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miércoles, 31 de agosto de 2022

Luces y sombras de Mijaíl Gorbachov (1931-2022)

Dos trabajadores del Palacio del Pardo izan la bandera soviética en uno de los balcones del edificio, residencia oficial de Mijaíl Gorbachov durante su viaje oficial a España en 1990. Una fotografía de Marisa Florez.

El gran ruso universal que minusvaloró al imperialismo

Fallecido esta noche a los 91 años de edad, Mijaíl Gorbachov fue un político extraordinario; honesto, valeroso y humanista. Es el único político que he conocido y tratado personalmente cuya foto tengo enmarcada en mi biblioteca. Si hubiera podido tratar a Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o al Che, y posar junto a ellos, los tendría también, pero no fue el caso. Era un tipo simpático. Con sentido del humor y exento de toda arrogancia. Con las mejores cualidades del hijo de muzhik de Stávropol que era.

Gorbachov tendía a ver en los demás el aspecto positivo. Creía en la capacidad de las personas y sociedades en avanzar hacia algo mejor. Sin ese fondo de ingenuidad y optimismo sobre las personas y sobre el mundo, nunca habría podido proponerse metas como acabar con la guerra fría o democratizar el sistema soviético.

La ingenuidad y el optimismo, además de la valentía, son imprescindibles en un político que quiera cambiar las cosas. Esos rasgos convierten a Gorbachov en una figura universal. Armados únicamente del pragmatismo y del cálculo aritmético, los realistas nunca cambiarán el mundo. Si además son mediocres administradores de “lo que hay” y están sometidos a intereses financieros, empresariales y oligárquicos, como suele ser el caso, el asunto no tiene vuelta de hoja…

Pero Gorbachov era, al mismo tiempo, un animal político. Lo más curioso de su ingenuidad era que convivía con la piel de lobo, con las habilidades necesarias para moverse y ascender en el mundo de la nomenclatura soviética, un universo lleno de intrigas por el que ascendió desde lo más bajo hasta lo más alto. Aún más curioso fue que en ese ascenso, Gorbachov fuera potenciado por sus mentores -fundamentalmente por Yuri Andrópov- precisamente por el fondo de honestidad que se veía en él y que lo hacía preferible a otros, como Gregori Románov o Viktor Grishin, en la URSS de los setenta y ochenta. Ese hecho sugiere que un sistema, que históricamente era a la vez heredero de Stalin y de la desestalinización, un sistema que creíamos tan podrido, quizá no lo fuera tanto puesto que algunos de sus máximos responsables aún eran capaces de distinguir, valorar y potenciar las cualidades positivas de Gorbachov y preferirlas a los rasgos de sus adversarios.

En el grupo dirigente soviético que le acompañó, había otros personajes a los que traté personalmente y siempre consideré como honestos; el primer ministro Vladímir Rizhkov, por ejemplo, o el miembro del politburó Yegor Ligachov, que acabó siendo un adversario de Gorbachov y al que la leyenda occidental convirtió en una especie de demonio con rabo y cuernos, o el Mariscal Sergei Ajromeyev… Pero Gorbachov destacaba claramente entre todos ellos.

Anomalía nacional

Desde el punto de vista de la secular tradición del poder moscovita, Gorbachov es una anomalía. Esa tradición, tanto con el llamado comunismo como en la época zarista, se fundamenta en la autocracia. La tendencia natural del gobernante autócrata es acumular y centralizar más y más poder en su persona. Gorbachov rompió con esa lógica. Delegó poder de autócrata en cámaras representativas. Eso no tiene precedentes en la secular historia rusa y fue interpretado como debilidad por la arcaica y tradicional mentalidad de la sociedad. Gorbachov iba claramente por delante de ella. Creía en la democratización -y en un socialismo más humano- y se suicidó políticamente en aras de esa creencia, porque en Rusia fue un general sin ejército para aquella causa. Recuerdo sus declaraciones, muy claras, ante una veintena de periodistas rusos y extranjeros reunidos en el Kremlin el día que le disolvieron la URSS, en la que mencionó la soledad de Jesucristo en la cruz. Lo hizo sin la más mínima pretensión. Los periodistas rusos allí presentes no entendieron aquella analogía. Los americanos, Bill Keller luego director de The New York Times, David Remnick de The Washington Post, sonrieron cínicamente. Yo me quedé boquiabierto. Y él era consciente de aquella incomprensión, pero le daba igual: estaba en paz consigo mismo. Por eso no es una figura trágica, como afirman equivocadamente tantos observadores.

