No deberíamos hacer ver que no rechazamos a los musulmanes defendiendo, difundiendo y promoviendo el símbolo del machismo
Casi cincuenta muertos no es poca cosa. El
atentado de Nueva Zelanda es uno de los más sanguinarios que se ha
producido en el marco de lo que consideramos países occidentales, aunque sea un occidente en las antípodas. Y demuestra que el odio racista no es inocuo, deshumaniza al distinto hasta convertirlo en objetivo a abatir. No
importa que sean personas inocentes, niños de corta edad, en el
imaginario del terrorista supremacista “el otro” enemigo representa una
amenaza y hay que exterminarlo de raíz sin dudarlo. Pero si cuando hay
un atentado islamista insistimos en repetir que los que lo perpetúan no
representan al resto de musulmanes, que no se puede juzgar a los
pacíficos por las atrocidades de los violentos, en este caso tendríamos
que hacer exactamente igual. El único responsable de la matanza fue el que disparó su arma sin piedad.
Todo el mundo elogia el gesto de la primera ministra neozelandesa por haberse puesto pañuelo para asistir a la plegaria por las víctimas. Puedo
entenderlo, dentro del recinto rige la ley de Dios y no la de los
hombres, una ley que considera imprescindible que las mujeres se tapen
en señal de modestia. Puedo comprender el gesto político pero no puedo comprender por qué unas presentadoras de televisión deciden ponerse pañuelo, no puedo entender que haya grupos de chicas y mujeres tapándose para solidarizarse con la comunidad musulmana. ¿Por qué somos siempre las mujeres las que tenemos que demostrar con nuestros cuerpos la concordia mundial? Ellos matan, ellos
exterminan, ellos hacen las guerra, ellos crean y difunden los
discursos de odio, ellos venden armas y diseñan perversos planes de
destrucción masiva pero somos nosotras, las mujeres, las que tenemos que salir a representar la comprensión mutua, la solidaridad, la buena voluntad, la diversidad y la paz en el mundo. Y parece que el único modo de hacerlo es convirtiendo, de nuevo, nuestros cuerpos en terreno abonado donde plantar banderas: la
de los islamistas para recordar a todo el mundo que les pertenecemos,
la blanca de la paz sobre nuestras cabezas para demostrar rechazo al
terror racista.
¿De verdad que no hay otras formas de expresar conmoción? De
todo el vasto abanico de elementos que configuran la religión
musulmana, ¿no hay nada más que se pueda rescatar? ¿No pueden leer un
poema o buscar un versículo que apele a la no violencia? No, siempre
tiene que ser el pañuelo y siempre para ponérnoslo. Cuando hay atentados
islamistas nunca se hace el gesto contrario, no sale ninguna seguidora
de Mahoma a quitárselo para demostrar solidaridad. Al contrario,
llenamos la cabecera de la manifestación con pañuelos para que se vea
que no rechazamos a los musulmanes. No rechazar a los musulmanes defendiendo, difundiendo y promoviendo el símbolo del machismo. Por la paz y por la guerra, nuestros cuerpos siempre son el campo de batalla.
"No se nos han escapado por debajo del radar", ha dicho la primera ministra Jacinda Ardern. Las autoridades, simplemente, no estaban mirando, porque todos los signos estaban allí
Reunión ultraderechista en Sidney, Australia, en junio de 2018. (Reuters)
El atentado islamófobo de este viernes
contra dos mezquitas en la localidad neozelandesa de Christchurch
realizado por militantes ultraderechistas, que dejó 49 muertos y medio
centenar de heridos, hacogido por sorpresa a las autoridades del país. “No es una cuestión de que alguien se haya colado por debajo del radar”, ha admitido
la primera ministra Jacinda Ardern. A diferencia de otros países, este
tipo de extremismo es extremadamente marginal y, en su vertiente
homicida, más o menos novedoso. Aunque hubiesen dedicado los recursos
necesarios para monitorizar a Brenton Tarrant y sus secuaces -por ahora hay cuatro detenidos, tres hombres y una mujer-,
probablemente habrían carecido del conocimiento en profundidad de la
mentalidad y los códigos de estos radicales al nivel suficiente como
para impedir el ataque.
Eso señalaba este julio el periodista neozelandés Marc Daalder en la publicación The Spinoff, que advertía de que en el país está fermentando una corriente extremista
a la que nadie está prestando atención y que, sin ser un problema
grave, podía convertirse en uno. Como, efectivamente, así ha sido.
El atentado muestra el papel que juegan internet y las redes sociales
en este tipo de sucesos: “La masacre de Nueva Zelanda fue retransmitida
en vivo en Facebook, anunciada en 8chan, reproducida en YouTube,
comenada en Reddit, y reproducida y copiada en todo el mundo antes de
que las empresas tecnológicas pudiesen siquiera reaccionar”, escribe el
reportero tecnológico Drew Harwell en el Washington Post. Estos canales
son, de hecho, el principal caldo de cultivo para este movimiento, que de otro modo lo tendría muy difícil para prosperar
y poner en contacto a unos miembros con otros. Al fin y al cabo, muy
poca gente va por la vida diciéndole a los demás que es un extremista.
Convocatoria a protestar contra el pacto de inmigración de la ONU y 'defender la soberanía de Nueva Zelanda'
Pero en internet es posible. Horas antes del atentado, Tarrant colgó un manifiesto en el canal de chat 8chan, diciendo: “Bueno colegas, es hora de dejar de postear mierdas
y hora de hacer un esfuerzo de posteo real. Ha sido un largo viaje y a
pesar de vuestra jodienda, inutilidad y degeneración, sois todos unos
tipos de primera y la mejor panda de amigos que un hombre podría pedir”.
Aparentemente, después de eso se dirigió a su vehículo, lo cargó con
las armas y partió a cometer la matanza.
El manifiesto reproduce numerosos temas recurrentes en el mundo de los supremacistas blancos,
y que un observador entrenado podría haber detectado: la teoría del
“gran reemplazo” de la población blanca por los invasores de otras
razas, o el uso del llamado 'sonnenrad', uno de los
símbolos nórdicos utilizados por los nazis y con una presencia cada vez
mayor en las manifestaciones de este movimiento, como la de Charlottesvile en 2017.
"Judíos, católicos y musulmanes"En su artículo, Daalder señala que en el caso neozelandés, las personas que se sienten atraídas por este movimiento no lo hacen por razones de descontento económico,
como es el caso de muchos en Europa y EEUU, sino por ansiedades de tipo
cultural, como el temor a la pérdida de la hegemonía masculina blanca
tradicional. “Hay gente en Nueva Zelanda que siente que ha perdido mucho
poder y está muy desenraizada. Sienten como que el nuevo acento en un
multiculturalismo liberal, contemporáneo, es algo de lo que están excluidos”,
afirma Paul Spoonley, Vicecanciller del Colegio de Humanidades y
Ciencias Sociales de la Universidad de Massey y uno de los principales
expertos del país en movimientos de extrema derecha.
En febrero, estos grupos convocaron una manifestación de rechazo al apoyo del Gobierno neozelandés al pacto migratorio de la ONU,
asegurando que iba a “traer a 60 millones de personas marrones a
Europa”. Pese a su remota localización, la inmigración a Nueva Zelanda se ha triplicado desde principios de los años 90, principalmente de países del sur de Asia, lo que ha llevado al surgimiento de grupos anti-inmigración como el partido New Zealand First o, más recientemente, el movimiento New Zealand Sovereignity.
Daalder reproduce algunos mensajes aparecidos en los grupos de Facebook de estos movimientos: “Es cuestión de tiempo que NZ tenga 'zonas prohibidas'”,
dice un post, una referencia a la teoría conspirativa de que hay áreas
urbanas en Europa donde ya no se tolera la entrada a no musulmanes. Otro
habla de “más de nueve mezquitas en Wellington. En parte ya está aquí y
el 99 por ciento de nuestra comida es halal, que significa permitido por su Ley de la Sharia”.
