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sábado, 30 de octubre de 2021

Ese dato llamado decrecimiento

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Cantera de pizarra en Valdeorras

En un planeta finito nuestro modelo económico supone pegarse un tiro en el pie. Lejos de ser una opción, el decrecimiento es una realidad. El partido que sepa implementar en su programa una economía compatible con los recursos naturales disponibles, lejos de perder votos, los ganará.  

  No hay partido político que se atreva a hablar de decrecimiento. En los manuales está que hablar de eso resta votos, así que mejor mirar hacia otro lado. Yo discrepo profundamente de tal prejuicio y quiero aprovechar que hoy es el Día Mundial del Decrecimiento para, brevemente, decir algo al respecto.

El decrecimiento no es una opción, es una realidad, así que no tenemos que hablar de él como de una posibilidad de futuro sino como de un hecho que ya se está dando y que hay que tener en cuenta cuando pensamos en como organizar nuestro modelo económico, social y de vida. Que los indicadores macro todavía señalen crecimientos productivos es porque, en los cálculos, se desprecian todas las externalidades negativas. El decrecimiento, en resumen, es un dato.

Tampoco es nada nuevo. El informe Los límites del crecimiento que elaboró el Instituto tecnológico de Massachusetts en 1972 ya planteaba de manera abierta que en un planeta finito nuestro modelo económico era como dispararse en el pie. No se puede crecer infinitamente en un planeta finito. De aquel aviso hace 50 años y estamos peor de lo que estábamos. De hecho, en 1992 se actualizó el informe y la novedad fue constatar que habíamos superado ya la capacidad de carga del planeta.

El capitalismo depredador que nos manda (gobierne quien gobierne) ha destrozado las reglas del funcionamiento de la vida. Nuestro modelo capitalista enfrenta a las personas entre sí, dejando una inmensa lista creciente de perdedores, y a la humanidad contra su entorno, que se hace más inhóspito, que no puede recuperar sus agotados recursos, ni asimilar los residuos generados.

La apuesta por las renovables es tan obligada como insuficiente. La escasez de materiales imposibilita una transición ecológica sin cambio de modelo social. Las energías renovables tienen tasas de retorno muy inferiores a las fósiles. Es un espejismo pensar que el cambio de modelo productivo y económico es pasar de la manguera de gasolina al enchufe eléctrico y que todo va a seguir igual. Como lo es militar en la secta de los milagros tecnológicos salvadores. Menos potencia energética quiere decir menos crecimiento económico y dado que la voracidad del capitalismo, esa sí, es infinita, hay que repartir entre menos para asegurar que los beneficios económicos de los grandes poderes económicos siguen en aumento.

No dudo que los dueños del mundo saben que vamos todos y todas en el mismo barco pero me temo que consideran que, dado que ellos ocupan los camarotes de arriba, para cuando la realidad climática se ponga peor, habrán soltado tanto lastre de los camarotes de abajo que podrán salvarse del hundimiento.

Ante la realidad del decrecimiento, la disyuntiva es cómo lo vamos a gestionar, si desde la democracia y la justicia o en modo fascista. A día de hoy, el gran poder económico ya tiene una decisión tomada y la está ejecutando: el decrecimiento es fascista, lo pagan en presente los más vulnerables que se pelean entre ellos por las migajas y, hacia el futuro, las nuevas generaciones.

La creciente desigualdad es la constatación del decrecimiento localizado en los de abajo: los aludes migratorios, los muertos en el Estrecho, las hambrunas y las guerras periféricas son decrecimiento, igual que, por concretar, lo son la reforma laboral que precariza nuestros sueldos, la existencia de gente con un puesto de trabajo que no le garantiza salir de la pobreza, la imposibilidad de acceder a viviendas dignas o la certidumbre de que las futuras generaciones ya no vivirán mejor que sus padres. Crecimiento cero, austeridad, reformas estructurales, moderación salarial, saneamientos contables, ajustes o externalizaciones no son más que eufemismos para decir que recortamos por abajo para que las cuentas de resultados de los grandes financieros no se vean reducidas.

Frente a esto tenemos que responder con más democracia, sin miedo. Cambiando el mito del crecimiento infinito por la prosperidad compartida, revisando los valores sociales hacia lo cooperativo, sin dejar nadie atrás. Tendrán que decrecer aquellos que han amasado sus inmorales fortunas en base a una huella ecológica que pagamos todas y todos.

Se trata de disminuir de forma controlada la producción global. Eso significa que hay sectores económicos sin futuro pero que otros que deberán crecer, sí, crecer, porque ni suponen depredación ambiental, ni generan desigualdad social. El reto está en que este proceso se explique bien y se haga mejor todavía. Un modelo económico no intensivo en energía es, obligatoriamente, intensivo en mano de obra, por tanto, por cada puesto de trabajo que se pierde se pueden ganar dos. En democracia, cuanto mejor podamos documentar eso antes saldremos del atolladero.

No se trata de parar la economía sino de hacerla compatible con los recursos naturales disponibles. Lo que hasta hoy hemos invertido en economía marrón lo tenemos que invertir en verde. Para ser más concreto, los miles de millones que no deben ir a ampliar el aeropuerto del Prat o el Puerto de Valencia sí deben ir a Renta Básica Universal, a reducciones de jornada laboral, a educación, a sanidad, a dependencia, a cultura, a investigación, a los procesos de reciclaje y reutilización, a protección del territorio o a agricultura de proximidad.

Para acabar, el ecofeminismo es el marco adecuado para entender y hacer posible el decrecimiento. Las tareas de cuidado son, en su sentido más amplio, las que han de dirigir la actividad humana. Esas tareas que siempre han sido despreciadas e invisibilizadas porque estaban en manos de mujeres que no contaban hoy ganan todo el protagonismo. Cuidarnos para proteger la vida, ese es el camino, el único posible. Una vida más próxima, más segura, más lenta, menos rutilante pero mucho más feliz.

