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lunes, 6 de septiembre de 2021

Los 2.000 gallegos que fueron esclavizados en Cuba

 

 La trágica y no muy conocida historia de 2.000 gallegos que fueron engañados para emigrar a Cuba y luego vivieron en condiciones de esclavitud

Una representación de una plantación de tabaco en Cuba con mano de obra esclava, hacia 1840 Bettmann / Getty

 El 29 de noviembre de 1781 el Viceministro de Justicia del Imperio Británico declaraba: "Los negros son cosas. Como cualquier otra propiedad, tirar un negro al mar es como tirar un caballo". Ese mismo año el buque negrero Zong partió de Ghana rumbo a Jamaica con 442 esclavos. 3 meses después divisaron su destino pero, pensando que era la isla La Española, se desviaron de rumbo, por lo que se quedaron sin agua potable, lo que provocaría la muerte de su carga. Pero las coberturas de su seguro no cubrían ese tipo de muerte, así que decidieron tirarlos por la borda y declararlos como perdida de carga. Tres días después, 142 esclavos fueron arrojados al mar Caribe. A pesar de que en 1815 se firmaba un acuerdo que abolía la trata de esclavos, medio Siglo después todavía llegaban a Cuba 10.000 esclavos cada año. Entre ellos, miles de gallegos que fueron esclavizados en la isla. Esta es la trágica historia de los 2.000 gallegos que fueron esclavos en Cuba.

 Cuando la noticia de lo ocurrido en el buque negrero Zong se hizo pública se desencadenaron algunas acciones que sentarían las bases en todo el mundo del movimiento por los Derechos Humanos. Pero no sería hasta el 8 de febrero de 1815, en una declaración firmada por ocho potencias europeas durante el Congreso de Viena, cuando se aboliría “oficialmente” el comercio de negros, aunque tan solo “de boquilla”. En 1860 todavía llegaría a Alabama el último barco negrero de la historia de Estados Unidos, el Clotilde, con más de un centenar de esclavos capturados en África.

 En esta situación de “semi-abolición” nos encontramos con el triste protagonista de nuestra historia: Urbano Feijóo de Sotomayor, un noble nacido en Viana do Bolo, Ourense, que había hecho fortuna en Cuba gracias al azúcar y el café, y que tenía varias haciendas en propiedad en la isla. Su negocio necesitaba mucha mano de obra, y muy barata. Pero las nuevas leyes contra el tráfico de negros y la bajada en los precios del azúcar, hacían que tener esclavos dejara de ser rentable.

Así que tuvo una idea genial: captar a emigrantes gallegos para trabajar en Cuba. Urbano afirmaba: “Un gallego hace el mismo trabajo que dos negros por el precio que cuesta un esclavo, así que obtendré el doble rendimiento del que ofrece un esclavo y mucho más que lo que podría esperar de un negro jornalero con los precios de hoy”.

Movido por lo que él decía que era un pensamiento filantrópico, puso en marcha su nueva empresa, la “Compañía Patriótica Mercantil de Inmigración”, y para conseguir el apoyo del Gobierno, escribe un libro llamado: “Isla de Cuba. Inmigración de trabajadores españoles”, en el que se muestra como un buen hombre que quiere ayudar a los miles de gallegos que todos los años emigran de su tierra, y que podrían proveer de mano de obra a la isla de Cuba, en aquella época todavía colonia española.

Urbano Feijóo de Sotomayor. https://www.todocoleccion.net
 El empresario decía querer llenar la isla de gallegos para ayudar a crecer el país, y proponía un viaje pagado, cómodo, con un tiempo de aclimatación asistido a su llegada y un trabajo seguro, bien remunerado y con los días y horas de descanso suficientes. Además, a cada emigrante se le entregarían tres camisas, un pantalón, una blusa, un par de zapatos y un sombrero de paja…

El Gobierno dio su visto bueno a la idea, y Urbano obtuvo el derecho a transportar trabajadores libres durante 15 años bajo la vigilancia y la tutela de las autoridades.

Así fue como el 10 de marzo de 1854, a bordo del trasatlántico “Villa de Neda”, llegaban al Muelle de Caballería de La Habana los primeros 314 gallegos. Se sumaban a canarios, chinos o indios como mano de obra para la construcción del ferrocarril, la recogida de caña de azúcar y los cafetales, pero en unas condiciones igual o peores que las que tenían los esclavos.

 La mayoría de estos emigrantes no sabían leer ni escribir por lo que, sin saberlo, habían firmado unas cláusulas abusivas gracias a las cuales podían quitarles el pasaporte o sufrir castigos corporales si no cumplían con sus obligaciones.

 Entre marzo y agosto de 1854, se produjeron ocho expediciones de “colonos gallegos”, con un total de casi 2.000 hombres, pero las idílicas condiciones que había planteado Urbano, como ya sabemos, no se iban a cumplir. A su llegada, los gallegos eran recibidos en centros de aclimatación, simples barracones inmundos, desde donde eran vendidos para ser enviados a plantaciones y haciendas en condiciones infrahumanas: recibían la cuarta parte del salario prometido, las condiciones de trabajo eran deplorables, las jornadas eran agotadoras e interminables, eran encadenados y recibían castigos físicos salvajes.

 Dos meses después de la llegada de los primeros gallegos a Cuba ya habían fallecido más de trescientos, así que se rebelaron, pero fueron duramente castigados. Los que consiguieron huir se refugiarían con esclavos fugitivos o deambularían como mendigos por la isla. Además, los hacendados consideraban a los gallegos de su propiedad, por lo que el ejército fue movilizado por el Capitán General de Cuba para darles caza por toda la isla.

El libro de Urbano Feijóo. https://www.rtve.es/

 Pero algunos de ellos envían cartas a sus familias y, cuando empiezan a llegar a Galicia las noticias del horror, se informa a las autoridades de lo que allí estaba ocurriendo. Estalla el escándalo al descubrirse que el proyecto de Urbano es esclavitud encubierta. En una de las cartas se contaba alguna de las tragedias que les había tocado vivir: “Tan solo pidieron pan, y para castigar ese impulso, mandaron encerrarlos en fétidas estancias, desnudos, cargados de cadenas y alimentados con carne descompuesta que los africanos rehusaban, además de obligarles a trabajar quince horas diarias”.

Cartas conservadas. https://almejeiras.wordpress.com/
  Ante tal vergonzoso escándalo el Congreso dio orden de clausurar la empresa, liberar a los gallegos, rescindir los contratos y llamar a Urbano al orden para dar explicaciones, aunque nunca se le exigieron responsabilidades ni reparación de deudas. Curiosamente Urbano fue reelegido como Diputado en el Congreso y cobró la subvención de 140.000 pesos que concedía la Junta de Fomento…

No sabemos si Rosalía de Castro tuvo conocimiento de la Empresa Patriótica Mercantil, pero todo parece indicar, gracias a estos versos, que cuando publicó “Follas Novas” en 1880 conocía la historia:

Galicia está probe
i á Habana me vou
¡Adiós, adiós prendas
do meu corazón!

 Urbano Feijóo Sotomayor fallecía en Viana do Bolo el 10 de agosto de 1898, dejando tras de sí un oscuro legado y una triste historia.

Lápida de Urbano Feijóo de Sotomayor. https://almejeiras.wordpress.com
  Pese a que la esclavitud fue completamente prohibida en 1948 por la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, su práctica sigue vigente. En la actualidad hay más personas en situación de esclavitud que en cualquier otro período de la historia, casi 30 millones de esclavos. El Departamento de Estado de los Estados Unidos de América estima que cada año más de 600.000 hombres, mujeres y niños son víctimas de tráfico de personas a través de fronteras internacionales. No nos olvidemos de ellos.

Fuente: https://www.elespanol.com/quincemil/articulos/cultura/los-2-000-gallegos-que-fueron-esclavizados-en-cuba

sábado, 7 de marzo de 2020

Una granja ecológica gallega siega en una pradera el icono feminista

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Imagen aérea del símbolo segado en la hierba. Esta empresa de La Coruña pretende reivindicar el papel de las mujeres en el medio rural con este símbolo #MujerRural
 Una granja ecológica gallega ha segado en la hierba de una de sus praderas del interior de la provincia de A Coruña un gigantesco círculo con la cruz invertida en su base que representa a la mujer.

El símbolo mide 75 metros de largo y 35 metros de ancho, y se ha convertido en unos de los símbolos más grandes de la mujer realizado en una pradera, apuntan desde Casa Grande de Xanceda, una granja familiar gallega que produce leche y productos lácteos y que emplea a 45 personas, la mayoría mujeres.

"El símbolo pretende reivindicar a las mujeres, especialmente a las del rural", indican desde la explotación ganadera con motivo de la celebración, el próximo domingo 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer. Frente a las manifestaciones multitudinarias en las ciudades con motivo de dicha efeméride, los responsables de esta granja han querido sumarse con la versión rural. "En el rural es muy difícil llenar calles y plazas…, así que esta nos pareció una forma muy visual y llamativa de hacer esta reivindicación de la mujer, pero desde el rural", sostienen.

Además, destacan que la igualdad en el rural "es aún más difícil alcanzar", sobre todo por la falta de servicios como guarderías o centros de día para mayores, "tareas -indican- que son cubiertas muchas veces por las mujeres, sacrificando su tiempo personal, su independencia o su desarrollo profesional".

La simbología representada en la pradera de Xanceda (A Coruña) se convierte también en una demanda para que al rural se le dote de más servicios, fundamentalmente de carácter social, "como medida de igualdad, pero también, como fórmula de apoyo a un rural cada vez más despoblado", reivindican.



miércoles, 5 de febrero de 2020

El alcalde de Oporto apuesta por una unión similar al Benelux para Portugal y España

«El Miño dejó de ser frontera» y el norte del país vecino y Galicia viven «un momento fantástico» en materia turística, afirma. Su propuesta para una estrategia ibérica coordinada a nivel internacional tiene ya un nombre: Iberolux.

