domingo, 19 de agosto de 2018

El temblor sonámbulo del niño Lorca

Ayer se cumplieron 82 años del asesinato de a manos de los fascistas.

La vida del poeta español más aclamado de todos los tiempos también fue un teatro de marionetas “en duelo a muerte” con su propia sombra

<p>Federico García Lorca y Miguel Pizarro, en 1934.</p>
Federico García Lorca y Miguel Pizarro, en 1934.
FRANCISCO GARCÍA LORCA
 Miraba con los ojos atónitos de quien ve con la sangre. Veía; no con los ojos de la cara, sino con el ojo sonámbulo del río que corre, en la madrugada del mundo, dando de beber y de llorar a todo lo que existe. Era sonámbulo, de una forma inexplicable, alucinada: con un ojo en este mundo y el otro en el Otro Lado, pues quizás un verdadero artista no sea más que la manifestación del conflicto de ciertas fuerzas telúricas, en baile y lucha sangrienta entre lo oscuro y lo oscuro. Apenas el tronco y las ramas a merced de las raíces y el viento y la madrugada, pues nada es suyo: ni las fuerzas que le sostienen ni las fuerzas que le zarandean en la noche sin nadie.

Nocturno; oscuro; sonámbulo: cómo es posible que para hablar de la obra y el sueño de este niño colosal tengamos que recurrir al lenguaje más sombrío, a los colores más negros. Ah: “todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”, dijo él mismo, en un texto en el que llegó a tantear mejor que nadie la definición de eso que él y otros faquires del Sur llamaron duende; esa fuerza inaprehensible que anima a un artista –al poeta, al pintor, al cantaor– a arrodillarse ante las mismas puertas del misterio. “Con idea, con sonido o con gesto, el duende gusta de los bordes del pozo”. Especie de nieto revoltoso de la muerte, el duende no acudirá si ésta “no ronda su casa”, llamándolo.

El duende: su hermanito mellizo jugando con él al escondite por los laberintos de la luna. Y la muerte, siempre la muerte, desde el principio la muerte en los ojos de aquel niño desbordante de gracia con miedo al peligro: el escalón así llamado entre la calle y el zaguán a la entrada de las casas de los pueblos; para un niño, el precipicio entre la luz y la sombra. (“No, no voy a pasar, porque le temo mucho al peligro”, dicen que decía, sabiendo hablar apenas. Y las vecinas se partían de risa. [Lo cuenta Gibson en su biografía ya clásica sobre el poeta]).

Miraba con los ojos de luto de quien parecía saber del peligro de ese umbral antes incluso de tener memoria, pero la fiesta incombustible de su alegría y una fe implacable en la propia estrella, rasgándole el negro de los ojos, le empujaban hacia su destino a mayor velocidad que la luz. El niño, nacido a las puertas del siglo XX en Fuente Vaqueros (pueblo de rara tradición liberal en la Vega de Granada), fascinado con los oficios de la iglesia, se empeñaba en montar misas para los amigos, las criadas y quien pasara por allí, junto a una tapia trasera de su casa de rico, hasta que un día, viniendo de misa precisamente con su madre, atisbó el teatrillo que levantaban en una plaza unos titiriteros, y cambió para siempre el altar por el escenario (la liturgia, allá al fondo, no dejaría nunca de ser la misma).

Era un niño rico pero ya de adolescente describiría el “peso frío en el corazón” que sintió al comparar su ropero, tan bien nutrido, con el de una familia de jornaleros –él jugaba con la hija– que tenían que quedarse encerrados en su casa el día en que lavaban la ropa, esperando a que se secara, porque no tenían otra. “Las emociones de la infancia están en mí, y no he salido de ellas”, declararía, ya en la cumbre de su éxito. No lo abandonarían jamás.

Tenía los pies “absolutamente planos”, y “la pierna izquierda bastante más corta que la derecha”, el andar bamboleante. No se le vio correr nunca. Es probable que tampoco se le viera llorar nunca en público, en su vida adulta, en una de las prestidigitaciones más conmovedoras que jamás se hayan visto en la historia del teatro éste de títeres que llamamos vida. Muy pocas veces se habrá dado tal espectáculo de energía solar, derrochada a manos llenas hacia afuera para nutrir de risa, emoción y encantamiento al público (el público: todos los demás, del teatro a la familia), y de soledad abisal, perfecta de puro irreparable, hacia adentro, allá donde el verdadero teatro de marionetas ciegas, de juguetes rotos, le saludaban insomnes, jugando para siempre sobre la tumba de su infancia dando gritos.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos.
Ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.

, escribiría, a cucharaditas de dolor, en Nueva York, en 1929.

Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco


Niño “del último banco”, “vencido en el colegio”, trasladada ya su familia del campo a la capital granadina. Lo más incomprensiblemente doloroso iba a ser la crueldad de quienes verían en él, a partir de entonces, demasiadas diferencias respecto a lo que un hombre debe ser, aún más en esa época. Si el crío ya escuchaba atento los cascos de la muerte cabalgando a deshoras, el adolescente iba a conocer igual de pronto la frustración del jinete que rara vez llegaría a Córdoba, ni a posada alguna donde poder descansar, aun sellando el balcón, sin escuchar a lo lejos el llanto. Miraría siempre a su alrededor, desde entonces, desde las simas de la compasión que siente el humillado por cualquier otro humillado, perseguido, apestado: fueran homosexuales heridos o mujeres enterradas en vida, moriscos o judíos, hombres que aman a la mujer de otro o gitanos apaleados o cualesquiera gentes de mal vivir que, como él, debían cobijar siempre su amor proscrito, oscuro, en la cara en sombra de la luna. (Todavía hay a quien molesta, hoy, en España, que se diga que era homosexual.)

En noviembre de 1919, a los 21 años, contempló la procesión en la que llevaron por las calles de Granada a unos gitanos que habían asesinado en Sierra Nevada a dos guardias civiles. Iban “atados, descalzos”, “brutalmente apaleados” a ojos vista, cuenta Gibson. Nueve años después publicaría un poemario, llamado entonces Primer romancero gitano, en el que sólo los lectores frívolos ven una estampa folclórica: “Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve”. (El éxito popular, instantáneo, de ese libro, al publicarse en Madrid en 1928, no ha conocido parangón después).

En marzo de 1929, miércoles santo, alguien se presentó de improviso para ofrecerse como cofrade en otra procesión, nocturna, que bajaría a la Virgen de las Angustias desde la iglesia de Santa María de la Alhambra hasta el centro de la ciudad, atravesando el bosque. Se le permitió ir vestido de penitente, al fin, oculto bajo el capirote y portando “una de las tres pesadas cruces”. Una vez terminada, el penitente desapareció, “dejando el cíngulo anudado en forma de cruz y sujetando una nota: Que Dios os lo pague. Dicen que era él, atravesando en aquel momento una crisis especialmente desolada. Puede que sea leyenda. También puede que no.

Un solo camino
Era exagerado como un crío contando una aventura; porque cómo contar, si no es exagerando, lo que apenas puede decirse. Disfrutaba como un niño, sufría como un niño, pero trabajaba con la visión de un halcón y la tenacidad de una hormiga: exclusivamente en lo que le interesaba, que era la poesía; escrita, cantada, hablada o vivida. Apenas tocó un libro de las eternas carreras de Letras y Derecho que sus padres se empeñaban que terminase. (Su padre, un terrateniente hecho a sí mismo, procedente de una familia dotadísima para el arte, pero pendiente de sus cosas; su madre, una mujer que le inició en la resonancia poética, que le quería siempre cerca, pero que parecía estar siempre lejos). No fue hasta bien entrada la treintena, y a pesar de su fama, cuando pudo realmente demostrar y demostrarse que podría volar solo, gracias a su primer triunfo teatral sin paliativos con Bodas de sangre (1933) en Buenos Aires –glorificado en Argentina con un escándalo jamás visto antes con un escritor, según testificase Neruda.

Cuando un hombre se coloca en su camino, había escrito años antes a sus padres, ni lobos ni perros deben hacer que vuelva atrás. Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que os respondo que volaré bien. Hay que ser audaces y valientes. 

Actuaba, hacia afuera siempre, con el despilfarro vital del nacido con una alcancía de dones inverosímil. No es otra leyenda: los testimonios respecto a sus fuegos artificiales con la poesía, con el piano (se consideraba tan músico como escritor), dibujando, dirigiendo teatro, actuando él mismo, liderando cualquier reunión entre la risa y el deslumbramiento verbal, son apabullantes. Para Salvador Dalí, una de las personas más decisivas en su vida –y cuya fatuidad prohibía casi los halagos–, era “el fenómeno poético en su totalidad y en carne viva”. “Lee [teatro] como asumiendo todos los papeles de una compañía y de una orquesta. Es el primero de todos nosotros: hay que inclinarse”, apuntó Jorge Guillen. Una periodista del New York Times, Mildred Adams, que le conoció en Granada en 1928, quedó estupefacta ante su interpretación al piano: “En gesto, tono de voz, expresión de la cara y del cuerpo, él era el propio romance”. Según su amigo Adolfo Salazar, su magnetismo en sociedad era el de “una mantis religiosa”. …Y sin embargo, para Vicente Aleixandre, que sabía muy bien de lo que hablaba, quienes sólo le vieron “pasar por la vida como un ave llena de colorido, no le conocieron”.