Por cierto, el partido que sepa concretar en su programa y en sus prácticas todo lo hasta aquí dicho, no solamente no perderá votos sino que los ganará.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/tribuna/ese-dato-llamado-decrecimiento

viernes, 27 de noviembre de 2020

Trabajar por la utopía, no por su plusvalía (I)

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Rameez Sadikot

 Las utopías han sido vilipendiadas durante décadas. Sin embargo, imaginar mundos nuevos y mejores es fundamental para hacer frente a la crisis ecosocial.

En la utopía que da nombre a las demás, propuesta por Tomás Moro en 1516, una de las características que asombran al visitante es lo poco que se trabaja: solo seis horas al día, repartidas en dos turnos de tres. El Marte al que viaja el protagonista de Estrella Roja, de Alexander Bogdanov, es también un planeta en el que se trabaja lo justo y siempre para servir al conjunto de la sociedad. Los ejemplos, como detalla la periodista Layla Martínez, son innumerables.

Además, la búsqueda de la ausencia de trabajo se muestra, en muchos casos, no como un absoluto, sino como una forma de obtener algo más básico aún: una cierta libertad, algo de control sobre cómo y por qué vivir. Es el caso de un tipo de narración que no suele encuadrarse como utopía, aunque en muchos aspectos lo sea: las historias de piratas. Nadie diría que los piratas no trabajan: al revés, el ocuparse de un barco, ya sea en tiempos de paz o de guerra, es una tarea ardua y, en muchos casos, letal. Navegar, carenar, cocinar y calafatear, abordar, degollar y conseguir botín no son trabajos ligeros. Pero parece sensiblemente mejor llevarlos a cabo para beneficio de uno mismo y sus compañeros que para la armada imperial española o un rico comerciante holandés. 

Pero no son los piratas ni los campesinos relativamente relajados y libres de Tomás Moro los que vienen a la mente cuando se habla de utopías. Hoy en día, la palabra utopía tiene una connotación negativa. La acusación de utopismo, de proponer soluciones que se salen del estrechísimo margen de lo aceptable, descalifica al rival en el campo del debate político. Si te sales del esto es lo que hay, estás políticamente muerto. Incluso para la ficción es más fácil presentar distopías diferentes de la que vivimos que mundos inequívocamente mejores.

Este rechazo generalizado a la utopía viene, en parte, de que ya vivimos en una. O, mejor dicho, en un mundo hecho de cachitos de utopías. Solo que, en palabras de China Miéville, no son las nuestras. Son la del que ha soñado con poder comprar tierra en cualquier parte del mundo en cualquier momento, la del que quiere vivir de alquilar pisos sin trabajar, la de quien sueña con almorzar una especie protegida cada día. Pronto: la del que quiere veranear en Marte, dejando atrás un planeta que percibe como agotado. Las utopías son, pues, posibles. 

Es evidente que el orden existente es injusto para la mayoría, y que el esto es lo que hay puede convertirse muy rápidamente en cenizas y devastación social ecológica a escalas, ahora sí, verdaderamente distópicas. La crisis ecosocial, de la que el cambio climático antropogénico era la cara más evidente hasta la llegada de la COVID-19, solo va a empeorar. El imaginario neoliberal no da más de sí, y solo ofrece iteraciones cada vez más desesperadas de las recetas que le han funcionado: extraer valor de las personas, animales y ecosistemas, cada vez más, cada vez más rápido. 

¿Qué hacer ante esto? ¿Se puede ser utópico en esta situación? ¿Tiene sentido? Pensamos que sí. Es más necesario que nunca trabajar para liberar nuestros imaginarios de la colonización que han sufrido en beneficio de los intereses particulares de unos pocos. Quizá nuestra tarea jamás haya sido tan difícil, pero lo que es seguro es que no va a volverse más fácil. Aunque la situación sea inédita en su gravedad, disponemos de un amplio canon del que coger ideas. Cientos, miles de personas pensaron mundos que aún no hemos sido capaces de convertir en realidad. Mundos sin pobreza, sin discriminación por razón de género o raza, sin esclavitud. Sociedades que existen en total equilibrio con su entorno. Hay para elegir. 

El problema, claro, es cómo pasar del mundo realmente existente, del mundo de la devastación ecológica, la desigualdad creciente y las respuestas a la pandemia basadas en el mercado a cualquiera de las sociedades más o menos ideales descritas arriba. ¿Cómo soñar con el replicador de alimentos de Star Trek si la realidad es una tos que no sabes si es o no un síntoma letal, acompañada de dos horas de transporte público, nueve de jornada laboral y veinticuatro de incertidumbre? 

Quizá podamos empezar por algo más cercano, algo que nos parezca factible y, a la vez, muy beneficioso: que las dos horas de transporte público tengan lugar solo cuatro y no cinco o seis días a la semana, que las nueve de jornada laboral sean siete. Desde luego, esto habría que acompañarlo con la garantía de que los sistemas públicos de salud siguen funcionando y con seguridad laboral y económica. Pero de eso hablaremos en otro momento. 

Por ahora, nuestra modesta propuesta, como la de los piratas antes, puede consistir en algo fácilmente imaginable. Un hilo que, en diferentes momentos y lugares, une a un grumete sevillano de quince años sin alfabetizar, una institutriz victoriana y un campesino kazajo: la idea de que, quizá, no es necesario pasar más de un tercio de nuestra vida adulta al servicio del enriquecimiento ajeno. Que es posible reducir la jornada laboral y a la vez transformar el trabajo. Convertir el tiempo que pasamos enriqueciendo a nuestros jefes en tiempo para nosotros y para los nuestros. Que el primer paso para cambiar de abajo arriba el mundo puede ser, sencillamente, recuperar el control de una mayor parte de nuestra vida. Que podemos trabajar menos para vivir mejor, que es algo política y materialmente factible. 

