Mostrando entradas con la etiqueta Extrema Derecha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Extrema Derecha. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de julio de 2022

Naomi Klein: Estados Unidos está en medio de un “golpe de estado judicial”


Tribunal Supremo de EE UU.
 “El golpe judicial continuo que viene de este tribunal no ha terminado en absoluto”, 

La reconocida ecologista y escritora Naomi Klein sostuvo el jueves que durante la semana pasada, Estados Unidos experimentó las primeras etapas de un “golpe judicial en marcha”, ya que la Corte Suprema dio un mazazo al derecho al aborto, a las leyes de control de armas y a la autoridad del gobierno federal para abordar las emisiones de gases de efecto invernadero que están alimentando la emergencia climática mundial.

“Hemos sido testigos de un golpe de estado judicial”, escribió Klein en una columna para The Intercept, señalando también las decisiones del alto tribunal de derecha para debilitar la soberanía indígena y socavar aún más la separación de la iglesia y el Estado.

“Y ahora esto: una decisión que desguaza el poder de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) para regular una de las principales fuentes de las emisiones de carbono que desestabilizan nuestro planeta”, escribió Klein, quien durante años ha explorado las formas en que las fuerzas políticas reaccionarias y las corporaciones se han aprovechado de las crisis para imponer su voluntad, un método que ha llamado “La Doctrina del Shock”.

El caso Virginia Occidental contra la EPA supone una victoria rotunda para esas fuerzas, que llevan décadas coordinando y emprendiendo acciones legales contra la autoridad reguladora del gobierno federal, sobre todo cuando se trata de limitar la capacidad de las empresas para contaminar y degradar el medio ambiente a su antojo. “El golpe judicial en progreso que conduce este tribunal no ha terminado en absoluto”, advirtió Klein el jueves.

“El próximo mandato, el Tribunal Supremo escuchará un caso de redistribución de distritos que podría facilitar sobremanera la invención de una pretensión legal para anular el voto popular en las elecciones a favor de los electores designados por el Estado —lo mismo que Donald Trump intentó pero no logró hacer, porque suficiente gente tenía miedo de terminar en la cárcel”.

Klein destacó la plausibilidad de que un grupo de personas “cuya sola presencia en la corte requirió grotescos abusos de la democracia” está tranzando “la línea para desbaratarla”, agregó. "El momento de impedir que tengan la oportunidad es ahora“. 

Klein argumentó que para combatir los ataques de los jueces de la derecha contra las libertades básicas y el clima, el presidente Joe Biden y el Congreso, estrechamente demócrata, deben “desafiar la legitimidad subyacente del Tribunal Supremo de Estados Unidos y promover una agenda de acción climática agresiva”.

”La historia contiene encrucijadas en las que un solo conjunto de decisiones puede alterar la trayectoria de un pueblo, o incluso de un planeta“, continuó Klein. “La respuesta del gobierno de Biden a la sentencia de la EPA del Tribunal Supremo (6-3), que se suma a las otras escandalosas tomas de poder, es un momento así”.

Tras la decisión del tribunal del jueves, los grupos climáticos y los legisladores progresistas dejaron claro que Biden y el Congreso tienen a su disposición numerosas herramientas ejecutivas y legislativas para frenar el uso de combustibles fósiles, reducir las emisiones que calientan el planeta y reforzar la producción de energías renovables. Que opten por utilizarlas es una cuestión de voluntad política.

“Biden y los demócratas se dirigen actualmente hacia una ola de derrotas”, escribió Klein. “Pero no es demasiado tarde para retomar el camino. Acaban de recibir una palanca ganadora: utilizar el ataque del Tribunal Supremo al control urgente del carbono como catalizador para construir una democracia más significativa y tomar al mismo tiempo una acción climática transformadora. Si se deciden a hacerlo, todos los habitantes del planeta ganan. Si se niegan, se merecen todas las derrotas que les lleguen”. 

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/extrema-derecha/naomi-klein-estados-unidos-esta-en-medio-de-un-golpe-de-estado-judicial?&utm_medium=social&utm_campaign=web&utm_source=twitter

 

domingo, 24 de noviembre de 2019

La economía ecológica frente al discurso de la extrema derecha

 Entrevista con Unai Pascual, investigador del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3), a raíz de su artículo ‘Economía ecológica en la era del miedo’.

economía ecológica, unai pascual

 El crecimiento, cada vez mayor, de movimientos populistas de extrema derecha está afectando “no sólo a la gobernanza de los regímenes democráticos, sino también a la relación entre ciencia y política, y a la agenda medioambiental mundial”. Así lo defiende un artículo publicado esta semana en la revista científica Ecological Economics titulado Economía ecológica en la era del miedo.

Con el fin de entender la relevancia de este movimiento, los autores ahondan en las raíces de lo que llaman “insurgencia de la extrema derecha”.  Señalan que la economía ecológica, a través del desarrollo de una agenda de investigación relevante, puede ser una herramienta clave para defender una «política de esperanza” que haga frente a la «política del miedo de la que dependen los regímenes autoritarios emergentes”.

A pesar de que estos movimientos de extrema derecha “no tienen posiciones homogéneas”, sí que comparten “al menos diez características comunes”, recoge la investigación. Entre ellas, destaca el rechazo al «globalismo» y la preferencia por el nacionalismo económico; la oposición a la inmigración, así como a aquellas acciones que favorezcan a los grupos sociales más desfavorecidos; el nulo interés por las cuestiones medioambientales, entre las que se incluye el cambio climático; o la indiferencia por las evidencia científica, los hechos históricos y los datos empíricos que contradicen sus posturas ideológicas y sus valores fundamentales, entre otras características.

Unai Pascual (Vitoria-Gasteiz 1973) es, junto a Roldan Muradian, el autor de este artículo. Doctor en Economía y Política Ambiental, Pascual es Profesor Ikerbasque en el equipo científico del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3). Entre 2015 y 2018, fue miembro del Comité Multidisciplinar de Expertos del IPBES -el equivalente al IPCC en biodiversidad-, formado por 25 científicos de reconocido prestigio internacional. El año pasado, fue nominado a su vez copresidente de la Evaluación de los Valores de la Naturaleza de IPBES (2018-2021).