El alcalde de Oporto, Rui Moreira, durante su intervención el pasado enero en el Forum Eurocities celebrado en Oporto

El alcalde de Oporto, Rui Moreira, durante su intervención el pasado enero en el Forum Eurocities celebrado en Oporto

 ¿Sería posible que España y Portugal adoptaran un modelo similar al Benelux, integrado por Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo? El alcalde de la ciudad lusa de Oporto, Rui Moreira, apuesta por una estrategia ibérica coordinada a nivel internacional e incluso tiene ya un nombre: Iberolux.
«Siempre creí, desde que Portugal y España tienen democracias, que deberíamos tener un Iberolux, como un Benelux», afirmó Moreira en una entrevista con Efe en Oporto.

España y Portugal, agregó, «deberían tener una estrategia coordinada, ya que durante muchos años vivimos de espaldas y con enormes sospechas y desconfianzas».

«Hoy, la unión entre nuestras ciudades es obvia y hablamos un idioma que no es el mismo, pero nos entendemos», insistió Moreira, que llegó a la alcaldía de Oporto en el 2013 al frente de una candidatura independiente apoyada por la derecha.

El proyecto común va más allá de las fronteras europeas y alcanza a Iberoamérica, «esencial para nosotros (Portugal y España)», agregó el alcalde, partidario también de conceder a los medios de comunicación un especial protagonismo en la construcción de la «identidad ibérica».

«Me gustaría que hubiera más programas de televisión conectados (entre España y Portugal)», deseó Moreira, que se confesó lector de periódicos españoles pese a las dificultades para encontrarlos en Portugal.

El Xacobeo, ejemplo de colaboración
Ejemplo de los buenos resultados de la colaboración entre ambos países es el proyecto Xacobeo 2021, que incluye una programación conjunta coordinado por el alcalde de la ciudad lusa de Viana do Castelo, a mitad de camino entre Oporto y Santiago de Compostela, indicó.

«El Miño dejó de ser frontera» y el Norte de Portugal y Galicia viven «un momento fantástico» en materia turística, destacó el alcalde: «Hacemos un trabajo excelente con Ayuntamientos y con el Gobierno de Galicia».

El Camino de Santiago se ha convertido en un referente también para Portugal -casi la cuarta parte de los peregrinos inician el recorrido en tierra lusa- y el país, explicó, trabaja en el desarrollo de las rutas de La Costa y el Camino del Interior.

Además, subrayó, las conexiones aéreas con Madrid y Barcelona convierten a Oporto en un punto estratégico para el turismo y las comunicaciones en Portugal.

«Madrid es muy importante para nosotros y hay muchos portugueses, entre los cuales me incluyo, que cuando van para América Latina prefieren usar la conexión con Madrid», aseguró.

Pero tanto el turismo como el crecimiento de los centros urbanos debe acompañarse de medidas que garanticen la sostenibilidad de las ciudades que, según Moreira, pasa por el equilibrio entre tres ejes: ambiental, económico y social. «Si en este triángulo nos inclinamos más para un lado o para otro, no lograremos los desafíos que se pretenden para Europa», argumentó.

Aficionado al fútbol, Moreira habló también del guardameta español Iker Casillas, ahora en el Oporto. «Casillas es un buen amigo mío que adoptó Oporto y que Oporto lo adoptó y son una familia fantástica y ejemplar (...) Les gusta mucho vivir en Oporto y queremos que continúen aquí. No sé en qué condición, pero espero que él siempre continúe por aquí», concluyó.

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2020/02/04/alcalde-oporto-apuesta-modelo-similar-benelux-portugal-espana/00031580818039326828932.htm

miércoles, 11 de septiembre de 2019

José Suárez, el fotógrafo gallego que tenía ojos que pensaban

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 Hablamos de José Suárez, el genio traspapelado de la fotografía en España del siglo XX, según palabras del crítico Manuel Bonet.

José nació en una Galicia en blanco y negro que daba la bienvenida al convulso siglo XX. Su padre le regaló una cámara de fotos y con esa cámara, en parte, le dió una manera de vivir una vida en parte elegida, en parte exiliada.

El exilio le llevó a ser antropólogo de su historia. Pescadores gallegos, esquiladores de la Pampa, campesinos de La Mancha... Hombres, y hombres trabajadores, fueron esencialmente los sujetos a los que apuntó siempre la cámara de José Suárez (1902-1974), ya fuera fotográfica o de cine.

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 Gallego muy vinculado a Salamanca, donde estudió, Suárez fue además un creador innovador y un intelectual que se relacionó con buena parte de la crema de los pensadores y escritores de su tiempo, de Unamuno a Alberti, Bergamín o Pérez de Ayala, y que hoy sigue siendo desconocido por el gran público fuera de su Galicia natal.

Del mar y el universo gallego, José surcará mundos lejanos y nuevos como Japón, Chile, Argentina.., serán los nuevos escenarios donde interpretará los actos más fructíferos de su vida.

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El regreso a su patria será el acto final, dramático e injusto. José no fue reconocido en su país, y nosotros ahora descubrimos que además fue un gran cineasta, que entrabló amistad con el genio del cine japonés Akira Kurosawa y que uno de sus amores más grandes fue su perro, que le escribía simpáticas cartas mienstras estaba en el exilio.

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Durante sus primeros años en Argentina, la actividad más importante será el cine, donde participará en un número importante de películas como director, director de fotografía de exteriores, iluminador, ayudante de dirección o asesor técnico. Pero su actividad cinematográfica no le impide seguir con su interesante actividad fotográfica, que desarrollará como corresponsal de diferentes periódicos y publicaciones.

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 Su mirada personal volverá a predominar en series como La Pampa, los ovejeros de Tierra del Fuego, Santiago del Estero o los paisajes de la Patagonia. Imágenes cuidadosamente escenificadas que nos hacen recordar la forma de trabajar en el cine. De su época en el exilio destaca también la serie Nieve en la cordillera (1942), con fotografías de cuidada realización formal tomadas en la cordillera de los Andes en las que aborda una de sus grandes pasiones: la nieve.

Los viajes serán una constante en la vida de Suárez: Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Sudáfrica, Filipinas… aparecerán retratadas a través del objetivo de su cámara. Pero el viaje más importante de su vida será, sin duda, el realizado a Japón en 1953. Durante dos años se aproximará a su cultura, a su filosofía de vida y, sobre todo, a su tradición. En eEsta experiencia le marcará de por vida y avivará su deseo de volver a Galicia.

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osé Suárez con su perro Mambrino en Punta del Este (Uruguay)
 Un triste día de 1974, José decidió decirle adios la vida mediante una nota en la que pedía perdón por las posibles molestias que pudiera acarrear su muerte elegida.

Imaxes de Bueu no documental "Galicia" de Carlos Velo rodado en 1936



Ese día se quitó la vida, la misma que empezó en el momento que su padre le regaló su primera cámara de fotos con la que retrataría de forma brillante su fascinante e injusto mundo.

Más información: https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/10581-jose-suarez-el-fotografo-gallego-que-tenia-ojos-que-pensaban.html

martes, 2 de julio de 2019

Viendo llover en Galicia


 
Mi muy viejo amigo, el pintor poeta y novelista Héctor Rojas Herazo -a quien no veía desde hacía mucho tiempo- debió sufrir un estremecimiento de compasión cuando me vio en Madrid abrumado por un tumulto de fotógrafos, periodistas y solicitantes de autógrafos, y se acercó para decirme en voz baja: "Recuerda que de vez en cuando debes ser amable contigo mismo". En efecto, fiel a mi determinación de complacer todas las demandas sin tomar en cuenta mi propia fatiga, hacía ya varios meses -quizá varios años- en que no me ofrecía a mí mismo un regalo merecido. De modo que decidí regalarme en la realidad uno de mis sueños más antiguos: conocer Galicia.Alguien a quien le gusta comer no puede pensar en Galicia sin pensar antes que en cualquier otra cosa en los placeres de su cocina. "La nostalgia empieza por la comida", dijo el che Guevara, tal vez añorando los asados astronómicos de su tierra argentina, mientras se hablaba de asuntos de guerra en las noches de hombres solos en la sierra Maestra. También para mí la nostalgia de Galicia había empezado por la comida, antes de que hubiera conocido la tierra. El caso es que mi abuela, en la casa grande de Aracataca, donde conocí mis primeros fantasmas, tenía el exquisito oficio de panadera, y lo practicaba aun cuando ya estaba vieja y a punto de quedarse ciega, hasta que una crecida del río le desbarató el horno y nadie en la casa tuvo ánimos para reconstruirlo. Pero la vocación de la abuela era tan definida, que cuando no pudo hacer panes siguió haciendo jamones. Unos jamones deliciosos, que, sin embargo, no nos gustaban a los niños -porque a los niños no les gustan las novedades de los adultos-, pero el sabor de la primera prueba se me quedó grabado para siempre en la memoria del paladar. No volví a encontrarlo jamás en ninguno de los muchos y diversos jamones que comí después en mis años buenos y en mis años malos, hasta que probé por casualidad -40 años después, en Barcelona- una rebanada inocente de lacón. Todo el alborozo, todas las incertidumbres y toda la soledad de la infancia me volvieron de pronto en ese sabor, que era el inconfundible de los lacones de la abuela. De aquella experiencia surgió mi interés de descifrar su ascendencia, y buscando la suya encontré la mía en los verdes frenéticos de mayo hasta el mar y las lluvias feraces y los vientos eternos de los campos de Galicia. Sólo entonces entendí de dónde había sacado la abuela aquella credulidad que le permitía vivir en un mundo sobrenatural donde todo era posible, donde las explicaciones racionales carecían por completo de validez, y entendí de dónde le venía la pasión de cocinar para alimentar a los forasteros y su costumbre de cantar todo el día. "Hay que hacer carne y pescado porque no se sabe qué le gusta a los que vengan a almorzar", solía decir cuando oía el silbato del tren. Murió muy vieja, ciega, y con el sentido de la realidad trastornado por completo, hasta el punto de que hablaba de sus recuerdos más antiguos como si estuvieran ocurriendo en el instante, y conversaba con los muertos que había conocido vivos en su juventud remota. Le contaba estas cosas a un amigo gallego la semana pasada, en Santiago de Compostela, y él me dijo: "Entonces tu abuela era gallega, sin ninguna duda, porque estaba loca". En realidad, todos los gallegos que conozco, y los que vi ahora sin tiempo para conocerlos, me parecen nacidos bajo el signo de Piscis.

