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lunes, 7 de febrero de 2022

La actual epidemia de prohibiciones de libros en EE.UU. debe ser considerada como una advertencia

Burning Books : Fotografía de noticias
Burning Books
Books regarded as anti-German being confiscated and loaded into a car and taken away to be burned in the Opernplatz, Berlin. (Photo by Keystone/Getty Images)

  La organización PEN America está siguiendo de cerca la legislación que promueve la censura en el ámbito educativo y ha enumerado 89 proyectos de ley al respecto

Cerca de la Puerta de Brandemburgo, en Berlín, hay una plaza pública conocida como Opernplatz, donde, el 10 de mayo de 1933, ocurrió una de las quemas de libros más infames de la historia de la humanidad. Un grupo de estudiantes alemanes había organizado en todo el país una “Acción contra el espíritu antialemán”, una convocatoria en favor del nazismo que culminó con numerosas quemas de libros. La incineración de obras en la plaza Opernplatz fue la más grande y significativa. Ese día, Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda e Información de Hitler, se dirigió a una multitud de 30.000 jóvenes nazis enardecidos que se habían congregado en la plaza y los incitó a “entregar a las llamas” los libros que fomentaban la “decadencia y la corrupción moral”. Algunos años después, los nazis no solo quemarían libros sino también seres humanos.

El Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto se celebra cada 27 de enero, día en que se recuerda la liberación en 1945 de los prisioneros del campo de concentración de Auschwitz, donde los nazis mataron a aproximadamente 1,1 millones de personas. Más de un millón de esas personas eran judías. Los nazis también asesinaron comunistas, romaníes —a los que generalmente se los denomina con el término despectivo de “gitanos”—, pacifistas cristianos, miembros de la comunidad LGBTQ+, prisioneros de guerra soviéticos, discapacitados y otras personas consideradas enemigas del Reich alemán. Este año, mientras en todo el mundo se conmemoraba con solemnidad el aniversario en memoria de las víctimas del Holocausto, en Estados Unidos comenzó a circular una noticia alarmante: la junta escolar del condado de McMinn, en el estado de Tennessee, votó en forma unánime a favor de prohibir uno de los libros autobiográficos más conocidos sobre Auschwitz, la novela gráfica “Maus”, de Art Spiegelman, ganadora de un Premio Pulitzer. La novela describe las experiencias de los padres de Spiegelman, Vladek y Anja, antes, durante y después de su reclusión en Auschwitz. La obra, en formato de cómic, presenta a los judíos como ratones y a los alemanes como gatos, y el campo de exterminio de Auschwitz se llama “Mauschwitz”.

La junta escolar de McMinn votó a favor de prohibir la obra y de retirarla del plan de estudios de octavo grado el 10 de enero pasado. Para justificar dicha decisión, las autoridades escolares alegaron que el libro está escrito en un “lenguaje vulgar y objetable” y contiene un dibujo de la madre de Spiegelman desnuda en una bañera después de morir por suicidio.

Según las actas de la reunión, Tony Allman, uno de los miembros de la junta escolar, dijo durante la reunión: “No niego que el [Holocausto] fue algo horrible, brutal y cruel. […] Pero esto es como cuando estás viendo una película en televisión y alguien dice una mala palabra o aparece una escena de desnudo, no agrega nada al contenido y la película sería lo mismo sin eso. Bueno, esto es igual, el libro sería lo mismo sin eso”. Siguiendo con su crítica de “Maus”, Allman agregó: “[La novela] muestra a personas ahorcando a otras personas y matando niños. ¿Por qué el sistema educativo promueve este tipo de cosas? No es sensato ni saludable”.

Lance McConkey, un profesor de historia que vive en el condado de McMinn y enseña en un distrito escolar vecino, dijo a Democracy Now!: “No hay una forma bonita de enseñar el Holocausto”. McConkey es miembro del cuerpo docente de la Comisión de Tennessee sobre el Holocausto y recibió el premio Belz-Lipman a la Excelencia en la Enseñanza del Holocausto , una distinción que reconoce el talento y el compromiso extraordinarios en el campo de la enseñanza sobre el Holocausto. El profesor McConkey utiliza la novela “Maus” en sus clases y dijo al respecto en Democracy Now!: “A los niños les encanta la novela. Les resulta fácil de leer”.

Por su parte, el autor de la novela, Art Spiegelman, afirma que nunca tuvo la intención de que el libro fuera una lectura destinada a las infancias, pero que a partir de su publicación y de la obtención del premio Pulitzer en 1992, ha cambiado de opinión. En conversación con Democracy Now!, Spiegelman comentó al respecto: “Me enteré de que muchísimos niños han estudiado la novela en la escuela, la han leído por su cuenta o la han recibido de sus padres. Y la han realmente comprendido y recibido con mucha sabiduría. Los cómics son para quien pueda entenderlos. Obviamente la junta escolar no ha podido hacerlo”.

El condado de McMinn no es el único que ha censurado libros. La lucha por la justicia racial que siguió a la muerte de George Floyd a manos de la policía en la ciudad de Mineápolis en mayo de 2020, revitalizó el interés por enseñar literatura sobre raza y racismo y por obras escritas por autores de comunidades marginadas o relativas a ellas. Esto ha llevado a una contracampaña para prohibir ese tipo de libros, que ha sido coordinada por grupos conservadores como Moms for Liberty (Mamás por la libertad), Parents Defending Education (Padres y madres en defensa de la educación) y No Left Turn in Education (No al giro a la izquierda en la educación), que cuentan con el apoyo financiero del multimillonario de derecha Charles Koch. Libros con temáticas relacionadas con la comunidad negra o LGBTQ+ son los principales objetivos de estos grupos.

La organización PEN America está siguiendo de cerca la legislación que promueve la censura en el ámbito educativo y ha enumerado 89 proyectos de ley al respecto que han sido presentados ante legislaturas estatales de todo Estados Unidos. Entre estas iniciativas de ley figura una del estado de Iowa que prohibiría el uso en las escuelas del Proyecto 1619 —un proyecto interactivo ganador del Premio Pulitzer que reexamina el legado de la esclavitud—, y la ley HB 1255 del estado de Nuevo Hampshire, también denominada Ley sobre la Lealtad de los Docentes (An Act Relative to Teachers’ Loyalty), que prohibiría a los docentes de escuelas públicas abordar la historia de Estados Unidos de manera negativa. Hacia fines del año pasado, la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos recibió nada menos que 330 informes de intentos de prohibir o impugnar libros.

El escritor y activista George M. Johnson, cuya galardonada autobiografía-manifiesto “No todos los chicos son azules” ha sido prohibida en al menos 15 estados del país, comentó a Democracy Now!: “Cuando prohibes algo, solo lo haces más tentador. Poner a nuestros libros en el centro de atención y tratar de prohibirlos solo hace que más personas se interesen por ellos”.

En en centro de la plaza Opernplatz de Berlín fue construido un monumento que recuerda la tristemente célebre quema de libros de 1933. Denominado “La biblioteca vacía”, el monumento consiste en un tragaluz de vidrio emplazado en el suelo que revela debajo una habitación subterránea iluminada, con sus paredes llenas de estanterías blancas vacías. Las quemas de libros de los nazis en la primavera europea de 1933 fueron un presagio de lo que estaba por venir. La epidemia de prohibiciones de libros que actualmente se extiende por Estados Unidos debe ser confrontada y detenida con urgencia.

Fuente: https://nuevarevolucion.es/la-actual-epidemia-de-prohibiciones-de-libros-en-ee-uu-debe-ser-considerada-como-una-advertencia/

miércoles, 12 de mayo de 2021

Esta tabla egipcia de hace 4,000 años muestra los errores de ortografía de un estudiante

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Tabla de escritura de un estudiante del periodo del Reino Medio, hacia 1981-1802 a.C. Las marcas rojas son las de un profesor corrigiendo la ortografía de su alumno. (Foto: Museo Metropolitano de Arte, dominio público)

 Si alguna vez has recibido un examen lleno de correcciones en rojo de tu maestro, no te preocupes: no eres el único. Esta forma habitual de corregir el trabajo de los alumnos es una antigua tradición educativa, tal como demuestra un antigua tabla de escritura egipcia de la colección del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. La tabla de gesso, que data de entre 1981 y 1802 a.C., durante el periodo del Reino Medio, era una herramienta útil para que los aprendices de escriba practicaran su caligrafía mientras copiaban textos para que sus maestros los inspeccionaran.

La burocracia y la industria del antiguo Egipto requerían una gran cantidad de registros y correspondencia. Para satisfacer esta necesidad, los jóvenes prometedores se formaban como escribas desde una edad temprana. Estos aprendices aprendían de un maestro escriba, que les instruía en las habilidades técnicas de la escritura, así como en las formas adecuadas de los documentos, como las cartas del gobierno, los testamentos y los formularios de impuestos. La escritura formal que utilizaban los antiguos egipcios en sus tumbas y monumentos tallados eran los jeroglíficos, una compleja escritura de unos 1,000 caracteres distintos que representaban sonidos y conceptos. Sin embargo, esta escritura era laboriosa y no era ideal para la gran cantidad de papeleo que requería la vida egipcia.

 Hacia el año 3,000 a.C. se desarrolló una solución al problema de los escribas. Una versión cursiva de los jeroglíficos conocida como hierática se convirtió en la escritura dominante utilizada en los documentos administrativos y religiosos. La tabla del estudiante es un gran ejemplo de esta escritura. Como describe el egiptólogo William C. Hayes en su libro El cetro de Egipto, este ejercicio fue escrito por un estudiante llamado Iny-su, hijo de Sekhsekh. Le escribe (por lo visto en broma) a su hermano Peh-ny-su, tratándolo como una figura de autoridad rica. La carta es una práctica para crear esa correspondencia formal y deferente más adelante, una habilidad útil para un escriba en la industria o el gobierno. Los aprendices de escriba como Iny-su debían practicar la escritura y memorizar estos útiles documentos y cartas.

