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martes, 2 de julio de 2019

Van a rociar una ciudad colombiana con agua bendita desde un helicóptero para “erradicar el Diablo”


A grandes males, grandes remedios. La ciudad colombiana de Buenaventura sufre desde hace años una inusitada ola de violencia, y el obispo católico Rubén Darío Jaramillo ha decidido tomar la sartén por los cuernos y realizar un “exorcismo” sobre la ciudad para erradicar “al Diablo”, según explicó en una entrevista con Caracol Radio.

El obispo ha pedido prestado al ejército colombiano un helicóptero, desde el cual esparcirá agua bendita sobre toda la ciudad, el próximo 14 de julio, y así “sacar esos demonios que están destruyendo la ciudad”, según razona -es un decir- el enviado de Dios.
“A Buenaventura hay que sacarle el diablo para ver si así le devolvemos la tranquilidad que ha perdido la ciudad con tantos crímenes, hechos de corrupción con tanta maldad y narcotráfico que invade nuestro puerto”, dijo el representante de la iglesia.
El exorcismo se llevará a cabo el 13 o 14 de julio próximo, con motivo de las fiestas patronales que cada año se realizan en Buenaventura.

Buenaventura es el principal puerto de Colombia en el Pacífico. Situado a poco más de 100 kilómetros de Cali, en lo que va de año ha registrado 51 asesinatos, 20 más que en el mismo período del año pasado, informa Clarín. La gota que colmó el vaso de la paciencia de monseñor fue el asesinato a principios del mes de junio de una niña de diez años y de un comerciante de la ciudad.
La organización Human Rights Watch publicó recientemente un informe sobre la ciudad en el que se detalla el reciente y creciente historial de secuestros llevados a cabo por los grupos sucesores de las guerristas paramilitares de derechas que asolaban el país hasta fechas recientes. Las bandas criminales que dominan la ciudad disponen de “salas de despiece” en las que asesinan a las víctimas, según HRW.

Menos mal que monseñor y su helicóptero van a borrar el Diablo de la faz de Buenaventura. Si esto funciona, ya no habrá excusa para no convertirse al catolicismo.

Fuente: https://blogs.publico.es/strambotic/2019/07/helicoptero-contra-diablo/

lunes, 11 de febrero de 2019

"Hay religiosas explotadas sexualmente por hombres a los que tienen que llamar padre"

"En 2008, el superior masculino de la casa en la que vivía en Roma entró en mi habitación, me desnudó y me penetró", denuncia esta exmonja y teóloga que lucha contra las agresiones sexuales en la Iglesia
Wagner ha lanzado junto a la exreligiosa Rocío Figueroa la iniciativa Voices of Faith, que pretende visibilizar las agresiones a las mujeres por parte de la jerarquía eclesiástica
El Papa acaba de admitir que existen estos abusos a mujeres, aunque de momento no ha develado cómo va a luchar contra ellos, lamenta Wagner

Doris Wagner, teóloga alemana que ha denunciado abusos
Doris Wagner, exmonja alemana que ha denunciado abusos
 Doris Wagner, teóloga alemana, tiene 34 años, y durante ocho años perteneció a la vida religiosa. En ese tiempo, fue violada por un cura en 2008, hechos que denunció ante sus superiores, que no hicieron nada. Más tarde, fue acosada por su confesor, el alemán Hermann Geissler, quien esta misma semana ha dimitido de su cargo en la Congregación para la Doctrina de la Fe, aunque ha desmentido tajantemente las acusaciones en su contra.

Wagner, junto a Rocío Figueroa, han lanzado la iniciativa Voices of Faith, que busca romper el manto de silencio respecto a los abusos y violaciones de sacerdotes y obispos a religiosas en todo el mundo, una lacra reconocida por el Papa Francisco a la vuelta de su reciente viaje a Emiratos Árabes Unidos. 

¿Qué le han parecido las palabras del Papa reconociendo la existencia de abusos a religiosas por parte del clero?
Me parece que el reconocimiento debería haber llegado mucho antes. Sin embargo, es un alivio que haya ocurrido, y espero que, a partir de ahora, muchas más religiosas que hayan sufrido abuso sexual se den cuenta de que no están solas, y se atrevan a hablar. También desearía que, después de admitir esta realidad, el Papa Francisco tome las medidas apropiadas, porque hasta ahora no ha anunciado de qué manera va a lidiar la Iglesia con este escándalo.

¿Cuál es la dimensión real de este escándalo?
Me faltan las palabras para expresar el horror que siento al hablar del abuso sexual de las monjas. Son mujeres, muchas de ellas jóvenes, idealistas, que hacen voto de castidad porque quieren dedicar sus vidas a Cristo y a su Iglesia, pero que se ven atrapadas en una realidad en la que son explotadas sexualmente por hombres a los que tienen que llamar "padre". Ha habido casos de sacerdotes que embarazaron a las religiosas y luego las obligaron a abortar. Incluso Maura O'Donohue nos informó de un caso de una monja que murió durante el aborto, y que el mismo sacerdote que había abusado de ella obligó a que el niño abortado presidiera su misa de Réquiem. Esto es horrible.

¿Cuántas religiosas han podido sufrir abusos en el mundo?
Existe un estudio realizado sobre el tema, que sugiere que el 40% de las religiosas del mundo han sufrido abuso sexual, un 10% antes de unirse a la vida religiosa y el 30% después. Es una cifra enorme, y espero que se investigue sobre ella.
 ¿Cuál fue su experiencia?
Entré en la vida religiosa en 2003, a los 19 años. Desde el principio me maltrataron espiritualmente: no se me permitió elegir a mi confesor ni a mi director espiritual. No podía hablar libremente con otros miembros de la comunidad, leer libros... En 2008, el superior masculino de la casa en la que vivía en ese momento (Roma) entró en mi habitación y me desnudó. Aunque le dije que no tenía permiso para hacer esto me tocó y, finalmente, me penetró. Esta experiencia me destrozó. Tardé dos años en contarlo a mis superiores, pero ellos decidieron no actuar. Finalmente, en 2011, pude dejar la comunidad y denunciar el caso ante el Vaticano.

Su confesor, Hermann Geissler, también abusó de usted y acaba de renunciar a su cargo en Doctrina de la Fe. ¿Qué sintió al saber la noticia? ¿Es suficiente?
Me sorprendió cuando supe que había renunciado. Primero, porque no esperaba que sucediera, ya que pasó hace años. En segundo lugar, la declaración del Vaticano fue realmente asombrosa, porque no aclaraba por qué había renunciado, qué acusaciones negaba y contra quién, y a quién amenazaba con emprender acciones legales. Me pregunto: ¿Hay denuncias de otras víctimas? ¿Se ha vuelto a abrir mi caso? Y si es así, ¿por qué no me han informado?

¿Qué le exigen las religiosas a la Iglesia para erradicar esta lacra?
El abuso tiene dos causas principales: poder e impunidad, que hay que atajar en todos los niveles de la Iglesia. Las mujeres deben ser reconocidas como iguales a los hombres, tener acceso a los órganos de poder y toma de decisión en la Iglesia. La idealización de la servidumbre femenina tiene que terminar.

Mientras las monjas se vean obligadas a vivir de acuerdo con un ideal de abnegación y sumisión, y vivan en completa dependencia espiritual y financiera, serán vulnerables. Toda persona que aproveche su poder eclesial para abusar de otros debe ser perseguida y sancionada, sin importar qué estatus, nombre o función tenga en la Iglesia.

El movimiento #metoo... ¿también ha llegado a la Iglesia?
Aún no estoy segura. Ojalá que sí lo hiciera.


lunes, 14 de enero de 2019

Irlanda vive sus primeros días de aborto legal: grupos organizados frente al acoso a mujeres y médicos

El Gobierno irlandés quiere establecer "zonas seguras" en clínicas abortistas
Carteles de la campaña en contra del aborto y a su favor en las calles de Dublín (Irlanda) antes del referéndum sobre la reforma de la ley del aborto el año pasado. EFE
 El 1 de enero el aborto pasó a ser legal y el gobierno irlandés ha anunciado que se establecerán 'zonas seguras' alrededor de los centros hospitalarios ante la proliferación de acoso a sanitarios y mujeres de grupos anti-aborto
Organizaciones que hicieron campaña por la despenalización se han reagrupado entorno a la campaña #SiulLiom, 'camina conmigo', de solidaridad y apoyo a las mujeres que sientan miedo de acudir a las clínicas
Los grupos pro-elección y feministas requieren ahora que la ley sea del todo garantista, llegue con más facilidad a zonas rurales y se implemente educación sexual en las escuelas

 El 1 de enero de 2019 fue algo más que el inicio de otro año en Irlanda. Fue el día en el que el aborto pasó a estar despenalizado en las doce primeras semanas de gestación. Ocurrió en mayo, tras el apabullante éxito del ‘sí’ en referéndum a la derogación de la octava enmienda, que lo sancionaba hasta con penas de cárcel en todos los supuestos, en uno de los países de mayor tradición católica de Europa. El viernes 4 de enero, el ministro de Sanidad, Simon Harris, publicó el plan con todas las condiciones: en el plazo completo de las doce semanas se practicará en una serie de hospitales materno-infantiles – nueve en todo el país, situados en las grandes ciudades–, será legal el quirúrgico y el químico, y libre para mayores de 16 años

También anunció que se establecerán “zonas seguras”, reguladas por una nueva ley para no retrasar la aplicación de la del aborto, alrededor de los centros sanitarios listados. Esta decisión se debe a la proliferación estos primeros días de protestas de grupos antiaborto. “No significa que la gente no pueda protestar, pero deben hacerlo donde no interfieran con quien esté accediendo a un servicio que es legal”, explicó Harris. Él, como el primer ministro, Leo Varadkar, ha condenado esas acciones. 
Lo ha hecho incluso el arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, que expresó en la cadena RTÉ Radio que no era "muy partidario de las protestas públicas. Lo que la Iglesia debe hacer es ayudar de un modo firme a las mujeres en crisis y educar a la gente de un modo amplio sobre el asunto". En las pancartas de una de las concentraciones de Galway, por ejemplo, se podía leer el jueves pasado: "Los médicos de verdad no terminan con la vida de sus pacientes". La portaban en la puerta de la consulta de un cirujano.