No sé de dónde viene la vergüenza de ser turista. A muchos amigos, en pleno frenesí turístico, les he oído decir que no quieren mezclarse con los turistas, sin darse cuenta de que, aunque no se mezclen, ellos son tan turistas como los otros. Yo, cuando voy a conocer algún lugar sin disponer de mucho tiempo para ir más a fondo, asumo sin pudor mi condición de turista. Me gusta inscribirme en esas excursiones rápidas, en las que los guías explican todo lo que se ve por las ventanas del autobús, a la derecha y a la izquierda, señores y señoras, entre otras cosas porque así sé de una vez todo lo que no hay que ver después, cuando salgo solo a conocer el lugar por mis propios medios. Sin embargo, Santiago de Compostelano da tiempo para tantos pormenores: la ciudad se impone de inmediato, completa y para siempre, como si se hubiera nacido en ella. Siempre he creído, y lo sigo creyendo, que no hay en el mundo una plaza más bella que la de Siena. La única que me ha hecho dudar es la de Santiago de Compostela, por su equilibrio y su aire juvenil, que no permite pensar en su edad venerable, sino que parece construida el día anterior por alguien que hubiera perdido el sentido del tiempo. Tal vez esta impresión no tenga su origen en la plaza misma, sino en el hecho de estar -como toda la ciudad, hasta en sus últimos rincones- incorporada hasta el alma a la vida cotidiana de hoy. Es una ciudad viva, tomada por una muchedumbre de estudiantes alegres y bulliciosos, que no le dan ni una sola tregua para envejecer. En los muros intactos, la vegetación se abre paso por entre las grietas, en una lucha implacable por sobrevivir al olvido, y uno se encuentra a cada paso, como la cosa más natural del mundo, con el milagro de las piedras florecidas.

Llovió durante tres días, pero no de un modo inclemente, sino con intempestivos espacios de un sol radiante. Sin embargo, los amigos gallegos no parecían ver esas pausas doradas, sino que a cada instante nos daban excusas por la lluvia. Tal vez ni siquiera ellos eran conscientes de que Galicía sin lluvia hubiera sido una desilusión, porque el suyo es un país mítico -mucho más de lo que los propios gallegos se lo imaginan-, y en los países míticos nunca sale el sol. "Si hubieran venido la semana pasada, habrían encontrado un tiempo estupendo", nos decían, avergonzados. "Este tiempo no corresponde a la estación", insistían, sin acordarse de Valle-Inclán, de Rosalía de Castro, de los poetas gallegos de siempre, en cuyos libros llueve desde el principio de la creación y sopla un viento interminable, que es tal vez el que siembra ese germen lunático que hace distintos y amorosos a tantos gallegos.

Llovía en la ciudad, llovía en los campos intensos, llovía en el paraíso lacustre de la ría de Arosa y en la ría de Vigo, y en su puente, llovía en la plaza, impávida y casi irreal, de Cambados, y hasta en la isla de la Toja, donde hay un hotel de otro mundo y otro tiempo, que parece esperar a que escampe, a que cese el viento y resplandezca el sol para empezar a vivir. Andábamos por entre esta lluvia como por un estado de gracia, comiendo a puñados los únicos mariscos vivos que quedan en este mundo devastado, comiendo unos pescados que siguen siendo peces en el plato y unas ensaladas que seguían creciendo en la mesa, y sabíamos que todo aquello estaba allí por virtud de la lluvia, que nunca acaba de caer. Hace ahora muchos años, en un restaurante de Barcelona, le oí hablar de la comida de Galicia al escritor Álvaro Cunqueiro, y sus descripciones eran tan deslumbrantes que me parecieron delirios de gallego. Desde que tengo memoria les he oído hablar de Galicia a los gallegos de América, y siempre pensé que sus recuerdos estaban deformados por los espejismos de la nostalgia. Hoy me acuerdo de mis 72 horas en Galicia y me pregunto si todo aquello era verdad, o si es que yo mismo he empezado a ser víctima de los mismos desvaríos de mi abuela. Entre gallegos -ya lo sabemos- nunca se sabe.

Fuente: https://elpais.com/diario/1983/05/11/opinion/421452014_850215.html

domingo, 21 de octubre de 2018

Sylvia Earle: «Galicia es la perfecta candidata para ser un punto de esperanza del océano»

La dama de las profundidades ya no come pescado porque dice que el mar está sobreexplotado

Resultado de imagen de Álex López-Benito / Xavier Fonseca
La vida de Sylvia Earle (New Jersey, 1935) da para una película. El director Martin Scorsese, Princesa de Asturias de las Artes, confesó a una pregunta de La Voz que sería un filme fantástico sobre una persona extraordinaria. La historia debería transcurrir en el océano, donde ha pasado más siete de mil horas y el argumento tendría que reflejar la épica que rodea su trayectoria. Fue la primera mujer en descender 381 metros de profundidad con un equipo autónomo y ostenta el récord de inmersión en solitario a mil metros. En 1998 se convirtió además en la primera mujer en recibir la distinción de Héroe del Planeta que concede la revista Time. Hoy se ocupa de la misión más importante de todas que ha bautizado como Mission Blue, una iniciativa global para proteger el océano.

- ¿Cómo fue su primer contacto con el mar?
- Cuando tenía cinco años una ola me golpeó. Desde entonces tiene toda mi atención.

- ¿Qué siente cuándo está debajo del agua?
- Me siento en casa. Además es una experiencia increíble porque nunca sabes lo que puedes llegar a descubrir.

- Usted inició la exploración del océano paralelamente a la carrera lunar. ¿Cómo recuerda aquella época?
- Veía cómo los astronautas se vestían con trajes especiales para ascender en los cohetes mientras yo me ponía la escafandra para descender al océano. Fue el comienzo de la conquista de dos lugares extremos. Pero desde 1969 doce personas pisaron la Luna y solo tres consiguieron descender a once kilómetros de profundidad. Por otra parte, las imágenes que llegaban desde el espacio exterior revelaban lo azul que es nuestro planeta.

- ¿Cuánto queda por explorar?
- Mucho. Solo conocemos un cinco por ciento. La mayor parte de la vida marina vive en la parte profunda que es fría, oscura y con una elevada presión.

- ¿Cuánto ha cambiado el océano desde que era una niña?
- En el océano más profundo todavía quedan áreas intactas pero el daño es muy notable. Hay plástico por todas partes, ha cambiado la temperatura, la química e incluso el tamaño de los peces. Los bacalaos, los atunes o los meros ya no son tan grandes.

- En Galicia se ven cada vez con más frecuencia peces tropicales.
- Los humanos pueden adaptarse a entornos cálidos y fríos pero los peces no y tienen que emigrar. Estamos asistiendo a unos cambios sin precedentes en las sociedades humanas y lo mismo está ocurriendo en el océano.

- ¿Por qué no come pescado?
- Estamos sacando peces más rápido de lo que pueden reproducirse y el declive se mantiene. Comer un pez que ha tardado treinta años en crecer no tiene sentido para mí. A lo largo de mi vida sí que he contribuido al consumo, pero ahora, que puedo elegir, decido ser parte de la solución.

- ¿Cuál es su mensaje para una comunidad pesquera como la nuestra?
- Hay que tratar de valorar la vida marina más allá de lo que vemos en el plato. Las ballenas, por ejemplo, juegan un papel importante en el ciclo del carbono.

- Usted creó el concepto de Hope Spots o Puntos de Esperanza. ¿Galicia podría ser uno de ellos?
- Es la perfecto candidata. Si quieren postularse para la Mission Blue a través de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, solo hay que rellenar un cuestionario con preguntas sencillas como: ¿Por qué cree que este lugar importa? ¿Qué tiene de especial? ¿Pueden compartir la visión de Galicia con el resto del planeta? Después si el comité científico lo aprueba estaría entre las cien zonas protegidas del mundo.

«Los hombres eran acuanautas, pero nosotras acuasexis»
En 1969, el mismo año en el que los astronautas del Apolo XI, comandados por Neil Armstrong, llegaron a la Luna, un grupo de mujeres, dirigidas por Sylvia Earle, vivieron durante dos semanas seguidas en un hábitat submarino en las islas Vírgenes.

- ¿Cómo recuerda el proyecto Tiketate?
- Antes de que existiese la Estación Espacial Internacional o mujeres astronautas, un equipo de científicas exploramos las profundidades y nos quedamos a vivir en la primera estación que hubo en condiciones extremas. Pasamos más tiempo nosotras bajo el agua que los astronautas en la Luna. Convivir con las criaturas marinas me ha dado una visión que quizás no tengan las demás personas.

- Pocos conocen esa hazaña.
- Nunca he hecho nada para ser reconocida.

- Estos días está en los cines «The First Man», la película sobre Neil Armstrong. Le hemos dicho a Scorsese que habría que hacer una película sobre su vida que podría ser esa.
- [Ríe] Cuando una persona nace en el momento adecuado resulta fácil ser la primera en hacer muchas cosas aunque mi objetivo tampoco ha sido ese.

- Supongo que no habrá sido sencillo ser mujer en un mundo de hombres.
- En aquellos años en los que se inició la exploración del océano, los hombres que buceaban recibían el nombre de acuanautas. Sin embargo, nosotras eramos el equipo femenino, acuasexis o acuababes (‘niñas acuáticas’). A veces yo era la única mujer en una expedición en la que participaban hasta veinte hombres. La prensa del momento titulaba cosas como «Sylvia Earle pasará meses con un grupo de hombres en el mar y espera que no le pase nada». La verdad es que todo aquello no me importaba porque yo solo quería explorar.

-¿Qué le diría a una niña que quiere convertirse en científica?
- Si tuviese una máquina del tiempo me gustaría ser niña en el momento actual. Hoy las oportunidades están por todas partes. Lo único que hay que hacer es salir ahí fuera y explorar. Aún queda mucho por conocer y cada vez hay más medios, sobre todo en lo que se refiere al océano. En la actualidad hay tecnología que permite adentrarse en las profundidades y descubrir un universo maravilloso. Y esto lo puede hacer cualquier niña o mujer de todas las edades. El mejor ejemplo soy yo misma.

«Lo que hagamos durante los próximos diez años decidirá nuestro futuro»
La doctora Earle, una prominente oceonógrafa y la primera mujer en dirigir la NOAA, la máxima institución del océano de Estado Unidos, publicó más de 200 artículos científicos, decenas de libros y ha dirigido varios documentales para National Geographic. Asegura que vivimos un momento decisivo para la vida en la Tierra.

