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miércoles, 8 de enero de 2020

Irán lanza 22 misiles contra dos bases de Estados Unidos en Irak

La Guardia Revolucionaria se atribuye los ataques con misiles balísticos en venganza por la ejecución de Suleimani

Irán esperó a enterrar a Qassem Suleimani en su ciudad natal, Kerman, para lanzar la 'Operación Mártir Suleimani', la «dura venganza» prometida por el Líder Supremo, Alí Jamenei, tras el asesinato del general de la Fuerza Quds, brazo exterior de la Guardia Revolucionaria, por parte de Estados Unidos. 22 misiles salieron desde la república islámica e impactaron en las bases estadounidenses de Ain Al Assad, en al provincia de Al Anbar, y de Erbil, en la región autónoma kurda. Una respuesta «medida y calculada», según el Líder, que calificó estas primeras acciones de respuesta como «bofetada» en la cara del enemigo.

La Guardia Revolucionaria aconsejó a Estados Unidos no tomar represalias y comenzar a evacuar a sus soldados en la región «para evitar más daños y para no poner en peligro la vida de los militares». El comunicado emitido por los guardianes fue también una advertencia «a los gobiernos aliados de Estados Unidos que han dado sus bases al Ejército terrorista de ese país, que cualquier territorio, si es el origen de actos hostiles y agresivos contra la República Islámica de Irán, será nuestro objetivo».
Entre estos aliados hicieron mención especial a «la entidad sionista» (Israel). El balance iraní fue de «80 muertos», pero desde el Pentágono no confirmaron cifra alguna de bajas o daños sufridos. Fuentes militares consultadas por la cadena CNN aseguraron que no hay militares estadounidenses muertos.

Nada más informar de los ataques contra Estados Unidos, el ministro de Exteriores, Javad Zarif, declaró que «no buscamos la escalada o la guerra, pero nos defenderemos de cualquier agresión« y explicó a través de las redes sociales que«Irán efectuó y concluyó medidas proporcionadas en defensa propia en virtud del artículo 51 de la Carta de la ONU».

Estados Unidos tiene entre 5.000 y 6.000 militares en Irak y las bases en las que se encuentran desplegados permanecían en máxima alerta desde el asesinato del general iraní el viernes en Bagdad. En esta operación ordenada por Donald Trump murió también el número dos de las Unidades de Movilización Popular, Abu Mahdi al Muhandis, y otras ocho personas y las autoridades de Irak la consideraron «una violación flagrante a la soberanía de Irak, de todas las normas y leyes internacionales que regulan las relaciones entre los países». Este es el motivo por el que el Parlamento pidió al Gobierno que adopte las medidas necesarias para poner fin a la presencia de las fuerzas de Estados Unidos en el país, uno de los objetivos que perseguía el propio Suleimani en vida.


Varias aerolíneas comerciales suspenden o desvían su vuelos
Varias aerolíneas, incluyendo Lufthansa, Air France y KLM, suspendieron este miércoles las rutas que sobrevuelan de los espacios aéreos de Irán e Irak, horas después de que Teherán atacara con misiles las bases aéreas utilizadas por tropas de Estados Unidos en territorio iraquí.Poco después de los ataques, la Administración Federal de Aviación estadounidense prohibió a los aviones civiles americanos sobrevolar Irak, Irán y los países del Golfo. También han cancelado sus vuelos Air France, KLM y Lufthansa. Por su parte la polaca LOT utilizará nuevas rutas para evitar sobrevolar Irán.

En Medio Oriente, Emirates y la compañía de bajo costo Flydubai cancelaron sus vuelos con destino a Bagdad, pero ésta última mantendrá sus vuelos a Basora y Nayaf. Varias compañías de la región ya habían suspendido sus vuelos a Irak, entre ellas Bahrein Airways o Kuwait Airways. EgyptAir suspendió el martes sus vuelos a Bagdad durante tres días.

Las compañías asiáticas también han procedido a desviar sus rutas que sobrevuelan Irán, como es el caso de Singapore Airlines, Malaysia Airlines, Vietnam Airlines y la compañía australiana Qantas.

Fuente: https://www.lasprovincias.es/internacional/iran-responde-bombardeo-20200108073449-ntrc.html#

Claves para entender el conflicto EEUU-Irán en Irak


¿Qué ha ocurrido?
Esta madrugada Irán ha lanzado 22 misiles sobre bases militares en Irak en respuesta al asesinato de Qasem Soleimani, ejecutado por EEUU en Bagdad el pasado 3 de enero.

Irán lanzó los misiles a la 1.20 de la madrugada, justo a la misma hora que Soleimani fue asesinado en Baghdad por cohetes estadounidenses lanzados desde un dron.

¿Cuántos muertos ha habido?
Parece que ninguno.
La televisión iraní dice que ha matado a 80 soldados norteamericanos, pero tanto el gobierno iraquí como los gobiernos de EEUU, Reino Unido y Canadá han confirmado que no ha habido muertos.

¿Tan importante era Soleimani para Irán?
Soleimani era el General que dirigía las Fuerzas Quds, el cuerpo de élite de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.

Era uno de los hombres más influyentes de todo Oriente Medio: tenía más poder real que muchos Presidentes y Primeros Ministros.

Su gran “misión” fue tejer una gran red política y militar chií en los países de la región para proteger la Revolución Islámica Iraní.

Durante los últimos 20 años, cuando algo importante sucedía en Irak, Líbano, Siria o Yemen, la primera persona hacia la que miraba cualquier analista era Soleimani. Tenía el poder y los contactos para dirigir operaciones militares o negociar coaliciones de gobierno.

¿Por qué el ataque de Irán ha sido sobre bases de EEUU en Irak?
Desde la invasión estadounidense de 2003, Irán y EEUU se disputan la influencia sobre Irak.
Es importante recordar que a Saddam lo tumbó EEUU, pero el principal enemigo de Saddam era Irán: 500.000 jóvenes iraníes murieron en la guerra Irak-Irán de los años 80.

De hecho, muchos de los líderes políticos de Irak hoy en el Parlamento y en el Gobierno vivieron en Irán como exiliados políticos durante la época de Saddam Hussein.

EEUU retiró sus tropas de combate de Irak en 201, pero volvieron en 2014 cuando el ISIS había conquistado casi un tercio del país y parecían imparables.

Obama firmó un acuerdo con el gobierno iraquí para entrenar al ejército y dar apoyo aéreo en los combates contra ISIS.

Curiosamente, entre 2014 y 2017, EEUU y Soleimani fueron “aliados de facto”: ISIS era insurgencia sunní, enemigos férreos de Irán. EEUU hacía los bombardeos aéreos y las milicias sobre las que Soleimani tenía control participaban en los combates terrestres.

Una vez acabado el califato del ISIS a finales de 2017, volvimos a la confrontación clásica: EEUU, Israel, Arabia Saudí vs. Irán.

Trump se dejó aconsejar por los «halcones», rompió el acuerdo nuclear con Irán e y les impuso duras sanciones económicas.

¿Y ahora qué puede pasar? ¿Empieza una nueva guerra?
La forma que ha escogido Irán para “vengar” la muerte de Soleimani ha sido muy cuidadosa: avisaron con antelación de que iban a lanzar los misiles, y los objetivos eran bases militares que llevaban varios días en alerta máxima.

Parece claro que con este ataque Irán no pretendía iniciar una guerra abierta, sino dar la señal a su pueblo de que no habían sido humillados y habían respondido a la afrenta estadounidense.
Por lo tanto, ahora todo depende de cómo responda Trump:

Escenario 1) Por motivos electorales y animado por los “halcones” que tiene como asesores, Trump responde con contundencia al ataque y comienza una guerra abierta.

Escenario 2) Como no ha habido soldados estadounidenses muertos en el ataque, Trump declara que “han cumplido su objetivo eliminando a Soleimani” y la escalada se para aquí. En este escenario, tanto EEUU como Irán podrían quedar satisfechos sin “quedar como perdedores”.

Aunque no haya una guerra abierta, el conflicto seguirá en la región.
El gran objetivo de Irán es expulsar a EEUU de Oriente Medio. Como saben que siempre perderían en una guerra convencional, las batallas son con “proxies” en los países de la región. Aquí tenéis un mapa de los diferentes grupos que financia en la región:



domingo, 5 de enero de 2020

Qasem Suleimani: un misil a la línea de flotación del régimen iraní

El asesinato por EEUU de Suleimani se da cuando el régimen iraní vive sus momentos de mayor debilidad

suleimani
Miles de iraníes se manifiestan contra Estados Unidos por el asesinato de Suleimani. / Abedin Taherkenareh (EFE/EPA)
La República Islámica de Irán no atraviesa por uno de sus mejores momentos. En plena expansión por Oriente Medio, está viviendo las mayores revueltas populares contra esa política expansiva, precisamente entre las poblaciones chiíes que debieran ser la base social de ese régimen integrista.

