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| Cuba desde la Estación Espacial Internacional |
El 4 de octubre de 1957 se abrió el camino al Espacio con la puesta en órbita del
Sputnik 1 por parte de la Unión Soviética. Pocos meses después, el
Explorer 1, el primer satélite artificial lanzado por los Estados Unidos, descubría los
anillos de radiación de Van Allen
que rodean la Tierra. La carrera espacial había comenzado. El Espacio
se había convertido en la última frontera para la Humanidad, y numerosos
científicos e ingenieros comenzaron a soñar con las oportunidades que
ofrecía. Sin embargo no sería una tarea fácil. Acceder al Espacio
requiere tecnologías muy sofisticadas y con un coste muy elevado, que
sólo podían ser desarrolladas por las grandes potencias.
En aquel contexto, una Europa que empezaba a superar los desastres de
la guerra y que crecía a buen ritmo fue consciente de que sólo uniendo
los esfuerzos de varios países podríamos ser capaces de acceder al
Espacio. Con este objetivo nacieron el 20 de marzo de 1964 las
organizaciones europeas
ESRO (European Space Research Organization) y ELDO (European Launch Development Organization), que se fusionarían en 1975 para constituir la actual
Agencia Espacial Europea (ESA),
de la que España es miembro fundador y el quinto país en importancia.
El artículo II de la Convención de la ESA resume bien su misión:
“Hacer realidad y promover la cooperación entre los Estados europeos en
investigación, tecnología y aplicaciones espaciales para usos
exclusivamente pacíficos”.
Han pasado ya 50 años desde que la iniciativa de investigadores como
Pierre Auger y
Edoardo Amaldi germinara en una de las iniciativas europeas más exitosas. En la actualidad son
miembros de la Agencia Espacial Europea 20 países europeos,
junto con Canadá que es miembro asociado. Están incluidos 18 países de
la Unión Europea, junto con Suiza y Noruega. A lo largo de estos 50 años
de cooperación europea se han sucedido los éxitos, tanto científicos
como tecnológicos, que
han situado a Europa como líder en el
mercado internacional de lanzadores comerciales, y en la punta de lanza
de la investigación espacial. Europa puede presumir hoy de
haber establecido una política espacial coherente, de tener acceso
independiente al espacio con los cohetes lanzadores más competitivos del
mercado y de haber creado una industria espacial y una comunidad
científica del más alto nivel. Durante este periodo, la ESA ha
desarrollado
más de 70 satélites y cuenta actualmente con 18 satélites científicos operativos.
¿Por qué es tan necesario para los científicos salir al Espacio?Podemos enumerar varias razones. La primera y más importante, porque
nuestra atmósfera es opaca a las radiaciones de altas energías, desde el
ultravioleta hasta los rayos X y gamma. Si bien esta característica ha
permitido el desarrollo de la vida en la superficie de la Tierra (la
radiación de altas energías habría esterilizado cualquier atisbo de vida
de no ser por la protección atmosférica), ha actuado como barrera
impidiendo a los astrónomos el estudio de las regiones más calientes y
violentas del Universo, dominadas por enormes agujeros negros que
determinan el futuro de las galaxias. Si a finales de los años 50 sólo
se tenía constancia de un objeto externo a la Tierra que emitiera rayos
X, nuestro Sol, en la actualidad conocemos varios millones de fuentes
cuyas propiedades los astrónomos tratan de desentrañar por medio de las
observaciones que nos proporcionan los telescopios situados en el
Espacio. La contribución europea en este campo ha sido esencial,
destacando los grandes
observatorios espaciales XMM-Newton e INTEGRAL,
actualmente en funcionamiento. Pero la atmósfera no sólo bloquea la
radiación de altas energías, sino también la emisión del Universo frío,
en el rango infrarrojo. Misiones especializadas en este rango como
ISO, Herschel y Planck
constituyeron hitos en la investigación espacial europea y mundial, y
proporcionaron datos que los científicos tardarán muchos años en
estudiar a fondo.
La segunda razón que impulsa a los científicos a salir al Espacio es
la posibilidad de llevar nuestros instrumentos a los lugares más
interesantes del Sistema Solar para su estudio
in situ. El aterrizaje de
la sonda europea Huygens
en la superficie de Titán, la mayor luna de Saturno, supuso un hito en
la historia de la exploración espacial al ser el objeto celeste más
lejano sobre el que se ha posado un artefacto humano.