No solo los musulmanes son vistos como una amenaza: “La ONU quiere criminalizar la Cristiandad, marginalizar la heterosexualidad,
demonizar a los hombres y promover la agenda LGBT en todas partes. El
objetivo real no es 'la igualdad' sino más bien la marginalización y la
denuncia de cualquiera que exprese cualquier característica masculina
del tipo que sea”, dice otra publicación en las redes sociales. La
institución quiere “destruir todos los países occidentales, son nuestros
enemigos naturales dominados por judíos, católicos y musulmanes,
tras un eventual colapso de los mercados y un hundimiento global y de
que el ejército estadounidense haya sido mermado mostrarán sus
verdaderos colores, estos ejércitos musulmanes están bien y
verdaderamente posicionados para causar el máximo daño”, señala otra.
Hasta
ahora se consideraba a estos grupos como poco más que 'hooligans'
radicalizados con capacidad para crear problemas en determinados eventos
y concentraciones, pero poco más. El resultado ha sido el mayor atentado terrorista de la historia del país.
“El grueso de la recolección de inteligencia y los esfuerzos de
prevención en relación con el terrorismo han sido dirigidos a la
comunidad islámica de Nueva Zelanda”, ha señalado el analista de seguridad Paul Buchanan a Radio Nueva Zelanda. “Las autoridades han estado mirando en la dirección equivocada”.
Un grupo de jóvenes somalíes crea Gurmad252 para recaudar fondos, localizar desaparecidos y llamar la atención del mundo sobre el peor atentado de su historia
La prometedora estudiante de Medicina en la Universidad Benadir de Mogadiscio (Somalia), Maryam Abdullahi,
tenía previsto celebrar su graduación el domingo pasado. Su padre había
viajado desde Gran Bretaña para estar presente. En lugar de a una
fiesta, acabó asistiendo a un funeral. La joven de 25 años se encontraba
en las cercanías del hotel Safari el 14 de octubre cuando un camión bomba explotaba provocando unos 350 muertos y más de 700 heridos.
Fue una auténtica carnicería de cuerpos calcinados y edificios
colapsados cuya autoría se atribuye al grupo terrorista Al Shabab. Sin
embargo, apenas ha tenido seguimiento informativo ni reacciones en las
redes sociales en el resto del mundo.
Lo cierto es que el ataque terrorista más mortal de la historia de
Somalia apenas ha despertado el interés mundial, salvo por gestos
puntuales como el apagón de la Torre Eiffel del lunes pasado. Ni el hashtag#PrayforSomalia se ha convertido en trending topic ni las historias de las víctimas recorren las primeras páginas de los periódicos.
Y, sin embargo, Somalia sigue sumida en el dolor. En Mogadiscio
continúa la complicada identificación de cadáveres y la localización de
personas desaparecidas. Esta tarea se ve dificultada por el hecho de
que, tras el atentado, decenas de restos humanos quedaron
irreconocibles. También porque aún siguen apareciendo cuerpos bajo los
escombros de los edificios.
Para tratar de ayudar y, al mismo tiempo, conseguir que el mundo no mire para otro lado, un grupo de jóvenes ha creado el colectivo Gurmad252.
Gurmad se traduce como socorro o ayuda y 252 es el prefijo telefónico
del país. Tiene presencia en Facebook y Twitter, donde, además de
recaudar fondos para atender a los heridos, cuelgan fotos de los
desaparecidos o de sus familiares para rastrear pistas que ayuden a su
localización.
Ellos han contribuido a que salgan a la luz historias personales de
fallecidos, de esas que se vieron y leyeron tras los atentados del 11-S
en Nueva York o del 11-M en Madrid, pero que en Somalia escasean. Como
la del conductor de autobús Suleiman Nuur Ali, de 29 años, quien se encontraba en la zona del ataque ese día; o la del videocámara freelanceAli Nur Siad, de 31 años, que estaba enviando unas imágenes desde una oficina de la Media Luna Roja somalí para la emisora Voice of America.
El edificio se derrumbó por la explosión y murió junto a cinco
voluntarios de esta institución. Su compañero, el periodista Abdulkadir
Mohamed Abdulle, sobrevivió porque en ese momento había bajado al coche a
buscar un cargador, aunque sufrió heridas graves y está recibiendo
atención médica en Turquía junto a otros 34 heridos.
“Hacemos todo este trabajo online para conseguir apoyos tanto a nivel local como externos”, asegura Abdihakim Ainte, uno de los coordinadores de Gurmad252, en una reciente entrevista a Africanews.
En esa conversación no ocultaba que uno de sus principales objetivos es
llamar la atención del mundo sobre un atentado que todavía conmociona a
Somalia. Desde su creación al día siguiente del ataque terrorista, esta
iniciativa no ha dejado de recibir apoyos, incluso del propio
presidente del país, Mohamed Abdullahi Mohamed, alias Farmajo,
quien se desplazó a su centro de operaciones para expresarles su
gratitud por el trabajo realizado. Su tarea se complica aún más debido a
la escasa penetración de Internet en Somalia, aunque han lanzado
etiquetas como #iamMogadishu o #gurmadqaran para promover el envío de
ayuda.
Suleemaan Nuur Cali oo ah 29 jir,
wuxuu ahaa dadka gawaarida rara,
oo taagnaa isgooyska Zoobe, waxaa la waayey nolol iyo geeri, fadlan
cidii hesha dhawaciisa ama geeridiisa hana soo gaarsiiso xogtaasi , si
aan ehelkiisa u gaarsiino.Suleiman Nuur Ali, desaparecido.
Gurmad252 se ha hecho eco de la desesperación de Omar Haji Mohamed,
cuya mujer e hijo se encontraban en la zona del ataque y lleva desde
entonces recorriendo los hospitales en su busca. Y también del fallecimiento de dos estadounidenses de origen somalí,
Mohamoud Elmi, de Ohio, y Ahmed Abdi Karin Eyow, de Minnesota, quienes
fueron despedidos en un emotivo funeral en su país
.
Ilaah baa mahad leh Sumaya Cali Mire waa ay bad qabtaa. Sumaya Ali Mire, encontrada a salvo
Pero entre las
historias más dramáticas que han podido recuperar se encuentra la de quince alumnos de Primaria
que volvían de la escuela en un autobús y que murieron en el acto al
hallarse muy cerca de la explosión, según confirmó Abdulkadir Aden,
responsable del servicio de ambulancias Aamin.
Precisamente esta organización, creada por un activista sueco-somalí y
un novelista británico-somalí, presta desde hace años primeros auxilios y
transporte sanitario gratuitos a los somalíes víctimas de la violencia.
En la actualidad han puesto en marcha una campaña internacional de recogida de fondos para apoyar a los voluntarios sobre el terreno que está a punto de alcanzar su objetivo de 31.000 euros.
“Son los Gobiernos de Qatar y de Arabia Saudita los que han financiado al Estado Islámico”, resalta el fundador de Wiki Leaks.
El fundador de Wiki Leaks, Julian Assange,
revela en una entrevista en exclusiva con el periodista australiano
John Pilger un correo electrónico demuestra que quienes financian al
ISIS son los mismos que los que financian la Fundación Clinton.
El correo fue enviado por Hillary Clinton a su jefe de campaña, John Podesta, donde la entonces candidata a la presidencia de Estados Unidos manifiesta que el actual Estado Islámico es financiado por los gobiernos de Arabia Saudí y Qatar, y no por “algún príncipe canalla" que "utiliza el dinero del petróleo para eso pero que, en realidad, su gobierno no está de acuerdo”.
“Son los Gobiernos de Qatar y de Arabia
Saudita los que han estado financiando al Estado Islámico”, según
Asssange desprende de ese correo.
En la entrevista con el fundador de
WikiLeaks, de noviembre de 2016, Assange agrega que “el dinero catarí y
saudita está repartido por todas partes, incluyendo muchos medios de comunicación”.