¿Cuáles son los aspectos más importantes en los que incidís en el artículo?
Hemos hecho un análisis interdisciplinario desde la economía, la sociología y la psicología social y política, porque parece que podríamos estar en un momento clave de rápidos cambios sociales, y donde se está dando lo que llamamos insurgencia de la extrema derecha. Es un movimiento coordinado que ya está ocupando bastantes puestos de poder directos en algunos países e influenciando el discurso y las políticas en muchos otros.

Tratamos de entender qué repercusión tiene esto en dos aspectos. Por un lado, para reflexionar sobre el diseño de la ciencia de la sostenibilidad, dado los retos socio-ecológicos que tenemos a nivel de civilización y planetario. Retos como, por ejemplo, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad en un mundo cada vez más desigual. Es decir, qué repercusión puede tener la coyuntura actual, con el auge de los populismos de extrema derecha, en el diseño y alineamiento de políticas públicas para las sostenibilidad. Por otro lado, tratamos de sugerir unos anclajes en los que la economía ecológica debería profundizar y ayudar a identificar una agenda de investigación global para las siguientes dos o tres décadas.

Hacéis mucho hincapié en lo que denomináis la “política de la posverdad”.
Si bien a la ciencia y a los científicos se nos reconoce socialmente el rol de ofrecer información objetiva y neutral para la toma de decisiones, los políticos o los tomadores de decisiones siempre han tomado esos conocimientos de manera estratégica. Sobre todo cuando se alinean con sus intereses. Eso es algo que está ahí y nosotros lo vemos como un hecho.

El resurgimiento de los movimientos populistas de extrema derecha se está produciendo, a la vez que las redes sociales están adquiriendo mucho poder. El periodismo tradicional puede estar perdiendo ese rol que tenía antes muy dominante: la de ser la autoridad dominante en la que podía confiar la ciudadanía para recibir información.

Los populismos de extrema derecha se están aprovechando del uso desde las fake news hasta poner en cuestión la evidencia científica y el rol de los medios de comunicación tradicionales. Eso se está canalizando, sobre todo, a través de las redes sociales o medios de comunicación alternativos. Medios que hasta ahora no han sido dominantes, pero que están empezando a jugar un papel fundamental en la transmisión de ideas y valores. La emergencia de la extrema derecha se basa también en sus estrategias de comunicación.

Saben cómo trasladar diferentes ideas, ya sean fakes news o teorías conspiratorias, y cómo poner en duda la evidencia científica sin ningún argumento. Tenemos muchos ejemplos, como es el caso de las vacunas o el del cambio climático. Esto se ha experimentado bastante durante los últimos años, y creemos que se ha refinado mucho.

Por tanto, lo que decimos es que hay que prestar atención a lo que se denomina como ecología de la comunicación. Hay muchos tipos de comunicación y formatos, y vemos que la gente que se está alineando con este tipo de discursos más populistas se está aislando comunicativamente. En vez de abrirse a escuchar, ver o leer diferentes discursos, ideas, opiniones, y obtener diferentes perspectivas y datos, se quedan en esos ecosistemas aislados de la comunicación porque reciben una información que les conviene, pues se ajusta a su visión del mundo.

Esto hace que se aíslen aún más desde el punto de vista del conocimiento y lo que realmente está pasando a su alrededor. Eso genera una gran polarización de las perspectivas políticas que, a su vez, provocan un impacto directo en cómo la gente está dispuesta a actuar, o no, ante estos retos ambientales.


A raíz de esto que comentas. Se discute mucho sobre qué hacer con la extrema derecha que niega la ciencia del cambio climático. Dices que son personas en ‘ecosistemas de información’ aislados. ¿Cuál crees que es la mejor forma de enfrentarse a ellos?
Lo primero es darse cuenta que la insurgencia de la extrema derecha, como movimiento coordinado global, es un hecho. Luego, se trata de confrontar y entender por qué se está dando este fenómeno. Cuál es su origen. Porque si no entendemos el origen nunca le vamos a poder dar una solución real. Para nosotros está clarísimo que la insurgencia de la extrema derecha es muy peligrosa para la agenda multilateral sobre los retos medioambientales.

Por tanto, es necesario no ocultar el problema y hacer análisis correctos. A partir de esto, por un lado, las agendas de investigación tienen que tener muy claro que el mundo está cambiando en muchos aspectos. Tenemos que entender cómo la globalización neoliberal, que lleva ya décadas en marcha, está generando en capas sociales muy amplias una sensación de vulnerabilidad y una incertidumbre existencial de no saber qué puede pasar mañana.

Personalmente, a la extrema derecha, como se dice popularmente, ni agua. Entender por qué existe, sí, pero sin dejar de confrontar, en el debate científico y social, las mentiras y la política de la posverdad que emplean para seguir creciendo.

Tenemos que seguir ofreciendo información basada en la evidencia científica, pero de modo que la gente la pueda entender. Que entiendan, por ejemplo, por qué la crisis climática les puede afectar y que pueden hacer para hacerle frente. Necesitamos que los discursos que se nutren de la ciencia sean más pedagógicos y se enfrenten directamente con la política de la posverdad.

¿Merece la pena y el esfuerzo confrontarles con una evidencia científica que les da igual que esté ahí? Ellos ya tienen su propia verdad y es la única que les interesa. 
Bueno, hay que saber quiénes son «ellos». ¿Son los líderes de los movimientos de la insurgencia de la extrema derecha? ¿o es la gente corriente que les apoya, los que se ven seducidos por sus discursos basados muchas veces en el engaño y la mentira? Creo que es mucho más importante concentrarse en entender la psicología de la gente para saber por qué apoya discursos populistas, y confrontar la información engañosa y las mentiras que reciben desde los líderes de esos movimientos. En esto hay que ser muy directos, y para eso son fundamentales los medios de comunicación serios. También es importante que ese debate no se quede solo en las élites de la comunicación y la política, sino que baje a la sociedad, a pie de calle. Ese es el esfuerzo que hay que hacer, también desde la comunidad científica.