Scribes Granary Tomb Figurines
Escribas del modelo de granero de Meketre, del Reino Medio, entre 1981 y 1975 a.C. (Foto: Museo Metropolitano de Arte, dominio público)

Los conocimientos modernos sobre los escribas egipcios y sus escritos proceden en gran medida de los artefactos encontrados en las tumbas y otros lugares antiguos. Los modelos a escala encontrados en las tumbas muestran a los escribas sentados en el suelo, a menudo con las piernas cruzadas. Sostienen tablillas muy parecidas a la que utilizaba Iny-su. Estos tableros de escritura estaban hechos de madera y podían estar enmarcados en materiales preciosos como el ébano. Se escribía sobre la superficie del tablero y luego se pintaba con gesso blanco (como hacen los artistas con sus lienzos). De este modo, los estudiantes podían practicar su caligrafía y las tablas podían volver a usarse. Los aprendices de escriba también solían practicar en ostraca, piezas de cerámica rotas que se reciclaban para escribir. Los escribas más experimentados también podían utilizar tablillas de piedra, papiro, cuero o arcilla.

Las correcciones del maestro escriba aparecen en tinta roja, uno de los muchos colores con los que disponían los escribas egipcios. Los arqueólogos han encontrado pigmentos coloridos conservados en paletas dejadas por los antiguos artesanos. Una paleta de escritura estándar podía contener dos colores de tinta, así como cálamos, o pinceles de caña. La tinta se mezclaba con pigmentos y una goma ligera. Antes de escribir, el escriba podía afilar sus cálamos con un cuchillo. Para obtener una punta más parecida a la de un pincel, también podía masticar el extremo de la caña. Los errores se podían pintar o raspar dependiendo de la superficie de escritura. El joven Iny-su estaba comenzando su carrera cuando completó esta tarea de escritura hace 4,000 años. Al igual que otros escribas egipcios, era una parte vital de los asuntos cotidianos del reino.

 Más información: https://mymodernmet.com/es/tabla-escritura-estudiante-antiguo-egipto/

martes, 18 de agosto de 2020

ISAAC ASIMOV: El culto a la ignorancia

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Es difícil discrepar con esa vieja sentencia que justifica la libertad de prensa: «la gente de Estados Unidos tiene derecho a saber». Casi parece una crueldad tener la ingenuidad de preguntar «¿Derecho a saber qué? ¿Ciencias? ¿Matemáticas? ¿Economía? ¿Lenguas extranjeras?».

Nada de lo mencionado, por supuesto. De hecho, uno bien podría suponer que el sentir popular es que los estadounidenses están mucho mejor sin esas menudencias.

En Estados Unidos hay un culto a la ignorancia, y siempre lo ha habido. El antiintelectualismo ha sido esa constante que ha ido permeando nuestra vida política y cultural, amparado por la falsa premisa de que democracia quiere decir que «mi ignorancia vale tanto como tu saber».

Habitualmente, los políticos se han esmerado en hablar la lengua de Shakespeare y Milton lo más antigramaticalmente que han podido, tratando así de evitar ofender a sus oyentes dándoles la impresión de haber ido al colegio. Así, Adlai Stevenson, que inocentemente dejó entrever cierta cultura e inteligencia en sus discursos, vio como el rebaño de los estadounidenses afluía hacia un candidato a la presidencia que inventó su particular versión de la lengua inglesa y que, desde entonces, no da tregua a los cómicos que lo imitan.

George Wallace, en sus discursos, solía hacer leña del «intelectual relamido», y era digno de ver con qué clamores de aprobación respondía a esa expresión su relamido público.

Ahora los oscurantistas tienen una nueva consigna: «¡No confíes en los expertos!». Hace diez años era «No confíes en nadie que tenga más de 30 años». Pero los que aireaban tal consigna vieron que la alquimia inevitable del calendario los acabó volviendo a ellos unos treintañeros indignos de confianza, y parece que decidieron no volver a cometer ese error jamás. «¡No confíes en los expertos!» es algo que se puede decir sin ningún peligro. Nada, ni el paso del tiempo ni la exposición a la información, los convertirá en expertos en nada de provecho.

También está en boga otra palabra con la que se da nombre a todo aquel que admira la aptitud, el conocimiento, la cultura y la capacidad, y que desea que se extiendan. De ese tipo de gente decimos que son «elitistas». Es la palabra más jocosa jamás inventada, ya que los que no pertenecen a la élite intelectual no saben qué es un «elitista» o cómo se pronuncia la palabra.(1) No bien alguien grita «elitista» se hace evidente que dentro de esa persona se esconde un elitista que siente remordimiento por haber ido al colegio.

De acuerdo, olvidémonos de mi ingenua pregunta. Cuando decimos que la gente de Estados Unidos tiene derecho a saber, no nos referimos a cosas elitistas. Lo que tiene derecho a saber es, vagamente, algo así como «lo que pasa». La gente de Estados Unidos tiene derecho a saber «lo que pasa» en los tribunales, en el Parlamento, en la Casa Blanca, en los consejos industriales, en las agencias reguladoras, en los sindicatos; ahí donde tienen asiento los poderosos.

Muy bien, estoy de acuerdo. ¿Pero cómo se va a conseguir que la gente sepa todo eso?

Si nos dan libertad de prensa y nos dan periodistas que quieran investigar, que sean independientes y valientes; no cabe duda de que, cuando haya algo importante que saber, la gente lo sabrá.

Claro, ¡siempre y cuando la gente sepa leer!

Resulta que el leer es una de esas cosas elitistas a las que me refería; y una mayoría de estadounidenses, desconfiando como desconfían de los expertos y despreciando como desprecian a los intelectuales relamidos, no sabe leer y no lee.

Naturalmente, el estadounidense medio sabe trazar su firma de una forma más o menos eficaz y entiende los titulares de las noticias deportivas, pero ¿cuántos estadounidenses no elitistas podrían leer, sin excesiva dificultad, unas mil palabras consecutivas en letra menuda, algunas de las cuales podrían llegar a tener tres sílabas?

Es más, la situación empeora. La habilidad lectora está paulatinamente a la baja en los colegios. Las señales de tráfico de las carreteras, que solían ser lecciones prácticas de lectura para principiantes, poco a poco son reemplazadas por pequeños dibujos que tratan de hacerlas más legibles internacionalmente a la vez que sirven de ayuda a los que saben conducir un vehículo pero que, al no ser intelectuales relamidos, no saben leer.

Por otra parte, en los anuncios de televisión se muestran con frecuencia mensajes escritos. Si presta atención, descubrirá que ningún anunciante tiene la menor confianza en que sean leídos por mucha más gente aparte de algún ocasional elitista. Para asegurarse de que el mensaje lo recibe no solo esa minoría culturizada, en el anuncio se repite en voz alta cada palabra escrita.

Siendo así, ¿de qué manera los estadounidenses ejercemos nuestro derecho a saber? Admitiendo que hay publicaciones que hacen esfuerzos sinceros por contarle al público lo que debe saber, preguntémonos cuántas personas realmente las leen.

Hay doscientos millones de estadounidenses que han pisado las aulas en algún momento de sus vidas y que admitirían saber leer (siempre que se proteja su identidad y no se los ponga en evidencia ante sus convecinos), pero la mayoría de publicaciones periódicas decentes consideraría un logro extraordinario alcanzar cifras de circulación de medio millón. Pudiera ser que solo un uno por ciento, o menos, de los estadounidenses tratase de hacer algo con su derecho a saber. Y el que lo intentase podría ser acusado de elitismo.

Sostengo que la frase «los estadounidenses tienen derecho a saber» está vacía de contenido si tenemos una población ignorante, donde el papel que habría de jugar la prensa libre se reduce prácticamente a la nada desde el momento en que apenas hay quién lea.

¿Y qué vamos a hacer?

Podríamos empezar preguntándonos si, después de todo, la ignorancia es tan maravillosa y si tiene algún sentido condenar el «elitismo».

Creo que cualquier ser humano en posesión de un cerebro físicamente normal es capaz de aprender muchísimo y puede resultar sorprendentemente intelectual. Creo que lo que necesitamos con urgencia es que cultivarse tenga la aprobación y el incentivo de la sociedad.

Todos nosotros podemos formar parte de la elite intelectual. Solo entonces una frase como «derecho a saber» y cualquier idea de democracia genuina tendrán algún significado.

Fuente: https://ovejasmuertas.wordpress.com/2020/05/06/asimov/

viernes, 10 de julio de 2020

De J.K. Rowling a Noam Chomsky: la contundente carta de personalidades de la cultura a favor del debate y contra la censura

Más de un centenar de personalidades-entre escritores, intelectuales, periodistas, educadores, activistas e historiadores- publicaron en la Harper's Magazine "Una carta sobre justicia y debate abierto", en la que alertan sobre el debilitamiento de "las normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica" en pos de "un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos". El texto completo

Arriba: Noam Chomsky , Margaret Atwood y Martin Amis; abajo: Steven Pinker, J.K. Rowling  y Salman Rushdie, algunos de los firmantes
Arriba: Noam Chomsky , Margaret Atwood y Martin Amis; abajo: Steven Pinker, J.K. Rowling y Salman Rushdie, algunos de los firmantes
Una carta sobre justicia y debate abierto

Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento de prueba. Las poderosas protestas por la justicia racial y social están llevando a demandas atrasadas de una reforma policial, junto con llamamientos más amplios para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, especialmente en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero este cálculo necesario también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica.

