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martes, 22 de marzo de 2022

Sáhara: ¿por qué?

En noviembre de 1976 acompañé a Felipe González, entonces secretario general del PSOE, a un acto en los territorios saharauis liberados. Liberados es prácticamente una entelequia porque los saharauis controlaban —y controlan— solo una pequeña parte. Tras volar a Tinduf viajamos a una asimismo pequeña localidad desértica para expresar nuestro rechazo al Acuerdo Tripartito de Madrid por el que (mientras Franco agonizaba) el Gobierno entregaba el Sáhara a Marruecos y Mauritania. Y para manifestar nuestra solidaridad con los refugiados, huidos —como hoy los ucranianos— de su tierra, anexionada —como en Ucrania hoy— por un autócrata expansionista. En un mitin en esa aldea, el 14 de noviembre, Felipe González recordó a los numerosos asistentes que en esos momentos se cumplía exactamente un año de la firma de un “acuerdo de triste memoria por el cual tres Estados se arrogaron el derecho de disponer del pueblo saharaui y de repartirse su territorio y sus riquezas nacionales.

Fuimos porque estábamos convencidos de que la gran mayoría de la opinión pública española no había aceptado —como tampoco hoy en Ucrania— la agresión de una potencia expansionista. Fuimos porque considerábamos nulo de pleno derecho el Acuerdo Tripartito. Porque estábamos escandalizados y muertos de vergüenza ajena como españoles porque en su día el Gobierno español había defendido consistente y firmemente en Naciones Unidas y en el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) que ni Marruecos ni Mauritania, a quienes ahora se entregaba el territorio, poseía ningún título jurídico sobre el mismo. Precisamente el TIJ, en su opinión consultiva de 16-10-1975, resolvió que “ni los actos internos ni los internacionales en que se basa Marruecos indican la existencia o el reconocimiento internacional de vínculos jurídicos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y el Estado marroquí (…) no muestran que Marruecos ejerciera ninguna actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sáhara Occidental. No obstante, proporcionan indicaciones de que, en el período pertinente, existían vínculos jurídicos de lealtad entre el Sultán y algunos, pero solo algunos, de los pueblos nómadas del territorio…”

En definitiva, el Tribunal Internacional de Justicia manifestó que la resolución 1514 (XV), de 14-12-1960, de la Asamblea General onusiana sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales era vigente y que la descolonización debía hacerse vía referéndum: “Nada se opone a  la aplicación del principio de libre determinación, mediante la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio.” Añadamos un aspecto grotesco: Franco había afirmado contundentemente en 1973 que “el pueblo saharaui es el único dueño de su destino. El Estado defenderá la libertad y la voluntad de libre decisión de los habitantes del territorio.”

La violación de la legalidad internacional se inicia ya en el primer artículo del Acuerdo Tripartito: “Espana ratifica su resolución —reiteradamente manifestada ante la ONU— de descolonizar el territorio del Sáhara Occidental.” Sin embargo, no procedió a realizar el referéndum estipulado por el TIJ. Alude solo a una “consulta con la Yemaa”, la asamblea de notables saharauis… Por su parte, la Asamblea General de la ONU (resolución 3458B, de 10-12-1975) exigió a los tres firmantes del Acuerdo que cumplan con el referéndum. De modo que en 1975, como potencia administradora, España tenía solo dos opciones para cancelar su responsabilidad respecto al Sáhara: descolonizar, lo que en virtud de la legalidad internacional únicamente podía hacerse vía referéndum, o no descolonizar, transfiriendo la administración del territorio. Pero la Carta de Naciones Unidas (artículo 77.1.c) estipula que esa transferencia debe ser hecha al Consejo de Administración Fiduciaria onusiano, no a Estado alguno, por lo tanto no a Marruecos y a Mauritania. 