Era un juglar, un espectáculo. Pero era, fundamentalmente, un secreto. Temía a la muerte y la miraba a los ojos sin tregua. Tenía miedo de morir ahogado (cuántas fuentes y ríos “puestos de pie” en sus poemas, pero también cuántos aljibes sombríos, cuántas albercas donde acecha “el agua muerta”; cuántos pozos con niño ahogado). Tenía miedo real a que después de la muerte no hubiera muerte sino una vida callada y terrorífica bajo tierra.

Un día –recordaba Pablo Neruda en Confieso que he vivido, el teatro ambulante universitario de La Barraca acampó a las afueras de un pueblo de Castilla. Nuestro hombre, sin poder dormir, se levantó al amanecer y “salió a vagar solo por los alrededores”, a pesar del frío. Había niebla. Se detuvo “en la puerta de un viejo dominio” derruido del campo. Inquieto, se sentó en un capitel caído. De pronto, apareció un pequeño cordero entre la hierba que le alivió de la soledad. Pero al cabo también apareció una piara de cerdos. “Eran cuatro o cinco bestias oscuras, cerdos negros semisalvajes con hambre cerril y pezuñas de piedra. Federico presenció entonces una escena de espanto. Los cerdos se echaron sobre el cordero y junto al horror del poeta lo despedazaron y devoraron”.

Federico García Lorca contó a Neruda esa historia (¿vivida, soñada, atisbada en una profecía sonámbula?) tres meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Ya era, para entonces, el poeta más famoso de España, el dramaturgo de mayor éxito en el ámbito del habla española, y uno de los mayores creadores de idioma de todos los tiempos. Era el revolucionario que soñó “la llegada del reino de la espiga” para derrocar al imperio corrupto de “los blancos del oro”. Era un adolescente en duelo a muerte con su corazón, solo y rebelde y aterrado en la plaza desierta del aljibe. Era, sobre todo, por encima de todo, un hombre decente. Tenía 38 años cuando lo asesinaron, arrojado por las bestias en algún pozo insomne de la vega en que nació, pero era un niño.


Fuente: http://ctxt.es/es/20160817/Culturas/7895/aniversario-Federico-Garcia-Lorca-biografia-perfil-poesia-infancia.htm#.W3k_iMRcdIX.twitter

Memento


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Cuendo yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera,
enterradme, si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!

(Poema del canto jondo)

Federico García Lorca

sábado, 18 de agosto de 2018

La estrella de Lorca nunca se apaga

La fascinación que provoca el poeta rebasa modas y fronteras. Al cumplirse 82 años de su fusilamiento, su figura y su obra mantienen su inagotable atractivo
Lorca
Fotografía de Federico García Lorca tomada por Luis Buñuel en 1925.
 La muerte condena a muchos escritores a un limbo del que, con suerte, salen convertidos en clásicos. Pasan entonces a ser objeto de estudio más que de lectura, dejan de entrar en la vida de la gente para entrar en el examen de selectividad. Federico García Lorca es una excepción. Aunque mañana, 18 de agosto, se cumplen 82 años de su fusilamiento —oficialmente falleció “a consecuencia de heridas producidas por hechos de guerra”—, su figura parece más viva que nunca.

Por el lado del Lorca-símbolo, al debate sobre la conveniencia de volver a buscar sus restos en el barranco de Víznar se le ha sumado en los últimos meses la petición de que se le conceda, a título póstumo, el Premio Nobel de Literatura. Por el lado del Lorca-escritor, el centro que lleva su nombre en Granada recibió en junio más de 4.000 objetos y documentos hasta ahora depositados en la sede madrileña de su fundación, alojada en la Residencia de Estudiantes. Poco antes, la editorial Debolsillo rescataba Cielo bajo, un libro inacabado de suites que su autor quiso publicar en 1926 junto a Canciones y poema del cante jondo.

Su presencia internacional sigue siendo, además, muy notable. Hasta el día 20 puede verse en el Centro Pompidou de Metz, en Francia, una exposición que en octubre viajará al Barbican de Londres: Parejas modernas. Junto a dúos creativos y sentimentales como Dora Maar y Picasso, Camille Claudel y Auguste Rodin o Frida Kahlo y Diego Rivera, la muestra dedica uno de sus apartados a la relación entre Lorca y Dalí. Esta exposición se abrió poco después de que la Fundación Jan Michalski clausurara en Montricher (Suiza) otra titulada Lorca en escena. Que su trabajo como dramaturgo mantiene toda la vigencia lo demuestra el hecho de que uno de los grandes éxitos de la cartelera primaveral neoyorquina fuera la Yerma dirigida por Simon Stones, que sacó a la protagonista del campo andaluz para convertirla en una moderna ejecutiva londinense ahogada por la imposibilidad de tener hijos. La obra llegó a Estados Unidos después de dos años de éxito en la capital británica.

El fusilamiento de Federico García Lorca en agosto de 1936 produjo una ola de indignación a la altura de su prestigio. Compañeros de generación como Luis Cernuda o maestros como Antonio Machado escribieron versos para llorar a un poeta al que el exigente Juan Ramón Jiménez calificó de hombre “de cinco razas”. Pero la muerte no fue, ni mucho menos, el detonante de su fama. Ya era un autor de éxito cuando lo mataron. Un año antes, durante la feria del libro de Madrid, Lorca estaba “muy de moda”. La expresión es de su biógrafo, Ian Gibson, que recuerda que en mayo de 1935 ya estaba en la calle la quinta edición del Romancero gitano, acababa de salir el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, el Retablillo de don Cristóbal se representaba en la propia feria y la prensa reseñaba la aparición en Nueva York del primer estudio global sobre su obra. Aún no había cumplido 37 años.

En 1933, además, había sido testigo durante una gira por el Cono Sur del éxito de Bodas de sangre en Argentina, donde superó las 100 representaciones la temporada de su estreno. Como le explicó el promotor del montaje, el gran acontecimiento artístico era también un gran negocio: al poco de estrenarse, ya le había proporcionado el equivalente a 3.500 pesetas, “suma que correspondía”, traduce Gibson, “al salario anual de un obrero metalúrgico, el más alto de la clase trabajadora española”. Un porcentaje correspondía al autor en concepto de derechos. No es extraño que al conocer la noticia de su muerte, 30 intelectuales argentinos redactaran una carta de protesta. Entre los firmantes estaba Borges, que, no obstante, luego recordaría maliciosamente a Lorca como un “andaluz profesional”.

Laura García Lorca, sobrina del poeta y presidenta de la fundación que lleva su nombre, subraya que esa dimensión “folclórica” fue, con la ayuda de la censura, la misma a la que el franquismo quiso “reducirlo”. Por suerte, el eco internacional de su obra contrarrestó el silencio oficial español: “En Estados Unidos influyó mucho en la generación beat y en Francia siempre estuvo bien traducido. Se le leyó como lo que era: un autor moderno”. De la recepción estado­unidense da cuenta la pregunta por la muerte de Lorca que Eisenhower planteó a Franco en 1959, durante su histórica visita a España. El dictador la atribuyó a un grupo de incontrolados. La recepción francesa del poeta tuvo su culminación cuando en 1981 André Belamich, compañero de estudios de Albert Camus y traductor de Lorca para Gallimard desde 1951, se encargó de su ingreso en La Pléiade. El único escritor en español presente entonces en la prestigiosa colección era Cervantes.

La consagración del Lorca moderno recibió un espaldarazo cuando en 1940 se publicó Poeta en Nueva York, una de las cumbres de la poesía del siglo XX. El rescate de su teatro surrealista o la aparición de sus Sonetos del amor oscuro contribuirían a normalizar la homosexualidad de su autor y, a la vez, a consolidarlo como un genio que más que seguidores produce imitadores. Los Sonetos se publicaron en el diario Abc en 1984 y la segunda mitad de la década de los ochenta significó la asunción de Lorca como poeta total en su propio país. Ian Gibson recuerda todavía el “no” que recibió de Planeta en 1978 su proyecto de biografía, que ya contaba con el apoyo de la británica Faber & Faber. Años después, las investigaciones de Gibson darían lugar a una monumental biografía y a una serie de televisión dirigida por Juan Antonio Bardem y estrenada en 1987, cuando en España solo había dos cadenas y todo lo que emitía La 1 marcaba la conversación.