Mientras aplaudimos el primer desarrollo, también levantamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump, que representa una amenaza real para la democracia. Pero no se debe permitir que la resistencia se endurezca en su propio tipo de dogma o coerción, que los demagogos de derecha ya están explotando. La inclusión democrática que queremos se puede lograr solo si hablamos en contra del clima intolerante que se ha establecido en todos los lados.
 
El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien hemos llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda para la vergüenza pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una ceguera moral cegadora.

Mantenemos el valor de la contra-voz robusta e incluso cáustica de todos los sectores. Pero ahora es demasiado común escuchar llamados a represalias rápidas y severas en respuesta a las transgresiones percibidas del habla y el pensamiento. Más preocupante aún, los líderes institucionales, en un espíritu de control de daños en pánico, están aplicando castigos apresurados y desproporcionados en lugar de reformas consideradas. Los editores son despedidos por dirigir piezas controvertidas; los libros son retirados por presunta falta de autenticidad; los periodistas tienen prohibido escribir sobre ciertos temas; los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase; un investigador es despedido por distribuir un estudio académico revisado por pares; y los jefes de las organizaciones son expulsados por lo que a veces son simples errores torpes.

Cualesquiera que sean los argumentos en torno a cada incidente en particular, el resultado ha sido estrechar constantemente los límites de lo que se puede decir sin la amenaza de represalias. Ya estamos pagando el precio con mayor aversión al riesgo entre escritores, artistas y periodistas que temen por su sustento si se apartan del consenso, o incluso carecen de suficiente celo en el acuerdo.

Esta atmósfera sofocante dañará en última instancia las causas más vitales de nuestro tiempo. La restricción del debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o una sociedad intolerante, invariablemente perjudica a quienes carecen de poder y hace que todos sean menos capaces de participar democráticamente. La forma de derrotar las malas ideas es mediante la exposición, la discusión y la persuasión, no tratando de silenciarlas o desearlas. Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, que no puede existir la una sin la otra. Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la toma de riesgos e incluso los errores.

 Necesitamos preservar la posibilidad de desacuerdos de buena fe sin consecuencias profesionales nefastas. Si no defendemos exactamente de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el público o el estado lo defiendan por nosotros.

Los firmantes:
Elliot Ackerman; Saladin Ambar, Universidad de Rutgers; Martin Amis; Anne Applebaum; Marie Arana, autora; Margaret Atwood; John Banville; Mia Bay, historiadora; Louis Begley, escritor; Roger Berkowitz, Colegio Bardo; Paul Berman, escritor; Sheri Berman, Colegio Barnard; Reginald Dwayne Betts, poeta; Neil Blair, agente; David W. Blight, Universidad de Yale; Jennifer Finney Boylan, autora; David Bromwich; David Brooks, columnista; Ian Buruma, Colegio Bardo; Lea Carpenter; Noam Chomsky, MIT (emérito); Nicholas A. Christakis, Universidad de Yale; Roger Cohen, escritor; Embajadora Frances D. Cook, ret.; Drucilla Cornell, fundadora, uBuntu Project; Kamel Daoud; Meghan Daum, escritora; Gerald Early, Universidad de Washington-St. Louis; Jeffrey Eugenides, escritor; Dexter Filkins; Federico Finchelstein, Tne New School; Caitlin Flanagan; Richard T. Ford, Facultad de Derecho de Stanford; Kmele Foster; David Frum, periodista; Francis Fukuyama, Universidad de Stanford; Atul Gawande, Universidad de Harvard; Todd Gitlin, Universidad de Columbia; Kim Ghattas; Malcolm Gladwell; Michelle Goldberg, columnista; Rebecca Goldstein, escritora; Anthony Grafton, Universidad de Princeton; David Greenberg, Universidad de Rutgers; Linda Greenhouse; Kerri Greenidge, historiador; Rinne B. Groff, dramaturgo; Sarah Haider, activista; Jonathan Haidt, NYU-Stern; Roya Hakakian, escritor; Shadi Hamid, Brookings Institution; Jeet Heer, The Nation; Katie Herzog, presentadora de podcast; Susannah Heschel, Dartmouth College; Adam Hochschild, autor; Arlie Russell Hochschild, autor; Eva Hoffman, escritora; Coleman Hughes, escritor / Manhattan Institute; Hussein Ibish, Instituto de los Estados del Golfo Árabe; Michael Ignatieff; Zaid Jilani, periodista; Bill T. Jones, Nueva York Live Arts; Wendy Kaminer, escritora; Matthew Karp, Universidad de Princeton; Garry Kasparov, Iniciativa Renovar la Democracia; Daniel Kehlmann, escritor; Randall Kennedy; Khaled Khalifa, escritor; Parag Khanna, autor; Laura Kipnis, Universidad del Noroeste; Frances Kissling, Centro de Salud, Ética, Política Social; Enrique Krauze, historiador; Anthony Kronman, Universidad de Yale; Joy Ladin, Universidad Yeshiva; Nicholas Lemann, Universidad de Columbia; Mark Lilla, Universidad de Columbia; Susie Linfield, Universidad de Nueva York; Damon Linker, escritor; Dalia Lithwick, Slate; Steven Lukes, Universidad de Nueva York; John R. MacArthur, editor, escritor; Susan Madrak, escritora; Phoebe Maltz Bovy, escritora; Greil Marcus; Wynton Marsalis, Jazz at Lincoln Center; Kati Marton, autora; Debra Maschek, erudita; Deirdre McCloskey, Universidad de Illinois en Chicago; John McWhorter, Universidad de Columbia; Uday Mehta, City University of New York; Andrew Moravcsik, Universidad de Princeton; Yascha Mounk, Persuasion; Samuel Moyn, Universidad de Yale; Meera Nanda, escritora y profesora; Cary Nelson, Universidad de Illinois en Urbana-Champaign; Olivia Nuzzi, New York Magazine; Mark Oppenheimer, Universidad de Yale; Dael Orlandersmith, escritor / intérprete; George Packer; Nell Irvin Pintor, Universidad de Princeton (emérita); Greg Pardlo, Universidad de Rutgers - Camden; Orlando Patterson, Universidad de Harvard; Steven Pinker, Universidad de Harvard; Letty Cottin Pogrebin; Katha Pollitt, escritora; Claire Bond Potter, The New School; Taufiq Rahim, Fundación Nueva América; Zia Haider Rahman, escritora; Jennifer Ratner-Rosenhagen, Universidad de Wisconsin; Jonathan Rauch, Brookings Institution / El Atlántico; Neil Roberts, teórico político; Melvin Rogers, Universidad de Brown; Kat Rosenfield, escritora; Loretta J. Ross, Smith College; J.K. Rowling; Salman Rushdie, Universidad de Nueva York; Karim Sadjadpour, Carnegie Endowment; Daryl Michael Scott, Universidad de Howard; Diana Senechal, profesora y escritora; Jennifer Senior, columnista; Judith Shulevitz, escritora; Jesse Singal, periodista; Anne-Marie Slaughter; Andrew Solomon, escritor; Deborah Solomon, crítica y biógrafa; Allison Stanger, Middlebury College; Paul Starr, American Prospect / Universidad de Princeton; Wendell Steavenson, escritor; Gloria Steinem, escritora y activista; Nadine Strossen, Facultad de Derecho de Nueva York; Ronald S. Sullivan Jr., Facultad de Derecho de Harvard; Kian Tajbakhsh, Universidad de Columbia; Zephyr Teachout, Universidad de Fordham; Cynthia Tucker, Universidad del Sur de Alabama; Adaner Usmani, Universidad de Harvard; Chloe Valdary; Lucía Martínez Valdivia, Reed College; Helen Vendler, Universidad de Harvard; Judy B. Walzer; Michael Walzer; Eric K. Washington, historiador; Caroline Weber, historiadora; Randi Weingarten, Federación Americana de Maestros; Bari Weiss; Sean Wilentz, Universidad de Princeton; Garry Wills; Thomas Chatterton Williams, escritor; Robert F. Worth, periodista y autor; Molly Worthen, Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill; Matthew Yglesias; Emily Yoffe, periodista, Cathy Young, periodista y Zakaria Fareed.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Espectáculo de Nochebuena a la puerta de la Ópera de París


Aunque los bailarines y los músicos de la institución siguen en huelga para mantener sus pensiones, algunos de ellos ofrecieron un pequeño espectáculo ante las puertas del histórico edificio


 Las puertas del Ballet de la Ópera de París siguen cerradas, como lo han estado desde que, el 5 de diciembre, los bailarines y músicos de una de las compañías más icónicas de Francia se unieran a la huelga y protestas de los sindicatos contra la propuesta de reforma de las pensiones del Gobierno de Emmanuel Macron. Al igual que los miembros de la Comédie Française, los bailarines y músicos de la Ópera de París disfrutan de un régimen especial de pensiones —los bailarines se pueden retirar a los 42 años— único en su ámbito y que peligra si la reforma de las jubilaciones, que busca unificar los hasta ahora más de 40 regímenes diferentes de pensiones, sale adelante.

