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miércoles, 16 de junio de 2021

La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China sube de nivel ante la escasez de chips

La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China sube de nivel ante la  escasez de chips | ctxt.es

Chips. AKuptsova

 Taiwán, país clave en la producción, está en medio de una sequía; solo su empresa más grande del sector necesita 156.000 toneladas de agua diarias. Las sanciones de la Administración Biden están impulsando la industria local en Pekín

  La crisis de los chips (o semiconductores) está poniendo en jaque a la economía global, y afecta a numerosas industrias y países. Se ha parado la producción en muchas empresas y los gobiernos están desesperados por asegurar el suministro. La escasez está, incluso, ralentizando la recuperación económica y amenaza con encarecer productos como coches, videoconsolas o electrodomésticos. 
El problema no es pequeño: los semiconductores son componentes básicos para cualquier dispositivo electrónico, fundamental en sectores tan dispares como el automovilístico o el militar. Su creciente importancia geoeconómica está provocando el aumento de las tensiones entre las grandes potencias, fundamentalmente entre China y Estados Unidos. La Administración Biden está intentando presionar a sus aliados (Taiwán, la UE o Japón) para aislar al gigante asiático. Por su parte, China acelera sus pretensiones de aumentar su autonomía tecnológica en un contexto altamente hostil. 

¿Por qué hay una crisis de chips?

El caos en las cadenas globales de producción que se vivió en el 2020 sigue teniendo consecuencias. En plena pandemia, muchas empresas automovilísticas pospusieron inversiones, mientras que aumentaban en el sector de la electrónica debido al teletrabajo y al aumento del ocio en el hogar. En consecuencia, las fábricas se centraron en cubrir la creciente demanda de chips para ordenadores, móviles, tablets, etc. Cuando la industria del automóvil intentó reestablecer sus inversiones, se encontró con que no había capacidad para producir más chips. Por si fuera poco, el auge de las criptomonedas ha empujado la demanda al alza, ya que se minan a través de computadoras que necesitan chips avanzados.
El problema es que la industria de semiconductores no es capaz de adaptarse a los cambios de la demanda. Se requieren meses para reorganizar la producción y años para abrir nuevas fábricas, además de sumas estratosféricas de dinero con grandes barreras de entrada. A esto se le suma el impacto medioambiental: Taiwán, país clave en la producción de chips, se encuentra en medio de una sequía y su mayor compañía en el sector necesita 156.000 toneladas de agua al día. Además, décadas de deslocalización y desarrollo de cadenas de suministro basadas en el just-in-time han mejorado la rentabilidad de las empresas individuales a expensas de la solidez y la seguridad del sistema en su conjunto.
Los gobiernos poco pueden hacer a corto plazo. La capacidad era escasa incluso antes de la pandemia, pues la inversión de las empresas de chips en equipos de fábrica ha estado por debajo de la media en los últimos años. Sin embargo, a largo plazo es distinto: los países están peleando cada vez más por ganar autonomía, incrementando la intervención del Estado. La industria de los semiconductores es un ejemplo de ello, a la vez que muestra la lucha por la hegemonía entre China y Estados Unidos.

El papel de las grandes potencias

La cadena de suministro de semiconductores es una de las más complejas e importantes del mundo: son piezas estratégicas tanto para la industria militar, como para la producción de automóviles, ordenadores o smartphones. Existen empresas que diseñan sus chips (Fabless), pero encargan su producción (Foundry) y ensamblaje (OSAT) a terceros y otras que integran todas las fases (Integrated Device Manufacturer). En este proceso son fundamentales las empresas dedicadas a suministrar material y equipamiento de última generación para que se puedan fabricar los chips (Figura 1)
Figura 1: Cadena de producción de los semiconductores. Fuente: Center for Security and Emerging Technology
 
A su vez existen distintos tipos de chips y no todas las empresas pueden fabricar los más avanzados. De hecho, Estados Unidos domina las partes de más valor añadido de la cadena, con empresas punteras en diseño (Qualcomm) y en la producción integrada (Intel), pero tiene grandes problemas para fabricar los más avanzados. La empresa que domina la fabricación de los chips más potentes es TSMC, en Taiwán, de ahí su importancia estratégica. La UE, por su parte, solo es capaz de producir el 9% de los chips a nivel mundial, aunque cuenta con ASML, el principal fabricante de máquinas de litografía para producir semiconductores. En suma, Estados Unidos y sus aliados controlan toda la cadena de valor de los semiconductores (Figura 2). 
 Figura 2: Participación en las ventas de semiconductores por sectores. Fuente: Center for Security and Emerging Technology 
 Por otro lado, aunque China es el mayor demandante de chips, con un 35% del consumo mundial, solo constituye el 8% de la oferta. El país asiático lleva una década implementando grandes proyectos, como el Made in China 2025, lo que le está permitiendo ganar autonomía y convertirse en una potencia tecnológica en áreas clave como el 5G. Pese a esto, Pekín tiene grandes limitaciones en la producción de los chips más avanzados, una diana fácil para los ataques de EE. UU. 
Desde 2018, Estados Unidos ha aplicado una estrategia de contención contra China, ya que percibe el ascenso tecnológico del gigante asiático como una amenaza para su hegemonía. En parte, esto pasa por bloquear el acceso de Pekín a componentes clave para la fabricación de semiconductores, incluyendo en la lista negra a su mayor productor (SMIC) e impidiendo que haga negocios con las mencionadas TSCM o ASML. 
La paradoja es que las sanciones que impone EE. UU. están impulsando la industria local de semiconductores en China. Antes, las empresas chinas preferían comprar chips a proveedores extranjeros con experiencia. Sin embargo, las sanciones han obligado a aumentar las compras locales, impulsando los beneficios de muchos fabricantes. Esto acelera el objetivo de Pekín de aumentar su autonomía tecnológica, aunque en el caso de los semiconductores ese objetivo está todavía lejos. 
 