Frente a ello, ciudadanos y organizaciones que hasta mayo fueron activistas ‘proelección’ se han agrupado entorno a  #SiulLiom –'camina conmigo' en irlandés–. Se trata de una campaña que presta apoyo y acompañamiento solidario a las mujeres que deban acudir a las clínicas y sientan miedo: “Esperamos disuadir a los grupos ‘contra-elección’ de sus hostigamientos demostrándoles que estamos listos para apoyarlas y protegerlas”. "Pedimos a la gente que se una a sus grupos regionales. Solo tienen que caminar al lado de alguien", manifiestan a eldiario.es desde la Plataforma Abortion Right Campaign.

Lo que detallan desde esa organización es que la situación podría haber sido prevista por el Gobierno: “En un mundo ideal, las ‘zonas seguras’ se hubiesen implementado antes del inicio de la ley. Ahora lo que necesitamos es paciencia, estamos trabajando en la logística con la que abordar todo”. Aclaran que las protestas de los grupos 'contra-elección' en realidad son minoritarias, pero muy ruidosas: “Que hayan estado en las puertas de las consultas supone una clara violación de la privacidad, tanto de las pacientes como de los profesionales. También hemos detectado otras tácticas, como líneas telefónicas o sitios web falsos que intentan manipular y confundir a las mujeres embarazadas”.

Límites de la ley
Los representantes de Abortion Right Campaign sentencian que ese acoso de los 'anti-elección' es "una consecuencia de la implantación de una legislación que no satisface plenamente las necesidades". Aunque toman la derogación de la octava enmienda como un éxito de “todas las activistas que lucharon por los derechos reproductivos durante décadas”, piensan que el aborto está lejos ahora mismo de ser realmente “libre, seguro, legal y accesible en todos los lugares”.

Entre los problemas que le encuentran está el periodo de espera “estigmatizante y no basado en ninguna evidencia” que es obligatorio para cada mujer que quiera abortar –mínimo tres días, hasta que les pueden dar el certificado oficial requerido–, y la vulnerabilidad ante la “objeción de conciencia”, a la que se acogen muchos médicos. También lo “increíblemente restringido” que el aborto está a partir de las 12 semanas. Pasado ese plazo solo es factible si la vida de la mujer corre peligro o el embarazo es totalmente inviable. Además, quien ayude a alguien a abortar “fuera de la ley” –por ejemplo, menores de 16 sin consentimiento paterno– se exponen a duras sanciones penales.

Añaden que hay centros "que interpretan la ley con demasiada cautela, reduciendo al máximo su disposición”. Por ejemplo, en uno de los hospitales de Dublín en los que se practican abortos se hará solo hasta las 11 semanas de gestación. Ese problema es mucho mayor a nivel rural: el grupo Tipp for Choice, que hizo campaña por 'sí' en el Condado de Tipperary, sabe que apenas unos pocos médicos de la zona proporcionarán la píldora para el aborto químico, eficiente hasta las 9 semanas de gestación. De la 9 a la 12, o posteriores si se da el caso, la mujer afectada tendría que viajar a las capitales. Pasa así en todos los condados. También en casi todos hay colectivos como el suyo.

“Estimamos que, en nuestra región, dos mujeres por semana requerirán un aborto. Esperamos que los pocos médicos de cabecera que hay puedan satisfacer la demanda”, aducen desde Tipp for Choice, compuesto por un conjunto de voluntarios. Se han reagrupado en la #SiulLiom, pero temen que poca gente les requiera “debido al estigma en la comunidad rural acerca del aborto. "Creemos que muchas mujeres, ante ese miedo y por privacidad, directamente preferirán viajar a las ciudades. Lo que nos preocupa es sobre todo poder atender a las que tienen más barreras, por lo menos para ayudarles con el transporte. Pensamos en chicas inmersas en relaciones abusivas, en las que tengan alguna discapacidad, o las que estén en prisiones”.

Próximo reto: educación sexual
Nerea Fernández es española y militante de IU exterior y del movimiento feminista. Vive en Dublín desde 2015, llegó justo antes de otro referéndum, el del matrimonio homosexual, finalmente también aprobado. “Fue tan chocante ya ver eso. Y fue entonces cuando me enteré de que las mujeres no podían abortar”, recuerda. En 2016 comenzó a participar en las marchas por los derechos reproductivos, y reivindica que fueron, además de las irlandesas, las migrantes las que crearon “redes feministas”: “Tenían muchos problemas, sobre todo, las mujeres de los ‘direct provissions’ –una especie de CIEs irlandeses–. No podían marcharse a Manchester, donde iba a abortar quien tenía dinero para permitírselo”.

Fue tras el caso de Savita Halappanavar, la joven embarazada que falleció por una sepsis en 2011 y a la que le denegaron el aborto, cuando las reivindicaciones cogieron fuerza. Pero Fernández relata cómo en Dublín en 2016 apenas eran unas 5.000 personas las que se juntaban regularmente, y cómo pasaron a ser decenas de miles en 2018. Ya durante todo ese proceso, como contrapeso, la campaña por el ‘no’ era “bastante agresiva. En el Rotunda Hospital –uno de los que ahora se practican abortos– colocaron fotos de fetos y bebés muertos”. El movimiento feminista, además de lograr el ‘sí’, también consiguió este año que el aborto sea finalmente gratis. La Sanidad no es universal en el país y en un principio se barajó que la intervención costase entre 300 y 400 euros.

Ahora, afirma Fernández, el objetivo del feminismo irlandés es lograr la educación sexual en las aulas: “La Iglesia tiene copados los colegios. Los adolescentes no saben cómo prevenir una ETS o un embarazo, cómo funcionan sus cuerpos. No se trata en las escuelas, en las que en muchas no puedes entrar si no estás bautizado”. También ponen todas el foco en Irlanda del Norte, donde todavía una mujer que interrumpe su embarazo se expone incluso a la cadena perpetua. Y en atar esos cabos sueltos que quedan en la ley. “Continuaremos presionando al gobierno”, dicen desde Tipp, “y trabajando para desestigmatizar el aborto y convertirlo en una parte más de la atención a la salud”.ç


domingo, 5 de agosto de 2018

La Iglesia en Polonia, tan poderosa como en El Vaticano (a pesar de los escándalos)

A pesar de que el número de fieles que acuden a misa cada domingo es cada vez menor, el poder económico y la influencia política de esta institución y su presencia en la sociedad polaca no tienen parangón en Europa.
Los escándalos de pedofilia o noticias como la escuela en la que los alumnos debían lamer las rodillas untadas en crema de un cura, temas tabú.

Alumnos de una escuela católica polaca lamiendo las rodillas de un cura.
Alumnos de una escuela católica polaca lamiendo las rodillas de un cura.

 Hace unos meses, el Gobierno de Polonia hizo pública una lista con los 768 culpables de ataques sexuales contra menores condenados en este país. Los nombres completos, fotografías, domicilios y delitos de todos ellos pueden ser consultados por cualquiera online, y otros 2,614 perfiles de personas implicadas en estos delitos están en una base de datos accesible solo para escuelas y organizaciones que trabajan con niños y jóvenes. Sin embargo, hay 56 condenados por abusos a menores que no aparecen en estas listas por una razón: son curas.

Esta omisión es considerada como una prueba más de la indulgencia del Gobierno para con la Iglesia en Polonia, un país donde a veces resulta difícil separar la religión de la política. A pesar de que la Constitución de este país declara al Estado “neutral” en asuntos religiosos, hay un crucifijo sobre la puerta del Parlamento donde se aprobó declarar oficialmente a Jesucristo “Rey de Polonia”
Desde el año pasado, la mayoría de los comercios deben cerrar los domingos para, entre otras razones, fomentar la asistencia a misa, si bien las tiendas en recintos religiosos están exentas de esta prohibición y el primer ministro Morawiecki declaró al ser nombrado su intención de “re-cristianizar Europa”.

En ningún país de Europa -excepto en El Vaticano- tiene la Iglesia tanto poder como en Polonia. A pesar de que el número de fieles que acuden a misa cada domingo es el más bajo de la historia reciente (se ha pasado del 50% al 33% en dos décadas), el poder económico y la influencia política de esta institución y su presencia en la sociedad polaca no tienen parangón en Europa. Los escándalos de pedofilia, el descubrimiento en 2012 de un grupo de curas gays que mantenían un foro de internet para intercambiar información sobre “novios complacientes y discretos”, o noticias como la escuela salesiana en la que los alumnos de 7 a 14 años debían lamer las rodillas untadas en crema de un cura son temas tabú que suelen quedar eclipsados por anécdotas como la rutinaria condena de “Halloween”, el horóscopo y los amuletos o la publicación de una revista mensual llamada Exorcista.