El régimen especial de los artistas de estas dos compañías es uno de los más antiguos de Francia y data de 1698, en los tiempos de Luis XIV. Su protesta ha llevado a cancelar más de una quincena de representaciones este último mes. Sin embargo, una parte de la compañía —varias bailarinas, ataviadas con los clásicos tutús pese al frío, y músicos de la orquesta— ofrecieron la tarde del 24 de diciembre un pequeño espectáculo ante las puertas del histórico edificio como un “momento de gracia”, según explicaron. Entre dos marsellesas interpretadas por la orquesta sinfónica de la ópera, las bailarinas ejecutaron algunas escenas de El lago de los cisnes sobre el mármol de la entrada de la Ópera.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Los 4.500 libros prohibidos en Kuwait: García Márquez, Dostoyevski y 'La sirenita'

Los censores del país árabe prohíben la circulación de 4.590 obras, entre las que figuran 'Cien años de soledad' o 'Rebelión en la granja'
La ley de publicaciones (2006) se ha convertido en una eficaz herramienta para silenciar el conocimiento y decretar una feroz represión

Tres mujeres portan pancartas en señal de protesta en la manifestación convocada contra la censura en la Feria del Libro de Kuwait. FRAN CARRIÓN
En las librerías de Kuwait el coronel Aureliano Buendía no recuerda nada. Ni siquiera, remotamente, aquella tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Tampoco Macondo ni sus vecinos existen en las bibliotecas de la monarquía que desde el siglo XVIII gobierna la familia Al Sabah. El único pelotón de fusilamiento que habita su páramo desértico es la cuadrilla de censores que durante el último lustro ha gastado sus balas cebándose sobre 4.590 obras, alertando de su peligro moral o subversivo y prohibiendo su circulación. Cien años de Soledad o Amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez; 1984 y Rebelión en la granja de George Orwell; Los hermanos Karamázov de Fiódor Dostoyevski o Nuestra Señora de París de Victor Hugo engrosan una lista negra casi interminable, que suma títulos sin tregua. "El ministerio de información cuenta con un comité de inspección que es el responsable de autorizar o denegar la difusión de los libros en Kuwait. Sus miembros están emitiendo prohibiciones indiscriminadamente con el argumento de que estos títulos tienen una influencia negativa en la decencia pública", explica a EL MUNDO Fatima al Matar, una profesora de derecho de la universidad de Kuwait que lidera esporádicas protestas contra la insaciable acción de los torquemadas.

Las primeras muestras de indignación tomaron la calle el pasado septiembre y desde entonces el número de participantes ha ido creciendo, convocados a través de mensajes de WhatsApp. Kuwait es uno de los escasos países de la península Arábiga donde el derecho de reunión es respetado, aunque vigilado y controlado por las autoridades. "Celebramos la última manifestación la semana pasada, con motivo de la feria del libro, pero la lluvia evitó que cosecháramos una alta participación", arguye la académica, dispuesta a seguir librando batalla. La ley de publicaciones, promulgada en 2006, se ha convertido en una eficaz herramienta para silenciar el conocimiento y decretar una feroz represión en uno de los países más progresistas del golfo Pérsico. Entre las ofensas punibles con la confiscación, figuran "insultar al islam o la judicatura kuwaití", "amenazar la seguridad nacional", "incitar a la rebelión" o "cometer actos inmorales". "También se han censurado libros de autores locales como Saud al Sanousi, Bozaina al Essa y Abdalá Al Bosais y de célebres autores árabes como Gibran Khalil Gibran. El Ministerio ha prohibido obras de ciencias, literatura, filosofía, poesía, teología, historia, política e incluso obras infantiles como La Sirenita alegando que la fotografía de portada era demasiado explícita", relata Al Matar.

'La Sirenita', censurada por su portada "demasiado explícita"


Manifestantes contra la censura literaria en la Feria del Libro de Kuwait. FRAN CARRIÓN
 Una carnicería que el comité -formado por seis censores en lengua árabe y otros seis en inglés para un país de 4,2 millones de almas con un 70 por ciento de población extranjera- ha tratado de argumentar en sus resoluciones. Así, la obra cumbre del premio Nobel colombiano fue enviada al purgatorio por escenas como aquella que relata el instante en el que Úrsula ve desnudo a su hijo José Arcadio y descubre su virilidad. Tampoco sobrevivió a la pacata valoración del comando Hijos de nuestro barrio, una de las novelas más ambiciosas del Nobel Naguib Mahfuz en la que el egipcio narra la historia de la humanidad a partir de las relaciones de poder que se establecen en un barrio de El Cairo. La retahíla de vetos sorprendió en septiembre a Mohamed Ghazi, un bloguero y escritor iraquí residente en Kuwait que recibió entonces la notificación oficial de que su nueva novela Azul no alcanzaría las librerías. "Me llegaron un par de comentarios del comité en los que me pedían que cambiara el contexto del libro. No podía hacer eso porque suponía modificar la idea entera de la obra", detalla a este diario su autor. "La mayoría de las advertencias estaban relacionadas con el uso de la palabra 'joder' y con un pasaje de la página 56 en la que escribo sobre oraciones que no obtienen respuesta y que el comité malinterpretó".

El grupo de funcionarios encargados de aplicar la legislación no descansa. En la feria del libro, que concluye este próximo fin de semana y una de las citas con más solera del mundo árabe tras las de El Cairo y Beirut, 948 obras fueron retiradas tras su revisión de rigor. El ente parece trabajar a las órdenes del conservadurismo y los clanes tribales que han triunfado en las bancadas del Parlamento de un país que durante las décadas de 1970 y 1980 llegó a ser refugio para los escritores árabes exiliados y gozó de una vibrante escena cultural. "Algunos autores han presentado ante el hemiciclo una propuesta de reforma de la ley de publicaciones pero no ha sido sometida a votación aún. Desde el Ministerio de Información se han negado a poner en circulación las ediciones secuestradas y sustituir al comité de censores porque aseguran que se limitan a cumplir la ley", se queja Al Matar. Por las redes sociales, a modo de protesta, se han propagado instantáneas de lectores que muestran los libros prohibidos, guardados a buen recaudo en sus bibliotecas privadas, y volúmenes en blanco o exhiben su rechazo empuñando carteles con citas de escritores como Virginia Woolf: "Puedes cerrar todas las bibliotecas si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente".

"No entiendo lo que está sucediendo", maldice Ghazi, con otras dos novelas previas. "Respeto la ley y no voy a protestar. Sigo vendiendo mi libro fuera de Kuwait y he habilitado una web en la que se puede solicitar por correo", desliza. La mensajería internacional se ha convertido en un aliado de quienes quieren continuar disfrutando de lecturas libres. Los ataques contra la imaginación no resultan, sin embargo, nuevos en suelo kuwaití donde el rey patrocina el teatro y la danza pero no así la literatura. En 2012 el gigante Virgin Megastore cerró sus tiendas en el país por culpa de una censura que había vaciado sus estantes de música. "El Gobierno no puede inmiscuirse en lo que leemos porque es una libertad sagrada pero si se salen con la suya y acaban creyendo que prohibir libros está bien, mañana se crecerán y nos usurparán otros derechos y libertades", murmura Al Matar.

 Fuente: https://www.elmundo.es/cultura/2018/11/23/5bf55637e5fdeab8068b45a4.html

viernes, 19 de mayo de 2017

Sobrevivir en el mundo del yo, yo, yo

Los comportamientos narcisistas nos rodean. El exhibicionismo en las redes sociales, la obsesión por los ‘selfies’ y la propia imagen. Se habla de epidemia, pero ¿es tan preocupante?

Narcisismo maligno características
Composición realizada por el artista Kim Dong-kyu a partir de uno de los retratos de Picasso.
Fue el bello y vanidoso Narciso, personaje de la mitología griega incapaz de amar a otras personas que murió por enamorarse de su propia imagen, quien inspiró el término narcisista. El concepto fue luego reinterpretado por Freud, el primero que describió el narcisismo como una patología. Y en los setenta, el sociólogo Christopher Lasch convirtió la enfermedad en norma cultural: determinó que la neurosis y la histeria que caracterizaban a las sociedades de principios del siglo XX habían cedido el paso al culto al individuo y la búsqueda fanática del éxito personal y el dinero. Un nuevo mal dominante. Casi cuatro décadas después ha cobrado fuerza la teoría de que la sociedad occidental actual es, todavía más narcisista.

Este comportamiento parece expandirse como una plaga en la sociedad contemporánea, tanto a nivel individual como colectivo. Y no solo entre los adolescentes y jóvenes que inundan las redes sociales. “El desorden narcisista de la personalidad —un patrón general de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía— sigue siendo un diagnóstico bastante raro, pero las cualidades narcisistas están ciertamente en alza”, explica la psicóloga Pat MacDonald, autora del trabajo Narcisismo en el mundo moderno. “Basta con observar el consumismo rampante, la autopromoción en las redes sociales, la búsqueda de fama a cualquier precio y el uso de la cirugía para frenar el envejecimiento”, añade.

Las investigaciones realizadas a partir de 2009 por Jean Twenge, de la Universidad Estatal de San Diego, son una de las principales referencias para las hipótesis más catastrofistas. Tras estudiar a miles de estudiantes estadounidenses, la psicóloga proclamó que estos comportamientos habían crecido “al mismo ritmo que la obesidad desde 1980”, que había alcanzado niveles de epidemia. Twenge ha publicado dos libros —Epidemia narcisista, con Keith Campbell, de la Universidad de Georgia, y Generación yo— en los que afirma que los adolescentes del siglo XXI se “creen con derecho a casi todo, pero también son más desgraciados”.

Los rasgos narcisistas no siempre son fáciles de reconocer y, con moderación, no tienen por qué ser un problema. Son comportamientos egoístas, poco empáticos, a veces un tanto exhibicionistas, de personas que quieren ser el centro de atención, ser reconocidas socialmente, que suelen resistirse a admitir sus fallos o mentiras y que se creen extraordinarias (aunque su autoestima, en algunos casos, sea en realidad baja). Un estridente ejemplo, contado por Twenge, es el de una adolescente que, en un reality de la MTV, justificó el corte de una calle para celebrar su fiesta de cumpleaños, a pesar de que había un hospital en medio, al grito de: “¡Mi cumpleaños es más importante!”.