Cada generación ha tenido su propio Lorca. Por la vía de la literatura o por la de la música. Un año después de que Bardem estrenara su serie, Leonard Cohen publicaba el álbum I’m Your Man. En él se incluía la canción ‘Take This Waltz’, basada en el poema ‘Pequeño vals vienés’, de Poeta en Nueva York. “Cada vez que alguien pone al día sus versos consigue que llegue a más público”, subraya Laura García Lorca, que destaca la importancia de Cohen como divulgador de la obra lorquiana en el mundo anglosajón. Y en el español. En 1996, el cantaor Enrique Morente se unía a la banda de rock Lagartija Nick para homenajear al cantante canadiense y al escritor granadino. El resultado fue el disco Omega, un hito en la música popular española.

En el verano de 2008, hace ahora 10 años, Morente y Cohen actuaron en el Festival de Benicàssim. El público (35.000 personas) coreó aquella noche los versos de un poeta muerto como si acabaran de escribirlos detrás del escenario. Gibson aventura una explicación para tanta unanimidad: “La fuerza de sus imágenes, de sus metáforas, que sobreviven a la terrible prueba de la traducción. Y el gran tema de su obra: la tragedia de un ser humano que no puede vivir la vida que quiere. Eso es universal”.




Fuente: https://elpais.com/cultura/2018/08/16/actualidad/1534413438_868967.html

viernes, 17 de agosto de 2018

I Never Loved A Man


Alain Gresh: «El de Macron es el gobierno más de derechas que ha tenido Francia desde 1958»

Fue redactor jefe de Le Monde Diplomatique y actualmente es el director del diario digital centrado en Oriente Medio orientxxi.info. Alain Gresh (El Cairo, Egipto, 1948) acudió a Sevilla a la última edición del Congreso Mundial sobre Oriente Medio y el Norte de África (WOCMES) que organizó la Fundación Tres Culturas para participar en una mesa redonda sobre islamofobia en la que se analizó el papel de los medios en este problema. Sigue considerando que el conflicto entre Palestina e Israel, en el que su padre fue mediador antes de ser asesinado, tiene un gran valor simbólico, como el apartheid, que puede marcar el camino para la resolución de muchos otros.

A
 Su libro Israel, Palestina, verdades sobre un conflicto estaba dedicado a la generación de su hija que no conocía el origen de la disputa.
La cuestión palestina está cambiando continuamente. Es difícil saber qué dirección va a seguir, pero para las nuevas generaciones no será una cuestión de si hay un estado o dos, sino que será un problema de igualdad de derechos. Creo que la cuestión avanzará en la dirección de la igualdad de derechos en el territorio israelí-palestino.
 
Ahora hay gente que dice que no es importante, que es mucho más grave lo de Siria o lo que pasó en Irak y se preguntan por qué hay que seguir perdiendo el tiempo con esta cuestión. Me parece muy arbitrario decidir qué conflicto debe convertirse en foco de atención y cuál no. ¿Por qué lo fue Sudáfrica? Cuando existía el apartheid, se decía que lo importante no era eso, sino lo que estaba pasando en Etiopía. Sin embargo, el conflicto sudafricano era simbólico, por eso llamó tanto la atención. Y por eso creo que Palestina es tan importante, porque es la última colonia y es un conflicto que se puede extrapolar a cualquier lugar del mundo porque lo que se exige es igualdad de derechos.

En el libro sostiene que en Palestina no se puede hablar de ningún derecho natural o religioso, rechaza remontarse tres mil años para definir qué parcela pertenece a quién. Recientemente, la dibujante de cómics israelí Rutu Modan nos comentaba algo similar.

No es que no sean importantes, pero no pueden ser la base de los derechos en una legislación internacional. No voy a discutir el derecho de los judíos a Jerusalén porque se base en un mito, porque todos los países se basan en mitos, como todas las religiones. Lo reconozco. Sin embargo, no creo que de ahí puedan emanar las leyes internacionales. Un proyecto político no se puede basar en esos derechos. Lo han hecho, pero es injusto y ahora hay que encontrar una solución. No acepto que haya que expulsar a los judíos, pero hay que ver cómo se puede corregir esta injusticia. Porque, al mismo tiempo, tenemos que reconocer que hay una injusticia, que a tres cuartas partes de los palestinos se les ha expulsado y tienen derecho a volver. El derecho de retorno de los refugiados tiene que ser efectivo en todas partes.

Es importante porque, por ejemplo, en Birmania tenemos a setecientos mil expulsados. Ocurre en todo el mundo, se expulsa a poblaciones porque se las considera enemigas. Después de la Primera Guerra Mundial apareció la doctrina del intercambio de poblaciones, pero nadie lo defendería hoy en día. No es ético. Lo que tiene que cumplirse es el derecho de los refugiados a volver a sus casas, aunque creo que muchos de los palestinos no lo harían porque sus casas ya no existen. Se ha reconocido que vuelvan, pero en número limitado. Discutían la llegada de cien mil, aunque la cifra oficial es de cuatrocientos cincuenta mil, que están por todas partes, tienen múltiples nacionalidades y es difícil establecer una cifra real. Y sobre todo son medidas que han afectado a los de El Líbano. ¿Por qué a esos? porque venían de pueblos árabes en Israel.
No obstante, uno de los pasos más importantes es reconocer el daño que se ha hecho. En las últimas semanas del gobierno de Mubarak, tras la segunda intifada, hubo un intento de acuerdo entre Israel y Palestina para una declaración sobre los refugiados palestinos donde los israelíes reconocían haber tenido una parte de la responsabilidad de su situación. Esto nunca salió a la luz, ya lo publicaré. Pero lo importante es que se reconozca la responsabilidad, eso ya es la solución a la mitad del problema. 

En Bosnia el retorno ha sido muy limitado, muchos no querían volver y vendían sus casas o las intercambiaban. La comunidad, antes mezclada, ahora se ha quedado dividida en dos.
Lo que se hizo en Bosnia me parece un desastre completo. Hay un escritor británico que publicó el mejor libro sobre nacionalismo en Europa, Eric Hobsbawm. Estos movimientos nacionales no son movimientos populares, son de clase media intelectual. Por ejemplo, en Yugoslavia el más agresivo fue el de la clase media y los intelectuales, estos últimos tuvieron un rol muy importante en la movilización de la gente. Creo que este detalle es muy importante. Y todavía lo estamos pagando, Serbia y Croacia están más o menos resueltas, pero Bosnia no.

El problema de Yugoslavia es que se empezó a mirar a cada república de forma étnica o religiosa al igual que hacemos hoy en día en Irak. En realidad es mucho más complicado que la división entre suníes y chiíes. Si la comunidad internacional organiza toda la vida política alrededor de los chiíes y suníes tendrá una profecía autocumplida. Hay gente que se está yendo porque no quieren eso. La identidad de la gente es más complicada que esas divisiones.

En el islam es muy frecuente, queremos que los musulmanes se pronuncien sobre de dónde son, pero pueden ser franceses. Pueden ser de Marsella, seguidores del Olympique, y seguir siendo lo que son. No se pueden partir las identidades, existe la diversidad. Si te pones a hacer bandos para resolver los problemas es la forma de que estos empiecen precisamente a partir de esa división.



 Cita al psicoanalista Daniel Sibony, de Le Figaro, quien sostiene que «a la opinión occidental solo le gusta la gente como víctima», los judíos de los campos de concentración o los palestinos víctimas de los israelíes. Usted añade que las víctimas fácilmente se convierten en verdugos ¿qué papel juega ahí la victimización?
Era mi profesor de Matemáticas en 1968. Era maoísta en ese periodo. Por supuesto, aquí existe una gran solidaridad con las víctimas. Obviamente, si están matando a gente en algún lugar, vas a posicionarte siempre del lado de la víctima. Un ejemplo es Ruanda, donde hubo una masacre terrible de tutsis, pero ahora lo que hacen los tutsis no se mira igual.

En mi caso no es que sea propalestino, es que creo en una ley internacional. Si hay un opresor, me da igual que la víctima sean judíos, palestinos o tutsis. Una referencia que utilizo en el libro es la reflexión de que del Holocausto tenemos que extraer dos lecciones importantes: una, lo que se ha sufrido fue tan excepcional que nada de lo que se haga después será importante, porque siempre será menor que el sufrimiento causado; y dos, todo lo contrario.

¿Qué opina de la decisión de Trump de reconocer Jerusalén como capital de Israel?
Está desestabilizando, obstaculizando cualquier posible solución. Estados Unidos siempre ha apoyado a Israel, pero en este caso no están apoyándola, sino entrando a la batalla con Israel contra Palestina. También presionan a los países que han votado el reconocimiento del estado palestino en la ONU y a todos los que quieren que se solucione el problema de los refugiados.