Históricamente, la Iglesia polaca desempeñó el papel de oposición al régimen comunista y de apoyo a la lucha por la democracia del sindicato Solidaridad. La figura de Juan Pablo II está rodeada de una reverencia incontestable y su recuerdo despierta una devoción que va más allá de lo religioso. Durante la dictadura comunista, la Iglesia ejerció el papel de oposición frente al Gobierno y se erigió en refugio de los sentimientos nacionalistas, la tradición y la resistencia contra un régimen impopular que contribuyó a derrocar.

Tras la caída del comunismo, la República Polaca entregó a la Iglesia un gran número de propiedades inmobiliarias, terrenos y dinero como compensación por las expropiaciones que sufrió durante la dictadura. Para llevar a cabo este proceso se creó en 1989 la llamada Komisja Majatkowa, un organismo que nació en el contexto de las 'Leyes de Marzo', promulgadas en aquel año por el agonizante gobierno comunista para intentar ganarse el favor del clero antes de las primeras elecciones democráticas (donde fueron arrollados por Solidaridad).

Privilegios de la Iglesia polaca

La agencia, compuesta por seis civiles y seis clérigos, declaró a la Iglesia exenta de impuestos para siempre, reconoció su derecho a ser compensada por la pérdida de 2.400 km2 de tierras (una superficie mayor que Guipúzcoa) y falló en favor de la Iglesia en más de 3.500 casos, cuando ésta sólo había presentado unas 3.000 reclamaciones. Las decisiones de la Komisja Majatkowa, encargada también de valorar los bienes a devolver, no podían recurrirse ante ningún tribunal del país, un caso único en Europa. Los ciudadanos de países como Checoslovaquia o Hungría debían recurrir a tribunales civiles normales para ser restituidos de sus bienes.

En Polonia, muchas de estas propiedades fueron vendidas por la Iglesia a promotores inmobiliarios y algunos de los miembros que formaban la comisión se enfrentan hoy en día a cargos de corrupción y prevaricación. A pesar de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en un fallo unánime, dijo que el proceso había sido arbitrario e injusto, no hay manera legal de recurrir estas decisiones porque en su día la ley polaca señalaba que la Iglesia “actuaba dentro de los límites de la Constitución”, enunciado que fue enmendado en 1991. Aún hoy, alcaldes de ciudades como Cracovia han se plantean emprender acciones legales para revertir esos procesos que han puesto en manos de la Iglesia cientos de millones de euros en propiedades inmobiliarias y terrenos.

Una cruz en el Parlamento polaco.
Una cruz en el Parlamento polaco. Adrian Grycuk
El Estado polaco mantiene un concordato con la Iglesia que permite la existencia de más de 31.000 maestros sacerdotes en las escuelas públicas. Sus salarios, junto a las subvenciones y ayudas a organizaciones católicas ascienden a más de 500 euros anuales, que salen del erario público. Pero de donde sale gran parte del dinero que sustenta a la Iglesia polaca es del bolsillo de los fieles: el arzobispo de Varsovia estimaba en 2013 que cada año se donaban unos 1.700 millones de euros a las 10.000 parroquias del país entre el cepillo, los pagos por servicios religiosos y los donativos.
La celebración hace dos años del “Día de la Juventud” en Cracovia tuvo un coste aproximado para la ciudad de cinco millones de euros, sin tener en cuenta los gastos que supusieron la seguridad, limpieza, deterioro de servicios, pérdida de espacios públicos y molestias a los ciudadanos. Algunas asociaciones cívicas reclamaron que la Iglesia contribuyese a paliar el coste de un acto para el que contaron con la participación de más de 25.000 voluntarios que además de trabajar gratis debían abonar una cuota para ser aceptados; por su parte, los restaurantes que quisieran ser designados como “recomendados para peregrinos” debían abonar unos 250 euros.

En su primer mensaje público, el Papa Francisco pidió “más compromiso con los inmigrantes”, en una clara alusión a la política del Gobierno polaco, contrario a aceptar refugiados. El actual pontífice no goza de muchos apoyos en el seno de la Iglesia polaca: en marzo de este año un sacerdote le deseó al Papa Francisco que “sea sabio y abra su corazón al Espíritu Santo, y si no lo hace, rezaré para que Dios le dé una muerte rápida y feliz”.

Sinergias entre el Gobierno y la Iglesia

Alguien que personifica la incómoda relación entre el poder espiritual y el terrenal bien podría ser Tadeusz Rydzyk, el sacerdote fundador de Radio María cuyas presencia era habitual en la residencia de Jaroslaw Kaczynski, líder del partido en el Gobierno. El propio Kaczynski afirmó que sin la ayuda de “Radio María [su partido] nunca habría ganado las elecciones”. Las soflamas antisemitas, homófobas, racistas y ultranacionalistas, así como su intervención en asuntos políticos o reclamando la instauración de la pena de muerte han hecho que el propio Vaticano le reprenda y que parte de la Iglesia se distancie de él.

El propietario de Radio María, Tadeusz Rydzyk.
El propietario de Radio María, Tadeusz Rydzyk.
El imperio económico de Rydzyk incluye una universidad privada y un canal de televisión, y su poder es tal que se permitió referirse en el pasado al exprimer ministro Lech Kaczynski como a un “chaquetero que agacha la cabeza ante el lobby judío”. También llegó a llamar a su esposa “una bruja que debería practicarse la eutanasia a sí misma”. Una parte de la propia Iglesia polaca ha criticado al enigmático Rydzyk, un hijo ilegítimo que no fue admitido en el seminario por sus malas notas y que, cuando regresaba a Polonia tras una audiencia con Juan Pablo II se bajó del autobús en Austria y estuvo seis meses desaparecido, para reaparecer sin dar explicaciones en una misión católica polaca en Múnich.

Al igual que el Gobierno de Varsovia mantiene una difícil relación con la Unión Europea por sus polémica reforma judicial, una parte importante de la Iglesia de este país se ve envuelta en conflictos con las autoridades vaticanas por su complacencia con el Gobierno. Desde un punto de vista político, ambos estamentos se benefician mutuamente de una transferencia mutua de autoridad que otorga al Ejecutivo una implícita autoridad moral frente a la comunidad católica y que justifica la participación de la Iglesia en asuntos cívicos. Sin embargo, no son pocas las voces disidentes que desde el seno de la Iglesia se oponen a que esta relación entre “el César” y “Dios” vaya demasiado lejos.

Tres días después de que el portavoz de la Conferencia Episcopal dijese que la Iglesia no se iba a pronunciar sobre la reforma judicial, un arzobispo hacía un llamamiento para “preservar los principios fundamentales del Estado de derecho”. El programa político de Ley y Justicia, el partido ultraconservador que gobierna Polonia, ha sido calificado de “estructuralmente católico”. “Medidas como la restricción del derecho al aborto, el bloqueo a la píldora del día después y la promoción de la enseñanza católica en las escuelas públicas encajan con la doctrina de la Iglesia, por lo que resulta natural que entre ambas fuerzas haya sinergia”, apuntaba un comentarista en la prensa local. Por su parte, la presidenta del Tribunal Constitucional, que ha sido oficialmente destituida por la reforma judicial del Gobierno, de momento se mantiene en su puesto por no reconocer la legitimidad de dicha reforma y afirma que “la única institución que puede conseguir algo en Polonia es la Iglesia, pero no espero nada de ellos”.

viernes, 18 de mayo de 2018

Todos los obispos chilenos dimiten por los casos de abusos sexuales

El Papa denuncia la falta de transparencia de la Iglesia chilena en la gestión de estos hechos al constatar que hubo "destrucción de documentos comprometedores" por parte de encargados de archivos eclesiásticos.

El papa Francisco posa junto a los obispos chilenos en el Vaticano. REUTERS/OSSERVATORE ROMANO
El papa Francisco posa junto a los obispos chilenos en el Vaticano. REUTERS/OSSERVATORE ROMANO

 Los 34 miembros de la conferencia Episcopal de Chile que se han reunido con el Papa esta semana en el Vaticano han puesto su cargo a disposición del pontífice para que los cese si así lo considera necesario tras el escándalo de abusos sexuales y encubrimiento que ha protagonizado la Iglesia Católica en este país.

Los prelados chilenos se han reunido con Francisco para discernir responsabilidades en torno a las acusaciones de encubrimiento en los casos de abusos sexuales cometidos por el cura Fernando Karadima. "Era conveniente declarar nuestra más absoluta disponibilidad para poner nuestros cargos pastorales en manos del Papa", han señalado en una conferencia de prensa sin preguntas ante la prensa extranjera el obispo auxiliar de Santiago y Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile, Fernando Ramos y el obispo de San Bernardo Monseñor Juan Ignacio González.

Los obispos han leído un comunicado en nombre de la Conferencia Episcopal de Chile en el que han detallado que un documento entregado por el Pontífice "indica con claridad una serie de hechos absolutamente reprobables que han ocurrido en la Iglesia chilena".