El pacto

Al parecer, el Gobierno de España ha decidido reconocer la “autonomía” del Sáhara en el seno de Marruecos (y por ende, la soberanía de éste sobre aquél) a cambio de garantías por parte marroquí en la gestión de los flujos migratorios y el respeto a la integridad de Ceuta y Melilla. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha manifestado su satisfacción por ello porque beneficia los intereses de los españoles. Cabe preguntar si una decisión “incómoda” por parte argelina en el suministro de gas a España, y vía España, a Europa, beneficiaría los intereses de los españoles y europeos. Preguntado el ministro sobre la oposición de Unidas Podemos a este acuerdo, Albares respondió que se trataba de un “matiz”, que en todo Gobierno de coalición existen discrepancias. No calificaría yo de matiz, sino de sustancia, el pacto suscrito.

El antiguo presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha manifestado que “debemos felicitarnos porque hemos recuperado algo tan importante para España como una relación de confianza con Marruecos”. Está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. En mi opinión, los únicos pactos con ciertas garantías de ser respetados son los firmados entre democracias, como bien demuestra la historia al referirse a los supuestos acuerdos de confianza con la Alemania de Hitler o la URSS de Stalin. 

¿Autonomía del Sáhara en el seno del reino alauí, el reino de un autócrata? En el supuesto de que dicha “solución” al conflicto llegara a concretarse en el futuro, la abdicación por parte del Gobierno de España de sus obligaciones con el Derecho internacional, las resoluciones de Naciones Unidas y la Carta de la organización y su renuncia a los valores y principios éticos (los mismos que estos días nos mueven para apoyar a Ucrania frente al expansionismo ruso) que ello supone, únicamente podría, tal vez, comenzar a merecer la pena el día en que Marruecos se transformara en una democracia. 

Hay quien justifica este dislate en nombre de la realpolitik (según la Real Academia, la política basada en criterios pragmáticos, al margen de ideologías. Yo prefiero la definición del concepto "principio", esto es, la norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta).

Coda final.- Hay también quien dialécticamente se aferra al hecho de que Francia y Alemania han adoptado la misma posición que ahora adopta el Gobierno de España. O que Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara (a cambio, por cierto, del reconocimiento de Israel por parte de Rabat). Quisiera recordarles que Occidente no es la totalidad del planeta, que 84 Estados reconocen a la República Árabe Saharaui, además de los que mantienen relaciones con el Frente Polisario. Y que en la recién celebrada (febrero 2022) 35 Asamblea de la Unión Africana, el presidente de Kenya y del Consejo de Paz y Seguridad de la misma, Uhuru Kenyatta, urgió a la Asamblea a “cumplir su mandato sobre el conflicto saharaui”, insistiendo en “la importancia de encontrar una solución que garantice la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental”. Por cierto, en esa Asamblea la delegación marroquí se esforzó infructuosamente para que Israel fuera admitido como miembro observador. 

Fuente: https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/sahara_129_1223023.html

viernes, 21 de mayo de 2021

Um Draiga. Asuntos sin resolver que llaman a la puerta

"Empezar a contar la historia por Um Draiga nos permite entender quién está en la posición de perpetrador y quién en la de víctima si queremos usar la palabra 'genocidio' en una oración que incluya a Marruecos y al Sáhara Occidental", reflexiona Laura Casielles.

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Un hombre corre por la playa en Ceuta tras llegar a nado desde Marruecos. REUTERS

 El 18 de febrero de 1976 tuvo lugar la masacre de Um Draiga. Um Draiga era el nombre de uno de los asentamientos en los que se fueron encontrando quienes huían de las que hasta entonces habían sido sus ciudades y pueblos cuando el Sáhara Occidental fue ocupado por Marruecos en la Marcha Verde. Situado en el interior del desierto, pero lo bastante cerca de algunos pozos que los beduinos conocían bien, se convirtió en una pequeña ciudad provisional, hecha de jaimas, que llegó a albergar a varios miles de civiles. 