En primer lugar, nos encontramos con la oleada de disturbios sin precedentes dentro de Irán durante el pasado mes de noviembre que han afectado a toda la geografía y sectores sociales del país. Por otro lado, en la mitad sur de Irak, habitada mayoritariamente por chiíes, se suceden desde comienzos de octubre unas manifestaciones multitudinarias que ya han provocado medio millar de muertes y una grave crisis institucional que ha dejado a Irak sin Presidencia y sin primer ministro.

En este país, pieza clave para la política exterior de Irán, los manifestantes han llegado a asaltar e incendiar el consulado iraní de Najaf, ciudad santa y principal destino de las peregrinaciones para la segunda de las ramas del islam, además de atacar las sedes de las milicias y partidos pro-iraníes en protesta por la creciente influencia iraní en los asuntos de Irak.

No es, por lo tanto, aleatorio el momento elegido por Estados Unidos para asesinar al general Qasem Suleimani y a su mano derecha, Abu Mahdi al Muhandis, jefe de las Brigadas Hezbolah (Partido de Dios), grupo “hermano” del Hezbolah libanés y que está integrado por unos 10.000 combatientes.

Qasem Suleimani era el responsable de la organización Al Qods (Jerusalén), división exterior de los Pasdaranes (Guardianes de la Revolución), ejército religioso y verdaderas fuerzas armadas de Irán, diseñador de la estrategia expansiva por Oriente Medio. Bajo su dirección se ha desarrollado una importante red de milicias pro-iraníes, tanto en Irak como en Siria, que han servido de “caballo de Troya” para llevar a cabo esa ascendente penetración iraní por la antigua Mesopotamia con la pretensión de extender la influencia hasta el mar Mediterráneo.

Por su parte, Yamal Jafer Ibrahim, verdadero nombre de Al Muhandis, más conocido como “El Ingeniero” y que solía autodefinirse como “soldado” de Suleimani, es un antiguo asesor de la División Al Qods que ha conseguido desarrollar el llamado Hezbolah iraquí, sobre todo en los últimos años y al abrigo de la lucha contra el Estado Islámico.

Debido a su participación en la guerra contra el Califato de Al Bagdadi, tanto estos dos máximos mandos iraníes como sus milicias se han movido como “pez en el agua” dentro de Irak, convirtiéndose en una fuerza militar tan importante como el propio Ejército iraquí y con una gran influencia sobre el Gobierno de Bagdad.

Desde su nacimiento en el año 2003, el Hezbolah iraquí tiene entre sus principales objetivos llevar a cabo “la yihad contra la ocupación hasta que el último norteamericano sea expulsado de Irak”. De hecho, a este grupo se le responsabiliza de varios ataques a instalaciones norteamericanas y, de forma especial, de los proyectiles que cayeron el 27 de diciembre en la base K1 de Kirkuk, provocando importantes destrozos, numerosos heridos, entre iraquíes y estadounidenses, y al menos la muerte de un ciudadano de EEUU.

Igualmente se considera que estas milicias, organizadas, armadas y financiadas al amparo de la División Al Qods, están detrás de atentados contra dirigentes de la oposición iraní refugiados en Irak y del lanzamiento de los misiles que impactaron en la sede del Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI) en septiembre de 2018, sospechándose, igualmente, que intervinieron en los ataques a las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí que ya colocaron a Irán y EEUU al borde de un enfrentamiento directo.

Se sabe, así mismo, que han intervenido como fuerzas de represión interna, destacando la ofensiva contra el Kurdistán tras el referéndum de autodeterminación en octubre de 2017 y, en estos momentos, actuando contra los manifestantes que en las principales ciudades chiíes protestan por la incapacidad de los gobernantes para sacar adelante un país que cada vez se parece más a una colonia iraní.

Teniendo en cuenta estos hechos, se podría llegar a la conclusión de que la expansión de la República Islámica por Oriente Medio no tiene freno y de que, para Qasem Suleimani, habría llegado el momento de expulsar a EEUU de Irak. El ataque a la base K1 de Kirkuk y después el asalto a la Embajada norteamericana en Bagdad, como respuesta a las represalias estadounidenses, así lo indicarían.

En este sentido, los misiles lanzados contra Qasem Suleimani y su mano derecha, Al Muhandis, hay que interpretarlos no como una represalia más de los norteamericanos sino como un mensaje dirigido expresamente a la cúpula del poder iraní. No se debe olvidar que Suleimani, además de principal jefe y estratega de la División Al Qods, es uno de los principales mandos de los Pasdaranes, es decir, de las fuerzas armadas de Irán. También, que es una persona muy próxima al Guía de la Revolución, Alí Jamenei, hasta el punto de ser considerado la segunda persona con más poder real, incluso por encima del presidente Ruhani, y el verdadero ministro de Exteriores.

Se trata, en definitiva, de unos misiles dirigidos a la mismísima línea de flotación de la República Islámica, advirtiendo que, en cualquier momento, el blanco podría ser el propio Guía de la Revolución cuando este régimen integrista vive sus momentos de mayor debilidad y rechazo respecto a la base social que ha hecho posible su existencia: las poblaciones chiíes de Irán e Irak.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/analisis/2020/01/05/qasem-suleimani-un-misil-a-la-linea-de-flotacion-del-regimen-irani/

"Irán tendrá que reaccionar al ataque de EEUU para mantener su prestigio y posición"

Entrevista de EL ESPAÑOL al coronel Pedro Baños, donde analiza la situación geopolítica que se vive en Oriente Medio tras la escalada de tensión.

El complicado equilibrio de poderes en Oriente Medio -si es que tal ha existido en algún momento- amenaza con estallar por los aires tras los últimos acontecimientos que se han vivido en la región. Del asalto a la embajada de Estados Unidos en Bagdad al abatimiento del general iraní Qasem Soleimani. Un cóctel explosivo en un laboratorio de consecuencias geopolíticas absolutas.

The body of 's IRGC Commander who was assassinated by in is given an official state-level funeral in on an American .
Desde Teherán se habla de "venganza" tras el golpe sufrido en el corazón. Porque la muerte de Soleimani representa la caída de uno de sus pilares principales. Según informes de seguridad, el general representaba el músculo principal en los planes iraníes. Lo había demostrado en incursiones militares en Siria, fuertemente azotada por el terrorismo en los últimos años.

This is where Maj General will be buried in his hometown Kerman. He will be buried next to two other comrades who were martyred fighting against Iraq some 30-years ago.
 Porque el tablero no se ciñe en exclusiva a Estados Unidos e Irán. Unos y otros tienen intereses -y fuerzas o aliados- en Irak, Yemen, Arabia Saudí, Yemen... y, por supuesto, Israel. Un terremoto como el que se está viviendo en Oriente Medio apenas entiende de fronteras; sí de alianzas, acuerdos comerciales y afinidades religiosas o étnicas.

 
Iraqis hold funeral ceremony for Iranian and Iraqi martyrs, Quds Force Lieutenant General Qassem , and Abu Mahdi al-Muhandis, second-in-command of Iraq’s Popular Mobilization Units (PMU), who were martyred in US airstrikes in Iraqi capital Baghdad
 El coronel Pedro Baños, diplomado de Estado Mayor y con experiencia en Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo, desgrana para EL ESPAÑOL algunas de las claves del escenario que se está viviendo en la región. Buena parte de esos movimientos los ha detallado en sendos libros, Así se domina el mundoEl dominio mundial.

Tras el golpe militar de Estados Unidos y la consiguiente muerte del general Qasem Soleimani, en su cuenta de Twitter usted habló de las "picaduras" que Irán puede llevar a cabo contra intereses, por así decirlo, occidentales.
Sí, aunque no sé si el termino "occidental" es el más acertado. Me centraría en dos países: Estados Unidos e Israel, que han sido adversarios en los últimos años años y han combatido directa e indirectamente a Irán en Siria. Irán ha hecho un gran esfuerzo en el ámbito de la conlfictividad en Siria y allí han fallecido altos representantes del Ejército iraní, incluidos coroneles y generales. Incluso se comentaba que la Escuela de Fuerza Mayor de Irán se había trasladado a Siria para formarse.

Coffins of 's & Abu Mahdi al-Muhandis, deputy head of 's Hashd al-Shaabi forces. A funeral will be held for them & 8 others tomorrow morning in Iraq. Remains of Soleimani &4 other Iranian members will be flown to tomorrow afternoon.
¿Y cómo puede actuar Irán tras la muerte de Soleimani? 
Hay veces en las que no se puede actuar contra estos países [en referencia a Estados Unidos e Israel], pero sí contra otros países aliados. En cualquier caso, entiendo que si ahora mismo Irán no toma ninguna determinación o reacción, caería en un profundo desprestigio. Soleimani no era cualquier general, tenía una gran reputación en todo el país. Si Irán no reacciona, entraría en un gran desprestigio mundial y en la región.

