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«Son los supervivientes de una generación que definía su identidad a través de sus habilidades profesionales. En su mayoría son jubilados con problemas de adicción al alcohol. No tienen familias. Necesitan estos bares para socializar porque aquí encuentran una especie de familia de reemplazo», explica Pichler desde Viena.
Durante cuatro años, este fotógrafo visitó más de 120 bares junto al periodista Clemens Marschall; tanto los Branntweiner como los Tschocherln, locales más pequeños en los que se permite la venta de vino, cerveza y refrescos, además de las copas. En 70 de ellos realizó los retratos recogidos en su fotolibro. «Estos bares tenían una mala reputación y todavía la tienen. Desde siempre han sido frecuentados por criminales y prostitutas; y a menudo había peleas. Mis padres vivían enfrente de uno de los más famosos de Viena y siempre me contaban historias curiosas», cuenta Pichler.
El fotógrafo y el periodista pasaron más de 200 noches en estas tabernas charlando con los clientes, los camareros y los dueños. «Nos lo tomamos muy en serio porque sabíamos que eran los últimos coletazos», señala Pichler. «Estos bares te dan una idea perfecta de cómo era la vida de la clase obrera en los años 70. Hace 50 años en Viena podías encontrar uno casi en cada esquina. De los 600 Branntweiner que hubo en el auge, hoy solo quedan dos. Sentí la necesidad de documentarlos antes de que sea demasiado tarde», agrega.
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Tradicionalmente, Austria es un país de bebedores tenaces. Con 12,2 litros de alcohol puro por persona y año, los austriacos encabezan las estadísticas de consumo per cápita de la OCDE, junto a los estonios. «Mi país desde siempre ha tenido un problema serio de alcoholismo y eso no ha cambiado mucho. Simplemente se bebe en otros sitios, entre las paredes domésticas, y se bebe de otra forma. Hoy los austriacos prefieren el vino más caro. Los chupitos baratos que encontraban en estos bares ya no forman parte de sus costumbres», aclara el fotógrafo.
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Las páginas de Golden days before they end están pobladas por seres al borde de la muerte, que en el pico de su adicción celebran todos los días que están vivos. «Saben que mañana tal vez no estarán, que están condenados a fallecer y precisamente por esto intentan aprovechar todo lo que pueden en sus últimos días hasta que colapsan, literalmente. Tienen una visión muy dura y fatalista de la vida, y la disfrutan intensamente», revela el autor del libro.
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El libro, publicado en junio de 2016, tiene entre sus principales referentes al mítico Café Lehmitz de Anders Petersen, y un fotolibro austriaco de los años 80 llamado Weinhaus, de Leo Kandl. Pichler revela que sintió cierta curiosidad por descubrir cuál sería la reacción de los clientes delante de la cámara 50 años después, en un mundo en el que todos poseen un móvil de última generación.
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Fuente: https://www.yorokobu.es/klaus-pichler-y-clemens-marschall/