El bombardeo duró unas 48 horas, con algunas repeticiones en días siguientes. Los ataques desde aviones y cazas eran habituales en aquella huida, pero en este se usaron además napalm y fósforo blanco, armas químicas prohibidas por el derecho internacional. El número de muertos se cifra entre 2.000 y 3.000 solo en aquellos días. Por este y otros casos, en 2015 la Audiencia Nacional española admitió a trámite una querella para procesar a 11 altos cargos marroquíes bajo la acusación de genocidio. El procedimiento sigue sin resolverse. Quienes sobrevivieron a la masacre continuaron camino hacia Tinduf, en el sur de Argelia, donde siguen viviendo –con sus descendientes– 45 años más tarde, en campamentos de refugiados.

El pensador estadounidense Walter Mignolo explica que, cuando se cambia el punto por el que empezamos a contar una historia, nos encontramos con una historia diferente. El otro día, al leer la noticia de que esa misma Audiencia Nacional había reabierto una querella por genocidio, pero otra, la que acusa de eso mismo a Brahim Gali –presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y secretario general del Frente Polisario–, pensé en que quizá podríamos empezar a contar la historia por Um Draiga. Más que nada, para no tergiversar los nombres de las cosas.

Empezar por Um Draiga

Empezar a contar la historia por Um Draiga no solo nos permite entender quién está en la posición de perpetrador y quién en la de víctima si queremos usar la palabra “genocidio” en una oración que incluya a Marruecos y al Sáhara Occidental. También nos lleva hasta un punto del tiempo crucial para entender lo que está pasando estos días en la frontera entre España y Marruecos. Veréis. 

Cito a Walter Mignolo no solo porque su reflexión sobre las historias me guste mucho, sino porque la desarrolla para pensar sobre la lógica y las consecuencias de los procesos coloniales. Que es de lo que va este asunto. La descolonización fue el fenómeno histórico más importante de la segunda mitad del siglo XX. El mapa se redibujó con la independencia de ochenta países, pero también con el trazado de todo un entramado de negociaciones, deudas y lealtades que marcarían el tiempo por venir. Algunos otros procesos, no muchos, quedaron sin resolver. 

En las últimas semanas, las noticias del recrudecimiento de los ataques de Israel sobre Palestina pusieron sobre la mesa una vez más uno de los asuntos en los que esos temas irresueltos, o mal resueltos, siguen latiendo. Ahora nos llama a la puerta un problema de la misma familia, pero que nos pilla mucho más cerca: la cuestión del Sáhara. Se trata de dos conflictos que, en el “pack del pensamiento de izquierdas”, suelen emparentarse en una adhesión que va de suyo: apoyamos, claro. Sin embargo, es menos frecuente que nos demos cuenta de que, en el caso de España, si nos toca pensar sobre el Sáhara es también para pensarnos a nosotros mismos.

Un problema propio

Entender el conflicto del Sáhara Occidental es entender que no se trata de un problema ajeno, sino profundamente propio. No solo en términos de responsabilidad, que por supuesto. También en la medida en que su desarrollo está tan ligado al de nuestra propia historia reciente que se puede entender como otro de esos candados que no hay manera de abrir si no se quieren tocar unas cuantas de las cosas que llevan décadas cerradas a cal y canto.

Durante el agitado año de 1975, un territorio en principio no tan importante se convirtió en la bisagra crucial de un tiempo. En el complejo guion que cambió el rumbo de lo que parecía que iba a ser una independencia pactada como las de otros países toman parte algunos de los principales personajes de aquellos últimos meses del franquismo, con especial protagonismo de un Juan Carlos I recién coronado que iba a encontrarse con que la gestión del futuro de aquel territorio resultaba clave para encontrar su lugar en el mundo –literalmente–. 

