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miércoles, 9 de julio de 2014

Yo decido El Tren de la Libertad



En diciembre de 2013, el Gobierno presentó un anteproyecto de la ley del aborto que causó una fuerte conmoción. La reforma convertía a la legislación española en una de las más restrictivas de Europa, lo que generó una oleada de protestas.

La comunidad de mujeres empezó a movilizarse de manera espontánea pero organizada. Desde Gijón, la Tertulia Feminista les Comadres tomó la iniciativa y organizó una marcha popular dirigida a Madrid. Su Tren de la Libertad fue el resultado, una expedición orquestada desde distintas ciudades hacia la capital que culminó en las protestas del 1 de febrero de 2014 frente al Congreso. 

A estas marchas se unió la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales CIMA mediante el llamamiento cinematográfico de una de sus vocales, la directora de cine Chus Gutiérrez. “Ven más 20 cámaras que una”, fue su apelación para que cualquier persona tomara imágenes de las marchas. Vídeos que, junto al despliegue de 20 unidades de trabajo enviadas por CIMA, dieron lugar a más de 200 horas de material, seleccionadas ahora en un filme en el que han colaborado cineastas como Ángeles González-Sinde, Isabel Coixet, Gracia Querejeta e Icíar Bollaín. 

Yo decido. El tren de la libertad es el producto final, un documental que se estrena el jueves 10 de julio en toda España, con más de 90 sesiones gratuitas [El Confidencial ofrecerá el filme en su página a partir del viernes 11 de julio].
La película aúna los gritos y cánticos que se oyeron en Madrid el 1 de febrero, pero también retrata la repercusión que tuvo fuera de España. Ámsterdam, Londres, Buenos Aires, Roma y París fueron algunas de las ciudades que se movilizaron.

El recorrido hacia el Congreso de los Diputados, las protestas en otras ciudades, las acciones simbólicas contra la reforma y los testimonios de los manifestantes ilustran el rechazo a la ley. "Es un retroceso que supone volver a luchar por un derecho ya adquirido", según comenta Virginia Yagüe, presidenta de CIMA y guionista.

El mismo punto de vista lo comparte Inés París, vocal de la asociación y directora de cine, que destaca el carácter espontáneo de la obra y el hecho de que sea autogestionada. "El proyecto ha demostrado que hemos creado una comunidad sólida y comprometida de mujeres en el audiovisual español", apunta la directora de Miguel y William.

El documental repasa los antecedentes de la lucha por los derechos de la mujer en España y recoge las palabras de mujeres que se ven obligadas a salir a la calle y manifestarse por el mismo asunto por el que ya lo hicieron cuando eran jóvenes. La escritora Rosa Montero evoca en el filme sus experiencias previas a la legalización del aborto: "He acompañado a personas a Londres a abortar, he acompañado a personas a un aborto clandestino aquí y también he acompañado a alguna amiga después a urgencias porque se estaba muriendo de una mala intervención". 

Sin embargo, el carácter testimonial de la película se mezcla con unas intenciones reflexivas, que apelan a la movilización ciudadana contra la reforma: "El objetivo primordial es hacer reflexionar. Vemos la película como un motor de movilización", zanja Virginia Yagüe.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Aún podemos serlo más

Patatas traigo.

The Feminazi Crew is coming for you
Como soy mujer (tengo útero y tal) permítanme que aunque no esté en uno de “esos días” me ponga un poco histérica con la matraca que está de moda entre las feministas (feminazis gustan ustedes de llamarnos) como yo, que como todos sabéis, somos cejijuntas, odiamos a los hombres, nos gusta matar niños, y solemos llevar el bolso lleno de denuncias falsas de maltrato. ¿Lo adivináis? Sí, voy a hablar de la reforma de la Ley del Aborto. Mejor dicho, me voy a cagar en la reforma de la ley del aborto, así que si sois de los que pensáis que una mujer por el hecho de haber nacido, es decir, de que su progenitora no practicara un aborto después de la concepción de una servidora, debería callarse para los restos, podéis dejar de leer en este punto, porque vuestro manido argumento de “si tu madre hubiera abortado ahora no estarías dándome por culo con tus opiniones” ya me lo han dicho muchas veces, y aún así tengo la asquerosa manía de seguir hablando, y lo que es peor, de seguir opinando (desagradecida con la vida que es una, oiga).