No creo que si se resuelve el problema de Palestina se vayan a solucionar todos los problemas del mundo, pero el sentimiento de injusticia de árabes y musulmanes proviene de ahí. No es que esté en contra de la seguridad y las acciones policiales contra los grupos extremistas, pero lo más importante es cortar las raíces del problema. Y nosotros, en vez de cortarlas, lo que hacemos es alimentarlas.

¿Cómo han afectado en Francia los atentados islamistas?
Ha pasado como en España. Los índices de islamofobia después del atentado de Barcelona descendieron. A nosotros nos ha pasado el mismo fenómeno. Ha habido como una reacción de unidad nacional. No obstante, los ataques han creado miedo. Otro fenómeno extraño que se produce en Europa es que el discurso de la extrema derecha y el del extremismo islamista van de la mano. Ambos les dicen a los musulmanes europeos que no son europeos. El trabajo policial contra el integrismo es indispensable, pero la mejor manera de combatirlo es mantener a la población unida en su contra, especialmente a los musulmanes que son contrarios.

En España, tras el atentado, un semanario de humor, El Jueves, apelaba a eso, a combatir la islamofobia. En Francia, sin embargo, Charlie Hebdo puso en su portada el titular «Islam, religión de paz… eterna».
En Francia, por lo general, a nivel político e intelectual, en las reacciones a los atentados la prensa mantuvo la calma. No hubo sobreactuaciones. No creo que esa portada de Charlie Hebdo reflejase cómo ha fue la reacción general.



En Israel hay ahora mismo un proyecto de ley para prohibir fotografiar o grabar a soldados israelíes.
Los grandes historiadores de Israel temen que en el país se esté viviendo un principio del fascismo. Nosotros también publicamos un artículo sobre la fascistización de Israel. Está pasando muy progresivamente. No lo vemos, pero hay gente en el poder que está actuando como fascistas. Y no van solo contra los palestinos, sino contra cualquier forma de crítica.

¿Ahora hay crisis de refugiados en Europa?
No creo que haya una crisis de refugiados, Turquía ha recibido tres millones de sirios. Jordania, seiscientos mil. La llegada a Europa ha supuesto un 0,01% de la población. No creo en esa visión de que los refugiados están por todas partes y nosotros no podemos vivir de forma normal. Es una situación que Europa debería resolver repartiendo los refugiados por veintiocho países y aplicando unas medidas muy rigurosas con los que no cumplan su cuota. Orbán dijo en 2015, cuando se alcanzó el tope de llegada, que no los quería porque no eran cristianos. Ni siquiera lo pretende disimular.

Cuando se produjo el conflicto de Yugoslavia los países europeos se volcaron con los refugiados, ahora no podemos decir que haya pasado lo mismo con los que llegaban de Siria ¿Conmueven más las víctimas cuando son blancas?

En los medios hay islamofobia. Hay dos problemas, uno de odio, que es cierto, y otro que es el propio funcionamiento de los medios, que se mueven a base de noticias espectaculares. Recuerdo en la guerra de Irak del 91 cómo se llevaba a expertos a la televisión durante el conflicto y se les hacían preguntas como «Dígame, en treinta segundos, si el Corán es contra Occidente o no». ¿Qué puedes decir en treinta segundos? Los que saben al final dejan de ir. Uno me contaba que prefería no ir a televisión no porque no podía responder las preguntas, sino porque necesitaba tiempo para hacerlo. Le hacían falta un mínimo de cinco minutos solamente para explicarle al periodista que la pregunta que le había hecho era una estupidez.

En toda Europa hay islamofobia en los medios, pero en Francia es un caso singular, porque tenemos laicidad y secularización, lo que permite a parte de la izquierda decir eso de que va contra el islam, pero no son racistas. Históricamente, el islam siempre se ha visto como el fin de la cristiandad. Hoy en día el discurso es otro, pero se vuelve a la idea de que el islam está amenazando la civilización judeocristiana. Tenemos tanto a Trump como a Orbán con el discurso de que su civilización se encuentra bajo una amenaza.

Otro enfoque del discurso es el de los «territorios perdidos», que son los suburbios, donde los musulmanes serían demasiado fuertes. Esto es también muy importante en el discurso contra el islam. Y la cuestión última son las mujeres. Algo paradójico, porque los partidos políticos franceses, tanto de izquierda como de derecha, nunca han sido feministas. Nosotros les dimos el derecho al voto en 1945. Hasta hace diez años creo que solo ha habido un 20% de mujeres en el parlamento. En las universidades es fácil que por encima de sesenta años no te encuentres ninguna mujer dando clase. Contra esto no reaccionan, pero si encuentran una mujer con velo es el fin del mundo.

Con los velos hemos pasado por diferentes fases. Al principio se decía que ayudaríamos a las mujeres musulmanas a liberarse quitándose el velo, que de esa manera tendrían la posibilidad de expresarse a sí mismas. Después de diez años, estamos demonizando el velo. Hasta extremos como un periodista de Le Figaro, que en una crónica sobre un juicio habló una mujer con velo y él se refirió a ella como «el velo». Escribió «el velo dijo que…». Tal cual.



¿Es cierto que algunas mujeres musulmanas en Francia se ponen el velo no porque practiquen la religión, sino como símbolo de su identidad, que consideran excluida?
Sí, creo que existe ese fenómeno. Pero es complicado, porque si llevas el velo nadie te va a dar un empleo, aunque sea una discriminación ilegal. Y son mujeres que van a la universidad, tienen educación, etc… y lo que hacemos es empujarlas a que solo se relacionen con los suyos.

En las escuelas se prohibió en 2004.
Fue una medida claramente contra los musulmanes, no por el laicismo. Hubo una comisión antes de la ley para hacer propuestas, la mía fue que habría que prohibir tanto los signos religiosos como los políticos, lo cual tiene su lógica. ¿Por qué prohibir lo religioso y no lo político? Por supuesto, no se aceptó, se quedó solo en prohibir lo religioso. El debate en Francia ha llegado a que se discuta si una falda hasta el tobillo es una expresión religiosa.

Sus orígenes familiares son mixtos.
Son complicados. Nací en Egipto, mi madre era judía de Rusia. Sus padres, mis abuelos, estaban estudiando allí cuando empezó la Primera Guerra Mundial y se quedaron, nació en 1919. Mi abuelo había fallecido un año antes por la gripe española, que mató más gente que la guerra. Mi abuela entonces se casó con otro judío, esta vez lituano. Este hombre era farmacéutico y sionista, así que decidió irse a Palestina. Al llegar se encontró con que ya había muchos farmacéuticos y una crisis, así que se marcharon a Egipto. Mi madre creció allí desde los diez años y conoció a mi padre, que era copto, pero su acervo cultural era francés. Hablaba en francés, leía literatura francesa. La burguesía de Alejandría y El Cairo hablaba francés, aunque también había italianos y griegos, judíos y coptos, pero todos adoptaban el francés. Yo nací en 1948 y en el 52 me pilló la revolución, en el 62 se nacionalizó el canal de Suez y Egipto cambió por completo. Nos fuimos en el 62, cuando yo tenía catorce años.

A París
Para nosotros era muy natural llegar allí porque hablábamos francés, habíamos ido al liceo francés y aunque no tuviéramos sangre francesa nos sentíamos franceses de alguna manera. Pero llegué en el 62, el verano de los Pieds-Noirs en Argelia. Fui con muchos niños argelinos a clase, segregados chicos y chicas. Mi familia era progresista y solía estar en posiciones opuestas a las de estos chicos argelinos de catorce años, pero al mismo tiempo veníamos de la misma civilización. Para todos nosotros por igual Francia era un shock. Las formas de convivencia eran completamente distintas.

¿Empezó ahí la islamofobia?
Hubo varias fases. Después del 62, al principio se hablaba de árabes, no de musulmanes. Lo degradante era lo árabe. Se hablaba de lo árabe de forma muy insultante, pero a nadie se le ocurría mencionar el islam. Del islam se empezó a hablar a finales de los setenta y principios de los ochenta. Hubo un suceso que marcó el cambio, la revolución de Irán de 1979. Hoy en día ya nadie habla de árabes. Hay una diferencia entre el racismo tradicional y la islamofobia. Si eres de izquierda no puedes ser racista, o bueno, puedes serlo, pero ya sabes, sí que puedes ser islamófobo y decir: «Yo no soy racista, solo estoy en contra del islam». No me lo creo. Es una forma cultural de ser racista.