- ¿Es usted optimista o pesimista con el futuro?
- Intento ser optimista en todos los ámbitos de la vida. Ahora tenemos la capacidad de conectar y aprender con otros de forma instantánea. Cuando ocurre algo en alguna zona del planeta la noticia llega rápidamente al resto del mundo. Por tanto la posibilidad de dar una repuesta global parece posible. La comunicación y el conocimiento son la clave. Para que la gente se preocupe tiene que estar informada. A mí lo que me anima es la capacidad para ver un problema, comunicarlo y resolverlo.

- ¿A pesar de Donald Trump?
- A menudo se me pregunta si creo en el cambio climático pero yo no discuto porque, como científica, me fijo en las evidencias, que no entienden de derechas o izquierdas. Todos vivimos en el mismo planeta y lo que hagamos en los próximos diez años decidirá en parte nuestro futuro.

- ¿Cree que el resto de los seres vivos podrán soportar la presión humana?
- Esa es la gran pregunta. La mayoría solo pensamos en nosotros mismos y nos olvidamos del resto de los seres vivos. Hay que tratar de estabilizar el declive que estamos provocando y que ha empezado a acelerarse. Desde hace dos siglos estamos consumido y transformado el mundo natural. Únicamente los seres humanos somos capaces de hacer algo así y de tomar medidas mientras haya tiempo.

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/ciencia/2018/10/21/galicia-perfecta-candidata-punto-esperanza-oceano-hagamos-durante-proximos-diez-anos-decidira-futuro-hombres-acuanautas-acuasexis/0003_201810G21P30991.htm

martes, 10 de julio de 2018

Coltán "made in Galicia"

A la mina de Penouta se llega a través de una empinada carretera que zigzaguea entre las laderas plagadas de robles, castaños y peñascos de Viana do Bolo, en Ourense, tan cerca de la frontera con Portugal que durante el viaje la radio del coche sintoniza emisoras lusas. Durante el ascenso -Penouta se alza a 1.300 m de altitud-, el visitante deja atrás bosques enlutados por los incendios de 2017, conduce durante un buen trecho a la par del río Camba y baja la marcha a su paso por parroquias en las que el ritmo del tráfico -un goteo pausado de turismos- lo marcan el traqueteo de los chimpines o los perros que dormitan con la panza pegada al asfalto recalentado por el sol.


El mismo camino recorrían en 1929 -mientras los brókeres se lanzaban desde las cornisas de Wall Street- los obreros que acudían a Mina Olga, precursora de Penouta, para arañar a sus paredes filones de cuarzo mineralizados con casiterita. O en la década de los 70, cuando una sociedad liderada por Altos Hornos de Vizcaya convirtió la explotación en la principal mina de estaño del país. Bastante antes, ya los romanos habían hendido sus palas en el suelo rojizo de Viana en busca quizás del codiciado oro que abundaba en la vecina Ourense.

Hoy de las entrañas de Penouta se extrae algo más que estaño e incluso más preciado que el oro o la plata. En la bucólica mina de Viana se obtiene casiterita y columbo-tantalita, que contiene tantalio y niobio. O como se conoce de forma habitual: coltán, el valioso “oro negro” por el que suspira la industria tecnológica. Su gran capacidad para conducir electricidad y alta resistencia a la corrosión química lo convierten en una pieza clave -entre otros sectores TIC- para la microelectrónica, las telecomunicaciones o la industria aeroespacial y biomédica.

La extracción de este codiciado mineral metálico no es frecuente en Galicia. Ni en España. Tampoco en el resto del continente. Desde que la empresa Strategic Mineral Spain recuperó la antigua explotación minera de Viana do Bolo y la puso en marcha -hace tan solo unos meses-, Penouta se ha convertido en la única mina de coltán de, como mínimo, el sur y centro de Europa. De hecho la explotación ourensana está todavía calentando motores: a finales de abril permanecía al 60-70% de su capacidad.

“Penouta es un referente”, inciden desde Strategic, compañía española con inversores implicados en otros proyectos mineros en Venezuela o Canadá. Su “valor destacado” se apoya para la empresa en tres razones. La primera, evidente, es la importancia del tantalio y el niobio, considerados minerales estratégicos por su elevada demanda en la industria tecnológica.

Mineral conflict-free, con garantías de origen
A la hora de presentar su proyecto, sin embargo, Strategic Minerals pone énfasis en las otras dos características que definen la explotación de Penouta. La principal es que el coltán que obtienen es conflict-free, lo que garantiza que durante su extracción se respetan los derechos laborales. Con ese sello el mineral que se obtiene en Ourense se diferencia por ejemplo del procedente de la República Democrática del Congo (CDR), donde a menudo está vinculado a sangrientas guerras.

A mayores -y ese es el tercer gran valor de Penouta para los responsables de Strategic Mirenals- la labor en la mina sigue un esquema de economía circular que revierte la riqueza en el entorno. Del medio centenar de empleados que a día de hoy trabajan en la explotación ourensana, cerca del 80% son vecinos que residen en Viana do Bolo o la comarca lindante.

Tener por bandera el respeto a los derechos y el entorno puede parecer anacrónico en pleno siglo XXI, pero no lo es tanto en un sector que para muchos se asocia con las guerras en la RDC, donde -según un informe difundido por Aministía Internacional (AI) en 2016- se produce el 50% del cobalto del mundo.

En su estudio AI incide en las condiciones deplorables que sufren los empleados de las explotaciones congoleñas. “Al menos 80 mineros artesanales murieron en los túneles en el sur de la RDC entre septiembre de 2014 y diciembre de 2015”, ilustra el dossier. Sus autores no descartaban que el número de fallecidos fuera incluso mayor: “Muchos accidentes no se registran y se dejan los cadáveres enterrados bajo rocas”.

Los peor parados son los niños. Durante su investigación Amnistía desveló las condiciones de esclavitud a las que se sometía a los pequeños en las minas: jornadas de 12 horas, una carencia absoluta de las más elementales medidas de seguridad, manejo de cargas pesadas incluso para un adulto… Y todo por un salario diario que oscilaba entre uno y dos dólares. Según datos de UNICEF, en 2014 había 40.000 niños en minas repartidas por el sur del Congo, muchas de ellas dedicadas al cobalto.

Con el paso de los años se ha logrado que las empresas pongan cada vez más atención en el origen de los minerales que usan. Sin embargo AI demostró cómo -al menos en 2016- el cobalto ligado a la explotación infantil seguía una intrincada cadena de intermediarios que le permitía terminar en los dispositivos de Apple, Microsoft, Samsung o Sony, entre otras marcas.

Una antigua explotación recuperada
Penouta destaca por otro rasgo, además del respeto por los derechos laborales y el medioambiente. El mineral no se arranca de la roca madre, sino de dos balsas y una pequeña cordillera de escombros mineros que circundan las oficinas de Strategic. Unas y otras -balsas y escombreras- son los vestigios de la actividad extractiva que se desarrolló en Viana do Bolo entre la década de los 70 y 1982, cuando la mina era propiedad de Rumasa.

Antes de que la explotación se clausurase en 1985 -una vez expropiada a la sociedad de Ruiz Mateos pasó a manos de Minas de Almadén y Arrayanes, filial de Sociedad Estatal de Participaciones Industrales (SEPI)- la labor en Penouta se hacía a cielo abierto y “a bulto”, con un sistema de trabajo que asumía el descarte de grandes cantidades de mineral.

Durante aquella etapa la planta vianesa carecía de maquinaria para molienda y trituración. En la práctica eso significaba que durante el proceso se perdía un volumen considerable de minerales, que terminaban depositados en las escombreras o en el fondo de las balsas. Según cálculos de Strategic, se habrían dejado de tratar alrededor de 15 millones de toneladas. En la década de los 80 ni la demanda de columbo-tantalita por parte de la industria tecnológica era tan elevada ni la minería podía aprovechar entonces los recursos como lo hace ahora.

Las anteriores empresas que explotaron Penouta usaban métodos de trabajo diferentes, menos selectivos. Los estudios de Strategic Minerals concluyen que dejaron de tratarse 15 millones de toneladas de material.
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Entorno de la mina, en Viana do Bolo (Ourense)
Fueron esos descartes los que despertaron el interés de la empresa minera con sede en Madrid. Después de que Enadimsa realizara un estudio en 1984 que señalaba el potencial de las balsas y escombreras, Strategic empezó sus propias investigaciones. En 2013 logró una declaración de impacto ambiental positiva de la Xunta de Galicia y en un tiempo récord -como reconoce la compañía- pusieron a andar la mina.

La sociedad dispone de dos licencias: una conocida como Sección B para explotar los “residuos” dejados por sus antecesores y otra de tipo C, que le permite investigar el aprovechamiento de la roca madre de Penouta. La primera permite su labor actual. La segunda es una puerta abierta para mantener la actividad en el futuro, en caso de que la empresa lo considere viable.

“El hecho de tener que extraer residuos supone un reto a mayores. No es como trabajar con una veta de oro”, explican desde Strategic. De cada 100 kilos que la empresa rescata de las escombreras o balsas de Penouta cerca de un kilo (1%) son minerales metálicos: columbo-tantalita y estaño.

La mina genera también cuarzo o feldespato
El 99% restante se compone de cuarzo, feldespato potásico y sódico, mica blanca y caolitina, materiales industriales que la empresa comercializa para “revalorizar todo lo posible el residuo minero”. De nuevo según los cálculos de Strategic, los minerales metálicos y los “subproductos” suman el 85% de todo lo extraído. “Solo se desecha un 15%”, apostillan.

Fruto de sus investigaciones, Strategic estima que en las balsas y escombreras de Penouta habría unos 12 millones de toneladas de “material explotable”. Extraerlo le llevará a la empresa cerca de 14 años y medio, si bien sus trabajos en Viana do Bolo se prolongarán hasta rozar las dos décadas (17). La última fase se centrará en la recuperación de su entorno natural.

Una vez alcanzado ese horizonte es muy probable que la dirección de Strategic tenga ya sobre la mesa las conclusiones de su Sección C. Con ellas podrá determinar si le resultaría o no rentable trabajar sobre la roca madre. De momento la inversión prevista por la compañía ronda los 22 millones de euros.

