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lunes, 25 de mayo de 2020

El filósofo Markus Gabriel: La ideología de la 'normalidad' a la que se quiere regresar es más peligrosa que el virus

Markus Gabriel cultura inquieta 2
El filósofo alemán Markus Gabriel | Foto: Hentschel
 Para el filósofo alemán Markus Gabriel, la cadena infecciosa del capitalismo destruye la naturaleza y atonta a los ciudadanos para convertirlos en meros consumidores y turistas. El pensador llama a impulsar "una nueva Ilustración global" que deje atrás un modelo "suicida".

Markus Gabriel cree que dejaremos de producir como antes y que la crisis de la covid-19 es la antesala de una mayor: la ecológica.

 Existe una sensación, que esta vez incluye a intelectuales y al pueblo por igual, de que el nuevo coronavirus de alguna manera está ligado a los excesos y absurdos del capitalismo global y, al mismo tiempo, es un síntoma más de la gran crisis ecológica (el problema que subyace a todo).

Ya sea que el sistema económico neoliberal haya sometido al medioambiente a tal extremo de estrés que el virus ha brincado (vía la llamada zoonosis) como una especie de reacción y que se trate de alguna manera de un escarmiento planetario –bajo la idea, que parece poco científica pero que gana tracción cada día, de que de alguna manera el planeta es un sistema holístico que se autorregula– o, por lo menos, el hecho difícil de debatir de que el virus pone de manifiesto la enorme debilidad e insostenibilidad del capitalismo y la ideología que lo sustenta.

Parece cada vez más claro que en nuestra crisis actual –y en la crisis ecológica subyacente– existe un profundo problema moral.

El filósofo alemán Markus Gabriel (Remagen, Alemania, 1980), una de las estrellas de la filosofía contemporánea, en un artículo publicado en El País y en una entrevista posterior en el mismo medio, ha analizado de manera lúcida el tema de la covid-19 desde la óptica de la filosofía y el pensamiento crítico.

Gabriel nota que el virus pone de manifiesto el hecho de que nuestro orden actual –o el orden previo al virus– era en sí mismo "letal". Con una habilidad (y una miopía) extraordinaria, el ser humano de alguna manera ha logrado evitar afrontar esta realidad. Según Gabriel:

"El mismo siglo XXI es una pandemia, el resultado de la globalización. Lo único que hace el virus es poner de manifiesto algo que viene de lejos: necesitamos concebir una Ilustración global totalmente nueva. Aquí cabe emplear una expresión de Peter Sloterdijk dándole una nueva interpretación, y afirmar que no necesitamos un comunismo, sino un coinmunismo. Para ello tenemos que vacunarnos contra el veneno mental que nos divide en culturas nacionales, razas, grupos de edad y clases sociales en mutua competencia."

El filósofo alemán Peter Sloterdijk desde hace unos años viene hablando del "diseño de una inmunidad global" basada en "ascetismos cooperativos" y que pase del mero romanticismo de las fronteras abiertas a la operatividad real, resonancia e interdependencia.

Sloterdjik rescata la idea de la comunidad con intereses comunes del comunismo y la aplica a una salud global, a la construcción de una "coinmunidad" que reconoce que todo sistema inmune personal o nacional existe en dependencia del sistema inmune social y global. Esto queda claramente de manifiesto actualmente.

Gabriel cree que la pandemia ilumina la realidad de nuestra inmunidad extendida. "Y es que la pandemia nos afecta a todos; es la demostración de que todos estamos unidos por un cordón invisible, nuestra condición de seres humanos. Ante el virus todos somos, efectivamente, iguales".

Siguiendo a filósofos como Bruno Latour, juega con la idea de que la Tierra misma tal vez sea un ser vivo que en cierto sentido responde a nuestra conducta: "¿Es posible que el ecosistema de la Tierra sea un gigantesco ser vivo? ¿Es el coronavirus una respuesta inmune del planeta a la insolencia del ser humano, que destruye infinitos seres vivos por codicia?". En una situación como la que vivimos, un filósofo como Gabriel recurre interesantemente a una especie de sentido mayúsculo, un eje ordenador, que de cierta forma se pone de manifiesto (o al menos, se atreve a preguntarse por ello).