De algún modo, retirarse ante la Marcha Verde y aceptar las presiones que cristalizarían en los Acuerdos de Madrid –en los que se cedió la soberanía del Sáhara a Marruecos y Mauritania– fue la primera aceptación de un chantaje marroquí por parte de España. Y lo sabemos por todas las películas: cuando se acepta un primer trato mafioso, el rumbo ya es difícil de enderezar

Con aquella traición a las promesas de defender la soberanía del pueblo saharaui, nuestra transición a la democracia quedó marcada por algo mal hecho. La ocupación marroquí del Sáhara Occidental era ilegítima y, por tanto, España seguía y sigue siendo la potencia administradora de facto –como ha reconocido de hecho otro auto de la Audiencia Nacional, que en este tema ya vamos viendo que dice una cosa, su contraria, y todo lo demás también–. Lo era mientras caían las bombas sobre Um Draiga, lo era durante los más de quince años de guerra que siguieron, lo era mientras se incumplían una y otra vez las resoluciones de organismos internacionales como la ONU o el Tribunal de La Haya que establecen el mandato de realizar un referéndum de autodeterminación en este territorio cuyo estatus actual sigue siendo “pendiente de descolonización”


Los negocios

Llamarse andana en el asunto resultaba lucrativo: también en el Sáhara los negocios que se afianzaron en aquellas décadas tuvieron mucho que ver con las puertas giratorias con las que se afianzó y sostuvo el bipartidismo, como muestra el documental Ocupación S. A. Pero, más allá de eso, dejar las cosas quietecitas en aquel frente tenía que ver con no abrir cajas negras de la memoria que tocan muchas de las claves de bóveda del régimen del 78, empezando por el rey

Esto es extensible a toda la cuestión colonial española del siglo XX. Hablar del Protectorado de Marruecos es hablar de cómo se generaron las condiciones de posibilidad para el golpe de Estado de 1936, y hablar de la guerra civil, y hablar de las ambivalencias y contradicciones del propio discurso del franquismo. Hablar de la colonización española en Guinea Ecuatorial es hablar de cómo se dejó a aquel país en herencia una dictadura con la que la España ya democrática no ha sido jamás capaz de romper. 

Y hablar del también muy deficitario papel de España en el proceso de descolonización de Marruecos ayuda a entender que cuando decimos que “Europa ha subarrendado a Marruecos el control de sus fronteras”, nuestro país no es exactamente un beneficiario, sino el siguiente eslabón en la cadena de comerse los marrones. Porque no nos confundamos: esta vez Europa ha intervenido cual primo de Zumosol porque la cosa estaba siendo demasiado llamativa, y no conviene mostrar de manera tan visible los tejemanejes que en lo cotidiano sostienen la maquinaria girando. Pero, en el día a día, es una de las principales artífices y garantes del orden de cosas que al reventar desemboca en lo que estamos viendo. 

Pero esto no iba de echar balones fuera, sino de todo lo contrario. Lo que se juega en el Estrecho no solo tiene que ver con nosotros porque nos llame a la puerta con un sufrimiento ante el que no cabe la indiferencia. Tampoco solo porque sea terreno fértil –como casi siempre en la historia de ese paso de agua, por otro lado– para las peores versiones del nacionalismo patrio. Tiene que ver con nosotros porque se enraíza directamente en la pregunta de cómo ha construido este país lo que es hoy, cómo podría construir de otro modo y con qué herencias está dispuesto a romper para ello.

No es una crisis migratoria

No, no es una “crisis migratoria”. Es otra cosa. Es una operación de Risk de un Estado que demuestra que está dispuesto a ignorar los derechos humanos no ya de sus enemigos, sino de su ciudadanía. Ahora el Estrecho nos grita, pero en los últimos meses ya se habían ido desplegando las señales de que Marruecos sabe qué botón tiene que apretar para que España no remueva las aguas que llevan estancadas hace casi medio siglo

A menudo, la defensa de causas como la del Sáhara o la de la Palestina se denosta diciendo que son temas pequeños, luchas perdidas a las que solo se suma gente ingenua y poco pragmática. Pero lo que está en disputa es algo mucho más grande –¿por qué si no iban a preocupar a los gigantes del mundo?–. Paisitos que no estaban llamados a ser cruciales encarnan en su resistencia el recordatorio del daño sobre el que se funda nuestra tranquilidad. 

