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Humboldt quería conocer al famoso botánico español José Celestino Mutis que vivía en Bogotá. Mutis de sesenta y nueve años, había llegado desde España cuarenta años antes, y había encabezado muchas expediciones por la región. Ningún otro botánico sabía tanto sobre la flora sudamericana, y en Bogotá, Humboldt esperaba poder comparar sus colecciones con las que el español había acumulado durante su larga vida. Aunque le habían dicho que Mutis podía ser complejo y reservado, confiaba en ganarse su confianza. "¡Mutis, tan cerca!", pensó al llegar a Cartagena, desde donde envió al botánico "una carta muy artificial", plagada de elogios y adulaciones. El único motivo por el que no iba por barco de Crtagena a Lima, le decía, sino que había escogio la ruta mucho más difícil de los Andes, era para poder conocerle al pasar por Bogotá [...].
Recibidos por Mutis y los principales personajes de la ciudad, Humboldt y Bonpland se vieron arrastrados a una fiesta detrás de otra. Nadie había visto tales celebraciones allí desde hacía décadas. A Humboldt nunca le había agradado las ceremonias formales, pero Mutis le explicó que había que tolerarlo para contentar al virrey y los ciudadanos más destacados. Después de las fiestas, el viejo botánico abrió sus vitrinas. Mutis tenía también un estudio de dibujo botánico en el que, con el tiempo, treinta y dos artistas, entre ellos varios indios, iban a elaborar 6.000 acuarelas diferentes de plantas indígenas. Aún mejor, Mutis poseía tantos libros de botánica, según le contó más tarde Humboldt a su hermano, que su colección solo estaba por debajo de la biblioteca de Joseph Banks en Londres. Los libros fueron un recurso de valor incalculable, porque hacía dos años que Humboldt había salido de Europa, y era la primera vez que podía hojear una vasta selección de volúmenes, comprobando, comparando y verificando sus propias observaciones.
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La invención de la Naturaleza
El nuevo mundo de Alexandre von Humboldt
Andrea Wulf
El cargamento de plantas y láminas recopilado por José Celestino Mutis en su expedición al virreinato de Nueva Granada arribó a Cádiz en 1817 para revolucionar la ciencia española
Una de las láminas de Mutis, en la que dibuja una 'Besteria'.RJB / CSIC
En junio de 1817 llegó al puerto de Cádiz un curioso cargamento de 104 cajones. Al abrirlos un aire de bosque de Indias se extendió más allá de la nave. Era un verdadero tesoro científico con semillas, resinas, minerales, maderas y dibujos de plantas que había sido recopilado treinta años atrás por el botánico José Celestino Mutis en las tierras que entonces pertenecían al virreinato de Nueva Granada, la actual Colombia, y cuya independencia se proclamaría poco después.
Las cerca de 20.000 plantas herborizadas y las más de 6.000
ilustraciones con los diarios manuscritos pasarían a formar parte del
Real Jardín Botánico de Madrid. Ahora se cumplen doscientos años del
arribo a Cádiz de ese tesoro botánico que incautó el general Morillo,
enviado a las colonias para sofocar las rebeliones independentistas. El
encargado de recoger los valiosos materiales para llevarlos a la capital
fue Mariano Lagasca y Segura, director del Real Jardín Botánico de Madrid.
Lagasca y Segura se emocionó en el momento en el que se abrieron esos
cajones y aspiró aquellos aromas, esa colección que era el resultado de
la vida del sabio José Celestino Mutis, el gran botánico que había
nacido en Cádiz y cuya memoria regresaba así a su ciudad natal.
José Celestino Mutis (Cádiz, 1732 – Santa Fe de Bogotá, 1808) fue
sacerdote, botánico, matemático y el impulsor de una de los grandes
viajes científicos realizados durante la monarquía de Carlos III: la
Real Expedición Científica del Virreinato de Nueva Granada, que fue una
de las que generaron mayor número de informes, documentos y
bibliografía. Sin embargo, hasta 1954 no se publicó La flora de la Real Expedición del Nuevo Reyno de Granada.