De esta manera, han reconocido que se trata de "inaceptables abusos de poder, de conciencia y sexuales, y que han llevado a que haya disminuido el vigor profético que lo caracterizaba". En este contexto, aseguran que "fue madurando la idea" de que para estar en mayor sintonía con la voluntad del Papa, era conveniente declarar "su más absoluta disponibilidad" para poner sus cargos pastorales en las manos del Papa".

El gesto de renuncia ha sido definido como "colegial y solidario" para asumir los "graves hechos ocurridos" y se ha presentado por escrito. "Así él podrá, en las siguientes semanas, decidir si acepta o rechaza lo que hemos señalado", concluye el documento.

El Papa podría decidir en los próximos días qué obispos de Chile serán cesados de su cargo por sus implicaciones en los casos de abusos. La suspensión podría tener carácter inmediato o podría entrar en vigor cuando el Pontífice nombre un sustituto.

Francisco convocó a los obispos después de haber constatado que fue mal informado respecto al obispo de la diócesis de Osorno, Juan Barros, a quien acusan de que sabía que el cura Fernando Karadima abusó durante años de menores. El papa, que hizo obispo de Osorno a Barros, le defendió públicamente en varias ocasiones, también durante su viaje a Chile, e incluso rechazó su renuncia hasta dos veces convencido de su inocencia a pesar de la insistencia de las víctimas sobre que era un encubridor. Pero a su vuelta del viaje a Chile mandó realizar un informe, efectuado por el arzobispo maltés Charles Scicluna, sobre los abusos cometidos por el clero en Chile y decidió convocar a los obispos, así como reunirse con tres víctimas para pedirles perdón.

El Papa siente "vergüenza"

En este documento privado —que entregó el pasado martes a los 34 obispos chilenos—, el Papa ha denunciado la falta de transparencia de la Iglesia chilena en la gestión de los casos de abusos sexuales al constatar que hubo "destrucción de documentos comprometedores" por parte de encargados de archivos eclesiásticos.

"Mis enviados han podido confirmar que algunos religiosos expulsados de su orden a causa de la inmoralidad de su conducta y tras haberse minimizado la absoluta gravedad de sus hechos delictivos atribuyéndolos a simple debilidad o falta moral, habrían sido acogidos en otras diócesis e incluso, en modo más que imprudente, se les habrían confiado cargos diocesanos o parroquiales que implican un contacto cotidiano y directo con menores de edad", expresa el pontífice.

En la misiva, añade que la investigación demuestra que existen "graves defectos" en el modo de gestionar los casos de 'delicta graviora' (delitos más graves) que corroboran "algunos datos preocupantes" que comenzaron a saberse en algunos Dicasterios romanos. "Especialmente en el modo de recibir las denuncias o 'notitae criminis', pues en no pocos casos han sido calificados muy superficialmente como inverosímiles lo que eran graves indicios de un efectivo delito", reprocha.
El pontífice dice sentir "vergüenza" por las declaraciones que "certifican presiones ejercidas sobre aquellos que debían llevar adelante la instrucción de los procesos penales o incluso la destrucción de documentos comprometedores por parte de encargados de archivos eclesiásticos, evidenciando así una absoluta falta de respeto por el procedimiento canónico y, más aún, unas prácticas reprobables que deberán ser evitadas en el futuro".

Francisco se refiere en este pasaje al informe que le entregó el enviado especial a Chile, el arzobispo de Malta Charles Scicluna, en el que se recopilan antecedentes sobre las denuncias de encubrimiento en contra del obispo de Osorno, Juan Barros, en el marco de las acusaciones de abuso sexual del sacerdote Fernando Karadima.

En el texto de diez páginas, Francisco apunta a que se pudo constatar también "la existencia de presuntos delitos investigados solo a destiempo o incluso nunca investigados, con el consiguiente escándalo para los denunciantes y para todos aquellos que conocían las presuntas víctimas, familias, amigos, comunidades parroquiales".

"En otros casos, se ha constatado la existencia de gravísimas negligencias en la protección de los niños/as y de los niños/as vulnerables por parte de los Obispos y Superiores religiosos, de los cuales tienen una especial responsabilidad en la tarea de proteger al pueblo de Dios", añade.

En esta misma línea, el Papa señala que "para poder corroborar que el problema no pertenece a solo un grupo de personas, en el caso de muchos abusadores se detectaron ya graves problemas en ellos en su etapa de formación en el seminario o noviciado". "De hecho, constan en las actas de la 'Misión especial' graves acusaciones contra algunos Obispos o Superiores que habrían confiado dichas instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa", especifica.

El Pontífice, que comenzó sus reuniones con los 34 obispos chilenos que viajaron a Roma (Italia), el pasado martes destaca que es necesario "ir más allá" de la privación de cargo a personas para solucionar la crisis.

"Los problemas que hoy se viven dentro de la comunidad eclesial no se solucionan solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas; esto -y lo digo claramente- hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá. Sería irresponsable de nuestra parte no ahondar en buscar las raíces y las estructuras que permitieron que estos acontecimientos concretos se sucedieran y perpetuasen", apunta el Papa.

Además de las críticas, Francisco abre la puerta a cómo solucionar la crisis en la que está inmersa la Iglesia chilena: "Es urgente abordar y buscar reparar en el corto, mediano y largo plazo este escándalo para restablecer la justicia y la comunión".

"Confesar el pecado es necesario, buscar remediarlo es urgente, conocer las raíces del mismo es sabiduría para el presente-futuro. Sería grave omisión de nuestra parte no ahondar en las raíces. Es más, creer que sólo la remoción de las personas, sin más, generaría la salud del cuerpo es una gran falacia. No hay duda que ayudaría y es necesario hacerlo, pero repito, no alcanza", sentencia.


viernes, 23 de marzo de 2018

Soy ateo y merezco un respeto

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El Séptimo Sello Ingmar Bergman
 Cuando era joven atravesé una época en la que busqué mi fe. Me sentía como aquel caballero de las Cruzadas que retrató Ingmar Bergman en El Séptimo Sello. Tras explorar esa inquietud, leer mucho al respecto y sobre todo, profundizar en el sentido antropológico e histórico de la religiosidad, acabé plenamente identificado con el ateismo, según la RAE una doctrina que niega la existencia de Dios o de cualquier divinidad.

Una de mis teorías, que no tiene porqué compartir nadie aunque algunas personas lo hacen, se nutre de una lógica aplastante. La gente suele creer en el Dios que le dicta y exige la cultura religiosa predominante del lugar en el que nace y/o vive. Así pues, una familia de tradición católica nacida en el barrio de Santiago, Jerez (por poner un ejemplo), tiene muchas posibilidades de creer en el Dios cristiano, el mismo que se supone que se manifiesta en tres entes: padre, hijo y espíritu santo. Esa misma familia tendría ínfimas posibilidades de creer en los dioses del Ásatrú, que son varios y tienen origen nórdico y escasa tradición en España. Ya lo decía Rousseau, “La fe es cuestión de geografía“. Con esta lógica del relativismo geográfico se disipa la idea de un Dios universal, situando esta creencia en el ámbito de la construcción histórica y cultural, religiones que han servido en muchas fases de la Historia como herramienta de los poderes fácticos para controlar al pueblo llano y mantenerlo obediente y sumiso.

  No solo para eso, también han servido, y no lo discuto, para que el ser humano sienta amparo y cobijo cuando se encuentra en problemas, cuando ve cercana la muerte o simplemente, cuando intuye circunstancias adversas. A muchas personas la fe en ese Dios que aún no se ha manifestado empiricamente le ha servido para superar malos tragos o momentos duros, algunas han salido de la depresión gracias a esa esperanza religiosa. Y yo lo celebro. De verdad. Pero nada evidencia que sea cierta. Sin embargo, me pregunto qué clase de Dios nos dejaría lidiar en un mundo egoísta y cruel que cada año se sumerge en guerras, que es insolidario con los emigrantes, que discrimina a las personas por su condición sexual, que se aprovecha de los ingenuos y no es capaz de dar comida, techo y pan y dignidad a nuestros coetáneos. Como diría el escritor francés Jules Renard, “No sé si existirá Dios, pero sería mejor para su reputación que no“. 


 Son muchas las celebridades que se han hecho esa gran pregunta, desde Asimov a Bukowski, Frida Kalho, Jodie Foster, Chaplin, Saramago, Erich Fromm, Hemmingway, Stephen Hawking o Woody Allen. Artistas e intelectuales que he admirado, que me han influido y que se manifestaron ateos sin rubor, abiertamente y siempre con respeto a los creyentes.

Ocurre que ese respeto, desde que salí de mi armario aconfesional, no se caracteriza precisamente por su bidireccionalidad. El ateísmo escandaliza a muchas personas, sobre todo mayores, indigna a los ultracatólicos, aburre a los dogmáticos e incluso te cierra puertas laborales y/o sociales. Ser ateo es una profesión de riesgo. Hoy día es mucho más respetado un creyente que un ateo, al que frecuentemente se le tacha de nihilista, de pecador, hedonista, trivial, superficial o transgresor. Una relación causa-efecto falsa, burda y eminentemente incorrecta.