De lo que se trata es de un orden global que se apuntaló en el colonialismo y se barnizó en el proceso de descolonización, y que se sostiene en la desigualdad y en la violencia. Y por eso es trampa presentarlos como guerras entre países, llevar a los pueblos a enfrentarse. El conflicto, como siempre, no es entre las sociedades: es entre quienes tienen poder y quienes lo sufren, como muestra con claridad quiénes están jugándose la vida estos días en el espolón de Ceuta. 

El ping pong que vemos estos días en la frontera nos llama a la puerta con la urgencia de las vidas que están en juego. Pero, además, nos recuerda que los problemas que no se resuelven, regresan. Que los problemas que se resuelven mal, cediendo al matonismo y al chantaje, se enquistan. Y que los problemas que son fundantes de un orden criminal tienen mal arreglo. 

Fuente: https://www.lamarea.com/2021/05/21/um-draiga-asuntos-sin-resolver-que-llaman-a-la-puerta/

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Las consecuencias del anuncio de Trump sobre el Sahara y el acuerdo con Marruecos e Israel

¿Mantendrá Biden la postura de Trump respecto al Sahara? ¿Qué papel jugarán Argelia o Rusia ante esta nueva situación?
"Es una jugada atrevida y arriesgada para el régimen marroquí”, destaca el profesor Barreñada sobre un establecimiento de relaciones con Israel
“El riesgo es que el paso de Trump genere una escalada y un aumento de tensión”, señala el investigador Haizam Amirah-Fernández

Sahara
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al rey de Marruecos, Mohamed VI, en una visita de 2018. / Efe

Las declaraciones, más bien los tuits, del presidente de EEUU (en funciones), Donald Trump, sobre Marruecos y el Sahara Occidental, han otorgado una nueva dimensión al conflicto. Los saharauis han servido como moneda de cambio en un trueque que favorece a un tercer país, Israel. Siempre según las palabras de Trump, su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara implica que el reino alauita establezca relaciones diplomáticas con Israel. Un paso, este último, que ya han dado otros países árabes. El tablero geopolítico se completa con la incógnita de que harán o dirán países como Argelia o Rusia, por un lado, o Francia, por otro. ¿Qué consecuencias va a tener este movimiento tanto a corto como a medio y largo plazo? Hace unos días repasamos el conflicto desde el punto de vista de la legalidad internacional. Analizamos ahora en cuartopoder los diferentes escenarios de la mano de las opiniones de varios expertos en la materia.

Lo primero que cabe preguntarse es lo inesperado o no, de esta jugada. El pasado mes de febrero el investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor asociado del Instituto Empresa (IE), Haizam Amirah-Fernández, tuiteaba sobre una hipotética declaración de Trump a cambio de que Netanyahu, primer ministro israelí, incluso viajara a Rabat a ver al rey Mohamed VI. Lo hacía porque en la prensa israelí se especulaba ya con una negociación en este sentido. “En su momento haciendo un análisis de coste, beneficio y estilo de tomar decisiones, pensé que la probabilidad de que se convirtiera en realidad era importante. La principal duda era si iba a esperar al resultado de las elecciones en EEUU o no”, explica a este medio.

“Se veía venir. Para Marruecos, ceder en un tema tan sensible como lo de Israel tenía que ser por algo muy grande, y no hay ahora mismo nada más grande en Marruecos que su pretensión de tener la soberanía del Sahara”, señala por su parte Jesús Nuñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). “Hace ya varios meses que la idea flotaba en el ambiente. Pero eran especulaciones, no había posiciones oficiales, menos del Gobierno de Marruecos. En Israel sí sonaba, es posible que hubiese algo por debajo”, comenta el profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense, Isaías Barreñada.

Este mismo profesor recuerda que el supuesto “acuerdo” entre Marruecos e Israel “no surge de la nada”. Israel tiene con Marruecos unas relaciones “muy antiguas”, aunque no sean relaciones diplomáticas plenas, según comenta Barreñada. Unas relaciones que se remontan a los años 60,m facilitando la emigración de judío marroquíes hacia Israel o la colaboración entre sus servicios de inteligencia. Además, los israelíes asesoraron a los marroquíes en la construcción del muro del Sahara. Más tarde han coincidido en diferentes foros euro-mediterráneos. “Durante varios años tuvieron relaciones, en los años 90 empezó a haber turismo o inversiones israelíes. A veces de forma disimulada pero hay muchas relaciones económicas”, afirma Barreñada.