¿Podemos decir que estamos más cerca que nunca de un conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán? ¿Más aún que en la reciente crisis nuclear?
Dentro de todo, el tema nuclear es un instrumento político. Vivimos muy centrados en una guerra económica, e Irán la padece muy de cerca por las sanciones internacionales que se le impusieron. Hay que tener en cuenta que, hoy en día, se realizan acciones de ciberguerra entre diferentes países, Irán incluido. O lo que es lo mismo, se actúa a través de guerras interpuestas y elementos proxies.

Un hombre sujeta una imagen de Soleimani durante una protesta por su muerte en Teherán.
Un hombre sujeta una imagen de Soleimani durante una protesta por su muerte en Teherán. Reuters
Con "elementos proxies" se refiere a otros elementos que, sin ser parte directa de los países enfrentados, sí representan movimientos afines geoestratégicos o militares para alcanzar unos fines.
Basta con ver lo que ocurre en Siria, donde multitud de potencias han participado en función de sus intereses. Irán tiene un alto aliado que es Hezbolá en el Líbano, que puede volver a poner los ojos en Israel. También podemos hablar de Hamas en Gaza, de los hazaras en Afganistán, los houtis en Yemen, los alauíes en Siria...

Conflictos declarados en una región crucial, también, en la estabilidad económica de todo el mundo.
Hay que tener en cuenta que, si por ejemplo se cerrara el estrecho de Ormuz, se dispararía el precio del petróleo; en agosto de 2018 ya se puso el barril a 150 dólares. Podríamos volver a todo eso y Estados Unidos, a sacar beneficio de ello como gran exportador. Los grandes perjudicados, los europeos, deficitarios de energía, y más aún en esta situación económica.

Faltan China y Rusia por definir su situación tras la escalada de tensión en Oriente.
China era el principal importador del petroleo iraní tras las prohibiciones de Estados Unidos. China es prudente y no se ha significado. Rusia sí se ha posicionado del lado de Irán. 

Los manifestantes irrumpen en la Embajada de EEUU en Bagdad.
Los manifestantes irrumpen en la Embajada de EEUU en Bagdad. Efe
Rusia, Estados Unidos, China... en escenarios ajenos a su propio territorio. Suena a los tiempos de Guerra Fría.
La tensión existe desde hace tiempo. Estados Unidos ha sido plenamente consciente de que Rusia quiere recuperar voz en el escenario internacional y China ya le supera en muchos ámbitos, como el de la tecnología. Todo esto son reminiscencias de otros tiempos y de tensiones en otras partes del mundo. 

Es difícil medir las consecuencias de lo que ocurre estos días en Oriente Medio.
Una chispa puede desencadenar consecuencias mundiales. Como he dicho, Irán algo tiene que hacer. Si permite esta situación y no reacciona, se enfrenta a un desprestigio mundial y a una debilidad en una mesa de negociación.

Fuentehttps://www.meneame.net/story/iran-tendra-reaccionar-ataque-eeuu-mantener-prestigio-posicion

viernes, 5 de octubre de 2018

Nadia Murad tiene una misión

Nadia Murad, activista yazidí, se emociona al recibir el Premio Sájarov 2016 en el Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia), el 13 de diciembre de 2016.
Nadia Murad, activista yazidí, se emociona al recibir el Premio Sájarov 2016 en el Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia), el 13 de diciembre de 2016. AFP

La recién galardonada con el Nobel de la paz logró escapar del calvario y la explotación sexual del Estado Islámico en Irak. Ahora esta yazidí lucha por llevar a los criminales ante la justiciainternacional

A Nadia Murad la violaron a diario. Soldados del autoproclamado Estado Islámico le destrozaron el cuerpo y la mente de por vida. Como a ella, unas 3.000 niñas y mujeres yazidíes fueron esclavizadas por el ISIS en Siria y en Irak. Murad tenía 19 años cuando los hombres armados entraron en su pueblo del norte iraquí, mataron a los varones y se llevaron a las mujeres a Mosul. Las encerraron, las vendieron y rompieron sus cuerpos más allá de los límites de la brutalidad.

Aquellas niñas y mujeres fueron piezas de un lucrativo mercado de seres humanos fundamentado en una supuesta interpretación rigorista del Islam por la que las yazidíes son mujeres infieles. La recién galardonada con el Nobel de la paz logró escapar del calvario tres meses después arriesgando una vez más su vida. Desde entonces, su lucha por llevar a los criminales ante la Justicia Internacional por genocidio y crímenes contra la Humanidad no cesa. Pelea porque se haga justicia con la minoría yazidí, una de las más antiguas de Irak.


La activista por los derechos humanos, Nadia Murad, acompañada por la abogada Amal Clooney en un evento en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York (EE UU), el 9 de marzo de 2017.
La activista por los derechos humanos, Nadia Murad, acompañada por la abogada Amal Clooney en un evento en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York (EE UU), el 9 de marzo de 2017. GETTY IMAGES
 Murad, de 25 años, imparte conferencias, viaja, concede entrevistas… rema con la vista puesta en la justicia, aunque según reconoce, muy a su pesar. “Yo no quiero ser activista para siempre. No quiero tener que contar mi historia una y otra vez. Quiero tener mi propia vida”, se lamentaba recientemente en la cafetería de un hotel de Berlín. Pero sabe que no es posible, que su vida se torció para siempre con la toma de Kojo, su pueblo, el 3 de agosto de 2014. A seis miembros de su familia los ejecutaron y también a su adorada madre.

Lejos queda la feliz vida de campesina iraquí. Ahora esta mujer menuda viaja por el mundo con la mirada medio ausente, pero imbuida por su determinación. Le acompaña en su misión Amal Clooney, la conocida abogada defensora de derechos humanos. Ha recibido el premio Sájarov a la libertad de conciencia y el Václav Havel de derechos humanos. Es además embajadora de Buena Voluntad de Naciones Unidas para la Dignidad de los Supervivientes de la Trata de Personas.

Como parte de su cruzada, Nadia Murad ha escrito el libro Yo seré la última. Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico (Plaza Janés), en el que describe con minuciosidad forense su tragedia. Siempre tiene en mente el día después. El día en que su testimonio sirva para hacer justicia. Porque es consciente de que los detalles, el día, la hora, los lugares importan. Es un relato duro y necesario que trata de evitar que la violación vuelva a ser otra vez más un arma de guerra en el enésimo conflicto.

Ahora vive en Alemania, donde llegó con su hermana gracias a un programa que acogió a un millar de niños y mujeres yazidíes, tras pasar por un campo de refugiados donde malvivió en condiciones penosas. Aquí está obligada a extremar su protección porque sabe que los tentáculos del Estado Islámico son de largo alcance, también en Europa.

Durante la entrevista con este diario en Berlín, Murad repitió varias veces una idea que le obsesiona, la complicidad. Sigue sin poder asimilar cómo tantos iraquíes que sabían lo que pasaba de puertas para dentro en las casas del horror, donde se violaba a las mujeres no decían nada. Sí, eran víctimas del miedo, pero aún así. “Una minoría trató de ayudar, pero si hubieran querido, podrían haber ayudado a las mujeres a escapar”, decía Murad. Tampoco alcanza a comprender a los jóvenes occidentales que corren a alistarse con el ISIS aún a sabiendas de las atrocidades que cometen.
Y no oculta tampoco su frustración ante la política de refugiados europea. “Ahora gente, que ha sido esclavizada por el ISIS durante años vive en campos de desplazados, en condiciones penosas”. Hace poco que Nadia Murad hizo público su compromiso con un joven que hacía las veces de intérprete en las entrevistas. Quiere aprender inglés y maquillaje.


Fuente: https://elpais.com/internacional/2018/10/05/actualidad/1538741666_391210.html?id_externo_rsoc=TW_CM

miércoles, 5 de abril de 2017

Hawra, el rostro de un bombardeo americano sobre Mosul

[Mosul es la capital del ISIS. Fue en la Gran Mezquita de esta ciudad donde Abu Bakr Al-Baghdadi proclamó el “Califato” en la primavera de 2014. Una coalición formada por el ejercito iraquí, tropas kurdas y grupos paramilitares chiíes, con el apoyo aéreo de EEUU, lucha desde hace meses por recuperar Mosul.]


 Hawra tiene 4 años y hasta hace unos días lucía una preciosa melena rubia. Ahora su cara y sus ojos están quemados.

Un avión estadounidense lanzó una bomba sobre su casa en Mosul. Más de 200 civiles murieron el 17 de febrero en el mismo bombardeo sobre el barrio de Al Jadida.