Pues bien, como mujer adulta; como hija de una joven adolescente a la que obligaron a ser madre con 16 años; como nieta de una mujer que tuvo que hacerse cargo de sus dos hijas y sus dos hijos además de su nieta no deseada a base de trabajar hasta casi los 70 años limpiando la mierda de aquellas cuyas hijas sí se podían permitir ir a Londres a abortar sin que nadie las tratara como trataron a mi madre, a mi abuela o a una misma; como hija de un padre biológico que, junto a su familia, se desentendió completamente del desafortunado asunto; hablo convencida de que la restricción del acceso al aborto libre, seguro y gratuito, especialmente en un contexto de crisis económica como el que vivimos, es infame, es malévolo, y es, en definitiva y por situarme en los mismos términos que maneja este gobierno, inmoral.
No es legislar a favor de la vida, sino que es legislar a favor del aborto clandestino, y por tanto, de la muerte de mujeres
Pese a que el debate tiende a centrarse en los aspectos más esperpénticos de la reforma como la supresión del supuesto de malformación fetal , o el hecho de que sólo se nos conceda la posibilidad de decisión de las mujeres en caso de que hayamos sido violadas (en cualquier otro caso depende de juicios médicos), creo que va siendo hora de que se plantee abiertamente el quid de la cuestión, que no es otro que la negación sistemática del derecho a decidir de las mujeres sea cual sea su situación económica, mental o social. Por eso, aprovecho estas líneas para reivindicar el derecho de cualquier mujer a decir que no le sale del coño parir ni ser madre, pese a que pueda tener una buena situación económica, pese a que tal vez tenga pareja estable, casa propia, coche monovolumen, y veranee en Calpe todos los años. Hablo del derecho de esas mujeres a decir “No porque no” y a que esa decisión se respete, que no sea necesario haber sido víctima de violación, ni justificar esa decisión con la falta de ingresos, o amparándonos en un supuesto riesgo para nuestra salud física o psíquica (siempre que sea un riesgo “permanente o duradero en el tiempo”, claro) que no tengamos que fingirnos locas para justificar hacer con nuestra vida lo que nos salga del potorro.
El cristofascista proyecto de ley que se aprobará más pronto que tarde, relaciona la decisión personal de abortar con la enfermedad mental, anteponiendo el criterio de “salud” al derecho a decidir de las mujeres, porque para nuestro querido Ministro de ¿Justicia?, las mujeres somos seres infantilizados sin poder de decisión. Para él y sus secuaces, las mujeres no somos más que incubadoras forzosas al servicio de las necesidades demográficas de las políticas económicas.
El número de interrupciones voluntarias del embarazo bajó un 5% en 2012 en España con la ley quieren derogar
Pues mira, no. Podría argumentar cuidadosamente cada uno de los motivos por los que esta ley es una vergüenza, entrando en su juego estadístico sabiendo que esa baza dialéctica está ganada (y ellos también lo saben porque si no, no hubieran suprimido de la web del ministerio de sanidad los datos que revelaban que el número de interrupciones voluntarias del embarazo bajó un 5% en 2012 en España con la ley quieren derogar, y no fue hasta que esta omisión saltó a la prensa que subsanaron tal inocente desliz). No, no voy a hablar del horror que supone parir hijos con enfermedades incompatibles con la vida al mismo tiempo que se suprimen las ayudas de dependencia, ni voy a hablar de las peticiones específicas que el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas hizo al Gobierno español para que garantizase la implementación de la Ley 2/2010 con el objetivo de asegurar a todas las mujeres el acceso a abortos seguros y legales; ni de las advertencias que el Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la salud, de la Organización Mundial de la Salud y del Consejo de Europa, que ponían de manifiesto que las leyes restrictivas del aborto no consiguen reducir el número de éstos, (aunque como ya he dicho esto ellos ya lo saben) sino que, al contrario, contribuyen a incrementar el número de procedimientos ilegales e inseguros, así como la mortalidad materna. No voy a insistir en la obviedad de que legislar en contra del aborto seguro, libre y gratuito, no es legislar a favor de la vida, sino que es legislar a favor del aborto clandestino, y por tanto, de la muerte de mujeres.