¿No tiene que ver con la tradición laica de Francia?
Es muy complicado. Francia es muy particular porque la lucha de los republicanos contra la Iglesia católica era más política que religiosa. La Iglesia estaba en contra de la República y en contra de la democracia en sí. Era monárquica. La lucha por el laicismo, por tanto, no fue para romper con la Iglesia, sino para apartarla de la educación. Los republicanos estaban divididos en radicales, una burguesía de centroizquierda, muy anticlerical, y los socialistas, que no se enfrentaron tanto a la Iglesia porque Jaurès, el socialista asesinado en la Primera Guerra Mundial por oponerse a ella, dijo que quería omitir la cuestión religiosa, apartarla, para centrarse en el socialismo. Al final, cuando se hizo la ley de separación de Iglesia y Estado en 1905, se acabó con el concordato firmado por Napoleón cien años antes, con el que la Iglesia había estado bajo el control del Estado.


Se acaban de cumplir cincuenta años de Mayo del 68.
Recomiendo un libro muy interesante escrito por Kristin Ross, Mayo del 68 y sus vidas posteriores. Estudia la repercusión de estas jornadas cada diez años. Lo más importante de Mayo del 68 fue la huelga general y es algo que se ha ido dejando aparte cuando se habla de la fecha. Han quedado los aspectos relativos al cambio de formas de estilos de vida, que no digo que no sean importantes pero… Ahora quizá ha salido una moda conservadora contraria a Mayo del 68, pero no creo que vaya a llegar muy lejos.

Su padre fue activista muy implicado con las causas que defendía, tanto que fue asesinado, pero no se sabe aún por quién.
Es una historia muy complicada. Mi padre biológico era hijo de un banquero de una familia judía muy rica. Por comunista, le expulsaron de Egipto en 1950, estuvo en Francia refugiado clandestinamente. En el 56 se implicó en la liberación de Argelia. Como sabía los trucos que hay para mover dinero internacionalmente por su familia, ayudó a recaudar fondos entre trabajadores franceses y enviarlos a Argelia para la revolución. Le arrestaron en 1960 y estuvo hasta el 62 en la cárcel. Apoyaba causas en todo el mundo, también luchó contra las dictaduras de España y Portugal. Efectivamente, no se sabe quién lo asesinó. Lo único que hemos conseguido la familia es que no se cierre el caso. Ahora está en manos de un nuevo juez.

Se dice que pudo ser el KGB…
Eso es una gilipollez…

… o la actividad policial antiterrorista ilegal española, lo que luego fue el GAL.
En aquellos tiempos mi padre estaba con los vascos, la ETA de aquel momento no era lo que fue después, cuando eran una organización positiva les dio su apoyo. Aunque no la comparto, también hay una teoría que va por ahí. Hay que entender que en los setenta había muchísimo terrorismo, estaban las Brigadas Rojas, la RAF alemana, conexiones entre el gobierno francés y el sudafricano del apartheid, Marruecos… También pudo ser una decisión en común de sus enemigos.

¿Su teoría cuál es?
Creo que fue una decisión tomada en Francia al más alto nivel. Ocurrió en suelo francés. Ha habido dos personajes que han reconocido haber sido ellos quienes lo mataron, pero nosotros no estamos interesados en saber quién apretó el gatillo, sino quién lo decidió.

¿Llegará la extrema derecha al poder en Francia?
Es posible que los veamos en el poder, pero no creo que la historia se repita. Será distinto. Pero podemos pararlo. Con la crisis puede que alcancen el poder, pero eso solo depende de nosotros, no está escrito en ningún lado. Basándome en mi experiencia como periodista, nunca puedes predecir lo que va a pasar mañana. Menos en veinte años. Y tampoco podemos decir cómo va a pasar. La historia es muy complicada. Sobre la historia se puede escribir después de los acontecimientos, nunca durante y ni mucho menos antes.

En estas elecciones presidenciales, si me hubieran preguntado antes cuál iba a ser el eje central de la campaña, habría dicho que el islam. François Fillon había escrito un libro, Vencer al totalitarismo islámico. Era el candidato de la derecha. Por la izquierda venía Manuel Valls, con un discurso también contra el islam; sin embargo fue apartado y al final no se discutió sobre los musulmanes. Lo cual demuestra que la gente no está atrapada en esta demagogia y que los políticos y los medios tienen una responsabilidad a la hora de presentar el debate y cómo va a desarrollarse.


¿Qué opina de Macron? Un candidato que ha llegado al poder sin un partido propiamente dicho detrás.
Ha hecho implosionar el sistema político. Realmente ha sido una sorpresa. Como dices, llegó al poder sin un partido detrás, pero tuvo un apoyo económico muy fuerte y suficiente como para imponerse al Partido Socialista y a la derecha. Su triunfo de esa manera es también un signo de la crisis del sistema político y no solo en Francia. Lo que vemos en todas partes es que llegan a primera línea de la política personajes que vienen de ninguna parte.

En cuanto a las políticas sociales y económicas de Macron, creo que son muy de derechas. El de Macron es el gobierno más de derechas que ha tenido Francia desde 1958. Es thatcherista y lo está haciendo todo entre sonrisas. Ataca a las leyes sociales, a los pobres. La derecha es ahora más fuerte que nunca. Todavía es difícil hacer más valoraciones porque es muy pronto, solo lleva en el poder un año, pero es que ahora mismo no existe oposición. La derecha está en crisis y los socialistas han desaparecido. Y la izquierda de la izquierda, Melenchon, es una figura muy controvertida que no logra reunir apoyos suficientes.

El problema es que durante treinta o cuarenta años en Europa hemos tenido a la izquierda y a la derecha haciendo las mismas políticas ¿Para qué votábamos? También votamos contra la Constitución europea en 2005, que fue rechazada con un 55% de votos. No apoyo el Brexit, creo que es una estupidez, pero la gente lo ha votado. Aquí el voto de la gente no cuenta y después de eso puede venir cualquier demagogo, decir cualquier cosa y la gente se lo va a creer.

Hollande generó algo de ilusión que se convirtió muy rápidamente en frustración.
Ha sido un completo fracaso. Hubo ilusión porque vino detrás de Sarkozy, del que la gente estaba muy cansada, pero al final hizo la misma política. Fue un presidente muy malo. No solo en cuestiones económicas y sociales, también era un hombre completamente estúpido. No tonto en ese sentido, pero en su libro desacreditó completamente la función de un presidente de la república. Además, fue a la guerra en Mali, que fue una catástrofe, algo que no vimos en su día porque era un problema pequeño, pero el conflicto se está extendiendo, y dijo después que enviar a los soldados allí para él fue el mejor día de su vida.

En Alemania, Random House ha cancelado el lanzamiento de Thilo Sarrazin, del SPD, cuya tesis es que dentro de veinte años Alemania será islámica.


Es un libro islamófobo, pero yo no soy muy partidario de la censura, que además da igual, lo que censures aparecerá en internet. Su tesis de que Alemania será islámica en veinte años se puede rebatir: es una tontería. En Francia en 1995 hubo una portada de Le Figaro con Mariane, el símbolo de la república, con un velo. Vaticinaba que en veinte años Francia sería islámica. Ya se ha cumplido el plazo y mira.


jueves, 16 de agosto de 2018

#Yemen

LTI


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   ¿Cuál era el medio de propaganda más potente del hitlerismo? ¿Eran los discursos indiviuales de Hitler y de Goebbels, sus declaraciones sobre este o aquel tema, su agitación contra el judísmo, contra el bolchevismo?
   Por supuesto que no, pues muchas cosas no resultaban inteligibles para las masas o las aburrían por su eterna repetición. Cuántas veces en las fondas, aún podía franquear su umbral sin la estrella, cuántas veces durante las alarmas aéreas en la fábrica, donde los arios disponían de un cuarto y los judíos de otro, y la radio se encontraba en el cuarto de los arios (como la comida y la calefacción)... cuántas veces oí allí los naipes golpear las mesas y las conversaciones en voz alta sobre las raciones de carne y de tabaco y sobre el cine proseguir mientras el Führer o uno de sus paladines pronunciaban sus monótonos discursos, y eso que los diarios decían al día siguiente que todo el pueblo los escuchaba.
   No, el efecto más potente no lo conseguían ni los discursos, ni los artículos, ni las octavillas, ni los carteles, ni las banderas, no lo conseguía nada que se captase mediante el pensamiento o el sentimiento conscientes.
   El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangure de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente. El dístico de Shiller sobre la "lengua culta que crea y piensa por ti" se suele interpretar de manera puramente estética y, por así decirlo, inofensiva.  Un verso logrado en una "lengua culta" no demuestra el talento poético de quien ha dado con él; no resulta muy difícil darse aires de poeta y pensador en una lengua altamente cultivada.
   Pero el lenguaje no solo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él. ¿Y si la lengua culta se ha formado a partir de elementos tóxicos o se ha convertido en portadora de sustancias tóxicas? Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico.
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Victor Klemperer

Portugal, a la contra en Europa: el Gobierno favorece la inmigración legal

El nuevo decreto de regularización busca frenar una posible pérdida del 40% de la población activa portuguesa en 2060. Los colectivos sociales, cautelosos ante la medida del ejecutivo

<p>Manifestación por el permiso de residencia de los inmigrantes. Lisboa, mayo de 2017. </p>
Manifestación por el permiso de residencia de los inmigrantes. Lisboa, mayo de 2017.
Rui Ornelas
 Ya se ha cumplido un mes desde la puesta en marcha en Portugal del Proyecto de ley nº 928/XIII, que establece un visado de residencia temporal a aquellos extranjeros que hayan contribuido en régimen laboral a la Seguridad Social durante al menos un año, pero que aun así se encuentren en situación ilegal. Portugal se ha embarcado, con esta iniciativa, en un viaje en dirección contraria al que han escogido el resto de los gobiernos europeos y, no digamos ya, estadounidense: favorecer la inmigración legal para combatir la despoblación y el sostenimiento de las pensiones.