En el artículo hacéis mención directa a países y sus respectivas figuras, como es el caso de Bolsonaro o Trump. No así con España o VOX. 
Mencionamos una serie de países donde la extrema derecha populista ya ha llegado al poder, pero también decimos que en otros países están teniendo influencia en el discurso político general, lo cual implica también una influencia directa en las políticas públicas, marcos legislativos, etc.
En el artículo nos hemos centrado en dos ejemplos. Uno es el de Trump, y el otro el de Bolsonaro. Uno ha llegado al poder en uno de los países más influyentes y dominantes del mundo, que es Estados Unidos. El otro en Brasil, que es uno de los países más influyentes entre los países en desarrollo. Sobre todo, teniendo en cuenta la influencia que tiene el país en la agenda ambiental multilateral: es uno de los lugares de mayor biodiversidad del mundo, de mayor capacidad de absorción del CO2…

Usamos esos dos casos como ejemplos paradigmáticos, pero el análisis que realizamos se puede exportar fácilmente a diferentes países y contextos, tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo: en España con VOX, en Francia con el movimiento de Le Pen… La insurgencia de la extrema derecha es un fenómeno coordinado y global que comparte muchas similitudes a pesar de ocurrir en países diferentes.

Lo estamos viendo en Chile con las reivindicaciones sociales. También en Bolivia, con el litio de por medio. Lo mismo Brasil, con los pueblos indígenas y la destrucción de la Amazonia. Se está mandando un mensaje, y es que la justicia climática no será posible sin justicia social.
Estoy completamente de acuerdo. No es posible hablar de buscar una solución al problema ambiental global de manera separada de los retos sociales.

Y no solo está ocurriendo en América Latina. En muchos de los países donde hay revueltas sociales, éstas están asociadas a la desigualdad en el reparto de la riqueza. Y este hecho suele estar íntimamente ligado con el reparto de los derechos en el acceso a los recursos naturales, como el agua, la tierra, etc., y los beneficios que se consiguen de los sectores extractivistas, como la minería, la industria forestal, las pesquerías…

En un contexto de negación de la ciencia por parte de los regímenes autoritarios y con el antiambientalismo como bandera, ponéis en valor la figura de la economía ecológica. ¿Qué papel debe jugar la economía ecológica ante la insurgencia de la extrema derecha?
La economía ecológica ya lleva unas cuantas décadas funcionando como disciplina científica a nivel mundial. Es un campo de investigación consolidado que se basa en la idea de la transdisciplinariedad. Es decir, va más allá de la interdisciplinariedad científica, y aboga por la participación social a la hora de compartir y generar conocimiento útil para la gente. Los actores sociales también tienen que demandar conocimiento específico que les ayude, ya sea para vivir mejor, o para, como es el caso de la economía ecológica, diseñar instrumentos económicos que favorezcan la sostenibilidad del planeta. La economía ecológica trasciende las necesidades de las generaciones presentes y también pretende aportar conocimiento y análisis para el bienestar de las generaciones futuras.

Como cualquier campo científico, la economía ecológica evoluciona según el contexto histórico en el que se encuentra en cada momento. Ahora, lo que nosotros vemos es que con el peligro del resurgimiento de la extrema derecha a nivel mundial, la ciencia de la sostenibilidad y la economía ecológica en particular, tienen que redefinir sus prioridades de cara a las próximas décadas. Y cuanto antes lo hagamos mejor. Este es uno de los aportes que hacemos en el artículo.

Por ejemplo, vemos que, hasta ahora, en la economía ecológica se ha hecho mucho énfasis en entender cuáles son los valores económicos de los activos naturales para tratar de convencer a los políticos y tomadores de decisiones que los recursos naturales no son gratis y tienen un valor mucho más allá del valor que el mercado asigna vía precios. La economía ecológica ha hecho grandes aportaciones para demostrar que muchas veces, los beneficios en la conservación de los activos naturales, normalmente, suelen ser mayores que los beneficios de su explotación, sobre todo cuando ésta no es sostenible en el futuro.

Pensamos que la economía ecológica debe también estar preparada para atraer y utilizar el conocimiento de la psicología social y política para entender cómo se forman los valores, nuestras preferencias como individuos y como sociedad, lo que nos asusta, lo que nos atrae, lo que nos bloquea, etc. Necesitamos incluir este conocimiento para entender el comportamiento humano, sobre todo, en una era donde las cosas parecen estar cambiando de manera muy rápida.

La economía ecológica puede, y debe, hacer un aporte importante a la ciencia de la sostenibilidad ayudando a entender las bases del comportamiento humano en esta época de capitalismo global para, desde ahí, contribuir a diseñar transformaciones socio-ecológicas para conseguir un mundo más sostenible y más justo. No olvidemos que la economía ecológica se fundamenta en el reconocimiento de su carácter normativo.

En el artículo se afirma que la economía ecológica puede contribuir a una «política de esperanza» en respuesta a la «política de miedo» de la que viven regímenes autoritarios emergentes. ¿De qué manera?
El miedo es un instrumento muy poderoso que está utilizando el populismo, sobre todo el de extrema derecha, para conseguir apoyos de la sociedad y perseguir sus fines.

Eso hay que confrontarlo, y la economía ecológica tiene que ayudar a entender cómo funciona el discurso artificial sobre el miedo, porque al final es este sentimiento lo que hace que mucha gente se paralice o actué de forma que impida avanzar hacia la sostenibilidad. Desde la ciencia debemos aportar lo necesario para confrontar y erosionar esa política del miedo, porque si se afianza lo vamos a tener muy difícil para conseguir transformaciones sociales y económicas que sirvan para hace frente a los retos ambientales como la crisis climática y la perdida acelerada de biodiversidad global.