No. Simplemente voy a reafirmar algo que ellos ya saben por más que les moleste, y es que la mujer que no quiera ser madre, por lo motivos que sean, no lo va a ser. Y no lo va a ser simplemente porque no nos sale del coño. Así de brujas somos (malas, malaaaas). Y si nos obligan a incumplir la ley, a recurrir a métodos clandestinos, a orientar nuestros ingresos a ello, o incluso a jugarnos la vida, esto les pasará factura. Porque por más que les joda, nosotras seguiremos decidiendo en el único espacio en el que somos inherentemente autónomas para decidir, el único espacio en el que ellos no tienen ni voz ni voto: en nuestros cuerpos. Así que ándese con ojo, señor Gallardón, y deje de tocarnos el coño, porque no sabe todo lo putas, gordas, brujas, e histéricas que podemos llegar a ser.

Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2014/03/26/aun-podemos-serlo-mas/

sábado, 8 de marzo de 2014

Yo decido quien entra y quien sale

Anna Grimal trabaja de camarera y hace sus "pinitos" con trabajos de ilustración. Vive en Palafrugell (Gerona). "La reforma propuesta por Gallardón es algo que aún no concibo, no me entra en la cabeza. Quería hacer también un juego contra las violaciones: tú decides todo", explica. "Es suave porque yo siempre dibujo un poco 'naïf'; quería que fuera 'punki' pero sin dejar mi estilo." Este sábado irá a trabajar y no tiene planeado manifestarse.

Más información:  http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/03/06/alb
                           http://elpais.com/elpais/2014/03/07/album/1394196353_624381.html#1394196353_624381_1394197179
                           http://periodismohumano.com/seccion/mujer

jueves, 20 de febrero de 2014

Las vidas sin derechos de las mujeres

El aborto no es ni ha sido nunca un derecho, dicen los juristas.

El aborto es y ha sido siempre cosa de mujeres y las mujeres no han sido sujeto de derecho hasta hace muy poco. De ningún derecho, ni siquiera del derecho a la vida.

La vida, que según algunos arranca justo después de la fecundación del óvulo por el espermatozoide. Esa célula invisible y tan poco viable que, en la inmensa mayoría de los casos, no prospera, se degrada y es eliminada con el resto de los desechos del cuerpo de la mujer.

Porque es el cuerpo de la mujer, el derecho a la vida de la mujer, lo que se ha ignorado desde los albores de la historia hasta ayer mismo. Los teólogos y moralistas que tan enfáticamente defienden ahora los "derechos" de una célula invisible, han ignorado los millones de mujeres que han muerto a lo largo de la historia a causa de abortos-carnicería. Desde su perspectiva, esas mujeres no merecían misericordia porque, con su consentimiento o sin él, habían concebido fuera de los cauces legales, o habían atentado contra el mandato divino de parir con dolor; por ello, su muerte era un castigo merecido. Eso era justicia divina, la misma que las mataba en la flor de la vida en uno de sus innumerables partos.

Porque parir ha entrañado hasta hace un siglo grave peligro de muerte, casi todas tenemos abuelas y bisabuelas que murieron de parto. A pesar de lo cual las mujeres, todas las mujeres, desde las reinas hasta la última esclava, han estado obligadas a traer al mundo todos los hijos que Dios quisiera. Por razones de Estado las reinas, por la ley de Dios las buenas cristianas, por las necesidades de la sociedad todas. ¿Y si no había con qué alimentar a los hijos que venían? ¿Y si la madre moría y los dejaba a todos huérfanos? Los derechos de todas esas personitas reales que pensaban y sufrían nunca fueron tenidos en cuenta por los legisladores. En esas circunstancias podría pensarse que las que no podían parir eran afortunadas, pero esas eran las más desgraciadas. ¡Ay de aquellas mujeres infértiles, cuya vida era estéril, yerma!