Con este decreto ley, el Gobierno calcula que desbloqueará la regularización de unos 30.000 inmigrantes en situación irregular. Aludiendo a “razones humanitarias”, el Ministerio de Administración Interna envió una carta a diferentes asociaciones de apoyo a inmigrantes asegurando que, “aún no pudiendo acreditar una prueba de entrada a Portugal, podrá, cuando demostrada su inserción en la sociedad portuguesa, ser concedida la residencia”.

Ésta era una demanda que las asociaciones de inmigrantes de todo el país llevaban tiempo reclamando. Decenas de miles de inmigrantes trabajando con contratos laborales durante años, sobre todo en el sector de la agricultura, pero que se les negaba constantemente los permisos de residencia desde el Serviço de Estrangeiros e Fronteiras (SEF), conocida también como la “policía de los inmigrantes”. De hecho, por un despacho emitido en 2016 por la entonces directora del SEF, Luísa Maia Gonçalves (hoy dimitida), Portugal había quedado fuera del espacio Schengen para los inmigrantes. Es decir, aunque un inmigrante recibiera un visado de trabajo para Alemania, España o Francia, esto no le permitía la entrada legal en Portugal, como establece el Acuerdo de Schengen. Con esta medida, el 95% de los inmigrantes que hasta marzo de 2016 estaban esperando su legalización, se encontraron con que ya no iba a ser posible.

El decreto del gobierno de António Costa ha sido un logro largamente esperado, aunque algunos sectores se muestran, como mínimo, cautelosos. Desde la asociación Solidariedade Imigrante, las intenciones del grupo parlamentario socialista han sido acogidas con recelo. Timóteo Macedo, presidente de la asociación, asegura a CTXT que “es positivo que los partidos hayan reaccionado en la Assembleia da República, que hayan avanzado con iniciativas, pero ahora queremos ver cómo van a ser aplicadas en la práctica, porque no podemos esperar toda la vida”.

 Yasir Anwer, un inmigrante paquistaní que lleva 8 años trabajando en Portugal, como cocinero en un restaurante en Bairro Alto, se queja de que, a pesar de las promesas, las cosas siguen igual que antes: “El día 14 de mayo fuimos a manifestarnos frente al Parlamento, y después de esto el Gobierno dio su respuesta, la de legalizar a estas 30.000 personas, pero hasta hoy no hemos tenido respuesta de si nos van a legalizar con visado o sin visado, nadie ha entendido nada”.

En 2016, Yasir iba a recibir los documentos de legalización que llevaba esperando tantos años. Tenía cita para el 24 de marzo, pero fue el 21 de marzo cuando el SEF emitió el despacho cambiando los requisitos de entrada legal en el país. Por 3 días sus sueños de vivir legalmente en Portugal se esfumaron sin una razón explicable. Su padre vive, enfermo, sus últimos días en Paquistán, pero para Yasir un viaje a su país significaría no poder volver a entrar en Europa, a no ser poniéndose en las manos de las mafias de tratas de seres humanos. Según nos cuenta, estas mafias se arremolinan en los alrededores de las embajadas de los países europeos para ofrecer visados a los inmigrantes desesperados, que llegan a pagar auténticas fortunas. Portugal se ha convertido en una cárcel para él.
 Y el propio Yasir nos confirma que no es el único desesperado por cambiar su situación: “Ahora tenemos un grupo de Whatsapp, llamado 123 (en referencia al artículo 123 de la legislación portuguesa, que establece los parámetros para la legalización, de forma excepcional, de inmigrantes sin papeles), al que ya se han unido unas 300 personas. Todos quieren volver a manifestarse, porque estas personas llevan muchos años trabajando aquí en Portugal, algunos llevan 8 años, otros 6 años trabajando, es mucho tiempo para estar sin documentación. Trabajamos con contrato, pagamos muchos impuestos, esto no es justicia”.

La cosa es más complicada de lo que parece. Según nos cuenta Timóteo Macedo desde la sede de Solidariedade Imigrante (que Macedo define como una asociación, no de solidaridad, sino de defensa de los derechos de los inmigrantes), “el Partido Socialista no hizo aprobar una alteración a la ley en la Assembleia da República (Parlamento), sino una resolución que dice que el Gobierno debe legalizar a los inmigrantes que llevan trabajando y cotizando más de un año, pero por razones humanitarias. Tiene un discurso un tanto paternalista. Nosotros creemos que es una cuestión de justicia”.

Lo que realmente piden las asociaciones de inmigrantes es un sistema legal coherente que contemple la legalización de las personas que contribuyan, como el resto de los ciudadanos, al sistema de la Seguridad Social. Y, en efecto, el decreto ley que aprobó el Gobierno sólo recoge una serie de medidas que el SEF, posteriormente, podrá interpretar a su antojo.

“El Estado debe mucho a estos inmigrantes, que están creando las condiciones para la sostenibilidad del sistema de Seguridad Social con 342 millones de euros de contribuciones al año”, afirma Macedo. “Están también colmatando la necesidad de mano de obra de este país en algunos sectores de actividad. Sabemos que muchas empresas en la agricultura cerrarían sus puertas si no fuese por la mano de obra inmigrante. Hoy, en los campos del Alentejo posiblemente ya se canta el canto alentejano con otro acento, el acento de los inmigrantes, porque hay pocos portugueses trabajando en la agricultura”.

El tema de las “cuestiones humanitarias” no es superfluo. Además del decreto aprobado por el Partido Socialista, existen dos propuestas elevadas al Parlamento portugués por los grupos del PCP (Partido Comunista Portugués) y el BE (Bloco de Esquerda). Ambas propuestas proponen la modificación del artículo 88 de la ley de inmigración, que establece los requisitos para “autorización de residencia para ejercicio de actividad profesional”. Según las propuestas de PCP y BE, la modificación del artículo 88 crearía un sistema estable y permanente, no sólo para los inmigrantes en situación irregular que ya trabajan en Portugal, sino también para los que están por venir.

“Nosotros consideramos que se debe priorizar el artículo 88”, asegura Macedo, “porque es un proceso administrativo y objetivo, y el SEF no tiene poder discriminatorio sobre él. En cuanto al artículo 123, que alega cuestiones humanitarias, y que es el que está esgrimiendo el Partido Socialista, es un artículo excepcional y oficioso, con el que las autoridades pueden encontrar mil y una disculpas para no legalizar”.

La cuestión de la inmigración, independientemente del revuelo populista creado últimamente por políticos como Donald Trump o Matteo Salvini, ha tomado especial relevancia en Portugal desde que, en junio, la Fundação Francisco Manuel dos Santos publicara un estudio sobre la población portuguesa con conclusiones demoledoras. Según el estudio, hasta 2060 el país podrá perder el 40% de la población activa. El estudio llega a hablar de que Portugal se convertirá en un “desierto de personas”, al ver su población reducida de los 10,4 millones actuales, a los 7,8 millones que estima la fundación tendrá el país en 2060.

La buena noticia es que, por lo menos en teoría, el Gobierno parece haber tomado nota del informe de la fundación, y ha admitido recientemente que el país necesitará de la entrada de unos 75.000 inmigrantes al año. A diferencia de otros partidos conservadores, como el Partido Socialdemócrata, que apuesta por invertir en políticas a favor de la natalidad, como ayudas de 10.000 euros por hijo o guarderías gratis a partir de los 6 meses de edad.

Esta es una carrera contrarreloj para mejorar unos índices de sostenibilidad de las pensiones ya de por sí bastante tocados. La situación se agrava porque parte de la población joven del país tuvo que salir exiliada tras las crisis a buscarse el parné a países con mejores condiciones de vida. Y porque no es probable que este flujo se invierta, dadas las precarias condiciones laborales que, sumadas a la descabellada subida de los precios en el mercado inmobiliario, hacen de Portugal un lugar poco apetecible para comenzar una vida próspera.