En otras ocasiones este tipo de comportamiento es más sutil, más común y, a veces, más dañino. Es esa persona que exige una atención extrema a sus comentarios y problemas y, si no la consigue, concluye que es diferente de los demás y que nunca recibe el respeto que merece. O un jefe encantador que de repente te hace sentir culpable por un proyecto fracasado que fue idea suya. “Para tapar sus problemas, una persona con alto nivel de narcisismo suele buscar a una o dos víctimas cercanas, no necesita más, pero les puede hacer la vida imposible”, asegura el psicoanalista francés Jean-Charles Bouchoux, autor de Los perversos narcisistas (Arpa), que acaba de ser traducido al español y que ha vendido más de 250.000 ejemplares en Francia. “Hay un incremento del narcisismo, porque ahora la imagen cuenta más que lo que hacemos y queremos alcanzar muchos hitos sin esfuerzo”, opina.

'Narciso', de Caravaggio, expuesto en la Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma.
'Narciso', de Caravaggio, expuesto en la Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma
 Abundan los casos en política —es difícil navegar por Internet sin ver el nombre de Donald Trump asociado al narcisismo— y en televisión. El tema fascina, como muestran los índices de audiencia de los realities. Quizá la principal novedad son las redes sociales, lugar donde millennials (nacidos entre 1980 y 1997) y no tan millennials, famosos y no tan famosos, transforman lo mundano en extraordinario. Cada día se suben a Instagram 80 millones de fotografías, con más de 3.500 millones de likes: “Yo, comiendo”, “Yo, con mi mejor amiga". “Yo, en un nuevo bar”. En Facebook, millones de usuarios ofrecen detalles de su vida al mundo. ¿Nos está convirtiendo Internet, no solo en espectadores pasivos, sino en narcisistas ávidos de notoriedad fácil, obsesionados por conseguir amigos virtuales y por el impacto de nuestros posts?

Atención a las autofotos. No todos los que se hacen un selfie son narcisistas, pero un estudio realizado por Daniel Halpern y Sebastián Valenzuela, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, concluye que los individuos que se sacaron más fotos durante el primer año de la investigación mostraron un alza del 5% del nivel de narcisismo el segundo año. “Las redes sociales pueden modificar la personalidad. Autorretratarse, cuando uno es narcisista, alimenta ese comportamiento”, explica por teléfono Halpern. “En las redes, podemos mostrarnos como queremos que nos vean. Esa imagen perfecta que creemos que los demás tienen de nosotros puede alterar la que tenemos nosotros de nosotros mismos”, advierte. Tener impacto en las redes puede generar dependencia y también temor (el miedo a no ser el centro, al vacío de un post sin apenas me gusta).

Además, el narcisismo creciente mueve dinero. Un reciente informe de Bank of America Merrill Lynch calcula que el consumo relacionado con los productos que nos hacen sentir mejor y hacen posible un aspecto a prueba de selfies —lo llaman vanity capital— mueve en el mundo 3,7 billones de dólares. La firma, en su cálculo, incluye coches y otros artículos de lujo, operaciones estéticas, vinos de calidad, joyas o cosméticos.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La intrépida carrera de logros personales que se exige a jóvenes y adultos explica parte del ansia narcisista. “La sociedad es hiperdemandante e hi­perexigente. Ahora, por ejemplo, hay que tener muchos amigos, vivimos hiperconectados. Mi padre no tenía amigos, tenía a su familia, y era feliz”, explica Rafael Santandreu, psicólogo y autor de Ser feliz en Alaska (Grijalbo), que vincula el narcisismo —y la frustración que puede generar— con la depresión, la ansiedad y la agresividad.

Hay causas que nacen en la infancia. Las teorías de Twenge han tocado un nervio cultural al culpar a padres y educadores de haber criado a una generación de narcisos diciéndoles lo especiales que son sin importar sus logros. Un estudio europeo publicado en 2015 en la revista PNAS argumenta que el narcisismo está vinculado a una educación parental que sobrevalora por sistema a los hijos. “Se les alaba en exceso y, con el tiempo, los niños se creen únicos”, explica uno de sus autores, Eddie Brummelman, del Instituto de Investigación para el Desarrollo Infantil de la Universidad de Áms­terdam. “Se confunde autoestima con narcisismo. Lo que hay que cultivar es la autoestima, que se consigue con cariño, apoyo, atención y límites”, añade.

Los 20 'selfies' más icónidos de 2016, según la revista 'Icon'.
Los 20 'selfies' más icónidos de 2016, según la revista 'Icon'.
 ¿Quiere decir que no hay que pensar a lo grande? No exactamente. Cultivar cierto ego saludable es beneficioso. Es lo que defiende Craig Malkin, psicólogo clínico de la Escuela de Medicina de Harvard. “Un poco de narcisismo en la adolescencia ayuda a los jóvenes a sobrellevar la tormenta y el ímpetu de la juventud. Solo la gente que nunca se siente especial o la que se siente siempre especial son una amenaza para ellos mismos o el mundo. El deseo de sentirse especial no es un estado mental reservado a imbéciles o sociópatas”, afirma en Rethinking Narcissism (repensando el narcisismo).

Forma parte Craig del grupo que considera que la mayoría de los estudios sobre narcisismo no han sido justos con los jóvenes y que los que hablan de epidemia exageran. El Inventario de la Personalidad Narcisista, un cuestionario básico para los investigadores de todo el mundo, incluida Twenge, es defectuoso, sostiene Craig. Entre otras cosas, esta herramienta considera negativo querer ser un líder o decir que eres decidido. “Las personas que disfrutan diciendo lo que piensan o que quieren liderar son claramente diferentes de los narcisistas que suelen recurrir a la manipulación y la mentira”.

Un exhaustivo estudio publicado en 2010 en Perspectives on Psychological Science intenta refutar la teoría de la epidemia. Realizado entre un millón de adolescentes en EE UU entre 1976 y 2006, los investigadores encontraron poca o ninguna diferencia psicológica entre los millennials y las generaciones anteriores, aparte de más autoestima. En un intento de relativizar el problema, encabeza ese trabajo una cita de Sócrates: “Los niños de hoy día [siglo V a. de C.] son unos tiranos. Contradicen a sus padres, engullen la comida y tiranizan a sus maestros”.

De un lado y otro del debate, de lo que no parece haber duda es de que es recomendable huir de las personas con altos niveles de narcisismo. Lo resume muy bien Kristin Dombek en The Selfishness of Others (el egoísmo de los otros), ensayo en el que analiza la abundancia en el mundo virtual anglosajón (y cada vez más en el español) de información relacionada con los narcisistas, sobre cómo reconocerlos y hacerles frente: “Uno de esos blogueros decía: ¿qué debe hacer uno cuando conoce a un narcisista? Ponerse las zapatillas y salir corriendo de inmediato”

 

 Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/02/03/ciencia/1486128718_178172.html

domingo, 2 de abril de 2017

Dave Gibbons: "Es terrorífico que Trump tenga tanto poder y tan poca inteligencia"


  


Dave Gibbons: "Es terrorífico que Trump tenga tanto poder y tan poca inteligencia"
Dave Gibbons, el viernes en el Salón del Cómic.
 El dibujante de la revolucionaria 'Watchmen' y estrella del Salón del Cómic habla de la obra de culto que creó junto a Alan Moore en 1986culto que creó junto a Alan Moore en 1986

 “¡Espero no tener problemas para entrar en Estados Unidos la próxima vez que vaya!”, suelta Dave Gibbons (Londres, 1949) junto a unas risas al final de la entrevista, en medio del Salón del Cómic, en la ‘azotea’ del estand de ECC, que relanza, en edición ‘vintage’, tal como se publicó entre 1986 y 1987 en 12 tomos de grapa, la revolucionaria obra cumbre del cómic que dibujó en tándem con el maestro Alan Moore firmando el guion: ‘Watchmen’. En ella reflexionaron sobre el poder y dieron una vuelca de tuerca a los superhéroes convirtiéndoles en seres humanos, moral y psicológicamente complejos, con todas sus contradicciones, debilidades y defectos.

Dave Gibbons: "Es terrorífico que Trump tenga tanto poder y tan poca inteligencia"
Página de 'Watchmen', de Alan Moore y Dave Gibbons.
Una de las frases icónicas de 'Watchmen' es ¿Quién vigila a los vigilantes? Si hoy hubiera héroes como ellos, ¿estarían con Wikileaks o serían de la CIA o la NSA o espías de Putin? ¿Quién vigila a los vigilantes? La frase viene de los romanos, de cuando el Ejército romano iba a la guerra y el Senado designaba vigilantes para que vigilasen a sus mujeres y surgía la pregunta de quién los vigilaba a ellos. Es una expresión bastante atemporal, pero hoy es complicado saberlo porque se ha avanzado tanto en la sofisticación del control las comunicaciones que ni siquiera sabemos cuándo estamos siendo vigilados. ¿Quién vigila a los vigilantes? No tengo ni idea, pero imagino que será una agencia muy, muy encubierta de la que nunca sabremos que existe.
¿Se siente vigilado? Hace unos años, cuando mi hijo estaba en la universidad salió por la televisión en una protesta de estudiantes porque estaba metido en política estudiantil. Y le dije a un amigo: ‘Estoy muy orgulloso de mi hijo, pero creo que ahora acaba de entrar en alguna lista’. Mi amigo me contestó: ‘Tranquilo, creo que todos estamos en una lista, pero por suerte es tan larga que no tenemos de qué preocuparnos’.