Los concentrados de casiterita y columbo-tantalita que se obtienen gracias a procesos de decantación con agua -la mina usa la fuerza de la gravedad y centrífuga para separar los minerales por densidades- se comercializan a la industria especializada, que es la que se encarga más tarde de su tratamiento.

El grueso de la mercancía extraída de entre los escombros de la antigua mina de Rumasa se exporta al extranjero a través del puerto de Vigo, situado a escasas dos horas y media por autovía. Además de en Viana do Bolo, la firma tiene una investigación abierta en Avión, otra villa ourensana que queda a dos horas de Penouta, si bien todavía permanece en fase de estudio.

El compromiso: recuperar el entorno natural
En su puesta en marcha Penouta logró algo no muy común en las minas: iniciar su actividad sin apenas rechazo social. “La aceptación ha sido muy grande”, certifica la empresa. Parte de esa ausencia de oposición reside en el compromiso de Strategic de que, tras su labor, “la calidad ecológica mejorará” respecto a cómo estaba el entorno hace apenas unos meses.

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Laboratorio de Strategic Minerals, en Penouta.
 A su favor juega el pobre estado en el que se encontraba la mina a su llegada, con barracones y estructuras de hormigón abandonadas desde hacía décadas y puntos de almacenaje de residuos peligrosos. Según explica Strategic, una de las sorpresas desagradables que se llevó al establecerse en Penouta fue el hallazgo de “grandes cantidades de uralita”. Debido a su alto contenido en amianto, tuvo que recurrir a los servicios de una empresa especializada para que las retirara.

Durante la fase de alegaciones al proyecto la Sociedad Gallega de Historia Natural (SGHN) pidió que se contemplase la proximidad de la mina -que ocupa una superficie equivalente a unos 240 campos de fútbol- al Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) Pena Trevinca, una zona incluida en la Red Natura. El presidente de la SGHN e investigador del CSIC, Serafín González, reconocía sin embargo hace poco al diario ABC que, en Penouta, “además de aprovechar las escombreras, no se emplearán productos químicos peligrosos como el arsénico o el cianuro”.

“El hecho de tener que extraer residuos supone un reto a mayores. No es como trabajar con una veta de oro”, explican desde Strategic. Del material que obtiene en las escombreras y balsas, solo el 1% son minerales metálicos. 
Desde el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos y Grados en Minas y Energía de Galicia (COIMT), Juan Pedro García de la Barrera reconoce que el caso de Penouta es “muy curioso” por la buena acogida de los vecinos. “El proceso administrativo fue rápido y la empresa lo hizo muy bien, lo tenía todo claro y sus instalaciones son modélicas”, apunta el directivo del COIMT, quien confía en que prospere el trabajo en la sección C, las investigaciones para la explotación de la roca madre.

“Galicia tiene mucho potencial internacional en mineral metálico”, abunda García de la Barrera. Su experiencia como ingeniero le lleva a lamentar sin embargo que el sector no reciba mayor apoyo de las instituciones. “Por desgracia tenemos una administración minera en Galicia que no apuesta duro por el tema, hay una riqueza que no se puede perder”.

Trabajo minero sin reactivos químicos ni explosivos
El catedrático de Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Felipe Macías, subraya que la labor en Penouta permite aprovechar los descartes abandonados durante la anterior explotación. “Por lo que he visto lo están llevando extraordinariamente bien”, comenta el académico poco después de visitar la mina. Macías no descarta incluso que cuando finalicen los trabajos -y Strategic recupere el medio- el entorno pueda integrase en la Red Natura.

“Los procedimientos que usan son físicos, sin reactivos químicos ni explosivos. Se están realizando plantaciones y hay una visión del control de las aguas”, certifica el profesor. Los avances legislativos de los últimos años le llevan a apuntar que, aún en el caso de que Strategic opte en su momento por trabajar la roca madre de forma directa, no tendría por qué dañar el medio. “Hoy en día la explotación minera es compatible”, zanja.

Hay otro motivo que explica la buena acogida que tuvo la reactivación de A Penouta en Viana: su “huella social”. Durante años la mina jugó un papel importante en la economía del municipio, que según el Instituto Galego de Estadística (IGE) ronda los 3.000 vecinos y que -al igual que la inmensa mayoría del rural gallego y del resto de España- padece los efectos del invierno demográfico: baja natalidad y envejecimiento.

Si el IGE estima que este año el número de residentes en el área ronda los 6.900, su proyección para dentro de una década rebaja la población a 5.400. En 2031 calcula que ya serán 5.200.

Revulsivo contra el invierno demográfico
El alcalde de Viana do Bolo, Secundino Fernández, reconoce que la mina no solucionará por sí sola la despoblación que sacude al rural gallego, pero se muestra “contento” con la llegada de Strategic.

Hace dos años firmó con sus directivos un convenio por el que la empresa se comprometía a dar “ventaja” a los vecinos del municipio a la hora de contratar personal. El aterrizaje de la compañía -anunciado en plena crisis- despertó interés más allá de Ourense. En 2015 el Concello afirmaba haber recibido 3.000 currículos procedentes de toda España.

“La reactivación de la mina se nota en la economía de Viana, creó empleo y también trajo gente de fuera. Se percibe en la hostelería, el comercio o los alquileres”, detalla Fernández. El desembarco de personal para trabajar en Penouta dejó en mínimos el stock de pisos en arrendamiento del municipio. “Ahora hay escasez, sobre todo de apartamentos pequeños”, anota el primer edil vianés, quien destaca que la “vuelta a la vida” de la antigua mina de Rumasa coincide con la apuesta creciente de los jóvenes de la comarca por el sector agro ganadero local.

Que Penouta vuelva a mover camiones, operarios, ingenieros… cumple también los sueños de muchas familias vianesas que vieron cómo varias generaciones encontraban empleo en la mina. “Como en el pasado había creado trabajo y actividad económica, en cierto modo se veía como una especie de mito del maná. Muchos jubilados actuales trabajaron en ella”, reflexiona Fernández.
Penouta se clausuró a mediados de la década de los 80. En Viana do Bolo habían trabajado en la explotación varias generaciones y en muchas familias se esperaba la reactivación de la mina. 
La mina no es el único motor económico que perdió fuelle a lo largo de las últimas décadas en Viana. El regidor recuerda que durante la segunda mitad del siglo XX -hasta los años 80- las hidroeléctricas generaban un importante volumen de empleo. En su calidad de capital comarcal, Viana do Bolo acogió a muchos de los técnicos que se encargaban de las presas vecinas. En medio del pueblo, muy cerca de la casa consistorial, todavía se alza el viejo polígono de viviendas construido en su día para los operarios de Iberdrola. “Las presas siguen, pero los empleados no. Ahora están concentrados en otros puntos”.

Coltán "made in Galicia"
Penouta no solo fortalece la economía de la comarca. Supone también -precisa el regidor- un motivo de satisfacción para la pequeña villa ourensana. “Que se pueda explotar sin riesgos medioambientales y de forma respetuosa con el medio es un orgullo”, anota Fernández. A esos valores añade que de las antiguas escombreras y balsas de Rumasa se obtenga coltán “de forma legal y dejando riqueza en el entorno”. “Espero que lleve el nombre de Viana do Bolo por el mundo adelante”.

El Consistorio valora incluso aprovechar el interés que suscita Penouta para -combinado con el paisaje boscoso en el que se enclava la explotación- incentivar el turismo. El convenio firmado en 2016 entre el Ayuntamiento y Strategic ya contempla la creación de un aula didáctica que explique la historia y valor de la mina. La propia compañía reconoce en un dossier elaborado al iniciar su labor que, cuando termine su trabajo en Viana do Bolo, mantendrá un edificio para que sirva de museo, con maquetas, fotografías y muestras de minerales.

Fuente: https://www.xataka.com/empresas-y-economia/primera-unica-mina-coltan-europa-esta-pueblo-ourense

lunes, 21 de mayo de 2018

Las hermanas ‘Schindler’ gallegas que salvaron a 500 judíos del Holocausto

Lola, Amparo y Julia Touza siguen a la espera de ser nombradas 'Justas entre las naciones' y de protagonizar una película en la gran pantalla
José Ramón Estévez, historiador y vecino de Ribadavia (Ourense), en la puerta de la casa de las hermanas Touza.
José Ramón Estévez, historiador y vecino de Ribadavia (Ourense), en la puerta de la casa de las hermanas Touza.

 El reloj de la estación de tren de Ribadavia, en Ourense, marca las seis menos diez. Lleva 50 años parado y es el mismo que Lola, Julia y Amparo Touza miraban todos los días cuando iban a trabajar al quiosco de la terminal. Corría el año 1941 y ellas regentaban, además del casino de la localidad, este pequeño puesto de madera en el que vendían melindres, licor café, aguardiente de hierbas o bocadillos. A simple vista, ofrecer estos productos era su principal cometido en la estación, pero las tres guardaban un secreto que muy pocos en el pueblo sabían y que hasta muchos años después de su muerte nunca vio la luz.

Entre los numerosos pasajeros que viajaban en la línea Hendaya-Vigo, aún en circulación, se encontraban muchos judíos que huían de los campos de concentración nazis. Lo hacían cruzando la frontera francesa hacia España y con el objetivo de llegar a Portugal para marcharse a Estados Unidos o a América Latina. Según el historiador José Ramón Estévez y el escritor Vicente Piñeiro, expertos en esta historia, las tres hermanas consiguieron ayudar a alrededor de 500 judíos gracias a una red clandestina que las conectaba directamente con el cónsul portugués Arístides de Sousa, que también desempeñó el mismo cargo en Vigo. “Creemos que ellas recibían telegramas de Sousa, reconocido por la cantidad de visados que concedió a judíos que huían del Holocausto. Cuando recibían el aviso, sabían si en el tren que circulaba ese día había alguien que las necesitaba o no. Los pasajeros solo tenían que preguntar por “la madre", que era el apodo de Lola. Después, las tres hermanas los escondían en el quiosco de la estación de Ribadavia para, aprovechando la discreción de la noche, trasladarlos a su casa, donde los ocultaban hasta que fuese seguro cruzar la frontera y llegar a Portugal, bien caminando, bien en coche”, asegura Piñeiro.