Conozco creyentes que admiten tener una vida interior muy ligera y ateos, como yo, con más preguntas que respuestas, con una inquietud perenne por comprender al ser humano y lo que ha sido, es y será capaz de hacer. La fe no garantiza un nivel de instrospección mayor, esa es otra leyenda urbana.

Otro error bastante tópico es asociar el ateismo con el anticlericalismo, que sí tiene relación pero no en el sentido popular del término. Según la RAE, el clericalismo es la “influencia excesiva del clero en los asuntos políticos”, sin embargo, la gente no utiliza esta acepción. El anticlericalismo en la calle es concebido como la repulsa ante todo lo que huela a Iglesia. Y tampoco es exactamente así. Debería asociarse al rechazo a que el clero maneje y dirija asuntos públicos, con lo cual sí estoy de acuerdo porque creo en un estado laico y no aconfesional. Laico, sin medias tintas. La diferencia es sutil pero importante. Un Estado laico es aquel que excluye completamente el hecho religioso de todos los ámbitos estatales, especialmente en la educación pública. Y me parece adecuado porque entiendo que el Estado no debería imponer una determinada religión a su pueblo. En España existe un trato de favor brutal hacia la religión católica por encima de las 4.200 religiones existentes en el mundo. Aquí la Iglesia se inmiscuye con naturalidad en los asuntos públicos dominando demasiados espacios que son de todas y todos. Es una herencia directa del franquismo, pues la Iglesia fue un claro instrumento de control y represión de Franco y de los falangistas. La Iglesia fue cómplice reconocida de Franco. Aún duran vicios que deberían estar superados, pero que desafortunadamente no lo están.

En el ámbito opuesto, el laicismo no atenta contra ninguna religión pues ni las agrede ni las prohibe, simplemente las excluye del espacio público compartido por la gente.Un Estado debe ser laico. Los estados confesionales terminan mal. Esto va contra la Historia“. No son palabras mías, son palabras del Papa Francisco en mayo del 2015, cuando apostó por una “sana laicidad” en los territorios. Francisco en realidad pronunció estas palabras pensando más en el crecimiento del Islamismo en ciertas latitudes que sobre su propia doctrina, pero que lo dijera él fue una estupenda pieza de hemeroteca.

La Semana Santa, por ejemplo, es una manifestación en la que la tradición religiosa se ha convertido con el paso de los años en cultura popular. Une a creyentes cristianos y no cristianos en torno a un ritual con una escenificación brutal, atractiva y ciertamente pintoresca. Que la gente exprese sus creencias religiosas en torno a unas procesiones no me parece mal, pese a la invasión del espacio público. El problema aparece cuando estas manifestaciones agreden este espacio de forma escandalosa. Jerez de la Frontera es un claro ejemplo: casi dos meses llevan los palcos (lugares reservados al mejor postor) colocados en el centro de la ciudad, perjudicando a los comercios y al turismo, impidiendo el acceso a muchas personas al centro y dañando la imagen de una celebración religiosa que tiene a media ciudad cabreada. Si a esto se le suma que el Ayuntamiento mantiene un acuerdo con la Unión de Hermandades que solo ellos conocen, que nunca se ha hecho público y cuyos detalles nadie puede consultar, el tema empieza a oler mal. Empieza a desprender un tufo a clientelismo.

Y llegados a este punto, volvemos a la doble vara de medir en cuanto al respeto. Los cristianos exigen tolerancia y cortesía ante la Semana Santa, pero después no respetan los intereses de los comerciantes, ni de los vecinos del centro, ni de las personas con discapacidad física ni de nosotros, los ateos. La empatía parece caminar en una sola dirección.

Es más, el otro día pude ver a través de la redes sociales al pregonero de la Semana Santa de Jerez dar la vuelta a la tortilla a la situación actual, y marcarse un discurso —que más bien era una afrenta— de escaso talante, de baja talla intelectual y barnizado de cuñadismo, para finalmente enrocarse en el victimismo buscando el aplauso fácil de los fieles. Parece que el heteropatriarcado cofrade prefiere la confrontación al entendimiento, una actitud poco cristiana que no suma en el terreno de la convivencia. Más bien resta. Y yo prefiero sumar a restar. Llámenme raro.

Y es que hay muchos católicos que confunden el criticar las élites eclesiásticas con atacar a toda aquella persona que tenga fe. Parece que no fuera normal rendir cuentas a quien abusa de su posición religiosa para obtener beneficios patrimoniales (Rouco Varela), al que añora el franquismo, al que consigue favores económicos en un entramado mafioso (el obispo Antonio Ceballos), a quien fomenta la homofobia (Cañizares) o a quien abusa sexualmente del prójimo (hay tantos casos que darían para varios libros). Y esos no son temas religiosos, son temas de corrupción que van más allá de las creencias. Son temas de perversión e injusticia humana.


 En fin, volvamos al ateísmo. El ateísmo debe reivindicarse, y así lo hago, como una creencia más, tan válida, sopesada, respetable y fundamentada como cualquiera otra. De hecho, es, a día de hoy, la más razonable que conocemos pues no tenemos pruebas fehacientes de la existencia de ningún ente divino. Que el ateísmo en España siga manifestándose con la boca pequeña no es casual, es fruto de siglos y siglos de supremacía católica y del poder que aún ejercen ciertos sectores de la Iglesia en nuestra sociedad. 

No se engañen tras leer estas líneas, yo no anhelo quemar ningún templo religioso, apalear a ningún sacerdote, prohibir las ceremonias ni reírme de los fieles que creen en un ente divino, sea cual sea su religión de las 4.200 existentes. Para nada. Esas acusaciones sin fundamento son subterfugios que pretenden llevarse tres aplausos. Lo que defiendo es un ateísmo respetado y respetuoso, una convivencia en armonía en la que los espacios públicos sean neutrales y se reserven los actos religiosos a la esfera privada, donde los dioses estarán encantados de manifestarse ante sus fieles. Ni más ni menos. Y estoy seguro que tú, creyente que lees estas líneas, crees en la convivencia y apuestas por el entendimiento, puedes llegar a comprenderme.


Fuente: http://lareplica.es/ateo-merezco-respeto/

martes, 18 de julio de 2017

Escándalo en Alemania: el hermano de Benedicto XVI, vinculado al abuso de 547 chicos en un coro católico

Monseñor Georg Ratzinger dirigió el coro durante 30 años en la catedral de Ratisbona, período en el que sucedieron los abusos.

Escándalo en Alemania: el hermano de Benedicto XVI, vinculado al abuso de 547 chicos en un coro católico
El hermano del papa Benedicto XVI, Georg Ratzinger, en una imagen de 2013. / EFE
 En el informe final, conocido hoy, del gran escándalo de abusos a los niños cantores de la catedral de Ratisbona, en Baviera, Alemania, el hermano mayor del Papa emérito Benedicto XVI, monseñor Georg Ratzinger, de 93 años, que fue durante 30 años director del famoso coro católico germano, fue acusado de haber tenido parte de la responsabilidad de cubrir con un “yo no vi nada ni me enteré de nada” los abusos físicos y sexuales contra 547 niños.

Escándalo en Alemania: el hermano de Benedicto XVI, vinculado al abuso de 547 chicos en un coro católico
Foto de archivo tomada el 11 de noviembre de 1989 del director de música Georg Ratzinger, hermano del papa Benedicto XVI, durante
 El abogado Ulrich Weber, encargado de la investigación, afirmó que durante la larga gestión de Georg Ratzinger, entre 1964 y 1994, ocurrieron “las cosas más graves” y “a él se le reprocha haber mirado para otro lado y no haber tomado medidas”.

Un "campo de concentración"
Los integrantes del coro describieron a los investigadores sus años escolares como “un infierno”, una prisión y “un campo de concentración". El abogado Weber agregó que “muchos se referían a esos años como la peor época de la vida, caracterizada por el miedo, la violencia y el desamparo”.

Weber dijo que nadie irá preso por las denuncias porque debido al tiempo que ha pasado los delitos han prescripto y no pueden ser juzgados por los tribunales. Pero el escándalo representa una mancha muy grande para la Iglesia, que salpica al hermano del Papa emérito.

El escándalo estalló en 2010, cuando Weber anunció un primer informe que abarcó abusos contra 213 de los llamados coro de “gorriones de la catedral de Ratisbona”. En cincuenta casos los abusos fueron de naturaleza sexual y abarcaron “de las caricias a las violaciones”.

Compungido, el hermano mayor del entonces Papa Ratzinger, elegido en 2005 y que en febrero de 2013 renunció al pontificado, confesó que había dado “algunos bofetones y tirada de las orejas” a los miembros del coro, por lo que pedía perdón. Pero también aseguró que nunca vio abusos graves y menos aún de índole sexual. “Si hubiera conocido los excesos de violencia que se estaban utilizando habría hecho algo”, dijo.

Dos o tres chicos cada noche
Dos religiosos ya fallecidos fueron considerados los principales responsables. El peor era Johan Meier, director de la escuela anexa al coro entre 1953 y 1992. El compositor alemán Franz Witttebrink contó a la prensa germana que Meier “se llevaba a la noche a a dos tres niños de 8 y 9 años a su habitación, les ofrecía vino y los castigaba físicamente”.

“Eran sádicas puniciones vinculadas al placer sexual”, dijo Wittenbrink.

Otro religioso fue removido en 1958 del coro y condenado a prisión en 1971. Algunas de las víctimas hicieron la denuncia ante los responsables de la diócesis.