Gorbachov fue un socialdemócrata, pero un socialdemócrata en las condiciones de la URSS. En un universo sin poder financiero, sin propiedad privada y donde lo político dominaba a lo económico, ser socialdemócrata no tenía nada que ver con el SPD o el PSOE. Era democratizar el socialismo. Palabras mayores sin la menor relación con la acción de los Mitterrand, Soares, González y demás personajes.

La sociedad rusa que tanto criticó a Gorbachov prefirió seguir a caudillos como Boris Yeltsin, o luego Vladímir Putin, mucho más tradicionales y acordes con su mentalidad. Gorbachov no tuvo nada que ver con la creación del actual sistema político ruso, un conglomerado de estatismo moscovita y capitalismo parasitario de magnates. Al revés, con Gorbachov como Zar, el adversario, Boris Yeltsin, ganó unas elecciones. Pero Yeltsin ya no consintió lo mismo: cuando su poder fue puesto en cuestión sacó los tanques y disparó contra su parlamento fiel a la tradición autocrática y entre el aplauso de Occidente. El sistema político de la Rusia de hoy es hijo de Yeltsin, y de Occidente, tanto o más que de la tradición soviética. El futuro, si es que vamos hacia un mundo mejor, queda para el ejemplo y los precedentes que Gorbachov sentó.

Demasiado optimista hacia Occidente

En política internacional, Gorbachov emprendió algo también glorioso. Se centró en la cancelación del conflicto Este-Oeste con la idea de abordar los retos del siglo que amenazan a toda la humanidad: el Apocalipsis nuclear, el calentamiento global, la desigualdad Norte/Sur, las pandemias, añadiríamos ahora… En definitiva, la necesidad en el siglo actual de un mundo integrado. Para ello hablaba de “desarrollar el enorme potencial del socialismo” y de la necesidad de propiciar una nueva civilización, un concepto que tomó de Einstein y fue siempre su referencia finalista.

Todo eso que dicho por un predicador de provincia habría sido banal e irrelevante, era, por errático que fuera, sensacional en boca del líder de una de las dos superpotencias mundiales. Pero en ese camino glorioso se olvidó del imperialismo, es decir del dominio mundial de las naciones más fuertes sobre las menos, del desarrollo desigual y de la competición por recursos. Aún nos falta perspectiva histórica para juzgarlo, pero es evidente que ese olvido fue nefasto y garrafal.

Con la URSS aún no disuelta, Occidente recibió luz verde para amarrar un poco más su control sobre el petróleo, con la primera guerra de Irak. Luego todos los espacios de los que la URSS se retiró fueron ocupados por la OTAN contra Rusia, operación que continua aún hoy con dramáticas consecuencias bélicas. En Occidente no creían en ninguna “nueva civilización”. Los interlocutores de Gorbachov eran políticos vulgares y reaccionarios como Ronald Reagan o Margaret Thatcher o socialdemócratas que abrazaron el neoliberalismo de aquellos, como Mitterrand o González. Y en el sistema en el que estaban insertos esos líderes no había la menor intención de reforma. Gorbachov demostró que lo irreformable no era el comunismo, sino el capitalismo.

En la operación de la reunificación alemana, cometió un error monumental sobre el que discutimos acaloradamente en varias ocasiones: podría haber condicionado la reunificación a la firma de un documento que excluyera la pertenencia de Alemania a la OTAN así como su ampliación al Este, aspecto que quedó en poco más que declaraciones verbales de buenas intenciones. Gorbachov no lo hizo pese a que la opinión pública alemana estaba claramente de acuerdo con ello. El oportunismo occidental, y en especial de Estados Unidos, que sin la OTAN perdía su control sobre Europa, el caos ruso de los años noventa, con tres golpes de estado, y la ansiedad de los antiguos vasallos de Moscú por ser vasallos de Washington, pusieron el resto. Por todo ello, la retirada imperial de Rusia no contribuyó a la necesaria integración mundial, sino al avance y crecimiento del otro gangster global de la guerra fría que desde entonces va de una guerra a otra. Fue una gran ocasión perdida. Esperemos que no sea irremediable para la humanidad y el planeta.

Un cuarto de siglo después del fin de la guerra fría, los muros Norte/Sur, viejos y nuevos, convierten en minucia aquel “telón de acero” del comunismo. La falta de libertad que había en los países de Europa del Este en el marco de aquella mezcla de socialismo y dictadura, palidece al lado de la pobreza, y las relaciones de desigualdad, explotación y vasallaje que imperan en la mayor parte del mundo, incluidos algunos de los países antes dominados por la URSS y que hoy padecen la habitual mezcla de democracia de baja intensidad y capitalismo.