Lola Touza, segunda por la izquierda, en 1923.
Lola Touza, segunda por la izquierda, en 1923
La red de las hermanas Touza, dirigida por Lola, contaba con otros protagonistas que nunca desvelaron el secreto. Entre ellos se incluían dos taxistas del pueblo, Xosé Rocha y Javier Míguez; un tonelero llamado Ricardo Pérez, que hacía las veces de intérprete; el padre del historiador Estévez, Francisco, aún vivo; y su abuelo Ramón. “Lola se acercó a mi abuelo en la estación mientras cargaba un vagón de ladrillo y le dijo que tenía escondido a un señor que venía de Europa y que quería que él lo llevase a la frontera con Portugal, que está a 12 kilómetros de Ribadavia. Mi abuelo lo acompañó en la noche, junto a mi padre, a través del río, haciéndose pasar por pescadores. Este señor, en agradecimiento, les dio una moneda que luego, muchos años después, entregamos a los nietos de Lola”, afirma Estévez.

Las peripecias que pasaron Julia y sus hermanas fueron conocidas por muy pocos vecinos del pueblo. De hecho, en la actualidad, todavía muchos dudan de la labor de estas tres hermanas, pese a que hay documentos y testigos que lo acreditan. El secreto no fue desvelado hasta 2005, cuando el escritor Antonio Patiño escribió su historia, que había jurado a Lola no contar hasta que las tres hubiesen fallecido. “A raíz de esa publicación fui desenredando la madeja de enigmas que mi abuela y mis tías habían ocultado durante tanto tiempo. Yo vi muchas cosas de pequeño que, a partir de ese momento, de repente empezaron a cuadrar”, cuenta el arquitecto Julio Touza, nieto de Lola.

Touza resume la hazaña de su abuela y sus tías como una historia de silencios. “Ellas ayudaban a estas personas de manera desinteresada y nunca lo hicieron público. Tampoco lo contó mi padre. Eran solidarias por naturaleza y no solo con judíos huidos, sino también con prisioneros de la Guerra Civil, a los que daban comida a través de los barrotes de la cárcel”, sostiene. El arquitecto recuerda a su abuela como una mujer fuerte, con tesón y adelantada a su época. "Según he podido saber después, las tres pusieron en riesgo su vida en numerosas ocasiones. No era habitual que la Gestapo visitase la localidad, pero sí que, en alguna ocasión, vinieron preguntando por "la madre". La presencia de los nazis era habitual en Galicia porque venían en busca de wolframio, un mineral necesario para reforzar cañones y acorazar tanques, muy abundante en la zona", añade.

Solo una placa en su honor
El 7 de septiembre de 2008, el Ayuntamiento de Ribadavia aprobó poner una placa en homenaje a las Touza. "A las tres hermanas Lola, Amparo y Julia Touza. Luchadoras por la Libertad", se puede leer en el que fue su domicilio en Ribadavia. El mismo año, el Centro Peres por la Paz plantó en Jerusalén un árbol con el nombre de Lola Touza que recuerda su labor. Desde entonces, la familia también espera que se les otorgue el título de Justas entre las Naciones, el máximo reconocimiento oficial que otorga el Estado de Israel. "Para que se les conceda este título se deben cumplir tres requisitos: que hayan salvado a un judío, que lo hayan hecho arriesgando sus vidas y que se haya llevado a cabo de forma desinteresada. Ellas cumplen todos", explica Touza.

Por su parte, el Centro Sefarad-Israel en España confirma que esta investigación se está llevando a cabo, pero no da fecha exacta para la resolución del proceso que califican como "lento y complicado". Por ello, el 13 de abril lanzaron una campaña para recoger firmas que apoyen su Expediente de Honra del Municipio. El Yad Vashem, institución creada para honrar a las víctimas y los héroes del Holocausto, tampoco ha precisado a este periódico el momento previsto para el nombramiento.

Recientemente se publicó que este año se estrenará una película musical basada en la vida de las Touza. El nieto de Lola no ve posible el musical. Solo recuerda que Emilio Ruiz Barrachina, al que se mencionaba como director de la película, "escribió un libro sobre las tres hermanas, titulado Estación Libertad". Este periódico ha intentado sin éxito hablar con él. "Lo que sí puedo contar es que he tenido varias reuniones con un español que forma parte del equipo de Steven Spielberg para hacer un filme que cuente su historia y no he rechazado la idea. También tengo previsto reformar la casa de mi tía y abuelas para convertirla en un pequeño hotel y centro de actividades que regenten los vecinos de la localidad", confiesa Touza.

Mientras tanto, a la espera de esa película, del reconocimiento o de la casa homenaje, la historia de Lola, Julia y Amparo seguirá silenciada. "Quizá es lo que ellas hubiesen querido", concluye el nieto.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2018/04/25/actualidad/1524609887_725436.html?id_externo_rsoc=tw_CM

miércoles, 21 de febrero de 2018

Galicia posee la mayor concentración de grandes utensilios achelenses de Europa

En Porto Maior en As Neves (Pontevedra), se descubrieron numerosas piezas de gran tamaño de utensilios del Pleistoceno Medio muy bien conservadas. Un equipo de investigación, liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, ha datado dicho yacimiento por resonancia paramagnética electrónica y luminiscencia, y lo sitúa como el más antiguo con actividad humana de Galicia.

<p>Vista parcial de la acumulación de grandes configurados achelenses del yacimiento de Porto Maior / Eduardo Méndez et al</p>
Vista parcial de la acumulación de grandes configurados achelenses del yacimiento de Porto Maior / Eduardo Méndez et al
 La revista Scientific Reports acaba de publicar un artículo, liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), sobre los principales aspectos geológicos, geocronológicos y arqueológicas del yacimiento de Porto Maior (Pontevedra), que contiene la mayor concentración de grandes utensilios característicos del Achelense reconocida en todo el continente europeo.

Las dataciones obtenidas por Resonancia Paramagnética Electrónica (ESR) sobre granos de cuarzo ópticamente blanqueados y por Luminiscencia (pIR-IR) en granos de feldespato sedimentario sitúan el yacimiento entre los 300.000 y los 200.000 años de antigüedad, y lo convierten en el yacimiento con restos de actividad humana más antiguo de Galicia.

Este rango cronológico confirma la coexistencia de dos tradiciones tecnológicas diferenciadas, el achelense de tipo africano, del que Porto Maior sería uno de sus mayores exponentes, y las industrias de tipo Paleolítico medio antiguo en Europa, al final del Pleistoceno Medio.

Este tipo de yacimiento solamente se conocía en África y en el Próximo Oriente, por lo que su presencia en Europa es una auténtica novedad, y como explican los autores, los complejos patrones tecnológicos podrían ser consistentes con la posible coexistencia de diferentes especies humanas en el suroeste de Europa durante el Pleistoceno Medio.

Fuente: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Galicia-posee-la-mayor-concentracion-de-grandes-utensilios-achelenses-de-Europa

viernes, 26 de enero de 2018

Así ayudó Franco a Hitler en la Segunda Guerra Mundial

El documental 'La batalla desconocida', de Paula Cons, descubre la venta de Wolframio a los nazis.

Franco y Hitler en Hendaya.
Franco y Hitler en Hendaya.

 Los libros de historia repiten lo mismo: España se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial. Una actitud de ‘no beligerancia’ que muchos han considerado un movimiento astuto por parte de Franco. En esa pasividad había algo raro, si Hitler había ayudado al dictador durante le Guerra Civil, ¿cómo era posible que ahora no le apoyara igual que había hecho el otro fascista europeo, Benito Mussolini? La respuesta la ofrece el documental La batalla desconocida, de Paula Cons, presentado en la Seminci, y que ofrece una respuesta desoladora: nosotros participamos de forma activa en el mayor conflicto bélico del siglo XX.

Aunque no mandáramos soldados, y desde las enciclopedias se cuente una cosa, la verdad es que los nazis estuvieron aprovechándose del Wolframio producido en Galicia para endurecer su armamento y sus carros de combate. La fiebre del Wolfram hizo que pequeños pueblos gallegos se enriquecieran pronto y que se vieran estampas delirantes, como empresarios encendiendo puros con billetes, pero “tan rápido como llegó ese dinero, se fue”, recuerda la directora a EL ESPAÑOL.

Hitler vio en España y en las minas de aquel mineral que aquí nadie sabía para que se utilizaba, una oportunidad única para mejorar su ejército. Franco se lo proveyó hasta que los aliados se enteraron y dijeron que la situación tenía que acabar. La batalla desconocida cuenta algo que pocas personas saben, y es que España estuvo a punto de ser intervenida. EEUU tenía claro que quería invadirnos si no dejábamos de dar Wolframio a los nazis, y fue la diplomacia de Churchill la que le paró en seco. La condición era que tenía que parar el mercado negro que habían creado.

Para Paula Cons esta historia “era la gran historia que quedaba por contar en Galicia”, y se obsesionó con ella. Primero se puso manos a la obra con un proyecto de ficción llamado Lobos sucios sobre la misma temática, que se estrenó el año pasado con ella de productora y guionista. Cuando acabó el filme se habían quedado demasiadas cosas en el tintero, así que arrancó con este documental. “Ahora me doy cuenta de que cuando acabó la película todavía no tenía ni idea del tema. En Galicia se sabe mucho en determinadas zonas, pero no es la típica leyenda urbana”, cuenta la directora a EL ESPAÑOL.


domingo, 19 de noviembre de 2017

Prestige, qué fue de todo aquello

Quince años después, si volviera a suceder algo así, nada asegura que la gestión no vuelva a ser tan catastrófica

Aniversario de un desastre. / Wearbeard
WEARBEARD. http://www.agenciasinc.es/Multimedia/Ilustraciones/El-Prestige-la-marea-negra-que-hizo-historia

En tales fechas como estas, pero en 2002, todos teníamos quince años menos y en el mar un petrolero de bandera griega andaba en zigzag frente a las costas gallegas, traído y llevado, a la vez que esparcía su carga. Mientras, en tierra, también iban de la ceca a la meca las autoridades y la ciudadanía. Ahora todos, incluidas las autoridades, tenemos tres lustros más, y no está de más saber qué fue de todo aquello, y de todos aquellos.