Assange señala a Hillary Clinton como un elemento central y representativo del ‘establishment’
estadounidense o el llamado consenso de Washington y sus influencias:
“Ella es un centralizador.
Hay un montón de engranajes en el mecanismo:
desde los grandes bancos, como Goldman Sachs, hasta los elementos
principales de Wall Street, pasando por los servicios de inteligencia,
personal del Departamento de Estado, los sauditas, etc.”, asegura.
Otro correo filtrado demuestra que la Fundación Clinton recibió un millón de dólares de Qatar. Dicha Fundación no informó inicialmente al Departamento de Estado, según informó Reuters.
Según se desprende de un correo electrónico, Qatar prometió ese dinero en 2011 para el 65.º cumpleaños de Bill Clinton, y solicitó reunirse con el expresidente estadounidense en persona al año siguiente para entregarle un cheque.
El terrorismo golpea Barcelona: 13 muertos por un atropello masivo en la Rambla
Una furgoneta de color blanco ha irrumpido a primera hora de la tarde en La Rambla desde la confluencia con la plaza de Cataluña, una zona atestada de turistas El balance oficial provisional es de 13 víctimas mortales y más de 50 heridos. Hay dos detenidos.
Una furgoneta ha atropellado en la tarde de este jueves a decenas de personas en la Rambla de Barcelona, han confirmado los Mossos d'Esquadra. Según la policía catalana, varias personas han resultado heridas en este atropello masivo. Los Mossos d'Esquadra y los equipos de emergencias sanitarias han desplegado un amplio dispositivo en esta zona, en el centro turístico de la capital catalana, frecuentada a diario por miles de turistas, y que ha quedado acordonada...
El presidente ejecutivo de LafargeHolcim, Eric Olsen, dejará la
compañía en julio, después de que la mayor cementera del mundo haya
admitido que pagó a grupos armados, entre ellos el Estado Islámico, para mantener operando una fábrica en Siria en medio de la guerra.
Una investigación interna independiente halló que los pagos hechos a
intermediarios por protección para mantener abierta la planta de
Jalabiya, al norte de Siria, no estaban en línea con las políticas de la
empresa. “Se cometieron errores significativos de juicio, contraviniendo el código de conducta aplicable”, dijo la compañía, que añadió que la pesquisa no determinó que Olsen sea responsable de infracción alguna.
Olsen, que encabeza la empresa desde su creación tras una fusión hace
dos años, dijo que dejará el cargo a partir del 15 de julio. “Aunque
yo no estuve involucrado y ni siquiera me enteré de ninguna
irregularidad, creo que mi partida contribuirá a devolver la serenidad a
una compañía que ha estado expuesta durante meses por este caso”, dijo Olsen, en un comunicado.
La fiscalía francesa también está investigando las actividades del
grupo en Siria. Dos organizaciones de derechos humanos presentaron una
demanda en París contra Lafarge, diciendo que parte de su trabajo en Siria podría haberla hecho cómplice en el financiamiento de Estado Islámico y en crímenes de guerra. La dimisión de Olsen puso de relieve los dilemas que enfrentan las empresas cuando trabajan en zonas de conflicto.
El informe hizo énfasis en el caos que se vivía en Siria en 2013 y en
la evacuación de la planta en septiembre de 2014, y agregó que los
gerentes locales de la empresa creían que estaban actuando de acuerdo al
interés de la compañía y de su personal tratando de mantener la planta
abierta.
El 27 de marzo de 1977, el aeropuerto tinerfeño de Los Rodeos fue escenario de la peor catástrofe aérea de la Historia,
con un saldo de 583 personas muertas. La concatenación de una serie de
catastróficas desdichas (malas condiciones atmosféricas, interferencias
en las comunicaciones o la ansiedad de uno de los pilotos) acabaron
provocando un choque entre dos enormes aparatos Boeing 747.
Sin embargo, se suele pasar de puntillas sobre la más insidiosa e
incómoda causa: el atentado con bomba contra una floristería perpetrado
por un grupo terrorista canario que desató un letal efecto mariposa.
España era en 1976 una nación convulsa que daba sus
primeros y titubeantes pasos hacia la libertad, pero siempre al borde de
una violenta regresión democrática. En aquel ambiente crispado, caldo
de cultivo para grupos guerrilleros de diverso pelaje, nacieron las Fuerzas Armadas Guanches (FAG), el brazo armado del grupo independentistaMPAIAC (Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario) fundado por el abogado tinerfeño Antonio Cubillo (1930-2012) .
Las FAG llevaron a cabo entre 1976 y 1977 una serie de atentados terroristas, usando principalmente dinamita obtenida de minas, que se saldaron en principio con una única víctima mortal en 1978: Rafael Valdenebros Sotelo, un artificiero de la Policía Nacional al que le estalló la bomba que intentaba desactivar en una sucursal del bancaria en La Laguna (Tenerife).
Atentado en la floristería
Decimos en principio ya que hace dos años, el Tribunal Supremo avaló que la catástrofe aérea de Los Rodeos fue causada por un atentado de las Fuerzas Armadas Guanches. El 27 de marzo de 1977, en el Aeropuerto de Gando (Las Palmas de Gran Canaria ), la explosión de una bomba colocada en el interior de un maletín que había sido abandonado junto a una inocente floristería, desató el pánico.
“Aquello fue algo
terrible; la humareda envolvió de inmediato toda la planta primera en la
que había sido colocada la bomba e impedía la visibilidad. La gente
estaba como loca. Unos corrían de un lado para otro mientras que otros
rodaban por el suelo. Se produjeron también ataques de histerismo y la
confusión fue total.”El País
Hubo siete heridos, entre ellos la dependienta de la floristería
y el propio jefe del aeropuerto. Por si aquello fuera poco, entre todo
el estropicio una llamada anónima avisaba de la colocación de un segundo explosivo.
Las autoridades decidieron cerrar el aeropuerto de Gran Canaria por
unas horas y dispusieron que los vuelos que se dirigían hacia allí
fuesen desviados al de Los Rodeos, en Tenerife. La mariposa del caos habían empezado a aletear… y se preparaba una terrible tormenta.
Una consecuencia catastrófica
Según la mismísima Wikipedia, el aeropuerto de Los Rodeos tenía una sola pista de despegue, no estaba dotado con radar de tierra,
algunas luces de la pista estaban estropeadas y sus controladores no
estaban acostumbrados a tantos aviones como los que llegaron tras el
atentado en Gran Canaria. Era domingo y solo había dos de ellos de
turno.
Hacia este escenario ominoso se dirigieron dos Jumbos-747. Uno de la desaparecida compañía norteamericana Pan Am y otro de la holandesa KLM. Entre ambos, 644 seres humanos a bordo. Como detallaría La Vanguardia en 2012, una serie de fatales coincidencias parecieron confabularse contra ellos.
Por un lado, el colapso en Los Rodeos exigió de los
dos aparatos que se dirigiesen a la posición de despegue por la pista
principal. En cabeza el de la KLM y por detrás, a unos cientos de
metros, el de la Pan Am, que se veía obligado a abandonarla para
continuar por la pista auxiliar.
La niebla de las montañas circundantes empeoró la visibilidad de los pilotos y los controladores de la torre. Repetimos: no había radar de tierra.
El comandante holandés, Velthuyzen van Zauten , tenía
prisa por llegar a las Palmas. Le quedaba poco tiempo para superar el
límite máximo de sus horas de vuelo y si lo sobrepasaba, se vería
obligado a suspender el vuelo a la capital grancanaria. KLM tendría que cubrir los gastos de alojamiento y manutención de los turistas holandeses, inquietos por tostarse al sol de las islas.
Publicidad de KLM de la época, con Velthuyzen van Zauten en primer plano.
