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martes, 26 de septiembre de 2017

Verdolatría ucrónica.


La invasión de los ladrones de cuerpos

Si el reto utópico supremo consiste en "imaginar un nuevo paraíso y una nueva Tierra", podemos preguntarnos cómo serían las plantas que crecerían en esos mundos soñados. No son pocas las películas, en especial las de serie B, y las novelas que tienen como protagonistas a plantas de toda índole y condición (carnívoras, inteligentes, ambulantes, antropomorfas, vampíricas, etc.), que se pueden agrupar en cinco categorías fundamentales: a) plantas alienígenas, b) plantas mutantes, c) plantas extraterrestres, d) plantas en naves, transbordadores y estaciones espaciales y e) ciberjardines y plantas virtuales.
   En el apartado a) se encontrarían aquellos relatos y cómics en los que las plantas procedentes de otros planetas prosperan en la Tierra, a la que han llegado a bordo de platillos volantes, meteoritos, asteroides, cometas o literalmente caídas del cielo. Un ejemplo emblemático de este primer tipo es el clásico cinematográfico de Don Siegel La invasión de los ladrones de cuerpos, basado en un relato de Jack Finney que llevaba por título Los ladrones de cuerpos, y que ha sido objeto de sucesivos remakes. Salvando las diferencias y las particularidades, en todos los casos el argumento es similar: unas extrañas plantas provenientes del espacio producen unas vainas de enorme tamaño semejantes a judías o habas, solo que, en su interior, crecen cuerpos humanos. Estos resultan ser sosias o copias perfectas de los habitantes del pueblo de Santa Mira, a los que sigilosa y paulatinamente van suplantando. Esta historia se ha interpretado por parte de los críticos cinematográficos como una parábola de la deshumanización, la pérdida de identidad y el conformismo que aquejaba a la sociedad estadounidense.[...]
   En el segundo apartado de la clasificación aparecen las plantas mutantes, resultado de experimentos genéticos y accidentes nucleares. [...]
   Quizá una de las más insólitas, hilarantes y descerebradas producciones cinematográficas que se recuerdan sobre plantas mutantes sea El ataque de los tomates asesinos de John De Bello. Todo comienza cuando un grupo de tomates modificados genéticamente empieza a atacar a la población, en especial a aquellas personas que acostumbran a ingerir o manipular estos frutos. El gobierno estadounidense encarga a una unidad de élite que combata a esos "terroristas rojos"que están sembrando el pánico y el caos en las calles.[...]
   La tercera posición en esta particular taxonomía corresponde a la botánica sideral o extraterrestre. [...]
   Wells, uno de los indiscutibles padres de la ciencia ficción, especuló con la posibilidad de que las plantas en otros planetas fueran de colores diferentes al verde. Leemos en La guerra de los mundos: "el reino vegetal de Marte, en vez de tener al verde como color dominante, es de tinte rojo-sangre vívido". La clorofila es el pigmento que da a estos organismos su característico color y que, a su vez, permite la fotosíntesis . Mediante este proceso las plantas aprovechan los fotones azules y los fotones rojos de la luz solar a la par que reflejan los fotones verdes. Imaginémonos por un momento un planeta que orbitara alrededor de una estrella de un tamaño y con una composición atmosférica diferente a la nuestra. La energía luminosa necesaria para llevar a cabo la fotosíntesis que captarían las especies vegetales variaría a tal punto que estas presentarían colores diversos, como ha señalado Nancy Y Kiang en un artículo de Scientific American. Según esta científica, alrededor de estrellas más calientes y más azules que nuestro sol, las plantas tenderían a absorber el celeste y presentarían un color que podría ir del verde al rojo, pasando por el amarillo. Por el contrario, en la proximidad de estrellas más frías, como las enanas rojas,los planetas recibirían menos luz visible. Y, en consecuencia, las plantas tratarían de absorber tanta como les fuera posible, razón por la que probablemente, tendrían un aspecto negruzco.[...]
   En el apartado de plantas en naves, transbordadores y estaciones espaciales, cabe destacar la película Naves misteriosas de Douglas Trumbull. Esta fábula ecologista de inspiración hippy, aderezada por la música folk de Joan Baez y sus canciones reivindicativas, se desarrolla a comienzos del siglo XXI. Para entonces, la fauna y flora han desaparecido de la faz de la Tierra y el único resto de la antigua naturaleza sobrevive a bordo de la nave espacial Valley Forgue, que hace las veces de arca de Noé botánica mientras orbita alrededor de Saturno. Cuando el jefe de la expedición recibe la orden de destruir esa reserva de biodiversidad, se rebela contra sus jefes y, tras asesinar a sus tres compañeros, emprende una huida a la desesperada rumbo a lo desconocido. Con la ayuda del trío de androides que forma la tripulación, cuida de su jardín o, mejor sería llamarlo, invernadero galáctico hasta que, a  punto de darle caza las autoridades terrestres, decide inmolarse junto a su paraíso en un acto de idealismo demente.