Una de las peores consecuencias, ya visibles, de la crisis climática son las personas que se ven obligadas a desplazarse por motivos climáticos. Este es otro miedo con el que juega el populismo.
Movimientos migratorios siempre ha habido en la historia del planeta, es una cosa natural. Lo que hace el populismo de extrema derecha es utilizar el discurso de la inmigración para agrandar la sensación de inseguridad que puede estar sintiendo una capa social cada vez más amplia que ve cómo su situación socio-económica se está precarizando. El discurso contra la inmigración es un instrumento que ha utilizado siempre y que comparte el movimiento de la insurgencia de la extrema derecha en todo el mundo.

Es muy posible que los movimientos migratorios forzados se agraven por la crisis climática. Estoy seguro que los movimientos populistas de extrema derecha van a utilizar estas situaciones, muy graves a nivel humanitario, para su propio beneficio e infundiendo todavía más miedo en la población autóctona.

Hay que estar muy atentos para desmontar estos discursos del miedo ante el fenómeno universal de la inmigración, sobre todo para explicar que los movimientos migratorios debidos a la escasez de recursos naturales. Por ejemplo, debido a la escasez de agua, catástrofes alimentarias, perdida de tierra fértil, enfermedades- también tienen que ver con la crisis climática. Hay que explicar con datos en la mano que el cambio climático es un multiplicador de la inestabilidad política en muchos rincones del planeta, y que la crisis climática tiene unos responsables. Y curiosamente, una gran parte de la responsabilidad recae en la elite económica con la cual la insurgencia de la extrema derecha tiene vínculos muy estrechos e intereses compartidos.

Muchas veces se cataloga al ecologismo (partidos o movimientos), como el mejor antídoto frente a la extrema derecha. ¿Cree que realmente es así o que es un papel que no le corresponde?
El ecologismo es un movimiento vivo que tiene diferentes maneras de articularse y expresarse en la sociedad. Puede ser un instrumento válido para confrontar esa política del miedo, pero siempre dándonos cuenta de que el ecologismo no es algo que solo tenga que ver con el medio ambiente; también tiene que ver con la sociedad en su conjunto. El ecologismo como movimiento se ha dado cuenta hace mucho que debe tener un enfoque integrado, tanto ambiental como social. Un enfoque socio-ecológico.

El ecologismo, si actúa de forma independiente, lo tendrá muy difícil para enfrentarse a un reto tan importante como es esta insurgencia de la extrema derecha populista. Sin embargo, se ve que está evolucionando hacia maneras de colaboración con otros movimientos sociales: el feminismo, los derechos sociales de los trabajadores, el antiracismo… Es algo que llevamos viendo desde hace tiempo, y es que todos estos movimientos se están dando cuenta de que tienen que trabajar juntos y que comparten muchas de sus demandas. Esa agenda compartida es la que se necesita para hacer frente a la insurgencia de la extrema derecha.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/la-economia-ecologica-frente-al-discurso-de-la-extrema-derecha/

viernes, 30 de agosto de 2019

Es hora de pelear y detener el golpe de Estado de Boris Johnson

Esta última maniobra es un acto de arrogancia de una élite política que no rinde cuentas. No les podemos permitir que se salgan con la suya
Los derechos y libertades de los que gozamos no fueron concedidos como actos de caridad por élites benevolentes, sino que llegaron como resultado de un combate decidido e implacable


Se nos prometió que el Brexit implicaba la devolución de la soberanía de la Cámara de los Comunes, retomar el control sobre nuestro poder legislativo. Esa misma institución es la que ahora se cierra y se neutraliza su capacidad para aprobar leyes. Ahora, la maniobra deja solo un puñado de días para que los representantes que sí han sido elegidos por la ciudadanía expresen su opinión sobre el evento de consecuencias más profundas que vive el país desde que callaron las armas al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Hay que resistir. Se resistirá.

Vamos a desmontar una mentira perversa. La que argumenta que forzar una salida sin acuerdo de la Unión Europea implica honrar el resultado del referéndum. Las campañas que defendían la salida dejaron claro las veces que hizo falta que el Brexit pasaría por un acuerdo. Uno que no sería difícil negociar ¿No me creen? El propio Michael Gove, uno de los coordinadores de la campaña a favor de la salida, dijo: "No votamos salir sin acuerdo. Ese no era el mensaje de la campaña en la que colaboré desde una posición de liderazgo. Durante la misma, dijimos que teníamos que llegar a un acuerdo con la UE y ser parte de la red de acuerdos de libre comercio que cubre toda Europa, desde Islandia a Turquía". "Salir sin acuerdo el 29 de marzo no honraría nuestro compromiso. Sin duda alguna provocaría turbulencias económicas", añadió.

Durante la campaña del referéndum, Nigel Farage ensalzó las virtudes de Noruega en tanto país próspero fuera de los confusos límites de la UE. Ahora, emular el exitoso ejemplo nórdico se considera como un Brexit falso, solo de nombre. Un año después del referéndum, los británicos se han expresado en las urnas de nuevo. Alrededor de un 54% de los votantes ha apoyado a partidos contrarios a salir sin acuerdo. Y, sin embargo, el Parlamento se cierra para dar paso a una propuesta extrema sin mandato democrático que causará una gran crisis económica y que, a fin de cuentas, forzará al Reino Unido a una mesa de negociación a la que sentará muy debilitado.

Vamos a plantear un ejercicio mental. Jeremy Corbyn se convierte en primer ministro sin ganar las elecciones. Su partido no tiene mayoría y depende del apoyo del Partido Nacional Escocés, cuyo apoyo ha logrado a cambio de una serie de sobornos legislativos. Su plan pasa por imponer una propuesta radical que, evaluada con objetividad, tendrá como consecuencia un impacto económico autoinfligido, dañando la cohesión social del país y debilitando nuestra posición internacional. Teniendo en cuenta que el Parlamento se opone a dicha medida, simplemente los suspende.
Imagínense las comparaciones con Venezuela, con la tiranía comunista. Mientras se normaliza el ataque a la democracia de Johnson, si Corbyn lo hubiera intentado como primer ministro, el poder establecido intervendría para revertirlo. Costase lo que costase.