Las conexiones de radio con la torre de control fallaron
más que una escopeta de feria. Las conversaciones se solaparon y una
interferencia durante momentos decisivos en la maniobra de despegue del
KLM llevaron al accidente. Un controlador, al pedir el piloto holandés
el permiso para iniciar la carrera de despegue, le dijo: “OK, espere para despegar, le llamaré”. El de los Países Bajos solo acertó a oír el “OK”, por lo que aceleró hacia el infierno. Tampoco oyeron en el avión de la KLM los mensajes desde el aparato de Pan Am comunicando que estaban todavía en la pista.
Los norteamericanos, por su parte, también andaban algo perdidos.
Se les había indicado desde la torre que dejasen la pista principal por
la tercera, pero el piloto entendió que se referían a la tercera en servicio (la primera estaba inutilizada).
El Jumbo de la KLM intentó levantar el vuelo en cuanto tuvo contacto visual con el de la Pan Am. Era demasiado tarde. Un ala colisionó contra el avión estadounidense.
El aparato de KLM cayó sobre la pista unos cientos de metros más adelante. Acababa de repostar y cargaba 55.000 litros de combustible que lo convirtieron en cuestión se segundos en una gigantesca pira funeraria.
Fallecieron sus 248 ocupantes. Por otro lado, un agujero en el fuselaje
del aeroplano norteamericano permitió que escaparan con vida de su
interior 70 pasajeros. El resto del pasaje murió en el incendio.
Antonio Cubillo, recogía El País, reivindicó el atentado de Gando desde su cuartel general en Argel.
“Canarias se encuentra en estado de guerra desde el primero de noviembre. Hemos advertido a todos los turistas que no vengan a las islas mientras no se alcance la independencia y se normalice la situación”.
¿Y qué pasó con… Antonio Cubillo?
El 5 de abril de 1978, Cubillo fue víctima del terrorismo de estado en un atentado frustrado
en la capital de Argelia, cuando fue apuñalado por dos mercenarios. Usó
muletas el resto de su vida. En el años 2003, la Audiencia Nacional aprobó indemnizarle con 150.203,03 €. Murió en 2012.
La chica de las flores
Las secuelas de la bomba de Gando impidieron volver a caminar a Marcelina Sánchez Amador, ocasionándole recurrentes ingresos hospitalarios e intervenciones quirúrgicas. La Opinión de Tenerife informó el pasado año que casi cuatro décadas después del atentado, el Ministerio del Interior la reconocía como víctima del terrorismo y la indemnizaba con 100.000€. Ella no pudo disfrutarlos. Había muerto en julio de 1993, a los 41 años.
La European Physical Society es una organización sin ánimo de lucro
cuyo propósito es promover la física y la labor de los físicos en
Europa. Fue creada en 1968 y entre sus miembros se incluyen las
sociedades nacionales de física de 41 países, y unos 3200 miembros
individuales. Esta asociación científica acaba de publicar en
su revista, European Physics News, un artículo firmado por un grupo de
científicos, ingenieros y arquitectos -Steven Jones, Robert Korol,
Anthony Szamboti y Ted Walter-, donde se asegura que el derrumbe de los
tres edificios del World Trade Center en los atentados del 11S fue un
caso de demolición controlada.
El artículo de estos científicos señala que en agosto de 2002, el
Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), una institución
del gobierno de EEUU, inició lo que se convertiría en una investigación
de seis años sobre el derrumbe el 11 de Septiembre de 2001 de las dos
Torres Gemelas o World Trade Center (WTC) y el menos conocido colapso del Edificio 7 del WTC, que no fue alcanzado por ningún avión.
El NIST condujo las investigaciones en base a una premisa: que las
caídas de las Torres Gemelas y del WTC 7 eran los únicos casos conocidos
de total colapso estructural de rascacielos a causa del fuego.
Ciertamente, nunca antes del 11-S se había producido un colapso total de
un rascacielos con estructura de acero, con la excepción del terremoto
de México de 1985, que produjo la caída de un edificio de edificio de 21
plantas, aunque los defectos en su construcción explican probablemente
tal caída.
Los expertos norteamericanos del NIST señalaron tras varios años de
investigación y de posponer sus conclusiones que el fuego causado por la
explosión del combustible de los aviones había provocado el colapso de
los edificios. Sin embargo, quince años después del evento, un creciente
número de físicos, arquitectos e ingenieros rechazan esta explicación.
En primer lugar los edificios con una estructura de acero han
soportado grandes incendios sin caer por cuatro principales razones:
1) Los incendios no generan temperaturas lo bastante elevadas
como para calentar las grandes estructuras hasta el punto de hacerlas
colapsar, además de no durar lo suficiente para ello. Según los
datos, en el caso del WTC, el factor de seguridad era de 3 o mayor, lo
que requeriría un calor de 660ºC al menos para provocar el derrumbe.
2) La mayor parte de los rascacielos tienen sistemas de
supresión de incendios como rociadores de agua, que impiden a aquellos
liberar la suficiente energía como para calentar el acero hasta un punto
crítico.
3) Las partes estructurales están protegidas por materiales resistentes al fuego, que están diseñados para impedir a éste alcanzar temperaturas lo suficientemente altas para producir un colapso.
4) Los rascacielos con estructura de acero son sistemas altamente resistentes.
De este modo, si se produce un fallo localizado, esto no lleva al
colapso de toda la estructura. A lo largo de la historia, se conocen
tres rascacielos que sufrieron colapsos parciales debido a incendios,
pero ninguno de ellos llevó a un colapso total del edificio. Otro número
incontable de rascacielos han sufrido incendios enormes y de larga
duración sin sufrir siquiera colapsos parciales. Los grandes edificios
están también preparados para resistir terremotos y huracanes. El acero
es tanto fuerte y resistente como dúctil y esto le permite, a diferencia
del cemento, resistir las grandes presiones.
Las Torres Gemelas habían sido diseñadas específicamente para resistir el impacto de un gran avión de pasajeros,
como explicó el principal ingeniero de su estructura, John Skilling, en
una entrevista con el Seattle Times tras el atentado con bomba contra
el WTC en 1993. “Nuestros análisis indicaron que el principal problema
sería que todo el combustible del avión entraría en el edificio y se
produciría así un horrendo incendio. Mucha gente moriría”, dijo. “Sin embargo, la estructura del edificio continuaría allí”.
Por contra, las Torres Gemelas sufrieron un total colapso, y no una de
ellas, sino las dos y con muy poco tiempo de diferencia.
Skilling afirmó que el único mecanismo que podría derribar las Torres
Gemelas era una explosión interna controlada. Estas explosiones
cortarían las columnas de acero en una área lo suficientemente amplia
como para causar el derrumbe del edificio. Esta técnica requiere
la destrucción, en primer lugar, de las columnas centrales para hacer
que el edificio se derrumbe hacia abajo y hacia su interior, un fenómeno
llamado “implosión”.
El colapso del Edificio 7 del WTC -que no fue alcanzado por
ningún avión- reviste un especial interés porque tiene todos los signos
de una implosión. El edificio de 32 metros (8 pisos) se derrumbó
totalmente en 2,25 segundos de caída libre. Él cayó de una forma
simétrica. Su marco de acero se destruyó casi totalmente y se depositó
en la base del edificio. El NIST concluyó, sin embargo, que el
colapso fue causado por incendios. El NIST ignoró todas las evidencias
que refutaban sus conclusiones, ya determinadas de antemano. Ellos
negaron también la caída libre del edificio. Sólo después de ser
desafiados por físicos como David Chandler y Steven Jones, que midieron
la caída en vídeo, el NIST reconoció que se había producido una caída
libre en 2,25 segundos.
En lo que se refiere a las Torres Gemelas, numerosos científicos
preguntaron al NIST cuál era la causa de que, según su teoría, las
partes bajas de los edificios no hubieran frenado o ralentizado la caída
de las superiores, donde se había producido el incendio que, según el
NIST, había producido el colapso. Su respuesta fue que era “incapaz de
proporcionar una explicación plena sobre el colapso total de los dos
edificios”. Sus computadores no fueron capaces de replicar una caída
igual en base a los datos de la teoría del NIST.