Las grandes potencias mueven ficha: el regreso del Estado 
Dada la complejidad y el papel de cada país en la cadena de suministro de chips, los gobiernos tienen un margen de maniobra limitado. A corto plazo, todas las miradas se centran en seducir a Taiwán para solucionar el problema de escasez. Tanto el Gobierno estadounidense como el alemán han mantenido contactos para que TSMC dé prioridad a sus empresas. Incluso el Gobierno chino ha tenido cuidado a la hora de criticar a TSMC, a pesar de que la empresa ha cooperado con Washington en la imposición de restricciones a empresas chinas como Huawei o Tianjin Pythium (un diseñador de chips para supercomputadoras). Además, a medio plazo, tanto la UE, como EE. UU. y Japón están intentando construir fábricas de la empresa taiwanesa en sus territorios.
 La escasez de chips ha hecho que las grandes potencias aceleren sus estrategias a largo plazo. La Administración Biden, dentro de su plan de inversión en infraestructuras, va a destinar 54.000 millones para impulsar la industria de semiconductores. En el caso de China, dado el contexto de escasez y de bloqueo por parte de Estados Unidos, se ha acelerado la necesidad de ganar autonomía. Desde 2019 lleva invertidos 100.000 millones de dólares y este año ha destinado a su principal fabricante de chips (SMIC) 2.400 millones de dólares para la creación de una nueva planta. También la UE estudia construir una fábrica de semiconductores avanzados para evitar depender tanto de EE.UU. y Asia, ya que esta tecnología constituye el núcleo de algunas de sus principales industrias. La UE busca pasar de representar el 9% al 20% de la fabricación mundial, con parte de los fondos del Mecanismo para la Recuperación y Resiliencia.
En los próximos años, tecnologías como el 5G o la inteligencia artificial serán el centro de la IV Revolución Industrial y el país que lidere su desarrollo será uno de los centros de acumulación de capital en la nueva etapa del capitalismo global. Esto hace que la importancia de los semiconductores sea todavía mayor, pues ninguna potencia puede dominar el desarrollo de dichas tecnologías sin acceso a los chips más avanzados. 
En este contexto, la madre de todas las batallas es la que enfrenta a Estados Unidos con China, pues los chips serán un elemento clave en la disputa por la hegemonía mundial. La estrategia de Washington es clara: ganar autonomía y eliminar dependencias críticas en las cadenas globales de valor, a la vez que intenta contener el ascenso tecnológico de Pekín. La Administración Biden está consiguiendo movilizar a sus aliados para cercar cada vez más a China, a la que no le queda más remedio que acelerar sus ambiciones de impulsar la soberanía tecnológica del país. La guerra por los chips (y por la hegemonía mundial) no ha hecho más que comenzar.
 

martes, 20 de abril de 2021

Groenlandia y el Ártico: nueva fiebre de conquista

Groenlandia tierras raras

 Groenlandia puede frenar una de las minas de tierras raras más grandes del mundo. La izquierda ecologista ha ganado las elecciones con la promesa de detener el proyecto de Kvanefjeld (Quieniefiel). La decisión final depende de los pactos de gobierno, pero la mayoría de los groenlandeses, dicen los sondeos, no quieren mina por los riesgos medioambientales. Del yacimiento se sacaría uranio, pero también neodimio, usado en los vehículos eléctricos. Cada motor de un Toyota Corolla, el híbrido más vendido del mundo, carga un kilo de neodimio. Los coches Eco limpian el aire agujereando la tierra.

Las tierras raras son el oro de Groenlandia, que necesita el dinero de la metrópoli Dinamarca para sostener este protoestado de cincuenta y seis mil habitantes. Los ingresos de la mina pagarían la independencia total de esta gran isla de hielo. El calentamiento global está despejando el paso hacia lugares antes inaccesibles, como la mina en disputa. Ocurre en todo el norte del planeta. Un carguero cruzó el Ártico en febrero, lo que nunca antes había ocurrido a esas alturas del año. El deshielo está descubriendo un nuevo mundo, describe el periodista Marzio Mian: casi un planeta en nuestro patio trasero.

Las potencias se están disputando el Gran Norte. China está detrás de la mina de Groenlandia; Rusia está modernizando sus bases en el Ártico y estaría probando armas, como un torpedo de nombre Poseidón. Estados Unidos cree que también tiene derecho a mandar sobre el Ártico. En Groenlandia ya cuenta con la base de Thule y Trump llegó a especular con comprarse el territorio. No sería algo inédito. Alaska fue rusa hasta que el zar se la vendió a Washington por siete millones de dólares. Luego llegó la fiebre del oro que relató Jack London, y los hombres murieron de frío y avaricia.

Groenlandia fue poblada por inuits y vikingos. Según la leyenda, Eric el Rojo la llamó Greenland, tierra verde, para atraer con engaños a nuevos colonos. En la serie Vikingos fabulan con los primeros escandinavos. El personaje Ketil, obsesionado con ser rey, pierde la cabeza cuando una ballena queda varada en su parcela y se niega a compartirla con el resto de colonos, que están hambrientos y luchan por ella. Su hijo muere, pero Ketil gana la batalla. Y ríe enajenado porque ser rey es más importante que la vida. Solo le acompañan el llanto desesperado de su esposa y el cadáver putrefacto de la ballena.

Fuente: https://lasoga.org/groenlandia-y-el-artico-nueva-fiebre-de-conquista-14-de-abril/

domingo, 11 de abril de 2021

Tierras raras, el poder chino

Groenlandia cuenta con los mayores yacimientos de tierras raras del mundo, pero los votantes han rechazado explotarlos por su coste medioambiental. China, con exigencias ambientales bajas y mano de obra barata, tiene el monopolio mundial

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Los trabajadores laboran en el sitio de una mina de elementos poco comunes en la provincia de Jiangxi, China, el 20 de octubre de 2010. China ha negado un informe de que el gobierno planea recortar las cuotas de exportación de tierras raras el próximo año, buscando aliviar los nervios internacionales sobre el dominio de suministros de China.
(Jie Zhao / Corbis via Getty Images)

 La explotación minera en Groenlandia tendrá que esperar. Las elecciones generales del pasado 6 de abril en este territorio autónomo danés han dado la victoria al partido socialista Comunidad Inuit por su firme oposición a un proyecto minero que pretendía convertir Groenlandia en el principal productor occidental de tierras raras.

Se trata de unas tierras que contienen 17 elementos químicos (escandio, itrio, neodimio, disprosio, holmio y otros elementos del grupo de los lantánidos) esenciales para la fabricación de aparatos tecnológicos, relacionados con la obtención de energías limpias, como las turbinas eólicas y placas fotovoltaicas y también en tratamientos médicos.

El pueblo de Narsaq, en el sur de la isla, ha sido el gran protagonista de los comicios por su yacimiento mineral Kuannersuit. Muchos vecinos se oponen a la explotación por el miedo a la contaminación radiactiva y los residuos tóxicos en las tierras de cultivo que rodean la mina. Las tierras raras requieren de un proceso de explotación y tratamiento muy costoso y con un elevado coste medioambiental.

Productos cotidianos compuestos de metales raros

Las aplicaciones cotidianas de estos materiales van desde los pequeños motores de las neveras de nuestras casas a las luces led o los motores “miniaturizados” de los coches o patinetes eléctricos que se fabrican gracias a estos imanes, según explica Ricardo Prego, profesor e investigador en asuntos medioambientales del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo y autor del libro Las tierras raras (Ed. Catarata-CSIC).

Las pantallas de los ordenadores y la fibra óptica también los contienen. “Nuestros teléfonos móviles tienen unos siete elementos de las tierras raras, están en la pantalla y en la electrónica”, dice Prego. De lo contrario no sería posible tener micrófonos, aerogeneradores o baterías tan pequeños.

Además, se utilizan en la industria militar y armamentística. “El itrio está presente en los sistemas de guía láser de los misiles inteligentes, en los sistemas individuales de protección contra las balas…”

Groenlandia cuenta con los mayores yacimientos no explotados de metales de tierras raras del mundo. Una zona de alto interés estratégico por su acceso al Ártico. Con una economía basada en la pesca, Groenlandia ha empezado a ver en la minería una oportunidad de desarrollo gracias al deshielo. La periodista medioambiental Rosa Tristán estuvo allí hace unos años y asegura que ya entonces “había licencias de explotación concedidas para zonas que todavía estaban cubiertas de hielo.