De Letonia vino un barco cargado de…
El Prestige (née Gladys en 1975), de bandera de Bahamas, era propiedad de una naviera con sede en Liberia, Mare Shipping, pero en realidad quien lo manejaba desde una oficina en Atenas era una teórica sociedad de gestión, Universe Maritime. En la maraña societaria de ambas empresas aparece el apellido Coulouthros, una familia griega asentada en el Reino Unido. Otra de sus empresas gestionaba el Aegean Sea (aka Mar Egeo), que también por estas fechas, pero en 1992, embarrancó en la entrada al puerto de A Coruña con 80.000 toneladas de fuel ligero. 

El Prestige había zarpado de Ventspils (Letonia) con 77.000 toneladas de un fuelóleo que, más que un derivado, era un residuo del petróleo. La carga era propiedad de un empresario ruso, Mikhail Maratovich Fridman aka Misha, al que en los ambientes de oligarcas exsoviéticos conocen como Mikhail Grâznyj (“Sucio”). El destino en teoría era Gibraltar, como enseguida se encargaron de resaltar las autoridades españolas, como si así la cosa no fuera con ellas. En realidad, el rumbo era Gibraltar for orders, es decir, a la espera de que los fletadores encontrasen un comprador en alguna parte del mundo y le dijesen a dónde dirigirse. Allí tenía África al sur, América al oeste y Asia, vía canal de Suez, al este. Como quien carga un camión con melones y lo sitúa en Zaragoza, por si lo coloca en Madrid, Cataluña o el País Vasco. Lo del destino no era baladí, porque el entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, amenazó con demandar a tutti quanti: Reino Unido, Letonia, Bahamas… menos Suiza, donde tiene la sede el grupo de Mikhail Grâznyj. El Gobierno español acabó demandando a la empresa norteamericana que le había pasado la ITV al barco. Más de 30 millones de euros en abogados que también naufragaron (los euros). La Audiencia de A Coruña acaba de tasar los daños en 1.600 millones. Como mucho, la aseguradora dará mil. Otro pleito en perspectiva, en Londres.

El Prestige iba a ser desguazado en San Petersburgo, pero lo requirieron para este último servicio. El que iba a ser su capitán renunció a llevar aquello y echaron mano de Apostolos Mangouras, que también debería estar en el dique seco. Mangouras, natural de la isla de Icaria, tenía 67 años y llevaba 42 años embarcado, 35 de ellos de capitán. Asumió el mando del barco y de una tripulación de rumanos y filipinos que cobraban unos 750 dólares al mes. En cuanto la nave escoró se pusieron a llorar, al capitán le dieron pena y pidió que los evacuasen.

El naufragio, el salvamento y otros cuentos
Hay teorías para todos los gustos (la ola gigante, el tronco a la deriva…), pero el hecho es que los barcos, y más si son viejos, tienen accidentes. Lo más probable es que, baqueteado por olas más que respetables, se soltó una plancha del casco o se agrietó. La vía de agua inclinó al petrolero. Estaba a 28 millas --unos 50 kilómetros-- de Finisterre. Eran las tres de la tarde del miércoles 13 de septiembre, había vientos de 90 kilómetros por hora y olas de hasta ocho metros. Nada especialmente fuera de lo normal. Informativamente, entonces, era un barco más en apuros. Lo que no sabíamos, y tardamos en saber, es que en determinados momentos hubo más actividad en tierra que en el mar.

<p>Un grupo de escolares participa en la cadena humana de protesta contra la catástrofe del <em>Prestige</em> en 2002.</p>
Un grupo de escolares participa en la cadena humana de protesta contra la catástrofe del Prestige en 2002.
Isabel Romero

El corredor de Finisterre es uno de los más transitados del mundo. El 70% del transporte marítimo europeo pasa frente a Galicia, unos 40.000 barcos al año, y más o menos uno de cada tres transporta mercancías peligrosas, además de su combustible. Para controlarlo, Salvamento Marítimo, organismo dependiente de Fomento, había contratado al Ría de Vigo, un remolcador potente, pero sin demasiada maniobrabilidad, después de trasladar a Gijón al de propiedad estatal, Alonso de Chaves, más moderno y maniobrable. Cuando el Ría de Vigo llegó, a media tarde, al lugar del accidente, ni el remolcador de servicio público ni el petrolero accidentado hicieron nada durante tres horas, según las comunicaciones de la Torre de Control de Tráfico Marítimo. Estuvieron frente a frente, el petrolero con la máquina parada, con Mangouras, el primer oficial y el jefe de máquinas esperando órdenes y el Ría de Vigo… también, pero no de Salvamento.

El Gobierno español tardó seis horas en contactar con la armadora griega, pero Smit Salvage --una multinacional holandesa de rescates que fue la que participó en la operación de reflotamientos del submarino ruso Kursk (y también en la del mercante Cason encallado en diciembre de 1987 en Fisterra)-- no tardó nada en hacer llegar desde Amsterdam una oferta a Atenas: el 30% del valor del barco y de la carga, en caso de éxito, y solo los gastos en caso contrario. De la parte del Ría de Vigo se encargaba Smit. Aun como chatarra, el valor del barco no bajaría de los cinco millones de euros, y la carga de los diez. Los griegos tardaron siete minutos en aceptar. Y menos en ordenar a Mangouras que aceptase ser remolcado. Meses después, en sede judicial, el capitán argumentó la negativa: “No sabía que el Ría de Vigo era un remolcador del Estado, y por lo tanto, gratuito” (y sin autorización del armador, él no podía acceder a un servicio de pago). Álvarez Cascos primero defendió la honorabilidad de la empresa concesionaria, después anunció en sede parlamentaria una investigación sobre lo sucedido y al día siguiente el BOE publicaba la renovación de la concesión. Durante esas primeras horas, el barco soltó unas 23.000 toneladas de fuel.

El remolcador al teórico servicio de Fomento entró en acción a las nueve, pero amarrar un petrolero de 82.000 toneladas de peso muerto en medio de olas que cubrirían un tercer piso no es como ayudar a un vecino a arrancar el coche. Y menos en medio de la noche, en una cubierta inclinada y llena de petróleo, y usando una sola mano (en realidad, desde comer a trabajar, en un remolcador de rescate todo lo tienes que hacer con una mano, la otra la usas para agarrarte a algo y no estamparte contra un mamparo o caer al mar), manejando estachas gruesas como piernas de ciclista. Es como un utilitario intentando enlazar en marcha un camión de cuatro ejes, sabiendo que el mínimo roce supone una catástrofe. Ese tipo de labor, tanto los gobiernos del PP como del PSOE consideraron que era mejor externalizarla, dado que no había naufragios todos los días (argumento que no se aplica, por ejemplo, al ejército).

Fax de la oferta de la compañía de salvamento holandesa a la armadora del Prestige, en el que se incluye los servicios del remolcador contratado por Fomento.
Fax de la oferta de la compañía de salvamento holandesa a la armadora del Prestige, en el que se incluye los servicios del remolcador contratado por Fomento.

 El caso es que pasaron casi doce horas el Ría de Vigo y tres remolcadores pequeños haciendo intentos y rompiendo cables y estachas de nueve centímetros de diámetro, hasta que cerca de las nueve de la mañana lograron asegurarlo. En todo ese tiempo había ido derivando hacia la costa y estaba a unas dos millas. Los vecinos de Muxía se despertaron no sabiendo si creer a sus ojos, que veían el barco delante, o a sus oídos que escuchaban a las autoridades en la radio diciendo que estaba a varias millas. La marea de mentiras llegó antes que la del chapapote y fue igual de espesa.

No pasa nada, circulen
En estos casos, lo propio es habilitar gabinetes de crisis. El que se creó en la Delegación del Gobierno en Galicia, en A Coruña, era bastante numeroso, por un lado por la cantidad de intereses e instituciones representadas, y por otro porque el acceso no estaba especialmente restringido ni delimitado. En todo gabinete de crisis se necesita un mapa para planear operaciones y señalar objetivos, se supone, pero en aquel no había cartas marinas y alguien tuvo que desplazarse a una librería a comprar uno de esos que se llevaban en el coche antes de los GPS. Se proyectaban barreras anticontaminación con un rotulador grueso, sin tener en cuenta la escala ni el detalle de que en Galicia, con tanta costa como el resto de España, solo había ocho kilómetros de barreras. Demasiado gabinete para pocos medios. El primer despliegue de personal fue de 350 personas: una por cada dos kilómetros de ribera afectada.

Recorrido del Prestige hasta su hundimiento.https://es.wikipedia.org/wiki/Desastre_del_Prestige

Pero el Prestige seguía enfrente, aunque ya no a la vista. Del petrolero se había hecho cargo un mastodóntico remolcador chino, el De da y Smit Salvage, por lo que, según el delegado del Gobierno, Arsenio Fernández de Mesa, el problema ya no era de España. La consigna la había dado, al parecer, quien tenía atribuciones para ello, el ministro de Fomento, aunque de modo no muy formal, en el calor de una cena en un restaurante italiano: “Ese barco, que se vaya a tomar por culo” o, en versión menos cruda y menos creíble, “Que lo lleven al quinto pino” (los informes técnicos sobre la conveniencia de la medida los solicitó cinco días después de tomarla). “Tan lejos que hemos tenido que poner este papel para alargar el mapa”, decía ufano De Mesa. El problema es que la tierra no es plana y no termina en un borde, o no hay una alfombra bajo la que ocultar los problemas. La ruta inicial, hacia el norte, originó las protestas de los vecinos de arriba, Francia y Reino Unido, y cuando el remolcador chino acarreó al gimiente petrolero bahameño-liberiano-greco-suizo hacia el sur, una fragata portuguesa le salió al paso impidiéndole entrar en sus aguas jurisdiccionales. Durante ese ir y venir, el petrolero fue, por supuesto, dejando salir su carga. Según las valoraciones presentadas en 2008 por Santiago Martín Criado, perito del juzgado de Corcubión, casi 19.000 toneladas. Por razones obvias, Smit quería recalar en algún puerto refugio para trasvasar la carga, o más bien lo que quedaba de ella. Cuando rompió se estima que perdió alrededor de 20.000 toneladas, aunque las fuentes oficiales hablaban de 3.000 o 4.000 y cuando fueron cuestionadas, De Mesa contribuyó al acervo fraseológico del siniestro: “Hay una cifra clara y es que la cantidad vertida no se sabe”). Smit llegó a plantearse intentar hacer llegar al renqueante navío a Cabo Verde. Se acabó hundiendo a 250 millas de la costa gallega, haciendo un vertido de despedida, que no lo fue, de 10.000 toneladas, antes de ir a reposar, en dos trozos, a casi cuatro mil metros de profundidad, en una zona denominada Banco de Galicia. No fue el último derrame porque las 14.000 toneladas que todavía llevaba dentro cuando se fue al fondo, contra los vaticinios político-técnicos que aseguraban que se convertirían en adoquín, se empeñaron en salir, aunque fuese en forma de hilillos de plastilina. Repsol, en una operación de coste multimillonario, tuvo que extraerlas con lanzaderas.