Lo que es indudable es que el virus ha hecho patente la realidad de que nuestro sistema económico y la ideología de la cual depende no sólo destruyen el ecosistema sino que también nos hacen intelectual y emocionalmente vulnerables e inestables.

"El coronavirus pone de manifiesto las debilidades sistémicas de la ideología dominante del siglo XXI. Una de ellas es la creencia errónea de que el progreso científico y tecnológico por sí solo puede impulsar el progreso humano y moral.

Esta creencia nos incita a confiar en que los expertos científicos pueden solucionar los problemas sociales comunes. El coronavirus debería ser una demostración de ello a la vista de todos. Sin embargo, lo que quedará de manifiesto es que semejante idea es un peligroso error.

Es verdad que tenemos que consultar a los virólogos; sólo ellos pueden ayudarnos a entender el virus y a contenerlo a fin de salvar vidas humanas. Pero ¿quién los escucha cuando nos dicen que cada año más de 200 000 niños mueren de diarrea viral porque no tienen agua potable? ¿Por qué nadie se interesa por esos niños?"

No los escuchamos porque no nos interesan esos niños o esos problemas mientras no aparezcan como una amenaza inminente. No hacemos la conexión. "Sin progreso moral no hay verdadero progreso", nota Gabriel.

"En las transacciones de la vida diaria, como comprar un juguete para tu hijo, un paracetamol o un coche, en muchos momentos, alguien tuvo que sufrir por la mera existencia de esa cadena. Todos somos responsables por el sufrimiento de otros.

Estas cadenas interconectadas han creado sistemas maléficos y al final de esas cadenas siempre hay alguien que muere por falta de agua limpia, por no tener cosechas, por las condiciones de explotación.

Esa es la cadena de infección de una enfermedad, que es el comportamiento inmoral. Si haces lo incorrecto moralmente, haces que la realidad sea un lugar peor. El neoliberalismo global se ha convertido en un modo de destrucción hiperrápido."

Markus Gabriel cultura inquieta
Una pintada en el barrio berlinés de Prenzlauer Berg, con el Gollum diciendo 'Mi tesoro'. MARKUS SCHREIBER/AP
 El mayor peligro que enfrentamos no es que el virus diezme la economía o mate a cientos de miles de personas, el mayor peligro que enfrentamos es que regresemos a la tan mentada "normalidad".
Pues, aunque este virus es terrible, no se compara con lo que estamos cocinando en el cuarto de enfrente:

"Veo esta crisis como una preparación de la crisis ecológica. Esto no es nada comparado con la crisis ecológica, nada. Los gobiernos de todo el mundo saben que la crisis ecológica va a matar a cientos de miles de personas en los próximos 100 o 200 años y este es un peligro real. Lo sabemos porque los modelos climáticos son mejores que los del coronavirus."

Bruno Latour ha notado que el virus actual ha demostrado que es posible detener el mundo y tomar medidas radicales. Pero cuando científicos y activistas señalan que es necesario hacer algo así, la respuesta es que es imposible. Sin duda, esta debería ser la enseñanza de la pandemia actual. Un primer aviso para una catástrofe incomparable, la cual hoy vemos que no es imposible evitar.

No obstante, la solución, según Gabriel, no ocurrirá solamente poniéndonos en las manos de los científicos y de la tecnología. Es necesaria una transformación moral que requiere también de la participación de las Humanidades.

"¿Cuándo entenderemos por fin que, comparado con nuestra superstición de que los problemas contemporáneos se pueden resolver con la ciencia y la tecnología, el peligrosísimo coronavirus es inofensivo? Necesitamos una nueva Ilustración, todo el mundo debe recibir una educación ética para que reconozcamos el enorme peligro que supone seguir a ciegas a la ciencia y a la técnica. [...]

Tenemos que reconocer que la cadena infecciosa del capitalismo global destruye nuestra naturaleza y atonta a los ciudadanos de los Estados nacionales para que nos convirtamos en turistas profesionales y en consumidores de bienes cuya producción causará a la larga más muertes que todos los virus juntos."