Desde ese punto de vista, el de Gorbachov es un balance muy, muy ambiguo. Pero pese a ese balance creo firmemente que puede considerarse a Mijaíl Gorbachov como una de las grandes personalidades del Siglo XX. Un ruso universal que podemos colocar en la galería de los grandes hombres universales, al lado de los Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o Che Guevara.

Fuente: https://rafaelpoch.com/2022/08/30/luces-y-sombras-de-mijail-gorbachov-1931-2022/

domingo, 8 de octubre de 2017

50 años de la muerte de Ernesto Guevara: qué son los "cuadernos de Praga", los textos en los que el Che predijo el colapso de la Unión Soviética

Jrushchov y Guevara
AFP/Agencia Estado
Image caption A la derecha, Ernesto Guevara, y a la izquierda el entonces presidente del Consejo de Ministros de la URSS Nikita Jrushchov, en 1962.
 Escondido en una pequeña habitación en la capital de Checoslovaquia, usando pasaportes falsos y una prótesis que le transformaba el rostro, Ernesto "Che" Guevara anticipó en 1966 que el capitalismo triunfaría en la Unión Soviética.

"Se está regresando al capitalismo", sentenció el argentino-cubano en Praga, casi un cuarto de siglo antes del colapso de la URSS.

Aquella premonitoria conclusión era parte de un texto que permaneció durante décadas inédito y en el que el Che critica el rumbo que en ese entonces tomaba el bloque socialista de Europa del Este.
Guevara observaba que ideas y valores capitalistas habían sido reincorporados en las políticas económicas soviéticas, influenciando cada vez más a la sociedad.

Esos apuntes forman parte de una colección de escritos que son (poco) conocidos como los "cuadernos de Praga", las reflexiones que Guevara hizo en la capital checoslovaca en los meses posteriores a su paso no muy afortunado por el Congo y previos a su última campaña guerrillera en Bolivia.

Monumento a Marx en Moscú.
Getty Images
Image caption Guevara denunciaba que las políticas soviéticas se alejaban de los principios marxistas y restauraban valores capitalistas.
 En ese tiempo, el Che dejaría de lado el fusil y la boina con la estrella para concentrarse en la filosofía, los debates marxistas de la época, y las dificultades económicas para la tan añorada transición al socialismo.

Ese fue el marco en el que el icónico personaje ejecutado en La Higuera, Bolivia, hace cinco décadas realizó sus controversiales críticas a la ortodoxia marxista y al rumbo del bloque socialista.
Críticas que, desde luego, no gustaron nada a la nomenklatura soviética.

Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es trágico, esto no se refiere sólo a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados son incalculables.

En el curso de nuestra práctica y de nuestra investigación teórica llegamos a descubrir un gran culpable con nombre y apellido: Vladimir Ilich Lenin.

Ermesto "Che" Guevara. ("Apuntes críticos a la economía política"). Praga. 1966.

Dentadura postizaGuevara desembarcó en Praga siendo uno de los hombres más buscados por los servicios de inteligencia del mundo.

Alternaba dos identidades, una de uruguayo y otra de español, usaba una dentadura que le envejecía el rostro y no tenía barba ni cabello.

Es un periodo tan difuso en la vida del guerrillero que la mayoría de sus biografías, incluso las más consagradas, le dedican muy pocas páginas.

No se sabe a ciencia cierta cuántas personas conocían del paradero del Che en 1966, pero la escritora y traductora checa Blanka Stárková afirmó en 2013 que el secretismo fue tal que la élite política de Checoslovaquia recién supo de ese paso a principios de la década del 70.
Ernesto Guevara da un discurso
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Image caption Guevara representó a Cuba hasta 1964, cuando partió a Angola.

Tampoco está claro porqué se eligió Praga en lugar de cualquier otra ciudad de Europa del Este, pero los que hablaron al respecto coinciden en que el objetivo era poner a Guevara fuera de los radares mundiales.

"Lo sabían solamente los servicios secretos cubanos que organizaron su estancia", dijo Stárková, quien además tradujo al checo "Los cuadernos de Praga", una novela histórica sobre las vivencias del guerrillero en aquella ciudad escrita por el diplomático argentino Abel Posse.

Es precisamente Posse, pese a no ser afín a las ideas guevaristas, uno de los escritores que se concentraron en esa etapa de la vida del Che, "casi medio año entre la desilusión/derrota del Congo y el esfuerzo final y trágico de Bolivia".