Un trabajador en una mina de tierras raras en la provincia de Jiangxi, China, el 20 de octubre de 2010. / Jie Zhao / Corbis via Getty Images
Interés geoestratégico y el poder de China

Así como la Antártida está protegida de la explotación por un tratado internacional, las tierras del Ártico, compartidas por muchos países, suscitan interés por la posibilidad que ofrece el deshielo de abrir nuevas rutas y de explotar estos minerales “que se van a convertir en materiales críticos que pueden cambiar las fuerzas de la geopolítica en las próximas décadas”, explica Tristán. “Suscita muchísimo interés de Estados Unidos, China, Australia...” Un ejemplo de ello fue la propuesta de Donald Trump de comprar Groenlandia.

En la década de 1980 EE.UU. era el principal suministrador de tierras raras, asegura Ricardo Prego, pero la contaminación ambiental, en parte radiactiva, en el desierto de Mojave, obligó a cerrar la explotación y perder el liderazgo mundial en esta materia.

Actualmente China es la principal proveedora de estos minerales con hasta un 98% de la producción mundial. “Su exigencia ambiental es baja, la mano de obra es muy barata y las minas que tienen son de hierro, por lo que obtienen las tierras raras como un subproducto”, explica el profesor, lo que les permite tener unos precios muy competitivos a nivel internacional y mantener el monopolio de estas explotaciones.

“En este momento el 75% de los imanes se fabrican en China”, pone como ejemplo Prego. En caso de cortar su suministro, provocaría una crisis en la industria del automóvil, porque cada coche puede tener un centenar de pequeños imanes. Esto otorga a China un gran poder en las negociaciones a nivel internacional.

A la periodista Rosa Tristán le preocupa también que “la dependencia es absoluta y no sabemos nada de las condiciones en las que se están extrayendo” cuando estamos a las puertas de una revolución energética verde para la que es fundamental contar con estos materiales.

Europa ha cerrado todas las minas por su impacto ecológico, pero eso ha generado una peligrosa dependencia internacional. “La Comisión Europea empieza a tomar algunas medidas, pero son primeros pasos muy leves, y Estados Unidos está apostando por una diplomacia minera de metales raros para asegurarse la fuente de estos recursos que sabe que va a necesitar”, asegura Tristán.

Ante la disyuntiva ecológica por la necesidad de estos minerales y su impacto en el medio ambiente, la periodista apuesta por un consumo más eficiente y una fuerte apuesta por la investigación para reutilizar esos materiales que, por la mínima cantidad en la que se emplean, son muy difíciles de reciclar. El profesor Prego cree que hoy en día existen sistemas para la minería que pueden evitar el daño medioambiental, aunque “la contrapartida son los costes”.

Fuente: https://cadenaser.com/programa/2021/04/09/punto_de_fuga/1618005187_115516.html?ssm=tw

miércoles, 17 de marzo de 2021

Arte reciclando



El boom de la electrónica de consumo ha provocado que el número de dispositivos que tenemos a nuestro alcance haya aumentado de forma significativa en los últimos años. Neveras, microondas, televisores, móviles y ordenadores (entre otros tantos) son elementos cotidianos presentes en la mayoría de los hogares.

Muchos de estos dispositivos tienen una vida útil cada vez más corta, ya sea porque dejan de funcionar pasado un tiempo desde su compra o bien porque mediante agresivas campañas de marketing nos convencen de que necesitamos pasar a un modelo nuevo con alguna funcionalidad extra que posiblemente no necesitemos. El resultado final es que desechamos electrónica prácticamente al mismo ritmo que la consumimos sin que en la mayoría de los casos tengamos claro cuál será el destino final de estos productos descartados.

El tratamiento de todo este material de desecho plantea un reto ya que muchos de los elementos utilizados en su fabricación son altamente contaminantes y presentan serios problemas tanto medioambientales como de salud pública si no se recogen y reciclan adecuadamente, algo que no ocurre en todos los casos.

Aunque los procesos de reciclado a gran escala pasan por la intervención de diferentes entidades públicas y privadas, existe un gran número de artistas que encuentran en todo este material el sustrato perfecto con el que dar rienda suelta a su imaginación y crear espectaculares obras de arte. Aquí os traemos una pequeña muestra.

Alice Chappell

Artista, fotógrafa y escultora británica de la ciudad de Portsmouth, trabaja actualmente en la colección Computer component Bugs, en la que transforma todo tipo de circuitos electrónicos —tanto donados como encontrados— en preciosos insectos de apariencia biónica. Ella misma indica que su trabajo es resultado de los excesos de la obsolescencia programada y trata de poner en evidencia a través de su trabajo los peligros que esto supone para el medio ambiente.


 

 Más información: https://principia.io/2016/08/02/arte-reciclando.IjM1MiI/

martes, 24 de noviembre de 2020

No necesitamos 5G sino personas que nos cuiden

5G: ¿Qué es la tecnología 5G y cómo cambiará nuestras vidas?

Imagen publicitaria del 5G. RTVE

 Si el sueño de futuro de las mentes que dirigieron la tecnología en los 80 hubiera sido sostenible, en estos momentos la humanidad no tendría que enfrentarse al desastre climático, la crisis energética y el colapso ecosistémico

 Si el sueño de futuro de las mentes que dirigieron la tecnología en los 80 hubiera sido sostenible, en estos momentos la humanidad no tendría que enfrentarse al desastre climático, la crisis energética y el colapso ecosistémico

La comunicación es una necesidad básica, a veces tan importante como la alimentación, por eso, cuando un canal se establece como referencia, se convierte en un monopolio de facto. Si la tecnología 5G llega a convertirse en el estándar de comunicaciones, nadie podrá quedarse atrás. 

En las pasadas décadas hemos vivido varias oleadas de obsolescencia programada y renovación forzada de los equipos informáticos. Pero es difícil no darse cuenta de que las épocas de despreocupado consumismo del siglo XX se han acabado. La crisis de la covid nos ha mostrado con claridad que las cosas más esenciales para nuestra vida (el sistema sanitario, la alimentación, los cuidados, la educación, las relaciones sociales) no están en absoluto aseguradas. ¿Es este el mejor momento para una nueva obsolescencia masiva? Las administraciones públicas, por ejemplo, deberán elegir en los próximos años entre renovar sus equipos de comunicaciones o contratar personal para la sanidad, el transporte público o la enseñanza. ¿No se nos ocurre otra cosa mejor en que invertir miles de millones de dólares que en conectar nuestra televisión, nuestra nevera y nuestro robot aspirador al internet de las cosas justo cuando estamos al borde de la catástrofe climática?

Se nos suele presentar la evolución de la tecnología como el curso natural de la historia, como si ésta avanzara por un gradiente natural hacia la satisfacción de las necesidades de los compradores de la forma más eficiente y barata. Pero dudo de que las cosas sean así. Existen instituciones en todos los países que subvencionan la investigación en las universidades públicas y eligen, cada año, los sectores que se consideran prioritarios a la hora de dirigir los proyectos. En EE.UU., por ejemplo, la institución que más subvenciona la investigación en las universidades es el ejército, quien, en algunos años, ha aportado más del 50% de los fondos.