Pero, a olvido de las políticas de natalidad en vistas a salar el futuro del país, las asociaciones de inmigrantes tienen claro que la prioridad son los inmigrantes que ya están aquí. “Quieren agilizar y facilitar la entrada de inmigrantes legalmente en el país”, reclama Macedo, “pero existen los que está ya aquí, y ésta es nuestra gran preocupación. La primera prioridad de este Gobierno tendría que ser legalizar a los que ya están aquí hace 3, 4 u 8 años, que están desesperados y en una situación dramática”.

Para Solidariedade Imigrante y el resto de asociaciones, el trabajo de campo no parece haber llegado a su fin. “Esperemos que septiembre sea el mes para que el Gobierno defina cómo van a aplicarse (las reformas) y que comiencen a hacerlo. Si en septiembre el Gobierno no ha hecho nada, o no ha dicho nada sobre cómo van a legalizar a esos 30.000 inmigrantes, naturalmente que en octubre volveremos a salir a la calle. Los inmigrantes son los protagonistas de su propia lucha. Aquí las víctimas son los principales interesados, si ellos no dan la cara, no conseguirán nada”.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180815/Politica/21211/Daniel-Toledo-ley-legalizacion-inmigracion-Portugal.htm

martes, 14 de agosto de 2018

El dandi animalista

Louis Albert de Broglie
Louis Albert de Broglie, dueño de la tienda de taxidermia parisiense Deyrolle.

Se ganó el apodo de Príncipe Jardinero por su lucha a favor de la biodiversidad del tomate. En 2001 adquirió la tienda Deyrolle, un templo de la taxidermia parisiense frecuentado por artistas como Salvador Dalí o Woody Allen. Ahora Louis Albert de Broglie quiere que sus especies disecadas sirvan de inspiración para las marcas de moda


Esta casa centenaria es un templo para biólogos, botánicos y zoólogos.
AL CRUZAR el umbral del vetusto edificio que lo alberga, el visitante verá aparecer ante sus ojos un verdadero espectáculo de flora y fauna. Deyrolle es un zoo poblado por animales disecados, un museo natural sin clasificaciones académicas, un gabinete de curiosidades abierto a todos los públicos. La casa de taxidermia más legendaria de París, fundada en 1831, se instaló hace 130 años en este local de dos plantas y paredes revestidas de madera, situado en un rincón del barrio de Saint-Germain. Un nuevo (y apasionante) volumen revisa ahora su historia, A Parisian Cabinet of Curiosities, publicado en inglés y francés por Rizzoli y Flammarion. El relato empieza con la familia que dio nombre a la tienda, que se sucedió al frente del negocio durante cuatro generaciones seguidas, surtiendo sus innumerables cajones y vitrinas de vertebrados e invertebrados, fósiles y minerales, además de cientos de láminas sobre la naturaleza que abastecieron durante décadas a las escuelas francesas. Deyrolle se convirtió en un templo para biólogos, botánicos y zoólogos o para coleccionistas de moluscos y mariposas, pero también para muchos cazadores en busca de un profesional que ennobleciese sus trofeos.

Un ejemplar de Antilope cervicapra argentino junto a varias especies de pájaro.
Un ejemplar de Antilope cervicapra argentino junto a varias especies de pájaro.
Los tiempos han cambiado mucho desde entonces. “Para nosotros, la taxidermia es un acto científico y no mortífero. Todos los animales de la tienda murieron por causas naturales o, en algunos casos minoritarios, fueron sacrificados por razones sanitarias”, explica su propietario, Louis Albert de Broglie, un dandi con atuendo tirolés que tiene sangre azul corriendo por sus venas: desciende de un príncipe piamontés que fue asesinado en los setenta y de uno de los hijos de Carlos X, el último Borbón que reinó Francia. Huelga decir que en su familia se cazaba. Él prefirió abandonar esa actividad a los 18 años. “Ya entonces estaba convencido de que los animales, ya sean domésticos o salvajes, necesitan amor”, sostiene De Broglie, militante medioambiental y conocido en su país por su infatigable combate por la conservación de la biodiversidad del tomate. Sus allegados encontraron para él un apodo a medida: El Príncipe Jardinero.

De Broglie compró Deyrolle en 2001, cuando se encontraba al borde de la quiebra. Desde entonces, esta peculiar arca de Noé se ha vuelto a convertir en un lugar concurrido. “Deyrolle sigue fascinando porque contiene el misterio de la naturaleza y de la vida. Nos ayuda a entender de dónde venimos. Nos recuerda a un tiempo donde no existía Internet”, enumera. Para su propietario, Deyrolle es, ante todo, una sociedad científica. “Esa dimensión es tan importante como la comercial. Y, además, es más divertido venir aquí que a un museo. Es un lugar pensado para soñadores, una fuente de estímulos para mentes creativas”. En Deyrolle hay tanto rigor científico como licencias poéticas. Basta con observar el centro de una de las estancias de la primera planta, presidido por un unicornio. La tienda condensa todas las especies de la tierra, incluidas las quiméricas. No es casualidad que este santuario de la taxidermia fascinara tanto a los surrealistas, como André Breton, Max Ernst o Salvador Dalí, quienes se abastecieron en Deyrolle de mamíferos disecados o cuernos de rinoceronte. Deyrolle nunca dejó de fascinar a los creadores. Woody Allen escogió la tienda para rodar una de las escenas de Medianoche en París. Otro aficionado a lo vintage como el cineasta Wes Anderson, que reside en el barrio, es un asiduo.
El dandi animalista
Arriba, pavo real (Pavo cristatus) de India y mariposas (Papilio ulysses) de Indonesia
Cuando hace una década un incendio arrasó el local y calcinó el 90% de sus reservas, fueron los artistas quienes arrimaron el hombro. Sophie Calle, Nan Goldin o Miquel Barceló donaron sus obras para una subasta que recabó 260.000 euros y logró salvar el lugar. El nuevo proyecto de De Broglie es situar a Deyrolle en el mapa de las tendencias. Marcas como Opening Ceremony o Petit Bateau ya han colaborado con la tienda. Las zapatillas Veja acaban de crear una colección cápsula sirviéndose de la iconografía de Deyrolle para sus diseños. “La única condición es que sus métodos sean respetuosos con el medio ambiente”, apunta el jefe. Su preocupación es que sea un lugar abierto a todo el mundo. “Siempre lo ha sido y debe seguir siéndolo. Muchos no compran nada, pero no me molesta. Es de las pocas tiendas donde entran personas de todas las generaciones y clases sociales. Puedes comprar desde una mariposa por 5 euros a ese toro de lidia, que cuesta 70.000”, afirma señalando a un vacuno que fue disecado tras romperse la columna vertebral. En otro de sus habituales gestos poéticos, De Broglie decidió rellenar el vientre del animal de mariposas para recordar que, dentro de cada ser vivo, reside “una fragilidad”. La misma que caracteriza al propio ecosistema.
Estantería de entomología, la ciencia que estudia los insectos.

Terra de ninguém (Salomé Lamas, 2012): las guerras secretas de Paulo de Figueiredo

Las filtraciones del excomisario Villarejo han sacado a la luz en los últimos tiempos toda una dimensión que habitualmente se oculta en las sombras. Las cloacas del Estado vuelven a la actualidad con el caso Corinna, implicando directamente al Rey en supuestos delitos de corrupción y cobro de comisiones. Al hilo de esto, recuperamos el valioso testimonio de Salomé Lamas, la cineasta portuguesa que puso frente a su cámara al mercenario Paulo de Figueiredo.   
 
Fotograma de la película Terra de Ninguém, una entrevista con el exmercenario portugués José Paulo Rodriges Sobral de Figueiredo.

 Los títulos de crédito discurren sobre una vista aérea de frondosa vegetación, quizás una evocación inaugural a las antiguas posesiones portuguesas en África, donde la historia que vamos a conocer comenzó. Se oyen por primera vez las voces de la directora y su protagonista. "En tu opinión, ¿qué sentido tiene esta película?", pregunta Salomé Lamas. "Quería contar la historia de mi vida, y a partir de ahí que cada cual piense lo que quiera", responde Paulo de Figueiredo. Unas primeras tomas muestran, todavía en silencio, el escenario en que va a desarrollarse la extensa conversación entre ambos: una sala diáfana en un viejo caserón deshabitado, y en ella, un simple fondo de tela negra y una silla de madera. No hará falta mucho más. Figueiredo aparece en pantalla y comienza su relato: «José Paulo Rodriges Sobral de Figueiredo, 66 años. Me formé como ingeniero electrotécnico. Cuando me enrolé en el ejército fui asignado a la unidad de Comandos. Allí hice mi carrera militar, entre 1966 y 1980 o 1981, y después seguí mi vida como mercenario».