Prorrogar significa "suspender la democracia parlamentaria" y eso "va contra todo por lo que los hombres que desembarcaron en aquellas playas pelearon y murieron". Podrían pensar que se trata de una comparación exagerada, pero las pronunció Matt Hancock, uno de los ministros de Johnson que ahora –en su rol de trepa sin principios- es probable que jalee esta desgracia antidemocrática. Pero tenía razón. Esto es un ataque contra la democracia por la que derramaron la sangre y se sacrificaron quienes nos precedieron.

Es intolerable permitir que una camarilla de niños mimados de escuelas de élite cuyo único interés es la supervivencia del Partido Conservador y de sus propias carreras y para quienes esto es poco más que un entretenimiento ensucien la democracia como si fuera ese Club Bullingdon [un club reservado para hombres que han pasado por la Universidad de Oxford] desde el que destrozaban restaurantes vestidos de pingüino.

Escribir a la Reina no va a salvarnos, independientemente del número de cartas que reciba. Las peticiones pueden mostrar un vigoroso sentido de ánimo colectivo, pero se pueden ignorar. Un montón de pancartas ingeniosas con burdas insinuaciones sobre el primer ministro llevarán a rictus de sonrisa, pero no harán que caiga el Gobierno. Los derechos y libertades de los que gozamos no fueron concedidos como actos de caridad por élites benevolentes. Llegaron como resultado de un combate decidido e implacable. Ante las amenazas a la democracia, es en esa tradición en la que hay que confiar para defenderla.

El pueblo británico debe salir a las calles, debe utilizar las tácticas de nuestros antepasados para lograr los derechos de las mujeres, de los trabajadores, de las minorías, del colectivo LGTBI: La desobediencia civil pacífica. Si se cierra el Parlamento, los diputados deben negarse a abandonarlo. Debería ser ocupado por los ciudadanos a los que sirve. Y eso debería suceder junto a otros actos de desobediencia civil pacífica como la ocupación de sedes de la administración pública por todo el país. Si es necesaria la convocatoria de una huelga general para defender la democracia, que suceda.
El primer ministro –un defensor declarado de los banqueros, quiere lanzar un chorro de recortes fiscales a los ricos al tiempo que desregula y ataca los derechos de los trabajadores– está intentando de forma engañosa erigirse como portavoz del pueblo ante las élites. Esta, su última maniobra, debe ser expuesta y desmontada como lo que es, una acto de violenta arrogancia por parte de una élite política que desprecia la democracia.

El movimiento de protesta que debe surgir tiene que plantear las verdaderas líneas de batalla antes de unas elecciones generales inminentes. No pueden limitarse a ser una elección entre las opciones por las que votamos un día de verano de 2016. Será una pelea entre quienes crean la riqueza y quienes la acumulan. Entre quienes pagaron el precio de la crisis y quienes la provocaron. Entre quienes pagan sus impuestos y quienes los evaden.

Por más revolucionario que sea el traje con el que pretende vestirse el poder conservador, no es más que la representación política de quienes lo financian. No son ellos quienes miran al techo durante sus largas noches de insomnio, sufriendo ataques de pánico por culpa de las facturas impagadas que se acumulan sobre la mesa de la cocina, no. El poder conservador es el de los gestores de los fondos de riesgo, los empresarios que pagan salarios rayanos en la pobreza y los banqueros que están empujando al Reino Unido al abismo, aquellos para quienes el país es un patio de juegos en el que liarla mientras otros pagan las consecuencias. Si no hay acuerdo, los Tories cuidarán de sí mismos, como siempre han hecho, mientras quienes un día trabajaron en la industria del carbón y el acero vuelven a recibir patadas.

Pero nada de esto es inevitable. Igual que en el pasado se luchó con determinación y valentía y de ahí nacieron los derechos que disfrutamos, ahora es nuestro turno defenderlos.

lunes, 26 de agosto de 2019

La violencia de la extrema derecha no para de aumentar: ¿por qué no genera indignación?

El auge de la violencia ultraderechista no genera la misma clase de discusión pública que otros tipos de terrorismo, ya que se sustenta de la retórica de los medios de comunicación y políticos influyentes, como Nigel Farage y Donald Trump
La extrema derecha minimiza los ataques a los grupos minoritarios al crear una "falsa equivalencia" entre un atentado letal y la humillación pública de sus partidarios
 
Fallece otra persona y suben a 22 los muertos en la matanza de El Paso en EE.UU.
El auge de la extrema derecha violenta ha afectado comunidades en El Paso, Charleston, Pittsburgh, Christchurch y más. EFE
Mohammed Saleem fue asesinado por un terrorista y, sin embargo, lo más probable es que no hayas oído hablar de él. Sucedió en abril de 2013, cuando este hombre de 82 años regresaba a su casa luego de pasar la tarde rezando en una mezquita en Small Heath, Birmingham. Un terrorista neonazi ucraniano, que ya había puesto bombas en tres mezquitas, lo apuñaló tres veces por la espalda. "Era un hombre hermoso, muy educado, que alentó a sus cinco hijas —y también a sus hijos varones— a estudiar. Amaba y agradecía todo lo que el Reino Unido le dio", afirma Maz Saleem, una de sus hijas. "He pasado seis años luchando sin descanso para que lo reconozcan en los grandes medios de comunicación".

Tres semanas después, el asesinato de Lee Rigby a manos de fundamentalistas islamistas indignó a todo el país y provocó una reunión de emergencia del Gabinete de Crisis. Nada de eso sucedió por Saleem. "El tema fue escondido bajo el tapete", me dice Maz. ¿Y qué sucedió con el asesinato de Mushin Ahmed, un abuelo de 81 años, a manos de dos racistas británicos en agosto de 2015, cuando la víctima iba a rezar a la mezquita de Rotherham? Uno de sus atacantes lo pateó con tanta fuerza que le hizo estallar la dentadura y le dejó la huella de la deportiva en el rostro. También podemos hablar del hombre negro de 32 años del este de Londres, que tuvo que gatear hasta la carretera A12 para escapar de un ataque racista: lo habían apuñalado cinco veces.