¿Había alguna forma de escapar al destino de morir pariendo? Solo las que tuvieran la suerte de tener amplios diámetros pélvicos y resistencia a las infecciones podían salvarse. Porque las relaciones sexuales no eran, no han sido hasta hace muy poco, una elección, sino una obligación para las mujeres casadas (aún hoy en algunos países los maridos tienen derecho, por ley, a privar de la comida a sus mujeres si estas se niegan a tener relaciones sexuales con ellos). Una obligación de la que tampoco se libraban muchas mujeres solteras, y no hablemos de las prostitutas. Teniendo en cuenta que los anticonceptivos eficaces son un invento de hace medio siglo, el aborto, aun en el caso de que fuera realizado de forma inapropiada, muchas veces era preferible al embarazo y al parto.

Por eso ha habido abortos desde que hay historia y la información sobre sustancias abortivas, generalmente plantas, se ha difundido entre las mujeres y ha sido censurada por los hombres. Las mujeres han abortado siempre de forma segura o insegura, las casadas y las solteras, las nobles y las siervas. Mujeres de todas las clases sociales, con el consentimiento y ayuda de sus maridos o amantes o sin él. Y si el aborto ha fracasado (incluso el último recurso de la aguja de hacer punto), han sido ellas las que han cargado con el fruto del embarazo y el estigma de su pecado.

En una revolución sin precedentes, el siglo pasado los métodos anticonceptivos (que en su día también fueron anatemizados por todos los estamentos bienpensantes de la sociedad) primero, y los abortos seguros después, devolvieron a las mujeres su cuerpo. No a todas las mujeres, desde luego, solo a las del Primer Mundo, pero al menos nosotras hemos recuperado el cuerpo y la sexualidad que nos había sido robada hace miles de años.

Pero ningún derecho es inviolable, ningún logro irreversible, especialmente si se trata de mujeres. Un ministro prepotente de este Primer Mundo quiere eximirnos de la culpa de abortar, devolviéndonos al limbo de la minoría de edad. Una minoría de edad en la que estamos privadas del cuerpo y de la sexualidad, que debe de creer que es patrimonio exclusivo de los hombres.

Pero ahora las mujeres no sólo somos capaces de parir. También nos hemos lanzado a pensar, a protestar y a escribir. No sólo somos sujetos de derecho y podemos votar, también podemos legislar. Además, hay una inmensa mayoría de hombres que han ayudado a que sea así. Hombres de todas las clases sociales y de muy diversas tendencias ideológicas que estoy segura de que se abochornan de la forma de actuar de este ministro y no van a ser cómplices de ese nuevo robo del cuerpo de las mujeres que se quiere perpetrar. Porque esa mayoría de hombres, que ha ayudado a las mujeres de este país a llegar a donde estamos, sabe que es mil veces preferible tener compañeras a tener esclavas.

A todos los hombres y mujeres racionales les pido que olviden sus diferencias y se unan para impedir que un ministro obtuso siga insultando al país volviendo a condenar a la mitad de su población a la esclavitud de los embarazos no deseados.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Obsesos sexuales

Después de tantos siglos de represión, lapidación de la adúltera, marginación de la madre soltera, persecución de la homosexualidad, encubrimiento de la pederastia y demás perversiones que padecemos por parte de los iluminados intransigentes, es fácil concluir que este modelo dogmático de demonización de los impulsos que la naturaleza ha creado para que la especie no desaparezca, que llamamos sexo, ha fracasado.

Obviando el tema del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que para mí es incuestionable y que por supuesto hay que defender, por desgracia, todos los días (porque nuestros próceres nos imponen su sacrosanta moral machista, con la colaboración necesaria de sus compañeras, algunas disidentes de boquilla, otras orgullosas de reivindicar su condición de inferior), me gustaría abordar el tema de la reforma de la Ley del Aborto desde otro punto de vista.

Estos señores que basan su modelo de convivencia represivo en crueles dogmas doctrinarios, inmisericordes, disfrazados de humanismo que preconiza el amor a los débiles, a los desheredados, mientras lanzan pelotas de goma contra el que se está ahogando en el mar, sólo porque es negro y pobre, en lugar de rescatarle, lanzarle un salvavidas; los mismos, esos que hablan en nombre de dios, de su dios, el mejor del todos los dioses, esos hipócritas que dictan leyes contra la libertad y la normal convivencia de los distintos grupos que poblamos los pueblos y las ciudades, están enfermos, tienen la mente nublada por fantasías perversas y en su frustración sexual nos flagelan desde sus órganos de poder.