En 1998, cuando yo era una estudiante de doctorado, tuve una curiosa conversación con unos investigadores norteamericanos que conocí en un congreso de robótica. Estos ingenieros afirmaban que la línea prioritaria de sus departamentos en aquellos años era investigar en vehículos autoguiados, aunque tenían la impresión de que no servían para nada. Tanto ellos mismos como el resto de los participantes en la conversación pensábamos que había miles de cosas más útiles que estudiar y nos reíamos al pensar quién quería ser el voluntario a subirse el primero a uno de esos coches. Pero los investigadores norteamericanos aseguraban que prácticamente todos los fondos de I+D de su sector en aquellos años iban a dos cosas: vehículos autoguiados y nanotecnología.

Hace 30 años ya había alguien en alguna institución norteamericana dirigiendo la investigación hacia sistemas de comunicaciones similares a lo que ahora llamamos 5G, porque son la base que permite los vehículos autónomos.  Es evidente que la tecnología de los vehículos autónomos no surgió en aquella época guiada por las necesidades de los consumidores que, ni entonces ni ahora, sentimos que tener un coche que se conduzca solo sea una de nuestras necesidades más acuciantes. 

Hay sueños de futuro que dirigen el devenir de la tecnología y de la sociedad sin que sepamos muy bien de quién proceden. Estas ideas, disparatadas en ocasiones, tienen a veces una extraña tozudez y son capaces de drenar el dinero público hacia ellas, incluso cuando todas las evidencias muestran que son sueños insensatos. En España hemos tenido buena muestra de ello. Hemos visto lo difícil que ha sido cambiar el sueño de “progreso y modernidad” del AVE, que se ha llevado inversiones millonarias, incluso décadas después de que los datos confirmaran que era una inversión ruinosa.  

Si, en lugar de los anónimos personajes que apostaron por los vehículos autoguiados, las directrices de investigación hubieran estado en manos de personas como Dana Meadows y Masanobu Fukuoka, a estas alturas nuestra tecnología sería completamente diferente. En lugar de vendernos el internet de las cosas la industria nos estaría vendiendo el último modelo de vivienda de cero emisiones, la más avanzada gestión permacultural de los suelos agrícolas y productos industriales con un porcentaje de reciclado cercano al 100%. Si el sueño de futuro de las mentes que dirigieron la tecnología en los años 80 hubiera sido una tecnología sostenible, en estos momentos la humanidad no tendría que enfrentarse al terrible problema del desastre climático, la crisis energética y el colapso ecosistémico que amenazan el futuro de nuestros hijos.

Pero la verdad es que habría sido difícil que estas destacadas figuras del ecologismo hubiesen dirigido el devenir tecnológico dentro de la economía capitalista, porque las tecnologías sostenibles tienen un gran “defecto”: no venden muchas cosas.

La agroecología, por ejemplo, aúna un conocimiento científico sobre los suelos y los ecosistemas muy avanzado (más que el de la agricultura de insumo químicos) pero es una tecnología que se basa en dejar que la naturaleza haga las cosas. Por ello no necesita muchos tractores, ni insumos, ni drones, ni invernaderos verticales, ni ingeniería genética. Lo que necesita es algo muy diferente: agricultores bien formados. Tampoco la arquitectura bioclimática ni la movilidad sostenible venden demasiado, porque lo que necesitan son arquitectos y albañiles que sepan trabajar de otra manera y urbanistas que sepan diseñar ciudades donde el coche no sea necesario. Por otro lado, la transición energética requiere tecnologías de captación y almacenamiento de energía renovable, pero, sobre todo, necesita personas que sepan vivir, producir y ofrecer servicios utilizando poca energía. Y no debemos olvidar de que la “tecnología” que más necesitamos en estos momentos es el cuidado de las personas y la gestión de las relaciones humanas, labores completamente imprescindibles para que no caigamos en dinámicas de caos y/o autoritarismo en esta difícil transición.  

Las tecnologías que realmente necesita la transición energética, las que realmente combaten el cambio climático, las únicas que nos pueden permitir enfrentarnos con éxito al colapso ecosocial, no necesitan muchos aparatos y, desde luego, no necesitan 5G. Lo que realmente necesitan son buenos profesionales, es decir: personas bien formadas, bien remuneradas y capaces de enfrentarse con creatividad a los enormes retos de este siglo. Pero la inercia insensata del capitalismo dirige el desarrollo tecnológico muy lejos de estas tecnologías sencillas en lo material y sofisticadas en lo humano y sólo nos vende aparatos cada vez más sofisticados, menos útiles, y cada vez menos y menos sostenibles.

Fuente: https://ctxt.es/es/20201101/Firmas/34160/Marga-Mediavilla-5g-cuidados-desarrollo-tecnologia-cambio-climatico.htm

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Investigadores muestran que se puede vivir bien en 2050 con la demanda de energía de los años 60

 A día de hoy, el consumo sigue estando relacionado con el comportamiento de la economía (a mayor crecimiento económico, más demanda energética). En el cálculo de los científicos, esa relación se rompe 
 
"I dannati" ("los condenados") del escritor y pintor italiano Lorenzo Paolini: una metáfora del consumismo y de la barbarización de la cultura. Encarcelado queriendo ser libre, y donde ya no se puede parar porque un retraso tal vez pueda significar la muerte.

Una vida digna para todos los habitantes del planeta en 2050 sería posible con un 60% menos de la energía que usamos hoy. Según los cálculos de un grupo de investigadores de la Universidad de Leeds en el Reino Unido, con un gasto de energía global similar al de los años 60, la población mundial, que se estima que se habrá triplicado para entonces, podría satisfacer todas sus necesidades materiales básicas para llevar un estilo de vida con comodidades propias de los países desarrollados. 

Para ello sería necesario, apunta el estudio publicado en la revista científica Global Environmental Change, implementar en todos los ámbitos la tecnología disponible para conseguir más eficiencia, reducir drásticamente el consumo global y acabar con las desigualdades.

La investigación, que calcula el gasto energético global mínimo para cubrir las necesidades básicas para una población de unos 10.000 millones de habitantes, asegura que el nivel de vida que podría conseguirse con un gasto en energía reducido es mucho más generoso de lo que solemos pensar.

"Nuestro trabajo responde a las objeciones que dicen que los ecologistas solo proponen volver a las cuevas", comentan con ironía los autores en su estudio; y matizan: "Quizá, pero se trata de unas cuevas con bastantes lujos en las que se ofrecen servicios altamente eficientes para cocinar, mantener los alimentos o lavar la ropa; 50 litros de agua por persona al día con 15 litros de agua caliente para el baño, una temperatura en los hogares de 20 °C todo el año, acceso a ordenadores conectados a las tecnologías de la información, y una red de transporte que proveería entre 5.000 km y 15.000 km al año por persona, además de un servicio de sanidad universal y una educación gratuita para todos entre 5 y 19 años".