Hawra no para de gritar pidiendo a su mamá. Todavía no sabe que ella murió en el ataque y ni siquiera han encontrado su cuerpo entero.

A diferencia de las batallas por la liberación de Ramadi, Faluya o Trikit, en Mosul el gobierno irakí pidió a los civiles que no huyesen de la ciudad. Todas las ONGs y las organizaciones humanitarias que trabajan aquí advirtieron que esa decisión crearía el desastre. A eso hay que añadir que ISIS ha comenzado a ejecutar a los civiles que tratan de huir del territorio bajo su control.

Ala, el padre de Hawra no pudo si quiera enterrar a su mujer. “Tapé sus restos para evitar que se lo comieran los perros”. Con su hija quemado en brazos, tardó dos días y dos noches en salir de Mosul, esquivando a los francotiradores de ISIS y a los francotiradores del ejército.

Hawra ya no puede ver. A ratos se tantea la cabeza con las manos y llorando pregunta qué ha ocurrido con su melena.

Ningún representante del gobierno iraquí, ni del gobierno estadounidense se han acercado al hospital para preguntarles si necesitan algo.

Ala no sabe qué hará el día que Hawra salga del hospital: su casa quedó destrozada, sus seres queridos han muerto, su niña está ciega. Durante el gobierno de ISIS en Mosul, fue condenado tres veces a latigazos. Ahora, durante la liberación, EEUU se ha llevado por delante a su familia.
“Si yo sigo viviendo es por darle un futuro a mi pequeña”.

[En este link podéis encontrar todas las entradas de la serie, “La Batalla por Mosul”]


Fuente:  http://www.principiamarsupia.com/2017/04/04/hawra-el-rostro-de-un-bombardeo-americano-sobre-mosul-la-batalla-por-mosul-vii/

miércoles, 8 de marzo de 2017

Un dolor desgarrador

Testimonio de una trabajadora humanitaria en un campo de desplazados en Kirkuk (Irak)

<p>Un grupo de mujeres desplazadas en Kirkuk.</p>
Un grupo de mujeres desplazadas en Kirkuk.
Baudouin Nach

Un grupo de personas me rodea. Me miran fijamente con sus ojos inquietos. Jamás me había sentido tan vigilada. Al mismo tiempo, observo a un crío en los brazos de su madre. Sus manos tratan de asir con desesperación cualquier cosa, pero sólo hay aire. Tiene hambre. Tanta, que duele mirarlo. Frente a él, en una caja, hay un paquete de galletas. El pequeño no le quita el ojo de encima. Finalmente lo alcanza y trata de arrancar el envoltorio plástico. Es una imagen que se me ha quedado grabada en la mente. Es demasiado pequeño para estar tan hambriento, demasiado pequeño para entender la decisión que ha tomado su familia para sobrevivir. O cómo este viaje definirá su futuro. Alrededor de él, hay varios grupos de personas sentadas en el suelo. Están apiñadas alrededor de cajas de comida, comiendo con desesperación después de seis días de hambre y dos años de sufrimiento bajo el control de grupos armados.

El niño está entre 647 personas que han llegado sanas y salvas de Hawija, un lugar ahogado por el sufrimiento. Todas ellas decidieron emprender un camino al que no todos sobreviven. A los que atrapan en la huida, los ejecutan. Y aquellos que logran salir de Hawija deben recorrer siete kilómetros en plena noche a través de un desierto trufado de minas y de artefactos explosivos caseros. Y también donde los francotiradores están al acecho de sus “objetivos”. La otra noche, sin ir más lejos, un grupo de familias fue ejecutado cuando intentaba escapar. Pero los que hoy tengo delante lo lograron. Ellos están vivos.

Muchas mujeres se dirigen a mí con los ojos llenos de lágrimas y me hablan de las familias que han dejado atrás. Atrás, en un lugar que ha estado sometido a durísimos bombardeos y donde todavía se espera una nueva ofensiva. Hay una joven que perdió a toda su familia ayer cuando pisaron una mina en la oscuridad. Su dolor es desgarrador.

Otras personas están sentadas en silencio. Con la mirada perdida y los ojos fijos en el vacío. Unos ojos que han visto cosas que nadie debería ver. En un estado de conmoción tal que se adivina impenetrable. Aunque necesario porque ellos aún no son libres. Deben seguir luchando por sobrevivir.

Hay un anciano que está sentado solo. Respira con dificultad y su falta de resuello es notoria. Le proporciono algo de Ventolín, pero en lugar de mejorar, rompe a llorar. Su hijo sigue en Hawija. Y es todo lo que necesita decir.

A veces lo más duro es escuchar estas historias y no perder la hechura profesional. Sobre todo cuando siento las lágrimas a punto de desbordarse. No sé qué decir más allá de “Inshallah (si Dios quiere), tu hijo llegará a salvo”. El hombre me mira con  ojos cristalinos y repite “Inshallah”, mientras mira al cielo.
Dos niños han perdido a su madre por la explosión de otra mina, también ayer en la ruta de salida de Hawija.

El aire que respiro está impregnado de sufrimiento.

Un niño de ocho años me reprocha que su hermanita pequeña esté enferma. Dice que él no ha dormido en días porque, durante la noche, las mujeres duermen y los chicos jóvenes deben hacer guardia. Lo dice muy serio y con convicción, aunque no hay rastro de emociones.

Veo a niños que esconden comida en sus bolsillos y ver esto duele. Como digo, ellos siguen luchando por sobrevivir.

Durante la última semana, varios niños han llegado con heridas debidas a explosiones. Nuestros equipos médicos les han extraído la metralla y el metal de sus pequeñas extremidades, y los han transferido con total seguridad a uno de los hospitales a los que damos apoyo. Vemos solamente a aquellos que lo logran, a aquellos que han superado el peligroso viaje y han alcanzado los puntos de entrada a Kirkuk más allá de la línea del frente. Pero sabemos que hay muchos otros que han quedado atrás.

En uno de los puntos de entrada, un hombre joven se desploma nada más salir del camión en el que ha llegado. No responde y está pálido. Lo llevamos a una de nuestras clínicas y mientras intento reanimarle veo que de sus ojos brotan sendas lágrimas. Permanece quieto, paralizado sobre el suelo mientras solloza, hasta que finalmente es capaz de sentarse. Me cuenta cómo sus padres fueron asesinados hace poco y que su hermano sigue en Hawija. Su mujer está embarazada de su primer hijo y él se siente superado por la incertidumbre. Nos sentamos en el suelo y su mujer se une a nosotros. Terminan llorando los dos. Él cree que le he salvado la vida y tras un apretón de manos dice que rezará por mi cada noche. Su coraje me abruma.

Estamos construyendo nuestro proyecto desde cero, y nos estamos preparando para lo que viene. Hemos iniciado la capacitación de personal sanitario de los principales hospitales para emergencias. Además, estamos trabajando en los puntos de acceso a esta zona para proporcionar atención de emergencia a los recién llegados y a los heridos. Los equipos médicos están creciendo para aumentar nuestra capacidad de respuesta. Y la solidaridad de todo el equipo lo está haciendo posible. La unión del humanitarismo y la medicina en este lugar nos recuerda la identidad de MSF.

La necesidad de nuestra presencia es notoria. La gratitud de nuestros pacientes, un ejemplo de humildad.
A pesar de la complicada situación, estamos exactamente en donde debemos estar.

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Mariko Miller es una enfermera canadiense que trabaja para MSF en Kirkuk (norte de Irak), donde MSF está proveyendo asistencia médica a la población que se ha visto obligada a huir de sus hogares debido al conflicto armado. Además, MSF apoya a dos hospitales locales en sus servicios de urgencias.
Traducción de MSF.

Muchos de los desplazados que llegan son de Hawija, un distrito al suroeste de Kirkuk que ha estado bajo el control de grupos armados durante más de dos años. Desde que se intensificaron las operaciones militares para retomar el distrito en agosto del pasado año, más de 80.000 iraquíes han huido de Hawija, según ACNUR. Muchas familias hablan de falta de comida y combustible en la zona. Y también del peligroso camino que conduce a la seguridad. A pesar de la magnitud de las necesidades de la población, la asistencia humanitaria es terriblemente insuficiente.


Fuente:  http://ctxt.es/es/20170307/Politica/11126/refugiados-mujeres-lagrimas-ni%C3%B1os-Hawija-hambre.htm

martes, 27 de septiembre de 2016

"No somos más que carne de cañón para el Estado, las corporaciones y los bancos"

Entrevista a Vincent Emanuele, exmarine de EEUU y veterano de la guerra de Irak
Vincent Emanuele, exmarine de EEUU y veterano de la guerra de Irak.
Vincent Emanuele, exmarine de EEUU y veterano de la guerra de Irak.
  Vincent Emanuele es veterano de la guerra de Irak. Como marine fue a la vez protagonista y testimonio de la ocupación estadounidense del país, lo que le hizo replantearse su experiencia y finalmente le convirtió en activista antibelicista. Actualmente es columnista en Telesur.