El informe final de hoy del abogado Ulrich Weber también acusa al cardenal conservador Gerhard Ludwig Mueller, que hasta el 1 de este mes era el “ministro” del Papa para la Doctrina de la Fe, que no lo renovó en el cargo, y en 2010 era el obispo de Ratisbona, encargado de esclarecer el escándalo.

Weber sostiene que la tarea del cardenal Mueller “presenta varias debilidades, entre ellas la de no buscar el diálogo con las víctimas”.


 Georg Ratzinger, quien hasta hoy llama “nene” a su hermano Joseph, está completamente ciego y aunque sigue en Ratisbona pasa muchos días con su hermano en el convento de los jardines vaticanos donde el Papa emérito Benedicto XVI reside.

En abril, Joseph Ratzinger celebró con una fiesta bávara sus noventa años, acompañado por su hermano Georg y bavareses que llegaron a festejarlo, con bailes y mucha cerveza.


Más información: https://www.clarin.com/mundo/escandalo-alemania-hermano-benedicto-xvi-vinculado-abuso-547-chicos-coro-catolico_0_SkExQKoB-.html

domingo, 21 de mayo de 2017

El milagro de Fátima o el efecto ‘bandwagon’

El 13 de mayo de 1917, tres pastorcillos, con ayuda del padre Manuel Nunes Formigão –para algunos el verdadero promotor de todo el fenómeno– arrastraron a unas 70.000 personas a uno de los momentos de alucinación colectiva más masivos del siglo XX

<p>Varias personas miran al cielo durante el Milagro del Sol. Fátima, 3 de octubre de 1917. </p>
Varias personas miran al cielo durante el Milagro del Sol. Fátima, 3 de octubre de 1917.
Illustracao Portugueza
 Tres pastorcillos, Lúcia dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto, de diez, nueve y siete años, confesaron a sus padres estar siendo testigos de visitas regulares de la Virgen María. Cinco meses después, el 13 de mayo de 1917, los tres pastorcillos, con ayuda del padre Manuel Nunes Formigão –para algunos el verdadero promotor de todo el fenómeno– iban a arrastrar a unas 70.000 personas al momento de alucinación colectiva más salvaje del siglo XX. En psicología se llama alucinación colectiva, en política efecto bandwagon –carro que lleva a la banda de música en un desfile–, o efecto arrastre, término surgido durante la campaña electoral de Abraham Lincoln, en 1848, para designar a la muchedumbre que se subía a los vistosos carros de propaganda electoral, dando por hecho que sería el candidato elegido y sin tener ni idea de su programa de gobierno. 

Pero si el milagro de Fátima ocurrió a principios del pasado siglo no fue por casualidad. Europa estaba enzarzada en la Primera Guerra Mundial, y Portugal se había metido de cabeza en ella, tanto en el continente europeo como en sus colonias africanas. El país llegó a tener movilizados 200.000 hombres, alrededor del 10% de la población activa masculina. Pero sobre todo eran tiempos aciagos para la Iglesia Católica en países como Portugal, España y, sobre todo, Rusia, donde una revolución en el pensamiento colectivo invadía territorio político, intelectual y espiritual, y relegaba a la religión a un atribulado espacio donde sólo podía ejercer el papel de culpable de todas las miserias pasadas y presentes.

La antaño indiscutible Iglesia Católica vivía una auténtica crisis de fe en Europa. En febrero de 1917 abdicaba el zar Nicolás II, garante de la jerarquía social y del orden religioso en Rusia, y los revolucionarios incendiaban las calle para implantar una forma de gobierno declaradamente anticlerical. En España, el descontento social por la pobreza y la falta de oportunidades se volvía muchas veces contra la Iglesia, alegoría de la indefensión del hombre sencillo e ignorante ante el sistema de clases; se quemaban templos, se atacaban los símbolos católicos más sagrados e incluso se atacaba a monjes, padres, frailes y todo aquel que llevara sotana.

 Si en España existía un conflicto entre el viejo sistema y el que estaba por llegar, en Portugal, a principios de siglo XX, la balanza había caído con el peso de un elefante del lado de la emancipación. En 1910 el nacimiento de la Primera República también trajo la llamada ‘guerra religiosa’: se prohibieron las órdenes y la enseñanza de religión en todas las escuelas, se expulsó a los obispos de sus diócesis, el Estado expropió todos los bienes de la Iglesia, incluyendo las casas parroquiales donde vivían los monjes –lo que los rebajaba al indigno nivel de inquilinos–, se aprobaron las leyes de divorcio, el Registro Civil obligatorio y las Leis da Família –el matrimonio pasaba a ser un mero contrato, se reconocían derechos a los hijos tenidos fuera del matrimonio, así como a la madre, etc.–, se declaró el Estado laico y completamente separado de la Iglesia Católica, la libertad de conciencia y de culto, se prohibió toda práctica litúrgica fuera de los templos... Y la peor de las afrentas para la embutida moral cristiana: las pensiones atribuidas al clero pasarían a ser susceptibles de herencia por parte de sus viudas o hijos, haciendo pública, de forma descarada y algo burlesca, la frecuente ruptura del celibato dentro de toda la estructura sacerdotal.

La Iglesia Católica estaba perdiendo la batalla de las conciencias en Portugal, o al menos eso parecía. En este contexto de guerra religiosa, como en toda refriega, ambos bandos se asestaban golpes, y Fátima significó una devastadora estrategia de contraofensiva ejercida a cañonazos desde la trinchera rural, mucho más numerosa –el 85% de la población–, contra el minoritario, bienintencionado pero desorientado bastión urbano. Tan sólo 6 años antes, Afonso Costa, ministro de Justicia y Cultos, había proclamado para defender la Lei da Separação –divorcio–: “Está admirablemente preparado el pueblo para recibir esta ley; (…) en dos generaciones Portugal habrá eliminado completamente el Catolicismo, que fue la mayor causa de la desgraciada situación en que cayó. ¡Que sepa al menos morir quien vivir no supo!”.

Sin embargo, la población católica del país –el 99,8%, según el censo de 1911– pasaba la infancia y adolescencia escuchando chismes y parábolas sobre vírgenes, santos, milagros, castigos celestiales, fervor piadoso y apariciones, tanto en casa como en la escuela, los pocos que la pisaban. La hermana de Lúcia dos Santos, la mayor de los tres pastorcillos que dijeron ver a la Virgen levitando sobre los inhóspitos pedregales de Cova da Iria, en Fátima, no fue una excepción; más bien superaba la norma y era conocida por su precoz memoria e imaginación. Su hermana Maria dos Anjos contaría tiempo después: “Todas las noches, especialmente en invierno, nuestra madre nos leía un poco del Antiguo Testamento o del Evangelio, otras veces algo de Nuestra Señora de Nazaret o de Lourdes. Cuando fue lo de las apariciones, me acuerdo de ella diciendo toda irritada a Lúcia: ‘como Nuestra Señora apareció en Lourdes o en Nazaret, ¿piensas que también se te va a aparecer a ti?” 

El fenómeno no era nuevo. Ya se contaban otros casos de apariciones o ilusiones colectivas en Portugal, como la de Ortiga o la de Monte Santo. Sólo tres días antes de la primera aparición de 1917 a los tres pastorcillos de Fátima, el pastor Severino Alves, que por aquel entonces contaba con 10 años de edad, juró a su padre que la Virgen se le había aparecido en una enramada mientras cuidaba del rebaño. En la actualidad, el lugar de la virgen de Severino, en Ponte de Barca, junto a la frontera norte con España, sólo cuenta con una pequeña capilla. Ni siquiera tiene una entrada en la Wikipedia. El caso no comenzó a ser investigado hasta pasados 57 años, en 1975, precisamente después de otro momento delicado para la Iglesia: la Revolución de los Claveles. Mala suerte para Severino...tres días después de su epifanía, el caso de los tres pastorcillos de Fátima se iba a llevar la palma.

Se entiende que los milagros han de tratarse con tino, que una aparición está bien, pero dos en el mismo sitio lo único que consigue es banalizar la rareza. Lo que no podía nadie prever era que la Virgen que se apareció a Lúcia, Francisco y Jacinta en aquella tierra sedienta, salpicada de encinas enclenques, estaba destinada a construir el mayor centro mariano de peregrinación de Europa. Como en la guerra de guerrillas urbana, donde un grupo de liberación comete acciones no sólo para desestabilizar al gobierno central, sino también para despertar a la población de su supuesto letargo, las primeras reacciones del gobierno republicano no hicieron sino avivar los ánimos de una población realmente necesitada de milagros. Es lo que se llama estrategia de ‘acción, reacción, repercusión’: pastorcillos ven milagro, sólo unas 50 personas en cuatro meses se acercan por pura curiosidad: acción. El Gobierno los detiene a tenor de su encarnizada represión política: reacción; en octubre, tan sólo cinco meses después de la de los niños, decenas de miles de personas se dan cita alrededor de los pastorcillos para ver el milagro anunciado: repercusión. 