La mañana del sábado pasado, el atacado fui yo: sufrí heridas leves y mis amigos recibieron golpes por defenderme. Pero como soy un hombre blanco con acceso a los medios de comunicación, lo que me sucedió generó mucho más interés que los asesinatos racistas o los crímenes de odio con consecuencias mucho peores que unos golpes en la cabeza y unos moratones. La extrema derecha se siente envalentonada, legitimada y más violenta que nunca, y los crímenes de odio no paran de aumentar. Cuando hablamos de terroristas islamistas fundamentalistas, nos preguntamos: ¿Quiénes son los religiosos que los radicalizan en mezquitas o en internet? Es necesario que se genere un debate similar en torno al terrorismo de extrema derecha por una razón muy sencilla: quienes alientan este tipo de violencia son políticos, analistas y medios de comunicación hegemónicos.

Pensemos en la escala de la amenaza. La extrema derecha siempre ha tenido dos enemigos principales: las minorías y la izquierda política. Nada ha cambiado. Hace ocho años, el terrorista noruego de extrema derecha, Anders Breivik, asesinó a docenas de personas, mayormente jóvenes socialistas, en la isla de Utøya. ¿Sus motivos? La lucha de la izquierda contra el racismo representaba, para él, el motor de lo que describió como "islamización" y por ende la destrucción de la Europa cristiana. Esta fue una expresión especialmente violenta de una teoría conspirativa que persiste en la extrema derecha y, si bien muchos adolescentes murieron en esa isla noruega, esta narrativa no pereció. Según esta mentalidad, las personas de izquierda traicionan a sus naciones, buscando destruirlas mediante la inmigración en masa de personas culturalmente hostiles, y son consideradas aliadas de un enemigo muy odiado: el islam como una religión demonizada y los musulmanes como pueblo.

Los terroristas de extrema derecha se alimentan de odio y éste a menudo es avivado por las élites, cuando les conviene. El reciente ataque terrorista en El Paso, en el que murieron personas de origen latinoamericano, no se puede disociar de la sistemática demonización de los inmigrantes mexicanos que llevan a cabo los medios de comunicación y los políticos republicanos, y que ahora lleva adelante de forma encarnizada el presidente de Estados Unidos, llamándolos violadores y criminales. 

Hace menos de un año, en Pittsburgh, murieron y fueron mutilados casi una docena de judíos, comunidad que ha sido blanco de la extrema derecha durante dos mil años. El supuesto terrorista acusó a los judíos de intentar meter musulmanes "malvados" en Estados Unidos. Aquí tenemos un odio ancestral combinado con una manifestación más moderna del odio racista: los judíos representados como desleales y desarraigados, buscando destruir la civilización occidental mediante la importación de musulmanes peligrosos. De forma escalofriante y con declaraciones abiertamente antisemitas, esta semana Donald Trump acusó a los judíos-americanos que votan al Partido Demócrata de una "deslealtad enorme". 

El ataque terrorista de extrema derecha de 2015 contra una iglesia de la comunidad afroamericana en Charleston no puede ser analizado sin tener en cuenta que la esclavitud, que ha dejado un extenso legado racista, fue abolida hace poco más de 150 años, el equivalente a solo dos períodos vitales. En la masacre de Christchurch en Nueva Zelanda murieron más de 50 musulmanes, personas cuya religión ha sido un blanco no sólo de la extrema derecha sino también de muchos medios de comunicación y políticos de importantes partidos.

En el Reino Unido, la parlamentaria laborista Jo Cox fue asesinada por un terrorista blanco de extrema derecha, que cuando se presentó ante un tribunal proclamó "muerte a los traidores, libertad para el Reino Unido". ¿Qué hemos aprendido de esto? ¿Cómo es posible que Nigel Farage pudiera alardear de que el referéndum sobre el Brexit triunfó "sin disparar ni una sola bala" y luego declarara que se "pondría la ropa de camuflaje, cogería un rifle y marcharía al frente de batalla" si no se lograra llevar a cabo el Brexit, y que no se haya visto afectada su vida política ni su imagen pública? ¿Cómo es que no se horrorizó el país cuando un terrorista de extrema derecha planeó asesinar a la parlamentaria laborista Rosie Cooper con un machete? ¿Cómo esto no generó la decisión de aniquilar a la ideología política que promueve este tipo de violencia? ¿Qué hay del terrorista de extrema derecha que asesinó a un grupo de musulmanes de Finsbury Park y habló de su deseo de matar a Jeremy Corbyn y a Sadiq Khan por considerarlos defensores de terroristas?

Aquellos que alimentan el odio que radicaliza a los extremistas de derecha no están gritando en las esquinas: están en las portadas de los periódicos. Utilizan retórica como "enemigos del pueblo"  y "aplastar a los saboteadores", distorsionan los hechos, crean mitos, dicen medias verdades y mienten para avivar el odio contra musulmanes, migrantes y refugiados, y para convertirlos en chivos expiatorios de los delitos cometidos por los poderosos.

Tras un enfrentamiento entre fascistas y antifascistas en Charlottesville, Trump declaró que "había buenas personas en ambos bandos" y dando así el puntapié inicial a una teoría de "los dos bandos": la idea de que defender la supremacía blanca es moralmente equivalente a luchar contra el racismo y querer que los ricos paguen más impuestos. Sin embargo, esta equivalencia moral —que incluye la afirmación de que la izquierda es igual de violenta— es muy peligrosa. Mientras la extrema derecha lleva a cabo sangrientos ataques terroristas contra las minorías, ¡un tío le arrojó un batido de plátano y caramelo al traje favorito de Nigel Farage! Es cierto que hay personas pertenecientes a grupos minoritarios asesinadas en las calles por extremistas de derecha y no salen en los medios de comunicación, pero al neonazi estadounidense Richard Spencer le dieron un puñetazo, así que ¿quién puede asegurar que una cosa sea peor que la otra?