Y, a partir de aquí, empezar a trabajar por la utopía, no para su plusvalía.

 Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/trabajar-por-la-utopia/

lunes, 16 de noviembre de 2020

Investigadores muestran que se puede vivir bien en 2050 con la demanda de energía de los años 60

 A día de hoy, el consumo sigue estando relacionado con el comportamiento de la economía (a mayor crecimiento económico, más demanda energética). En el cálculo de los científicos, esa relación se rompe 
 
"I dannati" ("los condenados") del escritor y pintor italiano Lorenzo Paolini: una metáfora del consumismo y de la barbarización de la cultura. Encarcelado queriendo ser libre, y donde ya no se puede parar porque un retraso tal vez pueda significar la muerte.

Una vida digna para todos los habitantes del planeta en 2050 sería posible con un 60% menos de la energía que usamos hoy. Según los cálculos de un grupo de investigadores de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, con un gasto de energía global similar al de los años 60, la población mundial, que se estima que se habrá triplicado para entonces, podría satisfacer todas sus necesidades materiales básicas para llevar un estilo de vida con comodidades propias de los países desarrollados. 

Para ello sería necesario, apunta el estudio publicado en la revista científica Global Environmental Change, implementar en todos los ámbitos la tecnología disponible para conseguir más eficiencia, reducir drásticamente el consumo global y acabar con las desigualdades.

La investigación, que calcula el gasto energético global mínimo para cubrir las necesidades básicas para una población de unos 10.000 millones de habitantes, asegura que el nivel de vida que podría conseguirse con un gasto en energía reducido es mucho más generoso de lo que solemos pensar.

"Nuestro trabajo responde a las objeciones que dicen que los ecologistas solo proponen volver a las cuevas", comentan con ironía los autores en su estudio; y matizan: "Quizá, pero se trata de unas cuevas con bastantes lujos en las que se ofrecen servicios altamente eficientes para cocinar, mantener los alimentos o lavar la ropa; 50 litros de agua por persona al día con 15 litros de agua caliente para el baño, una temperatura en los hogares de 20 °C todo el año, acceso a ordenadores conectados a las tecnologías de la información, y una red de transporte que proveería entre 5.000 km y 15.000 km al año por persona, además de un servicio de sanidad universal y una educación gratuita para todos entre 5 y 19 años".

Para los investigadores, el estudio no solo desmonta la idea de que no hay suficientes recursos para todos los habitantes del planeta, sino que demuestra que se podría conseguir un nivel de vida con muchas comodidades con menos energía de lo que pensamos.

La manera de lograrlo sería implementar ese nivel de suficiencia con comodidades a toda la población. Con ello, la energía necesaria supondría menos de la mitad de lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que se podría conseguir en su modelo de desarrollo sostenible. "En la estimación de la AIE se acepta que los países más pobres subirán su demanda al salir de la pobreza, pero los países más ricos seguirán consumiendo como ahora", dice Joel Millward-Hopkins, el principal investigador del estudio. "Ellos ponen un límite mínimo al consumo por abajo pero no por arriba, y nosotros asumimos que toda la población puede vivir en este umbral donde se supera la pobreza pero no hay grandes lujos".

En su modelo ideal, con el consumo limitado por persona y tecnología eficiente en todos los sectores, el gasto anual por habitante podría reducirse a 15 Gigajulios (GJ) frente a los 80 GJ que se consume en el mundo hoy en día. Esto supondría que la demanda de energía se podría cubrir mucho más fácilmente.

"Nuestro estudio muestra otro mundo diferente", explica por teléfono una de las autoras, Julia Steinberger, "y esto puede ser una motivación para alcanzarlo".

Como ellos mismos reconocen, sin embargo, el estudio no aborda los pasos políticos y sociales para conseguirlo. El modelo que se propone implica que los habitantes de los países desarrollados reduzcan drásticamente su consumo, y que la energía se distribuya de forma equitativa y eficiente para que tenga como fin ofrecer una vida digna a toda la población. Pero, insisten, lo que ellos hacen es mirarlo de forma distinta.

"Muchos gobernantes acusan a los activistas ambientales de 'amenazar nuestro estilo de vida'", dice Steinberger, "sin embargo, merece la pena observar en detalle lo que ese estilo de vida representa. Ha habido una tendencia a simplificar la idea de la buena vida con la noción de que cuanto más mejor".

Millward-Hopkins acepta que uno de los mayores problemas es definir qué es una vida digna. "Es un concepto subjetivo que varía entre diferentes culturas y cambia con el tiempo", nos explica por correo electrónico. "Aunque hay algunas variables, como la alimentación o la temperatura cómoda para nuestros hogares, que son más objetivas".

En su documento, los autores han usado los criterios de investigadores como Narasimha Rao y Jahoon Min, en el que no solo se incluyen las necesidades básicas como la higiene o la alimentación, sino también los medios que permiten desarrollar otros aspectos esenciales para los humanos como su vida política y social. Por ejemplo, se incluye una capacidad de transporte que pueda incluir desplazamientos de ocio, un ordenador por hogar con conexión a Internet de alta velocidad o un teléfono móvil para cada persona mayor de 10 años.

Sin embargo, admite, han dejado fuera aspectos como el ocio o la innovación. "Es una de las limitaciones del estudio aunque si añadiéramos la energía de estos sectores seguiría estando por debajo del 50% de nuestra demanda global actual", dice Millward-Hopkins.

 "Nuestro modelo solo quiere mostrar un posible destino, nada más", continúa. "Confirma que ya existen soluciones tecnológicas para reducir el consumo de energía hasta niveles sostenibles. Lo que nosotros añadimos es que los sacrificios materiales que se necesitan para conseguir esto son mucho más pequeños que lo que muchas narrativas populares creen". 