 Las mareas. La negra, la blanca y la ciudadana 
La primera de las mareas, la proveniente del primero de los tres vertidos importantes que tuvo el petrolero, también sorprendió por la mañana a los habitantes de Muxía, y no solo de Muxía. Como está más que documentado en la memoria reciente, y si no hay una abundantísima memoria gráfica, aquella masa viscosa negra, con densidades que iban del como chocolate exprés a la gelatina anegó en aquella primera acometida 190 kilómetros de costa. Lo que iba escapando de la nave por una grieta que ya era de 50 metros fue invadiendo progresivamente la ribera, desde la Costa da Morte hacia el sur. En la bocana de la ría de Arousa, mientras el vicepresidente Mariano Rajoy decía en Pontevedra que no se esperaba que el chapapote llegase a las Rías Bajas, una flota de cientos de embarcaciones de todo tipo, como en Dunkerque, lograron parar la acometida. En los puertos, las mujeres confeccionaban barreras con redes y almohadas. La segunda gran oleada, la del estertor del hundimiento, invadió, sin embargo, las islas Cíes. La tercera, los “hilillos de plastilina” que liberaba el pecio desde el fondo, derivó hacia el norte, castigó de nuevo la costa coruñesa y sobrepasó Ortegal, afectó la costa cantábrica y llegó a Francia.

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http://www.marinadelsur.es/1932/
 En tierra se produjeron como reacción dos mareas. La blanca, la de los voluntarios, gentes que venían de toda Galicia (se estima que 55.000), del resto de España (60.000), y también del extranjero (1.000), a extraer el chapapote. Un auténtico fenómeno de solidaridad, con ribetes de turismo de catástrofe y de aventura, que desbordó, por supuesto, a las autoridades autonómicas y centrales, y que tuvieron que afrontar sobre todo los ayuntamientos y las cofradías. Es decir, pueblos marineros con una capacidad hotelera para 50 o 100 personas, que de pronto tienen que asumir el alojamiento y manutención de 2.000 o 3.000, más o menos tantos como el censo habitual. Pabellones habilitados como dormitorios, cocinas comunitarias atendidas por turnos, supermercados y particulares que donaban comida… el sueño realizado de la autogestión.

Todo ello tenía que fermentar de alguna forma. El 2 de diciembre, bajo un intenso aguacero que llenó Santiago de Compostela de paraguas, cientos de miles de personas se manifestaron al grito de “Nunca Máis”. El lema lo llegó a pronunciar incluso George Bush, ignorante sin duda de que no constituía precisamente una ayuda a su amigo Aznar. Nunca Máis, promovida fundamentalmente por el BNG, agrupó a 365 (el número es fácil de recordar) organizaciones, desde partidos a la izquierda del PSOE hasta asociaciones de vecinos, organizaciones ecologistas y empresas. Hicieron de cada manifestación una fiesta de miles de personas. Una convocó específicamente a los músicos, otra llenó de cruces la playa de Riazor, otra inundó las calles de maletas, una cadena de 40.000 escolares abarcó las playas… Tenía incluso una organización de artistas, Burla Negra (el nombre del barco de un pirata pontevedrés del siglo XIX) que, entre otras cosas, organizó cerca de 200 conciertos musicales en toda Galicia en un mismo día. La bandera, diseñada por Xosé María Torné, era omnipresente. En la Pasarela Gaudí, en toallas de playa, en las ventanillas de los coches. Todavía se ve por ahí.

En qué acabó todo aquello
La Xunta y el Gobierno central (Manuel Fraga y José María Aznar) acordaron e hicieron efectivas indemnizaciones por cese de actividad pesquera con una celeridad administrativa de vértigo (teniendo en cuenta que por aquellas fechas se estaban pagando las del Mar Egeo, de diez años atrás) y con un desparpajo como si la pasta fuese suya. Durante unos meses, en lugares de la Costa da Morte hubo pleno empleo y en Galicia, una auténtica sobredosis de promesas. El PP logró imponer lo que todavía entonces no se llamaba el “relato” de que había ganado las elecciones municipales, presentando a Muxía como arquetipo. Sin embargo, el PP descendió casi un 4% en su voto en Galicia, mientras en el conjunto del Estado, después de las multitudinarias manifestaciones contra la guerra de Irak tan solo perdió un 0,43%. También la suma de los votos de PSOE y BNG superó en casi cinco puntos a los populares (en 1999 había sido un 1,9% inferior), iniciando la tendencia que llevaría en 2005 a Fraga a perder el gobierno en favor de una coalición de socialistas y nacionalistas.

Pero el Prestige cambió también el rumbo del PP gallego. Murió el sueño bávaro de Fraga y de parte del partido. La pugna de siempre, nada larvada, entre los partidarios de un partido autónomo y los de la obediencia debida a Génova, tomó de nuevo cuerpo en la marea negra, entre los que demandaban que la crisis fuese gestionada por la Xunta y quienes reclamaban que el joystick lo tuviese Madrid. Hubo una crisis en la Xunta en mitad de la crisis, y se resolvió la imperecedera confrontación entre Xosé Cuiña, el sempiterno delfín de Fraga que situaba su galleguismo “al borde de la autodeterminación” y José Manuel Romay Beccaría, el político perenne, siempre a caballo entre Galicia y Madrid, que tuvo su primer cargo en 1963 y desde entonces los ha concatenado. Fraga primero confió a Cuiña el mando de la estrategia política y operativa y después, ante la reacción de Génova, lo destituyó. De purgar a los que quedaban o de premiar a los que se sumaron llegó de la capital un hombre de Romay, Alberto Núñez Feijóo (otro de sus hombres se llamaba Rajoy, Mariano Rajoy, pero este no volvía a Galicia ni atado).

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El momento del hundimiento del 'Prestige', con la proa del barco apuntando al cielo, el 19 de noviembre del 2002. - Foto: XURXO LOBATO

Cuiña fue prácticamente el único de todos cuantos tuvieron un papel en la crisis que vio truncada su carrera. Los funcionarios de alto nivel, residentes o desplazados, que contribuyeron a transformar el negro panorama en rosa, progresaron en sus carreras. El caso más extremo, el de Rodolfo Martín Villa, que a su larguísimo currículo sumó el título de Alto Comisionado para el Prestige. Si Jaume Matas, entonces ministro de Medio Ambiente, no tiene un retiro dorado, fue por su mala cabeza. Su homólogo en la Xunta, Carlos del Álamo, por ejemplo, es consejero de Ence, el grupo que tiene una celulosa plantada en plena ría de Pontevedra. Miguel Arias Cañete, entonces ministro de Pesca, que se encargó de demostraciones prácticas de la salubridad y exquisitez del pescado gallego, sigue a sus cosas en Europa, igual que Aznar. Paco Álvarez Cascos salió indemne y con la Medalla de Oro de Galicia que le dio Fraga por los servicios prestados. Incluso consiguió que el único imputado --luego absuelto-- fuese el director general de la Marina Mercante, José Luis López Sors, un hombre con chaqueta pata de gallo verdosa que no abría la boca en las ruedas de prensa en la Delegación del Gobierno. Arsenio Fernández de Mesa --“a mí me dijeron que diera la cara, y la di”, me dijo años después-- fue director general de la Guardia Civil y ahora acaba de llegar al otro lado de la puerta giratoria. Rajoy ya saben. (Por cierto, ninguno de aquellos próceres estuvo entonces donde debía, aunque sí en contacto con la naturaleza: Aznar en la República Dominicana, Cascos esquiando, Matas en Doñana, Fraga de caza, con Cuiña y Del Álamo). E incluso una de aquellas llamadas “chicas de Urdaci”, con la que pasé una jornada de domingo persiguiendo manchas de chapapote y traduciendo su extensión a campos de fútbol para el telediario, es ahora reina.

El único de los protagonistas con nombre y apellidos que lo pasó realmente mal fue Apostolos Mangouras, el capitán que debería estar jubilado y siguió las órdenes de su armador. Estuvo tres meses en la cárcel (una medida insólita en un caso de estas características), con la solidaridad de la mayor parte de los marinos mercantes, y en arresto domiciliario bajo fianza, cerca de un año, en Barcelona, para estar más cerca de casa. En el juicio celebrado en A Coruña once años exactos después de la catástrofe, solo había tres acusados: Mangouras, para el que la fiscalía pedía 12 años y 43.000 millones de euros de indemnización, el jefe de máquinas del Prestige, Nikolaos Argyropoulos, y López Sors, por indicios de criminalidad al ordenar el alejamiento del petrolero hacia el noroeste, mientras perdía fuel. El único condenado fue el capitán, culpable de un delito de desobediencia grave a las autoridades españolas, sentenciado a nueve meses de prisión, que le fueron conmutados en razón de su edad.

La imagen más vívida de la impotencia e injusticia de un sistema, empezando por el judicial, es haber vivido una catástrofe que afectó a miles de personas y ocasionó daños que nunca se podrán calcular, y contemplar como los únicos que se sentaron en el banquillo eran tres ancianos de pelo blanco. Y saber que hoy, quince años después, si pasa algo así otra vez, nada asegura que la decisión drástica de qué hacer no la vaya a tomar de nuevo, finalmente, un ministro al que molestan en una cena.


 Fuente: http://ctxt.es/es/20171115/Politica/16213/Prestige-Galicia-aniversario-justicia-nunca-mais-marea-blanca.htm#.WhF7XL1y72o.twitter