¿Cuándo y por qué decidió alistarte en los Marines?

 Me alisté en el cuerpo de Marines en 2002, mientras terminaba el último curso en el instituto. Me alisté sobre todo porque no sabía qué más hacer con mi vida. En aquella época no estaba interesado en la universidad y no tenía ninguna intención de trabajar en la acerería, así que mis opciones eran limitadas. O bien me alistaba en el ejército o bien terminaba trabajando en algún empleo sin perspectivas por 7,25 dólares la hora. Mi historia no es muy diferente de la de muchos que luego encontré y que venían del “cinturón de óxido” (rust belt), ciudades y municipios que habían sido centros industriales pero que ahora son un agujero desindustrializado.

Además, yo era el típico chico americano. Pensaba que la violencia molaba. Y pensaba que para ser un hombre de verdad tenía que hacer cosas violentas, como librar guerras o llevar armas. Parte de aquella decisión era económica, pero parte estaba basada en mi educación cultural. Los chicos del medio oeste disparan armas y juegan a policías y ladrones con sus amigos. “Jugábamos a la guerra” desde que tenía cuatro años. Veíamos las películas más violentas, que reforzaban la idea de que el ejército era algo bueno. Y jugábamos a videojuegos que hacían lo mismo.

Ha servido en Irak, donde fue testimonio del lado más oscuro de la ocupación estadounidense. Ha ofrecido una descripción a los lectores de Telesur en un artículo publicado en diciembre, e incluso ha dicho que EEUU ayudó a crear el Estado Islámico. ¿Qué recuerda de aquella época?
Fue una época muy oscura. Escribo sobre aquella experiencia porque en este momento, quince años después del 11-S y diez años después de haber estado en Irak, no estoy seguro de qué más puedo decir sobre aquello. Algunos de mis mejores amigos fueron asesinados. Asesiné a gente, algunos de ellos inocentes. Muchos de mis camaradas en los Marines torturaron a prisioneros iraquíes y mutilaron los cuerpos de los fallecidos. Hacían fotografías de los cuerpos desmembrados y volvían a casa como drogadictos y alcohólicos.

Hoy esos veteranos se matan a sí mismos en índices absurdos mientras los iraquíes aún tienen que soportar la ocupación estadounidense y el legado de décadas de locura del Tío Sam. Me sorprende que el pueblo iraquí haya sido tan pacífico. Es un milagro que no haya un ataque terrorista en Estados Unidos cada día. Más importante aún, tenemos que recordar al mundo que más de un millón de iraquíes han muerto como resultado directo de la invasión y la ocupación estadounidense. Eso es lo más importante a tener en cuenta.

Desde entonces, todo Oriente Medio, buena parte del Norte de África y Asia oriental ha descendido al caos. EEUU no solamente ha destruido Irak, sino que ha destruido o ayudado a destruir Afganistán, Libia, Siria, Palestina, el Líbano, Pakistán, Yemen, Somalia y muchos más. Y la peor parte es que no parece haber un fin a la vista. Estas guerras, a diferencia de la de Vietnam, continuarán durante décadas, o hasta que no haya nadie más a quien matar o dominar.

Los veteranos de guerra están muy presentes en esta campaña electoral. Donald Trump, por ejemplo, ha prometido mejorar su situación. ¿Cuál es la situación real de los veteranos de las guerras más recientes de EEUU (Afganistán, Irak)?
Es difícil hablar de los “veteranos” como un todo. Para los veteranos pobres, la situación es diferente, y mucho peor, que para los veteranos que vienen de familias adineradas. Lo mismo vale para los veteranos afroamericanos y latinos, que terminan en números desproporcionados sin hogar, sin empleo, en prisión, etcétera. Para las mujeres la situación es muy diferente que para los hombres. Como ahora sabemos, casi un tercio de las veteranas de guerra han sufrido de trauma sexual militar (MST, por sus siglas en inglés) durante algún momento de su servicio.

Los veteranos han sido siempre utilizados como instrumentos políticos. Al final no somos más que carne de cañón para el Estado, las corporaciones y los bancos. La parte más extraña es que todo el mundo más o menos lo sabe. En otras palabras, si le preguntas al ciudadano medio, básicamente sabe que la guerra es un negocio (racket), como escribió Smedley Buter hace tiempo. Los veteranos que combatieron en la Guerra del Peloponeso no eran más o menos instrumentos que los veteranos que combatieron en Vietnam o en la Guerra Civil Americana: eran peones de un juego geopolítico y económico mucho mayor.

La mejor manera de expresarlo sería decir que los veteranos no son héroes. Nunca fueron héroes y nunca serán héroes. Los verdaderos “héroes” en la sociedad, en la medida en que podría decirse que la sociedad tiene “héroes”, son los activistas y artistas que imaginan y luchan por un mundo mejor.

El discurso en la Convención Nacional Demócrata de Khizr Khan –padre de un soldado fallecido en Irak– ha sido recientemente fuente de controversia. ¿Qué opina de este caso?
El comentario de Medea [Medea Benjamin, de la organización antibelicista Code Pink, escribió en su cuenta de Twitter: “No he oído a nadie hablar de la tragedia de que el hijo de los Khan muriera en vano por una guerra por la que Hillary votó a favor”] fue mi reacción inicial. Pensé para mis adentros: “Esto es muy extraño. Estos padres están haciendo campaña por una mujer que votó por una guerra ilegal e inmoral en la que su hijo perdió la vida”. ¿Pero qué podemos hacer? Es muy posible que la familia de Khan esté traumatizada. Por supuesto, deberíamos poder cuestionar sus acciones y declaraciones, pero no quiero emplear mucho tiempo hablando de ellos como los padres de alguien que murió por las compañías petrolíferas y el hibris.

¿Han participado los veteranos de Afganistán e Irak en las manifestaciones contra la guerra en EEUU, como hicieron algunos veteranos de Vietnam en su momento?

 Ha habido grupos como Veteranos de Irak contra la Guerra y Veteranos por la Paz que han proporcionado un espacio para los veteranos de Irak y Afganistán contrarios a la guerra. Sin embargo, el movimiento antibelicista y las propias guerras son cosas muy diferentes. Para empezar, no hay servicio obligatorio, así que la mayoría de estadounidenses no tienen que preocuparse demasiado por las guerras en Irak o Afganistán como estuvieron obligados a preocuparse por la de Vietnam. Por decirlo con una expresión: no se juegan la piel en esto. Además, los medios de comunicación han hecho un trabajo de mierda cubriendo estas guerras, así que la gente no ha recibido la información adecuada sobre ellas.

Y lo más importante, no hay un movimiento antibelicista en EEUU. Desde el 11-S nunca hubo un movimiento antibelicista vibrante en EEUU. El movimiento antibelicista que existió durante los años de Bush era un movimiento anti-Bush, no antibelicista. Era un movimiento sin guías y nunca fue capaz de llegar al americano medio. Muchos eran blancos privilegiados de los suburbios y las zonas residenciales de clase media-alta.

Durante Vietnam, la izquierda era mucho más fuerte. Pero luego la izquierda fue desmantelada, en parte debido al propio sinsentido de la izquierda, pero sobre todo porque el FBI, la CIA y en general el aparato de Estado de EEUU hicieron un esfuerzo concertado para destruir lo que se había estado construyendo a lo largo de los sesenta. No quisiera desviarme del tema, pero creo que es importante recordar la historia porque los activistas de hoy están lidiando con sus ramificaciones.

Las guerras en Vietnam, Laos y Camboya eran muy diferentes a las guerras de hoy. Entonces era también más fácil para los izquierdistas y activistas de todo el mundo identificarse con la oposición. La gente que luchaba contra el imperialismo estadounidense defendía valores y plataformas políticas con las que la gente en Occidente podía identificarse y a las que podía apoyar. Hoy eso ha dejado de ser cierto. La gente que lucha contra el imperialismo estadounidense son sobre todo reaccionarios de derecha cuyas plataformas políticas son incluso más regresivas y peligrosas que las propuestas sin ton ni son del Partido Republicano. Ésa es una diferencia importante.

Además, EEUU quería abandonar Vietnam porque no era una prioridad estratégica, mientras que lo opuesto es lo cierto en Oriente Medio, el norte de África y Asia oriental, regiones que EEUU nunca abandonará, a menos que se les obligue a hacerlo, por supuesto. Si eso no ocurre, EEUU nunca abandonará sus intereses en esas regiones.