Tampoco es nueva, claro, la relación entre Marruecos y EEUU. Los estadounidenses ya colaboraron como aliados en la construcción del muro durante la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos. Y el Sahara es un tema clave para el reino alauita. “No hay nada comparado con eso, ni un sistema de armas ni otro. Pero evidentemente al lado de esa cuestión, hay intereses comerciales y dentro de ellos venta de armas. Para Washington siempre ha sido importante tener a Marruecos en su bando y lo ha alimentado de armas cada vez más sofisticadas. Lo que cabe preguntarse es quién va a pagar esas armas, porque Marruecos no tiene dinero para pagarlas”, reflexiona Nuñez.

Marruecos, una sociedad pro-palestina

Una de las claves de este nuevo escenario, si se cristalizara como indicó el presidente estadounidense, será el grado de aceptación en Marruecos de su nueva relación con Israel. La mayoría de la sociedad marroquí, partidos políticos incluidos, es favorable a la causa palestina. “Eso es un hecho pero por encima está la percepción abrumadoramente mayoritaria en la opinión pública marroquí de que el Sahara es suyo. Habrá críticas, de hecho el PJD (partido de Gobierno) ya ha emitido un comunicado crítico. Contando con la capacidad de represión del régimen, y aunque habrá críticas, no va a ser la opinión pública marroquí la que le dicte a Palacio su agenda. No lo ha sido nunca pero tampoco lo ha sido ahora”, señala Nuñez.

Es una apuesta arriesgada de la monarquía. La vinculación que ha hecho Trump ha sido directa entre la ocupación de Palestina y el tema del Sahara. La opinión pública es mayoritariamente propalestina. Más en el largo plazo va a ser muy distinto, si se establecen relaciones diplomáticas y hay un nuevo bombardeo sobre Gaza, veremos qué pasa”, añade Amirah-Fernández. “Una decisión del Palacio choca con una opinión fuerte en la calle. Y eso, en un régimen como el marroquí, se tiene que tragar sin expresarse excesivamente, pero está ahí latente. Ahora no estamos en los años 80 o 90, estamos en un momento en el que hay más opciones de hacer críticas. Es una jugada atrevida y arriesgada para el régimen marroquí”, destaca Barreñada.

¿Qué hará Joe Biden?

Otra de las preguntas interesantes es saber la respuesta del presidente electo de EEUU, Joe Biden, que tomará posesión oficial en poco más de un mes. Las excelentes relaciones de los estadounidenses con Israel y el papel de los grupos de presión podrían decantar la balanza perjudicando a los saharauis y palestinos. Para Nuñez, es un tema “envenenado” que le deja Trump al nuevo presidente. “Si Biden echa atrás esta decisión va a tener muchos problemas para explicar por qué esto sí y los Altos del Golán sirio, por ejemplo, no. Se me hace muy difícil imaginar que EEUU, con Biden o quien sea, vaya a darle una bofetada de ese nivel a su principal aliado en Oriente Próximo que es Israel”.

Seguramente el cálculo que han hecho en Rabat es que esto seguramente Biden no se lo iba a conceder. Por eso de que hay una cosa llamada legalidad internacional. No olvidemos que lo de Trump es una declaración presidencial. Eso también hay que ver cómo es de vinculante y la validez jurídica que tiene de cara a la propia legislación estadounidense”, comenta el investigador de ElCano. Por cierto, que a día de hoy tampoco el rey de Marruecos ha anunciado un reconocimiento pleno de relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. A pesar de que el Sahara no es una prioridad para EEUU, la duda, para Amirah-Fernández, es si dentro de las decisiones que Biden tomará rápidamente para distanciarse de Trump estará este asunto o no.