Existe una campaña sistemática por deslegitimar las pocas voces de izquierda en la política y los medios de comunicación, y está orquestada no solo por la derecha sino también por algunas personas que se autodenominan "moderadas" o "de centro". El intento de construir una falsa equivalencia entre la extrema derecha que ataca a las minorías y sus aliados y una izquierda comprometida con resistir el odio y la violencia es realmente perverso. Políticos de grandes partidos y varios medios de comunicación legitiman las nociones que alimentan al terrorismo de extrema derecha y los ataques racistas. Muchas personas más resultarán heridas y morirán, y como no son blancas ni tienen representación en una plataforma nacional, probablemente nunca sabrás sus nombres.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Portugal, objetivo estratégico de la extrema derecha

Varios acontecimientos recientes han revelado señales cada vez más inquietantes de que el internacionalismo de extrema derecha está transformando Portugal en un objetivo estratégico. Entre ellos, cabe destacar el reciente intento de algunos intelectuales de jugar la carta del odio racial para poner a prueba las divisiones de la derecha y la izquierda e influir así en la agenda política, el encuentro internacional de partidos de extrema derecha celebrado en Lisboa el 10 de agosto y la huelga simultánea del recién creado Sindicato Nacional de Conductores de Materiales Peligrosos.
Hay varias razones que apuntan en este sentido. Portugal es el único país de Europa con un gobierno de izquierda a lo largo de una legislatura completa y en el que se acerca un proceso electoral, y es también el único país en el que ningún partido de extrema derecha tiene presencia parlamentaria.

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, tras una comparencia en el Palacio de Sao Bento, en Lisboa. REUTERS/Pedro Nunes
El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, tras una comparencia en el Palacio de Sao Bento, en Lisboa. REUTERS/Pedro Nunes
¿Realmente Portugal es tan importante para merecer esta atención estratégica? Por supuesto que sí. Es importante porque desde la perspectiva de la extrema derecha internacional, Portugal representa el eslabón débil a través del cual puede atacar a la Unión Europea (UE). El objetivo central es destruir la UE y hacer que Europa vuelva a ser un continente de Estados rivales donde los nacionalismos puedan florecer y las exclusiones sociorraciales manipularse políticamente con más facilidad. Para la extrema derecha internacional, la derecha tradicional desempeña un papel muy limitado en este objetivo porque durante mucho tiempo ha sido la fuerza impulsora de la Unión Europea. De ahí que se la trate con relativo desprecio, al menos hasta que se acerque, por su propio vaciamiento ideológico, a la extrema derecha, como está sucediendo en España.

Por el contrario, las fuerzas de la izquierda son fuerzas a las que hay que neutralizar. Para la extrema derecha, la izquierda se ha percatado que la UE, con todas sus limitaciones, que durante mucho tiempo fueron razón suficiente para que algunas de esas izquierdas fueran antieuropeístas, es hoy una fuerza de resistencia contra la ola reaccionaria que avasalla el mundo. De la Unión Europea no se puede esperar mucho más que la defensa de la democracia liberal, pero es más probable que esta muera democráticamente sin la UE que con la UE. Y las izquierdas saben por experiencia que serán las primeras víctimas de cualquier régimen autoritario. Tal vez recuerden que las diferencias entre ellas siempre parecieron más importantes desde el interior de las propias fuerzas de izquierdas que desde la perspectiva de sus adversarios. Por mucho que socialistas y comunistas se enfrentasen en el periodo posterior a la I Guerra Mundial, cuando Hitler llegó al poder no vio entre ellos diferencias que mereciesen un trato diferente. Los liquidó a todos.

Sin embargo, no es relevante saber si es esto lo que piensan las izquierdas. Es lo que la extrema derecha piensa sobre las izquierdas, y esta es la base sobre la que se mueve. ¿Quién la mueve? La mueven fuerzas nacionales e internacionales. Son varias y con objetivos que solo parcialmente se superponen. Para sorpresa de algunos, la política internacional de Estados Unidos es una de ellas. Estados Unidos es hoy un defensor muy condicional de la democracia, pues solo la defiende en la medida en que es funcional a los intereses de las empresas multinacionales estadounidenses. La principal razón es la rivalidad entre Estados Unidos y China, que está condicionando profundamente la política internacional. La confrontación entre dos imperios, uno decadente y otro ascendente, requiere el alineamiento incondicional de los países aliados a cada uno de ellos o en su zona de influencia. Una Europa fragmentada será un conjunto de países fácilmente presionables o irrelevantes (Alemania es el único que requiere atención especial). Más que nunca, los intereses económicos son los que dominan la diplomacia. Así, según la BBC el pasado 9 de agosto, los tuits en chino del presidente Trump tienen más de 100 mil seguidores entre los disidentes chinos que consideran al presidente estadounidense un defensor de los derechos humanos. Y ciertamente lo será en el contexto de China y porque eso sirve a los intereses de la guerra con China. No es casual que China culpe a Estados Unidos de la ola de protestas en Hong-Kong. Pero Trump no es un defensor creíble de los derechos humanos ante los venezolanos, sujetos a un embargo cruel y devastador que la propia ONU considera una violación grosera de los derechos humanos.

La extrema derecha tiene tres instrumentos fundamentales: el aprovechamiento de la protesta social contra medidas de gobiernos considerados hostiles, la explotación de idiotas útiles y, en el caso de gobiernos más a la izquierda, la maximización de las dificultades de gobernanza derivadas de las coaliciones existentes. En el primer caso, sirve como ilustración la huelga del Sindicato Nacional de Conductores de Materiales Peligrosos. Este tipo de huelga puede tener efectos tan graves que desmoralicen cualquier gobierno. Los sindicatos conocen eso: tradicionalmente negocian fuerte y, al mismo tiempo, saben hasta dónde pueden llegar para no cuestionar intereses vitales de los ciudadanos. No es lo que ha ocurrido con este sindicato. Es altamente sospechoso el lenguaje radicalizado del vicepresidente del sindicato (“dejó de ser un derecho laboral para ser una cuestión de honor”), un personaje aparentemente convertido en ángel protector de sindicalistas descontentos. La historia nunca se repite, pero nos obliga a pensar. El gobierno democrático socialista de Salvador Allende, hostilizado por las elites locales y por Estados Unidos, sufrió su crisis final tras las huelgas de sindicatos de transportistas de combustible, precisamente debido a la paralización del país y la imagen de ingobernabilidad que reflejaba. Años después se supo que la CIA estadounidense había estado bastante activa detrás de las huelgas.