   La última categoría la ocupan los ciberjardines. Estamos ante una manifestación nueva, característica de la era digital, que utiliza progrmas de realidad virutual y telepresencia para generar simulaciones electrónicas de un jardín. El objetivo ideal de estos dispositivos, al que nos vamos aproximando de día en día, sería crear en el usuario la ilusión tridimensional de un espacio ajardinado con el que poder interactuar. En un futuro no muy lejano será posible sumergirse en una realidad perceptiva continua, semejante a la avalancha de impresiones sensoriales que inundan nuestros sentidos cuando nos desplazamos por un parque real. En la medida en que podamos no solo deambular por esos incorpóreos paisajes, sino también disfrutar de una visión de 360º e incluso manipular el entorno, la experiencia del jardín dejará de estar asociada a un espacio físico concreto.
   Si bien la historia de los ciberjardines está toavía por escribir, las tecnologías abren un horizonte inabarcable e inquietante. Basta recordar el jardín virtual que se ha creado en el aeropuerto de Ámsterdam para ayudar a combatir el estrés de los pasajeros, o las aplicaciones ya existentes para smarphones y tablets que permiten diseñar, cuidar y regar jardines en las pantallas táctiles.[...]
Airport Park - A walk in the Park
Aeropuerto de Amsterdam
   Si partimos de la tesis aceptada por muchos estudiosos de que los filmes de ciencia ficción expresan nuestras ansiedades y miedos acerca del futuro, y las dudas que suscitan los avances de la ciencia y la tecnología, y su carácter ambivalente, a un mismo tiempo creador y destructivo, benéfico y amenazante, las extrañas criaturas vegetales que protagonizan algunas de esas cintas hablan de la problemática relación de hombre con la naturaleza. Algunas veces quieren plantear una relfexión sobre los problemas medioambientales, en otras ocasiones cuestionan el progreso y los límites de la investigación, y a menudo también pretenden advertirnos sobre los riesgos de la manipulación genética y el impacto de la actividad humana.
   El hecho es que las plantas ocupan un lugar de honor en el imaginario de la ciencia ficción. A veces se enfrentan a los protagonistas; otras les sirven de guías o son sus aliados; y en ocasiones también representan un oasis de felicidad. Y por más que, técnicamente, provengan del espacio exterior o de un laboratorio, en realidad brotan de las profundidades de la psique humana. Son, por así decirlo, una proyección del inconsciente y una fantasía poética. La imposible comunicación con esas criaturas verdes facilita, justamente, la transferencia de nuestros recónditos temores y angustias, convirtiéndolas a un mismo tiempo en el símbolo de lo que se pliega y escapa a nuestro dominio.
   El ancestro, si se puede calificar como tal, de esa vasta flora alienígena y mutante es la mítica mandrágora. A esta planta herbácea del grupo de las solanáceas, también conocida como manzana de Satán o del amor y hierba de Circe, de hojas verdes oscuras, flores blancas ligeramente teñidas de púrpura y frutos parecidos a pequeñas manzanas malolientes, que crece en el suelo boscoso y en las umbrías orillas de ríos y arroyos, la rodea una aura mágica. Esta reputación se debe a la supuesta forma humana de sus raíces más que a sus propiedades narcóticas, medicinales o a sus virtudes generativas o afrodisíacas.
   Según una leyenda medieval, los mejores ejemplares crecían justo debajo de los patíbulos, a partir del semen que, antes de expirar su último aliento, eyaculaban los ahorcados sobre la tierra. La persona que recolectaba la mandrágora debía tener la precaución de taparse los oídos para no enloquecer o, en el peor de los casos, morir con el grito que emitía su raíz cuando era desenterrada, tal y como se cuenta en Romeo y Julieta de William Shakespeare. Un procedimiento para arrcarla del suelo sin correr riesgos innecesarios fue propuesto por el historiador romano Flavio Josefo, quien recomienda atar el extremo de una cuerda al tallo y el otro a un perro negro convenientemente adiestrado para que, al acudir a la llamada de su amo, la desplantara de un tirón antes de expirar. Se cuenta que los nigromantes y los alquimistas las empleaban para crear homúnculos, esto es, seres artificiales que utilizaban como sirvientes. Podemos concluir diciendo que el cine y la literatura de ciencia ficción han reinventado el mito medieval de las mandrágoras, actualizando su contenido.