El NIST afirmó que la presencia bien documentada de metal derretido
de color naranja que se ve saliendo de las torres en los siete minutos
antes de su colapso era aluminio del avión combinado con material
orgánico, pero, sin embargo, los experimentos han demostrado que el
metal derretido naranja emana de una “reacción de termita” que se
utiliza para debilitar una estructura antes de una voladura.
El director novel francés Jean-Gabriel Périot presenta un documental que
explica la evolución ideológica de la RAF desde sus años
sesentayochistas hasta la vía terrorista
El Festival de Kustendorf se celebra cada
año en las montañas de Mokra Gora, en el pequeño pueblo de Drvengrad.
Originalmente el decorado de una película de Emir Kusturica,
promotor de las jornadas, en la actualidad es la recreación de un
arcaico pueblo de montaña decorado al gusto del director. Hay pintadas
de Fidel Castro, plazas del Che Guevara, Maradona tiene una plaza, hay una cárcel en la que se encuentran presos George Bush JR y el ex secretario general de la OTAN Javier Solana...
En este contexto, raro sería que el festival anual de cine, que en esta edición reunió a grandes figuras europeas como Matteo Garrone o Jacques Audiard,
no cuente también con un apartado titulado "Descolonizando el cine"
para películas y documentales comprometidos ideológicamente.
Entre otros, este año se proyectó una biografía de Thomas Sankara, presidente comunista de Burkina Fasso, y 'A German Youth', del francés, Jean-Gabriel Périot,
la historia del grupo terrorista alemán Baader Meinhof a partir de
imágenes de archivo anteriores a su actividad armada, cuando solo eran
estudiantes que cometían acciones y protestas simbólicas, además de una
intensa producción cinematográfica.
Estas
protestas pacíficas derivaron, tras la decepción del 68, en acciones
violentas, por eso es preciso comentar el documental empezando por el
final, donde Périot añadió imágenes de 'Alemania en otoño', la película de Rainer Wender Fassbinder
sobre el terrorismo de aquellos años en la que le director alemán
incluía unas escenas en las que entrevistaba a su propia madre.
Hay
que recordar que a la amenaza terrorista de la Baader Meinhof-Faccion
del Ejército Rojo (RAF), el gobierno de Alemania Federal respondió con
toda la contundencia posible. Durante el secuestro Hanns Martin Schleyer,
ex oficial de las SS que en 1977 ostentaba el cargo de secretario de la
patronal de la industria alemana, y el de un avión de Lufthansa en
Palma de Mallorca, los líderes de la RAF cometieron un presunto suicidio
colectivo en la cárcel. Un año antes, Ulrike Meinhoff también se había ahorcado en su celda de aislamiento.
La
polémica siempre ha rodeado esos presuntos suicidios. Uno a puñaladas,
otro de un disparo, etcétera. La única superviviente del "suicidio"
colectivo, Irmgard Moller, declaró cuando salió de la cárcel
-ella sobrevivió a su "suicidio" a puñaladas con un cuchillo de cocina-
que se había tratado de una serie de ejecuciones extraoficiales.
El interés de la escena de la película de
Fassbinder al final del documental, en el que el espectador puede
entender con facilidad cómo estos estudiantes y el gobierno alemán
fueron intercambiando golpes cada vez más desproporcionados, reside en
que el director alemán pone la única nota de lucidez en toda la
historia. Le pregunta a su madre por qué se debe combatir una amenaza a
la democracia con artes no demócratas. Ahí la madre se bloquea.
Su
opinión, balbuceante, es que hay que tener mano dura cueste lo que
cueste y además, que más que democracia lo que a ella le gustaría es un
líder autoritario, pero bueno. La escenificación, que a priori podría
parecer un retrato ventajista, se ve acompañada por vídeos que ha
rescatado Périot de la opinión pública alemana aquellos días de 1977. La
gente entrevistada por la calle por un reportero, ignorando cualquier
compostura de corrección política, explica qué harían ellos con los
terroristas: asesinarlos uno por uno de diferentes formas es la tónica
común. Mención aparte merece una señora que explica que los inocentes secuestrados, los rehenes, deberían ser sacrificados por el bien común que sería asesinar cuanto antes a los terroristas.
Volviendo a los años 60, el origen del
movimiento, el trabajo de documentalista de Périot, muestra de manera
excelente la evolución de estos jóvenes alemanes, de la protesta más
festiva que otra cosa en los años anteriores al 68 a la deriva violenta e
inconcebible a día de hoy.
Ulrike Meinhof
aparece en debates en medios de comunicación en los que comenta que los
padres han perdido la autoridad en Alemania, ya que su legado no era
otro que el nazismo. Los estudiantes se involucraban en protestas de
carácter sindical propias de una economía industrial en expansión. Al
igual que ocurría en España durante los años de la burbuja inmobiliaria y
las obras faraónicas, las noticias diarias eran un goteo constante de
trabajadores heridos o muertos en accidentes laborales. Las medidas de
seguridad brillaban por su ausencia, así como la situación contractual
legal, cuando no se trataba expresamente de trabajadores inmigrantes en
situación irregular.
Esto ocurría en la España de cambio de siglo, qué no ocurriría en la
Alemania de los 60. Como cuentan estos vídeos, no se aplicaba la
legislación de seguridad y si algún trabajador tenía un accidente, no
era extraño que en el juicio posterior fuera él declarado culpable e
incluso responsable del accidente. Tras el relativo fracaso de las
campañas que se realizaron para exigir que la legislación velara por la
seguridad de los obreros en el tajo, Ulrike entrevista a un líder
sindical en un vídeo de este documental en el que él mismo concluye:
"Desde luego con palabras bonitas no lo vamos a conseguir [revertir esta
situación]".
En otras de las grandes polémicas de los
años estudiantiles, el documental muestra como la televisión alemana
cubrió las protestas contra la visita del Sha de Persia a Alemania. Un
grupo de iraníes, armados con palos, atacó a los manifestantes. La
televisión, en ese instante, informó de que las agresiones entre ambos
bandos habían sido inevitables, cuando ahí solo había un grupo de
personas dando palazos a la multitud. Entonces intervenía la policía
para separarlos, cargando de nuevo contra la multitud. Habría sido un
incidente más de no ser porque una joven, que acudía aquel día a su
primera manifestación, fue asesinada de un disparo en la cabeza.
Estas
tergiversaciones mediáticas obsesionaban a los estudiantes que luego
formaron la RAF. Cuando antes de coger las armas creían que con cámaras
de cine cambiarían el mundo, rodaban multitud de películas -de nuevo
rescatadas por Périot-, criticando salvajemente a los medios,
especialmente los de Alex Springer, quien actualmente es
propietario de un 25% de la prensa europea. El cortometraje más
edificante es uno en el que se emplean estos diarios como papel del
baño. Graciosamente, este tipo de acciones que un día los integrantes de
la RAF consideraron naíf al lado del delirio de tomar las armas, son a
día de hoy, en forma de meme o de tuit, lo que más preocupa e inquieta
al establisment, que no ve la forma todavía de tacharlas de terroristas.
Ironías pacifistas.
Pocos gobiernos se han beneficiado tanto, han enarbolado tanto el
mantra de la “lucha contra el terror” como los de Oriente Medio y Norte
de África
Arabia Saudí ejecuta a 47 personas condenadas por terrorismo
EFE
“Si te quieres librar de alguien, primero etiquétalo
como ‘terrorista’. A continuación procede a “luchar contra el
terrorismo. El mundo te lo agradecerá”, dice el activista de Emiratos
Árabes Unidos Iyad al-Baghdadi
en uno de sus mensajes de Twitter. “Etiqueta a toda la oposición como
terroristas, y a continuación declara la guerra contra el terror”. “Da
un toque de terrorismo a tu país, y procede a gobernarlo para siempre”.