Más que una nueva revolución, quizá sea necesario un renacimiento, más un regreso a los ideales de la Florencia del siglo XV que de la Francia del siglo XVIII. "Cuando pase la pandemia viral necesitaremos una pandemia metafísica, una unión de todos los pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos".

Gabriel observa que la pandemia nos ha obligado a ralentizar nuestra vida y con esta nueva lentitud vienen posibles frutos morales.

"Si pensamos en cómo era la vida hace un mes o dos, claramente era demasiado agitada, tenía una velocidad que ya es inimaginable. Esa dinámica es malvada por sus resultados y se ha parado. Ahora, llevamos una vida más moral, simplemente por el hecho de hacer menos. Esto es parte de la explicación de por qué paradójicamente nos sentimos de alguna manera bien en la nueva situación.

Hay un aspecto de solidaridad, de estar protegiendo a los mayores, y eso genera un buen sentimiento, pero también estamos dejando de hacer cosas que son perjudiciales para otros y hay una conciencia subliminal de esto."

Lo esencial aquí es no regresar a la normalidad, no volver a echar andar la máquina con un suspiro de alivio y volver a nuestras vidas medianamente inconscientes y mayormente mecánicas, consumiendo y entreteniéndonos como la audiencia de una película de terror que no se ha dado cuenta de que ellos mismos son parte de la cinta.

Si es que existe un fuerte sentimiento de solidaridad y moralidad, este debe ser cultivado y no abandonado cuando ya no sea noticia y no haya una amenaza inmediata.

Fuente: https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/16818-el-filosofo-markus-gabriel-la-ideologia-de-la-normalidad-a-la-que-se-quiere-regresar-es-mas-peligrosa-que-el-virus.html

miércoles, 1 de mayo de 2019

“Silicon Valley y las redes sociales son unos grandes criminales”

Markus Gabriel, joven estrella del pensamiento alemán, defiende que solo la filosofía puede salvar de una crisis que ha convertido a los ciudadanos en “proletarios digitales”

El filósofo Markus Gabriel, en una imagen de archivo.
El filósofo Markus Gabriel, en una imagen de archivo. Getty Images
Jóvenes globales circulan por los pasillos de la preciosa residencia del centro Internacional de Filosofía de Bonn. Son postdoctorandos de medio mundo que vienen a pensar, bajo la dirección del joven Markus Gabriel, también conocido como la estrella del rock 'n' roll de la filosofía alemana.
Gabriel (Remagen, Alemania, 1980) es uno de los máximos representantes del llamado Nuevo Realismo, pero es sobre todo un pensador que toca tierra. Que le interesa la dimensión filosófica del fango del día a día. La de la política, las fake news, los gurús digitales y también la de Donald Trump. Porque cree que la filosofía tiene un urgente mandato moral. Que para los pensadores ya no basta con diagnosticar el mundo que les rodea. Tienen que aspirar a cambiarlo. “Como filósofos no tenemos que diagnosticar, tenemos que reparar”, arranca.

En un elegante despacho del centro de filosofía, Gabriel desgrana con vehemencia su pensamiento. El último libro de su trilogía El sentido del pensamiento (editorial Pasado y Presente) se acaba de publicar en español y en él alerta de que estamos inmersos en una crisis que requiere una profunda reflexión filosófica. Esa reflexión pasa por el alumbramiento de una filosofía europea –“el proyecto europeo es el de los valores humanos universales”– y por destronar a los gurús de Silicon Valley. “Nos han convertido en un proletariado digital a su servicio”, explica Gabriel, un pensador políglota y dotado con el don de la divulgación.

Pero, ¿cómo debe ser esta nueva reflexión filosófica con la que Gabriel aspira a sacarnos de la crisis? “Hay toda una tela de araña de problemas, pero creo que hay un epicentro de este terremoto global, que es la crisis de representación. La gente duda de los medios de comunicación, de los representantes votados en los Parlamentos y de manera más general, y aquí es donde entra la filosofía, se extiende la idea errónea de que no podemos conocer la realidad. Que hay hechos alternativos, fake news y que la gente piensa que es muy difícil saber cómo son las cosas realmente. Ahora los humanos se relacionan con la realidad como si estuviera muy lejos”.

