios mio, por lo que más quieras, cuida de nuestra gente.”

También tuvo el aplomo de escribir emotivas cartas de despedida y pésame para las esposas de sus compañeros, que se pueden leer en el libro.

Otro increíble viaje que tuvo lugar durante la expedición del terra Nova fue el viaje de Invierno, que duró cinco semanas y fue llevado a cabo por Wilson, Bowers y el propio Cherry-Garrard. Este es el que más me ha impresionado. Arrastrando dos trineos con 348 kilos de material, comida y queroseno, se propusieron llegar a una colonia de pingüino emperador situada al otro lado de la isla de Ross, en el cabo Crozier. En esa época se desconocía casi todo acerca de este ave, pues al criar en el invierno antártico nadie había podido recoger un huevo y estudiar la embriogénesis, muy importante a la hora de aportar luz sobre su evolución, pues se la consideraba la más primitiva de las aves.

Aunque la distancia recorrida fue muchísimo menor que la del viaje al polo (el cabo Crozier se encuentra a sólo 67 millas del cabo Evans, en la misma isla de Ross), las condiciones fueron terroríficas: oscuridad durante todo el día y temperaturas de entre -40 y -50 °C de forma habitual, llegando hasta los -59,9 °C, vientos de hasta fuerza 11 y una superficie de hielo caótica entre la costa y la plataforma de Ross sembrada de enormes grietas. A pesar de todo lograron llegar a la colonia y recoger varios huevos (es especialmente emotivo el momento en que oyen los gritos de los pingüinos en medio de la obscuridad). Las condiciones del viaje fueron pavorosas. Los sacos de dormir se congelaban y quedaban duros como tablas. Tardaban más de media hora en descongelarlos, a base de golpes, y otro tanto para conseguir meterse dentro. La noche era el momento más infernal. Cuenta Cherry-Garrad que en ocasiones los temblores que sufría eran tan fuertes que pensaba que se le iban a romper los huesos. Una noche durante una terrible ventisca, en una especie de refugio improvisado con piedras y una lona, el viento la arrancó y se quedaron a la intemperie tres días en los sacos de dormir, cubiertos por la nieve y esperando lo peor. Tuvieron que regresar urgentemente pues no iban a sobrevivir en esas condiciones. Lo que salvó a estos hombres no fue su condición física, ni su equipo, ni la divina providencia, fue su voluntad inquebrantable. Siempre siguieron a delante, a pesar de que lo que deseaban, tal y como describe Cherry-Garrad, era caer lo antes posible en una profunda grieta y morir.

Algunos comentarios resultarían hasta cómicos, si no fuera por lo terrible de las circunstancias:

“Una vez fuera [de la tienda], alcé la cabeza para mirar alrededor, pero entonces descubrí que no podía bajarla. Llevaba allí unos quince segundos, y la ropa se me había quedado rígida, por lo que me pasé cuatro horas arrastrando el trineo con la cabeza levantada. A partir de entonces tuvimos cuidado de agacharnos para ponernos en posición de arrastre antes de que se nos helara la ropa”.

Lo que más me ha impresionado de esta historia no es la expedición en sí, es la aventura humana de unos hombres que no dejaron de escribir en sus diarios hasta en las más espantosas condiciones, algunos como Scott hasta el día de su propia muerte; que no dejaron de tomar datos científicos aún contemplando la posibilidad de que quizás nadie los leyera; que colaboraron codo con codo hasta la extenuación en todas las tareas de la expedición sin la más mínima discusión y con el mayor de los entusiasmos y, sobre todo, el comprobar lo desconocido de los límites físicos y psíquicos del ser humano en las condiciones más extremas que uno pueda imaginar. La última frase del libro es su perfecto resumen:

“Si hace usted su correspondiente viaje de invierno, obtendrá su recompensa, siempre y cuando lo único que desee sea un huevo de pingüino.”


"Para nosotros sólo existe el intento. El resto no es cosa nuestra." 
 T. S. Eliot

jueves, 13 de julio de 2017

Se desprende de la Antártida uno de los mayores icebergs del mundo

 El océano contiene petróleo, gas, diamantes y oro; desgraciadamente, también hay agua...
Anónimo

Se desprende de la Antártida uno de los mayores icebergs del mundo
La grieta en la Plataforma Larsen C se ha abierto definitivamente (John Sonntag / AFP)
 El iceberg, que se espera sea denominado A68, pesa más de un billón de toneladas
 
Estaba anunciado. Tras ampliarse otros 17 kilómetros entre el 25 y el 31 de mayo, según las observaciones de los especialistas del proyecto MIDAS, un trozo de la Plataforma Larsen C en la Antártida se ha convertido en el iceberg de mayores dimensiones conocido en los últimos decenios, con 5.800 kilómetros cuadrados, tal y como han confirmado la Universidad de Swansea y el British Antarctic Survey.