La lista sigue bajo la etiqueta “Manual del Tirano Árabe”,
donde él y otros usuarios comparten comentarios sobre el comportamiento
de los gobiernos árabes y sus tácticas, con la “guerra contra el
terror” en el centro.
Pocos gobiernos se han
beneficiado tanto, han enarbolado tanto el mantra de la “lucha contra el
terror” como los de Oriente Medio y Norte de África, región contra la
que se acuñó el concepto en 2001, tras los ataques contra el World Trade
Center de Nueva York el 11 de septiembre. La administración Bush lideró
aquella ofensiva internacional que decía querer acabar con el
terrorismo de inspiración yihadista, y el enemigo fue bautizado como el
“eje del mal”, que abarcaba un grupo difuso de países de la región
árabo-islámica, con Irak como objetivo directo. Bajo ese paraguas se
justificaron entonces bombardeos, invasiones, ocupaciones, violaciones
de los derechos derechos humanos y de la legalidad internacional en la
región, y ese mismo paraguas sirve hoy a los gobiernos de esos países
tanto para el avance de sus agendas geoestratégicas como en la represión
de sus poblaciones.
Irán y Arabia Saudí, capitanes de la “guerra contra el terror”
“Gobiernos de todo el mundo, y en especial los de Oriente Medio y Norte
de África, usan la 'guerra contra el terror' para justificar sus
propios fracasos y encubrir sus violaciones de los derechos humanos”,
asegura Raed Jarrar, responsable de relaciones gubernamentales del
American Friends Service Committee en conversación con eldiario.es.
Dice luchar contra el terror la monarquía al Saud que gobierna en
Arabia Saudí, y que el 2 de enero ejecutó a 47 activistas acusados de
terrorismo, entre ellos el jeque Nimr Ali Nimr, conocido por su apoyo de
las manifestaciones pacíficas de 2011. Salían inmediatamente en defensa
de los al Saud Emiratos Árabes Unidos y el resto de países del consejo de Cooperación del Golfo, todos repitiendo al unísono la necesidad de “luchar contra el terrorismo”.
Una lucha contra el terrorismo que no sólo es doméstica, sino que
también ha servido de paraguas para intervenciones militares como la
liderada por Arabia Saudí en Yemen.
También dice luchar contra el terror el gobierno de Irán, que en seis meses de 2015 ejecutó a más de 700 personas
despreciando las mínimas garantías judiciales, como condena Amnistía
Internacional. En la guerra contra el terror enmarcan las autoridades
iraníes su intervención en Siria y su apoyo militar, económico y
estratégico al gobierno de Bachar al Asad, responsable de la represión
de manifestantes pacíficos en 2011, del asesinato de miles de civiles y
del incendio que vive el país. Si el asesinato de Nimr y el resto de
ejecutados en Arabia Saudí responde a esa política sectaria con la que
la monarquía Saud defiende su feudo, las condenas del régimen iraní de
esas ejecuciones responden también a una lectura sectaria, incitando a
la lucha contra el enemigo sunnita y avivando el incendio en la región.
Irán y Arabia Saudí encabezan un enfrentamiento por la hegemonía
regional que avanza mediante el sectarismo religioso que fomentan ambas
potencias. Ambas silencian a sus poblaciones y aniquilan cualquier forma
de disidencia doméstica, a la vez que se posicionan con dictaduras o
levantamientos populares en función de sus intereses. Desde Siria hasta
Bahréin, pasando por Líbano, Egipto, Yemen o Palestina, cada paso que
dan Irán y Arabia Saudí, cada alianza que firman, busca equilibrar la
balanza en su favor. En ese tablero sunnita-chiíta en el que ambas
potencias han convertido la región, la “guerra contra el terror” se ha
convertido en la herramienta más eficaz para avanzar sus agendas.
No hay gobierno en la región que no impregne sus discursos del mantra de lucha contra el extremismo
Irán y Arabia Saudí son las cabezas más visibles de ese conflicto con
el que cada potencia busca defender sus intereses, pero no son las
únicas. La bandera de la “guerra contra el terror” que tanto ha
contribuido a aumentar el umbral de la impunidad la enarbolan
prácticamente todos los gobiernos de Oriente Medio y Norte de África,
hasta el punto en que ha llegado a convertirse en un comodín, una frase
hecha que como un resorte acompaña cualquier acto de represión doméstica
o intervención geoestratégica.
Ya en 2011, activistas sirios se burlaban del uso del término terrorista
en la propaganda oficial del régimen de Bachar al Asad. Entre marzo y
junio de 2011, cuando la manifestaciones eran sólo pacíficas y las
proclamas eran de libertad y justicia, las autoridades sirias ya
acusaban a los manifestantes de terroristas y enmarcaban su represión de
la población en la “lucha contra el terror”. En ese mismo período, a la
vez que detenían y asesinaban a niños como Hamza al Khatib y a líderes
del movimiento de la no violencia como Ghiath Matar,
las autoridades sirias liberaron a decenas de antiguos combatientes
extremistas para infiltrar esas manifestaciones pacíficas y derivarlas
hacia una rebelión armada que legitimase la detención, tortura y
asesinato de activistas y sus medidas “contra el terror”. “El régimen no
sólo abrió las puertas de la cárcel a extremistas, sino que les
facilitó el trabajo de creación de brigadas armadas”, declaraba un antiguo miembro
de los servicios de inteligencia militar sirios. Hoy, mientras la
población de Mazaya muere de hambre bajo el asedio de Hezbollah y las
autoridades sirias, y mientras pacifistas como Bassel Khartabil
continúan desaparecidos, Asad se postula como azote de Daesh – el
llamado Estado Islámico o ISIS – en la coalición internacional “contra
el terror”.
En Iraq, primero al Qaeda y luego el
surgimiento de ISIS han servido también de marco al gobierno para
posicionarse como garante de la defensa de la seguridad del país y de la
región. Bajo la sombra de EEUU, que no ha dejado de condicionar la
conformación del gobierno y sus decisiones sobre el terreno, el primer
ministro hasta 2014 Nuri al Maliki recrudeció sus políticas contra la
disidencia. “Se acumulan las denuncias contra las fuerzas iraquíes y las
milicias financiadas por el gobierno por crímenes contra la humanidad”,
dice Raed Jarrar. “Tortura, limpieza étnica y ataques deliberados
contra la población civil, todo en nombre de la lucha contra el terror”.
Aliado por un lado de EEUU y, en un enrevesado equilibrio, también de
Irán, el gobierno de al Maliki centró su represión en la población de
confesión sunní, alimentando una guerra civil que reforzó a al Qaeda y
contribuyó al crecimiento de Daesh. “Hubo esperanzas de que esto
cambiara con la salida de al Maliki, pero el patrón de abusos se ha
mantenido con el primer ministro Haidar al Abadi, e Iraq es hoy uno de
los países más corruptos y disfuncionales del mundo”, añade Jarrar.
No deja de luchar contra el terror, tampoco, el Gobierno de Al Sisi,
que en 2013 llegó al poder tras un golpe de estado que derrocó al
Gobierno de Morsi, ganador de las elecciones un año antes. Tras el
golpe, declaró terrorista a la organización de los Hermanos Musulmanes, y
desde entonces llama a otros países
a apoyar a su gobierno en la “lucha contra el extremismo”. Tanto las
condenas a muerte masivas en febrero de 2015 como la represión de los
residentes sirios y palestinos, o la detención de activistas como Alaa Abdel Fattah,
se enmarcan también, a través de declaraciones oficiales y medios
afines, en la defensa de la seguridad nacional e internacional frente a
los terroristas.