Para los investigadores, el estudio no solo desmonta la idea de que no hay suficientes recursos para todos los habitantes del planeta, sino que demuestra que se podría conseguir un nivel de vida con muchas comodidades con menos energía de lo que pensamos.

La manera de lograrlo sería implementar ese nivel de suficiencia con comodidades a toda la población. Con ello, la energía necesaria supondría menos de la mitad de lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que se podría conseguir en su modelo de desarrollo sostenible. "En la estimación de la AIE se acepta que los países más pobres subirán su demanda al salir de la pobreza, pero los países más ricos seguirán consumiendo como ahora", dice Joel Millward-Hopkins, el principal investigador del estudio. "Ellos ponen un límite mínimo al consumo por abajo pero no por arriba, y nosotros asumimos que toda la población puede vivir en este umbral donde se supera la pobreza pero no hay grandes lujos".

En su modelo ideal, con el consumo limitado por persona y tecnología eficiente en todos los sectores, el gasto anual por habitante podría reducirse a 15 Gigajulios (GJ) frente a los 80 GJ que se consume en el mundo hoy en día. Esto supondría que la demanda de energía se podría cubrir mucho más fácilmente.

"Nuestro estudio muestra otro mundo diferente", explica por teléfono una de las autoras, Julia Steinberger, "y esto puede ser una motivación para alcanzarlo".

Como ellos mismos reconocen, sin embargo, el estudio no aborda los pasos políticos y sociales para conseguirlo. El modelo que se propone implica que los habitantes de los países desarrollados reduzcan drásticamente su consumo, y que la energía se distribuya de forma equitativa y eficiente para que tenga como fin ofrecer una vida digna a toda la población. Pero, insisten, lo que ellos hacen es mirarlo de forma distinta.

"Muchos gobernantes acusan a los activistas ambientales de 'amenazar nuestro estilo de vida'", dice Steinberger, "sin embargo, merece la pena observar en detalle lo que ese estilo de vida representa. Ha habido una tendencia a simplificar la idea de la buena vida con la noción de que cuanto más mejor".

Millward-Hopkins acepta que uno de los mayores problemas es definir qué es una vida digna. "Es un concepto subjetivo que varía entre diferentes culturas y cambia con el tiempo", nos explica por correo electrónico. "Aunque hay algunas variables, como la alimentación o la temperatura cómoda para nuestros hogares, que son más objetivas".

En su documento, los autores han usado los criterios de investigadores como Narasimha Rao y Jahoon Min, en el que no solo se incluyen las necesidades básicas como la higiene o la alimentación, sino también los medios que permiten desarrollar otros aspectos esenciales para los humanos como su vida política y social. Por ejemplo, se incluye una capacidad de transporte que pueda incluir desplazamientos de ocio, un ordenador por hogar con conexión a Internet de alta velocidad o un teléfono móvil para cada persona mayor de 10 años.

Sin embargo, admite, han dejado fuera aspectos como el ocio o la innovación. "Es una de las limitaciones del estudio aunque si añadiéramos la energía de estos sectores seguiría estando por debajo del 50% de nuestra demanda global actual", dice Millward-Hopkins.

 "Nuestro modelo solo quiere mostrar un posible destino, nada más", continúa. "Confirma que ya existen soluciones tecnológicas para reducir el consumo de energía hasta niveles sostenibles. Lo que nosotros añadimos es que los sacrificios materiales que se necesitan para conseguir esto son mucho más pequeños que lo que muchas narrativas populares creen". 

Fuente: https://www.eldiario.es/ballenablanca/365_dias/investigadores-muestran-vivir-2050-demanda-energia-60_1_6431271.html

jueves, 29 de octubre de 2020

"Los 'nativos digitales' son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres"

"La fábrica de cretinos digitales".

Así se titula el último libro del neurocientífico Michel Desmurget (Lyon, 1965), director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, en el que cuenta con datos duros y en forma contundente cómo los dispositivos digitales están afectando gravemente, y para mal, al desarrollo neuronal de niños y jóvenes.

"Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo", advierte en entrevista con BBC Mundo el experto, que tiene a sus espaldas una vasta obra científica y de divulgación y ha pasado por reconocidos centros de investigación como el Massachusetts Institute of Technology (MIT) o la Universidad de California.

Su libro se ha convertido en un gigantesco superventas en Francia. 

 ¿Los jóvenes de hoy son la primera generación de la historia con un coeficiente intelectual (IQ) más bajo que la anterior? 

 

Sí. El coeficiente intelectual se mide con una prueba estándar. Sin embargo no es una prueba "congelada", a menudo se revisa.

Mis padres no pasaron la misma prueba que yo, por ejemplo, pero se puede someter a un grupo de personas a una versión antigua de la prueba.

El neurocientífico Michel Desmurget

Y haciendo eso, los investigadores han observado en muchas partes del mundo que el coeficiente intelectual aumentaba de generación en generación. A esto se le llamó el 'efecto Flynn', en referencia al psicólogo estadounidense que describió este fenómeno.

Pero, recientemente, esta tendencia comenzó a invertirse en varios países.

Es verdad que el coeficiente intelectual se ve fuertemente afectado por factores como el sistema de salud, el sistema escolar, la nutrición....

Pero si tomamos países donde los factores socioeconómicos se han mantenido bastante estables durante décadas, el 'efecto Flynn' ha comenzado a reducirse.

En esos países los "nativos digitales" son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. Es una tendencia que se ha documentado en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Francia, etc.

¿Y qué está provocando esta disminución del coeficiente intelectual?

Por desgracia, aún no es posible determinar el papel específico de cada factor, incluida por ejemplo la contaminación (especialmente la exposición temprana a pesticidas) o la exposición a las pantallas.

Lo que sabemos con seguridad es que incluso si el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla no es el único culpable, tiene un efecto importante en el coeficiente intelectual. 

Varios estudios han demostrado que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo disminuyen.

Los principales fundamentos de nuestra inteligencia se ven afectados: el lenguaje, la concentración, la memoria, la cultura (definida como un corpus de conocimiento que nos ayuda a organizar y comprender el mundo).

En última instancia, estos impactos conducen a una caída significativa en el rendimiento académico.

¿Y por qué el uso los dispositivos digitales provoca todo eso?

Las causas también están claramente identificadas: disminución en la calidad y cantidad de interacciones intrafamiliares, que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el desarrollo emocional; disminución del tiempo dedicado a otras actividades más enriquecedoras (tareas, música, arte, lectura, etc.); interrupción del sueño, que se acorta cuantitativamente y se degrada cualitativamente; sobreestimulación de la atención, lo que provoca trastornos de concentración, aprendizaje e impulsividad; subestimulación intelectual, que impide que el cerebro despliegue todo su potencial; y un estilo de vida sedentario excesivo que, además del desarrollo corporal, influye en la maduración cerebral.

¿Qué daños provocan exactamente las pantallas al sistema neurológico?

El cerebro no es un órgano 'estable'. Sus características 'finales' dependen de la experiencia.

El mundo en el que vivimos, los desafíos a los que nos enfrentamos, modifican tanto la estructura como su funcionamiento, y algunas regiones del cerebro se especializan, algunas redes se crean y se fortalecen, otras se pierden, unas se vuelven más gruesas y otras más delgadas.