De
izquierda a derecha, láminas de Mutis con dibujos de 'Mutisia
Clematis', 'Lobelia (Centropogon ignoti-pictoris)' y 'Maxillaria'.RJB / CSIC
El sabio gaditano forma parte de la mejor memoria científica de
España y su figura sigue presente en los herbarios, en los libros
botánicos y hasta en los nombres de plantas como la Mutisia, una hermosa
trepadora. En su época, fue más reconocido fuera de España que dentro y
mantenía correspondencia con los célebres naturalistas Carlos Linneo y Alexander Von Humboldt,
quien incluso se desvió en su famoso viaje por tierras equinocciales
para visitar al científico gaditano. Mutis compartió su casa con
Humboldt y le ayudó en su viaje hacia el Pacífico. El naturalista alemán
quedó impresionado con su colega español: “Uno se asombra de los
trabajos que ha hecho y de los que prepara para la posteridad; es
admirable que un hombre solo haya sido capaz de concebir y ejecutar un
plan tan vasto”, aseguró en una carta enviada a un amigo.
Recogida de muestras
Retrato del botánico José Celestino Mutis.
Desde muy pronto, Mutis advierte que su país es muy diferente al de
su amigo Humboldt y se lamenta de la desidia española: “Mientras en
España se iba perpetuando un profundo olvido sobre las empresas de esta
naturaleza, todas las naciones, especialmente las que poseían algunos
establecimientos en América, aspiraban a porfía a poseer igualmente el
conocimiento de sus tesoros naturales y a la formación de gabinetes
públicos y privados”.
Afortunadamente las plantas de su expedición y su trabajo científico
sí que sirvieron para la excepcional colección del Real Jardín Botánico
de Madrid. En un principio, la intención de Mutis era que las plantas
recogidas y estudiadas formaran parte del Gabinete de Historia Natural
de Madrid con el fin de que se incluyeran muestras de seres vivos e
inertes recogidos en América, según explica Paz Martín Ferrero en el
libro Andalucía y las expediciones científicas en el siglo XVIII: la aventura botánica de Mutis (Consejería de Educación y Ciencia de Andalucía, 2000).
Consciente de la importancia de que España incorpore estas especies pide a Carlos III
que autorice una expedición y ayudas. Pero no lo consigue, así que
continúa trabajando por su cuenta. “Determiné emplear en adelante todo
el tiempo en aquellos días de diversión, en examinar las plantas de los
terrenos donde nos halláramos”, anota en su Diario de Observaciones, donde relata el viaje.
Nuevos apoyos
Pero la soledad de su trabajo científico termina cuando llega un nuevo virrey a Nueva Granada, Antonio Caballero y Góngora, quien lo convierte en asesor y ayuda a que el monarca comprenda la importancia que tendría el viaje que propone Mutis. Finalmente la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada tiene lugar en 1783 y el sabio gaditano es nombrado primer botánico y astrónomo con el fin de fomentar el comercio creando herbarios y colecciones naturales. La expedición abarcará unos 8.000 kilómetros cuadrados y seguirá el río Magdalena como referencia.
Durante el viaje se fueron recogiendo especies y se realizaban excepcionales láminas que hoy forman parte del Fondo Mutis del Jardín Botánico y en las que son admirables los dibujos de frutas y de plantas y los esquemas de germinación de distintas especies. Estos dibujos de la flora de Bogotá se pintaron a mano por pintores de la escuela quiteña e ilustran un curioso mestizaje entre el arte criollo o colonial y la botánica ilustrada europea. Ya no eran las descripciones exóticas o alegóricas que habían predominado en los trabajos científicos del siglo XVI o incluso del XVII. Ahora, la ciencia de la época exigía el dibujo exacto y preciso. Y así fue como el XVIII se convirtió, sin duda, el Siglo de Oro de la botánica española.
Obsesión por la historia natural de AméricaJosé Celestino Mutis se obsesionó con la realización de este estudio
de la Historia Natural de América. En Santa Fe de Bogotá ejerció de
médico y además ocupaba la cátedra de matemáticas en el Colegio Nuestra
Señora del Rosario y otra de astronomía en el de San Bartolomé, pero
todos sus ratos libres los dedicaba al estudio de la flora. El botánico
estaba fascinado con la audaz forma de algunas plantas que le resultan
totalmente desconocidas y que se convirtieron en un reto científico.
Pero Mutis no se limitó a la pura curiosidad científica, sino que
pensó de forma pragmática planteando que los productos de América
podrían servir para mejorar la economía española. Así consideraba que
podría ocurrir con productos como la cascarilla, el guayacán, la cera de
palma, la cochinilla, los aceites de palo y de María o la quina. A la
quina le dedicó incluso Historia de los árboles de la quina y El arcano de la quina. Todo un mundo equinoccial que reposa desde hace dos siglos en los fondos del Jardín Botánico.