Jardinosofía
Una historia filosófica de los jardines
Santiago Beruete

martes, 27 de junio de 2017

Laberintos


Edward Burne Jones. Theseus and the minotaur in the labyrinth

El origen de este símbolo se pierde en la noche de los tiempos. Desde la prehistoria los seres humanos han grabado, pintado, diseñado este motivo geométrico primordial en el suelo de roca,en las paredes de las cuevas e, incluso, en la piel de sus congéneres. Encontramos antiquísimas reproducciones de laberintos en petroglifos hallados en Grecia, Italia, España (Galicia), las islas británicas.... con un sentido que escapa a nuestra comprensión. Por lo demás, estas representaciones no son exclusivas del mundo occidental.
   Si atendemos a su morfología, podemos distinguir dos tipos de laberintos: univía, o de un solo itinerario, y multivía. En el primer modelo no existen bifurcaciones, ni encrucijadas, ni por supuesto vías muertas. Básicamente consiste en un camino que gira y se retuerce sobre sí mismo hasta alcanzar un punto central. Podemos decir que su trazado obedece al principio de crear el más largo recorrido posible en una superficie establecida. El paradigma de todos ellos es el laberinto clásico, conocido también como cretense, en alusión a la mítica construcción de Cnosos, que está constituido por siete anillos o cuadrados concéntricos conectados por un sendero en forma de espiral que conduce a un centro. Se trata de una poderosa metáfora visual de las andanzas  y desventuras del ser humano en este mundo, de las añagazas y trampas del destino y de las vueltas y revueltas de la vida, cuyo final, por lo demás, todos conocemos.
   En el segundo modelo, que es el que merece ser considerado un laberinto propiamente dicho, no hay centro ni horizonte. El camino sembrado de encrucijadas nos obliga a escoger entre varios ramales, algunos de los cuales llevan a callejones sin salida. En la medida en que nos enfrenta a la indecisión y nos conduce inevitablemente a experimentar desorientación, pérdida y extravío, es un prolífico símbolo de las elecciones morales, de las pruebas intelectuales y de las decisiones que configuran nuestra existencia.
Petroglifos de Campo Lameiro. Pontevedra (Galicia)
   Pero si en lugar de fijarnos en su trazado o en su diseño formal, atendemos a su temática, valor simbólico e implicaciones filosóficas, las categorías anteriores cobran un nuevo significado. Mientras que el laberinto de una sola vía simboliza el tortuoso y arduo camino de la vida, cuyo final, por desgracia, es inevitable y conocido, el laberinto multivía representa el inconsciente, la irracionalidad del devenir humano, el alejamiento de la fuente de la vida, los descarríos y las seducciones que nos apartan de la senda auténtica. La existencia o no de un centro marca una diferencia sustancial. El significado de recorrer un laberinto adquiere connotaciones muy diferentes si hay una meta o no, un lugar al que encaminar los pasos o, por el contrario, solo se pretende errar, vagar sin rumbo.[...]
   Si hay un mito que pueda considerarse fundacional en el caso del laberinto, este es el del Minotauro. Según refiere la leyenda, este animal nació de los amores de Pasífae, reina de Creta, con un toro blanco que Poseidón hizo salir del mar. De ahí que sea un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. El rey Minos, consultado por el oráculo, mandó construir a Dédalo, hombre de múltiples talentos y gran inventiva, un laberinto para encerrar el fruto de ese bestial acoplamiento. Para saciar la voracidad del Minotauro, que se alimentaba de carne humana, se sacrificaban anualmente siete doncellas y siete mancebos traídos desde Atenas. Teseo, hijo del rey Egeo, decide liberar a su patria de este ominoso tributo y aniquilar al sanguinario habitante del laberinto. Con este propósito se brinda voluntariamente a dirigir la expedición de jóvenes víctimas. Por su parte, la hija del rey cretense Minos, de nombre Ariadna, enamorada del príncipe, le proporciona, por recomendación del sagaz y astuto Dédalo, un ovillo de cordel a fin de que sea más fácil deshacer el camino si sale victorioso de la prueba. Como se sabe, Teseo mata al Minotauro y, gracias al hilo de su amada consigue escapar del laberinto y ver de nuevo la luz del sol. Pero, contrariamente a lo que cabía esperar, la historia no tiene final feliz. De hecho la llegada a Atenas, del héroe acabará en tragedia.[...]
   El laberinto con su aura mítica parece constituir un símbolo transcultural, una imagen primordial inscrita en el inconsciente colectivo de la humanidad y una figura recurrente en el imaginario de todas las épocas. Hasta el siglo XIV, los laberintos trazados en el frío pavimento de las basílicas y catedrales cumplían una función simbólica y ritual asociada a la peregrición  a Jerusalén, de la que eran un sustituto. No es casual que su aparición en las iglesias coincida con el fracaso de la tercra cruzada.

Laberinto San Michele Maggiore, Pavia, Italia
   En vista de que el viaje a Tierra Santa se tornó demasiado peligroso debido a la inestabilidad política, y que también había fieles que carecían de las fuerzas o los recursos para emprender una empresa de tal envergadura, se impuso la alternativa de recorrer de rodillas, a pie o con la imaginación el camino que se retuerce sobre sí mismo en el suelo de los recintos sagrados.
   Adentrarse voluntariamente en sus circunvoluciones comporta arrostrar peligros imaginarios o reales, vencer temores y enfrentarse a los peores demonios internos, siquiera simbólicamente....


Santiago Beruete