La repercusión fue seria, e iba a ser recordada como el Milagro del Sol. Unas 70.000 personas se trasladaron a Cova da Iria aquel 13 de octubre de 1917, atraídas por las promesas de un milagro que convertiría, por un día, a los portugueses en el pueblo elegido. En un país en el que gran parte de la población tenía a un hijo, un padre, un hermano o un amigo en el frente, no era baladí la posibilidad de ver a la Virgen y rogarle en persona por la salvación propia y la del vecino. Lo que hace único al Milagro del Sol es la cantidad de personas que, sin excepción, aseguraron ver al Sol bailar y hacer cabriolas en el cielo. Además, las distintas versiones que compartieron los asistentes con periodistas e investigadores fueron convergiendo con el tiempo y en pocas semanas todos coincidían en la historia. Todos, niños y ancianos, más o menos ilustrados, más o menos pobres.

Ni siquiera las apariciones de Knock, en Irlanda, o las de Garabandal, en la España de los 60, consiguieron llevar al éxtasis a semejante cantidad de personas y con tanta unanimidad. Por otra parte, echando un vistazo a todas en conjunto lo que subyace es quizá más impactante. La idea nietzscheana de que Dios ha muerto iba más allá de la religión, y en este caso supera la mera justificación mercantilista de fenómenos sociales tan indómitos y homogéneos. Nos permite de alguna forma abaratar los deseos codiciosos del estrato financiero de la Iglesia Católica y devolver a la conciencia colectiva su trascendencia en los engranajes de los acontecimientos. Tanto Fátima, como Lourdes o como Knock, ocurrieron en momentos de la Historia en que las personas veían amenazadas sus creencias, quizá débiles y sin fundamento, pero sin duda tan arraigadas que la posibilidad de una dolorosa ruptura acabó por torcer el argumento natural de forma, al menos hasta hoy, irreversible.

Fuente:  http://ctxt.es/es/20170510/Politica/12681/milagro-fatima-aniversario-historia-religion.htm

miércoles, 5 de abril de 2017

Así fue la mafia de los bebés robados en el franquismo

El viernes 7 de abril se estrena en los cines alemanes, con el título La herencia de Franco: los bebés robados en España (Francos Erbe - Spaniens geraubte Kinder, en alemán). "Lo que comenzó como una acción de limpieza política se convirtió en un lucrativo negocio", afirma la sinopsis de la película.
 
Así fue la mafia de los bebés robados en el franquismo

  "Es uno de los mayores escándalos de la historia moderna europea: durante la dictadura de Franco incontables bebés de los adversarios políticos fueron adoptados por la fuerza". Así de claro y directo se anuncia el documental producido por Soilfilms en cooperación con la televisión pública de Baviera (Bayerischer Rundfunk) y el canal franco-alemán ARTE.

La directora alemana Inga Bremer recoge los testimonios de dos afectadas por la mafia robabebés que actuó hasta bien entrados los 90. Bebés que las asociaciones de afectados calculan en más de 300.000, que habrían sido secuestrados, apartados de sus padres al nacer, a quienes aseguraban que había muerto para venderlos a continuación.

"Los maquinadores fueron médicos, monjas, curas, trabajadores sociales y notarios". La descripción del documental ofrece la oportunidad de apreciar cómo se ven desde fuera, desde Alemania en este caso, una serie de violaciones de los derechos humanos más básicos, que en el centro mismo de la sociedad española parecen en ocasiones no tener la importancia debida, casi comparables a otros vestigios de la dictadura sobre los que hay que pasar página sin plantearse mayores preguntas.

La película introduce un tema casi desconocido para la sociedad alemana a través de dos protagonistas que narran su calvario y con las que el espectador puede llegar a sentirse identificado con facilidad.

Clara Alfonsa tuvo una hija con 14 años. Le dijeron que estaba muerta y, 27 años después, se reencuentra con ella. Alicia, por su parte, busca a sus padres biológicos después de descubrir, tras el fallecimiento del que creía su padre, que él y su madre adoptiva habían pagado una buena suma por comprarla. El tercer protagonista es el abogado Enrique Vila Torres, que se ha especializado en filiaciones familiares después de que a los 23 años descubriese que él también era adoptado. Hasta hoy, sigue buscando a sus padres.

"Todos los que trabajaban en el hospital sabían lo que allí pasaba", explica una antigua enfermera de una clínica que relata a cara tapada cómo se llevaban a cabo los robos. Su imagen, sentada a contraluz frente a una ventana, es la que aparece en el cartel y uno de los momentos de mayor tensión del documental.

"Fue muy complicado realizar esa entrevista", explica a eldiario.es la directora Inga Bremer, sobre esta conversación, el momento en el que la película recuerda más a un documental de investigación sobre un tema que sigue estando de máxima actualidad.

Lo que el documental no cuenta

Habría sido un reto indagar en las historias de algunos de los secuestrados que fueron vendidos en el exterior, ya que el espectador alemán no llega a saber que se dio el caso. "Pero ello habría excedido nuestro proyecto", explica Bremer, "eran demasiadas historias y no habría podido hacerles honor como hubiese querido".

También, en especial para el público de Alemania, habría sido de gran interés contar los comienzos de dicha práctica, que hunde sus raíces en la eugenesia teutona, con el médico franquista Vallejo Nájera como máximo exponente de la idea del "gen rojo" que hay que extirpar.

"Podría haber utilizado mucho material de archivo, de Franco y Hitler, contando todas las implicaciones políticas, pero entonces habría hecho otra película", explica la directora. "Me he querido concentrar en destino personal de dos mujeres, en mostrar cómo una madre que ha encontrado a su hija y una hija que busca a sus padres biológicos se enfrentan a esa situación, y lo que esa búsqueda provoca en ellas".

En la película no aparece la Iglesia, que tal como denuncian las asociaciones de víctimas, se niega a abrir archivos necesarios para las investigaciones. Inga Bremer asegura que trató por todos los medios de que declarasen, pero se dio de frente contra un muro. "Noté muy rápido que es un tema que está muy reciente y que es casi tabú en la sociedad". Tampoco se apunta a responsables concretos algunos, ni siquiera se habla del famoso juicio en el que se comenzó a juzgar a la monja Sor María Valbuena, que no llegó a ser juzgada porque falleció antes. Ni se habla del auto del juez Garzón y de cómo éste fue apartado de sus funciones.

"Los alemanes no conocen a casi ningún político español, por eso hemos tratado simplemente de dejarlo abierto, y de mostrar, que de alguna forma, son las mismas personas las que siguen mandando y podrían tener relaciones con la mafia del robo de bebés", explica Bremer cuando le preguntamos por qué no habla con periodistas especializados como por ejemplo Maria José Poves, que hizo una serie de reportajes de investigación, que luego publicó en un libro y que apuntaba directamente a varios políticos del Partido Popular con relación familiar en la trama.

La película llega ahora a los cines alemanes y podrá verse en televisión después en el canal francoalemán ARTE y a finales de año en la televisión pública alemana BR. Vale la pena pararse a verla porque muestra dos historias concretas de una forma muy delicada. Incluso para el espectador español resultaría interesante el visionado, ya que algunas de las víctimas en España han pasado de plató de televisión en plató y se les ha dado un tratamiento amarillista, pero esta obra devuelve a los afectados una parte de su dignidad robada.
 

martes, 3 de enero de 2017

Investigan a un sacerdote en Italia por organizar orgías y prostituir a sus amantes



El párroco Andrea Contin, de la ciudad italiana de Padua, está siendo investigado por organizar orgías en su rectoría y prostituir al menos a 15 personas. De esta forma, habría obtenido ingresos de forma ilegal, empleando además violencia psicológica contra sus víctimas.

En lo que ya es un escándalo nacional, todo comenzó por las quejas de tres parroquianas contra el sacerdote; la Policía empezó el caso, al confiscar de Contin varios vídeos que contenían imágenes de orgías grabadas en las instalaciones de la iglesia de San Lázaro.

Ahora, el sacerdote ha sido acusado de haber ‘ofrecido’ por dinero a sus parejas femeninas a hombres a través de sitios web de intercambio de parejas. Además, con el mismo objetivo Contin habría organizado viajes a un balneario al sur de Francia.

Las autoridades eclesiásticas recibieron quejas sobre Contin el verano pasado, pero no se dirigieron a la Policía, con la excusa de que iban a realizar una investigación interna. Por el momento, el párroco no ha sido detenido, pero ha sido suspendido del cargo.


Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2017/01/03/investigan-sacerdote-italia-organizar-orgias-prostituia-amantes/

martes, 6 de septiembre de 2016

El papel de la Iglesia en la Guerra Civil

Durante la posguerra, los curas redactaron informes, denunciaron y delataron a todo sospechoso de deslealtad al nuevo régimen, renunciando a la posibilidad de transformarse en un instrumento de reconciliación nacional.
Misa de acción de gracias tras la toma de Liébana por la tropas franquistas. | DESMEMORIADOS
Misa de acción de gracias tras la toma de Liébana por la tropas franquistas. | DESMEMORIADOS
 El documento de este mes es una foto de la primera misa de acción de gracias que se celebró tras la toma de las tropas franquistas de la comarca lebaniega, en septiembre de 1937. Estamos hablando de una misa de campaña en una doble acepción: porque fue celebrada al aire libre y para un grupo numeroso de personas como en cualquier fiesta patronal; y porque fue un acto simbólico de la campaña militar repetido innumerables veces tras los avances de los ‘Nacionales’.