Este miércoles, y tras crecer la grieta desde entonces los 13 kilómetros que le faltaban para alcanzar el mar, un satélite estadounidense observó el iceberg desprendido sobre el mar. Se calcula que el bloque gigante cubre un área de aproximadamente 6.000 kilómetros cuadrados. Los responsables del proyecto Midas -de origen británico en su mayoría- indican que estas dimensiones equivalen más o menos un cuarto del tamaño de Gales. Para tener una idea aproximada de esta dimensión se debe recordar que la isla de Mallorca tiene una superficie de 3.640 km2.

imágenes por satélite de la partición d ela plataforma Larsen C
imágenes por satélite de la partición d ela plataforma Larsen C (Adrian Luckman / AFP)
 En un comunicado, los expertos en estudios antárticos de la universidad galesa de Swansea indicaron que el desprendimiento se produjo entre el 10 y el 12 de julio, cuando el iceberg se separó del segmento Larsen C del continente blanco.

El iceberg, que se espera sea denominado A68, pesa más de un billón de toneladas, según Midas, que ha precisado que la ruptura fue detectada por el instrumento satelital Aqua MODIS de la NASA.

Los científicos esperaban este evento. La grieta llevaba ampliándose durante más de una década. La propagación de la fisura se había acelerado desde 2014, haciendo cada vez más probable la inminente separación.
Larsen C rift animation uses InSAR to illustrate recent jumps in rift progression. Waiting for the final one!

El iceberg ha estado cerca de romperse desde hace unos meses. Durante todo el invierno antártico, los científicos monitorearon el progreso de la grieta en la plataforma de hielo usando los satélites de la Agencia Espacial Europea.

“El iceberg es uno de los más grandes registrados y su progreso futuro es difícil de predecir”, dijo Adrian Luckman, profesor de la Universidad de Swansea e investigador principal del Proyecto MIDAS, que ha estado monitoreando la plataforma de hielo durante años.

@adrian_luckman
The Larsen-C rift opening over the last 2 years from
 “Puede permanecer en una sola pieza pero es más probable que se rompa en fragmentos. Algunos trozos de hielo pueden permanecer en el área durante décadas, mientras que partes del iceberg puede derivar hacia el norte hasta aguas más cálidas”, agregó.

Este inmenso iceberg a la deriva aumentará los riesgos para los buques ahora que se ha roto. La península está fuera de las principales rutas comerciales, pero sí es uno de los principales destinos de los cruceros que visitan desde Sudamérica.

En 2009, más de 150 pasajeros y tripulantes fueron evacuados después de que el MTV Explorer se hundió tras de golpear un iceberg de la península antártica.


Tras los pasos de Larsen A y Larsen B
Las plataformas de hielo Larsen A y B, situadas más al norte en la Península Antártica, se derrumbaron en 1995 y 2002, respectivamente.

“Esto dio lugar a la aceleración dramática de los glaciares , con mayores volúmenes de hielo que entran en el océano y contribuyen a la elevación del nivel del mar”, dijo David Vaughan, glaciólogo y director de ciencia en British Antarctic Survey.

“Si Larsen C comienza a retroceder significativamente y eventualmente se derrumba, entonces veremos otra contribución al aumento del nivel del mar”, agregó.

Icebergs y cambio climático
Los grandes icebergs se rompen habitualmente en Antártida, lo que significa que los científicos no están vinculando la fisura al cambio climático artificial.

“En los meses y años siguientes, la plataforma de hielo puede volver a crecer gradualmente, o puede sufrir más eventos de partición que eventualmente pueden conducir al colapso - las opiniones en la comunidad científica están divididas”, dijo Luckman.

”Nuestros modelos dicen que será menos estable, pero cualquier colapso futuro permanece años o décadas lejos.”
 
Más información en La Vanguardia Natural:Así será el iceberg más grande del mundo

Fuente: http://www.lavanguardia.com/natural/20170712/424073221164/mayor-iceberg-historia-antartida-larsen-c.html