Los idiotas útiles son aquellos que, con las mejores intenciones, juegan al juego de la extrema derecha, aunque no tengan nada que ver con ella. Cito dos casos. Cuando se produjo la primera huelga del mencionado sindicato, algunos sociólogos ingenuos se apresuraron a disertar sobre el nuevo tipo de sindicalismo no ideológico, exclusivamente centrado en los intereses de los trabajadores. El contraste implícito era con la Confederación General de los Trabajadores Portugueses (CGTP), esa sí considerada ideológica y al servicio de oscuros intereses antidemocráticos. Si leyesen un poco más sobre los movimientos sindicales del pasado, sabrían que, en muchos contextos, la proclamación de la ausencia de ideología política fue la mejor arma para introducir la ideología política contraria. Pero los idiotas útiles pueden aparecer donde menos se espera. Un sindicalista que admiré mucho hasta hace poco tiempo, Mário Nogueira, se comportó en cierto momento como idiota útil al transformar las reivindicaciones de los profesores en un motivo legítimo para hacer dimitir al gobierno de izquierda apoyado por el partido al que pertenece. Este radicalismo, que confunde el árbol con el bosque, sirve objetivamente a los intereses desestabilizadores de la extrema derecha.

Por último, la extrema derecha sabe aprovecharse de todas las divisiones entre las fuerzas de izquierda, sabe ampliarlas y sabe usar las redes sociales para crear dos ilusiones a partir de medias verdades. La primera es que la mayoría de los militantes y exdirigentes del Partido Socialista opinan que al PS siempre le fue mejor en alianzas con la derecha (lo cual es falso), no le gusta el radicalismo de izquierda (que nunca definen) y que, de todos modos, libre de las izquierdas a su izquierda, fácilmente tendrá mayoría absoluta (lo que es improbable). La segunda ilusión es que existen fracturas similares en los otros partidos de izquierda, deseosos de volver a sus rincones de oposición y cansados de hacer concesiones (lo que en parte es cierto).

Las fuerzas de izquierda en Portugal están dando testimonio de un notable buen sentido que dificulta las maniobras de la extrema derecha. ¿Seguirán en este camino o se rendirán a las presiones internas y externas? Es una cuestión abierta.

Fuente: https://blogs.publico.es/espejos-extranos/2019/08/20/portugal-objetivo-estrategico-de-la-extrema-derecha/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=web

martes, 11 de febrero de 2014

La extrema derecha se concentra en torno a los movimientos antiabortistas

No al aborto, sí a la banderaLos antiabortistas y ultracatólicos españoles han decidido unir fuerzas para presentar su propia candidatura a las elecciones europeas, en las que intentarán medir el respaldo social hacia lo que sus militantes definen como “derecho a la vida”. Alternativa Española (AES), Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) y el Partido Familia y Vida (PFyV) darán a conocer en los próximos días la marca oficial de la primera coalición provida, consagrada en cuerpo y alma a la defensa de una ley del aborto aún más restrictiva.

“Entre nuestras formaciones pueden existir algunas diferencias mínimas, pero no precisamente en los valores innegociables de la vida, la familia y la educación de los hijos”, resumió a Público el representante del PFyV en Euskadi, Miguel Aguilella. Este firme activista contra el aborto jamás se había sentido tan acompañado: a diferencia de anteriores experiencias electorales, en las elecciones europeas del próximo 25 de mayo su partido irá de la mano de AES y CTC, por lo que confía en superar los humildes resultados obtenidos en cada una de las contiendas a las que han presentado listas.

Sus nuevos compañeros de la CTC -una de las corrientes más radicales de lo que aún queda del carlismo- también están entusiasmados. “Vamos a intentar que haya -al menos- un eurodiputado español que defienda los principios de defensa de la vida, la familia como Dios manda, la libertad de educación y las raíces cristianas de Europa. Los optimistas pensarán que es mucho. Los pesimistas que es poco. En cualquier caso, es lo que es”, señalaron sus responsables en una nota dirigida a sus “afiliados y simpatizantes”.

Sumando más sectores
Si bien el acuerdo tripartito se firmó a mediados de noviembre pasado, los integrantes de la coalición aún realizan gestiones para tratar de sumar a distintas asociaciones antiabortistas de distintas zonas del país. Sus potenciales compañeros de viaje están en la Coordinadora por la Vida, una plataforma compuesta por 61 organizaciones del mundo ultracatólico y de la extrema derecha. Entre ellas figura Falange Española de las JONS, un partido que de momento se mantiene al margen de cualquier coalición. En ese contexto, Aguilella asegura que existen “muchas coincidencias” con los integrantes de la mencionada coordinadora, pero evita dar más pistas.

Los misterios se revelarán en los próximos días, cuando AES, CTC y PFyV hagan pública la marca con la que se presentarán a las elecciones europeas y los nombres de sus candidatos. “Estamos avanzando en las negociaciones”, asegura el representante de Familia y Vida. Uno de los aspectos que más inquieta a los miembros de estas formaciones es el resultado de las conversaciones entabladas con el Frente Nacional francés, un partido al que las encuestas auguran una exitosa participación en los comicios europeos de mayo próximo. “Se está hablando, pero todavía no hay una respuesta”, confirma Aguilella.

En realidad, el peso fuerte de las negociaciones con la formación de Marine Le Pen recae sobre AES, el partido ultraconservador que lidera el abogado Rafael López Diéguez, yerno del recientemente fallecido Blas Piñar. “Antes de que se conformase la coalición ya habían mantenido contactos, pero ahora todas las decisiones corresponden a la comisión tripartita”, indica el representante de PFyV, quien admite que existe más de una coincidencia ideológica con el Frente Nacional.

Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2014/02/11/extrema-derecha-concentra-torno-movimientos-antiabortistas/