El próximo gran objetivo lo constituye Marte,
un planeta que en el pasado albergó grandes océanos y que reúne todas
las características para haber desarrollado vida en los primeros tiempos
del Sistema Solar.
La sonda Mars Express ha realizado un reconocimiento fotográfico en 3-D de la superficie marciana, en preparación de las
misiones ExoMars
que aterrizarán en el planeta rojo en 2016 y 2018 a la búsqueda de
trazas de actividad biológica, presente o pasada. Las naves europeas han
estudiado cometas como el Halley por parte de la
misión Giotto, o el
67P/Churyumov-Gerasimenko, sobre cuya superficie aterrizará una pequeña sonda de la
misión Rosetta
a finales de este año, otro hito de relevancia mundial. Otras naves han
estudiado las propiedades de planetas como Venus (Venus Express) o
Mercurio, al que la
misión Bepi-Colombo llegará a
comienzos de la próxima década tras un viaje de 6 años que comenzará en
2016. Observatorios como SOHO, Cluster y a partir de 2017 Solar Orbiter
observan continuamente el Sol y sus efectos sobre la magnetosfera
terrestre, avisándonos de la inminencia de tormentas solares que puedan
afectar a los equipos de telecomunicaciones.
Si bien la investigación espacial ha sido sin duda el motor del desarrollo tecnológico en este campo, su madurez ha permitido
aplicar estas tecnologías para el beneficio directo de la sociedad,
con el desarrollo de satélites de telecomunicaciones, observación de la
Tierra o navegación. Las imágenes de los satélites Meteosat se han
convertido en nuestras compañeras habituales al final de los
telediarios, permitiendo mejorar de manera sustancial las predicciones
meteorológicas. Más de 150 millones de hogares en Europa disponen de
televisión por satélite y, actualmente,
uno de cada tres satélites de Telecomunicaciones que se hacen en el mundo son hechos por la industria espacial Europea. En muy breve tiempo el
sistema de navegación Galileo estará disponible para su uso en nuestros móviles y navegadores, proporcionando
datos mucho más precisos que el actual GPS
operado por los Estados Unidos y pudiendo usarse conjuntamente con él,
lo que beneficiará a los cientos de millones de usuarios de esta
tecnología que hay hoy en el mundo. Europa ha puesto en marcha además el
programa Copernicus de observación de la Tierra, posiblemente el más completo y ambicioso en el mundo.
Por su propia naturaleza, constituida por 20 países miembros,
la colaboración internacional forma parte del ADN de la Agencia Espacial Europea,
colaboración que se extiende más allá de las fronteras europeas. Un
ejemplo lo tenemos en el lanzador Soyuz, fabricado por Rusia, que la
Agencia Espacial Europea opera desde su puerto espacial en Kourou, o en
las múltiples misiones científicas que se han realizado conjuntamente en
los últimos 30 años entre las principales agencias. En esta misma
década, por ejemplo, el Telescopio Espacial James Webb (JWST), ExoMars o
Bepi-Colombo, serán posibles gracias a la cooperación de científicos e
ingenieros europeos con sus homólogos americanos, rusos y japoneses,
respectivamente. El máximo exponente de la cooperación espacial a nivel
mundial lo tenemos en
la Estación Espacial Internacional,
la mayor estructura jamás puesta en órbita y en la que investigadores
de distintos continentes desarrollan sus investigaciones en condiciones
únicas de microgravedad. Europa, a través de la ESA, contribuye
a la estación con el laboratorio Columbus, con más de un tercio de los
módulos presurizados, las naves de carga ATV y poniendo a disposición su
cuerpo de astronautas, del que forma parte nuestro compatriota y gran
astronauta Pedro Duque.
Posiblemente, el gran objetivo de esta colaboración internacional a largo plazo será
el viaje tripulado a Marte,
con estudios in situ realizados por astronautas experimentados que
permitan comprender cómo este planeta perdió sus océanos y se convirtió
en el desierto helado que es hoy en día. Una misión como ésta sólo será
posible con la cooperación de todas las agencias espaciales, en un clima
de concordia y colaboración. Pero los sueños de los científicos van más
allá: es sólo cuestión de tiempo que el ser humano, la Humanidad como
tal, acabe visitando todos los cuerpos del Sistema Solar. Y quien sabe
cuándo llegaremos más allá, hasta las estrellas que lucen en el
firmamento. Unidos, podremos.
Fuente:
https://www.bbvaopenmind.com/50-anos-de-cooperacion-europea-en-investigacion-espacial/