Fuente: https://www.eldiario.es/ballenablanca/365_dias/investigadores-muestran-vivir-2050-demanda-energia-60_1_6431271.html

sábado, 3 de agosto de 2019

En 2018 fueron asesinados 164 defensores ambientales

En el mundo fueron asesinados 164 defensores de la tierra y el ambiente en 2018, 37 menos que el año anterior, ante la disminución de muertes en Filipinas y Brasil, que ha cedido el puesto a Colombia en el listado en Latinoamérica, según un informe de la organización Global Witness.
A pesar de la disminución en el número de asesinatos en Filipinas, sigue encabezando la clasificación con 30 muertes, mientras en Latinoamérica son Colombia, Brasil, Guatemala y México, con 83 muertes, son los que la lideran.



 Información: https://www.efeverde.com/noticias/global-witness-2018-asesinadas-164-defensores-ambientales/

viernes, 26 de abril de 2019

El mito del agua embotellada, la operación de márketing más exitosa de la historia


white plastic bottle lot
Jonathan Chng/Unsplash
 En una columna para el periódico inglés Daily Telegraph, el médico de cabecera, comediante y columnista Dr. Phil Hammond se preguntaba si todos nos hemos creído el "timo del agua": ¿acaso hemos perdido la razón?

La respuesta, o por lo menos en cuanto a la forma en que compramos y consumimos agua embotellada, es un rotundo sí. Existe la posibilidad de que en un futuro próximo en Estados Unidos el consumo agua embotellada supere al de las bebidas gaseosas no alcohólicas como la categoría de bebidas más consumida. Los estadounidenses se gastaron 11.800 millones de dólares en agua embotellada en 2012, un promedio de 140 litros por persona.

En el Reino Unido, el mercado ya mueve 1.600 millones de libras esterlinas al año y los británicos beben más agua embotellada que zumos de frutas o vinos y otras bebidas alcohólicas. El consumo por persona superó los 34 litros en 2012, frente a los 26,9 litros de 2001. Este aumento tampoco muestra signos de ir a menos, puesto que se prevé que el consumo alcance los 40 litros por persona a finales de década. 

Teniendo en cuenta que el agua del grifo en el Reino Unido está generalmente considerada mejor que la embotellada para el consumo y sujeta a controles de seguridad más estrictos, ¿por qué insistimos en comprar algo que es hasta 300 veces más caro que lo que sale del grifo? Según Richard Wilk, profesor de antropología de la Universidad de Indiana en Estados Unidos, el agua embotellada es mejor ejemplo para mostrarnos cómo funciona el mercado capitalista global hoy en día. "En cierto modo", dice: 
 La razón por la que compramos agua embotellada se explica, al menos en parte, por el éxito de la publicidad y el marketing. El agua embotellada se ha convertido en el complemento indispensable y accesible para aquellos que desean demostrar su salud y sofisticación. La marca Evian, por ejemplo, lleva mucho tiempo utilizando el eslogan Live Young ("vive joven") y según la empresa expresa los valores de la marca, entre los que se incluyen origen, salud y juventud. Las connotaciones de inmortalidad no están muy lejos de una marca que sugiere que el "agua naturalmente pura y mineral equilibrada mantiene la juventud de tu cuerpo".

Agua y plástico: historia de éxitoLa clave de la comercialización del agua embotellada es que es una alternativa saludable. ¿Pero una alternativa a qué? Como señala la experta en marketing Kathryn Hawkins, el agua embotellada no se vende como una alternativa al agua del grifo, sino como una alternativa a las bebidas gaseosas. Hawkins destaca la campaña Nestlé Pure Life, que intentaba persuadir a las madres para que sustituyeran una bebida azucarada cada día por los productos de agua de Nestlé.

Pero la verdad es que, tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, el agua corriente pública es de una calidad excepcional. En julio de 2012, Drinking Water Inspectorate, el organismo británico que se encarga de la inspección de aguas, publicó muestras de 1,9 millones de pruebas en Inglaterra y Gales que mostraron un cumplimiento del 99,96% de las normas legales. Tal y como ilustraba la revista The Ecologist, la cifra lleva por encima del 99% durante casi 20 años.

Pero una imagen vale más que mil palabras, especialmente cuando se trata de vender algo que es esencialmente gratis, de ahí que el embalaje asuma una importancia primordial. Las campañas publicitarias para el agua mineral noruega Isklar han hecho hincapié en su calidad de "glaciar puro" helado y prístino, mientras que en Reino Unido Highland Spring se jacta de que "todo lo que hacemos es embotellar productos de agua de fuentes naturales. Es nuestro objetivo. Nuestra especialidad".

Esa publicidad contrasta implícitamente la pureza del producto con la artificialidad de la vida moderna. Comprar agua embotellada nos permite transmitir nuestra individualidad y la forma en la que cuidamos nuestro cuerpo y el medio ambiente.

Y aquí está el problema. El envasado y la comercialización del agua nos pueden sugerir la belleza del mundo natural, pero la realidad es que tiene graves consecuencias ecológicas. El movimiento BeCause Water para la sostenibilidad del agua afirma que casi tres millones de toneladas de plástico se utilizan para producir agua embotellada en todo el mundo, y el 80% termina en vertederos. El Océano Pacífico tiene ahora un área del doble del tamaño de Texas conocida como La Isla de Basura, compuesta por depósitos de plástico.

Existe la sensación de que las cosas podrían estar cambiando y de que los ecologistas podrían ganar la batalla a las multinacionales. El año pasado, la revista The Ecologist calificó de escándalo nacional la "obsesión" del público occidental con el agua embotellada. El profesor Paul Younger, especialista en recursos hídricos e ingeniería de aguas subterráneas, decía que "la industria del agua embotellada es en gran medida una estafa, y muy costosa, tanto en términos económicos como de emisiones contaminantes".