Que las parejas del mismo sexo adquieran una serie de derechos al contraer matrimonio les parece un “ataque a la familia”. Del mismo modo que sólo hay un dios verdadero, sólo existe un modelo de familia, el suyo. Entienden que esa institución solo tiene un sentido, un único fin: la reproducción. Pues muy bien, procedan, por mi parte pueden disponer en la mesilla de noche de un hisopo con agua bendita para rociar el camisón antes de contaminarse con el pecaminoso e inevitable trámite previo, pero déjennos en paz a los demás. Alguien debería contarles que ese tipo de prácticas tan alejadas de la naturaleza humana acarrea infinidad de conflictos psíquicos que, por desgracia, pagamos nosotros cuando estos seres acceden a los despachos donde se dictan las leyes.

Esta reforma llamada Gallardón con la que pretenden aproximarnos a su modelo de mundo, el del “valle de lágrimas”, no es sólo un ataque a la mujer, a la que vapulean cada vez que pueden, porque como es sabido es la mala en su libro sagrado que, por cierto, es una mala recopilación de otros anteriores, donde sólo aparece una buena y en el anexo, que para poder ser madre de un dios humano tiene que distinguirse de las demás a través de una inmaculada concepción: todas las otras están contaminadas, desde la primera. Como decíamos, esta reforma no es sólo un ataque a la mujer, sino la consecuencia lógica de la represión sexual en la que viven.

Esta ley nunca se hubiera planteado si nos reprodujéramos por esporas, pero es, precisamente, el hecho de que el sexo intervenga en la cuestión el que nos hace merecedores de un castigo, si no divino, porque dios nunca se pronuncia, terrenal, penal, carcelario. Quieren aplicarnos por otra vía la penitencia que ellos se imponen en su precaria existencia que a todas luces les parece miserable, no se entiende de otra manera su permanente lucha contra la libertad. El que vive en “estado de gracia” siente compasión por los demás, no desarrolla un permanente deseo de venganza. No son creyentes, sólo practicantes de un modelo de rito social al que siempre perteneció la élite, el poder, el dinero.

Son plenamente conscientes de que si los demás pueden llevar una vida sin prejuicios, sin una conducta que regule sus pulsiones sexuales sino, al contrario, dando rienda suelta a sus deseos e incluso desarrollando técnicas sofisticadas que incrementen el placer del acto, eso que se ha dado en llamar erotismo, que es al sexo lo que la gastronomía a la ingesta, hacer las cosas con un poco de arte; si ellos, reprimidos de por vida en esa inversión al más allá en la que creen obtener dividendos ofreciendo su castidad al ser superior, invisible, pero que todo lo ve, dieran por bueno el uso de la libertad, vivirían con la plena conciencia de estar desperdiciando su existencia, porque carecen de fe. En esa burda representación de lo espiritual no creen ni ellos, y para paliar ese sentimiento de frustración nos convierten en pecadores a los demás y, en tanto tales, merecedores de castigo. Salen a la calle y se llaman “pro vida” mientras aplauden que se ahogue a los pobres en el mar porque creen amenazados su privilegios. Serían los primeros condenados en "El Juicio Final”. ¡Ojalá fuera cierta esa patraña!

No queremos su absolución. No queremos usar su derecho al perdón a través de la confesión. No queremos caer en sus perversiones, ni en la justificación y encubrimiento de sus comunidades pedófilas, que ustedes comprenden tan bien. Tampoco nos gusta ese entramado financiero criminal que se ha creado en el Vaticano y que a nadie parece importarle, al que su recién cesado secretario de Estado, el cardenal Tarsicio Bertone, definió en su salida como “nido de cuervos y víboras”: yo no me atrevería a tanto, pero no lo conozco por dentro como él.

Obsesos sexuales, eso es lo que son. Insanos, perversos, dementes.

No, señores reprimidos, no queremos vivir en su hipocresía, en su doble moral, en su crueldad, en su ánimo de venganza patológico.

Estamos aquí para vivir en libertad.