Usted ha descrito en un artículo la brecha que existe en el movimiento antibelicista estadounidense entre una minoría de activistas con “mentalidad de campus” y una mayoría formada “por los trabajadores de Small Town”, a los cuales los primeros supuestamente se dirigen (y fracasan). Y encabezaba el texto con una cita muy mordaz de Hunter S. Thompson.
Por empezar respondiendo a la última parte de tu pregunta: me encanta Hunter S. Thompson. Mientras el resto de Marines de mi unidad leían Playboy o Maxim, yo leía a Thompson. En cierto modo su obra me salvó la vida. Me recordó que estaba bien ser tú mismo, especialmente en un ambiente como el del ejército. Luego empecé a leer sobre la contracultura de los sesenta y aquello fue el comienzo del fin, o el fin del comienzo para mí. Me desconecté del ejército después del primer año, así que los tres siguientes fueron, como poco, muy interesantes.

Vincent Emanuele durante un acto público contra la OTAN.
Vincent Emanuele durante un acto público contra la OTAN.
En cualquier caso, sí, como he dicho antes, el movimiento antibelicista en EEUU era muy blanco y de clase media-alta. Muchos liberales de universidad, muchos radicales de los sesenta y profesores, pero muy pocos afroamericanos y latinoamericanos. Y en la práctica ningún blanco pobre participaba en el movimiento. Las políticas de identidad proceden de esta gente de los campuses y la gente del fideicomismo liberal que vive y trabaja en Bay Area [ área de la Bahía de San Francisco, una de las regiones más progresistas de EEUU ], son la gente que dominaba el movimiento antibelicista. Ése es el motivo por el que el movimiento antibelicista era tan limitado en sus perspectivas y ya no existe.

Creo que existe una oportunidad para reconstruir el movimiento antibelicista, pero necesita estructurarse de un modo fundamentalmente distinto al de los anteriores. Ahora mismo existen varios movimientos sociales en EEUU, aunque ninguno de ellos es muy fuerte. Y con todo, existen, y algunos de ellos incluso están creciendo. Yo diría que ése es el caso del movimiento ecologista. Black Lives Matter, si puede llamársele un movimiento, parece que se está estancando, pero ha abierto espacio para un debate significativo sobre el racismo sistémico, el trabajo de la Policía y mucho más.

Pero las guerras continúan. Los ataques con drones aumentan, y también la vigilancia. Podemos pretender que estas cosas mejorarán por sí mismas, o que movimientos que están centrados en otras cuestiones en algún momento tratarán éste, pero no creo que eso ocurra. Son varios países en el mundo los que siguen militarizándose. Y todos los Estados nacionales han mejorado sus capacidades para el espionaje. Tenemos que crear un movimiento que sea capaz de tratar estas cuestiones. Por ahora ese movimiento no existe. Y lamento tener que decir que ni siquiera nos acercamos a su creación.

Intelectuales como Jean Bricmont han criticado la ideología del “imperialismo humanitario”, que justifica las intervenciones militares occidentales con fines humanitarios, como el establecimiento de la democracia y los derechos humanos. ¿Sigue esta ideología estando extendida entre los liberales estadounidenses?
En el ejército solíamos decir: “Buena intención, mal criterio”. Creo que este dicho se ajusta bien a la idea de las “intervenciones humanitarias”. Le explicaré una anécdota: en 2011 estaba dando una charla sobre la política exterior estadounidense en el North Side de Chicago (una zona adinerada y liberal de la ciudad) y un tipo se levantó y dijo: “Mire, estoy en contra de la guerra, pero no puedo estar de brazos cruzados y ver a toda esa gente ser asesinada en Libia. ¡Tenemos que hacer algo!”.

Este episodio me recordó cuán fácil es manipular a la gente, particularmente en el contexto neoliberal actual. Slavoj Zizek se refiere a esto cuando habla sobre la ideología liberal y el capitalismo. En el mundo de hoy, las corporaciones han entendido que la gente cada vez es más liberal, así que sus campañas de publicidad y marketing reflejan esa realidad. Ya no compras jabón, sino que compras jabón y salvas la vida de personas en África. Ya no compras una cerveza, sino que compras una cerveza y ayudas al estudio del cáncer de mama, salvando la vida de mujeres.

Es este tipo de lógica la que conduce a las intervenciones humanitarias. La gente tiene buenas intenciones. Ven a gente inocente siendo asesinada y quieren hacer algo para ayudar. Pero son manipulados por los medios de comunicación y los llamados líderes políticos en beneficio de los intereses empresariales y estatales, por supuesto. Tal y como yo lo veo, la única manera de combatir adecuadamente esta propaganda es hacer pedagogía sobre qué es y qué no es el ejército. Tenemos que recordar a la gente que el ejército de EEUU, y todos los ejércitos en definitiva, tienen una función primaria, y ésa es matar a gente. El ejército es una fuerza de muerte y destrucción. Cuanta más gente comprenda la historia del imperio estadounidense, menos posibilidades habrá de que exista ese apoyo para las llamadas “intervenciones humanitarias”.

En España hemos visto también recientemente cómo soldados y oficiales del ejército participan en el debate político, como el teniente Luis Gonzalo Segura o el antiguo general José Julio Rodríguez. Rodríguez, sin embargo, ha sido criticado por defender que España siga siendo miembro de la OTAN. ¿Qué opina de este caso?
Honestamente, no estoy familiarizado con ninguno de los dos casos, así que no puedo comentarlos de manera específica. Dicho esto, existen casos parecidos aquí en EEUU y con veteranos de todo el mundo. Lo más importante es que no deberíamos hacer de los veteranos un fetiche. Si los veteranos eligen participar en la vida política, estupendo. Pero no deberíamos ponerlos en un pedestal. Sus opiniones e ideas no son menos o más importantes que los de un trabajador o una ama de casa.
 
 Lo más importante es desmantelar y deconstruir la mitología que rodea a los veteranos. No estoy para decir: “¡Miradme, soy un veterano y tengo una experiencia especial!”. Estoy aquí para decir: “Bien, soy un veterano y he participado en algunas cosas realmente malas. Creo que mis experiencias pueden ayudar a otros a entender mejor por qué no deberíamos precipitarnos a la hora de matar a gente que no conocemos en un país en el que nunca hemos estado”. Me aseguro de decir a la gente que el servicio militar y el ejército son muy diferentes de lo que la gente cree. Esto es lo más importante que los veteranos pueden hacer: desalentar a otros a la hora de participar en esta locura.

No digo esto como pacifista. Digo esto como alguien que se opone a que cualquiera luche y muera por el imperio. La OTAN y sus componentes ancillares son anticuados y destructivos. Rusia no es una “amenaza”. El imperio estadounidense es la principal amenaza. El neocolonialismo europeo también es una amenaza. Hoy la OTAN sirve a los intereses imperialistas occidentales. Por desgracia, parece que el general Rodríguez quiere nadar y guardar la ropa al mismo tiempo. Pero eso no es posible.

Deberíamos estar pensando en alternativas al ejército. Deberíamos estar creando alternativas al militarismo y al imperio. Un proyecto más amplio en el que imaginar y crear alternativas al Estado, a la religión, al capitalismo. Deberíamos estar pensando en maneras de interactuar mejor con nuestro entorno natural y los miles de millones de seres vivientes con los que interactuamos a diario. Nos enfrentamos a enormes desafíos, a desafíos sin precedentes. Y no tenemos tiempo para reformar instituciones existentes como la OTAN. Espero que esto ayude a responder a tu pregunta. Espero que tanto el teniente Segura como el general Rodríguez continuen su carrera política, pero espero que se radicalicen en sus críticas y acciones, como por otra parte, todos debiéramos hacer.

lunes, 11 de julio de 2016

Aznar duele todavía

El informe Chilcot debería provocar una comisión parlamentaria de investigación que permitiera llegar a una condena política, determinando si hubo o no una mentira consciente y estratégica sobre las razones del apoyo de España a aquella guerra

No Azwar en Bruselas, año 2004, por Noaz.

 ¿Todavía con lo de Aznar e Irak? Sí, todavía, porque igual que no basta con desarticular operativamente a la banda terrorista, sino que es necesaria su derrota moral, también es importante aprovechar buenas ocasiones para ajustar cuentas con la decisión más inmoral y desleal que un Gobierno español ha tomado desde la democracia. 

El informe Chilcot corrobora lo que ya no es posible poner en duda, y nos presta una de esas buenas oportunidades para recordar y hurgar en la herida que en aquellos días de 2003 nos dolió a unos, para que hoy avergüence a otros. ¿Cómo no volver, por ejemplo, al 13 de febrero de 2003?. Ese día Sáenz de Buruaga entrevistó a José María Aznar en Antena 3, con gran audiencia. En un momento de la entrevista que nadie que lo presenciara habrá olvidado, Aznar, mirando fijamente a la cámara, afirmó, literalmente:  "Puede usted estar seguro, y pueden estar seguras todas las personas que nos ven, de que les estoy diciendo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva, tiene vínculos con grupos terroristas y ha demostrado a lo largo de la historia que es una amenaza para todos".