Es una opinión que comparte Elizabeth Royte, autora del libro Bottlemania: How Water Went on Sale and Why We Bought It ("Obsesión por las botellas: ¿Por qué se empezó a vender agua embotellada y por qué la compramos?"). La autora sostiene que, al igual que un iPod o un teléfono móvil, una botella de agua es un objeto "privado, portátil e individual". Si alguna vez ha existido un objeto más emblemático de la cultura desechable, supongo que es el agua embotellada.

Fuente: https://magnet.xataka.com/preguntas-no-tan-frecuentes/mito-agua-embotellada-operacion-marketing-exitosa-historia

sábado, 13 de abril de 2019

Peces carnívoros, vegetarianos y la acuicultura insostenible

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Imagen: Kosin Sukhum / Shutterstock
La sostenibilidad es la forma de asegurar las necesidades actuales sin comprometer las futuras, las de nuestras próximas generaciones. La acuicultura actual, que lleva a nuestra mesa gran parte del pescado que comemos, dista de ser sostenible.

Vamos al mar a capturar pequeños peces que no nos gusta comer para transformarlos en pienso con el que alimentar a las especies que sí nos gusta comer. Somos así de exquisitos. También, siguiendo prácticas paloelíticas, recolectamos (que no producimos) pequeños crustáceos para alimentar a las crías de los peces que cultivamos.

Pero cada vez que realizamos una transformación tenemos pérdidas. Entonces, ¿por qué no nos comemos el pienso directamente? Quitaríamos escalones del proceso y lo haríamos más efectivo, más sostenible.

No sé si llegará ese día, pero mientras tanto, seguiremos comiendo pescados que nos acerquen al esnobismo. Porque ¿quién comía antes salmón, dorada o lubina? Casi nadie, especialmente fuera de los eventos gastronómicos navideños. Que hoy podamos incluir estas especies en nuestra dieta es uno de los grandes logros de la acuicultura occidental, más preocupada por las cuotas de mercado que por la sostenibilidad de los procesos de producción.

A fin de cuentas, es el mercado quien ha seleccionado las especies que cultivamos y ha marcado la sostenibilidad del proceso. Aquellos precios prohibitivos del pasado prometían grandes rentabilidades. Sin embargo, gran parte de estos peces, antaño caros, son carnívoros y ocupan los niveles más altos de la cadena trófica. Por eso necesitan grandes cantidades de proteínas y aceites de pescado para crecer. Un alimento que se obtiene, a su vez, de otros peces que capturamos y transformamos en pienso. Es “como el pez que se muerde la cola”, nunca mejor dicho.

Conseguir peces vegetarianos como solución
Las especies comerciales, de momento, son las que son. Pero llevar estos peces al mercado de forma rentable supone un elevado esfuerzo científico y tecnológico.

Una de las soluciones que se ha implementado es la sustitución de las harinas y aceites de pescado utilizados en los piensos por sus homólogos vegetales. En esta búsqueda, se han realizado investigaciones con muchos tipos vegetales buscando siempre plantas con un elevado contenido proteico y aceites con una composición óptima.

Estamos intentando convertir a nuestras especies en vegetarianas. Pero ¿acaso les gusta este cambio? No. Si nos pasamos con el porcentaje de proteína vegetal, no les gusta el pienso, no crecen tan bien, sufren a nivel intestinal y pueden tener, incluso, trastornos reproductivos inducidos por la presencia de fitoestrógenos. De hecho, todavía no se ha podido llegar a la sustitución total. Y será difícil que se consiga en el futuro.

Tanques experimentales para la cría de peces. Imagen: Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal
Además, ante esta estrategia, podríamos preguntarnos: ¿esquilmar las pesquerías de anchoveta peruana (una especie parecida a nuestro preciado boquerón, de donde provienen la mayor parte de las harinas de pescado de los piensos) es más sostenible que quemar la selva amazónica para plantar los vegetales que destinamos a los piensos? ¿Es ético utilizar las pesquerías y los excedentes de vegetales para alimentar a nuestros peces carnívoros en lugar de para paliar hambrunas?

Los intentos de sustitución y la inversión colateral en investigación no han venido de la mano de mejoras en sostenibilidad. Por el contrario, provocan un incremento en los precios de las harinas de pescado que encarece la producción piscícola a niveles insostenibles.

La variabilidad de las pesquerías, debida a factores ambientales como la corriente de El Niño de las costas del Pacífico Sur, producen cambios impredecibles en los precios de los harinas. Y este es el motivo real que nos ha llevado a echar mano de los vegetales en la fabricación de piensos, no la sostenibilidad, aunque muchos quieran vender la historia al revés. Sorprendentemente, el efecto colateral de optimizar el negocio podría ser un acercamiento a la sostenibilidad.

Cambios de cara al futuro
Los consumidores no tenemos mucho margen de acción para aumentar la sostenibilidad del proceso. Debemos decidir entre gastronomía y alimentación sostenible, es decir, entre comer un pescado que nos gusta más o aparcar nuestra exquisitez y elegir un pescado más sostenible en su producción, sin olvidar la calidad nutricional.

Optar por la segunda vía nos obligará a explorar el cultivo de nuevas especies, a ser posible herbívoras. Hoy por hoy, especies como la carpa o la tilapia podrían mostrar un mayor grado de sostenibilidad en su cultivo, dado que su dieta se basa en vegetales.

Si queremos seguir comiendo especies carnívoras, debemos seguir explorando fuentes alternativas de materias primas más sostenibles e intentar llegar al 100% de sustitución. Actualmente hay cuatro líneas incipientes que plantean la utilización de harinas de insecto, fitoplancton, subproductos de pesca y alimenticios y proteínas sintéticas de bacterias como ingredientes alternativos. La producción de microalgas o fitoplancton solo requiere agua, luz y abono.

Cilindros para el cultivo de microalgas o fitoplacton. Imagen: Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal
Además, tendremos que mejorar la eficiencia alimenticia de nuestros peces, es decir, conseguir que con la misma cantidad de alimento sean capaces de crecer más y más rápido. Aquí, la selección genética y las técnicas biotecnológicas serán de gran ayuda.