Fuente:  http://laicismo.org//detalle.php?pk=30166

lunes, 17 de febrero de 2014

Así era la ley del aborto hace más de 2.000 años

Un recorrido por la interrupción del embarazo en tiempos de Grecia, Roma o Persia muestra lo poco que han cambiado los argumentos para defender o execrar esta práctica. Las leyes, en cambio, han variado mucho; mientras Persia era un adalid antiaborto, hoy Irán tiene supuestos por malformación que en España desaparecerían con la nueva ley



 “Cuando las parejas tengan demasiados hijos, dejemos que se realicen abortos antes de que dé comienzo la vida y el sentido”. Aunque este argumento podría haberse escuchado, con variantes, en un debate actual sobre el aborto, la cita la escribió Aristóteles hace unos 2.500 años. El texto recoge el sentir general de la Antigua Grecia en cuanto a esta práctica. La interrupción del embarazo era aceptada como medio de controlar la población de las ciudades-estado. Algo parecido sucedía en Roma. Otras civilizaciones coetáneas, sin embargo, consideraban al feto un ser humano y, por tanto, sujeto a “derechos humanos”, una postura igual a la que defienden hoy algunos sectores en España y otros países. De hecho, un reciente estudio que ha comparado cómo eran las leyes del aborto en tres grandes culturas de la antigüedad muestra que el trasfondo del debate del aborto tenía, hace más de 2.000 años, muchas similitudes con el actual.

Varios estudios han explorado la tolerancia al aborto en las cultura clásicas. La interrupción del embarazo era una legítima forma de controlar la población defendida por los cráneos más privilegiados de Grecia, incluidos Platón y Aristóteles.

Al igual que hoy, un tema como este no estaba exento de enfrentamientos. Por ejemplo, un estudio reciente resalta que en Grecia había médicos que se negaban a practicar cualquier tipo de aborto por su juramento hipocrático. En la actualidad, en España no faltan voces que mantienen lo mismo. Sin embargo no está claro si el juramento original de los médicos incluía la prohibición relativa al aborto. Hay estudios que apuntan a que su inclusión fue posterior y por influjo de los pitagóricos, la única gran escuela de pensamiento griega que se oponía a cualquier aborto, pues lo consideraban un “asesinato”. Esto se debía a que pensaban que el “alma”entraba en el cuerpo en el momento de la fertilización, según resalta otro trabajo muy reciente sobre el tema. Sin embargo, puede que el propio Hipócrates, el médico heleno que dio nombre al juramento, no fuera de esta opinión, pues señalaba que el feto no tenía vida hasta, al menos, los 40 días. De cualquier forma, el eco de los “asesinatos” pitagóricos o los plazos de Hipócrates recuerdan a argumentos usados hoy para defender o execrar el aborto.


En Roma abortar también era tolerado, pero esa tolerancia no tenía mucho que ver con la civilización, al menos tal y como la entendemos hoy. Los hombres tenían derecho a hacer que su mujer abortara si no querían su hijo, pero si estas lo hacían por su cuenta podían ser castigadas y su marido tenía derecho a exigir el divorcio, según relata el estudio mencionado, publicado en Acta Medico-Historica Adriatica. Por lo general, las normas del aborto trataban de atender las necesidades del hombre más que de la mujer, algo que los romanos compartían con los griegos.

El aborto en Roma fue “popular” hasta el año 374, cuando el imperio atravesaba ya una crisis militar y económica que le llevaría a su desaparición. Unos años antes, la Iglesia católica había comenzado a “condenar” a todas las mujeres que abortaban, que debían expiar su pecado durante diez años, resalta el estudio.

Irán y España
En aquellos tiempos, una de las potencias pujantes contra Roma era Persia, un lugar donde las leyes del aborto eran totalmente diferentes, según relata el estudio, realizado por historiadores de la medicina y la ciencia de Irán. “Los antiguos persas valoraban el feto y lo equiparaban con cualquier otra persona”, añade.
En la civilización persa anterior a la invasión musulmana se consideraba que la vida de un ser humano comenzaba con la fertilización y existían “duras” leyes en contra de cualquier tipo de aborto, resaltan los autores. Esas leyes obligaban a parir a las mujeres aunque sus hijos fuesen fruto de una violación y establecían diferentes vigilantes para asistir al parto y asegurarse de que el bebé era mantenido en condiciones. A cambio existían normas que aportaban dotaciones de alimentos a mujeres embarazadas y también bajas maternales, según detalla el trabajo mencionado.