Es una muestra de la vinculación de la jerarquía de la Iglesia con el golpe militar contra la República. El foco de la imagen reside en el altar al que se dirigen todas las miradas. La Guardia Civil en traje de gala custodia la ceremonia, el sacristán y los monaguillos son testigos privilegiados del acto, mientras a su vera dos eclesiásticos siguen atentos el proceder de los oficiantes. La población civil aparece en la esquina superior de la foto, y en la otra ondea una bandera.

La Historia de España, desde la época de los Reyes Católicos hasta la actualidad, está trufada de ejemplos de la lucha encarnizada que la jerarquía de la Iglesia española ha mantenido contra cualquier enemigo que pretendiera hacer tambalear su predominio religioso y social. La llamada Reconquista de la Península y la posterior expulsión de moriscos y judíos, la conquista y evangelización de América y la pugna contra el protestantismo en el corazón de Europa Central o la aplastante sombra de la Inquisición, son hitos evidentes de dicha afirmación.

No es extraño pues, que a partir del siglo XIX, con el avance de la Ilustración, la Iglesia española, que había vivido de espaldas al pueblo, inmersa en su tradicional mentalidad de que todo aquello que no es católico no es español, y temerosa, sobre todo, de que tal avance provocase una pérdida de sus privilegios, no supo adaptarse a la realidad de los nuevos tiempos. Asistió impasible, sino con hostilidad, al desarrollo de las reivindicaciones proletarias y utilizó su poder para combatir contra las oleadas de anticlericalismo rampante, que se encarnaban en los “nuevos fantasmas que entonces recorrían Europa” (liberalismo, racionalismo y socialismo en todas sus manifestaciones) y acabó convirtiéndose en el arma moral de los intereses de la oligarquía.

Con el advenimiento de la II República los temores de una rápida pérdida de influencia en favor de las tesis anticlericales se hicieron realidad. Paso a paso los gobiernos republicanos fueron legislando en ese sentido a partir de la separación entre Iglesia y Estado. Y así fueron sucediéndose normas que recalcaban la inicial: proclamación de la libertad de cultos, prohibición de la dedicación a la enseñanza de las órdenes religiosas, retirada del crucifijo en las escuelas o la secularización de los cementerios.

En Cantabria, que tradicionalmente había sido una región muy religiosa, con los nuevos aires, también se percibió, al igual que en el resto de España, una relajación en las costumbres y en los valores religiosos, que empezando por las zonas más industrializadas de la provincia se fue extendiendo lentamente a otras comarcas de carácter más rural.

Con el estallido de la Guerra Civil casi la totalidad de la jerarquía eclesiástica se puso de parte de los militares rebeldes, en una clara confluencia de intereses, más allá de lo meramente religioso. Hubo, sí, un panorama de simpatías y aversiones en un clero resentido por lo que entendía como un ataque radical a su naturaleza, representado inicialmente por el grado de secularización y el abandono del culto por parte de la población, pero también a consecuencia de la competencia por la clientela que percibía en los maestros racionalistas, los militantes obreros o los republicanos laicos.

Para amplias esferas de la sociedad, sin una especial capacidad crítica, supuso esto un factor determinante en su inclinación hacia la causa del bando autodenominado “nacional”. Así mismo se produjo una participación activa, tanto en el frente como en retaguardia de numerosos sacerdotes, y desde los púlpitos se manifestaban en contra de los enemigos de la religión y de Dios.

A través de un lenguaje maniqueo condenaron a la República como una “horda roja” y ensalzaron las acciones del ejército franquista, transformando así una evidente guerra de clases en una “Cruzada de Salvación”.

Durante el tiempo que duró la contienda los rencores no hicieron sino acrecentarse. En las zonas controladas por cada uno de los bandos se ejerció la represión, aunque mientras en la zona rebelde los asesinatos y las ejecuciones obedecieron a decisiones por lo general muy calculadas por parte de los mandos militares y sus aliados civiles (falangistas, carlistas, monárquicos, católicos…) como un fin en sí mismo para construir el modelo de Estado que tenían en mente, en la zona republicana las acciones punitivas fueron debidas a la desaparición del Estado y, con él, a la ausencia de normas, y a una revolución obrera deslavazada sin apenas jerarquías y objetivos precisos.

Aunque bien es cierto que la Iglesia católica sufrió una desmedida persecución y violencia (en Cantabria, por ejemplo, se saldó con 77 sacerdotes, 84 religiosos y 13 seminaristas muertos, además de la destrucción de 42 iglesias), también lo es que, por su lado, esa misma Iglesia tomó parte de forma categórica en la guerra y en la represión organizada por la dictadura franquista, no sólo porque la sangre de sus mártires clamara venganza, sino también, y sobre todo, porque el triunfo franquista cortaba el avance del laicismo anterior al golpe militar y otorgaba a la Iglesia una hegemonía y un monopolio, materializados en enormes ventajas económicas y jurídicas, amén de un estrecho control sobre la vida social y cultural del país.

Al tiempo, y en correspondencia, esta alianza de intereses daba carta de naturaleza y de algún modo legitimaba un régimen antidemocrático que nació sustentado en la fuerza de las armas y el apoyo del nazismo alemán y el fascismo italiano.

La Iglesia justificó su toma de posición alegando que se había desencadenado una brutal persecución contra ella y afirmando que el pueblo español era católico en su inmensa mayoría, por lo que la respuesta bélica era obligada, justa y necesaria.

Con el final de la guerra y la instauración definitiva de la dictadura, la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939, dio la oportunidad a la Iglesia, por medio de sus párrocos, de convertirse en un organismo de investigación cuasi policial, al mismo nivel que los ayuntamientos o los dirigentes locales de Falange. En este sentido, durante la posguerra, los curas redactaron informes, denunciaron y delataron a todo sospechoso de deslealtad al nuevo régimen, renunciando de este modo a la posibilidad de transformarse en un instrumento de reconciliación nacional.



jueves, 28 de enero de 2016

Arzobispo de Oaxaca encubre a cura que abusó de 100 niños




El sacerdote está en prisión, procesado por corrupción de menores. Acusan de protegerlo al arzobispo de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez Botello
La organización civil Foro Oaxaqueño de la Niñez, del sur de México, junto con varios sacerdotes y activistas, acusó a la Iglesia mexicana de proteger a un cura que pudo haber abusado de un centenar de menoresy que desde 2013 está en prisión para ser procesado por la justicia por corrupción de menores.
cura abusos 
La acusación fue realizada en una rueda de prensa en la que se leyó una carta de la madre de una de las víctimas dirigida al papa Francisco, que visitará México en febrero, en la que pide al sumo pontífice “justicia” para los niños y adolescentesblanco de esos abusos y que “no vuelva a suceder”.

El objetivo principal de la denuncia es el arzobispo de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez Botello, al que los denunciantes acusan de encubrir esos casos por no realizar presuntamente una investigación a fondo de los supuestos abusos, ocurridos al parecer en siete comunidades indígenas.

Al sacerdote Gerardo Silvestre Hernández se le acusa presuntamente de cometer un primer abuso hace casi una década.

“En 2006, Gerardo Silvestre abusa de un niño de nueve años al ocupar un interinato de seis meses” en laparroquia de San Pablo Huitzo, indicó el representante del Foro Oaxaqueño de la Niñez (Foni), Alejandro de Jesús, al exponer el caso.

Según De Jesús, después de aquello “se han rastreado a más de 100 víctimas” en los años en que Silvestre ejerció sus funciones de cura en los siete destinos distintos a los que fue trasladado por la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca en la sierra de ese estado del sur de México, uno de los más pobres e indígenas del país.
Pidió también sanciones para los involucrados “indirectamente” en el caso, en alusión a la Iglesia mexicana, a la que acusó de “proteger a los victimarios en lugar de salvaguardar a las víctimas”, por su “complicidad con los clérigos pederastas”.

“Estos delitos no representan hechos aislados y constituyen crímenes de Estado que hieren a la humanidad”, consideró.

Silvestre fue acusado por la fiscalía oaxaqueña de corrupción de menores el 12 de agosto de 2013 contra dos niños de la comunidad indígena de Villa Alta, ubicada en la Sierra Norte de Oaxaca.

El 29 de noviembre de ese año fue recluido en una cárcel oaxaqueña, donde permanece a la espera de juicio y sentencia.

En la rueda de prensa participó también el sacerdote Apolonio Merino, actualmente suspendido por la Arquidiócesis oaxaqueña y una de las personas que denunció el comportamiento de Silvestre.

Merino aseguró que la denuncia “no es para atacar a la Iglesia, sino para que se conozca la verdad” y “se aplique la justicia”.

Dijo ser blanco de “hostigamiento, amenaza y persecución” por haber cumplido con “el deber de un clérigo”; es decir, “ser colaborador del obispo” y “decirle” lo que sucedía, después de escuchar el testimonio de las víctimas.

En la carta dirigida al papa Francisco por la madre de un adolescente de 14 años que supuestamente fue objeto de los abusos, leída en el mismo acto, además de pedir justicia al pontífice, la mujer criticó al arzobispo por “castigar” a varios padres, además de Merino, que no estaban de acuerdo con lo que hizo Silvestre.

Gerardo Silvestre fue acusado por la fiscalía oaxaqueña de corrupción de menores el 12 de agosto de 2013 contra dos niños de la comunidad indígena de Villa Alta, ubicada en la Sierra Norte de Oaxaca