Lo que sí está en nuestra mano es consumir pescado producido en zonas cercanas a nuestra localidad aprovechándonos de la trazabilidad del producto (conocemos el camino que sigue desde su nacimiento hasta su comercialización) que nos proporciona la acuicultura. Esto reduce la contaminación asociada al proceso productivo, un parámetro que también debería entrar en la ecuación de sostenibilidad.

La acuicultura está aquí para quedarse, que nadie lo dude. Ayuda a paliar la sobrepesca en los caladeros y nos aporta alimento saludable y de gran calidad. Pero está en manos de la ciencia profundizar en la investigación para aportar mayor sostenibilidad a los procesos productivos.

Fuente:https://culturacientifica.com/2019/04/12/peces-carnivoros-vegetarianos-y-la-acuicultura-insostenible/

The Conversation

sábado, 19 de enero de 2019

Adiós al plástico en 2021: los 28 respaldan el acuerdo para prohibir cubiertos, bastoncillos y pajitas

El objetivo es reducir a la mitad los desperdicios de estos productos para evitar daños sobre el medio ambiente que supondrían unos costes de 230.000 millones en 2030 y la emisión de 3,4 millones de toneladas equivalentes de CO2.

2018, el año en que descubrimos que el plástico nos está ahogando
2018, el año en que descubrimos que el plástico nos está ahogando
 Los gobiernos de la Unión Europea han confirmado este viernes el acuerdo para prohibir a partir de 2021 los artículos de plástico de usar y tirar más populares, como platos, cubiertos, bastoncillos de algodón y envases de poliestireno para alimentos, con el fin de reducir su impacto en el medio ambiente y ayudar a que desaparezcan sus desechos de las playas europeas. Estos plásticos, según cálculos de la Unión Europea, representan cerca del 70% de los deshechos plásticos que contaminan las aguas y las playas del territorio comunitario.

Los Estados miembros han avalado a nivel de embajadores ante la que el acuerdo político alcanzado en diciembre con los negociadores del Parlamento Europeo, que todavía debe dar su visto bueno a la normativa. El objetivo de la misma es erradicar el uso de artículos de plástico para los que existen ya alternativas en materiales que no dañan el entorno. A la lista propuesta por Bruselas, que incluye bastoncillos, platos y cubiertos, vasos y pajitas para beber, se añadieron por exigencia de la Eurocámara los envases en poliestireno para comida rápida.

Entre los artículos que no podrán usarse en la Unión Europea de aquí a algo más de dos años, figuran también los productos en plástico oxodegradable, considerados especialmente dañinos para el medio ambiente porque contienen aditivos que no desaparecen del todo y afectan negativamente el proceso de reciclado.

Además del listado de artículos que estarán vetados, la UE quiere que los Estados miembros tomen "las medidas necesarias" para reducir de manera significativa el consumo de otros productos, como los recipientes de plástico (otros que poliestireno) para comida rápida que no necesita preparación posterior a la compra y las tapas para bebidas. También se prevén objetivos vinculantes para que los Estados miembros tomen las medidas necesarias para que en 2030 al menos el 30% de los materiales de las botellas de plástico sean reciclables.

En el caso de otros elementos para los que no existen por el momento alternativas mejores al plástico, la Unión Europea apuesta por incentivar su reciclado, por ejemplo en lo que se refiere a los aparejos de pesca, para asegurar que no son arrojados por la borda en alta mar, sino que la flota regresa a tierra con ellos y los recicla.

El objetivo es reducir a la mitad los desperdicios de estos productos para evitar daños sobre el medio ambiente que supondrían unos costes de 230.000 millones de euros en 2030 y la emisión de 3,4 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono (CO2) ese mismo año.

martes, 30 de octubre de 2018

Qué dice el informe "Planeta Vivo" de WWF

Evolución de las poblaciones de vertebrados con respecto a 1970
París (AFP) -
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) fue fundado en 1961, tras la disminución acelerada de animales en la Tierra. A continuación, algunas conclusiones de su último informe "Planeta Vivo", en el que participaron medio centenar de expertos y que se basa también en grandes estudios científicos publicados sobre el tema.

Disminución de individuos
De 1970 a 2014, el número de vertebrados salvajes -mamíferos, pescados, aves, reptiles, anfibios- cayó un 60%. La disminución de los animales de agua dulce alcanzó el 83%, a causa de la sobreexplotación, a veces involuntaria, como en el caso de los delfines de río (capturados accidentalmente en las redes) y de la pérdida de hábitats.

 Globalmente, la degradación de los hábitats representa la amenaza más destacada.
El informe se basa en el seguimiento de más de 16.700 poblaciones (4.000 especies): censos por cámara (tapires en Costa Rica, Tigres en India), seguimiento de huellas (lince en Rusia), programas de investigación o ciencias participativas.

Por ejemplo, la población de elefantes en la zona de Selous-Mikumi, en Tanzania, menguó un 66% entre 2009 y 2014. Desde 1976, la especie ha vivido un declive del 86%, principalmente por culpa de la caza furtiva.

La Tierra perdió el 60% de sus animales salvajes en 44 años
 Pérdida de especies
El índice de extinción muestra una aceleración muy fuerte para cinco grandes grupos: aves, mamíferos, anfibios, corales y cícadas, una familia de plantas antiguas.

De manera general, la tasa de extinción de las especies es de 100 a 1.000 veces superior a lo que era hace solo unos siglos, antes de que las actividades humanas empezaran a alterar la biología y la química terrestres. Lo que, para los científicos, significa que se está produciendo una extinción masiva, la sexta en solo 500 millones de años.