La retórica de la guerra contra el terror se recrudeció tras las revueltas árabes
La retórica de la guerra contra el terror, heredada de la
administración Bush por los gobiernos de la región, no ha dejado de
consolidarse en la última década, pero se recrudeció tras las revueltas
árabes, cuando la ciudadanía de la región tomó las calles para expresar
su hartazgo con dictaduras de décadas y reclamar cambios. Esas
primaveras marcaron un antes y un después para los gobiernos represivos,
que ante el temor a nuevos estallidos reprimen cada vez con más dureza a
sus poblaciones y encuentran en el miedo al terrorismo de inspiración
yihadista el marco perfecto para sofocar cualquier forma de disidencia.
El Gobierno de los Jalifa en Bahrein, Gadafi en Libia, Ben Ali en
Túnez, ya apelaban a la necesidad de luchar contra el extremismo
mientras los rodeaban manifestantes desarmados. También el gobierno de
Erdogan se ha servido de esa retórica tanto en sus medidas frente a las
protestas de la población como en el marco de su lucha geoestratégica y
sus intentos de sofocar una victoria kurda. No hay gobierno en la región
que no impregne sus discursos de ese misma consigna de defensa de la
seguridad nacional y protección frente al terror y el extremismo,
mientras avivan ese mismo terror con sus violaciones de los derechos
humanos.
También Israel, que avanza en su
colonización de lo que queda de la Palestina histórica, apela a esa
retórica en su represión de las protestas contra la ocupación. “La
batalla contra el terrorismo será larga, y requiere paciencia, valor y
persistencia,” declaraba Netanyahu
en noviembre de 2015, en plena escalada de violencia que los medios
bautizaron como “Intifada de los Cuchillos”, y a la que Israel se
refiere como “Ola de Terror”.
Ante la expansión de
Daesh, las potencias regionales se han recrudecido en esa retórica, a la
vez que lo han hecho también Rusia y EEUU. Todos dicen luchar contra el
terror, incluso Donald Trump, que llegó a plantear como medida el no
dejar entrar a musulmanes en EEUU.
Pero a Daesh, que
se nutre del terror de estos gobiernos, no se le vencerá con más
violencia, más vigilancia masiva, más abusos, más bombardeos contra la
población civil. La espiral de impunidad no servirá para poner freno al
avance del terrorismo de este grupo, de los que lo preceden ni de los
que lo sucederán. El debilitamiento del terror en la región, y en el
resto del mundo, dependerá de la capacidad de deconstruir las narrativas
del terror – las de grupos como Daesh y las de los gobiernos – y de
generar respuestas que atajen las causas de la violencia. No de avivar
el fuego con más fuego.
El ataque duró 12 horas. Isidro Gabriel Sanmartín estuvo tres horas desangrándose en el patio ante la pasividad de los agentes afganos. Su colega Jorge García Tudela fue asesinado antes en su habitación.
Uno de los heridos en el atentado en Kabul. Shah Marai / AFP
Dos policías españoles fueron asesinados este viernes durante el
ataque contra la embajada española en Kabul. Un coche bomba reventó la
puerta y al menos cuatro asaltantes entraron en el interior del complejo
por una brecha en el muro sembrando el terror durante la noche. Esto es
lo que sabemos hasta ahora del ataque. Lo que sabemosCómo murieron los dos policías. El
ataque contra la embajada española empezó cinco minutos antes de las
seis de la tarde de Kabul cuando un terrorista suicida estrelló un coche
bomba contra uno de los muros de la legación. Por el hueco se coloraron
otros tres asaltantes, que entraron armados en el complejo y sembraron
el terror hasta que fueron abatidos al amanecer.
Durante el
ataque fueron asesinados dos policías españoles: el granadino Jorge
García Tudela y el leonés Isidro Gabriel Sanmartín. Al primero lo
mataron al entrar en su habitación, que estaba en la planta baja del
edificio. Su compañero Sanmartín salió a ver si lo encontraba y fue
abatido a tiros en el patio de la embajada, donde los talibanes lo
dejaron agonizando con la intención de disparar contra quien fuera a
rescatarlo.
Un tercer policía español intentó convencer a los
agentes afganos de que debían salir a rescatar a Sanmartín, que estuvo
gritando en el patio durante tres horas. Los afganos le dijeron que
fuera primero él, que conocía al herido. Cuando empezaron los disparos,
los afganos dejaron solo al español, al que los talibanes arrojaron una
granada que lo hirió un pie.
El agente logró sacar del ángulo de tiro al agente Sanmartín, que falleció unos minutos después.
"Detonaron un
coche bomba contra la puerta que arrasó media manzana y un minuto
después entraron al asalto", explica uno de los españoles que sobrevivió
al ataque talibán. "Nos refugiamos en el búnker aunque no era seguro
porque una de las puertas no cerraba por los daños de la explosión. Han
sido 12 horas esperando que entraran a rematarnos. Al final los
americanos los neutralizaron. Pero el ataque era contra nuestra embajada
y quien diga lo contrario miente".
Al menos 10 personas
murieron durante el ataque y nueve civiles fueron trasladados a un
hospital cercano. Los talibanes llegaron a disparar desde la azotea del
edificio y sabían cómo era el complejo por dentro. Los
supervivientes sospechan que alguien pudo hacer llegar información
detallada a los asaltantes sobre cómo es el interior de la legación.
El
policía José Manuel Sánchez Fornet ha colgado en su cuenta de Facebook
un testimonio de un policía que concuerda con la información recogida
por este periódico: "Han detonado un coche bomba contra la puerta que ha
arrasado media manzana y un minuto después han entrado al asalto. Han
ocupado los tejados. La embajada quedó destrozada. A Jorge [García
Tudela] lo mataron el primero porque su habitación está en la planta
cero. Nos refugiamos en el búnker aunque no era seguro porque una de las
puertas no cerraba por los daños de la explosión. Isidro [Gabriel
Sanmartín] y otro policía salieron a buscar a Jorge porque no contestaba
y posiblemente le dispararon desde el tejado. Allí quedó y no podíamos
salir porque tenían tomadas posiciones estratégicas en altura. Han sido
12 horas esperando que entraran a rematarnos. Al final los americanos
los neutralizaron. Pero el ataque era contra nuestra embajada y quien
diga lo contrario miente".
EL ESPAÑOL ha comprobado la veracidad de este testimonio.
Los talibanes disparaban constantemente durante el asedio y no tenían reparos en disparar también contra los dos muertos.
De
acuerdo con los testigos, el coche bomba usado durante el
ataque reventó la puerta de la embajada. Los talibanes llegaron
a disparar desde la azotea del edificio y sabían cómo era el complejo
por dentro. Las autoridades españolas sospechan que alguien pudo haber
pasado información detallada a los asaltantes sobre cómo es el interior
de la legación.
El rescate de los supervivientes. "Lo
que hemos vivido aquí es culpa de mucha gente", denuncia uno de los
supervivientes al ataque. "La embajada estaba aislada en la peor zona de
la ciudad y sin seguridad ninguna".
Policías y diplomáticos
fueron rescatados en torno a las seis y media de la mañana por soldados
americanos y por fuerzas especiales noruegas. Los testigos dicen que la
embajada parecía un campo de guerra. Había cadáveres y coches
calcinados. Las explosiones habían roto todo el perímetro.
Reuters
El embajador español, Emilio Pérez de Ágreda, se quedará por ahora en
Kabul. Los policías que sobrevivieron al asedio se encuentran en la
base militar de Kaia North, gestionada por la OTAN. Desde allí serán
trasladados a España en un avión Falcon. Varios miembros de los GEO
llegarán en las próximas horas a Kabul.
El director general de la
Policía, Ignacio Cosidó, asegura que ha hablado con los siete agentes
del Cuerpo Nacional de Policía que permanecen en Kabul y que forman
parte del equipo de seguridad de la embajada española en la capital
afgana. Dice que se encuentran bien y animados: "Todos bien. Defendieron
cómo héroes a España. Todos debemos estar orgullosos de ellos".
El
agente herido, que acompañó al policía fallecido Isidro Gabino hacia el
hospital, ya ha sido dado de alta y ha podido reunirse con sus
compañeros.