Ozimandias estaba dispuesto a sacrificar a muchos para salvar al mundo. ¿Cree que el mundo llegará a estar tan mal que acabaremos pensando que eso podría ser necesario? Personalmente no, creo que no habría que recurrir a eso. Aunque en el mundo real hay que hacer a veces sacrificios, sobre todo en política, prefiero pensar que la Humanidad puede responder a eso sin llegar a ese extremo. En 'Watchme'n lo que pasaba, y era muy conflictivo, es que era un único hombre quien decidía que había que morir y porqué y eso es bastante poco deseable. La idea de Ozimandias venía del viejo dicho de que no hay nada que una más que un enemigo en común. Su idea era unir a la gente ante una amenaza extraterrestre. Cuando Gorbachov y Reagan se reunieron para abordar el desarme lo primero que le dijo Reagan fue: ‘¡Hombre, si llegara una invasión de Marte nos uniríamos para combatirla!’. La idea de Ozimandias era hacerlo muy real para que la gente se uniera. Pero yo no lo justifico.

Ozimandias era una sola persona, pero muy inteligente. Hoy quizá ese poder lo tiene Trump, pero creo que no es precisamente comparable... Sí, es una perspectiva terrorífica que Trump sea un hombre con tanto poder y con tan poca inteligencia, pero también creo que el sistema político americano le limita bastante ese poder. Pienso que su reinado durará poco y estará muy limitado. Cualquier sabio sabe sus defectos y limitaciones, sabe lo que no sabe. Y, volviendo a los romanos, cuando un emperador celebraba una victoria tenía al lado una persona que le iba susurrando en la oreja ‘Todo esto pasará’ y recordándole su propia mortalidad y su posible caída en desgracia.

'Watchmen' transcurría en los años 80, con Nixon, durante la guerra fría, ahora tenemos a Trump, Putin, el terrorismo islamista... ¿cómo sería 'Watchmen' hoy? El mundo de hoy es mucho más complejo que el de los 80, entonces había dos mundos monolíticos, que podían destruirse y eran una amenaza global. Hoy hay más etnias, más rencillas políticas soterradas… todo está más diluido... En mis comics hay temas políticos reales, pero intento no entrar demasiado en ellos porque no me gusta tener que pasarme el tiempo que no tengo en internet discutiendo con personas que no están de acuerdo conmigo.

Si tuviera que ser uno de sus vigilantes, ¿cuál elegiría? Ninguno. Pero mi preferido es Búho Nocturno porque lo creé cuando tenía 14 años y porque sería el tipo un poco pasado de peso que vive en el sótano con sus juguetitos…

 El cómic reflexionaba sobre el poder, sus ‘watchmen’ eran individuos que se empoderaron solos. Hoy son colectivos los que se empoderan para ‘vigilar’ a los poderosos. ¿Siguen vigentes? La cooperación es uno de los ideales de la raza humana, pero los héroes son necesarios porque encarnan todo lo bueno del ser humano y de la psicología humana. En ‘Watchmen’ estudiamos lo que significaría ser un héroe. Y hoy día siguen siendo igual de relevantes que en los años 40 u 80, y tenemos también héroes deportivos, políticos, como Mandela o Luther King, pero a la vez creo que no solo los héroes son la forma de avanzar como sociedad sino que la cooperación es una forma más útil e inteligente de llevarla adelante.

 La democracia es el poder del pueblo. Últimamente a través de las urnas ha dado resultados como Trump o el’ brexit’... La democracia es el sistema preferible de todos, pero no es el único porque podríamos encontrar alguno que podría funcionar mejor para el bien común. Pero la forma de Occidente de elegir representantes que después votan en una Asamblea nacional o a altos niveles de conocimiento funciona como mecanismo de seguridad para evitar que la gente que no tiene ni idea de política pueda afectar a las altas decisiones. Cuando la gente vota sin conocimiento y no sabe lo que vota se explica lo que ha pasado con Trump y el ‘brexit’; la gente ha votado sin tener toda la información y ha habido manipulación y eso ha provocado efectos adversos. Hacen falta mecanismos para frenar esa mentalidad de ‘ganado’.

¿Como la educación y la información? Sí, y la verificación de la información.

¿Volverá a trabajar con Alan Moore? Hace mucho que no tengo contacto con él. Y me encantaría hacer algo otra vez juntos porque es superinteligente. No conozco a nadie tan inteligente como él, es un genio. Pero no lo veo posible.

¿Tiene algún Smiley ensangrentado en casa? ¡Sí! Uno de la película (de Zack Snyder) que costó 3.000 dólares porque sirvió para hacer un primer plano y es muy detallado, pintado a mano. Mi mujer lo enmarcó y lo tenemos colgado en casa.

Dave Gibbons: "Es terrorífico que Trump tenga tanto poder y tan poca inteligencia"
El icónico símbolo de 'Watchmen', de Alan Moore y Dave Gibbons.


Fuente:  http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/entrevista-dave-gibbons-watchmen-salon-comic-2017-5934291

domingo, 6 de septiembre de 2015

La pintura de la iraní Afarin Sajedi

 
 

 
La creatividad de Sajedi, su técnica y su poderosa presentación son fundamentales para asegurar su elevada posición en el mundo del arte iraní. Tiene varios temas predilectos para sus retratos. Tanto si ella está representando a sus japonesas, sus payasos o sus personajes teatrales, solamente retrata a mujeres.
En todas sus obras los rostros de las mujeres son muy expresivos, ya sea en el dolor o la alegría, e intenta mostrar cómo visualiza a las mujeres cuando dejan la seguridad de sus hogares para salir al mundo exterior
 
Más información: http://culturainquieta.com/es/arte/pintura/item/3986-la-pintura-de-la-irani-afarin-sajedi.html

lunes, 24 de noviembre de 2014

Goytisolo: “Cuando me dan un premio sospecho de mí mismo”

El escritor Juan Goytisolo, ayer en su casa de Marrakech. / bernardo pérez
“Cuando me dan un premio siempre sospecho de mí mismo. Cuando me nombran persona non grata sé que tengo razón”, decía ayer Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) a EL PAÍS en su casa de Marrakech.

Galardonado hoy con el Premio Cervantes, se refería al Premio Nacional de las Letras que le dieron en 2008 y al vaivén de su relación con Almería: “Primero me declararon persona non grata por Campos de Níjar, luego me declararon hijo predilecto en agradecimiento; y luego, persona non grata otra vez por tomar partido por los inmigrantes en El Ejido”.

Goytisolo arrastra últimamente una perforación del tímpano que le produce lo que, sin perder el humor, él llama “eyaculación auricular”. La edad, dice resignado: “Ahora los niños de mi barrio corren a besarme la mano. Cosas de anciano”. Juan Goytisolo compró esta casa, a unos pasos de la plaza de Xemaá-el-Faná, en 1981, cuando nadie quería vivir en la medina. Él había llegado a la ciudad por primera vez en 1976 para estudiar árabe dialectal y allí surgió en 1980 Makbara, una novela escrita en “verso libre narrativo” que mezcla con toda libertad voces, tiempo y espacio, escatología y erotismo.

No es casualidad que el último libro publicado por el nuevo Cervantes, sea un poemario: Ardores, cenizas, desmemoria (2012). “La novela es un género omnívoro, puede incluir la poesía, pero la poesía no puede incluir la novela”, explica sentado a la sombra de un naranjo que también da limones (o viceversa). “Lo que he escrito a partir del último capítulo de Señas de identidad es a la vez prosa y poesía. La mejor lectura es una lectura en voz alta, sobre todo de libros como Makbara, Paisajes después de la batalla o Las virtudes del pájaro solitario. Están escritos para ser leídos en voz alta”. ¿Por qué entonces un libro de poemas? “Bueno, me jubilé de novelista. En realidad mi última obra debería haber sido Telón de boca. El exiliado de aquí y allá es una prolongación tal vez innecesaria de Paisajes… Cuando uno no tiene nada nuevo que decir, se calla. He escrito poesía en los últimos años, ensayos, los artículos de EL PAÍS… Tengo algún material nuevo escrito pero no tengo ninguna prisa en publicarlo”.

Vecino primero de París –donde se instaló en 1956- y luego de Marrakech, Goytisolo no ha parado de viajar. Ha sido profesor en EEUU y reportero en Sarajevo, Chechenia, Capadocia y Argelia, pero nunca ha querido volver a vivir en España: “Tanto en París como cuando daba clases en Nueva York me había acostumbrado a una sociedad heterogénea. El barrio del Sentier me procuró una educación que ninguna universidad me podía proporcionar: el contacto con migrantes de todas las partes del mundo. Pasear por allí era pasar de Pakistán a India, de India a Turquía. Cuando volvía a España en el año 76 solo había españoles, y me pareció terrible. En aquella época no había inmigrantes, y ver una sociedad tan homogénea me decepcionó”.