El escritor desembarcó en la capital checa años después que Guevara y, según su relato, ahí comenzó a escarbar las huellas del paso de su compatriota.

"Praga. 1966. Apuntes filosóficos. Café Slavia. Primera salida en solitario. Pido un té, fumo mi pipa con tabaco Amsterdamer, un lujo para el retornado guerrero. Conseguí la mesa de la ventana. Inauguro los Cuadernos de Praga", así arranca la novela de Posse.

Regreso al capitalismo
Si bien los biógrafos destacan que el Che combinó permanentemente sus campañas militares y labores de alto funcionario del gobierno cubano con el estudio, fue tal vez la etapa de Praga la que más tiempo le permitió dedicarse a la producción de ideas.

Fue cuando se planteó realizar una crítica al recordado "Manual de Economía Política" de la Academia de Ciencias de la URSS (1954), el texto encomendado por Stalin que durante décadas fue una de las brújulas teóricas del comunismo mundial y una especie de biblia de la ortodoxia marxista.

Praga en 1966
Getty Images
Image caption Guevara estuvo alrededor de medio año en la capital checoslovaca.
 En criterio del profesor de filosofía argentino Lucas Villasenin, durante sus meses en Checoslovaquia Guevara vive "un periodo de mucha reflexión y estudio después del fracaso de la experiencia guerrillera en África".

"Era un tipo obsesionado por el estudio de la filosofía, pero no por una cuestión de erudición o de incorporar más conocimientos, sino porque entendía que la filosofía era una herramienta fundamental para comprender el mundo que buscaba cambiar", afirma el estudioso de la obra del Che en conversación con BBC Mundo.

Villasenin recordó que alguna vez Aleida March, la segunda esposa de Guevara, reveló que el argentino-cubano estaba obsesionado con la obra de Hegel.

Al respecto de la postura crítica del Che ante la doctrina soviética, Villasenin explica los motivos por los que llegó a aseverar que "se está regresando al capitalismo".

"El Che cuestionaba férreamente la posibilidad de construir el socialismo con armas del capitalismo como incentivos al mercado, estímulos individuales y el conjunto de valores que conlleva el capitalismo", cuenta el estudioso de la obra de Guevara.

Praga en 1966
Getty Images
Image caption Así eran las calles de Praga durante la estadía del Che.
 El profesor argentino añadió que el Che no sólo cuestionaba aquello, sino también "las formas autoritarias y poco democráticas en las que se daban los debates".

"Por otro lado, veía necesario apoyar parcialmente la economía cubana en la Unión Soviética, sin generar lazos de dependencia como sucedería años después de su muerte cuando Cuba comenzó a producir azúcar casi exclusivamente para la URSS", concluye Villasenin.

A pesar de lo difundida que es la figura de Guevara en todo el mundo, sus obras no llegaron a ser consideradas dentro de los grandes textos marxistas del siglo XX como los de Antonio Gramsci, Louis Althusser o, incluso, Mao Zedong.

"Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez más de forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo".

Ermesto "Che" Guevara. "Apuntes críticos a la economía política". Praga. 1966.

Estatua de Lenin destuida.
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Image caption Entre 1989 y 1991 se desplomó el bloque soviético inaugurado por Lenin.
La rueda de la historiaUn año antes de llegar a Praga, el Che escribió una carta al entonces ministro cubano de cultura, Armando Hart, en la que llama "ladrillos soviéticos" a los manuales marxistas que llegaban de la URSS.

Los estudiosos de la obra del guerrillero sitúan entre 1963 y 1965 el desmarque de Guevara del socialismo que exportaban los rusos y el origen de sus cuestionamientos al "seguidismo ideológico" cubano.

Sin embargo, a medida que se profundizaban las críticas del Che al sovietismo, la isla se aferraba cada vez más a Europa del Este en medio de los primeros años de embargo estadounidense.
Guevara fallecería poco más de un año después de sus días de prótesis, calvicie fingida, pasaportes falsos y los "cuadernos de Praga".

Caería en la guerrilla de Bolivia, una campaña militar que todavía es objeto de todo tipo de debates.
Sin embargo, como Fidel Castro llegaría a reconocer mucho tiempo después, el Che acertó en al menos una cosa.

Vaticinó que la "rueda de la historia" sí puede dar marcha atrás y que el socialismo soviético no era tan infalible como los soviéticos querían que se creyera.

Más información: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40894799