La reivindicación del ataque. El atentado lo reivindicó el talibán Zabihullah Mujahid en su cuenta de Twitter.
Cuándo empezó todo.
El asalto a la embajada española comenzó cinco minutos antes de las
seis de la tarde de Kabul, en torno a las dos y media en España. El
escenario fue el barrio de Sherpor, en el que se ubican diversas
representaciones extranjeras y edificios gubernamentales.
"Las
fuerzas especiales llegaron a la zona y ésta fue acordonada",
dijo Homayoon Aini, jefe de Emergencias del Ministerio de Interior de
Afganistán.
Las identidades de las víctimas. En el ataque fueron asesinados dos policías:
el leonés Isidro Gabino Sanmartín Hernández (48 años) y el subinspector
Jorge Garcia Tudela, nacido en Alzira (Valencia) y residente en
Granada.
La repatriación de Jorge e Isidro. El
ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, ha asegurado que ya está
disponible un avión del Ejército español para repatriar a España los
cadáveres de los dos policías. En el mismo avión viajarán a España sus
compañeros de dotación, que serán relevados en Afganistán por un equipo
de diez policías nacionales.
La repatriación tendrá lugar "lo
antes posible" y una vez que concluyan los trámites de la administración
afgana, ha explicado Fernández Díaz.
El Ministerio ha decretado
que durante tres días las banderas de las dependencias policiales de
toda España ondeen a media asta y ha otorgado a los dos fallecidos la
condecoración de la medalla de oro, la máxima distinción del Cuerpo
Nacional de Policía.
Cómo es la embajada española. La
legación española se ubica en uno de los barrios más concurridos de
Kabul. La embajada la forman tres edificios conectados por un patio
común y situados a sólo unos 10 metros del muro que los separa de la
calle. Uno de los tres edificios se usa como embajada y consulado y el
otro, como residencia del personal diplomático español.
La Unión
Federal de Policía (UFP) denunciaba este sábado la seguridad defectuosa
de la legación española: "La cercanía entre las casas y la calle es tal
que algunas de sus terrazas tocan casi con el muro exterior del recinto,
sin ningún tipo de distancia de seguridad. Eso hace que puedan ser
fácilmente atacadas desde el exterior con un simple cóctel molotov".
Lo
que solía ser la puerta principal está tapiada y se entra y se sale por
una puerta lateral protegida por un portón de chapa sin ningún
blindaje. "Esa puerta se abría por medio de un portón eléctrico", dice
la UFP. "Pero al romperse, el policía tenía que bajarse del vehículo.
Mientras lo empujaba, seguía apuntando con el arma. Dicha práctica se
había hecho tan común que habían puesto una especie de tela en una parte
del portón para evitar resbalarse al empujarlo".
Reuters
A esa entrada se accedía por una calle lateral que no estaba
asfaltada y en muy mal estado. Los vehículos no podían circular a más de
30 kilómetros por hora.
El embajador español reside en la llamada zona verde:
el perímetro protegido junto a la embajada de Estados Unidos en Kabul.
En la embajada residen 17 personas: ocho encargadas de la seguridad,
seis funcionarios administrativos y tres intérpretes afganos. El
perímetro lo controlaba personal de seguridad afgano contratado por el
Gobierno español: entre 10 y 12 personas.
El sindicato policial
asegura en su nota que el personal diplomático que ha vivido y trabajado
allí temía un ataque como éste: "Pensaban que si explotaba un coche
bomba no iba a quedar nadie vivo, dada la escasa distancia que separa la
calle del edificio".
A pesar de estas deficiencias, el Gobierno español nunca se planteó trasladar la embajada a otro lugar.
El ataque fue contra la embajada. El
Ministerio de Exteriores dijo primero que el ataque había sido contra
la embajada española. Pero unas horas después Mariano Rajoy dio otra
versión en Orihuela (Alicante): "El ataque no iba contra nosotros. No ha
habido un ataque ni era la intención de hacerlo contra la embajada de
España en Afganistán y así lo han reivindicado los talibanes. Era un
ataque contra algunas casas de huéspedes que estaban muy próximas a la
embajada. Todos podemos ser objetivo de un ataque terrorista,
cualquiera, cualquier país occidental, pero en este caso no lo era
contra la embajada de España".
El Gobierno reconoció este sábado
en una nota que el asalto sí "fue un ataque contra España y contra su
colaboración en la consolidación de la democracia en Afganistán". El
Gobierno afgano también lo confirma.
Según la información que
maneja Exteriores, la comunidad española asentada en Afganistán está
compuesta por unas 88 personas. La mayoría vive en Kabul.
Mapa de la zona atacada.EL ESPAÑOL
La página web de la embajada española en Kabul recuerda: "Afganistán
es un país en guerra. La comunidad internacional está expuesta a los
secuestros oportunistas y todos, ciudadanos nacionales y extranjeros,
están expuestos a todo tipo de atentados terroristas. Tanto en las
grandes ciudades, incluida Kabul, como en las provincias, el nivel de
inseguridad es muy elevado, con riesgo cierto para la propia vida."
Un país sumido en el caos. Entre
el martes y el miércoles, un ataque talibán al aeropuerto internacional
de Kandahar, en el sur del país, causó la muerte de al menos 68
personas, entre ellas 39 civiles.
Esta ha sido una de las acciones
más significativas de los insurgentes en lo que va de año, cuando han
incrementado su control en varias áreas del país. En septiembre tomaron
la ciudad nororiental de Kunduz, su mayor logro militar desde la caída
del régimen en 2001. Afganistán vive uno de los años más sangrientos desde 2001. Sólo en el primer semestre se han registrado al menos 1.592 muertos y 3.329 heridos civiles. Lo que no sabemos
El número exacto de atacantes.
Pese a que hay cuatro talibanes muertos, se desconoce si hubo más
personas que participaron en los ataques. Los talibanes indican que
sólo hubo cuatro asaltantes: los cuatro fallecidos durante el atentado.
"Se lanzaron de cabeza contra las fuerzas de seguridad cuando comenzaron
a quedarse sin munición", dice su comunicado. Sin embargo, los
talibanes podrían dar esta cifra para proteger a otros implicados en el
asalto.
Por qué atacaron la embajada española.
La página web de la legación recuerda: "Afganistán es un país en
guerra. La comunidad internacional está expuesta a los secuestros
oportunistas y todos, ciudadanos nacionales y extranjeros, están
expuestos a todo tipo de atentados terroristas. Tanto en las grandes
ciudades, incluida Kabul, como en las provincias, el nivel de
inseguridad es muy elevado, con riesgo cierto para la propia vida".
Reuters
Al margen de la inseguridad del país, no sabemos si los
talibanes tenían como objetivo la embajada española por algún motivo en
concreto.
España ha tenido tropas desplegadas sobre
todo en las provincias de Herat y Badghis y había comenzado su retirada
del país asiático, que a mediados de noviembre ya estaba
casi completada. Puede que los talibanes tuvieran como objetivo la
Embajada española por el despliegue militar de nuestras tropas durante
14 años. Sin embargo, la misión de España en Afganistán no ha sido de la
más poderosas en comparación con la desarrollada por Estados Unidos o
por otros países de nuestro entorno.
El porqué del error de Rajoy. Es sorprendente que Rajoy no tuviera información precisa desde
el principio de lo ocurrido. El presidente pidió tranquilidad y aseguró
que no hubo "un ataque ni era la intención hacerlo contra la Embajada
de España en Afganistán". El primer mensaje de Rajoy contradecía la
primera información oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores, que
informó de que los talibanes atentaron contra la legación diplomática
española en Kabul.
¿Temía el CNI un ataque? No
sabemos si los servicios de inteligencia españoles tenían información
sobre un posible ataque y si la legación había recibido alguna alerta
sobre una amenaza específica o inminente. Tampoco sabemos si la embajada
española había recibido amenazas serias que hubieran podido
alertarles. Por ahora el Gobierno no lo ha aclarado.