Una prueba de QI en 1947

Fuente de la imagen, Getty ImagesPie de foto, Nuestros padres no pasaron la misma prueba de coeficiente de inteligencia que nosotros, señala el neurocientífico.

Se ha observado que el tiempo que se pasa ante una pantalla por motivos recreativos retrasa la maduración anatómica y funcional del cerebro dentro de diversas redes cognitivas relacionadas con el lenguaje y la atención.

Hay que enfatizar que no todas las actividades alimentan la construcción del cerebro con la misma eficiencia.

¿Qué quiere decir?

Las actividades relacionadas con la escuela, el trabajo intelectual, la lectura, la música, el arte, los deportes, etc. tienen un poder estructurador y nutritivo del cerebro mucho mayor que las pantallas recreativas.

Pero nada dura para siempre. El potencial de la plasticidad cerebral es extremo durante la infancia y la adolescencia. Después, comienza a desvanecerse. No desaparece, pero se vuelve mucho menos eficiente.

El cerebro se puede comparar con una plastilina. Al principio, es húmedo y fácil de esculpir. Pero con el tiempo se vuelve más seco y mucho más difícil de moldear.

El problema con las pantallas recreativas es que alteran el desarrollo del cerebro de nuestros hijos y lo empobrecen.

¿Todas las pantallas son igual de dañinas?

Nadie dice que la "revolución digital" sea mala y deba ser detenida. Yo mismo paso buena parte de mi jornada laboral con herramientas digitales. Y cuando mi hija ingresó en la escuela primaria, comencé a enseñarle cómo usar algún software de oficina y a buscar información en internet.

¿Debería enseñarse a los estudiantes las herramientas y habilidades informáticas fundamentales? Claro. Asimismo, ¿puede la tecnología digital ser una herramienta relevante en el arsenal pedagógico de los docentes? Por supuesto, si es parte de un proyecto educativo estructurado y si el uso de un software determinado promueve eficazmente la transmisión.

Sin embargo, cuando se pone una pantalla en manos de un niño o de un adolescente, casi siempre prevalecen los usos recreativos más empobrecedores.

Esto incluye, por orden de importancia: la televisión, que sigue siendo la pantalla número uno en todas las edades (películas, series, clips, etc.); luego los videojuegos (principalmente de acción y violentos), y finalmente, en torno a la adolescencia, un frenesí de autoexposición inútil en las redes sociales.

¿Cuánto tiempo suelen pasar niños y jóvenes ante las pantallas?

En promedio, casi tres horas al día para los niños de 2 años, cerca de cinco horas para los de 8 años y más de siete horas para los adolescentes.

bebé usando pantalla

Fuente de la imagen, Thanasis Zovoilis/Getty ImagesPie de foto,Un niño de 2 años pasa casi tres horas al día ante las pantallas. en promedio.

Esto significa que antes de llegar a los 18 años, nuestros hijos habrán pasado el equivalente a 30 años escolares frente a pantallas recreativas o, si lo prefiere ¡16 años de trabajo a tiempo completo!

Es simplemente una locura y una irresponsabilidad.

¿Cuánto tiempo deberían dedicar los niños a las pantallas recreativas?

Involucrar a los niños es importante.

Necesitan que se les diga que las pantallas recreativas dañan el cerebro, perjudican el sueño, interfieren con la adquisición del lenguaje, debilitan el rendimiento académico, perjudican la concentración, aumentan el riesgo de obesidad, etc.

Algunos estudios han demostrado que es más fácil para niños y adolescentes seguir las reglas sobre las pantallas cuando se les explican y se discute con ellos su razón de ser.

A partir de ahí, la idea general es simple: a cualquier edad, lo mínimo es lo mejor.

Más allá de esta regla general, se pueden proporcionar pautas más específicas según la edad del niño. Antes de los 6 años, lo ideal es no tener pantallas (lo que no significa que de vez en cuando no puedas ver unos dibujos animados con tus hijos).

Cuanto antes estén expuestos, mayores serán los impactos negativos y el riesgo de un consumo excesivo posterior.

A partir de los 6 años, si se adaptan los contenidos y se conserva el sueño, se puede llegar hasta media hora al día, incluso una hora, sin una influencia negativa apreciable.

Otras reglas relevantes: nada de pantallas por la mañana antes de ir a la escuela, nada por la noche antes de irse a la cama o cuando estén con otras personas. Y, ¡sobre todo!, nada de pantallas en el dormitorio.

Pero es difícil decir a nuestros hijos que las pantallas son un problema cuando nosotros, como padres, estamos constantemente conectados a nuestros teléfonos inteligentes o a consolas de juegos.

¿Por qué muchos padres no son conscientes de los peligros de las pantallas?

Porque la información que se da a los padres es parcial y sesgada. Los principales medios de comunicación están repletos de afirmaciones infundadas, propaganda engañosa e información inexacta. La discrepancia entre los contenidos de los medios y la realidad científica a menudo es inquietante, por no decir exasperante.

No quiero decir que los medios sean deshonestos: separar el trigo de la paja no es fácil, incluso para periodistas honestos y concienzudos.

Pero no es de extrañar. La industria digital genera miles de millones de dólares en beneficios cada año. Y, obviamente, los niños y adolescentes son un recurso muy lucrativo.

Y para las empresas que valen miles de millones de dólares, es fácil encontrar científicos complacientes, lobistas dedicados y comerciantes entusiastas de las dudas.

Permítame darle un ejemplo.

chico jugando videojuegos

Fuente de la imagen, Tomohiro Ohsumi/Getty ImagesPie de foto,Las empresas digitales contratan a expertos para explicar lo inteligentes que son los jugadores y lo bueno que es jugar videojuegos.

Recientemente un psicólogo, supuestamente experto en videojuegos, explicó en varios medios que estos juegos tenían efectos positivos, que no debían ser demonizados, que no jugar podría incluso ser un hándicap para el futuro de un niño, que los juegos más violentos podrían tener acciones terapéuticas y ser capaces de apagar la ira en los jugadores, etc.

El problema es que ninguno de los periodistas que entrevistaron a este "experto" mencionó que trabajaba para la industria de los videojuegos. Y este es solo un ejemplo entre los muchos que se describen en mi libro.

Esto no es algo nuevo: sucedió en el pasado con el tabaco, el calentamiento global, los pesticidas, el azúcar, etc.

Pero creo que hay espacio para la esperanza. Con el tiempo, la realidad se vuelve cada vez más difícil de negar. 

 

Hay estudios que afirman por ejemplo que los videojuegos ayudan a obtener mejores resultados académicos…

Permítame decirlo con franqueza: eso es pura tontería.

Esa idea es una verdadera obra maestra de la propaganda. Se basa principalmente en unos pocos estudios aislados con datos podridos, que se publican en revistas secundarias y a que menudo se contradicen.

En una interesante investigación experimental, se entregaron consolas de juegos a niños que iban bien en la escuela. Después de cuatro meses, se descubrió que pasaban más tiempo jugando y menos tiempo haciendo las tareas escolares. Sus calificaciones cayeron alrededor de un 5% (¡lo cual es muchísimo en solo cuatro meses!).