Límites
En 2009, los científicos midieron el impacto de las necesidades crecientes de la humanidad en los "sistemas terrestres". Estos últimos tienen un umbral crítico por encima del cual el mundo entra en un territorio peligroso. Para el clima, ese umbral es +1,5ºC de calentamiento (respecto al nivel preindustrial), subrayaron los expertos del clima de la ONU en octubre.

En este momento, ya se han cruzado otros dos "límites planetarios", con las pérdidas de especies y el desequilibrio de los ciclos de nitrógeno y de fósforo (resultado del uso de fertilizantes y de la ganadería intensiva). Para la degradación de los suelos, se ha declarado la alerta roja. La acidificación del océano y de las fuentes de agua dulce no están lejos.

En cuanto a los contaminantes químicos, del tipo interruptores endocrinos, metales pesados y plásticos, todavía no se sabe cuál es el umbral crítico.

Las tecnologías y una mejor gestión de los suelos mejoraron ligeramente la capacidad de renovación de los ecosistemas, señala WWF, pero eso no compensó la huella ecológica del hombre tres veces más marcada que hace 50 años.
Bosques en declive

Casi el 20% de la selva amazónica, la más grande del mundo, desapareció en 50 años. En el mundo, los bosques tropicales siguen menguando, principalmente por la presión de los empresarios de la soja, el aceite de palma y el ganado.

Entre 2000 y 2014, el mundo perdió 920.000 km2 de bosques intactos, una superficie similar a Francia y Alemania juntas. Según datos satelitales, ese ritmo creció un 20% de 2014 a 2016 respecto a los 15 años precedentes.

Océanos agotados
Desde 1950, más de 6.000 millones de toneladas de marisco han sido pescadas. Ante el hundimiento de las reservas, las capturas alcanzaron su máximo en 1996, y luego bajaron poco a poco.


Fuente: https://start.att.net/news/read/category/noticias/article/afp-qu%C3%A9_dice_el_informe_planeta_vivo_de_wwf-afp

jueves, 18 de octubre de 2018

Portugal: hace 28 años un pueblo luchó contra los eucaliptos. La tierra nunca más ardió

En 1989 hubo una guerra en el valle del Lila, Portugal. Centenas de personas se juntaron para destruir 200 hectáreas de eucaliptos, con miedo de que los árboles les robasen el agua y trajesen el fuego

A polícia respondeu com uma carga à população, mas revelou-se incapaz de travar os avanços de 800 populares sobre a propriedade. [Arquivo JN]
 El 31 de marzo de 1989, 800 personas se juntaron en Veiga do Lila, una pequeña aldea de Valpaços, y protagonizaron una de las mayores protestas ambientales que ha ocurrido en Portugal.

La acción había sido concertada entre siete u ocho poblados de un escondidísimo valle transmontano. Después se unieron ecologistas a la causa. Una tarde, se fueron todos a destruir las 200 hectáreas de eucalipto que una empresa de celulosa plantaba en la quinta de Ermeiro, la mayor propiedad agrícola de la región.

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A 31 de março de 1989 o povo de Valpaços invadiu uma quinta no vale do Lila para arrancar os 200 hectares de eucalipto que a Soporcel tinha plantado na região. [Arquivo JN]
 La Guardia Nacional Republicana (GNR) los estaba esperando; dos centenas de agentes. Formaban una primera barrera con el objetivo de impedir que arrancasen los árboles jóvenes. Pero eran muy pocos para una sublevación tan grande.

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Quando a cavalaria da GNR se viu cercada, entrou em campo o corpo de intervenção. Só aí os ânimos acalmaram. [Arquivo JN]
 La tensión subiría de tono a lo largo de la tarde. “Por un momento pensé que las cosas se podían descarrilar”, dice ahora António Morais, uno de los cabecillas de las protestas. Pero también estaba allí la prensa, y hasta hoy António cree que fue por eso que la violencia no llegó a más. Hubo algunas cargas, piedras de un lado, porras del otro, pero nada que lograse callar a hombres y mujeres, jóvenes y viejos clamando: “olivos sí, eucaliptos no”.

“No queríamos que aquí ardiéramos todos”
Un par de meses antes del motín, António Morais, propietario de varias hectáreas de olivos en el Lila, percibió que una empresa subsidiaria de la empresa Soporcel (1) se preparaba para sustituir 200 hectáreas de olivos por eucaliptos para la industria del papel. “Habían recibido subvención a fondo perdido del Estado [es decir, aportaciones sin obligación de devolución] para reforestar el valle, sin siquiera consultar a la población”, se indigna todavía, 28 años después.
“A esas alturas, el ministerio de la agricultura defendía con uñas y dientes que se plantaran eucaliptos.” Álvaro Barreto, titular de esa cartera, había sido, años antes, presidente del consejo de administración de Soporcel, y volvería al cargo en 1990, poco después de que la gente de Valpaços le hiciesen frente.

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 “La tesis dominante de los gobiernos de Cavaco Silva era que urgía sustituir el minifundio y la agricultura de subsistencia por monocultivos más rentables, era necesario rentabilizar el bosque [plantaciones de árboles] a gran escala”, dice António Morais. El eucalipto se presagiaba como una solución fácil. Portugal, por cierto, ganaría en pocos años un papel destacado en la industria de la celulosa.

“Comencé a leer cosas y percibí que el eucalipto nos traería grandes problemas”, continua António Morais. “Por un lado, en una región donde el agua es todo menos abundante tendríamos grandes problemas de viabilidad de los otros cultivos. Sobre todo el olivo, que siempre ha sido la riqueza de este pueblo. Y, después, estaban los incendios, que eran el infierno. Son árboles altamente combustibles y que alcanzan una altura muy grande.”

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Hoje os terrenos da quinta do Ermeiro são diversos. Há oliveiras e nogueiras, amêndoa e pinho. Em três décadas, nenhum incêndio
En la tierra cálida transmontana, en el año hay ocho meses de invierno y cuatro de infierno. El fuego, estaba seguro, llegaría con esos árboles.