Goytisolo sostiene que la transición política se hizo “todo lo bien que se pudo” pero que España tiene pendiente la transición cultural: “Sigue vigente el canon nacional-católico. Yo tengo fama de heterodoxo y nunca he buscado la heterodoxia sino ampliar la base del canon, es decir, incorporar lo que había sido dejado de lado, ampliar el ámbito reductivo del nacionalcatolicismo, la fidelidad a un relato histórico que no se corresponde con la realidad. Hay tres temas tabú en la cultura española. Uno es el carácter mudéjar de la literatura española -castellana y catalana- en sus tres primeros siglos. Se escribe en lengua romance pero inspirándose en modelos literarios árabes. El segundo, la importancia del problema de la limpieza de sangre: toda la literatura está embebida de la violencia entre cristianos viejos y cristianos nuevos y esto se traduce en nuevas formas literarias en el siglo XV y el XVI. Tercero, el extrañamiento del tema erótico. Tanto Menéndez Pidal como Unamuno hablan de la cultura española como una cultura casta en contraposición al libertinaje de la cultura francesa. Cuando uno conoce el Cancionero de burlas, La lozana andaluza o La Celestina se encuentra con un rotundo desmentido a esta afirmación”.

Autor de una obra celebrada dentro del realismo crítico de los años cincuenta, Juan Goytisolo rompió con su propio pasado en 1966 con la publicación de Señas de identidad, publicada en México dado que su obra estaba prohibida por las autoridades franquistas. Aquel bautismo de fuego experimental era, dice, una crítica a los mitos de la hispánica reserva espiritual de Occidente. ¿Y los de hoy? ¿Cuáles serían los mitos de la España de hoy? “La Marca España”, responde sin dudar. “Reducir España a la Marca España y no ver la cruda realidad de una sociedad que está sufriendo por el paro y la marginación. Este mito de la Marca España hay que deshacerlo. Este optimismo… Si fuera caricaturista pondría a un parado sentado en la acera pidiendo para comer y a alguien que viene a anunciarle que la agencia Standar & Pools ha elevado la nota de España de A Plus a A Plus Plus. Eso es lo que nos están vendiendo”.

 Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/24/actualidad/1416836556_584716.html

domingo, 14 de septiembre de 2014

Jackson Pollock



Paul Jackson Pollock, tal su nombre completo, nacido en 1912 y fallecido en 1956, fue la figura más importante del movimiento conocido como expresionismo abstracto, corriente nacida de la mano del pesimismo desencadenado por la guerra. El estilo por el que es conocido Pollock es el llamado Action Painting. Este método, llevado a cabo mediante el empleo de la técnica dripping, consiste en dejar “gotear” libremente la pintura sobre el lienzo. Justamente “Dripped” se llama el corto dirigido por Léo Verrier y producido por Chez Eddy, el cual explora la búsqueda de la “voz creativa” de Pollock. En un mundo teñido de sepia, en el que los hombres vestían trajes de corderoy marrón y camperas de terciopelo, el artista trata de encontrar la forma de encajar con los grandes maestros en las galerías y museos de la Gran Manzana.

En la película, vemos a un Pollcok gris, frustrado, inmerso en una realidad apagada, pintando naturaleza muerta o imitando los trabajos de los maestros. Cansado de eso, decide salir en busca de su verdadera y única identidad creativa. Y dicha búsqueda, el director la presenta mediante una intriga de policías y ladrones, persecuciones y transformaciones varias, hasta que de la manera menos pensada, Pollock finalmente se “come a los clásicos” para descubrir su característico y colorido estilo.

Enmarcado por un luminoso piano y lúgubres oboes, “Dripped” es una inteligente y bella oda, tanto a Jackson Pollock, como a cualquier búsqueda de inspiración e innovación.
Fuente:  http://www.buendiario.com/hermoso-corto-animado-rinde-tributo-a-jackson-pollock/

La mujer más peligrosa de América

Emma Goldman retratada en 1901, a los 32 años, en la
 plenitud de su vida activista CAPITAN SWING

"Si no puedo bailar, no quiero estar en su revolución", dijo alguna vez la anarquista Emma Goldman, sin imaginar que aquella frase se convertiría en un eslogan feminista de los años 70. Por sus apasionados discursos políticos, la inmigrante judía ya era conocida en los círculos intelectuales de fines del siglo XIX en Nueva York. Pero como a cualquier veinteañera, también le gustaba bailar. En alguna fiesta, uno de sus camaradas le recriminó por hacer movimientos indignos de su doctrina revolucionaria.

La chica se enfureció: "Estaba harta de que me arrojaran continuamente la Causa a la cara. Yo no creía que una Causa que defendía un hermoso ideal, el anarquismo -la liberación y la libertad frente a las convenciones y los prejuicios- negara la vida y la alegría", recuerda Goldman en 'Viviendo mi vida', la autobiografía recién traducida al español por la editorial Capitan Swing.

Así entendió Goldman la lucha anarquista que la acompañó siempre: "El derecho a la autoexpresión y a todas las cosas hermosas y radiantes". Su ideología se basaba en un exaltado optimismo hacia la naturaleza humana y en una profunda desconfianza hacia la autoridad. 'Emma la Roja', como era llamada en la prensa de aquellos días, fue una activista radical que se asignó la misión de despertar a las masas. Recorrió Estados Unidos para manifestarse públicamente en contra del Estado, el capital y el militarismo, y a favor de los derechos de los trabajadores, el uso de anticonceptivos y el amor libre. Sus convicciones fueron consideradas peligrosas en un país puritano, encaminado a convertirse en la potencia económica mundial, y cuyo orden social podía verse amenazado por las crecientes revueltas obreras y la influencia comunista del exterior. Goldman no se detuvo a pesar de las numerosas advertencias. Su empresa vital la llevó a pasar distintos periodos en la cárcel y a ser expulsada del país que había sido su hogar durante 34 años.

Goldman aparece como personaje secundario en la película 'Rojos' (1981). La actriz que le dio vida, Maureen Stapleton, se llevó uno de los tres premios Oscar que recibió la cinta escrita, dirigida y protagonizada por Warren Beatty. Ahí se refleja la amistad entre la anarquista y el periodista John Reed (Beatty), autor de la célebre crónica sobre la Revolución de Octubre, 'Diez días que estremecieron al mundo'. Se frecuentaban en Nueva York y se encontraron de nuevo en la recién creada Unión Soviética.

Goldman había llegado a Rusia tras ser expulsada de Estados Unidos, con la esperanza de ver materializado al fin su sueño revolucionario. Pero no tardó en darse cuenta, tras apenas dos años, de las enormes contradicciones y las injusticias cometidas por el régimen bolchevique. En diciembre de 1921 partió a Francia, y al poco tiempo reconoció que había cometido un error al apoyar al Gobierno soviético.

En su momento se involucró en la Guerra Civil en España, país que visitó en tres ocasiones. "La resistencia que opuso el pueblo español al fascismo y la vanguardia de sus organizaciones obreras reavivaron sus esperanzas de un posible triunfo de la libertad", escribiría la sindicalista catalana Lola Iturbe tras conocer a Goldman en 1938. "Su sonrisa era triste. Su mirada penetrante, escrutadora, buscando la verdad de su interlocutor", añadía Iturbe, cuyas palabras se recogen en el prólogo de 'La palabra como arma', otro de los libros firmados por la anarquista.

Pero ni su relación con España ni su estancia en la URSS, y tampoco su deportación, están narradas en el primer volumen de su autobiografía. "Publicar ambos volúmenes a la vez podía hacer demasiado pesada la carga de material de lectura", señala Daniel Moreno, editor de Capitan Swing, quien espera imprimir la segunda parte de la obra el próximo año. Para Moreno, conocer la vida de Goldman significa profundizar en una parte crucial de la historia del siglo XX a través de una enorme red de activistas sociales: "Emma fue pionera en la lucha de muchas cosas que hoy damos por sentadas en Occidente, como el control de la natalidad y una jornada laboral digna".

'Viviendo mi vida' se publicó originalmente en 1931. Goldman se había instalado en Saint-Tropez, Francia, donde se vio forzada a la inactividad. "Descubrí con gran desconcierto que la vejez, lejos de ofrecer sabiduría, madurez y sosiego, suele ser fuente de senilidad, estrechez de miras y rencores. No podía arriesgarme a esa calamidad y empecé a pensar seriamente en escribir mi vida", narra en la introducción de sus memorias. También explica que logró terminar aquella tarea gracias a la ayuda de decenas amigos con los que había mantenido una relación epistolar. Y al apoyo de la coleccionista Peggy Guggenheim, quien fuera su principal mecenas.


Emma Goldman durante un mitin político celebrado en 1916 en la Union Square de Nueva York EL MUNDO

Goldman nació en 1869 en Kaunas (Lituania) pero su fugaz infancia transcurrió en San Petersburgo. Un padre severo y la pobreza de la Rusia zarista la obligaron a trabajar en una fábrica textil desde los 13 años. Por eso, no dudó cuando se presentó la oportunidad de emigrar a América con su hermana Helena. Las dos jóvenes desembarcaron en Nueva York en 1886, con la expectativa de libertad que prometía la nueva tierra. Y se instalaron en Rochester, donde ya vivía la mayor de las tres. La necesidad las arrojó muy pronto de regreso a la vida obrera. 

Emma se casó movida por una ilusión adolescente, pero puso fin a su único matrimonio 10 meses después. "Si alguna vez vuelvo a amar a un hombre me entregaré a él sin que nos una un rabino ni la ley", se prometió a sí misma. "Y cuando ese amor muera, me marcharé sin pedir permiso". El relato de su autobiografía comienza entonces: divorciada a los 20 años, y recién llegada a la ciudad de Nueva York con una pequeña maleta, su máquina de coser y cinco dólares.