Esta, advierte, es una novedad crucial de nuestra era paradójica, en la que los humanos tienen más conocimientos que nunca, pero a la vez nunca han sentido que saben menos. “Esa crisis de representación es un dilema filosófico por excelencia. La esfera pública se ha convertido en un ejercicio filosófico constante del que todo el mundo participa”.

Gabriel sí cree que podemos conocer la realidad y es lo que él llama Nuevo Realismo. “Ahora asistimos a un nuevo tipo de propaganda que trata de decirnos que no sabemos lo que sabemos. Trump, el Brexit, no son mentiras, sino que son intentos de manipular a la gente para que crean que no saben lo que saben”.

La deriva de la infoesfera y la inteligencia artificial y los estragos que produce en el pensamiento son otras de sus grandes preocupaciones, que llama a combatir con “un nuevo mandato moral para la filosofía en la era digital”.

Manifestación contra el empleo de robots en la industria militar celebrada a finales de marzo frente a la puerta de Brandeburgo, en Berlín.
Manifestación contra el empleo de robots en la industria militar celebrada a finales de marzo frente a la puerta de Brandeburgo, en Berlín. REUTERS
Gabriel cree que hay mucho de mito y marketing en la creencia de que nos encaminamos hacia un mundo automatizado, en el que máquinas inteligentes funcionarán de manera autónoma. Piensa que hay y siempre habrá humanos detrás de las máquinas, movidos por intereses a menudo espurios. “La inteligencia artificial es una ilusión. No existe ni existirá”, provoca. “Lo que hay es software de códigos escritos por humanos para explotar a otros humanos. Todos trabajamos para Facebook o para Google. Cuando usas el buscador, generas un rastro, produces algo y eso es trabajo. Y luego sus algoritmos, producidos por humanos, se utilizan para anticipar tu comportamiento y el de los demás, para ganar dinero con tu trabajo. Es lo que llamo el proletariado digital”. Y sigue: “el posthumanismo, el transhumanismo, la idea de que nuestras máquinas se parecen a nosotros y de que la inteligencia artificial nos amenaza es solo marketing. Es pura ideología para tener bajo control al proletariado digital”.

Dice Gabriel que los ciudadanos tienen que recuperar el control que les han arrebatado los “magos de Silicon Valley”. “Hace falta una revolución digital como fue la Revolución Francesa. Hay que destronarles por la vía democrática. Necesitan sanciones reales, probablemente incluso deberían acabar en la cárcel. Silicon Valley y las redes sociales son grandes criminales. Están ahí para explotarte, para hacerte adicto, como ya han estudiado los neurocientíficos. Saben que te vas a hacer adicto a tu teléfono. Son como Philip Morris, como la heroína. No hay investigaciones serias sobre la actividad criminal de Silicon Valley. Es un ataque de EE UU y de China y no estamos respondiendo. La UE trata de combatirlo, pero no lo suficiente”.

Ese es uno de los motivos por los que piensa que ha llegado la hora de alumbrar una filosofía europea. “Luchar juntos por una emancipación filosófica de la humanidad. Es lo que estaban haciendo hasta que llegó esa idea estúpida posmoderna de que el universalismo era solo otro particularismo, de que los derechos humanos universales solo sirven a los colonialistas”. Su proyecto es ambicioso e inédito. “No ha habido una verdadera filosofía europea. Igual Heidegger y Ortega y Gasset se leyeron, pero no hubo una cooperación real. El proyecto europeo que yo tengo en mente es el de los valores humanos universales. Los europeos, debido a su pasado filosófico, desde los griegos a la filosofía contemporánea, somos los mejor equipados para encontrar una respuesta a cómo tener justicia social y democracia en el futuro. No solo para Europa, sino para toda la humanidad. Rusos, chinos, americanos… somos todos humanos en el mismo sentido y ese es el punto de partida. Pero hay que hacerlo de forma contemporánea. No basta con leer con a los muertos, a Hegel o a Platón, tiene que haber una cooperación real”.

Con o sin colegas europeos, Gabriel aspira a empoderar el pensamiento, del que sostiene es un acto sensorial, y uno especialmente poderoso. “Nos enseña que los humanos somos más inteligentes de lo que pensamos. Que podemos pensar del universo en su totalidad. Yo puedo pensar en Madrid sin estar allí y eso es bastante impresionante. Conocíamos los agujeros negros antes de verlos. Einstein podía saber cosas del universo antes de haberlas visto”.