Sabemos ya, porque ya está escrito en la historia, que no se trató de una afirmación imprudente, sino de una mentira deliberada, que luego repitió ante el Congreso de los Diputados. Sabemos que la decisión estadounidense de hacer fuego sobre Irak, tomada en círculos poblados de halcones, dólares y petroleras, no fue un cálculo erróneo motivado por la prisa, sino una decisión fría y alevosa que buscaba un saldo positivo para sus patrocinadores. Sabemos también que Aznar comprometió el apoyo de España sin condicionarlo a que se obtuvieran o no los apoyos y autorizaciones de la comunidad internacional exigidos para darle legitimidad, y que los motivos de la intervención eran distintos de los que se esgrimieron ante la opinión pública.

Pero lo peor es que quienes decidieron y defendieron aquella agresión armada sabían que con ella estaban condenando a una muerte injusta a una muchedumbre de inocentes. Lo sabían, claro que sí, y se les dijo. Se les dijo desde parlamentos y embajadas, desde el propio Consejo de seguridad de la ONU, desde el Vaticano y desde la opinión pública en aquellas enérgicas manifestaciones. Esa era la parte del problema de la que no nos hablaban. Lo viví con angustia en aquellos días dramáticos previos a la invasión, y lo dejé escrito con estas palabras: “morirán madres, morirán niños de cuatro y seis años que ahora mismo están jugando o aprendiendo a leer, se romperán familias y biografías, piernas y troncos, los hospitales se quedarán sin suministro eléctrico, los jóvenes alimentarán un compromiso de venganza, quedarán heridos y deportados; una población tan inocente y con tanto derecho a vivir como nosotros, que ya es víctima del sátrapa a quien quieren castigar, sufrirá en sus carnes una abrumadora acometida militar llena de metralla y fuego, esa que duele y mata”.  Lo sabían.
Yo no llevaría a Aznar a un tribunal, porque es seguro que saldría absuelto. Si buscan en el Código Penal (arts. 581 y ss.) y tienen costumbre de leer textos penales comprenderán que es difícil encontrar algún precepto en el que pueda subsumirse la conducta de Aznar: España puede hoy declarar la guerra a Marruecos porque sí, para hacerse con sus costas y sus campos, y eso no sería delito si cumple formalmente con los “procedimientos constitucionales”, (art. 588), que son de carácter formal. La vulneración de la legalidad internacional en la declaración de guerra no está contemplada como delito en nuestro Código Penal. 

<p>Barroso, Blair, Bush y Aznar, durante la Cumbre de las Azores. </p>
Barroso, Blair, Bush y Aznar, durante la Cumbre de las Azores.
 La condena que Aznar merece no es penal, sino política y moral. No me apunto a llamar a Aznar criminal de guerra o genocida, porque no lo es. A mí me importa más decir algo de lo que estoy seguro: que aquella fue la mayor infamia de nuestra historia democrática. Quisiera explicar en qué consiste, exactamente, para mí, esa infamia: consiste en que José María Aznar y su Gobierno asumieron, promovieron y difundieron un discurso que deliberadamente prescindía de la incómoda perspectiva de las víctimas, que le estropeaban el discurso. Lo perverso fue, justamente, el intento denodado y patético de dar una legitimidad moral y política a una matanza sobre la base de mentiras asumidas complacientemente. Aznar optó por el discurso de los despachos, de los intereses, del poder y del juego, en el que se sintió a gusto y reconocido por los círculos a los que pretendía agradar, pero para ello tuvo que ignorar a la opinión pública y a las víctimas. Había que engañar a la opinión pública y había que descontar a las víctimas. Sin ellas, sin las víctimas, podía envolverse y enredarse en los intereses de España, en la seguridad de Occidente, en la geoestrategia, en las ventajas de la asociación con Estados Unidos, en la influencia internacional y en Sadam Hussein, pero ahí está lo inequívocamente inmoral: convertir a los muertos (que finalmente fueron centenares de miles) en una variable contingente, colateral y secundaria a la hora de calcular el saldo previsible de una operación. Aznar optó por ser desleal con su país, engañándolo en un asunto grave, y cruel con las víctimas, ignorándolas para que no le estropeasen su momento de gloria y la imagen de estadista con la que quería ser recordado. Eso merece una comisión de investigación parlamentaria.

Es una obligación moral volver a sentir la vergüenza de la imagen de aquel “pronunciamiento militar” de las Azores, en el que Bush, Blair y Aznar, como unos coroneles golpistas, dieron un envalentonado y cutre ultimátum de veinticuatro horas a la ONU para que legitimase una decisión que había sido tomada hacía meses en determinados circuitos de poder no muy preocupados por la legalidad internacional. La justificación, lo recuerdo bien, fue idéntica a la de cualquier golpe de Estado: atacarían militarmente al margen de la oposición del Consejo de Seguridad, porque la ONU se había mostrado “ineficaz” e incompetente para responder adecuadamente a amenazas o desórdenes inadmisibles. Ahí estaban ellos para conseguir, con prontitud y eficacia, sacar la cuestión del laberinto de la ONU y darle la solución “adecuada”. Ahí estaban para “hacer lo que había que hacer”, compensando con su audacia la parálisis de la ONU. Y ahí estaba Aznar, convencido de que la opinión pública de su país acabaría comprendiendo que se había equivocado al no confiar en él y en su idea del papel que España tenía que jugar. Todavía duele.

Es necesario hurgar en la herida, sí, y no decir que de aquello ya pasó mucho tiempo. La publicación del informe Chilcot nos devuelve a todo aquello, y a mí me invita a recordar que nunca me sentí menos español que cuando nuestra ministra de Asuntos Exteriores defendió en el Consejo de Seguridad la oportunidad de la invasión, y que nunca me he sentido más español que aquel domingo en que el nuevo Presidente recién investido anunciaba la orden de la retirada. Si simbólica fue, como decían, la participación de España en aquélla guerra, simbólico fue el gran valor de la retirada. 

Nada de pasar página. Tenemos derecho a una restitución moral. El informe Chilcot debería provocar una comisión parlamentaria de investigación que permitiera llegar a una condena política, determinando si hubo o no una mentira consciente y estratégica sobre las razones del apoyo de España a aquella guerra, quiénes y cómo intervinieron en aquella decisión, qué intereses, contraprestaciones, negocios o favores se escondieron debajo de esa mentira.  No es agua pasada. La guerra injusta nunca es agua pasada. Y aquella infamia no ha prescrito, porque los daños físicos y morales que se causaron todavía duelen. Una reprobación expresa del expresidente Aznar no llegaría a destiempo. 



El ex viceprimer ministro de Reino Unido reconoce que la invasión de Irak fue ilegal


El ex viceprimer ministro de Reino Unido en 2003, John Prescott, ha reconocido que el país quebró la ley internacional con la invasión de Irak. El aliado del expremier Tony Blair se une a la serie de políticos que ha pedido perdón por aquella decisión después de que el informe Chilcot revelara esta semana que el Gobierno británico no agotó las vías pacíficas antes de ordenar la invasión.

“Como vicepresidente de aquel Gobierno debo expresar mi disculpas más sinceras, especialmente a las familias de los 179 hombres y mujeres que dieron sus vidas en la Guerra de Irak”, ha expresado Prescott en un artículo publicado en el diario ‘Daily Mirror’. “Viviré con la decisión de ir a la guerra y sus catastróficas consecuencias el resto de mi vida”, ha añadido.

El exvicepresidente ha apuntado a la falta de documentación para tomar las decisiones, un aspecto que ha señalado como forma de aprender en el futuro. “El fiscal General, Lord Goldsmith, vino a la reunión del gabinete y verbalmente anunció que era legal, pero no aportó documentos”, ha descrito Prescott.


Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2016/07/11/ex-viceprimer-ministro-reino-unido-reconoce-invasion-irak-ilegal/

lunes, 9 de mayo de 2016

Hassan Blasim: “Esta ola de refugiados es solo un ensayo”

Inmigrante ilegal durante más de tres años, el escritor iraquí denuncia la pasividad de Europa ante la crisis migratoria. Su experiencia asoma en 'El loco de la plaza Libertad'

El escritor iraquí Hassan Blasim.
 Sostiene Hassan Blasim (Bagdad, 1973), y así lo ha escrito en El loco de la plaza Libertad (2009), su primer libro de cuentos, que los refugiados tienen dos historias, la que cuentan para conseguir asilo y la que reservan para sí en sus corazones. No es su caso. El poeta, cineasta y escritor, considerado una de las grandes voces emergentes de la literatura en árabe, no tuvo la necesidad de dramatizar su realidad ante los funcionarios de Finlandia, donde reside desde 2004, porque su vida tiene ya suficientes episodios penosos como para no tener que magnificarlos.