Para el profesor Barreñada, lo que ha pasado es fruto de la “política disruptiva” que tiene Trump. Para él, Biden podría volver a lo que ha sido la posición de EEUU “más clásica”. “¿EEUU puede abrir mañana un consulado en el Sahara? Sí, pero lo puede cerrar el día después”. En este sentido recuerda que el país ya tomó en su tiempo una decisión en la que dijo claramente que el Sahara no era Marruecos. Por tanto el tratado de libre comercio no se aplica. “Si esa decisión no se traduce luego en extender este tratado, abrir representaciones diplomáticas, se queda en lo declarativo”

Una consecuencia, en todo caso, es que esta declaración arrastre a otros países a hacer algo similar reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara. Aquí, inevitablemente miramos a Francia, aliado tradicional de nuestros vecinos del sur. “Estoy seguro de que Macron desearía hacerlo. El problema es por un lado es que esto tiene que pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU, el precedente supondría que en un territorio reclamado, desde el exterior se le reconozca la soberanía. Ese precedente sería peligroso para la UE, porque hay reclamación territorial de algunos territorios. A nivel interno de la UE podría generar unas tensiones inmensas”, destaca Amirah-Fernández.

“Francia no va a hacer esto. Porque tiene una política exterior más madura, no hace este tipo de cosas de la noche a la mañana. Rompería el consenso en la UE. Lo del reconocimiento de la soberanía de un territorio ocupado es claramente una violación del derecho internacional. Francia apoyará a Marruecos en el Consejo de Seguridad pero este tipo de cosas no las hace”, destaca por su parte Barreñada.

Argelia o Rusia, ¿internacionalización del conflicto?

Las reivindicaciones del Frente Polisario han contado con dos apoyos relevantes. En primer lugar, Argelia. En su territorio se encuentran los campamentos de población refugiada por lo que la relación es evidente y cristalizada durante décadas.

Analiza la situación de este país Amirah-Fernández: “Argelia está pasando por un momento muy delicado, con una sobreposición de crisis. Por un lado la política, de más de un año de manifestaciones pidiendo reformas de fondo en el sistema. Se eligió al presidente el año pasado pero lleva meses desaparecido y ausente. Hay una crisis económica que se junta con los factores de la pandemia, sumada a un descenso preocupante de las divisas del país. A nivel geopolítico, su posición está cada vez más aislada. Los tuits de Trump han debido caer como bombazos por esa especie de competición por la hegemonía regional desde hace décadas. De repente se le entrega a su rival geopolítico todo lo que pide en bandeja de plata. Eso es muy difícil de digerir en Argelia”.

Para el profesor Barreñada, “hay una especie de mantra” que dice que Argelia es quien mantenía al Frente Polisario vivo o que los saharauis no tienen autonomía en sus actuaciones. “Yo creo que lo que está ocurriendo en los últimos días es que hay otro tipo de relación. Obviamente los saharauis nunca van a hacer algo contra Argelia. Pero tienen un margen de maniobra importante. Muy posiblemente los saharauis habrán consultado con Argelia y les habrán dicho que ya no aguantaban más y que iban a volver a la lucha armada. Habrán encontrado cierto nivel de aceptación por su parte”, explica.

Rusia, junto a Sudáfrica, fue el único país en el Consejo de Seguridad de la ONU que se abstuvo en la última resolución sobre el conflicto. “Dijeron que la resolución había sido amañada por otros países y que estaba vacía de contenido. Es decir, que la crítica es precisamente porque la resolución se queda corta. Hay una sintonía muy fuerte entre Rusia y Argelia, y eso significa que se va a alimentar una espiral de confrontación”, señala Barreñada. El intercambio de armas puede jugar aquí también un factor clave. “Puede haber un nuevo foco de confrontación entre EEUU y Rusia, lo mismo que vemos en Oriente Medio. El error de cálculo de Marruecos es importante”, añade el profesor.

Para Amirah-Fernández, tampoco va a estar cruzado de brazos. “El riesgo es que el paso de Trump genere una escalada y un aumento de tensión. Es un riesgo real, no hipotético. Para Argelia es casi un tema de seguridad nacional”, señala.