Hoy las cosas han cambiado. En Irán, actualmente una república islámica, abortar sigue siendo difícil para algunas mujeres a pesar de la liberalización del aborto realizada en 2005. Entre otras cosas, la ley recoge decenas de enfermedades y defectos del feto en cuyos casos se permite abortar previa admisión por parte de las autoridades. En España, el nuevo proyecto de ley del aborto elimina el supuesto por malformación o defectos en el feto. Mientras, en la calle, en las iglesias y en los medios siguen oyéndose argumentos que recuerdan a los que se esgrimían hace más de 2.000 años.

Fuente:  http://esmateria.com/2014/02/17/asi-era-la-ley-del-aborto-hace-mas-de-2-000-anos/

martes, 11 de febrero de 2014

La extrema derecha se concentra en torno a los movimientos antiabortistas

No al aborto, sí a la banderaLos antiabortistas y ultracatólicos españoles han decidido unir fuerzas para presentar su propia candidatura a las elecciones europeas, en las que intentarán medir el respaldo social hacia lo que sus militantes definen como “derecho a la vida”. Alternativa Española (AES), Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) y el Partido Familia y Vida (PFyV) darán a conocer en los próximos días la marca oficial de la primera coalición provida, consagrada en cuerpo y alma a la defensa de una ley del aborto aún más restrictiva.

“Entre nuestras formaciones pueden existir algunas diferencias mínimas, pero no precisamente en los valores innegociables de la vida, la familia y la educación de los hijos”, resumió a Público el representante del PFyV en Euskadi, Miguel Aguilella. Este firme activista contra el aborto jamás se había sentido tan acompañado: a diferencia de anteriores experiencias electorales, en las elecciones europeas del próximo 25 de mayo su partido irá de la mano de AES y CTC, por lo que confía en superar los humildes resultados obtenidos en cada una de las contiendas a las que han presentado listas.

Sus nuevos compañeros de la CTC -una de las corrientes más radicales de lo que aún queda del carlismo- también están entusiasmados. “Vamos a intentar que haya -al menos- un eurodiputado español que defienda los principios de defensa de la vida, la familia como Dios manda, la libertad de educación y las raíces cristianas de Europa. Los optimistas pensarán que es mucho. Los pesimistas que es poco. En cualquier caso, es lo que es”, señalaron sus responsables en una nota dirigida a sus “afiliados y simpatizantes”.

Sumando más sectores
Si bien el acuerdo tripartito se firmó a mediados de noviembre pasado, los integrantes de la coalición aún realizan gestiones para tratar de sumar a distintas asociaciones antiabortistas de distintas zonas del país. Sus potenciales compañeros de viaje están en la Coordinadora por la Vida, una plataforma compuesta por 61 organizaciones del mundo ultracatólico y de la extrema derecha. Entre ellas figura Falange Española de las JONS, un partido que de momento se mantiene al margen de cualquier coalición. En ese contexto, Aguilella asegura que existen “muchas coincidencias” con los integrantes de la mencionada coordinadora, pero evita dar más pistas.

Los misterios se revelarán en los próximos días, cuando AES, CTC y PFyV hagan pública la marca con la que se presentarán a las elecciones europeas y los nombres de sus candidatos. “Estamos avanzando en las negociaciones”, asegura el representante de Familia y Vida. Uno de los aspectos que más inquieta a los miembros de estas formaciones es el resultado de las conversaciones entabladas con el Frente Nacional francés, un partido al que las encuestas auguran una exitosa participación en los comicios europeos de mayo próximo. “Se está hablando, pero todavía no hay una respuesta”, confirma Aguilella.

En realidad, el peso fuerte de las negociaciones con la formación de Marine Le Pen recae sobre AES, el partido ultraconservador que lidera el abogado Rafael López Diéguez, yerno del recientemente fallecido Blas Piñar. “Antes de que se conformase la coalición ya habían mantenido contactos, pero ahora todas las decisiones corresponden a la comisión tripartita”, indica el representante de PFyV, quien admite que existe más de una coincidencia ideológica con el Frente Nacional.

Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2014/02/11/extrema-derecha-concentra-torno-movimientos-antiabortistas/