La directora explica que supo de Figueiredo y su historia a través de un sociólogo que le había conocido durante su trabajo con personas sin hogar en Lisboa, y que se avino a facilitar el encuentro. Lamas, figura emergente del cine portugués, documentalista de alta tensión reflexiva y estética, toma a partir de aquel primer contacto las decisiones que darán forma a la película. "Teníamos", explica en entrevista con Cinetransit, "varias estrategias a nuestra disposición: recurrir a imágenes de archivo, reconstrucciones, una entrevista más o menos convencional. Pero de lo que me hice enseguida consciente fue de mis propias limitaciones y de lo que realmente me interesaba en aquel personaje. Supe desde un inicio que yo no era ni una historiadora, ni una periodista, ni tampoco una jueza. Estaba haciendo una película y era únicamente una cineasta". Y su opción como cineasta es concentrarse en capturar con la mayor precisión e intensidad el relato de Figueiredo, sus palabras, gestos y miradas, y prácticamente nada más. Ella misma, aparte unos cuantos apuntes breves locutados fuera de escena, desaparece de la película, para dejar frente a frente, en la mayor intimidad, a espectador y protagonista, en planos cercanos, estáticos y siempre frontales, sobriamente iluminados, eludiendo cualquier efecto que pudiese distraer de su testimonio. Un formato que la directora considera, acertadamente, "más poderoso y más violento" de lo que hubiera resultado un ejercicio de documentalismo periodístico convencional.

Del capitalismo en cada uno de sus sucesivos estadíos se nos ha contado que es producto de la potencia creadora de los mercados libres, el espíritu emprendedor, el ingenio tecnológico. Sabemos que es mentira. El camino del capital se allana, ahora y siempre, con violencia. Y la historia de Figueiredo es una historia de esa violencia, contada en primera persona por uno de sus ejecutores. Durante una década, en los comandos del ejército colonial portugués, combate en Angola una de las últimas guerras de descolonización, de la que narra estampas de crueldad espantosa y con ellas su propia transformación personal: "la sangre y la pólvora son como la coca y la heroína, se te meten en la sangre". A su vuelta a Portugal tras la Revolución de los Claveles, entra a trabajar en Fidelis, empresa de seguridad privada vinculada a la Asociación de Comandos que reagrupa en la metrópoli a sus veteranos desmovilizados y tiene entre sus clientes a grandes empresarios, políticos conservadores y, muy significativamente, la embajada norteamericana en Lisboa. Tras un infructuoso viaje en busca de trabajo mercenario en la guerra de Rodesia (actuales Zambia y Zimbabwe), en la década de 1980 es reclutado primero por la CIA para la guerra sucia en El Salvador y luego por los oficiales José Amedo y Michel Domínguez de la Policía Nacional española para la guerra sucia contra ETA. "Cuando la ley no permite matar", explica Figueiredo, "alguien asume esa parte. Esos éramos nosotros".

Sabemos que alguien llamado Paulo de Figueiredo estuvo allí. La hemeroteca nos ofrece un puñado de certidumbres al respecto. Fue detenido en el País Vasco francés el 13 de febrero de 1986, tras haber participado en los atentados de los GAL contra los bares Batzoki y Consolation, juzgado y condenado a quince años de cárcel. A diferencia de otros mercenarios detenidos, Figueiredo habla ante los jueces franceses. Su testimonio destapa tanto la trama principal en las fuerzas de seguridad españolas, que acaba conduciendo a la cúpula del Ministerio de Interior, como su mucho menos conocida subtrama portuguesa, que reúne a viejos represores de la PIDE, salazarista y operativos de las cloacas del nuevo Estado nacido de la Revolución de los Claveles, pero ya en rápido proceso de neoliberalización. Parece disparatado pensar que aquel Figueiredo y el hombre que habla ante la cámara pudieran no ser la misma persona, aunque la propia directora pone este hecho entre paréntesis. El protagonista conviene con Lamas, cuenta ella, volver a encontrarse para aprobar el montaje final del filme y entregarle documentos que prueban su historia, pero muere, o parece haber muerto, antes de poder hacerlo. El poderoso relato de Figueiredo choca con la densa penumbra que lo envuelve. La película elude resolver ese conflicto.

Lamas, en entrevista con El País, concluye: "ese trabajo lo tiene que hacer otro, no yo". Ese trabajo está ya en marcha. En un clima de extendido y profundo descontento contra el régimen político español de 1978, la movilización memorialista y la investigación historiográfica han avanzado de la mano en la iluminación de sus turbios orígenes. Se han publicado obras como La transición sangrienta. Una historia violenta del proceso democrático en España (1975-1983) de Mariano Sánchez Soler (Planeta, 2010), La Transición española. El voto ignorado de las armas de Xavier Casals (Pasado y Presente, 2016) o El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982) de Sophie Baby (Akal, 2018), que desmantelan casi enciclopédicamente la amnesia selectiva y reconstrucción dulcificada ―auxiliadas en más de un caso por la pura y dura obstrucción a la información y la justicia― que la memoria oficial ha logrado imponer durante un largo período en torno a la violencia estatal, paraestatal y escuadrista, las tramas involucionistas y las cloacas del Estado en el tránsito de la dictadura militar a la monarquía parlamentaria, que luego servirían de caldo de cultivo para la creación de los GAL.

Unos hechos que responden a la complejidad del momento transicional y post-transicional español, pero que también se insertan, como ejemplifica el periplo criminal de Figueiredo por tres continentes, en todo un entramado represivo planetario, de la Red Gladio y los ejércitos clandestinos "stay-behind" de la OTAN en Europa al Plan Cóndor de las dictaduras latinoamericanas o las intervenciones mercenarias en África. Una "internacional negra" de servicios policiales y de espionaje, viejos y nuevos fascismos, soldados de fortuna y delincuentes comunes con la violenta Guerra Fría, la violenta descolonización y el no menos violento ascenso del neoliberalismo como gran telón de fondo.

De las escaramuzas en el festejo carlista de Montejurra en 1976 o la matanza del despacho laboralista de Atocha en 1977 a los atentados de los GAL entre 1983 y 1987, en España afloran una y otra vez terminaciones de esa "internacional negra", operativos de la Triple A argentina, la OAS francesa o el Ordine Nuovo italiano, cuyas actividades mano a mano con escuadristas locales y cloacas del Estado recoge la prensa de la época pero rara vez llegan a ser seriamente escrutadas por los tribunales, entre protestas de periodistas, políticos y hasta de los mismos magistrados por la manifiesta falta de cooperación del resto de poderes del Estado. Toda una dimensión desconocida de nuestra historia reciente, sobre la que alguna literatura especulativa y sensacionalista ha arrojado más confusión que luces, pero sobre la que ya se dispone de algunos sólidos trabajos historiográficos, como el ensayo "Entre dos continentes. Estrategia de la tensión desde la ultraderecha latinoamericana a la europea" de Eduardo González Calleja (Tiempo Devorado. Revista de Historia Actual, vol 4, nº 1, 2017).

En su crítica a la película de Lamas, Xavier Casals afirma: "en el nivel de los hechos, Figueiredo no explica nada que no esté ya en los sumarios. No revela nada, ni delata a nadie". Eso es cierto, pero no impide que la cinta ofrezca una mirada de singularísimo interés sobre la materia prima humana del crimen de Estado, los ciclos de violencia que atraviesa y de los que se nutre, su microfísica íntima. Incluso aunque intuyamos que quizá se ha traspasado en algún punto la frontera entre el documentalismo y la paraficción, su relato ensancha el ínfimo espacio dedicado en general en la crónica periodística o historiográfica, apenas un nombre y a veces ni siquiera eso, a sus peones y su excepcional perspectiva de los hechos. Algo que ya había ocurrido en otros lugares ―por ejemplo en Italia, con la autobiografía Io, l'uomo nero (Marsilio, 2008) del legendario escuadrista Pierluigi Concutelli―, pero que representa una completa novedad en España, donde la práctica totalidad de los ejecutores de las tramas negras de la Transición y posteriores, decenas o centenares de nombres e historias de violencia hoy tan desconocidos como nos lo seguirían siendo los de Figueiredo sin esta película, se desvanecieron sin apenas dejar rastro en la nueva normalidad neoliberal que, con sus crímenes, tan significativamente habían contribuido a instituir.


*Terra de ninguém, 2012. Dirección y guión de Salomé Lamas. 72 minutos. Disponible en Filmin.


Fuente: https://www.elsaltodiario.com/saltamos-extremadura/terra-de-ninguem-salome-lamas-guerras-secretas-paulo-figueiredo-cloacas-estado-villarejo-corinna