En otro estudio, los niños tuvieron que aprender una lista de palabras. Una hora después, a algunos se les permitió jugar un videojuego de carreras de autos. Dos horas después se fueron a la cama.

niño usando una pantalla

A la mañana siguiente, los niños que no jugaron recordaron alrededor del 80% de la lección frente al 50% de los jugadores.

Los autores observaron que jugar interfería con el sueño y la memorización.

¿Cómo cree que serán los miembros de esta generación digital cuando se conviertan en adultos?

A menudo escucho que los nativos digitales saben "de manera diferente". La idea es que aunque muestran déficits lingüísticos, atencionales y de conocimiento, son muy buenos en "otras cosas".

La cuestión radica en la definición de esas "otras cosas".

Varios estudios indican que, en contraste con las creencias comunes, no son muy buenos con las computadoras.

Un informe de la Unión Europea incluso explica que su baja competencia digital dificulta la adopción de tecnologías educativas en las escuelas.

Otros estudios también indican que tampoco son muy eficientes para procesar y comprender la gran cantidad de información disponible en internet. 

 

Entonces, ¿qué queda? Obviamente, son buenos para usar aplicaciones digitales básicas, comprar productos en línea, descargar música y películas, etc.

Para mí, estos niños se parecen a los descritos por Aldous Huxley en su famosa novela distópica Brave New World ("Un mundo feliz", en español): pasmados por el entretenimiento tonto, privados de lenguaje, incapaces de reflexionar sobre el mundo, pero felices con su suerte.

¿Algunos países están comenzando a legislar contra el uso de pantallas?

Sí, especialmente en Asia.

Taiwán, por ejemplo, considera que el uso excesivo de pantallas es una forma de abuso infantil y ha aprobado una ley que establece fuertes multas para los padres que exponen a niños menores de 24 meses a cualquier aplicación digital y que no limitan el tiempo de pantalla de los chicos entre 2 y 18 años.

En China, las autoridades han tomado medidas drásticas para regular el consumo de videojuegos por parte de menores: los niños y adolescentes ya no pueden jugar de noche (entre las 22 horas y las 8 horas) ni exceder los 90 minutos de exposición diaria durante la semana (180 minutos los fines de semana y las vacaciones escolares).

¿Cree que es bueno que haya leyes que protejan a los niños de las pantallas?

No me gustan las prohibiciones y no quiero que nadie me diga cómo tengo que criar a mi hija.

niña mirando una pantalla

Fuente de la imagen, Rebecca Nelson/Getty ImagesPie de foto,Varios países están comenzando a legislar contra el uso de las pantallas.

Sin embargo, está claro que las opciones educativas sólo pueden ejercerse libremente cuando la información que se brinda a los padres es sincera y exhaustiva.

Creo que una campaña justa de información sobre el impacto de las pantallas en el desarrollo con pautas claras sería un buen comienzo: sin pantallas para niños de hasta 6 años y luego, no más de 30-60 minutos al día.

Si esta orgía digital, como usted la define, no se detiene, ¿qué podemos esperar?

Un aumento de las desigualdades sociales y una progresiva división de nuestra sociedad entre una minoría de niños preservada de esta "orgía digital" -los llamados Alphas de la novela de Huxley-, que poseerán a través de la cultura y el lenguaje todas los herramientas necesarias para pensar y reflexionar sobre el mundo, y una mayoría de niños con herramientas cognitivas y culturales limitadas -los llamados Gammas de la novela de Huxley-, incapaces de comprender el mundo y de actuar como ciudadanos ilustrados.

Alpha asistirá a costosas escuelas privadas con maestros humanos "verdaderos".

Los Gamma irán a escuelas públicas virtuales con apoyo humano limitado, donde se les alimentará con un pseudolenguaje parecido al "Newspeak" de Orwell y se les enseñarán las habilidades básicas de los técnicos de nivel medio o bajo (las proyecciones económicas dicen que este tipo de trabajos estarán sobrerrepresentados en la fuerza laboral del mañana).

Un mundo triste en el que, como decía el sociólogo Neil Postman, se divertirán hasta la muerte. Un mundo en el que, a través del acceso constante y debilitante al entretenimiento, aprenderán a amar su servidumbre. Perdón por no ser más positivo.

Tal vez (y eso espero) estoy equivocado. Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo. 

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-54554333

sábado, 17 de octubre de 2020

Google asalta la enseñanza universitaria, el urbanismo y la salud

El gigante tecnológico se proyecta en servicios sociales básicos que en muchos países son propios del Estado

AMP
El logo de Google en la central de energía solar de Ivanpah en el desierto de Mojave (California, EE.UU.) (Steve Marcus - Steve Marcus / Reuters)

 Ricardo vive y trabaja en Londres, tiene 49 años, y por su empleo –es director comercial de una empresa tecnológica– es usuario habitual del smartphone, utiliza a menudo el Google maps y mail entre otras app, y lo hace bajo el paraguas del sistema operativo Android, también de Google. Lo que no imaginaba es que sus datos en el Sistema Nacional de Salud británico (NHS en sus siglas en inglés) podrían acabar como ya acaban los de su móvil, en manos de la empresa con sede en Silicon Valley. Pero durante un breve espacio de tiempo, así fue. “Recuerdo la polémica. No fue muy cubierta aquí”, relata a La Vanguardia.

El caso es un ejemplo de lo que este gigante tecnológico toca fuera del radar de su muy popular buscador; de sus tentáculos que ya afectan a cada faceta de nuestro día a día y que buscan reinar incluso en pilares en la base del Estado como la sanidad, educación, vivienda, seguridad o transporte público.

En el Reino Unido la noticia llegó a los titulares cuando se descubrió que una de las empresas filiales de Alphabet , la matriz de Google, tenía un acuerdo con el sistema sanitario del país para la gestión con inteligencia artificial de datos médicos. El objetivo era mejorar su servicio, pero el contrato hizo que los expedientes de más de un millón de personas fueron a parar –sin su consentimiento expreso– a las manos de DeepMind. Las dudas sobre la confidencialidad del paciente y la preocupación por su uso para otros fines (por ejemplo publicitarios) la hicieron caer. Y una polémica similar y con millones de afectados volvió a darse en EE.UU. Google acordó con una aseguradora católica estadounidense, Ascension, el acceso a millones de expedientes médicos en el país.

Uno y otro escándalo ponían así la lupa sobre un cambio que va más allá del gran éxito público de Google sea en el sistema operativo Android o de su buscador en Internet. Porque es tras la punta del iceberg, y tal y como relatan los expertos, que la compañía de Mountain View esconde una especie de nuevo Leviatán, en especial, en Occidente. En general –como explica Andoni Alonso, profesor de la Universidad Complutense especializado en filosofía de la tecnología–, en sectores costosos y de pocos beneficios inmediatos, aunque ámbitos “que son, a largo plazo, muy rentables, porque conforman nuestra vida cotidiana; porque son inelásticos, que dirían los economistas”.