Empezó a conversar sobre su temor con algunas personalidades del valle. “Lentamente comenzó a formarse un consenso de que el lucro fácil del eucalipto sería, a mediano plazo, nuestra desgracia. No queríamos dejar secarse a nuestra tierra. Y no queríamos arder todos. Teníamos que destruir esa plantación, costase lo que costase.”

Anatomía de la conspiración
El núcleo duro estaba formado por una decena y media de agricultores capaces de movilizar al resto. “Los domingos, íbamos a las aldeas y cuando acababa la misa explicábamos a las personas lo que podía ocurrir con nuestra tierra”, recuerda Natália Esteves, descendiente de una familia de grandes productores de aceite de oliva, transformada, de repente, en líder de la protesta. “Y también íbamos de casa en casa para aclarar dudas a quien no había estado en las asambleas.”

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João Sousa esteve na organização dos protestos à socapa, era presidente da freguesia da Veiga do Lila. «Dizem que somos um povo sem educação mas afinal nós é que estávamos certos.»
 Al principio hubo dudas, pues la madera valdría siempre más que la aceituna y la castaña aún no valía lo que vale hoy. “Pero intentamos siempre centrar la conversación en lo que ocurriría dentro de unos años, decir que los eucaliptos secarían la tierra y que el pueblo sería rehén de un único cultivo, que si algo ocurriese mal no tendrían nada.”

Lo que más asustaba a aquella gente, sin embargo, era el fuego. “Donde hay eucalipto, todo arde. Y entonces la gente ya no llamaba al árbol por su nombre, sino que los llamaban fósforos.”
João Sousa era en ese tiempo presidente de la junta de Veiga do Lila. Con 86 años y una destreza de 30, hoy apresura el paso para mostrar la zona que podría haber sido una caja de fósforos. “Mira, ni un eucalipto plantado. Y nuestro valle hace más de 30 años que no arde.”

La tragedia forestal portuguesa de las últimas décadas da la impresión de que ellos sí tenían razón hace muchos años, cuando el gobierno y las autoridades les decían lo contrario. “Pueden creer que somos gente de campo, sin educación ni conocimiento, pero nosotros supimos defender nuestra tierra”, dice el anciano.

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 La guerra
Las primeras luchas para arrancar eucaliptos fueron ataques furtivos, desorganizados, de la población. Dos semanas antes de la guerra, el Domingo de Ramos, las cosas se intensificaron. “Juntamos a dos centenas de personas de estas aldeas y los dueños de la empresa llamaron a la GNR”, recuerda António Morais. “Cuando ellos llegaron ya habíamos dado cuenta de unas 50 hectáreas de eucaliptos.” Ese día la gente huyó, pero avisaron que volverían después de la Pascua.
El 31 de marzo de 1989, el domingo después de la Pascua, toda la población se juntaría en Veiga do Lila para arrancar lo que quedara de la plantación de eucaliptos. La aldea se había llenado de periodistas, incluso había un helicóptero cubriendo los acontecimientos desde el aire. No era necesario usar azadas ni escardillos, pues los eucaliptos habían sido plantados hacía poco tiempo y se arrancaban con as manos. La policía intentaba hacer una línea de defensa, pero dos centenas de agentes no alcanzaban para toda aquella gente.

En una hora, fueron arrancadas 180 hectáreas de pequeños árboles. Una decena de guardias salieron a caballo en una demostración de fuerza, pero no surtió efecto. Soporcel había construido terrazas para plantar los eucaliptos y, ahora, los animales no lograban bajar por ellas.

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Ester Oliveira viu o marido ser detido durante os confrontos por posse de arma ilegal. «Foi o povo que o salvou por dizer que ele não arredava pé enquanto ele não fosse libertado.»
Todos para uno
La guardia especializada avanzaba ahora colina abajo, con escudos y cascos. José Oliveira, un agricultor de la pequeña aldea de Émeres, intentó escapar por un lado, pero pronto fue atrapado por la guardia. En el bolsillo traía un revólver y fue eso lo que lo complicó. “Lo llevaron detenido y lo pusieron dentro de una camioneta por posesión ilegal de un arma”, cuenta ahora su viuda, Ester.
Esa detención marcaría el inicio del fin de la guerra. “Las personas habían retrocedido frente al cuerpo de intervención, pero cuando se dieron cuenta de que uno de los nuestros estaba preso empezaron a gritar que no se moverían mientras no lo liberasen”, dice António Morais. Ester asegura: “fue todo el valle el que salvó a mi hombre.” Ahora ya no eran piedras, eran gritos. Que dejasen en libertad al tío Zé, y rápido.

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Alguns dos organizadores foram levados a tribunal por invasão de propriedade privada e condenados a pena suspensa. E todos dizem que voltariam a repetir o crime.
 Una decena de organizadores de la protesta serían llamados a tribunales y, un año después, enfrentaron la acusación de invasión de propiedad privada y fueron condenados con pena suspendida.
“Vinieron unos ingenieros de Soporcel a decir que retirarían la queja si nos comprometíamos a no destruir una nueva plantación de eucaliptos. Les dije que ni pensar, que nunca tendríamos esos árboles en nuestro valle.” En las noches siguientes se arrancó furtivamente casi todo lo que faltaba.

Soporcel acabaría desistiendo y vendiendo la propiedad.
Hoy, la quinta del Ermeiro es tierra de nogales y almendros, olivos y pino. Nunca ardió. En aquel 31 de marzo de 1989, el pueblo se unió y, dice ahora, se salvó. “Nosotros teníamos la razón”, repiten una y otra vez. Lo repiten todos.

 Este artículo es un resumen del informe de Ricardo J. Rodriguez, publicado en la revista “Noticias Magazine” en octubre de 2017. Lea el texto completo (en portugués) aquí: https://www.noticiasmagazine.pt/2017/valpacos-luta-eucaliptos/