La joven ya tenía claro que su nuevo objetivo sería luchar contra la injusticia y la explotación. Había seguido en la prensa los acontecimientos desencadenados a partir del 1 de mayo de 1886, en Chicago, cuando 300.000 trabajadores se pusieron en huelga para exigir una jornada laboral de ocho horas. El 4 de mayo, durante una concentración, explotó una bomba en la plaza de Haymarket por la que ocho jóvenes anarquistas fueron acusados y cinco de ellos ejecutados en la horca. Aquel fue el hecho decisivo que catapultó a Goldman a la acción: "Tenía la clara sensación de que algo nuevo y maravilloso había nacido en mi alma. Un gran ideal, una fe ardiente, la decisión de dedicar mi vida a la memoria de mis camaradas mártires".
En su primer día en Nueva York, Goldman conoció a los dos hombres que marcaron su trayectoria. El primero, Johann Most, era editor del periódico anarquista alemán Die Freiheit y un prolífico orador que animó a la joven a seguir sus pasos. El segundo, Alexander Berkman -Sasha, como lo llamaba ella con cariño- fue uno de sus tantos amantes y el más fiel de sus camaradas.

En 1892, Berkman cometió "el primer acto terrorista de América" -según su propia descripción- y lo debió pagar con 14 años de encierro. Una huelga masiva en Homestead (Pennsylvania) terminó con una masacre indiscriminada de los trabajadores del acero. Y el joven inmigrante ruso creyó que era el momento para hacer estallar la revolución. Ansiaba decirle al mundo que el proletariado de América tenía quien le vengara, y estaba dispuesto a sacrificar su vida por la causa. Con el apoyo de Goldman, planeó un atentado contra Henry Clay Frick, presidente de la Carnegie Steel Company. Sasha logró llegar hasta su oficina y dispararle dos veces en el pecho, pero no consiguió matarlo.

Goldman se entregó por completo a su actividad de agitadora pública: "Mi odio por las condiciones que obligaban a los idealistas a cometer actos de violencia me hizo gritar con acordes apasionados la nobleza de Sasha, su naturaleza desprendida, su consagración al pueblo". Los periódicos se preguntaban: "¿Por cuánto tiempo se le permitiría continuar a esa peligrosa mujer poseída por la furia?". Y la policía no tardó en actuar. En 1893, después de encabezar una marcha de mil personas portando una bandera roja, la joven fue arrestada por incitar a la revuelta y condenada a pasar un año en prisión.

En su autobiografía, Goldman reconoce que la penitenciaría de la isla de Blackwell fue su mejor escuela. No sólo pudo leer a los teóricos que más influenciaron su pensamiento, como Emerson, Thoreau, Whitman y Nietzsche. También realizó prácticas como enfermera, un oficio al que se dedicó en los distintos momentos en que su libertad volvía a verse amenazada. Goldman abrazó una nueva causa a raíz de aquella actividad. Después de ejercer de comadrona con las obreras comenzó a defender el derecho al control de la natalidad. "Me impresionaba la ciega y fiera lucha de las mujeres de los pobres contra los frecuentes embarazos. La mayoría de ellas vivía en un continuo terror de la concepción", recuerda.

La defensa de la emancipación femenina la llevó a emprender otro recorrido por el país, en el que también predicó su doctrina del amor libre: "Exijo la independencia de la mujer, su derecho a mantenerse a sí misma, vivir para ella, amar a quien le plazca, o a tantos como le plazca. Exijo libertad para ambos sexos, libertad en la acción, en el amor, en la maternidad", clamaba en los mítines. Sus reivindicaciones eran escandalosas incluso para los más progresistas, y la volvieron a llevar a prisión. Hablar en público sobre sexo y anticonceptivos era considerada una actividad ilegal en 1916.

Goldman fundó la revista de política y literatura Mother Earth, a la que se incorporó como editor Alexander Berkman al recuperar su libertad. Juntos participaron más tarde en una lucha activa contra la entrada de Estados Unidos en la guerra europea. Pero en 1918 fue aprobada la Ley de Sedición, que establecía multas y penas de cárcel para aquel que se manifestara contra el Gobierno. Ambos fueron arrestados y deportados un año después. "América ha entrado en la guerra para hacer del mundo una democracia más segura, pero primero debe asegurar una democracia segura en América", declaró la anarquista antes de partir.

Aunque no volvieron a involucrarse sentimentalmente, Goldman y Berkman continuaron su vida juntos: primero en la URSS y más tarde en Saint-Tropez. Allí se suicidó Berkman en 1936. Goldman se involucró en nuevas luchas, entre ellas la Guerra Civil española. Murió en Toronto en 1940. Un derrame cerebral fue lo único que la pudo callar.

 Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2014/09/12/5411ed94e2704eb3448b457b.html

viernes, 5 de septiembre de 2014

El bálsamo de la inmortalidad


Otra forma de inmortalidad: Busto de Nefertiti, de 50 centímetros, elaborado en piedra caliza, yeso, cristal y cera, hacia el año 1.340 antes de Cristo. Localizado en 1.912 en Amarna, se encuentra en la sala 2.10 del Museo Egipcio de Berlín.
 
Dice la leyenda de Osiris que fue asesinado por su envidioso hermano Seth, y que su cuerpo fue arrojado en un ataúd al Nilo. Enterado Seth de que el cadáver había sido localizado por su esposa Isis, lo descuartizó en 14 pedazos que fueron desperdigados por todo Egipto. Tras recuperar casi todos los miembros, Isis fue capaz de engendrar, desde el cuerpo inerte de su marido, a su hijo Horus, quien acabaría vengando a su padre.

Como toda buena historia mitológica, más allá de los distintos matices que nos han legado las fuentes helenísticas o egipcias, la de Osiris e Isis, además de ser bellísima, tiene sus dosis de drama, envidia, parejas consanguíneas, asesinatos, misterio y magia.

El mito de Isis y Osiris es además la esencia de la cosmogonía egipcia y representa, de distintas formas, el triunfo de la vida sobre la muerte.

Lo interesante de la historia de Osiris, entre otras cosas, es que de alguna manera plasma el deseo humano del más allá, y su esfuerzo por lograr trascender de lo cotidiano y tangible, incluso luchando contra todo poder terrenal.
El embalsamado Osiris se convirtió además en un modelo para el resto de individuos, inspirando ceremonias fúnebres con la esperanza de replicar en los seres queridos  la promesa de inmortalidad que representaba su fábula.

De confirmarse los hallazgos de una reciente investigación arqueológica publicada en PLOS ONE, a la que no le falta ni siquiera un Jones (una en este caso), sería posible retrasar las momificaciones intencionadas en el antiguo Egipto hasta la prehistoria.

Según afirma la doctora Jana Jones, hasta la fecha nadie había propuesto que los envoltorios funerarios anteriores al año 3.350 A.C. contuvieran compuestos orgánicos que ayudarían en el proceso de momificación, ni que tales prácticas alcanzasen fechas tan tempranas como el quinto milenio antes de la era común.

Jones, investigadora en el departamento de historia antigua de la Universidad Macquarie, donde lleva a cabo un trabajo sobre los orígenes y el desarrollo de la momificación, se mostraba sorprendida de que “los egipcios prehistóricos, que vivían en una sociedad tribal 1.000 años antes de la invención de la escritura, ya estaban en posesión de la ciencia empírica que luego se convertiría en la verdadera momificación“.

Hasta ahora se había asumido que la conservación de tejidos blandos en épocas anteriores al reino antiguo (hacia el 2.500 A.C.) se debía fundamentalmente a procesos naturales asociados con las buenas condiciones de los lugares de enterramiento, más que a una compleja y deliberada intervención de procesos físico-químicos, y que no fue hasta el reino medio (2.000- 1.600 A.C.) cuando empezó extenderse el uso de resinas con características conservantes.

Fotografía de la exposición “Momias del Mundo”. Foto: Mathew Imaging.
Fotografía de la exposición “Momias del Mundo”. Foto: Mathew Imaging.
El estudio de Jones abarca el análisis de las resinas (consideradas en sentido amplio) de los envoltorios funerarios de lino de varios yacimientos del neolítico tardío y del periodo pre-dinástico, fechados entre el 4.500 y el 3.350 A.C.. Estas resinas son el componente principal de los primeros intentos de preservación corporal en la época faraónica, previos a la introducción del natrón como desecante y a la evisceración.

Utilizando una combinación de cromatografía de gases/espectrometría de masas y de desorción térmica/pirólisis, es decir, haciendo que el lino “sude” aquellos compuestos que había absorbido previamente mediante la acción del calor los investigadores han identificado que las prendas funerarias estaban rociadas con una combinación de resina de pino, un extracto de plantas aromáticas, una resina o azúcar de plantas, un tipo de petróleo natural y un aceite vegetal o grasa animal.

Esta combinación de sustancias, en complejos procedimientos, constituye una autentica receta del embalsamamiento, que según Jones “antecede en más de un milenio a la anterior evidencia científica del uso de estos agentes momificadores, que son los mismos, y en las mismas proporciones, que los que se encuentran 3.000 años más tarde, en el cenit de la momificación, dentro del periodo faraónico”.

Los científicos concluyen, basándose en las propiedades antibacterianas de algunos de estos ingredientes y en la preservación de los tejidos blandos localizados en su interior, que las muestras analizadas representan los inicios de la experimentación en momificación, que se convertiría en la conocida práctica de la época faraónica.

La necesidad de trascender es, sin embargo, casi tan antigua como el propio ser humano. Aunque con algunas reticencias, lógicas si tenemos en cuenta que se trata de un hallazgo único, y por lo tanto no repetido en otros contextos, los co-directores de Atapuerca interpretan la presencia de Excalibur, un bifaz de cuarcita roja, único instrumento de piedra recuperado en la Sima de los Huesos junto con 4.000 fósiles humanos, de unos 500.000 años de antigüedad, como el comportamiento simbólico más antiguo conocido hasta hoy.

Fuente:  http://culturacientifica.com/2014/09/04/el-balsamo-de-la-inmortalidad/