Entre los nuevos intereses de Google está, como se ha mencionado, el de la salud, ya sea para aplicar la inteligencia artificial en su gestión a través de DeepMind (la empresa tras el escándalo en el Sistema de Salud británico, pero que se dedica también a otros muchos sectores), para crear en los laboratorios secretos de X lentes de contacto que monitoricen a los pacientes de diabetes y sus niveles de glucosa; o, sobre todo, para, a través de Calico, empresa creada en el 2013, intentar curar la muerte, objetivo al que destina grandes sumas de dinero con el fin de desarrollar tratamientos contra las enfermedades asociadas al envejecimiento, ya sea el cáncer, alzheimer, etc. –y en parte por el interés personal de Serguéi Brin, cofundador de Google y con antecedentes en su familia.

Siete años después de fundarse, Calico sigue en pie aunque no abundan sus publicaciones y sus trabajos continúan bajo un secretismo que lo inunda todo. Sus investigaciones, eso sí, van de la mano de la experiencia científica de su vicepresidenta, Cynthia Kenyon, una mediática profesora que a principios de los años 1990 descubrió cómo ciertas mutaciones en el gen daf-2 duplicaban la vida de un pequeño gusano. Y es que, según José Luis Martínez, catedrático de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) especializado en biotecnología, “no tengo conocimiento del trabajo de esta empresa, pero en el campo biotecnológico no es sencillo desarrollar nuevas estrategias y son trabajos por lo general a largo plazo. Calico parece estar involucrada en estudios del envejecimiento, y estos son complejos porque es difícil saber si se está ante causa o consecuencia además de que requieren tiempo. Siete años no son tantos, especialmente si el objetivo es terapéutico”.

Google también da el salto a la vivienda través de SidewalkLabs, fundada en el 2015 y orientada a la innovación urbana por medio –cómo no– de la tecnología, ya sea para la edificación, las infraestructuras o el planeamiento urbanístico. Hasta el momento ha desarrollado sobre todo planes piloto pero, más allá, ha participado junto a las autoridades locales en la planificación y el desarrollo de una vasta reconversión de los muelles de Toronto en Canadá; proyecto ahora mismo paralizado por la incertidumbre generada tras la crisis de la Covid-19. La empresa, sin embargo, continúa con su trabajo. Porque como señala su director, Daniel L. Doctoroff, desde esta filial de Google han salido “empresas innovadoras que abordan la construcción con madera, las herramientas digitales de planificación urbana, y seguimos con el objetivo de hacer de los vecindarios un entorno totalmente eléctrico”. La smart city es desde el inicio su bandera.

La educación es otro de los pilares en la base del contrato social, y, asimismo, otro de los sectores en los que Google se ha lanzado al ruedo. Según anunció el vicepresidente de la compañía, Kent Walker, el pasado mes de julio, empezará a impartir cursos específicos e intensivos, de apenas unos meses, que se equipararán con los títulos universitarios de cuatro años pero que en total serán a un precio menor a los 1.000 euros. Lo harán en alianza con Coursera, serán totalmente online –como lo son ya muchos títulos por la Covid-19 en la universidad presencial–, sin necesidad de contar con un título previo, y principalmente en inglés (aunque en alguno ya activo existe la posibilidad de realizarlo en otras lenguas, como en español o en portugués).

Google espera que el resto de empresas acepten y valoren sus certificados como lo harán ellos, de tú a tú con el diploma de las universidades tradicionales, lo que marcaría un antes y un después en el sector. Porque su modelo –insisten– es parejo al dominio de la técnica y especialidad profesional (sea en soporte técnico, data analytics, project management o user experience). Sus intenciones de futuro, con todo, se resumen en su propio nombre: de la mano de Grow with Google (crece con Google) se gestiona lo que en otras partes se llama la Google University.

Por si no fuera suficiente, su abanico de intereses llega incluso al ámbito de la seguridad de la mano de Chronicle Security, su filial centrada en el análisis y aprendizaje de datos de seguridad para prevenir las amenazas y que tiene acuerdos con compañías de toda clase, desde industriales (Quanta), a culturales y de ocio (Aspen Skiing) pasando por empresas en España como ElevenPaths, de Telefónica. También al clásico think tank, con Jigsaw, que desde el 2016 usa tecnología punta para rastrear los dilemas geopolíticos en ámbitos como la censura, el extremismo, el acoso... O cómo olvidarse de Waymo, el proyecto de coches de conducción autónoma de Google que ha firmado acuerdos para complementar el transporte público y así hacer de lanzadera hasta las estaciones de bus y tren en grandes ciudades como por ejemplo Phoenix. Eso sí, las pruebas piloto llegan a decenas de urbes del país.

“Tras 20 años, Google [que se fundó en 1998] ha creado un auténtico tecnofeudo digital, pero no sólo en Internet. Está fuertemente involucrada en empresas militares en EE.UU., y también en financieras; de hecho hace dos años pidió la licencia para operar como entidad financiera global”, resume Javier Echeverría, catedrático del CSIC e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco especializado en sociología, tecnología e innovación. Porque “el poder de Google”, sigue, “está en una escala muy superior a la de cualquier Estado europeo, y a la de cualquier empresa europea”.

Todo ello, y desde el 2015, se engloba en Alphabet, una estructura empresarial por encima de Google que acumula decenas de siglas que hacen de esta corporación multinacional un pulpo cada vez más grande. El repaso a todas, divididas en las unidades propiamente de Google y las que lo hacen en las calificadas como de otras apuestas del grupo, poco o nada tienen que ver así con el popular buscador e incluso con Internet. Su ambición es “cambiar el mundo y para ello aplican la innovación en todo lo que se les ocurra. Llevan la tecnología a las manos de la gente de la manera más sencilla. Y ante los desafíos, plantean soluciones radicales. No están hechos para ganar dinero”, explica a este diario Enrique Dans, profesor de Innovación y Tecnología de IE Business School. Con todo, y como recuerdan los expertos, Google es una de las dos empresas del mundo con mayor capitalización en bolsa y sus presupuestos anuales por ejemplo para I+D, son superiores a los de Estados como Francia, y, de eso, hace años.

Es así que vivimos rodeados de tecnología y dependemos en gran medida de ella. Pero de todas las grandes tecnológicas, es Google la que se lleva la palma: reúne siglas y siglas que la hacen algo parecido a un Estado por el que todos pasamos, en el que todos estamos y también del que todos dependemos –aunque, a menudo, ni se sepa. Algo así como el nuevo Leviatán que empezó como un simple buscador digital, pero ya escapa de él. “Por cierto, el futuro pinta muy mal para la democracia. Tiene un poder político considerable, pero su poder económico y social es mucho mayor, sobre todo sobre los jóvenes. Y dicho poder es creciente, a diferencia del poder de los Estados, que es menguante. Ahora bien, ocurre que casi ninguno de los tecnofeudos informales es una organización democrática…”, concluye Echeverría.

Más información: https://www.lavanguardia.com/vida/20200929/483642776619/google-asalta-universidad-urbanismo-salud-seguridad-transporte-publico-leviatan.html?facet=amp&__twitter_impression=true