Más escéptico se muestra aquí Jesús Nuñez: “Si después de 45 años, cuando la balanza no estaba tan desequilibrada como ahora, no ha habido nadie que se la haya jugado por los saharauis, menos se la va a jugar ahora. Ni Argelia, ni Rusia ni ninguna más. Por mucho que sea duro, crudo, reconocerlo, los saharauis están solos, abandonados. En relación de fuerzas militares no hay forma de compararlo con Marruecos, en relación de fuerzas diplomáticas no hay forma de compararlo. Por tanto, su causa es una causa que cada vez se aleja más de su sueño político. Se ha quedado convertida, y para España también, en un tema estrictamente humanitario”.

¿Y la ONU?

No se puede obviar en el análisis las menciones al papel de la ONU. Para Nuñez, lo que muestra, “desgraciadamente una vez más, es impotencia”. Pero no por ello, alerta, se debe dejar de lado su función. “La tentación que hay que evitar es decir que para qué sirve la ONU y que hay que desmantelarla. No, sin la ONU, es directamente la ley de la jungla. Por mucho que nos frustre y nos decepcione ver como una vez más la ONU no tiene capacidad para hacer valer el derecho internacional y sus propias resoluciones, tenemos que criticarlos de forma clara pero que eso no nos lleve a decir que mejor estaríamos sin ONU”, destaca.

“El problema de la ONU es que no tiene voluntad propia, la ONU es la suma de los miembros y del Consejo de Seguridad. En el Consejo de Seguridad no veo que vaya a haber unanimidad para reconocer que el Sahara es de Marruecos”, destaca el investigador de ElCano, que además recuerda la contradicción que supone que EEUU votara a favor de prorrogar la MINURSO este mismo año.

Para Barreñada, lo que ha demostrado el conflicto del Sahara es que el órgano encargado de mantener la paz y la seguridad, que es el Consejo, “en vez de apretar para que la cosa se resuelva, lo que ha hechos es consentir los incumplimientos hasta generar una especie de régimen de impunidad”. Pero en el caso de la Asamblea General se acaba de nuevo de recordar estos días que la cuestión del Sahara es una cuestión de descolonización. “¿Cómo se fuerza a los Estados que no quieren cumplir con las propias resoluciones? Esos son los limitantes que tiene el multilateralismo”, indica.

España, cerca de Marruecos

Queda mencionar a España, potencia administradora de iure según incluso la propia Audiencia Nacional. “En España la opinión pública también es mayoritaria pro saharaui pero los gobiernos se han ido acercando cada vez más a Marruecos”, afirma Nuñez, estableciendo un paralelismo en lo que podría pasar ahora en el país alauita respecto a Palestina. Los precedentes en las actuaciones respecto al conflicto saharaui en los Gobiernos de nuestro país no son buenos.

Para Barreñada, “España se ha colocado en una posición que la imposibilita a hacer cualquier cosa constructiva”. Y alerta del peligro de acercarse a posiciones favorables a la autonomía del Sahara dentro de Marruecos. Algo que también ha defendido Trump. “Lo que es peligroso es cuando toma posiciones que debilitan el derecho internacional. Por ejemplo, cuando en algunos momentos han dicho que eso de la autonomía es una buena idea. La autonomía está ligada a la diversidad, al reconocimiento de las libertades, no puede haber una autonomía genuina en un régimen autoritario. Y sin embargo, no se les ocurres nada mejor es que una buena idea. Primero tendrá que cambiar bastante Marruecos para que cualquier proyecto de autonomía sea mínimamente viable. Le hacen un flaco favor a la cuestión general el posicionarse por la tangente. Sería mejor que se callaran, ya que no haces nada, cállate. Y no es una cuestión de este Gobierno o el anterior, lo han hecho todos”.

 Fuente: https://www.cuartopoder.es/internacional/2020/12/16/las-consecuencias-del-anuncio-de-trump-sobre-el-sahara-y-el-acuerdo-con-marruecos-e-israel/