Efervescencia sentimental
Ese canto al pensamiento y a la razón choca con la actual deriva de efervescencia sentimental. Tenemos todas las herramientas y la información para razonar más y mejor, pero no lo hacemos. A cambio, triunfan la política identitaria, el resentimiento, el egoísmo nacional y la xenofobia más irracional. ¿Por qué? “Esa es precisamente la manipulación a la que me refería. Internet es un ataque al pensamiento perpetrado por gente muy brillante, que emplea su pensamiento en explotar a otra gente. Es una manipulación malvada que convierte a la gente en criaturas sensoriales, adictas y yonquis de la información, que necesitan la siguiente dosis y que son vulnerables y por lo tanto manipulables”.

El diagnóstico de este joven locuaz es demoledor, pero es a la vez una invitación a la acción. “El proceso de extinción, de crisis ecológica es todavía reversible, pero lo único que nos puede salvar es la filosofía. No sola, pero junto a la política, la industria… Ninguna otra forma de relacionarnos con la realidad nos va a salvar”.

El comentario final del libro de Gabriel habla de la Europa tomada por la xenofobia y de que la manida identidad de Europa con la que trafican los neopopulismos no es más que un invento. Explica Gabriel en su despacho en Bonn que ese alegato es apenas un adelanto de su próximo libro, en el que promete “salir del armario como demócrata radical, que es lo que deberíamos ser todos”.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/04/17/actualidad/1555516749_100561.html?id_externo_rsoc=TW_CC

martes, 6 de febrero de 2018

"El Ser que se puede entender es lenguaje"


Indigo
...
La filología románica es tan objetiva y capaz de verdad como la física o las neurociencias, y frente a estas últimas tiene incluso la ventaja de que con su ayuda se puede entender mejor a Marcel Proust o Italo Calvino.[...]
   La concepción científica del mundo se basa en una percepción distorsionada de la racionalidad. Supone que en todos nuestros esfuerzos de comprensión estamos obligados a imaginar hipótesis y demostrarlas o descartarlas experimentalmente. Operaciones de este tipo son útiles donde tienen sentido, pero no son apropiadas en todos los terrenos. [...] El descubrimiento humano de la verdad se alcanza sin métodos, lo que no significa que sea arbitrario o completamente anárquico.
   No entendemos a nuestros semejantes aplicando métodos generalizables. Cómo podamos entender a nuestro prójimo es una expresión de nuestra personalidad y esta no es solo la suma de nuestros hábitos de alimentación, sueño o apareamiento. La personalidad es en sí una especie de obra de arte, por lo que la pintura o el teatro modernos sugieren desde hace tiempo que también somos los actores o pintores de nosotros mismos. El ser humano es creatividad viva. La creatividad, la imaginación y la originalidad son signos de la personalidad, que no cabe imaginar fuera de las humanidades y de las ciencias naturales. Werner Heisenberg, uno de los mayores y más originales científicos de todos los tiempos, dejó escrito:

El espíritu de la época es probablemente un hecho tan objetivo como cualquier hecho de la ciencia, y este espíritu trae a primer plano ciertos rasgos del mundo que son independientes de la época y que en ese sentido se pueden llamar eternos. El artista trata en su trabajo de hacer comprensibles esas características, y en ese intento se deja llevar a las formas del estilo en el que trabaja.
   Por eso ambos procesos, el de la ciencia y el del arte, no son muy diferentes. Ciencia y arte modelan a lo largo de los siglos un lenguaje humano con el que se puede hablar de las partes más remotas de la realidad, y los sistemas conceptuales coherentes son igualmente como los diferentes estilos artísticos, distintas palabras o frases de esa lengua.

   El fracaso de la concepción científica del mundo no reside pues en la ciencia, sino en la opinión aciéntífica que deifica la ciencia y la emparenta con una religión también mal entendida.[...] Haciendo caso omiso del espíritu y observando solo el universo, desaparece evidentemente todo sentido humano. Pero eso no es culpa del universo, sino nuestra....


Markus Gabriel