Hijo de un militar maltratador y de una mujer analfabeta, creció junto a sus ocho hermanos bajo el ruido de las bombas de la guerra entre Irán e Irak (1980-1988); sufrió el impacto de las draconianas sanciones económicas impuestas a su país tras la ocupación de Kuwait (1990-2003); tuvo que abandonar Bagdad, donde estudiaba cine y dirigía documentales blancos, y buscar refugio en Suleimaniya, en el Kurdistán iraquí, por el acoso de la policía secreta de Sadam Husein. Y cuando en 2000 vio el peligro demasiado cerca —sus películas y ar­tícu­los, firmados con seudónimo por miedo a represalias contra su familia, denunciaban claramente, ya sí, el ensañamiento del dictador con los kurdos—, emprendió la ruta clandestina hacia Europa que hoy secundan tantísimos sirios y compatriotas suyos para huir de la violencia.

El camino a Finlandia —donde una amiga le ofreció cobijo— duró tres años y medio en los que fue torturado, capturado y devuelto al origen en varias ocasiones. Tres años y medio de miedo, violaciones en la habitación contigua y otras miserias humanas que no pudo evitar. Tres años y medio en los que trabajó de todo, como le recuerda inevitablemente su mano izquierda, mutilada —perdió un dedo— mientras hacía mahonesa en un restaurante en Sofía (Bulgaria) para ganar dinero con el que pagar a las mafias.

—Todo esto, el trasfondo de sus vivencias, está recogido en sus relatos, que mezclan la realidad más cruda con elementos fantásticos. ¿Coincide con los críticos en que lo suyo es realismo mágico?


—No creo que cuando escribo de coches bomba sea realismo mágico. Yo diría más bien que es realismo de pesadilla.

Blasim, traducido a 20 idiomas y ganador en 2014 del Independent Foreign Fiction Prize, recibe sonriente a las puertas de Ritmi, un bar anodino y relativamente céntrico de Helsinki. La elección del lugar no es gratuita. El autor, que ha sido comparado con Roberto Bolaño, escribió en este local la brutal colección de cuentos sobre la guerra, la inmigración, la violencia contra la mujer y la tiranía de la religión, que prohibieron países como Jordania y que ahora publica en español Galaxia Gutenberg.

—Cuando era adolescente y me puse a escribir no tenía en mente hacerlo sobre violencia —dice en un inglés fluido—. Pero escribo sobre lo que he vivido, lo que he visto, lo que he leído. La experiencia de la guerra es terrible, y la de ser inmigrante ilegal, imposible de olvidar. Tienes miedo de todo, de los animales, de la atmósfera, de los Ejércitos, que matan gente en la frontera. O violan, roban y torturan, como hicieron con nosotros los soldados búlgaros, que nos metieron en agua congelada. No había cámaras, claro…

Siempre me preguntan si lo que hago en mis cuentos es narrar mi vida. “Sí y no”, respondo. Es literatura de hechos reales pero también de ficción. Los medios presentan la realidad, ahora la crisis de refugiados, de forma fría y factual. La literatura, en cambio, la examina a la luz de la imaginación y aborda los miedos, lo humano. ¿Sabes lo que significa dejar tu casa para huir de la guerra? La imaginación, y el conocimiento, te vuelven un ser humano más pacífico. Tenemos que usarla para que la gente sienta el drama de los refugiados.
El drama son cinco años de guerra en Siria que han obligado a 11 millones de personas a abandonar sus hogares. El drama son los salvajes atentados del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) que se ceban con Oriente Próximo, ensucian el nombre de la religión islámica, alientan la xenofobia y están sembrando de muerte y miedo esta Europa que de tanto cerrar fronteras y externalizar derechos humanos, se ha quedado en los huesos.

 —Europa es responsable de esta guerra y de esta gente, no puede dejarla morir. Es una cuestión moral. Porque… ¿qué ha hecho Occidente en los países del Golfo? ¿Y Rusia en Siria? Los refugiados además no solo vienen de Siria, sino también de Yemen, de África… porque el capitalismo, durante más de 200 años, ha destruido el mundo. Por eso vienen a miles. Y no son solo refugiados, son manifestantes contra el capitalismo. Démosles un visado de seis meses y digámosles: “Bienvenidos a nuestra sociedad competitiva”. Y dejémosles probar si pueden desenvolverse aquí, adaptarse al estilo de vida, aprender la lengua… Luego hablamos de valores europeos, pero solo nos preocu­pan los principios capitalistas. Y, además, esta ola es solo un ensayo: en el futuro vendrán aún más refugiados por el cambio climático.

­—¿Solo culpa a Occidente?
­— A todos. Soy iraquí y no puedo escribir con libertad en mi país. Hubo un momento en el que dejamos de hacernos preguntas, de hacer filosofía contra la religión. Había mucha gente de la cultura, de la izquierda que quería cambiar el país desde dentro, dispuesta a dar la batalla contra Husein, pero llegaron los americanos y destruyeron a toda la izquierda como hicieron en Latinoamérica. Luego es lo de siempre, destrozamos un país, pero que nadie nos ataque. El ISIS mata a 40 personas en Francia y son salvajes. Y ya de paso lo son todos los musulmanes. Ahora, llegan Francia o EE UU y matan a medio millón, ¿y no lo son porque lo hacen con misiles inteligentes?

El discurso de este escritor que ha realizado documentales para la televisión finesa, obras de teatro y artículos que han servido para introducir a los árabes a directores como Bergman o Lars von Trier es mucho más que el discurso de quien se siente víctima del capitalismo que armó a Husein y castigó a los iraquíes hasta que se dio por enterado de que era el demonio. Es el discurso de un hombre que no sabe si odiar o amar a este primer mundo que trata a su hijo, nacido en Finlandia, como si fuera extranjero. Y no lo sabe porque ese mismo mundo es el que lo ha acogido, le ha dado la paz y el sosiego para escribir con la ambición de trascender su escritorio y, sobre todo, la oportunidad de ser leído.

Autor de los libros de relatos The Iraqi Christ y The Corpse Exhibition and Other Stories of Iraq, escribe en árabe. Pero sus cuentos vieron inicialmente la luz en inglés. Eso si hablamos de su publicación en papel, porque el escritor los lanzó en Internet después de que una veintena de editores árabes a quienes había enviado El loco de la plaza Libertad se negaran a publicarlo tal cual estaba escrito. Blasim, debieron concluir, es demasiado para Oriente Próximo. Impublicable sin someterlo a censura. Al fin y al cabo, sus relatos, historias dentro de historias de finales tan imprevisibles como la vida bajo la guerra, son una enmienda a la totalidad de los dogmas que imperan en la región, empezando por la religión, que está en la raíz del veto a sus relatos.

—La religión es un problema gigante en los países árabes, hay una necesidad de secularización. Pero no creo que la gente te rechace porque escribes de religión. Las nuevas generaciones empiezan a pensar distinto y quieren escuchar. El problema es que los salvajes del ISIS, las milicias... no dejan hablar con libertad. Yo quisiera volver a Irak y contar lo que ha ocurrido con la cultura árabe a lo largo de la historia, pero es muy peligroso, te pueden matar. Antes no podías hacer una película contra Sadam porque te mataban, pero si no te metías con él podías vivir. Hoy las cosas están mucho peor.

Durante la dictadura, con todo el aparato censor desplegado, los escritores iraquíes aprendieron a bordear los problemas, a decir sin decir. Muchos tienen grabado a fuego el hábito en el subconsciente. No así Blasim, que lejos de querer enseñar músculo con el lenguaje, solo pretende contar la vida y que se entienda. Sus disgustos le cuesta. De él han dicho que es un escritor “sucio” porque su narrativa cuasi cinematográfica y directa no es fiel al árabe clásico que les enseñan en la escuela y que él al menos siente como idioma extranjero porque no es el que hablan en la calle — “la lengua es una prisión del mundo árabe”—. Le han acusado también de occidental por defender que la región debe “liberar a las mujeres porque son parte de la paz”.

—La revolución no es cambiar al dictador, es cambiar la lengua, el estilo de vida, liberar a la mujer. Cuando me acusan de occidental suelo decir: “Prescinde del papel de baño de Occidente, del iPhone, de Internet o de las armas de tu guerra estúpida que vienen del capitalismo… ¿Lo coges todo y no quieres lo bueno?”.
Blasim recorrió hace tiempo ese camino. En parte, gracias a la literatura, que le sirvió de niño de refugio a su timidez y le ha ayudado a procesar los horrores de la guerra y de su experiencia como simpapeles.
—La literatura me ha hecho sobrevivir — confiesa—. La verdad es que no estoy realmente interesado en esta vida sin escribir. •


Fuente:  http://cultura.elpais.com/cultura/2016/05/05/babelia/1462449775_264793.html